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sábado, 14 de octubre de 2023

4,10-20: Agradecimiento de Pablo por la ayuda recibida


Agradecimiento de Pablo por la ayuda recibida

10 Yo tuve una gran alegría en el Señor cuando vi florecer los buenos sentimientos de ustedes 
     con respecto a mí; ciertamente los tenían, pero les faltaba la ocasión de demostrarlos.
11 No es la necesidad la que me hace hablar, porque he aprendido a hacer frente a cualquier situación.
12 Yo sé vivir tanto en las privaciones como en la abundancia; estoy hecho absolutamente a todo, 
     a la saciedad como al hambre, a tener de sobra como a no tener nada.
13 Yo lo puedo todo en aquel que me conforta.
14 Sin embargo, ustedes hicieron bien en interesarse por mis necesidades.
15 Y ya saben, filipenses, que al comienzo de la evangelización, cuando dejé Macedonia, 
     ninguna otra Iglesia me ayudó pecuniariamente. Ustedes fueron los únicos
16 que cuando estaba en Tesalónica, en dos ocasiones me enviaron medios 
     para asistirme en mis necesidades.
17 No es que yo busque regalos; solamente quiero darles la ocasión de que ustedes se enriquezcan 
     cada vez más delante de Dios.
18 Por el momento, tengo todo lo necesario y más todavía. 
     Vivo en la abundancia desde que Epafrodito me entregó la ofrenda de ustedes, 
     como perfume de aroma agradable, como sacrificio aceptable y grato a Dios.
19 Dios colmará con magnificencia todas las necesidades de ustedes, conforme a su riqueza, 
     en Cristo Jesús.
20 A Dios, nuestro Padre, sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

4,21-23: Saludos y despedida
21 Saluden a cada uno de los santos en Cristo Jesús. 
     Los hermanos que están conmigo los saludan a ustedes.
22 Reciban el saludo de todos los santos, especialmente los de la casa imperial.
23 La gracia del Señor Jesucristo esté con ustedes.

sábado, 8 de octubre de 2022

Salvación universal y agradecimiento, por Mons. Francisco González, S.F.


Comentario por Mons. Francisco González SF

Domingo vigésimo octavo del Tiempo Ordinario. Entramos en la tercera etapa del camino de Jesús a Jerusalén. De hecho el evangelio de hoy comienza con la frase: “En aquel tiempo, de camino a Jerusalén”. Si tuviera que resumir el mensaje de este domingo en pocas palabras serían salvación universal y agradecimiento.

Era común, principalmente entre los líderes del Pueblo Elegido que ellos y sólo ellos se iban a salvar, pues Yavé Dios los había escogido como pueblo suyo. 

Mirando la primera lectura vemos que un extraño, un extranjero recibe la sanación (salvación) en Israel. Naamán, el sirio, siguiendo las instrucciones del profeta Eliseo, se baña en el río Jordán y queda limpio de su enfermedad. Tan agradecido está por esta curación que hasta se lleva tierra de Israel para construir con dicha tierra el altar donde desde ahora en adelante ofrecerá sacrificios al verdadero Dios.

En el evangelio leemos cómo el Señor sana a diez hombres. Forman un grupo heterogéneo, judíos y samaritanos. El hecho de que están en el pueblo, puede muy bien indicar que tienen una mentalidad nacionalista, que no quieren saber de los demás. Debido a su enfermedad están legalmente marginados, están fuera de la comunidad. Las leyes no están para salvarlos, sino para oprimirlos y cuando han conseguido ser sanados, uno sólo se da cuenta y reconoce que la salvación viene de Jesús y no del templo, uno sólo vuelve para dar gracias y lo extraño del caso es, que el mismo Jesús lo menciona, el agradecido no pertenece a los que se sientan cercanos a Dios, sino un samaritano, un extranjero/un inmigrante.

El samaritano y el sirio nos ofrecen prueba palpable de que la salvación es para todos. Que estamos llamados a evangelizar a todos. La Buena Nueva se ha de anunciar, la Buena Nueva de que Dios quiere la salvación de todos, se debe proclamar a todo el mundo y en todo el mundo.

El agradecimiento que el samaritano muestra a Jesús, es la actitud que debe tener todo cristiano, ante la vida en sí y ante la salvación. El cristiano tiene que siempre estar con Jesús, y cuando ha habido una separación, debe volver a Jesús. Nuestra fe nos dice que Él es el único camino por el que llegaremos a la salvación: Si perseveramos con Él, reinaremos con Él.

Sufrir por sufrir no tiene sentido, sin embargo vivimos una vida imperfecta y el sufrimiento es parte de la misma. Cristo Jesús, recuerda Pablo a Timoteo ha sufrido y muerto antes que nosotros, pero también ha resucitado. Si acompañamos al Señor en el sufrimiento y muerte, también le acompañaremos en la resurrección.

Después de una lectura/oración de la Palabra de Dios en este domingo, el camino es claro: reconocer que el llamado a la salvación es para todos, que si Dios no discrimina, tampoco debemos hacerlo nosotros y que el agradecimiento, cuando sale del corazón agrada a Dios.

Bueno será recordar que la eucaristía es acción de gracias, y cuando asistimos a la Santa Misa estamos celebrando una acción de gracias a Dios por todo lo que nos ha dado, especialmente su Hijo Jesucristo.

sábado, 13 de enero de 2018

Cómo adaptar el lenguaje de hoy a la evangelización


Cómo llevar el mensaje del Evangelio a los alejados y a los jóvenes con un lenguaje que entiendan y de una manera que sea capaz de llamarles la atención. Esta es una cuestión muy común a la que evangelizadores y catequistas se enfrentan de manera constante en una sociedad en constante cambio y ya secularizada, que ya no entiende el lenguaje religioso.

El papa Francisco habla del anuncio de la Palabra que se da en la catequesis aunque destacando igualmente la necesidad de una “adecuada ambientación y una atractiva motivación”. Es precisamente aquí donde pretende arrojar luz el sacerdote Manuel María Bru, doctor en Periodismo, presidente de la Fundación Crónica Blanca y profesor en varias universidades.

En su nuevo libro Asombro y empatía (Ciudad Nueva) ofrece “dos claves para renovar el lenguaje de la evangelización y de la catequesis”. El libro ofrece algunas claves para una nueva evangelización cada vez más urgente.

La importancia del "asombro"

En primer lugar, Bru destaca la importancia del “asombro” en la evangelización, un lenguaje que lleve a recuperar “una verdadera catequesis de la experiencia, de iniciación y de conversión cristianas”.

Esta experiencia lleva a superar “una catequesis meramente doctrinal” que no entienden los que no han tenido la experiencia religiosa del asombro. Pero también debe ir más allá de aquella catequesis que para intentar conectar con el joven o el alejado no abre “una puerta a la experiencia del asombro ante Dios y de la conversión e Él”. “Sólo es capaz de contagiar el asombro quien vive del asombro”, explica el autor.

Sin empatía la evangelización no cala

No menos importante que el asombro es la empatía, la forma de presentarse ante el otro para anunciar el Evangelio. No sólo es ofrecer esta Buena Nueva sino cómo ofrecerla. Es por ello por lo que el papa Francisco habla de que es “bueno que puedan vernos como “alegres mensajeros”.

Es importante tener un lenguaje y una forma de transmitir que “conecte” con una sociedad que el autor define como “la cultura débil del tiempo posmoderno, de la sociedad de la información y, entre otras muchas cosas, líquida y desvinculada".

Un cambio en el lenguaje y en el enfoque

Atendiendo a esta cultura de hoy, la evangelización y sobre todo la catequesis necesitan un formato diferente al que se ha llevado a cabo durante décadas. El lenguaje religioso y el lenguaje de hoy necesitan cambiar los verbos. Hay que pasar de explicar, entender y aprender a otros “más adecuados a la naturaleza misma de la catequesis”.

Estos son los verbos a utilizar hoy que propone este libro:

1. Provocar e inquietarse

En primer lugar el catequista o cualquier cristiano tienen que “provocar” interrogantes e inquietudes vitales propias del anhelo religioso en el catecúmeno o en el alejado. La respuesta deseable por parte del destinatario de este mensaje sería el “inquietarse” ante una provocación que despierta una dimensión latente en este catecúmeno. Sin este paso, “difícilmente pueden darse los siguientes, menos aún si el planteamiento sigue siendo el de enseñar/aprender, pues, como expresa la parábola del sembrador, la semilla caería en piedra, no entraría en la entraña vital del evangelizado, y resbalaría”.

2. Promover y acoger

En este proceso catequético se pretende de manera paulatina “promover” una experiencia de Dios en la vida de la persona. En este caso, el catequista en particular y la comunidad cristiana en general tienen que ayudar, empujar y alentar este movimiento paulatino que está realizando el catecúmeno y que debe hacer suyo. Por ello, no se trata tanto de enseñar como de promover ni de aprender como de acoger.

