viernes, 30 de septiembre de 2016

VIERNES DE LA 26 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Ciclo II (Lecturas)

Job 38,1.12-21;40, 3-5
Salmo 138: Guíame, Señor, por el camino eterno
Lucas 10,13-16

Job 38,1.12-21;40, 3-5

El Señor habló a Job desde la tormenta: "¿Has mandado en tu vida a la mañana o has señalado su puesto a la aurora, para que agarre la tierra por los bordes y sacuda de ella a los malvados, para que la transforme como arcilla bajo el sello y la tiña como la ropa; para que les niegue la luz a los malvados y se quiebre el brazo sublevado? ¿Has entrado por los hontanares del mar o paseado por la hondura del océano? ¿Te han enseñado las puertas de la muerte o has visto los portales de las sombras? ¿Has examinado la anchura de la tierra? Cuéntamelo, si lo sabes todo. ¿Por dónde se va a la casa de la luz y dónde viven las tinieblas? ¿Podrías conducirlas a su país o enseñarles el camino de casa? Lo sabrás, pues ya habías nacido entonces y has cumplido tantísimos años." Job respondió al Señor: "Me siento pequeño, ¿qué replicaré? Me taparé la boca con la mano; he hablado una vez, y no insistiré, dos veces, y no añadiré nada."

Salmo 138: Guíame, Señor, por el camino eterno

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.
R. Guíame, Señor, por el camino eterno

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro.
R. Guíame, Señor, por el camino eterno

Si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.
R. Guíame, Señor, por el camino eterno

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras.
R. Guíame, Señor, por el camino eterno

Lucas 10,13-16

En aquel tiempo dijo Jesús: "¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidos de sayal y sentados en la ceniza. Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. T tú, Cafarnaúm, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo. Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado".

Lucas 10,13-16: Lamentación de Jesús por Galilea

Lucas 10,13-16
Viernes de la 26 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

En aquel tiempo dijo Jesús: "¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidos de sayal y sentados en la ceniza. Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. T tú, Cafarnaúm, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo. Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado"

30 de septiembre: San Jerónimo, por Celestino Hueso, S.F.

Nuestro santo de hoy nació en Dalmacia. Se trata, pues de un dálmata, pero no de los ciento uno. Su nombre es Jerónimo.

Perteneciente a una familia adinerada y con una inteligencia superior aprendió pronto varios idiomas. Le fascinaba el latín y se dedicó a aprender de memoria a Cicerón, Virgilio y otros autores de la antigüedad hasta que una noche tuvo un sueño del que no podemos dudar porque lo narra él mismo. Se encontró a las puertas del cielo y allá salió a recibirlo Jesucristo que le preguntó quién era. Él respondió “soy Jerónimo y soy católico” a lo que replicó Jesús “¿católico de qué? ¡Si no lees más que escritos paganos! Borradlo de la lista”

Se despertó asustado y convertido y se retiró al desierto para hacer penitencia, pero allí no le fue nada bien porque, entre serpientes, escorpiones y penalidades, en lugar de santos pensamientos se imaginaba que estaba en las bacanales romanas. Así que dejó el desierto y volvió a Roma. Allí fue secretario del Papa San Dámaso e hizo su trabajo más famoso, traducir la Biblia al latín. Es la famosa Vulgata que ha usado la Iglesia por más de quince siglos.

También tuvo que abandonar Roma porque, con sus predicaciones, se echó muchos enemigos, y total porque decía que las mujeres tenían tres manos, a saber, la izquierda, la derecha y una mano de pintura y que a las familias ricas sólo les interesaba que sus hijas fueran hermosas como terneras y sus hijos fuertes como burros y que los ricos parecían marranos cebados.

Total que se fue a Belén a vivir en una gruta al lado del pesebre donde nació Jesús. Allá pasó 35 años haciendo el bien y mucha penitencia hasta que fue llamado en serio al Reino de los Cielos y al llegar pudo comprobar que su nombre no había sido borrado, estaba escrito con letras de oro en el libro de la vida.

Felicidades a los Jerónimo.

jueves, 29 de septiembre de 2016

29 de septiembre: Fiesta de los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

29 de septiembre: "Has hecho al hombre superior a los ángeles" (Salmo 8) por el papa Francisco

Daniel 7,9-10.13-14
Salmo 137,1-2a.2b-3.4-5.7c-8: 
Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor
Juan 1,47-51

Daniel 7,9-10.13-14

Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Salmo 137,1-2a.2b-3.4-5.7c-8: 
Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario.
R. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor

Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.
R. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande.
R. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor

Juan 1,47-51

En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: "Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño." Natanael le contesta: "¿De qué me conoces?" Jesús le responde: "Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi." Natanael respondió: "Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel." Jesús le contestó: "¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores." Y añadió: "Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre."

— Comentario del papa Francisco
"Has hecho al hombre superior a los ángeles"

El Papa señaló que las lecturas del día nos presentan imágenes muy fuertes: la visión de la gloria de Dios narrada por el profeta Daniel con el Hijo del Hombre, Jesucristo, frente al Padre; la lucha del arcángel Miguel y sus ángeles contra “el gran dragón, la serpiente antigua, aquel que es llamado diablo”, y “seduce a toda la tierra” pero es derrotado, como afirma el Apocalipsis; y el Evangelio en que Jesús dice a Natanael: “Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y descender sobre el Hijo del Hombre”.

El Papa Francisco habló de la lucha entre el demonio y Dios: “Esta lucha sucede después de que Satanás busca destruir a la mujer que está por parir al hijo”, explicó.

“Satanás siempre busca destruir al hombre: a aquel hombre que Daniel veía ahí, en la gloria, y que Jesús decía a Natanael que habría de venir en la gloria”, continuó.

“Desde el principio la Biblia nos habla de esto: de aquella seducción para destruir, de Satanás, quizá por envidia –dijo el Papa-. Nosotros leemos en el Salmo 8: “Tú has hecho al hombre superior a los ángeles”, y esa inteligencia tan grande del ángel no podía llevar a cuestas esta humillación, que una criatura inferior hubiera sido hecho superior; y buscaba destruirlo”.

Satanás, por lo tanto, busca destruir a la humanidad, a todos nosotros: “Muchos proyectos, excepto los mismos pecadores, pero muchos, muchos proyectos de deshumanización del hombre, son obra de él, simplemente porque odia al hombre”, aseguró Francisco.

“Es astuto: lo dice la primera página del Génesis; es astuto –advirtió el Papa-. Presenta las cosas como si fueran buenas. Pero su intención es la destrucción. Y los ángeles nos defienden. Defienden al hombre y defienden al Hombre-Dios, al Hombre superior, Jesucristo que es la perfección de la humanidad, el más perfecto”.

“Por eso la Iglesia honra a los ángeles, porque son aquellos que estarán en la gloria de Dios – están en la gloria de Dios – porque defienden el gran misterio escondido de Dios, es decir, que el Verbo se hizo carne”, destacó.

“La tarea del pueblo de Dios – afirmó el Papa – es custodiar en sí al hombre: al hombre Jesús” porque “es el hombre que da vida a todos los hombres”.

En cambio, en sus proyectos de destrucción, Satanás inventa “explicaciones humanísticas que van en contra del hombre, en contra de la humanidad y en contra de Dios”, añadió el Papa.

“La lucha es una realidad cotidiana, en la vida cristiana: en nuestro corazón, en nuestra vida, en nuestra familia, en nuestro pueblo, en nuestras iglesias… Si no se lucha, seremos derrotados”, constató.

“Pero el Señor ha dado este trabajo principalmente a los ángeles: de luchar y vencer –prosiguió-. Y el canto final del Apocalipsis, después de esta lucha, es muy bello: ‘Ahora se ha cumplido la salvación, la fuerza y el Reino de nuestro Dios y el poder de su Cristo, porque fue precipitado el acusador de nuestros hermanos, aquel que los acusaba frente a nuestro Dios día y noche’”.

El Papa, finalmente, invitó a orar a los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael y a “rezar esa oración antigua pero muy hermosa, al arcángel Miguel, para que continúe luchando para defender el misterio más grande de la humanidad: que el Verbo se hizo Hombre, murió y resucitó. Este es nuestro tesoro. Que él continúe luchando para custodiarlo”.

La oración clásica al arcángel San Miguel dice:


San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y las asechanzas del enemigo.
Reprímelo Dios, te pedimos humildemente,
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno a Satanás
y a otros espíritus malignos, que andan por el mundo
para la perdición de las almas.
Amen

Juan 1,45-51: Primeros discípulos de Jesús

Juan 1,45-51
24 de agosto: San Bartolomé, apóstol
29 de septiembre:  Santos Arcángeles, Miguel. Gabriel y Rafael

En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice:
— Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.
Natanael le replicó:
— ¿De Nazaret puede salir algo bueno?
Felipe le contestó:
— Ven y verás.
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
— Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.
Natanael le contesta:
— ¿De qué me conoces?
Jesús le responde:
— Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.
Natanael respondió:
— Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.
Jesús le contestó:
— ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has ver cosas mayores.
Y le añadió:
— Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.

SOBRE EL MISMO TEMA:
Biografía del apóstol san Bartolomé o Natanael   

29 de septiembre: SANTOS ARCÁNGELES MIGUEL, GABRIEL Y RAFAEL (fiesta)

Daniel 7,9-10.13-14
Salmo 137,1-2a.2b-3.4-5.7c-8: 
Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor
Juan 1,47-51

Daniel 7,9-10.13-14

Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Salmo 137,1-2a.2b-3.4-5.7c-8: 
Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario.
R. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor

Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.
R. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande.
R. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor

Juan 1,47-51

En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: "Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño." Natanael le contesta: "¿De qué me conoces?" Jesús le responde: "Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi." Natanael respondió: "Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel." Jesús le contestó: "¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores." Y añadió: "Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre."

