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sábado, 22 de julio de 2023

Mateo 13,36-43: Desconcertados por la resistencia y la oposición


En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: "Acláranos la parábola de la cizaña en el campo." Él les contestó: "El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga."

Comentario por Reflexiones Católicas
 "Desconcertados por la resistencia y la oposición"

Jesús explica por medio de parábolas la realidad del Reino, tan diferente de las expectativas de la muchedumbre y de los mismos discípulos, desconcertados y tal vez decepcionados por las resistencias y las oposiciones encontradas por el Maestro (capítulos 11s).

Las diversas corrientes espirituales contemporáneas a Jesús —fariseos, zelotas, esenios, qumranianos— tendían a formar una comunidad de justos separados de los malvados y de los infieles, a fin de preparar la venida del Reino de Dios. Jesús, en cambio, hace comprender que el Reino está presente y crece desde ahora, aunque su desarrollo esté obstaculizado por la cizaña, o sea, por la acción de aquellos que están sometidos al maligno (v. 38).

La eliminación definitiva de las fuerzas del mal no vendrá hasta el fin de los tiempos, de ahí que el momento actual deba caracterizarse por la paciencia y por la confianza: Dios mismo intervendrá para destruir el mal y para tutelar a los que le pertenecen, pero no corresponde al hombre proceder a una depuración que pueda comprometer el incremento del bien antes que favorecerlo.

Hay otra característica fundamental del Reino expresada con las imágenes del grano de mostaza y de la levadura: su prodigioso desarrollo acontece a partir de un comienzo insignificante. Sin embargo, este comienzo encierra una enorme potencialidad.

En el grano de mostaza y en la levadura podemos reconocer al mismo Jesús (cf. Jn 12,24) y su enseñanza, aunque también el testimonio eficaz de la comunidad cristiana, que no debe preocuparse por su propia «visibilidad». Por otra parte, esta comunidad no será nunca, aquí abajo, una comunidad de perfectos: deberá tolerar en su interior individuos turbulentos y ser capaz de superar las ocasiones de tropiezo. Sin embargo, el trabajo del tiempo presente desembocará en la gloria, cuando el Hijo del hombre —con quien se identifica Jesús— juzgará la historia y entregará el Reino al Padre, a fin de que Dios sea todo en todos (v 37-43; cf. 1 Cor 15,24-28).

A través de las parábolas se puede percibir, ya desde ahora, el proyecto divino sobre el cosmos —“lo que estaba oculto desde la creación del mundo”— que se realizará plenamente cuando este mundo llegue a su desenlace final.

Una semilla minúscula puede encerrar en sí un árbol majestuoso, una mies abundante: así sucede con el Reino, así sucede con Jesús. Ahora bien, la semilla debe morir para dar su fruto...

Un puñado de levadura fermenta toda una gran masa de harina y la transforma en pan. Sin embargo, la levadura debe desaparecer para ser eficaz... Jesús nos educa para contemplar la realidad con unos ojos nuevos, descubriendo en ella como en filigrana el designio del Padre, el rostro del Hijo, la acción del Espíritu.

A nosotros, discípulos constantemente tentados a desanimarnos, por la inutilidad de nuestros esfuerzos, nos ofrece el Señor su mirada, sus pensamientos, que distan de los nuestros como el cielo está por encima de la tierra.

Dios ha elegido lo que es débil, lo que es necio, insignificante a los ojos del mundo, para renovar el mundo desde sus fundamentos. Ha elegido la cruz —esto es, la aniquilación y la infamia— para salvar a la humanidad y redimir el cosmos. En consecuencia, no debe maravillarnos la presencia del mal que nos asedia y obstaculiza lo que hacemos. Este dato, de hecho, nos obliga a renovar cada día nuestra adhesión al Señor y, por eso mismo, a asumir nuestra cruz con perseverancia y amor. Sólo así podremos compartir la misión y la suerte del Hijo, que ha destruido el pecado y perdonado a los pecadores muriendo como semilla en el surco de nuestra historia para llevar al Padre, en «el tiempo de la siega», la abundante mies de los salvados.

Del fracaso de una hora ha germinado la gloria eterna, ofrecida a todos nosotros, «hijos del Reino», hijos en el Hijo por la misericordia del Padre.

sábado, 3 de diciembre de 2022

Romanos 15,1-6: Mutua tolerancia a ejemplo de Cristo

Romanos 15,1-6
 
1 Nosotros, los que somos fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles 
   y no complacernos a nosotros mismos.
2 Que cada uno trate de agradar a su prójimo para el bien y la edificación común.
3 Porque tampoco Cristo buscó su propia complacencia, como dice la Escritura: 
   Cayeron sobre mí los ultrajes de los que te agravian.
4 Ahora bien, todo lo que ha sido escrito en el pasado, ha sido escrito para nuestra instrucción, 
   a fin de que por la constancia y el consuelo que dan las Escrituras, mantengamos la esperanza.
5 Que el Dios de la constancia y del consuelo les conceda tener los mismos sentimientos 
   unos hacia otros, a ejemplo de Cristo Jesús,
6 para que con un solo corazón y una sola voz, glorifiquen a Dios, 
   el Padre de nuestro Señor Jesucristo.  

domingo, 24 de julio de 2022

2 Corintios 4,7-18: Viviendo por al fe

2 Corintios 4,7-18:
Viviendo por al fe


7 Pero nosotros llevamos ese tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien 
   que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios. 
8 Estamos atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; 
9 perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados. 
10 Siempre y a todas partes, llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, 
     para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. 
11 Y así aunque vivimos, estamos siempre enfrentando a la muerte por causa de Jesús, 
     para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. 
12 De esa manera, la muerte hace su obra en nosotros, y en ustedes, la vida.
13 Pero teniendo ese mismo espíritu de fe, del que dice la Escritura: 
     Creí, y por eso hablé, también nosotros creemos, y por lo tanto, hablamos. 
14 Y nosotros sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará con él 
     y nos reunirá a su lado junto con ustedes. 
15 Todo esto es por ustedes: para que al abundar la gracia, abunde también el número 
     de los que participan en la acción de gracias para gloria de Dios.
16 Por eso, no nos desanimamos: aunque nuestro hombre exterior se vaya destruyendo, 
     nuestro hombre interior se va renovando día a día. 
17 Nuestra angustia, que es leve y pasajera, nos prepara una gloria eterna, que supera toda medida. 
18 Porque no tenemos puesta la mirada en las cosas visibles, sino en las invisibles: 
     lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno.

miércoles, 15 de junio de 2022

2 Corintios 13,1-10: Desafío del apóstol

13,1-10

1 Por tercera vez voy a vosotros. Por la palabra de dos o tres testigos se zanjará todo asunto.
2 Ya lo tengo dicho a los que anteriormente pecaron y a todos los demás, 
   y vuelvo a decirlo de antemano ahora que estoy ausente, 
   lo mismo que la segunda vez estando presente: 
   Si vuelvo otra vez, obraré sin miramientos,
3 ya que queréis una prueba de que habla en mí Cristo, 
   el cual no es débil para con vosotros, sino poderoso entre vosotros.
4 Pues, ciertamente, fue crucificado en razón de su flaqueza, pero está vivo por la fuerza de Dios. 
   Así también nosotros: somos débiles en él, pero viviremos con él por la fuerza de Dios sobre vosotros.
5 Examinaos vosotros mismos si estáis en la fe. Probaos a vosotros mismos. 
   ¿No reconocéis que Jesucristo está en vosotros? ¡A no ser que os encontréis ya reprobados!
6 Espero que reconoceréis que nosotros no estamos reprobados.
7 Rogamos a Dios que no hagáis mal alguno. No para que nosotros aparezcamos probados, 
   sino para que obréis el bien, aun cuando quedáramos nosotros reprobados.
8 Pues nada podemos contra la verdad, sino sólo a favor de la verdad.
9 Ciertamente, nos alegramos cuando somos nosotros débiles y vosotros fuertes. 
   Lo que pedimos es vuestro perfeccionamiento.
10 Por eso os escribo esto ausente, para que, presente, 
     no tenga que obrar con severidad conforme al poder que me otorgó el Señor para edificar 
     y no para destruir.

2 Corintios 12,7-10: La debilidad de Pablo

12,7-10: La debilidad de Pablo

7 Y por eso, para que no me engría con la sublimidad de esas revelaciones, 
   fue dado un aguijón a mi carne, un ángel de Satanás que me abofetea para que no me engría.
8 Por este motivo tres veces rogué al Señor que se alejase de mí.
9 Pero él me dijo: «Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza». 
   Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, 
   para que habite en mí la fuerza de Cristo.
10 Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, 
     en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, 
     entonces es cuando soy fuerte.

jueves, 9 de junio de 2022

Hechos 20,17-38: Despedida de Pablo a los presbíteros de Éfeso

20,17-38: Despedida de Pablo a los presbíteros de Éfeso

20,17-27
Martes de la 7 Semana de Pascua

17 Desde Mileto envió un mensaje a Éfeso convocando a los ancianos de la comunidad. 
18 Cuando llegaron les dijo: —Ya saben cómo me he comportado siempre con ustedes desde 
     el primer día que pisé Asia. 
19 He servido al Señor con toda humildad, con lágrimas y en todas las pruebas que me han causado 
     las intrigas de los judíos. 
20 No he dejado de hacer todo lo que pudiera ser útil: les prediqué y les enseñé tanto en público como 
     en sus casas. 
21 A judíos y griegos les he inculcado el arrepentimiento frente a Dios y la fe en nuestro Señor Jesús. 
22 Ahora, encadenado por el Espíritu, me dirijo a Jerusalén sin saber lo que allí me sucederá. 
23 Sólo sé que en cada ciudad el Espíritu Santo me asegura que me esperan cadenas y persecuciones. 
24 Pero poco me importa la vida, con tal de completar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor 
     Jesús: anunciar la Buena Noticia de la gracia de Dios. 
25 Ahora sé que ustedes, cuyo territorio he atravesado proclamando el reino, no volverán a verme. 
26 Por eso hoy declaro que no soy responsable de la muerte de ninguno, 
27 porque nunca dejé de anunciar plenamente el designio de Dios. 


28 Cuídense ustedes y cuiden a todo el rebaño que el Espíritu Santo les encomendó como a pastores 
     de la Iglesia de Dios, que Él adquirió pagando con su sangre.
29 Sé que después de mi partida se meterán entre ustedes lobos rapaces que no respetarán el rebaño. 
30 Incluso de entre ustedes saldrán algunos que dirán cosas equivocadas para arrastrar tras de sí 
     a los discípulos. 
31 Por tanto, estén atentos y recuerden que durante tres años no he cesado de aconsejarlos con lágrimas 
     ni de día ni de noche. 
32 Ahora los encomiendo al Señor y al mensaje de su gracia, que tiene poder para hacerlos crecer 
     y otorgar la herencia a todos los consagrados. 
33 No he codiciado la plata ni el oro ni los vestidos de nadie. 
34 Ustedes saben que con mis manos he atendido a las necesidades mías y de mis compañeros. 
35 Les he enseñado siempre que, trabajando así, hay que ayudar a los débiles, recordando el dicho 
     del Señor Jesús: más vale dar que recibir. 
36 Dicho esto, se arrodilló con todos y oró. 
37 Todos se pusieron a llorar; lo abrazaban y lo besaban afectuosamente, 
38 entristecidos sobre todo por lo que había dicho, que no volverían a verlo. Después lo acompañaron 
     hasta el barco.

lunes, 3 de septiembre de 2018

1 Corintios 2,1-9: Predicación de Pablo

Lunes de la 22 Semana del Tiempo Ordinario II

2:1 Por mi parte, hermanos, cuando los visité para anunciarles el misterio de Dios, no llegué con el prestigio de la elocuencia o de la sabiduría.
2:2 Al contrario, no quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo crucificado.
2:3 Por eso, me presenté ante ustedes débil, temeroso y vacilante.
2:4 Mi palabra y mi predicación no tenían nada de la argumentación persuasiva de la sabiduría humana, sino que eran demostración del poder del Espíritu,
2:5 para que ustedes no basaran su fe en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
2:6 Es verdad que anunciamos una sabiduría entre aquellos que son personas espiritualmente maduras, pero no la sabiduría de este mundo ni la que ostentan los dominadores de este mundo, condenados a la destrucción.
2:7 Lo que anunciamos es una sabiduría de Dios, misteriosa y secreta, que él preparó para nuestra gloria antes que existiera el mundo;
2:8 aquella que ninguno de los dominadores de este mundo alcanzó a conocer, porque si la hubieran conocido no habrían crucificado al Señor de la gloria.
2:9 Nosotros anunciamos, como dice la Escritura, lo que nadie vio ni oyó y ni siquiera pudo pensar, aquello que Dios preparó para los que lo aman.

domingo, 18 de febrero de 2018

Romanos 14,1-6: La comprensión hacia los débiles en la fe

Romanos 14,1-6 
 
14:1 Sean comprensivos con el que es débil en la fe, sin entrar en discusiones.
14:2 Mientras algunos creen que les está permitido comer de todo, los débiles sólo comen verduras.
14:3 Aquel que come de todo no debe despreciar al que se abstiene, y este a su vez, no debe criticar al que come de todo, porque Dios ha recibido también a este.
14:4 ¿Quién eres tú para criticar al servidor de otro? Si él se mantiene firme o cae, es cosa que incumbe a su dueño, pero se mantendrá firme porque el Señor es poderoso para sostenerlo.
14:5 Unos tienen preferencia por algunos días, mientras que para otros, todos los días son iguales. Que cada uno se atenga a su propio juicio.
14:6 El que distingue un día de otro lo hace en honor del Señor; y el que come, también lo hace en honor del Señor, puesto que da gracias a Dios; del mismo modo, el que se abstiene lo hace en honor del Señor, y también da gracias a Dios.   

sábado, 19 de agosto de 2017

Mt 19,13-15: Contra la mentalidad del éxito

Mt 19,13-15

En aquel tiempo, le acercaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y rezara por ellos, pero los discípulos los regañaban. Jesús dijo: «Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos.» Les impuso las manos y se marchó de allí.

— Comentario de Reflexiones Católicas 
"Contra de la mentalidad del éxito"

De nuevo se presenta la infancia como signo y figura del buen discípulo. Este texto no debe confundirse con el del capítulo 18,1-5;6-9. La intención no es la misma: en el capítulo 18 se trataba de hacerse como los niños y no escandalizarlos; aquí el texto acentúa un conflicto de Jesús con los discípulos que asombrados ven cómo el Maestro se detiene, acoge a los niños y los bendice. La sintonía de los niños con Jesús invita a reflexionar sobre el carácter del Maestro.

Al subir a Jerusalén para sufrir, Jesús se detendrá varias veces a lo largo del camino para acercarse a los humildes, a los enfermos, y esto ante la extrañeza de la gente y de los discípulos. La seriedad de su camino hacia Jerusalén y las implicaciones que tiene, no lo separan de los pequeños; no se deja envolver por una soledad principesca y llena de vanagloria.

Jesús no sólo se detiene y reprende a los discípulos, sino que hace de su gesto una enseñanza. "Dejen que los niños vengan a mí", no es sólo una invitación a hacerse como niños, sino una declaración y una verdadera promesa hecha a todos los que son como ellos que son parte del Reino.

El texto de hoy nos invita a "venir a Jesús", es decir, a creer en él, lo cual nos lleva a entrar en el Reino recibiéndolo como un niño, que nada ofrece a cambio más que la propia pequeñez.

Frecuentemente hemos comprendedido el simbolismo de los niños en el marco de la pureza o inocencia, pero en este episodio el niño se convierte en tipo de salvación porque desposeído de fuerza tiene que colocar su fuerza en otro. Los niños son prototipo de fe y de confianza en Dios. Esta debilidad confiada es el motivo que impulsa a quienes acercan los niños a Jesús. Recurren para que se les imponga las manos y para que Jesús rece por ellos. En los dos actos quienes los conducen comprenden la impotencia que aqueja a los niños.

Con el mismo descuido con que en el pasaje anterior un hombre despide a su mujer, la reacción por parte de los discípulos es la de “regañar” a los niños (v.13b). No son capaces de comprender que el amor fiel debe ser recibido de Jesús.

Sólo aquellos que conscientes de la propia debilidad buscan ser recibidos por Jesús son los que pueden integrar la nueva realidad salvífica del Reino. Sólo desde la propia debilidad aceptada y asumida es posible reconocer el señorío de Dios sobre la historia humana. Los autosuficientes están imposibilitados de reconocer la realidad de gracia que se ha hecho presente en Jesús de Nazaret.

Por ello, Jesús exige (v.14) que no se impida a los desvalidos e impotentes el acercamiento a su persona. La conclusión del pasaje manifiesta la concesión de la petición que se le había hecho: “les impuso la mano” (v.15).

Contagiados por la mentalidad del éxito, los integrantes de la comunidad eclesial son tentados frecuentemente a buscar la compañía de quienes son los poseedores de bienes, fuerzas o cualidades. Como los discípulos quisieran “regañar” a los impotentes y a los desvalidos de este mundo.

Frente a esta actitud, es necesario recordar siempre los gestos de acogida de Jesús que por nuestra mentalidad se nos hacen difícil de aceptar. En toda persona desprotegida y débil y, sólo en ella, es posible encontrar la fuerza de Jesús. Ellos por “la imposición de las manos” reciben el poder de Dios.

La comunidad cristiana debe acoger a estos seres porque gracias a ellos puede ser expresión adecuada del designio salvador. La opción por ellos es reflejo de su comprensión y aceptación del Reinado de Dios. Este exige, para ser recibido un cambio profundo de actitudes y comportamientos, una profunda conversión producida por la gracia del Reino. 

sábado, 22 de julio de 2017

Romanos 8,26-27: La oración del Espíritu


El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

sábado, 14 de enero de 2017

Hebreos 4,12-16: Elogio de la Palabra de Dios. Jesucristo, sacerdote misericordioso

Hebreos 4,12-16
Sábado de la 1 Semana del Tiempo Ordinario, Año I

La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. Juzga los deseos e intenciones del corazón. No hay criatura que escape a su mirada. Todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas. Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente.

viernes, 9 de septiembre de 2016

1 Corintios 9,12-27: Desprendimiento y celo apóstolico de Pablo

1 Corintios 9,12-27
Viernes de la 23 Semana del Tiempo Ordinario, Año II (9,16-19.22b-27)

9:12 Si otros tienen este derecho sobre ustedes, ¿no lo tenemos nosotros con más razón? Sin embargo, nunca hemos hecho uso de él; por el contrario, lo hemos soportado todo para no poner obstáculo a la Buena Noticia de Cristo.
9:13 ¿No saben ustedes que los ministros del culto viven del culto, y que aquellos que sirven al altar participan del altar?
9:14 De la misma manera, el Señor ordenó a los que anuncian el Evangelio que vivan del Evangelio.
9:15 A pesar de todo, no he usado de ninguno de estos derechos; y no les digo esto para aprovecharme ahora de ellos; antes preferiría morir. No, nadie podrá privarme de este motivo de gloria.
9:16 Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!
9:17 Si yo realizara esta tarea por iniciativa propia, merecería ser recompensado, pero si lo hago por necesidad, quiere decir que se me ha confiado una misión.
9:18 ¿Cuál es entonces mi recompensa? Predicar gratuitamente la Buena Noticia, renunciando al derecho que esa Buena Noticia me confiere.
9:19 En efecto, siendo libre, me hice esclavo de todos, para ganar al mayor número posible.
9:20 Me hice judío con los judíos para ganar a los judíos; me sometí a la Ley, con los que están sometidos a ella —aunque yo no lo estoy— a fin de ganar a los que están sometidos a la Ley.
9:21 Y con los que no están sometidos a la Ley, yo, que no vivo al margen de la Ley de Dios —porque estoy sometido a la Ley de Cristo— me hice como uno de ellos, a fin de ganar a los que no están sometidos a la Ley.
9:22 Y me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles. Me hice todo para todos, para ganar por lo menos a algunos, a cualquier precio.
9:23 Y todo esto, por amor a la Buena Noticia, a fin de poder participar de sus bienes.
9:24 ¿No saben que en el estadio todos corren, pero uno solo gana el premio? Corran, entonces, de manera que lo ganen.
9:25 Los atletas se privan de todo, y lo hacen para obtener una corona que se marchita; nosotros, en cambio, por una corona incorruptible.
9:26 Así, yo corro, pero no sin saber adónde; peleo, no como el que da golpes en el aire.
9:27 Al contrario, castigo mi cuerpo y lo tengo sometido, no sea que, después de haber predicado a los demás, yo mismo quede descalificado.

SOBRE EL MISMO TEMA:  
Evangelizar a través del testimonio, por el papa Francisco      

martes, 6 de septiembre de 2016

1 Corintios 8,7-13: Evitar la caída del hermano

Evitar la caída del hermano
8:7 Sin embargo, no todos tienen este conocimiento. Algunos, habituados hasta hace poco a la idolatría, comen la carne sacrificada a los ídolos como si fuera sagrada, y su conciencia, que es débil, queda manchada.
8:8 Ciertamente, no es un alimento lo que nos acerca a Dios: ni por dejar de comer somos menos, ni por comer somos más.
8:9 Pero tengan cuidado que el uso de esta libertad no sea ocasión de caída para el débil.
8:10 Si alguien te ve a ti, que sabes cómo se debe obrar, sentado a la mesa en un templo pagano, ¿no se sentirá autorizado, a causa de la debilidad de su conciencia, a comer lo que ha sido sacrificado a los ídolos?
8:11 Y así, tú, que tienes el debido conocimiento, haces perecer al débil, ¡ese hermano por el que murió Cristo!
8:12 Pecando de esa manera contra sus hermanos e hiriendo su conciencia, que es débil, ustedes pecan contra Cristo.
8:13 Por lo tanto, si un alimento es ocasión de caída para mi hermano, nunca probaré carne, a fin de evitar su caída.

1 Corintios 1,26-31: El llamado de Dios a los pobres

Domingo de la 4 Semana del Tiempo Ordinario, Año A

El llamado de Dios a los pobres
1:26 Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles.
1:27 Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes;
1:28 lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale.
1:29 Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios.
1:30 Por él, ustedes están unidos a Cristo Jesús, que por disposición de Dios, se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención,
1:31 a fin de que, como está escrito: El que se gloría, que se gloríe en el Señor.

martes, 10 de mayo de 2016

SALMO 68 (67): Dios ha escogido un pueblo pequeño y débil

SALMO 68 (67)

Nuestro Dios es un Dios que nos salva
68:1 Del maestro de coro. De David. Salmo. Canto.

Comienzo de la liturgia procesional
68:2 ¡Se alza el Señor! Sus enemigos se dispersan
y sus adversarios huyen delante de él.
68:3 Tú los disipas como se disipa el humo;
como se derrite la cera ante el fuego,
así desaparecen los impíos delante del Señor.
68:4 Pero los justos se regocijan,
gritan de gozo delante del Señor y se llenan de alegría.
68:5 ¡Canten al Señor, entonen un himno a su Nombre!
¡Ábranle paso al que cabalga sobre las nubes!
Su Nombre es "el Señor": ¡griten de alegría en su presencia!
68:6 El Señor en su santa Morada
es padre de los huérfanos y defensor de las viudas:
68:7 él instala en un hogar a los solitarios
y hace salir con felicidad a los cautivos,
mientras los rebeldes habitan en un lugar desolado.

La marcha del Señor por el desierto
68:8 Señor, cuando saliste al frente de tu pueblo,
cuando avanzabas por el desierto,
68:9 tembló la tierra y el cielo dejó caer su lluvia,
delante del Señor —el del Sinaí—
delante del Señor, el Dios de Israel.
68:10 Tú derramaste una lluvia generosa, Señor:
tu herencia estaba exhausta y tú la reconfortaste;
68:11 allí se estableció tu familia, y tú, Señor, la afianzarás
por tu bondad para con el pobre.

El anuncio de la victoria
68:12 El Señor pronuncia una palabra
y una legión de mensajeros anuncia la noticia:
68:13 "Huyen los reyes, huyen con sus ejércitos,
y te repartes como botín los adornos de un palacio.
68:14 ¡No se queden recostados entre los rebaños!
Las alas de la Paloma están recubiertas de plata,
y su plumaje, de oro resplandeciente".
68:15 Cuando el Todopoderoso dispersó a los reyes,
caía la nieve sobre el Monte Umbrío.

La Montaña de Sión, Morada del Señor
68:16 ¡Montañas divinas, montañas de Basán,
montañas escarpadas, montañas de Basán!
68:17 ¿Por qué miran con envidia, montañas escarpadas,
a la Montaña que Dios prefirió como Morada?
¡Allí el Señor habitará para siempre!
68:18 Los carros de guerra de Dios
son dos miríadas de escuadrones relucientes:
¡el Señor está en medio de ellos,
el Sinaí está en el Santuario!
68:19 Subiste a la altura llevando cautivos,
recogiste dones entre los hombres
—incluso entre los rebeldes—
cuando te estableciste allí, Señor Dios.

El Señor, defensor de su Pueblo
68:20 ¡Bendito sea el Señor, el Dios de nuestra salvación!
Él carga con nosotros día tras día;
68:21 él es el Dios que nos salva
y nos hace escapar de la muerte.
68:22 Sí, Dios aplastará la cabeza de sus enemigos,
el cráneo de los que se obstinan en sus delitos.
68:23 Dice el Señor: "Los traeré de Basan,
los traeré desde los abismos del mar,
68:24 para que hundas tus pies en la sangre del enemigo
y la lengua de tus perros también tenga su parte".

Marcha litúrgica hacia el Santuario
68:25 Ya apareció tu cortejo, Señor,
el cortejo de mi Rey y mi Dios hacia el Santuario:
68:26 los cantores van al frente, los músicos, detrás;
las jóvenes, en medio, van tocando el tamboril.
68:27 ¡Bendigan al Señor en medio de la asamblea!
¡Bendigan al Señor desde la fuente de Israel!
68:28 Allí Benjamín, el más pequeño, abre la marcha
con los príncipes de Judá, vestidos de brocado,
con los príncipes de Zabulón y los príncipes de Neftalí.

El sometimiento de los pueblos
68:29 Tu Dios ha desplegado tu poder:
¡sé fuerte, Dios, tú que has actuado por nosotros!
68:30 A causa de tu Templo, que está en Jerusalén,
los reyes te presentarán tributo.
68:31 Reprime a la Fiera de los juncos,
al tropel de los toros y terneros:
que esos pueblos se rindan a tus pies,
trayendo lingotes de oro.
El Señor dispersó a los pueblos guerreros;
68:32 telas preciosas llegan de Egipto
y Etiopía, con sus propias manos,
presenta sus dones a Dios.

Alabanza final
68:33 ¡Canten al Señor, reinos de la tierra,
entonen un himno al Señor, Pausa
68:34 al que cabalga por el cielo,
por el cielo antiquísimo!
Él hace oír su voz poderosa,
68:35 ¡reconozcan el poder del Señor!
Su majestad brilla sobre Israel
y su poder, sobre las nubes.
68:36 Tú eres temible, Señor, desde tus santuarios.
El Dios de Israel concede a su pueblo
el poder y la fuerza. ¡Bendito sea Dios!

— Comentario por Reflexiones Católicas
Dios ha escogido un pueblo pequeño y débil

Este es un canto épico que narra las hazañas de Dios para con su pueblo. Se cantan no solamente los hechos extraordinarios que Yavé ha realizado con Israel a nivel de lo que pudiéramos llamar una protección divina. Es mucho más que eso. Se hace hincapié en la constatación que supera toda protección que cualquier pueblo pueda atribuir a sus dioses.

Dios actúa en medio de su pueblo:

Se entona, con gozo exultante, el hecho sin par de que Dios protege al pueblo no desde arriba, sino actuando en medio de ellos. Dios mismo, al sacar a su pueblo de Egipto, está presente en Israel; más aun, va delante de él conduciéndole a la libertad y posesión de la tierra prometida: «Oh Dios, cuando salías al frente de tu pueblo y avanzabas por el desierto, la tierra tembló... Derramaste sobre tu heredad, oh Dios, una lluvia copiosa, y aliviaste la tierra agotada, y tu rebaño habitó en la tierra».

Ya Moisés, cuando entonó el canto triunfal de alabanza a Yavé al dividir las aguas del mar Rojo para que su pueblo pudiera abrirse a la libertad, hace presente con énfasis que es Yavé el que lleva y planta a su pueblo en la heredad que sus propias manos prepararon. Escuchemos esta elegía lírica de Moisés: «Tú le llevas y le plantas en el monte de tu herencia, hasta el lugar que tú le has preparado para tu sede, ¡oh Yavé! Al santuario, Señor, que tus manos prepararon» (Ex 15,17). 

Dios de débiles, no de fuertes:

Dios, lleno de bondad y de misericordia, ha puesto sus ojos en este pueblo porque amó su pequeñez y debilidad: «No porque seáis el más numeroso de todos los pueblos se ha prendado Yavé de vosotros y os ha elegido, pues sois el menos numeroso de todos los pueblos; sino por el amor que os tiene...» (Dt 7,7-8). 

Además, como vemos en el salmo, Dios volvió su mirada hacia su pueblo no sólo por ser el más pequeño de todos, sino también porque es un rebaño humano totalmente desvalido. Es tal su impotencia que no tiene dónde apoyarse, nadie a quien pedir ayuda. Pues bien, Dios mismo será su apoyo y su ayuda y les proporcionará el cobijo de una casa, una morada protectora donde reposará su gloria. Dios establecerá su propia morada en medio de ellos: «Padre de los huérfanos y tutor de las viudas es Dios en su santa morada; Dios da a los desvalidos el cobijo de una casa, abre a los cautivos la puerta de la dicha». 

Sión, montaña sagrada en su pequeñez:

La majestad de esta epopeya tiene su momento culminante cuando Dios mismo escoge su lugar para habitar. En todos los pueblos primitivos, las montañas aparecían como signos de la presencia de las divinidades. Esta presencia era tanto más convincente cuanto más altas e imponentes eran, cuando sus cumbres casi tocaban el cielo. Es normal que, ante la majestuosidad de estas montañas, los diversos pueblos hayan visto en ellas representadas a sus dioses. El Dios de Israel cambia estos conceptos de los hombres. Habiendo en Samaría los montes altos y escarpados de Basán, Dios los excluye para fijarse en lo que no era ni siquiera monte, apenas una colina, la de Sión en Jerusalén. Allí será edificado el templo de su gloria. En él reposará la gloria de Yavé.

Veamos cómo el salmista transcribe poéticamente esta decisión de Dios: «Las montañas de Basán son altísimas, las montañas de Basán son escarpadas. Oh montañas escarpadas, ¿por qué envidiáis al monte que Dios escogió para habitar, la morada perpetua del Señor?». 

Dios escoge siempre lo más débil e insignificante para manifestarse y salvar, Si escogiera lo fuerte y lo grandioso, lo perfecto y deslumbrador, serían las fuerzas y poderes del hombre lo que se manifestaría, y no Dios; si lo que se manifiesta es la fuerza y grandiosidad de los hombres, la salvación no acontece. Sólo Dios salva, y El sabe muy bien a quién escoge para que el hombre no quede deslumbrado por fuerzas y poderes que no son Él. Ningún ser humano, por extraordinario que sea, puede salvar a otro; o, como dice Jesús, un ciego no puede guiar a otro ciego (cf. Lc 6,39).

De la misma forma que Dios escogió a Israel débil e impotente, para manifestar su gloria, también hoy día escoge a hombres y mujeres débiles y sin pretensiones; hombres y mujeres «de barro» para que la luz y la fuerza de Dios sean visibles a todos.

El apóstol Pablo es perfectamente consciente de esta forma de actuar de Dios. Hablando de sí mismo y de los demás apóstoles, define a todos los evangelizadores con este título: «recipientes de barro». Y tiene que ser así para que aparezca que la fuerza del Evangelio viene de Dios y no de ellos: «Pero llevamos este tesoro en recipientes de barro para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros» (2Cor 4,7).

Jesús mismo compara el reino de Dios a una semilla de mostaza, que es la menor de todas las semillas. Sin embargo, al desarrollarse, echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan en ellas: «El reino de los cielos es semejante a un grano de mostaza... Es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol hasta el punto que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas» (Mt 13,31-32).