3. Asombrar y asombrarse

Esta debería ser el punto al que se debería llegar pero “no tanto como fase final del proceso, sino momentos en que el testigo es capaz de asombrar con su testimonio y el acompañado en el itinerario catequético es capaz de asombrarse”. Y es que sin asombro ante el Misterio de Dios, explica el autor, no hay verdadera experiencia religiosa y por tanto iniciación cristiana. Por todo ello, el cristiano “debería identificarse ante todo por ser un asombrado, y como tal, alguien capaz de asombrar a quienes lo rodean”.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

MIÉRCOLES DE LA 25 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año Impar (Lecturas)

Esdras 9,5-9
Tobías 13,2-8: Bendito sea Dios, que vive eternamente
Lucas 9,1-6

Esdras 9,5-9

Yo, Esdras, al llegar la hora de la oblación de la tarde, acabé mi penitencia y, con el vestido y el manto rasgados, me arrodillé y alcé mis manos al Señor, mi Dios, diciendo: "Dios mío, de pura vergüenza no me atrevo a levantar el rostro hacia ti, porque nuestros delitos sobrepasan nuestra cabeza, y nuestra culpa llega al cielo. Desde los tiempos de nuestros padres hasta hoy hemos sido reos de grandes culpas y, por nuestros delitos, nosotros con nuestros reyes y sacerdotes hemos sido entregados a reyes extranjeros, a la espada, al destierro, al saqueo y a la ignominia, que es la situación actual. Pero ahora, el Señor, nuestro Dios, nos ha concedido un momento de gracia, dejándonos un resto y una estaca en su lugar santo, dando luz a nuestros ojos y concediéndonos respiro en nuestra esclavitud. Porque éramos esclavos, pero nuestro Dios no nos abandonó en nuestra esclavitud; nos granjeó el favor de los reyes de Persia, nos dio respiro para levantar el templo de nuestro Dios y restaurar sus ruinas y nos dio una tapia en Judá y Jerusalén."

Interleccional: Tobías 13,2-8: 
Bendito sea Dios, que vive eternamente

Él azota y se compadece,
hunde hasta el abismo y saca de él,
y no hay quien escape de su mano.
R. Bendito sea Dios, que vive eternamente

Dadle gracias, israelitas, ante los gentiles,
porque él nos dispersó entre ellos.
Proclamad allí su grandeza,
ensalzadlo ante todos los vivientes:
que él es nuestro Dios y Señor,
nuestro padre por todos los siglos.
R. Bendito sea Dios, que vive eternamente

Veréis lo que hará con vosotros,
le daréis gracias a boca llena,
bendeciréis al Señor de la justicia
y ensalzaréis al rey de los siglos.
R. Bendito sea Dios, que vive eternamente

Yo le doy gracias en mi cautiverio,
anuncio su grandeza y su poder
a un pueblo pecador.
R. Bendito sea Dios, que vive eternamente

Convertíos pecadores,
obrad rectamente en su presencia:
quizás os mostrará benevolencia
y tendrá compasión.
R. Bendito sea Dios, que vive eternamente

Lucas 9,1-6

En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: "No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa." Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando el Evangelio y curando en todas partes.

martes, 14 de febrero de 2017

En el día de Cirilo y Metodio, el papa Francisco cita 3 características del evangelizador



— Comentario por el papa Francisco
En el día de Cirilo y Metodio, el papa Francisco cita 3 características del evangelizador

El Papa ha celebrado este martes la misa matinal en la Casa Santa Marta y recordando a los santos Cirilo y Metodio, patronos de Euroa y que hoy celebra la Iglesia, indicó que las características que distinguen a los grandes herlandos que difundieron el cristianismo en el mundo son coraje, humildad y oración.

El Santo Padre agregó que los santos Cirilo y Metodio fueron ‘sembradores de palabra’ además de ‘misioneros y verdaderos heraldos’ para formar al pueblo de Dios, hermanos intrépidos que fortalecieron a Europa, de quien son patronos.

La importancia del coraje

La primera característica del enviado que lleva la palabra de Dios, es según el Papa, la “franqueza” que incluye “fuerza y coraje”. Vale a decir que la Palabra de Dios no es una propuesta más: “bueno, si te gusta…”. O una idea filosófica o moral buena, sino que debe ser propuesta con franqueza, con fuerza para que la Palabra penetre -como dijo Pablo- hasta los huesos.

Francisco añadía que  quien no tiene el coraje espiritual en el corazón es porque no está enamorado de Jesús, porque de allí viene el coraje. Se podrá decir alguna cosa moral, filantrópica, pero no se llevará la palabra de Dios. Porque “solo la Palabra de Dios proclamada con franqueza, con coraje es capaz de formar al pueblo de Dios”.

Sin oración no hay evangelización

El evangelio del día señala: recen por lo tanto al Señor de la mies, para que envíe operarios a su mies”. Por ello, indicó el Papa, además del coraje es necesaria la oración.

“La palabra de Dios –prosigue Francisco– va proclamada junto a la oración. Siempre. Sin oración uno podrá hacer una hermosa conferencia, una bella lección: buena, buena, pero no es la Palabra de Dios”. Porque la oración hace que “el Señor riegue esta semilla para que brote”.

La humildad de saberse débil 

Una tercera condición señalada en el evangelio es que el Señor envía a los discípulos como corderos en medio a los lobos. O sea que “el verdadero predicador es aquel que es consciente de ser débil, que sabe no poder defenderse por sí mismo”.

El Santo Padre citó a san Juán Crisóstomo que reflexionaba: ‘Si no vas como cordero, pero como lobo entre los lobos, el Señor no te protege, defiéndete solo”. Así recordó que supo de uno que “se vanagloriaba de predicar bien la Palabra de Dios y se sentía un lobo”. Y después de una hermosa predicación “fue a confesar y encontró a un ‘pez gordo’, a un gran pecador”. Este confesor “inició a llenarse de vanidad” y cuando le preguntó al pecador qué parte de sus palabras le habían tocado más, señaló: “Pasemos a otro tema”. Francisco indicó que no sabe si sea una historia verdadera, pero la cosa segura es que “se termina mal” si uno “se siente seguro de sí no como un cordero a quien el Señor defenderá”.

El Santo Padre concluyo su homilía invocando a los santos Cirilo y Metodio, para que nos ayuden para proclamar la palabra de Dios como hicieron ellos.

viernes, 9 de septiembre de 2016

1 Corintios 9,16-19.22b-27: Evangelizar a través del testimonio, por el papa Francisco

1 Corintios 9,16-19.22b-27  

El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio. Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes. Ya sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno solo se lleva el premio. Corred así: para ganar. Pero un atleta se impone toda clase de privaciones. Ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita. Por eso corro yo, pero no al azar; boxeo, pero no contra el aire; mis golpes van a mi cuerpo y lo tengo a mi servicio, no sea que, después de predicar a los otros, me descalifiquen a mí.

— Comentario por el papa Francisco

No reducir la evangelización al funcionalismo ni tampoco a un simple ‘paseo’. De este modo, el papa Francisco ha subrayado la importancia que debe asumir el testimonio en la vida de los cristianos, advirtiendo de la tentación de proselitismo y de convencer con la fuerza de las palabras.

El Santo Padre hace referencia a la Primera Lectura, de san Pablo a los Corintios, para preguntarse qué significa dar testimonio. De forma especial el Papa se ha detenido en el hecho de que evangelizar no significa reducirlo “a una función”.

Lamentablemente, ha advertido el Santo Padre, se ven cristianos que viven el servicio como una función. Laicos y sacerdotes que presumen de lo que hacen. Así, Francisco ha recordado que “evangelizar no es hacer proselitismo”. Es decir, “ni hacer el paseo, ni reducir el Evangelio a una función ni hacer proselitismo: esto no es evangelizar”. De este modo ha observado que Pablo dice que evangelizar es para él una necesidad “que se le impone”. Y ha añadido que un cristiano tiene la obligación, pero con esta fuerza, como una necesidad de llevar el nombre de Jesús, pero desde el propio corazón.

El Papa ha proseguido que anunciar el Evangelio no puede ser un presumir sino “una obligación”. Y el estilo debe ser “hacerse todo a todos”. El estilo es “ir y compartir la vida de los otros, acompañar; acompañar en el camino de la fe, hacer crecer en el camino de la fe”.

En esta línea, ha asegurado que debemos ponernos en la condición del otro: “Si él está enfermo, acercarme, no agobiarlo con argumentos”, “ser cercano, asistirlo, ayudarlo”. Se evangeliza “con esta actitud de misericordia: hacerse todo a todos. Es el testimonio que lleva la Palabra”, ha precisado.

El Papa ha hecho referencia a una pregunta que le hizo un joven en la JMJ de Cracovia, “qué decir a un amigo ateo”. A lo que Francisco respondió: “la última cosa que tienes que hacer es decir algo. Comienza por hacer y él verá lo que haces y te preguntará”.

Asimismo, el Pontífice ha explicado que evangelizar es dar este testimonio: yo vivo así porque creo en Jesucristo. Y esto, reconoce el Papa, despierta curiosidad en la gente.

Por otro lado ha querido recordar que evangelizar es algo que se hace gratuitamente, “porque nosotros hemos recibido gratuitamente el Evangelio”, “la gracia, la salvación, no se compra y tampoco se vende: es gratis. Y gratis debemos darla”.

