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domingo, 26 de marzo de 2023

Daniel 13,1-9.15-17.19-30.33-62: Historia de Susana

Daniel 13,1-9.15-17.19-30.33-62


En aquellos días, [vivía en Babilonia un hombre llamado Joaquín, casado con Susana, hija de Jelcías, mujer muy bella y religiosa. Sus padres eran honrados y habían educado a su hija según la ley de Moisés. Joaquín era muy rico y tenía un parque junto a su casa; como era el más respetado de todos, los judíos solían reunirse allí. Aquel año fueron designados jueces dos ancianos del pueblo, de esos que el Señor denuncia diciendo: "En Babilonia la maldad ha brotado de los viejos jueces, que pasan por guías del pueblo." Solían ir a casa de Joaquín, y los que tenían pleitos que resolver acudían a ellos. A mediodía, cuando la gente se marchaba, Susana salía a pasear por el parque de su marido. Los dos ancianos la veían a diario, cuando salía a pasear en el parque, y se enamoraron de ella. Pervirtieron su corazón y desviaron los ojos, para no mirar a Dios ni acordarse de sus justas leyes.

Un día, mientras acechaban ellos el momento oportuno, salió ella como de ordinario, sola con dos criadas, y tuvo ganas de bañarse en el parque, porque hacía mucho calor. Y no había nadie allí, fuera de los dos ancianos escondidos y acechándola. Susana dijo a las criadas: "Traedme el perfume y las cremas y cerrad la puerta del parque mientras me baño." Apenas salieron las criadas, se levantaron los dos ancianos, corrieron hacia ella y le dijeron: "Las puertas del parque están cerradas, nadie nos ve, y nosotros estamos enamorados de ti; consiente y acuéstate con nosotros. Si no, daremos testimonio contra ti diciendo que un joven estaba contigo y que por eso habías despachado a las criadas." Susana lanzó un gemido y dijo: "No tengo salida: si hago eso, seré rea de muerte; si no lo hago, no escaparé de vuestras manos. Pero prefiero no hacerlo y caer en vuestras manos antes que pecar contra Dios." Susana se puso a gritar, y los ancianos, por su parte, se pusieron también a gritar. Uno de ellos fue corriendo y abrió la puerta del parque. Al oír los gritos en el parque, la servidumbre vino corriendo por la puerta lateral a ver qué le había pasado. Y cuando los ancianos contaron su historia, los criados quedaron abochornados, porque Susana nunca había dado que hablar.

Al día siguiente, cuando la gente vino a casa de Joaquín, su marido, vinieron también los dos ancianos con el propósito criminal de hacer morir a Susana. En presencia del pueblo ordenaron: "Id a buscar a Susana, hija de Jelcías, mujer de Joaquín." Fueron a buscarla y vino ella con sus padres, hijos y parientes. Toda su familia y cuantos la veían lloraban. Entonces los dos ancianos se levantaron en medio de la asamblea y pusieron las manos sobre la cabeza de Susana. Ella, llorando, levantó la vista al cielo, porque su corazón confiaba en el Señor. Los ancianos declararon: "Mientras paseábamos nosotros solos por el parque, salió ésta con dos criadas, cerró la puerta del parque y despidió a las criadas. Entonces se le acercó un joven que estaba escondido y se acostó con ella. Nosotros estábamos en un rincón del parque y, al ver aquella maldad, corrimos hacia ellos. Los vimos abrazados, pero no pudimos sujetar al joven, porque era más fuerte que nosotros y, abriendo la puerta, salió corriendo. En cambio, a ésta le echamos mano y le preguntamos quién era el joven, pero no quiso decírnoslo. Damos testimonio de ello." Como eran ancianos del pueblo y jueces,] la asamblea [los creyó y] condenó a muerte a Susana. Ella dijo gritando: "Dios eterno, que ves lo escondido, que lo sabes todo antes de que suceda, tú sabes que han dado falso testimonio contra mí, y ahora tengo que morir, siendo inocente de lo que su maldad ha inventado contra mí."

