domingo, 27 de mayo de 2018

DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (Solemnidad)


Sobre la Santísima Trinidad: 
     Reseña histórica
Liturgia de la Palabra: 
     Año A: Lecturas
     Año B: Lecturas
                  Francisco González, S.F.
     Año C: Lecturas
                  Francisco González, S.F.
                  Julio González, S.F.

SOLEMNIDAD DE LA SANTISIMA TRINIDAD, Año B

Deuteronomio 4,32-34.39-40
Salmo 32: Dichoso el pueblo escogido por Dios
Romanos 8,14-17
Mateo 28,18-20

Deuteronomio 4,32-34.39-40

En aquellos días, habló Moisés al pueblo y le dijo: “Pregunta a los tiempos pasados, investiga desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra. ¿Hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, una cosa tan grande como ésta? ¿Se oyó algo semejante? ¿Qué pueblo ha oído, sin perecer, que Dios le hable desde el fuego, como tú lo has oído? ¿Hubo algún dios que haya ido a buscarse un pueblo en medio de otro pueblo, a fuerza de pruebas, de milagros y de guerras, con mano fuerte y brazo poderoso? ¿Hubo acaso hechos tan grandes como los que, ante sus propios ojos, hizo por ustedes en Egipto el Señor su Dios? Reconoce, pues, y graba hoy en tu corazón que el Señor es el Dios del cielo y de la tierra y que no hay otro. Cumple sus leyes y mandamientos, que yo te prescribo hoy, para que seas feliz tú y tu descendencia, y para que vivas muchos años en la tierra que el Señor, tu Dios, te da para siempre”.

Salmo 32: Dichoso el pueblo escogido por Dios

Sincera es la palabra del Señor
y todas sus acciones son leales.
El ama la justicia y el derecho,
la tierra llena está de sus bondades.
R. Dichoso el pueblo escogido por Dios

La palabra del Señor hizo los cielos
y su aliento, los astros;
pues el Señor habló y fue hecho todo;
lo mandó con su voz y surgió el orbe.
R. Dichoso el pueblo escogido por Dios

Cuida el Señor de aquellos que lo temen
y en su bondad confían;
los salva de la muerte
y en épocas de hambre les da vida.
R. Dichoso el pueblo escogido por Dios

En el Señor está nuestra esperanza,
pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo.
Muéstrate bondadoso con nosotros,
puesto que en ti,Señor, hemos confiado.
R. Dichoso el pueblo escogido por Dios

Romanos 8,14-17

Hermanos: Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. No han recibido ustedes un espíritu de esclavos, que los haga temer de nuevo, sino un espíritu de hijos, en virtud del cual podemos llamar Padre a Dios. El mismo Espíritu Santo, a una con nuestro propio espíritu, da testimonio de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos también herederos de Dios y coherederos con Cristo, puesto que sufrimos con él para ser glorificados junto con él.

Mateo 28,18-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban. Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

sábado, 26 de mayo de 2018

SABADO DE LA 7 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Ciclo II (Lecturas)

Santiago 5,13-20
Salmo 141,1-2.3.8: Suba mi oración 
como incienso en tu presencia, Señor
Marcos 10,13-16

Santiago 5,13-20

Queridos hermanos: ¿Sufre alguno de vosotros? Rece. ¿Está alegre alguno? Cante cánticos. ¿Está efermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, y que recen sobre él, después de ungirlo con óleo, en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo curará, y, si ha cometido pecado, lo perdonará. Así, pues, confesaos los pecados unos a otros, y rezad unos por otros, para que os curéis.Mucho puede hacer la oración intensa del justo. Elías, que era un hombre de la misma condición que nosotros, oró fervorosamente para que no lloviese; y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. Luego volvió a orar, y el cielo derramó lluvia y la tierra produjo sus frutos.Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo encamina, sabed que uno que convierte al pecador de su extravío se salvará de la muerte y sepultará un sinfín de pecados.

Salmo 141,1-2.3.8: Suba mi oración 
como incienso en tu presencia, Señor

Señor, te estoy llamando, ven deprisa,
escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.
R. Suba mi oración 
como incienso en tu presencia, Señor

Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
un centinela a la puerta de mis labios.
Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indenfenso.
R. Suba mi oración 
como incienso en tu presencia, Señor

Marcos 10,13-16

En aquel tiempo, le acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: "Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él." Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

26 de mayo: SAN FELIPE NERI

San Felipe Neri: humor y humildad


Desde hacía muchos años por las calles de Roma se solía encontrar a un humilde capuchino de estatura mediana y de modales amables y graciosos. Llevaba siempre en sus espaldas una bolsa y era llamado por la población “Fra Deo gratias”, ya que a quienquiera que encontrase por el camino, se dirigía a él con este particular saludo, que significa “Gracias a Dios”. Era el religioso una especie de hermano lego que pasaba la vida haciendo el bien por las calles de Roma y pidiendo limosnas. Su nombre era Felice da Cantalice, quien, por humildad, solía llamarse a sí mismo “el asno de los capuchinos”.

Un día, teniendo cierta prisa y en medio de una multitud, comenzó a decir:
- ¡Paso, señores! ¡Dejad pasar el asno de los frailes!

La gente, haciéndose a un lado, se preguntaba dónde estaría dicho animal.
- ¿No lo veis? –respondía Fra Felice–, soy yo, ¡el asno de los capuchinos!.

Su compostura era tan similar a la de Felipe Neri que casi podría decirse que eran almas gemelas. Cuando ambos se encontraban parecía como si quisiesen ver quién hacía el mayor ridículo. Uno se arrodillaba frente al otro; el otro bailaba una pieza en su honor y, cuando se despedían, se decían:

- ¡Podría verte morir reventado por amor de Dios!
A lo que el otro respondía:
- ¡Y yo podría verte colgado y destrozado por el mismo amor!

La gente que asistía a estos extraños encuentros se divertía sobremanera y quedaba totalmente edificada por tanta gracia y simplicidad.

Narremos otro episodio entre ambos.

Una calurosa tarde, Fra Felice se encontró en Vía dei Banchi Vecchi con Felipe; luego de las acostumbradas payasadas de bienvenida, le preguntó:
- ¡Eh, florentino!, ¿tienes sed?
- Es la Providencia que te manda con este calor endemoniado –respondió Felipe.
- ¿Sabes? Tengo aquí un vino realmente bueno –dijo el fraile.

