viernes, 31 de marzo de 2017

CUARTO SÁBADO DE CUARESMA

Jeremías 11,18-20
Salmo 7: Señor, Dios mío, a ti me acojo
Juan 7,40-53

Jeremías 11,18-20

El Señor me instruyó, y comprendí, me explicó lo que hacían. Yo, como cordero manso, llevado al matadero, no sabía los planes homicidas que contra mí planeaban: "Talemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra vital, que su nombre no se pronuncie más." Pero tú, Señor de los ejércitos, juzgas rectamente, pruebas las entrañas y el corazón; veré mi venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa.

Salmo 7,2-3.9bc-10.11-12:
Señor, Dios mío, a ti me acojo

Señor, Dios mío, a ti me acojo,
líbrame de mis perseguidores y sálvame,
que no me atrapen como leones
y me desgarren sin remedio.
R. Señor, Dios mío, a ti me acojo

Júzgame, Señor, según mi justicia,
según la inocencia que hay en mí.
Cese la maldad de los culpables,
y apoya tú al inocente,
tú que sondeas el corazón y las entrañas,
tú, el Dios justo.
R. Señor, Dios mío, a ti me acojo

Mi escudo es Dios,
que salva a los rectos de corazón.
Dios es un juez justo,
Dios amenaza cada día.
R. Señor, Dios mío, a ti me acojo

Juan 7,40-53

En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían: "Éste es de verdad el profeta." Otros decían: "Éste es el Mesías." Pero otros decían: "¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?" Y así surgió entre la gente una discordia por su causa. Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima. Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: "¿Por qué no lo habéis traído?" Los guardias respondieron: "Jamás ha hablado nadie como ese hombre." Los fariseos les replicaron: "¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos." Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: "¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?" Ellos le replicaron: "¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas." Y se volvieron cada uno a su casa.

¿Por qué le decimos “padre” al sacerdote si supuestamente la Biblia lo prohíbe?

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Juan 7,1-2.10.25-30: Enseñanza de Jesús en Jerusalén

Juan 7,1-2.10.25-30
Viernes de la 4 Semana de Cuaresma

En aquel tiempo, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las tiendas. Después que sus parientes se marcharon a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas. Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: "¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que éste es el Mesías? Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene." Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: "A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él, y él me ha enviado." Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

SOBRE EL MISMO TEMA:
Mantener viva la memoria  
Sabemos de donde eres  
El Mesías y sus orígenes   

¿Yahweh o Jehová? ¿Cuál es el Nombre de Dios?

Probablemente en algún momento hayamos visto la palabra “Jehová”para referirse al nombre de Dios, sin embargo muchos católicos un poco confundidos parecen no advertir diferencia alguna entre éste o cualquier otro nombre para referirse a Dios, mientras que otros sospechan que algo huele mal, pero no tienen la menor idea de qué es.

En el pensamiento judío…

En el pensamiento judío el nombre tenía una importancia fundamental en la vida de las personas, debido a que reflejaba la esencia, naturaleza y misión de quien lo portaba. Leemos en el Antiguo Testamento como varias veces cuando el escritor se refiere a un nombre, casi siempre pone a continuación que significa “tal cosa”…, más aún, el mismo Cristo cambia el nombre de varias personas a lo largo del Nuevo Testamento para otorgarles una misión.

Esta importancia del nombre de las personas y los lugares ha estado en el pensamiento judío desde siempre, sin embargo en cuanto a Dios, el asunto de Su nombre tenía un impacto muy distinto, pues los judíos llegado cierto tiempo, dejaron de pronunciarlo por superstición y por respeto.

Moisés fue el primero en preguntarle a Dios Su nombre y Dios responde: “Yo Soy el que Soy”, que tiene una densidad metafísica tremenda,  afirmando una verdad absoluta sobre Dios como el Ser que Subsiste por Sí mismo (diferente a nosotros que somos en Dios, pues participamos del Ser de Dios).

Sin embargo, originalmente su forma escrita era un tetragrama que se entiende así: YHWH. Debido a que – como dije anteriormente – los judíos se abstenían de decir el nombre de Dios. Cada vez que en las Escrituras se topaban con el tetragrama (YHWH), quien leía lo sustituía por “Adonay”. Ésta práctica de no decir el nombre de Dios y sustituirlo, con el tiempo ocasionó que los judíos olvidasen cómo se escribía el nombre de Dios y cómo se pronunciaba.

¿De dónde sale "Jehová"?

Con el pasar de los años (y de las traducciones de la Biblia) algunos estudiosos hicieron algo bastante curioso. Dado que en el lenguaje hebreo no existen las vocales, el tetragrama (YHWH) sería imposible de pronunciarlo para nosotros (de modo que lo pronunciamos Yahwé), así que decidieron sacar de ADONAI las vocales (A-O-A) y las introdujeron en el tetragrama, quedando como resultado: YAHOWAH, que pronunciándola se escucha como Jehová.

El Nuevo Testamento

En el Nuevo Testamento NINGÚN manuscrito – repito – NINGUNO tiene el tetragrama (YHWH), más aún, se refieren a Dios Padre como "Theos" y a Jesús como "Kyrios", sin embargo – y aquí viene la confusión – “La Traducción del Nuevo Mundo” sin autoridad alguna más que de su capricho personal, han insertado la palabra “Jehová” 237 veces, a pesar de que en los manuscritos originales dicha referencia no existe en el Nuevo Testamento, de hecho, ni siquiera se hace referencia a YHWH. Como podemos ver, la palabra “Jehová” NO EXISTE en ningún lugar de las Sagradas Escrituras, sino que fue inventado por hombres.

Como dato curioso, incluso los mismos protestantes (no todos, y entre las excepciones los Testigos de Jehová evidentemente) admiten que ésta vocalización es un error: “Por lo que se refiere al Nombre Sagrado, lo hemos traducido por Yahweh, en lugar del conocido Jehová, por estar actualmente reconocido como la más apropiada transcripción.”

RESULTADO DE TODO ESTE EMBROLLO:

Una serie de traducciones de la Biblia, que han tomado – equivocadamente – este “nombre artificial” para referirse a Dios Padre. Finalmente, la necesidad de querer ponerle “nombre” a Dios no sólo me parece absurda, sino sumamente irrespetuosa, siendo que a Dios no se le puede abarcar con un nombre. Éstas personas no han comprendido aún la profundidad de la respuesta de Dios a Moisés: “Yo Soy”. De manera que cuando te encuentres la palabra “Jehová” en alguna Biblia, ten por seguro que ese es su sello de protestantismo.

¡Ah! Casi lo olvido, no te extrañes si en algún momento te encuentras con el nombre de Yahvéh, escrito en distintas maneras como por ejemplo: “Yave”, “Yahvé”, “Yavhe”, etc., son transcripciones distintas de un mismo nombre.

Juan 7,1-2.10.25-30: El Mesías y sus orígenes

Juan 7,1-2.10.25-30

En aquel tiempo, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las tiendas. Después que sus parientes se marcharon a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas. Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: "¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que éste es el Mesías? Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene." Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: "A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él, y él me ha enviado." Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

— Comentario por Reflexiones Católicas  
"El mesías y sus orígenes"

Los judíos buscaban a Jesús para matarlo. En Galilea había fracasado; sus discípulos lo habían abandonado a raíz de su discurso sobre el pan de vida (Jn 6,61-70). Y al comienzo de su visita definitiva a Judea, de donde ya no saldrá más, leemos las palabras con que hemos abierto este comentario.

En el cuarto evangelio la amenaza de muerte sobre Jesús es constante. ¿Por qué no se realizó este deseo de sus enemigos en las distintas ocasiones en que lo intentaron? Jesús resulta ser una realidad excesivamente complicada como para poder prescindir de ella o eliminarla cuando a uno le venga en gana. Pasó entonces y sigue pasando ahora.

La gente que lo escuchaba se sintió atraída por él y, al mismo tiempo, escandalizada. Incluso la policía del templo se sintió impotente para detenerlo, a pesar de las órdenes recibidas de sus autoridades. Nadie habló nunca como habla este hombre. La exasperación y el respeto constituyen como el armazón de las controversias sobre Jesús.