El Señor la escuchó. Mientras la llevaban para ejecutarla, Dios movió con su santa inspiración a un muchacho llamado Daniel; éste dio una gran voz: "¡No soy responsable de ese homicidio!" Toda la gente se volvió a mirarlo, y le preguntaron: "¿Qué pasa, qué estás diciendo?" Él, plantado en medio de ellos, les contestó: "Pero, ¿estáis locos, israelitas? ¿Conque, sin discutir la causa ni apurar los hechos condenáis a una hija de Israel? Volved al tribunal, porque ésos han dado falso testimonio contra ella."

La gente volvió a toda prisa, y los ancianos le dijeron: "Ven, siéntate con nosotros y explícate, porque Dios mismo te ha nombrado anciano." Daniel les dijo: "Separadlos lejos uno del otro, que los voy a interrogar yo." Los apartaron, él llamó a uno y le dijo: "¡Envejecido en años y en crímenes! Ahora vuelven tus pecados pasados, cuando dabas sentencias injustas condenando inocentes y absolviendo culpables, contra el mandato del Señor: "No matarás al inocente ni al justo." Ahora, puesto que tú la viste, dime debajo de qué árbol los viste abrazados." El respondió: "Debajo de una acacia." Respondió Daniel: "Tu calumnia se vuelve contra ti. El ángel de Dios ha recibido la sentencia divina y te va a partir por medio." Lo apartó, mandó traer al otro y le dijo: "¡Hijo de Canaán, y no de Judá! La belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. Lo mismo hacíais con las mujeres israelitas, y ellas por miedo se acostaban con vosotros; pero una mujer judía no ha tolerado vuestra maldad. Ahora dime: ¿bajo qué árbol los sorprendiste abrazados?" Él contestó: "Debajo de una encina." Replicó Daniel: "Tu calumnia se vuelve contra ti. El ángel de Dios aguarda con la espada para dividirte por medio. Y así acabará con vosotros."

Entonces toda la asamblea se puso a gritar bendiciendo a Dios, que salva a los que esperan en él. Se alzaron contra los dos ancianos a quienes Daniel había dejado convictos de falso testimonio por su propia confesión. Según la ley de Moisés, les aplicaron la pena que ellos habían tramado contra su prójimo y los ajusticiaron. Aquel día se salvó una vida inocente.

sábado, 4 de diciembre de 2021

martes, 19 de diciembre de 2017

Lucas 1:5-25: La Anunciación del Ángel a Zacarías, por Edward P. Sri

Lucas 1:5-25: La Anunciación del Ángel a Zacarías


1:5 En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, de la clase sacerdotal de Abías. Su mujer, llamada Isabel, era descendiente de Aarón.
1:6 Ambos eran justos a los ojos de Dios y seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor.
1:7 Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril; y los dos eran de edad avanzada. 
(Lucas 1:5-7)

Zacarías e Isabel son presentados en el Evangelio de Lucas como un matrimonio fiel al judaísmo del siglo I. El sacedote Zacarías y su esposa Isabel, de la familia sacerdotal de Aarón, no son un matrimonio cualquiera sino que representan al pueblo de Israel escogido por Dios para guiar a todos los pueblos.

Lucas subraya que ambos son "justos delante de Dios" y "sin culpa" (=”sin falta”). Por este motivo, la declaración del versículo 7 es sorprendente: "No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada".

La esterilidad producía vergüenza en el judaísmo. Algunos veían en la esterilidad un castigo divino (Cf. Deuteronomio 28:15,18). Para la mentalidad judía de la época, el v.7 junta dos elementos contrapuestos: la santidad y el no tener hijos.

Esta situación nos recuerda el sufrimiento de otras mujeres piadosas del Antiguo Testamento –Sara, Rebeca, Raquel y Ana–. Ellas también fueron estériles hasta que Dios las bendijo con un hijo. Zacarías e Isabel, al igual que estas grandes matriarcas de la antigüedad, esperan que Dios actúe en su vida. O, tal vez, no...