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Miércoles de la 26ª semana del Tiempo Ordinario, Año II (Lecturas)

Job 9,1-12.14-16
Salmo 87: Llegue hasta ti mi súplica, Señor
Lucas 9,57-62

Job 9,1-12.14-16

Respondió Job a sus amigos: «Sé muy bien que es así: que el hombre no es justo frente a Dios. Si Dios se digna pleitear con él, él no podrá rebatirle de mil razones una. ¿Quién, fuerte o sabio, le resiste y queda ileso? Él desplaza las montañas sin que se advierta y las vuelca con su cólera; estremece la tierra en sus cimientos, y sus columnas retiemblan; manda al sol que no brille y guarda bajo sello las estrellas; él solo despliega los cielos y camina sobre la espalda del mar; creó la Osa y Orión, las Pléyades y las Cámaras del Sur; hace prodigios insondables, maravillas sin cuento. Si cruza junto a mí, no puedo verlo, pasa rozándome, y no lo siento; si coge una presa, ¿quién se la quitará?; ¿quién le reclamará: "Qué estás haciendo"? Cuánto menos podré yo replicarle o escoger argumentos contra él. Aunque tuviera razón, no recibiría respuesta, tendría que suplicar a mi adversario; aunque lo citara y me respondiera, no creo que me hiciera caso.»

Salmo 87: Llegue hasta ti mi súplica, Señor

Llegue hasta ti mi súplica, Señor.
Todo el día te estoy invocando,
tendiendo las manos hacia ti.
¿Harás tú maravillas por los muertos?
¿Se alzarán las sombras para darte gracias?
R. Llegue hasta ti mi súplica, Señor

¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,
o tu fidelidad en el reino de la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla,
o tu justicia en el país del olvido?
R. Llegue hasta ti mi súplica, Señor

Pero yo te pido auxilio,
por la mañana irá a tu encuentro mi súplica.
¿Por qué, Señor, me rechazas
y me escondes tu rostro?
R. Llegue hasta ti mi súplica, Señor

Lucas 9,57-62

En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, le dijo uno: «Te seguiré adonde vayas.» Jesús le respondió: «Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.» A otro le dijo: «Sígueme.» Él respondió: «Déjame primero ir a enterrar a mi padre.» Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios.» Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.» Jesús le contestó: «El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.»

martes, 27 de septiembre de 2016

27 de septiembre: SAN VICENTE DE PAÚL, por el P. Celestino Hueso, SF.


Era campesino de nacimiento pero se avergonzaba de serlo. Toda su ilusión en la vida era escapar de esa condición. Loco por conseguirlo se hizo cura con la idea de llegar a ser obispo un día y dejar bien lejos su condición de aldeano. No lo consiguió, entre otras cosas porque, como no tenía vocación, la vida del sacerdocio le importaba un pito.

Lo que sí consiguió en su afán por ascender rápidamente es que le echaran el guante los turcos y lo vendieran como esclavo a un pescador, un médico y un cristiano de esos que “ni chicha ni limoná” del que logra escaparse para llegar a Roma.

Conoce la obra de San Felipe Neri y San Carlos Borromeo y Cristo le da el toque definitivo en el corazón y el iluso con ínfulas de grandeza se convierte en un formidable curita con ganas de servir a Jesús y a la humanidad.

Funda la Congregación de la Misión (los Paúles) y cuando se da cuenta de la miseria en que viven los campesinos dedica todos sus esfuerzos a ayudarles y, junto a Santa Luisa de Marillac, funda también las Hijas de la Caridad.

Entregado al servicio de los más pobres es llamado al cielo y recibe el título que se ha ganado a pulso con su generosidad. Desde ahora será para siempre San Vicente de Paul.

27 de septiembre: SAN VICENTE DE PAÚL (1581-1660)

SAN VICENTE DE PAÚL (1581-1660)




















1. Primero años de Vicente de Paúl
     1.1. Controversia sobre el lugar y fecha de su nacimiento
     1.2. Estudios (1595) y Ordenación sacerdotal (1600)
2. Esclavo (1605-1607)
3. Al servicio de la familia Gondi (1613)
     3.1. Conversión de Vicente de Paúl (1617)
     3.2. Capellán Real de Galeras (1619)
4. Los primeros compañeros
5. Organizador las ayudas a los pobres
     5.1. La Congregación de los Sacerdotes de la Misión (1625)
     5.2. Los Siervos de los Pobres
     5.3. Compañía de la Hijas de la Caridad (1633)
     5.4. Las Damas de la Caridad (1634)
          5.4.1. El Hospital General
     5.5. Ayuda a la región de Lorena, entre otras (1639)
     5.6. Incansable organizador de la Caridad
     5.7. Se extiende la fama de Vicente de Paúl
6. Promotor de seminarios mayores y menores
7. Reforma de la Órdenes Religiosas
8. Los esclavos de Berbería (1646)
9. Pacificador en una época de convulsión política (1649)
10. Condena el Jansenismo (1655-1656)
11. Pérfil del religioso
12. Canonización


1. Primeros años de Vicente de Paúl:

Sus padres eran Juan de Paúl y Beltranda de Moras. Vicente era el tercero de seis hermanos. La modesta condición de la familia hizo que muy pronto tuviera que contribuir con su trabajo de pastor de ovejas y de cerdos a la economía familiar.

1.1. Controversia sobre el lugar y fecha de su nacimiento:

No se ha podido desmostrar su lugar de nacimiento: Pouy (Francia) o Tamarite de Litera (España).

Si aceptamos que Vicente de Paúl nació en Pouy, lo hizo en una pequeña casa rural a las afueras de la aldea de Pouy (que, desde el siglo XIX, se llama Saint-Vincent-de-Paul en su honor), a unos cinco kilómetros de la ciudad de Dax, al suroeste de Francia. En este lugar, conocido hoy como Berceau de Saint Vincent de Paul, hay una modesta construcción de ladrillo y vigas de madera muy parecida a la casa en que nació Vicente en abril de 1876 ó 1581 (el año exacto no es seguro). No existe registro de su nacimiento.

Algunos biógrafos se decantan por que Vicente nació en Tamarite (Alto Aragón, España) y, poco después, la familia se trasladó a Pouy. Los gentilicios Paúl, y Moras/Mora son frecuentes en el Alto Aragón y los infanzones utilizaban la partícula "de" en sus apellidos. Pero no existe registro de su nacimiento.

El biógrafo Luis Abelly viajó a Pouy cuatro años después de la muerte de Vicente de Paúl y no pudo encontrar ningún dato sobre los abuelos, lo que induce a pensar que no eran originarios de la zona y que los habitantes de Pouy decidieron callar el origen aragonés de Vicente. Abelly dio como fecha del nacimiento de Vicente el 1576 pero la mayoría de las biografías modernas aceptan la fecha de 1581, propuesta entre 1920-1925 por Pedro Coste en París.

La primera noticia de la presencia de los padres de Vicente en Pouy es de 1581. Si el primer biógrafo, Luis Abelly, tiene razón, entonces, los padres de Vicente se trasladaron a Pouy cinco años después del nacimiento de Vicente. En Tamarite (España) hay una calle dedicada a san Vicente de Paúl.

1.2. Estudios (1595) y Ordenación Sacerdotal (1600):

Vicente da muestras de una inteligencia despierta, lo que llevó a su padre a pensar que podía hacer carrera eclesiástica. En 1595 Vicente sale de Pouy para ir a Dax, donde cursa estudios primarios y secundarios en el colegio de los franciscanos. Vive en casa del Señor de Comet, abogado en Dax y juez en Pouy. Posteriormente estudia filosofía y teología en Toulouse.

El 23 de septiembre de 1600 recibe la ordenación sacerdotal en Chateau-l'Evêque. Celebra su primera misa en Buzet y es nombrado párroco de Tilh. En sus escritos, años más tarde, Vicente dirá que buscó la ordenación sacerdotal para promocionarse y ayudar a su familia.

2. Esclavo (1605-1607):

En 1605, regresó a Marsella, donde había ido a causa de una herencia, pero allí fue hecho prisionero por piratas turcos que lo llevaron a Túnez. Fue vendido como esclavo varias veces. Dos años después (1607) escapó con su amo, un renegado al que convirtió.

De regreso a Francia, fue a Aviñón a ver al vicelegado papal, al que siguió a Roma para continuar sus estudios.

3. Al servicio de la familia Gondi (1613):

Enviado de vuelta a Francia en 1609, un año después forma parte del grupo de limosneros de la Corte de la reina Margarita de Valois. En 1612 toma posesión de la parroquia de Clichy.

En 1613, a petición del prestigioso sacerdote Pedro de Bérulle, fundador del Oratorio y, posteriormente, Cardenal, entró al servicio de los Gondi, una ilustre familia francesa, para educar a los hijos de Philippe-Emmanuel de Gondi; también fue director espiritual de la señora de Gondi.

3.1. Conversión de Vicente de Paúl (1617):

En Gannes y en Chatillón-les-Dombes, Vicente se encuentra con la pobreza espiritual y material y decide cambiar de vida para ayudar a los pobres. Las tierras de los Gondi le muestran las pésimas condiciones de vida de los campesinos y, también, la deficiencia del clero que los atiende. Esta experiencia de miseria y su propio crecimiento espiritual, le mueven a dedicar su sacerdocio, no a la promoción social de su familia o a la suya propia, sino a la evangelización de los campesinos y a la formación de sacerdotes. Con la ayuda de la señora Gondi funda misiones en sus terrenos.

