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domingo, 14 de mayo de 2023

Hechos 16,11-15: Fundación de la Iglesia de Filipos

Hechos 16,11-15: Fundación de la Iglesia de Filipos

11 Nos embarcamos en Tróade llegamos rápidamente a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis; 
12 de allí a Filipos, la primera ciudad de la provincia de Macedonia, colonia romana. 
     Nos quedamos unos días en aquella ciudad.
13 Un sábado salimos por la puerta de la ciudad a la ribera de un río, donde pensábamos que habría 
     un lugar para orar. Nos sentamos y nos pusimos a conversar con unas mujeres. 
14 Nos escuchaba una mujer llamada Lidia, comerciante en púrpura en Tiatira y persona devota.
     El Señor le abrió el corazón para que prestara atención al discurso de Pablo. 
15 Se bautizó con toda su familia y nos rogaba: —Si me tienen por creyente en el Señor, 
     vengan a hospedarse a mi casa. Y nos insistía.


SOBRE EL MISMO TEMA:

domingo, 28 de agosto de 2022

El Bautismo en la Didajé

 


En la Didajé se encuentra información de valioso interés apologético porque se describen las prácticas católicas de bautizar tanto por inmersión[1] como por infusión[2]:

“Acerca del bautismo, bautizad de esta manera: Dichas con anterioridad todas estas cosas, bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo en agua viva [corriente]. Si no tienes agua viva, bautiza con otra agua; si no puedes hacerlo con agua fría, hazlo con caliente. Si no tuvieres una ni otra, derrama agua en la cabeza tres veces en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Antes del bautismo, ayunen el bautizante y el bautizando y algunos otros que puedan. Al bautizando, empero, le mandarás ayunar uno o dos días antes.” (Didaché 7,1-4)

Este texto es relevante porque algunas congregaciones protestantes afirman que sólo es válido el bautismo por inmersión. Argumentan que la palabra bautismo es una romanización (bapto o baptizo) cuyo significado es «lavar» o «sumergir», y eso implica que la forma de bautizar ha de ser de esa manera. De ahí que el bautismo por inmersión es el que se suele aplicar en comunidades eclesiales protestantes como las bautistas y evangélicas, además de algunas sectas como La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y los Testigos de Jehová. Sin embargo, el texto de la Didaché demuestra que para los primeros cristianos el significado de la palabra no establecía una manera fija para la administración del sacramento y que este podía variar de acuerdo a las circunstancias[3].

La Didaché también arroja mucha luz sobre la polémica relacionada con la formula de bautismal, sobre si en la Iglesia primitiva se bautizaba sólo en nombre de Jesús como se menciona en Hechos 2,38; 8,16; 10,48; 19,5, o en nombre de la Trinidad como Jesús ordena en Mateo 28,19. La Didaché también hace referencia al bautismo en nombre del Señor (Didaché 9) pero cuando indica las palabras a utilizar al momento de bautizar se dice que ha de hacerse en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo:

“Que nadie coma ni beba de vuestra acción de gracias, sino los bautizados en nombre del Señor…” (Didaché 9)

“…bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Didaché 7)

Esto apoya la tesis de que cuando en la Escritura se hace referencia al bautismo en nombre de Jesús lo que se hacía era hacer referencia de forma abreviada al bautismo en nombre de la Trinidad, diferenciándolo así de otros bautismos como el de Juan el bautista. También descarta el hecho de que la fórmula Trinitaria haya sido una interpolación tardía originada en el siglo IV, tal como han supuesto algunas sectas que rechazan la doctrina de la Trinidad[4].

Notas:

[1] El bautismo por inmersión se realiza sumergiendo totalmente al bautizado en el agua.
[2] El bautismo por infusión se realiza derramando agua sobre la cabeza.
[3] De la misma manera que en la Sagrada Escritura se observa que la forma de bautizar no siempre 
      pudo ser por inmersión. A este respecto se puede mencionar el hecho de que san Pablo parece ser 
      bautizado en una casa y de pie. En Hechos 22,16 se narra un bautismo en Jerusalén de 3000 
      personas en un mismo día, y dado que se trata de una ciudad que no cuenta con ningún rio se hace 
      difícil creer que se sumergiera esa cantidad de personas en algún estanque o algún poso donde se 
      tomara el agua para beber.
[5] Quienes han argumentado que la fórmula bautismal en nombre de las Tres Divinas Personas 
      mencionada en Mateo 28,19 es una interpolación tardía buscan apoyo en los escritos de Eusebio 
      de Cesárea, historiador de la Iglesia del siglo IV, haciendo notar que antes del Concilio de Nicea 
      (año 325) citaba Mateo 28,19 escribiendo “Haced discípulos a todas las gentes, bautizándolos 
      en mi nombre” y posteriormente comenzó a citar el texto como lo conocemos hoy. Sin embargo, 
      esto, más que probar que en la antigüedad se solía citar la Escritura de forma no textual, no tiene 
      fuerza con respecto a la evidencia documental en la que la totalidad de manuscritos bíblicos 
      existentes (incluyendo los más antiguos) se lee la fórmula completa: “…bautizándolos en el 
      nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Fuente: Apologética Católica, José Miguel Arráiz.

sábado, 23 de julio de 2022

Colosenses 2,12-14

Colosenses 2,12-14
Domingo de la 17 Semana del Tiempo Ordinario, Año C

Hermanos: Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo, y habéis resucitado con él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos. Estabais muertos por vuestros pecados, porque no estabais circuncidados; pero Dios os dio vida en él, perdonándoos todos los pecados. Borró el protocolo que nos condenaba con sus cláusulas y era contrario a nosotros; lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz.

sábado, 18 de junio de 2022

Hebreos 6,1-20:

Hebreos 6,1-20:

1 Por eso, dejando aparte la enseñanza elemental acerca de Cristo, 
   elevémonos a lo perfecto, sin reiterar los temas fundamentales del arrepentimiento 
   de las obras muertas y de la fe en Dios;
2 de la instrucción sobre los bautismos y de la imposición de las manos; 
   de la resurrección de los muertos y del juicio eterno.
3 Y así procederemos con el favor de Dios.
4 Porque es imposible que cuantos fueron una vez iluminados, 
   gustaron el don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo,
5 saborearon las buenas nuevas de Dios y los prodigios del mundo futuro,
6 y a pesar de todo cayeron, se renueven otra vez mediante la penitencia, 
   pues crucifican por su parte de nuevo al Hijo de Dios y le exponen a pública infamia.
7 Porque la tierra que recibe frecuentes lluvias y produce buena vegetación 
   para los que la cultivan participa de la bendición de Dios.
8 Por lo contrario, la que produce espinas y abrojos es desechada, y cerca está de la maldición, 
   y terminará por ser quemada.
9 Pero de vosotros, queridos, aunque hablemos así, esperamos cosas mejores 
   y conducentes a la salvación.
10 Porque no es injusto Dios para olvidarse de vuestra labor y del amor que habéis mostrado 
     hacia su nombre, con los servicios que habéis prestado y prestáis a los santos.
11 Deseamos, no obstante, que cada uno de vosotros manifieste hasta el fin la misma diligencia 
     para la plena realización de la esperanza,
12 de forma que no os hagáis indolentes, sino más bien imitadores de aquellos que, 
     mediante la fe y la perseverancia, heredan las promesas.
13 Cuando Dios hizo la Promesa a Abraham, no teniendo a otro mayor por quien jurar, 
     juró por sí mismo
14 diciendo: ¡Sí!, te colmaré de bendiciones y te acrecentaré en gran manera.
15 Y perseverando de esta manera, alcanzó la Promesa.
16 Pues los hombres juran por uno superior y entre ellos el juramento es la garantía 
     que pone fin a todo litigio.
17 Por eso Dios, queriendo mostrar más plenamente a los herederos de la Promesa 
     la inmutabilidad de su decisión, interpuso el juramento,
18 para que, mediante dos cosas inmutables por las cuales es imposible que Dios mienta, 
     nos veamos más poderosamente animados los que buscamos un refugio asiéndonos 
     a la esperanza propuesta,
19 que nosotros tenemos como segura y sólida ancla de nuestra alma, 
     y que penetra hasta más allá del velo,
20 adonde entró por nosotros como precursor Jesús, hecho, a semejanza de Melquisedec,
     Sumo Sacerdote para siempre.

