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lunes, 18 de julio de 2022

Números 5,11-31: El rito de probar la infidelidad de la mujer

Números 5,11-31:
El rito de probar la infidelidad de la mujer

11 Luego el Señor dijo a Moisés:
12 Habla en estos términos a los israelitas: 
     Cuando una mujer se aparta del camino y es infiel a su esposo,
13 teniendo relaciones con otro hombre, y su marido no llega a enterarse, 
     porque ella se deshonró ocultamente, y no hay testigos ni fue sorprendida en el acto;
14 si el hombre tiene un arrebato de celos y siente celos de su mujer, 
     que realmente se ha deshonrado; o bien, si un hombre siente celos de mujer, 
     a pesar de que ella es inocente:
15 en esos casos, el hombre presentará su mujer al sacerdote y entregará como ofrenda por ella 
     la décima parte de una medida de harina de cebada. Pero no derramará aceite sobre esa ofrenda 
     ni le añadirá incienso, porque se trata de una oblación motivada por los celos, de una oblación 
     conmemorativa, que debe recordar un delito.
16 El sacerdote hará acercar a la mujer y la hará comparecer delante del Señor.
17 Luego recogerá con agua consagrada en un recipiente de barro, 
     y echará sobre el agua un poco de polvo, tomado el suelo de la Morada.
18 Una vez que haya puesto a la mujer delante del Señor, le descubrirá la cabeza y colocará en sus 
     manos la oblación conmemorativa, es decir, la oblación motivada por los celos. 
     El sacerdote, por su parte, tendrá en sus manos las aguas amargas, portadoras de maldición.
19 Luego el sacerdote deberá conjurar a la mujer, diciéndole: 
     «Si desde que estás bajo la potestad de tu marido ningún hombre se ha acostado contigo, 
     si no te has apartado del buen camino ni te has deshonrado, que estas aguas amargas, 
     portadores de maldición, no te hagan ningún daño.
20 Pero si te has apartado del buen camino mientras estabas bajo la potestad de tu marido, 
     si te has deshonrado, y si un hombre que no es tu esposo ha tenido relaciones contigo
21 –aquí el sacerdote deberá conjurar a la mujer con el juramente imprecatorio– 
     que el Señor haga de ti un ejemplo de maldición e imprecación en medio de tu pueblo, 
     volviéndote estéril e hinchando tu vientre.
22 Que estas aguas portadores de maldición penetren en tus entrañas, 
     para que se hinche tu vientre y te vuelvas estéril». Y la mujer responderá: «Amén, amén».
23 Entonces el sacerdote consignará por escrito estas maldiciones y las disolverá en las aguas amargas.
24 El se las hará beber a la mujer, para que las aguas portadores de maldición entren en ella 
     y le provoquen amargura.
25 En seguida el sacerdote tomará de manos de la mujer la oblación motivada por los celos, 
     hará el gesto de presentación delante del Señor, y la llevará hasta el altar.
26 Luego tomará de la ofrenda un puñado, como memorial, y lo hará arder sobre el altar. 
     Finalmente, hará que la mujer beba esas aguas.
27 Después de darle a beber el agua, si la mujer se ha deshonrado siendo infiel a su marido, 
     las aguas que entren en ella le provocarán amargura; su vientre se hinchará y ella se volverá estéril. 
     Así la mujer quedará como ejemplo de maldición en medio de su pueblo.
28 Pero si no se ha deshonrado y es pura, quedará inmune y podrá tener hijos.
29 Este es el ritual para los casos de celos, cuando una mujer se ha desviado y deshonrado 
     mientras está bajo la potestad de su marido,
30 o cuando un hombre ha tenido un arrebato de celos y siente celos de su esposa. 
     En estos casos, el marido la hará comparecer delante del Señor, 
     y el sacerdote le aplicará íntegramente este ritual.
31 El marido quedará libre de culpa, y la mujer cargará con la suya.

martes, 12 de julio de 2022

Isaías 54,1-17: Fecundidad de la estéril y reconstrucción de Jerusalén

Fecundidad de la estéril


1 Canta de gozo, la estéril que no dabas a luz; rompe a cantar de júbilo, la que no tenías dolores; 
   porque la abandonada tendrá más hijos que la casada –dice el Señor–. 
2 Ensancha el espacio de tu tienda, despliega sin miedo tus lonas, alarga tus cuerdas, 
   clava bien tus estacas; 
3 porque te extenderás a derecha e izquierda, tu descendencia heredará naciones 
   y poblará ciudades desiertas. 
4 No temas, no tendrás que avergonzarte, no te sonrojes, no te afrentarán; 
   olvidarás la vergüenza de tu soltería, ya no recordarás el desprecio de tu viudez. 


