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viernes, 3 de abril de 2026

¿Por qué la cruz?



"Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre" (Mt 24,30). La cruz es el símbolo del cristiano, que nos enseña cuál es nuestra auténtica vocación como seres humanos.

Hoy parecemos asistir a la desaparición progresiva del símbolo de la cruz. Desaparece de las casas de los vivos y de las tumbas de los muertos, y desaparece del corazón de muchos hombres y mujeres a quienes molesta contemplar a un hombre clavado en la cruz. Esto no nos debe extrañar, pues ya desde el inicio del cristianismo san Pablo hablaba de falsos hermanos que querían abolir la cruz: "Porque son muchos y ahora os lo digo con lágrimas, que son enemigos de la cruz de Cristo" (Flp 3,18).

Unos afirman que es un símbolo maldito; otros que no hubo tal cruz, sino que era un palo; para muchos el Cristo de la cruz es un Cristo impotente. La cruz es símbolo de humillación, derrota y muerte para todos aquellos que ignoran el poder de Cristo para cambiar la humillación en exaltación, la derrota en victoria, la muerte en vida y la cruz en camino hacia la luz.

Jesús, sabiendo el rechazo que iba producir la predicación de la cruz, "comenzó a manifestar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho... ser matado y resucitar al tercer día. Pedro le tomó aparte y se puso a reprenderle: '¡Lejos de ti, Señor, de ningún modo te sucederá eso!' Pero Él dijo a Pedro: ¡Quítate de mi vista, Satanás!¡...porque tus pensamientos no son de Dios, sino de los hombres!" (Mt 16,21-23).

Pedro ignoraba el poder de Cristo y no tenía fe en la resurrección, por eso quiso apartarlo del camino que lleva a la cruz, pero Cristo le enseña que el que se opone a la cruz se pone de lado de Satanás. Satanás odia la cruz porque Jesucristo, humilde y obediente, lo venció en ella "humillándose a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz", y así transformo la cruz en victoria: "...por lo cual Dios le ensalzó y le dio un nombre que está sobre todo nombre" (Flp 2, 8-9).

Algunas personas, para confundirnos, nos preguntan: ¿Adorarías tú el cuchillo con que mataron a tu padre? ¡Por supuesto que no!

1º. Porque mi padre no tiene poder para convertir un símbolo de derrota en símbolo de victoria; pero Cristo sí tiene poder. ¿O tú no crees en el poder de la sangre de Cristo? Si la tierra que pisó Jesús es Tierra Santa, la cruz bañada con la sangre de Cristo, con más razón, es Santa Cruz.

2º. No fue la cruz la que mató a Jesús sino nuestros pecados. "Él ha sido herido por nuestras rebeldías y molido por nuestros pecados, el castigo que nos devuelve la paz calló sobre Él y por sus llagas hemos sido curados". (Is 53, 5). ¿Cómo puede ser la cruz signo maldito, si nos cura y nos devuelve la paz?

3º. La historia de Jesús no termina en la muerte. Cuando recordamos la cruz de Cristo, nuestra fe y esperanza se centran en el resucitado. Por eso para San Pablo la cruz era motivo de gloria (Gál 6,14).

Nos enseña quiénes somos

La cruz, con sus dos maderos, nos enseña quiénes somos y cuál es nuestra dignidad: el madero horizontal nos muestra el sentido de nuestro caminar, al que Jesucristo se ha unido haciéndose igual a nosotros en todo, excepto en el pecado. ¡Somos hermanos del Señor Jesús, hijos de un mismo Padre en el Espíritu!

El madero que soportó los brazos abiertos del Señor nos enseña a amar a nuestros hermanos como a nosotros mismos. Y el madero vertical nos enseña cuál es nuestro destino eterno. No tenemos morada acá en la tierra, caminamos hacia la vida eterna. Todos tenemos un mismo origen: la Trinidad que nos ha creado por amor. Y un destino común: el cielo, la vida eterna. La cruz nos enseña cuál es nuestra real identidad.

Nos recuerda el Amor Divino

"Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en Él no perezca sino que tenga vida eterna". (Jn 3, 16). Pero ¿cómo lo entregó? ¿No fue acaso en la cruz? La cruz es el recuerdo de tanto amor del Padre hacia nosotros y del amor mayor de Cristo, quien dio la vida por sus amigos (Jn 15, 13). El demonio odia la cruz, porque nos recuerda el amor infinito de Jesús. Lee: Gálatas 2, 20.

Signo de nuestra reconciliación

La cruz es signo de reconciliación con Dios, con nosotros mismos, con los humanos y con todo el orden de la creación en medio de un mundo marcado por la ruptura y la falta de comunión.

La señal del cristiano

Cristo, tiene muchos falsos seguidores que lo buscan sólo por sus milagros. Pero Él no se deja engañar, (Jn 6,64); por eso advirtió: "El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí" (Mt 7,13).