jueves, 9 de junio de 2022

Hechos 22,1-21: Discurso de Pablo a los judíos de Jerusalén

Hechos 22,1-21: Discurso de Pablo a los judíos de Jerusalén

1 —Hermanos y padres, escuchen mi defensa. 
2 Al oír que les hablaba en hebreo, se estuvieron más quietos. Él dijo:

Hechos 22,3-16
25 de enero: Fiesta de la Conversión de San Pablo

3 —Soy judío, natural de Tarso de Cilicia, aunque educado en esta ciudad, instruido con toda exactitud 
   en la ley de nuestros antepasados, a los pies de Gamaliel, entusiasta de Dios como lo son todos 
   ustedes actualmente.
4 Yo perseguí a muerte a quienes seguían ese Camino, arrestando y metiendo en la cárcel a hombres y 
    mujeres, 
5 como pueden atestiguarlo el sumo sacerdote y el senado en pleno. De ellos recibí carta para los 
   hermanos y me puse en camino hacia Damasco para arrestar a los de allí y conducirlos a Jerusalén 
   para que fuesen castigados. 
6 Yendo de camino, cerca ya de Damasco, hacia el mediodía, de repente una luz celeste, intensa, 
   resplandeció en torno a mí. 
7 Caí en tierra y escuché una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? 
8 Contesté: ¿Quién eres, Señor? Contestó la voz: Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues. 
9 Los acompañantes veían la luz, pero no oían la voz del que hablaba conmigo. 
10 Yo le dije: ¿Qué debo hacer, Señor? Contestó el Señor: Levántate y ve a Damasco; allí te dirán lo 
     que debes hacer. 
11 Como no veía, deslumbrado por el brillo de aquella luz, los acompañantes me llevaron de la mano 
     y así llegué a Damasco. 
12 Un tal Ananías, hombre piadoso y observante de la ley, de buena reputación entre todos los judíos 
     de la ciudad, 
13 vino a visitarme, se presentó y me dijo: Hermano Saulo, recobra la vista. 
     En aquel momento pude verlo a él. 
14 Me dijo: El Dios de nuestros padres te ha destinado a conocer su designio, a ver al Justo 
     y a escuchar directamente su voz; 
15 porque serás su testigo ante todo el mundo de lo que has visto y oído. 
16 Por tanto no tardes: bautízate y lávate de los pecados invocando su nombre.

17 Cuando volví a Jerusalén, estando en oración en el templo, caí en éxtasis 
18 y vi al Señor que me decía: Sal pronto de Jerusalén, porque no van a aceptar tu testimonio acerca 
     de mí.
19 Repliqué: Señor, ellos saben que yo arrestaba a los que creían en ti y los azotaba en las sinagogas. 
20 También que, cuando se derramaba la sangre de tu testigo Esteban, yo estaba allí, aprobando 
     y guardando la ropa de los que lo mataban. 
21 Él me dijo: Ve, que yo te envío a pueblos lejanos.

jueves, 16 de agosto de 2018

Hechos 10,44-48: El bautismo de los primeros paganos

El bautismo de los primeros paganos
10:44 Mientras Pedro estaba hablando, el Espíritu Santo descendió sobre todos los que escuchaban la Palabra.
10:45 Los fieles de origen judío que habían venido con Pedro quedaron maravillados al ver que el Espíritu Santo era derramado también sobre los paganos.
10:46 En efecto, los oían hablar diversas lenguas y proclamar la grandeza de Dios. Pedro dijo:
10:47 "¿Acaso se puede negar el agua del bautismo a los que recibieron el Espíritu Santo como nosotros?"
10:48 Y ordenó que fueran bautizados en el nombre del Señor Jesucristo. Entonces le rogaron que se quedara con ellos algunos días.

domingo, 5 de agosto de 2018

Jn 3,22-31: El último testimonio de Juan el Bautista

3:22 Después de esto, Jesús fue con sus discípulos a Judea. Permaneció allí con ellos y bautizaba.
3:23 Juan seguía bautizando en Enón, cerca de Salim, porque había mucha agua en ese lugar y la gente acudía para hacerse bautizar.
3:24 Juan no había sido encarcelado todavía.
3:25 Se originó entonces una discusión entre los discípulos de Juan y un judío, acerca de la purificación.
3:26 Fueron a buscar a Juan y le dijeron: "Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán y del que tú has dado testimonio, también bautiza y todos acuden a él".
3:27 Juan respondió: "Nadie puede atribuirse nada que no haya recibido del cielo.
3:28 Ustedes mismos son testigos de que he dicho: "Yo no soy el Mesías, pero he sido enviado delante de él".
3:29 En las bodas, el que se casa es el esposo; pero el amigo del esposo, que esta allí y lo escucha, se llena de alegría al oír su voz. Por eso mi gozo es ahora perfecto.
3:30 Es necesario que él crezca y que yo disminuya.
3:31 El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra.