5 Porque el que te hizo te toma por esposa: su Nombre es Señor Todopoderoso. 
   Tu redentor es el Santo de Israel, se llama Dios de toda la tierra.
6 Como a mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor; como a esposa de juventud, 
   repudiada –dice tu Dios–. 
7 Por un instante te abandoné, pero con gran cariño te recogeré. 
8 En un arrebato de ira te escondí un instante mi rostro, pero con lealtad eterna te quiero 
   –dice el Señor, tu redentor–. 
9 Me sucede como en tiempo de Noé: juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra; 
   así juro no enojarme contra ti ni reprocharte. 
10 Aunque se retiren los montes y vacilen las colinas, 
     no te retiraré mi lealtad ni mi alianza de paz vacilará –dice el Señor, que te quiere–.

Reconstrucción de Jerusalén

11 ¡Oh afligida, zarandeada, desconsolada! Mira, yo mismo te coloco piedras de azabache, 
     te cimento con zafiros, 
12 te pongo almenas de rubí, y puertas de esmeralda, y muralla de piedras preciosas. 
13 Tus hijos serán discípulos del Señor, tendrán gran paz tus hijos. 
14 Tendrás firme asiento en la justicia; quedará lejos la opresión, y no tendrás que temer, y el terror, 
     que no se te acercará. 
15 Si alguno te asedia, no es de parte mía; si lucha contigo, caerá frente a ti. 
16 Yo he creado al herrero que aviva las brasas y saca una herramienta, 
     y yo he creado al devastador funesto:
17 ningún arma forjada contra ti dará resultado; y a la lengua que te acuse en juicio le probarás 
     que es culpable. Ésta es la herencia de los siervos del Señor, yo soy su vengador 
     –oráculo del Señor–

Isaías 49,14-26: Consuelo de Sión

Consuelo de Sión

14–Decía Sión: Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado.
15–¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? 
      Pero, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré. 
16 Mira, en mis palmas te llevo tatuada, tus muros están siempre ante mí; 
17 los que te construyen van más aprisa que los que te destruían, los que te arrasaban se alejan de ti. 
18 Levanta los ojos  a tu alrededor y mira: todos se reúnen para venir a ti; 
     por mi vida –oráculo del Señor–, a todos los llevarás como vestido precioso, 
     serán tu cinturón de novia.
19 Porque tus ruinas, tus escombros, tu país desolado, resultarán estrechos para tus habitantes, 
     mientras se alejarán los que te devoraban. 
20 Los hijos que dabas por perdidos te dirán otra vez: Mi lugar es estrecho, hazme sitio para habitar. 
21 –Pero tú te preguntarás: ¿Quién me engendró a éstos? Yo, sin hijos y estéril, ¿quién los ha criado? 
     Me habían dejado sola, ¿de dónde vienen éstos?
22 –Esto dice el Señor: Mira, con la mano hago seña a las naciones, alzo mi estandarte para los pueblos: 
     traerán a tus hijos en brazos, a tus hijas las llevarán al hombro. 
23 Sus reyes serán tus tutores; sus princesas, tus niñeras; 
     rostro en tierra te rendirán homenaje, lamerán el polvo de tus pies, y sabrás que yo soy el Señor, 
     que no defraudo a los seres que esperan en mí. 
24 –Pero, ¿se le puede quitar la presa a un soldado, se le escapa su prisionero a un tirano? 
25 –Esto responde el Señor: Si a un soldado le quitan su prisionero y la presa se le escapa a un tirano, 
     yo mismo defenderé tu causa, yo mismo salvaré a tus hijos. 
26 Haré a tus opresores comerse su propia carne, se embriagarán de su sangre como de vino; 
     y sabrá todo el mundo que yo soy el Señor, tu salvador, y que tu redentor es el Fuerte de Jacob.

