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martes, 9 de septiembre de 2025

Origen de la palabra "educar"

La palabra EDUCAR proviene del latín y tiene un doble origen en los verbos educare y educere.

Educāre significa "criar", "nutrir" o "alimentar", “llenar de conocimiento”. Se centra en proporcionar los medios para el desarrollo, como el alimento (físico e intelectual) y el conocimiento, desde una perspectiva de un proceso "de dentro hacia fuera".

Educere significa "sacar de", "extraer", "conducir hacia afuera", “guiar”. Implica sacar a una persona de un estado primitivo, como un proceso de desarrollo personal e intelectual hacia un estado de mayor plenitud y realización.

Juntas, estas raíces etimológicas sugieren que educar es tanto un proceso de desarrollo de las capacidades y habilidades de una persona como una guía para nutrirla y sacarla hacia su pleno potencial. La etimología de "educar" abarca ambas ideas: una labor de nutrición y formación (educare) y un acto de conducción y liberación (educere), donde el individuo se desarrolla hacia su máximo potencial.


jueves, 17 de octubre de 2024

Cartas o letras dimisorias


(Derecho canónico) Letras o cartas mediante las que el obispo propio o el superior mayor competente de un candidato al sacerdocio le da licencia para que sea ordenado por otro obispo, asegurando que posee la preparación y la idoneidad para ser ordenado.

La ordenación sin las letras dimisorias de un candidato que no está bajo la jurisdicción del obispo que lo ordena constituye un delito (CIC, c. 1383).

miércoles, 31 de julio de 2024

SANTOS ÓLEOS


La sustancia de los óleos debe ser de aceite de oliva o de otros aceites vegetales si es difícil conseguir el de oliva. Los santos óleos, bendecidos o consagrados en la Misa crismal por el obispo, son tres:

Santo Crisma:

Con el Santo Crisma son ungidos los nuevos bautizados en la coronilla tras el baño del agua. También son signados en la frente los que son confirmados para significar la donación del Espíritu.

En la ordenación de presbíteros y obispos se ungen las manos de los presbíteros y la cabeza de los obispos. Por último, con el Santo Crisma se ungen las paredes y los altares en el rito de la consagración de iglesias.

En latín Sacrum Chrisma (SC): “Bálsamo sacro o sagrado”

Al Santo Crisma se le añade un bálsamo o aroma para obtener una fragancia que lo distingue de los otros óleos. La consagración del crisma es competencia del Obispo.

Es competencia de los párrocos recoger y custodiar dignamente los santos óleos para su uso en los sacramentos en los que se precisan. Debe renovarlos cada año.

La liturgia cristiana retoma el uso del Antiguo Testamento, cuando los reyes, sacerdotes y profetas, eran ungidos con el óleo de la consagración; ellos prefiguran a Cristo, que significa “Ungido”. Del mismo modo, los cristianos al ser ungidos con el santo crisma participan por el bautismo en el misterio pascual de Cristo: han muerto, han sido sepultados y resucitados con él y ahora participan de su sacerdocio real y profético.

El Santo crisma se consagra mientras que los otros óleos se bendicen. No es lo mismo bendecir (bene-dicere: desear algo bueno) que consagrar (hacer sagrada una cosa).

La palabra “crisma” proviene del griego e identifica un ungüento aromático mezcla de aceite y bálsamo oloroso. El verbo “chrio”, ungir, ha dado origen al término “Cristos”, que significa ”El Ungido”. De ahí deriva la palabra Cristo, con la que designamos al Salvador.

Óleo de los Catecúmenos:

Con este óleo se unge a los que se preparan para ser bautizados, fortaleciéndoles para renunciar al diablo y al pecado, antes de que se acerquen y renazcan de la fuente de la vida. En latín Oleum Catechumenorum (OC): “óleo de los catecúmenos”; o también, Oleum Sanctum (OS): “óleo santo”.

Óleo de los Enfermos:

Este óleo es utilizado para ungir a los enfermos: de esta manera se les prepara para aliviarse y superar la enfermedad. No sólo está indicado para los moribundos: también es aconsejable ungir a los enfermos graves o ancianos ya muy deteriorados en su salud. Entonces, puede recibirse más de un vez, si hay mejoría y posterior agravamiento.

En latín Oleum Infirmorum (OI), que significa “óleo de los enfermos”.

VER TAMBIÉN:
Aceite  

sábado, 27 de julio de 2024

Fe



Biblia:

Historia:

Año litúrgico:




lunes, 20 de mayo de 2024

¿En qué consiste ser ASERTIVO?

 


La asertividad se define como la habilidad que permite a las personas expresar de la manera adecuada, sin hostilidad ni agresividad, sus pensamientos, ideas y emociones, frente a otra persona. Las personas que poseen esta cualidad expresan de manera adecuada sus opiniones y sentimientos, tanto positivos como negativos.

Ser asertivo significa ser abierto para expresar pensamientos, deseos y sentimientos. Anima también a los demás a hacer lo mismo. Para ser una persona asertiva debes escuchar las opiniones y los consejos de los demás.

Habilidad social

La asertividad es una habilidad social y comunicativa que se encuentra en un término medio entre la pasividad y la agresividad. Este punto medio es complicado encontrarlo, pero es clave para mejorar la comunicación personal y de grupo. A menudo es confundida con la tozudez, puesto que la asertividad implica hacer valer nuestra posición de manera firme y persistente. Sin embargo, aprender a trabajar en equipo significa mucho más que manifestar nuestro punto de vista. Cuando interactuamos con los demás muy habitualmente tendemos a adoptar posturas agresivas o pasivas. Expresarse de forma inapropiada suele ser el resultado de falta de confianza en uno mismo, falta de preparación, improvisación, etc.

