viernes, 30 de agosto de 2013

22 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo C (Lecturas)

Eclesiástico 3:19-21,30-31
Salmo 67: “Has preparado, Señor, tu casa a los desvalidos”
Hebreos 12:18-19,22-24
Lucas 14:1,7-14

Eclesiástico 3:17-18,20,28-29

Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso. Hazte pequeño en las grandezas humanas y alcanzarás el favor de Dios. Porque es grande la compasión de Dios, y revela sus secretos a los humildes. No corras a sanar la herida del cínico, pues no tiene sanación, es brote de mala cepa. El sabio aprecia las sentencias de los sabios, el oído atento a la sabiduría se alegrará.

Salmo 67: Preparaste, oh Dios, casa para los pobres

Los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Canten a Dios, toquen en su honor;
su nombre es el Señor.
R. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece.
R. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres

Derramaste en tu herencia, oh Dios, una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra
que tu bondad, oh Dios, preparó para los pobres.
R. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres

Hebreos 12:18-19, 22-24

Hermanos: ustedes no se han acercado a una montaña que se pueda tocar o que esté ardiendo en fuego; ni a oscuridad, tinieblas y tormenta; ni a sonido de trompeta, ni a tal clamor de palabras que quienes lo oyeron suplicaron que no se les hablara más. Por el contrario, ustedes se han acercado al monte Sión, a la Jerusalén celestial, la ciudad del Dios viviente. Se han acercado a millares y millares de ángeles, a una asamblea gozosa, a la iglesia de los primogénitos inscritos en el cielo. Se han acercado a Dios, el juez de todos; a los espíritus de los justos que han llegado a la perfección; a Jesús, el mediador de un nuevo pacto; y a la sangre rociada, que habla con más fuerza que la de Abel.

Lucas 14:1,7-14

Un día Jesús fue a comer a casa de un notable de los fariseos. Era sábado, así que éstos estaban acechando a Jesús. Al notar cómo los invitados escogían los lugares de honor en la mesa, les contó esta parábola:
– Cuando alguien te invite a una fiesta de bodas, no te sientes en el lugar de honor, no sea que haya algún invitado más distinguido que tú. Si es así, el que los invitó a los dos vendrá y te dirá: Cédele tu asiento a este hombre. Entonces, avergonzado, tendrás que ocupar el último asiento. Más bien, cuando te inviten, siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te invitó, te diga: Amigo, pasa más adelante a un lugar mejor. Así recibirás honor en presencia de todos los demás invitados. Todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
También dijo Jesús al que lo había invitado:
– Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos, a su vez, te inviten y así seas recompensado. Más bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos. Entonces serás dichoso, pues aunque ellos no tienen con qué recompensarte, serás recompensado en la resurrección de los justos.

22 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo C, por Julio González, S.F.


Eclesiástico 3:19-21,30-31
Salmo 67: “Has preparado, Señor, tu casa a los desvalidos”
Hebreos 12:18-19,22-24
Lucas 14:1,7-14

Eclesiástico 3:17-18,20,28-29

Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso. Hazte pequeño en las grandezas humanas y alcanzarás el favor de Dios. Porque es grande la compasión de Dios, y revela sus secretos a los humildes. No corras a sanar la herida del cínico, pues no tiene sanación, es brote de mala cepa. El sabio aprecia las sentencias de los sabios, el oído atento a la sabiduría se alegrará.

Salmo 67: Preparaste, oh Dios, casa para los pobres

Los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Canten a Dios, toquen en su honor;
su nombre es el Señor.
R. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece.
R. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres

Derramaste en tu herencia, oh Dios, una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra
que tu bondad, oh Dios, preparó para los pobres.
R. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres

Hebreos 12:18-19, 22-24

Hermanos: ustedes no se han acercado a una montaña que se pueda tocar o que esté ardiendo en fuego; ni a oscuridad, tinieblas y tormenta; ni a sonido de trompeta, ni a tal clamor de palabras que quienes lo oyeron suplicaron que no se les hablara más. Por el contrario, ustedes se han acercado al monte Sión, a la Jerusalén celestial, la ciudad del Dios viviente. Se han acercado a millares y millares de ángeles, a una asamblea gozosa, a la iglesia de los primogénitos inscritos en el cielo. Se han acercado a Dios, el juez de todos; a los espíritus de los justos que han llegado a la perfección; a Jesús, el mediador de un nuevo pacto; y a la sangre rociada, que habla con más fuerza que la de Abel.

Lucas 14:1,7-14

Un día Jesús fue a comer a casa de un notable de los fariseos. Era sábado, así que éstos estaban acechando a Jesús. Al notar cómo los invitados escogían los lugares de honor en la mesa, les contó esta parábola:
– Cuando alguien te invite a una fiesta de bodas, no te sientes en el lugar de honor, no sea que haya algún invitado más distinguido que tú. Si es así, el que los invitó a los dos vendrá y te dirá: Cédele tu asiento a este hombre. Entonces, avergonzado, tendrás que ocupar el último asiento. Más bien, cuando te inviten, siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te invitó, te diga: Amigo, pasa más adelante a un lugar mejor. Así recibirás honor en presencia de todos los demás invitados. Todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
También dijo Jesús al que lo había invitado:
– Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos, a su vez, te inviten y así seas recompensado. Más bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos. Entonces serás dichoso, pues aunque ellos no tienen con qué recompensarte, serás recompensado en la resurrección de los justos.

— Comentario por Julio González, S.F.

La palabra de Dios que escuchamos este domingo nos llama a ser humildes. Vivimos en una cultura en la que la humildad no parece que sea importante. A muchos de nosotros nos gusta el aplauso, el reconocimiento, la admiración de los demás. Eso nos hace sentir muy bien.

Y esto se debe a que hemos crecido en la cultura del halago, del como yo no hay nadie. Hay un orgullo sano que es necesario para desarrollar nuestros talentos. Pero hay también un orgullo malo que nos hace creer que somos mejores que los demás. Y esta manera de ser no nos acerca a Dios sino que nos aleja de Él.

Algunos hermanos han dividido el mundo en buenos y malos. Sabios y necios. Fuertes y débiles. Ricos y pobres. Estos hermanos no entienden a Jesús. Porque Él siendo Dios se ha hecho hombre, siendo libre se ha hecho esclavo, siendo santo se sienta a comer con los pecadores, siendo el primero escoge los últimos lugares y siendo inocente acepta morir como un criminal: crucificado.