sábado, 17 de febrero de 2018

1 Pedro 3,18-22: Anuncio a los espíritus que estaban prisioneros

1 Pedro 3,18-22

Cristo murió una vez por nuestros pecados —siendo justo, padeció por los injustos— para llevarnos a Dios. Entregado a la muerte en su carne, fue vivificado en el Espíritu. Y entonces fue a hacer su anuncio a los espíritus que estaban prisioneros, a los que se resistieron a creer cuando Dios esperaba pacientemente, en los días en que Noé construía el arca. En ella, unos pocos —ocho en total— se salvaron a través del agua. Todo esto es figura del bautismo, por el que ahora ustedes son salvados, el cual no consiste en la supresión de una mancha corporal, sino que es el compromiso con Dios de una conciencia pura, por la resurrección de Jesucristo, que está a la derecha de Dios, después de subir al cielo y de habérsele sometido los Ángeles, las Dominaciones y las Potestades.

SOBRE EL MISMO TEMA:

domingo, 17 de septiembre de 2017

Col 2,4-15: Advertencia contra los errores

Col 2,4-15

2:4 Los pongo sobre aviso para que nadie los engañe con sofismas.
2:5 Aunque ausente con el cuerpo, estoy presente en espíritu, y me alegro al ver el orden que reina entre ustedes y la firmeza de la fe que tienen en Cristo.
2:6 Vivan en Cristo Jesús, el Señor, tal como ustedes lo han recibido,
2:7 arraigados y edificados en él, apoyándose en la fe que les fue enseñada y dando gracias constantemente.
2:8 No se dejen esclavizar por nadie con la vacuidad de una engañosa filosofía, inspirada en tradiciones puramente humanas y en los elementos del mundo, y no en Cristo.
2:9 Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad,
2:10 y ustedes participan de esa plenitud de Cristo, que es la Cabeza de todo Principado y de toda Potestad.
2:11 En él fueron circuncidados, no por mano de hombre, sino por una circuncisión que los despoja del cuerpo carnal, la circuncisión de Cristo.
2:12 En el bautismo, ustedes fueron sepultados con él, y con él resucitaron, por la fe en el poder de Dios que lo resucitó de entre los muertos.
2:13 Ustedes estaban muertos a causa de sus pecados y de la incircuncisión de su carne, pero Cristo los hizo revivir con él, perdonando todas nuestras faltas.
2:14 Él canceló el acta de condenación que nos era contraria, con todas sus cláusulas, y la hizo desaparecer clavándola en la cruz.
2:15 En cuanto a los Principados y a las Potestades, los despojó y los expuso públicamente a la burla, incorporándolos a su cortejo triunfal.

sábado, 19 de agosto de 2017

Mt 19,13-15: No se lo impidan

Mt 19,13-15

En aquel tiempo, le acercaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y rezara por ellos, pero los discípulos los regañaban. Jesús dijo: «Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos.» Les impuso las manos y se marchó de allí.

— Comentario de Reflexiones Católicas
"No se lo impidan"

El evangelista Mateo nos ha ofrecido ya otra escena en la que aparece Jesús con los niños (cf. 18,1-5). En aquella ocasión los niños entran en escena para simbolizar la actitud que deben tener los que desean pertenecer al reino. Y la cualidad esencial que en ellos se destaca es la humildad, la impotencia frente a la vida, la necesidad que tienen de sus padres...

Todo ello debe poner de relieve la actitud del ser humano frente al reino, ante el cual todos nos hallamos en la misma situación de imposibilidad, de impotencia, de mendicidad: de Dios nace la iniciativa y su gracia se derrama sobre el ser humano cuando éste se siente así de pequeño; como es en realidad.