Asertividad es comunicación equilibrada

La asertividad, en cambio, no se considera pasiva ni agresiva, sino que se trata de una conducta equilibrada. Ser asertivos significa expresar pensamientos y sentimientos de forma honesta, directa y correcta. Implica respetar los pensamientos y creencias de otras personas, a la vez que se defienden los propios.

Expresar adecuadamente los sentimientos y deseos requiere de una importante habilidad personal e interpersonal. En nuestras interacciones con otras personas, la asertividad ayuda a expresarnos de forma clara, abierta y razonable, sin ignorar a los demás.

Conducta pasiva no es asertiva

Identificar una conducta pasiva es sencillo: las personas que se comportan de esta forma buscan agradar a los demás y cumplir los deseos de otros. Tienen una fuerte necesidad de ser valorados y sus acciones están enfocadas únicamente a complacer al otro, con el riesgo de socavar los derechos individuales y la confianza en uno mismo. Este tipo de conducta se caracteriza por dejar la propia responsabilidad en manos de otros y aceptar que los demás dirijan y tomen decisiones.

La mejor forma de corregir estos comportamientos es aprender a decir “no”, si nos encargan una tarea para la cual no estamos preparados, o no disponemos de tiempo.

Conducta agresiva no es asertiva

Cuando una persona actúa de forma agresiva no tiene en cuenta los sentimientos de los demás y no demuestra aprecio por los otros. No hace falta gritar para ser agresivo. Una posición agresiva muchas veces es la de no escuchar a los demás, no atender a sus peticiones, no escuchar sus argumentos. Una posición agresiva es la de no escuchar y no atender a los argumentos de otros, solo imponer nuestras ideas y argumentos.

¿Cómo ser asertivos?

· No dejes que otras personas te impongan órdenes si éstas van en contra de tus principios o deseos. Evita que te manipulen.

· La asertividad implica comunicar tu punto de vista y respetar al mismo tiempo a los demás.

· No dejes que te ofendan, te manipulen, o te amenacen. Evita de esta forma situaciones en las que eres un mero instrumento en manos del otro.

· Ser asertivo significa estar abierto a expresar pensamientos, deseos y sentimientos. Anima también a los demás a hacer lo mismo.

· Para ser una persona asertiva debes escuchar las opiniones y los consejos de los demás. Si los consejos son buenos para tu vida, acéptalos. Si no es así, recházalos con delicadeza y no ofenderás a nadie.

Conductas que refuerzan esta habilidad:

· Acepta responsabilidades y delega.

· Felicita regularmente a los demás por lo que hacen. Admite tus errores y pide disculpas cuando te equivoques.

· No seas conformista, busca nuevas experiencias y alternativas para mejorar tu vida.

+ SOBRE LA ASERTIVIDAD



sábado, 8 de abril de 2023

Significado de la palabra "Pascua"


Pascua es una de las palabras más antiguas de la lengua castellana. Nacida como pesah en el antiguo pueblo de Israel, pasó al griego como paska, por cruce con el latín pascuum ‘lugar de pastura’ (en alusión al fin del ayuno). La voz griega pasó al latín como pascha, que en latín vulgar se convirtió en pascua, como llegó al castellano.

En lengua hebrea, pesah significa ‘saltear’ o ‘pasar por alto’, en referencia al hecho de que el ángel exterminador enviado por Yahveh salteó las casas de los judíos, cuyas puertas habían sido marcadas por orden divina.

La primera documentación del uso de esta palabra en nuestro idioma data de 1090. En tiempos modernos, se ha usado también para designar en castellano a la Navidad, aunque esta denotación no se repite en otras lenguas romances, ni siquiera peninsulares, excepto en el italiano pasqua minore.

Fuente: www.elcastellano.org

Etimología de la palabra resurrección


En el Nuevo Testamento es donde más se habla de la Resurrección. Para ello se emplea el término griego Anástasis (resurrección), que está emparentado con Anastao (sacar, levantar).

El vocablo castellano proviene del latín resurrectio, que también tiene el significado de resurgir. La palabra resurrection viene de resurrectus, el participio de resurgere (volver a levantarse). Resurgere está compuesto del prefijo re–(hacia atrás) y surgere, el mismo que dio la palabra surgir.

De manera que "resucitar" significaría "levantarse", "salir" o "ser sacado de entre los muertos". Los muertos yacen acostados, por eso volver a la vida se entiende como "levantarse".

Significado del Cirio Pascual




Es el símbolo más destacado de la pascua cristiana. La palabra "cirio" viene del latín "cereus", y tiene el significado de cera, el producto de las abejas.

El cirio pascual es desde los primeros siglos uno de los símbolos más expresivos de la vigilia pascual. Esta se celebra de noche.

El cirio pascual tiene una inscripción en forma de cruz, acompañada de la fecha del año y de las letras alfa y omega, la primera y la última del alfabeto griego, para indicar que la pascua de Jesús, principio y fin del tiempo y de la eternidad, nos alcanza en el año concreto que vivimos.

Al cirio pascual se le incrusta en la cera cinco granos de incienso, simbolizando las cinco llagas santas u gloriosas del Señor en la Cruz.

En la procesión de entrada de la vigilia pascual se canta tres veces la aclamación: "Luz de cristo. Demos gracias a Dios", entonces se encienden los cirios de los fieles y las luces de la iglesia. El cirio se coloca en la columna o candelabro que va a ser su soporte, y se proclama en torno a él, después de incensarlo, el solemne pregón pascual.

