sábado, 31 de enero de 2015

SÁBADO DE LA 3 SEMANA, Año I (Lecturas)

Hebreos 11,1-2.8-19
Salmo: Lc 1,69-70.71-72.73-75:
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado a su pueblo

Hebreos 11,1-2.8-19

La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve. Por su fe, son recordados los antiguos. Por fe, obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba. Por fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas –y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa–, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios. Por fe, también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía. Y así, de uno solo y, en este aspecto, ya extinguido, nacieron hijos numerosos como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas. Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido lo prometido; pero viéndolo y saludándolo de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra. Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues, si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver. Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo. Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad. Por fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «lsaac continuará tu descendencia.» Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para hacer resucitar muertos. Y así, recobró a Isaac como figura del futuro.

Salmo: Lc 1,69-70.71-72.73-75
R. Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado a su pueblo

Nos ha suscitado una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
R. Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado a su pueblo

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza.
R. Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado a su pueblo

Y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
R. Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado a su pueblo

Marcos 4,35-41

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos:
— Vamos a la otra orilla.
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos? Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago:
— ¡Silencio, cállate!
El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo:
— ¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?
Se quedaron espantados y se decían unos a otros:
— ¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

viernes, 30 de enero de 2015

VIERNES DE LA TERCERA SEMANA, Año I (Lecturas)

Hebreos 10,32-39
Salmo 36: El Señor es quien salva a los justos
Marcos 4,26-34

Hebreos 10,32-39

Hermanos: Recordad aquellos días primeros, cuando, recién iluminados, soportasteis múltiples combates y sufrimientos: ya sea cuando os exponían públicamente a insultos y tormentos, ya cuando os hacíais solidarios de los que así eran tratados. Pues compartisteis el sufrimiento de los encarcelados, aceptasteis con alegría que os confiscaran los bienes, sabiendo que teníais bienes mejores, y permanentes. No renunciéis, pues, a vuestra valentía, que tendrá una gran recompensa. Os falta constancia para cumplir la voluntad de Dios y alcanzar la promesa. Un poquito de tiempo todavía, y el que viene llegará sin retraso; mi justo vivirá de fe, pero, si se arredra, le retiraré mi favor. Pero nosotros no somos gente que se arredra para su perdición, sino hombres de fe para salvar el alma.

Salmo 36: El Señor es quien salva a los justos

Confía en el Señor y haz el bien,
habita tu tierra y practica la lealtad;
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu corazón.
R. El Señor es quien salva a los justos

Encomienda tu camino al Señor,
confía en él, y él actuará:
hará tu justicia como el amanecer,
tu derecho como el mediodía.
R. El Señor es quien salva a los justos

El Señor asegura los pasos del hombre,
se complace en sus caminos;
si tropieza, no caerá,
porque el Señor lo tiene de la mano.
R. El Señor es quien salva a los justos

El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados
y los salva porque se acogen a él.
R. El Señor es quien salva a los justos

Marcos 4,26-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: "El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega."

Dijo también: "¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas." Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

jueves, 29 de enero de 2015

Francisco: "En la parroquia he de preguntarme si hablo y practico la fe, la esperanza, la caridad"

Hebreos 10,19-25
Jueves de la 3 Semana del Tiempo Ordinario, Año I

Llenos de fe, mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos; fijémonos los unos en los otros, para estimularnos a la caridad Hermanos, teniendo entrada libre al santuario, en virtud de la sangre de Jesús, contando con el camino nuevo y vivo que él ha inaugurado para nosotros a través de la cortina, o sea, de su carne, y teniendo un gran sacerdote al frente de la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero y llenos de fe, con el corazón purificado de mala conciencia y con el cuerpo lavado en agua pura. Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, porque es fiel quien hizo la promesa; fijémonos los unos en los otros, para estimularnos a la caridad y a las buenas obras. No desertéis de las asambleas, como algunos tienen por costumbre, sino animaos tanto más cuanto más cercano veis el Día.

Comentario por el papa Francisco

«»Los que privatizan la fe cerrándose en élites que desprecian a los otros no siguen el camino de Jesús. Así lo ha asegurado el Santo Padre durante la homilía en la misa celebrada esta mañana en Santa Marta.

Al comentar la Carta a los Hebreos, el papa Francisco ha afirmado que Jesús es “el camino nuevo y vivo” que debemos seguir “según la forma que Él quiere”. Porque “existen formas equivocadas de vida cristiana”. Por eso, ha explicado que Jesús “da el criterio para no seguir los modelos erróneos. Y uno de estos modelos equivocados es privatizar la salvación”.

De este forma, el Papa ha afirmado que “es verdad, Jesús nos salva a todos, pero no genéricamente. Todos, pero cada uno, con nombre y apellidos. Y esta salvación es personal”.

Realmente -ha añadido- yo soy salvado, el Señor me ha mirado, ha dado su vida por mí, ha abierto esta puerta, esta vía nueva para mí, y cada uno de nosotros puede decir ‘Por mí’”. Pero existe el peligro de olvidar que Él nos ha salvado de forma individual, pero en un pueblo, ha advertido el Pontífice. “El Señor siempre salva en el pueblo. Desde el momento en el que llama a Abraham, les promete hacer un pueblo. Y el Señor nos salva en un pueblo”, ha recordado.

Por eso el autor de esta Carta nos dice: “Prestemos atención los unos de los otros”. A propósito, el papa Francisco ha indicado que “no hay salvación solamente para mí. Si yo entiendo la salvación así, me equivoco; me equivoco de camino. La privatización de la salvación es un camino equivocado”.