Objeción: La Biblia dice: "Maldito el que cuelga del madero...". Respuesta: Los malditos que merecíamos la cruz por nuestros pecados éramos nosotros, pero Cristo, el Bendito, al bañar con su sangre la cruz, la convirtió en camino de salvación.

El ver la cruz con fe nos salva

Jesús dijo: "Como Moisés levantó a la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado (en la cruz) el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna" (Jn 3, 14-15). Al ver la serpiente, los heridos de veneno mortal quedaban curados. Al ver al crucificado, el centurión pagano se hizo creyente; Juan, el apóstol que lo vio, se convirtió en testigo. Lee: Juan 19, 35-37.

Fuerza de Dios

"Porque la predicación de la cruz es locura para los que se pierden... pero es fuerza de Dios para los que se salvan" (1 Cor 1,18), como el centurión que reconoció el poder de Cristo crucificado. Él ve la cruz y confiesa un trono; ve una corona de espinas y reconoce a un rey; ve a un hombre clavado de pies y manos e invoca a un salvador. Por eso el Señor resucitado no borró de su cuerpo las llagas de la cruz, sino las mostró como señal de su victoria. Lee: Juan 20, 24-29.

Síntesis del Evangelio

San Pablo resumía el Evangelio como la predicación de la cruz (1 Cor 1,17-18). Por eso el Santo Padre y los grandes misioneros han predicado el Evangelio con el crucifijo en la mano: "Así mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos (porque para ellos era un símbolo maldito) necedad para los gentiles (porque para ellos era señal de fracaso), mas para los llamados un Cristo fuerza de Dios y sabiduría de Dios" (1Cor 23-24).

Hoy hay muchos católicos que, como los discípulos de Emaús, se van de la Iglesia porque creen que la cruz es derrota. A todos ellos Jesús les sale al encuentro y les dice: ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria? La cruz es pues el camino a la gloria, el camino a la luz. El que rechaza la cruz no sigue a Jesús.

Nuestra razón, dirá Juan Pablo II, nunca va a poder vaciar el misterio de amor que la cruz representa, pero la cruz sí nos puede dar la respuesta última que todos los seres humanos buscamos: «No es la sabiduría de las palabras, sino la Palabra de la Sabiduría lo que San Pablo pone como criterio de verdad, y a la vez, de salvación» (JP II, Fides et ratio, 23).

Fuente: Aciprensa.com

sábado, 14 de septiembre de 2024

Mc 8,27-35: Sobre la identidad y misión de Jesús

Marcos 8,27-33 (Cf. Mt 16,13-20; Lc 9,18-21; Jn 6,64-71)


En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos:
— ¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos le contestaron:
— Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas.
Él les preguntó:
— Y vosotros, ¿quién decís que soy?
Tomando la palabra Pedro le dijo:
— Tú eres el Mesías.
Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto. Y empezó a instruirlos:
— El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.
Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro:
— Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!
Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: 
— El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.»

sábado, 3 de septiembre de 2022

DOMINGO DE LA 23 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo C (Lecturas)

Sabiduría 9:13-18
Salmo 89 “Señor, tú has sido nuestro refugio 
de generación en generación,”
Filemón 1:9-10,12-17
Lucas 14:25-33


Sabiduria 9:13-18

¿Qué hombre conoce los designios de Dios? ¿Quién comprende lo que Dios quiere? Los pensamientos de los mortales son mezquinos y nuestros razonamientos son falibles; porque el cuerpo mortal es lastre del alma y la tienda terrestre abruma la mente pensativa. Apenas adivinamos lo que hay en la tierra y con trabajo encontramos lo que está a mano: pues ¿quién rastreará las cosas del cielo? ¿Quién conocerá tu designio, si tú no le das la Sabiduría enviando tu santo espíritu desde el cielo? Sólo así fueron rectos los caminos de los terrestres, los hombres aprendieron lo que te agrada y la Sabiduría los salvó.

Salmo 89: Señor, tú has sido nuestro refugio 
de generación en generación

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vela nocturna.
R. Señor, tú has sido nuestro refugio 
de generación en generación

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.
R. Señor, tú has sido nuestro refugio 
de generación en generación

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos.
R. Señor, tú has sido nuestro refugio 
de generación en generación

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
R. Señor, tú has sido nuestro refugio 
de generación en generación


Filemón 1:9-10,12-17

Yo, Pablo, ya anciano y ahora, además, prisionero de Cristo Jesús, te suplico por mi hijo Onésimo, quien llegó a ser hijo mío mientras yo estaba preso. Te lo envío de vuelta, y con él va mi propio corazón. Yo hubiera querido retenerlo para que me sirviera en tu lugar mientras estoy preso por causa del evangelio. Sin embargo, no he querido hacer nada sin tu consentimiento, para que tu favor no sea por obligación sino espontáneo. Tal vez por eso Onésimo se alejó de ti por algún tiempo, para que ahora lo recibas para siempre, ya no como a esclavo, sino como algo mejor: como a un hermano querido, muy especial para mí, pero mucho más para ti, como persona y como hermano en el Señor. De modo que, si me tienes por compañero, recíbelo como a mí mismo.