Junto al simbolismo de la luz, el cirio pascual tiene también el de la ofrenda:

"Acepta, Padre Santo, el sacrificio vespertino de esta llama, que la santa Iglesia te ofrece en la solemne ofrenda de este cirio, obra de las abejas. Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, ardiendo en llama viva para gloria de Dios... Te rogamos que este Cirio, consagrado a tu nombre, para destruir la oscuridad de esta noche".

El cirio pascual estará encendido en todas las celebraciones durante las siete semanas de la cincuentena pascual, al lado del ambón de la Palabra, hasta la tarde del domingo de Pentecostés.

Al finalizar el tiempo pascual, conviene que el cirio se conserve dignamente en el baptisterio.

El cirio pascual también se usa durante los bautizos y en las exequias, es decir al principio y el término de la vida temporal, para simbolizar que un cristiano participa de la luz de Cristo a lo largo de todo su camino terreno, como garantía de su definitiva incorporación a Luz de la vida eterna.




viernes, 25 de noviembre de 2022

ENMANUEL



Significado de la palabra Adviento

El Adviento es el tiempo de la venida del Señor. Eso significa la palabra latina “adventus”: venida, advenimiento. Esta palabra se aplicaba principalmente a la llegada de algún personaje importante; por eso, los cristianos se la dedican a Jesús.

El papa Benedicto XVI ha explicado el sentido cristiano y la exigencia espiritual de la palabra “adventus”:

“La palabra latina ‘adventus’ se refiere a la venida de Cristo y pone en primer plano el movimiento de Dios hacia la humanidad, al que cada uno está llamado a responder con la apertura, la espera, la búsqueda y la adhesión. Y al igual que Dios es libre al revelarse y entregarse, porque sólo lo mueve el amor, también la persona humana es libre al dar su asentimiento, aunque tenga la obligación de darlo: Dios espera una respuesta de amor. Durante estos días la liturgia nos presenta como modelo perfecto de esa respuesta a la Virgen María, a quien el próximo 8 de diciembre contemplaremos en el misterio de la Inmaculada Concepción” (Angelus 4-XII-2005).

El tiempo litúrgico del Adviento es el tiempo de Dios que viene hacia nosotros y que reclama nuestra acogida de fe y amor. Nuestra espera no es la espera de los hombres y mujeres de la Antigua Alianza que no habían recibido aún al Salvador. Nosotros ya hemos conocido su venida hace dos mil años en Belén. Pero la venida histórica de Jesús en la humildad de nuestra carne, deja en nosotros el anhelo de una venida más plena. Por eso decimos que el Adviento celebra una triple venida del Señor:

Primero: la venida histórica, cuando asumió nuestra carne y nació de Santa María siempre Virgen.

Segundo: la que se realiza en nuestra existencia personal, iniciada por el Bautismo y continuada en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía, donde está presente. El Señor viene a nosotros en los sucesos de cada día, en los acontecimientos de la historia y manifiesta así que la vida cristiana es permanente Adviento.

Y tercero: la venida definitiva o escatológica, al final de los tiempos, cuando el Jesús instaure definitivamente el Reino de Dios.


martes, 22 de noviembre de 2022

¿Qué es la web 3.0?



La web 3.0 o web semántica es un tipo de internet que se forma a través de una cadena de bloques descentralizados donde no existe una propiedad centralizada del contenido o las plataformas; por eso, algunos la llaman “web democrática” (por favor, sean un poco críticos con las palabras). 

La web semántica realiza un proceso de filtrado de los datos, lo que implica que los programas están diseñados para seleccionar la información que contiene la web y de este modo, su ordenador procesa la información de manera más rápida y eficiente.

La llegada de la web 3.0 ofrece la posibilidad de que cada usuario tenga un perfil personal en internet basado en su historial de búsquedas. De esta manera, cuando dos personas introducen los mismos criterios de búsqueda en un servicio, cada una recibe distintos resultados conforme a sus perfiles personales.

¿Qué son los sitios 2.0 en internet o en cualquier otra forma de publicación?



Los sitios 2.0 se consideran una forma de cultura participativa, lo que significa que adopta muchas formas, como el activismo social de base para el cambio global, la colaboración.



jueves, 17 de noviembre de 2022

INFIERNO, GEHENNA Y SHEOL, por Agustín Fabra



“Humíllate profundamente, que el castigo del impío es fuego y gusanos” 
(Eclesiástico 7:17)

Etimológicamente la palabra "infierno" procede del latín "infernum" o "inferus", que significa "inferior" o "subterráneo". Es el lugar donde, de una forma u otra, son torturadas eternamente las almas de los pecadores según la mayoría de las religiones.

El castigo en el infierno corresponde a pecados cometidos en vida. En el cristianismo y en el islamismo la fe y el arrepentimiento tienen mayor importancia que los pecados en determinar el destino del alma después de la muerte.

El infierno suela describirse, de forma abstracta, como un estado de pérdida más que una tortura en un lago de fuego literalmente bajo la tierra. También existe la opinión de que el infierno es un lugar donde los muertos sufren inconsciencia, y no de un lugar abrasador de tormento donde los pecadores sufren después de la muerte.

El infierno es imaginado como un lugar poblado por demonios, quienes atormentan eternamente a los condenados, y que son gobernados por un rey de la muerte: Nergal (dios sumerio-babilonio, señor de los muertos), Satanás (en el cristianismo es la encarnación suprema del mal).