Jesús subió a la fiesta de los Tabernáculos. La fiesta judía de mayor concurrencia, que celebraba el final de la cosecha y preparaba la próxima sementera. Las solemnidades en el templo se prolongaban durante ocho días. Jesús subió de incógnito, dice: expresamente el v.10. Pero, como acabamos de decir, Jesús no puede pasar de incógnito.

La controversia que recoge esta sección se centra en el Mesías y sus orígenes. La creencia popular tendía a envolver al Mesías en el misterio. Sería una persona de origen desconocido, que aparecería desde un lugar secreto del mundo en el momento oportuno para llevar a cabo su gran obra. Ahora bien, el conocimiento de la patria y orígenes de Jesús contradecía esta creencia generalizada acerca del Mesías. Ante este conocimiento, los aspectos y pretensiones mesiánicos de Jesús se venían abajo. Este era el comentario por aquellos días en Jerusalén.

Jesús se ve obligado a intervenir. La réplica de Jesús es una de las grandes características del cuarto evangelio. Y en su réplica viene a decir que el conocimiento de su patria y origen, de donde procede, es secundario. No entra en el núcleo de la verdadera cuestión. Porque, en realidad, Jesús nunca se había presentado como un hombre famoso procedente de una gran ciudad; Jesús se presenta como el enviado de Dios, el representante de quien lo envía. Esta es la verdadera cuestión. En este sentido su origen es oculto, nadie lo conoce. Y no lo conocen porque no conocen a Dios.

Estas últimas palabras eran muy provocativas. Los judíos presumían no sólo de conocer a Dios, sino incluso de poseerlo en exclusiva: la Ley, el templo, su misma vida e historia. Y ahora dice Jesús que no conocen a Dios. Y apoya su afirmación en que el conocimiento de Dios se demuestra como verdadero en el reconocimiento de Jesús. El reconocimiento de Jesús lleva necesariamente al conocimiento de Dios. Por eso, la discusión o controversia significa, al mismo tiempo, un reto para los judíos y, en ellos, para todo hombre.

"Me conocéis y conocéis de dónde vengo. 
Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, 
sino enviado por el que es veraz: 
a ése vosotros no le conocéis".

Ante las creencias fantásticas que impiden a la gente reconocerlo por Mesías, reacciona enérgicamente para refutarlas. Aquellas opiniones acerca del Mesías que al principio eran intentos de entender y explicar el plan de Dios, han terminado por convertirse en verdades indiscutibles.

En nombre de una interpretación, de una tradición, dictan a Dios la manera de actuar, le planean el futuro. Su acción tendrá que acomodarse a sus creencias, o no se reconocerá como acción de Dios.

Esto puede ocurrirnos también a nosotros. Siempre será para nosotros el mayor obstáculo para encontrar de nuevo a Dios la forma y el modo como lo encontramos anteriormente, si seguimos prefiriendo ese modo y manera el modo y la manera como él quiera presentarse.

Hay que apegarse a Dios pero no al camino que tenemos para ir hacia él. Si yo he tenido una experiencia de fe, si Dios se me ha revelado de una manera determinada, no puedo esclavizarme a esa manera como la única forma ponerme en relación con Dios, sino que tengo que estar a abierto a cualquier forma como Dios quiera presentarse.

El conocimiento que los judíos tiene de Jesús les impide profundizar en su conocimiento y descubrirlo como enviado del Padre.

El conocimiento que tenemos de Dios, si lo hemos fijado ya para siempre y nos satisfacemos con él, será siempre el mayor obstáculo para que lo sigamos descubriendo. Esto es precisamente lo que el autor del Libro de Job quiere inculcar al lector: que existe una noción de Dios más elevada que la de los sabios y que es una lamentable pretensión querer conocer siempre el proceder de Dios. 

Juan 7,1-2.10.25-30: Sabemos de donde eres

Juan 7,1-2.10.25-30

En aquel tiempo, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las tiendas. Después que sus parientes se marcharon a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas. Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: "¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que éste es el Mesías? Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene." Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: "A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él, y él me ha enviado." Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

— Comentario por Reflexiones Católicas  
“Sabemos de donde es”

Se creía que el Mesías nacería en Belén (Mt 2,3ss), pero entre el pueblo se extendía la opinión de que viviría oculto en un lugar secreto, quizás incluso en el cielo, hasta su aparición en Jerusalén.

Es difícil decir cómo surge semejante idea, que no es del todo falsa: de hecho, Jesús vivió escondido hasta su actividad pública. En Nazaret nadie sospechaba que se estuviera preparando para una misión. En cuanto a su origen, es cierto que Jesús bajó del cielo, pero nadie sabía nada de esto. Su madre María callaba, y Jesús todavía no revelaba su verdadera identidad. Por eso, la conclusión de los judíos era la que se nos trae aquí: «Este sabemos de dónde es».

"Vengo de Él y Él es quien me ha enviado"

Nos sorprende lo a menudo que Jesús afirma que ha sido enviado por el Padre. Lo leemos muchas veces en san Juan. «Vocación» y «misión» son términos típicamente bíblicos. Los profetas, jueces y reyes eran elegidos por Dios y enviados a su misión. Cuánto más se debe verificar este hecho en Aquel que es el cumplimiento de todos los profetas: el Mesías.

Cuando los Padres griegos hablan de la Santísima Trinidad, expresan el misterio en la categoría de la misión. El Padre envía al Hijo, después el Hijo envía al Espíritu Santo. Todo el bien proviene del Padre por el Hijo en el Espíritu Santo. Nosotros, por el contrario, estamos llamados a tener acceso al Padre en el Espíritu por medio del Hijo.

En la lógica humana mandamos a alguien allí donde nosotros mismos no tenemos ganas de ir. Dios, por el contrario, está con aquel al que envía. También Cristo envió a los discípulos al mundo asegurándoles: «Estoy con vosotros» (Mt 28,20). Y en El mismo, cuando dice que el Padre le ha enviado, va incluida la afirmación de que es el Emmanuel, Dios con nosotros.

“El que me ha enviado es veraz”

Esta afirmación parece también superflua: quien cree en Dios no necesita que le aseguren que Dios nunca engaña.

Sin embargo, esta es una duda de nuestro tiempo, que tiene un concepto de verdad demasiado abstracto, una idea de verdad casi matemática. No importa si lo que se dice tiene que ver o no con la vida. En cambio, la palabra hebrea «verdad» (emes, emet) significa etimológicamente una palabra que pesa, una palabra con la que se puede contar.

Según la Biblia, la verdad absoluta es Dios, Por este motivo, a menudo se compara a Dios con una roca que permanece firme ante todo ataque (Sal 31,4; 62,3; 89,27; 94,22; 95,1, etc).

El Padre, que es verdad, confía su misión al Hijo, que con razón puede decir de sí mismo: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6). Quien en la historia predica la historia de Cristo, también dice la verdad: dice la palabra a la que puede aferrarse quien busca la salvación.

Juan 7,1-2.10.25-30: Mantener vivia la memoria

Juan 7,1-2.10.25-30

En aquel tiempo, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las tiendas. Después que sus parientes se marcharon a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas. Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: "¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que éste es el Mesías? Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene." Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: "A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él, y él me ha enviado." Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

— Comentario de Reflexiones Católicas

La persona de Jesús suscitó preguntas e inquietudes entre sus contemporáneos, mientras la aversión de los jefes judíos llega al paroxismo (v.1b). Jesús no es un provocador ni un cobarde: espera la hora del Padre sin huir ni adelantar los acontecimientos. Por eso evita la Judea hostil y cuando por fin sube a Jerusalén a la fiesta más popular, la de las Tiendas, lo hace “de incógnito”, contrariamente al deseo de sus parientes, pero deseosos de disfrutar su fama (vv. 3-5). En la ciudad santa, sin embargo, es reconocido en seguida. Y como siempre se dividen los ánimos: ahora se trata de su mesianismo.

Los círculos apocalípticos de la época sostenían el origen misterioso del Mesías: y si Jesús proviene de Nazaret, es sólo un impostor (vv. 26s). Jesús no ignora las voces que se van difundiendo, y sobre ellas se eleva su propia voz, fuerte y clara, en el templo (v. 28: literalmente “grito”; se trata de una proclamación solemne y con autoridad).

Con sutil ironía, se muestra que su origen es efectivamente desconocido a los que piensan saber muchas cosas de él: de hecho, no quieren reconocerlo como el enviado de Dios y por eso no conocen al Dios veraz y fiel que cumple en él sus promesas.