Finalmente ha querido recordar que todos nosotros “tenemos la obligación de evangelizar”, viviendo la fe, hablando con mansedumbre, amor, sin querer convencer a nadie, pero gratuitamente. “Es dar gratis lo que Dios me ha dado gratis”, eso es evangelizar.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Laicos en la vida pública, Iglesia y mundo


Laicos en la vida pública, Iglesia y mundo
Carta del Papa Francisco al Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina

En el documento -firmado el 19 de marzo de 2016, Solemnidad de San José-  el Santo Padre recuerda el encuentro que mantuvo (4 de marzo de 2016)  con los participantes en la Asamblea Plenaria de la CAL (Comisión para América Latina), sobre el tema: «Indispensable compromiso de los fieles laicos en la vida pública de los países latinoamericanos».

Con el anhelo de que «el espíritu de discernimiento y reflexión ‘no caigan en saco roto’» y «nos ayude y siga estimulando a servir al Santo Pueblo fiel de Dios», el papa Francisco hace hincapié en  que el «Santo Pueblo fiel de Dios es al que como pastores estamos continuamente invitados a mirar, proteger, acompañar, sostener y servir».

«Nos hace bien recordar que la Iglesia no es una elite de los sacerdotes, de los consagrados, de los obispos, sino que todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios», escribe Francisco. Y pone en guardia contra el clericalismo, animando la piedad popular y la pastoral popular y señalando asimismo que, ante los desafíos que la vida contemporánea presenta, los pastores deben estimular la inculturación, alentando a la gente a vivir, anunciar y celebrar su fe «en el aquí y ahora de la historia».

TEXTO COMPLETO DE LA CARTA DEL PAPA FRANCISCO

A Su Eminencia Cardenal
Marc Armand Ouellet, P.S.S.
Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina

Eminencia:

Al finalizar el encuentro de la Comisión para América Latina y el Caribe tuve la oportunidad de encontrarme con todos los participantes de la asamblea donde se intercambiaron ideas e impresiones sobre la participación pública del laicado en la vida de nuestros pueblos.

Quisiera recoger lo compartido en esa instancia y continuar por este medio la reflexión vivida en esos días para que el espíritu de discernimiento y reflexión "no caiga en saco roto"; nos ayude y siga estimulando a servir mejor al Santo Pueblo fiel de Dios.

Pastores con su Pueblo

Precisamente es desde esta imagen, desde donde me gustaría partir para nuestra reflexión sobre la actividad pública de los laicos en nuestro contexto latinoamericano. Evocar al Santo Pueblo fiel de Dios, es evocar el horizonte al que estamos invitados a mirar y desde donde reflexionar. El Santo Pueblo fiel de Dios es al que como pastores estamos continuamente invitados a mirar, proteger, acompañar, sostener y servir. Un padre no se entiende a sí mismo sin sus hijos. Puede ser un muy buen trabajador, profesional, esposo, amigo pero lo que lo hace padre tiene rostro: son sus hijos.

Lo mismo sucede con nosotros, somos pastores. Un pastor no se concibe sin un rebaño al que está llamado a servir. El pastor, es pastor de un pueblo, y al pueblo se lo sirve desde dentro. Muchas veces se va adelante marcando el camino, otras detrás para que ninguno quede rezagado, y no pocas veces se está en el medio para sentir bien el palpitar de la gente.

Mirar al Santo Pueblo fiel de Dios y sentirnos parte integrante del mismo nos posiciona en la vida y, por lo tanto, en los temas que tratamos de una manera diferente. Esto nos ayuda a no caer en reflexiones que pueden, en sí mismas, ser muy buenas pero que terminan funcionalizando la vida de nuestra gente, o teorizando tanto que la especulación termina matando la acción. Mirar continuamente al Pueblo de Dios nos salva de ciertos nominalismos declaracionistas (slogans) que son bellas frases pero no logran sostener la vida de nuestras comunidades. Por ejemplo, recuerdo ahora la famosa expresión: "es la hora de los laicos" pero pareciera que el reloj se ha parado.

Somos Pueblo de Dios

Mirar al Pueblo de Dios, es recordar que todos ingresamos a la Iglesia como laicos. El primer sacramento, el que sella para siempre nuestra identidad y del que tendríamos que estar siempre orgullosos es el del bautismo. Por él y con la unción del Espíritu Santo, (los fieles) quedan consagradas como casa espiritual y sacerdocio santo (LG 10) Nuestra primera y fundamental consagración hunde sus raíces en nuestro bautismo. A nadie han bautizado cura, ni obispo. Nos han bautizados laicos y es el signo indeleble que nunca nadie podrá eliminar.

Nos hace bien recordar que la Iglesia no es una elite de los sacerdotes, de los consagrados, de los obispos, sino que todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios. Olvidarnos de esto acarrea varios riesgos y/o deformaciones en nuestra propia vivencia personal como comunitaria del ministerio que la Iglesia nos ha confiado. Somos, como bien lo señala el Concilio Vaticano II, el Pueblo de Dios, cuya identidad es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo (LG 9). El Santo Pueblo fiel de Dios está ungido con la gracia del Espíritu Santo, por tanto, a la hora de reflexionar, pensar, evaluar, discernir, debemos estar muy atentos a esta unción.

Sobre el Clericalismo

A su vez, debo sumar otro elemento que considero fruto de una mala vivencia de la eclesiología planteada por el Vaticano II. No podemos reflexionar el tema del laicado ignorando una de las deformaciones más fuertes que América Latina tiene que enfrentar - y a las que les pido una especial atención - el clericalismo. Esta actitud no sólo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestra gente.

El clericalismo lleva a la funcionalización del laicado; tratándolo como "mandaderos", coarta las distintas iniciativas, esfuerzos y hasta me animo a decir, osadías necesarios para poder llevar la Buena Nueva del Evangelio a todos los ámbitos del quehacer social y especialmente político. El clericalismo lejos de impulsar los distintos aportes, propuestas, poco a poco va apagando el fuego profético que la Iglesia toda está llamada a testimoniar en el corazón de sus pueblos. El clericalismo se olvida que la visibilidad y la sacramentalidad de la Iglesia pertenece a todo el Pueblo de Dios (cfr. LG 9-14) Y no solo a unos pocos elegidos e iluminados.

La Pastoral Popular

Hay un fenómeno muy interesante que se ha producido en nuestra América Latina y me animo a decir, creo que es de los pocos espacios donde el pueblo de Dios fue soberano de la influencia del clericalismo: me refiero a la pastoral popular. Ha sido de los pocos espacios donde el pueblo (incluyendo a sus pastores) y el Espíritu Santo se han podido encontrar sin el clericalismo que busca controlar y frenar la unción de Dios sobre los suyos.

Sabemos que la pastoral popular como bien lo ha escrito Pablo VI en la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, tiene ciertamente sus límites. Está expuesta frecuentemente a muchas deformaciones de la religión, pero prosigue, cuando está bien orientada, sobre todo mediante una pedagogía de evangelización, contiene muchos valores. Refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer. Hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe. Comporta un hondo sentido de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores que raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación de los demás, devoción. Teniendo en cuenta esos aspectos, la llamamos gustosamente "piedad popular", es decir, religión del pueblo, más bien que religiosidad ... Bien orientada, esta religiosidad popular puede ser cada vez más, para nuestras masas populares, un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo. (EN 48)

El Papa Pablo usa una expresión que considero es clave, la fe de nuestro pueblo, sus orientaciones, búsquedas, deseo, anhelos, cuando se logran escuchar y orientar nos terminan manifestando una genuina presencia del Espíritu. Confiemos en nuestro Pueblo, en su memoria y en su "olfato", confiemos que el Espíritu Santo actúa en y con ellos, y que este Espíritu no es solo "propiedad" de la jerarquía eclesial.

He tomado este ejemplo de la pastoral popular como clave hermenéutica que nos puede ayudar a comprender mejor la acción que se genera cuando el Santo Pueblo fiel de Dios reza y actúa. Una acción que no queda ligada a la esfera íntima de la persona sino por el contrario se transforma en cultura; una cultura popular evangelizada contiene valores de fe y de solidaridad que pueden provocar el desarrollo de una sociedad más justa y creyente, y posee una sabiduría peculiar que hay que saber reconocer con una mirada agradecida. (EG 68)

Laicos y Vida Pública

Entonces desde aquí podemos preguntarnos, ¿qué significa que los laicos estén trabajando en la vida pública?

Hoy en día muchas de nuestras ciudades se han convertidos en verdaderos lugares de supervivencia. Lugares donde la cultura del descarte parece haberse instalado y deja poco espacio para una aparente esperanza. Ahí encontramos a nuestros hermanos, inmersos en esas luchas, con sus familias, intentando no solo sobrevivir, sino que en medio de las contradicciones e injusticias, buscan al Señor y quieren testimoniar lo.

¿Qué significa para nosotros pastores que los laicos estén trabajando en la vida pública? 

Significa buscar la manera de poder alentar, acompañar y estimular los intentos, esfuerzos que ya hoy se hacen por mantener viva la esperanza y la fe en un mundo lleno de contradicciones especialmente para los más pobres, especialmente con los más pobres. Significa como pastores comprometernos en medio de nuestro pueblo y, con nuestro pueblo sostener la fe y su esperanza. Abriendo puertas, trabajando con ellos, soñando con ellos, reflexionando y especialmente rezando con ellos.