La mención de los niños ahora es diferente, aunque Adrian Leske, exegeta canadiense, piensa que este pequeño interludio está colocado aquí deliberadamente, antes de la historia del joven rico, como recordatorio de que sólo se puede entrar en el reino por la humildad. Los peregrinos, que habían sido testigos de las curaciones de Jesús, quieren que bendiga a sus hijos, pero los discípulos parecen haber olvidado la lección que el Maestro les había dado antes acerca de la grandeza en el reino (18,1-4).

O. Cullmann en su estudio sobre el bautismo en el nuevo testamento ha descubierto la clave de interpretación de este pasaje en la palabra de Jesús: “No se lo impidan”. Sería una expresión técnica en relación con el bautismo (3,14; Hech 8,36; 10,47). La sentencia de Jesús justificaría así el bautismo que era concedido a los niños. El Bautismo como la puerta de entrada en el reino. La discusión sobre si el bautismo debía concederse o no a los niños estaría zanjada así desde las palabras de Jesús.

Por otra parte, la bendición que Jesús da no tiene nada de mágico. Su bendición se halla en relación con el reino: Dios se da incluso a los más pequeños y a los que se hacen como ellos. La bendición propia del reino es todo lo contrario a la maldición y Jesús aparece en los evangelios como el superador de toda maldición, el vencedor de Satanás (4,1ss; 6,13).

El punto de este episodio es distinto al de otros momentos en que los niños entran en escena. Lo característico de la mención de los niños en esta ocasión no es su funcionalidad o ejemplarismo, sino su significado personal. Se trata de que ellos, por sí mismos, están entre los primeros en entrar en el Reino de los Cielos.

El rito de la imposición de manos y la bendición de los niños era común en la época. Lo hacían los padres, pero se pedía también la bendición de los rabinos. En esta ocasión acuden a Jesús con los niños, para que los bendiga.

La acción de los discípulos de impedir que los niños se acercaran a Jesús muestra la incomprensión de éstos al ministerio de Cristo. En la antigüedad (y en muchas partes en la actualidad) los niños no eran considerados seres significativos en la sociedad. Jesús por el contrario los hace los privilegiados para obtener el reino de Dios, los incluye en la vida de la comunidad cristiana. Tienen su lugar y su misión.

Con esto incluye y privilegia dentro de la comunidad a los marginados, despreciados, desconocidos y excluidos de la convivencia humana. ¡De éstos es el Reino de los cielos!. La Iglesia y nuestra asamblea litúrgica no debe excluir a nadie pues perdería su característica de católica, de universalidad de salvación.

“Estos pequeños” están y deben estar al centro de la familia, de la Iglesia y de la sociedad. Se les debe respeto, justicia, cuidado y amor pues tienen dignidad como personas; tienen derechos que deben ser defendidos: la vida, la salud, adecuadas condiciones de vida, integridad física y afectiva; derecho a la verdad, a la educación, a la diversión; derecho a conocer y amar a Dios. Quien acoge a uno de estos pequeños acoge a Jesús. ¡Ay de aquél que le impida a los otros ir a Jesús!

Muchas veces nos exhorta Jesús a la infancia espiritual, porque ella es el camino único para llegar a El (18,3). Santa Teresa del Niño Jesús extrajo esta espiritualidad como esencia del Evangelio y Benedicto XV la llama "el secreto de la santidad". 

sábado, 1 de julio de 2017

Romanos 6,1-11: Identificación con Cristo por el bautismo

Romanos 6,1-11
   Rm 6,3-11
   Vigilia Pascual
   Domingo 13 del Tiempo Ordinario, ciclo A

6:1 ¿Qué diremos entonces? ¿Que debemos seguir pecando para que abunde la gracia?
6:2 ¡Ni pensarlo! ¿Cómo es posible que los que hemos muerto al pecado sigamos viviendo en él?
6:3 ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte?
6:4 Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.
6:5 Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección.
6:6 Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado.
6:7 Porque el que está muerto, no debe nada al pecado.
6:8 Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él.
6:9 Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él.
6:10 Al morir, él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios.
6:11 Así también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

sábado, 27 de mayo de 2017

Mateo 28,16-20: Id y haced discípulos de todos los pueblos

Mateo 28,16-20
Domingo de la Ascensión del Señor  
Santísima Trinidad, Año B  (28,18-20)

