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sábado, 23 de marzo de 2024

Marcos 14,1-9: Complot para matar a Jesús y unción en Betania

Complot para matar a Jesús
(Mt 26,1-5; Lc 22,1s; cfr. Jn 11,45-57)

1 Faltaban dos días para la fiesta de la Pascua y de los Ázimos. 
   Los sumos sacerdotes y los letrados buscaban apoderarse de él mediante un engaño para darle muerte. 
2 Pero decían que no debía ser durante las fiestas, para que no se amotinase el pueblo.

Unción en Betania
(Mt 26,6-13; cfr. Lc 7,36-50; Jn 12,1-8)

3 Estando él en Betania, invitado en casa de Simón el Leproso, 
   llegó una mujer con un frasco de perfume de nardo puro muy costoso. 
   Quebró el frasco y se lo derramó en la cabeza. 
4 Algunos comentaban indignados:
   —¿A qué viene este derroche de perfume? 
5 Se podía haberlo vendido por trescientos denarios para dárselos a los pobres.
   Y la reprendían.
6 Pero Jesús dijo:
   —Déjenla, ¿por qué la molestan? Ha hecho una obra buena conmigo. 
7 A los pobres los tendrán siempre entre ustedes y podrán socorrerlos cuando quieran; 
   pero a mí no siempre me tendrán.
8 Ha hecho lo que podía: se ha adelantado a preparar mi cuerpo para la sepultura. 
9 Les aseguro que en cualquier parte del mundo donde se proclame la Buena Noticia, 
   se mencionará también lo que ella ha hecho.

sábado, 5 de noviembre de 2022

Noviembre 5: Santa Ángela de la Cruz



Martirologio Romano: Sevilla, España, santa Ángela de la Cruz Guerrero González, fundadora del Instituto de las Hermanas de la Cruz, que no se reservó ningún derecho para sí sino que lo dejó todo para los pobres, a los cuales acostumbraba llamar sus señores, y los servía de verdad.

Fecha de canonización: 4 de mayo de 2003 por S. S. Juan Pablo II.

María de los Ángeles Martina de la Santísima Trinidad Guerreo González, o Sor Ángela de la Cruz, es conocida en su ciudad natal, Sevilla, como "madre de los pobres".

Nace en 1846 en el seno de una familia sencilla y trabajadora. Niña humilde, afectuosa, alegre, devota, trabajadora  La penitencia, la oración, la limosna, la entrega  son propios de ella. Con 13 años entra a trabajar en un taller de zapatería, donde se ganará el cariño, el respeto y la admiración de sus compañeras. Los pobres de su barrio saben de sus limosnas y ayudas.

A los 16 años conoce al Padre José Torres que la ayudará a madurar en su fe y en su vocación, y la orientará hacia el apostolado. Sus intentos de ingresar en las Carmelitas Descalzas de Sevilla y en las Hijas de la Caridad fracasan por motivos de salud.

Con humildad y sencillez, esta mujer, que apenas sabe escribir, pondrá por escrito, a petición del P. Torres, lo que siente: narra una contemplación que ha tenido de la Santa Cruz, a partir de la cual se llamará Ángela de la Cruz; o cómo concibe ese Calvario que quiere que sea su vida: sólo tiene 27 años.

El 2 de agosto de 1875 nace la  Compañía de Hermanas de la Cruz  , con el fin de ayudar y atender a los pobres y a los enfermos, y limpiar de miserias sus casas. Las religiosas viven en conventos que son un como un  Calvario , con una imagen preciosa de la Virgen María en el Oratorio; con una existencia austera, en silencio casi absoluto, de oración y meditación continua. 

Las vocaciones aumentan, así como las peticiones de ayuda de los más pobres y necesitados, incluso de los ricos, y se suceden las fundaciones. La Madre Ángela de la Cruz, que morirá en 1932, estará toda su vida pendiente de todas y cada una de sus hijas, y de cuantos acuden buscando su consejo y su apoyo.

¿Qué podemos aprender de Sor Ángela de la Cruz?