“Le tocó entrar en el Santuario del Señor
para quemar el incienso”

1:8 Un día en que su clase estaba de turno y Zacarías ejercía la función sacerdotal delante de Dios, 
1:9 le tocó en suerte, según la costumbre litúrgica, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso. 
1:10 Toda la asamblea del pueblo permanecía afuera, en oración, mientras se ofrecía el incienso.
1:11 Entonces se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. 
(Luke 1:8-11)

El sacerdote Zacarías sirve en "el turno de Abías". Los sacerdotes se dividían en veinticuatro grupos para el servicio del templo; entonces, echaban a suerte a quién le tocaba el culto en el templo. Ese día, Zacarías fue el escogido para "entrar en el templo del Señor y quemar incienso" (Lucas 1:9).

En este ritual, Zacarías representa a todo Israel y ora ante el Santísmo en nombre de su pueblo. Ofrecer incienso en el templo era una oportunidad única en la vida. Zacarías no volvería a ser elegible para este servicio. Algunos sacerdotes nunca tendrían este honor.

El altar del incienso estaba detrás de una cortina que separaba el lugar más sagrado del templo: el Santo de los Santos. Los judíos creían que en este lugar sagrado el cielo se encontraba con la tierra. Sólo el Sumo Sacerdote podía aventurarse más allá de esa cortina, pudiendo acceder al Santo de los Santos una vez al año: el Día de la Expiación.

“Se le apareció el Ángel del Señor”

1:11 Entonces se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso.
1:12 Al verlo, Zacarías quedó desconcertado y tuvo miedo.
1:13 Pero el Ángel le dijo: "No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan.
1:14 Él será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento,
1:15 porque será grande a los ojos del Señor. No beberá vino ni bebida alcohólica; estará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre,
1:16 y hará que muchos israelitas vuelvan al Señor, su Dios.
1:17 Precederá al Señor con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien dispuesto", (Lucas 1:11-17)

Es interesante descubrir que no solamente Zacarías y Isabel, sino también todo el pueblo, serán bendecidos con un niño. El ángel le dice a Zacarías tres cosas asombrosas acerca de este niño.

• No consumirá vino ni bebida fuerte:

Esta información no es para darnos a conocer los futuros hábitos de Juan en relación con la bebida, sino para decirnos que el niño ha sido escogido por Dios para una misión. En el Antiguo Testamento los judíos "naziritas" se consagraban a Dios separándose de los demás y ejercitándose en la ascesis. Abstenerse de beber alcóhol era una práctica común para los nazireos (Cf. Números 6:3, Jueces 13:4). Juan también “escogido y separado” para un servicio especial.

• "Lleno del Espíritu Santo desde el vientre de la madre": 

Desde el vientre de su madre Juan es destinado para una misión, es decir, es un profeta. El Espíritu descendió sobre Saúl y lo transformó en profeta (Cf. 1 Samuel 10:10); también el Espíritu del Señor habló por medio de David (Cf. 2 Samuel 23:2). ). El mismo Espíritu se encontró con los profetas Ezequiel, Elías y Eliseo durante su ministerio en Israel (Cf. Ezequiel 11:5, 2 Reyes 2:9-16; Joel 2:28).

Cuando el ángel dice que este niño estará lleno del Espíritu Santo "desde el vientre de su madre", presenta a Juan como uno de los grandes profetas de Israel, incluso antes de que nazca.

• "Con el Espíritu y poder de Elías":

La importancia del ministerio profético de Juan es patente en las palabras finales del ángel: "Hará volver a muchos de los hijos de Israel al Señor, y él irá delante del Señor con el espíritu y poder de Elías para volver el corazón de los padres a los hijos”, Lucas 1:16-17.

Estos versos hacen referencia a las últimas palabras proféticas del Antiguo Testamento. El profeta Malaquías anunció que el Señor enviará a su mensajero que preparará al pueblo para su llegada: "He aquí, yo envío mi mensajero para preparar el camino delante de mí", Malaquías 3,1.

Malaquías identifica a este mensajero como el profeta más famoso de Israel: "He aquí que yo os enviaré a Elías antes de que venga el gran y terrible día del Señor. Y él volverá el corazón de los padres a sus hijos y el corazón de los hijos a sus padres...", Malaquías 4,5-6

Por tanto, el ángel presenta a Zacarías el ministerio profético de Juan como el cumplimiento de la profecía de Malaquías.