Las religiones con una historia divina lineal, como en el cristianismo, a menudo conciben el infierno como infinito. En cambio las religiones con una historia cíclica suelen mostrar el infierno como un período intermedio entre encarnaciones, como es el caso del Di Yu, el reino de los muertos de la mitología china.

Seguidamente analizaremos el concepto de "infierno" de las religiones abrahamánicas, aunque antes debemos aclarar que el concepto del Sheol judío es un lugar espiritual totalmente distinto al del infierno, por lo cual hemos dedicado la última parte de este trabajo a explicar en qué consiste realmente el Sheol.

Debemos definir que las abrahamánicas son fes monoteístas que reconocen una tradición espiritual identificada con Abraham. El término es usado principalmente para referirse colectivamente al cristianismo, judaísmo e islamismo.

Catolicismo

La teología cristiana ha discutido la noción de infierno a lo largo de su historia. Durante siglos no hubo duda de que se trataba del lugar en el que el pecador sufre eternos castigos que no pueden ser conmutados. Sin embrago la Enciclopedia Católica, a principios del siglo XX, menciona que “el dogma católico no rechaza suponer que Dios pueda, a veces, por vía de excepción, liberar un alma del infierno”. Como una especie de contrasentido, los teólogos católicos son unánimes en señalar que tales excepciones nunca ocurrieron y nunca ocurrirán. Igualmente argumentan acerca del uso del término fuego que no hay suficientes razones para considerar este término como una mera metáfora.

Sin embargo el 28 de julio de 1999, en la catequesis que impartió ante ocho mil fieles en el Vaticano, el Papa Juan Pablo II dijo: “Las imágenes con que la Sagrada Escritura nos presenta el infierno deben ser rectamente interpretadas. Ellas indican la completa frustración y vacuidad de una vida sin Dios. El infierno indica más que un lugar, la situación en la que llega a encontrarse quien, libre y definitivamente, se aleja de Dios, fuente de vida y de alegría” (“El infierno como rechazo definitivo de Dios”, 3).

Aunque para algunos estas palabras del Papa provocaron polémica al no mencionar la existencia del castigo eterno por medio del fuego, tampoco negó la existencia del infierno aunque le dio un sentido espiritual antes que concreto y material. Algunos fieles y teólogos han rechazado la existencia del infierno por considerarla incompatible con el amor de Dios, mientras que otros afirman que Dios aplica la justicia al enviar al infierno eterno a las almas que no han aceptado a Jesucristo como su salvador.

Sin embargo hay consenso en creer que no es Dios quien envía el alma al cielo, al purgatorio o al infierno, sino que es el alma misma, por sus actitudes y obras durante su existencia terrenal, quien decide libremente su destino final.

Ha causado mucha confusión y desconcierto el que los primeros traductores de la Biblia tradujesen tanto el Sheol hebreo como el Hades griego y la Gehena por la palabra infierno. La simple transliteración de esas palabras en ediciones revisadas de la Biblia no ha bastado para paliar de modo importante esta confusión y malentendido.


Tanto la teología católica como la copta describen un estado intermedio entre el cielo y el infierno, que es el purgatorio, lo cual no es aceptado por la Iglesia Ortodoxa.

El purgatorio es un estado transitorio de purificación y expiación donde después de su muerte, las personas que han muerto sin pecado mortal pero que han cometido pecados leves no perdonados, tienen que purificarse antes de poder acceder a la visión beatífica de Dios. El tipo de penas que se padecen en el purgatorio son equivalentes a las del infierno, en el sentido de que se siente la lejanía de Dios, pero no son eternas.

La mayoría de iglesias protestantes rechazan la creencia en el purgatorio ya que, como describió Martín Lutero, es una invención humana que confunde a la persona.

Testigos de Jehová

Definen el infierno como el Hades, sepulcro común de la humanidad, y no un lugar de castigo y tormento. El infierno de fuego nunca ha sido parte de la doctrina de los Testigos de Jehová al afirmar que creer en ello sería difamar a Dios al contradecir la idea de mostrar a Jehová como un Dios de amor. Afirman que la idea del infierno es precristiana y que procede de la mitología mesopotámica.

Explican que cuando la Biblia alude al último estado de condenación en el Segundo Juicio, usa terminología asociada con destrucción, basado en el verbo griego apollumi, que significa destruir, y al sustantivo apóleia, que quiere decir destrucción. Para ellos esos términos no sugieren la idea de tormento, sino la eliminación total del alma pecadora.

La base para la mencionada definición proviene de la cita bíblica “temed más bien al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la Gehena” (Mateo 10:28). Con ello la idea que se da es de eliminación por muerte, no un sufrimiento eterno. El Hades o Gehena entonces es, para ellos, un lugar de olvido eterno sin ninguna esperanza de vida futura.

Mormones

La Iglesia de los Santos de la Últimos Días predica que el infierno es un lugar preparado desde la creación del mundo y en él hay almas que no encuentran descanso y están en estado de miseria y lamentación, conscientes de su estado caído y ruina espiritual. Es una especie de cárcel para espíritus inmundos. Aún en este estado, el infierno es visitado y ministrado por ángeles que preparan a aquellas almas que aún tienen opción para la segunda resurrección y el juicio final.

Adventistas

Según la Iglesia Adventista del Séptimo Día el infierno no existe como un lugar físico en el que las almas perdidas sufren por toda la eternidad. Tal interpretación se basa en la secuencia de acontecimientos proféticos relatados en el Apocalipsis o Revelación: “Y el mar devolvió los muertos que guardaba, la Muerte y el Hades devolvieron los muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras.

