jueves, 31 de octubre de 2013

Lucas 9,1-6: "Los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos"

Lucas 9,1-6

En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: "No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa." Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando el Evangelio y curando en todas partes.

Lucas 9,57-62: "El que echa la mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios".

Lucas 9,57-62

En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, le dijo uno: "Te seguiré adonde vayas." Jesús le respondió: "Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza." A otro le dijo: "Sígueme." Él respondió: "Déjame primero ir a enterrar a mi padre." Le contestó: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios." Otro le dijo: "Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia." Jesús le contestó: "El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios."

Lucas 11,1-4: "Venga a nosotros tu reino"

Lucas 11,1-4

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: "Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos," Él les dijo: "Cuando oréis decid: "Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.""

Lucas 10:1-9: "... y decid: Está cerca de vosotros el Reino de Dios".

Lucas 10,1-9

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: "La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz en esta casa". Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el Reino de Dios.""

Lucas 13:18-21: "¿A qué se parece el Reino de Dios?"

Lucas 13,18-21

En aquel tiempo, decía Jesús: "¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas." Y añadió: "¿A qué compararé el reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta."

El Reino de Dios, por José Luis Cortés


Romanos 14:17-19: "El Reino de Dios..."

Lectura de laudes.
Jueves de la Segunda Semana del Tiempo Ordinario.

Romanos 14,17-19: 

"El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo, pues el que en esto sirve a Cristo es grato a Dios y acepto a los hombres. Por tanto, trabajemos por la paz y por nuestra mutua edificación".

miércoles, 30 de octubre de 2013

Miércoles de la 30 Semana del Tiempo Ordinario, Año impar (Lecturas)

Romanos 8,26-30
Salmo 12: Yo confío, Señor, en tu misericordia
Lucas 13,22-30

Romanos 8,26-30

Hermanos: El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios. Sabemos también que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

Salmo 12: Yo confío, Señor, en tu misericordia

Atiende y respóndeme, Señor, Dios mío;
da luz a mis ojos
para que no me duerma en la muerte,
para que no diga mi enemigo: "Le he podido",
ni se alegre mi adversario de mi fracaso.
R. Yo confío, Señor, en tu misericordia

Porque yo confío en tu misericordia:
alegra mi corazón con tu auxilio,
y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.
R. Yo confío, Señor, en tu misericordia

Lucas 13,22-30

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: "Señor, ¿serán pocos los que se salven?" Jesús les dijo: "Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos"; y él os replicará: "No sé quiénes sois." Entonces comenzaréis a decir: "Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas." Pero él os replicará: "No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados." Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos."

"Estamos a la espera, esto es un parto. Y la esperanza entra en esta dinámica: de dar vida", papa Francisco.


lunes, 28 de octubre de 2013

Parábola del arbusto donde los pájaros anidan y la levadura que fermenta todo, Lucas 13:18-21

Lucas 13,18-21
Martes de la Semana 30 del Tiempo Ordinario

En aquel tiempo, decía Jesús: "¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas." Y añadió: "¿A qué compararé el reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta."

domingo, 27 de octubre de 2013

Parábola del Fariseo y del Publicano (Lucas 18:9-14), por Jesús Espeja, OP

Lucas 18,9-14
30 Domingo del tiempo ordinario, C

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: "Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. "El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. "Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido."

— Comentario por Jesús Espeja, OP

En tiempo de Jesús y en aquella sociedad judía, un fariseo era ejemplo del religioso muy cumplidor, mientras un publicano encargado de recaudar impuestos para el imperio romano era religiosamente mal visto. Pero los dos van al templo para orar. Así que la cuestión planteada no es religión sí o religión no. Lo que se plantea es cómo debe ser la verdadera práctica religiosa. Y se diseñan dos modelos.

Primer modelo es el fariseo:

Piensa que es perfecto porque cumple con todo lo que prescribe la religión. Se considera mejor que los demás y por supuesto mejor que el publicano que religiosamente es impuro porque anda metido en cobros y cambios de dinero. Este fariseo piensa que él es centro absoluto, ha fabricado una divinidad a su medida, cumple con todo lo prescrito y esa divinidad tiene que estar satisfecha y concederle todo lo que pida. Le importa sobre todo su seguridad, y eso es lo que busca cuando sube al templo para orar.

Segundo modelo es el publicano:

Reconoce que él es frágil, humano; “humus” en latín significa tierra. Tampoco tiene fabricada una divinidad a su medida. Pero intuye, “sin levantar los ojos”, mirando a su intimidad y escuchando la voz de su conciencia, que Dios, único centro absoluto, es misericordia. Ese amor que se hace cargo de nuestra miseria y desde dentro de nosotros nos fortalece para con nosotros salir adelante.. Más que buscar seguridades el publicano respira confianza. Se deja inundar por esa Presencia de amor, y sale del templo “justificado”, es decir revestido y transformado por la justicia de Dios que endereza todo lo torcido.

¿A qué modelo te apuntas? La respuesta es importante para juzgar sobre la verdad de nuestra práctica religiosa.

Parábola del Fariseo y del Publicano (Lucas 18:9-14), por Hilari Raguer OSB

Lucas 18,9-14
30 Domingo del tiempo ordinario, C

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: "Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. "El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. "Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido."

— Comentario por Hilari Raguer, OSB

El publicano bajaba de la colina del Templo justificado, es decir, consciente de que había llegado a ser amigo de Dios. Bajaba alegre, mirando al cielo y saludando hasta a los desconocidos. Era el prototipo del hombre que acaba de recibir la buena noticia del evangelio, y que se la ha creído. Aquella noche no durmió de la alegría.

El fariseo bajaba de la colina del Templo desconcertado. No entendía la lógica de Dios. Él siempre había tenido horror al puro ritualismo. Estaba convencido de que las ofrendas en el Templo no serían gratas a Dios si no cumplía sus mandamientos o si ofendía a un hermano. Había subido al Templo con la ilusión de presentar a Dios, junto con el sacrificio litúrgico del cordero ritual, el sacrificio existencial de su buen comportamiento personal, familiar y profesional. No había pedido ningún favor egoísta. Ni siquiera había hecho ostentación de sus buenas obras, como si le hicieran merecedor de grandes recompensas, sino que, teniéndolas todas por don de Dios, había empezado diciéndole: “Oh Dios, te doy gracias…”. Aquella noche no pudo dormir de la tristeza.

Amaneció un nuevo día. El segundo día es, a veces, más delicado que el primero. El fariseo y el publicano subieron de nuevo al templo a orar.

El fariseo continuaba desconcertado. La noche de insomnio no le había aclarado las ideas. Tenía profundamente arraigado el temor de Dios, y por eso estaba desconsolado por la sentencia condenatoria del día anterior. No paraba de pensar dónde podía radicar el fallo de su sistema religioso. Aquel día no empezó a orar diciendo: “Oh Dios, te doy gracias…”, sino: “Oh Dios: ¡No te entiendo!”.

El publicano había subido al Templo con la euforia típica de los recién convertidos. Como ya era amigo de Dios, entró como si fuera su propia casa. Ya no tenía porqué quedarse al fondo de todo, y menos aún golpearse el pecho. A empujones y a codazos se abrió paso hasta la primera fila y, con los ojos levantados al cielo y alzando los brazos en actitud de oración oró así: “Oh Dios, te doy gracias porque me has hecho tan humilde, y no orgulloso, como este fariseo, que desconoce tu misericordia y presume de sus buenas obras. Le estuvo muy bien lo que le dijiste ayer. Ahora ya no hace falta que continúe implorando tu misericordia, porque sería como dudar de tu perdón. Es cierto que había acumulado muchas riquezas con los impuestos indebidamente recaudados, pero daré la mitad a los pobres y restituiré el cuádruplo de lo que había defraudado. Te aseguro que mi conversión hará gran impacto en Jerusalén”.

Pero el Señor dijo: “Yo os aseguro que la forma más refinada de fariseísmo es querer hacerse pasar por publicano. Y todo el que se sienta demasiado satisfecho de haberse arrepentido se tendrá que arrepentir de haberse sentido demasiado satisfecho”.

Aquella noche ni el fariseo ni el publicano pudieron dormir, de la preocupación.

Amaneció el tercer día. El tercer día es a veces el decisivo. El fariseo y el publicano ya se habían hecho amigos, y subieron juntos al Templo, conversando. Se quedaron los dos a una prudente distancia y, sin alzar demasiado la vista, dijeron a coro: “Oh Dios, explícanos de una vez que es lo que hace y que es lo que impide que uno quede justificado”.

Entonces el Señor les respondió: “Lo que impide quedar justificado es dedicarse a catalogar a los demás dividiéndolos en fariseos y publicanos. Lo que justifica es que, habiendo descubierto que tienes dentro de ti un fariseo y a la vez un publicano, estrangules al fariseo para dejar que yo pueda convertir y salvar al publicano".

El fariseo ya casi lo había entendido, pero aún se atrevió a hacer una última pregunta: “Así, pues, para estar yo seguro…”. Pero el Señor lo atajó diciéndole: “Hijo mío, esto es precisamente lo que has de evitar: estar seguro de ti mismo”.

Aquella noche el fariseo y el publicano tenían mucho sueño y durmieron de un tirón, como niños.

sábado, 26 de octubre de 2013

El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo, a un comerciante en perlas finas, a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces (Mateo 13:44-52)

Mateo 13:44-52
17 Domingo del tiempo ordinario,A

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
— El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?
Ellos le contestaron:
— Sí.
Él les dijo:
— Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.

Un hombre plantó una viña y la arrendó a unos labradores (Marcos 12:1-12)

Marcos 12,1-12
Lunes de la 9 semana del tiempo ordinario

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos: "Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. A su tiempo, envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña. Ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías. Les envió otro criado; a éste lo insultaron y lo descalabraron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos los apalearon o los mataron. Le quedaba uno, su hijo querido. Y lo envió el último, pensando que a su hijo lo respetarían. Pero los labradores se dijeron: "Éste es el heredero. Venga, lo matamos, y será nuestra la herencia." Y, agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. ¿Que hará el dueño de la viña? Acabará con los ladrones y arrendará la viña a otros. ¿No habéis leído aquel texto: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"?" Intentaron echarle mano, porque veían que la parábola iba por ellos; pero temieron a la gente, y, dejándolo allí, se marcharon.

Parábola del sembrador (Mateo 13:1-9)

Mateo 13,1-9
Miércoles de la 16 semana del tiempo ordinario

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas: "Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga."

Oíd lo que significa la parábola del sembrador (Mateo 13:18-23)

Mateo 13,18-23
Viernes de la 16 semana del tiempo ordinario

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe. Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno."

El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en el campo (Mateo 13:24-30)

Mateo 13,24-30
Sábado de la 16 semana del tiempo ordinario

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: "El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: "Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?" Él les dijo: "Un enemigo lo ha hecho." Los criados le preguntaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?" Pero él les respondió: "No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: 'Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.'""

Acláranos la parábola de la cizaña en el campo (Mateo 13:36-43)

Mateo 13,36-43
Martes de 17 semana del tiempo ordinario

En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: "Acláranos la parábola de la cizaña en el campo." Él les contestó: "El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga."

El reino de los cielos se parece a una red que echan en el mar y recoge toda clase de peces (Mateo 13:47-53)

Mateo 13,47-53
Jueves de la 17 semana del tiempo ordinario

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: "El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?" Ellos le contestaron: "Sí." Él les dijo: "Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo." Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.

Parábola del hombre rico que tuvo una gran cosecha (Lucas 12:13-21)

Lucas 12,13-21
18 Domingo del tiempo ordinario, C

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús:
— Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.
Él le contestó:
— Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?
Y dijo a la gente:
— Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.
Y les propuso una parábola:
— Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha. Y se dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será? Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios."

Parábola de un propietario que salió a contratar jornaleros para su viña (Mateo 20:1-16)

Mateo 20,1-16
Miércoles de la 20 semana del tiempo ordinario,
Domingo 25 del Tiempo Ordinario A,

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: "El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido." Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: "¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?" Le respondieron: "Nadie nos ha contratado." Él les dijo: "Id también vosotros a mi viña."Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: "Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros." Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: "Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno." Él replicó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?" Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos."

Comentario:

La parábola de los obreros de la viña nos muestra que hay más de una manera de entender la justicia y lo que es justo. Es cierto que la justicia es un valor universal, sin embargo, la parábola de Jesús pone en evidencia que a veces entendemos la justicia a nuestra manera.

Es evidente que para el dueño de la viña el trabajo es algo necesario para el hombre. Por eso, da trabajo a todos sin importarle la hora y el salario. Para comprender esta parábola debemos reconocer que la viña representa al Pueblo de Dios. Estos jornaleros están trabajando para el pueblo de Dios y por el Reino de Dios, pues han sido enviados por el dueño de la viña.

La justicia de Dios (dueño de la viña) solamente la entendemos si aceptamos que:

a. hemos recibido la vida y nuestros talentos de Dios.
b. nuestros talentos y habilidades no son solamente para cuidar de nosotros mismos sino también para cuidar a los demás.

De ahí, que Jesús finalice su parábola de una manera que puede parecernos enigmática: "Los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros". Porque, ¿quiénes son los primeros? En la viña de este Señor los primeros no son los que son servidos sino los que están llamados a servir.

Parábola del rey que celebraba la boda de su hijo (Mateo 22:1-14)

Mateo 22,1-14
Jueves de la 20 semana del tiempo ordinario, Año I
Domingo de la 28 Semana del Tiempo Ordinario, Ciclo A,

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: "El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda."Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos."

Comentario:

Algunas parabolas pueden resultar enigmaticas para el lector de hoy, sin embargo, las imagenes, historias, simbolos... que Jesus utilizaba en sus parabolas hacian que los oyentes, en este caso, los sacerdotes, fariseos y lideres del pueblo, se sintieran parte de la accion recogida en la parabola.

Esta parabola de Jesus contiene una critica muy fuerte contra un pueblo y unos lideres que afirmaban haber sido escogidos por Dios. Desde la liberacion de Egipto y el principio del cumplimiento de las promesas, Israel proclama que ha sido escogido por Dios. Israel es un pueblo orgulloso de su identidad y de su pasado, por eso, las leyes debian proteger a sus hijos e hijas de la tentacion de mezclarse con otros pueblos y culturas. Pero Dios habia dado la ley a su pueblo para que perdiera el miedo de darse, compartirse, ofrecerse a todos los pueblos. En lugar de darse, Israel utilizara las promesas de Dios para protegerse y separarse de los otros pueblos. Por eso, este pueblo no se ha preparado para participar en el baquete de bodas.

La invitacion del rey es para muchos escandalosa: "Llamad a cuantos halleis'. Salieron los siervos al camino y llamaron a todos los que hallaron, tanto buenos como malos, y se lleno la boda de invitados". A partir de este momento, todos son llamados. Sin embargo, la parabola no se detiene aqui.

"Cuando entro el rey para ver a los invitados vio a un hombre que no llevaba el vestido de boda, y le dijo: 'Amigo, como entraste aqui sin estar vestido de boda?..."

Algunos autores cristianos han interpretado el vestido de bodas citando a Lucas y a Pablo, los cuales utilizan el mismo verbo vestirse para decirnos que los bautizados se han vestido de Cristo. En cualquier caso, estar vestido para el banquete retoma la idea, siempre presente en el evangelio, de que debemos estar alerta y preparados para la llegada del reino, expresado en esta parabola como banquete de bodas.

Todos estan ahora donde debian haber estado siempre, sin embargo, algunos no se han preparado para ese momento y no podran participar..., no porque no han sido invitados sino porque no se estaban preparados.

Seguramente, este es el motivo por el cual cuando nos reunimos para participar en la Eucaristia comenzamos a prepararnos reconociendo que somos pecadores.

Parábola de las cinco doncellas necias y las cinco sensatas (Mateo 25:1-13)

Mateo 25,1-13
Viernes de la 21 semana del tiempo ordinario
32 Domingo del tiempo ordinario, A

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: "Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!" Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas." Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis." Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "Señor, señor, ábrenos." Pero él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco." Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora."

Parábola para no ocupar los puestos de honor (Lucas 14:1,7-14)

Lucas 14:1,7-14
22 Domingo del tiempo ordinario, C

Un día Jesús fue a comer a casa de un notable de los fariseos. Era sábado, así que éstos estaban acechando a Jesús. Al notar cómo los invitados escogían los lugares de honor en la mesa, les contó esta parábola:
– Cuando alguien te invite a una fiesta de bodas, no te sientes en el lugar de honor, no sea que haya algún invitado más distinguido que tú. Si es así, el que los invitó a los dos vendrá y te dirá: Cédele tu asiento a este hombre. Entonces, avergonzado, tendrás que ocupar el último asiento. Más bien, cuando te inviten, siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te invitó, te diga: Amigo, pasa más adelante a un lugar mejor. Así recibirás honor en presencia de todos los demás invitados. Todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
También dijo Jesús al que lo había invitado:
– Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos, a su vez, te inviten y así seas recompensado. Más bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos. Entonces serás dichoso, pues aunque ellos no tienen con qué recompensarte, serás recompensado en la resurrección de los justos.

Parábola del ciego que guía a otro ciego (Lucas 6:39-42)

Lucas 6,39-42
Viernes de la 23 semana del tiempo ordinario

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos una parábola: "¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: "Hermano, déjame que te saque la mota del ojo", sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano."

Parábola de la oveja perdida, la moneda perdida, y del hijo pródigo (Lucas 15:1-32)

Lucas 15, 1-32
24 Domingo del tiempo ordinario, C
4 Domingo de Cuaresma, C

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:
— Ése acoge a los pecadores y come con ellos.
Jesús les dijo esta parábola:
— Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: ¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles:¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido. Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.
También les dijo:
— Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte que me toca de la fortuna. El padre les repartió los bienes.No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros. Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.Su hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado. Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.Éste le contestó: Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud. Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado. El padre le dijo: Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.

Parábola de un hombre rico y de un pobre llamado Lázaro (Lucas 16:19-31)


Lucas 16,19-31
26 Domingo del Tiempo Ordinario, C

En aquellos días dijo Jesús esta parábola: «Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. «Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: "Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama." Pero Abraham le dijo: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros." «Replicó: "Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento." Díjole Abraham: "Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan." El dijo: "No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán." Le contestó: "Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite."»

- Comentario por M. Dolors Gaja, M.N.

Seguimos en el Camino a Jerusalén. Lucas sabe que el camino es espejo de la vida y coloca en este camino las grandes enseñanzas de Jesús. En el centro de este camino, dos capítulos clave: el 15, que nos habla de la Misericordia de Dios y de cómo deben ser nuestras relaciones con el Padre (recuérdese hijo pródigo, hermano mayor…oveja que se aleja…) y el capítulo 16, aparentemente centrado en el uso del dinero pero, en realidad, centrado en la relación con el hermano. Lo cual conlleva, claro está, la justicia social y el reparto equitativo de bienes.

Dos dípticos:

Lucas tiene la costumbre de “pintar” cuadros con dos protagonistas en los que, generalmente, el segundo es el humanamente pobre y, sin embargo, sale ganando en el relato: recordemos la anunciación a Zacarias/María, el fariseo y el publicano, Marta y María, este rico y el pobre Lázaro… Algo nos deja claro: que este mundo está al revés porque cuando lo explica Jesús los pobres salen ganando.

El segundo díptico (imaginemos pintar un cuadro con dos escenas) lo forman la contraposición de este mundo con el de más allá.

LOS HOMBRES DE ESTA PARÁBOLA

En este mundo

Lucas tiene muchas parábolas que comienzan con el sintagma “Un hombre…”. Es una manera de decir que no se trata de un hombre concreto sino de la humanidad en general. (Un hombre tenía dos hijos…Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó…) Por contraposición el pobre tiene nombre y un nombre que en hebreo significa “Dios ayuda”. Pero Dios no ha podido ayudar porque aunque el pobre está cerca del rico, la puerta de éste está cerrada.

Del rico sabemos que vestía bien y comía espléndidamente. Lázaro ni siquiera puede mantener su dignidad pues está “echado” y los únicos que se acercan son perros. La parábola denuncia el abismo de injusticia que había en tiempos de Jesús…¡y que hay ahora!

Hermanos nuestros echados, sin casa, sin papeles, sin comida, sin dignidad…Y nuestra sociedad, y nosotros, preocupados por si engordamos, por si tenemos lo último en tecnología, por…

En el otro

La muerte, ya lo cantaban los medievales, trata a todos por igual, Muere el rico y muere el pobre. Pero la muerte del pobre es fiesta (ángeles, Abraham…) mientras del rico sólo sabemos que fue sepultado.

Y por un momento atisbamos “el otro lado”. Podemos deducir que el rico era piadoso pues conoce a Abraham y lo llama “Padre Abraham” y éste le contesta “Hijo”. Pero no vivió como hijo de Abraham y por tanto no participará del banquete.

Dice Gustavo Gutiérrez que “fuera de los pobres no hay salvación”. Al cerrar la puerta al pobre, el rico se cerró la puerta del paraíso. Los pobres (de cualquier tipo) los marginados, los carentes, los ninguneados…ellos son nuestra salvación o perdición porque “cualquier cosa que hicierais a uno de estos pequeños, a mí me lo hacéis”

Jesús ha querido vincular la salvación a los pobres. En la parábola queda claro que el hombre rico se habría salvado si hubiera ayudado a Lázaro. El cielo significa, en cierto modo, ver claro. Y el hombre rico ve ahora a Lázaro como el único que le puede ayudar. No pide a Abraham que le dé agua él mismo sino que “mande a Lázaro”. Lázaro significa “Dios ayuda”. Pero el kairós, el tiempo oportuno, ha sido desperdiciado…Es un aviso serio para no dejar pasar de largo la Gracia y “agarrarla por los pelos”.

Siempre pensamos que hay que ayudar a los pobres. Jesús pone los puntos sobre las íes y nos explica que son ellos, los pobres quienes pueden ayudarnos.

No me resisto a dejar algún texto que nos hace ver cómo se tomaron los cristianos de los primeros siglos el tema de la riqueza:

“Forzosamente, el principio y raíz de tus riquezas proceden de la injusticia. Porque Dios, al principio, no hizo al uno rico y al otro pobre, sino que dejó a todos la misma tierra. ¿De dónde, pues, siendo la tierra común tienes tú tantas yugadas de tierra y tu vecino ni un palmo de terreno?” San Juan Crisóstomo

El no dar parte de lo que se tiene es ya rapiña. S. Juan Crisóstomo

Abrid de par en par las puertas de vuestros graneros, dad salida a vuestras riquezas en todas las direcciones. Dime, ¿qué es lo que te pertenece?, ¿de dónde trajiste nada a la vida?, ¿de quién lo recibiste? Así son los ricos: se apoderan los primeros de lo que es de todos y se lo apropian, sólo porque se han adelantado a los demás... Si cada uno se contentase con lo indispensable para atender a sus necesidades y dejara lo superfluo a los indigentes, no habría ricos ni pobres. San Basilio

Y acabo con un no-cristiano (o no bautizado) Gandhi:

"Es bonito hablar de Dios mientras estamos sentados después de un agradable desayuno y a la espera de otra comida aún mejor. Pero, ¿cómo puedo hablarle de Dios a las muchedumbres que tienen que tirar adelante sin dos comidas al día?. A éstos, Dios sólo se les puede representar como pan y mantequilla. La única forma aceptable en que Dios puede osar presentarse a un pueblo hambriento y desocupado, es en el trabajo y las promesa de alimento como salario".

Que la lectura de este domingo nos lleva al hermano necesitado. ¡Lean lo últimito del Papa Francisco también!

Parábola del buen samaritano (Lucas 10:25-37)



Lucas 10,25-37
Lunes de la 27 semana del tiempo ordinario
15 Domingo del tiempo ordinario, C

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" Él le dijo: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?" Él contestó: "Amarás al Señor, tu, Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo." Él le dijo: "Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida." Pero el maestro de la Ley queriendo justificarse, preguntó a Jesús: "¿Y quién es mi prójimo?" Jesús le dijo: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó en una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?" Él contestó: "El que practicó la misericordia con él." Díjole Jesús: "Anda, haz tu lo mismo."

— Comentario por M. Dolors Gaja, M.N.

El evangelio de este domingo es uno de los fragmentos que, desde siempre, ha fascinado a la comunidad cristiana. ¿Quién, por poco que conozca el evangelio, ignora la parábola del buen samaritano. Subrayaremos, por tanto, sólo algunos aspectos:

— Un maestro ante el Maestro

Jesús no era Rabbí. No había estudiado en Jerusalén la Torah, como lo hará, por ejemplo, Pablo. La gente le dio espontáneamente el título de rabbí y Él lo asumió como propio, como uno de los “títulos” que le gustaban. Pero sorprende que un maestro” auténtico” de la Ley le dé el nombre de “rabbí” a menos que entendamos que lo hace, como dice el texto, para probarlo, para provocarlo; su tono debía ir cargado de ironía y quizá, desprecio. Trataba de desenmascararlo, no de aprender.

Jesús le responde en el mismo tono de ironía con una pregunta que obliga al maestro de la Ley a responder: ¿Tú eres maestro y no sabes esto?  La respuesta es el texto de  Deuteronomio y Levítico, un fragmento que conocen hasta los más niños. Jesús parece haber terminado de prestar atención al maestro de la Ley con su exhortación a vivir lo mandado cuando éste lanza una pregunta nueva: ¿y quién es mi prójimo?

Esta es una pregunta que ya no contestaría un niño porque para los judíos conservadores no eran “prójimos” todos. Se excluía de este concepto al pagano, al pecador público, al leproso... Y ahora Jesús acepta el envite.

— La parábola del buen samaritano

Los Santos Padres han visto en este hombre que baja de Jerusalén a Jericó la representación simbólica de la humanidad entera o, si queremos, la figura de Adán. Jerusalén, cuyo nombre significa ciudad de paz, es el Paraíso. Y Jericó, ciudad rodeada por murallas, el mundo. La humanidad pues, ha sido expulsada de la paz del paraíso y el pecado ha apaleado a la persona hasta dejarla medio muerta.

Pasan cerca de esta humanidad derrumbada  un sacerdote y un levita. No se trata de que ambos mantengan posturas inmisericordes (que también) sino de una manera de Jesús de decirnos que la Ley de Moisés, que ambos representan, no tiene capacidad para salvar a la humanidad. La Ley carece de fuerza para sanar la profunda herida que el pecado ha infligido en el corazón humano. La Ley, dirá San Pablo, es sólo una nodriza que ha acompañado al pueblo de Israel en su minoría de edad. Llegada la plenitud de los tiempos, aparece Cristo, representado por sí mismo en la figura del buen samaritano.

Sabemos lo que hace ese samaritano. Pero es preciso subrayar lo que siente: “se compadeció”. Y sólo después actúa. Jesús subraya nuevamente el valor de la interioridad y la necesidad de tener “un corazón de carne” y no de piedra.

El samaritano se acerca al hombre herido. También Dios se acerca a mí, a mis heridas, a mi sufrimiento, a mi pecado. Sobre mí derrama “vino y aceite”, elementos que algunos comentaristas ven como prefiguraciones del sacramento del bautismo y la eucaristía. El samaritano venda heridas (un corazón quebrantado, tú no lo desprecias…) y carga al hombre en su cabalgadura.

— Una iglesia pobre para los pobres

Siguiendo los comentarios, tan valiosos, de los Padres, vamos a ver en este hostal  la imagen de la Iglesia. Allí el hombre herido sanará, allí será cuidado, alimentado. Allí será devuelto a la vida. Ojalá todos fuéramos buenos samaritanos que, con nuestras obras, llevamos a las personas marginales, heridas, desheredadas y rechazadas a una Iglesia misericordiosa que se preocupa como madre por ellos y los cuida y atiende hasta el regreso del Señor.

El samaritano da dos denarios al hostalero. El denario era el sueldo de un día y por tanto se prevé una ausencia de dos días porque “al tercer día” volverá. Clara alusión a la resurrección de Cristo.
Y mientras Cristo no vuelve, queda clara la misión de la Iglesia: salvar, sanar, cuidar. Atender a cuantos van heridos por el camino.

Cristo no se ha desentendido de la humanidad, como hizo Caín. Cristo anda por los caminos llevando a todos los heridos a esa casa de sanación que Él llamó Iglesia.

— Anda y haz tú lo mismo

Al maestro no le queda otro remedio que reconocer que prójimo es aquel que obra con misericordia. Y Jesús sentencia: “Anda y haz tú lo mismo”. Con lo cual da respuesta a la pregunta inicial del maestro de la Ley: ¿Qué tengo que hacer para heredar la Vida Eterna?”

Indicar a un maestro de la Ley que haga lo mismo que un samaritano no deja de ser, en el fondo, una muestra del sentido del humor de Jesús. Un humor cargado de amor, un humor que invita a no sentirse poseedor de la Verdad, un humor que derriba murallas (incluidas las altísimas de Jericó) y acerca personas. Un humor que es expresión de vida fecunda, de capacidad de sanación. Un humor que nos hace algo de falta en la Iglesia, la verdad.

Parábola para enseñarles que debían orar siempre (Lucas 18:1-8)


Lucas 18,1-8
29 Domingo del Tiempo Ordinario, C

Jesús les contó una parábola para enseñarles que debían orar siempre y no desanimarse. Les dijo: “Había en un pueblo un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres.  Y en el mismo pueblo vivía también una viuda, que tenía planteado un pleito y que fue al juez a pedirle justicia contra su adversario.  Durante mucho tiempo el juez no quiso atenderla, pero finalmente pensó: ‘Yo no temo a Dios ni respeto a los hombres.  Sin embargo, como esta viuda no deja de molestarme, le haré justicia, para que no siga viniendo y acabe con mi paciencia.’
El Señor añadió: “Pues bien, si esto es lo que dijo aquel mal juez,  ¿cómo Dios no va a hacer justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Los hará esperar? Os digo que les hará justicia sin demora. Pero cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará todavía fe en la tierra?”

TEMA

El tema indudable de este fragmento es la insistencia en la oración. El seguidor de Jesús no es aquel que ora “de pascuas a ramos” sino el que mantiene una conversación interna constante con su Señor. Este es un evangelio esperanzador y optimista porque viene a dejarnos muy claro que, aunque el mal existe, acaba triunfando la bondad insistente.

EL JUEZ INJUSTO…Y CLARIVIDENTE

Pero tengo que confesar que a mí este juez injusto me cae bien. Casi diría yo que es un modelo – si es que alguien injusto puede ser modelo – de lo que hoy se llama inteligencia intrapersonal o emocional. El narrador de esta parábola conoce al juez como nosotros conocemos con frecuencia a los otros mejor que a nosotros mismos.

Porque somos muy ciegos ante nuestros defectos y maldades y…el juez es un modelo de autoconocimiento!  ‘Yo no temo a Dios ni respeto a los hombres” dice. Asume lo que es, aunque no lo corrija por lo que debiera corregirlo, por amor a la viuda y su situación. Pero que Dios nos dé la clarividencia de este juez a la hora de hacer nuestro examen de conciencia… Porque ¿qué decimos muchas veces cuando no atendemos necesidades ajenas? “Esto es cosa del gobierno… si pudiera lo haría pero me pilla en un mal momento… ¿por qué tengo que sacar yo siempre las castañas del fuego? Yo…si alguien se anima primero, colaboro….” ¡tantas excusas! Por lo menos el juez es claro: sabe cómo es y sabe que no la ayuda por ella misma, por lo que merece sino para sacársela de encima.

Porque la viuda “sigue viniendo” Y eso es lo que me pide el Señor. Que le siga buscando, que le siga preguntando, que le siga chillando cuando me enfado con Él, que le siga llorando, que le siga contando…que siga.

LA VIUDA

Si ya la mujer era un personaje absolutamente secundario y sin derechos la mujer que quedaba viuda solía vivir en el desamparo. Si no tenía hijos adultos que pudieran mantenerla dependía de la caridad.

“Huérfanos y viudas” son en el Antiguo Testamento sinónimo de pobreza y necesidad. Esta viuda, no obstante, es un monumento a la dignidad de la mujer que en situación de desventaja saca fuerzas de su interior y no se deja pisar, no cede ante los prepotentes del mundo.

Es insólita la actitud de esta viuda que “molesta” reiteradamente al juez.  De una manera u otra Dios nos quiere “dignos”, clamando a Él día y noche. Desde la dignidad inmensa de sabernos hijos de Dios.

LAS VIUDAS DE HOY

También ellas siguen viniendo, golpeando nuestra puerta. ¡Son tantas las viudas de nuestro mundo! Una de ellas es esa mujer que parió en la barcaza de Lampedusa para ver morir ahogado a su bebé y morir ella también en un naufragio que apenas oímos…o esas mujeres silenciadas, maltratadas, vendidas…esas niñas casadas a la fuerza, esas niñas violadas por grupos que se protegen entre ellos…esas niñas a las que se les prohíbe el acceso a la escuela, esas niñas cambiadas por una cabra, mutiladas en su intimidad, esas niñas ahogadas al nacer, esas ancianas que mueren solas en su piso y que nadie encuentra a faltar…o esas que lloran solas en residencias añorando visitas que no tienen…

Desgraciadamente existe el mal y la injusticia. Pero sigue teniendo un rostro muy femenino… ¿Qué hago yo? ¿Oigo su llamada, su clamor? ¿Ayudo para tranquilizar mi conciencia…con un donativo a una oenegé, a la parroquia? O ¿cierro mis oídos y subo el volumen de la televisión para ver un interesantísimo reality show?

Ojalá aprendamos a orar. Porque si tememos a Dios, si lo amamos, respetaremos su imagen: la persona.

Parábola de un hombre rico que tuvo una gran cosecha (Lucas 12:13-21)

Lucas 12,13-21
Lunes de la 29 semana del tiempo ordinario
18 Domingo del tiempo ordinario, C

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: "Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia." Él le contestó: "Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?" Y dijo a la gente: "Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes."Y les propuso una parábola: "Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: "¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha." Y se dijo: "Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida." Pero Dios le dijo: "Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?" Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios."

Parábola del Fariseo y del Publicano (Lucas 18:9-14), por M. Dolors Gaja, M.N.

Lucas 18,9-14
30 Domingo del tiempo ordinario, C

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: "Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. "El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. "Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido."

— Comentario por M. Dolors Gaja, M.N.

Lucas insiste a lo largo de todo el evangelio en la necesidad de orar. Y en este relato se nos dice, además, cómo debemos orar, qué actitud es precisa para orar de verdad.

Tradicionalmente se llama a este fragmento “parábola del fariseo y el publicano”; no obstante, no se trata de una parábola (una realidad de la tierra que nos habla de una del cielo) sino de un “relato ejemplar”. En los relatos ejemplares se suelen presentar parejas opuestas (bueno-malo) y los rasgos se exageran para poner de relieve el mensaje. Es lo que hace Jesús.

LA INTENCIÓN

Jesús es Maestro por excelencia. Tiene un mensaje claro pero sabe adaptarlo al público que tiene delante. Y en este momento habla a un grupo que se tiene por justo, por santo, por recto... Y como consecuencia inmediata de tanta seguridad, ese grupo desprecia a todos los que no piensan como ellos, los que no hacen como ellos, los que no son como ellos. Se han convertidos en poseedores de la verdad. Y a mí me recuerda que esa corriente también existe en la Iglesia, que hay grupos potentes “más papistas que el Papa”, y gente que siempre tiene una receta para todo. Leamos esta “parábola” identificándonos con el fariseo.

EL FARISEO

Cumplidor de la Ley hasta el extremo sube al Templo a orar. Pero su mirada no se dirige a Dios sino a él mismo: da gracias por no ser como el otro, los otros, da gracias por todo lo que hace.

Repito que Jesús exagera y Lucas incluso subraya maliciosamente que oraba “de pie” cuando en el mundo judío es una postura normal. Pero Lucas lo subraya porque lo que estaba erguido era el corazón. Quizá no nos identificamos mucho con el fariseo porque la exageración parece que no va con nosotros. Pero atendamos la mirada y preguntémonos si cuando oramos nuestro corazón se centra en Dios o si es un momento para hablar – y sólo hablar – de mis problemas, mis deseos, mis miedos, mis éxitos, mis buenos propósitos, mi vocación, mi matrimonio…mi…mi…

El Fariseo es un nuevo Narciso que no alaba a Dios porque ya se alaba a sí mismo. Y no olvidemos que nuestra sociedad fomenta el narcisismo, así que alerta. Por otra parte, el fariseo parece entender que la bondad o santidad dependen del cumplimiento de una serie de leyes y eso le aleja de Dios.

EL PUBLICANO

No es, desde luego, “el bueno”. Usurero, injusto, ladrón (encima parece que era adúltero pues lo más seguro es que el fariseo supiera la vida y milagros del publicano), todo lo que dice el fariseo era lo habitual en los publicanos. Además eran colaboracionistas romanos, traidores a la patria etc etc.

Pero la gran diferencia es que el publicano tiene conciencia de su pecado. Y “conoce” lo suficiente a Dios como para pedirle que se compadezca de Él. Su inteligencia emocional, diríamos hoy, es bastante más sana que la del fariseo. Este publicano sabe cómo es él y cómo es Dios; el fariseo ni se conoce a sí mismo ni conoce a Dios. Es por tanto incapaz de orar. En cambio el publicano es apto para orar porque parte de su realidad…y no se preocupa de los otros. Conocerse a sí mismo es el principio de toda sabiduría. Si el publicano es elogiado no lo es, desde luego, por el mal que hace, pero sí por su capacidad de reconocerlo y sentir dolor por ello.

Me temo que estamos formando muchos fariseos. Queriendo privar a los niños de un sentimiento de culpa (que puede ser muy sano) los hemos casi convencido de que todo está bien. A lo sumo, cometen errores. Son muchas las personas – niños y adultos – que no saben de qué confesarse. Si es así, uno mismo se coloca en el lugar del fariseo. La Palabra de Dios es tajante en ese sentido. Ante Dios uno sólo puede sentirse pecador…y pecador amado. Los cristianos no somos otra cosa que pecadores con vocación de santos.

El evangelio termina con una sentencia que recuerda el Magnificat de María: “Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”. María y este publicano coincidían. ¿Coincido yo y tengo esa misma relación con Dios?

Lucas 18:9-14: Actitud del que ora, por M. Dolors Gaja, M.N.


Lucas 18,9-14

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: "Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. "El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. "Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido."

Comentario por M. Dolors Gaja, MN

Lucas insiste a lo largo de todo el evangelio en la necesidad de orar. Y en este relato se nos dice, además, cómo debemos orar, qué actitud es precisa para orar de verdad.

Tradicionalmente se llama a este fragmento “parábola del fariseo y el publicano”; no obstante, no se trata de una parábola (una realidad de la tierra que nos habla de una del cielo) sino de un “relato ejemplar”. En los relatos ejemplares se suelen presentar parejas opuestas (bueno-malo) y los rasgos se exageran para poner de relieve el mensaje. Es lo que hace Jesús.

La intención

Jesús es Maestro por excelencia. Tiene un mensaje claro pero sabe adaptarlo al público que tiene delante. Y en este momento habla a un grupo que se tiene por justo, por santo, por recto... Y como consecuencia inmediata de tanta seguridad, ese grupo desprecia a todos los que no piensan como ellos, los que no hacen como ellos, los que no son como ellos. Se han convertidos en poseedores de la verdad. Y a mí me recuerda que esa corriente también existe en la Iglesia, que hay grupos potentes “más papistas que el Papa”, y gente que siempre tiene una receta para todo. Leamos esta “parábola” identificándonos con el fariseo.

El fariseo

Cumplidor de la Ley hasta el extremo sube al Templo a orar. Pero su mirada no se dirige a Dios sino a él mismo: da gracias por no ser como el otro, los otros, da gracias por todo lo que hace.

Repito que Jesús exagera y Lucas incluso subraya maliciosamente que oraba “de pie” cuando en el mundo judío es una postura normal. Pero Lucas lo subraya porque lo que estaba erguido era el corazón. Quizá no nos identificamos mucho con el fariseo porque la exageración parece que no va con nosotros. Pero atendamos la mirada y preguntémonos si cuando oramos nuestro corazón se centra en Dios o si es un momento para hablar – y sólo hablar – de mis problemas, mis deseos, mis miedos, mis éxitos, mis buenos propósitos, mi vocación, mi matrimonio…mi…mi…

El Fariseo es un nuevo Narciso que no alaba a Dios porque ya se alaba a sí mismo. Y no olvidemos que nuestra sociedad fomenta el narcisismo, así que alerta. Por otra parte, el fariseo parece entender que la bondad o santidad dependen del cumplimiento de una serie de leyes y eso le aleja de Dios.

El publicano

No es, desde luego, “el bueno”. Usurero, injusto, ladrón (encima parece que era adúltero pues lo más seguro es que el fariseo supiera la vida y milagros del publicano), todo lo que dice el fariseo era lo habitual en los publicanos. Además eran colaboracionistas romanos, traidores a la patria etc etc.

Pero la gran diferencia es que el publicano tiene conciencia de su pecado. Y “conoce” lo suficiente a Dios como para pedirle que se compadezca de Él. Su inteligencia emocional, diríamos hoy, es bastante más sana que la del fariseo. Este publicano sabe cómo es él y cómo es Dios; el fariseo ni se conoce a sí mismo ni conoce a Dios. Es por tanto incapaz de orar. En cambio el publicano es apto para orar porque parte de su realidad…y no se preocupa de los otros. Conocerse a sí mismo es el principio de toda sabiduría. Si el publicano es elogiado no lo es, desde luego, por el mal que hace, pero sí por su capacidad de reconocerlo y sentir dolor por ello.

Me temo que estamos formando muchos fariseos. Queriendo privar a los niños de un sentimiento de culpa (que puede ser muy sano) los hemos casi convencido de que todo está bien. A lo sumo, cometen errores. Son muchas las personas – niños y adultos – que no saben de qué confesarse. Si es así, uno mismo se coloca en el lugar del fariseo. La Palabra de Dios es tajante en ese sentido. Ante Dios uno sólo puede sentirse pecador…y pecador amado. Los cristianos no somos otra cosa que pecadores con vocación de santos.

El evangelio termina con una sentencia que recuerda el Magnificat de María: “Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”. María y este publicano coincidían. ¿Coincido yo y tengo esa misma relación con Dios? 

Los árboles del paraíso y el bautismo cristiano, por Martín Gelabert, O.P.


Según el libro del Génesis, en el paraíso en el que se encontraban los primeros humanos, había dos árboles extraordinarios: el de la vida y el del conocimiento del bien y del mal.

Como su mismo nombre indica, se trata de dos árboles simbólicos. El árbol de la vida se encuentra en la mitología antigua. Quien come de él, obtiene la inmortalidad. El relato afirma que el hombre, mortal por naturaleza (sacado del barro), ha sido creado a imagen de Dios. Es como un “hijo de Dios”, al que se le ofrece, como un regalo, la vida inmortal. Es un regalo, no un derecho, porque sin el regalo el hombre es mortal. Sin embargo, este humano es una criatura. No tiene el conocimiento divino ni el poder absoluto de decretar lo que es bueno y lo que es malo. Este límite de la condición humana está simbolizado por el otro árbol, el árbol prohibido, el del conocimiento del bien y del mal. Por esta razón la astuta serpiente tienta a Eva, diciéndole que es posible conocer y decidir sobre el bien y el mal y, así, ir más allá del límite: “si coméis de este árbol, seréis como dioses” (Gen 3,5).

Según el Génesis, los dos árboles, contrarios e incompatibles, están en “el centro del jardín” (Gen 2,9). En el centro de la existencia. Esta dualidad es perfectamente coherente y hay que tenerla muy en cuenta si queremos entender el mensaje que el texto transmite.

Del primer árbol se puede comer; pero está prohibido, bajo pena de muerte, comer del segundo. Los dos arboles son el signo de una oposición fundamental y universal: la Vida y la Muerte. El humano debe escoger uno u otro camino. Porque el humano no es un animal como los otros. No es un autómata. Es libre, más aún, es el interlocutor de Dios. Puede convertirse en amigo de Dios, y cumplir su voluntad; es lo propio de los amigos, que buscan complacer al amigo; o separarse de Dios y seguir su propio camino. En adelante este será el dilema de Israel y, por extensión de toda la humanidad: “Yo os propongo el camino de la vida y el camino de la muerte” (Jr 21,8). Pero la voluntad de Dios es clara: “Escoge la vida” (Dt 30,19).

La elección fundamental entre vida y muerte, bien y mal, sigue siendo totalmente válida. Para el cristiano, el simbolismo del primer jardín se encuentra en el simbolismo sacramental del bautismo. El doble rito de la renuncia a Satanás y de la adhesión a Cristo es el lugar sacramental de esta elección decisiva. El creyente renuncia a la vía del mal y se compromete a seguir la vía de Cristo que conduce a la vida eterna. El catecúmeno hace así lo contrario de lo que hizo el primer hombre. Adán hizo una mala elección. Siguiendo a Cristo, Camino, Verdad y Vida, el catecúmeno encuentra abierto el camino que conduce al árbol de la vida.

viernes, 25 de octubre de 2013

Homilía del papa Francisco en su primera consagración de obispos

Homilía del papa Francisco en la ordenación de los primeros obispos por él consagrados

Reflexionemos atentamente sobre la alta responsabilidad eclesiástica a la que son llamados estos nuestros hermanos. El Señor nuestro Jesucristo enviado por el Padre, para redimir a los hombres envió a su vez en el mundo a los doce apóstoles, para que llenos de la potencia del Espíritu Santo anunciaran el evangelio a todos los pueblos reuniéndolos bajo un único pastor, los santificaran y los guiaran a la salvación.

Con la finalidad de perpetuar de generación en generación este ministerio apostólico, los doce se valieron de colaboradores apostólicos transmitiéndole a ellos con la imposición de las manos, el don del Espíritu recibido de Cristo, que confería la plenitud del sacramento del orden. Así, a través de la ininterrumpida sucesión de los obispos en la tradición viviente de la Iglesia se ha conservado este ministerio primario, es la obra del Salvador que sigue y se desarrolla hasta nuestros tiempos.

En el obispo, circundado por sus presbíteros está presente en medio de ustedes, el mismo Señor Nuestro Jesucristo, sumo sacerdote 'in eterno'.

Es Cristo de hecho que en el ministerio del obispo sigue predicando el evangelio de la salvación y a santificar a los creyentes mediante los sacramentos de la fe. Es Cristo que a través de la paternidad del obispo acrece de nuevos miembros su cuerpo que es la Iglesia. Es Cristo que en la sabiduría y prudencia del obispo guía el pueblo de Dios en la peregrinación terrena hasta la felicidad eterna.

Acojan pues con alegría y gratitud a estos nuestros hermanos que nosotros obispos con la imposición de nuestras manos asociamos al colegio episcopal. Rindan a ellos el honor que se debe a los ministros de Cristo y a quienes dispensan los ministerios de Dios, a quienes les es confiado el testimonio del Evangelio y el ministerio del Espíritu para la santificación. Acuérdense las palabras de Jesucristo a los apóstoles: 'Quien le escucha a ustedes, me escucha a mi, quien les desprecia a ustedes me desprecia a mi, y quien les desprecia a ustedes desprecia a Aquel que me ha enviado'.

En cuanto a ustedes, Gianmaría y Gianpiero, elegidos por el Señor, reflexionen que han sido elegidos entre los hombres y para los hombres han sido constituidos en las cosas que se refieren a Dios. Episcopado es de hecho el nombre de un servicio, no de un honor. Al obispo le compete más el servir que el dominar, según el mandamiento del Maestro: quien es el más grande entre ustedes se vuelva como el más pequeño, quien gobierna como aquel que sirve, siempre en servicio, siempre el servicio.

Anuncien la palabra e toda ocasión, oportuna y no oportuna. Adviertan, reten, exhorten con toda magnanimidad y doctrina, y mediante la oración y la oferta del sacrificio por vuestro pueblo, alcancen de la plenitud de la santidad de Cristo la multiforme riqueza de la divina gracia, mediante la oración.

Recuerden ese primer conflicto en la Iglesia de Jerusalén, cuando los obispos tenían tanto trabajo para proteger a las viudas, los huérfanos, que decidieron nombrar diáconos. ¿Por qué? Para rezar y predicar la Palabra. Un obispo que no reza es un obispo 'a mitad camino', y si no le reza al Señor termina en la mundanidad. En la Iglesia que a ustedes les fue confiada sean fieles custodios y dispensadores del misterio de Cristo, puestos por el Padre a la cabeza de su familia.

Sigan siempre el ejemplo del Buen Pastor que conoce a sus ovejas y por ellas es conocido y por ellas no dudó en dar su vida. El amor del obispo: amen con amor de padre y hermano a todos aquellos a quien Dios les confía. Amen sobre todo a los presbíteros y diáconos que son vuestros colaboradores, son los que están más cerca de los próximos de ustedes. Nunca hacer esperar una audiencia a un presbítero, en seguida responderles, estén cerca de ellos. Amen también a los pobres y a los indefensos y a quienes tienen necesidad de acogida y ayuda.

Exhorten a los fieles a cooperar al empeño apostólico y acérquelos con gusto. Tengan viva atención hacia quienes no pertenecen al rebaño de Cristo porque si esos mismo les han sido confiados en el Señor. Recen mucho por ellos.

Acuérdense que en la Iglesia católica unidos en el vínculo de la caridad están unidos al colegio de los obispos y tienen que llevar la solicitud de todas las Iglesias acudiendo a las más necesitadas se ayuda.

Y velen con amor por todo el rebaño, en el cual el Espíritu Santo les pone a regir la Iglesia de Dios. Velen en el nombre del Padre, en nombre del cual toman la imagen, en nombre de Jesucristo su hijo de quien son constituidos maestros, sacerdotes y pastores. Y en nombre del Espíritu Santo que da vida a la Iglesia y con su potencia sostiene nuestra debilidad. Que así sea.

24 de octubre de 2013

jueves, 24 de octubre de 2013

¿Qué templo podréis construirme? Isaías 66,1

Isaías: 66,1-2
Laudes, lectura breve; 
jueves de la 29 semana del tiempo ordinario
Semana I

Así dice el Señor: «El cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies: ¿Qué templo podréis construirme? ; ¿o qué lugar para mi descanso? Todo esto lo hicieron mis manos, todo es mío -oráculo del Señor-. En ése pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras.»

jueves, 17 de octubre de 2013

La Iglesia es apostólica, texto de la homilía de la audiencia ofrecida por el papa Francisco

Miércoles, 16 de octubre de 2013

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Cuando recitamos el Credo decimos "Creo en la Iglesia una, santa, católica y apostólica". No sé si alguna vez han reflexionado sobre el significado que tiene la expresión "la Iglesia es apostólica". Quizás alguna vez, viniendo a Roma, han pensado en la importancia de los apóstoles Pedro y Pablo, que aquí dieron sus vidas para llevar el Evangelio y dar testimonio.

Más aún. Profesar que la Iglesia es apostólica, significa hacer hincapié en la relación que esta tiene con los apóstoles, con ese pequeño grupo de doce hombres que un día Jesús llamó para que permanecieran con Él y para enviarlos a predicar (cf. Mc. 3,13-19).

"Apóstol" es una palabra griega que significa "mandado", "enviado". Un apóstol es una persona que es enviada, y enviada a hacer algo; y los apóstoles fueron escogidos, llamados y enviados por Jesús para continuar su obra; es decir para rezar --ese es la primera tarea de un apóstol--, y segundo, para proclamar el Evangelio. Esto es importante, porque cuando pensamos en los apóstoles, podríamos pensar que ellos fueron enviados solo para anunciar el Evangelio, para hacer muchas obras. Pero en los primeros días de la Iglesia había un problema porque los apóstoles debían hacer muchas cosas y luego formaron a los diáconos, para que los apóstoles tuvieran más tiempo para orar y proclamar la Palabra de Dios.

Cuando pensamos en los sucesores de los apóstoles, los obispos, incluido el papa, porque él también es un obispo, debemos preguntarnos si este sucesor de los apóstoles primero que todo ora y luego proclama el Evangelio: esto es ser apóstol y por esta razón la Iglesia es apostólica. Todos nosotros, si queremos ser apóstoles como explicaré luego, debemos preguntarnos: ¿rezo por la salvación del mundo? ¿Predico el Evangelio? ¡Esta es la Iglesia Apostólica! Es una relación constitutiva que tenemos con los apóstoles.

A partir de esto me gustaría hacer hincapié muy brevemente en tres acepciones del adjetivo "apostólica", tal como se aplica a la Iglesia.

1 . La Iglesia es apostólica porque está fundada en la oración y la predicación de los apóstoles, en la autoridad que les fue dada por el mismo Cristo. San Pablo escribe a los cristianos de Éfeso : "Ustedes son conciudadanos de los santos y miembros de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, teniendo como piedra angular al mismo Cristo Jesús" (2, 19-20). Compara, es decir, a los cristianos con piedras vivas que forman un edificio que es la Iglesia, y este edificio está fundado sobre los apóstoles, como columnas, y la piedra que sostiene todo es Jesús mismo.

¡Sin Jesús no puede existir la Iglesia! ¡Jesús es la base misma de la Iglesia, el fundamento! Los apóstoles vivieron con Jesús, escucharon sus palabras, compartieron su vida, sobre todo han sido testigos de su muerte y resurrección. Nuestra fe, la Iglesia que Cristo quiso, no se basa en una idea, no se funda en una filosofía, se fundamenta en el mismo Cristo. Y la Iglesia es como una planta que ha crecido a lo largo de los siglos, se ha desarrollado, ha dado sus frutos y sus raíces están firmemente plantadas en Él, y la experiencia fundamental de Cristo que han tenido los Apóstoles, elegidos y enviados por Jesús, permanece hasta nosotros. Desde esa pequeña planta hasta nuestros días: así es la Iglesia en todo el mundo.

2. Pero preguntémonos: ¿cómo es posible para nosotros conectarnos con ese testimonio? ¿Cómo puede llegar hasta nosotros lo que han experimentado los apóstoles con Jesús, lo que han oído de Él? Este es el segundo significado del término "apostólicidad”.

El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que la Iglesia es apostólica porque «conserva y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la enseñanza, el buen depósito, las palabras sanas oídas a los apóstoles» (n. 857). La Iglesia conserva a través de los siglos este precioso tesoro, que es la Sagrada Escritura, la doctrina, los sacramentos, el ministerio de los pastores, para que podamos ser fieles a Cristo y participar de su vida misma. Es como un río que fluye en la historia, se desarrolla, irriga, pero el agua que fluye es siempre la que comienza desde la fuente, y la fuente es el propio Cristo: Él ha resucitado, Él es el Viviente, y sus palabras no pasan, porque Él no pasa, Él está vivo, Él está con nosotros hoy aquí, Él nos oye y nosotros hablamos con él y Él nos escucha, está en nuestro corazón. ¡Jesús está con nosotros hoy! Esta es la belleza de la Iglesia: la presencia de Jesucristo en medio de nosotros. ¿Pensamos acaso lo importante que es este don que Cristo nos ha dado, el don de la Iglesia, donde lo podemos encontrar? ¿Pensamos acaso cómo es la misma Iglesia, en su camino a lo largo de estos siglos --a pesar de las dificultades, los problemas, las debilidades, nuestros pecados--, la que nos transmite el auténtico mensaje de Cristo? ¿Nos da la confianza de que lo que creemos es realmente lo que Cristo nos dijo?

3 . El último pensamiento: la Iglesia es apostólica porque es enviada a llevar el Evangelio a todo el mundo. Continúa en el camino de la historia la misma misión que Jesús confió a los apóstoles: «Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto les he mandado. Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo» (Mt. 28,19-20). ¡Esto es lo que Jesús nos dijo que hiciéramos! Insisto en este aspecto de la actividad misionera, porque Cristo invita a todos a "ir" al encuentro de los demás, nos envía, nos pide movernos para llevar la alegría del Evangelio!

Una vez más debemos preguntarnos: ¿somos misioneros con nuestras palabras, pero sobre todo con nuestra vida cristiana, a través de nuestro testimonio? ¿O somos cristianos encerrados en nuestro corazón y en nuestras iglesias, cristianos de sacristía? ¿Cristianos solo de palabras, pero que viven como paganos? Debemos hacernos estas preguntas, que no son un reproche. Yo también, me lo digo a mí mismo: ¿cómo soy cristiano, realmente con el testimonio?

La Iglesia tiene sus raíces en la enseñanza de los apóstoles, verdaderos testigos de Cristo, pero mira hacia el futuro, tiene la firme conciencia de ser enviada --enviada por Jesucristo--, de ser misionera, llevando el nombre de Jesús a través de la oración, el anuncio y el testimonio. Una Iglesia que se cierra sobre sí misma y en el pasado, una Iglesia que ve solo las pequeñas reglas de hábitos, de actitudes, es una Iglesia que traiciona a su propia identidad; ¡una Iglesia cerrada traiciona su propia identidad! Por ello, ¡descubramos hoy toda la belleza y la responsabilidad de ser Iglesia Apostólica! Y recuérdenlo: Iglesia Apostólica porque oramos -- primera tarea--, y porque proclamamos el Evangelio con nuestra vida y con nuestras palabras.

miércoles, 16 de octubre de 2013

MARTES DE LA SEMANA 28 DEL TIEMPO ORDINARIO, Año impar, por el papa Francisco

Romanos 1,16-25
Salmo 18: El cielo proclama la gloria de Dios
Lucas 11,37-41

Romanos 1,16-25

Hermanos: Yo no me avergüenzo del Evangelio; es fuerza de salvación de Dios para todo el que cree, primero para el judío, pero también para el griego. Porque en él se revela la justicia salvadora de Dios para los que creen, en virtud de su fe, como dice la Escritura: "El justo vivirá por su fe." Desde el cielo Dios revela su reprobación de toda impiedad e injusticia de los hombres que tienen la verdad prisionera de la injusticia. Porque, lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista; Dios mismo se lo ha puesto delante. Desde la creación del mundo, sus perfecciones invisibles, su poder eterno y su divinidad, son visibles para la mente que penetra en sus obras. Realmente no tienen disculpa, porque, conociendo a Dios, no le han dado la gloria y las gracias que Dios se merecía, al contrario, su razonar acabó en vaciedades, y su mente insensata se sumergió en tinieblas. Alardeando de sabios, resultaron unos necios que cambiaron lo gloria del Dios inmortal por imágenes del hombre mortal, de pájaros, cuadrúpedos y reptiles. Por esa razón, abandonándolos a los deseos de su corazón, los ha entregado Dios a la inmoralidad, con la que degradan ellos mismos sus propios cuerpos; por haber cambiado al Dios verdadero por uno falso, adorando y dando culto a la criatura en vez de al Creador. ¡Bendito él por siempre! Amén.

Salmo 18: El cielo proclama la gloria de Dios

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.
R. El cielo proclama la gloria de Dios

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.
R. El cielo proclama la gloria de Dios

Lucas 11,37-41

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa. Él entró y se puso a la mesa. Como en fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: "Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo."

— Comentario del papa Francisco

La idolatría y la hipocresía no perdonan ni a la vida cristiana. El papa Francisco ha advertido sobre estos dos "vicios", durante la homilía de la misa celebrada en la Casa Santa Marta. Para no ceder a los peligros de estos pecados, dijo, es necesario poner en práctica los mandamientos del amor a Dios y del amor al prójimo.

Convertirse en un apóstol de sus propias ideas, o un devoto de su propio bienestar, en lugar que de Dios. Hablar de alguien porque no se ajusta a ciertas formalidades, olvidando que el mandamiento "nuevo" del cristianismo es el amor al prójimo sin peros.

Una vez más la liturgia de la misa insta al Papa a una reflexión sobre las trampas que jalonan la vida de fe. De las palabras de san Pablo, el Papa parte para señalar el pecado de idolatría, el de algunas personas que, para decirlo como el Apóstol, "aún habiendo conocido a Dios, no le glorificaron ni le dieron las gracias como Dios", prefiriendo adorar "a las criaturas antes que al Creador". Es una idolatría, dice el papa, que llega a "ahogar la verdad de la fe, en la que se revela la justicia de Dios":

"Pero así como todos tenemos necesidad de adorar –porque tenemos el sello de Dios en nosotros–, cuando no adoramos a Dios, adoramos a las criaturas. Y este es el paso de la fe a la idolatría. Ellos, los idólatras, no tienen ninguna razón como excusa: a pesar de haber conocido a Dios, no le glorificaron ni le dieron las gracias como Dios. ¿Y cuál es el camino del idólatra? Lo dice claro: ‘Están perdidos en sus vanos razonamientos, y su mente obtusa fue obscurada. El egoísmo de su propio pensamiento, el pensamiento todopoderoso, lo que yo creo es cierto: yo digo la verdad, hago lo que es cierto con mi pensamiento...".

Las críticas de san Pablo fueron, hace dos mil años, a los idólatras, que se postraban delante de los reptiles, de las aves y de los cuadrúpedos.

Y aquí el papa Francisco frena una objeción: hoy el problema no se pone porque nadie va a adorar las estatuas. No es así, afirma el papa, la idolatría ha encontrado otras maneras y formas:

"Incluso hoy en día, hay tantos ídolos e idólatras, que incluso se creen sabios. Pero también entre nosotros, entre los cristianos, ¡eh! Yo no hablo de ellos, yo respeto a los que no son cristianos. Pero entre nosotros –hablamos en familia– se creen los sabios, que saben todo... Y se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen: el propio yo, mis ideas, mi comodidad... Hoy en día, todos nosotros. No es sólo una cosa histórica , aún hoy por el camino hay ídolos... Todos tenemos algún ídolo oculto en el interior. Podemos preguntarnos delante de Dios: ¿cuál es mi ídolo oculto?, ¡el cual le quita el lugar al Señor!".

Si san Pablo llama necios a los idólatras, en el evangelio del día Jesús hace lo mismo con los hipócritas, interpretados por el fariseo que se escandaliza porque el Maestro no se ha lavado como debe ser antes de sentarse a la mesa.

"Ahora vosotros fariseos –Jesús responde– limpian el exterior del vaso y del plato, pero por dentro están llenos de avidez y de maldad". Y añade: "Den más bien como limosna lo que hay dentro, y he aquí que todo para ustedes estará puro".

"Jesús aconseja: no miren las apariencias, vayan directo a la verdad. El plato es plato, pero lo que es más importante es lo que está dentro del plato: la comida. Pero si eres vanidoso, si eres es un arribista, si eres un ambicioso, entonces eres una persona que siempre se jacta de sí mismo al cual le gusta presumir, porque piensas que eres perfecto; haz un poco de limosna y eso sanará tu hipocresía. Ese es el camino del Señor: es adorar a Dios, amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo. ¡Es tan simple, pero a la vez tan difícil! Esto solo se puede hacer con la gracia. Pidamos la gracia".

martes, 15 de octubre de 2013

El Síndrome de Jonás y la Señal de Jonás, por el papa Franciso y comentario de Nestor Mora Núñez


Lucas 11,29-32
Lunes de la Semana 28 del tiempo ordinario, año impar

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: "Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás."