En tanto, algunos de los que pasaban por allí comenzaron a observar el espectáculo. Fra Felice tomó la botella que le acababan de donar para los capuchinos y se la dio al Padre Felipe. Éste, mostrando mucha avidez, la tomó con ambas manos y la llevó hasta la boca como si fuese todo un borracho profesional, bebiendo con enorme placer. La gente reía y se decía para sí:
- ¡Mira, mira a estos dos frailes cómo beben!

Luego de que Felipe bebiera, le tocaba el turno a su amigo:
- Ahora quiero que tú también te mortifiques públicamente –le dijo en voz baja.

Fra Felice haciendo lo mismo, se llevó la botella a la boca y después de haber terminado hasta la última gota, se saludaron mutuamente y siguieron cada uno su camino.
Eran muestras públicas de humildad para no pasar por santos.

Autor: P. Javier Olivera Ravasi

jueves, 24 de mayo de 2018

Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, primer jueves después de Pentecostés

Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote


El jueves posterior a la Solemnidad de Pentecostés en algunos países se celebra la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, festividad que no aparece en el calendario de la Iglesia universal (como sí lo hacen las fiestas del Sagrado Corazón de Jesús o Jesucristo Rey del Universo), pero que se ha expandido por muchos países.

Esta fiesta tiene sus orígenes en la celebración del sacerdocio de Cristo que en la misa latina se introdujo en algunos calendarios y que tras la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II fue renovada por la Congregación de Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote.

La celebración fue introducida en España en 1973 con la aprobación de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y contiene textos propios para la Santa Misa y el Oficio que fueron aprobados dos años antes.

Además de España, otras Conferencias Episcopales incluyeron esta fiesta en sus calendarios particulares como Chile, Colombia, Perú, Puerto Rico, Uruguay, Venezuela. En algunas diócesis este día es también la ‘Jornada de Santificación de los Sacerdotes’.

San Juan Pablo II, en el documento “Ecclesia de Eucharistia” señala que “el Hijo de Dios se ha hecho hombre, para reconducir todo lo creado, en un supremo acto de alabanza, a Aquél que lo hizo de la nada”.

“De este modo, Él, el sumo y eterno Sacerdote, entrando en el santuario eterno mediante la sangre de su Cruz, devuelve al Creador y Padre toda la creación redimida. Lo hace a través del ministerio sacerdotal de la Iglesia y para gloria de la Santísima Trinidad”.

Pueblo sacerdotal  

Con la palabra “sacerdote” no solo se nombra a los ministros, sino que se reserva especialmente para denominar a Cristo y a todo el pueblo de Dios, unidos como un Sacerdocio real: "Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz" (1 Pedro 2,9)

Cara a los Hebreos  

En el capítulo 4 de Hebreos se explica el Sumo Sacerdocio de Jesucristo de esta forma: "Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos -Jesús, el Hijo de Dios- mantengamos firmes la fe que profesamos. Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna" (Hebreos 4,14-16)

La carta a los Hebreos también interpreta el sacrificio de Cristo como el nuevo, único y definitivo sacerdocio, diferenciándose así de los sacrificios de los sacerdotes de la antigua alianza: "Así también Cristo no se apropió la gloria de ser sumo sacerdote, sino que Dios mismo le había dicho: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. O como dice también en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre igual que Melquisedec" (Hebreos 5,5-6)

La misma carta a los Hebreos añade: "Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos" (Hebreos 9,11)

JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE (Lecturas)

Primera lectura (opciones):
Génesis 14,18-20
Génesis 22,9-18

Salmo (opciones):
39,6.7. 8-9.10.11:
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad
109: Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec

Evangelio (opciones)
Mateo 26,36-42
Lucas 9,11b-17

PRIMERA LECTURA: 

Génesis 14,18-20

En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino y bendijo a Abrán, diciendo: «Bendito sea Abrán por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos.» Y Abrán le dio un décimo de cada cosa.

Génesis 22,9-18 

En aquellos días, llegaron Abrahán e Isaac al sitio que la había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
– ¡Abrahán, Abrahán!.
Él contestó:
– Aquí estoy.
El ángel le ordenó:
– No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo.
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy, «En el monte el Señor es visto». El ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo y le dijo:
– Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz.

SALMO:

Salmo 39,6.7. 8-9.10.11
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad


Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios;
entonces yo digo. «Aquí estoy».
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Como está escrito en mi libro
para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas».
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

He proclamado tu justicia
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios,
Señor, tú lo sabes.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

No me he guardado en el pecho tu justicia,
he contado tu fidelidad y tu salvación.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
digan siempre: Grande es el Señor,
los que desean tu salvación.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Salmo 109: Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec


Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos estrado de tus pies.»
R. Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.
R. Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec


«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»
R. Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec


El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»
R. Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec


EVANGELIO:

Mateo 26,36-42

Jesús fue con sus discípulos a un huerto, llamado Getsemaní, y le dijo:
– Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.
Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo:
– Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo.
Y adelántandose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:
– Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú.
Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
– ¿No habéis podido velar huna hora conmigo? Velad y orad par ano caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil.
De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
– Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

Lucas 9,11b-17  

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado.» Él les contestó: «Dadles vosotros de comer.» Ellos replicaron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.» Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos: «Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.» Lo hicieron así, y todos se echaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.

martes, 22 de mayo de 2018

MARTES DE LA 7 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año II (Lecturas)

Santiago 4,1-10
Salmo 54: Encomienda a Dios tus afanes, 
que él te sustentará
Marcos 9,30-37

Santiago 4,1-10

Queridos hermanos: ¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, que luchan en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis; matáis, ardéis en envidia y no alcanzáis nada; os combatís y os hacéis la guerra. No tenéis, porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, para dar satisfacción a vuestras pasiones. ¡Adúlteros! ¿No sabéis que amar el mundo es odiar a Dios?El que quiere ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios. No en vano dice la Escritura: "El espíritu que Dios nos infundió está inclinado al mal." Pero mayor es la gracia que Dios nos da. Por eso dice la Escritura: "Dios se enfrenta con los soberbios y da su gracia a los humildes." Someteos, pues, a Dios y enfrentaos con el diablo, que huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y Dios se acercará a vosotros. Pecadores, lavaos las manos; hombres indecisos, purificaos el corazón, lamentad vuestra miseria, llorad y haced duelo; que vuestra risa se convierta en llanto y vuestra alegría en tristeza. Humillaos ante el Señor, que él os levantará.