Sor Ángela de la Cruz fue pobre: su máxima era vivir la pobreza evangélica, como Jesucristo, porque sólo desde la pobreza podrá comprender y ayudar a los pobres. Dedica su comida y las limosnas que recibe para los pobres del barrio. Su atención a los pobres le lleva a  chupar  la supuración de las llagas de una enferma a punto de morir, y que sana al poco tiempo. Ese desprendimiento la lleva a concebir una Compañía en la que sus monjas estén al servicio de los pobres, desprendidas de todo, sin más ropa que la puesta, con un régimen de comidas austero, dormir en tarimas de madera  sus religiosas son mendigas, y todo lo reciben de limosna. Con un objetivo cristiano: llevar todas las almas a Dios.

Humilde: ser  nada  en la voluntad de Dios; obedecer continuamente; vivir en una actitud continua de recogimiento; aceptar las reprimendas y no justificarlas cuando son injustas. Humildad que se plasma en sus Hijas: piden limosna, visitan y ayudan a los enfermos.

Madre: madre para los pobres, a quienes da todo lo que tiene, y sobre todo su amor. Madre para sus Hijas, a quienes quiere y cuida, a quienes dirige cartas circulares, y cartas personales; a quienes exhorta a vivir muy unidas, con paz y tranquilidad, siendo ángeles de paz, con un testimonio de pobreza evangélica y de alegría. Madre que creará internados para las hijas huérfanas de los enfermos que asisten las Hermanas, y escuelas para las niñas humildes, incluso escuelas nocturnas para las obreras. Pobreza sí, miseria no. Confianza: en la divina Providencia y en las personas que la Divina Providencia ponía a su lado.

Amor a la Cruz: las casas de las Hermanas son como un Calvario, y en el dormitorio hay un altar con una Cruz.

viernes, 15 de julio de 2022

Las Órdenes Mendicantes, por Benedicto XVI

BENEDICTO XVI
Audiencia General
Miércoles 13 de enero de 2010
 
Las Ordenes Mendicantes



Queridos hermanos y hermanas:

Al inicio del nuevo año miremos la historia del cristianismo, para ver cómo se desarrolla una historia y cómo puede renovarse. En ella podemos ver que los santos, guiados por la luz de Dios, son los auténticos reformadores de la vida de la Iglesia y de la sociedad. Maestros con la palabra y testigos con el ejemplo, saben promover una renovación eclesial estable y profunda, porque ellos mismos están profundamente renovados, están en contacto con la verdadera novedad: la presencia de Dios en el mundo. 

En cada generación nacen santos que traen la creatividad de la renovación, acompaña constantemente la historia de la Iglesia en medio de las tristezas y los aspectos negativos de su camino. De hecho, vemos cómo siglo a siglo nacen también las fuerzas de la reforma y de la renovación, porque la novedad de Dios es inexorable y da siempre nueva fuerza para seguir adelante. 

Así sucedió en el siglo XIII con el nacimiento y el extraordinario desarrollo de las Órdenes Mendicantes: un modelo de gran renovación en una nueva época histórica. Se las llamó así por su característica de "mendigar", es decir, de recurrir humildemente al apoyo económico de la gente para vivir el voto de pobreza y cumplir su misión evangelizadora. 

De las Órdenes Mendicantes que surgieron en ese periodo las más conocidas e importantes son los Frailes Menores y los Frailes Predicadores, conocidos como Franciscanos y Dominicos. Se les llama así por el nombre de sus fundadores, san Francisco de Asís y santo Domingo de Guzmán, respectivamente. Estos dos grandes santos tuvieron la capacidad de leer con inteligencia "los signos de los tiempos", intuyendo los desafíos que debía afrontar la Iglesia de su época.

Un primer desafío era la expansión de varios grupos y movimientos de fieles que, a pesar de estar impulsados por un legítimo deseo de auténtica vida cristiana, se situaban a menudo fuera de la comunión eclesial. Estaban en profunda oposición a la Iglesia rica y hermosa que se había desarrollado precisamente con el florecimiento del monaquismo. En recientes catequesis hablé de la comunidad monástica de Cluny, que había atraído a numerosos jóvenes y, por tanto, fuerzas vitales, como también bienes y riquezas. Así se había desarrollado, lógicamente, en un primer momento, una Iglesia rica en propiedades y también inmóvil. Contra esta Iglesia se contrapuso la idea de que Cristo vino a la tierra pobre y que la verdadera Iglesia debería ser precisamente la Iglesia de los pobres; así el deseo de una verdadera autenticidad cristiana se opuso a la realidad de la Iglesia empírica. Se trata de los movimientos llamados "pauperísticos" de la Edad Media, los cuales criticaban ásperamente el modo de vivir de los sacerdotes y de los monjes de aquel tiempo, acusados de haber traicionado el Evangelio y de no practicar la pobreza como los primeros cristianos, y estos movimientos contrapusieron al ministerio de los obispos una auténtica "jerarquía paralela". Además, para justificar sus propias opciones, difundieron doctrinas incompatibles con la fe católica. Por ejemplo, el movimiento de los cátaros o albigenses volvió a proponer antiguas herejías, como la devaluación y el desprecio del mundo material -la oposición contra la riqueza se convierte rápidamente en oposición contra la realidad material en cuanto tal-, la negación de la voluntad libre y después el dualismo, la existencia de un segundo principio del mal equiparado a Dios. Estos movimientos tuvieron éxito, especialmente en Francia y en Italia, no sólo por su sólida organización, sino también porque denunciaban un desorden real en la Iglesia, causado por el comportamiento poco ejemplar de varios representantes del clero.

Los Franciscanos y los Dominicos, en la estela de sus fundadores, mostraron en cambio que era posible vivir la pobreza evangélica, la verdad del Evangelio como tal, sin separarse de la Iglesia; mostraron que la Iglesia sigue siendo el lugar verdadero, auténtico, del Evangelio y de la Escritura. Más aún, santo Domingo y san Francisco sacaron la fuerza de su testimonio precisamente de su íntima comunión con la Iglesia y con el Papado. Con una elección totalmente original en la historia de la vida consagrada, los miembros de estas Órdenes no sólo renunciaban a la posesión de bienes personales, como hacían los monjes desde la antigüedad, sino que ni siquiera querían que se pusieran a nombre de la comunidad terrenos y bienes inmuebles. Así pretendían dar testimonio de una vida extremadamente sobria, para ser solidarios con los pobres y confiar únicamente en la Providencia, vivir cada día de la Providencia, de la confianza de ponerse en las manos de Dios. Este estilo personal y comunitario de las Órdenes Mendicantes, unido a la total adhesión a las enseñanzas de la Iglesia y a su autoridad, fue muy apreciado por los Pontífices de la época, como Inocencio III y Honorio III, que apoyaron plenamente estas nuevas experiencias eclesiales, reconociendo en ellas la voz del Espíritu. Y no faltaron los frutos:  los grupos "pauperísticos" que se habían separado de la Iglesia volvieron a la comunión eclesial o lentamente se redujeron hasta desaparecer. 

También hoy, a pesar de vivir en una sociedad en la que a menudo prevalece el "tener" sobre el "ser", la gente es muy sensible a los ejemplos de pobreza y solidaridad que dan los creyentes con opciones valientes. En nuestros días tampoco faltan iniciativas similares: los movimientos, que parten realmente de la novedad del Evangelio y lo viven con radicalidad en la actualidad, poniéndose en las manos de Dios, para servir al prójimo. El mundo, como recordaba Pablo VI en la Evangelii nuntiandi, escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos. Esta es una lección que no hay que olvidar nunca en la obra de difusión del Evangelio:  ser los primeros en vivir aquello que se anuncia, ser espejo de la caridad divina.

Franciscanos y Dominicos fueron testigos, pero también maestros. De hecho, otra exigencia generalizada en su época era la de la instrucción religiosa. No pocos fieles laicos, que vivían en las ciudades en vías de gran expansión, deseaban practicar una vida cristiana espiritualmente intensa. Por tanto, trataban de profundizar en el conocimiento de la fe y de ser guiados en el arduo pero entusiasmante camino de la santidad. Las Órdenes Mendicantes supieron felizmente salir al encuentro también de esta necesidad:  el anuncio del Evangelio en la sencillez y en su profundidad y grandeza era un objetivo, quizás el objetivo principal, de este movimiento. En efecto, se dedicaron con gran celo a la predicación. Eran muy numerosos los fieles —a menudo auténticas multitudes— que se reunían en las iglesias y en lugares al aire libre para escuchar a los predicadores, como san Antonio, por ejemplo. Se trataban temas cercanos a la vida de la gente, sobre todo la práctica de las virtudes teologales y morales, con ejemplos concretos, fácilmente comprensibles. Además, se enseñaban formas para alimentar la vida de oración y la piedad. Por ejemplo, los Franciscanos difundieron mucho la devoción a la humanidad de Cristo, con el compromiso de imitar al Señor. 

No sorprende entonces que fueran numerosos los fieles, mujeres y hombres, que elegían ser acompañados en el camino cristiano por frailes Franciscanos y Dominicos, directores espirituales y confesores buscados y apreciados. Nacieron así asociaciones de fieles laicos que se inspiraban en la espiritualidad de san Francisco y santo Domingo, adaptada a su estado de vida. Se trata de la Orden Tercera, tanto franciscana como dominicana. En otras palabras, la propuesta de una "santidad laical" conquistó a muchas personas. Como recordó el concilio ecuménico Vaticano II, la llamada a la santidad no está reservada a algunos, sino que es universal (cf. Lumen gentium, 40). En todos los estados de vida, según las exigencias de cada uno de ellos, es posible vivir el Evangelio. También hoy cada cristiano debe tender a la "medida alta de la vida cristiana", sea cual sea el estado de vida al que pertenezca.

Así la importancia de las Órdenes Mendicantes creció tanto en la Edad Media que instituciones laicales como las organizaciones de trabajo, las antiguas corporaciones y las propias autoridades civiles, recurrían a menudo a la consulta espiritual de los miembros de estas Órdenes para la redacción de sus reglamentos y, a veces, para solucionar sus conflictos internos y externos. 

Los Franciscanos y los Dominicos se convirtieron en los animadores espirituales de la ciudad medieval. Con gran intuición, pusieron en marcha una estrategia pastoral adaptada a las transformaciones de la sociedad. Dado que muchas personas se trasladaban del campo a las ciudades, ya no colocaron sus conventos en zonas rurales, sino en las urbanas. Además, para llevar a cabo su actividad en beneficio de las almas, era necesario trasladarse según las exigencias pastorales. 

Con otra decisión totalmente innovadora, las Órdenes Mendicantes abandonaron el principio de estabilidad, clásico del monaquismo antiguo, para elegir otra forma. Frailes Menores y Predicadores viajaban de un lugar a otro, con fervor misionero. En consecuencia, se dieron una organización distinta respecto a la de la mayor parte de las Órdenes monásticas. En lugar de la tradicional autonomía de la que gozaba cada monasterio, dieron mayor importancia a la Orden en cuanto tal y al superior general, como también a la estructura de las provincias. Así los mendicantes estaban más disponibles para las exigencias de la Iglesia universal. Esta flexibilidad hizo posible el envío de los frailes más adecuados para el desarrollo de misiones específicas, y las Órdenes Mendicantes llegaron al norte de África, a Oriente Medio y al norte de Europa. Con esta flexibilidad se renovó el dinamismo misionero.

Otro gran desafío eran las transformaciones culturales que estaban teniendo lugar en ese periodo. Nuevas cuestiones avivaban el debate en las universidades, que nacieron a finales del siglo XII. Frailes Menores y Predicadores no dudaron en asumir también esta tarea y, como estudiantes y profesores, entraron en las universidades más famosas de su tiempo, erigieron centros de estudio, produjeron textos de gran valor, dieron vida a auténticas escuelas de pensamiento, fueron protagonistas de la teología escolástica en su mejor período e influyeron significativamente en el desarrollo del pensamiento. 
Los más grandes pensadores, santo Tomás de Aquino y san Buenaventura, eran mendicantes, trabajando precisamente con este dinamismo de la nueva evangelización, que renovó también la valentía del pensamiento, del diálogo entre razón y fe.

También hoy hay una "caridad de la verdad y en la verdad", una "caridad intelectual" que ejercer, para iluminar las inteligencias y conjugar la fe con la cultura. El empeño puesto por los Franciscanos y los Dominicos en las universidades medievales es una invitación, queridos fieles, a hacerse presentes en los lugares de elaboración del saber, para proponer, con respeto y convicción, la luz del Evangelio sobre las cuestiones fundamentales que afectan al hombre, su dignidad, su destino eterno. Pensando en el papel de los Franciscanos y de los Dominicos en la Edad Media, en la renovación espiritual que suscitaron, en el soplo de vida nueva que infundieron en el mundo, un monje dijo:  "En aquel tiempo el mundo envejecía. Pero en la Iglesia surgieron dos Órdenes, que renovaron su juventud, como la de un águila" (Burchard d'Ursperg, Chronicon).

Queridos hermanos y hermanas, precisamente al inicio de este año invoquemos al Espíritu Santo, eterna juventud de la Iglesia: que él haga que cada uno sienta la urgencia de dar un testimonio coherente y valiente del Evangelio, para que nunca falten santos, que hagan resplandecer a la Iglesia como esposa siempre pura y bella, sin mancha y sin arruga, capaz de atraer irresistiblemente el mundo hacia Cristo, hacia su salvación.

lunes, 11 de julio de 2022

Isaías 41,17-20: Nuevo éxodo

Nuevo éxodo

17 Los pobres y los indigentes buscan agua, y no la hay; su lengua está reseca de sed. 
     Yo, el Señor, les responderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré.
18 Haré brotar ríos en las dunas; en medio de las valles, manantiales; 
     transformaré el desierto en estanque y el arenal en fuentes de agua; 
19 pondré en el desierto cedros, y acacias, y mirtos, y olivos; 
     plantaré en la estepa cipreses, junto con olmos y alerces. 
20 Para que vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez que la mano del Señor lo ha hecho, 
     que el Santo de Israel lo ha creado

domingo, 10 de julio de 2022

Isaías 29,15-24: Malaventura. Salvación escatológica

Isaías 29,15-24:
Malaventura


15 ¡Ay de los que traman secretamente para esconderle sus planes al Señor! 
     Hacen sus obras en la oscuridad, diciendo: ¿Quién nos ve, quién se entera? 
16 ¡Qué desatino! Como si el barro se considerara alfarero, como si la obra dijera del que la hizo: 
     No me ha hecho, como si el cacharro dijera del alfarero: No me entiende.

Salvación escatológica

17 Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en jardín, y el jardín parecerá un bosque; 
18 aquel día oirán los sordos las palabras del libro, sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos; 
19 los oprimidos volverán a festejar al Señor y los pobres se alegrarán con el Santo de Israel, 
20 porque no quedarán tiranos, se acabarán los cínicos y serán aniquilados los que se desviven 
     por el mal; 
21 los que acusan a uno en un proceso, ponen trampas al que defiende en un tribunal y con falsedades 
     hunden al inocente.
22 Por eso, esto dice el Señor, Dios de la casa de Jacob, que redimió a Abrahán: 
     Ya no fracasará Jacob, no sentirá vergüenza; 
23 cuando vean lo que hace mi mano en medio de ellos, santificarán mi Nombre, 
     santificarán al Santo de Jacob y temerán al Dios de Israel. 
24 Los que habían perdido la cabeza comprenderán, y los que protestaban aprenderán la lección.

martes, 14 de junio de 2022

2 Corintios 8,6-15: Llamado a la generosidad de los corintios

8,6-15: Llamado a la generosidad de los corintios

6 de forma que rogamos a Tito llevara a buen término entre vosotros esta generosidad, 
   tal como la había comenzado.
7 Y del mismo modo que sobresalís en todo: en fe, en palabra, en ciencia, en todo interés
   y en la caridad que os hemos comunicado, sobresalid también en esta generosidad.
8 No es una orden; sólo quiero, mediante el interés por los demás, 
   probar la sinceridad de vuestra caridad.
9 Pues conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, 
   por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza.
10 Os doy un consejo sobre el particular: que es lo que os conviene a vosotros, 
     ya que desde el año pasado habéis sido los primeros no sólo en hacer la colecta, 
     sino también en tomar la iniciativa.
11 Ahora llevadla también a cabo, de forma que a vuestra prontitud en la iniciativa corresponda 
     la realización conforme a vuestras posibilidades.
12 Pues si hay prontitud de voluntad es bien acogida con lo que se tenga, y no importa si nada se tiene.
13 No que paséis apuros para que otros tengan abundancia, sino con igualdad.
14 Al presente, vuestra abundancia remedia su necesidad, 
     para que la abundancia de ellos pueda remediar también vuestra necesidad y reine la igualdad,
15 como dice la Escritura: El que mucho recogió, no tuvo de más; y el que poco, no tuvo de menos.

2 Corintios 8,1-5: Un ejemplo de generosidad

8,1-5: Un ejemplo de generosidad

1 Os damos a conocer, hermanos, la gracia que Dios ha otorgado a las Iglesias de Macedonia.
2 Pues, aunque probados por muchas tribulaciones, su rebosante alegría 
   y su extrema pobreza han desbordado en tesoros de generosidad.
3 Porque atestiguo que según sus posibilidades, y aun sobre sus posibilidades, espontáneamente
4 nos pedían con mucha insistencia la gracia de participar en el servicio en bien de los santos.
5 Y superando nuestras esperanzas, se entregaron a sí mismos, primero al Señor, y luego a nosotros, 
   por voluntad de Dios,

viernes, 3 de diciembre de 2021

Isaías 14,28-32: Contra Filistea

Isaías 14,28-32:
Contra Filistea


28 El año de la muerte del rey Acaz se pronunció este oráculo: 
29 No te alegres, Filistea entera, de que se haya quebrado la vara que te hería; 
     porque de la raíz de la serpiente brotará una víbora y su fruto será un dragón alado, 
30b que hará morir de hambre tu raíz y matará tu resto; 
30a mientras que los desvalidos pastarán en mis praderas y los pobres se tumbarán tranquilos. 
31 Gime, puerta; grita, ciudad; tiembla, Filistea entera, porque viene del norte una humareda 
     en columnas apretadas. 
32 ¿Qué responder a los mensajeros de esa nación? 
     –Que el Señor fundó a Sión y en ella se refugiarán los oprimidos de su pueblo–.

jueves, 2 de diciembre de 2021

Isaías 10,1-4: Malaventura

Isaías 10,1-4:
Malaventura


1 ¡Ay de los que decretan leyes injustas, de los notarios que registran vejaciones, 
2 que dejan sin defensa al desamparado y niegan sus derechos a los pobres de mi pueblo, 
   que hacen su presa de las viudas y saquean a los huérfanos! 
3 ¿Qué harán el día de la cuenta, cuando la tormenta lejana se eche encima? 
   ¿A quién acudirán buscando auxilio y dónde depositarán su fortuna, 
4 para no ir encorvados con los prisioneros y no caer con los asesinados? 
   Y, con todo, no se aplaca su ira, sigue extendida su mano.

Isaías 3,1-15: Anarquía en Jerusalén

Isaías 3,1-15:
Anarquía en Jerusalén


1 Miren que el Señor Todopoderoso aparta de Jerusalén y de Judá toda clase de sustento: 
   todo sustento de pan, todo sustento de agua; 
2 capitán y soldado, juez y profeta, adivino y anciano; 
3 jefe de batallón y notable, consejero, artesano y mago y experto en encantamientos. 
4 Nombraré jefes a muchachos, los gobernarán niños. 
5 Se atacará la gente, unos a otros, un hombre a su prójimo; se amotinarán muchachos contra ancianos, 
   plebeyos contra nobles. 
6 Un hombre agarrará a su hermano en la casa paterna y le dirá: 
   Tienes un manto, sé nuestro jefe, toma el mando de esta ruina.
7 El otro protestará ese día: No soy médico, y en mi casa no hay pan ni tengo manto: 
   no me nombren jefe del pueblo. 
8 Se desmorona Jerusalén, Judá se derrumba: porque hablaban y actuaban contra el Señor, 
   rebelándose en presencia de su gloria. 
9 Su descaro testimonia contra ellos, alardean de sus pecados como Sodoma, no los ocultan: 
   ¡ay de ellos, que se acarrean su desgracia! 
10 ¡Dichoso el justo: le irá bien, comerá el fruto de sus acciones!
11 ¡Ay del malvado: le irá mal, le darán la paga de sus obras! 
12 Pueblo mío, a quien un niño pequeño lo tiraniza y mujeres lo gobiernan: 
     pueblo mío, tus guías te extravían, borran el trazado de tus sendas.
13 El Señor se levanta a juzgar, de pie va a sentenciar a su pueblo. 
14 El Señor viene a entablar un pleito con los jefes y príncipes de su pueblo. 
     Ustedes han arrasado las viñas, tienen en casa lo robado al pobre. 
15 ¿Qué es eso? ¿Con qué derecho aplastan a mi pueblo, y pisotean la cara de los pobres? 
     –oráculo del Señor Todopoderoso–.