Las palabras de Jesús suenan a los oídos de sus adversarios como una ironía, un insulto y una blasfemia. Tratan de echarle mano, pero en vano (v. 30).

Juan ubica el drama mesiánico en el interior de la historia del pueblo de Dios; en particular, une la vida de Jesús con las celebraciones de las grandes fiestas hebreas, que tenían como objetivo mantener viva la memoria de las grandes obras de Dios. Como siempre, en el cuarto evangelio, los pequeños detalles adquieren un valor simbólico.

¿Por qué aparece el complot contra Jesús pocos días antes de la celebración de la fiesta de las Tiendas? En esta fiesta se agradecía a Dios las cosechas y se recordaban los cuarenta años pasados en el desierto. Se construían chozas con ramas —también en Jerusalén—, a las que se iba a meditar: retiro en un desierto simbólico.

La controversia que relata Juan se sitúa precisamente en vísperas de este tiempo propicio a la reflexión. Es como si Jesús hiciese un último esfuerzo para invitar a los adversarios a reflexionar sobre su persona y sobre sus “obras”. Sabemos que el resultado fue negativo.

jueves, 30 de marzo de 2017

¿Qué es la Apologética?

La Definición

Etimológicamente la palabra apologética viene del griego APOLOGETIKOS  la cual a su vez deriva de la palabra "apología" que significa: defensa verbal de algo; es decir, la apologética es la defensa de una idea, de una doctrina de un argumento, si aplicamos esto a la fe católica entonces sería la defensa de la fe, esto es, defensa integra y completa de toda la doctrina cristiana.

La apologética entra dentro de las disciplinas teológicas, y actualmente se conoce como Teología Fundamental, la cual intenta explicar los fundamentos de la fe, dando respuestas a ¿Por qué creemos? ¿Cuál es la Religión verdadera? ¿Cuál es la Iglesia de Cristo?

La Sagrada Escritura enseña como se debe realizar la apologética. Así 1 Pedro 3,15: "Y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros"
 
En esta carta el primer Papa, San Pedro nos enseña a todos los cristianos, que debemos presentar argumentos sobre nuestra fe a todo aquel que nos lo pide. La defensa o los argumentos que presentemos debemos hacerlo siempre con mansedumbre y reverencia. Es decir, no con el objeto de buscar pleitos, peleas o discusiones sino para aclarar, enseñar y ayudar a los otros a entender más y mejor la fe católica.

Para poder esgrimir estos argumentos sobre la fe católica, es necesario que sepamos usar muy bien las Escrituras, el Catecismo y los escritos de los Santos Padres, que son aquellos primeros cristianos que sucedieron a los apóstoles y los cuales siguieron una linea ortodoxa en cuanto a la doctrina y fueron enseñando la fe en los primeros siglos del cristianismo.

Remontándonos a los orígenes
 
La apologética como disciplina teológica tiene su historia, la podemos situar ya en los primeros siglos del cristianismo y si nos vamos al Nuevo Testamento podemos ver los primeros signos en el discurso de Estebán el primer mártir cristiano ( Hechos 7,1-55) con frases muy elocuentes pero a su vez dignas de mención y análisis:

Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; Hechos 7,51
 Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, Hechos 7,54
 
También se puede encontrar en los textos de San Pablo: Filipenses 1,7, Filipenses 1,16, Hechos 22,1, 1Cor 9,3 etc.

Posteriormente a los apóstoles podemos citar a San Justino Mártir, el primer apologista griego. El desarrolló un dialogo con el Judío Trifón donde le va explicando a este judío los motivos por los cuales Cristo es el Mesías esperado, basándose en los textos del AT fundamentalmente.

San Justino también escribió dos apologías dirigidas al emperador Antonino Pio en defensa de los Cristianos, donde habla del Bautismo, la Eucaristía, la Virgen, Cristo, etc.

Posteriormente, tenemos a  Cuadrato y Arístides de Atenas que dirigen una obra apologética al emperador Adriano.

Hacia finales del siglo II tenemos a San Teófilo de Antioquia que será el primero en usar la palabra Trinitas aplicada a la Divinidad.

San Ireneo de Lyon, discípulo de San Policarpo de Esmirna quien había sido bautizado y había recibido su formación de manos del apóstol San Juan. San Ireneo, esta empapado de doctrina apostólica y escribió una monumental obra llamada "Contra las Herejías" donde refuta todas las herejías de su época y da los argumentos de la verdadera fe, la católica. Este último es el primero en darnos la lista de obispos de Roma hacía el año 180 d.C.

Pocos siglos después, tenemos a San Atanasio de Alejandría Padre de la Ortodoxia que combatió el arrianismo , pero también el politeísmo a los paganos y a los judíos (Oratio contra gentes y Oratio de incarnatione).

San Ambrosio años después defenderá también la divinidad del Hijo contra los arrianos (De fide ad Gratianum).

San Jerónimo también tendrá su obra apologética (Contra Helvidio) donde defiende la virginidad de María. Es curioso que los mismos argumentos que en su momento presentó Helvidio contra esta doctrina, son los que los cristianos no católicos presentan hoy en día.

Pero quizás el Santo más destacado de estos siglos IV-V fuera San Agustín de Hipona se enfrentó al maniqueísmo, al pelagianismo, al donatismo, podemos destacar como obra apologética más importante De civitate Dei (La ciudad de Dios).

Para terminar con los padres de la Iglesia, merece la pena recordar a San Juan Damasceno, pieza fundamental de la Iglesia católica en su disputa contra los Iconoclastas quien escribió varias Catequesis o discursos apologéticos a favor del culto a las imágenes.

Si nos remontamos a siglos más cercanos, podemos citar a San Bernardo de Claraval (quien se enfrentó a los cátaros).

San Roberto Belarmino con su monumental obra (Las controversias de la Fe), San Pedro Canisio (su obra más característica es el Catecismo de Pedro Canísio).

San Francisco de Sales ( Meditaciones sobre la Iglesia). Estos últimos  se convirtieron en la pieza clave de la Contrareforma católica, dedicándose a aclarar la doctrina frente a los errores protestante difundidos en el siglo  XVI y siguientes.

Ya metidos en estos últimos siglos podemos citar a Ronald Knox sacerdote converso del anglicanismo, Chesterton, el beato John Henry Newman cardenal converso también del anglicanismo, el venerable Obispo Fulton Sheen. Todos ellos grandes apologistas de los siglos pasados, y que repercutieron de manera notable en la teología católica.

¿Cómo se aplica la Apologética en la actualidad?

Hoy en día, también existen grandes apologistas, quizás el más destacado de todos a nivel mundial, es el converso norteamericano Scott Hahn, pero junto con él le han seguido muchos otros: Marcus Grodi, Tim Staples, Dave Armstrong, etc. Todos ellos también convertidos del protestantismo.

Pero no solamente los hay en Estados Unidos, también han surgido apologistas de habla hispana destacables y que han formado grupos de defensa de la fe en América Latina. Por ejemplo, el Padre Flaviano Amatulli, fundador de la fraternidad "Apóstoles de la palabra", Fernando Casanova (EWTN), Frank Morera (EWTN), etc.

En España, el fallecido Padre Jorge Loring hacía apologética a través de su libro "Para Salvarte" , aunque mas bien enfocado al ateismo que es lo que mayormente afecta el país en estos tiempos.
 
Debido al gran aumento del Sectarismo en el continente americano, se hace necesario desarrollar un programa pastoral de apologética bíblica para que el católico tenga las herramientas necesarias para defender su fe. En la mayoría de países de Latinoamérica podemos darnos cuenta ahora mismo, el 50% de la población es no católica y el otro 50% si lo es, esto es debido a la falta de formación y al avance proselitista de las Sectas.

Una realidad preocupante en nuestra iglesia, que como laicos debemos dar solución, pues una mirada al futuro no es muy prometedora, sino que demuestra que poco a poco el protestantismo irá ganando terreno en todo este continente.

Es por ello, que la formación apologética se hace un tema primordial y urgente. Y en aquellos países que no son tan asediados por las sectas como el caso de España, se puede aplicar la Apologética como método pastoral de enriquecimiento bíblico para el fundamento de la fe.