Necesitamos reconocer la ciudad -y por lo tanto todos los espacios donde se desarrolla la vida de nuestra gente- desde una mirada contemplativa, una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas... Él vive entre los ciudadanos promoviendo la caridad, la fraternidad, el deseo del bien, de verdad, de justicia. Esa presencia no debe ser fabricada sino descubierta, develada. Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con un corazón sincero. (EG 71) No es nunca el pastor el que le dice al laico lo que tiene que hacer o decir, ellos lo saben tanto o mejor que nosotros. No es el pastor el que tiene que determinar lo que tienen que decir en los distintos ámbitos los fieles. Como pastores, unidos a nuestro pueblo, nos hace bien preguntamos cómo estamos estimulando y promoviendo la caridad y la fraternidad, el deseo del bien, de la verdad y la justicia. Cómo hacemos para que la corrupción no anide en nuestros corazones.

Muchas veces hemos caído en la tentación de pensar que el laico comprometido es aquel que trabaja en las obras de la Iglesia y/o en las cosas de la parroquia o de la diócesis y poco hemos reflexionado como acompañar a un bautizado en su vida pública y cotidiana; cómo él, en su quehacer cotidiano, con las responsabilidades que tiene se compromete como cristiano en la vida pública.

Sin darnos cuenta, hemos generado una elite laical creyendo que son laicos comprometidos solo aquellos que trabajan en cosas "de los curas" y hemos olvidado, descuidado al creyente que muchas veces quema su esperanza en la lucha cotidiana por vivir la fe. Estas son las situaciones que el clericalismo no puede ver, ya que está muy preocupado por dominar espacios más que por generar procesos. Por eso, debemos reconocer que el laico por su propia realidad, por su propia identidad, por estar inmerso en el corazón de la vida social, pública y política, por estar en medio de nuevas formas culturales que se gestan continuamente tiene exigencias de nuevas formas de organización y de celebración de la fe. ¡Los ritmos actuales son tan distintos (no digo mejor o peor) a los que se vivían 30 años atrás! Esto requiere imaginar espacios de oración y de comunión con características novedosas, más atractivas y significativas -especialmente-para los habitantes urbanos. (EG 73)

Es obvio, y hasta imposible, pensar que nosotros como pastores tendríamos que tener el monopolio de las soluciones para los múltiples desafíos que la vida contemporánea nos presenta. Al contrario, tenemos que estar al lado de nuestra gente, acompañándolos en sus búsquedas y estimulando esta imaginación capaz de responder a la problemática actual. Y esto discerniendo con nuestra gente y nunca por nuestra gente o sin nuestra gente. Como diría San Ignacio, "según los lugares, tiempos y personas". Es decir, no uniformizando.

Inculturación y Memoria

No se pueden dar directivas generales para una organización del pueblo de Dios al interno de su vida pública. La inculturación es un proceso que los pastores estamos llamados a estimular alentado a la gente a vivir su fe en donde está y con quién está. La inculturación es aprender a descubrir cómo una determinada porción del pueblo de hoy, en el aquí y ahora de la historia, vive, celebra y anuncia su fe. Con la idiosincrasia particular y de acuerdo a los problemas que tiene que enfrentar, así como todos los motivos que tiene para celebrar. La inculturación es un trabajo de artesanos y no una fábrica de producción en serie de procesos que se dedicarían a "fabricar mundos o espacios cristianos".

Dos memorias se nos pide cuidar en nuestro pueblo. La memoria de Jesucristo y la memoria de nuestros antepasados. La fe, la hemos recibido, ha sido un regalo que nos ha llegado en muchos casos de las manos de nuestras madres, de nuestras abuelas. Ellas han sido, la memoria viva de Jesucristo en el seno de nuestros hogares. Fue en el silencio de la vida familiar, donde la mayoría de nosotros aprendió a rezar, a amar, a vivir la fe. Fue al interno de una vida familiar, que después tomó forma de parroquia, colegio, comunidades que la fe fue llegando a nuestra vida y haciéndose carne. Ha sido también esa fe sencilla la que muchas veces nos ha acompañado en los distintos avatares del camino. Perder la memoria es desarraigarnos de donde venimos y por lo tanto, nos sabremos tampoco a donde vamos. Esto es clave, cuando desarraigamos a un laico de su fe, de la de sus orígenes; cuando lo desarraigamos del Santo Pueblo fiel de Dios, lo desarraigamos de su identidad bautismal y así le privamos la gracia del Espíritu Santo.

Lo mismo nos pasa a nosotros, cuando nos desarraigamos como pastores de nuestro pueblo, nos perdemos. Nuestro rol, nuestra alegría, la alegría del pastor está precisamente en ayudar y estimular, al igual que hicieron muchos antes que nosotros, sean las madres, las abuelas, los padres los verdaderos protagonistas de la historia. No por una concesión nuestra de buena voluntad, sino por propio derecho y estatuto. Los laicos son parte del Santo Pueblo fiel de Dios y por lo tanto, los protagonistas de la Iglesia y del mundo; a los que nosotros estamos llamados a servir y no de los cuales tenemos que servirnos.

En mi reciente viaje a la tierra de México tuve la oportunidad de estar a solas con la Madre, dejándome mirar por ella. En ese espacio de oración pude presentarle también mi corazón de hijo. En ese momento estuvieron también ustedes con sus comunidades. En ese momento de oración, le pedí a María que no dejara de sostener, como lo hizo con la primera comunidad, la fe de nuestro pueblo. Que la Virgen Santa interceda por ustedes, los cuide y acompañe siempre,

Vaticano, 19 de marzo de 2016

+Francisco

martes, 21 de julio de 2015

Se necesitan sacerdotes: la Iglesia crece en todo el mundo y las parroquias no dan abasto, por Matt Hadro

Un nuevo estudio sobre tendencias en la Iglesia en el mundo arrojó que la población católica mundial está creciendo tan rápidamente que el número de sacerdotes y parroquias simplemente ya no se dan abasto. Esta realidad plantea un desafío: Con un crecimiento global en el número de católicos, especialmente en África y Asia, pero con un crecimiento no lo suficiente en el número de parroquias y sacerdotes, los católicos tienen menos oportunidades de recibir los sacramentos y participar en la vida parroquial.

«La Iglesia aún enfrenta un problema global del siglo XXI respecto al compromiso permanente de los católicos con la parroquia y la vida sacramental», señala el estudio realizado por el Centro de Investigación Aplicada en el Apostolado (CARA en sus siglas en inglés) de la Universidad de Georgetown, Estados Unidos.

El estudio titulado Global Catholicism (Catolicismo global) recogió estadísticas del Vaticano y otras encuestas a partir del año 1980 para indagar sobre los lugares en los que la Iglesia Católica ha crecido y disminuido a nivel parroquial y para predecir los datos demográficos para la Iglesia en las próximas décadas.

La investigación señala que «este crecimiento se analizó a nivel de parroquia, ya que en última instancia esta es el «ladrillo y el cemento» de la Iglesia, donde los católicos reciben los sacramentos, se relacionan con otros fieles y llevan una vida de fe activa.

El estudio destacó el crecimiento en el número de católicos, sacerdotes, religiosos, parroquias, recepción de los sacramentos, seminaristas e instituciones católicas como hospitales y escuelas en todo el mundo.

La conclusión general del informe apunta a que la Iglesia se encuentra en medio de un «dramático realineamiento». Experimenta una disminución del número de católicos en el centro histórico de Europa, va en desaceleración en América y Oceanía y su auge se concentra en Asia y África.
También se proyecta un desplazamiento católico lejos de los centros tradicionales de Europa y América hacia el «Sur Global», mayoritariamente los países en vía de desarrollo, en los que se incluyen Centro y Sudamérica, África subsahariana, Oriente Medio, Asia del Sur, Oceanía y gran parte del Extremo Oriente.

En entrevista con ACI Prensa, el Dr. Mark Gray, destacado investigador asociado a CARA, explicó las implicancias de este cambio.

Un problema destacado por el estudio es que la mayoría de las parroquias del mundo aún se concentran en Europa y América, donde la Iglesia experimenta un declive o estancamiento en población. El mundo en vías de desarrollo está sumando más católicos, pero no existen suficientes parroquias para servirlos.

«Tienen todas estas hermosas parroquias» en Europa, afirmó Gray. «No puedes tomarlas y moverlas de una parte del mundo a otra tan fácilmente. En consecuencia, en un lugar la Iglesia va a tener que cerrar parroquias y en otro va a tener que construir muchísimas, además de encontrar la manera de organizar su clero».

Otro descubrimiento apunta a que los católicos están participando menos en la Iglesia a medida que crecen en edad, lo cual se ve plasmado en las tasas de participación sacramental.

En todas las regiones, el número de bautismos infantiles por cada mil católicos es mayor al número de primeras comuniones, el cual supera el número de confirmaciones, el que está por sobre el número de matrimonios celebrados dentro de la Iglesia.

Si bien esto era esperable en regiones como Europa en donde se experimenta una baja general de sacerdotes y religiosos, esto también ocurre en todas las demás regiones donde el número de miembros de la Iglesia va en crecimiento.

América tiene una tasa de asistencia a Misa y un número de matrimonios por cada mil católicos inferiores a Europa, pese a que la población católica del continente de la Esperanza es cada vez mayor. Gray subrayó que estos resultados aún deben ser analizados.