La muerte y el hades fueron arrojados al lago de fuego que es la muerte segunda, y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:13-15). Para los adventistas los muertos permanecerán en un estado inconsciente hasta la segunda venida de Cristo, momento en el que serán resucitados.

Las anteriores creencias son bastante comunes entre las restantes denominaciones cristianas, pero no coincidentes con las demás religiones, de las cuales vamos a detallar las dos más significativas por su relación con el abrahamanismo.

Islam

El Islam prevé el Juicio Final para todos los creyentes en Alá y en su profeta Mahoma, y varias referencias al fuego del infierno existen en su libro sagrado, el Corán. Durante su vida, la persona tiene siempre dos ángeles junto a ella, uno a cada lado, y mientras el de la derecha anota las buenas acciones de la persona, el de la izquierda anota las malas.

A la hora de su muerte cada persona será juzgada de acuerdo al contenido de ambos libros. El puente Sirat, delgado como un cabello, debe ser atravesado para acceder al Paraíso, y aquel que caiga en dicho trayecto irá a parar a las llamas del infierno.

En la parte del libro correspondiente a la Noche (493) se habla de un edificio de siete pisos, separados uno de otro por una distancia de mil años. El primero, que es el único que se describe, está destinado a los que murieron sin arrepentirse de sus pecados y en él hay montañas y ciudades de fuego, a la vez que contienen castillos de fuego con lechos de fuego en los que se practican las torturas, todo en número de setenta mil.

Sobre el purgatorio en el Islam:

Como en la teología católica, en el islam existe un concepto similar al del purgatorio: el Barzaj. Es el lugar, período o secuencia de trámites por los que el alma espera el Juicio Final, en lo que Mahoma describe como las peores horas de la vida de un hombre. Para el Islam existe también el Araf, un alto muro o barrera en el que esperan los que han conseguido escapar del infierno, pero que no han sido autorizados aún a entrar en el cielo.

Judaísmo

Inicialmente el judaísmo creía en el Sheol, que analizaremos independientemente, y lo describían como una existencia sombría a la cual todos eran enviados tras la muerte. En el Antiguo Testamento no se amenaza a los pecadores con ninguna vida de sufrimiento después de la muerte. La escatología judía distinguió después entre un lugar especial para los justos y otro para los condenados o réprobos cuando indica:

El año duodécimo, el quince del primer mes, la palabra de Yahvé se dirigió a mí en estos términos: Hijo de hombre, haz una lamentación sobre la multitud de Egipto, hazle bajar, a él y a las hijas de las naciones, majestuosas, a los infiernos, con los que bajan a la fosa. ¿A quién superas en belleza? Baja, acuéstate con los incircuncisos. En medio de las víctimas de la espada caen –la espada ha sido entregada, la han sacado- él y todas sus multitudes. Le hablan de en medio del Sheol los más esclarecidos héroes, con sus auxiliares: Han bajado, yacen ya los incircuncisos, víctimas de la espada” (Ezequiel 32:17-21).

La religión judía negaba cualquier vida después de la muerte. Posteriormente empezó a introducirse la idea de resurrección. Había en el judaísmo dos corrientes: los fariseos, que creían en la resurrección, y los saduceos, que la negaban. Pero la resurrección se entendía en una forma terrenal: se resucitaría para volver a llevar una vida terrenal y sólo tendrían acceso a ella los buenos. El castigo de los pecadores era la muerte eterna, que no era el infierno ni ningún sufrimiento de ultratumba, sino la ausencia de resurrección.

La posición judía mayoritaria actual es que el infierno o Gehena, como ellos la denominan, es un lugar de purificación para el malvado, en el que la mayoría de los castigados permanece hasta un año, aunque algunos estarán eternamente.

LA GEHENNA

“Os mostraré a quien debéis temer: 
temed a Aquel que, después de matar, 
tiene poder para arrojar a la gehena; 
sí, os repito: temed a ése”
(Lucas 12:5)

Para los judíos el infierno es la Gehena, lugar de purificación para el malvado en el que la mayoría de los castigados permanece hasta un año, aunque algunos deban estar eternamente, de acuerdo a su comportamiento en su vida terrenal.

La Gehena aparece tanto en el Nuevo Testamento como en las primeras escrituras como el lugar donde el mal será destruido. En las escrituras rabínicas y en las cristianas, la gehena como destino del pecador es diferente al Sheol, el lugar donde habitan todos los muertos.

El nombre de Gehena derivó del incinerador de basuras cercano a Jerusalén; el barranco de Hinón. Concretamente la palabra Gehena deriva de Ge Hinnom, que significa Valle de Hinón, el cual estaba fuera de la muralla sur de la antigua Jerusalén, y se extendía desde el pie del monte Sión hasta el valle Kidron, al este.

Inicialmente, desde el año 638 a.C., los cananeos sacrificaban niños al dios Moloch quemándolos vivos, una práctica que fue proscrita por el rey Josías (641-609 a.C.), y luego se convirtió en el vertedero de la ciudad donde se incineraba la basura y también los cadáveres de animales y de algunos criminales.

En los evangelios sinópticos Jesús utiliza la palabra Gehena en doce ocasiones para describir lo contrario a la vida en el Reino prometido. Es un lugar donde el alma y el cuerpo se podrían destruir (Mateo 10:28) en un fuego inapagables (Marcos 9:43).

El Nuevo Testamento se refiere al Hades como destino de los muertos o sepultura común de la humanidad, el equivalente al Sheol hebreo, que analizaremos seguidamente. Se trata, entonces, de la traducción de la palabra hebrea Sheol al griego Hades.