3.2. Capellán Real de Galeras (1619):

La atención de Vicente también se dirigió a los condenados a galeras, que estaban sometidos al señor de Gondi por ser éste general de las galeras de Francia.

Antes de ser conducidos a bordo de las galeras o cuando la enfermedad los obligaba a desembarcar, los condenados eran apiñados en húmedos calabozos con grilletes en los tobillos. Su única comida era pan negro y agua. Estaban cubiertos de llagas y sabandijas. Pero su estado moral es peor aun que su sufrimiento físico. Vicente deseaba aliviar ambos. Asistido por un sacerdote, visita a los condenados a galeras de París. Les habla empleando palabras dulces, prestándoles cualquier servicio, por repulsivo que fuera. De este modo se gana sus corazones, convirte a muchos de ellos y logra que personas que los visitan intercedieran por ellos.

El rey Luis XIII lo nombra Capellán Real de las galeras, título que Vicente aprovecha para visitar las galeras de Marsella, donde los condenados eran tan desdichados como en París; los cuida, planea construir un hospital para ellos, pero no puede hacerlo hasta diez años más tarde. Mientras tanto, funda, en la galera de Burdeos, como en la de Marsella, otra misión de ayuda a los condenados (1625). En estas misiones se funda una Cofradía de Caridad para asistencia de los pobres.

4. Los primeros compañeros:

Varios sacerdotes de París, seducidos por su ejemplo, se unen a Vicente.

5. Organizador de las ayudas a los pobres:

Vicente vive en una época marcada por las guerras, las epidemias y la hambruna. Los pobres son la población mayoritaria. Las pocas ayudas que reciben provienen de nobles altruistas que dedican parte de su patrimonio a ayudarles. Estos aristócratas les ayudan de forma individual y desorganizada. Ante esta situación, Vicente funda cuatro instituciones:

- la Congregación de los Sacerdotes de la Misión (1625)
- Companía de las Hijas de la Caridad (1633)
- la Confraternidad de las Damas de la Caridad (1634)
- los Siervos de los Pobres

5.1. La Congregación de los Sacerdotes de la Misión (1625):

Vicente había aprendido que el bien que hacían las misiones no podía durar a menos que hubiera sacerdotes que se ocuparan de ello, pero en esa época había pocos en Francia. Desde el Concilio de Trento los obispos se habían esforzado en fundar seminarios para la formación del clero, pero estos seminarios encontraron muchos obstáculos, el mayor de los cuales eran las guerras de religión. De los veinte fundados, en 1625 no sobrevivían ni diez. Por eso, con el impulso de la señora de Gondi, funda un instituto religioso de sacerdotes dedicado a la evangelización del pueblo: la Sociedad de la Misión. Vicente fundó esta congregación para ayudar a formar al clero y servir a los pobres a través de las misiones Ad Gentes (misiones populares).

Algunas de las características de esta congregación son:

Su misión de evangelización está dirigida preferentemente a los pobres.
Actúan sobre las causas de la distribución desigual de bienes en el mundo.
Procuran no sólo evangelizar, sino también ser evangelizados por los pobres.
Actúan de forma comunitaria a fin de fortalecer su vocación unos a otros.
Sus misiones se extienden al mundo entero.
Buscan una continua adaptación a las necesidades cambiantes.

5.2. Los Siervos de los Pobres:

A raíz de un sermón que conmovió el corazón de sus oyentes, Vicente creó una cofradía eclesiástica llamada “los Siervos de los Pobres”, compuesta por sus propios feligreses que se dedicaban al cuidado personal de los enfermos y a las visitas a los pobres con los que compartían sus bienes.

5.3. Compañía de la Hijas de la Caridad (1633):

Vicente de Paúl, al principio, establece las Hijas de la Caridad para ayudar a las conferencias de caridad. En 1629, cuando estas conferencias se establecieron en París, las damas estaban ansiosas por dar limosnas y visitar a los pobres, pero a menudo no sabían cómo ocuparse de ellos y enviaban a sus criados para que hicieran lo que fuera necesario. Por eso, Vicente concibió la idea de reclutar a jóvenes piadosas para este servicio.

Al principio fueron distribuidas individualmente por las diversas parroquias en que estaban establecidas las conferencias y visitaban a los pobres con estas damas de las conferencias o, cuando era necesario, se ocupaban de ellas en su ausencia. En el reclutamiento, la formación y la dirección de estas servidoras de los pobres, Vicente encontró una gran ayuda en Luisa de Marillac. Cuando su número aumentó, las agrupó en una comunidad bajo su dirección, pronunciando él una conferencia semanal apropiada a su condición.

De este modo, Vicente y Luisa fundaron el primer grupo de mujeres consagradas dedicadas a obras de caridad fuera del claustro. Éstas, además de los votos de pobreza, castidad y obediencia, hacen un voto especial de servicio a los pobres. Es una Sociedad de vida Apostólica en comunidad hoy extendida por todo el mundo.

El servicio que actualmente realizan está dirigido a: personas sin techo, mayores, enfermos, niños, educación y trabajo con jóvenes, promoción de la mujer, personas con problemas de adicción, prisioneros y sus familias, inmigrantes, discapacitados.

5.4. Las Damas de la Caridad (1634):

Vicente de Paúl también convenció a varias mujeres de la aristocracia francesa para que dedicaran tiempo y dinero a ayudar a los muchos pobres que había en París. En 1634 agrupó a las que se habían mostrado decididas en una organización católica –las Damas de la Caridad–.

Estas mujeres atendían a los pobres enfermos y visitan las cárceles. Entre ellas había hasta 200 damas del más alto rango. Al principio, comenzaron sus actividades de ayuda en París pero las Damas de la Caridad se extendieron por toda Francia

Vicente redactó para ellas una regla, apoyando y estimulando su celo caritativo. Gracias a ellas, fue capaz de recoger las enormes sumas que distribuían en socorro de todos los desgraciados.

Entre las obras que Vicente podía llevar a cabo gracias a esa colaboración era el auxilio a los niños expósitos (1638), que en esta época eran deliberadamente deformados por personas sin escrúpulos para explotar la piedad de la gente. Las Damas de la Caridad empezaron a hacerse cargo de un grupo de doce niños, que fueron acogidos en una casa para tal fin confiada a las Hijas de la Caridad y cuatro enfermeras. Años más tarde, el número de niños alcanzó los 4 mil; su mantenimiento costaba 30 mil libras, que ascendió a 40 mil con el incremento en el número de niños.

Las Damas de la Caridad fue la primera organización en la que se formaba a mujeres para ayudar a los necesitados.

5.4.1. El Hospital General:

Con la ayuda de un generoso desconocido, que puso a su disposición la suma de 10 mil libras, Vicente fundó el Hospicio del Nombre de Jesús, donde cuarenta ancianos y ancianas hallaron un refugio y trabajo adecuado para ellos. En la actualidad se llama Hospital de los Incurables.

La misma beneficencia se extendió a todos los pobres de París, pero la creación del Hospital General fue una idea de las Damas de la Caridad, en particular de la duquesa de Aiguillon. Vicente hizo suya la idea y contribuyó como nadie a la realización de una de las mayores obras de caridad del siglo XVII; la acogida de 40 mil pobres en un asilo donde encontrarían un trabajo útil. En respuesta a la petición de Vicente, las contribuciones llegaron a raudales. El Rey cedió los terrenos de la Salpétrière para la construcción del hospital, con un capital de 50 mil libras y una dotación de 3 mil. El cardenal Mazarino envió 100 mil libras; el presidente de Lamoignon, 20 mil coronas; y la señora de Bullion, 60 mil libras. San Vicente encargó la tarea a las Hijas de la Caridad y las apoyó con todo su poder.

5.5. Organiza la ayuda a la región de Lorena, entre otras (1639):

La caridad de San Vicente no se limitaba a París, sino que llegaba a todas las provincias desoladas por la miseria. Durante el periodo francés de la guerra de los Treinta Años, Lorena, Trois-Évêchés, el Franco Condado y Champaña padecieron durante casi un cuarto de siglo todos los horrores y los azotes de la guerra.

Vicente solicitó a las Damas de la Caridad su ayuda urgente; se estima que con sus reiteradas peticiones consiguió 12 mil libras. Cuando se acabó el dinero, volvió a recoger limosnas, que enviaba a los distritos más afectados. Cuando las contribuciones empezaron a disminuir, Vicente decidió imprimir y divulgar las cuentas que le enviaban de esos distritos desolados; esto tuvo mucho éxito, llegando a publicar un periódico llamado “Le magasin charitable”. Vicente lo aprovechó para fundar en las provincias arruinadas los “potages économiques”, una tradición que permanece en nuestras modernas cocinas económicas.

5.6. Incansable organizador de la Caridad:

Apoyó la fundación de congregaciones que se encargaban de enterrar a los muertos y de eliminar la suciedad, permanente causa de enfermedades. Frecuentemente las dirigían misioneros y Hermanas de la Caridad. Al mismo tiempo, con el propósito de apartarlas de la brutalidad de los soldados, llevó a París a 200 jóvenes, que alojó en varios conventos, y numerosos niños, que acogió en St.-Lazare. Tras la paz general, dirigió su preocupación y sus limosnas a los católicos irlandeses e ingleses que habían sido expulsados de su país.

5.7. Se extiende la fama de Vicente de Paúl:

Todas estas actividades habían hecho famoso a Vicente de Paúl en París e incluso en la Corte. Richelieu a veces lo recibía y escuchaba favorablemente sus peticiones; lo ayudó en sus primeras fundaciones de seminarios y estableció una casa para sus misioneros en el pueblo de Richelieu.