Siguiendo las enseñanzas del Concilio Vaticano II, la apologética respondería a la petición que en su momento realizó Pablo VI:

Mas como en nuestros tiempos surgen nuevos problemas, y se multiplican los errores gravísimos que pretenden destruir desde sus cimientos todo el orden moral y la misma sociedad humana, este Sagrado Concilio exhorta a los laicos, a cada uno según las dotes de su ingenio y según su saber, a que suplan diligentemente su cometido, conforme a la mente de la Iglesia, aclarando los principios cristianos, defendiéndolos y aplicándolos convenientemente a los problemas actuales (Apostolicam actuositatem, Pablo VI, 18 de noviembre 1965).
 
El decreto sobre el apostolado de los laicos, promulgado por Pablo VI nos pide que sepamos defender, aclarar, explicar los principios morales y doctrinales de nuestra fe, para no caer en los gravísimos errores que abundan en nuestro tiempo, es por ello que la apologética debe servir para esto: ayudar y prevenir al católico, dándole las herramientas necesarias para permanecer firmes en su fe (1Cor 16,13, Efesios 6,11,Col 1;23).
 
Por todo ello, no es aconsejable, ni razonable ver la Apologética como algo antiguo, caduco o que busca pleitos. La finalidad de la apologética no es esa, sino la de ayudar al católico a fundamentar su fe, a conocerla mejor, a lograr alcanzar un mayor amor a las Escrituras pues su mayor instrumento es la Biblia.

Otra forma también es hacerla con amor a la tradición, porque también se puede hacer apologética histórica, basada en la patrística. No buscamos pelear, sino aclarar; no buscamos discutir, sino enseñar y evangelizar con la palabra de Dios. Para que mediante el conocimiento de la verdad, podamos alcanzar la plena unidad (Juan 17,21).

Ya lo decía San Juan Pablo II ¿quién consideraría legítima una reconciliación lograda a costa de la verdad? (ut unum sint 18) es por eso que debemos usar la verdad para conseguir la unidad, y esa verdad debe ser presentada en el mismo lenguaje que nuestros hermanos separados conocen que es a través de las Escrituras, dando los fundamentos bíblicos de la fe. Esto en sí, sería la nueva apologética que nos pidió tan encarecidamente San Juan Pablo II en su discurso a los obispos de Canadá con motivo de la visita ad Limina.

Autor: Jesús Urones

El aceite


La presencia del aceite es muy rica en la Biblia, y su significado se puede considerar desde sus diferentes utilidades. El aceite es curativo, perfuma, unge, consagra, alimenta y sirve para iluminar.

El Domingo de Ramos se evoca la entrada de Jesús en Jerusalén desde el Monte de los Olivos. El olivo es signo de paz y de bendición,  recuerda el lugar donde Jesús se retiraba a orar. Junto al huerto de olivos estaba la almazara, el molino de aceite.

El Hosanna es el cántico en honor del que viene en el nombre del Señor y con él se recibe al Ungido, al Mesías, al Cristo, a Aquel que es esperado como Rey y Señor. Históricamente, la entrada triunfal se  escolta con ramos de olivo, árbol de cuyo fruto se obtiene el precioso líquido que sirve para fortalecer y para ungir.

El aceite sostendrá las lámparas encendidas de las vírgenes sensatas, y será el ungüento que el buen samaritano empleará para curar las heridas del que yace lastimado al borde del camino.

El aceite es la base de los perfumes. A Jesús le unge la mujer pecadora antes de padecer, y las santas mujeres también lo harán a la hora de sepultura del Señor, cuando llevan la mirra y el áloe.

A nosotros se nos unge con el óleo santo en el bautismo, y se nos derrama sobre el pecho y sobre la cabeza el aceite sagrado, por el que quedamos unidos a Cristo sacerdote, profeta y rey.

En el sacramento de la confirmación y en la ordenación sacerdotal, se nos unge con el sagrado crisma; en la unción de enfermos, en los momentos más débiles se nos ayuda con el óleo santo.

En tiempo de Cuaresma se suelen encender lámparas votivas, elevar preces humildes, participar en los misterios de la Pasión del Señor y se hacen actos de contemplación y homenaje a Nuestro Señor y a su Santísima Madre.

En muchas ocasiones se expresan con ofrendas de aceite para mantener la lámpara del Sacramento. También se nos invita a practicar la caridad.

Al llevar el ramo de olivo en la mano y  al hacernos conscientes de nuestra identidad de cristianos, que significa crismados, reavivemos la gracia por la que hemos sido consagrados y seamos signos luminosos para que quien nos observe sienta el atractivo de la fe.

Autor: Ángel Moreno

Penitencia


Cuaresma y penitencia se corresponden, y sin embargo, cada vez más la penitencia se debe iluminar con la luz de la Pascua, si no se quiere incurrir en un ascetismo un tanto pretencioso que busca el protagonismo.

Si es verdad que la penitencia se refiere sobre todo al dominio del cuerpo, para obtener mayor libertad de la mente y del corazón, y en el camino espiritual es importante la etapa ascética o purgativa, la penitencia cristiana sin embargo debe tener siempre presente a Aquel que se desea seguir por el camino de la Cruz.

Jesús dice cuando invita al discipulado: “El que quiera ser discípulo mío que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga”.

Y a su vez la Sagrada Escritura advierte de no sobrecargarse injustamente, asumiendo fardos pesados, sobre todo adelantando acontecimientos. “A cada día le es suficiente con su disgusto”.

En este sentido, la penitencia más agradable para Dios es la de abrazar humildemente, como historia de salvación, los acontecimientos que se presentan.

Al someter nuestro cuerpo a la ascesis, la penitencia nos despierta la memoria del sufrimiento de Jesús y brota, por amor, la compasión. También cabe la penitencia solidaria, la que se hace como gesto de respeto, entrega y generosidad en favor de los que pueden necesitar nuestra ayuda o sufren circunstancias muy dolorosas.

En diferentes religiones aparecen los códigos ascéticos para ascender en los posibles grados de iniciación.

El Evangelio no plantea la penitencia como carrera de obstáculos que se deben superar, sino como gestos emulativos, mirando siempre  los padecimientos de Jesús. De aquí que, cuando nos disponemos a celebrar los misterios de la Pasión, muerte y Resurrección de Cristo, surja en muchos fieles el deseo de acompañar al Señor, compadeciendo con Él con obras de penitencia corporales.

Según una tradición franciscana, el Hermano Francisco, contemplando la imagen de Cristo en la Cruz, pidió al Señor que le dejara llevar sus sufrimientos, y Él le concedió la gracia de configurarse con las llagas de la Pasión.

Y San Juan de la Cruz, delante de un cuadro del Nazareno ante el que tuvo una experiencia de locución mística, le pidió a Jesús padecer y ser despreciado.

La penitencia cristiana puede tener un sentido expiatorio, pero sobre todo debiera ser un movimiento configurador con Cristo. San Pablo así lo entendió, cuando dice: “Estoy crucificado con Cristo; vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí. Y mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí” (Gal 2, 19-20).

Autor: Ángel Moreno

miércoles, 29 de marzo de 2017

MIÉRCOLES DE LA 4 SEMANA DE CUARESMA (Lecturas)

Isaías 49,8-15
Salmo 144,8-9.13cd-14.17-18:
El Señor es clemente y misericordioso
Juan 5,17-30

Isaías 49,8-15

Así dice el Señor: "En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: "Salid", a los que están en tinieblas: "Venid a la luz." Aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas; no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo y los guía a manantiales de agua. Convertiré mis montes en caminos, y mis senderos se nivelarán. Miradlos venir de lejos; miradlos, del norte y del poniente, y los otros del país de Sin. Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados. Sión decía: "Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado." ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré."

Salmo 144,8-9.13cd-14.17-18:
El Señor es clemente y misericordioso

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.
R. El Señor es clemente y misericordioso

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.
R. El Señor es clemente y misericordioso

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.
R. El Señor es clemente y misericordioso

Juan 5,17-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: "Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo." Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo: "Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que ésta, para vuestro asombro. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió. Os lo aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya de la muerte a la vida. Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre. No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

Isaías 49,8-15: Alegría de los repatriados

Isaías 49,8-15
Miércoles de la 4 Semana de Cuaresma

Así dice el Señor: "En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: "Salid", a los que están en tinieblas: "Venid a la luz." Aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas; no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo y los guía a manantiales de agua. Convertiré mis montes en caminos, y mis senderos se nivelarán. Miradlos venir de lejos; miradlos, del norte y del poniente, y los otros del país de Sin. Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados. Sión decía: "Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado." ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré."