Grandes multitudes seguían a Jesús, y él se volvió y les dijo:
— Si alguno viene a mí y no sacrifica el amor a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. Supongamos que alguno de ustedes quiere construir una torre. ¿Acaso no se sienta primero a calcular el costo, para ver si tiene suficiente dinero para terminarla? Si echa los cimientos y no puede terminarla, todos los que la vean comenzarán a burlarse de él, y dirán: ‘Este hombre ya no pudo terminar lo que comenzó a construir’. O supongamos que un rey está a punto de ir a la guerra contra otro rey. ¿Acaso no se sienta primero a calcular si con diez mil hombres puede enfrentarse al que viene contra él con veinte mil? Si no puede, enviará una delegación mientras el otro está todavía lejos, para pedir condiciones de paz. De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo.


COMENTARIOS: 

sábado, 23 de julio de 2022

Colosenses 2,12-14

Colosenses 2,12-14
Domingo de la 17 Semana del Tiempo Ordinario, Año C

Hermanos: Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo, y habéis resucitado con él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos. Estabais muertos por vuestros pecados, porque no estabais circuncidados; pero Dios os dio vida en él, perdonándoos todos los pecados. Borró el protocolo que nos condenaba con sus cláusulas y era contrario a nosotros; lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz.

sábado, 9 de julio de 2022

Colosenses 1,15-20: Cristo, Imagen de Dios y Cabeza de la Iglesia

Colosenses 1,15-20


15 Él es la Imagen del Dios invisible, el Primogénito de toda la creación,
16 porque en él fueron creadas todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra,
     los seres visibles y los invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades:
     todo fue creado por medio de él y para él.
17 Él existe antes que todas las cosas y todo subsiste en él.
18 Él es también la Cabeza del Cuerpo, es decir, de la Iglesia. 
     Él es el Principio, el Primero que resucitó de entre los muertos,
     a fin de que él tuviera la primacía en todo,
19 porque Dios quiso que en él residiera toda la Plenitud.
20 Por él quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo,
     restableciendo la paz por la sangre de su cruz.

Jesús crucificado


El Árbol de la Vida por John Collier

sábado, 2 de julio de 2022

Gálatas 6,11-16: La verdadera gloria del cristiano


11 ¿Ven estas letras grandes? ¡Les estoy escribiendo con mi propia mano! 
12 Los que quieren imponerles la circuncisión sólo buscan quedar bien exteriormente, 
     y evitar ser perseguidos a causa de la cruz de Cristo. 
13 Porque tampoco aquellos que se hacen circuncidar observan la Ley; 
     sólo pretenden que ustedes se circunciden para gloriarse de eso. 
14 Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, 
     por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo. 
15 Estar circuncidado o no estarlo, no tiene ninguna importancia: 
     lo que importa es ser una nueva criatura. 
16 Que todos los que practican esta norma tengan paz y misericordia, lo mismo que el Israel de Dios.

Despedida

17 Que nadie me moleste en adelante: yo llevo en mi cuerpo las cicatrices de Jesús.
18 Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo permanezca con ustedes. Amén.

domingo, 4 de julio de 2021

Gálatas 5,7-12: El escándalo de la cruz

7 ¡Ustedes andaban tan bien! ¿Quién les impidió mantenerse fieles a la verdad? 
8 ¡No habrá sido a instancias de aquel que los llama! 
9 «Un poco de levadura hace fermentar toda la masa». 
10 Yo espero en el Señor que ustedes no cambiarán de parecer. 
     En cuanto a aquel que los está perturbando, será castigado, sea quien sea. 
11 Hermanos, si yo predicara todavía la circuncisión, no me perseguirían. 
     ¡Pero entonces, habría terminado el escándalo de la cruz! 
12 En cuanto a los agitadores, ojalá que llegaran hasta la mutilación total.

viernes, 31 de agosto de 2018

1 Corintios 1,18-25: Sabiduría del mundo y sabiduría cristiana

Viernes de la 21 Semana del Tiempo Ordinario II, 1 Cor 1,17-25

El mensaje de la Cruz es locura para los que se pierden pero para los que se salvan –para nosotros- es fuerza de Dios. Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios y rechazaré la ciencia del os inteligentes ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el hombre culto? ¿Dónde está el raznonador sutil de este mundo? ¿Acaso Dios no ha demostrado que la sadiduría del mundo es una necedad? En efecto, ya que el mundo con su sabiduría, no reconoció a Dios en las obras que manifiestas su sabiduría, Dios quiso salvar a los que creen por la locura de la predicación. Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría, nosotros, en cambio predicamos a un Cristo cruficificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos. Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres y la debilidad de Dios más fuerte que la fortaleza de los hombres”.