En su lecho de muerte Luis XIII (1643) deseaba ser asistido por él: “Oh, señor Vicente”, decía, “si recupero la salud, no nombraré a ningún obispo que no haya pasado tres años con vos”. Su viuda, Ana de Austria, nombró a Vicente miembro del Consejo de Conciencia, encargado de las propuestas de beneficios.

Estos honores no alteraron la modestia y la sencillez de Vicente. Sólo iba a la Corte por necesidad, vistiendo un sencillo atuendo. No empleaba su influencia más que para el bienestar de los pobres y en interés de la Iglesia.

6. Promotor de seminarios mayores y menores:

La Asamblea General del Clero Francés determinó que los candidatos al sacerdocio fueran admitidos después de participar en unos días de recogimiento y retiro. A petición del obispo de Beauvais, Potierdes Gesvres, Vicente emprendió en Beauvais (septiembre de 1628) el primero de estos retiros.

Su plan comprendía conferencias ascéticas e instrucciones acerca del conocimiento de lo más indispensable para los sacerdotes. Su principal servicio fue que dieron lugar a lo que posteriormente fueron los seminarios. Al principio sólo duraban diez días, pero ampliándolos gradualmente a 15 ó 20 días, luego a uno, dos o tres meses antes de cada orden, los obispos consiguieron prolongar el periodo de estancia a dos o tres años entre la filosofía y el acceso al sacerdocio.

Ya existían unos seminarios llamados “de ordenandos”, luego “seminarios mayores”, cuando se fundaron los “seminarios menores”. Nadie hizo más que Vicente en lo que atañe a esta doble creación. En 1635 estableció un seminario en el Collège des Bons-Enfants. Ayudado por Richelieu, que le dio mil coronas, sólo admitió a eclesiásticos que estudiaran teología (seminario mayor), fundando paralelamente un seminario menor llamado de San Carlos para sacerdotes que estudiaran humanidades (1642).

Vicente colaboró con los obispos para fundar seminarios en sus diócesis facilitándoles sacerdotes para dirigirlos. Así, a su muerte había aceptado la dirección de once seminarios. Antes de la Revolución su congregación dirigía en Francia cincuenta y tres seminarios mayores y nueve menores, esto es, un tercio de todos los de Francia.

La conferencia eclesiástica completó la labor de los seminarios. Desde 1633 Vicente celebró una cada martes en Saint-Lazare, en la que se reunían todos los sacerdotes deseosos de conferenciar en común sobre las virtudes y las funciones de su estado. Participaron, entre otros, Bossuet y Tronson. Con las conferencias, Vicente instituyó en St.-Lazare retiros abiertos para laicos y sacerdotes. Estos retiros contribuían a infundir un espíritu cristiano en el pueblo, pero imponían gravosos sacrificios a la casa de St.-Lazare. Nada se exigía a los participantes; cuando se trataba del bienestar de las almas, Vicente no reparaba en gastos. Ante las quejas de sus compañeros, que deseaban dificultar la admisión a los retiros, un día consintió en ello. Al atardecer nunca había habido tantos admitidos; cuando un fraile le informó azorado de que no cabían más, Vicente le respondió: “Bueno, dadles mi habitación”.

7. Reforma de la Órdenes Religiosas:

Las órdenes religiosas también se beneficiaron de la influencia de Vicente. No sólo ejerció mucho tiempo la dirección de las Hermanas de la Visitación, fundadas por san Francisco de Sales, sino que también recibió en París a las Religiosas del Santísimo Sacramento. Apoyó la existencia de las Hijas de la Cruz (cuyo objetivo era educar a muchachas campesinas) y animó la reforma de los benedictinos, los cistercienses, los antonianos, los agustinos, los premonstratenses y la Congregación de Grandmont.

El cardenal de La Rochefoucault, a quien se había encomendado la reforma de las órdenes religiosas de Francia, nombró a Vicente su mano derecha y le obligó a permanecer en el Consejo de Conciencia del que era miembro desde 1643.

El celo y la caridad de Vicente atravesaron las fronteras de Francia. Ya en 1638 encargó a sus sacerdotes que predicaran a los pastores de la Campania, que ofrecieran en Roma y Génova los ejercicios para ordenandos y que establecieran misiones en Saboya y Piamonte. Envió otras a Irlanda, Escocia, las Hébridas, Polonia y Madagascar (1648-60).

8. Los esclavos de Berbería (1646):

De todas las obras llevadas a cabo en el extranjero, quizá ninguna le interesó tanto como la de los pobres esclavos de Berbería, cuya suerte compartió una vez. Había entre 25 mil y 30 mil de estos desgraciados repartidos sobre todo entre Túnez, Argel y Bizerta. Cristianos en su mayor parte, habían sido apartados de sus familias por los corsarios turcos. Eran tratados como bestias de carga, condenados a terribles trabajos, sin ningún cuidado físico o espiritual.

Vicente no dejó nada por hacer para enviarles ayuda. En 1645 les envió un sacerdote y un fraile, que fueron seguidos por otros. Vicente había hecho que uno de ellos fuera investido con la dignidad de cónsul para que pudiera trabajar más eficazmente para los esclavos. Les envió frecuentes misiones y les aseguró los servicios de la religión.

Al mismo tiempo actuaron como agentes con sus familias y fueron capaces de liberar a algunos de ellos. A la muerte de San Vicente, estos misioneros habían rescatado a 1.200 esclavos, habiendo gastado 1.200.000 libras en los esclavos de Berbería, por no mencionar las ofensas y persecuciones de todo tipo que ellos mismos padecieron por parte de los turcos.

9. Pacificador en una época de convulsión política (1649):

Cuando París se levantó contra la regente Ana de Austria, que fue obligada a retirarse a St.-Germain-en-Laye (1649), Vicente afrontó grandes riesgos implorando clemencia para ella en nombre del pueblo de París. También reconvino al mismo Mazarino. Su consejo no fue escuchado. Vicente redobló entonces sus esfuerzos para aliviar los males de la guerra en París.

Su beneficencia socorría diariamente a 15 mil ó 16 mil refugiados; sólo en la parroquia de San Pablo las Hermanas de la Caridad ofrecían sopa diariamente a 500 pobres, aparte de cuidar a 60 u 80 enfermos. En aquel tiempo, Vicente, sin preocuparse por los peligros que corría, multiplicó cartas y visitas a la Corte de St. Denis para conseguir paz y clemencia; incluso escribió una carta al Papa pidiéndole que interviniera e interpusiera su mediación para acelerar la paz entre las dos partes.

10. Condena del Jansenismo (1655-1656):

Cuando Duvergier de Hauranne, más tarde abad de St. Cyran, llegó a París (aproximadamente en 1621), Vicente de Paúl mostró algún interés en él por percibir en él sabiduría y piedad. Pero, cuando se informó mejor acerca de los fundamentos de sus ideas sobre la gracia, lejos de ser engañado por ellas, se esforzó por apartarlo del camino del error.

Cuando el “Augustinus” de Jansenio y “Comunión Frecuente” de Arnauld revelaron las auténticas ideas y opiniones de la secta, Vicente se dispuso a combatir y persuadió al obispo de Lavaur, Abra de Raconis, para que escribiera contra ellas.

En el Consejo de Conciencia se opuso a la admisión a beneficios de cualquiera que compartiera las ideas jansenistas y se unió al canciller y al nuncio en la busca de medios para resistir su progreso. A iniciativa suya algunos obispos de St. Lazare decidieron informar al Papa de estos errores.

Vicente persuadió a ochenta y cinco obispos para que solicitaran la condena de las proposiciones jansenistas y convenció a Ana de Austria para que escribiera al Papa para acelerar su decisión. Cuando las cinco proposiciones fueron condenadas por Inocencio X (1655) y Alejandro VII (1656), Vicente procuró que todos aceptaran esta sentencia.

Su celo por la Fe, empero, no le hizo olvidar su caridad, lo cual demostró con el abad de St. Cyran, a quien Richelieu había encarcelado (1638). Cuando Inocencio X anunció su decisión, Vicente visitó a los solitarios de Port-Royal para felicitarlos por su intención, previamente manifestada, de someterse por completo a la decisión del Papa. Además, rogó a los predicadores conocidos por su celo antijansenista que evitaran en sus sermones todo aquello que pudiera amargar a sus adversarios.

11. Pérfil del religioso:

Su vida tan fructífera en obras tenía su origen en un profundo espíritu religioso y en una intensa vida interior. Era fiel a las obligaciones de su estado, obedeciendo con atención las sugerencias de fe y piedad y consagrándose con devoción a la oración, la meditación y los ejercicios religiosos y ascéticos.

De mente práctica y prudente, no dejaba nada al azar. Su desconfianza en sí mismo sólo era igualada por su confianza en la Providencia. Cuando fundó la Sociedad de la Misión y las Hermanas de la Caridad se abstuvo de darles instrucciones fijas por adelantado. Sólo tras varios intentos y una larga experiencia decidió en los últimos años de su vida darles reglas definitivas.

Su celo por las almas no conocía límite; todas las ocasiones eran para él oportunidades para ponerlo en práctica. Cuando murió, los pobres de París perdieron a su mejor amigo y la humanidad, un benefactor sin par en tiempos modernos.

12. Canonización:

Cuarenta años después (1705), el Superior General de los lazaristas solicitó la iniciación del proceso de canonización. Muchos obispos, entre ellos Bossuet, Fénelon, Fléchier y el Cardenal de Noailles, apoyaron la petición.

El 13 de agosto de 1729 fue beatificado por Benedicto XIII, y canonizado por Clemente XII el 16 de junio de 1737. En 1885 León XIII lo nombró patrón de las Hermanas de la Caridad.