Para no privatizar la salvación hay tres criterios que el Papa ha explicado en la homilía: La fe en Jesús que nos purifica, la esperanza que nos hace mirar las promesas e ir adelante y la caridad - es decir, prestar atención los unos a los otros, para estimularnos en la caridad y en las buenas obras.

Y Francisco lo ha explicado así: “Y cuando yo estoy en una parroquia, en una comunidad -la que sea- yo estoy allí, yo puedo privatizar la salvación y estar allí un poco socialmente solamente. Pero para no privatizarla debo preguntarme a mí mismo si yo hablo, comunico la fe; hablo, comunico la esperanza; hablo, practico y comunico la caridad”, ha observado. Asimismo, ha indicado que si en una comunidad no se habla, no se anima el uno al otro en estas tres virtudes, los componentes de esta comunidad han privatizado la fe. Cada uno busca su propia salvación, no la salvación de todos, la salvación del pueblo. Y Jesús ha salvado a cada uno, pero en un pueblo, en una Iglesia”.

Por otro lado el Santo Padre ha recordado que el autor de la Carta a los Hebreos da un consejo “práctico” muy importante: “no desertemos de nuestras reuniones, como algunos tienen costumbre de hacer”. Esto sucede --ha precisado el Papa-- cuando estamos en una reunión en la parroquia, en el grupo, y juzgamos a los otros, “hay una especie de desprecio hacia los otros. Y esta no es la puerta, el camino nuevo y viviente que el Señor ha abierto, ha inaugurado”.

Por esta razón, el Obispo de Roma ha indicado que “despreciando a los otros, desertando de la comunidad total, desertando del pueblo de Dios, han privatizado la salvación: la salvación es para mí y mi grupito, pero no para todo el pueblo de Dios. Y esto es un error muy grande”. Francisco ha definido este como “las élites eclesiales”.

Por eso, el Pontífice ha advertido que “en el pueblo de Dios se crean estos grupitos, piensan que son buenos cristianos, también -quizá- tienen buena voluntad, pero son grupitos que han privatizado la salvación”.

Finalmente, el Papa ha recordado que “Dios nos salva en un pueblo, no en las élites, que nosotros con nuestras filosofías o nuestra forma de entender la fe hemos hecho. Y estas no son las gracias de Dios”. A este punto, el Santo Padre ha invitado a preguntarse: “¿Tengo la tendencia de privatizar la salvación para mí, para mi grupito, para mi élite o no abandono del todo el pueblo de Dios, no me alejo del pueblo de Dios y siempre estoy en comunidad, en familia, con el lenguaje de la fe, de la esperanza y el lengua de las obras de caridad?”

Al concluir, Francisco ha pedido “que el Señor nos dé la gracia de sentirnos siempre pueblo de Dios, salvados personalmente. Eso es verdad: Él nos salva con nombre y apellidos, pero salvados en un pueblo, no en el grupito que hago para mí”.

Fuente: religionenlibertad.com

JUEVES DE LA TERCERA SEMANA, Año I (Lecturas)

Hebreos 10,19-25
Salmo 23: Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor 
Marcos 4,21-25

Hebreos 10,19-25

Llenos de fe, mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos; fijémonos los unos en los otros, para estimularnos a la caridad Hermanos, teniendo entrada libre al santuario, en virtud de la sangre de Jesús, contando con el camino nuevo y vivo que él ha inaugurado para nosotros a través de la cortina, o sea, de su carne, y teniendo un gran sacerdote al frente de la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero y llenos de fe, con el corazón purificado de mala conciencia y con el cuerpo lavado en agua pura. Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, porque es fiel quien hizo la promesa; fijémonos los unos en los otros, para estimularnos a la caridad y a las buenas obras. No desertéis de las asambleas, como algunos tienen por costumbre, sino animaos tanto más cuanto más cercano veis el Día.

Salmo 23: Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor 

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
R. Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor 

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos.
R. Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor 

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
R. Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor 

Marcos 4,21-25

En aquel tiempo, dijo Jesús a la muchedumbre: "¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero? Si se esconde algo, es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga." Les dijo también: "Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene."

jueves, 22 de enero de 2015

22 de enero: San Vicente, diácono y mártir


Vicente nació en Huesca en una fecha que desconocemos y murió martirizado en Valencia en el 304 o 305.

Su martirio se hizo tan famoso que San Agustín le dedicó cuatro sermones y dice de él que no hay provincia donde no le celebren su fiesta. Roma levantó tres iglesias en honor de San Vicente y el Papa San León lo estimaba muchísimo. El poeta Prudencio compuso en honor de este mártir un himno muy famoso.

Era diácono del obispo de Zaragoza, San Valerio. Como el obispo sufría de algún impedimento del habla, encargaba a Vicente la predicación de la doctrina cristiana, lo cual hacía con gran entusiasmo, elocuencia y santidad.

Persecución de Diocleciano

El emperador Diocleciano decretó la persecución contra los cristianos y el gobernador Daciano ordenó apresar al obispo Valerio y a su secretario Vicente. No se atrevieron a juzgarlos en Zaragoza porque allí la gente los quería mucho y fueron llevados a Valencia.

En la cárcel les torturaron para que renegaran de su fe. Cuando fueron llevados ante el tribunal, Vicente habló con tanto entusiasmo de Jesucristo que el gobernador regañó a los carceleros por no haberlo debilitado con más atroces sufrimientos.

