sábado, 29 de marzo de 2014

El Domingo "Laetare", cuarto de Cuaresma


El Domingo IV de Cuaresma reviste características especiales. Recibe el nombre de la primera palabra latina con que comienza la antífona de entrada de la Misa: Laetare, que significa "Alégrese". El texto completo de esta antífona dice así: "Laetare. Ierusalem, et conventum facite, omnes qui diligitis eam. Guadete cum laetitia"."Alégrese, Jerusalén, y que se congreguen cuantos la aman. Compartan su alegría los que estaban tristes. Vengan a saciarse con su felicidad". (Cf. Isaías 66,10-11).

Este domingo es, tanto en sus textos bíblicos como en los eucológicos, un cántico a la alegría y a la esperanza cristianas, al igual que el Domingo Gaudete, tercero de Adviento.

Antiguamente, un signo concreto de esta alegría eran las primeras rosas de estación que un día como hoy los catecúmenos se intercambiaban en el templo. Las rosas evocaban la nueva vida, la luz y el color signos de la Pascua del Señor. Vestigio de esa tradición fue la costumbre papal de bendecir en este día una rosa de oro y enviársela a algún soberano católico.


Actualmente la rosa de oro es ofrecida por el Santo Padre a algún santuario mariano, como acto de veneración a la Madre de Dios.

Signos litúrgicos del Domingo Laetare:

– Se permite el uso de la música del órgano y otros instrumentos musicales no solamente para acompañar el canto -como es propio del Tiempo cuaresmal- sino también con la sola melodía (...sonus instrumentorum admittitur...).

– Se pueden adornar con flores el altar (...ornari potest floribus altare...) y el templo. En los otros días de este Tiempo, excepto en las fiestas y solemnidades, no están permitidos los adornos florales, sino que, como para las liturgias fúnebres, se prefiere el sobrio uso de plantas verdes.

– En lugar de los ornamentos morados pueden usarse los rosados (violaceus vel rosaceus), siendo este color el característico de la liturgia del día, debido a que es intermedio entre el blanco de la gloria y el morado de la penitencia.

Es oportuno resaltar las particularidades de este domingo, colocando al frente del altar un paño rosado, y procurando que las flores sean en su mayoría del mismo color. Lo mismo vale para el conopeo y el cubre cáliz.

Los cantos deben ser más alegres que en los otros días cuaresmales, aunque no tanto como lo serán en el Tiempo pascual. A diferencia de las fiestas y solemnidades, en este Domingo IV de Cuaresma está prohibido el himno Gloria in excelsis, y el Aleluya.

4 Domingo de Cuaresma, Año A, por Mons. Francisco González, S.F.

1 Samuel 16,1b.6-7.10-13a
Salmo 22: El señor es mi pastor, nada me falta
Efesios 5,8-14
Juan 9,1-41

1 Samuel 16,1b.6-7.10-13a

En aquellos días, el Señor le dijo a Samuel: "Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey." Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: "Seguro, el Señor tiene delante a su ungido." Pero el Señor le dijo: "No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón." Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo: "Tampoco a éstos los ha elegido el Señor." Luego preguntó a Jesé: "¿Se acabaron los muchachos?" Jesé respondió: "Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas." Samuel dijo: "Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue." Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo. Entonces el Señor dijo a Samuel: "Anda, úngelo, porque es éste." Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante.

Salmo 22: El señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
R. El señor es mi pastor, nada me falta

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
R. El señor es mi pastor, nada me falta

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
R. El señor es mi pastor, nada me falta

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos loa días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por los años sin término.
R. El señor es mi pastor, nada me falta

Efesios 5,8-14

Hermanos: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz -toda bondad, justicia y verdad son fruto de luz-, buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciadlas. Pues hasta da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo descubierto es luz. Pero eso dice: "Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz."

Juan 9,1-41

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron:
— Maestro, ¿quien pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?
Jesús contestó:
— Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.
Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:
— Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
— ¿No es ése el que se sentaba a pedir?
Unos decían:
— El mismo.
Otros decían:
— No es él, pero se le parece.
Él respondía:
— Soy yo.
Y le preguntaban:
— ¿Y cómo se te han abierto los ojos?
Él contestó:
— Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver.
Le preguntaron:
— ¿Dónde está él?
Contestó:
— No sé.
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó:
— Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.
Algunos de los fariseos comentaban:
— Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.
Otros replicaban:
— ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?
Y estaban divididos. Volvieron a preguntarle al ciego:
— Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?
Él contestó:
— Que es un profeta.
Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:
— ¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?
Sus padres contestaron:
— Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse. Sus padres respondieron así porque tenían miedo los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: "Ya es mayor, preguntádselo a él."
Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron:
— Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.
Contestó él:
— Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.
Le preguntan de nuevo:
— ¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?
Les contestó:
— Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?
Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:
— Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.
Replicó él:
— Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.
Le replicaron:
— Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?
Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
— ¿Crees tú en el Hijo del hombre?
Él contestó:
— ¿Y quién es, Señor, para que crea en él?
Jesús les dijo:
— Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.
Él dijo:
— Creo, señor.
Y se postró ante él.
Jesús añadió:
— Para un juicio he venido ya a este mundo; para que los que no ve vean, y los que ven queden ciegos.
Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron:
— ¿También nosotros estamos ciegos?
Jesús les contestó:
— Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.

— Comentario por Mons. Francisco González, S.F.

Estamos en el cuarto domingo de Cuaresma. Dos semanas más y entraremos en la semana de las semanas: Semana Santa. Nos estamos acercando al final de este tiempo fuerte que conocemos como cuaresma.

Cuaresma, cuarenta, número que en la Sagrada Escritura indica cambio, viaje. Posiblemente sea éste un buen momento para hacer un alto en el camino de nuestra preparación a la Pascua para ver en dónde nos encontramos, qué o cuánto hemos avanzado, hacia la “nueva vida” que recibimos en el bautismo y que se nos encargó desarrollar.