En el curso de su larga y ajetreada vida, Vicente de Paúl escribió un gran número de cartas, estimadas en no menos de 30 mil. Tras su muerte se comenzó la tarea de recopilarlas, y en el siglo XVIII se habían reunido 7 mil; muchas se han perdido desde entonces. Las que se han conservado se publicaron con errores bajo el título de “Lettres et conférences de St. Vincent de Paul” (supplément, Paris, 1888); “Lettres inédites de saint Vincent de Paul” (coste in “Revue de Gascogne”, 1909, 1911); “Lettres choisies de saint Vincent de Paul" (Paris, 1911); el total de cartas publicadas es de unas 3.200. También se han recogido y publicado sus “Conférences aux missionaires" (Paris, 1882) y “Conférences aux Filles de la Charité” (Paris, 1882).

MARTES DE LA 26 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año II (Lecturas)

Job 3,1-3.11-17.20-23
Salmo 87: Llegue hasta ti mi súplica, Señor
Lucas 9,51-56

Job 3,1-3.11-17.20-23

Job abrió la boca y maldijo su día diciendo: «¡Muera el día en que nací, la noche que dijo: "Se ha concebido un varón"! ¿Por qué al salir del vientre no morí o perecí al salir de las entrañas? ¿Por qué me recibió un regazo y unos pechos me dieron de mamar? Ahora dormiría tranquilo, descansaría en paz, lo mismo que los reyes de la tierra que se alzan mausoleos, o como los nobles que amontonan oro y plata en sus palacios. Ahora sería un aborto enterrado, una criatura que no llegó a ver la luz. Allí acaba el tumulto de los malvados, allí reposan los que están rendidos. ¿Por qué dio luz a un desgraciado y vida al que la pasa en amargura, al que ansía la muerte que no llega y escarba buscándola más que un tesoro, al que se alegraría ante la tumba y gozaría al recibir sepultura, al hombre que no encuentra camino porque Dios le cerró la salida?»

Salmo 87
R. Llegue hasta ti mi súplica, Señor

Señor, Dios mío, de día te pido auxilio,
de noche grito en tu presencia;
llegue hasta ti mi súplica,
inclina tu oído a mi clamor.
R. Llegue hasta ti mi súplica, Señor

Porque mi alma está colmada de desdichas,
y mi vida está al borde del abismo;
ya me cuentan con los que bajan a la fosa,
soy como un inválido.
R. Llegue hasta ti mi súplica, Señor

Tengo mi cama entre los muertos,
como los caídos que yacen en el sepulcro,
de los cuales ya no guardas memoria,
porque fueron arrancados de tu mano.
R. Llegue hasta ti mi súplica, Señor

Me has colocado en lo hondo de la fosa,
en las tinieblas del fondo;
tu cólera pesa sobre mí,
me echas encima todas tus olas.
R. Llegue hasta ti mi súplica, Señor

Lucas 9,51-56

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: «Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?» Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.

lunes, 26 de septiembre de 2016

26 de Septiembre: San Cosme y San Damián



SOBRE EL MISMO TEMA:
Biografía, culto e iconografía  

26 de septiembre: SANTOS COSME Y DAMIÁN, Mártires

1. Fuentes cristianas
     1.1. Tradición oral
     1.2. Martirio
2. Expansión de su culto y popularidad
     2.1. Imperio bizantino
     2.2. Europa
3. Precedentes: Cástor y Pólux, Esculapio
4. Espada de san Cosme y san Damián
5. Patronos de médicos y farmacéuticos
6. Iconografía: atributos y formas de representación





















1. Fuentes cristianas:

San Cosme y san Damián fueron dos santos que gozaron de gran popularidad en Oriente y Occidente. Veamos lo que dice el Martirologio Romano:

"En Egea, ciudad del Asia Menor, los dos santos hermanos Cosme y Damián, que en la persecución de Diocleciano sufrieron diversos tormentos, pues como hubiesen sido cargados de cadenas, arrojados a la cárcel, pasados por el agua y por el fuego, crucificados y por fin asaeteados, sin experimentar daño alguno gracias al auxilio divino, acabaron siendo decapitados hacia el año 300".

Las lecciones del oficio dicen además que "eran médicos muy distinguidos. Sus conocimientos en medicina curaban con la virtud de Cristo, aun aquellas enfermedades que se consideraban incurables".

San Gregorio de Tours, en su libro De gloria martyrium, escribe:

"Los dos hermanos gemelos Cosme y Damián, médicos de profesión, después que se hicieron cristianos, espantaban las enfermedades por el solo mérito de sus virtudes y la intervención de sus oraciones... Coronados tras diversos martirios, se juntaron en el cielo y hacen a favor de sus compatriotas numerosos milagros. Porque, si algún enfermo acude lleno de fe a orar sobre su tumba, al momento obtiene curación. Muchos refieren también que estos Santos se aparecen en sueños a los enfermos indicándoles lo que deben hacer, y luego que lo ejecutan, se encuentran curados. Sobre esto yo he oído referir muchas cosas que sería demasiado largo de contar, estimando que con lo dicho es suficiente".

1.1. Tradición oral:

Cosme y Damián vivieron en tiempos de Diocleciano (284-305), uno de los emperadores romanos más anti-cristianos. Eran hermanos gemelos y nacieron en Arabia. Tanto ellos como sus otros tres hermanos perdieron a su padre cuando eran pequeños. Su madre los educó en la fe cristiana.

Cuenta la leyenda que aprendieron medicina en Siria y que ejercieron esta profesión en Egea (hoy Ayás), Cilicia. Aplicaron sus conocimientos médicos tanto a personas como a animales y con gran pericia curaban cualquier tipo de enfermedad. Atraían a muchas personas deseosas de curarse, fuesen éstas cristianas o no. Muchos de sus pacientes paganos se convirtieron a la fe cristiana después de su curación. A los pobres no les cobraban la consulta ni los remedios. Eran ἀνάργυροι, "anárgiros" (enemigos del dinero). Las gentes los querían muchísimo y eran considerados como benefactores de los pobres.

1.2. Martirio:

Lisias, el gobernador de Egea, debía ejecutar el edicto contra los cristianos decretado por Diocleciano. La fama y reputación de Cosme y Damián no pasaron desapercibidas para el gobernador quien les hizo llamar junto con sus otros tres hermanos, Antimo, Leoncio y Euprepio. Lisias les dio la opción de apostatar o morir. Para que renegaran de su fe, los hermanos fueron sometidos a torturas, físicas y morales. Pero ni los intentos de ahogar a los hermanos ni de quemarlos ni descoyuntarlos ni de crucificarlos y lapidarlos obraron efecto ya que un ángel siempre les salvaba. Sólo la decapitación pudo con ellos.

Fueron sepultados en Ciro, Siria, ciudad que llegó a ser el centro principal de su culto, donde se erigió una basílica en su honor porque, después de muertos, siguieron obrando milagros. Más tarde, su culto llegó a Roma y se propagó por toda la Iglesia. Capillas, iglesias y otros recintos religiosos dedicados a los patrones de la cirugía se encuentran en todos los países donde hay o ha habido cristianos.

2. Expansión de su culto y popularidad:

Cosme y Damián son dos de los santos sanadores más populares que existen en la hagiografía cristiana desde su martirio en el siglo III d. C. Su culto se extendió desde el imperio Bizantino, patrocinado por el emperador Justiniano y Teodosio II, hasta Inglaterra, pasando por todo el continente europeo. El culto a los santos Cosme y Damián llegó a Roma en el siglo VI, donde se les dedicó una iglesia en el Foro.

2.1. Imperio bizantino:

A principios del siglo V, se levantaron en Constantinopla dos grandes iglesias en su honor. San Sabas († 531) transformó en basílica de san Cosme y san Damián la casa de sus padres en Matalasca (Capadocia). En Jerusalén y en Mesopotamia tuvieron templos. En Edesa eran patronos de un hospital levantado en 457 y se decía que los dos santos estaban enterrados en dos iglesias diferentes de esta ciudad monacal. En Egipto, el calendario de Oxyrhyrico del 535 muestra que san Cosme posee templo propio. La devoción copta a ambos santos siempre fue muy ferviente.

En Tesalónica aparece en un mosaico con el calificativo de mártires y médicos. En Bizona (Escitia) se halla también una iglesia que les levantara el diácono Estéfano.

Tal vez el más célebre de los santuarios orientales era el de Egea, en Cilicia, donde nació la leyenda llamada "árabe", relatada en dos pasiones, y es la que recogen nuestros actuales libros litúrgicos.

2.2. Europa:

El culto a estos santos, que a lo largo del siglo V y VI se popularizó en Oriente entró también en Occidente. Tenemos testimonios de su culto en Cagliari (Cerdeña), promovido por San Fulgencio, fugitivo de los bárbaros. En Ravena hay mosaicos suyos del siglo VI y VII. El oracional visigótico de Verona los incluye en el calendario de santos que festejaba la Iglesia de España.

En Roma se les dedicó más de diez iglesias. El papa Símaco (498-514) les consagró un oratorio en el Esquilino, que posteriormente se convirtió en abadía. San Félix IV, hacía el año 527, transformó para uso eclesiástico dos célebres edificios antiguos, la basílica de Rómulo y el Templum Sacrum Urbis, con el archivo civil a ellos añejo, situados en la vía Sacra, en el Foro, dedicándoselo a san Cosme y san Damián.