Salmo 55,7-8.9-10a.10b-11.23:
Encomienda a Dios tus afanes,
que él te sustentará

Pienso: "¡Quién me diera alas de paloma
para volar y posarme!
Emigraría lejos,
habitaría en el desierto."
R. Encomienda a Dios tus afanes, 
que él te sustentará

Me pondría en seguida a salvo de la tormenta,
del huracán que devora, Señor;
del torrente de sus lenguas."
R. Encomienda a Dios tus afanes, 
que él te sustentará

Violencia y discordia veo en la ciudad:
día y noche hacen la ronda
sobre sus murallas.
R. Encomienda a Dios tus afanes, 
que él te sustentará

Encomienda a Dios tus afanes,
que él te sustentará;
no permitirá jamás que el justo caiga.
R. Encomienda a Dios tus afanes, 
que él te sustentará

Marcos 9,30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará." Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: "¿De qué discutíais por el camino?" Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: "Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos." Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: "El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado."

lunes, 21 de mayo de 2018

LUNES DE LA 7 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año II (Lecturas)

Santiago 3,13-18
Salmo 19,8.9.10.15: Los mandatos del Señor son rectos 
y alegran el corazón
Marcos 9,14-29

Santiago 3,13-18

Queridos hermanos: ¿Hay alguno entre vosotros sabio y entendido? Que lo demuestre con una buena conducta y con la amabilidad propia de la sabiduría. Pero, si tenéis el corazón amargado por la envidia y las rivalidades, no andéis gloriándoos, porque sería pura falsedad. Esa sabiduría no viene del cielo, sino que es terrena, animal, diabólica. Donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda clase de males. La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia.

Salmo 19,8.9.10.15:
Los mandatos del Señor son rectos 
y alegran el corazón

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante.
R. Los mandatos del Señor son rectos 
y alegran el corazón

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos.
R. Los mandatos del Señor son rectos 
y alegran el corazón

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.
R. Los mandatos del Señor son rectos 
y alegran el corazón

Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Señor, roca mía, redentor mío.
R. Los mandatos del Señor son rectos 
y alegran el corazón

Marcos 9,14-29

En aquel tiempo, cuando Jesús y los tres discípulos bajaron de la montaña, al llegar adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos escribas discutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo. Él les preguntó: "¿De qué discutís?" Uno le contestó: "Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar y, cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han sido capaces."Él les contestó: "¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo." Se lo llevaron. El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; cayó por tierra y se revolcaba, echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: "¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?" Contestó él: "Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua, para acabar con él. Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos." Jesús replicó: "¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe." Entonces el padre del muchacho gritó: "Tengo fe, pero dudo; ayúdame." Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: "Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Vete y no vuelvas a entrar en él." Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió. El niño se quedó como un cadáver, de modo que la multitud decía que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó, cogiéndolo de la mano, y el niño se puso en pie.Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: "¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?" Él les respondió: "Esta especie sólo puede salir con oración."

domingo, 20 de mayo de 2018

DOMINGO DE PENTECOSTÉS (Solemnidad)

Las raíces judías de Pentecostés


Las festividades judías son una forma de catequizar a la comunidad, de enseñarle su historia. Y éstas no sólo apuntan a recordar hechos del pasado o a nutrir el presente, sino que a la vez son signos que son llevados a su plenitud en los tiempos mesiánicos.

Esto lo que veremos en este artículo con la fiesta de Pentecostés, que refleja de formas cómo Jesús no vino a abolir ni la ley ni los profetas, sino a llevarlas a su plenitud.

La festividad de Pentecostés existía antes de la venida del Espíritu Santo a los apóstoles. Lo leemos en los Hechos de los Apóstoles y quizás, sin conocer el judaísmo, este dato pasa desapercibido:

"Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua” (Hechos 2,1-6).

La fiesta de Shavuot

El relato dice que estaban todos reunidos en Jerusalén, de todas las naciones. Y estaban allí precisamente porque estaban celebrando mediante una peregrinación al Templo, la fiesta de Shavuot (Pentecostés).

El nombre de esta festividad, Shavuot, viene de la palabra Shavuá, que quiere decir “semana”. Sería la fiesta de las semanas, ya que se celebra 7 semanas después de la Pascua Judía. Estas 7 semanas se comienzan a contar al día siguiente de la Pascua, de modo que son 50 días después. Y por eso se la designa como pentecostés (proveniente del griego πεντηκοστ  [pentecosté], que significa ‘quincuagésimo’).

Esta fiesta tiene varios significados. Uno de ellos es agrícola: corresponde a la época del año en la cual en Israel se recogen los primeros frutos. Y éstos eran consagrados al Templo de Jerusalén como símbolo de agradecimiento a Dios y demostración de confianza en su providencia. Es por esto que la festividad también es llamada la Fiesta de las Primicias. (El libro de Levítico 23,9-32 y el Deuteronomio 16,9-12 relatan la instauración de la festividad y el modo en que debía celebrarse la ceremonia.)

Otro de sus significados es que se conmemora la entrega de la Torá (Las Tablas de la Ley) por parte de Dios a Moisés, en el Monte Sinaí. Y a partir de ese evento se sella la alianza de Dios con su pueblo: “Yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo” (Éx 6,7)

De este intercambio de juramentos viene otro de los significados que se le atribuye a esta festividad, Shvuot (Shvuá quiere decir juramento en hebreo). Uno de los juramentos fue el del pueblo de Israel de cumplir con los mandatos de la Torá y el otro fue el de Dios, quien al dar la Torá al pueblo de Israel juró que iba a ser su pueblo elegido y no iba a cambiarlo nunca. No importa lo que nosotros hagamos, el juramento de Dios nos unió más allá de todo. Es una alianza, no un contrato. Dios no cambia su promesa, a pesar de que nosotros no cumplamos lo que prometemos.

Y esto se ve claramente demostrado sólo 40 días después, cuando el pueblo de Israel cae en la idolatría construyendo el becerro de oro y rompiendo el propio juramento que ellos hicieron días atrás. Sin embargo, Dios no los abandonó jamás.

La ley y la Gracia 

¿Por qué ocurrió esto y todas las traiciones e incumplimientos de esta alianza por parte del pueblo de Israel, a lo largo de toda la historia de la salvación?