En la primera lectura nos encontramos con la unción del nuevo rey de Israel. Dios quiere que el guía de su pueblo sea alguien de su confianza. El profeta, cuando vé al mayor de los hermanos, de “gran presencia y estatura”, piensa inmediatamente que éste es el elegido, pero Dios no le permite ungirlo. “No te guíes por las apariencias, le dice, yo miro el corazón”.

Esta es una frase con una enseñanza capaz de revolucionar la historia, la vida de los seres humanos. A pesar de tanto estudio, de tanta psicología, de tanta cosa como sabemos, todavía caemos con muchísima frecuencia en juzgar a la gente “por las apariencias”. El dicho popular de “las apariencias engañan” o “mucho ojo, que la vista engaña” tienen mucho de sabiduría y de ética cristiana.

En el evangelio vemos otro hecho extraordinario en la vida de Jesús: la sanación de un ciego de nacimiento. Como nota un tanto curiosa podríamos decir que esta narración evangélica comienza con un ciego que llega a ver, y un montón de videntes que acaban sin ver.

Los fariseos, esclavos de la ley, no pueden aceptar a Jesús Mesías, consagrado a Dios para el bien de la persona. No pueden aceptar que en el Reino de Dios, el bien del hombre está por encima de las costumbres y tradiciones: no se hizo el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre.

En esta lectura del evangelio de San Juan vimos el viaje de fe que hace el ciego de nacimiento quien vé a Jesús, primero como “hombre”, después como “profeta” y finalmente como “Señor”. Un proceso similar lo vimos el domingo pasado en el caso de la mujer samaritana.

Tanto el ciego de nacimiento como la mujer samaritana comienzan su relación con Jesús basada en una necesidad material, y poco a poco van entrando a una relación más personal, más íntima hasta llegar a conocer el sentido de la vida que está, ni más ni menos, en la aceptación de Jesús como su Salvador.

Ceguera y tinieblas van juntas y como consecuencia sus obras son estériles, no hay vida, (2º lectura) pero cuando se acepta la luz de Cristo, nosotros mismos nos convertimos en luz cuyos frutos son la bondad, la justicia y la verdad.

El mandato o invitación de Jesús al ciego para que fuera a lavarse, creo que nos puede a nosotros dar también algo que pensar. Tal vez nosotros también necesitamos bañarnos en la piscina de “Siloé” (que quiere decir: El Enviado), en la piscina del sacramento de la reconciliación, donde nos podamos limpiar del barro de nuestros pecados, de nuestras actitudes que impiden que veamos el don que Dios es y que nos quiere dar: ser bondadosos, practicar la justicia y vivir en la verdad.

“El Señor es mi pastor, nada me falta”

1 Samuel 16,1b.6-7.10-13a: "El Señor dijo a Samuel: Llena la cuerna de aceite y vete a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos he elegido un rey (...) No te fijes en las apariencias porque Dios no ve como los hombres; el Señor ve el corazón (... ) Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel quien le dijo: Tampoco a éstos los ha elegido el Señor (...) Queda el pequeño, que está cuidando las ovejas (...) Samuel lo ungió. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor."

1 Samuel 16,1b.6-7.10-13a
4 Domingo de Cuaresma A,

En aquellos días, el Señor le dijo a Samuel: "Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey." Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: "Seguro, el Señor tiene delante a su ungido." Pero el Señor le dijo: "No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón." Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo: "Tampoco a éstos los ha elegido el Señor." Luego preguntó a Jesé: "¿Se acabaron los muchachos?" Jesé respondió: "Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas." Samuel dijo: "Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue." Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo. Entonces el Señor dijo a Samuel: "Anda, úngelo, porque es éste." Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante.

Juan 9,1-41, por M. Dolors Gaja, MN


Juan 9,1-41

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron:
— Maestro, ¿quien pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?
Jesús contestó:
— Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.
Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:
— Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
— ¿No es ése el que se sentaba a pedir?
Unos decían:
— El mismo.
Otros decían:
— No es él, pero se le parece.
Él respondía:
— Soy yo.
Y le preguntaban:
— ¿Y cómo se te han abierto los ojos?
Él contestó:
— Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver.
Le preguntaron:
— ¿Dónde está él?
Contestó:
— No sé.
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó:
— Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.
Algunos de los fariseos comentaban:
— Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.
Otros replicaban:
— ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?
Y estaban divididos. Volvieron a preguntarle al ciego:
— Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?
Él contestó:
— Que es un profeta.
Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:
— ¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?
Sus padres contestaron:
— Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse. Sus padres respondieron así porque tenían miedo los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: "Ya es mayor, preguntádselo a él."
Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron:
— Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.
Contestó él:
— Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.
Le preguntan de nuevo:
— ¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?
Les contestó:
— Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?
Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:
— Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.
Replicó él:
— Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.
Le replicaron:
— Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?
Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
— ¿Crees tú en el Hijo del hombre?
Él contestó:
— ¿Y quién es, Señor, para que crea en él?
Jesús les dijo:
— Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.
Él dijo:
— Creo, señor.
Y se postró ante él.
Jesús añadió:
— Para un juicio he venido ya a este mundo; para que los que no ve vean, y los que ven queden ciegos.
Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron:
— ¿También nosotros estamos ciegos?
Jesús les contestó:
— Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.

— Comentario por M. Dolors Gaja, MN

LA IMAGEN QUE DE DIOS TENEMOS

A Dios lo conocemos de manera muy defectuosa porque, de entrada, nuestros modelos de conducta son los humanos y se los aplicamos a Dios. En el A.T. Dios castiga, se enfada, se venga (pese a que ya los profetas hablan de un Dios madre que siente ternura por su hijo rebelde) y en ese contexto los contemporáneos de Jesús entendían que toda enfermedad o desgracia era una castigo de Dios.

No es que no se hable en el A.T. de la Misericordia de Dios pero había una especie de selección – igual que hacemos ahora- y la gente interiorizó más el aspecto que más“podía entender”: que Dios, como ellos, se enfadaba y castigaba.

