sábado, 16 de febrero de 2019

Lucas 6,20-26: Las Bienaventuranzas

Lucas 6,20-26
Domingo de la 6 Semana del Tiempo Ordinario, Ciclo C
Miércoles de la 23 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: "Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas."

DOMINGO DE LA 6 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO C

Jeremías 17,5-8
Salmo 1,1-2.3.4.6:
Dichoso el hombre que ha 
puesto su confianza en el Señor
1 Corintios 15,12.16-20
Lucas 6,17.20-26

Jeremías 17,5-8

Así dice el Señor: «Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto.»

Salmo 1,1-2.3.4.6
R. Dichoso el hombre que ha 
puesto su confianza en el Señor

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.
R. Dichoso el hombre que ha 
puesto su confianza en el Señor

Será como un árbol plantado
al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.
R. Dichoso el hombre que ha 
puesto su confianza en el Señor

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.
R. Dichoso el hombre que ha 
puesto su confianza en el Señor

1 Corintios 15,12.16-20

Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que dice alguno de vosotros que los muertos no resucitan? Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.

Lucas 6,17.20-26

En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacian vuestros padres con los falsos profetas.»

jueves, 14 de febrero de 2019

¿Quién fue san Valentin?



San Valentín fue un obispo romano, según la tradición, que protegía y casaba a los jóvenes romanos en secreto, en el siglo III durante las persecuciones, en tiempos del emperador Aureliano.

La costumbre que tienen los enamorados de hacerse regalos y enviarse postales el día 14 de febrero, es una costumbre inglesa que se debe a un poeta, Geofrey Chaucer (1343-1400), que escribió en el Parlament of Foules (1382), "Porque esto fue el día de San Valentín, cuando cada Ave vino aquí a elegir pareja".

Chaucer escribió este poema en honor del primer aniversario del compromiso entre el rey Ricardo II con Ana de Bohemia. Se firmó un tratado acerca de este matrimonio el 2 de mayo de 1381. Se casaron ocho meses después, cuando el rey tenía 13 o 14 años y ella 14. Desde esa fecha viene la creencia que el día de los enamorados hay que hacerse regalos entre los jóvenes que se aman.

14 de febrero: San Cirilo y San Metodio

sábado, 9 de febrero de 2019

Domingo de la 5 Semana del Tiempo Ordinario, Año C

Lucas 5,1-11: La pesca milagrosa por Rafael Sanzio

LA PESCA MILAGROSA
Rafael Sanzio, 1515-1516
Victoria and Albert Museum, Londres
Lucas 5,1-11:

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Rema mar adentro y echad las redes para pescar". Simón contestó: "Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes". Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro, se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: "Apártate de mí, Señor, que soy un pecador". Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: "No temas: desde ahora serás pescador de hombres". Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

+ SOBRE Lc 5,1-11  

Lucas 5,1-11: La pesca milagrosa

Lucas 5,1-11
Domingo de la 5 Semana del Tiempo Ordinario, ciclo C
Jueves de la 22 Semana del Tiempo Ordinario I y II

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Rema mar adentro, y echad las redes para pescar." Simón contestó: "Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes." Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: "Apártate de mí, Señor, que soy un pecador." Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: "No temas; desde ahora serás pescador de hombres." Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron".

SOBRE EL MISMO TEMA:
Por la Orden Carmelita  
La fuerza del Evangelio 
Evangelio en imágenes:
   por Rafael Sanzio

Lc 5,1-11: La fuerza del Evangelio


El episodio de una pesca sorprendente e inesperada en el lago de Galilea ha sido redactado por el evangelista. Lucas para infundir aliento a la Iglesia cuando experimenta que todos sus esfuerzos por comunicar su mensaje fracasan. Lo que se nos dice es muy claro: hemos de poner nuestra esperanza en la fuerza y el atractivo del Evangelio.

El relato comienza con una escena insólita. Jesús está de pie a orillas del lago, y la gente se va agolpando a su alrededor para oír la Palabra de Dios. No vienen movidos por la curiosidad. No se acercan para ver prodigios. Solo quieren escuchar de Jesús la Palabra de Dios.

No es sábado. No están congregados en la cercana sinagoga de Cafarnaún para oír las lecturas que se leen a al pueblo a lo largo del año. No han subido a Jerusalén a escuchar a los sacerdotes del Templo. Lo que les atrae tanto es el Evangelio del Profeta Jesús, rechazado por los vecinos de Nazaret.

También la escena de la pesca es insólita. Cuando de noche, en el tiempo más favorable para pescar, Pedro y sus compañeros trabajan por su cuenta, no obtienen resultado alguno. Cuando, ya de día, echan las redes confiando solo en la palabra de Jesús que orienta su trabajo, se produce una pesca abundante, en contra de todas sus expectativas.

En el trasfondo de los datos que hacen cada vez más patente la crisis del cristianismo entre nosotros, hay un hecho innegable: la Iglesia está perdiendo de manera imparable el poder de atracción y la credibilidad que tenía hace solo unos años. No hemos de engañarnos.

Los cristianos venimos experimentando que nuestra capacidad para transmitir la fe a las nuevas generaciones es cada vez menor. No han faltado esfuerzos e iniciativas. Pero, al parecer, no se trata solo ni primordialmente de inventar nuevas estrategias.

Ha llegado el momento de recordar que en el Evangelio de Jesús hay una fuerza de atracción que no hay en nosotros. Esta es la pregunta más decisiva: ¿Seguimos «haciendo cosas» desde una Iglesia que va perdiendo atractivo y credibilidad, o ponemos todas nuestras energías en recuperar el Evangelio como la única fuerza capaz de engendrar fe en los hombres y mujeres de hoy?

¿No hemos de poner el Evangelio en el primer plano de todo? Lo más importante en estos momentos críticos no son las doctrinas elaboradas a lo largo de los siglos, sino la vida y la persona de Jesús. Lo decisivo no es que la gente venga a tomar parte en nuestras cosas sino que puedan entrar en contacto con él. La fe cristiana solo se despierta cuando las personas se encuentran con testigos que irradian el fuego de Jesús.

Autor: José Antonio Pagola

+ SOBRE Lc 5,1-11  

miércoles, 6 de febrero de 2019

6 de febrero: Pablo Miki y Compañeros mártires

6 de febrero: San Pablo Miki y compañeros


Palabras de san Pablo Miki pronunciadas desde la cruz:

"Llegado a este momento final de mi existencia en la tierra, seguramente que ninguno de ustedes va a creer que me voy a atrever a decir lo que no es cierto. Les declaro pues, que el mejor camino para conseguir la salvación es pertenecer a la religión cristiana, ser católico. Y como mi Señor Jesucristo me enseñó con sus palabras y sus buenos ejemplos a perdonar a los que nos han ofendido, yo declaro que perdono al jefe de la nación que dio la orden de crucificarnos, y a todos los que han contribuido a nuestro martirio, y les recomiendo que ojalá se hagan instruir en nuestra santa religión y se hagan bautizar".

— Mártires jesuitas, franciscanos y laicos

En el año 1549 San Francisco Javier llegó al Japón y convirtió a muchos paganos. En el año 1597 eran varios los miles de cristianos en aquel país. Y llegó al gobierno un emperador cruel y vicioso, el cual ordenó que todos los misioneros católicos debían abandonar el Japón en el término de seis meses. Pero los misioneros, en vez de huir del país, lo que hicieron fue esconderse, para poder seguir ayudando a los cristianos. Fueron descubiertos y martirizados brutalmente. Los que murieron en este día en Nagasaki fueron 26. Tres jesuitas, seis franciscanos y 16 laicos católicos japoneses, que eran catequistas y se habían hecho terciarios franciscanos.