EL SHEOL

“Yahvé da muerte y vida, hace bajar al Sheol y retornar” 
(1 Samuel 2:6)

Aunque se han propuesto muchas teorías para explicar el origen de la palabra hebrea sche’ohl, al parecer se deriva del verbo hebreo scha-‘al, que significa pedir o solicitar. Según la teología hebrea, el Sheol es un recinto común o región de los muertos donde todas las almas, sin importar su vida terrenal anterior, tanto justos como injustos, irán a parar después de la muerte.

Es un lugar, no una condición, que reclama a todos sin hacer distinción, ya que acoge en su interior a todos los muertos de la humanidad, como podemos observar en la Biblia: “Todos sus hijos e hijas acudieron a consolarle, pero él rehusaba el consuelo y decía: Voy a bajar en duelo al Sheol, donde mi hijo. Su padre le lloró” (Génesis 37,35).

Ha causado mucha confusión y equivocación el hecho de que los traductores primitivos de la Biblia vertieron con la palabra infierno, el vocablo hebreo Sheol y el de Gehena, junto con el griego Hades. El que los traductores de las ediciones revisadas de la Biblia simplemente hayan hecho una transliteración de esas palabras, no ha sido suficiente para eliminar de manera notable esta confusión y el falso concepto.

Los judíos creían que el Sheol estaba situado en alguna parte debajo de la tierra y que la condición de los muertos no era ni de dolor ni de placer. Tampoco se asociaba con el Sheol la recompensa para los justos ni el castigo para los inicuos. Lo mismo buenos que malos, tiranos que santos, reyes que vasallos, israelitas que gentiles, todos permanecían juntos sin conciencia los unos de los otros.

Al infiltrarse la enseñanza griega de la inmortalidad del alma humana en el pensamiento religioso judío en siglos posteriores, el registro bíblico muestra que el Sheol se refiere a la sepultura común de la humanidad como un lugar de inconsciencia. Esto nos es confirmado bíblicamente de esta forma: “Cualquier cosa que esté a tu alcance, hazla según tus fuerzas, pues no hay actividad ni planes, ni ciencia ni sabiduría en el Sheol, donde te encaminas” (Eclesiastés 9:10).

Los que están allí ni alaban ni mencionan a Dios, a pesar de que no es un estado definitivo de separación de Dios. Las Escrituras muestran que el Sheol está enfrente de Él y que Dios está allí: “¿A dónde iré lejos de tu espíritu, adónde podré huir de tu presencia? Si subo hasta el cielo, allí estás tú, si me acuesto en el Sheol, allí estás” (Salmo 139,7-8).

Las almas que allí están esperan a que Dios las juzgue y que El decida su destino final, de acuerdo a sus méritos en vida. Recordemos el Credo, donde nos dice acerca de Jesús: “…murió y resucitó al tercer día de entre los muertos”. Por lógica, menor será la estadía en el Sheol cuantos más merecimientos haya hecho para su salvación.

Las definiciones bíblicas acerca del significado del Sheol podemos ubicarlas en estos textos:

En un lugar de inconsciencia donde van buenos y malos: “Cualquier cosa que esté a tu alcance, hazla según tus fuerzas, pues no hay actividad ni planes, ni ciencia ni sabiduría en el Seol, donde te encaminas” (Eclesiastés 9,10).

Los que están en el Sheol no alaban ni mencionan a Dios: “Que después de morir nadie te recuerda, y en el Sheol ¿quién te alabará?” (Salmo 6,6).

No significa un estado de separación de Dios: “Si subo hasta el cielo, allí estás tú, si me acuesto en el Sheol, allí estás” (Salmo 139,8).

Dios puede sacar del Sheol a las personas que se encuentran ahí: “¡Ojalá en el Sheol me escondieras, me ocultaras mientras pasa tu cólera, fijaras una fecha para acordarte de mí!” (Job 14,13).

El día de Pentecostés, Simón Pedro citó, aplicándolo a Cristo Jesús: “Pues no me abandonarás en el Sheol, no dejarás a tu amigo ver la fosa” (Salmo 16,10). Y cuando Lucas citó las palabras de Pedro, utilizó la palabra griega Hái-dés, mostrando con ello que el Sheol y el Hades se refieren a la misma cosa: la sepultura común de la humanidad: “… de que no abandonarás mi alma en el Hades” (Hechos 2,27).

Durante el reinado de mil años de Jesucristo, el Sheol o Hades será vaciado y destruido, ya que se resucitará a todos los que se hallen en él: “Y el mar devolvió los muertos que guardaba, la Muerte y el Hades devolvieron los muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras” (Apocalipsis 20:13). Esta será la segunda muerte.

 “No temas la sentencia de la muerte; recuerda tu origen y tu destino” (Eclesiástico 41:3)

Fuente: religionenlibertad.com

sábado, 12 de noviembre de 2022

Sobre el demiurgo

El demiurgo (en griego: Δημιουργός, dēmiurgós) es una deidad que, en la filosofía de Platón y en la mística de los neoplatónicos, era considerado un dios creador del mundo y autor del universo; posteriormente. en la filosofía gnóstica derivó en la entidad que, sin ser necesariamente creadora, es impulsora del universo.

La palabra «demiurgo» deriva de demiurgus, una forma latinizada del griego δημιουργός o dēmiurgós. Originalmente era un sustantivo común que significaba 'artesano', pero gradualmente pasó a significar 'productor' y eventualmente 'creador'. Su uso filosófico y su uso como un nombre propio derivan ambos del Timeo de Platón, escrito alrededor de 360 a. C., en donde el demiurgo es presentado como el creador del universo.