SOBRE EL MISMO TEMA:  
¿Por qué los católicos presentan a Jesús sobre una Cruz?


martes, 14 de agosto de 2018

Juan 19,17-22: La crucifixión de Jesús

La crucifixión de Jesús
Cf. Mt 27,32-38; Mc 15,23-27; Lc 23, 33-34

19:17 Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado "del Cráneo", en hebreo, "Gólgota".
19:18 Allí lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio.
19:19 Pilato redactó una inscripción que decía: "Jesús el Nazareno, rey de los judíos", y la hizo poner sobre la cruz.
19:20 Muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad y la inscripción estaba en hebreo, latín y griego.
19:21 Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: "No escribas: "El rey de los judíos", sino: "Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos"".
19:22 Pilato respondió: "Lo escrito, escrito está".

lunes, 13 de agosto de 2018

Mc 15,23-27: La crucifixión de Jesús

Mc 15,23-27: La crucifixión de Jesús
Cf. Mt 27,32-38; Lc 23,33-34; Jn 19,17-22

15:23 Le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó.
15:24 Después lo crucificaron. Los soldados se repartieron sus vestiduras, sorteándolas para ver qué le tocaba a cada uno.
15:25 Ya mediaba la mañana cuando lo crucificaron.
15:26 La inscripción que indicaba la causa de su condena decía: "El rey de los judíos".
15:27 Con él crucificaron a dos bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda.


sábado, 31 de marzo de 2018

Sobre la Cruz de Jesús estaba escrito el Nombre de Dios


Todos sabemos que en tiempos de Jesús se dejó de pronunciar el nombre de Dios (YHVH) porque para los judíos era demasiado sagrado. Por eso, exceptuando la pésima traducción de la Biblia de los Testigos de Jehova, el nombre de Dios no aparece una sola vez en todo el Nuevo Testamento.

Aunque tal vez sí aparezca una vez… ¡y sobre la Cruz de Jesús! Antes de que me digas que ando inventando cosas, te invito a leer este artículo hasta el final..

Antes hablemos del nombre de Dios

¿Cuál es el nombre de Dios? Los católicos creemos que es Yahveh; los protestantes, Jehova. ¿quién tiene la razón? Obviamente como católico diré que Yahveh, pero como no es el objetivo de este artículo argumentar sobre este punto, convengamos en lo que todos estamos de acuerdo: el nombre de Dios se escribe YHVH (יהוה).

¿En qué parte del Nuevo Testamento dice YHVH?

Hay un pasaje en los Evangelios que te sorprenderá:

“Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos. Esta inscripción la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde había sido crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo, latín y griego“ (Jn 19,19-20).

La frase “Jesús el Nazareno, el Rey de los Judíos” se escribe así en estos tres idiomas.

Latín: Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum (INRI). El famoso INRI.
Griego:  Ίησους ὁ Ναζωραἲος ὁ βασιλεὺς των  Ίουδαίων (Νβ). Por eso algunos ortodoxos usan INBI en lugar de INRI.

Pero aquí viene la parte genial:
Hebreo: ישוע הנצרי ומלך היהודים (Yehshúa’ Hanotsrí Vemélej Hayehudim)
Las iniciales en hebreo son: יהוה osea YHVH… ¡Sí… el sagrado Nombre de Dios!

Eso explica la furia de los sumos sacerdotes judíos:

“Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: No escribas ‘El Rey de los judíos’, sino ‘Este ha dicho Yo soy Rey de los judíos’. Pilato respondió ‘Lo que he escrito, lo he escrito'” (Jn 19,21-22).

¿Super interesante, verdad? No he visto mucha información al respecto en español, por eso quise compartirla con ustedes. Me parece que puede servir como argumento para afirmar que Yahveh es Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo (de hecho, eso es lo que enseña la Iglesia Católica), y no solo Dios Padre como muchos creen en otras confesiones cristianas.

Fuente: memescatolicos.com

viernes, 30 de marzo de 2018

¿Por qué fue Jesús crucificado y no lapidado?

Jesús es condenado por el Sanhedrín por el delito de blasfemia, y no cualquier blasfemia, sino la peor que podría escuchar el oído de un judío. Con toda claridad lo expresa el Evangelio:

“El Sumo Sacerdote le dijo: «Te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.» Dícele Jesús: «Tú lo has dicho. Pero os digo que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo sobre las nubes del cielo.». Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece?» Respondieron ellos diciendo: «Es reo de muerte.»” (Mt. 26,63-66, similar en Mc 14,63-64, una versión algo diferente en Jn 10,36).

