viernes, 29 de abril de 2011

Web TV para todos los sitios catolicos

Es una iniciativa del CTV, Radio Vaticano y la agencia multimedia H2onews, con la cual se abre una nueva frontera para las páginas web católicas: la posibilidad de crear, con un solo click, la propia Web TV, con eventos en directo y vídeos a la carta (noticias, entrevistas y reportajes).

La suscripción al servicio es inmediata, y no es necesaria una preparación específica para poder utilizar la Web TV en el propio sitio. La Web TV podrá ser descargada en dos formatos: maxi (760x420 pixeles), ideal para sítios media o video; y mini (330x550 pixeles), ideal para sitios personales, o sitios con un alto contenido.

Para descargar el código gratuitamente, que permite la inserción de la Web TV en los sitios católicos, es necesario suscribirse directamente desde la página web de h2onews, a la dirección http://www.h2onews.org/

domingo, 24 de abril de 2011

Primer Domingo de Pascua, por Mons. Francisco Gonzalez, S.F., Obispo Auxiliar de Washington.

Hechos de los Apostoles 10,14a.37-43
Salmo 117
Colosenses 3,1-4
Juan 20,1-9

Hemos llegado al final de la peregrinación que comenzamos el Miércoles de Ceniza y que fue muy intensa durante esta semana Semana Santa, la última semana de Jesús en medio de sus amigos. Antes de entrar en la ciudad de Dios había pasado por Betania donde resucitó a su amigo Lázaro. Mucha gente lo siguió y la entrada en Jerusalén fue solemne, grandiosa. Ni gobierno, ni iglesia, ni los sindicatos habían congregado al pueblo. Fue algo espontáneo, la gente gritaba, cantaba y aplaudía pues para la mayoría el que entraba en la ciudad santa era nada menos que el Mesías.

Ojalá que a pesar de nuestras innumerables ocupaciones, trabajos, familia y obligaciones varias hayamos podido recorrer esa última parte de nuestra peregrinación asistiendo a todos los servicios u oficios religiosos. Eso nos habrá podido ayudar a estar preparados para una digna celebración de Pascua.

Estamos viviendo en el tiempo de la gran velocidad, de la instantaneidad, de la rapidez y hay el peligro, diría yo, de que por la premura de llegar al final del trayecto, no nos hayamos fijado, no hayamos puesto atención a lo que era parte del trayecto: volamos y no podemos apreciar la belleza de nuestro planeta, viajamos en trenes de altísima velocidad, trenes bala los llaman algunos, herméticamente cerrados, sin poder abrir las ventanas y no nos da tiempo para apreciar la campiña, los árboles, los ríos y riachuelos, y sobre todo oler el campo y las flores y por eso al llegar llegamos un tanto vacíos, nos hemos perdido la experiencia del viaje.

Sería lastimoso saltar del Miércoles de Ceniza a la Fiesta de Pascua sin haber hecho un alto en el camino, de una forma especial durante, como apuntaba más arriba, la Semana Santa y acompañar a Jesús durante esos días, visitando el Templo, discutiendo con los dirigentes del pueblo, cuya principal preocupación era deshacerse del profeta. Maquinaban, conspiraban, se desvivían buscando la forma más práctica, rápida y silenciosa de eliminarlo, de matarlo.

Durante esta semana que acabamos de pasar, ojalá hayamos tenido la oportunidad de celebrar el Jueves Santo, ese día en que una vez más durante su vida Jesús se sienta a la mesa para recordar y celebrar el Éxodo, la liberación del Pueblo Elegido, su salvación por la sangre del cordero. Esta vez tenía un significado distinto: él mismo, Jesús, con su sangre salvaría a la humanidad. Fue una cena íntima, intensa, de grandes lecciones, de profundos sentimientos, de dolor intenso, de esperanza sin límites, de traiciones inauditas, de promesas más tarde rotas y de un amor profundo. Jesús se convierte en siervo, les lava los pies. Jesús es amigo, pues les ha invitado a su cena. Jesús se convierte en nuestro alimento. Jesús es Maestro que les habla sobre la vida. Jesús es médico consolador. Jesús es profeta que les habla del Padre y de lo que está por pasar. Jesús es víctima vendida por causa del sucio dinero. Jesús se muestra como el más completo ser humano, para lo cual hay que ser divino. Jesús es el Gran Sacerdote que en esa noche establece algo tan fundamental para nosotros sus seguidores como es el sacerdocio y la Eucaristía.

