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sábado, 15 de octubre de 2022

Mateo 16,13-23: Profesión de fe de Pedro



Mateo 16,13-27


Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos:
— ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?
Ellos dijeron:
— Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.
Díceles él:
— Y vosotros ¿quién decís que soy yo?
Simón Pedro contestó:
— Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.
Replicando Jesús le dijo:
— Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo. Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo:
— ¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!
Pero él, volviéndose, dijo a Pedro:
— ¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!

SOBRE EL MISMO TEMA:

Imágenes del Evangelio:

sábado, 4 de diciembre de 2021

domingo, 26 de noviembre de 2017

Mateo 27,1-10: La muerte de Judas

Mateo 27,1-10

27:1 Cuando amaneció, todos los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús.
27:2 Después de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron.

La muerte de Judas
27:3 Judas, el que lo entregó, viendo que Jesús había sido condenado, lleno de remordimiento, devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos,
27:4 diciendo: "He pecado, entregando sangre inocente". Ellos respondieron: "¿Qué nos importa? Es asunto tuyo".
27:5 Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, salió y se ahorcó.
27:6 Los sumos sacerdotes, juntando el dinero, dijeron: "No está permitido ponerlo en el tesoro, porque es precio de sangre".
27:7 Después de deliberar, compraron con él un campo, llamado "del alfarero", para sepultar a los extranjeros.
27:8 Por esta razón se lo llama hasta el día de hoy "Campo de sangre".
27:9 Así se cumplió lo anunciado por el profeta Jeremías: Y ellos recogieron las treinta monedas de plata, cantidad en que fue tasado aquel a quien pusieron precio los israelitas.
27:10 Con el dinero se compró el "Campo del alfarero", como el Señor me lo había ordenado.

miércoles, 29 de junio de 2016

29 de junio: SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO, APÓSTOLES (Lecturas)

Hechos 12,1-11
Salmo 33,2-3.4-5.6-7.8-9:
El Señor me libró de todas mis ansias
2 Timoteo 4,6-8.17-18
Mateo 16,13-19

Hechos 12,1-11

En aquellos días, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Era la semana de Pascua. Mandó prenderlo y meterlo en la cárcel, encargando su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él. La noche antes de que lo sacara Herodes, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel. De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocó a Pedro en el hombro, lo despertó y le dijo: "Date prisa, levántate." Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió: "Ponte el cinturón y las sandalias." Obedeció, y el ángel le dijo: "Échate el manto y sígueme." Pedro salió detrás, creyendo que lo que hacía el ángel era una visión y no realidad. Atravesaron la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la calle, y se abrió solo. Salieron, y al final de la calle se marchó el ángel. Pedro recapacitó y dijo: "Pues era verdad: el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos."

Salmo 33,2-3.4-5.6-7.8-9:
El Señor me libró de todas mis ansias

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.
R. El Señor me libró de todas mis ansias

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias.
R. El Señor me libró de todas mis ansias

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias.
R. El Señor me libró de todas mis ansias

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protégé.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él.
R. El Señor me libró de todas mis ansias

2 Timoteo 4,6-8.17-18

Querido hermano: Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Mateo 16,13-19

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?" Ellos contestaron: "Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas." Él les preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Simón Pedro tomó la palabra y dijo: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo." Jesús le respondió: "¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo."

viernes, 18 de marzo de 2016

Jeremías 20,10-13: Drama de Jeremías

Jeremías 20,10-13
Viernes de la 5 Semana de Cuaresma

Oía el cuchicheo de la gente: "Pavor en torno; delatadlo, vamos a delatarlo." Mis amigos acechaban mi traspié: "A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él." Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa. Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos.

viernes, 11 de marzo de 2016

Jeremías 11,18-20: Conspiración contra Jeremías

Jeremías 11,18-20
Sábado de la 4 Semana de Cuaresma

El Señor me instruyó, y comprendí, me explicó lo que hacían. Yo, como cordero manso, llevado al matadero, no sabía los planes homicidas que contra mí planeaban: "Talemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra vital, que su nombre no se pronuncie más." Pero tú, Señor de los ejércitos, juzgas rectamente, pruebas las entrañas y el corazón; veré mi venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa.

jueves, 3 de marzo de 2016

Jeremías 7,23-28: Pero no me escucharon

Jeremías 7,23-28

Así dice el Señor: "Ésta fue la orden que di a vuestros padres: "Escuchad mi voz. Yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo; caminad por el camino que os mando, para que os vaya bien." Pero no escucharon ni prestaron oído, caminaban según sus ideas, según la maldad de su corazón obstinado, me daban la espalda y no la frente. Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy les envié a mis siervos, los profetas, un día y otro día; pero no me escucharon ni prestaron oído: endurecieron la cerviz, fueron peores que sus padres. Ya puedes repetirles este discurso, que no te escucharán; ya puedes gritarles, que no te responderán. Les dirás: "Aquí está la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. La sinceridad se ha perdido, se la han arrancado de la boca."