Un ciego de nacimiento hace plantear la pregunta: ¿quién hizo el mal…porque si ya nació ciego…no tuvo tiempo de pecar, debieron ser sus padres, quizá? Con esta pregunta podríamos plantearnos qué imagen tengo yo de Dios. Porque hoy se sigue diciendo “parece un castigo de Dios” “esto no tiene perdón de Dios”…frases que hemos heredado, sí, pero que nos alejan del Dios de Jesús.

EL BARRO

Hay una insistencia machacona en el barro. Jesús quiere servirse de elementos pobres para hacer el bien. Hay una clara alusión a la materia del sacramento pero también nosotros somos barro que, en manos de Jesús, podemos llevar a otros la Luz. Lo pequeño agrada a Dios. Y lo despreciable, como el barro, es instrumento de salvación.

LA DIVISIÓN

El milagro de Jesús provoca una tremenda división en la comunidad. A priori, antes del milagro, hay quien está abierto a la Verdad y hay quien cree ya poseerla: ese nunca la descubrirá. Porque la Verdad, como  la Luz, es libre y soberana, inaprensible. Nunca poseemos la Verdad, sólo podemos dejarnos poseer por ella. Por lo mismo, nunca conoceré a Jesús del todo pero sé que Él me conoce y me ama.

La acción de Jesús sigue poniendo de relieve lo que hay en el corazón de la persona. Como el cuchillo que corta una manzana hermosa a la vista: pese a las apariencias algunas están podridas por dentro y eso no es culpa del cuchillo. Si me dejo, Jesús ha venido a enfrentarme con mi propio corazón para que pueda llegar a mi verdadera identidad y decir: “soy yo”. El ciego era antes un ciego. Ahora es él mismo. Jesús lo ha liberado.

EL TESTIMONIO

Reencontrado con él mismo, el ciego da testimonio. No sabe aún quién es Jesús pero su corazón se ha apegado ya a la Verdad. Está pues a punto para el encuentro definitivo porque sin amor incondicional a la Verdad no hay camino hacia Dios. El reconocimiento es paulatino y todo un programa de acción pastoral:

Primero reconoce su dignidad, su valor como persona: soy yo. Después ve en Jesús un Profeta pero no sabe dónde está. Pero ya está dispuesto a ser su discípulo y da testimonio de la Verdad, lo cual le vale la expulsión de la sinagoga. Finalmente Jesús le sale al encuentro y él, como María, hace su pregunta. Sólo después su corazón se rinde y adora a Jesús en quien ya cree como Señor.  También nosotros seguimos un proceso en ese seguir a Jesús y sería bueno preguntarnos, de vez en cuando, dónde estamos. ¿Dónde estoy en mi camino de fe?

LOS PADRES

En medio del alboroto, los padres, llamados a declarar, tienen miedo. No quieren ser expulsados de la sinagoga. Pero lo que dicen debería ser lo que todo padre que ha educado a su hijo en la fe puede llegar a  decir: Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo. Siempre me ha parecido este el proceso que va del bautismo a la confirmación. En el primero, padres y padrinos responden por el niño. La confirmación debería ser la vivencia personal, el encuentro transformador con Jesús y el poder dar razón personalmente de la fe recibida en familia.

LA SENTENCIA DE JESÚS

Como decís: `Vemos', vuestro pecado permanece”. Sólo quien cree que tiene ya la Luz se cierra a Ella. Hace falta reconocerse pecador para entrar en la Salvación, hace falta saberse enfermo para pedir salud. Ningún pecado nos aleja de Dios, sólo la soberbia le cierra el paso.

Este evangelio es una profunda catequesis bautismal que presenta a Jesús Luz del mundo y del catecúmeno que, paso a paso, llega a postrarse ante Él y adorarlo como Dios. Pidamos a Dios la gracia de la conversión y vivamos como “hijos de la luz”.

viernes, 28 de marzo de 2014

Oseas 14,2-10: "Israel, conviértete al Señor Dios tuyo, porque tropezaste por tu pecado. Preparad vuestro discurso, volved al Señor y decidle: Perdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio de nuestros labios".

Oseas 14,2-10
Tercer Viernes de Cuaresma,

Así dice el Señor: "Israel, conviértete al Señor Dios tuyo, porque tropezaste por tu pecado. Preparad vuestro discurso, volved al Señor y decidle: "Perdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio de nuestros labios. No nos salvará Asiria, no montaremos a caballo, no volveremos a llamar Dios a la obra de nuestras manos. En ti encuentra piedad el huérfano." Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan, mi cólera se apartará de ellos. Seré para Israel como rocío, florecerá como azucena, arraigará como el Líbano. Brotarán sus vástagos, será su esplendor como un olivo, su aroma como el Líbano. Vuelven a descansar a su sombra; harán brotar el trigo, florecerán como la viña; será su fama como la del vino del Líbano. Efraín, ¿qué te importan los ídolos? Yo le respondo y le miro: yo soy como un ciprés frondoso: de mí proceden tus frutos. ¿Quién es el sabio que lo comprenda, el prudente que lo entienda? Rectos son los caminos del Señor: los justos andan por ellos, los pecadores tropiezan en ellos."

jueves, 27 de marzo de 2014

Lucas 11,14-23: "Jesús estaba echando un demonio que era mudo y, apenas salió el demonio, habló el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos dijeron: Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios (...) Todo reino en guerra civil va a la ruina. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? (...) Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros".