Les ofrecieron la libertad si dejaban la religión de Cristo y se pasaban a la religión pagana. El obispo encargó a Vicente para que hablara en nombre de los dos, y éste dijo: "Estamos dispuestos a padecer todos los sufrimientos posibles con tal de permanecer fieles a la religión de Nuestro Señor Jesucristo". Entonces Daciano desterró al obispo y se ensañó con Vicente para hacerlo abandonar su religión.

El primer martirio fue un tormento llamado "el potro", que consistía en amarrarle cables a los pies y a las manos y tirar en cuatro direcciones distintas al mismo tiempo. Vicente aguantó el suplicio rezando y sin dejar de proclamar su amor a Jesucristo.

El segundo tormento fue apalearlo. El cuerpo de Vicente quedó envuelto en sangre. Pero siguió declarando que no admitía más dioses que el Dios verdadero, ni más religión sino la de Cristo. El jefe de los verdugos se quedó admirado ante el valor del mártir.

Entonces el gobernador le preguntó por las Sagradas Escrituras de los cristianos para quemarlas. Vicente dijo que prefería morir antes que decirle este secreto.

Y vino el tercer tormento: la parrilla al rojo vivo. Lo extendieron sobre una parrilla calientísima erizada de picos al rojo vivo. Los verdugos echaban sal a sus heridas y esto le hacía sufrir mucho más. Y en todo este tormento, Vicente no hacía sino alabar y bendecir a Dios.

San Agustín dice: "El que sufría era Vicente, pero el que le daba tan grande valor era Dios. Su carne al quemarse le hacía llorar y su espíritu al sentir que sufría por Dios, le hacía cantar".

El tirano mandó que lo llevaran a un oscuro calabozo cuyo piso estaba lleno de vidrios cortantes y que lo dejaran amarrado y de pie hasta el día siguiente para seguirlo atormentando para ver si abandonaba la religión de Cristo. El poeta Prudencio dice: "El calabozo era un lugar más negro que las mismas tinieblas; un covacho que formaban las estrechas piedras de una bóveda inmunda; era una noche eterna donde nunca penetraba la luz".

Pero a medianoche el calabozo se llenó de luz. A Vicente se le soltaron las cadenas. El piso se cubrió de flores. Se oyeron músicas celestiales. Y una voz le dijo: "Ven valeroso mártir a unirte en el cielo con el grupo de los que aman a Nuestro Señor". Al oír este hermoso mensaje, San Vicente se murió de emoción. El carcelero se convirtió al cristianismo y el perseguidor lloró de rabia al día siguiente al sentirse vencido por este valeroso diácono.

Desde el lugar de su primera sepultura, el cuerpo de Vicente fue trasladado, en el mismo siglo de su martirio, a una basílica existente fuera de los muros de la ciudad, junto a un arrabal cristiano, conocida como San Vicent de la Roqueta, que mantuvo el culto durante toda la época islámica, estando documentadas distintos propietarios cristianos, como el Monasterio de San Juan de la Peña, reyes o Poblet. Siendo el culto que se realizaba en época de la dominación musulmana una de las pruebas más precisas de la existencia de una abundante población mozárabe cristiana.

— Reliquia del brazo de san Vicente

El llamado “Vicentin” llegó a la Catedral de Valencia regalado por una familia de Padua. Según estudios forenses, pertenece a un hombre joven, presenta quemaduras en la piel y se remonta al siglo IV. Se conserva en una capilla de la Catedral de Valencia; salió en procesión el jueves, 22 de enero de 2004, al igual que cuando se inauguró el año santo. El otro brazo está en la Catedral de Braga.

— Iconografía y culto

San Vicente Mártir suele aparecer en pintura con las vestimentas de diácono, acompañado por un cuervo o sosteniendo una muela de molino. Estos símbolos hacen referencia a su largo y penoso martirio.

Es patrono de Lisboa, de la localidad de Ardanaz de Egüés, Sigüenza, Corbera, Lucena del Puerto, Guadassuar, de Laujar de Andarax, Molina de Segura, San Vicente del Monte, San Vicente de la Barquera, de San Vicente de Alcántara (Badajoz), de Zalamea la Real, de la ciudad italiana de Vicenza, de Los Realejos (Tenerife), donde tienen la única imagen del santo Mártir de todo el archipiélago canario siendo festivo cada 22 de enero desde 1609 por voto del antiguo ayuntamiento del Realejo de Abajo tras finalizar la peste, siendo esta una de las procesiones cívico-religiosas más antiguas de Canarias en agradecimiento al copatrón San Vicente Mártir, de los vinateros y los fabricantes de vinagre.

En la ciudad de Valencia (España), además de ser su patrón, San Vicente Mártir es también patrón del Gremio de Sastres y Modistas.

También es Santo Patrono de San Vicente Tancuayalab, San Luis Potosí, México.

Fuentes: EWTN, Wikipedia

lunes, 19 de enero de 2015

Marcos 2,18-22: Imágenes de odres

ODRES
ODRES 
ODRES
En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: "Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?" Jesús les contestó: "¿Es que pueden ayunar los amigos del novio mientras está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán". Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado, porque la pieza tira del manto -lo nuevo de lo viejo- y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos".

sábado, 17 de enero de 2015

Juan 1,35-42 por M. Dolors Gaja, MN (Domingo de la 2 Semana del Tiempo Ordinario, ciclo B)

Domingo de la 2 Semana del Tiempo Ordinario, ciclo B (Lecturas)

Las Tentaciones de San Antonio Abad, por El Bosco

Las Tentaciones de San Antonio
Hieronymus Bosch (1450-1516)
Museo del Prado, Madrid (ESP)

Según los  relatos de san Atanasio y de san Jerónimo, popularizados en el siglo XIII a través de La leyenda dorada, del dominico Santiago de la Vorágine, Antonio fue reiteradamente tentado por el demonio en el desierto. Las tentaciones de san Antonio fue un tema favorito de la iconografía cristiana, representado por pintores de gran importancia.