— Comentario de Reflexiones Católicas

“Escuchad mi voz: Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo”. Es una de las expresiones más perfectas de la Alianza. Una pertenencia recíproca: yo soy tuyo, tú eres mío. En este contexto deben ser interpretadas todas las invitaciones del texto. Ello hace tanto más graves las tibiezas y los rechazos.

“Seguid hasta el fin el camino que yo os prescribo a fin de que todo os vaya bien y seáis felices”:

Siempre el mismo lazo entre la «fidelidad» a Dios y la "alegría". No es para tomarlo en un sentido material. «No te prometo hacerte feliz en este mundo», decía la Virgen a Bernardita Soubirous. En efecto, es corriente ver el éxito aparente de los perversos y sin conciencia. Mientras que la gente honrada suele vivir entre mayores dificultades.

Sin embargo, el que tiene conciencia de haber hecho todo lo que estaba de su parte, ¿no disfruta ya en este mundo de una muy íntima "felicidad" espiritual? ¡Es preciso mantener esta alegría íntima!

“Pero no me escucharon ni aplicaron el oído, se volvieron de espaldas y apartaron de mí su mirada”:

Imágenes realistas. El niño enfurruñado y desobediente que, enojado, da media vuelta. Decepciones de Dios. Dios espera «mi rostro»... cara a cara. Como los que se quieren. Y yo me aparto de El. Como los que no se quieren. ¡Esas cosas no pasaban sólo en los tiempos de Jeremías! Perdónanos.

“No me escucharon. Atiesaron la cerviz”:

El cuello tieso. La cabeza dura. La insumisión. La rigidez. Todo lo contrario de la flexibilidad, de la espontaneidad.

“Así es la nación que no escucha la voz del Señor, su Dios”:

El tema de estar a la escucha, es esencial. «Escuchar». Escuchar a Dios. Cuatro veces esta palabra se repite en esta página. Tú no nos hablas sólo en la misa o en la oración. Hay una Palabra que debo escuchar durante todas mis jornadas, en mi vida cotidiana, en mi trabajo, en mis encuentros, en mis responsabilidades, en los acontecimientos. Pero, con frecuencia, no sé escucharte allí.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Jeremias 7,23-28: Contra el culto solamente exterior

Jeremías 7,23-28
Jueves de la 3 Semana de Cuaresma

Así dice el Señor: "Ésta fue la orden que di a vuestros padres: "Escuchad mi voz. Yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo; caminad por el camino que os mando, para que os vaya bien." Pero no escucharon ni prestaron oído, caminaban según sus ideas, según la maldad de su corazón obstinado, me daban la espalda y no la frente. Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy les envié a mis siervos, los profetas, un día y otro día; pero no me escucharon ni prestaron oído: endurecieron la cerviz, fueron peores que sus padres. Ya puedes repetirles este discurso, que no te escucharán; ya puedes gritarles, que no te responderán. Les dirás: "Aquí está la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. La sinceridad se ha perdido, se la han arrancado de la boca."

SOBRE EL MISMO TEMA:  
Pero no me escucharon  

jueves, 25 de febrero de 2016

Jeremías 17,5-10: Será un árbol plantado junto al agua

Jeremías 17,5-10

Así dice el Señor: "Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto. Nada más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo entenderá? Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta, según el fruto de sus acciones."

— Comentario por Reflexiones Católicas
"Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde"

Este pasaje agrupa dos textos diferentes que no son escritos, probablemente, de Jeremías, sino que pertenecen más bien a la literatura sapiencial.

El primero (vv. 5-8) es un salmo que, probablemente, inspiró el Salmo 1; el segundo (vv. 9-11) engloba dos proverbios, de los que solo el primero figura en la liturgia de este día. El salmo contrapone el justo al impío en una serie de comparaciones muy sugestivas, como la del árbol. El proverbio, por su parte, insiste sobre la profundidad insospechada del corazón humano, al que solo Dios puede conocer.