El derecho judío es taxativo sobre el delito de blasfemia. La pena que le corresponde la recoge el Levítico:

“Cualquier hombre que maldiga a su Dios, cargará con su pecado. Quien blasfeme el Nombre de Yahvé, será muerto; toda la comunidad lo apedreará.” (Lv 24,15)

Es decir, lapidación. Una pena que dicta el mismo Dios en persona:

“Había entre los israelitas uno que era hijo de una mujer israelita, pero su padre era egipcio. El hijo de la israelita y un hombre de Israel riñeron en el campo, y el hijo de la israelita blasfemó y maldijo el Nombre. Y fue llevado ante Moisés. Su madre se llamaba Selomit, hija de Dibrí, de la tribu de Dan. Lo tuvieron detenido hasta que se decidiera el caso por sentencia de Yahvé. Entonces Yahvé le dijo a Moisés: «Saca al blasfemo fuera del campamento; todos los que lo oyeron pondrán las manos sobre su cabeza, y toda la comunidad lo apedreará. Y dirás a los israelitas: Cualquier hombre que maldiga a su Dios, cargará con su pecado. Quien blasfeme el Nombre de Yahvé, será muerto; toda la comunidad lo apedreará. Sea forastero o nativo, si blasfema el Nombre, morirá”. (Lv 24,10-16).

Siendo así todo esto, la pregunta que hoy nos formulamos es: ¿por qué entonces Jesús fue crucificado y no lapidado? De hecho, el propio Evangelio recoge hasta tres ocasiones en que Jesús está a punto de ser lapidado aunque finalmente se salve. Sin embargo, a la hora de la verdad, no es lapidado sino crucificado.

Pues bien, eso se debe única y exclusivamente al hecho de que el procurador de Judea, Poncio Pilatos, se halla en Jerusalén. De no haber sido así, Jesús habría sido lapidado, -con toda probabilidad sin que ni siquiera hubiera sido necesario ni reunir el Sanhedrín-, y no crucificado.

Al respecto, no se debe olvidar que la sede de la procuraduría romana de Judea no es, por sorprendente que pueda parecer, la capital Jerusalén, sino una pequeña ciudad costera por nombre Cesarea Marítima. Es por tanto en Cesarea Marítima donde reside Poncio Pilatos. Y la pregunta es: ¿y por qué se halla Poncio Pilatos en Jerusalén?

Porque la fiesta de la Pascua es una fiesta de alto riesgo, en la que los ardores patrióticos hebreos alcanzan su máxima expresión y los problemas de orden público pueden pasar a ser algo más que preocupantes. Poncio Pilatos lo sabe y por eso acude con la escolta militar a Jerusalén. De hecho, es muy probable que estuviera informado de la presencia en la ciudad de un profeta itinerante que ya la ha visitado en otras ocasiones, nunca sin que se registren eventos importantes, y hasta de que en el Templo han ocurrido sucesos de gravedad que le han tenido por protagonista.

También es posible que se hubieran registrado incidentes de otro tipo: no en balde, el mismo evangelio registra la presencia en los calabozos jerosolimitanos de tres importantes bandidos: dos que acompañarán a Jesús al patíbulo, y un tercero (Barrabás) que se salva por una circunstancia excepcional que para él resultará además, providencial.

Las autoridades judías han conseguido prender al Nazareno. Pero no le pueden ejecutar como acostumbran a hacer o como hace unos meses, iban a dárselo a una mujer por lo que al fin y al cabo, no era sino un delito menor al lado del de blasfemia, el de adulterio (Jn 8,1-9). Pero ahora, proceder de esa manera es imposible.

Jerusalén está tomada por la autoridad romana. Se encuentra en ella nada menos que el procurador romano con una cohorte de los mejores soldados del mundo. Y hace ya tiempo que, aunque ellos hagan caso omiso en cuantas ocasiones pueden, la autoridad romana le vetó el “ius glaudii”, es decir, el derecho de aplicar la condena a muerte. Hay que proceder, pues, de otra manera. Y corre prisa: el Nazareno es popular, tiene sus seguidores, y si no se da carpetazo rápido, la situación se puede poner muy fea en la ciudad santa de los judíos.

Así que deciden los judíos llevar a cabo una instrucción muy rigurosa y ajustada a derecho, para así llevar a un delincuente convicto y confeso ante la autoridad romana y que ésta proceda a la ejecución de la sentencia: aunque esa sentencia no sea la que marca la ley judía, la lapidación, sino la práctica romana, la crucifixión, a la que tan habituados estaban los habitantes de la Ciudad Santa.

Y por eso se presentan ante Pilatos, levantándole incluso de la cama, para que de manera sumaria, urgente incluso, -se acerca además la Pascua y la cuestión ha de estar dilucidada antes de que ésta se produzca- le dé carpetazo.

VIERNES SANTO: Historia y mística de la adoración de la Cruz


Después de que las oraciones generales han concluido con la súplica dirigida a Dios por la conversión de los paganos; la Iglesia ha terminado su recomendación universal y solicitado para todos los habitantes de la tierra la efusión de la sangre divina que brota, en este momento, de las venas del Hombre-Dios.