Un acercamiento al tema tiene la siguiente propuesta: la primera ley no se podía cumplir sin la gracia de Dios, sin el Espíritu Santo que Dios envía en Pentecostés.Y quizás podemos preguntarnos: ¿Cómo es esto posible? ¿Por qué Dios nos va a dar una ley que no podamos cumplir? ¿Acaso está jugando con nosotros? ¿O hay en realidad un significado mucho más profundo que quiere enseñarnos? Claro que sí. Dios no quiere que seamos soberbios y pensemos que por nuestra cuenta todo lo podemos. Quiere que lo busquemos, que pidamos su ayuda, que busquemos su participación en nuestra historia.

Los israelitas sí querían cumplir la ley, porque el amor a Dios siempre fue grande por parte de este pueblo, pero no podían hacerlo, no tenían la capacidad de cumplirla sin el espíritu. Pero no se daban cuenta que lo necesitaban y por eso no lo pedían: “Ustedes no tienen, porque no piden” (Santiago 4,2). La ley fue dada para que busquemos la gracia de cumplirla.

En el Antiguo Testamento, la ley fue dada, escrita en piedra. Una piedra tan dura “como la dureza de nuestros corazones” (Mt 19,8). En cambio, bajo la nueva alianza que vino a traer Jesús, la ley fue escrita directo en nuestros corazones (Jeremías 31) con el “espíritu de Dios”. Como bien lo describe San Pablo: “Evidentemente ustedes son una carta que Cristo escribió por intermedio nuestro, no con tinta, sino con el Espíritu del Dios viviente, no en tablas de piedra, sino de carne, es decir, en los corazones” (2 Co 3,3).

Y esto se dio a la vez para que podamos, con esta gracia, cumplir la ley que fue dada en primera instancia, y que aún sigue vigente. Porque Jesús no vino a abolir ni una i ni una coma de ella (Mt 5, 17).

Jeremías y Ezequiel  

Las profecías de Jeremías y Ezequiel son muy claras y realmente brillan si las analizamos a la luz de estos eventos. Comencemos por el profeta Jeremías:

"Llegarán los días –oráculo del Señor– en que estableceré una nueva Alianza con la casa de Israel y la casa de Judá. No será como la Alianza que establecí con sus padres el día en que los tomé de la mano para hacerlos salir del país de Egipto, mi Alianza que ellos rompieron, aunque yo era su dueño –oráculo del Señor. Esta es la Alianza que estableceré con la casa de Israel, después de aquellos días –oráculo del Señor–: pondré mi Ley dentro de ellos, y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo" (Jr 31,31-33).

Y Ezequiel dice lo siguiente, siglos antes de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, aunque parecería que está describiendo el evento como si lo estuviera viendo:

"Yo los tomaré de entre las naciones, los reuniré de entre todos los países y los llevaré a su propio suelo. Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán purificados. Los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus ídolos. Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que sigan mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes. Ustedes habitarán en la tierra que yo he dado a sus padres. Ustedes serán mi Pueblo y yo seré su Dios” (Eze 36,24-28).

Estos pasajes son claves para entender lo ocurrido con los apóstoles el día de Pentecostés. En esta nueva alianza, este nuevo éxodo, Dios no iba a darles simplemente la ley, sino Su Espíritu para que fueran capaces de cumplirla.

El evangelista Lucas 

El evangelista Lucas ve esta relación que hay entre la ley dada a Moisés y la venida del Espíritu Santo. En su descripción de los hechos, se encuentran muchísimos paralelos entre lo ocurrido el día de la entrega de la ley en el Monte Sinaí y lo ocurrido en el día de Pentecostés. Vamos a mencionar sólo algunos, que a la vez son analizados por muchos de los padres de la Iglesia como San Jerónimo, San Atanasio y San Agustín, entre otros.

En el libro del Éxodo 19,16-19 leemos acerca de la teofanía en el Sinaí, que ocurre con un sonido fuerte: “Truenos y relámpagos, una densa nube cubrió la montaña y se oyó un fuerte sonido de trompeta”. En el capítulo 2 de Hechos, Lucas describe: “De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban.”

En el Éxodo, Dios descendió en forma de fuego: “La montaña del Sinaí estaba cubierta de humo, porque el Señor había bajado a ella en el fuego. El humo se elevaba como el de un horno, y toda la montaña temblaba violentamente”. En Hechos leemos: “Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos”.

Del mismo modo que “El Señor bajó a la montaña del Sinaí, a la cumbre de la montaña”, en Pentecostés Dios desciende al Monte Sión, donde estaba el cuarto en el que estaban reunidos los apóstoles, en forma de fuego.

Por último, Lucas nos cuenta que ese día “3.000 almas” se unieron a la comunidad cristiana luego de escuchar las palabras de Pedro. Y esto equilibra lo ocurrido en el Éxodo, cuando luego de haber adorado al becerro de oro, 3.000 personas mueren en manos de los Levitas (Ex 32,28) .

Estos signos externos apuntan a algo aún mucho más profundo. La primera ley dada era externa, la segunda interna y celestial. La primera humana, la otra divina, que nos da la capacidad de cumplir la primera. Y ya no por miedo a ser castigados si no lo hacemos, sino por amor: “La observancia de la ley ya no es la causa, sino el efecto de la justificación" (padre Raniero Cantalamessa).

A partir del día de Pentecostés nace la Iglesia, y ésta se vuelve el templo de Dios. Ya Dios no habita más en el Templo de Jerusalén. Ni siquiera el velo del Santo de los Santos, que separaba a Dios de los hombres, a lo sagrado de lo profano, está entero. Éste se ha quebrado y ahora la gloria de Dios habita en cada una de las personas que son receptoras del Espíritu Santo y capaces de actuar como templo del mismo, como “piedras vivas del templo” (1 Pe 2,5): “Porque nosotros somos el templo del Dios viviente, como lo dijo el mismo Dios: Yo habitaré y caminaré en medio de ellos; seré su Dios y ellos serán mi Pueblo” (2 Co 6,16).

Y así como el pueblo de Israel necesitaba del Espíritu, de la gracia, para poder cumplir la ley y transmitirla, nosotros también lo necesitamos. Y para eso tenemos individualmente nuestro propio Pentecostés, que es el sacramento de la Confirmación, “a fin de que no vivamos ya para nosotros mismos, sino para Él, que por nosotros murió y resucitó” (Plegaria Eucarística IV).

Autor: Luciana Rogowicz

El baldaquino del Templo de la Sagrada Familia simboliza el Espíritu Santo


La fiesta de Pentecostés es muy importante para los cristianos, ya que implica la venida del Espíritu Santo, la cual se ha representado a menudo en el mundo del arte como unas lenguas de fuego sobre las cabezas de los apóstoles.