La Iglesia es humilde o no es de Cristo. La fe comienza por darnos cuenta de lo bueno que es Dios al perdonar nuestros errores, debilidades, pecados, en la cruz de su Hijo Jesucristo. Todo lo bueno que nosotros hagamos que no sea para que otros digan lo bueno que somos sino para que quienes todavía no conocen al Señor puedan a través de nosotros acercarse a él.

Miren, al Señor no podemos encontrarlo en la mejor posada de Belén sino en un establo. No podemos encontrarlo en el palacio de los reyes o en la hacienda del Sumo Sacerdote, sino en el hogar de Marta, María y Lázaro. Jesús no escogió la vida de los señores sino la del que está de paso: la vida del peregrino, el exiliado, el emigrante.

Por eso, nosotros debemos ser humildes y no buscar privilegios o primeros puestos. Dios quiere que pongamos nuestros talentos al servicio de los demás, en primer lugar de los enfermos, de los que se han perdido por el camino, de esos a los que algunos han puesto la etiqueta de pecadores.

Que así sea.

22 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, Ciclo C, por Mons. Francisco González, S.F.


Eclesiástico 3:19-21,30-31
Salmo 67: “Has preparado, Señor, tu casa a los desvalidos”
Hebreos 12:18-19,22-24
Lucas 14:1,7-14

Eclesiástico 3:17-18,20,28-29

Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso. Hazte pequeño en las grandezas humanas y alcanzarás el favor de Dios. Porque es grande la compasión de Dios, y revela sus secretos a los humildes. No corras a sanar la herida del cínico, pues no tiene sanación, es brote de mala cepa. El sabio aprecia las sentencias de los sabios, el oído atento a la sabiduría se alegrará.

Salmo 67: Preparaste, oh Dios, casa para los pobres

Los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Canten a Dios, toquen en su honor;
su nombre es el Señor.
R. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece.
R. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres

Derramaste en tu herencia, oh Dios, una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra
que tu bondad, oh Dios, preparó para los pobres.
R. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres

Hebreos 12:18-19, 22-24

Hermanos: ustedes no se han acercado a una montaña que se pueda tocar o que esté ardiendo en fuego; ni a oscuridad, tinieblas y tormenta; ni a sonido de trompeta, ni a tal clamor de palabras que quienes lo oyeron suplicaron que no se les hablara más. Por el contrario, ustedes se han acercado al monte Sión, a la Jerusalén celestial, la ciudad del Dios viviente. Se han acercado a millares y millares de ángeles, a una asamblea gozosa, a la iglesia de los primogénitos inscritos en el cielo. Se han acercado a Dios, el juez de todos; a los espíritus de los justos que han llegado a la perfección; a Jesús, el mediador de un nuevo pacto; y a la sangre rociada, que habla con más fuerza que la de Abel.

Lucas 14:1,7-14

Un día Jesús fue a comer a casa de un notable de los fariseos. Era sábado, así que éstos estaban acechando a Jesús. Al notar cómo los invitados escogían los lugares de honor en la mesa, les contó esta parábola:
– Cuando alguien te invite a una fiesta de bodas, no te sientes en el lugar de honor, no sea que haya algún invitado más distinguido que tú. Si es así, el que los invitó a los dos vendrá y te dirá: Cédele tu asiento a este hombre. Entonces, avergonzado, tendrás que ocupar el último asiento. Más bien, cuando te inviten, siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te invitó, te diga: Amigo, pasa más adelante a un lugar mejor. Así recibirás honor en presencia de todos los demás invitados. Todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
También dijo Jesús al que lo había invitado:
– Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos, a su vez, te inviten y así seas recompensado. Más bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos. Entonces serás dichoso, pues aunque ellos no tienen con qué recompensarte, serás recompensado en la resurrección de los justos.

— Comentario por Mons. Francisco González, S.F.

Estamos en el vigésimo segundo domingo del tiempo ordinario y seguimos acompañando a Jesús en ésta, su segunda etapa del viaje a Jerusalén. El Maestro sigue con sus enseñanzas sobre la salvación cristiana y hoy precisamente nos habla del comportamiento en la mesa, en la “mesa del Reino”. Consejos que encontramos en los dichos del sabio que nos habla a través del Libro del Eclesiástico.

Es interesante ver, especialmente en el evangelio de San Lucas, cómo Jesús imparte muy profundas y prácticas enseñanzas durante las diferentes comidas que él tiene con la gente. En ocasiones él es el invitado, en otras, el anfitrión, pero siempre Él es el maestro, El Maestro.

Hoy, a pesar de todo el progreso que ha conseguido la humanidad, no sabemos comer, perdón, no sabemos o estamos perdiendo el verdadero significado de “sentarse a la mesa”. Con ese invento tan práctico por un lado y tan pernicioso por otro, el “fast-food”, nos olvidamos o no encontramos el tiempo necesario para unas comidas relajadas, donde no solamente alimentamos el cuerpo, pero también el espíritu. El plato fuerte de toda comida, creo debería ser la conversación. La comida, como muy bien se ha dicho, tiene que ver más con los comensales que con el mismo alimento que se ofrece.

Jesús está observando cómo los invitados buscan los primeros puestos en la mesa. Tal vez hubo algún que otro codazo o empujoncito para conseguir el puesto anhelado. El Maestro les aconseja que no lo hagan, pues si el dueño de la casa desea dar dicho puesto a otro, tal vez te haga levantar y tengas que irte al final de la mesa, y vete a saber si hay algún lugar vacío. La vergüenza que vas a pasar va a ser de lo más penoso. El comportamiento contrario por parte del invitado, le puede muy bien traer honor y gloria.

Jesús recuerda también al anfitrión que cuando dé estas fiestas, se acuerde de invitar “a los inválidos, a los cojos, a los ciegos”. Este grupo no podrá pagarle y ahí está el mérito para él, pues compartir con los que ya tienen hay el peligro de hacerlo con segundas intenciones y no por pura generosidad.

Reflexionando sobre esta escena evangélica dá la impresión que las cosas no han cambiado tanto. Esas conversaciones de Jesús se pueden tener y son aplicables hoy día a gran parte de nuestro comportamiento.

La humildad a nivel personal y comunitario, no digo que brille por su ausencia, pero tampoco hay gran abundancia: honores y primeros puestos siguen siendo un menú muy apetecible, deseado y buscado. ?Por qué será? Al fin y al cabo el sabio del Eclesiástico (1º lectura) es bien claro: “Hazte pequeño y alcanzarás el favor de Dios”.

Al hablar de humildad es importante aclarar que no hablamos de mojigatería, sino de esa realidad que es el ejemplo que nos dá el Señor “que siendo Dios se hace uno de nosotros”.