Ahora vemos que la historia de Zacarías e Isabel no es solamente la de un piadoso matrimonio judío sin descendencia a quienes Dios bendice con un hijo. La vida de Zacarías e Isabel representa la historia de Israel. Así como Zacarías y Isabel son estériles y esperan de Dios la gracia de tener un hijo, así también sufren los judíos del siglo I anhelando que Dios visite a su pueblo, como Malaquías había anunciado.

"Yo soy Gabriel"

1:18 Pero Zacarías dijo al Ángel: "¿Cómo puedo estar seguro de esto? Porque yo soy anciano y mi esposa es de edad avanzada". 
1:19 El Ángel le respondió: "Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena noticia. 
1:20 Te quedarás mudo, sin poder hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo".
1:21 Mientras tanto, el pueblo estaba esperando a Zacarías, extrañado de que permaneciera tanto tiempo en el Santuario.
1:22 Cuando salió, no podía hablarles, y todos comprendieron que había tenido alguna visión en el Santuario. Él se expresaba por señas, porque se había quedado mudo.
1:23 Al cumplirse el tiempo de su servicio en el Templo, regresó a su casa.
Lucas 1,18-23

Zacarías duda sobre si su anciana esposa podrá tener un hijo. Pregunta al ángel: “¿Cómo puedo estar seguro esto? Porque yo soy un anciano y mi mujer es de edad avanzada”. El ángel responde: "Yo soy Gabriel". El ángel, hasta ahora en el anonimato, revela su identidad; en realidad, no responde a la pregunta que se le ha hecho pero revela su nombre.

El ángel da a Zacarías una información que le va a ayudar a juntar las piezas del misterio que tiene ante sí. Zacarías comprende que Dios está actuando en su vida para conducir a Israel al momento culminante de su historia. ¿Cómo? La única vez que el ángel Gabriel es mencionado en el Antiguo Testamento es en las visiones del profeta Daniel.

En Daniel 9 el profeta ora para que Dios se compadezca de su pueblo y termine con los sufrimientos a que son sometidos por el opresor extranjero. Mientras Daniel reza, el ángel Gabriel se le aparece a la hora del sacrificio de la tarde -el tiempo en que el incienso habría sido ofrecido en el templo.

Gabriel da buenas y malas noticias a Daniel: por un lado, el pueblo seguirá sufriendo bajo las naciones paganas durante mucho tiempo pero, por otro lado, al final de este tiempo de sufrimiento, Dios enviará a su Ungido —el Mesías—. Este Ungido inaugurará la justicia eterna y cumplirá todas las profecías (Cf. Daniel 9:24-27).

Gabriel no es un ángel cualquiera en la historia del Pueblo de Dios. Gabriel anuncia el fin de la opresión y el comienzo de la era mesiánica; ahora, Gabriel se aparece a Zacarías.

Los paralelos entre lo que sucedió a Daniel y lo que le acaba de suceder a Zacarías muestran esta conexión. Como Daniel, Zacarías ora en favor de Israel mientras ofrece el incienso en el templo. Como Daniel, Zacarías ora mientras ofrece el sacrificio en el templo. Mientras Zacarías realiza el servicio litúrgico en el templo se le aparece el mismo ángel Gabriel.

El evangelista Lucas muestra a sus lectores la correspondencia que hay entre Daniel y Zacarías: ambos momentos se funden en la historia de la salvación del pueblo de Dios.

Al decir "Yo soy Gabriel", el ángel revela a Zacarías que el largo período de sufrimiento de Israel está terminando. La profecía de Daniel 9 se va a cumplir y el hijo de Zacarías va a desempeñar un papel clave en la preparación del pueblo ante la llegada inminente del "Ungido" —Mesías—.


