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domingo, 28 de julio de 2024

¿Somos personas espirituales?



¿Somos personas espirituales? Cuando haces esta pregunta a un grupo de personas creyentes la respuesta es SÍ. Entonces, la siguiente pregunta es: "¿Y cómo es una persona espiritual?"

Aquí algunas caras muestran sorpresa o dificultad. ¿Qué quiere decir que soy una persona espiritual? "Una persona espiritual es una persona que reza, que va a la iglesia..." Esta fue mi respuesta hace muchos años, cuando nos preparabamos para recibir el sacramento de la confirmación. Y el catequista me dijo: "Tal vez si o tal vez no. Yo voy muy a menudo a la cocina y me paso bastante tiempo cocinando, pero no soy cocinero".

Un compañero del grupo de Confirmación, dijo: "Una persona espiritual puede escribir un poema, leer y componer música"; entonces, el catequista respondió: "Tal vez si o tal vez no. Vosotros diríais que una persona que escribe un libro o compone una sinfonía para hacerse millonario es una persona espiritual?" Uau! Otra vez nos salía con una de las suyas y teníamos que darle la razón.

Pero entonces, ¿cómo es una persona espiritual?, preguntamos todos.

La persona espiritual ve mas allá de sí misma: de sus deseos, ansiedades, tristezas, éxitos, fracasos; de si es guapa o fea, alto o bajo, gordo o flaco. Cuando alguien sacrifica su orgullo, privilegios, comodidad, unos momentos de placer, para hacerse más accesible a los demás, es una persona espiritual.

Un persona espiritual es libre para decidir algo contrario a lo que sus impulsos y emociones le exigen. Por eso, cuando a una persona actúa bajo el influjo de la ira, la envidia, la lujuria..., está muy lejos de ser una persona espiritual. Una persona espiritual es capaz de perdonar incluso cuando esta herida.

Una persona espiritual es capaz decir no al chocolate, al tabaco, al alcohol, aunque su cuerpo se lo pida con vehemencia. Por eso, las personas espirituales practican la negación de sí mismas, y no les mueve el orgullo o la ambición, sino el querer darse más a los demás.

Espero que os hayáis dado cuenta de que hay personas que rezan pero no son espirituales. Y es que ser una persona espiritual no es fácil.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Etimología de la palabra HUMILDAD

Humildad viene del latín humilitas, la cual a su vez deriva de la palabra humilis, que significa humilde.

El humilis (humilde) es la persona susceptible de recibir la acción del verbo humiliare, que significa "postrar a uno por tierra, hacer que se postre en el suelo ante otro en reconocimiento de su bajeza y la superioridad o dominio del otro sobre el".

A su vez, todas estas palabras derivan de humus, que significa suelo, tierra. La palabra humildad está relacionada con la aceptación de nuestras propias limitaciones.

Citas:

"El grado más perfecto de humildad es complacerse en los menosprecios y humillaciones. Vales mas delante de Dios un menosprecio sufrido pacientemente por su amor, que mil ayunos y mil disciplinas", san Francisco de Sales

"La humildad es la verdad" (El humilde ve las cosas como son, lo bueno como bueno, lo malo como malo. En la medida en que un hombre es más humilde crece una visión más correcta de la realidad), santa Teresa de Avila

"Los instrumentos de Dios son siempre los humildes", san Juan Crisostomo


viernes, 8 de enero de 2016

Espiritualidad, por José Antonio Pagola


«Espiritualidad» es una palabra desafortunada. Para muchos solo puede significar algo inútil, alejado de la vida real. ¿Para qué puede servir? Lo que interesa es lo concreto y práctico, lo material, no lo espiritual.

Sin embargo, el «espíritu» de una persona es algo valorado en la sociedad moderna, pues indica lo más hondo y decisivo de su vida: la pasión que la anima, su inspiración última, lo que contagia a los demás, lo que esa persona va poniendo en el mundo.

El espíritu alienta nuestros proyectos y compromisos, configura nuestro horizonte de valores y nuestra esperanza. Según sea nuestro espíritu, así será nuestra espiritualidad. Y así será también nuestra religión y nuestra vida entera.