Casiano Floristán, gran teólogo y liturgista, aplicando este pasaje del evangelio a nuestras celebraciones, dice: “La asamblea cristiana está abierta a todos, pero con preferencia por los pobres, lisiados, cojos y ciegos. El último puesto es el mejor, y el peor es el primero. Mejor dicho: sólo se puede presidir desde la humildad y la justicia, desde la igualdad y la caridad”.

Has preparado, Señor, tu casa a los desvalidos. (Salmo 64)

sábado, 24 de agosto de 2013

21 DOMINGO EL TIEMPO ORDINARIO, C, por Mons. Francisco González, S.F.


Isaías 66,18-21
Salmo 116: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio
Hebreos 12,5-7.11-13
Lucas 13,22-30

Isaías 66,18-21

Así dice el Señor: "Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua: vendrán para ver mi gloria, les daré una señal, y de entre ellos despacharé supervivientes a las naciones: a Tarsis, Etiopía, Libia, Masac, Tubal y Grecia, a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria; y anunciarán mi gloria a las naciones. Y de todos los países, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi monte santo de Jerusalén -dice el Señor-, como los israelitas, en vasijas puras, traen ofrendas al templo del Señor. De entre ellos escogeré sacerdotes, y levitas" -dice el Señor-.

Salmo 116: Id al mundo entero 
y proclamad el Evangelio

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos.
R. Id al mundo entero 
y proclamad el Evangelio

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.
R. Id al mundo entero 
y proclamad el Evangelio

Hebreos 12,5-7.11-13

Hermanos: Habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron: "Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, no te enfades por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos." Aceptad la corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrige a sus hijos? Ninguna corrección nos gusta cuando la recibimos, sino que nos duele; pero, después de pasar por ella, nos da como fruto una vida honrada y en paz. Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará.

Lucas 13,22-30

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: "Señor, ¿serán pocos los que se salven?" Jesús les dijo: "Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos"; y él os replicará: "No sé quiénes sois. "Entonces comenzaréis a decir. "Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas." Pero él os replicará: "No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados. "Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos."

— Comentario de Mons. Francisco González, S.F.

La primera lectura nos trae un mensaje de esperanza para el mundo entero. Verán la gloria de Dios no solo aquel primer pueblo elegido, sino también los paganos, pues va a reunir a las naciones de todas las lenguas. De entre todos ellos elegirá sacerdotes y levitas. El Señor destruye, aborrece todo lo que sea fronteras, todo lo que sean murallas que separan unos de otros, desea que todos vayan a él, como hermanos y de la forma que sea, anuncia que hasta el Monte Santo de Jerusalén vendrán a traer ofrendas al Señor, llegarán a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios. Todos y de todas partes como única familia del Dios creador.

El evangelio de este domingo vigésimo primero nos presenta a Jesús camino de Jerusalén y que mientras camina va enseñando, va tratando de convertir a la gente y que pasen de una religión, por decirlo de alguna forma, a comprometerse con el reino de Dios, que eso es lo que ha predicado desde el comienzo de su vida pública/misionera.

En esta ocasión se le acerca uno de entre la gente y que parece estar un tanto preocupado con los números: ¿serán pocos los que se salven? Todavía seguimos contando, tal vez porque sea lo más visible y lo más sencillo, y sin embargo no es lo más importante. Siempre estamos averiguando cuántos entran a la Iglesia en la Vigilia Pascual, cuántos asisten a misa, cuántos nos han dejado, etcétera.

Habrá en algún momento la necesidad de preguntarnos, digo yo, si los que entran se quedan, y si se van sería bueno, en lo posible, preguntarles el por qué. Sin duda alguna que Dios quiere la salvación de todos, esas distinciones que nosotros hacemos no afectan su plan salvífico. Lo que si lo afecta, si queremos ir al meollo de la cuestión, es la actitud que nosotros desarrollemos ante su propuesta. El entrar por la "puerta estrecha", no se refiere al tamaño de la misma, sino al compromiso, incluido sacrificio, de seguir a Jesús con todas las consecuencias.

Algunos queremos exigir nuestra salvación basado en el haber hecho cosas extraordinarias, como nos cuenta el evangelio de los que clamaban haber hecho milagros, de haber comido y bebido con el Maestro, de haber predicado y dado clases de catecismo o teología. Si eso es todo, es posible que oigamos esa terrible respuesta del Señor: "No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados."

Lo que nos pide Dios para poder entrar en el cielo es pasar por la puerta, que no es otra que el mismo Jesús, y lo que él nos pide, como muy bien nos dice Pagola: "No es rigorismo legalista, sino amor radical a Dios y al hermano". Eso sí que es "puerta estrecha". En nuestra sociedad nos centramos cada uno en uno mismo, todo lo quiero para mí, y no me abstengo de nada que me haga sentir bien, disfrutar y mandar: "ancha es Castilla", como dice algunos.

La salvación, mi salvación no va a depender de todas esas cosas externas que yo hice, pues las pude hacer para que me vieran, para impresionar a los demás, para tener la oportunidad de una foto con este o aquel personaje, o de una invitación a aparecer en un programa de televisión. Mi salvación depende, en primer lugar, en esa gran misericordia de Dios, y en mi respuesta al llamado para seguir y ser discípulo de Jesús, llegando a beber de su cáliz y recibir su bautismo, llegar a ser su testigo todos y cada día de nuestra vida, subiendo con él al altar del sacrificio abrazados a él en la cruz, como nos recordaba el papa Francisco en la primera misa después de su elección.

Todo lo que hagamos debe hacerse en el nombre del Señor, para gloria de él y el bien de nuestros hermanos. El hecho de que lleguemos puntualmente primeros al banquete, no significa que vamos a sentarnos en la presidencia, tal vez ese puesto se lo den a los que llegaron tarde, a los que llegaron los últimos porque se habían entretenido ayudando a un pobre malherido que se habían encontrado en el camino.

Lo que Jesús nos pide... 'no es rigorismo legalista, sino amor radical a Dios y al hermano' 

viernes, 23 de agosto de 2013

Significado de Sahumerio



Acción o efecto de sahumar. Humo que produce una materia aromática que se echa en el fuego para sahumar.

Significado de Sahumador





Vaso para quemar perfumes.

Significado de Sahumar



Dar humo aromático a una cosa a fin de purificarla para que huela bien.

Significado de Superstición


La palabra superstición viene del latín superstitio, superstitionis. Se trata de un nombre formado con el prefijo super- y la raíz del verbo stare, que significa “estar en pie”, con el sufijo -tion de acción o efecto.