El papa Gregorio II les asignó el jueves de la tercera semana de Cuaresma. Una multitud de fieles atendía para pedir la salud de alma y cuerpo. Caso insólito, el texto de la misa cuaresmal se refiere a estos santos, que son mencionados en la colecta, secreta y poscomunión, jugándose en los textos litúrgicos con la palabra “salus” en el introito y ofertorio. La lectura evangélica narra la curación de la suegra de Pedro y otras curaciones milagrosas que obró el Señor en Cafarnaúm aquel mismo día. Esta escena de compasión reflejaba la que se repetía en el santuario de los santos Cosme y Damián de Roma, entre los enfermos que se encomendaban a ellos.

La iglesia de San Cosme y San Damián es una de las más hermosas de Roma. Tiene título cardenalicio. En el ábside, un antiguo mosaico de fondo obscuro con nubes rojas nos presenta a Cristo "con unos ojos grandes, que miran a todas, partes", como dice el epitafio de Abercio, llenando con su presencia toda la sala de la asamblea. A uno y otro lado están los hermanos médicos, prontos a escuchar las súplicas de sus devotos.

Más tarde, en la zona de la Toscana, estos dos santos se convirtieron en los patrones de la
familia Médicis de Florencia, ya que antes de convertirse en banqueros eran miembros de la
corporación de los médicos y boticarios.

En Francia se hicieron muy populares en el siglo XII, especialmente después de que Juan de Beaumont, señor de Luzarches, trajera consigo las reliquias de ambos santos desde Jerusalén.

También en España se dedicaron monasterios e iglesias en León, Oviedo, Burgos o Valencia a partir del siglo IX. Se dice que San Isidoro de Sevilla, en el siglo VII, puso las estatuas de los santos Cosme y Damián en un lugar prominente en su botica.

Alemania, especialmente Bremen y Bamberg, puso en duda la autenticidad de las reliquias francesas al afirmar que ellos poseían las reliquias verdaderas. También en Colonia hubo monasterios dedicados a los santos médicos a partir del siglo IX, pero eran muy reconocidos y venerados en las abadías de Essen, Renania, Liesborn, Westfalia, Kaufbeuren y Suabia.

Su culto se extendió por los países eslavos. En Cracovia se dedicó una capilla a estos santos en la Iglesia de Nuestra Señora. Su popularidad justifica la abundancia de representaciones que han llegado hasta nosotros en el mundo medieval.

3. Precedentes: Cástor y Pólux, Esculapio

Según Louis Reáu, que cita a los mitologistas alemanes Lucios y Deubner, los santos gemelos –Cosme y Damián– fueron la réplica de Cástor y Pólux en la era cristiana, lo que explicaría su rápida popularidad al ocupar el lugar dejado por los héroes sanadores de la mitología pagana.

Aunque la identificación puede ser discutida, sí es verdad que la Iglesia se ha servido de ellos como sustitutos Cástor y Pólux. Además, a partir del siglo IV se les comenzó a venerar en templos que antes habían acogido el culto a Esculapio, otro sanadar pagano. La basílica puesta bajo su advocación en Constantinopla estaba rodeada día y noche por enfermos que practicaban el rito de incubatio, igual que en los templos de Esculapio.

Los santos Cosme y Damián ocuparon el lugar que dejaron los héroes sanadores y Esculapio, como médicos sanadores y en la forma de curar. Es posible identificar algunas iglesias dedicadas a los santos médicos dónde se practicaba el incubatio, por ejemplo en Santa María la Antigua en Roma. Las prácticas eran las mismas, sin embargo sólo las de los santos médicos eran consideradas milagrosas. Por otra parte, las imágenes de los santos Cosme y Damián eran usados como amuletos o como remedios en contra de la enfermedad, dos prácticas consideradas mágicas o supersticiosas si no hubieran llevado la imagen de los santos médicos cristianos.

4. Espada de san Cosme y san Damián

La espada de la que la tradición asegura ser la usada para decapitar a los dos hermanos, conocida como espada de San Cosme y San Damián o espada de Essen, fue un regalo al rey Otón III, en torno al año 914 d. C. Hoy se encuentra expuesta en la cámara del tesoro de la catedral de Essen, en Alemania.

A finales del siglo XV aparecen en la ciudad las primeras manifestaciones documentadas del fervor religioso que la espada despertaba, atribuido a la inscripción que rezaba en ella: “Gladius cum quo decollati fuerunt nostri patroni” (la espada con la que nuestros patronos fueron decapitados), así como a los ornamentos y figuras del gótico tardío que mostraba la banda que ciñe la vaina.

La Relación de Reliquias de Essen, del 12 de julio de 1626, registra la espada con el número 55 como “Gladius sanctorum Cosmae et Damiani”. Como reliquia, fue llevada ceremonialmente en procesiones de aquella época.

La religiosidad que despierta la reliquia en la ciudad de Essen ha sido tal que, pese a la Reforma y los cambios políticos, la espada figura en el escudo de la ciudad desde 1473, año de la primera constancia documental de su presencia.

5. Patronos de médicos y farmacéuticos

Cosme significa en griego "adornado, bien presentado", y Damián "domador". Se los considera patronos de los médicos en general, junto con Lucas el Evangelista, y de los cirujanos en particular; de los farmacéuticos, junto con Santiago el Mayor, y de los barberos, junto con Catalina de Alejandría y Martín de Porres.

6. Iconografía: atributos y formas de representación

Una de las primeras representaciones que se tiene de los Santos Cosme y Damián muestra a los hermanos con la corona de su martirio sin ningún otro atributo. Sin embargo, muchas de las representaciones medievales que hoy tenemos de los Santos Médicos tienen que ver con su función como practicantes del arte de la medicina. Como tales, los Santos Cosme y Damián pueden aparecer con los atributos típicos de esta profesión. Así pues se les puede representar con un recipiente para contener medicinas, el bocal, e instrumentos quirúrgicos. También se les representa con un frasco de vidrio, lleno de orina para analizar el color y los posos de la orina del enfermo. Así mismo podemos encontrar la espátula como uno de sus símbolos, ya que se usaba para mezclar y aplicar medicamentos.

Otros atributos son una bolsa de piel, una caja de medicamentos, peines, pinzas, punzones de hueso para hacer sangrías, una flecha y una redoma. Su vestimenta puede variar dependiendo de si se les representa como personajes de la época romana –con túnica y manto–, o como hombres contemporáneos al artista. A veces pueden estar representados con túnica forrada y con tocados con caperuza o gorro cilíndrico –antigua manera de impresionar a los pacientes–.

Existe otro tipo de iconografía de los Santos Cosme y Damián relacionada con imágenes votivas o devocionales que tenían un carácter profiláctico o de protección contra la enfermedad. En estas imágenes los hermanos suelen aparecer junto con la Virgen María, el Niño Jesús y otros santos que también eran considerados médicos o sanadores, como San Roque, San Sebastián o San Pantaleón. Este grupo se convierte en una “sagrada conversación”, es decir, personajes que nunca vivieron en la misma época se reúnen entorno a la Virgen María y el Niño Jesús. 

Lucas 9,46-50: El más importante y la intolerancia de los apóstoles

Lucas 9,46-50
Lunes de la 26 Semana del Tiempo Ordinario I y II

En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.» Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.» Jesús le respondió: «No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro.»

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Lucas 9,46-50  

En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.» Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.» Jesús le respondió: «No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro.»

— Comentario por Reflexiones Católicas
"Los celos del apóstol"

Cuando Jesús anunció a los suyos la muerte que le esperaba, "ellos no entendían este lenguaje". Hoy tenemos la prueba de esta cerrazón: están discutiendo quién es el más importante. No han captado el mensaje de Jesús, que su mesianismo pasa por la entrega de sí mismo y, por tanto, también sus seguidores deben tener esta misma actitud.

Jesús tuvo que mostrar su paciencia no sólo con los enemigos, sino también con sus seguidores. Iban madurando muy poco a poco.

Pero hay otro episodio: los celos que siente Juan de que haya otros que echan demonios en nombre de Jesús, sin ser "de los nuestros". Juan quiere desautorizar al exorcista intruso. Jesús les tiene que corregir una vez más: "no se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro".

¡Lo que nos gusta ser importantes, que hablen bien de nosotros! Tampoco nosotros hemos entendido la enseñanza y el ejemplo de Jesús, en su actitud de Siervo: "No he venido a ser servido sino a servir". Tendría que repetirnos la lección del niño puesto en medio de nosotros como "el más importante". El niño era, en la sociedad de su tiempo, el miembro más débil, indefenso y poco representativo. Pues a ése les pone Jesús como modelo.

También tenemos la tendencia que aquí muestra Juan, el discípulo preferido: los celos. Nos creemos los únicos, los que tienen la exclusiva y el monopolio del bien. Algo parecido pasó en el AT (cf. Nm 11), cuando Josué, el lugarteniente de Moisés, quiso castigar a los que "profetizaban" sin haber estado en la reunión constituyente, y Moisés, de corazón mucho más amplio, le tuvo que calmar, afirmando que ojalá todos profetizaran.

¿Tenemos un corazón abierto o mezquino? ¿Sabemos alegrarnos o reaccionamos con envidia cuando vemos que otros tienen éxito? No tenemos la exclusiva. Lo importante es que se haga el bien, no que se hable de nosotros. No se trata de "quedar bien", sino de "hacer el bien".

También "los otros", los que "no son de los nuestros", sea cual sea el nivel de esta distinción (clero y laicos, religiosos y casados, mayores y jóvenes, católicos y otros cristianos, practicantes y alejados), nos pueden dar lecciones. Y en todo caso "el que no está contra nosotros, está a favor nuestro", sobre todo si expulsan demonios en nombre de Jesús.