En las escuelas de filosofía platónica, neopitagórica, platónica media y neoplatónica, el demiurgo es una figura similar a la de un artesano, responsable de dar forma y mantener al universo físico. 

Los gnósticos adoptaron posteriormente el término «demiurgo». Si bien el demiurgo da forma al universo físico, esto no lo hace necesariamente igual a la figura del creador en el sentido monoteísta, en tanto el demiurgo en sí mismo, así como el material a partir del cual le da forma al universo, se consideran ambos como consecuencias de algo más. Dependiendo del sistema, el demiurgo puede ser considerado increado y eterno o producto de alguna otra entidad.

En el siglo V a.C., Platón presenta en su obra “Timeo” una visión del universo geométrico y armonioso aparejado con la idea de un dios artesano o demiurgo, cuya creación del kosmos es una obra perfecta, harmoniosa, artística. El demiurgo parte del caos y lo ordena para construir el mundo, como un artesano crea una vasija a partir de un montón de barro.

Según Platón, el demiurgo se encarga de copiar las ideas (perfectas) en la materia (imperfecta). Así se obtienen los objetos que forman parte del mundo real, el cual intenta imitar la perfección del plano ideal.

En las diversas ramas de la escuela neoplatónica (siglo III en adelante), el demiurgo es el que da forma al mundo real y perceptible según el modelo de las Ideas, si bien (en la mayoría de los sistemas neoplatónicos) todavía no es en sí mismo el Uno. 

En la ideología dualista de los sistemas gnósticos, el universo material es malo, mientras que el mundo inmaterial es bueno. Según algunas corrientes del gnosticismo, el demiurgo es malévolo, ya que está vinculado al mundo material. En otros, entre los que se incluyen las enseñanzas de Valentino, se considera que el demiurgo es simplemente un ser ignorante o confundido.

Los gnósticos tomaron varias ideas y términos importantes del platonismo,  usando conceptos filosóficos griegos en sus textos, incluyendo conceptos tales como el de hipóstasis (realidad, existencia), ousia (esencia, sustancia, ser), y demiurgo (Dios creador).

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Aspirante, Postulante, Novicio/a

Aspirante

Un/a aspirante es alguien que vive durante un tiempo con una comunidad para ver si se siente atraído/a por esa vida y cómodo/a con esa comunidad, además de para que la comunidad la evalúe también. Algunos lugares llaman a esta etapa “pre-postulantado”.

Postulante

Si bien los términos pueden cambiar, en las órdenes y congregaciones religiosas se atribuye un término a los diferentes pasos que da una persona que decide consagrarse a Dios.

El primer paso es el de postulante. Se trata de una persona que quiere consagrarse a Dios y que se ha mudado formalmente a la comunidad, es decir, participando en una ceremonía de presentación y bienvenida, y vive en ella, aunque continúa en una fase de “interrogación”, un periodo de intensa meditación para discernir su vocación.

Según la comunidad, el postulantado dura de seis meses a un año. Este hecho y el que el/la postulante lleve o no algún tipo de uniforme o respete un simple código de vestimenta depende de cada comunidad.

Novicio/a

Un/a novicio/a (del latín “novicius”, nuevo o reciente) es un/a postulante que ha sido recibido/a formalmente dentro de la comunidad. Podría decirse que es un/a principiante. El noviciado normalmente (pero no siempre) dura dos años y es el comienzo a un periodo de intensa formación y estudio, de una profunda experiencia de la oración que irá acompañada de una formación acorde al carisma y la misión del instituto religioso al que se pertenece.

Si la comunidad lleva hábito y adopta nombre de religión (algunas hacen las dos cosas, otras ninguna; y algunas comunidades lo dejan a elección personal de/la hermano/a o monje/a). Esto suele suceder (aunque no siempre) a la entrada en el noviciado, y la hermana asumiría el velo blanco.

Algunas comunidades permiten el cambio de nombre al empezar el noviciado, pero retrasan el hábito hasta profesar los primeros votos, o viceversa.

Puesto que el noviciado aún se considera parte de una fase de discernimiento en la vocación, el/la novicio/a es libre de abandonar la comunidad en cualquier momento (y también se le puede aconsejar que abandone la vida religiosa por considerar que no es apto/a).

Los primeros votos se realizan cuando el/la novicio/a ha completado el noviciado y ha solicitado la admisión formal a los votos. La dirección de la comunidad ha de discernir si el/la candidato/a muestra una vocación auténtica para su orden o congregación.

El/la novicio/a realiza unos votos “simples”, que son vinculantes por la ley canónica durante un periodo de tiempo específico; normalmente de tres a cinco años, a veces más. Se le/la considera ahora un/a miembro de “profesión temporal” en la comunidad y puede trabajar en un apostolado y firmar usando la abreviatura correspondiente a su comunidad religiosa.

La profesión temporal aún es un periodo de discernimiento, así que un/a religioso/a todavía puede solicitar la separación; pero como los votos son canónicos, requiere un proceso más formal.

Los votos finales (o perpetuos; en el monacato se denomina “profesión solemne” se realizan cuando el/la religioso/a profesa sus votos de por vida como miembro de la comunidad. En la mayoría de los casos, firma su declaración de votos en el altar y lo muestra ante los presentes. Se trata, por tanto, de votos canónicos, reconocidos oficialmente por la Iglesia.



Monjas, religiosas, hermanas, sor...