Salmo 144,8-9.13cd-14.17-18: El Señor es clemente y misericordioso

Miércoles de la 4 Semana de Cuaresma 

Salmo 144,8-9.13cd-14.17-18:
El Señor es clemente y misericordioso


El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.
R. El Señor es clemente y misericordioso

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.
R. El Señor es clemente y misericordioso

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.
R. El Señor es clemente y misericordioso

martes, 28 de marzo de 2017

Juan 5,1-3.5-16: Curación de un enfermo en la piscina de Betesda

Juan 5,1-3.5-16
Martes de la 4 Semana de Cuaresma

En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: "¿Quieres quedar sano?" El enfermo le contestó: "Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado." Jesús le dice: "Levántate, toma tu camilla y echa a andar." Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: "Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla." El les contestó: "El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar." Ellos le preguntaron: "¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?" Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: "Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor." Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

SOBRE EL MISMO TEMA:  
Jesús introduce a Israel en la tierra de la promesa 

Juan 5,1-3.5-16: Jesus introduce al pueblo de Israel en la tierra de la promesa

Juan 5,1-3.5-16 

En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: "¿Quieres quedar sano?" El enfermo le contestó: "Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado." Jesús le dice: "Levántate, toma tu camilla y echa a andar." Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: "Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla." El les contestó: "El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar." Ellos le preguntaron: "¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?" Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: "Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor." Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

— Comentario por Reflexiones Católicas

Los restos arqueológicos testifican que realmente había una piscina al noroeste de Jerusalén, a la que se le atribuían poderes curativos en conexión con cierto movimiento de las aguas, que la creencia popular atribuía a un ángel. ¿Se trataba de una corriente de agua que alimentaba de vez en cuando la piscina? ¿Había una fuente intermitente? La piscina estaba, sin duda, edificada sobre una fuente de aguas medicinales en el barrio norte de Jerusalén.

Entre los enfermos que esperan hay uno que lleva 38 años aguardando su oportunidad. Cuando Juan ofrece datos numéricos de este estilo, hay que suponer una intención profunda. Son muchos años. Muy probablemente el evangelista hace alusión a los 38 años de peregrinación del pueblo de Dios por el desierto. Los 38 años fueron añadidos a los dos que llevaba peregrinando como castigo (Dt 2,14), hasta que desapareciesen todos los hombres de aquella generación.

Así, pues, el paralítico de la piscina simboliza al pueblo de Israel que, después de larga peregrinación, encontraría en Jesús al salvador que lo introdujese en la tierra de la promesa. Después de 38 años de espera “desesperanzada” había llegado el cumplimiento de la promesa. A pesar de todo, el paralítico, el pueblo de Israel, no llega a la fe. Es Jesús quien tiene que tomar la iniciativa (Jn 5,6).

Juan, como en el caso del ciego “de nacimiento” y de la muerte de Lázaro, pone a Jesús ante una situación desesperada, para destacar mejor su poder divino por encima de los límites humanos. El relato viene a proclamar que no es ya el agua de la fuente la que tiene el poder curativo para rehabilitar al hombre, sino la persona misma del Hombre-Dios, depositario eficaz de la vitalidad del agua viva.

Cuaresma es tiempo oportuno para revivir el bautismo. En la solemne Vigilia del sábado santo tendrá lugar su gran conmemoración y la renovación de las promesas bautismales. Cuaresma es como unos ejercicios que preparan para hacer esta renovación con todo compromiso. Por eso las lecturas bíblicas tienen referencias bautismales.

Las antiguas piscinas bautismales con más expresividad y las modernas con menos evocan y superan el poder sanador de la piscina de Betesda. Como afirmaban los Santos Padres, haciendo un juego de palabras, la piscina o pila bautismal es, al mismo tiempo, “shema” y “shoma”, es decir, “cuna” y “sepulcro”: cuna del hombre nuevo y sepultura del hombre viejo.

El bautismo alumbra en el corazón del cristiano una fuente de agua viva que salta hasta la vida eterna (Jn 4,14). Todo bautizado ha de sumergirse en esa fuente sacramental para no incurrir en la parálisis o para recuperarse de ella.

Es lamentable el poco relieve que tiene en la vida del cristiano actual el bautismo como fuente de espiritualidad. Muchos cristianos ni saben el día en que fueron bautizados y otros muchos ni el lugar. Muchos peregrinos sienten una profunda emoción al conmemorar su bautismo en el Jordán, donde Jesús fue bautizado; en realidad tan fecunda puede resultar la conmemoración en el propio templo parroquial en que fuimos bautizados.

Algunos Padres Conciliares en el Vaticano II proponían que se institucionalizase un proceso catequético en orden a la ratificación por parte de los jóvenes de su bautismo, para que verificaran personalmente la opción bautismal. Es lamentable que no se haya puesto en práctica la iniciativa.

Los signos bautismales constituyen una catequesis simbólica, elocuente, conmovedora y comprometedora; ella ha de inspirar una espiritualidad que ahuyenta la mediocridad. Los signos ponen de relieve lo que somos y el camino que hemos de seguir.

El bautismo supone una inmersión en el misterio pascual de Jesús: “Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Aquí empieza el misterio. Por el bautismo entramos a formar parte de la Familia divina, como hijos del Padre, hermanos del Hijo y templos del Espíritu; y entramos a formar parte de la comunidad eclesial, icono de la Trinidad: “La comunidad cristiana te recibe con gran alegría. Entras a formar parte del pueblo de Dios y eres para siempre “miembro de Cristo, sacerdote, profeta y rey”. La imposición del vestido blanco es signo de que el cristiano ha de “revestirse de Cristo”. Esto implica “renunciar” al estilo de vida y a los criterios opuestos al Evangelio, “estar en el mundo sin ser del mundo” (Jn 17,15).

La unción con el óleo evoca la presencia del Espíritu en la lucha contra las agresiones del mal. Esto es lo que significa también la inmersión, en que propiamente consiste el rito bautismal: “ahogamiento del hombre de pecado” (Col 2,3). Una vez liberados del pecado somos enviados al mundo para ser sal, fermento y luz (Mt 5,13-15): “Recibe la luz de Cristo.

La unción con el crisma nos consagra sacerdotes, reyes y profetas para ser testigos del Señor y trabajar por el crecimiento de su Reino en comunión con la comunidad cristiana. El bautizado recibe la imposición del signo de la cruz para que, como Pablo, “no se gloríe sino en ella” (Gá 6,14); ello significa el compromiso de vivir la dinámica pascual de entregar la vida para multiplicarla, como el grano de trigo (Jn 12,24).

Por tanto, el bautismo no puede reducirse a un rito para “lavarse del pecado original” e introducirse en la Iglesia. Los signos bautismales son Palabra viva de Dios, que “significan” la dignidad del cristiano y expresan su misión en la Iglesia y en el mundo. En el bautismo, vivido y revivido, Cristo, agua viva, nos desentumece y rehabilita; por eso hay que volver a él constantemente. Quien vive la espiritualidad bautismal, goza de una vida desbordante y fecunda.

Ezequiel 47,1-9.12: El agua que da la vida

Ezequiel 47,1-9.12

En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante -el templo miraba a levante-. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar. Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho. El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia levante. Midió mil codos y me hizo atravesar las aguas: ¡agua hasta los tobillos! Midió otros mil y me hizo cruzar las aguas: ¡agua hasta las rodillas! Midió otros mil y me hizo pasar: ¡agua hasta la cintura! Midió otros mil. Era un torrente que no pude cruzar, pues habían crecido las aguas y no se hacía pie; era un torrente que no se podía vadear. Me dijo entonces: "¿Has visto, hijo de Adán?" A la vuelta me condujo por la orilla del torrente. Al regresar, vi a la orilla del río una gran arboleda en sus dos márgenes. Me dijo: "Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente. A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales."

— Comentario por Reflexiones Católicas

En el evangelio de hoy, Jesús cura a un paralítico, cerca de la piscina. Es el tema del agua viva, agua que da la Vida. Escuchemos también esa revelación en la visión del profeta Ezequiel.

“En el curso de una visión recibida del Señor.
He aquí que debajo del umbral del templo, salía agua...”