El baldaquino precedente, en Mallorca

La palabra baldaquino hace referencia a la ciudad de Baldac, es decir, la Bagdad medieval, de donde provenían los valiosos tejidos de seda con los que a menudo se confeccionaban los baldaquinos.

Se trata de un dosel que se situaba sobre los tronos de los reyes y que adoptó la Iglesia cristiana para enaltecer y honrar el altar.

Gaudí dejó en Palma de Mallorca una muestra excelente del diseño del baldaquino que debía cubrir el altar mayor de la catedral. Sin embargo, aquella obra quedó inacabada, como otras que Gaudí abandonó alrededor de 1914-1915 para dedicarse en exclusiva al proyecto de nuestro templo. Aun así, la expresión de los elementos simbólicos que debía contener ya estaba completamente definida.

Representación trinitaria

Teniendo en cuenta que del baldaquino de la Sagrada Familia cuelga la cruz del Cristo y que, por encima, en la bóveda, se representa el Padre Eterno, el baldaquino, situado entre ambos, adquiere el rol simbólico de representar el Espíritu Santo y completa de esta manera la representación trinitaria del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Diseño y estructura

Esta es la razón de que tenga la forma de un heptágono, ya que son siete los dones del Espíritu Santo: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.

El polígono se sitúa con un vértice apuntando hacia el centro del crucero y con una ligera inclinación ascendente hacia el mismo punto. En este vértice central se pueden leer las letras «INRI», que hacen referencia inequívoca a Jesucristo en la cruz que se sitúa justo debajo.

El dosel textil es de tonos dorados y ocres que acentúan el sentido radial, radiante, y está repleto de estrellas doradas.

La estructura del baldaquino es metálica y aporta grosor y medida tridimensional a la línea poligonal inicial de siete lados, de manera que, forrada con pergamino traslúcido, puede esconder en su interior un sistema de iluminación que destaca las inscripciones. De este modo, es en el centro de cada lado donde se rotula cada uno de los siete dones mencionados.


Por encima de esta estructura sobresalen las espigas de trigo, símbolo del pan de la eucaristía y, por debajo, cuelgan racimos de tres colores: blanco, negro y dorado. Estos últimos, realizados en vidrio enmoldado, son el símbolo del vino de la eucaristía. También se intercalan con los racimos unas hojas de parra de latón.

espigas de trigo

racimos de uvas

Todavía más abajo, a lo largo de todo el perímetro, cuelgan siete lámparas por lado. Si le sumamos la que se sitúa en el vértice principal, son cincuenta lámparas que representan los cincuenta días que dura la Pascua.

Desde una perspectiva frontal, se pueden leer a los lados los nombres de María («Maria») y de Juan («Joan»), que completan la escena del calvario con el «INRI» central y el Jesús.

La plegaria del gloria cubre todo el perímetro del baldaquino, tanto por el lado exterior como por el interior. Con letras rojas retroiluminadas y en caligrafía gaudiniana realizada bajo la dirección de Jordi Bonet, por entonces arquitecto director de las obras, desde los bancos de los fieles se puede leer el inicio completo del gloria sin necesidad de desplazarse. Después, la continuación queda repartida por el resto de laterales, interiores y exteriores.

Por lo tanto, para leer la plegaria completa es necesario desplazarse por el deambulatorio del ábside. También resulta necesario ir saltando el texto de los escudos centrales de cada lado, en los que se encuentran, por fuera, los dones del Espíritu Santo y, por dentro, la sigla «SS» (Spiritus Sanctus), que significa, en latín, «Espíritu Santo».

Todo el baldaquino cuelga de las dos columnas de basalto que quedan alineadas con el altar, las dedicadas a san Pedro y san Pablo. Para hacer el anclaje, se diseñaron una especie de grandes argollas que abrazan estas columnas en las que se pueden leer las referencias a estos apóstoles tan importantes.

Finalmente, también es necesario tener en cuenta que este Jesús en la cruz preside la perspectiva desde la nave principal, tal y como se entra desde la que será la puerta principal de la Basílica; la puerta de la Gloria. De esta manera, junto con las esculturas de la Virgen María y san José, que presiden las vistas del transepto, completa los tres miembros de la Sagrada Familia.

Fuente: Blog del Templo de la Sagrada Familia

El Espíritu Santo cambia los corazones y cambia los acontecimientos, proclama el Papa en Pentecostés


El Espíritu Santo “ensancha los corazones estrechos”, da a los conformistas "ímpetus de entrega”, “libera los corazones cerrados por el miedo y vence las resistencias”, cambia a las personas y al mundo. Ese fue el tema central de la homilía del Papa Francisco en este Domingo de Pentecostés, en la gran fiesta del Espíritu Santo.

En la Solemnidad de Pentecostés, el papa Francisco resaltó las cualidades que nos otorga el Espíritu Santo, concebido como “la fuerza divina que cambia el mundo”, una fuerza que, como «un viento que sopla fuertemente», “cambia la realidad” y sobre todo, “cambia los corazones”, expresó el Papa durante su homilía en la Santa Misa.

El Espíritu Santo cambia los corazones  

El Papa Francisco, centrando su reflexión en el pasaje del libro de los Hechos de los Apóstoles, explica que los discípulos - que al principio estaban llenos de miedo, atrincherados con las puertas cerradas también después de la resurrección del Maestro - “son transformados por el Espíritu” y, como anuncia Jesús en el Evangelio de hoy, “dan testimonio de él”.

“De vacilantes pasan a ser valientes” –afirmó el Papa– “porque el Espíritu cambió sus corazones”. Un pasaje que el Papa usó como ejemplo para explicar cómo el Espíritu Santo “entra en las situaciones y las transforma, cambia los corazones y cambia los acontecimientos”.

Pero también es el “Espíritu” el que “libera los corazones cerrados por el miedo y vence las resistencias” continuó Francisco, de modo que –a quien se conforma con medias tintas– “le ofrece ímpetus de entrega”. También “ensancha los corazones estrechos”, “anima a servir a quien se apoltrona en la comodidad”, “hace caminar al que se cree que ya ha llegado” y “hace soñar al que cae en tibieza”.

“La experiencia enseña que ningún esfuerzo terreno por cambiar las cosas satisface plenamente el corazón del hombre” afirmó, mientras que el cambio del Espíritu es diferente: “no revoluciona la vida a nuestro alrededor, pero cambia nuestro corazón; no nos libera de repente de los problemas, pero nos hace libres por dentro para afrontarlos; no nos da todo inmediatamente, sino que nos hace caminar con confianza, haciendo que no nos cansemos jamás de la vida”.