La palabra latina se refiere a lo que persiste en la mente de las gentes como elemento sobreañadido a la realidad. Su significado abarca las creencias extrasensoriales, los tabúes y todo tipo de supercherías populares.

Según los teólogos del siglo XVI-XVII, la superstición consiste en "atribuir cualesquiera efectos a causas que no pudieran producirlas". Sto. Tomás, aprovechando manifestaciones de Cicerón, la definió como "vicio opuesto por exceso a la religión, por el cual se presta un culto indebido a quien no se debiera".

Significado de Tabernáculo





Del latín tabernáculum: tienda de campaña y, sobre todo, la tienda del encuentro entre Dios y el hombre. El Tabernáculo o Tienda del Encuentro era el punto de referencia del pueblo de Israel durante la travesía del desierto. Para los cristianos, la verdadera tienda o punto de encuentro entre Dios y el hombre es Jesucristo.

El tabernáculo, llamado en hebreo mishkán ("morada"), fue el santuario móvil construido por los Israelitas bajo las instrucciones de Dios dadas a Moisés en el Monte Sinaí.

Significado de Teleología

Del griego telos, que significa meta, fin, propósito, y logos, que significa razón, explicación.

Doctrina que considera el universo, no como una sucesión de causas y efectos, sino como un orden de fines que las cosas tienden a realizar. Se opone al mecanicismo en que mientras éste afirma el dominio de la ciega necesidad, la teleología sostiene el dominio de la razón y la finalidad.

Teleológicamente: finalísticamente.

Significado de IHS






El monograma IHS es una modificación de IHΣ, que son las tres primeras letras del nombre Jesús en griego (Iησους).

Su uso se remonta a las inscripciones mortuorias de los primeros cristianos, aunque posteriormente fue interpretado como la abreviatura de la frase latina Jesus Hominum Salvator = Jesús, Salvador de los Hombres.

Desde que san Ignacio de Loyola utilizara este monograma en su sello de Superior General, la Compañía de Jesús lo ha asumido como emblema de la orden.

sábado, 17 de agosto de 2013

20 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C, por Julio González, S.F.


Jeremías 38:4-6.8-10
Salmo 40: “Señor, date prisa en socorrerme”
Hebreos 12:1-4
Lucas 12:49-53

Jeremías 38,4-6.8-10

En aquellos días, los príncipes dijeron al rey: "Muera ese Jeremías, porque está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y a todo el pueblo, con semejantes discursos. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia." Respondió el rey Sedecías: "Ahí lo tenéis, en vuestro poder: el rey no puede nada contra vosotros." Ellos cogieron a Jeremías y lo arrojaron en el aljibe de Malquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. En el aljibe no había agua, sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo. Ebedmelek salió del palacio y habló al rey: "Mi rey y señor, esos hombres han tratado inicuamente al profeta Jeremías, arrojándolo al aljibe, donde morirá de hambre, porque no queda pan en la ciudad." Entonces el rey ordenó a Ebedmelek, el cusita: "Toma tres hombres a tu mando, y sacad al profeta Jeremías del aljibe, antes de que muera."

Salmo 39: Señor, date prisa en socorrerme

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito.
R. Señor, date prisa en socorrerme

Me levantó de la fosa fatal, de la charca fangosa;
afianzó mis pies sobre roca, y aseguró mis pasos.
R. Señor, date prisa en socorrerme

Me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios.
Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos y confiaron en el Señor.
R. Señor, date prisa en socorrerme

Yo soy pobre y desgraciado, pero el Señor se cuida de mí;
tú eres mi auxilio y mi liberación: Dios mío, no tardes.
R. Señor, date prisa en socorrerme

Hebreos 12,1-4

Hermanos: Una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

Lucas 12,49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra."

— Comentario de Julio González, S.F.

Las lecturas de este domingo nos previenen contra ciertos modos de entender y vivir la amistad, el amor a Dios y al prójimo. Y, al mismo tiempo, nos anuncian las rupturas y el sufrimiento que acompañan al discípulo de Cristo a lo largo de toda su vida.

Hermanos y hermanas, ¿cómo vivís la fe? Los santos han dicho: “No es posible que te pongas del lado de Cristo, y que tu vida siga igual; que no pase nada”. Santa Teresa de Ávila llegó a decir: “Señor, no me extraña que tengas tan pocos amigos si nos tratas así”.

La vida de quienes nos decimos cristianos se caracteriza por la oración y la conversión del corazón. De nuestra conversión, de nuestra renuncia al mal o a la indiferencia ante el mal que observamos a nuestro alrededor surge la compasión y el compromiso de denuncia y anuncio (profecía).

Participar en la Eucaristía, comulgar con el cuerpo y la sangre de Cristo, nos debe ayudar a crecer y madurar emocional y espiritualmente. Por eso, no os debe extrañar la ruptura que el Señor nos anuncia en el evangelio, ni que un hombre de Dios como el profeta Jeremías sea condenado a morir en la oscuridad de un pozo. Al contrario, saber de antemano el examen al que vamos a ser sometidos debe hacernos ver la exigencia de ahondar en nuestra relación con el Señor y con los hermanos.

Si la oración es solamente un modo de relajarnos, de sentirnos mejor con nosotros mismos, entonces, nuestra oración no es la oración de Cristo. Si las obras de misericordia (dar limosna, visitar a los enfermos, perdonar a los que nos han ofendido), las hacemos para ganarnos el cielo, entonces, nunca haremos méritos suficientes para entrar en la vida eterna. El “cielo” no se gana sino que se recibe con los brazos abiertos.

Hago un paréntesis ahora. Al principio de la catequesis de confirmación un joven me hizo este comentario: “Padre, yo no es que rece mal o haga obras de misericordia para ganar el cielo. Yo es que solamente rezo de vez en cuando, nunca he ido a visitar enfermos y no doy limosna. Además, los adultos dicen que perdonar y querer bien a alguien que te hace daño, es de tontos. Sin embargo, a mí me gustaría hacer todo esto”. “Pues vamos a empezar”, le dije. Porque un bautizado que no tiene una relación personal con el Señor, que nunca visita a los enfermos o a los ancianos, que no puede ahorrarse una cerveza o un viaje de placer para ayudar con ese dinero a personas muy necesitadas... esta persona no puede llamarse “cristiano“. Y tú -le dije-, vienes a la catequesis a confirmarte en la fe cristiana.

Jesús nos dice que “el discípulo no es más que el maestro y si a mí me persiguieron, también a vosotros os perseguirán”. Llegados a este punto, no nos debe extrañar que el conflicto, la división, entre también en nuestros hogares.