Los textos que nos han dejado los primeros cristianos nos muestran que viven su fe en Jesucristo como un fuerte «movimiento espiritual». Se sienten habitados por el Espíritu de Jesús. Solo es cristiano quien ha sido bautizado con ese Espíritu. «El que no tiene el Espíritu de Cristo no le pertenece». Animados por ese Espíritu, lo viven todo de manera nueva.

Lo primero que cambia radicalmente es su experiencia de Dios. No viven ya con «espíritu de esclavos», agobiados por el miedo a Dios, sino con «espíritu de hijos» que se sienten amados de manera incondicional y sin límites por un Padre. El Espíritu de Jesús les hace gritar en el fondo de su corazón: ¡Abbá, Padre! Esta experiencia es lo primero que todos deberían encontrar en las comunidades de Jesús.

Cambia también su manera de vivir la religión. Ya no se sienten «prisioneros de la ley», las normas y los preceptos, sino liberados por el amor. Ahora conocen lo que es vivir con «un espíritu nuevo», escuchando la llamada del amor y no con «la letra vieja», ocupados en cumplir obligaciones religiosas. Este es el clima que entre todos hemos de cuidar y promover en las comunidades cristianas, si queremos vivir como Jesús.

Descubren también el verdadero contenido del culto a Dios. Lo que agrada al Padre no son los ritos vacíos de amor, sino que vivamos «en espíritu y en verdad». Esa vida vivida con el espíritu de Jesús y la verdad de su evangelio es para los cristianos su auténtico «culto espiritual».

No hemos de olvidar lo que Pablo de Tarso decía a sus comunidades: «No apaguéis el Espíritu». Una iglesia apagada, vacía del espíritu de Cristo, no puede vivir ni comunicar su verdadera Novedad. No puede saborear ni contagiar su Buena Noticia. Cuidar la espiritualidad cristiana es reavivar nuestra religión.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Desideria, por la M. Maria Dolors Gaja, Misionera Hija de la Sagrada Familia de Nazaret



















PIMERA PARTE

Quiero presentaros a Desideria. No basta decir que es una figura inventada por San José Manyanet o que es la protagonista del libro Escuela de Nazaret. Desideria es mucho más porque Desideria, lo sepamos o no, somos todos.

La palabra “deseo”, manchada durante algunos años, ha sido rehabilitada desde la exégesis bíblica y la psicología de más alto nivel. Que es donde se sitúa Desideria.

Hoy existen ya muchos libros que nos hablan de nuestros deseos más profundos, del deseo de Dios y de un Dios deseante. En realidad, la Biblia es la historia de un ardiente deseo, a veces correspondido, a veces desoído y apagado. Pero siempre vivo.

Desideria, esa figura tan manyanetiana, es una mujer y eso me parece interesante. Es verdad que es el trasunto del alma, que propiamente encarna toda alma deseosa de Dios, pero que sea una mujer, tan convertida en “objeto de deseo” a lo largo de los siglos, tan dañada y tan distorsionada, impone una reflexión.

La mujer es espacio natural de recepción y creación de vida. Nuestros deseos, debidamente atendidos, son los que configuran nuestra vida. Los que nos crean y recrean. Dicen que la mujer es frágil pero sabemos cuán fuerte puede llegar a ser. Nuestros deseos de Dios son, a menudo, muy débiles pero basta atenderlos un poco para transfigurar toda nuestra existencia. El deseo de Dios, seguido y saciado, ha sido la única forja de santidad. La mujer también es, en general, más intuitiva. Se habla, con cierta sorna, de la intuición femenina. Ese sexto sentido es un camino para alcanzar a Dios, a quien sólo podemos intuir, vislumbrar…No quiero hacer aquí un elogio de la feminidad pero veremos como Desideria va a necesitar seguir el deseo naciente de Dios, guiarse por cuanto sólo es capaz de intuir y ser creadora de un nuevo ser…en la forja de Nazaret.

Se ha definido el deseo como una atracción hacia algo percibido como bueno. Nuestra experiencia religiosa nos dice que nada hay más bueno que Dios. Desear a Dios no es algo “aparte” de nuestros otros deseos. No se contrapone al deseo familiar, de amistad o de cubrir nuestras necesidades: el hambre, por ejemplo. Pero es la cumbre de todo deseo y orienta los otros. Es Dios quien nos ha constituido seres capaces de relación y en esa “relacionalidad” ha querido incluirse Él. Desde nuestro primer hálito, le deseamos.

