sábado, 27 de agosto de 2011

Domingo 22 del Tiempo Ordinario A, por Mons. Francisco González, S.F.

Jeremias 20,7-9
Salmo 62
Romanos 12,1-2
Mateo 16, 12-27

Los dos últimos domingos la primera lectura nos la daba el profeta Isaías. Este domingo nos toca leer de otro gran profeta, Jeremías, el profeta incomprendido y perseguido. Leemos hoy una de las confesiones que hace el profeta y que nos da una muestra de lo que hay en su corazón, la confusión de sentimientos que bullen en su interior.

Reconoce en el Señor como a un gran y poderoso seductor, y que ha caído bajo su encantamiento, aunque todo ello le trae la risa y burla de parte del pueblo. Por eso hay una rebelión en su alma y quiere abandonar esa misión del Señor y dice que “ya no pensará más en él, no hablará más de él”.

Sin embargo, el profeta siente como un fuego dentro de sí mismo que no le permite callarse, pues el pueblo continúa buscando dioses a su medida, siguen buscando sus propios dioses, y eso no lo puede permitir el profeta, sigue predicando, a pesar de las consecuencias adversas para él, y lo hace porque Dios se lo pide, porque, como dice al principio de la lectura, se ha dejado seducir por el Señor.
Si al hablar de rechazo y burla nos referíamos al profeta Jeremías, aún más le sucederá a Jesús. El Divino Maestro lleva tiempo predicando, y no sólo predicando ha hecho cosas maravillosas como la multiplicación de panes y peces, sanación de la hija de la cananea, calma la tempestad, da vista a ciegos y el poder de oír a un mudo, incluso los enfermos que simplemente llegaban a rozar el manto de Jesús quedaban sanados. Todo lo cual hace que sus discípulos, y en particular sus inmediatos colaboradores, los apóstoles, se sientan eufóricos, están arropados por un Mesías poderoso, no hay duda de lo que ellos pueden esperar, como si no hubiera límites para su futuro, un futuro de gloria y poder.

Visto lo cual Jesús tiene que bajarlos de lo alto y hacer que pisen el suelo y les advierte que él debe ir a Jerusalén, la capital, el centro del poder religioso, civil y militar, pero no sube a la ciudad para sentarse en algún trono, sino que allí “tiene que sufrir mucho por causa de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas o maestros de la Ley. Estos llegarán a matarlo, pero el Padre lo resucitará."

Una vez más Pedro habla y habla en contra de lo que Jesús les informa que tiene que hacer. A Pedro y los demás se les cae el cielo encima, o tal vez se abre la tierra y se traga todas sus ilusiones de grandeza y poderío. No puede pensar en un Mesías que hace milagros y habla con tanta verdad, lo cuelguen de la cruz.

Jesús critica la actitud de Pedro. Ya lo hemos visto anteriormente, cuando Pedro se fija en el Señor puede caminar sobre las aguas, cuando se centra en sí mismo y mira al peligro es cuando se hunde. Ahora se decide pensar como los hombres y no mirar la voluntad de Dios, convirtiéndose en otro Satanás, en un impedimento para que Jesús cumpla con su misión.

También conviene anotar quienes son los enemigos de Jesús en Jerusalén. ¿Quiénes lo van a colgar? Los ancianos, los sumos sacerdotes y los maestros de la Ley, o sea que los encargados de defender, interpretar y ser ejemplos de lo que Dios ha revelado, van a ejecutar al Hijo Único de ese mismo Dios.

¡Lo que son las cosas! Jesús añade, por si no se han dado por entendidos Pedro y compañeros: "El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que la pierda por mi causa la conservará”.

Cuanta razón tenía el Señor. De todos es conocido el mártir y arzobispo Romero. Sí, perdió su vida, mejor dicho, se la quitaron los encargados del orden y la justicia, pero como él había anunciado, que si moría se encarnaría en su pueblo, así ha sucedido.

Jesús, y sus seguidores, como dice Pagola, no suben a la cruz como derrotados, sino como portadores de esperanza.

sábado, 13 de agosto de 2011

Etimologia de la palabra "Matrimonio" segun el Libro de las Siete Partidas de Alfonso X, el Sabio.