Porque..., ¿qué padres no se han opuesto nunca a los ideales y las ilusiones del hijo o de la hija si presienten que esos ideales e ilusiones no se ajustan a la realidad del mundo en qué vivimos? ¿Qué padres nunca han dicho a los hijos “no se puede ser bueno en este mundo”?. Miren, yo les hice caso..., y me hice sacerdote. En castellano tenemos este dicho: “Se lo diré al revés para que me entiendan”.

Sed buenos, hermanos y hermanas, pero no queráis ser buenos para que la gente comente lo buenos que sois porque estaréis actuando como los fariseos que persiguieron a Jesús. Sed buenos y no temáis las consecuencias, porque quien lucha por su propia vida la pierde y el que pierde su propia vida por amor a Dios y al prójimo es como el grano de trigo que muriendo da el ciento por uno.

20 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C, por Mons. Francisco González, S.F.


Jeremías 38:4-6.8-10
Salmo 40: “Señor, date prisa en socorrerme”
Hebreos 12:1-4
Lucas 12:49-53

Jeremías 38,4-6.8-10

En aquellos días, los príncipes dijeron al rey: "Muera ese Jeremías, porque está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y a todo el pueblo, con semejantes discursos. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia." Respondió el rey Sedecías: "Ahí lo tenéis, en vuestro poder: el rey no puede nada contra vosotros." Ellos cogieron a Jeremías y lo arrojaron en el aljibe de Malquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. En el aljibe no había agua, sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo.Ebedmelek salió del palacio y habló al rey: "Mi rey y señor, esos hombres han tratado inicuamente al profeta Jeremías, arrojándolo al aljibe, donde morirá de hambre, porque no queda pan en la ciudad." Entonces el rey ordenó a Ebedmelek, el cusita: "Toma tres hombres a tu mando, y sacad al profeta Jeremías del aljibe, antes de que muera."

Salmo 39: Señor, date prisa en socorrerme

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito.
R. Señor, date prisa en socorrerme

Me levantó de la fosa fatal, de la charca fangosa;
afianzó mis pies sobre roca, y aseguró mis pasos.
R. Señor, date prisa en socorrerme

Me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios.
Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos y confiaron en el Señor.
R. Señor, date prisa en socorrerme

Yo soy pobre y desgraciado, pero el Señor se cuida de mí;
tú eres mi auxilio y mi liberación: Dios mío, no tardes.
R. Señor, date prisa en socorrerme

Hebreos 12,1-4

Hermanos: Una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

Lucas 12,49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra."

— Comentario de Mons. Francisco González, S.F.

La Palabra de Dios causa crisis en el pueblo. En la primera lectura vemos la reacción de los líderes ante la Palabra de Dios transmitida por Jeremías. Ellos no ven otra salida que “matemos al profeta”. Por el contrario, Abdemalec, un extranjero, es quien salva al profeta. Este pasaje, tal vez para resaltar más el poder y plan de Dios, parece enfatizar la carencia: de ánimo, entre la población de Jerusalén; de poder, por parte del rey; de agua y víveres para la población. Abdemalec es esclavo y aun careciendo de libertad, la consigue para Jeremías.

En el evangelio de hoy encontramos a un Jesús, que podríamos decir y con todo respeto, “que no se anda con chiquilladas”. Así como San Mateo nos presenta a Jesús como “el nuevo Moisés”, así también podemos ver en el Jesús del evangelio de San Lucas, algunos rasgos como el del profeta Jeremías. Jesús como profeta habla la Palabra de Dios y exige respuesta, al mismo tiempo que como portador de ese mensaje de Dios, le puede costar caro. También aquí los líderes buscan cómo deshacerse del profeta, llegando hasta insistir ante la autoridad: “crucifícalo, crucifícalo”.

Algunas palabras clave del pasaje evangélico de este domingo vigésimo del tiempo ordinario pueden ser: fuego, bautismo, paz, división.

El vocablo fuego tiene varios significados en la Sagrada Escritura que van desde lo real: fuego para cocinar, calentar y alumbrar, hasta los simbólicos, como la presencia de Dios, juicio, prueba, purificación. No olvidemos Pentecostés, cuando los apóstoles reunidos en el cenáculo, recibieron el Espíritu Santo, al tiempo que sobre ellos vinieron “como unas lenguas de fuego”.

De una manera especial, los últimos nuevos Papas llevan tiempo instando a toda la Iglesia a una nueva evangelización, a un nuevo entusiasmo y ardor en la proclamación del mensaje de Jesús: conversión, reconciliación, unidad, algo de ayer y hoy que exige respuesta, que requiere compromiso, que reclama un cambio radical en nosotros, pues el Señor está deseoso de que “ya todo estuviera ardiendo”, o sea, que ya todo y todos estuviéramos convertidos, reconciliados y unidos.

Él no trae la paz, esa paz de simple tranquilidad, de adormecimiento espiritual producido por píldoras valium psicológico, sino una división clara de los que, como dice en otra ocasión, están “conmigo o contra mí”.

Paz y tranquilidad hay en abundancia en los cementerios, pero no hay vida. La paz de Cristo no es fácil, no es, como decíamos anteriormente, “tranquilidad”, sino cruz y tensión en función del reino de Dios. En palabras de Casiano Floristán, en este pasaje “Jesús es presentado como aquel que alumbra el fuego de Dios, afronta la muerte para el perdón del pecado y llama a todos rompiendo los lazos del orden injusto”.

El combate al que nos llama la Palabra de Dios es de suma importancia, es algo de vida (la gracia y amistad de Dios) o muerte (el pecado).

En la segunda lectura, el apóstol Pablo, para enfrentarnos a esta realidad, nos habla de la carrera, invitándonos a la perseverancia y constancia en la misma, poniendo nuestra mirada en Jesús, quien al mismo tiempo es nuestra fuerza y nuestro premio y que como buenos atletas, deseosos de ganar la carrera nos despojemos de todo lo que no nos es necesario, mayormente, de todo aquel lastre o peso inútil que nos impide correr (el pecado).

En esa carrera en la que encontramos valles de los que es difícil salir y montañas penosas para conquistar, hagamos nuestro el grito del profeta: Señor, date prisa en socorrerme.

domingo, 11 de agosto de 2013

Domingo 19 del Tiempo Ordinario, C: "No tengan miedo, Dios, su Padre, quiere darles su reino", por Julio González, S.F.


Sabiduría 18,6-9
Salmo 32: Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad
Hebreos 11,1-2. 8-19
Lucas 12,32-48

Sabiduría 18,6-9

La noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban. Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables, pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti. Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.