Lucas 11,14-23
Tercer Jueves de Cuaresma,

En aquel tiempo, Jesús estaba echando un demonio que era mudo y, apenas salió el demonio, habló el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: "Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios." Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo. Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: "Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama."

domingo, 23 de marzo de 2014

Juan 4,5-42, por M. Dolors Gaja, MN

Juan 4,5-42
3 Domingo de Cuaresma A,

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
— Dame de beber.
Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:
— ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?
Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó:
— Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.
La mujer le dice:
— Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?
Jesús le contestó:
— El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.
La mujer le dice:
— Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.
Él le dice:
— Anda, llama a tu marido y vuelve.
La mujer le contesta:
— No tengo marido.
Jesús le dice:
— Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.
La mujer le dice:
— Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.
Jesús le dice:
— Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.
La mujer le dice:
— Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.
Jesús le dice:
— Soy yo, el que habla contigo.
En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo:
— ¿Qué le preguntas o de qué le hablas?
La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:
— Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que ha hecho; ¿será éste el Mesías?
Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían:
— Maestro, come.
Él les dijo:
— Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis.
Los discípulos comentaban entre ellos:
— ¿Le habrá traído alguien de comer?
Jesús les dice:
— Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: "Me ha dicho todo lo que he hecho." Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
— Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.

— Comentario por M. Dolors Gaja, MN

El evangelio de hoy es de tan alto contenido teológico que resulta imposible abracarlo en un post. Me ciño por tanto a algunos aspectos:

EL ENCUENTRO

Los encuentros en torno a un pozo son típicos del Antiguo Testamento. Pero aquí nos encontramos con Jesús que se manifiesta cansado. Pese a ser una fortaleza física, necesita reposar mientras los apóstoles van a procurarse comida. Sugestivo ese “Jesús cansado”…¿podría ser yo su reposo y descanso?

Era cerca de mediodía. Las mujeres ya habían ido al pozo de buena mañana, el agua era lo primero que debía procurarse en un hogar. Pero esta mujer herida parece rehuir el encuentro con las otras mujeres.  Se nos dirá luego que ha tenido muchos hombres pero ya podemos adivinar que se siente herida, profundamente herida por dos datos: por una parte rehúye el trato de las demás mujeres que, madrugadoras, habrán quizá también madrugado en la crítica y por otra parte reacciona con cierta agresividad ante la petición de Jesús: "¿Cómo tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?" Era una petición muy sencilla pero la mujer se amuralla. Está herida y parece no fiarse de aquel caminante.

Jesús se muestra en su humanidad y pide ayuda, agua. Su debilidad será camino para llegar a la debilidad profunda que tiene esta mujer. Ella no se fía, parece que nadie le ha pedido que sea, simplemente, una mujer compasiva.  

EL AGUA

Los primeros cristianos vieron en este relato una catequesis bautismal. El agua que salta hasta la Vida Eterna es la vida que nos da Jesús. Con la lectura de este evangelio comienza la reflexión sobre el propio bautismo.

Vendrá la semana que viene la Luz (el ciego) y luego la Vida (Lázaro) como parte de la vía hacia la Pascua.
El primero en manifestar su sed es Jesús: dame de beber. Pero la mujer acabará también diciendo: dame de esa agua…

La sed física de Jesús ha servido para hablar de otro tipo de sed. Y ahí es la mujer quien debe pedir. La cercanía con Jesús la va transformando y, al final, veremos como ha dejado sus recelos, sus heridas…y su jarra.

Jesús ha puesto de relieve la sed profunda de esta mujer anónima. Cuando es capaz de manifestarla, Jesús la forzará a dar un paso más.

LA REALIDAD

La mujer que habla ahora con Jesús ya parece otra. Pero Jesús va a confrontarla con su realidad. Porque para que haya un encuentro real con Dios hay que ser capaz de desnudar el corazón, hay que pedir la gracia de la autenticidad. Resulta curioso que después de los rodeos que ha dado la samaritana en su diálogo, ahora sea directa: no tengo marido. No obstante, va a intentar desviar de nuevo la atención de Jesús llevándole a una discusión religiosa que va a acabar con el encuentro total: soy yo, el que habla contigo.

Con frecuencia los caminos de la samaritana son los nuestros: vivimos escabulléndonos del encuentro cara a cara, vivimos cambiando de tema a Dios y escurriendo el bulto si se acerca demasiado a nuestro corazón. Es preciso dejarse encontrar porque Él es el Dios que sale al encuentro…y lo hace, muchas veces, por nuestras heridas. Por ahí nos entra…si le dejamos.

MODELO DE PASTORALISTA

Esta samaritana que finalmente ha descubierto el “Agua Viva” la descubre cuando deja que esta toque su vida real, la de mujer de muchos hombres, mujer herida en lo afectivo. Y la pregunta que debemos hacernos es si dejamos que Jesús toque nuestra vida real, nuestras heridas, nuestros anhelos…o si lo hemos reducido a unos ritos, unos dogmas que aceptamos o una costumbre.

Esta mujer se nos convierte en modelo de pastoralista. Ella transmite su experiencia – me ha dicho lo que he hecho – y lanza una pregunta para que sean los otros los que, a su vez, inicien el camino: ¿No será el Cristo?
Nuestros jóvenes se cansan a veces de catequesis repletas de fórmulas y recetas o preguntas resueltas antes de que se las formulen. La catequesis debería ser algo tan simple – y tan difícil- como saber clavar en el corazón joven la pregunta de Dios. Y luego, acompañarlo en el camino al pozo, dejando atrás maridos y jarras, modos de vida que no satisfacen.

Al final la catequesis de esta mujer da un fruto excelente: “Ya no creemos por lo que tú has contado. Nosotros mismos lo hemos escuchado y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo”. ¡Ojalá nos dijeran eso todos los que han pasado por parroquias, colegios religiosos, movimientos…!

PETICIÓN FINAL

Cuando me acerco a esta lectura siempre recuerdo el poema de Eduardo Marquina:

Una fuente escondida
y un caminar con sed
y al final del camino
encontrarla y beber.
No pediría a Dios
en mi vida otro bien.
Y, si Dios no pudiera
mi deseo atender,
le diría a Dios: Nada
te pido que me des.
A la fuente renuncio
y al camino también.
Pero, hasta que me muera,
consérvame la sed.


