Desideria es el nombre de uno de los personajes creados por San Jose Manyanet (1833-1901) para ilustrar su espiritualidad y su pensamiento. Desideria puede ser un hombre o una mujer, una persona joven o adulta. Pero Desideria es, ante todo, un espiritu ingenuo, inquieto e infantil, cuyo deseo de aprender y ser feliz parece no tener limites.
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sábado, 21 de septiembre de 2024
lunes, 9 de septiembre de 2024
Lucas 6,12-19: Elección de los Doce
Lucas 6,12-19
En aquel tiempo, subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al que se puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, apodado el Celotes, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor. Bajó del monte con ellos y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.
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jueves, 25 de julio de 2024
viernes, 28 de junio de 2024
viernes, 3 de mayo de 2024
3 de mayo: FIESTA DE SAN FELIPE Y SANTIAGO, Apóstoles, por el papa Francisco
I Corintios 15,1-8
Salmo 18: A toda la tierra alcanza su pregón
Juan 14,6-14
I Corintios 15,1-8
Salmo 18: A toda la tierra alcanza su pregón
El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.
R. A toda la tierra alcanza su pregón
Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón,
y hasta los límites del orbe su lenguaje.
R. A toda la tierra alcanza su pregón
Juan 14,6-14
En aquel tiempo, dijo Jesús a Tomás: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto." Felipe le dice: "Señor, muéstranos a] Padre y nos basta." Jesús le replica: "Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí.. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré."
ENSEÑAR LA FE CON VALENTIA
Comentario del papa Francisco (3 de mayo del 2013)
Todos los cristianos tienen el deber de transmitir la fe con valentía. Fue la exhortación del papa Francisco a los fieles presentes en la misa diaria celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta, donde reside desde su elección al solio de Pedro.
Según informa Radio Vaticana, el santo padre indicó que es Jesús el que nos invita a tener coraje, incluso en la oración, e instó a los cristianos a no ser "tibios".
Todos nosotros los cristianos, que hemos recibido la fe, tenemos que transmitirla, proclamarla con nuestra vida, con nuestra palabra.
¿Pero cuál es esta fe fundamental?, se preguntó Francisco. “Es la fe en Jesús resucitado, en Jesús que ha perdonado nuestros pecados con su muerte y nos ha reconciliado con el Padre".
"Y transmitir esto –-prosiguió--, nos exige ser valientes: el valor de transmitir la fe. Una valentía, a veces, simple. Recuerdo una historia personal: desde niño, mi abuela nos llevaba cada Viernes Santo a la procesión de las Velas y al final de la procesión llegaba el Cristo yacente y la abuela nos hacía arrodillarnos y nos decía a los niños: “Miren, está muerto, pero mañana habrá resucitado”. La fe se introduce así: la fe en Cristo crucificado y resucitado. En la historia de la Iglesia fueron muchas, muchas las personas que han querido, un poco, desaparecer esta certeza firme y hablan de una resurrección espiritual. No, ¡Cristo está vivo!".
"Cristo está vivo" y está "¡vivo también entre nosotros!", reiteró Francisco, quien a la vez exhortó a los cristianos a tener el valor de proclamar su resurrección, la Buena Nueva.
Pero también hay otro valor que Jesús nos pide: "Jesús --por decirlo un poco fuerte--, nos desafía a la oración y dice así: "Todo lo que pidan en mi nombre, yo lo haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo". Si piden algo en mi nombre, yo lo haré... ¡Esto es fuerte! Nos atrevemos a ir donde Jesús y pedirle así: "Pero tú has dicho esto, ¡hazlo! Haz que la fe crezca, haz a que la evangelización siga adelante, haz que este problema que tengo se resuelva. ¿Tenemos este valor en la oración? ¿O rezamos un poco no más, así, como se pueda, pasando poco tiempo en la oración? Si no con valor, con franqueza incluso en la oración..."
El papa recordó que, como leemos en la Biblia, Abraham y Moisés tuvieron el valor de "negociar con el Señor". Una valentía “en favor de los otros, a favor de la Iglesia", que sirve también hoy:
"Cuando la Iglesia pierde la valentía, entra en la Iglesia la atmósfera de la tibieza. Los tibios, los cristianos tibios, sin valor... Eso le hace tanto mal a la Iglesia, porque la tibieza te encierra, empiezan los problemas entre nosotros; no tenemos horizontes, no tenemos valor, ni el valor de la oración hacia el cielo, ni el valor para anunciar el evangelio. Somos tibios... Pero tenemos el coraje de encerrarnos en nuestras pequeñas cosas, en nuestros celos, en nuestras envidias, en el arribismo, en avanzar de manera egoísta..."
Y finalizó diciendo: "Todas estas cosas no son buenas para la Iglesia: ¡la Iglesia tiene que ser valiente! Todos tenemos que ser valientes en la oración, desafiando a Jesús".
miércoles, 27 de diciembre de 2023
viernes, 17 de noviembre de 2023
18 de noviembre: Dedicación de las Basílicas de San Pedro y San Pablo
El 18 de noviembre la Iglesia celebra la dedicación de las Basílicas de San Pedro y San Pablo, templos en Roma que contienen los restos de estos dos grandes apóstoles del cristianismo, símbolos de la fraternidad y de la unidad de la Iglesia.
Según la tradición, el martirio de san Pedro tuvo lugar en los jardines de Nerón en el Vaticano, donde se construyó el Circo de Calígula y se afirma que fue sepultado cerca de ahí. Algunos autores sostienen que en el 258 se trasladaron temporalmente las reliquias de San Pedro y San Pablo a una catacumba poco conocida llamada San Sebastián a fin de evitar una profanación, pero años después las reliquias fueron trasladadas al lugar en que se hallaban antes.
La Basílica de San Pedro en el Vaticano fue construida sobre la tumba del Apóstol. En el año 323 el emperador Constantino mandó a construir ahí la Basílica dedicada al que fue el primer Papa de la Iglesia.