sábado, 15 de julio de 2017

Génesis 30,1-24: Los hijos de Jacob

30:1 Vio Raquel que no daba hijos a Jacob, y celosa de su hermana dijo a Jacob: "Dame hijos, o si no me muero."
30:2 Jacob se enfadó con Raquel y dijo: ¿Estoy yo acaso en el lugar de Dios, que te ha negado el fruto del vientre?"
30:3 Ella dijo: "Ahí tienes a mi criada Bilhá; únete a ella y que dé a luz sobre mis rodillas: así también yo ahijaré de ella."
30:4 Le dio, pues, a su esclava Bilhá por mujer; y Jacob se unió a ella.
30:5 Concibió Bilhá y dio a Jacob un hijo.
30:6 Y dijo Raquel: "Dios me ha hecho justicia, pues ha oído mi voz y me ha dado un hijo." Por eso le llamó Dan.
30:7 Otra vez concibió Bilhá, la esclava de Raquel, y dio a Jacob un segundo hijo.
30:8 Y dijo Raquel: "Dios me ha hecho luchar contra mi hermana, pero he vencido"; y le llamó Neftalí.
30:9 Viendo Lía que había dejado de dar a luz, tomó a su esclava Zilpá, y se la dio a Jacob por mujer.
30:10 Y Zilpá, la esclava de Lía, dio a Jacob un hijo.
30:11 Lía dijo: "¡Enhorabuena!" Y le llamó Gad.
30:12 Zilpá, la esclava de Lía, dio a Jacob un segundo hijo,
30:13 y dijo Lía: "¡Feliz de mí! pues me felicitarán las demás." Y le llamó Aser.
30:14 Una vez fue Rubén, al tiempo de la siega del trigo, y encontró en el campo unas mandrágoras que trajo a su madre Lía. Y dijo Raquel a Lía ""¿Quieres darme las mandrágoras de tu hijo?"
30:15 Respondióle: "¿Es poco haberte llevado mi marido, que encima vas a llevarte las mandrágoras de mi hijo?" Dijo Raquel: "Bueno: que se acueste contigo Jacob esta noche, a cambio de las mandrágoras de tu hijo."
30:16 A la tarde, cuando Jacob volvió del campo, sale Lía a su encuentro y le dice: "Tienes que venir conmigo porque he pagado por ti unas mandrágoras de mi hijo." Y él se acostó con ella aquella noche.
30:17 Dios oyó a Lía, que concibió y dio un quinto hijo a Jacob.
30:18 Y dijo Lía: "Dios me ha dado mi recompensa, a mí, que tuve que dar mi esclava a mi marido." Y le llamó Isacar.
30:19 Lía concibió otra vez y dio el sexto hijo a Jacob.
30:20 Y dijo Lía: "Me ha hecho Dios un buen regalo. Ahora sí que me apreciará mi marido, pues le he dado seis hijos." Y le llamó Zabulón.
30:21 Después dio a luz una hija a la que llamó Dina.
30:22 Entonces se acordó Dios de Raquel. Dios la oyó y abrió su seno,
30:23 y ella concibió y dio a luz un hijo. Y dijo: "Ha quitado Dios mi afrenta."
30:24 Y le llamó José, como diciendo: "Añádame el Señor otro hijo."

jueves, 16 de febrero de 2017

Lucas 1,5-25: Anuncio del nacimiento de Juan Bautista

Lucas 1,5-25
19 de diciembre  

En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón llamada Isabel. Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada. Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según el ritual de los sacerdotes, le tocó a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor.

Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos israelitas al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacía los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto.»

Zacarías replicó al ángel: «¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada.»

El ángel le contestó: «Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado a hablarte para darte esta buena noticia. Pero mira: te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento.»

El pueblo estaba aguardando a Zacarías, sorprendido de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo. Al cumplirse los días de su servicio en el templo volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir cinco meses, diciendo: «Así me ha tratado el Señor cuando se ha dignado quitar mi afrenta ante los hombres.»

SOBRE EL MISMO TEMA:
Biblia en imágenes 














Comentarios:
Edward P. Sri  
Hermelindo Fernández, OP
Monasterio de Santa Ana (Dominicas)
Orden Carmelita   

domingo, 10 de enero de 2016

1 Samuel 1,1-8: Tristeza de Ana porque "el Señor la habia hecho estéril"

1 Samuel 1,1-8
Lunes de la 1 Semana del Tiempo Ordinario, Año II

Había un hombre sufita oriundo de Ramá, en la serranía de Efraím, llamado Elcaná, hijo de Yeroján, hijo de Elihú, hijo de Toju, hijo de Suf, efraimita. Tenía dos mujeres: una se llamaba Ana y la otra Fenina; Fenina tenía hijos, y Ana no los tenía. Aquel hombre solía subir todos los años desde su pueblo para adorar y ofrecer sacrificios al Señor de los ejércitos en Siló, donde estaban de sacerdotes del Señor los dos hijos de Elí, Jofní y Finés. Llegado el día de ofrecer el sacrificio, repartía raciones a su mujer Fenina para sus hijos e hijas, mientras que a Ana le daba sólo una ración; y eso que la quería, pero el Señor la había hecho estéril. Su rival la insultaba, ensañándose con ella para mortificarla, porque el Señor la había hecho estéril. Así hacía año tras año; siempre que subían al templo del Señor, solía insultarla así. Una vez Ana lloraba y no comía. Y Elcaná, su marido, le dijo: "Ana, ¿por qué lloras y no comes?, ¿por qué te afliges? ¿No te valgo yo más que diez hijos?"