El Espíritu Santo: fuerte “reconstituyente” 

El Espíritu además, “mantiene joven el corazón”, previniendo el único envejecimiento malsano: el interior. Y lo hace precisamente “renovando el corazón, transformándolo de pecador en perdonado”.

A veces necesitamos un cambio verdadero –dijo el Papa– sobre todo “cuando estamos hundidos, cuando estamos cansados por el peso de la vida, cuando nuestras debilidades nos oprimen, cuando avanzar es difícil y amar parece imposible”. Y es en ese momento cuando el Espíritu actúa como un “fuerte “reconstituyente”: “es él, la fuerza de Dios”, expresó el Santo Padre, que “llega también a las situaciones más inimaginables”.

El Espíritu Santo: alma de la Iglesia  

Haciendo una comparación como cuando en una familia nace un niño, que trastorna los horarios, hace perder el sueño, pero lleva una alegría que renueva la vida y la impulsa hacia adelante, el Papa aseguró que es lo mismo que hace el Espíritu Santo en la Iglesia: Él, “la reanima de esperanza, la colma de alegría y le da brotes de vida”, afirmó el Papa.

La fuerza del Espíritu Santo es única. Por una parte, es una fuerza centrípeta, es decir, “empuja hacia el centro, porque actúa en lo más profundo del corazón” indicó Francisco, de manera que “trae unidad en la fragmentariedad, paz en las aflicciones y fortaleza en las tentaciones”.

Pero al mismo tiempo – señaló - “él es fuerza centrífuga”, es decir, “empuja hacia el exterior”: El que lleva al centro es el mismo que manda a la periferia, hacia toda periferia humana; aquel que nos revela a Dios nos empuja hacia los hermanos.

Es sólo en el Espíritu Consolador cuando “decimos palabras de vida y alentamos realmente a los demás” - concluyó el Papa – pues, “quien vive según el Espíritu está en esta tensión espiritual: se encuentra orientado a la vez hacia Dios y hacia el mundo”.

sábado, 19 de mayo de 2018

Pentecostés (Camino Neocatecumenal)

Pentecostés: Canto de entrada

Siempre es Pentecostés

Domingo de Pentecostés: Secuencia

Domingo de Pentecostés: salmo responsorial

Hechos 2,1-11, por M. Dolors Gaja, MN.


Hechos 2,1-11
Domingo de Pentecostés

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería. Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos preguntaban: "¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua."

— Comentario de M. Dolors Gaja, MN

Excepcionalmente, hoy no vamos a comentar el evangelio – precioso y denso en contenido teológico- sino el relato histórico-teológico que nos ofrece Lucas, autor del libro de los Hechos de la Iglesia primitiva, de la venida del Espíritu  Santo sobre la Iglesia naciente.

Pentecostés es una fiesta heredada de la tradición judía a la cual los cristianos hemos dado otro sentido. Para el mundo judío Pentecostés rememoraba y celebraba  originariamente la fiesta de la siega; era la fiesta en que las primicias eran entregadas a Yaveh. Pasó luego a conmemorar la alianza de Dios con el pueblo en el Sinaí y, específicamente, la entrega por parte de Dios de la Toráh o Ley al pueblo de Israel a través de Moisés. Era una inmensa fiesta: una de las tres fiestas anuales de peregrinación a Jerusalén que se celebraban en Israel (ver Ex 23,16).

Estaban todos reunidos en el mismo lugar. Estaban juntos por miedo pero también les unía la esperanza que encarnaba, magníficamente, María. Es cierto que estar en el mismo lugar no significa estar unidos de corazón pero también es cierto que los que se aman se buscan y encuentran. Esta es la primera pregunta que debo hacerme este domingo: ¿permanezco unido/a a la comunidad cristiana? ¿La busco, me reúno con ella?

Un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa. Lucas nos presenta al Espíritu con un símbolo del cual destaca su inaprensibilidad. Nadie puede capturar el viento, nadie lo puede domesticar ni nadie se puede apropiar de él.  El Espíritu es libre y sólo puedo dejarme poseer por él…

Pregúntate: en mi hogar ¿resuena el Viento del Espíritu? ¿O está lleno de ruidos que no me permiten oírlo? ¿Qué hay en mi corazón, qué se agita en él? ¿El Espíritu o ruidos del mundo?

Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno.  Otro símbolo inaprensible y universal es el fuego. Tampoco lo puedo domar y tiene gran fuerza. Viento y Fuego son símbolos que están en todas las culturas para hablar de lo Trascendente.

También la luz. Cada cultura o nación, cada grupo humano, establece y crea símbolos propios. Pero algunos son universales y Lucas, que tiene el mundo en el corazón, nos habla ya una lengua universal: Dios es Viento, Fuego…

Como Iglesia ¿sabemos encontrar un lenguaje que toda cultura entienda y haga propia? Cuando hablo de Dios ¿soy inteligible?

El Espíritu se posa en cada uno de manera distinta y nos configura distintos. La Iglesia tiene múltiples carismas. ¿ Qué carisma me siento llamado a vivir? ¿Celebro las diferencias o preferiría una mayor homogeneidad? ¿veo las diferencias como riqueza o como amenaza?

Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras. Sin poder definir al Espíritu tenemos que hablar de Plenitud. El Espíritu es Plenitud, es aquel que nos va revelando y enseñando poco a poco, es el que nos da vida pues es Señor y Dador de Vida. Quien vive en el Espíritu vive una vida plena. Por tanto, nos acercamos al concepto de felicidad.
Y la felicidad es contagiosa, te hace hablar “en lengua extranjera”. Quien vive en el Espíritu ya no hablo según los criterios del mundo (dinero, fama, seguridad, éxito) sino que está en el mundo sin ser del mundo y habla otra lengua, la de Dios.

Cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua. Jerusalén estaba llena de judíos y simpatizantes que celebraban Pentecostés, la fiesta de la Antigua Alianza. Ante estos se presentan los apóstoles y causan asombro. En el fondo nada hay más fascinante  que una persona  que vive en libertad. La libertad auténtica no es una conquista, es Don.
Los siete dones del Espíritu (sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y  temor de Dios) son una magnífica glosa de la Libertad.