Los mártires jesuitas fueron: Pablo Miki, un japonés de familia de la alta clase social, hijo de un capitán del ejército y muy buen predicador: Juan Goto y Santiago Kisai, dos hermanos coadjutores jesuitas.

Los franciscanos eran: Felipe de Jesús, un mexicano que había ido a misionar a Asia. Gonzalo García que era de la India, Francisco Blanco, Pedro Bautista, superior de los franciscanos en el Japón y Francisco de San Miguel.

Entre los laicos estaban: un soldado: Cayo Francisco; un médico: Francisco de Miako; un Coreano: Leon Karasuma, y tres muchachos de trece años que ayudaban a misa a los sacerdotes: los niños: Luis Ibarqui, Antonio Deyman, y Totomaskasaky, cuyo padre fue también martirizado.

— Tortura y crucifixión

A los 26 católicos les cortaron la oreja izquierda, y así ensangrentados fueron llevados en pleno invierno a pie, de pueblo en pueblo, durante un mes, para escarmentar y atemorizar a todos los que quisieran hacerse cristianos.

Al llegar a Nagasaki les permitieron confesarse con los sacerdotes, y luego los crucificaron, atándolos a las cruces con cuerdas y cadenas en piernas y brazos y sujetándolos al madero con una argolla de hierro al cuello. Entre una cruz y otra había la distancia de un metro y medio.

La Iglesia Católica los declaró santos en 1862.

Testigos de su martirio y de su muerte lo relatan de la siguiente manera: "Una vez crucificados, era admirable ver el fervor y la paciencia de todos. Los sacerdotes animaban a los demás a sufrir todo por amor a Jesucristo y la salvación de las almas. El Padre Pedro estaba inmóvil, con los ojos fijos en el cielo. El hermano Martín cantaba salmos, en acción de gracias a la bondad de Dios, y entre frase y frase iba repitiendo aquella oración del salmo 30: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". El hermano Gonzalo rezaba fervorosamente el Padre Nuestro y el Avemaría".

Al Padre Pablo Miki le parecía que aquella cruz era el púlpito o sitio para predicar más honroso que le habían conseguido, y empezó a decir a todos los presentes (cristianos y curiosos) que él era japonés, que pertenecía a la Compañía de Jesús, o Sociedad de los Padres jesuitas, que moría por haber predicado el Evangelio y que le daba gracias a Dios por haberle concedido el honor tan enorme de poder morir por propagar la verdadera religión de Dios. A continuación añadió las siguientes palabras:

"Llegado a este momento final de mi existencia en la tierra, seguramente que ninguno de ustedes va a creer que me voy a atrever a decir lo que no es cierto. Les declaro pues, que el mejor camino para conseguir la salvación es pertenecer a la religión cristiana, ser católico. Y como mi Señor Jesucristo me enseñó con sus palabras y sus buenos ejemplos a perdonar a los que nos han ofendido, yo declaro que perdono al jefe de la nación que dio la orden de crucificarnos, y a todos los que han contribuido a nuestro martirio, y les recomiendo que ojalá se hagan instruir en nuestra santa religión y se hagan bautizar".

Luego, vueltos los ojos hacia sus compañeros, empezó a darles ánimos en aquella lucha decisiva; en el rostro de todos se veía una alegría muy grande, especialmente en el del niño Luis; éste, al gritarle otro cristiano que pronto estaría en el Paraíso, atrajo hacia sí las miradas de todos por el gesto lleno de gozo que hizo. El niño Antonio, que estaba al lado de Luis, con los ojos fijos en el cielo, después de haber invocado los santísimos nombres de Jesús, José y María, se pudo a cantar los salmos que había aprendido en la clase de catecismo. A otros se les oía decir continuamente: "Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía". Varios de los crucificados aconsejaban a las gentes allí presentes que permanecieran fieles a nuestra santa religión por siempre.

Luego los verdugos sacaron sus lanzas y asestaron a cada uno de los crucificados dos lanzazos, con lo que en unos momentos pusieron fin a sus vidas.

6 de Febrero: San Pablo Miki y sus compañeros, por Celestino Hueso, SF


Todos sabemos que la cruz es un instrumento cruel de tormento y muerte; pero también sabemos que es el trono desde el que Cristo abraza a la humanidad entera para llevarla a un mundo nuevo donde no existen problemas sociales de ningún tipo porque el amor de Dios es la sangre en las venas de esa humanidad redimida.

San Francisco Javier llevó la buena noticia del Evangelio al Japón, consiguiendo que, en pocos años, los cristianos llegaran a ser unos 300.000.

En cierto momento el mandamás allá fue el emperador Toyotomi, que parecía una veleta con respecto a los misioneros, pues tan pronto los permitía como los perseguía. En 1587 publicó un decreto de expulsión de los cristianos porque se disponía a invadir Corea, aunque poco después recibió misioneros en su país y, finalmente volvió a la persecución por motivos políticos antioccidentales.

El catequista Pablo Miki y 25 compañeros más, entre ellos varios españoles, fueron trasladados a Nagasaki y crucificados.

Como Cristo, quisieron abrazar a todos desde su trono y partieron para el mundo nuevo del cielo perdonando a sus verdugos y los niños Luis Ibaraki, Antonio y Tomás Cosaki de 11, 13 y 14 años cantando el salmo Laudate, pueri, Dominum. Ya sé que es un latinajo, pero queda bonito, significa “Alabad, niños, al Señor"

A todos ellos celebra hoy la Iglesia universal.

+ SOBRE SAN PABLO MIKI Y COMPAÑEROS   

lunes, 28 de enero de 2019

28 de enero: Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia

28 de enero: Santo Tomás de Aquino, por Celestino Hueso SF


Era fraile dominico a pesar de su familia, que lo tuvieron encerrado en el castillo de su propiedad y sometido a duros castigos para impedirle seguir su vocación, pero era más terco que una mula y consiguió sus propósitos. Marchó a estudiar a Bolonia, Colonia y Paris.

Cierto día los compañeros quisieron tomarle el pelo. “¡Mira! ¡Una vaca volando!” le dijeron. Se levantó de la silla y fue a mirar por la ventana. Se rieron de él como está mandado. “Prefiero, dijo, creer que las vacas vuelan antes que pensar que un cristiano miente”.

Le llamaban el buey mudo. Porque era algo gordito y por su silencio. San Alberto Magno, que fue su maestro, vaticinó: "El día que este buey muja, sus mugidos se van a oír en el mundo entero". Si hubiera jugado a la lotería habría ganado el gordo, porque acertó plenamente.

Santo Tomás de Aquino, el doctor angélico, tuvo cátedra en París, consiguió compaginar la filosofía de Aristóteles con el cristianismo y escribió varios tratados de teología que han sido la base de estudio eclesiástico en las universidades del cristianismo a lo largo de muchos siglos. En los seminarios católicos se dejó de estudiar la Suma Teológica de Santo Tomás, allá por los años 70 del siglo XX.

Es el patrono universal de los estudiantes.

Felicidades a quienes celebran hoy su día y a todos los estudiantes.