SOBRE EL MISMO TEMA:
Orígenes del profeta Samuel  

lunes, 13 de enero de 2014

1 Samuel 1,9-20: "Mientras el sacerdote Elí estaba sentado en su silla junto a la puerta del templo del Señor (...) Si concedes a tu esclava un hijo varón, se lo ofreceré al Señor para toda la vida y la navaja no pasará por su cabeza"

1 Samuel 1,9-20
Martes de la 1 semana del tiempo ordinario (ciclo 2),

En aquellos días, después de la comida en Siló, mientras el sacerdote Elí estaba sentado en su silla junto a la puerta del templo del Señor, Ana se levantó y, desconsolada, rezó al Señor deshaciéndose en lágrimas e hizo este voto: "Señor de los ejércitos, si te dignas mirar la aflicción de tu esclava, si te acuerdas de mí y no me olvidas, si concedes a tu esclava un hijo varón, se lo ofreceré al Señor para toda la vida y la navaja no pasará por su cabeza". Mientras repetía su oración al Señor, Elí la observaba. Ana hablaba para sus adentros: movía los labios, sin que se oyera su voz. Elí, creyendo que estaba borracha, le dijo: "¿Hasta cuándo vas a seguir borracha? Devuelve el vino que has bebido". Ana respondió: "No es eso, señor; no he bebido vino ni licores; lo que pasa es que estoy afligida y me desahogo con el Señor. No me tengas por una mujer perdida, que hasta ahora he hablado movida por mi gran desazón y pesadumbre". Entonces dijo Elí: "Vete en paz. Que el Señor de Israel te conceda lo que le has pedido". Y ella respondió: "Que tu sierva halle gracia ante ti". La mujer se marchó, comió, y se transformó su semblante. A la mañana siguiente madrugaron, adoraron al señor y se volvieron. Llegados a su casa de Ramá, Elcaná se unió a su mujer, Ana, y el Señor se acordó de ella. Ana concibió, dio a luz un hijo y le puso de nombre Samuel, diciendo: "¡Al Señor se lo pedí!"

1 Samuel 1,1-8: "Tenía dos mujeres: Fenina tenía hijos, y Ana no los tenía. Aquel hombre solía subir todos los años desde su pueblo para adorar y ofrecer sacrificios al Señor de los ejércitos en Siló, donde estaban de sacerdotes del Señor (...) Llegado el día de ofrecer el sacrificio, repartía raciones a su mujer Fenina para sus hijos e hijas, mientras que a Ana le daba sólo una ración; y eso que la quería, pero el Señor la había hecho estéril (...) Su rival la insultaba, ensañándose con ella para mortificarla, porque el Señor la había hecho estéril (...) Ana, ¿por qué lloras y no comes?, ¿por qué te afliges?"

1 Samuel 1, 1-8
Lunes de la 1 semana del tiempo ordinario (ciclo 2),

Había un hombre sufita oriundo de Ramá, en la serranía de Efraím, llamado Elcaná, hijo de Yeroján, hijo de Elihú, hijo de Toju, hijo de Suf, efraimita. Tenía dos mujeres: una se llamaba Ana y la otra Fenina; Fenina tenía hijos, y Ana no los tenía. Aquel hombre solía subir todos los años desde su pueblo para adorar y ofrecer sacrificios al Señor de los ejércitos en Siló, donde estaban de sacerdotes del Señor los dos hijos de Elí, Jofní y Finés.Llegado el día de ofrecer el sacrificio, repartía raciones a su mujer Fenina para sus hijos e hijas, mientras que a Ana le daba sólo una ración; y eso que la quería, pero el Señor la había hecho estéril. Su rival la insultaba, ensañándose con ella para mortificarla, porque el Señor la había hecho estéril. Así hacía año tras año; siempre que subían al templo del Señor, solía insultarla así.Una vez Ana lloraba y no comía. Y Elcaná, su marido, le dijo: "Ana, ¿por qué lloras y no comes?, ¿por qué te afliges? ¿No te valgo yo más que diez hijos?"