San Antonio Abad, por Francisco de Zurbarán

San Antonio Abad
Francisco de Zurbarán
Siglo XVII: 1664

17 de enero: de San Antón, patrón de los animales, por Luis Antequera


San Antón o San Antonio Abad, como es generalmente conocido, no es cualquier santo, sino entre otras cosas y quizás la principal, el fundador del monacato.

La principal fuente que disponemos sobre su vida es la Vida Griega atribuida a san Atanasio, y junto a ella, la famosa colección de dichos y hechos de los padres del desierto conocida como Apophthegmata Patrum, la Historica Lausiaca de Paladio, y la Vida de San Pablo el Ermitaño de san Jerónimo. Todo lo cual no obsta para que hayan existido intentos incluso de negar su existencia, como el realizado en 1877 por H. Weingarten y sus seguidores Gass y Gwatkin.

A tenor de lo sostenido en dichas fuentes, Antonio habría nacido en Coma, cerca de Heracleópolis Magna en Fayum, en Egipto, hacia el año 251-252. De familia acomodada, a los veinte años pierde a sus padres y fiel al mensaje evangélico, se desprende de cuanto tiene y se retira del mundo.

Primero se establece en un cementerio cerca de su aldea nativa, en el que registra extraños episodios con demonios en forma de bestias salvajes con los que se bate a muerte. Pero teniendo treinta y cinco años, da una vuelta de tuerca a su vida de eremita, cruza el Nilo, y se retira al monte Pispir, hoy Der el Memum, en el que pasa veinte años en absoluta soledad, con la escasa ayuda de algunas personas que le lanzan comida por encima del muro de su humilde morada. Allí le salen una serie de émulos que se establecen en cuevas y cabañas cercanas, formándose una incipiente colonia de ascetas que lo adopta como modelo.

Presionado por sus nuevos discípulos, hacia el año 305 abandona su estricto retiro para vivir con ellos en comunidad, situación que se prolonga por espacio de unos cinco o seis años, al cabo de los cuales, vuelve a refugiarse en soledad en la montaña, esta vez en el lugar en el que hoy se levanta el monasterio que lleva su nombre, Der Mar Antonios. En él pasa los últimos cuarenta años de su vida, aunque, eso sí, en una reclusión algo menos estricta que la de Pispir. Incluso desciende dos veces a Alejandría, la primera hacia el año 311 en que los cristianos sufrían dura persecución, y la segunda al final de su vida, hacia el 350, para predicar contra el arrianismo.

A pesar de la extrema frugalidad de su vida, o precisamente debido a ella, quien sabe, Antonio muere con unos ciento cinco años de edad, hacia el año 356 a 357. Los dos discípulos que lo entierran no dan cuenta del lugar en el que lo hacen, para evitar justamente que su tumba se convierta en lugar de culto. Lo cual no es óbice para que desde finales del s. XV se veneren sus resto en Arles (Francia) en las iglesias de San Julián y de San Trófimo, a las que habrían llegado tras ser supuestamente descubiertos y llevados a Alejandría primero y a Vienne, ya en Francia, después.

San Antonio no deja escritos, pero tanto la Vida Griega como las otras fuentes referidas a su persona recogen en forma de discursos y sermones muchas de sus enseñanzas.

Una regla monástica muy temprana practicada en Egipto y Oriente, conservada en formas arábigas y latinas, lleva su nombre. Es la que siguen hoy los monjes uniatos de Siria y Armenia, sesenta monasterios maronitas y también algunos coptos. En Occidente, el monacato de San Antonio se corresponde bastante bien con el observado por los cartujos.

San Antonio no es, seguramente, el primer ermitaño cristiano. De hecho, las referencias que su figura recoge san Jerónimo lo son en la biografía que escribe de otro ermitaño llamado Pablo, que le habría precedido en la vocación. Su contemporáneo Pacomio, aunque algo más joven, lleva a cabo una reglamentación del monacato mucho más organizada de la que hubiera podido llevar a cabo Antonio. A pesar de todo lo cual, se le tiene por el verdadero fundador de la vida monacal.

Por lo que se refiere a la tradición que da título a este artículo y convierte al santo eremita en patrono de los animales, de los ganaderos y de otros gremios vinculados a la fauna, se halla muy extendida y es muy rica. Relacionada probablemente con las bestias con las que se bate durante su largo retiro de más de ocho décadas, en el Vaticano la Plaza de San Pedro se llena por su festividad de animales, que sean de compañía, que sean de carga, que sean de dieta. En ella son bendecidos por el Arcipreste de la Basílica de San Pedro, se celebra una Eucaristía y luego un desfile a caballo por Via della Conciliazione.

Se trata también de una tradición muy española. En Madrid, la iglesia de San Antón, denominada también real iglesia de San Antón o real iglesia de las Escuelas Pías de San Antón, sita en la calle Hortaleza, 63, registra tal día como hoy 17 de enero, la visita de muchas mascotas que reciben la bendición del santo, tras la cual es tradición llevar a cabo una romería por la calle Hortaleza que recibe el nombre de “las vueltas de San Antón”, en la que participa un escuadrón a caballo de la policía municipal, las unidades caninas de la Policía Municipal, Nacional y Guardia Civil, perros guías de la ONCE, la Asociación Nacional de Amigos de los Animales y los propios dueños de las mascotas, en la que entre otras cosas, se reparten los famosos “panecillos de San Antón”.