+ SOBRE STO. TOMÁS DE AQUINO  

sábado, 26 de enero de 2019

DOMINGO DE LA 3 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo C (Lecturas)

Nehemías 8,2-4.5-6.8-10
Salmo 18:  Tus palabras, Señor, son espíritu y vida
1 Corintios 12,12-30
Lucas 1,1-4; 4,14-21

Nehemías 8,2-4.5-6.8-10

En aquellos días, el sacerdote Esdrás, trajo el libro a la asamblea de hombres y mujeres y de todos los que podían comprender. Era mediados del mes séptimo. Leyó el libro, en la plaza de la puerta del agua, desde el amanecer hasta el mediodía, en presencia de hombres, mujeres y a los que tenían uso de razón; y todo el pueblo estaba atento al libro de la ley. Esdras, el sacerdote, estaba de pie sobre un estrado de madera, que habían hecho para el caso. Esdrás abrió el libro a vista de todo el pueblo, pues se hallaba en un puesto elevado, y cuando lo abrió, el pueblo entero se puso de pie. Esdrás pronunció la bendición del Señor Dios grande y el pueblo entero alzando las manos respondió: "Amén", Amén"; se inclinó y se postró rostro a tierra ante el Señor. Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura. Nehemías, el Gobernador, Esdras, el sacerdote y letrado, y los levitas que enseñaban al pueblo decían al pueblo entero:
– Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo no lloréis: (Porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la ley.)
Y añadieron:
– Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo del Señor es vuestra fortaleza.

Salmo 18: Tus palabras, Señor, son espíritu y vida

La Ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante.
R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos.
R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.
R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida

Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón
Señor, roca mía, redentor mío.
R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida

1 Corintios 12,12-30

Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, con un solo cuerpo, así también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. El cuerpo tiene muchos miembros, no uno solo. Si el pie dijera. "No soy mano, luego no formo parte del cuerpo", dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el oído dijera: "No soy ojo, luego no formo parte del cuerpo", ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el cuerpo entero fuera ojo, ¿como oiría? Si el cuerpo entero fuera oído, ¿cómo olería? Pues bien. Dios distribuyó el cuerpo y cada uno de los miembros como él quiso. Si todos fueran un mismo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Los miembros son muchos, es verdad, pero el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decir a la mano: "no te necesito"; y la cabeza no puede decir a los pies: "no os necesito". Más aún, los miembros que parecen más débiles son más necesarios. Los que nos parecen despreciables, los apreciamos más. Los menos decentes, los tratamos con más decoro. Porque los miembros más decentes no lo necesitan. Ahora bien, Dios organizó los miembros del cuerpo dando mayor honor a los más necesitados. Así no hay divisiones en el cuerpo, porque todos los miembros por igual se preocupan unos de otros. Cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos le felicitan. Vosotros sois el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro. Y Dios os ha distribuido en la Iglesia: en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después vienen los milagros, luego el don de curar, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas, el don de interpretarlas ¿Acaso son todos apóstoles?, ¿o todos son profetas?, ¿o todos maestros?, ¿o hacen todos milagros?, ¿tienen todos don para curar?, ¿hablan todos en lenguas o todos las interpretan?

Lucas 1,1-4; 4,14-21

Ilustre Teófilo, muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la Palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido. En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea, con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan. Fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el Libro del Profeta Isaías y desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
– “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor".
Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba, y se sentó.
Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:
– Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír.

COMENTARIOS: 
por Francisco González, SF  

viernes, 25 de enero de 2019

26 de enero: Santos Timoteo y Tito, obispos

25 de enero: Conversión de San Pablo

25 de Enero: Conversión de San Pablo, por Celestino Hueso SF


Convertirse no es girarse para tomar la dirección opuesta. Tampoco es volverse como el que sale de casa, recuerda que ha olvidado el bonobús, da media vuelta y otra vez para casa.

Cuando queremos limpiar bien una bolsa (costal o saco, según el país) la volvemos del revés para sacudirla. Cuando la tenemos mas limpia que los chorros del oro la colocamos nuevamente bien y la llenamos, no de basura sino de cosas útiles. Eso es convertirse. Es meternos dentro de nosotros mismos para volvernos del revés y sacar toda la basura acumulada (léase odios, rencores, envidias, mentiras, maledicencias, impaciencia, ira…) y comenzar a llenarnos de las cosas de Dios (perdón, generosidad, bondad, paciencia, tolerancia, comprensión, misericordia… Amor, en definitiva).

Saulo era un judío convencido, veía claro por donde había de encaminar sus pasos. Los cristianos, para él, representaban un peligro porque querían cambiar la ley de Moisés que era su luz, por eso los perseguía. Hasta que tropezó con el Evangelio y se cayó de su arrogancia y entonces se dio cuenta que estaba ciego. Descubrió que la Ley, su luz, no lo llevaba a ninguna parte. Volvió su vida del revés, sacó de dentro todo lo que le venía de las puras normas vacías y empezó a llenar su vida con la luz del amor; esa luz nueva y definitiva que es Cristo. Y Saulo, el judío, dio paso a Pablo, el cristiano. Y el perseguidor dio paso al misionero. Y el fariseo seguro de sí mismo dio paso al santo seguro de Cristo.

Hoy celebramos la Conversión de San Pablo que nos invita a nosotros a hacer lo mismo, a volver del revés nuestra vida, a tirar el candil del egoísmo para echar mano a la luz del sol que nos viene del cielo.

Aunque nadie se acuerde de él, también celebramos hoy a San Ananías, que fue quien bautizó a San Pablo nada menos; y a los santos mártires Artemas y Agileo, así como al obispo San Bretanión, al ermitaño San Palemón y otros cuantos santos que no menciono porque tienen el nombre muy raro.

Felicidades a los Pablos, aunque suelen celebrarlo el 29 de Junio que se conmemora el martirio del Apóstol.

+ SOBRE SAN PABLO  

Estudio bíblico comparativo de la conversión de san Pablo


La caída sin caballo

La conversión más famosa de la historia es, sin duda, la de san Pablo. Cómo fueron los detalles de aquél hecho lo sabemos gracias a san Lucas, que lo inmortalizó en un conmovedor relato conservado en Los Hechos de los Apóstoles.

Cuenta este libro que Pablo era un joven y fogoso judío, llamado entonces Saúl, y que observaba con preocupación cómo se expandía en Jerusalén el cristianismo, que él consideraba una secta peligrosa. Resolvió, por lo tanto, combatirlo y no descansar hasta aniquilarlo por completo.

Cierto día decidió viajar a Damasco con una autorización especial para encarcelar a todos los cristianos que encontrara en esa ciudad. Damasco distaba unos 230 kilómetros de Jerusalén y era una de las ciudades más antiguas del mundo, en la que habitaba una importante comunidad cristiana. El viaje debió de haberle llevado a Pablo y a sus compañeros alrededor de una semana.

Casi en las puertas de la ciudad, una poderosa luz lo envolvió y lo tiró por tierra. Entonces oyó una voz que le decía: “Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?” Pablo respondió: “¿Quién eres, Señor?” La voz le contestó: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate y entra en la ciudad. Allí se te indicará lo que tienes que hacer”.

Luz para el ciego

Pablo se levantó, y comprobó que no veía nada. Entonces con la ayuda de sus compañeros pudo ingresar en la ciudad. Así, aquél que había querido entrar en Damasco hecho una furia, arrasando y acabando con cuantos cristianos encontrara, debió entrar llevado de la mano, ciego e impotente como un niño.

En Damasco se alojó en la casa de un tal Judas y permaneció allí tres días ciego, sin comer y sin beber. Hasta que se presentó en la casa un hombre llamado Ananías y le dijo: “Saúl, hermano, el Señor Jesús que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recuperes la vista y quedes lleno del Espíritu Santo”. Entonces le impuso las manos, y al instante cayeron de sus ojos una especie de escamas y recuperó la vista.

A partir de ese momento Pablo fue otra persona. Un cambio impresionante sucedió en él. Ananías lo bautizó, le explicó quién era Jesús, lo introdujo en la comunidad local, lo instruyó en la doctrina cristiana y lo mandó a predicar el evangelio.