Ley 2: Matris y munium son dos palabras del latín de que tomó nombre matrimonio, que quiere tanto decir en romance como oficio de madre. Y la razón de por qué llaman matrimonio al casamiento y no patrimonio es esta: porque la madre sufre mayores trabajos con los hijos que no el padre, pues comoquiera que el padre los engendre, la madre sufre gran embargo con ellos mientras que los trae en el vientre, y sufre muy grandes dolores cuando ha de parir y después que son nacidos, lleva muy grandes trabajos en criarlos ella por sí misma, y además de esto, porque los hijos, mientras que son pequeños, más necesitan la ayuda de la madre que del padre. Y porque todas estas razones sobredichas caen a la madre hacer y no al padre, por ello es llamado matrimonio y no patrimonio.
Alfonso X, el Sabio, Partida Cuarta, Libro de las Partidas o de las Leyes (1256-1265)

Significado de las velas de la unidad (unity candles)

Este rito forma parte de la liturgia del sacramento del matrimonio en muchas parroquias católicas de Nuevo Mexico (USA). Tiene lugar después de la entrega de los anillos y antes de las intercesiones o peticiones.


















Las velas de la unidad son tres velas, dos pequeñas y una grande que ocupa el lugar central. Se colocan (sin encenderse) sobre el altar antes del comienzo de la ceremonia.
















Después de la entrega de los anillos, o del rito del lazo si lo hubiere, se invita a los padres del novio y de la novia a que se aproximen al altar. Una vez frente al altar encienden las velas pequeñas de la unidad. Las velas pequeñas, que son dos y están a la derecha e izquierda de la vela grande, representan a la familia del novio y a la familia de la novia.

Entonces, se invita a los padres a situarse a un lado del altar y se llama a los novios para que se aproximen al altar. Una vez frente al altar, el novio toma la vela pequeña que han encendido sus padres y la novia toma la otra vela que han encendido los suyos y, al mismo tiempo, encienden la vela grande.
















La vela grande significa la unidad del matrimonio, dos personas que son una, y la unidad de dos familias que a través de sus hijos se convierten en una familia.

Este rito es muy apreciado por los novios y familias que lo piden. A menudo escuchamos que el marido y la mujer forman una nueva familia, favoreciéndose la idea de que esta nueva familia es independiente y libre de otras ataduras familiares. Esto es muy necesario en culturas donde los lazos familiares del novio y de la novia pueden llegar a asfixiar la autonomia que necesitan para crecer como esposos.

En otras culturas, ocurre exactemente lo opuesto. Se da tanta importancia a la independencia de los novios que los padres, abuelos, hermanos y hermanas, se comportan más como amigos de los esposos que como auténtica familia. En este contexto, el rito de las velas de la unidad inspira a una relación de familia entre el matrimonio y sus parientes.

viernes, 12 de agosto de 2011

Domingo 20 del Tiempo Ordinario, año A: "Aceptemos aprender de los demás", por Mons. Francisco Gonzalez, S.F.

Isaias 56,1.6-7
Salmo 66
Romanos 11,13-15,29-32
Mateo 15,21-28

En la primera lectura, las palabras del profeta posiblemente causaron consternación entre la gente del pueblo elegido. Tan elegido se sentía que todo lo que no eran ellos o de ellos, no podía reclamar el beneplácito de Dios. El profeta les recuerda observar el derecho y practicar la justicia, pues la justicia de Dios está para manifestarse. Más adelante les dice que las bendiciones de este Dios van a recaer sobre todos, no solamente sobre el pueblo elegido: ...porque mi casa es casa de oración y así la llamarán todos los pueblos.

Una lección semejante la encontramos en el evangelio de hoy donde nos narra cómo Jesús se retiró al país de Tiro y Sidón, región de paganos que no estaba bajo el dominio del rey de los judíos. Una mujer salió de algún lugar, tal vez cruzó la frontera y comenzó a seguir al grupo que lideraba Jesús, al mismo tiempo que gritaba para llamar su atención. Tenía una necesidad grande, su hija estaba poseída por un demonio muy malo.

Parece ser que era tal el alboroto que producía que los discípulos pidieron a Jesús que la atendiera, en vez de seguir ignorándola. El defendió dicha actitud recordándoles que su misión era dirigirse a las ovejas descarriadas de Israel, a los pobres, a los desahuciados, a los enfermos pero de Israel.