PANECILLOS DE SAN ANTÓN
Fuente: religionenlibertad.com

Marcos 2,13-17: "Jesús vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: Sígueme. Se levantó y lo siguió (...) Algunos fariseos, al ver que comía con gente de mala fama, dijeron: "¡De modo que come con pecadores!" Jesús les dijo: "No he venido a llamar justos, sino pecadores".

Marcos 2,13-17
Sábado de la 1 Semana del Tiempo Ordinario, Año I
Sábado de la 1 Semana del Tiempo Ordinario, Año II,

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él y les enseñaba. Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: "Sígueme". Se levantó y lo siguió. Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían, un grupo de recaudadores y otra gente de mala fama se sentaron con Jesús y sus discípulos. Algunos letrados fariseos, al ver que comía con recaudadores y otra gente de mala fama, les dijeron a los discípulos: "¡De modo que come con recaudadores y pecadores!" Jesús lo oyó y les dijo: "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar justos, sino pecadores".

martes, 13 de enero de 2015

13 de enero: SAN HILARIO de Poitiers (315-367), Obispo y doctor de la Iglesia


— Familia y juventud

San Hilario —su nombre significa "sonriente"— nació en Poitiers, Francia, hacia el año 315. Se crió en una familia pagana de la aristocracia romana local, pero su gran curiosidad y su pasión por la verdad, le llevaron a estudiar filosofía, especialmente el neoplatonismo.

Después dio con los libros sagrados y el Evangelio de San Juan iluminó su vida. Hilario se convierte al cristianismo por sus estudios, ya adulto, casado y con una hija, Abre.

Recibe el bautismo en el año 345. A partir de entonces vive con tanta honestidad y virtud que al fallecer el obispo de Poitiers el pueblo lo aclama como obispo de su ciudad en el año 350, cátedra que ocupó durante siete años hasta que fue desterrado a Frigia por el emperador Constancio II, de ideas arrianas.

— Contra el arrianismo y el fructífero destierro en Frigia

Constancio se había alineado con las decisiones del sínodo arriano de Béziers del año 356. En la Galia, ya como obispo, Hilario había continuado sus estudios y perfeccionado su formación teológica pero es su destierro en Frigia y el contacto con la teología de Oriente lo que hace fructificar su pensamiento.

El siglo IV en que vivió Hilario estaba convulsionado por contiendas dogmáticas, sobre todo por la herejía arriana, que afirmaba que el Verbo no era Dios, sino sólo la primera de las criaturas creadas por Dios. Hilario sostenía, de acuerdo con la ortodoxia, la unidad de las tres personas, y que el Verbo divino se había hecho hombre para convertir en hijos de Dios a los que lo recibiesen.

De Fide Adversus Arrianos o De Trinitate

El destierro en Frigia duró cinco años, durante los que aprendió el griego y descubrió a Orígenes y la producción teológica de los Padres orientales. Con estas bases escribe un riguroso estudio titulado De Fide adversus Arrianos o De Trinitate, el tratado más profundo hasta entonces sobre el dogma trinitario. Allí también escribió el opúsculo Contra Maxertiam, en el que atacó al emperador Constancio, acusándole de cesaropapismo y de inmiscuirse en las disputas teológicas y asuntos internos de la disciplina eclesiástica.

Durante cuatro años recorrió las ciudades de Oriente, discutiendo. "Permanezcamos siempre en el destierro -repetía- con tal que se predique la verdad". Al mismo tiempo enviaba a Occidente su tratado de los Sínodos y en 359 los doce libros Sobre la Trinidad, que se consideraba su mejor obra.

Llamado por una orden general del emperador, asistió al concilio que se realizó en Seleucia de Isauria, ciudad del Asia Menor, en la región montañosa de Tauro. Allí trató Hilario sobre los altos y dificultosos misterios de la fe. Después pasó a Constantinopla, donde en un escrito presenta al emperador como Anticristo.

Considerado como un agitador e intimidados por su intrepidez, sus mismos enemigos trabajaron para echarlo de Oriente. Así volvió Hilario a Poitiers. San Jerónimo refiere el júbilo con que fue recibido por los católicos. Allí realizó una profunda labor de exégesis, en los tratados que escribió sobre los divinos misterios, sobre los salmos y sobre El Evangelio de San Mateo, cuyo primer comentario en lengua latina que ha llegado hasta nosotros es suyo. Compuso también himnos y algunos le atribuyeron el "Gloria in excelsis".

Vuelve a la lucha. En Milán está el arriano Auxencio. Hilario lo combate con su característica intrepidez y es condenado a abandonar Italia bajo pretexto de introducir la discordia en la Iglesia de esa ciudad.

Tuvo Hilario numerosos discípulos, el más ilustre de ellos san Martín de Tours, y muchos fueron los herejes que convirtió.

— El Atanasio de Occidente o martillo de los arrianos

Hilaio es reconocido como el «Atanasio de Occidente», de quien era contemporáneo. Ambos teólogos son cruciales en la crítica del arrianismo y participaron en las polémicas teológicas con discursos y escritos, defendiendo la ortodoxia teológica.

Sin embargo, San Hilario parece haberse ido en ocasiones al otro extremo como cuando hablaba del "cuerpo" de Jesús como un cuerpo celeste, dado que había sido engendrado de manera milagrosa en la Virgen María. Afirma Hilario que el cuerpo de Jesús ya era glorioso en su vida humana aunque tal gloria estaba escondida a los ojos de quienes pudieron verlo a excepción de la Transfiguración, donde se mostró tal cual era.