Salmo 32: Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.
R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad

Hebreos 11,1-2. 8-19

Hermanos: La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve. Por su fe, son recordados los antiguos. Por fe, obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba. Por fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas -y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa-, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios. Por fe, también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía. Y así, de uno solo y, en este aspecto, ya extinguido, nacieron hijos numerosos- como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas. Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido lo prometido; pero viéndolo y saludándolo de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra. Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues, si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver. Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo. Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad. Por fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: "Isaac continuará tu descendencia." Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para hacer resucitar muertos. Y así, recobró a Isaac como figura del futuro.

Lucas 12,32-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre." Pedro le preguntó: "Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?" El Señor le respondió: "¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá."

— Comentario por Julio González, S.F.

A veces Jesús introduce sus enseñanzas y algunos de sus gestos con unas palabras que ponen a sus discipulos en alerta: "Amén, amén, en verdad os digo", "no tengáis miedo", "paz a vosotros"... Lo que Jesús dice a continuación debe abrirnos los ojos y los oídos.
 
Un aviso importante de Jesús es que estemos vigilantes y alerta. Este aviso debe tenerse muy en cuenta, sobre todo cuando hay entre nosotros algunos que dicen que Dios está al mando y tiene el control de todo.

Frente a las injusticias, algunos creyentes siguen con su rutina. "¿Qué podemos hacer nosotros?", dicen. Sin embargo, cuando Dios no actúa según sus intereses y expectativas su fe pierde valor y es cuestionada por ellos mismos o por sus hijos y nietos.
 
La primera lectura junto con el evangelio de este domingo nos vienen a decir que Dios está cerca y, por tanto, debemos estar preparados, alerta, vigilantes. En otras palabras, Dios no nos quiere pasivos, mirando al cielo, esperando a ver qué ocurre.
 
El recuerdo de la primera pascua (de la cena de la liberación en Egipto) debe inspirar nuestra espiritualidad y acciones. Aquellas familias se prepararon a conciencia para ponerse en camino. Dios les daría una señal y ellos tenían que partir ligeros de equipaje, con lo imprescindible. Con su liberación, Dios les vino a decir: "Vosotros no pertenecéis aquí". Por eso, aquella ultima cena en Egipto fue tan importante.
 
Hoy Pedro representa en el evangelio a un grupo de creyentes que en lugar de ser una ayuda es un obstáculo para los planes de Dios: "¿Esta enseñanza es solo para nosotros, o para todos los que están aquí?

La pregunta de Pedro debe ayudarnos a entender al Señor. Porque el aviso de Jesús no es solo para un grupo reducido de escogidos, sino un aviso a toda la familia o comunidad. El más despierto que cuide de los que están medio dormidos. Porque quien ha sido puesto al frente de la familia, dice Jesús, debe servirles la comida a tiempo, pero si abusa de los otros sirvientes o se dedica a comer y a beber se perderán todos los de esa casa. Por tanto, el aviso de estar alerta no va dirigido a unos pocos sino a toda la comunidad. La fidelidad no es de uno sino de todos y consiste en que todos estemos preparados para dejar nuestras esclavitudes.
 
La presencia de Dios en la comunidad nos transforma de tal manera que Jesús nos dice: "No tengáis miedo". Jesús vuelve a poner el dedo en la llaga: "Donde está vuestro tesoro allí tenéis el corazón", y cuestiona nuestras seguridades y riquezas.

sábado, 10 de agosto de 2013

DOMINGO 19 DEL TIEMPO ORDINARIO, C, por Mons. Francisco González, S.F.

Sabiduría 18,6-9
Salmo 32: Dichoso el pueblo que el Señor 
se escogió como heredad
Hebreos 11,1-2. 8-19
Lucas 12,32-48

Sabiduría 18,6-9

La noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban. Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables, pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti. Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.

Salmo 32: Dichoso el pueblo que el Señor 
se escogió como heredad

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
R. Dichoso el pueblo que el Señor 
se escogió como heredad

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.
R. Dichoso el pueblo que el Señor 
se escogió como heredad

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
R. Dichoso el pueblo que el Señor 
se escogió como heredad

Hebreos 11,1-2. 8-19

Hermanos: La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve. Por su fe, son recordados los antiguos. Por fe, obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba. Por fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas -y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa-, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios. Por fe, también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía. Y así, de uno solo y, en este aspecto, ya extinguido, nacieron hijos numerosos- como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas. Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido lo prometido; pero viéndolo y saludándolo de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra. Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues, si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver. Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo. Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad. Por fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: "Isaac continuará tu descendencia." Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para hacer resucitar muertos. Y así, recobró a Isaac como figura del futuro.

Lucas 12,32-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre." Pedro le preguntó: "Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?" El Señor le respondió: "¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá."

"No temas pequeño rebaño"

— Comentario por Mons. Francisco González, S.F.

El libro de la Sabiduría nos recuerda la historia de la salvación y, ese pasaje que hoy se nos ofrece, se centra en esa noche feliz y terrible de la salida de Egipto, algo que se recuerda en la noche de la Pascua: el paso de la esclavitud a la liberación. Noche feliz para los inocentes, para el Pueblo de Dios, pero terrible para los egipcios que ven morir a sus primogénitos por no haber permitido salir al pueblo elegido como Dios se lo había pedido al faraón. Esto nos puede hacer pensar en el final de los finales, cuando el mismo evento, o sea el final, verá a unos entrar en la felicidad, en la salvación eterna, mientras otros, por haber rechazado la alianza con el Señor, sufrirán el dolor y rechazo eterno.

La lectura evangélica de este domingo nos presenta enseñanzas para los cercanos a Jesús y contiene tres parábolas que nos hablan de una forma muy particular sobre la vigilancia y el dinero.

Comienza recordando al pequeño rebaño, a los simples, a los inocentes, a todo el que quiera escuchar que no deben temer, sino más bien confiar en Dios, en el Dios de la promesa. Debemos tener fe, debemos tener confianza que Dios cumplirá con lo prometido. Él es el pastor que cuida el rebaño, Él es el que conoce por nombre a sus ovejas, él es quien está dispuesto a dar su vida por ellas.

Por eso, aconseja atesorar lo que no puede ser destruido, vender lo que uno tiene y compartirlo con los demás, pues eso sí que aumenta nuestro tesoro verdadero, pues como alguien ha dicho, solamente nos llevaremos de este mundo aquello que hayamos dado.