Cuando la mujer lo pudo alcanzar y se hincó delante de él, le suplicaba: “Socórreme, Señor”. Jesús siguió en sus trece y no cedía, tanto que le dijo algo que hasta pudiera ofender nuestros oídos: “No está bien quitarle el pan a los hijos (Israel) para echárselo a los perrillos (paganos y ella era cananea)”.

Ella, que era madre, tal vez madre soltera, viuda o abandonado por su marido o familia, no estaba para razones religiosas, filosóficas o históricas. Lo que estaba en su mente y corazón era su hija poseída por un demonio muy malo y que como consecuencia su vida era un infierno. No se nos dice qué clase de enfermedad o posesión satánica sufría la hija, pero lo que si sabemos es que el sufrimiento reinaba en su casa, en su hogar.

Tal vez la joven actuaba con violencia, creando peligro para ambas; tal vez estaba postrada en cama veinticuatro horas al día sin poder hacer nada; tal vez se pasaba el día y la noche dando gritos. Fuera lo que fuera, era algo grave, pues la madre lo describe como “muy malo”, cruza la frontera para hablar con alguien que no es de los suyos, y que la ignora primero, y la insulta después.

La madre sigue insistiendo a pesar de todo y responde a Jesús: “Cierto, Señor, pero también los perrillos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Creo que deberían dar un aplauso a esa mujer, que no cede porque ella está sufriendo, su hija está sufriendo, y Jesús, a quien ella se dirige tiene el poder de remediarlo, y así al final Jesús, ¡qué grande es en su humildad!, acepta que el Dios en cuyo nombre él ha recibido su misión no hace distinción, y el sufrimiento que tiene el poder de igualar a los seres humanos, es algo que Dios quiere remediar. Jesús, el Todopoderoso y Maestro, aprende de la gran lección que le da una madre impotente ante el sufrimiento de su hija.

Grandes lecciones podemos aprender todos de este pasaje evangélico. En primer lugar la fe y confianza en Dios que quiere, que ama a todos sin distinción de clases, nacionalidad, posición económica o religión.

En segundo lugar la perseverancia aún cuando las cosas no sucedan de inmediato, sabiendo resistir al silencio, el rechazo, incluso las buenas razones cuando la justicia y amor están por encima de ellas.

En tercer lugar, el ejemplo de Jesús, que a pesar de todos los pesares, a pesar de su autoridad, a pesar de lo que el creía ser su fidelidad a la misión por la que él había venido a este mundo, acepta aprender de los demás y reconoce el razonamiento superior de esa mujer pagana: Dios no quiere el sufrimiento, y lo mismo que hace salir el sol para buenos y malos, su sanación tampoco hace distinciones.

jueves, 11 de agosto de 2011

Significado del palio

























El término palio tiene diferentes acepciones. En la antigua Grecia, era un manto con el que cubrían el resto de sus vestiduras hombres y mujeres, que se sujetaba en el pecho con una hebilla o un broche.

En la liturgia católica, es la insignia pontifical que el Papa otorga a los Arzobispos y a algunos Obispos, y que consiste en una especie de faja de color blanco con cruces negras y que pende desde los hombros sobre el pecho y puede llegar hasta la altura de las rodillas.

Esta prenda, desde la entronización como Sumo Pontífice de Juan Pablo I, ha pasado a ser el emblema personal de la dignidad del Santo Padre, una vez que en el Vaticano se ha prescindido del uso personal de la triple tiara representativa de la suma de poderes temporal y espiritual, uso que sólo pervive en las representaciones heráldicas.















































PALIO PROCESIONAL

El palio procesional, que es un elemento litúrgico de origen bizantino, y que recibe su nombre, por extensión, del manto heleno antes mencionado, puesto que es una especie de dosel, generalmente de seda suntuosamente bordada, colocado sobre cuatro o más varas; en teoría, lo apropiado es que estas varas sean doce, representativas de los Apóstoles, y el portarlas se considera un privilegio reservado en ciertas solemnidades a personajes de gran relieve religioso, civil o militar.

Se utiliza en las procesiones cubriendo al sacerdote que porta el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, normalmente en custodia u otro tipo de ostensorio, y también era frecuente su utilización acogiendo a Papas y Reyes.