El árbol de la vida

El mito antiguo del árbol de la vida (Gén 2, 9) está en el origen del tema del árbol y de sus frutos. Pero la tradición judía ha depurado este mito pagano haciendo depender los frutos de la actitud moral (Gén 3, 22).

La corriente sapiencial utiliza frecuentemente el árbol de la vida, comprendiendo dentro de esa imagen la vida moral del hombre, productora de los frutos de vida larga y de felicidad (Prov 3, 18; 11, 30; 13, 12; 15, 4).

La corriente profética, por su parte, aplicará el tema del árbol y de sus frutos a todo el pueblo, en la medida de su fidelidad a la Alianza (Is 5, 1-7; Jer 2, 21; Ez 15; 19, 10-14; Sal 79/80, 9-20) Dios destruirá el árbol que no produce buenos frutos.

Otra corriente profética compara al Rey (y también al Mesías) con un árbol (Jue 9, 7-21; Dan 4, 7-9; Ez 31, 8-9). Este cliché, corriente en las literaturas orientales, personaliza el árbol y exhorta al pueblo a permanecer unido al rey, tronco central.

El Justo, a su vez, es comparado con un árbol que produce frutos llenos de sabor, mientras que los otros árboles permanecen estériles (Sal 1; 91/92, 13-14; Cant 2, 1-3; Eclo 24, 12-27). Pero se necesita el árbol sea regado por Dios. Ezequiel prevé que la economía escatológica llevará a efecto esa fecundidad del árbol (Ez 47, 1-12).

Antes de plantar su cruz portadora del fruto eterno, Cristo denuncia el árbol de Israel, que no ha producido frutos (Mt 3, 8-10; 21, 18-19). Personalizando este tema, Juan hace del mismo Cristo el árbol que produce fruto (Jn 15, 1-6) y en el que hay que estar injertado para producir a su vez buen fruto.

Los frutos que podemos producir, injertados en el árbol de vida, que es Cristo, son los "frutos del Espíritu Santo" (Gál 5,5-26; 6,7-8,15-16), es decir, las obras que despiertan en nosotros la presencia de la vida nueva, la pertenencia al Hombre nuevo.

Finalmente, el árbol de vida será plantado definitivamente en el Paraíso, rodeado de todos los árboles portadores de frutos para la eternidad (Ap 2,7; 22,1-2,14,19).

miércoles, 24 de febrero de 2016

Jeremías 17,5-10: Bendito el hombre que confía en el Señor

Jeremías 17,5-10
Jueves de la 2 Semana de Cuaresma

Así dice el Señor: "Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto. Nada más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo entenderá? Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta, según el fruto de sus acciones."

SOBRE EL MISMO TEMA:
Será un árbol plantado junto al agua  

martes, 23 de febrero de 2016

Jeremías 18,18-20: La blasfemia de Jeremías

Jeremías 18,18-20

Dijeron: "Venid, maquinemos contra Jeremías, porque no falta la ley del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni el oráculo del profeta; venid, lo heriremos con su propia lengua y no haremos caso de sus oráculos." Señor, hazme caso, oye cómo me acusan. ¿Es que se paga el bien con mal, que han cavado una fosa para mí? Acuérdate de cómo estuve en tu presencia, intercediendo en su favor, para apartar de ellos tu enojo.

— Comentario por Maximiliano García Cordero, op.

Encontramos aquí una situación similar a la descrita en 11:18-20. Los enemigos de Jeremías traman contra él para quitarle de delante y verse libres de sus acusaciones (v.18).

La acusación principal contra el profeta es que ha predicho la ruina de la nación y del templo, lo cual contradecía las promesas divinas: no ha de desaparecer la ley del sacerdote, el consejo del sabio y la palabra del profeta (v.18).

La teocracia hebrea se basaba espiritualmente en el sacerdote, el profeta y el sabio o escriba de la Ley. A pesar de las predicciones de Jeremías, estas instituciones permanecerán, pero son blasfemas y atentan contra la providencia que Yahvé, de ahí las palabras de ruina de la nación que anuncia Jeremías.