El mundo sigue viviendo una crisis económica extraordinaria, y todo el mundo busca ese "poderoso caballero que es don dinero", pues en él creen encontrar seguridad, y parece ser que cuanto más se acumula esa materia, más nos vamos alejando de Dios pues nos estamos centrando en nosotros mismos, y así vamos reduciendo el mundo a una cosa tan minúscula como soy yo, olvidándome del hermano, del vecino, del extranjero y entrando en una pasividad mortal, pues ya no damos vida, ya no participamos en la vida, y entramos en un letargo que nos impide ser lo que debemos ser.

No sé dónde llegaremos siguiendo los consejos de nuestro querido papa Francisco, de salir a la calle, de ir por los barrios pobres, de estar en medio de las ovejas hasta oler como ellas, pero de lo que sí debemos estar seguros es que de esa forma daremos señales de vida, dejaremos de lado esa religión, esa espiritualidad, esa iglesia dormida, y ya que hablamos de nueva evangelización hablemos también de nueva vida, y no solamente nos centremos en hablar y hablar de renovar la Curia Romana, sino también las Curias diocesanas y las parroquias con sus rectorías, para lo cual debemos estar vigilantes y evitar caer en la tentación de pensar que todo se ha de renovar, y yo me quedo fuera, como si no lo necesitara.

¿Cómo nos encontrará el Señor cuando venga? Y debemos tener presente que la pregunta no se refiere simplemente a ese momento cuando la muerte nos venga a visitar. El Señor está viniendo a nosotros constantemente, Él está llamando a la puerta día y noche. ¿Oímos su llamada? ¿Nos atrevemos a abrir la puerta? Si la abrimos: ¿con qué se va a encontrar?

San Ignacio de Loyola, cuya fiesta celebramos hace pocos días, tiene algo muy particular para ayudarnos en nuestra calidad de vida: el examen de conciencia, que se puede practicar a mediodía y al acabar la jornada: ¿qué clase de vida llevo? ¿se le puede llamar vida? ¿tiene sentido esa vida? Y todas esas cosas más que nos ayuden a salir del sueño en que hemos podido caer. Ojalá nos convirtamos en fuego que ilumine y purifique y escuchando la Palabra nos demos cuenta del verdadero mensaje, del consuelo que nos proporciona, y también, cómo no, del reto que nos ofrece y así aceptar su presencia en nuestras vidas.

DOMINGO 19 DEL TIEMPO ORDINARIO, C (Lecturas)

Sabiduría 18,6-9
Salmo 32: Dichoso el pueblo que el Señor 
se escogió como heredad
Hebreos 11,1-2. 8-19
Lucas 12,32-48

Sabiduría 18,6-9

La noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban. Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables, pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti. Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.

Salmo 32: Dichoso el pueblo que el Señor 
se escogió como heredad

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
R. Dichoso el pueblo que el Señor 
se escogió como heredad

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.
R. Dichoso el pueblo que el Señor 
se escogió como heredad

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
R. Dichoso el pueblo que el Señor 
se escogió como heredad

Hebreos 11,1-2. 8-19

Hermanos: La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve. Por su fe, son recordados los antiguos. Por fe, obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba. Por fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas -y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa-, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios. Por fe, también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía. Y así, de uno solo y, en este aspecto, ya extinguido, nacieron hijos numerosos- como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas. Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido lo prometido; pero viéndolo y saludándolo de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra. Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues, si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver. Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo. Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad. Por fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: "Isaac continuará tu descendencia." Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para hacer resucitar muertos. Y así, recobró a Isaac como figura del futuro.

Lucas 12,32-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre." Pedro le preguntó: "Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?" El Señor le respondió: "¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá."

miércoles, 7 de agosto de 2013

JUEVES DE LA 18 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año impar (Lecturas)

Números 20,1-13
Salmo 94: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón
Mateo 16,13-23


Números 20,1-13

En aquellos días, la comunidad entera de los israelitas llegó al desierto de Sin el mes primero, y el pueblo se instaló en Cadés. Allí murió María y allí la enterraron. Faltó agua al pueblo, y se amotinaron contra Moisés y Aarón. El pueblo riñó con Moisés, diciendo:
— ¡Ojalá hubiéramos muerto como nuestros hermanos, delante del Señor! ¿Por qué has traído a la comunidad del Señor a este desierto, para que muramos en él, nosotros y nuestras bestias? ¿Por qué nos has sacado de Egipto para traernos a este sitio horrible, que no tiene grano ni higueras ni viñas ni granados ni agua para beber?
Moisés y Aarón se apartaron de la comunidad y se dirigieron a la tienda del encuentro, y, delante de ella, se echaron rostro en tierra. La gloria del Señor se les apareció, y el Señor dijo a Moisés:
— Coge el bastón, reúne la asamblea, tú con tu hermano Aarón, y, en presencia de ellos, ordenad a la roca que dé agua. Sacarás agua de la roca para darles de beber a ellos y a sus bestias.
Moisés retiró la vara de la presencia del Señor, como se lo mandaba; ayudado de Aarón, reunió la asamblea delante de la roca, y les dijo:
— Escuchad, rebeldes: ¿Creéis que podemos sacaros agua de esta roca?
Moisés alzó la mano y golpeó la roca con el bastón dos veces, y brotó agua tan abundantemente que bebió toda la gente y sus bestias. El Señor dijo a Moisés y a Aarón:
— Por no haberme creído, por no haber reconocido mi santidad en presencia de los israelitas, no haréis entrar a esta comunidad en la tierra que les voy a dar. (Ésta es fuente de Meribá, donde los israelitas disputaron con el Señor, y él les mostró su santidad.)

Salmo 94: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándoles gracias,
aclamándolo con cantos.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras."
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Mateo 16,13-23

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
— ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?
Ellos contestaron:
— Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.
Él les preguntó:
— Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
— Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
Jesús le respondió:
— ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías. Desde entonces empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
— ¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
— Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios."

viernes, 2 de agosto de 2013

18 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C, por Mons. Francisco González, S.F.



Eclesiastés 1:2; 2:21-23
Salmo 89: Señor, tú has sido nuestro refugio 
de generación en generación
Colosenses 3:1-5, 9-11
Lucas 12:13-21

Eclesiastés 1,2;2,21-23

¡Vanidad de vanidades, dice Qohelet; vanidad de vanidades, todo es vanidad! Hay quien trabaja con sabiduría, ciencia y acierto, y tiene que dejarle su porción a uno que no ha trabajado. También esto es vanidad y grave desgracia. Entonces, ¿qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol? De día su tarea es sufrir y penar, de noche no descansa su mente. También esto es vanidad.