Sus himnos, descubiertos en época contemporánea, lo convierten en un pionero de esta forma poético-musical, precediendo a san Ambrosio de Milán, siendo quien introdujo en el mundo latino cristiano una nueva poesía inspirada en los modelos clásicos greco-latinos y bíblicos (salmos alfabéticos).

— Muerte

Murió el 13 de enero del año 367. Sus reliquias reposaron en Poitiers hasta el año 1652, en que fueron sacrílegamente quemadas por los hugonotes.

San Jerónimo y san Agustín lo llaman gloriosísimo defensor de la fe. Por la profunda influencia que ejerció como escritor y por sus grandes aportaciones para la definición del dogma trinitario, el papa Pío IX, a petición de los obispos reunidos en el sínodo de Burdeos, declaró a san Hilario doctor de la Iglesia en 1851.

Benedicto XVI presenta a Hilario de Poitiers

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy quisiera hablar de un gran padre de la Iglesia de Occidente, san Hilario de Poitiers, una de las grandes figuras de obispos del siglo IV. Ante los arrianos que consideraban el Hijo de Dios como una criatura, si bien excelente, pero sólo una criatura, Hilario consagró toda su vida a la defensa de la fe en la divinidad de Jesucristo, Hijo de Dios y Dios como el Padre, que le engendró desde la eternidad.

No contamos con datos seguros sobre la mayor parte de la vida de Hilario. Las fuentes antiguas dicen que nació en Poitiers, probablemente hacia el año 310. De familia acomodada, recibió una formación literaria, que puede reconocerse con claridad en sus escritos. Parece que no se crió en un ambiente cristiano. Él mismo nos habla de un camino de búsqueda de la verdad, que le llevó poco a poco al reconocimiento del Dios creador y del Dios encarnado, muerto para darnos la vida eterna. Bautizado hacia el año 345, fue elegido obispo de su ciudad natal en torno al 353-354.

En los años sucesivos, Hilario escribió su primera obra, el «Comentario al Evangelio de Mateo». Se trata del comentario más antiguo en latín que nos ha llegado de este Evangelio.

En el año 356 asistió como obispo al sínodo de Béziers, en el sur de Francia, el «sínodo de los falsos apóstoles», como él mismo lo llama, pues la asamblea estaba dominada por obispos filo-arrianos, que negaban la divinidad de Jesucristo. Estos «falsos apóstoles» pidieron al emperador Constancio que condenara al exilio al obispo de Poitiers. De este modo, Hilario se vio obligado a abandonar Galia en el verano del año 356.

Exiliado en Frigia, en la actual Turquía, Hilario entró en contacto con un contexto religioso totalmente dominado por el arrianismo. También allí su solicitud como pastor le llevó a trabajar sin descanso a favor del restablecimiento de la unidad de la Iglesia, basándose en la recta fe formulada por el Concilio de Nicea. Con este objetivo, emprendió la redacción de su obra dogmática más importante y conocida: el «De Trinitate» (sobre la Trinidad).

En ella, Hilario expone su camino personal hacia el conocimiento de Dios y se preocupa de mostrar que la Escritura atestigua claramente la divinidad del Hijo y su igualdad con el Padre no sólo en el Nuevo Testamento, sino también en muchas páginas del Antiguo Testamento, en las que ya se presenta el misterio de Cristo. Ante los arrianos, insiste en la verdad de los nombres del Padre y del Hijo y desarrolla toda su teología trinitaria partiendo de la fórmula del Bautismo que nos entregó el mismo Señor: «En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».

El Padre y el Hijo son de la misma naturaleza. Y si bien algunos pasajes del Nuevo Testamento podrían hacer pensar que el Hijo es inferior al Padre, Hilario ofrece reglas precisas para evitar interpretaciones equívocas: algunos textos de la Escritura hablan de Jesús como Dios, otros subrayan su humanidad. Algunos se refieren a Él en su preexistencia el Padre; otros toman en cuenta el estado de abajamiento («kénosis»), su descenso hasta la muerte; otros, por último, lo contemplan en la gloria de la resurrección.

En los años de su exilio, Hilario escribió también el «Libro de los Sínodos», en el que reproduce y comenta para los hermanos obispos de Galia las confesiones de fe y otros documentos de sínodos reunidos en Oriente alrededor de la mitad del siglo IV. Siempre firme en la oposición a los arrianos radicales, san Hilario muestra un espíritu conciliador ante quienes aceptaban confesar que el Hijo se asemeja al Padre en la esencia, naturalmente intentando llevarles siempre hacia la plena fe, según la cual, no se da sólo una semejanza, sino una verdadera igualdad entre el Padre y el Hijo en la divinidad.

Esto también nos parece característico: su espíritu de conciliación trata de comprender a quienes todavía no han llegado a la verdad plena y les ayuda, con gran inteligencia teológica, a alcanzar la plena fe en la divinidad verdadera del Señor Jesucristo.

En el año 360 ó 361, Hilario pudo finalmente regresar del exilio a su patria e inmediatamente volvió a emprender la actividad pastoral en su Iglesia, pero el influjo de su magisterio se extendió de hecho mucho más allá de los confines de la misma.

Un sínodo celebrado en París en el año 360 o en el 361 retomó el lenguaje del Concilio de Nicea. Algunos autores antiguos consideran que este cambio antiarriano del episcopado de Galia se debió en buena parte a la fortaleza y mansedumbre del obispo de Poitiers.