Volviéndose ahora a los cristianos sus hijos, conmovida ante las humillaciones del Señor, los invita a disminuir el peso, dirigiendo sus homenajes hacia esa Cruz hasta ahora infame y en adelante sagrada, bajo la cual camina Jesús hacia el Calvario y de cuyos brazos penderá hoy.

Para Israel, la cruz es un objeto de escándalo; ¡para los gentiles un monumento de locura!; nosotros, cristianos, veneramos en ella el trofeo de la victoria de Cristo y el instrumento augusto de la salvación de los hombres.

Ha llegado, pues, el momento en que debe recibir nuestras adoraciones por el honor que el Hijo de Dios se ha dignado hacerla, regándola con su sangre y asociándola así a la obra de nuestra Redención. No hay día ni hora más indicada en el año para rendirla nuestros homenajes.

La adoración de la cruz comenzó en Jerusalén en el siglo IV. La emperatriz Santa Elena había hallado recientemente la verdadera cruz; y el pueblo fiel deseaba contemplar, de cuando en cuando, este árbol de vida cuya milagrosa invención había colmado de gozo a la Iglesia entera. Se determinó que se expusiese a la veneración de los cristianos una vez al año, el viernes Santo.

El deseo de contemplarla llevaba todos los años una multitud inmensa de peregrinos a Jerusalén para la Semana Santa. La fama llevó por todas partes los relatos de este ceremonial, pero todas no podían aspirar a verla ni una vez siquiera en la vida. La piedad católica quiso gozar al menos por imitación, de una ceremonia que muchos no podían gozar en su realidad; y, hacia el siglo VII, se pensó repetir en todas las iglesias, el Viernes Santo, la Ostensión y Adoración de la Cruz que tenía lugar en Jerusalén. No se poseía, es verdad, sino la figura de la Cruz verdadera; pero, puesto que los honores rendidos a este madero sagrado iban dirigidos al mismo Cristo, los fieles podían ofrecerle honores semejantes, aun cuando no viesen ante sus ojos el madero mismo que el Redentor había regado con su sangre. Tal fue el motivo de la institución de este rito, que ahora va a tener lugar, y en el cual la Iglesia nos invita a participar.

En el altar el celebrante se quita la capa pluvial y permanece en pie junto a su asiento . El diácono con los acólitos va a la sacristía para traer a la iglesia la cruz en procesión. Cuando llegan al presbiterio, el celebrante recibe de manos del diácono la santa Cruz y se pone al lado de la Epístola y allí, de pie, en el plano, vuelto hacia el pueblo, descubre un poco la parte alta de la cruz y canta en un tono de voz moderado: “He aquí el madero de la santa Cruz.”

Después prosigue ayudado de sus ministros que cantan con él:
“En el cual ha estado suspendida la salud del mundo.”

Entonces, toda la asamblea se pone de rodillas, y adora la cruz mientras el coro canta:
“Venid: adorémosla.’

Esta primera ostensión representa la primera predicación de la cruz, la que los Apóstoles se hicieron entre sí , cuando, no habiendo recibido todavía al Espíritu Santo, no podían hablar del misterio de la Redención sino con los discípulos de Jesús y temían llamar la atención de los judíos. Por eso el Sacerdote no eleva la Cruz sino un poco. Este primer homenaje es ofrecido en reparación de los ultrajes que el Salvador recibió en casa de Caifás.

El sacerdote se dirige luego a la parte delantera de la grada, siempre en el lado de la Epístola, y se coloca de cara al pueblo. Sus ministros le ayudan a descubrir el lado derecho de la Cruz, y después de haber descubierto esta parte del instrumento sagrado, la muestra nuevamente al pueblo, levantándola, esta vez, un poco más que la primera y cantando en un tono superior: “He aquí el madero de la Cruz.”

El diácono y el subdiácono continúan con él:
“En el cual ha estado suspendida la salud del mundo.”

La asamblea se pone de rodillas, adora la Cruz mientras el coro canta:
“Venid: adorémosla.”

Esta segunda manifestación más gloriosa que la primera representa la predicación del misterio de la Cruz a los judíos , cuando los Apóstoles, después de la venida del Espíritu Santo echan los fundamentos de la Iglesia en el seno mismo de la Sinagoga y conducen las primicias de Israel a los pies del Redentor. La Iglesia lo ofrece en reparación de los ultrajes que recibió en casa de Pilatos.

El Sacerdote se coloca después en medio de la grada, vuelto siempre hacia el pueblo. Ayudado por el diácono y subdiácono descubre todo lo restante del Crucifijo, y elevándole algo más que las veces anteriores canta con triunfo y a plena voz: “He aquí el madero de la Cruz.”

Los ministros continúan con él:
“En el cual ha estado suspendida la salud del mundo.”

Los fieles vuelven a arrodillarse y a adorar la Cruz mientras el coro canta:
“Venid: adorémosla.”