Así discurrían los grupos de oposición al profeta: la expresión “herirle con la lengua” alude a las maquinaciones y calumnias que urdían contra el profeta para acusarle y condenarle. Querían condenarlo ante la opinión pública como sacrilego, pues anunciaba cosas contra los intereses de la nación elegida por Dios. Es la misma acusación que los contemporáneos de Cristo hicieron contra El. Una vez más Jeremías aparece como tipo del Cristo doliente.

Al profeta, ante estas insidias y acusaciones, no le queda sino recurrir a Yahvé, que le ha prometido liberarlo de los violentos; por eso a Él acude confiado. Se siente herido por la ingratitud de su pueblo. Todo lo que ha hecho es en bien de sus compatriotas, y, sin embargo, pagan mal por bien (v.20).

En sus predicciones no ha buscado sino el arrepentimiento del pueblo para librarlo de la ira divina. Pero se lo pagan acusándole de traidor y sacrilego. Es la eterna tragedia íntima de Jeremías, que durará toda su vida hasta ver consumadas sus profecías de ruina y de exterminio.

Jeremías 18,18-20: Conspiración contra Jeremías

Jeremías 18,18-20
Miércoles de la 2 Semana de Cuaresma

Dijeron: "Venid, maquinemos contra Jeremías, porque no falta la ley del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni el oráculo del profeta; venid, lo heriremos con su propia lengua y no haremos caso de sus oráculos." Señor, hazme caso, oye cómo me acusan. ¿Es que se paga el bien con mal, que han cavado una fosa para mí? Acuérdate de cómo estuve en tu presencia, intercediendo en su favor, para apartar de ellos tu enojo.

SOBRE EL MISMO TEMA:
La blasfemia de Jeremías  

sábado, 17 de agosto de 2013

Domingo de la 20 Semana del Tiempo Ordinario, Año C, por Julio González, S.F.




Comentario de Julio González, S.F.

Las lecturas de este domingo nos previenen contra ciertos modos de entender y vivir la amistad, el amor a Dios y al prójimo. Y, al mismo tiempo, nos anuncian las rupturas y el sufrimiento que acompañan al discípulo de Cristo a lo largo de toda su vida.

¿Cómo vivimos la fe? Los santos han dicho: “No es posible que te pongas del lado de Cristo, y que tu vida siga igual; que no pase nada”. Santa Teresa de Ávila llegó a decir: “Señor, no me extraña que tengas tan pocos amigos si nos tratas así”.

La vida de quienes nos decimos cristianos se caracteriza por la oración y la conversión del corazón. De nuestra conversión, de nuestra renuncia al mal o a la indiferencia ante el mal que observamos a nuestro alrededor surge la compasión y el compromiso de denuncia y anuncio (profecía).

Participar en la Eucaristía nos ha de ayudar a crecer y madurar emocional y espiritualmente. Por eso, no nos debe extrañar la ruptura que el Señor anuncia en el evangelio, ni que un hombre de Dios como el profeta Jeremías sea condenado a morir en la oscuridad de un pozo. Al contrario, saber de antemano el examen al que vamos a ser sometidos debe hacernos ver la exigencia de ahondar en nuestra relación con el Señor y con los hermanos.

Si la oración es solamente un modo de relajarnos, de sentirnos mejor con nosotros mismos, entonces, nuestra oración no es la oración de Cristo. Si las obras de misericordia (dar limosna, visitar a los enfermos, perdonar a los que nos han ofendido), las hacemos para ganarnos el cielo, entonces, nunca haremos méritos suficientes para entrar en la vida eterna. El cielo no se gana, se recibe con los brazos abiertos.

Hago un paréntesis ahora. Al principio de la catequesis de confirmación un joven me hizo este comentario: “Padre, yo no es que rece mal o haga obras de misericordia para ganar el cielo. Yo rezo de vez en cuando, nunca he ido a visitar enfermos y no doy limosna. Además, los adultos dicen que perdonar y querer bien a alguien que te hace daño, es de tontos. Sin embargo, a mí me gustaría hacer todo esto”. “Pues vamos a empezar”, le dije. Porque un bautizado que apenas reza, que nunca visita a los enfermos o a los ancianos, que no puede ahorrarse una cerveza o un viaje de placer para ayudar con ese dinero a personas muy necesitadas... esta persona no puede llamarse “cristiano“. Y tú -le dije-, vienes a la catequesis a confirmarte en la fe cristiana.

Jesús nos dice que “el discípulo no es más que el maestro y si a mí me persiguieron, también a vosotros os perseguirán”. Llegados a este punto, no nos debe extrañar que el conflicto, la división, entre también en nuestros hogares.