Pidamos hoy el Espíritu para todos: ¡Ven Espíritu Santo y renueva la faz de la tierra!

¿Pentecostés o Babel? por el P. Raniero Cantalamessa, ofm


El sentido de Pentecostés se contiene en la frase de los Hechos de los Apóstoles: «Quedaron todos llenos del Espíritu Santo». ¿Qué quiere decir que «quedaron llenos del Espíritu Santo» y qué experimentaron en aquel momento los apóstoles?

Tuvieron una experiencia arrolladora del amor de Dios, se sintieron inundados de amor, como por un océano. Lo asegura San Pablo cuando dice que «el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rm 5, 5).

Todos los que han tenido una experiencia fuerte del Espíritu Santo están de acuerdo en confirmar esto. El primer efecto que el Espíritu Santo produce cuando llega a una persona es hacer que se sienta amada por Dios por un amor tiernísimo, infinito.

El fenómeno de las lenguas es la señal de que algo nuevo ha ocurrido en el mundo. Lo sorprendente es que este hablar en «lenguas nuevas y diversas», en vez de generar confusión, crea al contrario un admirable entendimiento y unidad. Con ello la Escritura ha querido mostrar el contraste entre Babel y Pentecostés. En Babel todos hablan la misma lengua y en cierto momento nadie entiende ya al otro, nace la confusión de las lenguas; en Pentecostés cada uno habla una lengua distinta y todos se entienden.

¿Cómo es esto? Para descubrirlo basta con observar de qué hablan los constructores de Babel y de qué hablan los apóstoles en Pentecostés. Los primeros se dicen entre sí: «Vamos a edificarnos una ciudad y una torre con la cúspide en el cielo, y hagámonos famosos, para no desperdigarnos por toda la faz de la tierra» (Gn 11,4). Estos hombres están animados por una voluntad de poder, quieren «hacerse famosos», buscan su gloria.

En Pentecostés los apóstoles, en cambio, proclaman «las grandes obras de Dios». No piensan en hacerse un nombre, sino en hacérselo a Dios; no buscan su afirmación personal, sino la de Dios. Por ello todos les comprenden. Dios ha vuelto a estar en el centro; la voluntad de poder se ha sustituido con la voluntad de servicio, la ley del egoísmo con la del amor.

En ello se contiene un mensaje de vital importancia para el mundo de hoy. Vivimos en la era de las comunicaciones de masa. Los llamados «medios de comunicación» son los grandes protagonistas del momento. Todo esto marca un progreso grandioso, pero implica también un riesgo. ¿De qué comunicación se trata de hecho? Una comunicación exclusivamente horizontal, superficial, frecuentemente manipulada y venal, o sea, usada para hacer dinero. Lo opuesto, en resumen, a una información creativa, de manantial, que introduce en el ciclo contenidos cualitativamente nuevos y ayuda a cavar en profundidad en nosotros mismos y en los acontecimientos. La comunicación se convierte en un intercambio de pobreza, de ansias, de inseguridades y de gritos de ayuda desatendidos. Es hablar entre sordos. Cuanto más crece la comunicación, más se experimenta la incomunicación.

Redescubrir el sentido del Pentecostés cristiano es lo único que puede salvar nuestra sociedad moderna de precipitarse cada vez más en un Babel de lenguas. En efecto, el Espíritu Santo introduce en la comunicación humana la forma y la ley de la comunicación divina, que es la piedad y el amor.

¿Por qué Dios se comunica con los hombres, se entretiene y habla con ellos, a lo largo de toda la historia de la salvación? Sólo por amor, porque el bien es por su naturaleza «comunicativo». En la medida en que es acogido, el Espíritu Santo sana las aguas contaminadas de la comunicación humana, hace de ella un instrumento de enriquecimiento, de posibilidad de compartir y de solidaridad.

Cada iniciativa nuestra civil o religiosa, privada o pública, se encuentra ante una elección: puede ser Babel o Pentecostés: es Babel si está dictada por egoísmo y voluntad de atropello; es Pentecostés si está dictada por amor y respeto de la libertad de los demás.

Juan 20,19-31: Apariciones de Jesús a sus discípulos

Juan 20,19-31
Domingo de la 2 Semana de Pascua, ciclo B, C
Domingo de Pentecostés (20,19-23)
Santo Tomas, apóstol (20,24-29)

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
– Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
– Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y dicho esto exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
– Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos.

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
– Hemos visto al Señor.
Pero él les contestó:
– Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.
A los ocho días estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
– Paz a vosotros.
Luego dijo a Tomás:
– Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Contestó Tomás:
– ¡Señor mío y Dios mío!
Jesús le dijo:
– ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.
Muchos otros signos que están escritos en este libro hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.

SOBRE EL MISMO TEMA:
Fuera de la comunidad no se ve a Jesús 
Los que nacen del seno de la Iglesia forman una familia
La duda de Tomás
Paz, alegría y dinamismo apostólico
por M. Dolors Gaja, MN

DOMINGO DE PENTECOSTES (Lecturas)

Hechos 2,1-11
Salmo 103: Señor, envía tu Espíritu
y renueva la faz de la tierra
1 Corintios 12:3-7.12-13 o Galatas 5,16-25
Juan 20,19-23


Hechos 2,1-11

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Con gran admiración y estupor decían: «¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios».

Salmo 103:
Señor, envía tu Espíritu y renueva la faz de la tierra


Bendice al Señor, alma mía:
¡Señor, Dios mío, qué grande eres!
¡Qué variadas son tus obras, Señor!
¡La tierra está llena de tus criaturas!
R. Señor, envía tu Espíritu y renueva la faz de la tierra

Si les quitas el aliento,
expiran y vuelven al polvo.
Si envías tu aliento, son creados,
y renuevas la superficie de la tierra.
R. Señor, envía tu Espíritu y renueva la faz de la tierra

¡Gloria al Señor para siempre,
alégrese el Señor por sus obras!
Que mi canto le sea agradable,
y yo me alegraré en el Señor.
R. Señor, envía tu Espíritu y renueva la faz de la tierra

1 Corintios 12:3-7.12-13

Hermanos: Nadie puede llamar a Jesús "Señor", si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diferentes dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diferentes actividades, pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Porque así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu.