La altura del palio, a veces realzada por la incorporación de penachos con plumas de vistosa policromía en los ángulos de las esquinas, permitía que las multitudes se percatasen con tiempo suficiente de que el Santísimo, o el personaje recibido bajo ese dosel ambulante, se acercaba al punto donde se encontraban los espectadores, además de conferir extraordinaria solemnidad a los desfiles procesionales, pues su paso ha de resultar forzosamente lento.



































































Fuente: http://blogdeheraldica.blogspot.com/

El significado del incienso

INCENSARIO O TURIBULO


















La palabra “incienso” procede del latín "incendere" que significa "encender". Esta palabra latina da lugar al termino "incensario" (el instrumento metálico para incensar); por otra parte, la raíz griega "tus", que también significa incienso, explica la palabra "turíbulo" (incensario) y "turiferario" (el que lo lleva).

El incienso es una resina (secrecion organica producida por muchas plantas y árboles) que produce un agradable aroma al arder.

El incienso se da sobre todo en el Oriente. Desde muy antiguo en Egipto, antes que llegaran los israelitas, se usaba en ceremonias religiosas por su simbolismo de perfume y fiesta, signo de honor y respeto o de sacrificio a los dioses.

En torno al Arca de la Alianza, pero sobre todo el templo de Jerusalén, era clásico el rito del incienso (Ex.30). La reina de Sabá trajo entre otros regalos gran cantidad de aromas a Salomón (1R.10).

Los cristianos introducen el incienso en sus celebraciones a partir del siglo IV, cuando se consideró superado el peligro de confusión con los ritos idolátricos del culto romano.

Actualmente se inciensa en la misa, cuando se quiere resaltar la festividad del día:
  •  el altar,
  • las imágenes de la Cruz
  • las imagenes de la Virgen,
  • el libro del evangelio,
  • las ofrendas sobre el altar,
  • los ministros y el pueblo cristiano en el ofertorio,
  • el Santísimo después de la consagración o en la celebraciones de culto eucarístico.
Con ello se quiere significar a veces un gesto de honor:
  • al Santísimo,
  • al cuerpo del difunto en las exequias,
  • o un símbolo de ofrenda sacrificial (en el ofertorio, tanto el pan y el vino como las personas).

miércoles, 10 de agosto de 2011

Historia y significado de la Cruz de Caravaca o Vera Cruz
























La historia de la Cruz de Caravaca tiene su origen en el pueblo de Caravaca de la Cruz, situado a 63 Km de Murcia, España, y en ella se mezcla la historia oficial con leyendas que aportan matices mágicos y religiosos al mismo tiempo.

El nombre oficial con el que se denomina a la reliquia es el de Vera Cruz. Ya desde la Edad Media se la conoce como la Vera Cruz de Caravaca, es decir, la verdadera cruz. Se trata de un lignum crucis: fragmento de la cruz en la que Jesucristo fue crucificado. El título de Vera Cruz solamente se aplicaba al leño de Jerusalén, encontrado en el siglo IV por santa Elena, madre del emperador Constantino.

Cruz patriarcal

La Cruz de Caravaca es una cruz de las llamadas patriarcales, compuestas de un pie y dos travesaños paralelos y desiguales que forman cuatro brazos. Se conserva en un relicario con forma de cruz de doble brazo horizontal, (de 7 y 10 cms) y de 17 cms de alto con la apariencia de un pectoral grande.

Según la tradición perteneció al patriarca Roberto de Jerusalén, primer obispo de Jerusalén después de haber sido conquistada a los musulmanes en la Primera Gran Cruzada (1099). Ciento treinta años más tarde (1229), en la sexta cruzada, un obispo, sucesor de Roberto en el patriarcado, tenía posesión de la reliquia. Dos años después la cruz estaba milagrosamente en Caravaca.

La historia oficial

La aparición de la Cruz en Caravaca acontece en la época de la incorporación del reino taifa de Murcia a la soberanía cristiana. La cruz en Caravaca inspiró al nacimiento de las órdenes militares para luchar por la reconquista.

Los cristianos que llegaban a tierras murcianas se sentían tocados y cobijados por una fuerza sagrada. De ahí que muchos liberados del cautiverio acudieran a depositar sus cadenas, como exvotos, a la pequeña capilla interior de la fortaleza, en donde custodiaba la Cruz la Orden militar encargada del Castillo.