De este modo Pablo conoció el cristianismo, y llegó a ser miembro de la Iglesia a la que en un principio combatía.

Sin contar las intimidades

Resulta curioso que este relato tan detallado del libro de los Hechos no coincida con la versión que el propio Pablo da en sus cartas.

En primer lugar, en ninguna escrito suyo Pablo cuenta a nadie lo que experimentó aquél día camino a Damasco. Ni siquiera a los Gálatas, los cuales habían puesto en duda su apostolado, y para los que hubiera sido un excelente argumento contarles ese suceso extraordinario. Sólo menciona su conversión de pasada (Gal 1,15).

Y cuando en otras partes cuenta sus visiones y revelaciones lo hace en tercera persona (“Sé de un hombre...”; 2 Cor 12,2), como si no le gustara hablar de ese tema ni a sus más íntimos. En cambio, en los Hechos Pablo aparece divulgándolo varias veces y una vez ante una multitud de gente desconocida (Hch 22). ¿Es éste el mismo Pablo de las cartas?

En segundo lugar, los Hechos no dicen que Pablo haya visto a Jesús. Cuentan que sólo “vio una luz venida del cielo” y “oyó una voz” que le hablaba (9,3-4). En cambio Pablo en sus cartas asegura, aunque sin entrar en detalles, haber visto ese día personalmente a Jesús. A los corintios les advierte: “¿Acaso no he visto yo a Jesús, Señor nuestro?” (1 Cor 9,1). Y también: “Se le apareció a Cefas y a los Doce... y finalmente se me apareció también a mí” (1 Cor 15,8).

¿Conversión o vocación?

En tercer lugar, Pablo asegura haber recibido tanto su vocación como el evangelio que predicaba, directamente de Dios, sin intermediario alguno. En sus cartas afirma: “Pablo, apóstol, no de parte de los hombres ni por medio de hombre alguno, sino por Jesucristo” (Gal 1,1). Y dice: “Les cuento, hermanos, que el evangelio que les anuncio no es cosa de hombres; pues yo no lo recibí ni aprendí de hombre alguno sino por revelación de Jesucristo” (1,11). En cambio en Hechos se dice que fue Ananías quien explicó a Pablo el significado de la luz que lo envolvió, y quien le enseñó la doctrina cristiana (9,6-19).

Hay otras diferencias entre la versión de Los Hechos de los Apóstoles y la de Pablo. Por ejemplo, Hechos presenta la experiencia de Damasco como una “conversión”; en cambio Pablo nunca dice que se haya convertido, sino que habla de su “vocación” (Gal 1,15). Hechos dice que su conversión estuvo acompañada de fenómenos externos (una luz celestial, una voz misteriosa, la caída al suelo, la ceguera); en cambio Pablo nunca menciona tales fenómenos exteriores sino que sostiene que la revelación que él tuvo fue una experiencia interior (Gal 1,16).

¿Cómo se explican estas diferencias? ¿Por qué Lucas parece no ajustarse a lo que Pablo señala en sus cartas? Para responder a esto debemos tener en cuenta la intención de los Hechos de los Apóstoles.

Como un militar griego

Lucas, al momento de componer su libro, conocía una tradición que contaba que Pablo, camino a Damasco, había vivido cierta experiencia especial, y que un tal Ananías había desempeñado un papel importante en ella. Y con estos datos compuso un relato siguiendo el esquema de las llamadas “relatos de conversión”.

— ¿Qué eran las “relatos de conversión”?

Eran narraciones estereotipadas en las que se mostraba cómo a algún personaje, enemigo de Dios, se le manifestaba éste con señales extraordinarias y terminaba convirtiéndolo.

Un ejemplo de ellas es la conversión de Heliodoro, relatada en el 2º libro de los Macabeos. Cuenta esta leyenda que Heliodoro, ministro del rey Seleuco IV de Siria, en su persecución contra los judíos intentó saquear el tesoro del Templo de Jerusalén. Cuando estaba a punto de lograrlo, Dios se le apareció en una impresionante manifestación. Heliodoro cayó al suelo envuelto en una ceguera total, mientras sus compañeros presentían lo sucedido sin poder reaccionar. Al final Heliodoro, que había entrado al Templo con tanta soberbia, debió ser sacado en una camilla mudo e impedido. Luego de varios días, y gracias a la intervención de un judío, el ministro recuperó sus fuerzas, se convirtió y recibió la misión de anunciar en todas partes la grandeza de Dios (2 Mac 3).

Tres veces lo mismo

Existen muchas otras leyendas judías que cuentan de idéntico modo la conversión de algún personaje enemigo de Dios, por lo tanto, no debemos tomar los detalles de la conversión de san Pablo como históricos, sino más bien como parte de un género literario convencional.

¿Y por qué a Lucas le importaba tanto de la conversión de san Pablo, al punto tal de no sólo ampliarla en detalles sino de repetirla ¡nada menos que tres veces! (9,3-19; 22,6-16 y 26,12-18)? ¿Por qué contar tres veces lo mismo, en un libro como los Hechos que se caracteriza por la sobriedad y economía de detalles narrativos, y cuando otros episodios más importantes, como el de Pentecostés, aparecen una sola vez?

Porque Lucas, a lo largo de todo su libro, intenta mostrar cómo se cumple una profecía de Jesús: que la Palabra de Dios se extenderá por todo el mundo de aquel entonces. Al principio, Jesús se les aparece a los apóstoles y les dice: “El Espíritu Santo vendrá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, hasta los confines de la tierra” (1,8). ¿Y cuál era en aquel entonces “los confines de la tierra”? Era precisamente Roma, la capital del Imperio. Por lo tanto su objetivo es mostrar cómo la Palabra de Dios llega justamente hasta Roma.

La profecía que cumplir

Pero Lucas no sabía de ninguno de los doce apóstoles que haya llegado hasta Roma. Pedro, la cabeza del grupo, nunca sale más allá de Judea y Samaria. Juan, compañero de Pedro, tampoco viaja más que hasta Samaria. Santiago el Mayor es asesinado temprano. Santiago el Menor no se mueve de Jerusalén. Matías, elegido en lugar de Judas, desaparece inmediatamente después de su elección. De los demás apóstoles no hay ni noticias. ¿Cómo mostrar que la profecía de Cristo se cumple y que la Iglesia llega “hasta los confines de la tierra”?

La solución fue hacer recaer sobre Pablo el cumplimiento de esta misión. Pero el problema estaba en que Pablo no era un verdadero apóstol. Porque para Lucas “apóstol” era el que había conocido personalmente a Jesús, y había recibido de él la misión de anunciar el evangelio (Hch 1,21-26), cosa que no había sucedido con Pablo.

Entonces para explicar por qué Pablo es el que cumple la misión de llegar a Roma, encargada en realidad a los apóstoles, Lucas lo muestra recibiendo del propio Jesús este encargo en el camino de Damasco. Y lo repite tres veces a lo largo del libro, mientras va camino a Roma, como para que no queden dudas.

El arte expositor de Lucas

Ahora bien, Lucas sabe que no puede contar tres veces lo mismo, de la misma manera. Hubiera sido terriblemente aburrido y su libro hubiera perdido fuerza y convicción. Entonces, con habilidad extraordinaria, presentó sus tres narraciones de maneras diferentes. Por eso, si comparamos los tres relatos de la conversión de Pablo, encontraremos que el autor fue haciendo cambios entre ellos, presentándolos en forma gradual.

Así, sobre la luminosidad que envolvió a Pablo, el primer relato dice “una luz del cielo” (9,3). El segundo, “una gran luz” (22,6). Y el tercero, “una luz más luminosa que el sol” (26,13).