No hay que tomar todos los detalles en sentido material; son imágenes simbólicas. Dios anuncia unos tiempos maravillosos: del Templo sale una fuente, cuyo curso crece hasta llegar a ser un torrente caudaloso.

Me sirvo de esa imagen del río que va creciendo para evocar las gracias que cada día irrumpen en abundancia sobre la humanidad... sobre mí...

Sin cesar, Dios vierte la abundancia de su vida en mí.
¿Qué atención presto? ¿Cómo respondo a ese don?
Efectivamente, a menudo no veo.
Haz que vea, Señor.

“Mira, a la orilla del torrente, a ambos lados,
había gran cantidad de árboles...
toda clase de árboles frutales,
cuyo follaje no se marchitará.
Todos los meses producirán frutos nuevos.”

Visión maravillosa. Es el comenzar de nuevo del paraíso terrestre: el desierto de Judá, al sur de Jerusalén se cubre «de árboles de la vida». No dan solamente «una» cosecha, sino «doce» cosechas... ¡una por mes!

Por contraste, no puedo dejar de pensar en los que sufren, en los que no tienen agua, ni frutos, en los que pasan toda su vida en la miseria. Realiza, Señor, tu promesa.

Esta agua desemboca en el «Mar Muerto» cuyas aguas quedan saneadas... así como las tierras en las que penetra, y la vida aparece por dondequiera que pase el torrente. Hay que haber visto el «Mar Muerto» y su paisaje desolado para captar la metamorfosis prometida. Las aguas de este mar, verdaderamente «muerto», tienen tal cantidad de sales, que ningún pez tiene vida en ellas y en sus alrededores también reina la muerte.

He aquí pues un «agua nueva» que tiene como un poder de resurrección: suscita seres vivos. Es un agua que da vida. Su signo actual es el bautismo. En el fondo, ¿por qué no creeríamos en esa fuerza divina? ¿Acaso, no sería Dios capaz de transformar el desierto de nuestros corazones en jardines florecientes de vida?

El agua, como principio de vida, es una imagen que se encuentra con frecuencia en los libros sagrados (por ejemplo, Jl 4,18 Zac 14,8; Is 35, etc.). No es de extrañar que Ezequiel use esta imagen al hablar de los efectos vivificantes que produce la presencia de la gloria del Señor en el templo.

Dado que la imagen del agua es tan frecuente, esta visión puede tener diversos puntos de referencia: las aguas de los cuatro ríos del paraíso (Gn 2,10-14); o los ríos y canales de Palestina (Guijón, Cedrón, etc.); o, tal vez, los mismos famosos canales de Babilonia, tantas veces contemplados por los desterrados.

El agua que sale del templo (hacia el oriente, quizá es la zona más árida) y que comienza siendo una fuente y un riachuelo, luego se hace un río caudaloso a pocos kilómetros de su nacimiento. Es decir, el poder vivificante se ha ido desarrollando ganando en fecundidad y en calidad. Su salubridad llega hasta curar todo lo que toca, incluido el Mar Muerto (v. 8), a que broten gran cantidad de árboles que producen toda clase de frutos y hasta una cosecha por mes; y en ella viven gran cantidad y variedad de peces. Todo por el hecho de brotar del templo, donde está la presencia del Señor, que fecunda al pueblo en continua fidelidad a la alianza (7). En definitiva, dar fecundidad, crear vida, es trabajar por la justicia, por el bienestar por el bien; el egoísmo, en cambio, crea muerte, crea aridez.

El agua de Ez 47 es prototipo de la de los últimos tiempos abiertos por Cristo:

«Quien tenga sed, que se acerque a mí y beba.
Quien crea en mí, ríos de agua viva brotarán de su entraña»
(Jn 7,37-38).

En él se ha cumplido esta profecía de Ezequiel; de él nos viene la gran efusión del Espíritu que simbolizaba el agua. Únicamente de él nos puede venir la fecundidad, la vida, a nivel personal y a nivel colectivo. Todo ha de pasar forzosamente a través de él. La única salvación, la única solución se encuentra en Cristo, según indicó Pedro al pueblo de Jerusalén: «La salvación no está en ningún otro, es decir, que bajo el cielo no tenemos los hombres otro diferente de él al que debamos invocar para salvarnos» (Hch 4,12).

Ezequiel 47,1-9.12: La fuente del templo

Ezequiel 47,1-9.12
Martes de la 4 Semana de Cuaresma 

En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante -el templo miraba a levante-. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar. Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho. El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia levante. Midió mil codos y me hizo atravesar las aguas: ¡agua hasta los tobillos! Midió otros mil y me hizo cruzar las aguas: ¡agua hasta las rodillas! Midió otros mil y me hizo pasar: ¡agua hasta la cintura! Midió otros mil. Era un torrente que no pude cruzar, pues habían crecido las aguas y no se hacía pie; era un torrente que no se podía vadear. Me dijo entonces: "¿Has visto, hijo de Adán?" A la vuelta me condujo por la orilla del torrente. Al regresar, vi a la orilla del río una gran arboleda en sus dos márgenes. Me dijo: "Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente. A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales." 

SOBRE EL MISMO TEMA: 
El agua que da la vida 

MARTES DE LA 4 SEMANA DE CUARESMA (Lecturas)

Ezequiel 47,1-9.12
Salmo 45,2-3.5-6.8-9:
El Señor de los ejércitos está con nosotros, 
nuestro alcázar es el Dios de Jacob
Juan 5,1-3.5-16

Ezequiel 47,1-9.12

En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante -el templo miraba a levante-. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar. Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho. El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia levante. Midió mil codos y me hizo atravesar las aguas: ¡agua hasta los tobillos! Midió otros mil y me hizo cruzar las aguas: ¡agua hasta las rodillas! Midió otros mil y me hizo pasar: ¡agua hasta la cintura! Midió otros mil. Era un torrente que no pude cruzar, pues habían crecido las aguas y no se hacía pie; era un torrente que no se podía vadear. Me dijo entonces: "¿Has visto, hijo de Adán?" A la vuelta me condujo por la orilla del torrente. Al regresar, vi a la orilla del río una gran arboleda en sus dos márgenes. Me dijo: "Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente. A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales."

Salmo 45,2-3.5-6.8-9:
El Señor de los ejércitos está con nosotros, 
nuestro alcázar es el Dios de Jacob

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar.
R. El Señor de los ejércitos está con nosotros, 
nuestro alcázar es el Dios de Jacob

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.
R. El Señor de los ejércitos está con nosotros, 
nuestro alcázar es el Dios de Jacob

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra.
R. El Señor de los ejércitos está con nosotros, 
nuestro alcázar es el Dios de Jacob

Juan 5,1-3.5-16

En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: "¿Quieres quedar sano?" El enfermo le contestó: "Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado." Jesús le dice: "Levántate, toma tu camilla y echa a andar." Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: "Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla." El les contestó: "El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar." Ellos le preguntaron: "¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?" Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: "Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor." Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

lunes, 27 de marzo de 2017

Juan 4,43-54: Curación del hijo de un funcionario real

Juan 4,43-54
Lunes de la 4 Semana  de Cuaresma 

En aquel tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había hecho esta afirmación: "Un profeta no es estimado en su propia patria." Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verle, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. Jesús le dijo: "Como no veáis signos y prodigios, no creéis." El funcionario insiste: "Señor, baja antes de que se muera mi niño." Jesús le contesta: "Anda, tu hijo está curado." El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo estaba curado. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: "Hoy a la una lo dejó la fiebre." El padre cayó en la cuenta de que ésa era la hora cuando Jesús le había dicho: "Tu hijo está curado." Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

SOBRE EL MISMO TEMA:  
Creer en la Palabra de Jesús 
La Palabra de Jesús, lámpara para nuestros pasos 
Biblia en imágenes: 

Jn 4,43-54: La Palabra de Jesús, lámpara para nuestros pasos


Curación del hijo de un funcionario real

— Comentario por Reflexiones Católicas 

Jesús es la Palabra viva de Dios: sólo él puede dirigirnos esta Palabra eficaz. Y lo hace de modo sereno, pidiendo una fe total. Asentir y caminar fiándose de él puede ser cuestión de vida o muerte: lo fue para aquel padre cansado que nos narra el Evangelio, que en respuesta a su ruego no recibió de Jesús un prodigio, sino una palabra de vida, y se fió con total abandono.