Si seguimos buscando los primeros lugares y sintiendo celos de los demás en nuestro trabajo por el Reino, todavía tenemos mucho que aprender de Jesús y madurar en su seguimiento. 

Lucas 9,46-50: Orgullo personal y de grupo

Lucas 9,46-50  

En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.» Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.» Jesús le respondió: «No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro.»

— Comentario por Reflexiones Católicas
"Orgullo personal y de grupo"

El narcisismo o vivir pendiente de la propia vida es un peligro que acecha a las comunidades eclesiales. Esto tenía atrapado al grupo apostólico. Jesús les ha hecho el segundo anuncio de su martirio pero ellos siguen obcecados, discutiendo sobre sus preferencias y comidos por los celos de quien no pertenece al grupo y echa demonios en nombre de Jesús.

El pasaje tiene dos partes: la aclaración sobre quién es el más importante en la comunidad y qué decir ante quien expulsa los demonios sin ser de los “nuestros”. En el fondo es la misma cuestión: el orgullo personal o de grupo.

A la segunda cuestión Jesús responde que lo que importa es la liberación de la persona; quien colabora en nuestra tarea es de los “nuestros”.

- Reflejo de la comunidad y de la sociedad

Los mensajes responden a las situaciones de las comunidades a las que Lucas dirige su evangelio. Vemos que empieza a brotar en ellas el espíritu rabínico y farisaico. Los jerarcas empiezan a darse excesiva importancia y a considerar la autoridad como un privilegio y no como un servicio. Para atajarlo, Lucas evoca la actitud y el mensaje de Jesús.

En la sociedad civil los más importantes son los que destacan por sus cualidades o por la responsabilidad de las funciones que desarrollan. Por eso, los apóstoles discutían sobre el puesto e importancia del mayor, como ocurre todavía con demasiada frecuencia, por desgracia. Para Jesús, en cambio, la lógica es otra.

- El más pequeño es el más importante

Jesús responde a esta cuestión con estilo profético y con un gesto pedagógico: coge de la mano a un niño, lo pone a su lado y les dice: “El más pequeño es el más importante; el que lo acoge, me acoge a mí”. El mayor y más valioso es simplemente el más necesitado, el más indefenso, el más pobre, el perdido, simbolizados en el indigente que es el niño.

El niño no es el más importante por sus valores, su inocencia o su ternura. Es importante porque está necesitado de los otros y no puede resolver la vida por sí mismo. Ellos han sido el centro de atención de Jesús y han de seguir siéndolo en sus comunidades eclesiales.

Como Jesús, la Iglesia no está para ser servida, ni para ser el centro de atención, sino “para servir” (Mt 20,28) a los más necesitados de dentro y de fuera; exactamente como ocurre en toda familia en la que reina la armonía y el afecto: el centro de sus preocupaciones es el niño, el anciano desvalido, el deficiente.

En cualquier asociación humana, el más importante es el que le da ganancia o prestigio, el eficiente; sin embargo, fiel a Jesús, san Vicente de Paúl hablaba de “nuestros señores, los pobres”.

Jesús agrega que es verdaderamente grande el que se hace pequeño para servir a los pequeños, aquel que, disponiendo de recursos para buscar sus ventajas y lograr el éxito y las comodidades, sin embargo, renuncie a sus intereses para servir a los demás, sobre todo a los “pequeños”.

Jesús pone de relieve que este servicio a los pobres, enfermos, humildes y necesitados, lejos de ser una carga, es un privilegio: “El que acoge a este niño (a toda persona desprotegida y débil) me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado”. Es lo mismo que recoge Mateo: “Cada vez que disteis de comer, acogisteis o visitasteis a uno de mis hermanos más humildes, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40).

El discípulo de Jesús ha de vivir este misterio con una actitud mística, como lo viven los santos. Esta mística consiste en servir a los humildes como un encuentro con el Señor en ellos, como un honor que no nos merecemos. 

Lucas 9,46-50: Enseñanza sobre la humildad y la tolerancia

Lucas 9,46-50

En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.» Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.» Jesús le respondió: «No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro.»

— Comentario por Reflexiones Católicas
"Enseñanza sobre la humildad y la tolerancia"

La página evangélica que nos propone hoy la liturgia recuerda dos actitudes de fraternidad que nos recuerda la sencillez con la que san Francisco vivía el Evangelio.

La primera de esas actitudes, contraria a la ambición, es la humildad (cf. vv.46-48). La otra es la tolerancia (cf. vv.49ss). Los apóstoles se muestran sensibles a este problema. Jesús, en efecto, habla a menudo de él en el evangelio. Ambas actitudes subrayan la necesidad de superar tanto la vanidad de los grandes, que aspiran a los títulos y a los grados de dignidad, como el orgullo de pertenecer a un grupo.

— La humildad

La primera actitud se ocupa de la vida interna de la comunidad. Parece natural que, siguiendo la mentalidad mundana, ocupen los primeros puestos de la comunidad aquellos que se distinguen por sus dotes o por su sentido de la responsabilidad a la hora de administrar los servicios comunitarios. Por otra parte, también es natural en el hombre el deseo de sobresalir. Esa es la razón de que los apóstoles se dejen arrastrar a discusiones interesadas (cf. también 22,24-27).

Discuten sobre el puesto que ocupan y sobre quién de ellos es el más importante. Pero Jesús no piensa como ellos. Coge a un niño y lo pone junto a sí, en el centro, en el puesto de mayor dignidad. Su respuesta es bien precisa: «El más pequeño entre vosotros es el más importante» (v. 48b). Sólo el que es pequeño es “importante”, porque el pobre tiene necesidad de los otros, no tiene libertad de acción, es inútil. El niño es el símbolo del discípulo último y pobre. Pero es también la imagen de Jesús, que se abandona en actitud de adoración en brazos del Padre. Por eso dice aún Jesús: «El que acoge a este niño en mi nombre, a mí me acoge; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado» (v.48a).

— La tolerancia

La segunda actitud del evangelio nos presenta otra característica de la fraternidad evangélica: la tolerancia. «Maestro, hemos visto a uno expulsar demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no pertenece a nuestro grupo» (v.49).

Jesús no es de este parecer: «No se lo prohibáis» (v. 50). Al contrario, invita a los suyos a abrir el corazón y el espíritu, a ser tolerantes. Dios envía a los que quiere a anunciar su Palabra. No es preciso pertenecer al grupo de Jesús o ser importante para hablar de él. Lo que cuenta no es la persona que habla; lo que cuenta es que se anuncie el Evangelio. Dios es rico: dispone de muchos modos para hablar al hombre. 

Lucas 9,46-50: El más importante

Lucas 9,46-50

En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.» Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.» Jesús le respondió: «No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro.»

— Comentario por la Orden Carmelita

Si anteriormente Lucas nos presentaba cómo se reunían los hombres en torno a Jesús para escucharlo y presenciar sus curaciones, ahora se abre una nueva etapa de su itinerario público. Jesús se presenta como el que poco a poco es quitado a los suyos para ir al Padre.

Este itinerario supone el viaje a Jerusalén. Cuando está a punto de emprender este viaje, Jesús les revela el final que le espera (9,22). Después se transfigura ante ellos como para indicar el punto de partida de su “éxodo” hacia Jerusalén. Inmediatamente después Jesús vuelve a anunciar su pasión dejando a los discípulos en la inseguridad y en la turbación.

Las palabras de Jesús sobre su pasión, “el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres”, encuentran la incomprensión de los discípulos (9,45) y un temor silencioso (9,43).

— Jesús toma a un niño:

El enigma de la entrega de Jesús desencadena una disputa entre los discípulos sobre a quién le corresponderá el primer puesto. Entonces, Jesús interviene con un gesto simbólico. Toma a un niño y lo pone junto a él. Este gesto indica la elección que se recibe en el momento en que uno pasa a ser cristiano (10,21-22). A fin de que este gesto no permanezca sin significado, Jesús lo explica: no se enfatiza la “grandeza” del niño, sino la “acogida”. El Señor considera “grande” al que, como el niño, sabe acoger a Dios y a sus mensajeros.

La elección por parte de Dios está presente en el gesto de Jesús acogiendo al niño; sin embargo, el niño también encarna a Jesús: los dos juntos, en la pequeñez y en el sufrimiento, realizan la presencia de Dios. Esto es algo que los apóstoles todavía no pueden entender.

El “ser grandes”, sobre lo cual discutían los discípulos, mira al momento presente y se expresa en la diaconía del servicio. El amor y la fe vividos realizan dos funciones: somos acogidos por Cristo (toma al niño), y tenemos el don singular de recibirlo (“el que acoge al niño, lo acoge a él y al Padre”, v.48).

— El exorcista que no pertenece a nuestro grupo:

A continuación sigue un diálogo entre Jesús y Juan (vv-49-50). Este discípulo es contado entre los íntimos de Jesús. Al exorcista, que no forma parte del círculo de Jesús, se le confía la misma función que a los discípulos. Es un exorcista que, por una parte, es externo al grupo, pero por otra, está dentro porque ha entendido el origen cristológico de la fuerza divina que lo asiste (“en tu nombre”).

La enseñanza de Jesús es evidente: un grupo cristiano no debe poner obstáculos a la acción misionera de otros grupos. No existen cristianos más “grandes” que otros, sino que se es “grande” por el hecho de ser cada vez más cristiano.

La actividad misionera debe estar al servicio de Dios y no para aumentar la propia notoriedad. Es crucial el inciso sobre el poder de Jesús: se trata de una alusión a la libertad del Espíritu Santo cuya presencia en el seno de la Iglesia es segura, pero puede extenderse más allá de los ministerios constituidos u oficiales.