Porque..., ¿qué padres no se han opuesto nunca a los ideales y las ilusiones del hijo o de la hija si piensan que esos ideales no son compatibles con la realidad del mundo en qué vivimos?

Sed buenos, pero no queráis ser buenos para que la gente comente lo buenos que sois porque estaréis actuando como los fariseos que persiguieron a Jesús. Sed buenos y no temáis las consecuencias, porque quien lucha por su propia vida la pierde y el que pierde su propia vida por amor a Dios y al prójimo es como el grano de trigo que al morir produce fruto.

20 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C, por Mons. Francisco González, S.F.




Comentario de Mons. Francisco González, SF

La Palabra de Dios causa crisis en el pueblo. En la primera lectura vemos la reacción de los líderes ante la Palabra de Dios transmitida por Jeremías. Ellos no ven otra salida que “matemos al profeta”. Por el contrario, Abdemalec, un extranjero, es quien salva al profeta. Este pasaje, tal vez para resaltar más el poder y plan de Dios, parece enfatizar la carencia: de ánimo, entre la población de Jerusalén; de poder, por parte del rey; de agua y víveres para la población. Abdemalec es esclavo y aun careciendo de libertad, la consigue para Jeremías.

En el evangelio de hoy encontramos a un Jesús, que podríamos decir y con todo respeto, “que no se anda con chiquilladas”. Así como San Mateo nos presenta a Jesús como “el nuevo Moisés”, así también podemos ver en el Jesús del evangelio de San Lucas, algunos rasgos como el del profeta Jeremías. Jesús como profeta habla la Palabra de Dios y exige respuesta, al mismo tiempo que como portador de ese mensaje de Dios, le puede costar caro. También aquí los líderes buscan cómo deshacerse del profeta, llegando hasta insistir ante la autoridad: “crucifícalo, crucifícalo”.

Algunas palabras clave del pasaje evangélico de este domingo vigésimo del tiempo ordinario pueden ser: fuego, bautismo, paz, división.

El vocablo fuego tiene varios significados en la Sagrada Escritura que van desde lo real: fuego para cocinar, calentar y alumbrar, hasta los simbólicos, como la presencia de Dios, juicio, prueba, purificación. No olvidemos Pentecostés, cuando los apóstoles reunidos en el cenáculo, recibieron el Espíritu Santo, al tiempo que sobre ellos vinieron “como unas lenguas de fuego”.

De una manera especial, los últimos nuevos Papas llevan tiempo instando a toda la Iglesia a una nueva evangelización, a un nuevo entusiasmo y ardor en la proclamación del mensaje de Jesús: conversión, reconciliación, unidad, algo de ayer y hoy que exige respuesta, que requiere compromiso, que reclama un cambio radical en nosotros, pues el Señor está deseoso de que “ya todo estuviera ardiendo”, o sea, que ya todo y todos estuviéramos convertidos, reconciliados y unidos.

Él no trae la paz, esa paz de simple tranquilidad, de adormecimiento espiritual producido por píldoras valium psicológico, sino una división clara de los que, como dice en otra ocasión, están “conmigo o contra mí”.

Paz y tranquilidad hay en abundancia en los cementerios, pero no hay vida. La paz de Cristo no es fácil, no es, como decíamos anteriormente, “tranquilidad”, sino cruz y tensión en función del reino de Dios. En palabras de Casiano Floristán, en este pasaje “Jesús es presentado como aquel que alumbra el fuego de Dios, afronta la muerte para el perdón del pecado y llama a todos rompiendo los lazos del orden injusto”.

El combate al que nos llama la Palabra de Dios es de suma importancia, es algo de vida (la gracia y amistad de Dios) o muerte (el pecado).

En la segunda lectura, el apóstol Pablo, para enfrentarnos a esta realidad, nos habla de la carrera, invitándonos a la perseverancia y constancia en la misma, poniendo nuestra mirada en Jesús, quien al mismo tiempo es nuestra fuerza y nuestro premio y que como buenos atletas, deseosos de ganar la carrera nos despojemos de todo lo que no nos es necesario, mayormente, de todo aquel lastre o peso inútil que nos impide correr (el pecado).

En esa carrera en la que encontramos valles de los que es difícil salir y montañas penosas para conquistar, hagamos nuestro el grito del profeta: Señor, date prisa en socorrerme.