El primer relato no dice a qué hora fue aquella luz. Pero el segundo aclara que fue “cerca del mediodía”, lo cual resalta el esplendor luminoso. Y el tercero ya dice “en pleno mediodía”, mostrando cómo el brillo de la luz superaba al sol cuando éste brilla con mayor fuerza.

En el primero y en el segundo relato dice que la luz envolvió sólo a Pablo (9,3 y 22,6). En el tercero dice que la luz envolvió también a “todos sus compañeros” (26,13).

¿De pie o caídos?

También las persecuciones que realizaba Pablo antes de convertirse aparecen descritas con esta técnica de graduación. El primero dice que Pablo a los cristianos los “conducía a la cárcel” (8,3). El segundo agrega que los “perseguía a muerte” (22,4). Y el tercero, que los metía en la cárcel, los torturaba para que renunciaran a su fe cristiana, los perseguía hasta en ciudades extranjeras, y cuando eran condenados a muerte él contribuía con su voto (26,10-11).

Lo mismo ocurre con la misión encomendada a Pablo. El primer relato sólo anticipa que Pablo llevará “el nombre de Cristo ante los gentiles, los reyes y los judíos” (9,15). En el segundo ya aparece enviado, pero sin aclarar cómo será su misión (22,15). En el tercero Pablo no sólo es enviado sino que se especifica los detalles de su misión (26,16-18).

Sin importarle que aparezcan como contradictorios, Lucas también cambia otros detalles para hacer más variada su exposición. Así, el primer relato dice que los compañeros de Pablo oyeron la voz pero no vieron la luz (9,7). El segundo dice que vieron la luz pero no oyeron la voz (22,9). Y el tercero, que ni vieron ni oyeron nada.

De igual manera sucede con el efecto de la conmoción. La primera vez dice que Pablo cayó al suelo y sus compañeros quedaron de pie (9,7). Pero e otra parte dice que ellos cayeron al suelo con Pablo (26,14). Se trata de simples técnicas de variación sin importancia histórica alguna.

Un diálogo conocido

Hay un único elemento que se mantiene igual y que no fue cambiado en ninguno de los tres relatos: el diálogo entre Pablo y Cristo en el momento de la aparición. ¿Por qué fue conservado este diálogo con tanto cuidado? ¿Porque sí reflejaba, quizás, una conversación real entre Jesús y el apóstol?

Hoy los biblistas sostienen que se trata de un diálogo también artificial, muy común en el Antiguo Testamento, llamado “diálogo de aparición”. Los escritores sagrados lo emplean cada vez que quieren contar la aparición de Dios o de un ángel a alguna persona.

El “diálogo de aparición” consta normalmente de cuatro elementos: a)la doble mención del nombre de la persona (¡Saúl, Saúl!); b)una breve pregunta del personaje (¿Quién eres, Señor?); c)la autopresentación del Señor (Yo soy Jesús, a quien tú persigues); y d)un encargo (Levántate y vete).

Este mismo “diálogo” lo tenemos, por ejemplo, cuando el ángel le encarga a Jacob regresar a su patria (Gn 31,11-13); cuando Dios autoriza a Jacob a bajar a Egipto (Gn 46,2-3); en la vocación de Moisés (Ex 3,2-10); en el sacrifico de Isaac (Gn 22,1-2); en la vocación de Samuel (1 Sm 3,4-14).

Utilizando este “diálogo” artificial, empleado oficialmente para estas ocasiones, Lucas quiso decir a sus lectores que Pablo realmente había conversado con Jesucristo camino a Damasco, y que no había sido una mera alucinación.

Pablo y nosotros

Siempre nos han resultado lejanos y misteriosos los personajes bíblicos, precisamente porque aparecen viviendo experiencias extrañas y especialísimas, que ningún cristiano normal vive hoy en día.

También Pablo, en cierto momento de su vida, experimentó un encuentro íntimo y especial con Jesús, que lo llevó a abandonar todo y a centrar su existencia únicamente en Cristo Resucitado. Fue una experiencia interior inefable, imposible de contar con palabras. Pero el autor bíblico la describe adornada con voces divinas, luces celestiales, caídas estrepitosas, ceguera, para exponer de algún modo lo que nadie es capaz de comunicar.

En realidad la experiencia paulina fue semejante a la de muchos de nosotros. Seguramente nuestra propia vocación cristiana fue también un encuentro grandioso con Jesús resucitado. Pero no oímos voces extrañas, ni vimos luces maravillosas. Y por eso no la solemos valorar. Y muchas veces languidece anémica en algún rincón de nuestra vida diaria.

Por eso hace bien reconocer que tampoco Pablo vio nada de aquello. Que no nos lleva ventaja alguna. Recordarlo, y pensar luego en la cantidad de veces que podemos experimentar a Jesús resucitado en nuestra vida, puede ser la ocasión para animarnos a hacer cosas mayores que las que hacemos ordinariamente. Como las que hizo Pablo.

Autor: Ariel Álvarez Valdés

+ SOBRE SAN PABLO  

Episodio de la conversión de san Pablo en la Biblia


La Biblia, en el capítulo 9 de los Hechos de los Apóstoles, narra así la conversión de san Pablo:

"Saulo, respirando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote y le pidió cartas de recomendación para las sinagogas de los judíos de Damasco, para que si encontraba algunos seguidores de Cristo, los pudiera llevar presos y encadenados a Jerusalén. Y sucedió que yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, de repente le rodeó una luz venida del cielo; cayó en tierra y oyó una voz que le decía: "Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues?". El respondió: ¿Quién eres tú Señor? Y oyó que le decían: "Yo soy Jesús a quien tú persigues. Pero ahora levántate; entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que tendrás que hacer".

Los hombres que iban con él se habían detenido mudos de espanto, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía los ojos abiertos no veía nada. Lo llevaron de la mano y lo hicieron entrar en Damasco. Pasó tres días sin comer y sin beber.

Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo en una visión: ¡Ananías! El respondió: "Aquí estoy Señor" y el Señor le dijo: "Levántate. Vete a la calle Recta y pregunta en la casa de Judas por uno de Tarso que se llama Saulo; mira: él está en oración y está viendo que un hombre llamado Ananías entra y le coloca las manos sobre la cabeza y le devuelve la vista. Respondió Ananías y dijo: "Señor, he oído a muchos hablar de ese hombre y de los males que ha causado a tus seguidores en Jerusalén, y que ha venido aquí con poderes de los Sumos Sacerdotes para llevar presos a todos los que creen en tu nombre". El Señor le respondió: "Vete, pues a éste lo he elegido como un instrumento para que lleve mi nombre ante los que no conocen la verdadera religión y ante los gobernantes y ante los hijos de Israel. Yo le mostraré todo lo que tendrá que padecer por mi nombre".

Fue Ananías. Entró en la casa. Le colocó sus manos sobre la cabeza y le dijo: "Hermano Saulo: me ha enviado a ti el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino por donde venías. Y me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo". Al instante se le cayeron de los ojos unas como escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado. Tomó alimento y recobró las fuerzas.

Estuvo algunos días con los discípulos de Damasco y enseguida se puso a predicar en favor de Jesús, en las sinagogas o casas de oración, y decía que Jesús es el Hijo de Dios. Todos los que lo escuchaban quedaban admirados y decían: ¿No es éste el que en Jerusalén perseguía tan violentamente a los que invocaban el nombre de Jesús? Y ¿No lo habían enviado los Sumos Sacerdotes con cartas de recomendación para que se llevara presos y encadenados a los que siguen esa religión? "Pero Saulo seguía predicando y demostraba a muchos que Jesús es el Mesías, el salvador del mundo".