¡Conservanos, Señor, la sed!

sábado, 22 de marzo de 2014

Juan 4,5-42, por Mons. Francisco González, S.F.

Juan 4,5-42
3 Domingo de Cuaresma A,

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
— Dame de beber.
Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:
— ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?
Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó:
— Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.
La mujer le dice:
— Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?
Jesús le contestó:
— El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.
La mujer le dice:
— Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.
Él le dice:
— Anda, llama a tu marido y vuelve.
La mujer le contesta:
— No tengo marido.
Jesús le dice:
— Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.
La mujer le dice:
— Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.
Jesús le dice:
— Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.
La mujer le dice:
— Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.
Jesús le dice:
— Soy yo, el que habla contigo.
En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo:
— ¿Qué le preguntas o de qué le hablas?
La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:
— Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que ha hecho; ¿será éste el Mesías?
Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían:
— Maestro, come.
Él les dijo:
— Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis.
Los discípulos comentaban entre ellos:
— ¿Le habrá traído alguien de comer?
Jesús les dice:
— Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: "Me ha dicho todo lo que he hecho." Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
— Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.

— Comentario por Mons. Francisco González, S.F.

Desde la conquista de Samaria por los asirios y la mezcla que aceptaron en sus matrimonios y religión, los judíos no ven con buenos ojos a los samaritanos. Estos son los que han abandonado la Tradición y por eso no fraternizan entre ellos, tienen criterios muy distintos acerca de su fe, de su culto, teniendo lugares distintos para su celebración.

Todo empieza en torno al mediodía y mientras Jesús va de camino con sus discípulos, como siempre. Aquí se encuentra con una mujer. Hay entre ambos un diálogo muy interesante que nos puede hacer reflexionar, también hay que contemplarlo, porque cada una de sus palabras tiene un profundo significado para cada uno de nosotros.

Jesús comienza pidiendo agua, para a renglón seguido, ser Él quien ofrezca “agua viva”; la mujer comienza llamándole judío, después le dice señor, más tarde le trata de profeta y, finalmente, Mesías. Según habla con Jesús, se va acercando más a Él, va intimando, hace un viaje de fe, está viviendo una conversión.

La mención de los cinco maridos, podría también referirse, a las cinco ermitas de los samaritanos donde adoraban a dioses falsos, como si fueran sus amantes con quienes ella había estado buscando su felicidad. Ahora el Señor le ofrece un “agua viva”, un sentido de vida, que le permitirá no desear nada más, y no tendrá que regresar a la fuente, sino que ese manantial de “agua viva” estará dentro de sí misma, lo tendrá siempre con ella.

Esa renovación interior de la samaritana, y la nuestra personal se manifiesta en nuestro compromiso con la misión: “La mujer dejó el cántaro, se fue a la aldea y dijo a los vecinos…” Y así vemos cómo en un descanso que el Señor se tomó, cerca de un pozo de agua, a la hora de más calor, es una oportunidad para proclamar la grandeza del Reino de Dios: “Si conocieras el don de Dios”.

3 DOMINGO DE CUARESMA, Año A, por Mons. Francisco González, S.F.

Exodo 17,3-7
Salmo 94: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón
Romanos 5, 1-2.5-8
Juan 4,5-42

Exodo 17,3-7

En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés: "¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?" Clamó Moisés al Señor y dijo: "¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen." Respondió el Señor a Moisés: "Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río, y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo." Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la reyerta de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: "¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?"

Salmo 94: 
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Venid, aclaremos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras."
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Romanos 5, 1-2.5-8

Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.En efecto, cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atreviera uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.

Juan 4,5-42

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
— Dame de beber.
Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:
— ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?
Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó:
— Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.
La mujer le dice:
— Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?
Jesús le contestó:
— El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.
La mujer le dice:
— Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.
Él le dice:
— Anda, llama a tu marido y vuelve.
La mujer le contesta:
— No tengo marido.
Jesús le dice:
— Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.
La mujer le dice:
— Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.
Jesús le dice:
— Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.
La mujer le dice:
— Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.
Jesús le dice:
— Soy yo, el que habla contigo.
En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo:
— ¿Qué le preguntas o de qué le hablas?
La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:
— Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que ha hecho; ¿será éste el Mesías?
Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían:
— Maestro, come.
Él les dijo:
— Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis.
Los discípulos comentaban entre ellos:
— ¿Le habrá traído alguien de comer?
Jesús les dice:
— Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: "Me ha dicho todo lo que he hecho." Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
— Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.

— Comentario por Mons. Francisco González, S.F.

La constitución Sacrosanctum Concilium (nn. 109-110) considera a la Cuaresma como el tiempo litúrgico en el que los cristianos se preparan a celebrar el misterio pascual, mediante una verdadera conversión interior, el recuerdo o celebración del bautismo y la participación en el sacramento de la Reconciliación.

Además de una penitencia no solo individual sino también social: “La penitencia del tiempo cuaresmal no debe ser sólo interna e individual, sino también externa y social. Foméntese la práctica penitencia de acuerdo con las posibilidades de nuestro tiempo y de los diversos países y condiciones de los fieles…”

La primera lectura está tomada del libro del Éxodo. En los capítulos anteriores vemos cómo Dios libera a su pueblo de la opresión egipcia. Ahora, en el viaje de camino por el desierto hacia la Tierra Prometida, y comienzan a cuestionar la acción de Dios: “¿Está o no está Dios en medio de nosotros?”

El elemento central en la sagrada escritura es el agua. El agua, además de su realidad física, es un elemento o signo polivalente. Tiene muchos significados, entre otros, es señal de vida.

Aquí en medio del desierto, los israelitas piden agua, de lo contrario morirán, tienen sed y hay que satisfacer dicha necesidad. Pero también podríamos pensar que su sed, no es solamente agua, sino de vida, de encontrar significado en lo que en esos momentos están viviendo. Se quejan de haber salido de Egipto y ahora cuestionan si está o no está Dios en medio de ellos. Muchas veces, cuando las cosas no van del todo bien, siempre hemos de encontrar alguien a quien echarle la culpa.