Esta era precisamente su cualidad: conjugar la fortaleza en la fe con la mansedumbre en la relación interpersonal. En los últimos años de su vida compuso los «Tratados sobre los Salmos», un comentario a 58 salmos, interpretados según el principio subrayado en la introducción: «No cabe duda de que todas las cosas que se dicen en los salmos deben entenderse según el anuncio evangélico de manera que, independientemente de la voz con la que ha hablado el espíritu profético, todo se refiere al conocimiento de la venida nuestro Señor Jesucristo, encarnación, pasión y reino, y a la gloria y a la potencia de nuestra resurrección» («Instructio Psalmorum» 5).

Ve en todos los salmos esta transparencia del misterio de Cristo y de su Cuerpo, que es la Iglesia. En varias ocasiones, Hilario se encontró con san Martín: precisamente el futuro obispo de Tours fundó un monasterio cerca de Poitiers, que todavía hoy existe. Hilario falleció en el año 367. Su memoria litúrgica se celebra el 13 de enero. En 1851 el beato Pío IX le proclamó doctor de la Iglesia.

Para resumir lo esencial de su doctrina, quisiera decir que el punto de partida de la reflexión teológica de Hilario es la fe bautismal. En el «De Trinitate», Hilario escribe: Jesús «mandó bautizar “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Cf. Mateo 28,19), es decir, confesando al Autor, al Unigénito y al Don. Sólo hay un Autor de todas las cosas, pues sólo hay un Dios Padre, del que todo procede. Y un solo Señor nuestro, Jesucristo, por quien todo fue hecho (1 Corintios 8,6), y un solo Espíritu (Efesios 4,4), don en todos... No puede encontrase nada que falte a una plenitud tan grande, en la que convergen en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo la inmensidad en el Eterno, la revelación en la Imagen, la alegría en el Don» («De Trinitate» 2, 1).

Dios Padre, siendo todo amor, es capaz de comunicar en plenitud su divinidad al Hijo. Me resulta particularmente bella esta formulación de san Hilario: «Dios sólo sabe ser amor, y sólo sabe ser Padre. Y quien ama no es envidioso, y quien es Padre lo es totalmente. Este nombre no admite compromisos, como si Dios sólo fuera padre en ciertos aspectos y en otros no» (ibídem 9,61).

Por este motivo, el Hijo es plenamente Dios sin falta o disminución alguna: «Quien procede del perfecto es perfecto, porque quien lo tiene todo le ha dado todo» (ibídem 2,8). Sólo en Cristo, Hijo de Dios e Hijo del hombre, encuentra salvación la humanidad. Asumiendo la naturaleza humana, unió consigo a todo hombre, «se hizo la carne de todos nosotros» («Tractatus in Psalmos» 54,9); «asumió la naturaleza de toda carne y, convertido así en la vid verdadera, es la raíz de todo sarmiento» (ibídem 51,16).

Precisamente por este motivo el camino hacia Cristo está abierto a todos, porque ha atraído a todos en su ser hombre, aunque siempre se necesite la conversión personal: «A través de la relación con su carne, el acceso a Cristo está abierto a todos, a condición de que se desnuden del hombre viejo (Cf. Efesios 4,22) y lo claven en su cruz (Cf. Colosenses 2,14); a condición de que abandonen las obras de antes y se conviertan para quedar sepultados con Él en su bautismo, de cara a la vida ( Cf. Colosenses 1,12; Romanos 6,4)» (Ibídem 91, 9).

La fidelidad a Dios es un don de su gracia. Por ello, san Hilario pide al final de su tratado sobre la Trinidad poderse mantener siempre fiel a la fe del bautismo. Es una característica de este libro: la reflexión se transforma en oración y la oración se hace reflexión. Todo el libro es un diálogo con Dios. Quisiera concluir la catequesis de hoy con una de estas oraciones, que se convierte también en oración nuestra: «Haz, Señor --reza Hilario movido por la inspiración-- que me mantenga siempre fiel a lo que profesé en el símbolo de mi regeneración, cuando fue bautizado en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo. Que te adore, Padre nuestro, y junto a ti a tu Hijo; que sea merecedor de tu Espíritu Santo, que procede de ti a través de tu Unigénito… Amén» («De Trinitate» 12, 57).

Intervención durante la audiencia general, 10 de octubre de 2007.
Fuente: zenit.org

jueves, 8 de enero de 2015

AÑO B: El Evangelio de Marcos


El próximo lunes, después de la celebración del Domingo del Bautismo del Señor, comenzamos el Tiempo Ordinario del ciclo B. En Domingos del Año B encontraréis las lecturas para este ciclo litúrgico y en el Evangelio de Marcos los 16 capítulos que forman este evangelio.

Mi propósito es ir explicando el texto y ofrecer orientaciones para la reflexión dominical. Este ejercicio me ayuda a concentrarme luego en los asuntos que son esenciales para un párroco. 

Una resolución de este tipo puede verse alterada por urgencias, reuniones, colaboraciones, asesoramiento y celebraciones, que nada tienen que ver con la rutina. Disculpen, por tanto, cualquier pausa prolongada. Les invito a participar en estas webs y a compartir sin complejos sus conocimientos, intuiciones y afán de proclamar la buena noticia.

Bendiciones,

julio@cybermesa.com

"El cristiano entra en la iglesia para amar a Dios y sale para amar al prójimo", anónimo.


miércoles, 7 de enero de 2015

7 de enero de 1833: Nacimiento y bautismo de José Manyanet y Vives


7 de enero: San Raimundo de Peñafort



— Patrón de los abogados

Es el santo patrón de los juristas, del Derecho canónico, de los abogados y de los Colegios de Abogados (Cataluña).