FUENTE: Sri, Edward P. Dawn of the Messiah: The coming of Christ in Scripture.  St. Anthony Messenger Press. Servant Books, 2011.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Mateo 24,15-25: La gran tribulación de Jerusalén

Mateo 24,15-25: La gran tribulación de Jerusalén
Mc 13,14-23; Lc 21,20-24

24:15 Cuando vean en el Lugar santo la Abominación de la desolación, de la que habló el profeta Daniel —el que lea esto, entiéndalo bien—
24:16 los que estén en Judea, que se refugien en las montañas;
24:17 el que esté en la azotea de su casa, no baje a buscar sus cosas;
24:18 y el que esté en el campo, que no vuelva a buscar su manto.
24:19 ¡Ay de las mujeres que estén embarazadas o tengan niños de pecho en aquellos días!
24:20 Rueguen para que no tengan que huir en invierno o en día sábado.
24:21 Porque habrá entonces una gran tribulación, como no la hubo desde el comienzo del mundo hasta ahora, ni la habrá jamás.
24:22 Y si no fuera abreviado ese tiempo, nadie se salvaría; pero será abreviado, a causa de los elegidos.
24:23 Si alguien les dice entonces: "El Mesías está aquí o está allí", no lo crean.
24:24 Porque aparecerán falsos mesías y falsos profetas que harán milagros y prodigios asombrosos, capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos.
24:25 Por eso los prevengo.

lunes, 13 de marzo de 2017

Daniel 9,4b-10: Profecía de Jeremías sobre los 70 años

Daniel 9,4b-10 
Lunes de la 2 Semana de Cuaresma

Señor, Dios grande y terrible, que guardas la alianza y eres leal con los que te aman y cumplen tus mandamientos. Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos. No hicimos caso a tus siervos, los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, padres y terratenientes. Tú, Señor, tienes razón, a nosotros nos abruma hoy la vergüenza: a los habitantes de Jerusalén, a judíos e israelitas, cercanos y lejanos, en todos los países por donde los dispersaste por los delitos que cometieron contra ti. Señor, nos abruma la vergüenza: a nuestros reyes, príncipes y padres, porque hemos pecado contra ti. Pero, aunque nosotros nos hemos rebelado, el Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona. No obedecimos al Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por sus siervos, los profetas.

martes, 15 de marzo de 2016

Daniel 3,52.53.54.55.56: Lucha para poder vivir según la ley de Dios

Daniel 3,52.53.54.55.56: A ti gloria y alabanza por los siglos 
Miércoles de la 5 Semana de Cuaresma

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,
bendito tu nombre santo y glorioso.
R. A ti gloria y alabanza por los siglos

Bendito eres en el templo de tu santa gloria.
R. A ti gloria y alabanza por los siglos

Bendito eres sobre el trono de tu reino.
R. A ti gloria y alabanza por los siglos

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines
sondeas los abismos.
R. A ti gloria y alabanza por los siglos

Bendito eres en la bóveda del cielo.
R. A ti gloria y alabanza por los siglos

— Comentario por Reflexiones Católicas

Recordemos el contexto en que el cap. 3 del libro de Daniel incluye este cántico. Nabucodonosor, rey de los caldeos, hizo en Babilonia una estatua enorme y ordenó que, al toque de los instrumentos musicales, todos se postraran para adorarla, amenazando a quienes no lo hicieran con ser arrojados a un horno abrasador.

Tres jóvenes judíos, Ananías, Azarías y Misael, fieles a su fe en Yahvé, se negaron a adorar la estatua, y el rey mandó que los arrojaran al horno.

«Los siervos del rey que los habían arrojado al horno no cesaban de atizar el fuego con nafta, pez, estopa y sarmientos. Las llamas se elevaban cuarenta y nueve codos por encima del horno y, al extenderse, abrasaron a los caldeos que se encontraban junto al horno. Pero el ángel del Señor bajó al horno junto a Azarías y sus compañeros, expulsó las llamas de fuego fuera del horno e hizo que una brisa refrescante recorriera el interior del horno, de manera que el fuego no los tocó lo más mínimo, ni les causó ningún daño o molestia. Entonces los tres se pusieron a cantar a coro, glorificando y bendiciendo a Dios dentro del horno de esta manera: "Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres", etc.». 

Este cántico, atribuido a los tres jóvenes en el horno ardiendo, es un salmo en forma de letanía, como el salmo 135, que debía de recitarse en el templo, y que el autor sagrado ha querido poner en boca de los tres héroes para expresar sus sentimientos de gratitud a Dios por haberlos liberado de las llamas.