En 1506, el papa Julio II inauguró la nueva basílica proyectada por Bramante. Rafael, Miguel Ángel y Bernini, famosos artistas de la época, trabajaron en ella plasmando lo mejor de su arte. La construcción duró 120 años. La actual Basílica de San Pedro se empezó con el papa Nicolás V en el 1454 y fue terminada por el papa Urbano VIII, quien la consagró un 18 de noviembre de 1626. Fecha que coincide con la consagración de la antigua Basílica. El altar mayor fue construido sobre el sepulcro de Pedro.
La Basílica de San Pedro mide 212 metros de largo, 140 de ancho y 133 metros de altura en su cúpula. No hay templo en el mundo que le iguale en extensión.
El martirio de san Pablo tuvo lugar a unos 11 kilómetros del de san Pedro, en Aquae Salviae (actualmente Tre Fontane), en la Vía Ostiense. El cadáver fue sepultado a tres kilómetros de ahí, en la propiedad de una dama llamada Lucina.
La gran Iglesia de San Pablo Extramuros fue construida principalmente por el emperador Teodosio I y el papa León Magno. En 1823 fue consumida por un incendio. Se reconstruyó, haciendo una imitación de la anterior y fue consagrada por el papa Pío IX el 10 de diciembre de 1854.
La Basílica de San Pablo Extramuros es, después de San Pedro, el templo más grande de Roma. Bajo las ventanas de la nave central y en las naves laterales se encuentran los retratos en mosaico de todos los Papas desde San Pedro hasta el actual, el Papa Francisco.
La Basílica de San Pedro en el Vaticano fue construida sobre la tumba del Apóstol. En el año 323 el emperador Constantino mandó a construir ahí la Basílica dedicada al que fue el primer Papa de la Iglesia.
En 1506, el papa Julio II inauguró la nueva basílica proyectada por Bramante. Rafael, Miguel Ángel y Bernini, famosos artistas de la época, trabajaron en ella plasmando lo mejor de su arte. La construcción duró 120 años. La actual Basílica de San Pedro se empezó con el papa Nicolás V en el 1454 y fue terminada por el papa Urbano VIII, quien la consagró un 18 de noviembre de 1626. Fecha que coincide con la consagración de la antigua Basílica. El altar mayor fue construido sobre el sepulcro de Pedro.
La Basílica de San Pedro mide 212 metros de largo, 140 de ancho y 133 metros de altura en su cúpula. No hay templo en el mundo que le iguale en extensión.
La gran Iglesia de San Pablo Extramuros fue construida principalmente por el emperador Teodosio I y el papa León Magno. En 1823 fue consumida por un incendio. Se reconstruyó, haciendo una imitación de la anterior y fue consagrada por el papa Pío IX el 10 de diciembre de 1854.
La Basílica de San Pablo Extramuros es, después de San Pedro, el templo más grande de Roma. Bajo las ventanas de la nave central y en las naves laterales se encuentran los retratos en mosaico de todos los Papas desde San Pedro hasta el actual, el Papa Francisco.
jueves, 12 de octubre de 2023
jueves, 24 de agosto de 2023
24 de agosto: San Bartolome, Apóstol
El nombre Bartholomaios procede del patronímico arameo bar-Tôlmay, "hijo de Tôlmay" o "hijo de Ptolomeo".
— Bartolomé, Natanael
Es mencionado en los tres de evangelios sinópticos siempre en compañía de Felipe (Mateo 10:3; Marcos 3:18; Lucas 6:14) y en los Hechos de los Apóstoles (1:13). Muchos autores creen que el personaje que el evangelista Juan llama Natanael (Juan 1:45-51; 21:2), es el mismo que otros evangelistas llaman Bartolomé porque Mateo, Lucas y Marcos cuando nombran al apóstol Felipe le colocan siempre como compañero a Natanael. Natanael significa "regalo de Dios".
- Bartolomé no aparece en el evangelio de Juan mientras que Natanael no es mencionado en los sinópticos.
- Los nombres Bartolomé y Felipe están emparejados en el evangelio de Mateo y Lucas. En el evangelio de Marcos, Felipe y Bartolomé están juntos. Todo ello concuerda con el evangelio de Juan, que dice que Felipe era amigo de Natanael y le presentó a Jesús.
- La llamada de Natanael parece una llamada al apostolado.
- Natanael era de Galilea donde Jesús encontró a la mayoría sino a todos los doce Apóstoles.
- En la aparición de Jesús en la orilla del mar de Tiberias, Natanael está presente junto con algunos apóstoles que son nombrados y dos no nombrados discípulos de Jesús, que eran probablemente apóstoles (la palabra "apóstol" no se encuentra en el cuarto Evangelio y "discípulo" de Jesús ordinariamente significa apóstol).
Sin embargo, esta cadena de evidencias es circunstancial. Natanael puede haber sido otra persona en la cual el autor del cuarto evangelio pudo haber estado muy interesado, como lo hizo con Nicodemo, quien tampoco aparece en los sinópticos.
— Bartolome en los escritos de Eusebio
Nadie menciona a Bartolomé en la literatura eclesiástica antes que Eusebio, quien cuenta que Pantaenus, evangelizando en la India, supo que un apóstol ya había evangelizado allí antes y le había dado a sus convertidos el Evangelio de Mateo escrito en hebreo, que todavía era atesorado por la Iglesia. India era un nombre que cubría una vasta área, incluida Arabia Felix.
La tradición armenia le atribuye también la predicación del cristianismo en el país caucásico, junto a san Judas Tadeo. Ambos son considerados patrones de la Iglesia Apostólica Armenia por ser los primeros en fundar el cristianismo en Armenia.
Otras tradiciones representan a Bartolomé como predicador en Mesopotamia, Persia, Egipto, Lycaonia, Phrygia, y en las orillas del Mar Negro.
— Martirio y muerte
Su muerte, se dice que fue en Albanopolis en Armenia. Algunos testimonios dicen que fue decapitado, otros que fue desollado vivo y luego crucificado, con la cabeza hacia abajo, por ordenes de Astyages, porque Bartolomé había convertido a su hermano Polymus, rey de Armenia.
Según san Doroteo, fue crucificado. He aquí las propias palabras de este santo: "San Bartolomé dio a conocer el evangelio de san Mateo a los indios, predicándoles en la lengua que ellos hablaban, y murió crucificado cabeza abajo, en Albana, ciudad de la extensa región de Armenia". San Teodoro afirma que fue desollado. En cambio, en otros muchos libros se lee que este apóstol fue decapitado.