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, paro algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: "Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo."

martes, 23 de mayo de 2017

Hechos 16,25-34: La conversión del carcelero

16,25-34: La conversión del carcelero

25 A media noche Pablo y Silas recitaban un himno a Dios, mientras los demás presos escuchaban. 
26 De repente sobrevino un terremoto que sacudió los cimientos de la prisión. 
     En ese instante se abrieron todas las puertas y se les soltaron las cadenas a los prisioneros. 
27 El carcelero se despertó, y al ver las puertas abiertas, empuñó la espada para matarse, 
     creyendo que se habían escapado los presos. 
28 Pero Pablo le gritó muy fuerte: —¡No te hagas daño, que estamos todos aquí! 
29 El carcelero pidió una antorcha, temblando corrió adentro y se echó a los pies de Pablo y Silas.
30 Los sacó afuera y les dijo: —Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme? 
31 Ellos le contestaron: —Cree en el Señor Jesús y te salvarás, tú con tu familia. 
32 Enseguida le anunciaron a él y a toda la familia el mensaje del Señor. 
33 Todavía de noche se los llevó, les lavó las heridas y se bautizó con toda su familia. 
34 Después los llevó a su casa, les ofreció una comida y festejó con toda la casa el haber creído en Dios. 

sábado, 20 de mayo de 2017

Hechos 8,4-25: Felipe en Samaria


4 Los que se habían dispersado iban por todas partes anunciando la Palabra.
5 Felipe descendió a la ciudad de Samaría y allí predicaba a Cristo.
6 Al oírlo y al ver los milagros que hacía, todos recibían unánimemente las palabras de Felipe.
7 Porque los espíritus impuros, dando grandes gritos, salían de muchos que estaban poseídos, 
   y buen número de paralíticos y lisiados quedaron curados.
8 Y fue grande la alegría de aquella ciudad.

Simón el mago

9 Desde hacía un tiempo, vivía en esa ciudad un hombre llamado Simón, 
   el cual con sus artes mágicas tenía deslumbrados a los samaritanos y pretendía ser un gran personaje.
10 Todos, desde el más pequeño al más grande, lo seguían y decían: 
     "Este hombre es la Fuerza de Dios, esa que es llamada Grande".
11 Y lo seguían, porque desde hacía tiempo los tenía seducidos con su magia.
12 Pero cuando creyeron a Felipe, que les anunciaba la Buena Noticia del Reino de Dios 
     y el nombre de Jesucristo, todos, hombres y mujeres, se hicieron bautizar.
13 Simón también creyó y, una vez bautizado, no se separaba de Felipe. 
     Al ver los signos y los grandes prodigios que se realizaban, él no salía de su asombro.
14 Cuando los Apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que los samaritanos habían recibido 
     la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan.
15 Estos, al llegar, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo.
16 Porque todavía no había descendido sobre ninguno de ellos, 
     sino que solamente estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús.
17 Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo.
18 Al ver que por la imposición de las manos de los Apóstoles se confería el Espíritu Santo, 
     Simón les ofreció dinero,
19 diciéndoles: "Les ruego que me den ese poder a mí también, 
     para que aquel a quien yo imponga las manos reciba el Espíritu Santo".
20 Pedro le contestó: "Maldito sea tu dinero y tú mismo, 
     porque has creído que el don de Dios se compra con dinero.
21 Tú no tendrás ninguna participación en ese poder, porque tu corazón no es recto a los ojos de Dios.
22 Arrepiéntete de tu maldad y ora al Señor: quizá él te perdone este mal deseo de tu corazón,
23 porque veo que estás sumido en la amargura de la hiel y envuelto en los lazos de la iniquidad".
24 Simón respondió: "Rueguen más bien ustedes al Señor, 
     para que no me suceda nada de lo que acabas de decir".
25 Y los Apóstoles, después de haber dado testimonio y predicado la Palabra del Señor, 
     mientras regresaban a Jerusalén, anunciaron la Buena Noticia a numerosas aldeas samaritanas.