Nada había cambiado en su existencia, pero en su corazón anidó la esperanza. En la noche del sufrimiento y de la prueba, la Palabra es lámpara para nuestros pasos. La Palabra se convierte también en oración repetida sin cesar hasta que encuentre la confirmación luminosa y potente: el Señor ha escuchado, el Señor ha hecho maravillas de gracia. Cristo Jesús es el Señor de la vida ahora y por toda la eternidad.

La fe se convierte en canto de gozo que se difunde hasta formar un coro de alabanza: “Proclamad conmigo la grandeza del Seño” ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor y me respondió, me libró de todas mis ansias; contempladlo y quedaréis radiantes” (Sal 33,4-6).

Nadie es profeta en su patria. Con este proverbio comienza esta pequeña sección. El proverbio aparece tanto en el evangelio de Juan como en los Sinópticos, aunque con una diferencia importante. La «patria» de Jesús en el sentido literal era Nazaret, un pueblo de Galilea (en este sentido citan los Sinópticos el proverbio en cuestión, ver Mc 6, 1ss y paralelos).

Juan, como es habitual en él, profundiza la escena y da a la «patria» un sentido más profundo, Jesús fue enviado al pueblo judío, cuyo centro religioso y nacional era Jerusalén. Pero los “judíos” lo deshonraron, no lo recibieron (Jn 1, 11). Por otra parte, los galileos creyeron en él.

Juan 4,43-54: Creer en la Palabra de Jesús

Curación del hijo de un funcionario real

Comentario por Reflexiones Católicas: 

La salud y la fe se hallan por encima de todos los privilegios raciales y de cualquier clase. En esta pequeña sección Jesús se mueve no sólo en Galilea —lejos del mundo «judío»— sino en medio del mundo pagano. Y el mundo pagano, representado en el oficial de Cafarnaúm —un, hombre que no era judío, o si lo era estaba al servicio de Herodes Antipas—, da la gran lección. El oficial de Cafarnaúm creyó en la palabra de Jesús. Es la fe más pura, tal como nos es presentada en el cuarto evangelio. Creer no por los signos o milagros, sino por la palabra de Jesús.

Probablemente estemos ante el mismo episodio que recuerdan Mateo y Lucas (Mt 8,5-13; Lc 7,1-10), aunque las variantes son importantes. Pero en ambos casos aparece como lo verdaderamente importante el diálogo entre Jesús y el oficial. Y ello porque este diálogo es el que da relieve la fe excepcional de aquel hombre. Una fe inicial, que parece fe profundizada hasta llegar a la aceptación del evangelio. La frase del evangelista Juan recuerda otra que se encuentra frecuentemente repetida en el libro de los Hechos: "Y creyó él y toda su casa".

La curación del hijo del funcionario real es calificada por el mismo evangelista como el segundo signo realizado por Jesús (Jn 4,54). E1 signo apunta siempre a una realidad más profunda. Más allá, y por encima del hecho, nos remite a una enseñanza que quiere inculcar. Se pone de relieve el poder vivificante de la palabra de Jesús. Hay un muchacho moribundo que es curado, incluso a distancia, simplemente por el poder de esa palabra. Sin haber sido tocado ni siquiera visto por Jesús.

Tenemos la proclamación y constatación del milagro realizado. Más no, la aceptación de esta proclamación en la fe. La curación del enfermo, la constatación del hecho, la eficacia de la palabra vivificadora, la convicción en el poder de Jesús, la aceptación de todo ello desde la fe constituyen una presentación clara y efectiva de la obra de Jesús en su conjunto.

A través de las lecturas bíblicas se percibe ya la proximidad de la Pascua. Todo en Cuaresma está orientado hacia la resurrección con Cristo, que celebramos en la Vigilia Pascual. Pero esta celebración supone que nos hemos rehabilitado por dentro y que Cristo ha crecido en nosotros.

En la curación del hijo del funcionario real, Jesús se manifiesta como la vida en persona; de ella se participa por la escucha de su palabra y la fe viva en él. La fe del funcionario real es un proceso ascendente: primero cree en el poder taumatúrgico de Jesús de Nazaret, después en su palabra; por eso se pone en camino; finalmente, al comprobar la verdad del aserto de Jesús, cree en su persona. El relato proclama que Jesús vivifica con su palabra: “Quien escucha mi palabra... ha pasado ya de la muerte a la vida” (Jn 5,24).

LUNES DE LA 4 SEMANA DE CUARESMA (Lecturas)

Isaías 65,17-21
Salmo 29: Te ensalzaré, Señor, 
porque me has librado
Juan 4,43-54

Isaías 65,17-21

Así dice el Señor: "Mirad: yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva: de lo pasado no habrá recuerdo ni vendrá pensamiento, sino que habrá gozo y alegría perpetua por lo que voy a crear. Mirad: voy a transformar a Jerusalén en alegría, y a su pueblo en gozo; me alegraré de Jerusalén y me gozaré de mi pueblo, y ya no se oirán en ella gemidos ni llantos; ya no habrá allí niños malogrados ni adultos que no colmen sus años, pues será joven el que muera a los cien años, y el que no los alcance se tendrá por maldito. Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos."

Salmo 29,2.4.5-6.11-12a.13b:
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.
R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.
R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.
R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Juan 4,43-54

En aquel tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había hecho esta afirmación: "Un profeta no es estimado en su propia patria." Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verle, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. Jesús le dijo: "Como no veáis signos y prodigios, no creéis." El funcionario insiste: "Señor, baja antes de que se muera mi niño." Jesús le contesta: "Anda, tu hijo está curado." El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo estaba curado. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: "Hoy a la una lo dejó la fiebre." El padre cayó en la cuenta de que ésa era la hora cuando Jesús le había dicho: "Tu hijo está curado." Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

Isaías 65,17-21: El nuevo cielo y la nueva tierra

Isaías 65,17-21 
Lunes de la 4 Semana de Cuaresma

Así dice el Señor: "Mirad: yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva: de lo pasado no habrá recuerdo ni vendrá pensamiento, sino que habrá gozo y alegría perpetua por lo que voy a crear. Mirad: voy a transformar a Jerusalén en alegría, y a su pueblo en gozo; me alegraré de Jerusalén y me gozaré de mi pueblo, y ya no se oirán en ella gemidos ni llantos; ya no habrá allí niños malogrados ni adultos que no colmen sus años, pues será joven el que muera a los cien años, y el que no los alcance se tendrá por maldito. Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos."

Salmo 29,2.4.5.6.11.12a.13b: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Lunes de la 4 Semana de Cuaresma 
Domingo de la 3 Semana de Pascua, ciclo C

Salmo 29,2.4.5.6.11-12a.13b: 
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.
R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante, su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.
R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío,
te daré gracias por siempre.
R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

sábado, 25 de marzo de 2017

DOMINGO DE LA 4 SEMANA DE CUARESMA, Ciclo A

Domingo de la 4 Semana de Pascua, ciclo A: No es un pecado ser ciego, lo que es pecado es no querer abrir los ojos, por Julio César Rioja, cmf

Queridos hermanos:

Un ciego que ve y unos supuestos ojos del pueblo que están ciegos, y sobre todo, una pedagogía de Jesús, que nos hace valer por nosotros mismos, para buscar la dignidad de todo hombre.

Ya en la primera lectura del libro de Samuel, cuando quiere elegir al futuro Rey, se fija en el hijo mayor, pero el Señor le dijo a Samuel: “No mires las apariencias ni su gran estatura, pues yo lo he descartado. La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón”. El escogido es el hijo menor.

En el texto de hoy, hay un hombre que es ciego de nacimiento y en frente, hay unos hombres que se precian de ser los guías del pueblo. Este hombre depende totalmente de los demás, religiosamente la ceguera, proviene del pecado de sus padres.

Jesús lo untó de barro y le pidió que fuera el sólo a la piscina de Siloé y se lavara los ojos, aquel hombre al que consideraban incapaz, de hacer algo sin ayuda: fue, se lavó y vio, el Maestro desaparece del escenario. Abrir los ojos, recuperar lo que es la libertad personal, lo tiene que hacer uno por sí mismo.