La composición del salmo tiene dos partes:

a) oración a Dios, que se ha manifestado a Israel, en su alianza y en su templo de Jerusalén, como Dios glorioso que habita sobre los querubines (51-56);
b) invitación a todas las criaturas a que alaben a Dios (57-90).

La composición es bellísima y similar a otras composiciones de salmos que conocemos de la Biblia.

Empieza por alabar al Dios de los padres, que con ellos ha hecho alianza y que se ha manifestado glorioso en su nombre en la historia prodigiosa de Israel (v. 51). A pesar de haberse manifestado a los antepasados de Israel, sin embargo, sigue altísimo y trascendente, sentado sobre querubines y sondeando con su mirada lo más profundo de los abismos. Su trono real es la bóveda del cielo (v. 55). Desde allí asiste majestuoso, desplegando su providencia sobre su pueblo y sobre los justos. Por eso, toda la naturaleza, desde los ángeles hasta las bestias, debe alabarle sin fin, y a esta alabanza son asociados los tres héroes del horno de Babilonia.

El cántico que acabamos de proclamar está constituido por la primera parte de un largo y hermoso himno que se encuentra insertado en la traducción griega del libro de Daniel. Lo cantan tres jóvenes judíos arrojados a un horno ardiente por haberse negado a adorar la estatua del rey babilonio Nabucodonosor. La Liturgia de las Horas, en las Laudes del domingo, en la primera y en la tercera semana del Salterio litúrgico, nos presenta otra parte de ese mismo canto.

Como es sabido, el libro de Daniel refleja las inquietudes, las esperanzas y también las expectativas apocalípticas del pueblo elegido, el cual, en la época de los Macabeos (siglo II a. C.), luchaba para poder vivir según la ley dada por Dios.

En el horno, los tres jóvenes, milagrosamente preservados de las llamas, cantan un himno de bendición dirigido a Dios. Este himno se asemeja a una letanía, repetitiva y a la vez nueva: sus invocaciones suben a Dios como volutas de incienso, que ascienden en formas semejantes, pero nunca iguales. La oración no teme la repetición, como el enamorado no duda en declarar infinitas veces a la amada todo su afecto. Insistir en lo mismo es signo de intensidad y de múltiples matices en los sentimientos, en los impulsos interiores y en los afectos.

Hemos escuchado proclamar el inicio de este himno cósmico, contenido en los versículos 52-57 del capítulo tercero de Daniel. Es la introducción, que precede al grandioso desfile de las criaturas implicadas en la alabanza. Una mirada panorámica a todo el canto en su forma litánica nos permite descubrir una sucesión de elementos que componen la trama de todo el himno. Éste comienza con seis invocaciones dirigidas expresamente a Dios; las sigue una llamada universal a las «criaturas todas del Señor» para que abran sus labios ideales a la bendición (cf. v. 57).

Esta es la parte que consideramos hoy y que la liturgia propone para las Laudes del domingo de la segunda semana. Sucesivamente el canto seguirá convocando a todas las criaturas del cielo y de la tierra a alabar y ensalzar a su Señor.

Nuestro pasaje inicial se repetirá una vez más en la liturgia, en las Laudes del domingo de la cuarta semana.

Daniel 3,52.53.54.55.56: A ti gloria y alabanza por los siglos

Miércoles de la 5 Semana de Cuaresma

Daniel 3,52.53.54.55.56: A ti gloria y alabanza por los siglos 

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,
bendito tu nombre santo y glorioso.
R. A ti gloria y alabanza por los siglos

Bendito eres en el templo de tu santa gloria.
R. A ti gloria y alabanza por los siglos

Bendito eres sobre el trono de tu reino.
R. A ti gloria y alabanza por los siglos

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines
sondeas los abismos.
R. A ti gloria y alabanza por los siglos