Saulo se cambió el nombre por el de Pablo. En la carta a los Gálatas dice:

"Cuando Aquél que me llamó por su gracia me envió a que lo anunciara entre los que no conocían la verdadera religión, me fui a Arabia, luego volví a Damasco y después de tres años subí a Jerusalén para conocer a Pedro y a Santiago". Las Iglesias de Judea no me conocían pero decían: "El que antes nos perseguía, ahora anuncia la buena noticia de la fe, que antes quería destruir". Y glorificaban a Dios a causa de mí.

+ SOBRE SAN PABLO

25 de enero: FIESTA DE LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO (Lecturas)

Hechos 22,3-16
o también Hechos 9,1-22
Salmo 116,1.2: Id al mundo entero 
y proclamad el Evangelio
Marcos 16,15-18

Hechos de los Apóstoles 22,3-16

«Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel en la exacta observancia de la Ley de nuestros padres; estaba lleno de celo por Dios, como lo estáis todos vosotros el día de hoy. Yo perseguí a muerte a este Camino, encadenando y arrojando a la cárcel a hombres y mujeres, como puede atestiguármelo el sumo sacerdote y todo el consejo de ancianos. De ellos recibí también cartas para los hermanos de Damasco y me puse en camino con intención de traer también encadenados a Jerusalén a todos los que allí había, para que fueran castigados. «Pero yendo de camino, estando ya cerca de Damasco, hacia el mediodía, me envolvió de repente una gran luz venida del cielo; caí al suelo y oí una voz que me decía: 'Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?' Yo respondí: '¿Quién eres, Señor?' Y él a mí: 'Yo soy Jesús Nazoreo, a quien tú persigues.' Los que estaban vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba. Yo dije: '¿Qué he de hacer, Señor?' Y el Señor me respondió: 'Levántate y vete a Damasco; allí se te dirá todo lo que está establecido que hagas.' Como yo no veía, a causa del resplandor de aquella luz, conducido de la mano por mis compañeros llegué a Damasco. «Un tal Ananías, hombre piadoso según la Ley, bien acreditado por todos los judíos que habitaban allí, vino a verme, y presentándose ante mí me dijo: 'Saúl, hermano, recobra la vista.' Y en aquel momento le pude ver. Él me dijo: 'El Dios de nuestros padres te ha destinado para que conozcas su voluntad, veas al Justo y escuches la voz de sus labios, pues le has de ser testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído. Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre.'

o también Hechos de los Apóstoles 9,1-22

Saulo, que todavía respiraba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de traer encadenados a Jerusalén a los seguidores del Camino del Señor que encontrara, hombres o mujeres. Y mientras iba caminando, al acercarse a Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con su resplandor. Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" Él preguntó: "¿Quién eres tú, Señor?". "Yo soy Jesús, a quien tú persigues, le respondió la voz. Ahora levántate, y entra en la ciudad: allí te dirán qué debes hacer". Los que lo acompañaban quedaron sin palabra, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. Allí estuvo tres días sin ver, y sin comer ni beber. Vivía entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en una visión: "¡Ananías!" Él respondió: "Aquí estoy, Señor". El Señor le dijo: "Ve a la calle llamada Recta, y busca en casa de Judas a un tal Saulo de Tarso. Él está orando, y ha visto en una visión a un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para devolverle la vista". Ananías respondió: "Señor, oí decir a muchos que este hombre hizo un gran daño a tus santos en Jerusalén. Y ahora está aquí con plenos poderes de los jefes de los sacerdotes para llevar presos a todos los que invocan tu Nombre". El Señor le respondió: "Ve a buscarlo, porque es un instrumento elegido por mí para llevar mi Nombre a todas las naciones, a los reyes y al pueblo de Israel. Yo le haré ver cuánto tendrá que padecer por mi Nombre". Ananías fue a la casa, le impuso las manos y le dijo: "Saulo, hermano mío, el Señor Jesús —el mismo que se te apareció en el camino— me envió a ti para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo". En ese momento, cayeron de sus ojos una especie de escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado. Después comió algo y recobró sus fuerzas. Saulo permaneció algunos días con los discípulos que vivían en Damasco, y luego comenzó a predicar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios. Todos los que lo oían quedaban sorprendidos y decían: "¿No es este aquel mismo que perseguía en Jerusalén a los que invocan este Nombre, y que vino aquí para llevarlos presos ante los jefes de los sacerdotes?" Pero Saulo, cada vez con más vigor, confundía a los judíos que vivían en Damasco, demostrándoles que Jesús es realmente el Mesías.

Salmo 116,1.2: Id al mundo entero 
y proclamad el Evangelio

Alabad al Señor todas las naciones,
aclamadlo todos los pueblos.
R. Id al mundo entero 
y proclamad el Evangelio

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.
R. Id al mundo entero 
y proclamad el Evangelio

Marcos 16,15-18 

Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estos son los signos que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.»

jueves, 24 de enero de 2019

Cartel de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada 2019

24 de enero: San Francisco de Sales

"No nos enojemos en el camino unos contra otros", san Francisco de Sales


La vida de este «apóstol de la amabilidad», doctor de la Iglesia, es uno de los claros ejemplos de lucha sin cuartel contra el defecto dominante y muestra de que cuando se ama a Dios, con su gracia, todo es posible.

Nacido en el castillo de Sales, en Saboya, el 21 de agosto de 1567, fue conquistando la virtud día tras día. En ella condensaba la exquisita enseñanza evangélica que había recibido de su madre, excelente narradora de la fe que desmenuzó ante los ojos inquietos del niño. Heredó su paciencia y constancia, así como la elegancia en el trato.

Temiendo su padre que la influencia materna hiciera de él un hombre frágil, designó al riguroso y exigente padre Déage para ser su preceptor. El santo agradeció siempre sus enseñanzas y las acogió humildemente. Eso sí, determinó actuar con los demás de un modo distinto, allanándoles el camino y liberándoles del peso que encierra el perfeccionismo.

Al recibir la primera comunión en el colegio de Annecy con 8 años, estableció las consignas que seguiría su vida de entrega a Cristo: orar, visitar al Santísimo, ayudar a los pobres y leer vidas ejemplares. Procuró ser fiel a ellas hasta el fin de sus días.

Sentía ardientes deseos de consagrarse a Cristo, pero su padre lo envió a estudiar a París. Recibió educación en el colegio Clermont de los jesuitas, que combinaba con dos horas diarias de equitación, esgrima y baile, bajo la dirección del padre Déage, en un plan diseñado por él que incluía confesión y comunión semanal. Destacó en retórica, filosofía y teología. La determinación que tomó de consagrarse a la Santísima Virgen le ayudó a superar todas las pruebas que sufrió en esa época, manteniendo incólume su pureza. Sus modelos eran san Francisco de Asís y san Felipe Neri.

A los 18 años era manifiesta su inclinación a la ira. Y, consciente de ello, ponía todo su empeño en contenerla. Se dice que la sangre se agolpaba en sus mejillas en determinadas situaciones incómodas para él. Qué esfuerzos haría para someter este defecto que quienes le conocían, al ver su delicado trato, consideraban que estaba libre de esa tendencia y jamás podrían haber imaginado el combate interior que libraba. Experimentaba también una profunda angustia que le llevaba a pensar en su condenación. Esta idea se le clavó hondamente y trazó en su organismo las huellas de su inquietud: una suma delgadez y el temor por su razón. Le aterrorizaba saber que en el infierno no podría amar a Dios. Este desasosiego se disipó al recitar ante la Virgen la oración de san Bernardo «Acordaos…»,y también le ayudó a curar su orgullo.