Gálatas 5,16-25

Os digo esto: proceded según el Espíritu, y no deis satisfacción a las apetencias de la carne. Pues la carne tiene apetencias contrarias al espíritu, y el espíritu contrarias a la carne, como que son entre sí tan opuestos, que no hacéis lo que queréis. Pero, si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Ahora bien, las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, ambición, divisiones, disensiones, rivalidades, borracheras, comilonas y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios. En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley. Pues los que son de Cristo Jesús, han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias. Si vivimos por el Espíritu, sigamos también al Espíritu.

Secuencia

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

Juan 20,19-23

Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!» Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, Yo también los envío a ustedes». Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».

SÁBADO DE LA SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA (Lecturas)

Hechos 28,16-20.30-31
Salmo 10,5.5.7:: Los buenos verán tu rostro, Señor
Juan 21,20-25

Hechos 28,16-20.30-31

Cuando llegamos a Roma, le permitieron a Pablo vivir por su cuenta en una casa, con un soldado que lo vigilase. Tres días después, convocó a los judíos principales; cuando se reunieron, les dijo: "Hermanos, estoy aquí preso sin haber hecho nada contra el pueblo ni las tradiciones de nuestros padres; en Jerusalén me entregaron a los romanos. Me interrogaron y querían ponerme en libertad, porque no encontraban nada que mereciera la muerte; pero, como los judíos se oponían, tuve que apelar al César; aunque no es que tenga intención de acusar a mi pueblo. Por este motivo he querido veros y hablar con vosotros; pues por la esperanza de Israel llevo encima estas cadenas." Vivió allí dos años enteros a su propia costa, recibiendo a todos los que acudían, predicándoles el reino de Dios y enseñando lo que se refiere al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbos.

Salmo 10,5.5.7: Los buenos verán tu rostro, Señor

El Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los hombres.
R. Los buenos verán tu rostro, Señor

El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la violencia él lo odia.
Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su rostro.
R. Los buenos verán tu rostro, Señor

Juan 21,20-25

En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: "Señor, ¿quién es el que te va a entregar?" Al verlo, Pedro dice a Jesús: "Señor, y éste ¿qué?" Jesús le contesta: "Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme." Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: "Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?" Éste es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que los libros no cabrían ni en todo el mundo.

viernes, 18 de mayo de 2018

MIERCOLES DE LA 7 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, año II (Lecturas)

Santiago 4,13-17
Salmo 49,2-3.6-7.8-10.11: Dichosos los pobres en el espíritu, 
porque de ellos es el reino de los cielos
Marcos 9,38-40

Santiago 4,13-17

Queridos hermanos: Vosotros decís: "Mañana o pasado iremos a esa ciudad y pasaremos allí el año negociando y ganando dinero". Y ni siquiera sabéis qué pasará mañana. Pues, ¿qué es vuestra vida? Una nube que aparece un momento y en seguida desaparece. Debéis decir así: "Si el Señor lo quiere y vivimos, haremos esto o lo otro." En vez de eso, no paráis de hacer grandes proyectos, fanfarroneando; y toda jactancia de ese estilo es mala cosa. Al fin y al cabo, quien conoce el bien que debe hacer y no lo hace es culpable.

Salmo 49,2-3.6-7.8-10.11: 
Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos

Oíd esto, todas las naciones;
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres.
R. Dichosos los pobres en el espíritu, 
porque de ellos es el reino de los cielos

¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus inmensas riquezas?
R. Dichosos los pobres en el espíritu, 
porque de ellos es el reino de los cielos

¿Si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un rescate?
Es tan caro el rescate de la vida,
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.
R. Dichosos los pobres en el espíritu, 
porque de ellos es el reino de los cielos

Mirad: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y necios,
y legan sus riquezas a extraños.
R. Dichosos los pobres en el espíritu, 
porque de ellos es el reino de los cielos

Marcos 9,38-40

En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: "Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros." Jesús respondió: "No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro."

18 de mayo: SAN JUAN I, Papa y mártir


Nació en Toscana, y en el año 523 fue elegido Sumo Pontífice. En Italia gobernaba el rey Teodorico que apoyaba la herejía de los arrianos. Asimismo, el emperador Justino de Constantinopla decretó cerrar todos los templos de los arrianos de esa ciudad y prohibió que los que pertenecían a la herejía arriana ocuparan empleos públicos. El rey Teodorico obligó entonces al Papa a que fuera a Constantinopla a convencer al emperador de derogar las últimas leyes, pero el Papa Juan I se negó rotundamente.

El Sumo Pontífice realizó una visita pastoral a Constantinopla donde fue recibido por más de 15,000 fieles con velas encendidas en las manos, y estandartes. El Papa presidió las fiestas de Navidad, y luego exhortó a los feligreses a mantenerse firmes en la fe, evitando caer en las herejías.

Paralelamente, el emperador Justino se mantuvo firme en su decisión, lo cual enfureció al rey italiano quien mandó a llamar al papa Juan y lo encerró en un calabozo. Los constantes maltratos y suplicios sufridos por el santo Papa en la cárcel, junto con otros mártires más, provocó su muerte a los pocos meses de haber sido tomado prisionero.

jueves, 17 de mayo de 2018

17 de mayo: SAN PASCUAL BAILÓN

San Pascual Bailón, por Celestino Hueso, SF

No es verdad que le llamaran Bailón porque se pasaba la vida bailando. Bailón es su apellido. También bailaba, pero no tanto. Y siempre lo hacía delante de la imagen de la Virgen, mientras decía “Señora, no puedo ofrecerte grandes cosas porque no las tengo pero te ofrezco mi danza campesina” Y a la Virgen las danzas campesinas le pirran.

Pascual era el segundo de seis hermanos y le pusieron ese nombre porque nació la vigilia de Pentecostés. Fue pastor desde los siete años y un enamorado de Jesús en el Santísimo sacramento del altar. Con frecuencia desde los campos se ponía de rodillas mirando hacia la iglesia para adorar al Santísimo.

A los veinticuatro años entró de hermano lego en los frailes menores franciscanos, pues apenas sabía leer, aunque hacía todos los días el oficio parvo a la Santísima Virgen. En el convento desempeñó siempre trabajos humildes, fue portero, cocinero, barrendero y mandadero.

La humildad y el amor a los pobres y necesitados fueron el sello principal de su vida, unido a la devoción a nuestra madre del cielo y la adoración a la Eucaristía.

Pese a su poca instrucción se expresaba con gran sabiduría, consiguiendo la conversión de muchos “católicos no practicantes” o sea cristianos de boquilla.

El día de Pentecostés de 1592 murió el lego franciscano en su convento de Villarreal, donde se conserva su cuerpo y nació San Pascual Bailón.