Bendito eres en la bóveda del cielo.
R. A ti gloria y alabanza por los siglos

SOBRE EL MISMO TEMA:
Lucha para poder vivir según la ley de Dios 

Daniel 3,14-20.91-92.95: Testimonio de los perseguidos

Daniel 3,14-20.91-92.95  

En aquellos días, el rey Nabucodonosor dijo: "¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no respetáis a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he erigido? Mirad: si al oír tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, estáis dispuestos a postraros adorando la estatua que he hecho, hacedlo; pero, si no la adoráis, seréis arrojados al punto al horno encendido, y ¿qué dios os librará de mis manos?" Sidrac, Misac y Abdénago contestaron: "Majestad, a eso no tenemos por qué responder. El Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido y nos librará de tus manos. Y aunque no lo haga, conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido." Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac y Abdénago, y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre, y ordenó a sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido. El rey los oyó cantar himnos; extrañado, se levantó y, al verlos vivos, preguntó, estupefacto, a sus consejeros: "¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno?" Le respondieron: "Así es, majestad." Preguntó: "¿Entonces, cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el horno sin sufrir nada? Y el cuarto parece un ser divino." Nabucodonosor entonces dijo: "Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y prefirieron arrostrar el fuego antes que venerar y adorar otros dioses que el suyo."

— Comentario por Reflexiones Católicas  

El conocido episodio de los tres jóvenes hebreos, ilesos en el horno ardiente, contrapone la fe en el único Dios, Yavé, a los ídolos del politeísmo, ya sea el babilonio del tiempo del rey Nabucodonosor o el judaico a lo largo de la persecución de Antíoco IV Epífanes, que había erigido una estatua a Zeus Olimpo, precisamente en el altar del templo de Jerusalén.

Los vv. 17s constituyen el punto culminante de la narración; escrito para edificar y consolar a los perseguidos por el nombre de Dios, es válido para todas las épocas. Yave es el Dios de la vida y servirle es optar por la verdadera vida aun cuando ello conlleve sufrimiento o incluso el martirio. Este testimonio hace perfectamente válida la fe de los que ponen toda su confianza en Dios y es el mejor modo de hacerlo conocer y reconocer por los mismos perseguidores (v. 95).

La narración discurre con profusión de detalles pintorescos a pesar de ser trágica: confiere solemnidad al relato, exaltando la superioridad de Yavé. Aun cuando falte totalmente el culto, Yavé es y será indiscutiblemente el único Dios (v. 96), ante el cual es vanidad aun la más grandiosa pompa de los cultos idolátricos. 

Daniel 3,14-20.91-92.95: Los tres jóvenes arrojados al horno y el asombro de Nabucodonosor

Daniel 3,14-20.91-92.95
Miércoles de la 5 Semana de Cuaresma

En aquellos días, el rey Nabucodonosor dijo: "¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no respetáis a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he erigido? Mirad: si al oír tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, estáis dispuestos a postraros adorando la estatua que he hecho, hacedlo; pero, si no la adoráis, seréis arrojados al punto al horno encendido, y ¿qué dios os librará de mis manos?" Sidrac, Misac y Abdénago contestaron: "Majestad, a eso no tenemos por qué responder. El Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido y nos librará de tus manos. Y aunque no lo haga, conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido." Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac y Abdénago, y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre, y ordenó a sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido. El rey los oyó cantar himnos; extrañado, se levantó y, al verlos vivos, preguntó, estupefacto, a sus consejeros: "¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno?" Le respondieron: "Así es, majestad." Preguntó: "¿Entonces, cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el horno sin sufrir nada? Y el cuarto parece un ser divino." Nabucodonosor entonces dijo: "Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y prefirieron arrostrar el fuego antes que venerar y adorar otros dioses que el suyo."

SOBRE EL MISMO TEMA:
Testimonio de los perseguidos  

martes, 1 de marzo de 2016

Daniel 3,25.34-43: Acepta nuestro espíritu humilde

Daniel 3,25.34-43

En aquellos días, Azarías se detuvo a orar y, abriendo los labios en medio del fuego, dijo: "Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia. Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas. Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados. En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia. Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados. Que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedan defraudados. Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos y buscamos tu rostro, no nos defraudes, Señor. Trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia. Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor."

— Comentario por Reflexiones Católicas
"Acepta nuestro nuestro espíritu humilde"

Se trata de una confesión de los pecados del pueblo, compuesta sin duda en la misma fecha que el Libro de Daniel (persecución de Antíoco, 165 a. d. J.C.), pero inserta después en el texto sagrado.

El que reza suplica a Dios que se cumpla su promesa de hacer de Israel un pueblo numeroso (vv. 36-37). Para que sea eficaz esta oración, es necesario que se pueda hacer al menos en medio de sacrificios litúrgicos o por intermedio de un profeta. Pero ya no hay ni profeta, ni jefe, ni sacrificio en estos tiempos de persecución (v. 38).

¿Quiere decir esto que cualquier oración es vana? Al contrario, el autor de la oración descubre el alcance de sacrificio de la penitencia y de la contrición. La oración del perseguido vale por todos los sacrificios de ovejas y corderos (v. 39). La doctrina del sacrificio espiritual está al mismo nivel, por tanto, que la persecución. El siervo paciente es ya una víctima de sacrificio; los mártires de Antíoco también lo son. Cristo transforma definitivamente la persecución que sufre en sacrificio.

Proceso de purificación:

Dios ha educado progresivamente a su pueblo a que pase de los sacrificios de sangre del comienzo a los sacrificios de oblación espiritual inaugurados por Cristo. Se pueden discernir varias etapas en esta evolución.

La etapa "cuantitativa" en la que los judíos ofrecen un holocausto de tipo pagano, el diezmo y las primicias de sus bienes (Lv 2.; Dt 26. 1-11). Se trata de un sacrificio de ritos, ya que su riqueza y la abundancia de sus bienes se manifiestan incluso en sus sacrificios, asegurándoles una importancia (y, por tanto, un valor religioso) mayor (2 Cr 7,1-7). No obstante, este tipo de sacrificio se desarrolla sin comprometer verdaderamente a los que participan en él; el campesino judío lleva la víctima y el sacerdote la sacrifica según los ritos. Sólo se compromete la víctima..., pero ella lo ignora. Aún estamos lejos del sacrificio ideal en que el sacerdote y la víctima coinciden en una sola persona.

La reacción de los profetas contra este tipo de sacrificio que deja de lado la actitud espiritual y moral, será violenta, pero estéril, a menudo (Am 5,21-27; Jr 7,1-15; Is 1,11-17; Os 6,5-6). Será necesario esperar el exilio para que tomen forma las primeras realizaciones de un sacrificio espiritual.

En efecto, en el sacrificio de expiación, tipo de sacrificio que aparece sobre todo en esta época (Nm 29,7-11), el aspecto cuantitativo desaparece para dar paso a una expresión más marcada de los sentimientos de humildad y pobreza. El esfuerzo más claro para esta espiritualización se notará sobre todo en los salmos (Sal 39/40,7-10; 50/51,18-19; 49/50; Jl 1,13-14; Dn 3,37-43) Poco a poco, se llega a tener conciencia de que el sentimiento personal constituye la esencia del sacrificio. El sacrificio del Siervo paciente será el tipo de sacrificio del futuro (Is 53. 1-10).

Jesús tiene claramente este último punto de vista. Son su obediencia y su pobreza las que constituyen la materia de su sacrificio (Hb 2. 17-18; Rm 5. 19; Hb 10. 5-7; Mt 27. 38-60; Lc 18. 9-14). También hace de ello su oblación, al igual que la oblación del Siervo que sufre (Jn 13. 1-5; Lc 22. 20; 23. 37; Mt 26. 3-5).

A su vez, este sacrificio del cristiano sigue la línea del sacrificio de Cristo; una vida de obediencia y de amor que, por su asociación con Cristo, tiene valor litúrgico (Rm 12. 1-2; Hb 9. 14). Tenemos que recordarnos continuamente que un culto que no sea la expresión de un "sacrificio espiritual" así perdería su sentido radicalmente. 

lunes, 29 de febrero de 2016

Daniel 3,25.34-43: Oración de Azarías

Daniel 3,25.34-43
Martes de la 3 Semana de Cuaresma

En aquellos días, Azarías se detuvo a orar y, abriendo los labios en medio del fuego, dijo: "Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia. Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas. Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados. En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia. Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados. Que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedan defraudados. Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos y buscamos tu rostro, no nos defraudes, Señor. Trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia. Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor."

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Acepta nuestro espíritu humilde