En el santo evangelio leemos el relato de “Jesús y la Samaritana”. Desde la conquista de Samaria por los asirios y la mezcla que aceptaron en sus matrimonios y religión, los judíos no ven con buenos ojos a los samaritanos. Estos son los que han abandonado la Tradición y por eso no fraternizan entre ellos, tienen criterios muy distintos acerca de su fe, de su culto, teniendo lugares distintos para su celebración.

Todo empieza en torno al mediodía y mientras Jesús va de camino con sus discípulos, como siempre. Aquí se encuentra con una mujer. Hay entre ambos un diálogo muy interesante que nos puede hacer reflexionar, también hay que contemplarlo, porque cada una de sus palabras tiene un profundo significado para cada uno de nosotros.

Jesús comienza pidiendo agua, para a renglón seguido, ser Él quien ofrezca “agua viva”; la mujer comienza llamándole judío, después le dice señor, más tarde le trata de profeta y, finalmente, Mesías. Según habla con Jesús, se va acercando más a Él, va intimando, hace un viaje de fe, está viviendo una conversión.

La mención de los cinco maridos, podría también referirse, a las cinco ermitas de los samaritanos donde adoraban a dioses falsos, como si fueran sus amantes con quienes ella había estado buscando su felicidad. Ahora el Señor le ofrece un “agua viva”, un sentido de vida, que le permitirá no desear nada más, y no tendrá que regresar a la fuente, sino que ese manantial de “agua viva” estará dentro de sí misma, lo tendrá siempre con ella.

Esa renovación interior de la samaritana, y la nuestra personal se manifiesta en nuestro compromiso con la misión: “La mujer dejó el cántaro, se fue a la aldea y dijo a los vecinos…” Y así vemos cómo en un descanso que el Señor se tomó, cerca de un pozo de agua, a la hora de más calor, es una oportunidad para proclamar la grandeza del Reino de Dios: “Si conocieras el don de Dios”.

San Pablo en la segunda lectura (romanos) nos habla de la paz con Dios que disfrutamos y que nos ha sido concedida gracias a Cristo, por el Espíritu Santo que se nos ha dado. Es así como Dios nos demuestra su amor. Tal vez, en esta peregrinación cuaresmal que estamos viviendo al avanzar hacia la Pascua, debemos preguntarnos: “¿Dónde buscamos respuesta al sentido de la vida? ¿En qué pozos tratamos de satisfacer, de ser, de tener, de disfrutar?”

jueves, 20 de marzo de 2014

De la Paternidad de San José en el Evangelio de Lucas, por Luis Antequera

San José, el carpintero, con Jesús
JOHN COLLIER
La figura de José aparece mencionada en el Evangelio de Lucas en hasta cinco ocasiones, tres menos que en el Evangelio de Mateo. La primera de las ocasiones en que Lucas lo menciona es ésta, escueta pero no por ello menos informativa:

“Al sexto mes envió Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María” (Lc 1, 26-27).

De donde inferimos varias cosas: primero, que José pertenece a la Casa de David; segundo, que se halla desposado con María, es decir, en una situación propia de la tradición judía, asimilable por buscar un parecido a nuestro “noviazgo”, en que aunque los jóvenes se hallan ya comprometidos, ni habitan juntos ni menos aún “cohabitan”; tercero, que José, como María, habita en Nazaret, con consecuencias a las que nos referimos abajo.

Narra después Lucas el episodio de la Anunciación, privativo de él, y contrariamente a lo que hace Mateo, obvia totalmente la reacción que en José pueda producir la irrupción en el escenario de su futura esposa embarazada sin su participación en el evento.

La siguiente aparición de José está relacionada con el viaje que los esposos, instalados en Nazaret -nótese aquí que en Mateo el establecimiento de la familia en Nazaret no es originario sino sobrevenido después de la huida a Egipto que Lucas ni siquiera menciona- realizan a Jerusalén para censarse e acuerdo con “un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo” (Lc 2,1). Debemos a Lucas esta narración del nacimiento de Jesús, en la que José tiene un protagonismo indiscutible:

“Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Mientras estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el albergue” (Lc 2,4-7).

Episodio en el que llaman la atención dos cosas: primero, una nueva alusión a la condición davídica de Jesús; y segundo, esa referencia al “hijo primogénito” de María en el que, al igual que ocurre con Mateo cuando decía aquello de “y no la conocía [var. “y no la conoció”] hasta que ella dio a luz un hijo” (Mt 1,25), han fundamentado muchos la condición virginal de María restringida al momento en que concibe a Jesús, pero no después.

En Lucas la epifanía, o manifestación de la condición real de Jesús, no la realizan unos magos de oriente, sino unos pastores, y en su evangelio, contrariamente a lo que hace Mateo en su narración en la que excluye a José, Lucas sí otorga a nuestro personaje un papel protagonista:

“Fueron a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre” (Lc 2,16).

Compárese con el escueto “entraron en la casa; vieron al niño con María su madre” de Mateo (Mt. 2, 11).

Cierra Lucas sus citas a José con la referencia que hace a él en el árbol genealógico de Jesús, que menciona de esta manera:

“Tenía Jesús, al comenzar, unos treinta años. Se creía que era hijo de José, hijo de Helí” (Lc 3,23).

Con este curioso “se creía que” con el que resuelve la especial paternidad de Jesús.

Una última referencia de Lucas a José, en el capítulo denominado “Jesús en Nazaret”, en el que los absortos convecinos de Jesús, al verle volver a su ciudad de origen “enajenado” según ellos, se preguntan “¿acaso no es éste el hijo de José?”.

Un episodio que Lucas resuelve de una manera muy diferente a como lo hace Mateo, pues primero, cita a José por su nombre y no por su profesión, y segundo, obvia toda mención a los que Mateo llama “los hermanos de Jesús”, según tuvimos ocasión de ver en su momento.

Curiosamente, tampoco Lucas, como antes Mateo, refiere nada sobre el final de José, y eso que en su evangelio, mucho más histórico, mucho más ordenado y en el que cuenta con el testimonio fresco y cercano de María, según él mismo se preocupa en hacernos saber (ver Lc 2,19; Lc 2,51), sí cabía esperar una referencia al mismo.

Fuente: religionenlibertad.com

OTROS ARTÍCULOS SOBRE SAN JOSÉ:
     La Paternidad de San José en el Evangelio de Mateo,
     ¿Qué sabemos de san José?,
     Reseña histórica de la fiesta de san José obrero
     Santo patrono de la familia
     Patrono de la gente anónima
     ¿Qué nos dicen de san José los evangelios apócrifos?

martes, 18 de marzo de 2014

SEGUNDO MARTES DE CUARESMA, por el papa Francisco

Isaías 1,10.16-20
Salmo 49: Al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios
Mateo 23,1-12

Isaías 1,10.16-20

Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma, escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra: "Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces, venid y litigaremos -dice el Señor-. Aunque vuestros pecados sean como púrpura, blanquearán como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana. Si sabéis obedecer, lo sabroso de la tierra comeréis; si rehusáis y os rebeláis, la espada os comerá. Lo ha dicho el Señor."

Salmo 49: Al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios

No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños.
R. Al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios

¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?
R. Al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios

Esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios.
R. Al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios

Mateo 23,1-12

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: "En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido."

— Comentario por el papa Francisco

La Cuaresma es un tiempo para "arreglar la propia vida", "para acercarse al Señor". Esto es lo que ha subrayado el papa Francisco en su homilía de la misa de esta mañana en la Casa Santa Marta.

El Santo Padre ha advertido del riesgo de sentirse "mejores que los demás". Los hipócritas, ha señalado, "se maquillan de buenos" y no entienden que "nadie es justo por sí mismo", todos "tenemos la necesidad de ser justificados".

El Pontífice ha comenzado su sermón destacando que esta es la palabra clave de la Cuaresma, un tiempo favorable "para acercarse" a Jesús. Y comentando la Primera Lectura, tomada del Libro de Isaías, ha indicado que el Señor llama a la conversión a dos "ciudades pecadoras" como Sodoma y Gomorra. Esto, ha afirmado, demuestra que todos "tenemos que cambiar de vida", que buscar "bien en nuestra alma", donde siempre encontraremos algo.

La Cuaresma, ha añadido, es precisamente este "arreglar la vida" acercándose al Señor. Él, ha dicho, "nos quiere cerca" y nos asegura que "nos espera para perdonarnos". No obstante, ha enfatizado, el Señor quiere "un acercamiento sincero" y nos pone en guardia de ser hipócritas:

"¿Qué hacen los hipócritas? Se maquillan de buenos: ponen cara de estampita, rezan mirando al cielo, se consideran más justos que los demás, desprecian a los otros. 'Pero - dicen - yo soy muy católico, porque mi tío ha sido un gran benefactor, mi familia es esta y yo soy... he aprendido... he conocido tal obispo, tal cardenal, tal padre... Yo soy...' Esta es la hipocresía. El Señor dice: 'Nadie es justo por sí mismo. Todos tenemos la necesidad de ser justificados. Y el único que nos justifica es Jesucristo".

Por eso, ha proseguido, debemos acercarnos al Señor: "Para no ser cristianos disfrazados, que cuando pasa esta apariencia, se ve la realidad, que no son cristianos". Cuál es, entonces, "la piedra de parangón por la que nosotros no somos hipócritas y nos acercamos al Señor". La respuesta, ha subrayado el Papa, nos la da el mismo Señor en la Primera Lectura cuando dice: "Lavaros, purificaros, alejad de mis ojos el mal de vuestras acciones, dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien". Esta es la invitación. Pero, se pregunta Francisco, "¿cuál es el signo de que vamos por el buen camino?":

"'Socorred al oprimido, haced justicia al huérfano, defended la causa de la viuda’. Ocuparse del prójimo: del enfermo, del pobre, del que tiene necesidad, del ignorante. Esta es la piedra de parangón.

Los hipócritas no saben hacer esto, no pueden, porque están tan llenos de sí mismos que están ciegos para mirar a los demás. Cuando uno camina un poco y se acerca al Señor, la luz del Señor le hace ver estas cosas y va a ayudar a los hermanos. Este es el signo, este es el signo de la conversión”.

Ciertamente, ha señalado, "no es toda la conversión", esta, en efecto, "es el encuentro con Jesucristo", pero "el signo de que nosotros estamos con Jesucristo es este: atender a los hermanos, a aquellos más pobres, a los enfermos, como el Señor nos enseña" y como leemos en el capítulo 25 del Evangelio de Mateo.

"La Cuaresma es para arreglar la propia vida, ordenarla, cambiar de vida, para acercarnos al Señor. El signo de que estamos lejos del Señor es la hipocresía. El hipócrita no tiene necesidad del Señor, se salva por sí mismo, así piensa, y se disfraza de santo. El signo de que nosotros nos hemos acercado al Señor con la penitencia, pidiendo perdón, es que nosotros cuidamos de nuestros hermanos necesitados. El Señor nos dé a todos luz y valentía: luz para conocer lo que sucede dentro de nosotros y valentía para convertirnos, para acercarnos al Señor. Es hermoso estar cerca del Señor".

Y bien, ¿qué es lo que sabemos de San José?, por Luis Antequera

SAN JOSÉ Y EL NIÑO JESÚS, 1598
El GReco
Catedral de Toledo, España.