SOBRE EL MISMO TEMA:

martes, 28 de marzo de 2017

Juan 5,1-3.5-16: Jesus introduce al pueblo de Israel en la tierra de la promesa

Juan 5,1-3.5-16 

En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: "¿Quieres quedar sano?" El enfermo le contestó: "Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado." Jesús le dice: "Levántate, toma tu camilla y echa a andar." Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: "Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla." El les contestó: "El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar." Ellos le preguntaron: "¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?" Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: "Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor." Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

— Comentario por Reflexiones Católicas

Los restos arqueológicos testifican que realmente había una piscina al noroeste de Jerusalén, a la que se le atribuían poderes curativos en conexión con cierto movimiento de las aguas, que la creencia popular atribuía a un ángel. ¿Se trataba de una corriente de agua que alimentaba de vez en cuando la piscina? ¿Había una fuente intermitente? La piscina estaba, sin duda, edificada sobre una fuente de aguas medicinales en el barrio norte de Jerusalén.

Entre los enfermos que esperan hay uno que lleva 38 años aguardando su oportunidad. Cuando Juan ofrece datos numéricos de este estilo, hay que suponer una intención profunda. Son muchos años. Muy probablemente el evangelista hace alusión a los 38 años de peregrinación del pueblo de Dios por el desierto. Los 38 años fueron añadidos a los dos que llevaba peregrinando como castigo (Dt 2,14), hasta que desapareciesen todos los hombres de aquella generación.

Así, pues, el paralítico de la piscina simboliza al pueblo de Israel que, después de larga peregrinación, encontraría en Jesús al salvador que lo introdujese en la tierra de la promesa. Después de 38 años de espera “desesperanzada” había llegado el cumplimiento de la promesa. A pesar de todo, el paralítico, el pueblo de Israel, no llega a la fe. Es Jesús quien tiene que tomar la iniciativa (Jn 5,6).

Juan, como en el caso del ciego “de nacimiento” y de la muerte de Lázaro, pone a Jesús ante una situación desesperada, para destacar mejor su poder divino por encima de los límites humanos. El relato viene a proclamar que no es ya el agua de la fuente la que tiene el poder curativo para rehabilitar al hombre, sino la persona misma del Hombre-Dios, depositario eficaz de la vitalidad del agua viva.

Cuaresma es tiempo oportuno para revivir el bautismo. En la solemne Vigilia del sábado santo tendrá lugar su gran conmemoración y la renovación de las promesas bautismales. Cuaresma es como unos ejercicios que preparan para hacer esta renovación con todo compromiso. Por eso las lecturas bíblicas tienen referencias bautismales.

Las antiguas piscinas bautismales con más expresividad y las modernas con menos evocan y superan el poder sanador de la piscina de Betesda. Como afirmaban los Santos Padres, haciendo un juego de palabras, la piscina o pila bautismal es, al mismo tiempo, “shema” y “shoma”, es decir, “cuna” y “sepulcro”: cuna del hombre nuevo y sepultura del hombre viejo.

El bautismo alumbra en el corazón del cristiano una fuente de agua viva que salta hasta la vida eterna (Jn 4,14). Todo bautizado ha de sumergirse en esa fuente sacramental para no incurrir en la parálisis o para recuperarse de ella.

Es lamentable el poco relieve que tiene en la vida del cristiano actual el bautismo como fuente de espiritualidad. Muchos cristianos ni saben el día en que fueron bautizados y otros muchos ni el lugar. Muchos peregrinos sienten una profunda emoción al conmemorar su bautismo en el Jordán, donde Jesús fue bautizado; en realidad tan fecunda puede resultar la conmemoración en el propio templo parroquial en que fuimos bautizados.

Algunos Padres Conciliares en el Vaticano II proponían que se institucionalizase un proceso catequético en orden a la ratificación por parte de los jóvenes de su bautismo, para que verificaran personalmente la opción bautismal. Es lamentable que no se haya puesto en práctica la iniciativa.

Los signos bautismales constituyen una catequesis simbólica, elocuente, conmovedora y comprometedora; ella ha de inspirar una espiritualidad que ahuyenta la mediocridad. Los signos ponen de relieve lo que somos y el camino que hemos de seguir.