La Orden Militar de los Templarios fue la primera que custodió y defendió el castillo y la Cruz, después de unos años de posesión directa por las tropas castellanas. El Temple venía con las huestes de Jaime I de Aragón que ayudó a su yerno Alfonso el Sabio a someter la rebeldía. El rey Aragonés, educado por la Orden de los Templarios, le otorgó casa y huerto en Murcia. Después, el rey Alfonso le donó el territorio caravaqueño. Los templarios estuvieron en Caravaca unos 46 años. Desaparecido el Temple, Alfonso XI ofrecio la custodia de la reliquia a la Orden de Santiago (1344), la permaneció en Caravaca hasta la abolición de todas las Ordenes en 1868.

Reconocimiento de la reliquia
por parte de la Iglesia

Desde época muy temprana hay un reconocimiento oficial por parte de la Iglesia hacia la Cruz de Caravaca: la bula del Papa Clemente VII (1392), el decreto de Clemente VIII (1597), el de Paulo V (1606), las bulas de los Papas Alejandro VIII (1690) y Clemente XI (1705). En 1736 se concede a la Cruz el culto de latría. Léon XIII, en el 4 de diciembre de 1893, ratifica los mismos privilegios de los siglos XV y XVII.

La leyenda de la aparición
según la tradicion local

Según la tradición, la Vera Cruz se apareció en el Castillo-Alcázar de Caravaca el 3 de mayo de 1232 y allí se venera desde el siglo XIII cuando tuvieron lugar las primeras peregrinaciones. Por aquellas fechas reinaba Fernando III el Santo en Castilla y León, y de Jaime I en Aragón. El reino taifa de Murcia estaba regido por Ibn-Hud. Es, pues, en territorio y dominación musulmana, cuando se narra el hecho.

La tradición local más popularizada narra que en 1231, se encontraba el rey almohade de Valencia y Murcia, Ceyt-Abu-Ceyt, en sus posesiones de Caravaca. Interrogó a los cristianos que tenía prisioneros para conocer los oficios que ejercían, con el fin de ocuparles en consonancia con sus habilidades. Entre ellos estaba el sacerdote Ginés Pérez Chirinos quien, en labores de misionero, había llegado desde Cuenca a tierras sarracenas para predicar el Evangelio. El padre Ginés contestó que su oficio era el de decir la misa. El rey moro quiso conocer cómo era tal cosa. Entonces, se mandaron traer los correspondientes ornamentos desde Cuenca y el 3 de mayo de 1232, en la sala noble de la fortaleza, el sacerdote comenzó la liturgia. Sin embargo, al poco de iniciarla hubo de detenerse explicando que le era imposible continuar pues faltaba en el altar un elemento imprescindible: un crucifijo.

En ese momento, por una ventana de la estancia, dos ángeles descendieron desde el cielo y depositaron una cruz de doble brazo en el altar. El sacerdote pudo entonces continuar con la celebración de la misa y, ante tal maravilla, Abu-Ceyt (junto con los miembros presentes de su Corte) se convirtió al cristianismo. Después se comprobó que la cruz aparecida era el pectoral del obispo Roberto, primer patriarca de Jerusalén, confeccionado con la madera de la Cruz donde muríó Jesucristo.

Los documentos originales sobre el milagro han desaparecido. Existe el testimonio Fray Gil, cronista de San Fernando, a quien le acompañó en la visita que el santo rey hizo a la villa de Caravaca. Durante su estancia en Caravaca, Fray Gil conversar con los testigos oculares de la aparición y oir de sus labios la narración de lo acontecido. Existe otro testimonio de D. Antonio de Oncala, canónigo de Avila, que murió en 1558, también relata la historia de la aparición de la cruz de Caravaca. Todos los relatos coinciden en lo esencial.





















martes, 9 de agosto de 2011

LAS CAPILLAS DE LA SAGRADA FAMILIA, por Xavier Aymerich
























Todos tenemos en la mente estas cajitas de madera, con una imagen de Jesús, María y José en su interior, con un cristal delante para protegerla pero a la vez permitir la visión, y con una asa para poder ser transportadas. Sabemos que la tradición de los "coros" de la Sagrada Familia está muy arraigada en Catalunya.

No es fácil retroceder en la historia para encontrar el origen. De hecho, consta desde muy antiguo la tradición de estas capillas, no sólo de la Sagrada Familia, sino de imágenes diversas de la Virgen o los santos, que iban pasando de casa en casa como una forma de devoción y de oración.