En la Bíblia, y especialmente en el A. Testamento, existen muchas imágenes y textos del deseo de Dios:
a Ti elevo mi alma, Sal 24,1
levanto mis ojos a Ti, que habitas en los cielos, Sal 122, 1
mi alma tiene sed de Dios, Sal 41,2;
a Ti anhela mi carne, como tierra árida, sin agua, Sal 62,2b
mi alma te ansía de noche, mi espíritu en mi interior madruga por Ti
oh Dios, tu eres mi Dios, desde la aurora te busco, Sal 62,2a;

La imagen del exilio del Paraíso y de la Tierra prometida así como el Cantar de los Cantares son altos exponentes de ese deseo que cruza el A. Testamento. Pero también los textos que nos narran peregrinaciones a Jerusalén, búsqueda de pastos, migraciones etc., son imagen del deseo que, esencialmente, nos pone en marcha. Porque el deseo se percibe siempre como carencia de un bien y ello nos dinamiza, nos mueve.

Ya hemos visto que el tema del deseo de Dios es inherente a la persona. Es, además, el gran tema de la vida espiritual y a lo largo de la historia se ha tratado desde distintos ángulos y con distintas imágenes, alcanzando en los místicos sus cotas más altas: “¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido?” (San Juan de la Cruz). La vida pues, no es otra cosa que un éxtasis, una salida de sí para unirse al objeto de nuestro deseo más profundo: Dios.

Manyanet trata este tema, ya clásico, con la bella figura de Desideria. Cabría resaltar dos aspectos en esta figura femenina:

El nombre: Nomen est omen. El nombre en la biblia es vocación, augurio de misión, definición de la persona. Manyanet da al paradigma de la vida espiritual el nombre de “deseosa”. Sin deseo de Dios no hay vida en el Espíritu.

Las visitas: Muy en la espiritualidad del siglo XIX y XX, Manyanet recoge la devoción de las “visitas espirituales”, que, en este caso, él aplica a la Sagrada Familia. Algunos hombres de su época escribieron “visitas espirituales” que se hicieron famosas. En el ámbito catalán, al cual Manyanet pertenece, basta recordar la “Visita espiritual a la Mare de Déu de Montserrat” del obispo Torras y Bages.

SEGUNDA PARTE
¿Cómo son las visitas de Desideria?



















A menudo, o por lo menos de vez en cuando, todos hemos hecho alguna visita de cortesía. ¿ Quién no tiene experiencia de cumplir con un compromiso que la vida social nos ha marcado? Son visitas que pesan, que, a veces, se postergan y que, gustosamente, delegaríamos en alguien.

Las visitas de Desideria no son de cortesía y ésta es su primera enseñanza: en la vida espiritual no nos basta con “cumplir” con Dios, con no faltar a lo esencial, con ir a misa y alguna cosa más...

Hay otro tipo de visitas: las que se hacen para acompañar a alguien. Son visitas de amistad, de amor. Visitas que se desean, aunque a veces cuesten, porque nacen de las aguas más profundas del corazón. Con frecuencia hemos visitado un enfermo, un anciano. Hemos estado horas para estar, simplemente, al lado de.

Y hay, también, otro tipo de visitas: las de aprendizaje, aquellas que un alumno aventajado hace al maestro en la intimidad de su casa. Supone un honor que el maestro abra las puertas de su casa a sus alumnos y las experiencias humanas nos relatan cuánto aprendieron en esas tertulias caseras algunos de nuestros personajes más ilustres. Y cómo, insensiblemente, pasaron de alumnos aventajados a discípulos.

En Desideria se cumplen estos dos últimos tipos de visita. Ella se acerca a la Sagrada Familia para aprender y para estar con ellos.

¿Cuál es el proceso? ¿Cómo se inician las visitas? ¿Cómo puedo acercarme yo a la Casa de Nazaret?

La visita responde a “toques interiores” es decir a mociones espirituales por las cuales Dios mismo nos va marcando el camino. Nuestro deseo de Dios nace en Dios mismo: Desideria va a Nazaret “atraída por la exquisita fragancia de vuestras virtudes” ( E.N. I,I ) Dios nos seduce lentamente, nos ata con suaves lazos. Aunque hay en la historia conversiones radicales es más frecuente la lenta transformación. Porque Dios se parece más a un alfarero que a un mago.