Esta última manifestación representa la predicación del misterio de la Cruz en el mundo entero, cuando los Apóstoles, rechazados por la masa de la nación judaica, se vuelven hacia los gentiles, y van a anunciar al Dios crucificado hasta más allá de los límites del imperio romano. Este tercer homenaje rendido a la Cruz es una reparación de los ultrajes que el Salvador recibió en el Calvario.

La Iglesia, al presentarnos la Cruz cubierta con el velo, que después desaparece para dejar llegar nuestras miradas hasta ese divino trofeo de nuestra Redención , quiere también expresarnos la obcecación de los judíos que no ven sino un instrumento de ignominia en ese madero adorable, y la luz resplandeciente de que goza el pueblo cristiano, a quien la fe revela que el Hijo de Dios crucificado, lejos de ser un objeto de escándalo, es, por el contrario, como dice el Apóstol, el monumento eterno “del poder y de la sabiduría de Dios".

En adelante la Cruz que acaba de ser tan solemnemente enarbolada permanecerá descubierta; y aguardará sobre el altar, la hora de la gloriosa Resurrección del Mesías. Todas las demás cruces colocadas en los diversos altares, se descubrirán también, a imitación de esa que ocupará pronto su puesto de honor en el altar mayor.

Pero la Iglesia no se limita a exponer, en este momento, a las miradas de los fieles la Cruz que les ha salvado; les invita a que vengan a poner sus labios sobre ese leño sagrado. El celebrante irá el primero y todos tras él. Despojado de su casulla, se quita también el calzado, y haciendo, a convenientes distancias, tres veces genuflexión sencilla, se acerca a adorar la Cruz, colocada en las gradas delante el altar. Detrás de él vienen los ministros, el clero, y por último los fieles.

Los cantos que acompañan a la adoración de la Cruz son de una belleza incomparable. Los primeros son Improperios, o reproches amargos que el Mesías dirige a los judíos. Las tres primeras estrofas están intercaladas con el canto del Trisagio u oración a Dios tres veces Santo, cuya Inmortalidad justo es que glorifiquemos en este momento en que Él se digna, como hombre, sufrir la muerte por nosotros. Esta triple glorificación usada en Constantinopla desde el siglo V, pasó a la Iglesia romana que la ha conservado en la lengua primitiva, contentándose con alternar la traducción latina de las palabras. El resto de este hermoso canto tiene grandísimo interés dramático. Cristo recuerda todas las afrentas de que ha sido objeto por parte de los judíos y pone de manifiesto los beneficios de que ha colmado a esta nación ingrata.

Fuente: Del Año Litúrgico de Dom Prosper Guéranger
Dom Prosper Guéranger (Sablé, 1805-Solesmes, 1875), fue liturgista y restaurador de la orden benedictina en Francia. Ordenado en 1827, recuperó el antiguo priorato de Solesmes, del que tomó posesión en 1833, y en el que llevó adelante el proyecto de restauración de la orden benedictina. Obtuvo el ascenso de Solesmes a abadía. Primer abad de Solesmes (1837) y superior de la Congregación de Francia, se convirtió en el alma del movimiento de restauración litúrgica. Entre sus principales obras cabe recordar las Instituciones litúrgicas (1840-1851) y el Año litúrgico (1841-1866).

jueves, 15 de febrero de 2018

Lucas 9,22-27: Condiciones para seguir a Jesús

Jueves después del Miércoles de Ceniza (Lc 9,22-25)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día." Y, dirigiéndose a todos, dijo: "El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?"

y 9:26 Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras, el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria y en la gloria del Padre y de los santos ángeles.
9:27 Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de ver el Reino de Dios".

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Primer anuncio de la Pasión de Jesús
La cruz, el camino
El siervo sufriente
Quien no sabe de sacrificios no sabe de amores
¿Por qué los cristianos representan a Jesús sobre una cruz?   

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Lucas 14,25-33: Sobre el discípulo de Jesús

Lucas 14,25-33
Miércoles de la 31 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: "Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: "Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar". ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.

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jueves, 14 de septiembre de 2017

Significado e historia de la Cruz



Sobre la palabra "cruz" 

La cruz es el principal símbolo del cristianismo. La palabra ‘cruz’ proviene del verbo latino ‘cruciare’, que significa ‘crucificar’ o ‘torturar’. Y la palabra ‘crucifijo’ proviene del término latino ‘crucifixum’, que es el participio del verbo latino ‘crucifigere’, que significa ‘fijar en la cruz’.

La forma católica de la cruz es una línea vertical atravesada por otra línea horizontal. A esta cruz se la conoce como ‘cruz latina’. Su origen se refiere al método de ejecución que se utilizó con Jesucristo. Algunas interpretaciones místicas sugieren que la porción vertical representa la divinidad de Jesús, mientras que la horizontal representa su humanidad.