Lo cierto es que el papa León XIII instituyó en 1892 la Asociación de la Sagrada Familia, para promover entre las familias el culto a la Sagrada Familia de Nazaret y tomarla por modelo de virtudes en las propias casas. Esta asociación difundió todo tipo de imágenes y estampas de la Sagrada Familia para tener en un lugar visible de las casas particulares, y facilitar la oración en familia, entre ellas, evidentemente, nuestras capillas.

En esta línea se promovió pocos años después la Visita Mensual Domiciliaria, que organizaba la circulación de las capillas en "coros" de varias familias, con una "celadora" responsable.

Hay que mencionar también el papel que tuvieron en nuestra casa los Hijos de la Sagrada Familia, congregación fundada por san José Manyanet, el carisma del que era precisamente el de ayudar a las familias con la espiritualidad propia del hogar de Nazaret, recordemos que el padre Manyanet fue el inspirador del templo de la Sagrada Familia de Barcelona.

Los religiosos manyanetianos y su revista "Sagrada Familia" (creada en 1899), colaboraron mucho en la difusión de esta devoción y tradición. De hecho, los libretos de la Visita Mensual Domiciliaria, con textos, oraciones e instrucciones, que se publicaron abundantemente hasta nuestros días, los editó esta Congregación. Y aunque vale la pena mencionar el popular "Himno a la Sagrada Familia", con la letra del padre Jacinto Verdaguer y música del padre Luis Romeu, que muchos son capaces de entonar de memoria: "Jesús, José y María, oh nombres más dulces que miel”.

La tradición de las capillas de la Sagrada se mantiene en muchos lugares, aunque a menudo poco conocida, recluida en casas mayoritariamente de personas mayores que la conservan desde hace muchos años. Hay que reconocer que la manera de funcionar los coros, con unas normas concretas, y con unas oraciones y textos antiguos, dan esta imagen de forma devocional pasada de moda. Pero querría aportar una experiencia muy actual.

En la parroquia de San Miguel Arcángel de Molins de Rei encontramos hace unos meses, haciendo limpieza de algunos armarios de la rectoría, cinco capillas, viejas y bastante deterioradas. Las hicimos restaurar y las ofrecimos a las familias que quisieran tenerlas durante unos días en su casa. Sin seguir unos ritmos estrictos sino flexibles (una semana, quince días, o incluso un mes), agrupando las familias en grupos cercanos y conocidos aunque fueran pocos, y tan sólo pidiendo el compromiso que cada uno lleve la capilla a la familia siguiente de la lista.

Se presentaron muchas familias, sobre todo con niños en edad de catequesi, que se les presentaba como una propuesta nueva y atractiva. Asimismo, descubrimos que había "circulando" por la villa cinco capillas más que seguían con más o menos orden la práctica tradicional, y tres familias que las tenían en su casa después de haberse deshecho el coro. Rehicieron los coros, renovaron las listas, y ahora son trece las capillas que vuelven a ir de casa en casa. El día de la fiesta de la Sagrada Familia todas las llevan a la iglesia, las exponemos en el altar propio que tenemos en la parroquia, y cantamos juntos, al final de la misa, el Himno a la Sagrada Familia.

Es un ejemplo de una tradición antigua que, adaptada a la realidad actual, se puede recuperar y reanudar. En todo caso, una oportunidad para ayudar a vivir la fe en las familias, gracias a una presencia sencilla pero bonita y claramente evangelizadora.

Mossen Xavier Aymerich es rector de la Parroquia San Miguel Archangel de Molins de Rey, en Barcelona (Espana).

lunes, 8 de agosto de 2011

Los defectos de Jesus, Maria y Jose, por Maria Dolors Gaja

Durante muchos años hemos vivido, creo, de un cliché estático de las tres figuras de Nazaret. Aunque parezca sorprendente quizá el que ha escapado más al cliché es Jesús: lo vemos gozoso, lo vemos llorar la muerte de un amigo, enfurecerse con los vendedores del Templo, acariciar niños...

En cambio a María, la Llena de Gracia, la concebimos así, siempre llena, siempre en plenitud. Como si se hubiera quedado en el momento de la Anunciación, ese que podríamos llamar su “momento fundante”. O la vemos en la cruz, dolorosa y fiel. A José lo llamamos – cuando nos acordamos- el varón “justo”. Y ya.