Sgún una tradición, fue enterrado en la isla de Lipara y más tarde trasladado a Benevento, Italia y después a Roma donde ahora están en la Iglesia de San Bartolomé, en la "Isola San Bartolomeo" del río Tiber. Se dice que la Reina Emma, la esposa del Rey Canute entregó uno de sus brazos a Canterbury en el siglo XI.
— En el Martirologio Romano
El Martirologio Romano resume la vida del santo: "San Bartolomé predicó el evangelio en la India. Después pasó a Armenia y allí convirtió a muchas gentes. Los enemigos de nuestra religión lo martirizaron quitándole la piel y después le cortaron la cabeza".
Su fiesta es celebrada el 24 de agosto. El 11 de junio los griegos, coptos y sirios; el 8 de diciembre los armenios.
Un evangelio apócrifo de Bartolomé existió en los primeros años.
— En el arte
La imagen más conocida de Bartolomé en la historia del Arte es la representación del santo cuando sufre martirio, siendo desollado, sobre un potro o atado a un árbol. También se le ha representado obrando milagros: resucitando a los hijos del rey Polimio y liberando a su hija poseída por el demonio. A veces aparece siendo flagelado.
Tambien es representado con un gran cuchillo en alusión a su martirio: desollado vivo. Por esta razón es el patrón de los curtidores. Aparece también mostrando su piel cogida en el brazo como si se tratara de una prenda de vestir. En la época Barroca es común verlo representado como apóstol, con largo manto blanco, asiendo las escrituras y mostrando el cuchillo.
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DUOMO DE MILAN |
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JOSE RIBERA |
— Patrono
San Bartolomé es patrón de los curtidores, carniceros, fabricantes de libros, guantes, pieles, zapateros, sastres, mercaderes de queso, viñadores, albañiles y otros. Se le invoca contra desórdenes nerviosos.
24 de agosto: San Bartolomé, apóstol (Lecturas)
Apocalipsis 21,9b-14
Salmo 144: Que tus fieles, Señor,
proclamen la gloria de tu reinado
Juan 1,45-51
Apocalipsis 21,9b-14
El ángel me habló así: «Ven acá, voy a mostrarte a la novia, a la esposa del Cordero.» Me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios. Brillaba como una piedra preciosa, como jaspe traslúcido. Tenía una muralla grande y alta y doce puertas custodiadas por doce ángeles, con doce nombres grabados: los nombres de las tribus de Israel. A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, y a occidente tres puertas. La muralla tenía doce basamentos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero.
Salmo 144,10-11.12-13ab.17-18
Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas.
R. Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado
Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y la majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad.
R. Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.
R. Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado
En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice:
— Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.
Natanael le replicó:
— ¿De Nazaret puede salir algo bueno?
Felipe le contestó:
— Ven y verás.
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
— Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.
Natanael le contesta:
— ¿De qué me conoces?
Jesús le responde:
— Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.
Natanael respondió:
— Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.
Jesús le contestó:
— ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has ver cosas mayores.
Y le añadió:
— Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.
sábado, 22 de julio de 2023
María Magdalena, "apóstol de los apóstoles" (L´Osservatore Romano)
María Magdalena es una de las figuras femeninas más intrigantes para quien lee las Escrituras. Lo escribe Enzo Bianchi añadiendo que está presente en todos los evangelios junto a las otras discípulas de Jesús, mujeres de Galilea, es san Juan quien subraya su papel como mujer cercana al Señor y primer testigo de su resurrección.
Es significativo que en el cuarto evangelio aparezca junto a la cruz con la madre de Jesús, la hermana de la madre, María de Cleofás, y el discípulo amado del Señor. En la hora de Jesús, en la hora de la elevación del Hijo del hombre (cf. Jn 3,14;8,28) y su glorificación (cf. Jn 12,23), bajo la cruz se hallan presentes los amigos del Señor, los que están unidos a él por el amor y ahora han sido llamados para ser la comunidad de Jesús, con la escandalosa ausencia de todos los discípulos, menos uno.
Ahora María Magdalena está ahí, bajo la cruz, en la hora extrema de la vida de Jesús (cf. Jn 19,25), mientras los demás discípulos han huido, abandonándolo. Precisamente ella y el discípulo amado son los únicos testigos de la muerte de Jesús y su resurrección.
En la cruz no dice nada y no hace nada, pero el tercer día después de la muerte, es decir, el primer día de la semana judía, de madrugada, cuando aún estaba oscuro, María va al sepulcro (cf. Jn 20,1-2.11-18). Según el cuarto evangelista, la suya es una iniciativa personal, pero en realidad el hecho de ir a la tumba, como figura típica y ejemplar, también representa a las demás mujeres que, según los evangelios sinópticos, también fueron con ella; por eso habla en plural, también en su nombre: «No sabemos dónde le han puesto».
Sin embargo hay que reconocer que, si es verdad que María Magdalena se ha ganado en Oriente el título de «isapóstolos», es decir, «igual que un apóstol», y en Occidente el de «apóstol de los apóstoles», en realidad nunca se le ha reconocido ningún valor eclesial, ni ninguna calidad ministerial.
Nos hallamos muy lejos de habernos tomado en serio las palabras de Rabano Mauro, un monje y obispo que vivió entre los siglos VIII y IX, el cual, en su biografía de María de Magdala (Vida de santa María Magdalena, 26-27), comenta la aparición a María de Jesús resucitado, subrayando que este hecho le confiere a esta mujer discípula una función decisiva en la Iglesia:
«María cree en el Cristo, encontrando su fe en él al escuchar la deseada voz del Señor, y con su presencia tan deseada (...) Creyó firmemente que el Cristo, hijo de Dios, que ella vio resucitado, era el verdadero Dios, aquel que ella había amado cuando estaba vivo; que verdaderamente había resucitado de entre los muertos, aquel al que había visto morir (...) El Salvador, convencido de que el de María era un purísimo amor, (...) la eligió apóstol de su ascensión (...) como poco antes la había erigido en evangelista de la resurrección (...) Ella, elevada a tan alta dignidad de honor y de gracia por el mismo hijo de Dios y salvador nuestro, (...) no dudó en ejercer el ministerio de apóstol con el cual había sido honrada (...) María, con sus co-apóstoles, anunció el Evangelio de la resurrección de Cristo con las palabras: «He visto al Señor» (Jn, 20, 18), y profetizó su ascensión con las palabras: «Subo a mi Padre y vuestro Padre» (Jn, 20, 17)».