Por otra parte, el número de sacerdotes, religiosos y religiosas disminuyó en América desde 1980, a pesar de que el número de católicos y sacerdotes diocesanos ha aumentado en la región.

Incluso en África, continente que experimenta el más alto crecimiento de la Iglesia, hay una fuerte caída en la participación sacramental desde el bautismo al matrimonio. La tasa de matrimonio es en realidad tan baja en África como en América.

Esto puede explicarse debido a la rapidez del crecimiento demográfico que supera rápidamente el crecimiento de sus parroquias. Este continente es el líder mundial con más de 13 mil católicos por parroquia.

«En África, más que en cualquier otro lugar, la Iglesia necesita estudiar la posibilidad de que algunos renuncien o retrasen la actividad sacramental debido a la falta de acceso a una parroquia cercana», sostiene el informe de CARA.

Asia, sin embargo, lidera en la participación sacramental y supera a todas las demás regiones en las tasas de primeras comuniones, confirmaciones y matrimonios.

«Algo sucede en Asia que es notable. Va en contra de la tendencia de todas las demás regiones», señaló Gray, quien agregó que los líderes católicos deberían prestar atención a lo que está pasando allí.

A excepción de China continental, de la que el Vaticano no proporcionó datos, la población católica en Asia aumentó en un 63 por ciento desde 1980. En general, la asistencia a la Misa tampoco se redujo de manera significativa, aunque algunos países asiáticos reportaron una asistencia a la Celebración Eucarística más alta que otros.

El número de sacerdotes diocesanos aumentó en más del doble en Asia desde 1980 y el número tanto de sacerdotes, religiosos y religiosas, aumentó casi al doble, durante ese periodo.

¿Cuáles son las consecuencias de tener muy pocos sacerdotes, religiosos y parroquias para responder al el crecimiento global de los católicos en todo el mundo?

En algunos lugares, el fenómeno de cierres y consolidaciones de comunidades parroquiales tendrán como consecuencia la existencia de «mega parroquias». Sobre todo en Europa y América del Norte, donde esto ya sucede. Gray explicó que el resultado podría ser una crisis de la comunidad en la que muchos católicos experimentan el «anonimato» en medio de tantos feligreses.

Estos católicos «anónimos» estarían menos entusiasmados de participar en la vida de su parroquia: donarían menos, participarían menos en los sacramentos y traerían cada vez menos a sus hijos a la Iglesia.

Esto es particularmente difícil para Europa y América del Norte, señaló Gray, porque históricamente estas regiones eran bien atendidas con parroquias y sacerdotes, y se acostumbraron a tener comunidades locales más pequeñas en lugar de grandes parroquias misioneras.

Ahora, no sólo las parroquias serían más grandes, también los sacerdotes servirían a múltiples parroquias, dejando a los católicos con menos oportunidades para relacionarse con su párroco.
«Por mucho tiempo las personas esperaban ir a su parroquia local cuando quisieran, llamaban a la puerta y les abría un sacerdote. Especialmente cuando alguien estaba muy enfermo», recordó Gray. Ahora esto pareciera no ser el caso.

Europa va a tener una disminución del cinco por ciento en su población católica para el 2050, predice el informe, pero lo más alarmante es que el número de sacerdotes diocesanos y religiosos con votos ya ha caído en un 40 por ciento desde 1980, así como también ha disminuido el número total de parroquias.

En consecuencia, sacerdotes de otros continentes, como África, ya han tenido que trasladarse para servir a los católicos de Europa y América. Esto pone una presión adicional sobre la Iglesia en África, donde el crecimiento significativo en las parroquias, sacerdotes y religiosos todavía no logra responder al mayor auge de su población católica.

«Mientras que algunos sacerdotes africanos sirven internacionalmente en parroquias de todo el mundo, esto puede llegar a ser más difícil en las próximas décadas con las necesidades más apremiantes en el continente», señala el informe.

De las regiones incluidas en el informe, África experimentó el mayor aumento de católicos por parroquia desde 1980, pasando de 8.193 católicos por parroquia en 1980 a 13.050 en 2012.

Pese a que el número de sacerdotes y parroquias en África han subido por más del cien por ciento en ese periodo de tiempo, el número de católicos se ha disparado en un 238 por ciento, lo que aumenta la brecha entre el número de católicos y el número de sacerdotes y religiosos.

Según el estudio, el esplendor católico que vive el continente es una consecuencia del auge de su población, ya que las tasas de fertilidad en cualquier región se relaciona directamente con la vitalidad de la Iglesia en esa zona.

Cuando la tasa de fecundidad está por debajo del nivel de reemplazo de 2,1 hijos por pareja - como en la mayoría de los países de Europa - la Iglesia está en una situación compleja.

Cuando la tasa de fecundidad es más alta y está por encima de la tasa de reemplazo - como en el África subsahariana con un 5,15 - la Iglesia está creciendo rápidamente.

Y cuando la tasa de fecundidad se acerca al nivel de la tasa de reemplazo - como en América Latina y el Caribe, donde cayó de 4,2 en 1980 a 2,18 en 2012 - el crecimiento de la Iglesia está en desaceleración.

La explicación de Gray para esto es simple: Menos nacimientos «significa eventualmente un menor número de bautizos, primeras comuniones, menos matrimonios, poblaciones más pequeñas».

Traducido por Bárbara Bustamante
Fuente: infocatolica.com

martes, 25 de febrero de 2014

Monseñor Agrelo: "Preferimos exponer doctrinas a compartir mesa, pero eso hace estéril la predicación"


El arzobispo de Tánger, monseñor Santiago Agrelo, ha defendido hoy en Valencia (España) la evangelización "mediante el testimonio de la caridad", que significa, en definitiva, "dar todo por nada".

En una conferencia titulada "Decir amar para decir evangelizar", que ha impartido en el Colegio Mayor Santo Tomás de Villanueva, monseñor Santiago Agrelo ha recordado que "la experiencia dice que a menudo la práctica de la caridad no es considerada como forma primera y esencial de evangelización, sino como alternativa pobre al ejercicio de la predicación".

En este sentido, monseñor Agrelo ha advertido que "hemos dado por cierto que las palabras tienen más fuerza que la vida, que los discursos son más elocuentes que los abrazos y preferimos exponer doctrinas a compartir mesa". Por eso, el arzobispo de Tánger ha lamentado que "gastamos demasiadas energías en defender doctrinas y dejamos de lado lo esencial, que es amar".

"Si no queremos hacer estéril la palabra de la predicación, hemos de considerar que el objeto de la fe, más que una doctrina , es una realidad", ha precisado monseñor Agrelo, que ha defendido que "a los pobres, los enviados de Cristo no les llevan palabras sino sacramentos, no llevamos doctrina, sino salvación".

viernes, 3 de enero de 2014

El Papa pide anunciar el evangelio con dulzura, fraternidad y amor y no con bastón inquisitorial de condena



El Papa Francisco ha explicado que el Evangelio no se puede anunciar «con bastón inquisitorial» sino «con dulzura, fraternidad, amor», durante la Misa celebrada este viernes en la Iglesia del Gesù, en Roma, como acción de gracias por la reciente canonización del primer sacerdote jesuita, Pedro Fabro, el pasado 17 de diciembre.

Además ha asegurado que una fe auténtica lleva a querer cambiar el mundo. El Papa ha afirmado igualmente que ser jesuita es ser «una persona de pensamiento incompleto, de pensamiento abierto».

«Pienso ahora en la tentación, que tal vez podamos tener nosotros y que tantos tienen de anunciar el Evangelio con bastón inquisitorial, de condena. No, el Evangelio se anuncia con dulzura, con fraternidad, con amor», ha remarcado el Pontífice en la fiesta del Santo Nombre de Jesús.

Además, ha remarcado que una fe auténtica «implica siempre un profundo deseo de cambiar el mundo» y ha invitado a preguntarse: «¿Tenemos también nosotros grandes visiones? ¿somos también nosotros atrevidos? ¿nuestro sueño es volar alto? ¿o somos mediocres y nos contentamos con nuestra programación apostólica de laboratorio?».

A esta pregunta, ha contestado que «la fuerza de la Iglesia no habita en ella misma, en su capacidad organizativa sino que se esconde en las aguas profundas de Dios, en las que se agitan los deseos, los cuales alargan el corazón», como decía San Agustín.

— “Sin la inquietud somos estériles”

Asimismo, ha invitado a cuestionarse si el corazón de cada uno ha preservado el interés por la búsqueda o si se ha «atrofiado», si está siempre «en tensión, un corazón que no descansa, que no se cierra en sí mismo, que late al ritmo del pueblo fiel de Dios».

«Solo esta inquietud –ha subrayado– da paz al corazón de un jesuita. No debemos cansarnos de proclamar el kerigma, de evangelizar con valentía. Sin la inquietud somos estériles».

En este sentido, ha indicado que «si el Dios de la sorpresa no está en el centro, la Compañía (de Jesús) se desorienta». Por eso, ha añadido que ser jesuita significa ser «una persona de pensamiento incompleto, de pensamiento abierto, que piensa siempre mirando al horizonte que es la gloria de Dios que sorprende sin cesar». «¡Esta es la inquietud de nuestra vorágine!», ha exclamado.