Leí recientemente un artículo que me hizo mucho bien porque desmontaba paso a paso una idea que tenemos muy arraigada: la santidad equivale a perfección. Y parece, decía el autor, que ser santo es algo tan simple como dejar pasar la Luz de Dios a través de tu vida, con la psicología que tengas. De la misma manera que un vino excelente puede beberse en una copa de cristal de bohemia o en una copa comprada en un bazar, Dios se sirve de toda persona para manifestarse. Ha habido santos impacientes, con mal genio, tozudos...ha habido santas que somatizaban sus angustias, hipersensibles o excesivamente temerosas o audaces. Y murieron con esas particularidades, con esos defectos que eran propios de su psicología. Pero fueron santos.

Imaginar que José, María y Jesús no tienen sus fallos humanos, sus “defectos” es negarles, en cierto modo, la posibilidad de ser humanos. Si el verbo de Nazaret es “crecer” y ya desde el principio son “perfectos”...¿no nos estamos alejando de entender radicalmente que Dios se hizo carne? ¿que Dios acepta ser sujeto de perfección, que María y José tienen un camino que andar? Tener defectos es propio de la naturaleza humana y es, también, camino de santidad. Asumir los propios y los ajenos nos hace semejantes a Dios, nos acerca a su corazón misericordioso.

Me impresionó que Rita Levi-Strauss, premio Nobel de medicina, hiciera, hace muchos años, un serio y científico elogio de la imperfección.

Según ella, sólo las especies que nacieron casi perfectas no han evolucionado. El escarabajo de hoy día es un organismo igual al del escarabajo de hace millones de años. En cambio, continua la científica, la persona ha evolucionado muchísimo desde su aparición en la tierra. Porque no era perfecta. Así que, con todos los respetos, como no pienso tratar a la Sagrada Familia como una especie casi perfecta incapaz de evolución he reflexionado sobre sus defectos.

No es incompatible con la concepción inmaculada de María y José el pensar que la Virgen pudiera ser impaciente, que José pudiera estallar a veces y que el Niño Jesús, tres veces santo, pudiera ser tozudo como una mula. ¡Qué poco respeto, dirán algunos! Pero imaginarlos asumiendo también su fragilidad humana me reconcilia con la mía y aleja de mí la tentación, tan frecuente, de calibrar si voy mejorando o no, si supero o no ciertos límites, defectos o debilidades.

Hace muchos años me dijo un sacerdote: moriremos inmaduros. Me pareció una frase bonita. Hoy, cada vez la descubro, la sé más cierta.

Pero lo importante es que aún con defectos, ni José ni María ni Jesús obstruyeron nunca la Luz. Ellos fueron el ventanal por el cual entró Dios a raudales. Y, siguiendo la imagen de ese artículo que tanto me gustó, la Luz puso de relieve sus desconchones humanos. Por algo, y no sólo por temor santo de Dios, habla María de su pequeñez.

Es posible imaginar pues que María pudiera ponerse nerviosa con lo que le costaba a José cobrar un encargo, un trabajo realizado. La vemos enfadada cuando el niño desobedece y se queda en el Templo. Cabe pensar que José se pelearía alguna vez con Dios, que tan complicada carga le había encargado custodiar.

El evangelio dice muy claro que Jesús crecía. Maduraba, vencía defectos y límites. Pulsiones, tendencias y sombras. Dice también que María no entendía y meditaba esas cosas en su corazón. ¿Pediría alguna vez cuentas a Dios?

Lo cierto es que nada de esto está reñido con la santidad. La santidad se acerca al concepto de plenitud; tanto da, decía Teresa de Lisieux, si eres un vaso como un dedal. Los tres son personas plenificadas. Se saben tierra sagrada de Dios y, por lo mismo, se aman y aceptan tal cual son.

Los tres dicen habitualmente, como Jesús en Getsemaní: no mi voluntad sino la tuya. ¡Qué buena noticia pues la de Nazaret!

No tengo que ser un vaso perfecto, una ventana nueva, una tierra sin un pedrusco...Basta que me deje llenar de Dios, que deje pasar su Luz, que me deje sembrar por Él. Que no me pide la perfección sino la santidad.

domingo, 7 de agosto de 2011

DOMINGO DE LA 19 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo A, por Mons. Francisco González, S.F.