Acercarse a Dios supone también el atrevimiento, la “parresía” de los hijos de Dios: perdonad mi atrevimiento (E.N.I,I ) dice en repetidas ocasiones Desideria.

Y toda visita tiene un objeto, un fin; Desideria enumera algunos de estos fines:
La dicha de poder visitaros
Escuchar las palabras de paz y vida eterna
Ofrecer no sólo lo que se tiene y vale, sino el corazón.
Buscar ánimo, aliento y comprensión para mis defectos e ignorancias...

Este proceso supone haber “discernido” mis propios deseos, saber cuáles me producen dicha, paz, qué deseos me humanizan, me llevan a aprender cómo ser más mujer, más hombre de Dios. Supone también saber dónde hallo fortaleza para mi debilidad, aliento para mis desánimos. E implica también acercarse con deseos de ofrecer a Dios lo que soy, mis luces y mis sombras.

A lo largo de las distintas visitas, Desideria se mostrará “ ansiosa, deseosa, agradecida, acostumbrada...y resuelta a poner por obra lo que aprende en Nazaret”.

Para ello, hará falta un grado de intimidad: siéntate cerquita ( E.N. I,I ) le dice Jesús a Desideria. No obstante, para gozar de ese grado de intimidad son necesarias unas condiciones que tanto María como José le recuerdan:

Acercarse con infantil sencillez y confianza
Escuchar con atención y agradecimiento
Guardar diligentemente las divinas palabras en el corazón.
Ser agradecida y fervorosa.
Acrecentar la esperanza
No arredrarse ante las dificultades.
Ser humilde.
Poner en obra cuanto se aprende en las visitas a la Sagrada Familia

Sin embargo, la visita, el encuentro con Jesús, sólo se da si el alma se abandona y se deja guiar por esos “toques interiores” que antes citábamos:

“Por dicha tuya has dado asentimiento a la divina inspiración y te has resuelto a venir a esta nuestra casa que es morada de paz y verdadera alegría. Sí, hija, no temas: aquí se te enseñará y encontrarás lo que quieres y tu corazón desea. (E.N. I,I )

Así que no basta la acción divina. Él necesita que colaboremos activamente en nuestra propia salvación. Pero Manyanet es consciente de que el deseo de Dios puede oscurecerse y hasta apagarse. La vida espiritual es un camino hacia la unificación interior:

“Lo que quieres y tu corazón desea” dice María que podemos hallar en Nazaret. Nos movemos, por tanto, en dos niveles que, en Desideria, ya se han unido: el deseo profundo de Dios está en mí porque Dios mismo lo ha sembrado. Ese anhelo de santidad, esos deseos de ser de Dios, ese deseo de vivir el evangelio en radicalidad... esa es mi verdad más auténtica porque en el fondo nos definimos por lo que deseamos. Pero “lo que quiero”, aquello que tiene como sujeto mi voluntad, mis actos, mis compromisos, mi tiempo... ¿va solidificando, fortaleciendo, haciendo más explícito el deseo sumergido de Dios? ¿Lo que quiero en la vida es exactamente lo que mi corazón desea?

Manyanet constata que con frecuencia vivimos alejados de la santidad a la cual todos hemos sido llamados. Y expone dos causas que reitera a menudo: la distracción y la tibieza. Hoy diríamos, quizá, la superficialidad y la mediocridad. Ambos temas dan para largas reflexiones que no deseo incluir aquí. Retomemos pues el deseo de Dios. Sí, Él lo ha sembrado en nuestro interior pero ¿qué nos hace conscientes de Él? ¿Qué lo despierta?

Todos tenemos la experiencia de haber conocido a personas que desprendían paz interior y gozo sin apenas decir nada. Todos hemos “estado bien” a su lado aunque no hiciéramos ni dijéramos nada trascendental. Sabíamos también que esas personas no habían tenido una vida distinta, eran “normales y corrientes”, tenían dificultades, luchas, dolor...pero no acababan de ser “normales y corrientes”. De una manera u otra su cercanía y esos rasgos que las diferenciaban las convertían en un faro luminoso.

Nada despierta tanto la sed de Dios como encontrarse con un sediento de Dios. Y si alguien personificó esa sed fue María. Y fue José. Por eso Desideria va a Nazaret “atraída por la exquisita fragancia de vuestras virtudes”.