Los niños y los viejos, por Julio González, SF.






















Lucas 9:46-50

En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.» Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.» Jesús le respondió: «No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro.»

Comentario por Julio González, SF:
¨Los niños y los viejos"

Los discípulos discutían sobre quién de ellos sería el más importante. Y es que amansar la vanidad, la ambición, el orgullo, es algo que requiere muchos años, paciencia, madurez, y no tener miedo a perder.

Hoy, cuando la adolescencia y la juventud son envidiadas e imitadas hasta el punto de que muchos adultos se afanan por tener una sonrisa joven, piel joven, el protagonismo de los niños y jóvenes..., Jesús hubiera escogido a un viejito de orejas grandes y nariz panocha, aparcado en una residencia geriátrica, para transmitirnos sus enseñanzas.

Lunes de la 26ª Semana del Tiempo Ordinario, Año II (Lecturas)

Job 1,6-22
Salmo 16,1.2-3.6-7:
Inclina el oído y escucha mis palabras
Lucas 9,46-50

Job 1,6-22

Un día, fueron los ángeles y se presentaron al Señor; entre ellos llegó también Satanás. El Señor le preguntó:
— ¿De dónde vienes?
Él respondió:
— De dar vueltas por la tierra.
El Señor le dijo:
— ¿Te has fijado en mi siervo Job? En la tierra no hay otro como él: es un hombre justo y honrado, que teme a Dios y se aparta del mal.
Satanás le respondió:
— ¿Y crees que teme a Dios de balde? ¡Si tú mismo lo has cercado y protegido, a él, a su hogar y todo lo suyo! Has bendecido sus trabajos, y sus rebaños se ensanchan por el país. Pero extiende la mano, daña sus posesiones, y te apuesto a que te maldecirá en tu cara.
El Señor le dijo:
— Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él no lo toques.
Y Satanás se marchó. Un día que sus hijos e hijas comían y bebían en casa del hermano mayor, llegó un mensajero a casa de Job y le dijo:
— Estaban los bueyes arando y las burras pastando a su lado, cuando cayeron sobre ellos unos sabeos, apuñalaron a los mozos y se llevaron el ganado. Sólo yo pude escapar para contártelo.
No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo:
— Ha caído un rayo del cielo que ha quemado y consumido tus ovejas y pastores. Sólo yo pude escapar para contártelo.
No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo:
— Una banda de caldeos, dividiéndose en tres grupos, se echó sobre los camellos y se los llevó, y apuñaló a los mozos. Sólo yo pude escapar para contártelo.
No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo:
— Estaban tus hijos y tus hijas comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor, cuando un huracán cruzó el desierto y embistió por los cuatro costados la casa, que se derrumbó y los mató. Sólo yo pude escapar para contártelo.
Entonces Job se levantó, se rasgó el manto, se rapó la cabeza, se echó por tierra y dijo:
— Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor.»
A pesar de todo, Job no protestó contra Dios.

Salmo 16,1.2-3.6-7:
R. Inclina el oído y escucha mis palabras

Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño.
R. Inclina el oído y escucha mis palabras

Emane de ti la sentencia,
miren tus ojos la rectitud.
Aunque sondees mi corazón,
visitándolo de noche,
aunque me pruebes al fuego,
no encontrarás malicia en mí.
R. Inclina el oído y escucha mis palabras

Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu misericordia,
tú que salvas de los adversarios
a quien se refugia a tu derecha.
R. Inclina el oído y escucha mis palabras

Lucas 9,46-50

En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.» Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.» Jesús le respondió: «No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro.»

viernes, 23 de septiembre de 2016

De la paranoia a la metanoia, por el P. Ron Rolheiser

Recientemente acudí a un encuentro y durante la mayor parte del mismo sentí afecto, amistad hacia mis colegas, y positividad hacia todo lo que estaba aconteciendo. Estaba de buen talante y buscando la manera de colaborar en todo. Entonces, cuando faltaba poco para acabar el encuentro, uno de mis colegas hizo un comentario que me pareció ácido e injusto.

Inmediatamente una serie de puertas comenzaron a cerrarse dentro de mí. Mi afecto y empatía rápidamente se convirtieron en dureza y enfado y luché para no obsesionarme con el incidente. Pero los sentimientos no pasaron rápidamente. Durante algunos días la frialdad y la paranoia persistieron dentro de mí y evité cualquier clase de contacto con la persona que hizo los comentarios negativos mientras yo cocinaba mi negatividad.

El tiempo y la oración eventualmente propiciaron la sanación, y retornó una perspectiva más saludable. Las puertas que se habían cerrado de golpe en aquel encuentro se abrieron de nuevo y la metanoia sustituyó a la paranoia.

Es significativo que la primera palabra pronunciada por la boca Jesús en los Evangelios Sinópticos sea la palabra “metanoia”. Jesús comienza su ministerio con estas palabras: “Arrepiéntete [metanoia] y cree en el Evangelio” y eso, en esencia, es el resumen de todo su mensaje. Pero ¿cómo se arrepiente uno?

— Significado de Metanoia

Nuestras traducciones de los Evangelios no hacen justicia a lo que Jesus dice aquí. Traducen “metanoia” con la palabra “arrepentimiento”. Pero, para nosotros, la palabra arrepentimiento tiene diferentes connotaciones desde la intención de Jesús.  En Inglés, "arrepentirse" (repentance) implica que hemos hecho algo mal y debemos repudiarnos a nosotros mismos por tal acción y comenzar a vivir de una manera nueva. La palabra bíblica “metanoia” tiene una connotación más amplia.

La palabra "metanoia" viene de las dos palabras griegas: "Meta", que significa "más allá"; y "Nous", que significa "mentalidad".

La metanoia nos invita a ir más allá de nuestros instintos normales hacia a una mentalidad más amplia, hacia una mentalidad que se levanta por encima de la tendencia natural al propio interés, a la autoprotección lo cual con frecuencia se mezcla con sentimientos de amargura y negatividad, y de falta de empatía en nuestro interior.

La metanoia nos invita a enfrentar todas las situaciones, sean lo injustas que parezcan, con comprensión y un corazón empático. Más aún, la metanoia se sitúa en contraste con la paranoia. En esencia, la metanoia es la no-paranoia, de manera que las primeras palabras de Jesus en los Evangelios Sinópticos debieran ser entendidas mejor así: “No seas paranoico y cree en el Evangelio”. ¡Vive desde la confianza!”.

— Entre la paranoia y la metanoia

Henri Nouwen, en un pequeño, pero profundamente significativo libro titulado “Con manos abiertas” describe la diferencia entre metanoia y paranoia. Sugiere que hay dos posturas fundamentales con las cuales podemos ir a lo largo de la vida. Podemos, dice, ir por la vida in la postura de la paranoia. La postura de la paranoia se simboliza con un puño cerrado, con una postura de protección, con la sospecha y desconfianza como actitudes habituales. La paranoia nos hace sentir siempre que necesitamos protegernos a nosotros mismos de la injusticia, que otros nos herirán si mostramos cualquier vulnerabilidad, y que necesitamos afirmar nuestra fuerza y talento para impresionar a los otros. La paranoia rápidamente convierte lo afectivo en frialdad, la comprensión en sospecha y la generosidad en autoprotección.

Por otro lado, la postura de la metanoia, se ve claramente en Jesús crucificado. Ahí, en la cruz, aparece expuesto y vulnerable, sus brazos extendidos en un gesto de abrazar, y sus manos abiertas y atravesadas por los clavos. Esta es la antítesis de la paranoia, donde nuestras puertas interiores del afecto, la empatía, y la confianza espontanea se cierran de golpe cuando percibimos una amenaza. La metanoia, la meta comprensión, el corazón grande, nunca cierra esas puertas.

— Dos entendimientos y corazones

Para algunos de los primeros padres de la Iglesia todos nosotros tenemos dos entendimientos y dos corazones. Para ellos, cada uno de nosotros tiene una mente amplia y un gran corazón. Ese es el santo que vive dentro de nosotros, la imagen y la semejanza de Dios dentro de nosotros, nuestra parte afectiva, fértil, y empática. Todos abrigamos una verdadera grandeza dentro de nosotros.

Pero cada uno también tiene en su interior una mentalidad estrecha y un corazón mezquino. Así es la complejidad de nuestro interior. Somos a la vez grandes corazones y mezquinos, mentes abiertas y fanáticas, confiados y suspicaces, santos y narcisistas, generosos y acaparadores, calientes y fríos.

Todo depende de a qué corazón y a qué mente estamos conectados y cómo operan en cada momento determinado. En un momento somos capaces de morir por los otros y un minuto más tarde desearíamos verlos muertos, en un momento queremos darnos a nosotros mismos totalmente por amor, un minuto más tarde decidimos usar nuestros talentos para mostrar nuestra superioridad sobre los demás. La metanoia y la paranoia se disputan nuestro corazón.

Jesus en su mensaje y su persona, nos invita a la metanoia, a movernos hacia ella y permanecer dentro de una mente abierta y un corazón grande, de modo que ante un comentario punzante nuestras puertas del afecto y la confianza no se cierren.

Lucas 9,18-22: Profesión de fe de Pedro

Lucas 9,18-22
Viernes de la 25 Semana del Tiempo Ordinario I y II,
Domingo de la 12 Semana del Tiempo Ordinario C (9,18-24),

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos contestaron: "Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas". El les preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Pedro tomó la palabra y dijo: "El Mesías de Dios". El les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar el tercer día".

SOBRE EL MISMO TEMA:
Conocer a Cristo
Estar dispuesto a sufrir
La cruz, el camino
Quien no sabe de sufrimientos no sabe de amores