— Entre Peñafort y Barcelona

Raimundo nace en el castillo de Peñafort, cerca de Barcelona, hacia el año 1175. Hijo del señor de Peñafort y de su esposa Sara. Joven, ingresa en la comunidad de la catedral de Barcelona para prepararse al presbiterado.

— Bolonia

Hacia los 30 años de edad se traslada a Bolonia para perfeccionar su conocimiento de las ciencias jurídicas. Allí obtiene el doctorado en derecho civil y eclesiástico. En Bolonia conoce a Domingo de Guzmán así como la vida y misión de los dominicos. Pide a su obispo Berenguer de Palou la creación de una comunidad dominicana en Barcelona.

— Miembro de la Orden de Predicadores

Raimundo vuelve a la capital de Cataluña donde, como eminente jurisconsulto, se dedica a la enseñanza del derecho y es árbitro en pleitos y litigios.

Visita con frecuencia la nueva comunidad de hermanos predicadores. El obispo le nombra canónigo de Barcelona. Raimundo lo acepta consagrándose más al retiro, a la celebración de las Horas y a la docencia. Anhela un estilo de vida más evangélico, por eso, a los 47 años, el viernes santo de 1222, renuncia a la canonjía y entra en la Orden de Predicadores. Opta así por una vida de austeridad y trabajo.

— Colaborador en la fundación de la Orden de la Merced

Los mahometanos encarcelan y torturan a cristianos para hacerlos abandonar su fe. En 1223 colabora con Pedro Nolasco, de quien era confesor, y con el rey Jaime I de Aragón en la fundación de la Orden de Nuestra Señora de la Merced, para liberar a los cristianos cautivos y esclavizados por los musulmanes. Raimundo de Peñafort colabora en la redacción de las Constituciones de la nueva Orden.

— El Código de Derecho Medieval

En 1228 acompañó al legado papal, Jean d'Abbeville, en su visita a los reinos hispánicos para implantar la reforma y decisiones del Concilio de Letrán IV. Con Jean d'Abbeville viajó a Roma en donde alcanzó el rango de capellán y penitenciario (1232) del papa Gregorio IX, quien le encargó la elaboración del Corpus Decretalium o las Decretales, es decir, el Código de Derecho Canónico Medieval. Su publicó en 1234 y junto a los libros posteriores, fue el cuerpo de Derecho canónico que usó la Iglesia Católica hasta la aprobación del Código de Derecho Canónico de 1917.

Como reconocimiento a los servicios prestados, Gregorio IX normalizó la Orden de la Merced, creada por San Pedro Nolasco y apoyada desde sus orígenes por Raimundo de Peñafort. El Papa también quiso premiarle con la concesión del arzobispado de Tarragona, pero cansado y enfermo, lo rechazó para retirarse a un convento, en Barcelona (1236).

Poco tiempo después reinició su actividad. Raimundo parece incansable y colabora en las Cortes de Monzón de 1236, intercede en favor de Jaime I para que no se le excomulgue (1237), favorece la dimisión del obispo de Tortosa y los nombramientos de los obispos de Huesca y Mallorca (reconquistada recientemente); también participa en actividades jurídicas: ejercer de juez o asesor en procesos de herejía y nulidades matrimoniales.

— Tercer Superior General de los dominicos

En 1238, el capítulo general de su orden le confía la revisión de sus Constituciones y en 1239 es elegido tercer general de la orden de los dominicos, sucediendo a Jordano de Sajonia. En ese puesto visita los principales conventos y obtiene bulas papales para el desarrollo de la Orden y la integración de la rama femenina dentro de los dominicos.

En 1240 dimite tras un breve pero intenso período de gobierno, regresando al Convento de Santa Catalina de Barcelona, donde ejerce como inquisidor del Reino y asesor jurídico. Es, además, confesor y consejero del rey Jaime I.

— Pastor y misionero

Raimundo de Peñafort desempeñó una importante acción pastoral y misionera. Fundó un Studium o escuela de lengua árabe en Túnez (1245) y en Murcia (1266) para facilitar la conversión de los musulmanes.

Solicitó a Santo Tomás de Aquino, también dominico, la redacción de un manual apologético, conocido como Summa contra gentiles (1259 - 1261), cuyo fin principal era el de proporcionar argumentos racionales y filosóficos a los predicadores para convertir a judíos y árabes.

— Autor prolífico

Además, es autor de una Summa Iuris Canonici (escrita aproximadamente entre 1218 y 1221), de las Dubitalia cum responsionibus ad quaedam ad Pontificem (primera mitad S. XIII) y de pequeños tratados sobre afinidades y consanguinidades matrimoniales, de casos jurídicos (Summa de casibus poenitentiae) y compilaciones de las Decretales para el uso de los dominicos.

— Muerte y santidad

Falleció el día 6 de enero de 1275 en la ciudad de Barcelona, a los 95 ó 100 años. Se le atribuyen milagros y hechos extraordinarios, de entre los cuales destaca la utilización de su capa como embarcación para llegar a Barcelona desde Sóller. El Concilio de Tarragona de 1279 solicitó su canonización, que aconteció en 1601 por el Papa Clemente VIII, previa beatificación en 1542 por Pablo III.

Su festividad se introdujo en 1671 en el santoral católico para el día 23 de enero, siendo desplazada al 7 de enero (día posterior a su muerte) en 1969.

Sus restos mortales fueron depositados en el Convento de Santa Catalina; en 1838 fueron trasladados a la Catedral de Barcelona. Ocupan la capilla actual desde 1879.