La virtud, esa palabra casi olvidada, es camino y reflejo del deseo auténtico de Dios. De ello reflexionaremos más adelante.
 
Encontrais a la M. Maria Dolors Gaja en:
http://www.vivirennazaret.blogspot.com/

lunes, 23 de agosto de 2010

"Les cierran a los demas el reino de los cielos, y ni entran ustedes ni dejan entrar a los que intentan hacerlo".














 Mateo 23:13-22

“¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Les cierran a los demás el reino de los cielos, y ni entran ustedes ni dejan entrar a los que intentan hacerlo. ¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Recorren tierra y mar para ganar un solo adepto, y cuando lo han logrado lo hacen dos veces más merecedor del infierno que ustedes. ¡Ay de ustedes, guías ciegos!, que dicen: ‘Si alguien jura por el templo, no significa nada; pero si jura por el oro del templo, queda obligado por su juramento.’ ¡Ciegos insensatos! ¿Qué es más importante: el oro, o el templo que hace sagrado al oro? También dicen ustedes: ‘Si alguien jura por el altar, no significa nada; pero si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado por su juramento.’ ¡Ciegos! ¿Qué es más importante: la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda? Por tanto, el que jura por el altar, jura no sólo por el altar sino por todo lo que está sobre él. El que jura por el templo, jura no sólo por el templo sino por quien habita en él. Y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por aquel que lo ocupa.”

Este discurso de Jesús contra los maestros de la ley y los fariseos nos debe servir para entender en lo que no debe hacer un lider, guía espiritual o maestro de la ley. Por dos veces, Jesús acusa a los maestros de la ley y fariseos de cerrar a los demás (se supone que a los pecadores) las puertas del cielo y de hacerlos merecedores del infierno. En efecto, los fariseos y maestros de la ley eran quienes tenian el conocimiento legal y la autoridad para juzgar el comportamiento moral de sus conciudadanos.

Nos debe llamar la atención que Jesus, que vive en una sociedad mucho más jerarquizada y clasista que la nuestra, no pertenece a la familia sacerdotal, ni se comporta como un lider religioso tradicional. Jesús es un laico, el hijo de María y José de Nazaret, con una visión espiritual de la vida, del universo, de la familia, del prójimo, del pecador y de los enemigos. La espiritualidad de Jesús no es la espiritualidad de la ley, del libro o del templo, sino la espiritualidad del hijo, del hermano, del peregrino, de la verdad y de la vida.
 
Por eso, Jesus no divide a las personas en dos categorias: sacerdote o laico. En la comunidad de Jesús todos han sido bautizados y han recibido los oleos del sacerdocio (pueblo sacerdotal). Todos están llamados a ser guías de sus hermanos, uniéndolos en una sola familia, cuya presencia muestra la existencia de un Dios generoso y compasivo. Por eso, el episodio de hoy es tan importante para los discípulos de Jesús.

viernes, 30 de julio de 2010

Evangelio segun san Mateo: "Sabemos quien es; entonces, de donde saca todas esas cosas"?

Mateo 13:54-58

Al llegar a su tierra, Jesús comenzó a enseñar a la gente en la sinagoga. Algunos decian:
—¿De dónde sacó éste tal sabiduría y tales poderes milagrosos? ¿No es acaso el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María; y no son sus hermanos Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están con nosotros todas sus hermanas? ¿Así que de dónde sacó todas estas cosas?
Y se escandalizaban a causa de él. Pero Jesús les dijo:
—En todas partes se honra a un profeta, menos en su tierra y en su propia casa.
Y por la incredulidad de ellos, no hizo allí muchos milagros.

La Biblia ha hermanado dos espiritualidades totalmente diferentes y opuestas la una a la otra. Por una parte, nos presenta un pueblo de Dios que adora a un Dios invisible, que habita en las alturas, misterioso, celoso y justiciero. Que Dios existe es evidente para estos creyentes, sin embargo, "a Dios nadie lo ha visto jamas". En esta espiritualidad encontramos la creencia de que la persona que se encuentra con Dios, que le "ve y oye", esta a punto de morir; de ahi, el "temor" de la persona que siente que Dios esta cerca.
 