Monja

Una “monja” es una mujer consagrada a Dios en una abadía o monasterio. Emite (como las religiosas) los votos de pobreza, castidad y obediencia, buscando diariamente a Dios en la contemplación del misterio de la vida de Jesucristo en una comunidad alejada del bullicio mundo. Su vida está dedicada sobre todo a la oración y al trabajo, como es el caso de los monjes de los monasterios.
  
Estas mujeres viven su consagración a Dios en monasterios o conventos “de clausura”, es decir, en los que no pueden convivir con otras personas ajenas a su comunidad religiosa. En el espacio de clausura, reservado a las monjas, solo pueden entrar  sacerdotes, personal médico y otros trabajadores necesarios para el mantenimiento del monasterio o convento. Las monjas solo abandonan la clausura para asuntos médicos o para actividades relacionadas con el monasterio.

Religiosa

Todas las monjas son religiosas, pero no todas las religiosas son monjas. Monjas y religiosas están unidas por los tres votos que hacen ante Dios y la Iglesia: pobreza, castidad y obediencia. Ahora bien, las religiosas viven su consagración y misión entre la gente. Se dice que llevan una vida “activa”, en contraposición de las monjas, cuya vida es “contemplativa”. 

Además de vivir una intensa vida de  oración, una religiosa entrega su vida a los demás en diferentes ámbitos, como pueden ser el de la salud, la educación, el trabajo social, la asistencia espiritual, la obra misionera, la evangelización en medios de  comunicación, el cuidado de las personas mayores, de huérfanos, etc. 

Una religiosa pertenece a una congregación religiosa, una familia espiritual constituida por mujeres, como ella, que asumen el ideario de la fundadora de la congregación. 

Hermana, Sor

En la iglesia se aplica familiarmente el concepto de “hermana” a las mujeres que han consagrado su vida a Dios y que no son superioras de una comunidad, en cuyo caso suelen ser llamadas “madre”. La mayoría de las monjas se llaman “hermanas” entre ellas. Así que, aunque hay diferencias, a la mayoría de las religiosas no les importa el término.

Muchas mujeres consagradas en congregaciones y órdenes religiosas tienen todavía hoy la costumbre de asumir un nuevo nombre el día en el que profesan los votos de pobreza, castidad y obediencia o en el que entran a formar parte de la comunidad religiosa. En muchos casos se  les suele llamar “sor María”, “sor Clara”…  El término “sor” procede de la contracción de la palabra latina “soror”, que quiere decir “hermana”; y que se aplica tanto a monjas como a religiosas en general. 


+ SOBRE LA VIDA CONSAGRADA

lunes, 7 de noviembre de 2022

¿Qué es un clérigo?

En el derecho vigente de la Iglesia católica, se entiende por clérigo a la persona que se incorpora al orden sacerdotal al menos en el grado de diaconado.


Diferencia entre Clero Regular y Clero Secular

Clérigo es el varón ordenado sacerdote en la iglesia católica. Hay que distinguirlo del clérigo durante la Edad Media, el cual podía ser un hombre letrado y sabio, aunque no hubiera sido ordenado sacerdote.
En el derecho vigente de la Iglesia católica, clérigo es la persona que pertenece al orden sacerdotal, al menos en el grado de diaconado.

¿Qué es el Clero Regular?

Los clérigos regulares ejercen su ministerio (=servicio) asumiendo el carisma, la espiritualidad, y las reglas (“Constituciones”) de su familia religiosa. Viven en comunidad y profesan los votos de obediencia, castidad y pobreza, renunciando a los bienes privados; a las decisiones unilaterales que no tienen en cuenta el bien común de la familia religiosa a la que pertenecen; y a los placeres sexuales.

El clero regular se dedica a la labor evangelizadora y misionera implementando el carisma y la espiritualidad que el fundador de su familia religiosa les transmitió desde sus orígenes.

¿Qué es el Clero Secular?

El clero secular, o clero diocesano, está compuesto por sacerdotes y diáconos que evangelizan y celebran los sacramentos en el ámbito de la parroquia en la que ejercen su ministerio o servicio. También pertenecen al clero secular los obispos

“Secular”, proviene del latín y significa “del siglo, o del mundo”.

Los sacerdotes ofrecen su obediencia a la estructura jerárquica de la Iglesia, y dependen directamente del obispo de su diócesis. El clero secular practica el celibato (sin voto), de modo que deciden no casarse.

Diferencia entre Clero Regular y Clero Secular

• Clérigo secular es el que se ordena diáocono y/o sacerdote y tiene como prioridad la preparación y celebración de los sacramentos en su parroquia o diócesis, mientras que el clérigo regular es el que se ordena diácono y/o sacerdote y tiene como prioridad evangelizar el lugar en donde ejerce su ministerio o servicio desde el carisma y la espiritualidad propias del fundador de su familia religiosa.

• El clero regular hace votos de castidad (renunciando al placer sexual), obediencia (al superior de su familia religiosa) y pobreza (renunciando a bienes privados en favor de la comunidad religiosa); en cambio, el clero secular debe obedicencia canónica, es decir, regulada por el derecho eleciástico, al obispo y practica el celibato sin asumir el significado que le otorgan los clérigos regulares según el carismo y la espiritualidad propios de su familia religiosa.

• El clero secular forma parte de una estructura jerárquica en cuya cúspide se stúa el Papa y, luego, los obispos en sus respectivas diócesis. El clérigo regular obedece en primera instancia al superior de su familia religiosa y, si fuera necesario la intervención de la autoridad suprema, está recae en el Papa.