Así lo ha expresado durante esta Misa en la que se ha celebrado la fiesta del Santísimo Nombre de Jesús.

— “Pedro Fabro, un hombre de grandes deseos”

Además, frente a las «tentaciones» que se pueden tener, el Pontífice ha pedido que el corazón esté centrado en Cristo, pues «solo si se centra en Dios, es posible ir a las periferias del mundo», algo que, según ha recordado, hizo Pedro Fabro que viajó sin descanso incluso a través de las fronteras geográficas hasta el punto que se decía de él: «Parece que no ha nacido para quedarse quieto en ninguna parte».

Y es que Fabro, según ha añadido, era «un hombre de grandes deseos, un hombre modesto, sensible, de profunda vida interior, con un espíritu inquieto» que «estaba completamente centrado en Dios».

Finalmente, aunque ha admitido que todos son «contradictorios, incoherentes, pecadores», ha precisado que quieren «caminar bajo el resguardo de Jesús» así como «luchar bajo la bandera de la Cruz en la Compañía del nombre de Jesús» y tener una vida llena de «grandes deseos».

Fuente: infocatolica.com

sábado, 14 de diciembre de 2013

La Primavera eclesial de Evangelii Gaudium, por Jorge Costadoat, SJ.


Tras una primera lectura de la Exhortación Apostólica del Papa Francisco, comparto algunas impresiones. Son impresiones. No ofrezco un resumen. Se trata de las resonancias que causan en mí algunos asuntos centrales del documento. Ecos que a mí y a mi modo me hacen pensar. El ámbito de libertad creado en esta Primavera eclesial hace posible compartir ideas e impresiones sin temor a equivocarse. Hay aire para la espontaneidad.

Iglesia "en salida"

El Papa Francisco pone a la Iglesia “en salida”. Le exige una conversión personal y una revisión estructural, en vista de la misión de anunciar el Evangelio. La misión cobra una importancia decisiva. De la “salida” depende el futuro. Se trata de llegar a todos. No hay, sin embargo, señas de ajustes doctrinales. ¿Son estos necesarios para cumplir la misión? No se abordan a fondo los temas ruidosos. Tal vez no sea el momento de echarles de menos. Ya volverán…

Igelsia que "se abre" sin miedo a todos

A la vez, la Iglesia “en salida” es la que “se abre” sin miedo a todos sin excepción. La apertura es la condición de la salida; el modo de llegar a todos, es procurando que en la Iglesia cualquiera encuentre un lugar. En ella cada cual debiera sentirse “en su casa”. Aquí y allá el Papa lamenta una Iglesia encerrada, vuelta sobre sí misma, poseedora absoluta de la verdad. Francisco parece pensar que “se llega” a todos cuando “se recibe” a todos. El planteamiento es más pastoral que doctrinal.

Alegría, gozo y entusiasmo

El Papa transmite una convicción: el Evangelio experimentado personalmente es causa de un gozo que debiera impulsar su anuncio. La Exhortación rezuma alegría, deseos de ser cristianos… En una palabra: entusiasmo. Queda atrás, y a veces se critica, un estilo de ser Iglesia temeroso, funcionario, falto de fe. Francisco critica el clericalismo. Sacude al predicador flojo, que se extiende en el púlpito como si tuviera algo que decir y que ya nadie soporta. Le da consejos de homilética. Ataca el pragmatismo eclesiástico que ha terminado por espantar a tanta gente. Todo depende, en última instancia, de una experiencia de encuentro con Cristo. Cristo es el Evangelio. Un Evangelio que debiera impactar todos los ámbitos de la vida personal y social, y transformarlos.

Los pobres, protagonistas

De principio a fin los pobres son los principales protagonistas del Evangelio y de la Iglesia. Esto es, al menos, lo que Francisco desea. Una “Iglesia pobre y para los pobres”. Ellos tienen un conocimiento de Dios que debiera incidir en la Iglesia en su conjunto. La opción de Dios por los pobres, y la correspondiente opción de los cristianos por ellos, es ratificada innumerables veces. Se presagia un cristianismo “al revés”. ¿Será posible algún día? Tal vez alguna vez la organización eclesiástica, la moral, la liturgia y el derecho canónico arraiguen en la experiencia espiritual de los pobres. Esta es ya opinión mía. La Exhortación no va tan lejos.

"Oler a oveja"

La Iglesia debe llegar a los más diversos pobres, y en particular al pobre en cuanto “pueblo”. Es esta una convicción propia del mejor catolicismo social argentino. Bergoglio depende y es testigo del amor del sacerdote por la gente de los barrios de la periferia del Gran Buenos Aires. El evangelizador debiera ser alguien que comparta la vida de las personas comunes y corrientes; uno que se considere a sí mismo parte de un mundo de personas que tienen sueños comunes y luchan sufridamente por alcanzarlos. La noción de “pueblo” resuena de distintas maneras en América Latina. En otros catolicismos del mundo el término probablemente no dirá nada. Como nos ha sucedido tantas veces a los sudamericanos, cuando los pontífices europeos nos hablan de crisis que no son nuestras crisis.

Conferencias episcopales y descentralización

Llama mucho la atención que el Papa cite a las conferencias episcopales de todas las partes del mundo. Tal vez este sea la novedad mayor del documento. El Papa no se cita a él mismo nunca, como ocurría en los discursos del Invierno eclesial. Da la palabra a los católicos de todos los continentes. ¡Los toma en cuenta! Desea descentralizar el gobierno de la Iglesia. Abre la posibilidad del catolicismo policéntrico deseado por las iglesias no-europeas, augurado y auspiciado por Karl Rahner. ¿Llegará a ser la Iglesia, por fin, culturalmente universal? ¿Vendrán los cambios estructurales que harán posible este desplazamiento? Los latinoamericanos los queremos. Tal vez mucho más los asiáticos, los africanos y los pueblos de Oceanía.

Destino universal de los bienes
y búsqueda del bien común

La necesidad de la Iglesia hoy es enorme. Los pobres más que nadie necesitan que, en un contexto de individualismo egoísta y estructurado económicamente, la Iglesia se ponga de su parte. No pueden seguir siendo excluidos. El destino universal de los bienes y la búsqueda del bien común, debieran a ser los grandes principios organizadores de la sociedad. De esto depende el efectivo respecto de la dignidad de todos. Por cierto, Francisco anima a los católicos a reconocer que en la actualidad la Iglesia es solidaria. Lo es de tantas maneras. Pero pide más. Exhorta a descubrir en el cristianismo una religión esencialmente fraternal. En este contexto la Iglesia debiera aportar modos comunitarios de existencia.

La verdad y la "realidad" de la vida de las personas

Francisco habla claro, es directo, hasta confrontacional. No quiere herir a nadie. Pero no tiene tiempo que perder. Dice lo suyo. Lo dice sin ánimo de ser infalible. El asunto no es primariamente la verdad, sino la realidad del prójimo, comenzando por los últimos. Por lo mismo, como ya venimos viendo desde hace un tiempo, él mismo se expone a la opinión de los demás. Pareciera no temer la crítica. Cree en el diálogo. Si alguien lo rebatiera no cometería pecado. Pero encontraría a alguien que le interesa la verdad de veras. La verdad que equivale a la “realidad” de la vida de las personas.

Cambio de interlocutor

Cambió el interlocutor. El Papa Francisco no habla al filósofo, al agnóstico, al católico ilustrado, al obispo que tiene que controlar a su grey con la teología. El nuevo interlocutor es el evangelizador, los intelectuales “de a pie”, la gente común y corriente, el sacerdote desencantado o en crisis que necesitaba que alguien creyera en él y le sacara trote.

Estas son mis impresiones. Son estrictamente personales. Son algunas. Basta por ahora. No se puede dar fácilmente razón de un texto tan rico.

Perfil biográfico de Jorge Costadoat, SI: Jesuita chileno (1958). Doctor en Teología por la P. Universidad Gregoriana. Enseña Trinidad y cristología en la Facultad de Teología de la P. Universidad Católica de Chile. Dirige el Centro Teológico Manuel Larraín. Es miembro de la Comisión Teológica de la Compañía de Jesús en América Latina. Pertenece a la comunidad de base Enrique Alvear (Peñalolén).

sábado, 7 de diciembre de 2013

Los curas excluidos de la Nueva Evangelización, por Jose Alberto Barrera Marchessi



En el libro Como la estela de una nave que recoge las homilías de adviento predicadas por el  capuchino Raniero Cantalamessa a la casa papal, se nos cuenta que cada momento de ola de evangelización en la historia de la Iglesia ha tenido sus protagonistas suscitados por Dios.

El padre Cantalamessa identifica cuatro momentos, en los que los obispos, los monjes, los frailes y finalmente los laicos son los que de alguna manera están en la punta de la ola para responder a la llamada de Dios en cada momento histórico.

Es ahora cuando toca la hora de los laicos iniciada por el Concilio Vaticano II y, ciertamente, la Christifideles Laici supone una culminación de lo empezado por el CVII cuando define la corresponsabilidad bautismal haciendo a los laicos copartícipes y corresponsables de lo que en otra época no tan lejana se conceptuaba como responsabilidad exclusiva de la jerarquía.

