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lunes, 7 de agosto de 2017

Lucas 23,44-49: La muerte de Jesús

Lucas 23,44-49: La muerte de Jesús
Cf. Mt 27,45-54; Mc 15,33-39; Jn 19,28-30

23:44 Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde.
23:45 El velo del Templo se rasgó por el medio.
23:46 Jesús, con un grito, exclamó: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Y diciendo esto, expiró.
23:47 Cuando el centurión vio lo que había pasado, alabó a Dios, exclamando: "Realmente este hombre era un justo".
23:48 Y la multitud que se había reunido para contemplar el espectáculo, al ver lo sucedido, regresaba golpeándose el pecho.
23:49 Todos sus amigos y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea permanecían a distancia, contemplando lo sucedido.

Juan 19,28-30: La muerte de Jesús

Juan 19,28-30: La muerte de Jesús
Cf. Mt 27,45-54; Mc 15,33-39; Lc 23,44-49

19:28 Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: Tengo sed.
19:29 Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca.
19:30 Después de beber el vinagre, dijo Jesús: "Todo se ha cumplido". E inclinando la cabeza, entregó su espíritu.

SOBRE EL MISMO TEMA:
La cuarta copa que bebió Jesús     

Mateo 27,45-54: La muerte de Jesús

Mateo 27,45-54: La muerte de Jesús

45 Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la región.
46 Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz: "Elí, Elí, lemá sabactani", que significa: 
     "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"
47 Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: "Está llamando a Elías".
48 En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, 
     poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber.
49 Pero los otros le decían: "Espera, veamos si Elías viene a salvarlo".
50 Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu.
51 Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, 
     las rocas se partieron
52 y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron
53 y, saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó, 
     entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente.
54 El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y todo lo que pasaba, 
     se llenaron de miedo y dijeron: "¡Verdaderamente, este era Hijo de Dios!"