— Comentario por el papa Francisco

El papa en Santa Marta alerta sobre el 'síndrome de Jonás'. Jesús los llama hipócritas, porque ellos no quieren la salvación de la pobre gente, de los ignorantes y pecadores.

Se tiene que luchar contra el "síndrome de Jonás" que nos lleva a la hipocresía de pensar que para salvarnos son suficientes nuestras obras. Así lo explicó el papa Francisco la mañana del lunes durante la misa celebrada en la Casa Santa Marta. El santo padre advirtió acerca de "una actitud de perfecta piedad", que atiende a la doctrina pero no se ocupa de la salvación de la "pobre gente".

— El "síndrome de Jonás" y la "señal de Jonás"

El papa Francisco centró su homilía en este binomio. Jesús, explicó, en el evangelio de hoy habla de "generación perversa". Es muy fuerte con su palabra. Pero, advirtió el papa, no se refiere a las personas "que lo seguían con mucho amor", sino a los "doctores de la ley" que "trataban de probarlo y hacerlo caer en una trampa".

Estas personas "le pedían signos" y Jesús les responde que solo se les dará "la señal de Jonás”. Existe sin embargo, advirtió el papa, el "síndrome de Jonás". El Señor le pidió que fuera a Nínive, y él huye a España. Jonás, dijo, "tenía las cosas claras": "la doctrina es ésta", "se debe hacer esto" y los pecadores "que se las arreglen, yo me voy”. Los que "viven de acuerdo con este síndrome de Jonás", añadió Francisco, Jesús "los llama hipócritas , porque ellos no quieren la salvación" de la "pobre gente", de los "ignorantes " y "pecadores":

"El 'síndrome de Jonás’ no tiene el celo por la conversión del pueblo, busca una santidad –me permito la palabra--, una santidad de ‘tintorería’, toda hermosa, bien hecha, pero sin aquel celo de ir a predicar al Señor. Pero el Señor con esta generación que sufre del "síndrome de Jonás' promete la señal de Jonás.

La otra versión, la de Mateo, dice: Jonás estuvo dentro de la ballena tres días y tres noches, una referencia a Jesús en la tumba --a su muerte y a su resurrección-- y aquel es el signo que Jesús promete, contra la hipocresía, contra esta actitud de religiosidad perfecta, en contra de esta actitud de un grupo de fariseos".

Hay una parábola en el Evangelio, agregó el pontífice, que pinta muy bien este aspecto: aquella del fariseo y del publicano que oran en el templo. El fariseo, "tan seguro de sí mismo", ante el altar da gracias a Dios por no ser como el publicano que en cambio solo pide la misericordia del Señor, reconociéndose pecador.

He aquí, entonces, que "el signo que Jesús promete por su perdón, a través de su muerte y su resurrección", dijo el papa, "es su misericordia": "Misericordia quiero y no sacrificio":

"El signo de Jonás, el verdadero, es lo que nos da la confianza para ser salvados por la sangre de Cristo. ¿Cuántos cristianos, cuántos son los que piensan que van a ser salvados solo por lo que hacen, por sus obras. Las obras son necesarias, pero son una consecuencia, una respuesta al amor misericordioso que nos salva. Sin embargo, las mismas obras, sin este amor misericordioso no sirven. En cambio, el 'síndrome de Jonás’ tiene confianza solo en su justicia personal, en sus obras".

Jesús habla entonces de "generación malvada" y "a la pagana, a la reina de Saba, casi la nombra jueza: que se levantará contra los hombres de esta generación". Y esto, señaló, "porque era una mujer inquieta, una mujer que buscaba la sabiduría de Dios":

"Es así que el ‘Síndrome de Jonás' nos lleva a la hipocresía, a aquella suficiencia, a ser cristianos limpios, perfectos, ‘porque hacemos estas obras: cumplimos los mandamientos, todo’. Es una gran enfermedad.

Y está la señal de Jonás, que es la misericordia de Dios en Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros, por nuestra salvación. Son dos palabras en la primera lectura que se conectan con esto.

Pablo dice de sí mismo que es un apóstol no porque ha estudiado esto, no: (sino) apóstol por llamada. Y a los cristianos les dice: 'Ustedes son llamados por Jesucristo’. El signo de Jonás nos llama: seguir al Señor, pecadores, somos todos, con humildad, con mansedumbre. Hay una llamada, incluso una elección".

"Aprovechemos hoy de esta liturgia --concluyó el papa--, para preguntarnos y tomar una decisión: ¿Qué prefiero? ¿El síndrome de Jonás o la señal de Jonás?"

— Comentario de Nestor Mora Núñez
El síndrome de Jonás o del escapismo fariseo. Papa Francisco

La homilía de Santa Marta de ayer trató sobre la actitud que nos lleva a creernos “salvados” y desentendernos de la misión evangelizadora. Esta actitud aparece claramente en la parábola del Publicano y el Fariseo, pero ¿Por qué el Papa ha utilizado el pasaje de Jonás para subrayar este comportamiento?

De hecho ha llamado el “Síndrome de Jonás” a la tendencia innata a escapar de los compromisos que Dios nos presenta, escudándonos en el cumplimiento de los preceptos. Esta denominación ha causado extrañeza en algunas personas.

A muchos nos llama la atención la facilidad con que el Papa genera noticia y plantea reflexiones a partir de situaciones o referencias diferentes a las habituales. También nos preguntamos la razón que hace que no concrete totalmente los temas, dejando incómodos espacios vacíos de comunicación. Incómodos, porque de repente nos encontramos con la patata caliente en nuestras manos. Tenemos que rellenar nosotros mismos estos espacios, para poder dar consistencia al mensaje papal. Si a esto unimos que las diferentes sensibilidades o ideologías se echan encima de estos espacios para reclamarlos, nos encontramos con la perplejidad que muchas personas padecemos.

Desde mi humilde punto de vista, el Santo Padre sabe crear buenos cebos para que nos echemos encima y dialoguemos sobre lo que él nos señala. Si dialogamos sobre la conveniencia, o no, de llamar “Síndrome de Jonás” al escapismo farisaico, tenemos la oportunidad de abrir un interesante intercambio de puntos de vista. Veamos qué nos dice el Santo Padre:

“El ‘síndrome de Jonás’ no tiene celo por la conversión de la gente, busca una santidad, me permito la palabra, una santidad de ‘tintorería’, toda bonita, bien hecha pero sin ese celo de ir a predicar al Señor. Pero el Señor, ante esta generación enferma con el ‘síndrome de Jonás’, promete el signo de Jonás. La otra versión, la de Mateo, dice: Jonás estuvo dentro de la ballena tres noches y tres días, refiriéndose a Jesús en el sepulcro, a su muerte y Resurrección, este es el signo que Jesús promete contra la hipocresía, contra este comportamiento de religiosidad perfecta, contra la actitud de un grupo de fariseos ”

El Santo Padre reúne el episodio de Jonás y la parábola del Publicano y el Fariseo. Qué podemos encontrar que hile con coherencia estas dos figuras. ¿Complicado? Mucho, pero igual que Jonás, tenemos que dejar los miedos fuera de nosotros y confiar en que el Señor nos dará las herramientas suficientes para entendernos y caminar hacia una verdadera comunidad cristiana. Pero para ello hace falta ir bien armado de humildad y caridad.

El centro debe estar en lo que Jonás temía: hacer la Voluntad de Dios. ¿Cuál es la Voluntad de Dios expresada por Cristo: Ir a evangelizar el mundo, estar junto al necesitado, llevar el mensaje de Cristo a las periferias. ¿Qué solemos hacer cuando se nos plantea esta misión? Casi siempre quedarnos en los preceptos obligatorios y dejar este trabajo a personas más adecuadas. Es decir, no confiamos en que el Señor nos señale el camino y dos de las fuerzas para llevar adelante la tarea. Justo lo que hizo Jonás, desesperar de su misión y de Dios mismo.

El Santo Padre cambia de repente el sentido del su locución y habla del signo de Jonás. El signo se contrapone al síndrome, ya que el signo sirve para comunicar, mientras que el síndrome produce todo lo contrario:

“El signo de Jonás, el verdadero, es el que nos da la confianza de ser salvados por la sangre de Cristo. Cuántos cristianos, cuántos hay, que piensan que serán salvados por lo que hacen, por sus obras. Las obras son necesarias, pero son una consecuencia, una respuesta al amor misericordioso que nos salva. Las obras solas, sin este amor misericordioso, no sirven. Sin embargo, ‘el síndrome de Jonás’ tiene confianza solo en su justicia personal, en sus obras”

Busquemos en nosotros aquellas comodidades que nos alejan de los demás e intentemos dejarlas de lado. “Las obras son necesarias, pero son una consecuencia, una respuesta al amor misericordioso que nos salva” Precisamente la clave de bóveda es el amor misericordioso que nos permite poner en práctica la caridad y la humildad. Ese amor misericordioso es lo que nos salva y no las obras o certezas que portemos con nosotros. Todo un desafío al que da igual que lo llamemos Síndrome de Jonás o Síndrome del escapismo farisaico. Lo importante son nuestras actitudes y la Gracia del Señor. El nombre que le demos, es importante, pero siempre en segundo lugar.