El tema de las olas de evangelización en la Iglesia es fascinante, y mi convicción personal de que estamos ante una nueva ola ya es una constatación cuando uno ve todo lo que se está moviendo en una Iglesia que en palabras del papa Francisco no asiste a una época de cambios, sino a un cambio de época.

Estoy convencido de que la Nueva Evangelización o es de los laicos o no será ni Nueva ni Evangelización. No se trata de buscar protagonismos, ni de hacer demérito a otras vocaciones de la Iglesia. Es más bien una intuición que va tomando forma a medida que avanza nuestro cambio de época.

Cuando me ha tocado presentar el historiograma de las olas de evangelización de Cantalamessa en diferentes diócesis, alguien ha señalado oportunamente que los curas no aparecen por ninguna parte en este planteamiento (por lo menos los diocesanos como tales).

Obviando el hecho de que tanto obispos como monjes y frailes ordenados son al fin y al cabo parte del Ordus sacerdotalis, lo cierto es que los curas diocesanos no están por lo que surge la pregunta: ¿acaso están excluidos de la Nueva Evangelización?

Por supuesto que no, de hecho sin ellos no es posible una Nueva Evangelización, pero cosa distinta es que la Nueva Evangelización pase por ellos como protagonistas exclusivos.

Venimos de una mentalidad ambiente iniciada en Trento en la que la jerarquía era la única competente para las labores de apostolado, y por mucho Vaticano II que hayamos vivido la realidad es que los sacerdotes hoy en día siguen cargando con demasiadas cosas que no les son propias, y más en una Iglesia decreciente donde cada vez hay más trabajo para menos gente.

Ya el solo hecho de preservar una pastoral de mantenimiento que les obliga a pasar el día dando sacramentos y administrando parroquias limita enormemente la capacidad de los sacerdotes para hacer más que lo que pueden, en tantas ocasiones con ingentes dosis de santidad y heroica perseverancia.

Pocas diócesis se pueden permitir el lujo de liberar sacerdotes para la predicación, y los religiosos que antaño cubrían este hueco con sus misiones populares y la disponibilidad que daba no tener parroquias cada vez son menos por lo que difícilmente podrán echar un capote.

Con estas condiciones todo apunta a que tiene que ser otra gente la que haga el trabajo de campo de la Nueva Evangelización, animados por supuesto por los sacerdotes que en su papel de pastores han de acompañar a los laicos y las comunidades.

Si profundizamos en las características de la Nueva Evangelización vemos que hay tres claves fundamentales que definen el trabajo de campo de la misma: primer anuncio, discipulado y comunidades celulares cristianas.

Un primer anuncio cristiano ha de ser continuado por una comunidad de cristianos que discipule a los nuevos creyentes como se nos pide en Mateo 28: “Id por todo el mundo, predicad, bautizar y haced discípulos”.

Discipular es mucho más que dirigir espiritualmente y santificar a una persona mediante los sacramentos. Es retomar los caminos del catecumenado de la Iglesia Primitiva donde los creyentes maduraban su experiencia de conversión recibiendo la catequesis a la medida que iban dando pasos de integración en la comunidad cristiana.

Esto sólo puede ocurrir si hay redes de cristianos, comunidades básicas y cercanas, donde las personas no sean un número sino que sean cuidadas. Para eso hacen falta pastores, pero los pastores no trabajan solos. La imagen de un pastor con un rebaño de ovejas sólo es posible cuando el rebaño es pequeño. Si este crece necesitará ayudantes, colaboradores y toda una estructura de apoyo.

Y ahí es donde entran los laicos, las comunidades celulares y todos sus derivados. No como meros ayudantes sino como verdaderos protagonistas de esta nueva realidad que la situación pide.

Allá donde haya cristianos habrá sacerdotes, porque su vocación está en función de la comunidad. Los sacerdotes participan de la labor del obispo, y si hablamos de protagonistas también hay que reivindicar la labor del obispo como pastor y cabeza de la comunidad cristiana. Es algo que se hace patente con el papa Francisco  que nos estimula haciéndonos soñar con un episcopado cercano y apasionadamente pastoral.

Si asimilamos todo esto, si los laicos abrazamos la responsabilidad que tenemos y los sacerdotes una vez más hacen de Juan el bautista para dejar que sean otros los que tomen la delantera, estoy seguro de que veremos un renacer de las vocaciones al ministerio sacerdotal que necesariamente dará un nuevo aire al sacerdocio tal cual lo conocemos.

Esto ya se intuye cuando uno conoce obispos salidos de comunidades como lo es Mons. Dominique Rey de Frejous-Toulon, que proviene del Emmanuelle. Lo mismo pasa con sacerdotes del Camino Neocatecumenal, y con muchos otros que viven su vocación de una manera que se intuye distinta.

Puestos a soñar, queremos que todos sean protagonistas de la Nueva Evangelización, que todas las vocaciones de la Iglesia pongan su granito de arena y juntas edifiquen al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

Queremos obispos nuevos, sacerdotes nuevos, diáconos nuevos, religiosos y religiosas nuevos, laicos nuevos… así como comunidades nuevas que inspiren y abran caminos practicables de Nueva Evangelización para que Jesucristo sea conocido y el mundo se salve.

Todos estamos llamados a la Nueva Evangelización, nadie está excluido, y todos nos necesitamos.

En última instancia el único camino practicable para que el mundo crea es la unidad (Juan 17,21) y a todos nos toca aunar fuerzas para remar, sabiendo que al final apuntamos a Jesucristo quien es el verdadero protagonista, objeto  y fundamento de todo lo que hacemos.

Fuente: religionenlibertad.com

viernes, 29 de noviembre de 2013

La alegría del Evangelio, en L’Osservatore Romano



Conversión pastoral y misionera de la Iglesia

El Papa Francisco tiene «un sueño». El de una Iglesia encaminada sin demora por el camino «de una conversión pastoral y misionera»: una actitud personal y comunitaria «capaz de transformar» en lo profundo costumbres, estilos, lenguajes, estructuras, orientándolos hacia la evangelización más bien que hacia «la autopreservación».

Ese «sueño» está en el centro de la exhortación apostólica Evangelii gaudium, presentada el martes 26 de noviembre, en la Sala de prensa de la Santa Sede. Un documento de 224 páginas, en cinco capítulos, que recoge los frutos del Sínodo de los obispos sobre «La nueva evangelización para la transmisión de la fe» que tuvo lugar en el Vaticano del 7 al 28 de octubre de 2012. Pero es evidente que la intención del Pontífice va más allá de la sencilla recepción de las indicaciones de los padres sinodales. Porque lo que se ofrece a toda la comunidad cristiana es un texto denso y arduo, que —subrayado de no poco valor— «tiene un sentido programático y consecuencias importantes».

«Quiero dirigirme a los fieles cristianos —escribe el Papa Francisco— para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años». Al Pontífice le interesa que cada bautizado lleve a los demás con nuevo dinamismo el amor de Jesús, viviendo en «estado permanente de misión».

Esta invitación a «recuperar la frescura original del Evangelio» implica a todo fiel, porque «el sueño misionero» del Obispo de Roma es «llegar a todos». Y «dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás —puntualiza— también debo pensar en una conversión del papado», para que lo haga «más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización». Es necesaria, en este sentido, «una saludable descentralización», orientada también a un estatuto de las Conferencias episcopales «que las conciba como sujetos de atribuciones concretas, incluyendo también alguna auténtica autoridad doctrinal». En todo caso, no hay que tener miedo de rever costumbres de la Iglesia «no directamente ligadas al núcleo del Evangelio», incluso en el caso de que resultasen «muy arraigadas a lo largo de la historia». El llamamiento es a ser siempre «libres y creativos», abandonando una vez por todas «el cómodo criterio pastoral del “siempre se ha hecho así”».

"En la predicación hay que evitar algunos acentos doctrinales o morales que oscurecen 
el mensaje de amor del Evangelio"

A partir de este prefacio el documento propone las líneas de un itinerario donde se encuentran muchos de los temas más apreciados por el magisterio pastoral del Papa Bergoglio. Entre estos, la invitación a redescubrir la misericordia como «la más grande de las virtudes», evitando que en la predicación «algunos acentos doctrinales o morales»  que oscurezcan excesivamente el mensaje de amor del Evangelio. Y la necesidad de abrir las puertas de la Iglesia para «salir hacia los demás» y llegar a «las periferias humanas» de nuestro tiempo.

Fuerte es el juicio del Pontífice sobre los actuales órdenes económico-financieros mundiales, que multiplican desigualdades y exclusión social: «esa economía mata» denuncia, apuntando nuevamente el dedo contra «la cultura del descarte» y «la idolatría del dinero». No por casualidad todo un capítulo se detiene en la «dimensión social de la evangelización», con penetrantes subrayados sobre la necesidad del desarrollo integral de los más necesitados —«para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica», recuerda— y de la promoción del diálogo y de la paz.