1 Reyes 19,9a.11-13
Salmo 84
Romanos 9,1-5
Mateo 14,22-23

En la primera lectura vemos al Señor dando instrucciones al profeta Elías para que se coloque a la entrada de la cueva, porque él, el Señor iba a pasar por allí. Vino un fuerte e impetuoso viento moviendo montañas; llegó un terremoto y por último fuego... y en ninguno de esos elementos estaba el Señor. Inmediatamente le siguió un susurro de brisa suave. Allí estaba el Señor que le volvió a hablar.

¿Por qué en la suave brisa? Alguno sugiere que Dios tal vez quiso enseñar un nuevo estilo de predicación a Elías. El profeta había hecho degollar a los 450 profetas de Baal. Por otro lado, la reina Jezabel lo quiere matar a él. Violencia y más violencia. Una lección que nos va bien a nosotros, ya que en ocasiones queremos todo por la fuerza, y pedimos excomuniones, castigos, rechazos para aquellos que no siguen la reglas, aunque posiblemente tengamos otras alternativas.

El evangelio de hoy nos presenta una gran oportunidad para la reflexión. Los apóstoles se han subido a una barca por indicación de Jesús, mientras él se queda con la gente con la intención de despedirla. Ya de noche la barca empieza a ser zarandeada por las olas, están lejos de Jesús y llenos de miedo.

Jesús se les acerca caminando sobre el agua y, al miedo de hundirse, se les añade el miedo de ver que se acerca algo como un fantasma, Jesús se apiada de ellos y les tranquiliza: ¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!

Pedro quiso también caminar sobre las aguas, y después de unos pasos sintió miedo y gritó pidiendo ayuda a Jesús, quien le agarró y criticó su falta de fe. ¿Quién no ha sentido miedo en la vida?

Un autor moderno escribe: En la Iglesia ha entrado miedo. Desde los primeros tiempos del cristianismo a la Iglesia se le ha comparado como una barca, y en estos momentos que estamos viviendo hay miedo por infinidad de razones, entre otras porque existe la división; porque hay escándalos; porque los medio de comunicación la atacan constantemente o se burlan de ella; porque muchos la abandonan; porque faltan vocaciones; porque se cierran escuelas, incluso iglesias; porque la autoridad eclesiástica ha perdido parte de su autoridad moral, etcétera.

A esos miedos, de grupo o comunitarios, podríamos añadir otra colección de miedos en la vida. El Dr. Vicente Madoz, psiquiatra, habla de 10: la angustia, la locura, la enfermedad, el sufrimiento, la vejez, la muerte, el fracaso, el desamor, la soledad, el silencio.

El cardenal Ferry del Val, secretario de Estado de san Pío X, tiene lo que llaman "la letanía de la humildad" y entre las peticiones pide a Dios que le libre del miedo a ser humillado, despreciado, calumniado, olvidado, ridiculizado e injuriado.

Una directora espiritual hablando de nuestro camino hacia Dios dice que uno de los mayores impedimentos para avanzar en el mismo es "el miedo que tenemos de dar a Dios un sí, sin fisuras, sin condiciones", al estilo de la Virgen María: "Hágase en mí tu voluntad".

¿Qué hacer al encontrarnos con tanto/s miedo/s. En parte imitar a Pedro y gritar pidiendo a Dios que nos ayude. No me extrañaría que Pedro empezó a tener miedo cuando se centró en el poder de las olas, en vez de en el poder de Jesús que calmó la tempestad y la invitó a caminar hacia él. Cuando tenemos dudas de fe, tampoco hay que desesperarse. Es parte de la condición humana: Jesús tuvo dudas, Pedro tuvo dudas, Tomás tuvo dudas, pero es importantísimo escuchar a Jesús que nos dice: "No tengáis miedo". Frase que el Beato Juan Pablo II recogió y proclamó al comienzo de su Pontificado, y que después repitió en otras ocasiones, como en la Jornadas Mundiales de la Juventud, y que se van a celebrar de nuevo este mes en Madrid en la presencia del Papa Benedicto XVI.

Dios continúa pasando cerca de nosotros, en medio de tormentas y momentos de brisa suave invitándonos a caminar hacia él, sin miedo alguno.