El bautismo supone una inmersión en el misterio pascual de Jesús: “Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Aquí empieza el misterio. Por el bautismo entramos a formar parte de la Familia divina, como hijos del Padre, hermanos del Hijo y templos del Espíritu; y entramos a formar parte de la comunidad eclesial, icono de la Trinidad: “La comunidad cristiana te recibe con gran alegría. Entras a formar parte del pueblo de Dios y eres para siempre “miembro de Cristo, sacerdote, profeta y rey”. La imposición del vestido blanco es signo de que el cristiano ha de “revestirse de Cristo”. Esto implica “renunciar” al estilo de vida y a los criterios opuestos al Evangelio, “estar en el mundo sin ser del mundo” (Jn 17,15).

La unción con el óleo evoca la presencia del Espíritu en la lucha contra las agresiones del mal. Esto es lo que significa también la inmersión, en que propiamente consiste el rito bautismal: “ahogamiento del hombre de pecado” (Col 2,3). Una vez liberados del pecado somos enviados al mundo para ser sal, fermento y luz (Mt 5,13-15): “Recibe la luz de Cristo.

La unción con el crisma nos consagra sacerdotes, reyes y profetas para ser testigos del Señor y trabajar por el crecimiento de su Reino en comunión con la comunidad cristiana. El bautizado recibe la imposición del signo de la cruz para que, como Pablo, “no se gloríe sino en ella” (Gá 6,14); ello significa el compromiso de vivir la dinámica pascual de entregar la vida para multiplicarla, como el grano de trigo (Jn 12,24).

Por tanto, el bautismo no puede reducirse a un rito para “lavarse del pecado original” e introducirse en la Iglesia. Los signos bautismales son Palabra viva de Dios, que “significan” la dignidad del cristiano y expresan su misión en la Iglesia y en el mundo. En el bautismo, vivido y revivido, Cristo, agua viva, nos desentumece y rehabilita; por eso hay que volver a él constantemente. Quien vive la espiritualidad bautismal, goza de una vida desbordante y fecunda.

viernes, 17 de marzo de 2017

La Cuaresma y el Bautismo


Toda la Cuaresma apunta a la Noche de Pascua, cuando se bautizan los catecúmenos y todos los bautizados renovamos de manera solemne las promesas bautismales.

En el transcurso de la cuarentena, en varios momentos, las lecturas bíblicas evocan de manera simbólica el bautismo. Siempre que aparece alguna escena con referencias al agua y a la purificación se puede interpretar desde la perspectiva bautismal.

El profeta Isaías inicia sus llamadas a la conversión justamente con la referencia a la necesidad de lavarse como gesto purificador: “Lavaos, purificaos, apartad de mi vista | vuestras malas acciones. | Dejad de hacer el mal”.

El salmo penitencial por excelencia cita expresamente el rito de la purificación: “Misericordia, Dios mío, por tu bondad, | por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, | limpia mi pecado” (Sal 50).

Juan Bautista predicaba un bautismo de penitencia a la manera de los ritos purificadores de los profetas. Por el bautismo de Jesús las aguas quedan purificadas, y ahora quienes recibimos la gracia sacramental, no solo quedamos limpios de culpa, sino que además nos convertimos en hijos de Dios.

En el rito bautismal, sobre todo cuando se hace por inmersión, como en la iglesia Ortodoxa, se simboliza el nuevo nacimiento, pues el nuevo cristiano participa de los méritos de la Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

El bautismo nos introduce en la corriente de la gracia que brota del costado del Salvador, nos limpia y perdona los pecados, nos concede pertenecer a la familia de Dios, nos agrega a la comunión de todos los santos, nos injerta en el árbol frondoso de la Iglesia, nos permite sentarnos a la mesa de los hijos de Dios, nos reviste con el traje de gala, con el vestido sagrado, nos unge y cristifica, nos abre los ojos de la fe, nos permite gustar la pertenencia a la comunidad de los fieles y formar parte del Pueblo de Dios, nos convierte en templos santos, en personas habitadas por el Espíritu Santo. Por la gracia bautismal no es pretencioso llamar a Dios “¡Papá!”

El bautismo nos da hermanos en la fe y la vocación a la santidad. Gracias al sacramento de iniciación nos identificamos como discípulos de Jesús, y nos convertimos en testigos de su resurrección. Es un privilegio inmerecido haber sido bautizado en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; con ello se nos ha hecho capaces de recibir, según el don que se nos otorga, la confirmación en la fe, el pan santo, el ministerio ordenado, la consagración personal o el vínculo matrimonial.

Autor: Ángel Moreno
ciudadredonda.org