Historia

En excavaciones relativas a la Edad de Bronce apareció en Europa una cruz parecida a la latina en diversos objetos, quizás no solo con fines ornamentales, sino también religiosos, dado que en sepulturas de la época se hallaron objetos con el símbolo de una cruz.

No se conservan iconos de la cruz pertenecientes a los dos primeros siglos del cristianismo puesto que representaba un método de tortura especialmente doloroso. Sin embargo la figura de la cruz era el símbolo de muchos de los primeros cristianos, en especial durante las épocas de persecución, con el fin de identificarse unos con otros de forma encubierta. Ellos hacían generalmente la señal de la cruz en el suelo pero no llevaban encima ninguna figura con forma de cruz.

En el monte Palatino, en Roma, se encontró lo que se considera la primera representación pictórica conocida sobre la crucifixión de Jesús. Tiene una inscripción en griego que dice ‘Alexámenos sébete theón’, que traducido al español significa ‘Alexámenos adorando a su dios’. Se cree que la fecha aproximada de la creación de esa obra es del año 85 al 95 d.C. bajo el emperador Domiciano. Se considera que fue hecha en tono irónico por un no-cristiano.

Fue en el siglo IV cuando la cruz se convirtió en el símbolo para representar a Cristo y su misterio de salvación. Los cristianos fueron dejando de lado los símbolos utilizados hasta entonces: la figura del Pastor, el pez, el ancla y la paloma.

El hecho de adoptar la cruz como símbolo cristiano vino principalmente con la visión que tuvo el emperador Constantino hacia el año 312 d.C., la cual precedió a su victoria en el puente Milvio. La figura de la cruz iba acompañada de las palabras ‘In hoc signo vinces’, que significa ‘Con este símbolo vencerás’. Entonces se empezó a denominar a los cristianos ‘los religiosos de la cruz’.

En el año 326 d.C. Elena de Constantinopla, madre de Constantino I el Grande, halló la Cruz de Cristo en Jerusalén. Es por ello que el 14 de septiembre los ortodoxos celebran la consagración de la basílica en el sitio donde fue hallada la Cruz de Cristo. Y la Iglesia Católica celebra este mismo día ‘la exaltación de la Santa Cruz’.

Las primeras representaciones pictóricas o esculturales de la cruz ofrecen un Cristo glorioso, con larga túnica y con corona real. Está en la Cruz, pero es el vencedor, el resucitado. Sólo más tarde, con la espiritualidad de la Edad Media, se le empezó a representar en su estado de sufrimiento y dolor. En la actualidad, la cruz representa la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, ya que gracias a su sufrimiento en la Cruz Jesús venció a la muerte en sí misma y rescató de la condenación a toda la humanidad.

Símbolo elocuente

Generalmente no nos damos cuenta porque ya estamos acostumbrados a ver la Cruz en la Iglesia o en nuestras casas. Pero la Cruz es una verdadera cátedra desde la cual Cristo nos predica siempre la gran lección sobre Dios, sobre el misterio de la salvación en Cristo y sobre la vida cristiana.

La Cruz nos presenta a un Dios trascendente, pero al mismo tiempo cercano. Un Dios que ha querido vencer el mal con su propio dolor. Un Cristo que es Juez y Señor, pero a la vez Siervo, y que ha querido llegar a la total entrega de sí mismo como imagen del amor y de condescendencia de Dios. Un Cristo que en su muerte y resurrección ha dado al mundo la reconciliación entre Dios y la humanidad. Esta es la Cruz que ilumina nuestra vida, que nos da esperanza y que nos muestra el camino.

Fuente:
Agustín Fabra, Religionenlibertad.comn

Sobre las reliquias de la Santa Cruz



La Cruz fue el primero de los instrumentos de la Pasión de Cristo que fue venerado en forma de reliquia. Con el tiempo aún los clavos que fueron usados para clavar a Cristo en la Cruz fueron buscados, hallados y venerados por los cristianos. Uno de esos clavos está montado en la corona de hierro de Lombardía que se conserva en la catedral de Monza, la antigua capital de la Lombardía italiana.

Numerosas reliquias se disputan ser pedazos de la Cruz verdadera. En el siglo XVI Erasmo de Rotterdam decía que se podría construir un barco con toda esa madera, pero según el profesor Baima Ballone, catedrático del Departamento de Medicina Legal de la Universidad de Turín, Italia, si se aceptara que todos los trozos de la Cruz que se conservan fueran auténticos, juntándolos todos no alcanzaría siquiera el 50% del travesaño horizontal.

El Monasterio de Santo Toribio de Liébana, en España, alberga el mayor trozo de madera de la Cruz de Cristo. En 1958 fue analizado mediante estudios microscópicos por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y se determinó que la madera era del árbol ‘cupressus sempervivens’ pertenece a un ciprés abundante en Palestina.

Fuente:
Agustín Fabra, Religionenlibertad.com