En 1588 comenzó a estudiar derecho en Padua, como deseaba su padre, sin descuidar la teología que precisaba dominar para ser sacerdote. Aún seguía estrictamente el plan de vida que se trazó a los 8 años. Todos los días hacía su examen particular; tenía presente su defecto dominante: el mal genio, y veía si había actuado con la virtud contraria a esta tendencia. Oraba, meditaba, se proponía ser cada día más amable en su trato con los demás, con la prudencia debida, trayendo a su mente la presencia de Dios. Prosiguió defendiendo su vocación con paciencia y tesón hasta que logró vencer la férrea voluntad de su padre en cuyos planes no entraba la opción de entrega total a Dios, sino que esperaba que hubiera contraído matrimonio eligiendo esa otra forma de vida.

Finalmente, logró su deseo, y fue ordenado sacerdote. Lo destinaron a la costa sur del lago de Ginebra para luchar contra el protestantismo, y allí desplegó todas sus artes obteniendo numerosas conversiones. En esta compleja misión de Chablais tuvo que hacer acopio de paciencia y esperar confiadamente que en el árido corazón de las gentes germinase la semilla de la fe. El arma fue el amor, y así lo confió él mismo a santa Juana Chantal: «Yo he repetido con frecuencia que la mejor manera de predicar contra los herejes es el amor, aún sin decir una sola palabra de refutación contra sus doctrinas». En 1602 fue designado obispo de Ginebra, sucediendo en el gobierno de la diócesis al prelado Claudio de Granier. Fijada su residencia en Annecy, enseguida destacó por su generosidad, caridad y humildad.

Juana Chantal fue una de las incontables personas a las que dirigiría espiritualmente. La conoció en 1604 cuando predicaba un sermón de Cuaresma en Dijón. Con ella fundó la Congregación de la Visitación en 1610.

Como rector de almas no tenía precio. Era bondadoso y firme a la par. En su Introducción a la vida devota había hecho notar: «Quiero una piedad dulce, suave, agradable, apacible; en una palabra, una piedad franca y que se haga amar de Dios primeramente y después de los hombres».Acuñó esta conocida apreciación, surgida de su experiencia: «un santo triste es un triste santo».

A él se debe también la consigna escrita en su Tratado del Amor de Dios:«La medida del amor es amar sin medida». Preocupado por la genuina vivencia de la caridad evangélica había escrito:

«No nos enojemos en el camino unos contra otros». «Caminemos con nuestros hermanos y compañeros con dulzura, paz y amor; y te lo digo con toda claridad y sin excepción alguna: no te enojes jamás, si es posible; por ningún pretexto des en tu corazón entrada al enojo». Así había vivido: entregado a los demás; hecho ascua de amor.

Tras su muerte, acaecida en Lyon el 28 de diciembre de 1622, monseñor Camus manifestó que al extraerle la vesícula biliar hallaron nada menos que 33 piedras. Eso da idea del ímprobo esfuerzo que habría hecho el santo a lo largo de su vida para trocar en mansedumbre y dulzura un temperamento volcánico poderosamente inclinado al mal genio y a la cólera. Fue canonizado el 19 de abril de 1665 por Alejandro VII. Es patrón de los escritores y periodistas católicos.

Autora: Isabel Orellana Vilches

+ SOBRE SAN FRANCISCO DE SALES   

24 de Enero: San Francisco de Sales, por Celestino Hueso SF


Francisco nació en Sales de una familia noble y su modelo de vida fue san Francisco de Asís, como está mandado.

Ordenado sacerdote le tocó trabajar en territorio enemigo, en Ginebra, una zona calvinista, donde al principio fue rechazado como era de esperar y hubo de vivir en condiciones muy rudimentarias, sufriendo incluso, dos intentos de asesinato, pero creía firmemente que “la mejor manera de predicar a los herejes es el amor, aún sin decir una sola palabra de refutación de su doctrina” y con eso los fue ganando poco a poco para la Iglesia católica.

“Es que yo soy así. Éste es mi carácter y no lo puedo cambiar”. Esas dos frases las he oído decir infinidad de veces a personas que no están dispuestas a mover un dedo para mejorar. Francisco de Sales tenía su gran espina en la ira que quería dominarlo, pero él jamás se lo permitió y, de hecho pasará a la historia como un santo dulce y comprensivo con todos. Tuvo claro siempre que él no podía cambiar a nadie (ninguno podemos) pero sí se podía cambiar a sí mismo.

A Jesús no se le ocurrió decir jamás “Conviertan a los otros” lo que dijo más de un millón de veces fue “conviértanse”. Francisco se puso manos a la obra con oración y trabajo y lo consiguió.

Nombrado obispo de Ginebra siempre se mantuvo como un hombre sencillo y humilde.

En 1610 junto a santa Juana Chantal fundan la Orden de la Visitación para mujeres jóvenes y viudas que querían responder a la llamada de Dios con una vida santa pero sin tanta rigurosidad como en los monasterios.

Bueno, los Francisco y Paquita, si quieren, pueden celebrar hoy otra fiesta.

También pueden celebrar los Feliciano, Sabiniano, Babila, Urbano, Prilidiano, Epolonio y Exuperancio cuyas fiestas se celebran hoy.

+ SOBRE SAN FRANCISCO DE SALES  

Cristianos en una sociedad postcristiana y 2

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miércoles, 23 de enero de 2019

23 de enero: Desposorios de la Virgen María con San José

¿Qué son los desposorios?


Aunque la palabra desposorios hoy significa compromiso matrimonial (o la petición de mano), en tiempos bíblicos representaba un acuerdo que tenía incluso más peso legal que una boda de hoy. El evangelio explica que María estaba desposada con José, ¿qué eran los desposorios?

Normalmente los padres arreglaban los matrimonios y era su deber buscar el mejor partido para sus hijos. Eso incluía la elección de la novia; por tanto, el amor no era la base para el matrimonio.

La boda era una alianza o acuerdo entre los jefes de las dos familias. Cuando se completaba el acuerdo, la pareja estaba comprometida y se realizaba la ceremonia de compromiso formal y el padre de la novia daba su consentimiento diciéndole al yerno, como Saúl dijo a David: “Hoy serás mi yerno” ( 1ª de Samuel 18:21).

El rito de los desposorios se realizaba un año antes de la boda propiamente dicha. La pareja comprometida se consideraba ya marido y mujer; es por esto que el evangelista san Mateo los llama esposo y esposa; y se esperaba que fueran mutuamente fieles durante ese año.

Fuente: es.aleteia.org

+ SOBRE LOS DESPOSORIOS DE JOSÉ Y MARÍA  

Los anillos de bodas de José y María

La influencia de las narraciones apócrifas sobre el milagro de la elección de José, por una parte, y la iconografía de los desposorios por otra, contribuyeron a que la ceremonia de la boda, con anacronismos encantadores, divulgara la imagen de la imposición o entrega del anillo por san José a la esposa María virgen. Todo ello explica el hecho de que se conservaran y veneraran en lugares distintos cinco anillos nupciales al menos. La primacía numérica la detentó u ostentó Francia, con cuatro de las cinco joyas devocionales, sin embargo, el anillo más famoso se encuentra en Italia, más concretamente, en Perugia.

Francia 

Dos monasterios benedictinos poseían sendas alianzas: el borgoñón de Semur-en-Auxois que, según la tradición, fue donado por el que fuera patrono o encomendero del monasterio, el conde Gérard del Rosellón, a mediados del siglo VIII. El otro, más tardío, pertenecía a la abadía de Anchin, y se contaba que había sido transportado por los cruzados y donado por benefactores civiles y eclesiásticos en el siglo XIII.