Encima era sábado, el sistema se tambalea, hay un hombre que ve. (No estaría mal, leer o volver a releer el “Ensayo sobre la ceguera” de José Saramago).

Acostumbrados los fariseos, a determinar lo que puede hacer cada hombre, a saber quién es bueno o malo, lo que hay que realizar en sábado, a justificarse a sí mismos, con la excusa, de guiar a los demás que están ciegos.

Éste ha empezado a pensar por sí mismo y produce en los jefes indignación y miedo, por eso le preguntan: “Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?” y el va respondiendo: “es un profeta”, “Si es un pecador no lo sé; sólo sé que era ciego y ahora veo”, “os lo he dicho ya y no me habéis hecho caso: ¿para qué queréis oírlo otra vez? ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?”.

Se permite incluso la ironía, el ver, le ha dado valentía y los desafía. “Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de donde viene” y los fariseos le dicen: “En pecado naciste de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros? Y lo expulsaron”.

Es la historia de todos aquellos, que como los profetas, se atreven a mirar la vida de otra manera, le sucederá a Jesús en esta Pascua. Los dos comparten mirada, saben ver lo que hay que ver y por eso, el ciego creyó.

Con frecuencia nos molestan estos hombres que ven claro, quizás los admiremos, pero unirse a ellos, es un peligro para nuestro confort y nuestra estabilidad. Debemos ser la luz del mundo, pero demasiados pensamos; sin pasarse, con equilibrio y entonces todo se vuelve claroscuro.

Nos dice San Pablo, en la segunda lectura de hoy, a los Efesios: “En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz (toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz) buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien poniéndolas en evidencia. Pues hasta ahora da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será la luz”.

Es verdad, que no somos tan ciegos como pensamos  y considerarse ciegos, es empezar a ver claro. Ni vemos tan claro para pensar que ya estamos salvados. No es un pecado ser ciego, lo que es pecado es no querer abrir los ojos, mirar para otro lado.

Quitémonos el barro de los ojos y miremos más allá, de lo que normalmente estamos acostumbrados a ver. Recordar aquel viejo cuento, no seamos avestruces que esconden la cabeza, sino águilas que otean el horizonte.

PD: este es el domingo “Laetare”, ver siempre produce alegría.

Efesios 5,8-14: Las obras de la luz y de las tinieblas

Efesios 5,8-14
Domingo de la 4 Semana de Cuaresma, ciclo A 

Hermanos: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz -toda bondad, justicia y verdad son fruto de luz-, buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciadlas. Pues hasta da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo descubierto es luz. Pero eso dice: "Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz."

Juan 9,1-41: El ciego de nacimiento

Juan 9,1-41
Domingo de la 4 Semana de Cuaresma, Año A


En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron:
— Maestro, ¿quien pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?
Jesús contestó:
— Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.
Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:
— Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
— ¿No es ése el que se sentaba a pedir?
Unos decían:
— El mismo.
Otros decían:
— No es él, pero se le parece.
Él respondía:
— Soy yo.
Y le preguntaban:
— ¿Y cómo se te han abierto los ojos?
Él contestó:
— Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver.
Le preguntaron:
— ¿Dónde está él?
Contestó:
— No sé.
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó:
— Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.
Algunos de los fariseos comentaban:
— Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.
Otros replicaban:
— ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?
Y estaban divididos. Volvieron a preguntarle al ciego:
— Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?
Él contestó:
— Que es un profeta.
Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:
— ¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?
Sus padres contestaron:
— Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse. Sus padres respondieron así porque tenían miedo los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: "Ya es mayor, preguntádselo a él."
Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron:
— Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.
Contestó él:
— Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.
Le preguntan de nuevo:
— ¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?
Les contestó:
— Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?
Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:
— Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.
Replicó él:
— Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.
Le replicaron:
— Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?
Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
— ¿Crees tú en el Hijo del hombre?
Él contestó:
— ¿Y quién es, Señor, para que crea en él?
Jesús les dijo:
— Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.
Él dijo:
— Creo, señor.
Y se postró ante él.
Jesús añadió:
— Para un juicio he venido ya a este mundo; para que los que no ve vean, y los que ven queden ciegos.
Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron:
— ¿También nosotros estamos ciegos?
Jesús les contestó:
— Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.

SOBRE EL MISMO TEMA: 
por M. Dolors Gaja, MN 
por el P. Raniero Cantalamessa 

Juan 9,1-41: El ciego de nacimiento, por el P. Raniero Cantalamessa


Juan 9,1-41

La curación del ciego de nacimiento nos toca de cerca, porque en cierto sentido todos somos... ciegos de nacimiento.

El mundo mismo nació ciego. Según lo que nos dice hoy la ciencia, durante millones de años ha habido vida sobre la tierra, pero era una vida en estado ciego, no existía aún el ojo para ver, no existía la vista misma. El ojo, en su complejidad y perfección, es una de las funciones que se forman más lentamente. Esta situación se reproduce en parte en la vida de cada hombre. El niño nace, si bien no propiamente ciego, al menos incapaz todavía de distinguir el perfil de las cosas. Sólo después de semanas empieza a enfocarlas. Si el niño pudiera expresar lo que experimenta cuando empieza a ver claramente el rostro de su mamá, de las personas, de las cosas, los colores, ¡cuántos "oh" de maravilla se oirían!

¡Qué himno a la luz y a la vista! Ver es un milagro, sólo que no le prestamos atención porque estamos acostumbrados y lo damos por descontado. He aquí entonces que Dios a veces actúa de forma repentina, extraordinaria, a fin de sacudirnos de nuestro sopor y hacernos atentos. Es lo que hizo en la curación del ciego de nacimiento y de otros ciegos en el Evangelio.

¿Pero es sólo para esto que Jesús curó al ciego de nacimiento? En otro sentido hemos nacido ciegos. Hay otros ojos que deben aún abrirse al mundo, además de los físicos: ¡los ojos de la fe! Permiten vislumbrar otro mundo más allá del que vemos con los ojos del cuerpo: el mundo de Dios, de la vida eterna, el mundo del Evangelio, el mundo que no termina ni siquiera... con el fin del mundo.

Es lo que quiso recordarnos Jesús con la curación del ciego de nacimiento. Ante todo, Él envía al joven ciego a la piscina de Siloé. Con ello Jesús quería significar que estos ojos diferentes, los de la fe, empiezan a abrirse en el bautismo, cuando recibimos precisamente el don de la fe. Por eso en la antigüedad el bautismo se llamaba también «iluminación» y estar bautizados se decía «haber sido iluminados».

En nuestro caso no se trata de creer genéricamente en Dios, sino de creer en Cristo.

El episodio sirve al evangelista para mostrarnos cómo se llega a una fe plena y madura en el Hijo de Dios. La recuperación de la vista para el ciego tiene lugar, de hecho, al mismo tiempo que su descubrimiento de quién es Jesús.

Al principio, para el ciego, Jesús no es más que un hombre: «Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro...». Más tarde, a la pregunta: «¿Y tú qué dices de él, ya que te ha abierto los ojos?», responde: «Que es un profeta». Ha dado un paso adelante; ha entendido que Jesús es un enviado de Dios, que habla y actúa en nombre de Él. Finalmente, encontrando de nuevo a Jesús, le grita: «¡Creo, Señor!», y se postra ante Él para adorarle, reconociéndole así abiertamente como su Señor y su Dios.

Al describirnos con tanto detalle todo esto, es como si el evangelista Juan nos invitara muy discretamente a plantearnos la cuestión: «Y yo, ¿en qué punto estoy de este camino? ¿Quién es Jesús de Nazaret para mí?». Que Jesús sea un hombre nadie lo niega. Que sea un profeta, un enviado de Dios, también se admite casi universalmente. Muchos se detienen aquí. Pero no es suficiente.

Un musulmán, si es coherente con lo que halla escrito en el Corán, reconoce igualmente que Jesús es un profeta. Pero no por esto se considera un cristiano. El salto mediante el cual se pasa a ser cristianos en sentido propio es cuando se proclama, como el ciego de nacimiento, Jesús «Señor» y se le adora como Dios.

La fe cristiana no es primariamente creer algo (que Dios existe, que hay un más allá...), sino creer en alguien. Jesús en el Evangelio no nos da una lista de cosas para creer; dice: «Creed en Dios; creed también en mí» (Jn 14,1). Para los cristianos creer es creer en Jesucristo.