Es significativo que en el cuarto evangelio aparezca junto a la cruz con la madre de Jesús, la hermana de la madre, María de Cleofás, y el discípulo amado del Señor. En la hora de Jesús, en la hora de la elevación del Hijo del hombre (cf. Jn 3,14;8,28) y su glorificación (cf. Jn 12,23), bajo la cruz se hallan presentes los amigos del Señor, los que están unidos a él por el amor y ahora han sido llamados para ser la comunidad de Jesús, con la escandalosa ausencia de todos los discípulos, menos uno.
Ahora María Magdalena está ahí, bajo la cruz, en la hora extrema de la vida de Jesús (cf. Jn 19,25), mientras los demás discípulos han huido, abandonándolo. Precisamente ella y el discípulo amado son los únicos testigos de la muerte de Jesús y su resurrección.
En la cruz no dice nada y no hace nada, pero el tercer día después de la muerte, es decir, el primer día de la semana judía, de madrugada, cuando aún estaba oscuro, María va al sepulcro (cf. Jn 20,1-2.11-18). Según el cuarto evangelista, la suya es una iniciativa personal, pero en realidad el hecho de ir a la tumba, como figura típica y ejemplar, también representa a las demás mujeres que, según los evangelios sinópticos, también fueron con ella; por eso habla en plural, también en su nombre: «No sabemos dónde le han puesto».
Sin embargo hay que reconocer que, si es verdad que María Magdalena se ha ganado en Oriente el título de «isapóstolos», es decir, «igual que un apóstol», y en Occidente el de «apóstol de los apóstoles», en realidad nunca se le ha reconocido ningún valor eclesial, ni ninguna calidad ministerial.
Nos hallamos muy lejos de habernos tomado en serio las palabras de Rabano Mauro, un monje y obispo que vivió entre los siglos VIII y IX, el cual, en su biografía de María de Magdala (Vida de santa María Magdalena, 26-27), comenta la aparición a María de Jesús resucitado, subrayando que este hecho le confiere a esta mujer discípula una función decisiva en la Iglesia:
«María cree en el Cristo, encontrando su fe en él al escuchar la deseada voz del Señor, y con su presencia tan deseada (...) Creyó firmemente que el Cristo, hijo de Dios, que ella vio resucitado, era el verdadero Dios, aquel que ella había amado cuando estaba vivo; que verdaderamente había resucitado de entre los muertos, aquel al que había visto morir (...) El Salvador, convencido de que el de María era un purísimo amor, (...) la eligió apóstol de su ascensión (...) como poco antes la había erigido en evangelista de la resurrección (...) Ella, elevada a tan alta dignidad de honor y de gracia por el mismo hijo de Dios y salvador nuestro, (...) no dudó en ejercer el ministerio de apóstol con el cual había sido honrada (...) María, con sus co-apóstoles, anunció el Evangelio de la resurrección de Cristo con las palabras: «He visto al Señor» (Jn, 20, 18), y profetizó su ascensión con las palabras: «Subo a mi Padre y vuestro Padre» (Jn, 20, 17)».
lunes, 3 de julio de 2023
ARTE/ La incredulidad de Santo Tomas (1601-1602), por Caravaggio
Autor:Caravaggio
Fecha:1601-02
Museo:Neues Palais
Características:107 x 146 cm.
Material:Oleo sobre lienzo
Estilo:Barroco Italiano
La obra nos muestra el momento en que Cristo Resucitado se ha aparecido a sus discípulos, pero Tomás aún no cree en su identidad, por lo que Cristo mete uno de sus dedos en la llaga del costado.
Este hecho, que podría parecer exageradamente prosaico, es la mayor prueba física del reconocimiento de Cristo, la definitiva demostración de su regreso desde el reino de los muertos.
Caravaggio ha ejecutado una composición que converge completamente en el punto de la llaga con el dedo metido, de tal modo que la atención de los personajes del lienzo y la de los espectadores contemporáneos se ve irremisiblemente atraída por esta "prueba" física.
El habitual naturalismo descarnado de Caravaggio se vuelve aquí casi de sentido científico: la luz fría cae en fogonazos irregulares sobre las figuras, iluminando el cuerpo de Cristo con un tono amarillento, que le hace aparecer como un cadáver, envuelto aún en el sudario (no es una túnica). El pecho todavía está hundido y pareciera que la muerte se resiste a dejarlo marchar al mundo de los vivos, manteniendo sus huellas en el cuerpo de Jesús.
Benedicto XVI sobre el apóstol Tomás
Queridos hermanos y hermanas:
Prosiguiendo nuestros encuentros con los doce Apóstoles elegidos directamente por Jesús, hoy dedicamos nuestra atención a Tomás. Siempre presente en las cuatro listas del Nuevo Testamento, es presentado en los tres primeros evangelios junto a Mateo (cf. Mt 10,3; Mc 3,18; Lc 6,15), mientras que en los Hechos de los Apóstoles aparece junto a Felipe (cf. Hch 1,13).
Su nombre deriva de una raíz hebrea, «ta'am», que significa «mellizo». De hecho, el evangelio de san Juan lo llama a veces con el apodo de «Dídimo» (cf. Jn 11,16; 20,24; 21,2), que en griego quiere decir precisamente «mellizo». No se conoce el motivo de este apelativo.
El cuarto evangelio, sobre todo, nos ofrece algunos rasgos significativos de su personalidad. El primero es la exhortación que hizo a los demás apóstoles cuando Jesús, en un momento crítico de su vida, decidió ir a Betania para resucitar a Lázaro, acercándose así de manera peligrosa a Jerusalén (cf. Mc 10, 32). En esa ocasión Tomás dijo a sus condiscípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él» (Jn 11, 16). Esta determinación para seguir al Maestro es verdaderamente ejemplar y nos da una lección valiosa: revela la total disponibilidad a seguir a Jesús hasta identificar su propia suerte con la de él y querer compartir con él la prueba suprema de la muerte.
En efecto, lo más importante es no alejarse nunca de Jesús. Por otra parte, cuando los evangelios utilizan el verbo «seguir», quieren dar a entender que adonde se dirige él tiene que ir también su discípulo. De este modo, la vida cristiana se define como una vida con Jesucristo, una vida que hay que pasar juntamente con él. San Pablo escribe algo parecido cuando tranquiliza a los cristianos de Corinto con estas palabras: «En vida y muerte estáis unidos en mi corazón» (2 Co 7, 3). Obviamente, la relación que existe entre el Apóstol y sus cristianos es la misma que tiene que existir entre los cristianos y Jesús: morir juntos, vivir juntos, estar en su corazón como él está en el nuestro.
Una segunda intervención de Tomás se registra en la última Cena. En aquella ocasión, Jesús, prediciendo su muerte inminente, anuncia que irá a preparar un lugar para los discípulos a fin de que también ellos estén donde él se encuentre; y especifica: «Y adonde yo voy sabéis el camino» (Jn 14,4). Entonces Tomás interviene diciendo: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» (Jn 14, 5). En realidad, al decir esto se sitúa en un nivel de comprensión más bien bajo; pero esas palabras ofrecen a Jesús la ocasión para pronunciar la célebre definición: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6).
Por tanto, es en primer lugar a Tomás a quien se hace esta revelación, pero vale para todos nosotros y para todos los tiempos. Cada vez que escuchamos o leemos estas palabras, podemos ponernos con el pensamiento junto a Tomás e imaginar que el Señor también habla con nosotros como habló con él.
Al mismo tiempo, su pregunta también nos da el derecho, por decirlo así, de pedir aclaraciones a Jesús. Con frecuencia no lo comprendemos. Debemos tener el valor de decirle: no te entiendo, Señor, escúchame, ayúdame a comprender. De este modo, con esta sinceridad, que es el modo auténtico de orar, de hablar con Jesús, manifestamos nuestra escasa capacidad para comprender, pero al mismo tiempo asumimos la actitud de confianza de quien espera luz y fuerza de quien puede darlas.
Luego, es muy conocida, incluso es proverbial, la escena de la incredulidad de Tomás, que tuvo lugar ocho días después de la Pascua. En un primer momento, no había creído que Jesús se había aparecido en su ausencia, y había dicho: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré» (Jn 20, 25). En el fondo, estas palabras ponen de manifiesto la convicción de que a Jesús ya no se le debe reconocer por el rostro, sino más bien por las llagas. Tomás considera que los signos distintivos de la identidad de Jesús son ahora sobre todo las llagas, en las que se revela hasta qué punto nos ha amado. En esto el apóstol no se equivoca.
Como sabemos, ocho días después, Jesús vuelve a aparecerse a sus discípulos y en esta ocasión Tomás está presente. Y Jesús lo interpela: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente» (Jn 20, 27). Tomás reacciona con la profesión de fe más espléndida del Nuevo Testamento: «Señor mío y Dios mío» (Jn 20, 28). A este respecto, san Agustín comenta: Tomás «veía y tocaba al hombre, pero confesaba su fe en Dios, a quien ni veía ni tocaba. Pero lo que veía y tocaba lo llevaba a creer en lo que hasta entonces había dudado» (In Iohann. 121, 5). El evangelista prosigue con una última frase de Jesús dirigida a Tomás: «Porque me has visto has creído. Bienaventurados los que crean sin haber visto» (Jn 20,29).
Esta frase puede ponerse también en presente: «Bienaventurados los que no ven y creen». En todo caso, Jesús enuncia aquí un principio fundamental para los cristianos que vendrán después de Tomás, es decir, para todos nosotros. Es interesante observar cómo otro Tomás, el gran teólogo medieval de Aquino, une esta bienaventuranza con otra referida por san Lucas que parece opuesta: «Bienaventurados los ojos que ven lo que veis» (Lc 10,23). Pero el Aquinate comenta: «Tiene mucho más mérito quien cree sin ver que quien cree viendo» (In Johann. XX, lectio VI, § 2566).
En efecto, la carta a los Hebreos, recordando toda la serie de los antiguos patriarcas bíblicos, que creyeron en Dios sin ver el cumplimiento de sus promesas, define la fe como «garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven» (Hb 11,1).
El caso del apóstol Tomás es importante para nosotros al menos por tres motivos: primero, porque nos conforta en nuestras inseguridades; en segundo lugar, porque nos demuestra que toda duda puede tener un final luminoso más allá de toda incertidumbre; y, por último, porque las palabras que le dirigió Jesús nos recuerdan el auténtico sentido de la fe madura y nos alientan a continuar, a pesar de las dificultades, por el camino de fidelidad a él.
El cuarto evangelio nos ha conservado una última referencia a Tomás, al presentarlo como testigo del Resucitado en el momento sucesivo de la pesca milagrosa en el lago de Tiberíades (cf. Jn 21, 2). En esa ocasión, es mencionado incluso inmediatamente después de Simón Pedro: signo evidente de la notable importancia de que gozaba en el ámbito de las primeras comunidades cristianas. De hecho, en su nombre fueron escritos después los Hechos y el Evangelio de Tomás, ambos apócrifos, pero en cualquier caso importantes para el estudio de los orígenes cristianos.
Recordemos, por último, que según una antigua tradición Tomás evangelizó primero Siria y Persia (así lo dice ya Orígenes, según refiere Eusebio de Cesarea, Hist. eccl. 3, 1), y luego se dirigió hasta el oeste de la India (cf. Hechos de Tomás 1-2 y 17 ss), desde donde después el cristianismo llegó también al sur de la India. Con esta perspectiva misionera terminamos nuestra reflexión, deseando que el ejemplo de Tomás confirme cada vez más nuestra fe en Jesucristo, nuestro Señor y nuestro Dios.
Sobre el Apóstol TOMÁS
Tomás llamado Dídimo. En aquel tiempo muchas personas en Israel tenían dos nombres: uno en hebreo y otro en griego. Tomás, es el nombre hebreo del apóstol, mientras que en griego es "Dídimo", que significa: el gemelo.
La tradición dice que el apóstol Tomás fue martirizado proclamando el evangelio en la India el 3 de julio del año 72. Antes lo había proclamado en Persia.
En los evangelios sinópticos y en los Hechos de los Apóstoles, Tomás aparece en la lista de los apóstoles (Mateo 10:3, Marcos 3:18, Lucas 6:15), pero no se da más información acerca de él.
El evangelio según san Juan narra tres episodios donde la presencia del apóstol Tomás es relevante:
a) Primer episodio:
Jesús se dirige por última vez a Jerusalén. Los discípulos tienen miedo de lo que pueda suceder y le dicen: "Los judíos quieren matarte y ¿vuelves allá? Tomás, llamado Dídimo, dijo a los demás: Vayamos también nosotros y muramos con Él" (Jn 11:16).
b) Segundo episodio:
Durante la cena pascual, Jesús dice a los apóstoles: "A donde yo voy, ya sabéis el camino". Tomás le responde: "Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" (Jn 14:15). Le dice Jesús: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí".
Jesús menciona tres cosas muy importantes: el Camino, la Verdad y la Vida. Todo israelita quería encontrar el camino para llegar a la santidad, la verdad y la vida verdadera. Por su experiencia en el desierto sabían que si equivocaban el camino morirían. Jesús les dice que él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida.
Si preguntamos: ¿Dónde está el hospital más cercano? Tal vez escuchemos algo parecido a esto: “Siga por esta calle y después de tres cruces tome la calle de la derecha. Entonces, verá el hospital”. De esta persona debemos fiarnos. Pero si nos dice: "Sígame, que yo voy para allá", entonces nuestra tranquilidad es total. Jesús nos dijo cuál era el camino para llegar y, al mismo tiempo: "Yo voy para allá, síganme".
c) Tercer episodio:
Tomás no estaba con los apóstoles en la primera aparición de Jesús (Jn 20:24). Los discípulos le dicen: "Hemos visto al Señor". Tomás les contesta: "Si no veo en sus manos los agujeros de los clavos, y no meto mis dedos en los agujeros sus clavos, y no meto mi mano en la herida de su constado, no creeré".
Ocho días después estaban los discípulos reunidos y Tomás con ellos. Se presentó Jesús y dijo a Tomás: "Acerca tu dedo: aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en la herida de mi costado, y no seas incrédulo sino creyente". Tomás le contesta: "Señor mío y Dios mío". Jesús le dijo: "Has creído porque me has visto. Dichosos los que creen sin ver".
En los primeros dos siglos de la era cristiana circularon varios escritos atribuidos al apóstol Tomás. El más importante de todos ellos es el Evangelio de Tomás, apócrifo descubierto en 1945 en Nag Hammadi.
El Evangelio de Tómás, según las fuentes patrísticas, debió ser escrito entre el 50 dc y el siglo terceero. Es un conjunto de 114 dichos de Jesús, en sus conversaciones con los discípulos. El evangelio de Tomás hace hincapié en que el reino de Dios está dentro de nosotros:
"Si vuestros guían os dicen que Reino está en el cielo, los pájaros os precederán.
Si os dicen que está en el mar, entonces los peces os precederán.
El Reino está dentro de vosotros y fuera de vosotros.”
“Cuando os lleguéis a conocer, entonces seréis conocidos
y sabréis que vosotros sois los hijos del padre viviente”
El evangelio de Tomas fue declarado hereje, principalmente porque invitaba a que nos relacionaramos con Dios directamente a través de nuestro interior.
Tuvo amplia difusión otro apócrifo, el llamado Evangelio del Pseudo Tomás -no confundir con el anterior-, escrito probablemente a finales del siglo II, tal vez en Siria, que forma parte del grupo de los apócrifos de la infancia.
En el texto gnóstico del siglo III Pistis Sophia, Tomás es citado como uno de los tres testigos encargados de transmitir las enseñanzas de Jesús, junto a los apóstoles Felipe y Mateo, lo que parece demostrar que estaba bastante difundida su inclusión entre los evangelistas.
Se atribuye a Tomás la evangelización de Oriente. Tiene una gran importancia tanto en Siria como en la India.
1. Tomás en Siria
Tomás tiene un importante papel en la leyenda del rey Abgar de Edesa, ya que envió a Tadeo (no confundir con el apóstol Judas Tadeo) a predicar en Edesa después de la Ascensión de Cristo (Eusebio de Cesarea, Historia ecclesiae 1.13; III.1; Efrén el Sirio relata también esta leyenda.) En la década de 380, la monja Egeria describió su visita en una carta dirigida a su comunidad de religiosas en Occidente (Itineraria Egeriae):
"Llegamos a Edesa, en nombre de Cristo Nuestro Señor, y, a nuestra llegada, reparamos inmediatamente en la iglesia y monumento de Santo Tomás. Allí, según la costumbre, se reza y se hacen las otras cosas que se acostumbra a hacer en los lugares santos; leímos también algunas cosas acerca de Santo Tomás. La iglesia de allí es muy grande y hermosa, y de nueva construcción, un lugar muy a propósito como casa de Dios, y, como había muchas cosas que yo deseaba ver, fue necesario permanecer allí durante tres días".
2. Tomás en la India
Eusebio de Cesarea (Historia Ecclesiastica, III.1) cita un texto de Orígenes, que vivió en la primera mitad del siglo III, en el que afirma que Tomás fue el apóstol de los partos. Sin embargo, Tomás es más conocido como evangelizador de la India (al este de Partia), según se relata en los Hechos de Tomás (hacia 200). En Edessa, donde se veneran sus reliquias, el poeta Efrén el Sirio (muerto en 373) escribió un himno, en que el diablo exclama:
...¿En qué lugar escaparé del justo?
Incité a la Muerte a que acabase con los Apóstoles,
para escapar así a sus golpes.
Pero ahora se me golpea aún más duramente:
el Apóstol del que escapé en la India
me ha alcanzado en Edessa;
aquí y allí me encuentro con el mismo.
Allí donde yo voy está él: aquí y allí lo encuentro,
para mi desgracia.
Se han conservado varios himnos al apóstol Tomás, atribuidos a Efrén el Sirio, en códices de los siglos VIII y IX, que transmiten la tradición según la cual los restos de Tomás fueron llevados a Edessa desde la India por un mercader. Las reliquias, según la citada tradición, obraron milagros tanto en la India como en Edessa.
Las diversas denominaciones de los modernos Cristianos de Santo Tomás creen, según una tradición no escrita que según ellos se remonta a finales del siglo II, que Tomás desembarcó en Kodungallur en el año 52, y fundó las iglesias popularmente conocidas como 'Ezharappallikal' (Siete Iglesias y Media). Estas iglesias eran las de Kodungallur, Kollam, Niranam, Nilackal (Chayal), Kokkamangalam, Kottakkayal (Paravoor), Palayoor (Chattukulangara) y Thiruvithamkode (la media iglesia).
Los Hechos de Tomás describen, en su capítulo 17, la visita de Tomás al rey Gondofares, en el norte de la India. Según este texto (capítulos 2 y 3), Tomás viajó a la India por mar. Que tales viajes eran posibles es conocido a través de textos como el Periplo del Mar Eritreo. En 1872 se descubrió que el rey Gondofares había existido realmente, y había reinado entre los años 21 y 47. Posiblemente, el autor de los Hechos de Tomás manejó datos históricos fidedignos en lo referente a la India; esto, no obstante, no constituye prueba alguna de historicidad en lo referente al supuesto viaje del apóstol.
Según la tradición, Tomás sufrió martirio en la India el 3 de julio del año 72. Por esa razón su festividad se celebra el 3 de julio.
La incredulidad de santo Tomás le valió ser el patrón de los jueces quienes, a causa de su profesión, tienen la obligación de mostrarse desconfiados y de hacer la crítica de los testimonios.
También es el patrón de los arquitectos, albañiles, agrimensores, carpinteros de obra y canteros. Este patronazgo se debe a un pasaje de la leyenda de Tomás en la India, en el cual se le confiaron unos fondos destinados a edificar un palacio para un rey, y Tomás le edificó un palacio celestial, distribuyendo el dinero entre los pobres.
Se le atribuía curar las afecciones oculares, porque Cristo le había curado la ceguera de corazón.
Sus atributos característicos son el cinturón de la Virgen, una escuadra de arquitecto y la lanza que fue el instrumento de su martirio. A partir del siglo XVII la escuadra prácticamente desaparece.
Las escenas más frecuentemente representadas son la de su incredulidad ante la aparición de Cristo resucitado, aquella en que recibe el cinturón de la Virgen y los distintos prodigios obrados en la India.
El tema del cinturón de la Virgen es la continuación de su incredulidad. Como dudara también de la resurrección de María, ésta deja caer su cinturón desde el cielo.
La tradición dice que el apóstol Tomás fue martirizado proclamando el evangelio en la India el 3 de julio del año 72. Antes lo había proclamado en Persia.
En los evangelios sinópticos
En los evangelios sinópticos y en los Hechos de los Apóstoles, Tomás aparece en la lista de los apóstoles (Mateo 10:3, Marcos 3:18, Lucas 6:15), pero no se da más información acerca de él.
Tomás en el evangelio de Juan
El evangelio según san Juan narra tres episodios donde la presencia del apóstol Tomás es relevante:
a) Primer episodio:
Jesús se dirige por última vez a Jerusalén. Los discípulos tienen miedo de lo que pueda suceder y le dicen: "Los judíos quieren matarte y ¿vuelves allá? Tomás, llamado Dídimo, dijo a los demás: Vayamos también nosotros y muramos con Él" (Jn 11:16).
b) Segundo episodio:
Durante la cena pascual, Jesús dice a los apóstoles: "A donde yo voy, ya sabéis el camino". Tomás le responde: "Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" (Jn 14:15). Le dice Jesús: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí".
Jesús menciona tres cosas muy importantes: el Camino, la Verdad y la Vida. Todo israelita quería encontrar el camino para llegar a la santidad, la verdad y la vida verdadera. Por su experiencia en el desierto sabían que si equivocaban el camino morirían. Jesús les dice que él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida.
Si preguntamos: ¿Dónde está el hospital más cercano? Tal vez escuchemos algo parecido a esto: “Siga por esta calle y después de tres cruces tome la calle de la derecha. Entonces, verá el hospital”. De esta persona debemos fiarnos. Pero si nos dice: "Sígame, que yo voy para allá", entonces nuestra tranquilidad es total. Jesús nos dijo cuál era el camino para llegar y, al mismo tiempo: "Yo voy para allá, síganme".
c) Tercer episodio:
Tomás no estaba con los apóstoles en la primera aparición de Jesús (Jn 20:24). Los discípulos le dicen: "Hemos visto al Señor". Tomás les contesta: "Si no veo en sus manos los agujeros de los clavos, y no meto mis dedos en los agujeros sus clavos, y no meto mi mano en la herida de su constado, no creeré".
Ocho días después estaban los discípulos reunidos y Tomás con ellos. Se presentó Jesús y dijo a Tomás: "Acerca tu dedo: aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en la herida de mi costado, y no seas incrédulo sino creyente". Tomás le contesta: "Señor mío y Dios mío". Jesús le dijo: "Has creído porque me has visto. Dichosos los que creen sin ver".
Escritos atribuidos al apóstol Tomás
En los primeros dos siglos de la era cristiana circularon varios escritos atribuidos al apóstol Tomás. El más importante de todos ellos es el Evangelio de Tomás, apócrifo descubierto en 1945 en Nag Hammadi.
El Evangelio de Tómás, según las fuentes patrísticas, debió ser escrito entre el 50 dc y el siglo terceero. Es un conjunto de 114 dichos de Jesús, en sus conversaciones con los discípulos. El evangelio de Tomás hace hincapié en que el reino de Dios está dentro de nosotros:
"Si vuestros guían os dicen que Reino está en el cielo, los pájaros os precederán.
Si os dicen que está en el mar, entonces los peces os precederán.
El Reino está dentro de vosotros y fuera de vosotros.”
“Cuando os lleguéis a conocer, entonces seréis conocidos
y sabréis que vosotros sois los hijos del padre viviente”
El evangelio de Tomas fue declarado hereje, principalmente porque invitaba a que nos relacionaramos con Dios directamente a través de nuestro interior.
Tuvo amplia difusión otro apócrifo, el llamado Evangelio del Pseudo Tomás -no confundir con el anterior-, escrito probablemente a finales del siglo II, tal vez en Siria, que forma parte del grupo de los apócrifos de la infancia.
En el texto gnóstico del siglo III Pistis Sophia, Tomás es citado como uno de los tres testigos encargados de transmitir las enseñanzas de Jesús, junto a los apóstoles Felipe y Mateo, lo que parece demostrar que estaba bastante difundida su inclusión entre los evangelistas.
Evangelizador de Oriente:
Se atribuye a Tomás la evangelización de Oriente. Tiene una gran importancia tanto en Siria como en la India.
1. Tomás en Siria
Tomás tiene un importante papel en la leyenda del rey Abgar de Edesa, ya que envió a Tadeo (no confundir con el apóstol Judas Tadeo) a predicar en Edesa después de la Ascensión de Cristo (Eusebio de Cesarea, Historia ecclesiae 1.13; III.1; Efrén el Sirio relata también esta leyenda.) En la década de 380, la monja Egeria describió su visita en una carta dirigida a su comunidad de religiosas en Occidente (Itineraria Egeriae):
"Llegamos a Edesa, en nombre de Cristo Nuestro Señor, y, a nuestra llegada, reparamos inmediatamente en la iglesia y monumento de Santo Tomás. Allí, según la costumbre, se reza y se hacen las otras cosas que se acostumbra a hacer en los lugares santos; leímos también algunas cosas acerca de Santo Tomás. La iglesia de allí es muy grande y hermosa, y de nueva construcción, un lugar muy a propósito como casa de Dios, y, como había muchas cosas que yo deseaba ver, fue necesario permanecer allí durante tres días".
2. Tomás en la India
Eusebio de Cesarea (Historia Ecclesiastica, III.1) cita un texto de Orígenes, que vivió en la primera mitad del siglo III, en el que afirma que Tomás fue el apóstol de los partos. Sin embargo, Tomás es más conocido como evangelizador de la India (al este de Partia), según se relata en los Hechos de Tomás (hacia 200). En Edessa, donde se veneran sus reliquias, el poeta Efrén el Sirio (muerto en 373) escribió un himno, en que el diablo exclama:
...¿En qué lugar escaparé del justo?
Incité a la Muerte a que acabase con los Apóstoles,
para escapar así a sus golpes.
Pero ahora se me golpea aún más duramente:
el Apóstol del que escapé en la India
me ha alcanzado en Edessa;
aquí y allí me encuentro con el mismo.
Allí donde yo voy está él: aquí y allí lo encuentro,
para mi desgracia.
Se han conservado varios himnos al apóstol Tomás, atribuidos a Efrén el Sirio, en códices de los siglos VIII y IX, que transmiten la tradición según la cual los restos de Tomás fueron llevados a Edessa desde la India por un mercader. Las reliquias, según la citada tradición, obraron milagros tanto en la India como en Edessa.
Las diversas denominaciones de los modernos Cristianos de Santo Tomás creen, según una tradición no escrita que según ellos se remonta a finales del siglo II, que Tomás desembarcó en Kodungallur en el año 52, y fundó las iglesias popularmente conocidas como 'Ezharappallikal' (Siete Iglesias y Media). Estas iglesias eran las de Kodungallur, Kollam, Niranam, Nilackal (Chayal), Kokkamangalam, Kottakkayal (Paravoor), Palayoor (Chattukulangara) y Thiruvithamkode (la media iglesia).
Los Hechos de Tomás describen, en su capítulo 17, la visita de Tomás al rey Gondofares, en el norte de la India. Según este texto (capítulos 2 y 3), Tomás viajó a la India por mar. Que tales viajes eran posibles es conocido a través de textos como el Periplo del Mar Eritreo. En 1872 se descubrió que el rey Gondofares había existido realmente, y había reinado entre los años 21 y 47. Posiblemente, el autor de los Hechos de Tomás manejó datos históricos fidedignos en lo referente a la India; esto, no obstante, no constituye prueba alguna de historicidad en lo referente al supuesto viaje del apóstol.
Según la tradición, Tomás sufrió martirio en la India el 3 de julio del año 72. Por esa razón su festividad se celebra el 3 de julio.
PATRONAZGOS
La incredulidad de santo Tomás le valió ser el patrón de los jueces quienes, a causa de su profesión, tienen la obligación de mostrarse desconfiados y de hacer la crítica de los testimonios.
También es el patrón de los arquitectos, albañiles, agrimensores, carpinteros de obra y canteros. Este patronazgo se debe a un pasaje de la leyenda de Tomás en la India, en el cual se le confiaron unos fondos destinados a edificar un palacio para un rey, y Tomás le edificó un palacio celestial, distribuyendo el dinero entre los pobres.
Se le atribuía curar las afecciones oculares, porque Cristo le había curado la ceguera de corazón.
ICONOGRAFÍA
Sus atributos característicos son el cinturón de la Virgen, una escuadra de arquitecto y la lanza que fue el instrumento de su martirio. A partir del siglo XVII la escuadra prácticamente desaparece.
Las escenas más frecuentemente representadas son la de su incredulidad ante la aparición de Cristo resucitado, aquella en que recibe el cinturón de la Virgen y los distintos prodigios obrados en la India.
El tema del cinturón de la Virgen es la continuación de su incredulidad. Como dudara también de la resurrección de María, ésta deja caer su cinturón desde el cielo.
3 de julio: SANTO TOMÁS, APÓSTOL (Lecturas)
Efesios 2,19-22
Salmo 116: Id al mundo entero
y proclamad el Evangelio
Juan 20,24-29
Efesios 2,19-22
Hermanos: Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.
Salmo 116: Id al mundo entero
y proclamad el Evangelio
Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo todos los pueblos.
R. Id al mundo entero
y proclamad el Evangelio
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.
R. Id al mundo entero
y proclamad el Evangelio
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor." Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo." A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: "Paz a vosotros." Luego dijo a Tomás: "Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente." Contestó Tomás: "¡Señor mío y Dios mío!" Jesús le dijo: "¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto."
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