En esta espiritualidad, la manifestacion mas importante de Dios viene dada a traves de la ley y la palabra. Se trata de una espiritualidad sin imagenes, sin cuerpo, desencarnada. El creyente conoce la voluntad de Dios a traves de la ley; por eso, el mero hecho de creer que "hemos visto y oido al Senor (Dios)" es considerado como una amenaza y una blasfemia.
 
Los comentarios de los vecinos de Nazaret son el reflejo de esta espiritualidad desencarnada: "Nosotros conocemos a su padre y a su madre, a sus hermanos y hermanas..., entonces, de donde saca todas estas cosas?" Es indudable que las palabras y los gestos de Jesus han sorprendido a los vecinos de Nazaret. La palabra que utiliza Mateo (escandalo) tiene una fuerte carga religiosa. Estos creyentes no pueden creer lo que "ven y escuchan". Su espiritualidad y creencias no les ayuda a reconocer a Jesus como profeta escogido por Dios y, mucho menos, como imagen del Dios invisible. Estos creyentes sospechan de Jesus y utilizaran la ley para perseguirle y condenarle.
 
La otra espiritualidad que nos presenta la Biblia es la cara opuesta de lo dicho hasta ahora. Esta espiritualidad tiene su origen en los primeros capitulos del Genesis (cuando Dios crea al hombre a su imagen y semejanza) y llega a su culminacion en el Nuevo Testamento, cuando Jesus es presentado como el "Emmanuel", es decir, Dios con nosotros.
 
Se trata de una espiritualidad con imagenes, cuerpo, encarnada. La ley y la palabra son importantes en la medida que nos ensenan a "ver el rostro de Dios". Para esta espiritualidad lo importante no es "obedecer" la ley sino que la ley de Dios nos transforme y renueve para llegar a ser el pueblo (familia) que Dios nos llama a ser. En esta espiritualidad, la ley y la palabra nunca pueden "cargarse" a la persona (por muy pecadora que sea), porque si eliminamos a la persona eliminamos tambien la razon que Dios tiene para mostrarse a nosotros.

viernes, 21 de mayo de 2010

Razon y Fe

Me decia un amigo esta semana que la espiritualidad del ser humano esta todavia en una fase muy primitiva. "What do you mean?" "Que quieres decir?", le dije. Tratare de resumir su explicacion:

"La persona cuya razon esta influenciada por sus miedos, prejuicios, privilegios, antojos, simpatias, etc., es una persona con un uso muy primitivo de la razon. Esto es evidente cuando estudiamos como explicabamos los fenomenos atmosfericos hace miles de anos... Entonces, ya utilizabamos la razon para explicar lo que ocurria a nuestro alrededor. Era una razon muy primitiva, influenciada por nuestros miedos y pasiones, pero razon al fin y al cabo. Tuvo que pasar mucho tiempo hasta que utilizamos la razon como una herramienta de trabajo. Hoy cuando estudiamos los planetas, las estrellas, el universo..., el 99.999999999% de nuestras energias la dedicamos observar y aprender de lo que tenemos delante de nosotros. Por eso, en un mismo laboratorio puedes hallar personas, con muy diferentes creencias que, sin embargo, no tienen problema para trabajar juntos "observando, aprendiendo, conociendo".

Entonces, me hablo de la religion:

"El problema que yo veo con las religiones y las iglesias..., es que el dialogo, la busqueda de Dios y del bien comun, estan tan influenciados por la manera de pensar de cada grupo religioso, que en el momento que hay una tension doctrinal, es decir, algo que pone a prueba la capacidad del grupo para reaccionar, este se rompe y disgrega, lo cual es tipico de una espiritualidad muy primitiva."

Yo le dije:

"Me estas diciendo que tenemos que separar nuestra manera de pensar y ver la realidad, de nuestras creencias?"

A lo cual respondio:

"Por supuesto. Si nuestra manera de pensar y observar estan dominadas por nuestras creencias, entonces, no observamos ni descubrimos puesto que acomodamos lo que vemos a lo que creemos. Y asi no hay manera de crecer. Una persona espiritual es, ante todo, una persona que se vacia de si misma... y se prepara para el encuentro."

Entonces, le pregunte:

"Y que podemos hacer para separar nuestros deseos, miedos, expectativas, prejuicios..., de nuestra fe y espiritualidad?"

Y me dijo:

"No tengo ni idea. Yo soy cientifico, tu deberias saberlo ya que eres sacerdote".