Ojalá hayas podido celebrar, hermano/a, el Viernes Santo y ver a Jesús traicionado, prendido, acusado falsamente, juzgado por el Templo, el gobernador y el pueblo que después de llamarle Mesías, ahora piden que lo crucifiquen. Condenado, abofeteado, escupido, coronado de espinas, burlado y crucificado. O sea que los mandamases habían conseguido su propósito: deshacerse de él. Y así fue: lo mataron, lo enterraron y se llenaron de júbilo... aunque poco les duró. Y cuando parecía que todo se había perdido, cuando sus discípulos se sintieron acobardados y estaban escondidos, cuando algunos de sus seguidores abandonaban la ciudad completamente desilusionados algo pasó: la tumba la encontraron vacía, algunos lo vieron por varios lugares, incluso caminó con una pareja y estos testificaron que hablando con él "les ardía el corazón".

¿Qué había sucedido? Simplemente Jesús, como lo había anunciado, resucitó para nunca más morir, triunfando sobre la muerte y el pecado, para enseñarnos el camino a seguir. El recorrido de Cuaresma y Semana Santa nos puede ayudar a celebrar con mucha más intensidad el significado de la Pascua, de la nueva vida, pues una oscura fosa no podía retener al Dios de la vida. ¡Felices Pascuas de Resurrección!

lunes, 18 de abril de 2011

Un amor con hechos: la relevancia social del Evangelio, P. Rainero Cantalamessa

Estracto de la Cuarta meditación del padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap., ante el Papa y la Curia Romana, 15 de abril de 2011.

El ejercicio de la caridad

En la meditación previa hemos aprendido de Pablo que el amor cristiano debe ser sincero; en esta última meditación aprendemos de Juan que éste debe ser también activo: “Si alguien vive en la abundancia, y viendo a su hermano en la necesidad, le cierra su corazón, ¿cómo permanecerá en él el amor de Dios? Hijitos míos, no amemos solamente de palabra, sino con obras y de verdad” (1Jn 3, 16-18). Encontramos la misma enseñanza en la Carta de Santiago: “¿De qué sirve si uno de vosotros, al ver a un hermano o una hermana desnudos o sin el alimento necesario, les dice: 'Id en paz, calentaos y comed', y no les da lo que necesitan para su cuerpo?” (St 2, 16).

En la comunidad primitiva de Jerusalén, esta exigencia se traduce en compartir. De los primeros cristianos se dice que “vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno” (Hch 2,45), pero lo que les empujaba a ello no era un ideal de pobreza, sino de caridad; el objetivo no era ser todos pobres, sino que no hubiese entre ellos “alguno necesitado” (Hch 4, 34).

La necesidad de traducir el amor en gestos de caridad no es extraña tampoco al apóstol Pablo. Lo demuestra la importancia que da a las colectas a favor de los pobres, a las que dedica dos capítulos enteros de su segunda Carta a los Corintios (cf. 2 Cor 8-9).

La Iglesia apostólica recoge la enseñanza y el ejemplo del Maestro cuya compasión por los pobres, los enfermos y los hambrientos no se quedaba nunca en un sentimiento vacío, sino que siempre se traducía en ayuda concreta y hacía de estos gestos concretos de caridad la materia del juicio final (cf. Mt 25).

Los historiadores de la Iglesia ven en este espíritu de solidaridad fraterna uno de los factores principales de la misión y propagación del cristianismo en los tres primeros siglos. Éste se tradujo en iniciativas – y más tarde en instituciones – para el cuidado de los enfermos, el apoyo a las viudas y a los huérfanos, la ayuda a los encarcelados, comedores para los pobres, asistencia a los forasteros... De este aspecto de la caridad cristiana, en la historia y en el hoy, se ocupa la segunda parte de la encíclica del papa Benedicto XVI Deus caritas est y, de forma permanente, el Consejo Pontificio “Cor Unum”.

Nuestra parte: el servicio

El servicio es un principio universal; se aplica a cada aspecto de la vida: el Estado debería estar al servicio de los ciudadanos, el político al servicio del Estado, el médico al servicio de los enfermos, el profesor al servicio de los alumnos... Se aplica sin embargo de forma absolutamente especial a los servidores de la Iglesia.

El servicio no es, en sí mismo, una virtud (en ningún catálogo de las virtudes o de los frutos del Espíritu se menciona, en el nuevo Testamento, la diakonia), sino que brota de las distintas virtudes, sobre todo de la humildad y de la caridad. Es un modo de manifestarse de ese amor que “no busca solamente su propio interés, sino también el de los demás” (Fil 2,4), que da sin pretender nada a cambio.