Salmo 89: Señor, tú has sido nuestro refugio 
de generación en generación

Tú reduces el hombre a polvo, diciendo:
"Retornad, hijos de Adán."
Mil años en tu presencia son un ayer,
que pasó; una vela nocturna.
R. Señor, tú has sido nuestro refugio 
de generación en generación

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.
R. Señor, tú has sido nuestro refugio 
de generación en generación

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos.
R. Señor, tú has sido nuestro refugio 
de generación en generación

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
R. Señor, tú has sido nuestro refugio 
de generación en generación

Colosenses 3,1-5.9-11

Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria. En consecuencia, dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia, que es una idolatría. No sigáis engañándoos unos a otros. Despojaos del hombre viejo, con sus obras, y revestios del nuevo, que se va renovando como imagen de su Creador, hasta llegar a conocerlo. En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles, circuncisos e incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres, porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos.

Lucas 12,13-21

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús:
— Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.
Él le contestó:
— Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?
Y dijo a la gente:
— Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.
Y les propuso una parábola:
— Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha. Y se dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será? Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios."

— Comentario por Mons. Francisco González, S.F.

Una de las cosas que me hace pensar bastante, en la inseguridad de la vida, principalmente ese sentido de inseguridad aumenta cuando la persona fija su vida exclusivamente en este mundo, en lo que hay aquí, en poseer, en acumular.

Siento no tener en estos momentos la información acerca de dónde dura más la vida. La gente más rica, la más poderosa, la más bella, la más famosa también muere, y a veces siendo joven. Hay enfermedades, hay accidentes, hay guerras, hay terrorismo, y así como dice Qohelet, que significa predicador, “vanidad de vanidades, todo es vanidad", o como algunos traducen: “Todo es vaciedad”. Hay quienes que con enormes esfuerzos y sacrificios acumulan grandes fortunas, que después heredan unos hijos o familiares que no han hecho esfuerzo alguno y que despilfarran en corto tiempo.

Jesús, en sus viajes por Galilea vio a esos grandes terratenientes, disfrutando de la vida y de la riqueza que el trabajo de tantos obreros/esclavos les proporcionaba y con los que no compartían nada de esos bienes. Y así cuando alguien le pidió que interviniera en el reparto de la herencia de la familia, Jesús evitó dicha invitación, pero aprovechó para dar una lección magistral sobre la codicia o avaricia, que el Catecismo Católico de Estados Unidos para los Adultos define como: “El apego desordenado a los bienes de la creación, expresado frecuentemente en la búsqueda del dinero u otros símbolos de riqueza, que lleva a los pecados de la injusticia y otros males”.

Jesús al rehusar intervenir en la disputa entre los hermanos, ha querido recordar a todos los que le escuchan que el problema que esos señores tenían estaba basado es la codicia, en la avaricia, en el deseo desordenado de tener. Y como en muchas otras ocasiones recurre a la historieta, al cuentecito, a la parábola.

El terrateniente, el rico con grandes campos, se da cuenta que la cosecha de ese año es mayor que los otros, mucha más grande. Se encuentra con un dilema: ¿qué hacer con todo eso? Y no le viene a la cabeza otra cosa que el derribar los graneros que tiene y construir otros mucho más grandes. Una vez construidos los mira, saborea lo que ve, y echando una ojeada a la enorme extensión del plantío, suelta una carcajada y en voz alta, esperando que alguien le oiga y se muera de envidia, comenta: “Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe, y date buena vida”. Y creyó que no podía haber en el mundo un hombre tan feliz como él.

¡Cuántos hay por ahí como él! Antes de tirar los graneros que ya tenía, podía haber pensado llenarlos, y todo lo que sobrara, lo podía repartir con los obreros para que ellos y sus familias pudieran comer, para que ellos y sus familias pudieran sonreír, para que ellos y sus familias recobraran su dignidad y pasar de necesitados, a por lo menos una vez, sentirse hartos y casi no poderse levantar de la mesa.

Todo eso no le pasó por la cabeza al terrateniente y solo pensaba en el tirarse en la cama después de haber comido y bebido hasta saciarse, y disfrutar de la vida.

Pero alguien en voz alta para que lo oyera bien, le llamó: “Necio”. Y tal vez, como otros muchos en circunstancias semejantes, con una sonrisa en los labios contestó: ¿Yo necesito? Mira todo lo que tengo acumulado, ya no necesito de nada, ni de nadie. Dios volvió hablar: “Esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado ¿de quién será?”

La reflexión nos puede, nos debe llevar a preguntas que valgan la pena hacerlas: ¿de qué sirve el tener tanto? ¿qué es lo que da verdaderamente sentido a mi vida? ¿acaso creo que mi felicidad está en proporción directa con lo que poseo? ¿cuántas joyas, bonds, cheques, títulos de propiedad, etc., nos van a poner en el ataúd?

Las últimas palabras con que nos deja el evangelio de este domingo son muy claras: “Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios”.

18 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C, (Lecturas)

Eclesiastés 1:2; 2:21-23
Salmo 89: Señor, tú has sido nuestro refugio 
de generación en generación
Colosenses 3:1-5, 9-11
Lucas 12:13-21

Eclesiastés 1,2;2,21-23

¡Vanidad de vanidades, dice Qohelet; vanidad de vanidades, todo es vanidad! Hay quien trabaja con sabiduría, ciencia y acierto, y tiene que dejarle su porción a uno que no ha trabajado. También esto es vanidad y grave desgracia. Entonces, ¿qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol? De día su tarea es sufrir y penar, de noche no descansa su mente. También esto es vanidad.

Salmo 89: Señor, tú has sido nuestro refugio 
de generación en generación

Tú reduces el hombre a polvo, diciendo:
"Retornad, hijos de Adán."
Mil años en tu presencia son un ayer,
que pasó; una vela nocturna.
R. Señor, tú has sido nuestro refugio 
de generación en generación

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.
R. Señor, tú has sido nuestro refugio 
de generación en generación

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos.
R. Señor, tú has sido nuestro refugio 
de generación en generación

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
R. Señor, tú has sido nuestro refugio 
de generación en generación

Colosenses 3,1-5.9-11

Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria. En consecuencia, dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia, que es una idolatría. No sigáis engañándoos unos a otros. Despojaos del hombre viejo, con sus obras, y revestios del nuevo, que se va renovando como imagen de su Creador, hasta llegar a conocerlo. En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles, circuncisos e incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres, porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos.

Lucas 12,13-21

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús:
— Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.
Él le contestó:
— Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?
Y dijo a la gente:
— Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.
Y les propuso una parábola:
— Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha. Y se dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será? Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios."