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viernes, 15 de septiembre de 2023

15 de septiembre: Ntra. Sra. de los Dolores

¿Qué es el Stabat Mater?


No es posible hablar de la Virgen de los Dolores sin tener en cuenta el Stabat Mater, un himno del siglo XIII asociado a la Virgen Dolorosa. Este himno se ha atribuido al fraile franciscano Jacopone da Todi y que comienza con el conocido Stabat Mater dolorosa. Es una bella oración que se centra en los sufrimientos de la Virgen durante la Pasión de su hijo.

 

Texto del Stabat Mater en el latín:

Stabat Mater dolorosa
Iuxta crucem lacrimosa,
Dum pendebat filius.
Cuius animam gementem
Contristatam et dolentem
Pertransivit gladius.

O quam tristis et afflicta
Fuit illa benedicta
Mater unigeniti
Quae maerebat et dolebat.
Et tremebat, cum videbat
Nati poenas incliti.

Quis est homo qui non fleret,
Matrem Christi si videret
In tanto supplicio?
Quis non posset contristari,
Piam matrem contemplari
Dolentem cum filio?
 
Pro peccatis suae gentis
Vidit Jesum in tormentis
Et flagellis subditum.
Vidit suum dulcem natum
Morientem desolatum
Dum emisit spiritum.
 
Eja mater fons amoris,
Me sentire vim doloris
Fac ut tecum lugeam.
Fac ut ardeat cor meum
In amando Christum Deum,
Ut sibi complaceam.
 
Sancta mater, istud agas,
Crucifixi fige plagas
Cordi meo valide.
Tui nati vulnerati
Tam dignati pro me pati,
Poenas mecum divide!
 
Fac me vere tecum flere,
Crucifixo condolere,
Donec ego vixero.
Juxta crucem tecum stare
Te libenter sociare
In planctu desidero.
 
Virgo virginum praeclara,
Mihi jam non sis amara,
Fac me tecum plangere.
Fac ut portem Christi mortem,
Passionis eius sortem
Et plagas recolere.
 
Fac me plagis vulnerari,
Cruce hac inebriari
Ob amorem filii,
Inflammatus et accensus,
Per te virgo sim defensus
In die judicii.
 
Fac me cruce custodiri,
Morte Christi praemuniri,
Confoveri gratia.
Quando corpus morietur
Fac ut animae donetur
Paradisi gloria.
Amen.


Texto del Stabat Mater en castellano:

 Estaba la Madre dolorosa
llorando junto a la cruz
de la que pendía su Hijo.
Su alma quejumbrosa,
apesadumbrada y gimiente,
atravesada por una espada.
 
¡Qué triste y afligida
estaba la bendita Madre
del Hijo unigénito!
Se lamentaba y afligía
y temblaba viendo sufrir
a su divino Hijo.
 
¿Qué hombre no lloraría
viendo a la Madre de Cristo
en tan gran suplicio?
¿Quién no se entristecería
al contemplar a la querida Madre
sufriendo con su hijo?
 
Por los pecados de su pueblo
vio a Jesús en el tormento
y sometido a azotes.
Ella vio a su dulce Hijo
entregar el espirítu
y morir desamparado.
 
¡Madre, fuente de amor,
hazme sentir todo tu dolor
para que llore contigo!
Haz que arda mi corazón
en el amor a Cristo Señor,
para que así le complazca.
 
¡Santa María, hazlo así!
Graba las heridas del Crucificado
profundamente en mi corazón.
Comparte conmigo las penas
de tu hijo herido, que se ha dignado
a sufrir la pasión por mí.
 
Haz que llore contigo,
que sufra con el Crucificado
mientras viva.
Deseo permanecer contigo,
cerca de la cruz,
y compartir tu dolor.

Virgen excelsa entre las virgenes,
no seas amarga conmigo,
haz que contigo me lamente.
Haz que soporte la muerte de Cristo,
haz que comparta su pasión
y contemple sus heridas.

Haz que sus heridas me hieran,
embriagado por esta cruz
y por el amor de tu hijo.
Inflamado y ardiendo,
que sea por ti defendido, oh Virgen,
el día del Juicio.

Haz que sea protegido por la cruz,
fortificado por la muerte de Cristo,
fortalecido por la gracia.
Cuando muera mi cuerpo
haz que se conceda a mi alma
la gloria del paraíso.

Amén.


jueves, 14 de septiembre de 2023

Los Siete Dolores Maria, de Adriaen Isenbrandt

 


Los siete dolores de María de Adriaen Isenbrandt
obra gótica en la iglesia de Nuestra Señora de Brujas, 
Flandes c. 1518-1535.


¿Qué son los 7 dolores de la Virgen?

 

La Virgen de los Dolores es tradicionalmente representada con uno o con siete puñales 
atravesándole el corazón, en referencia a la profecía de Simeón, 
que dijo a María que una espada le atravesaría el alma.


El 15 de septiembre, justo un día después de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, la Iglesia celebra una de las grandes devociones marianas, la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores. Dos fiestas que están unidas por la pasión de Cristo.

Esta fiesta que recuerda los grandes sufrimientos de la Virgen María es una de las advocaciones más populares. De tradición antiquísima, la Virgen de los Dolores se encuentra en miles de iglesias de todo el mundo y su culto popular es uno de los más importantes.

¿Cuándo comenzó la devoción a la Virgen de los Dolores?

Nuestra Señora de los Dolores es una de las advocaciones marianas más universales. No está vinculada ni a un determinado lugar físico ni a una aparición sino a los sufrimientos que padeció María por los terribles sufrimientos de su hijo Jesús.

Ya en el siglo VIII en la Iglesia se escribía acerca de la “Compasión de la Virgen”, en relación a la participación de María en los dolores de Cristo. Primero surgió la devoción a los cinco dolores de María, que posteriormente se amplió a los 7 dolores que se meditan actualmente. De este modo, pronto comenzaron a componerse himnos para honrar a la Mater Dolorosa. Un ejemplo de ellos es el Stabat Mater.

En Occidente la fiesta comenzó a celebrarse durante la Edad Media bajo el nombre de “Transfixión de María” o la “Recomendación de María en el Calvario” y en un principio se conmemoraba en el tiempo pascual.

Una buena parte de la responsabilidad de la difusión de esta devoción de la Virgen se debe a los religiosos servitas, muy devotos de los dolores de María. Fueron ellos que comenzaron a celebrar esta memoria bajo la Cruz con oficio y misa especial. Más tarde, ya comenzó a celebrarse el tercer domingo de septiembre. Pero, además, el viernes anterior al Domingo de Ramos se conmemoraba también el llamado popularmente como “Viernes de Dolores”.

Benedicto XIII extendió universalmente la celebración del “Viernes de Dolores” en 1472 y en 1814 el Papa Pío VII fijó la Fiesta de Nuestra Señora de los Dolores para el 15 de septiembre, un día después a la Exaltación de la Santa cruz.

¿Cuáles son los siete dolores de la Virgen?

Los Siete Dolores de la Virgen es una antigua devoción que ha llegado hasta nuestros días y en las que se repasan siete dolores que la Virgen padeció durante la vida de Jesús y que es un reflejo del amor y sufrimiento de la Madre de Cristo. Para meditar los siete dolores se utilizan pasajes del Evangelio en los que aparece María.

Primer Dolor: La profecía de Simeón. (Lucas 2,22-35): «Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción. ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones». (Lc2,34-35)

Segundo Dolor: La huida a Egipto. (Mateo 2,13-15): «Cuando ellos se retiraron, el ángel de Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle. Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes: para que se cumpliera lo dicho por el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo». (Mt 2,13-15)

Tercer Dolor: El Niño perdido en el Templo. (Lucas 2,41 -50): «Al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y haciéndoles preguntas…Cuando le vieron quedaron sorprendidos y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando…» (Lc2,46-48)

Cuarto Dolor – María se encuentra con Jesús camino al Calvario. (Lam 1,12): «Vosotros que pasáis por el camino, mirad, fijaos bien si hay dolor parecido…» (Lam 1,12)

Quinto Dolor – Jesús muere en la Cruz. (Juan 19,17-39): «Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo :»Ahí tienes a tu madre…» (Lc 19, 25-27)

Sexto Dolor – María recibe el Cuerpo de Jesús al ser bajado de la Cruz. (Juan 19, 38): «Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió.» (Jn 19,38)

Séptimo Dolor -Jesús es colocado en el Sepulcro. (Lucas 23, 53-54): «…y, después de descolgarle, le envolvió en una sábana y le puso en un sepulcro excavado en la roca en el que nadie había sido puesto todavía.» (Lc 23, 53-54).

¿Cuáles son las 7 promesas de la Virgen para quien medite sus dolores?

En sus revelaciones a santa Brígida de Suecia en el siglo XIV, la Virgen le dijo que concedería siete gracias a aquellos que cada día la acompañen rezando con verdadera devoción siete Avemarías meditando acerca de sus dolores y sus lágrimas. Estas son las 7 promesas:

1. Les concederá paz a sus familias.

2. Serán iluminadas de los divinos Misterios.

3. Les dará consuelo en sus penas y compañía en sus trabajos.

4. Cuando no se oponga a la voluntad de su Hijo o a la salvación de sus almas, les concederá lo que le pidan.

5. Protección en cada momento de la vida y les defenderá en sus batallas espirituales contra el enemigo.

6. Asistencia en el momento de la muerte y verán su rostro.

7. Aquellos que propaguen esta devoción, sean llevados de esta vida terrena a la felicidad eterna, sus pecados serán perdonados y el Señor será su gozo y consuelo eterno.

¿Por qué se representa a la Virgen con puñales clavados en su corazón?

La Virgen de los Dolores ha sido tradicionalmente representada o bien con una espada clavada en su corazón o bien con siete puñales. Así ha sido durante siglos tanto en el arte como en la rica imaginería religiosa. El origen se remonta a las propias Escrituras, concretamente en la profecía de Simeón que recoge el Evangelio de San Lucas, en la que el anciano le dice a la Virgen que una espada le atravesará el alma, ante el gran sufrimiento que verá en su hijo Jesús. Tras la devoción de los siete dolores también se empezaron a utilizar siete puñales, uno por cada dolor, para representar a la Virgen Dolorosa.

Así lo recogía el Evangelio de San Lucas:

“Había por entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no moriría antes de ver al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu Santo vino al Templo; y al introducir sus padres al niño Jesús para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo: ‘Ahora, Señor, ya puedes dejar que tu siervo se vaya en paz, según tu palabra, porque mis ojos han visto tu salvación, la que has preparado ante la faz de todos los pueblos, luz para revelación de los gentiles y gloria de tu pueblo, Israel’. Su padre y su madre estaban admirados por las cosas que se decían de él. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: ‘Mira, éste ha sido destinado para ser caída y resurrección de muchos en Israel, y como signo de contradicción –y a ti misma una espada te atravesará el alma-, para que se descubran los pensamientos de muchos corazones’”. (Lc 2, 22-35).

+ SOBRE NTRA. SRA. DE LOS DOLORES

lunes, 14 de agosto de 2023

San Maximiliano María Kolbe: el amor a la Inmaculada, por Antonio R. Rubio Plo



De San Maximiliano María Kolbe se recuerda, sobre todo, su sacrificio que salvó la vida de Franciszek Gajowniczek, aquel prisionero desesperado ante la idea de una muerte tan repentina como injusta que le separaría de su mujer y sus hijos.

Pero hay otra faceta de San Maximiliano que no debe pasarnos desapercibida, pues su vida entera gira en torno a ella: el amor a la Inmaculada. No es casualidad que la existencia terrena de san Maximiliano se acabara un 14 de agosto, el de 1941, cuando una inyección letal terminó con su vida, tras ser condenado, con sus compañeros de Auschwitz, a morir lentamente de hambre. Aquel enamorado de María salió al encuentro de su Madre en la víspera de la Asunción. Se había cumplido así lo que la Virgen, según testimonio del propio santo, le anunciara en una aparición cuando tan sólo tenía diez años.

La Señora le ofreció entonces dos coronas, una blanca y otra roja, símbolos respectivos de la pureza y del martirio. Raymond –todavía no había adoptado el nombre de Maximiliano– aceptó las dos.




Pero antes de que eso llegara, Maximiliano está muy próximo a la Madre del Redentor. Cuando hace los votos solemnes como franciscano, añadirá el nombre de María al de Maximiliano. Desea que sus pensamientos, palabras y acciones pertenezcan por completo a la Inmaculada. Optar por María es adherirse a una teología de la humildad. María es el camino sencillo y de los sencillos. Existen itinerarios espirituales abruptos y dificultosos. En cambio, el itinerario de María es recto. No se le ahorrarán las dificultades a quien lo siga, pero se puede caminar con confianza, con la misma confianza que un hijo pueda tener en su Madre.

La madre de Maximiliano que, por cierto se llamaba María, contribuyó a despertar en aquel niño el amor por la Virgen de Czestochowa, faro seguro de tantas generaciones de polacos. María Kolbe influyó decisivamente en que su hijo, un niño inquieto y algo travieso, se acercara a la Virgen. Corrían los primeros años del siglo XX y a la nación polaca le quedaba un duro camino que recorrer: los totalitarismos harían mella en ella Sin embargo, en medio de las tormentas, los católicos polacos tenían siempre un punto de referencia: nuestra Señora de Czestochowa. La Virgen sería también un símbolo de victoria; la Mujer que aplastó la cabeza de la serpiente, despertaría la confianza filial de san Maximiliano que, a finales de la década de 1930, expresaba la convicción profética de que un día se podría ver la estatua de la Inmaculada en el centro de Moscú junto al Kremlin.

Muchos polacos del siglo XX hicieron posible el reencuentro entre Polonia y Europa, comenzando por san Juan Pablo II. Fue elegido Papa en Roma un 16 de octubre de 1978, una significativa coincidencia con otro 16 de octubre: el de 1917, cuando en la Ciudad Eterna san Maximiliano y otros seis religiosos de su Orden se consagraron a la Virgen como caballeros de la Inmaculada. Surgía así la Milicia de la Inmaculada, instrumento de devoción mariana que el santo y sus compañeros extenderían por el mundo desde Polonia a Japón, pasando por la India.

San Maximiliano María Kolbe es también otro ejemplo para nuestro siglo, una demostración con hechos de cómo la defensa de la dignidad de la persona humana se construye más sólidamente si se hace desde el amor. Ese amor, que no es otro que el amor de Cristo, supera con mucho todas las aspiraciones del corazón humano. Con todo, no olvidemos que tenemos la mejor Maestra en la escuela del amor: la Virgen Inmaculada, a la que San Maximiliano consagró su vida entera.

Publicado en El Pilar (revista de la basílica del Pilar de Zaragoza), julio-agosto de 2017.

sábado, 8 de abril de 2023

Regina Coeli o Reina del Cielo


Durante el tiempo pascual, la Iglesia Universal se une en la oración del Regina Coeli o Reina del Cielo.

El rezo de la antífona de Regina Coeli fue establecida por el papa Benedicto XIV en 1742 y reemplaza durante el tiempo pascual, desde la celebración de la resurrección hasta el día de Pentecostés, al rezo del Ángelus cuya meditación se centra en el misterio de la Encarnación.

De la misma manera que el Ángelus, el Regina Coeli se reza tres veces al día, al amanecer, al mediodía y al atardecer como una manera de consagrar su día a Dios y la Virgen María.

No se conoce el autor de esta composición litúrgica que se remonta al siglo XII y era repetido por los frailes menores franciscanos después de las completas en la primera mitad del siguiente siglo popularizándola y extendiéndose por todo el mundo cristiano.

La oración

G: Reina del cielo, alégrate, aleluya.
T: Porque el Señor, a quien has llevado en tu vientre, aleluya.

G: Ha resucitado según su palabra, aleluya.
T: Ruega al Señor por nosotros, aleluya.

G: Goza y alégrate Virgen María, aleluya.
T: Porque en verdad ha resucitado el Señor, aleluya.

Oremos:

Oh Dios, que por la resurrección de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a los gozos eternos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amen. (tres veces)

Reina del Cielo

Las palabras de apertura del himno pascual de la Santísima Virgen, es la recitación prescrita en el Breviario romano de las Completas del sábado Santo hasta la hora nona del sábado después de Pentecostés inclusive. Este himno es para ser cantado en coro y de pie:

Regina coeli laetare, Alleluia,
Quia quem meruisti portare. Alleluia,
Resurrexit, Sicut dixit, Alleluia.
Ora pro nobis Deum. Alleluia.

El aleluya sirve como un estribillo.

De autor desconocido el himno se remonta al siglo 12. Era repetido por los Franciscanos después de las completas en la primera mitad del siguiente siglo.

Fue incorporado a la oficina de curia Romana-Minorista junto a otros himnos marianos. El cual por la actividad de los Franciscanos se popularizó muy pronto en todas partes. Y por orden de Nicolas III (1277-1280) reemplazó los libros mas viejos de oficina en todas las iglesias de Roma.

El Regina Coeli toma el lugar del Angelus durante el tiempo Pascual. El autor de Regina Coeli es desconocido pero la leyenda dice que San Gregorio el Grande (d.604) escuchó las tres primeras líneas cantadas por ángeles cierta mañana pascual en Roma mientras caminaba decalzo en una gran procesión religiosa y que el Santo agregó con eso la cuarta línea: favorables nobis Deum del "Ora. Alleluia".

Fuente: aciprensa.com

sábado, 25 de marzo de 2023

25 de marzo: Anunciación del Nacimiento del Señor

La fiesta de la Anunciación de la Virgen María


En los calendarios antiguos, la fiesta de la Anunciación de la Bienaventurada Siempre Virgen María (25 de marzo) también se llamó Festum Incarnationis, Initium Redemptionis Conceptio Christi, Annuntatio Christi, Annuntiatio Dominica.

En el Oriente, donde el rol desempeñado por María en la redención se celebra con una fiesta especial, el 26 de diciembre, la Anunciación es una festividad de Cristo; en la Iglesia Latina es una celebración mariana.

Probablemente se originó poco antes o después del Concilio de Éfeso (c. 431). En tiempos del Sínodo de Laodicea (372) la festividad no era conocida; San Proclo, obispo de Constantinopla (m. 446), sin embargo, parece mencionarla en una de sus homilías. Indica que la fiesta de la venida de Nuestro Señor y Salvador, cuando tomó la naturaleza humana (quo hominum género indutus), se celebró durante todo el siglo V. Sin embargo, esta homilía no puede ser genuina, o las palabras pueden denotar la fiesta de Navidad.

En la Iglesia Latina esta fiesta se menciona por primera vez en el Sacramentario del Papa San Gelasio I (d. 496), el cual poseemos en un manuscrito del siglo VII; también aparece en el Sacramentario de San Gregorio (d. 604), un manuscrito que se remonta al siglo VIII. Puesto que estos sacramentarios contienen adiciones posteriores al tiempo de Gelasio y Gregorio, Duchesne (Origines du culte chrétien, 118, 261) atribuye el origen de esta fiesta en Roma al siglo VII; Probst, sin embargo, (Sacramentarien, 264) piensa que realmente pertenece al tiempo del Papa Gelasio.

El Décimo Sínodo de Toledo (656), y el Concilio in Trullo (692) hablan de esta fiesta como una que se celebra universalmente en la Iglesia Católica.

Toda la antigüedad cristiana reconoció el 25 de marzo como el día real de la muerte de Nuestro Señor. La opinión que la Encarnación también tuvo lugar en esa fecha se encuentra en la obra pseudo-cipriánica "De Pascha Computus", c. 240, la cual argumenta que la venida de Nuestro Señor y su muerte deben haber coincidido con la creación y caída de Adán. Y puesto que el mundo fue creado en primavera, el Salvador también fue concebido y murió poco después del equinoccio de primavera.

Cálculos imaginarios similares se encuentran en la primera y última parte de la Edad Media, y a ellos, sin duda, deben su origen las fechas de la fiesta de la Anunciación y de Navidad. De allí que los martiriologios antiguos le asignan al 25 de marzo la creación de Adán y la crucifixión de Nuestro Señor; también, la caída de Lucifer, el paso de Israel a través del Mar Rojo y la inmolación de Isaac (Thruston, Christmas and the Christian Calendar, Amer. Eccl. Rev., XIX, 568.)

La fecha original de esta fiesta fue el 25 de marzo. Aunque en los tiempos antiguos, la mayoría de las iglesias no guardó ninguna fiesta en Cuaresma, la Iglesia Griega en el Concilio in Trullo (en 692; can. 52) hizo una excepción a favor de la Anunciación. En Roma se celebraba siempre el 25 de marzo. La Iglesia española la transfirió al 18 de diciembre, y cuando algunos intentaron introducir para ella la observancia romana del 25 de marzo, el 18 de diciembre fue confirmado oficialmente en toda la Iglesia española, por el Décimo Sínodo Toledo (656). Esta ley fue abolida cuando la liturgia romana fue aceptada en España.

La Iglesia de Milán, hasta nuestros días, asigna el oficio de esta fiesta al último domingo de Adviento. El 25 de marzo se canta una Misa en honor de la Anunciación (Ordo Ambrosianus, 1906; Magistretti, Beroldus, 136.)

Los armenios cismáticos celebran esta fiesta ahora el 7 de abril. Debido a que para ellos la Epifanía es la fiesta del nacimiento de Cristo, la Iglesia armenia asignó la Anunciación al 5 de enero, la vigilia de la Epifanía.

Esta fiesta siempre fue un día de precepto en la Iglesia Universal. Fue abrogado como tal primero en Francia y las dependencias francesas el 9 de abril de 1802; y para los Estados Unidos, por el Tercer Concilio de Baltimore, en 1884.

Por un decreto del 23 de abril de 1895 de la Sagrada Congregación de Ritos, el rango de la fiesta se elevó de un doble de segunda clase a un doble de primera clase. Si esta fiesta cae dentro de Semana Santa o Semana de Pascua, su oficio se transfiere al lunes después de la octava de Pascua.

En algunas iglesias alemanas era costumbre guardar su oficio para el sábado antes de Domingo de Ramos, si el 25 de marzo ocurría en Semana Santa. Cuando el 25 de marzo ocurre en uno de los últimos tres días de la Semana Santa, la Iglesia Griega transfiere la Anunciación al lunes de Pascua; en todos los otros días, incluso el Domingo de Pascua, se mantiene su oficio con el del día. Aunque no se permiten octavas en Cuaresma, las diócesis de Loreto y de la Provincia de Venecia, las Carmelitas, dominicos, servitas y redentoristas celebran esta fiesta con una octava.

Fuente: Enciclopedia Católica Online

sábado, 17 de diciembre de 2022

Oraciones a la Virgen de Guadalupe

I

"Madre Santísima de Guadalupe, Madre de Jesús,
condúcenos hacia tu Divino Hijo por el camino del Evangelio,
para que nuestra vida sea el cumplimiento generoso de la voluntad de Dios

Condúcenos a Jesús,
que se nos manifiesta 
y se nos da en la Palabra revelada
y en el Pan de la Eucaristía.

Danos una fe firme,
una esperanza sobrenatural
una caridad ardiente
y una fidelidad viva
a nuestra vocación de bautizados.

Ayúdanos a ser agradecidos a Dios,
exigentes con nosotros mismos y llenos de amor
para con nuestros hermanos.

Amén".


II

Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia! 
Tú, que manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; 
escucha la oración que con filial confianza te dirigimos y preséntala ante tu Hijo Jesús, 
único redentor nuestro.

Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso, 
a ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, 
te consagramos en este día todos nuestro ser y todo nuestro amor. 
Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, 
nuestras enfermedades y nuestros dolores.

Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos; 
ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, 
Señora y madre nuestra.

Queremos ser totalmente tuyos 
y recorrer contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia: 
no nos sueltes de tu mano amorosa.

Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, 
te pedimos por todos los obispos, 
para que conduzcan a los fieles por senderos de intensa vida cristiana, 
de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas.

Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda hambre de santidad 
en todo el Pueblo de Dios, 
y otorga abundantes vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la fe, 
y celosos dispensadores de los misterios de Dios.


III

Oración de San Juan Pablo II en Guadalupe en 1979

¡Oh, Virgen Inmaculada!
Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia!
Tú, que desde este lugar manifiestas
tu clemencia y tu compasión
a todos los que solicitan tu amparo;
escucha la oración que con filial confianza te dirigimos,
y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.

Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso,
a Ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores,
te consagramos en este día todo nuestro ser y todo nuestro amor.
Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos,
nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.

Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos;
ya que todo lo que tenemos y somos lo ponernos bajo tu cuidado,
Señora y Madre nuestra.
Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino
de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia:
no nos sueltes de tu mano amorosa.

Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas,
te pedimos por todos los obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos
de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas.
Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda
hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios, y otorgue abundantes
vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la fe
y celosos dispensadores de los misterios de Dios.

Concede a nuestros hogares
la gracia de amar y de respetar la vida que comienza.
con el mismo amor con el que concebiste en tu seno
la vida del Hijo de Dios.

Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias,
para que estén siempre muy unidas, y bendice la educación de nuestros hijos.
Esperanza nuestra, míranos con compasión,
enséñanos a ir continuamente a Jesús y, si caemos, ayúdanos
a levantarnos, a volver a El, mediante la confesión de nuestras culpas
y pecados en el sacramento de la penitencia,
que trae sosiego al alma.

Te suplicamos que nos concedas un amor muy grande a todos los santos sacramentos
que son como las huellas que tu Hijo nos dejó en la tierra.
Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia,
con nuestros corazones libres de mal y de odios,
podremos llevar a todos la verdadera alegría y la verdadera paz,
que vienen de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
que con Dios Padre y con el Espíritu Santo,
vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.