El núcelo central del documento está dedicado expresamente a quienes en la Iglesia trabajan al servicio del anuncio evangélico. Para destacar en ello potencialidad e iniciativa, pero también alertar sobre las «tentaciones» recurrentes de la «acedia egoísta», del «pesimismo estéril», de la «mundanidad espiritual». En este sentido, gran importancia el Papa atribuye a la «fuerza evangelizadora de la piedad popular» y a la atención de la predicación por parte de los sacerdotes.

jueves, 28 de noviembre de 2013

La Alegría del Evangelio, n. 88: "El Evangelio nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro, con su presencia física que interpela, con su dolor y sus reclamos, con su alegría que contagia en un constante cuerpo a cuerpo".

La Alegría del Evangelio 
(Exhortación Apostólica del papa Francisco)
24 de noviembre, 2013

El ideal cristiano siempre invitará a superar la sospecha, la desconfianza permanente, el temor a ser invadidos, las actitudes defensivas que nos impone el mundo actual. Muchos tratan de escapar de los demás hacia la privacidad cómoda o hacia el reducido círculo de los más íntimos, y renuncian al realismo de la dimensión social del Evangelio. Porque, así como algunos quisieran un Cristo puramente espiritual, sin carne y sin cruz, también se pretenden relaciones interpersonales sólo mediadas por aparatos sofisticados, por pantallas y sistemas que se puedan encender y apagar a voluntad. Mientras tanto, el Evangelio nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro, con su presencia física que interpela, con su dolor y sus reclamos, con su alegría que contagia en un constante cuerpo a cuerpo. La verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne es inseparable del don de sí, de la pertenencia a la comunidad, del servicio, de la reconciliación con la carne de los otros. El Hijo de Dios, en su encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura.

La Alegría del Evangelio, n. 156: "La evidente importancia del contenido no debe hacer olvidar la importancia de los métodos y medios de la evangelización".

La Alegría del Evangelio 
(Exhortación Apostólica del papa Francisco)
24 de noviembre, 2013

Algunos creen que pueden ser buenos predicadores por saber lo que tienen que decir, pero descuidan el cómo, la forma concreta de desarrollar una predicación. Se quejan cuando los demás no los escuchan o no los valoran, pero quizás no se han empeñado en buscar la forma adecuada de presentar el mensaje. Recordemos que «la evidente importancia del contenido no debe hacer olvidar la importancia de los métodos y medios de la evangelización». La preocupación por la forma de predicar también es una actitud profundamente espiritual. Es responder al amor de Dios, entregándonos con todas nuestras capacidades y nuestra creatividad a la misión que Él nos confía; pero también es un ejercicio exquisito de amor al prójimo, porque no queremos ofrecer a los demás algo de escasa calidad. En la Biblia, por ejemplo, encontramos la recomendación de preparar la predicación en orden a asegurar una extensión adecuada: «Resume tu discurso. Di mucho en pocas palabras» (Si 32,8).

La Alegría del Evangelio, n. 288: Estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia

La Alegría del Evangelio 
(Exhortación Apostólica del papa Francisco)
24 de noviembre, 2013

Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes. Mirándola descubrimos que la misma que alababa a Dios porque «derribó de su trono a los poderosos» y «despidió vacíos a los ricos» (Lc 1,52.53) es la que pone calidez de hogar en nuestra búsqueda de justicia. Es también la que conserva cuidadosamente «todas las cosas meditándolas en su corazón» (Lc 2,19). María sabe reconocer las huellas del Espíritu de Dios en los grandes acontecimientos y también en aquellos que parecen imperceptibles. Es contemplativa del misterio de Dios en el mundo, en la historia y en la vida cotidiana de cada uno y de todos. Es la mujer orante y trabajadora en Nazaret, y también es nuestra Señora de la prontitud, la que sale de su pueblo para auxiliar a los demás «sin demora» (Lc 1,39). Esta dinámica de justicia y ternura, de contemplar y caminar hacia los demás, es lo que hace de ella un modelo eclesial para la evangelización. Le rogamos que con su oración maternal nos ayude para que la Iglesia llegue a ser una casa para muchos, una madre para todos los pueblos, y haga posible el nacimiento de un mundo nuevo.

La Alegría del Evangelio, n. 279: Sentido de misterio

La Alegría del Evangelio 
(Exhortación Apostólica del papa Francisco)
24 de noviembre, 2013

...Dios puede actuar en cualquier circunstancia, también en medio de aparentes fracasos, porque «llevamos este tesoro en recipientes de barro» (2 Co 4,7). Esta certeza es lo que se llama «sentido de misterio». Es saber con certeza que quien se ofrece y se entrega a Dios por amor seguramente será fecundo (cf. Jn 15,5). Tal fecundidad es muchas veces invisible, inaferrable, no puede ser contabilizada. Uno sabe bien que su vida dará frutos, pero sin pretender saber cómo, ni dónde, ni cuándo. Tiene la seguridad de que no se pierde ninguno de sus trabajos realizados con amor, no se pierde ninguna de sus preocupaciones sinceras por los demás, no se pierde ningún acto de amor a Dios, no se pierde ningún cansancio generoso, no se pierde ninguna dolorosa paciencia. Todo eso da vueltas por el mundo como una fuerza de vida. A veces nos parece que nuestra tarea no ha logrado ningún resultado, pero la misión no es un negocio ni un proyecto empresarial, no es tampoco una organización humanitaria, no es un espectáculo para contar cuánta gente asistió gracias a nuestra propaganda; es algo mucho más profundo, que escapa a toda medida. Quizás el Señor toma nuestra entrega para derramar bendiciones en otro lugar del mundo donde nosotros nunca iremos. El Espíritu Santo obra como quiere, cuando quiere y donde quiere; nosotros nos entregamos pero sin pretender ver resultados llamativos. Sólo sabemos que nuestra entrega es necesaria. Aprendamos a descansar en la ternura de los brazos del Padre en medio de la entrega creativa y generosa. Sigamos adelante, démoslo todo, pero dejemos que sea Él quien haga fecundos nuestros esfuerzos como a Él le parezca.

La Alegría del Evangelio, n. 274: "Todo ser humano es objeto de la ternura infinita del Señor, y Él mismo habita en su vida. Jesucristo dio su preciosa sangre en la cruz por esa persona. Más allá de toda apariencia, cada uno es inmensamente sagrado y merece nuestro cariño y nuestra entrega".

La Alegría del Evangelio 
(Exhortación Apostólica del papa Francisco)
24 de noviembre, 2013

Para compartir la vida con la gente y entregarnos generosamente, necesitamos reconocer también que cada persona es digna de nuestra entrega. No por su aspecto físico, por sus capacidades, por su lenguaje, por su mentalidad o por las satisfacciones que nos brinde, sino porque es obra de Dios, criatura suya. Él la creó a su imagen, y refleja algo de su gloria. Todo ser humano es objeto de la ternura infinita del Señor, y Él mismo habita en su vida. Jesucristo dio su preciosa sangre en la cruz por esa persona. Más allá de toda apariencia, cada uno es inmensamente sagrado y merece nuestro cariño y nuestra entrega. Por ello, si logro ayudar a una sola persona a vivir mejor, eso ya justifica la entrega de mi vida. Es lindo ser pueblo fiel de Dios. ¡Y alcanzamos plenitud cuando rompemos las paredes y el corazón se nos llena de rostros y de nombres!

La Alegría del Evangelio, n. 266: "El verdadero misionero, que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera. Si uno no lo descubre a Él presente en el corazón mismo de la entrega misionera, pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro de lo que transmite, le falta fuerza y pasión".

La Alegría del Evangelio 
(Exhortación Apostólica del papa Francisco)
24 de noviembre, 2013

No se puede perseverar en una evangelización fervorosa si uno no sigue convencido, por experiencia propia, de que no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra, no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en Él, que no poder hacerlo. No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo sólo con la propia razón. Sabemos bien que la vida con Él se vuelve mucho más plena y que con Él es más fácil encontrarle un sentido a todo. Por eso evangelizamos. El verdadero misionero, que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera. Si uno no lo descubre a Él presente en el corazón mismo de la entrega misionera, pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro de lo que transmite, le falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie.

La Alegría del Evangelio, n. 265: Nuestra tristeza infinita sólo se cura con un infinito amor

La Alegría del Evangelio 
(Exhortación Apostólica del papa Francisco)
24 de noviembre, 2013

A veces perdemos el entusiasmo por la misión al olvidar que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas, porque todos hemos sido creados para lo que el Evangelio nos propone: la amistad con Jesús y el amor fraterno. Cuando se logra expresar adecuadamente y con belleza el contenido esencial del Evangelio, seguramente ese mensaje hablará a las búsquedas más hondas de los corazones: «El misionero está convencido de que existe ya en las personas y en los pueblos, por la acción del Espíritu, una espera, aunque sea inconsciente, por conocer la verdad sobre Dios, sobre el hombre, sobre el camino que lleva a la liberación del pecado y de la muerte. El entusiasmo por anunciar a Cristo deriva de la convicción de responder a esta esperanza». El entusiasmo evangelizador se fundamenta en esta convicción. Tenemos un tesoro de vida y de amor que es lo que no puede engañar, el mensaje que no puede manipular ni desilusionar. Es una respuesta que cae en lo más hondo del ser humano y que puede sostenerlo y elevarlo. Es la verdad que no pasa de moda porque es capaz de penetrar allí donde nada más puede llegar. Nuestra tristeza infinita sólo se cura con un infinito amor.