El servicio evangélico, al revés que el del mundo, no es propio del inferior, del necesitado, sino más bien del superior, del que está puesto por encima. Jesús dice que, en su Iglesia, es sobre todo “el que gobierna” el que debe ser “como el que sirve” (Lc 22, 26), el primero debe ser “el siervo de todos” (Mc 10,44).

Terminemos escuchando como dirigidas a nosotros ahora y aquí las palabras que Jesús dijo a sus discípulos inmediatamente después de haberles lavado los pies: “¿comprendéis lo que acabo de hacer con vosotros? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tenéis razón, porque lo soy. Si yo, que soy el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Os he dado el ejemplo, para que hagáis lo mismo que yo hice con vosotros” (Jn 13 12-15).

viernes, 15 de abril de 2011

El club del burro

Domingo de Ramos, por Mons. Francisco Gonzalez, S.F., Obispo Auxiliar de Washington D.C.

Isaias 50,4-7
Salmo 21,8-9.17-24
Filipenses 2,6-11
Matthew 26,14 - 27,66

Entramos en la Semana Santa con el Domingo de Ramos. En esta semana vamos a recordar la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Tendremos la celebración de la Institución de la Eucaristía el Jueves Santo. El Viernes Santo volveremos a escuchar la lectura de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, seguida de la Adoración de la Cruz y la Santa Comunión. Finalmente la Vigilia Pascual, cuando leeremos la historia de la salvación, los catecúmenos serán bautizados, los ya bautizados renovaremos nuestras promesas bautismales y todos celebraremos el triunfo de Jesús sobre el pecado y la muerte.

En la liturgia de este domingo tenemos una procesión y bendición de palmas o ramos en recuerdo de la entrada triunfal de Cristo en la Ciudad Santa donde la gente lo recibió con gritos de “Bendito el que viene en el nombre del Señor”, aunque a decir verdad, pronto cambiaron de opinión. Sin embargo, yo estoy seguro que el Señor gozó aceptando la sencilla, pero gozosa, acogida que le dispensaron ese día.

Este tono de gozo cambia con la primera lectura (Is. 50, 4-7) donde nos encontramos con la figura del “siervo”: “No oculté el rostro a los insultos”. El siervo despreciado, humillado, rechazado, que no es otro que Jesús, que nos redime en su condición de siervo, que es despreciado, rechazado, humillado y sacrificado para obtener nuestra redención.

En la segunda lectura (Flp. 2, 6-11) el apóstol Pablo sigue con el tema del “siervo” que “se rebajó a sí mismo; por eso Dios lo levantó sobre todo”.

Hoy, en nuestra sociedad, en la mayoría de nuestros ambientes, incluido los religiosos, a veces medimos la dignidad humana por el prestigio, el título, la situación económica y no ponemos tanta atención a esos valores que hay por dentro de la persona, pero que la elevan mucho más alto que todas las fuerzas sociales juntas puedan hacerlo. La dignidad del hombre no se mide por el vestido, el color del mismo, el uniforme o la cuenta corriente: “Se rebajó a sí mismo; por eso Dios lo levantó sobre todo”.

La lectura de la Pasión (Mt. 26, 14-27, 66) requiere serenidad de espíritu e intensidad del corazón. Es la narración de esos momentos trágicos, pero de consecuencias grandiosas y victoriosas en la vida de Jesús: pues si es verdad que sufre una muerte trágica, es también muy verdad que resucita a una vida gloriosa, “para nunca más morir” y así nos abre las puertas a todos los que hemos sido bautizados en su nombre.

En el relato de la Pasión vemos que no acepta ser protegido por la espada, las espadas no resuelven los problemas de la vida y Cristo opta por el amor.

De alguna forma, el apóstol que le traiciona y vende, no llega a disfrutar de su ganancia. Más aún confiesa su error, proclama ante las autoridades su equivocación.

Ya en la cruz y ante el reto de uno de los crucificados para bajar de la cruz y quedar libres, Jesús, no puede hacer eso, pues como nos dice un autor moderno, lo que verdaderamente sujetaba a Jesús en la cruz no eran los clavos, sino el amor que sentía por toda la humanidad.