Ya en el siglo XIV y comienzos del XV se veneraba en Notre Dame de Paris el par de anillos que se creía haber intercambiado los santos esposos en su boda. La fuente principal que lo transmite es, nada menos, Jean Gerson, que esgrime en prosa y verso esta prenda para afianzar su constante petición de una fiesta con misa y oficio de los desposorios de José y María. Lo suplicaba al poderoso e influyente duque de Berry en 1413 poniéndole de relieve el gran servicio que prestaría estableciendo la fiesta (que habría que colocar en tiempo litúrgico de Navidad) del “virginal matrimonio de San José y Nuestra Señora y el rezo del oficio” que él mismo había compuesto, y, además, todo ello en la iglesia de Notre Dame de Paris, “donde están los anillos del desposorio de la Virgen”. 

El anillo de Perugia, Italia 

Pero ninguno de los anillos franceses pudo competir con el que se conserva aún y se venera en la capilla de la catedral de San Lorenzo de Perugia. Puede decirse, incluso, que es la reliquia josefina por excelencia, la más enriquecida de gracias espirituales, con indulgencias; la más rica también en leyendas y en bibliografía, desde la más crédula a la más crítica y rigurosa.

No se conocen los orígenes del santo anillo, lo que sitúa la reliquia en el ámbito de la leyenda, que explica la llegada del santo anillo a Chiusi, su primera localización, en el siglo III gracias a la mártir santa Mustiola, patrona de Chiusi y que había recibido el santo obsequio de su marido, también mártir.

La otra versión habla de la presencia de la reliquia nupcial en Chiusi a principios del siglo XI. Un joyero local, Rainerio o Ainero, la había recibido en Roma de un judío, con el ruego de que la venerase como merecía, condición que no cumplió Rainerio con aquella joya, que dejó semiolvidada en la iglesia de Santa Mustiola.

Hasta que a eso de los diez años, el hijo de Rainerio murió y fue conducido a la iglesia de Santa Mustiola. Allí, estando en el túmulo, resucitó para reprochar públicamente al padre su pecado de descuido, y, tras haber recibido la seguridad de reparación de la culpa, murió otra vez plácidamente. Y comenzaron los milagros ya en aquella misma ocasión con un repique de campanas sin que nadie las tañera. Siguieron con castigos a alguien que no respetó al santo anillo y, según narran los cronistas de Chiusi conducidos por la fantasía, se multiplicaron sin cesar en lo sucesivo.

La fama de los milagros despertó las rivalidades. Y a mediados del siglo XIV, con la excusa de que la iglesia de Santa Mustiola, extramuros y regida por canónigos regulares, resultaba insegura para tal tesoro, la reliquia se depositó en la catedral. Fue una decisión de la autoridad civil y los pleitos que siguieron entre los canónigos de ambas iglesias condujeron a que el obispo de Chiusi decidiera que el anillo fuera depositado en una iglesia neutral: la urbana de los pobres franciscanos conventuales.

Allí estaba, cuando se hizo presente otro de los elementos habituales en la historia y en el tráfico de las reliquias: el hurto sacro, revestido casi siempre con ropajes de intervenciones sobrenaturales para justificar la nueva propiedad. Lo cierto fue que uno de los frailes del convento de San Francisco, se dijo que llamado fray Winter, de Maguncia, sustrajo la reliquia. Lo que ya no es tan seguro si, tal y como confesaría el fraile, la robó con el objetivo de llevarla a su tierra alemana o, comprado por las autoridades perusinas que se lo pagaron con generosidad, llana y sencillamente para entregar el tesoro a la ciudad de Perugia.

La justificación se fabricaría por parte de la ciudad con la tradición de que cuando el fraile ladrón se encaminaba hacia Alemania, justo allí, junto a Perugia, le sorprendió una niebla tan densa y tan duradera, que le impidió continuar y se vio obligado a entregar la preciosa prenda al gobierno urbano de la ciudad. Por supuesto, el común de Perugia lo acogió gozosamente y lo encerró en un arca fortísimo y con muchas llaves. Y se depositó en la catedral de San Lorenzo.

Como era de esperar, las dos ciudades se enzarzaron en una guerra que no se limitaba a la confrontación legal sino que llegaba también a expresiones más violentas.

Sixto IV, a quien recurrieron desde Chiusi, decidió contra Perugia; pero el sucesor, Inocencio VIII, que necesitaba ganarse el favor de la ciudad, dirimió el conflicto a favor de Perugia. Para celebrarlo, en 1487 predicó el franciscano fray Bernardino de Feltre. Fueron tan arrebatadas y fundadas sus palabras, que animó a las autoridades a honrar la milagrosa reliquia con la edificación de una capilla dedicada al santo anillo y a fundar lo que sería el alma alentadora del culto y de la veneración: la Cofradía del Santo Anillo. Capilla propia en la catedral, cofradía responsable, interés del municipio, todo ello ha influido de manera decisiva en la devoción a una reliquia simpática, no cabe duda.

Por lo que se refiere a los milagros, las crónicas y los escritos apologéticos dan buena cuenta tanto de los prodigios atribuidos a la mediación de la reliquia como a su fama de proteger a las esposas embarazadas, a las familias en cualquier necesidad. Favores que podrían obtener no sólo a los peregrinos a su capilla sino también quienes disfrutasen de alguna copia (que solía ser también de piedra) del santo anillo de Perugia.

La veracidad de la reliquia sería cuestionada por los críticos desde que en el siglo XVII la historiografía se hiciera más rigurosa y aventurase los criterios de autenticidad característicos de los ilustrados del siglo XVIII. Con este motivo, el cardenal Lambertini esgrime un principio muy válido de hermenéutica historiográfica: “en estas cosas no hay que reclamar más que la probabilidad ni de este anillo hay que aseverar nada de manera firmísima sino, y solamente, creer piadosamente lo que es tradición”. La crítica sensata llegaría precisamente de este papa ilustrado. Al tratar de las fiestas marianas, concretamente y en primer lugar de la de los Desposorios de la Virgen con san José, termina hablando de la reliquia del santo anillo. Alude a los que la atacan y también a los excesivamente crédulos, y manifiesta su punto de vista:

“Pero nosotros, con la debida veneración hacia esta reliquia, advertimos con la mejor voluntad a quienes lean esas cosas que no se crean que por las actas de Sixto IV y de Inocencio VIII la Sede Apostólica ha juzgado como genuino este anillo santo. Porque ambos pontífices trataban solamente de si el anillo sagrado debía adjudicarse al pueblo de Chiusi o al de Perugia; y a pesar de que en aquel juicio se presumía la verdad del anillo, ¿quién hay que ignore que una cosa es presumir y otra el definir y declarar?”

La devoción y la leyenda, de artes como el teatro, o del turismo, han popularizado esta reliquia, mimada por la ciudad que la posee. Por si fuera poco, la iconografía, concretamente la pintura, ha sido otro factor de propaganda del santo anillo. Nos referimos al cuadro de los Desposorios, la tabla encargada por los magistrados y oligarquías urbanas de Perugia nada más recibir el refrendo pontificio de la reliquia en su posesión (1486).

Los desposorios de José y María
por Pietro Perugino

Después de avatares diversos, fue el maestro Perugino quien lo pintó, y en la capilla del santo anillo permanecería desde 1504 hasta que los franceses en 1797 lo expoliaran y lo llevaran a Francia (hoy se encuentra el cuadro en Caen). Tanto los Desposorios de Perugino como los coetáneos de su discípulo Rafael de Urbino, sitúan en el centro de la escena nupcial la entrega del anillo de José a María.

Fuente: catholic.net

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