¿Con qué actitud comienzo yo la Semana Santa?

sábado, 9 de abril de 2011

Quinto domingo de cuaresma: "Semilla de vida"

Quinto domingo de cuaresma: "Jesus, resurreccion y vida", por Mons. Francisco Gonzalez, S.F.

Ezequiel 37,12-14
Salmo 129,1-8
Romanos 8,8-11
Juan 11,1-45

Quinto domingo de Cuaresma. Unos pocos días más y entraremos en la Semana Santa. Es importante recordar que el verdadero sentido de la Cuaresma está en que nos preparemos para celebrar la Pascua, para celebrar la Resurrección del Señor, el triunfo de la vida sobre la muerte, de la gracia sobre el pecado.

Las lecturas de la liturgia durante estos últimos días de Cuaresma tienen que ver con la vida. En la primera lectura de hoy nos encontramos con el profeta Ezequiel, quien recibe su vocación de profeta en el destierro, donde la gente expresa su desesperación, sus quejas. Ezequiel, en estos cortos versículos interpreta la visión que acaba de comunicar a sus oyentes, la promesa del Señor: la vuelta a la vida. En el destierro (muerte), carecen de todo, pero el Señor, “abrirá sus tumbas” y tendrán vida.

En la segunda lectura, que está tomada de la carta a los Romanos (8, 8-11) encontramos la oposición entre carne y espíritu, algo tan propio de la teología de San Pablo (Gál. 5,16-26). Dejarse conducir “por la carne” es vivir en el ambiente de pecado; dejarse “conducir por el Espíritu” es actuar bajo la dirección del Espíritu que hemos recibido en el bautismo y que constantemente nos llama hacia la santidad, pues lo llevamos dentro de nosotros mismos, somos “templos del Espíritu”.

En este caminar hacia la Pascua ¿dónde me encuentro? ¿Camino yo hacia un salir de mi tumba a una vida nueva o a continuar en una monotonía insípida?

En el evangelio nos encontramos con la narración de un hecho extraordinario, la resurrección de Lázaro. En el evangelio del domingo pasado veíamos a Jesús sacando de la ceguera a una persona que era ciega de nacimiento y Jesús se convierte en luz para el ciego y para la creación entera. En la lectura de hoy vemos a Jesús dando vida a un muerto y proclamándose a sí mismo “ser la Resurrección y la Vida”.

Jesús al proclamar esta verdad, no se refiere solamente al futuro, a la Vida Eterna, sino que ya ahora, el que le acepta tiene vida ya.

Leyendo detenidamente este evangelio es importante ver las lágrimas de Jesús que se siente solidario con las hermanas que han perdido a Lázaro, Jesús siente la angustia de los que sufren y de su propia pérdida. Es la solidaridad de la que el Papa Juan Pablo II nos habló en su documento “La Iglesia en América”, con los angustiados, con los desposeídos y los inmigrantes.

Por nuestra unión con Él, que es la Vida, nos comprometemos con la vida y rechazamos la cultura de la muerte, en contra de la que tanto nos han hablado y exhortado los Santos Padres. Los cristianos somos gente de vida, queremos potenciarla, nos aliamos con ella, pues al fin y al cabo, la vida viene de Dios.

¿Creemos nosotros que verdaderamente Jesús es la Resurrección y la Vida? Y no son con las palabras como debemos proclamar nuestra fe, es más bien con obras. De hecho podemos decir que van juntas: la proclamación y la vivencia de la fe. Nuestra unión con Cristo-Vida debe extenderse a los hermanos e imitando el ejemplo que él mismo nos da en este evangelio de hoy, debemos ser vida para los demás: esperanza para los desesperados, gozo para los tristes, acogida para el rechazado, perdón para el enemigo, sonrisa para el triste, etc.

“Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa”.

viernes, 1 de abril de 2011

Cuarto Domingo de Cuaresma: la ceguera



"'Quiero ver es un sueño, una intuición, una búsqueda... pero sobre todo es un grupo de gente que soñamos con ver la vida de otra manera". Desde hace algun tiempo ha surgido una iniciativa para difundir, a través de youtube y de la red, nuevas interpretaciones del Evangelio de cada domingo. La propuesta de la editorial Verbo Divino y el equipo Eucaristía, es una inversion en creatividad.


Amor, compromiso, Dios, justicia, familia, pobres, paz, solidaridad... son algunos de los temas que son tratados en Quiero Ver. "Nuestro interés es que la Palabra de Dios se difunda y que estos videos corran", dicen desde Verbo Divino.
Fuente: http://www.quierover.org/