No es poco lo que gracias a los evangelios conocemos sobre una figura con gran arraigo en el culto popular cristiano cual es el padre putativo de Jesús, llamado, como el hijo favorito de Jacob, José. La información se la debemos a los evangelistas de la infancia, Mateo y Lucas, ya que Juan sólo cita su nombre una vez, para llamar a Jesús “el hijo de José” (Jn 1,45); y Marcos, ni siquiera, pues cuando tiene que referirse a Jesús, lo hace como “el hijo de María” (Mc 6,3), curiosamente el mismo apelativo que le dará otro texto de naturaleza totalmente indiferente cual es el Corán de los musulmanes.

La impresión que sobre José nos transmiten los dos evangelistas que se refieren a su figura, Lucas y Mateo, es bien diferente.

Lucas, que nos habla de José como del padre “según se creía” (Lc 3,23) de Jesús, en alusión a la paternidad sólo aparente de José frente a un niño que en realidad es hijo de Dios, nos presenta un José muy humano, discreto, casi tímido, como consciente de su papel secundario en una historia que no es la suya.

El San José del evangelista Mateo es, para empezar, algo más esotérico, con un toque taumatúrgico, en fluida y continua comunicación con la Providencia, con la que se comunica a través de ángeles y, en lo relativo a su personalidad, más resuelto y decidido.

Reuniendo lo que por uno y otro evangelista conocemos, podemos componer el siguiente decálogo:

Primero:

Que era José de estirpe davídica, y por lo tanto descendiente del rey David. A tal efecto, tanto Mateo (Mt 1,1-16) como Lucas (Lc 3, 23-38) nos brindan su árbol genealógico hasta entroncar con el mítico rey, si bien, salvo en lo relativo al propio Rey David, uno y otro evangelista no coinciden en uno sólo de los ascendientes de José (tema que ya tratamos en su día).

Su padre, según Mateo, se llama Jacob; según Lucas se llama Helí. Según Mateo, desciende de David a través de su hijo Salomón, como su padre, rey; según Lucas, a través de Natán, un hijo más de los muchísimos que tuvo David.

Segundo:

Que está desposado con María, -a tal efecto se ha de señalar que los desposorios en el mundo judío equivalen a una especie de compromiso de un matrimonio aún no consumado-, cuando se presenta a ésta el Arcángel Gabriel y queda embarazada del Espíritu Santo. Lo que sabemos por los dos evangelistas (Mt 1, 18; Lc 1, 27).

Tercero:

Que cuando repara en el embarazo de María, con quien está desposado, sin haber tenido él nada que ver en el asunto, determina abandonarla en vez de denunciarla, lo que habría supuesto para María no sólo la ignominia, sino con toda seguridad, la lapidación y la muerte. Y que finalmente no la abandona porque un ángel se le presenta en sueños y le informa de que “lo engendrado en ella es obra del Espíritu Santo” (Mt 1, 20).

Cuarto:

Que “por ser él de la casa y familia de David” (Lc 2,4), cumplió en Belén con su obligación censitaria, de acuerdo con lo ordenado por el edicto de César Augusto, desplazándose para ello con su esposa María, desde la ciudad en la que residía Nazareth. (Lc 2,1-7).

Quinto:

Que estando en Belén, según nos informa Lucas, le tocaron a María los días y dio a luz a su hijo Jesús en un pesebre (Lc 2,1-7). Mateo también nos informa del nacimiento de Jesús en Belén (Mt 2,1), si bien, mientras en Lucas, Belén es una ciudad lejana a la que la santa familia se ha de desplazar en un viaje que resulta penoso a los solos efectos de censarse, en Mateo parece constituir la ciudad en la que dicha familia reside.

Sexto:

Que allí son visitados por unos magos venidos de Oriente, los cuales tienen noticia del nacimiento del rey de los judíos -a estos efectos no se olvide la sangre davídica, y por lo tanto real, que circula por las venas de Jesús-, por haber avistado su estrella. Que estos magos informan al rey Herodes de todos estos extremos, y que éste, aterrorizado de que ningún recién nacido pudiera disputarle una corona que le era de hecho muy cuestionada -ya sabemos que el abuelo de Herodes había usurpado el trono y que ni siquiera era judío, era idumeo-, ordena ejecutar a todos los niños de menos de dos años de Belén y su comarca (Mt 2,1-12).

Séptimo:

Que José, después de recibir en sueños una nueva instrucción del ángel, toma la decisión de huir a Egipto para salvar a Jesús de las iras de Herodes (Mt 2,13-15).

Octavo:

Que una vez que Herodes ha muerto, el ángel vuelve a aparecerse en sueños a José para informarle de que ya puede volver a Palestina; pero al saber, por una nueva revelación onírica, que el cruel Arquelao reina en Judea, resuelve José ir a Galilea, donde reina Herodes Antipas y donde se considera más seguro, estableciéndose en Nazareth (Mt 2,19-23).

Este es el punto en el que el relato de los dos evangelistas de la infancia más discrepa, pues según Lucas, lo que hace José al dirigirse a Nazareth no es buscar una ciudad en la que refugiarse, sino volver a su casa, cosa que hace, a mayor abundamiento, tan pronto como se “cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor” (Lc 2,39), esto es, la circuncisión de Jesús a los ocho días, la purificación de María a los cuarenta y uno, etc., y desde luego, sin pasar ningún exilio en Egipto.

Noveno:

Que durante una fiesta de Pascua, peregrinó como buen judío a Jerusalén, donde Jesús se les escapó y sólo lo encontraron tres días después, sentado entre los doctores del Templo, con los que discutía “sobre las cosas de mi padre” (Lc 2,46-50).

Décimo:

Que es carpintero, cosa que sabemos gracias a Mateo y sólo gracias a él (Mt 13,55), profesión de la que, por otro lado, hace legado a Jesús (Mc 6,3).

Y esto es todo lo que sabemos de José. Ni donde ni cuando murió -sí sabemos, desde luego, que estaba muerto cuando Jesús comienza su ministerio, pues de no ser así, José habría estado acompañando a su madre en las bodas de Caná-, ni cuándo ni dónde había nacido, ni si era soltero o viudo cuando se desposa con María, nada.

A muchos de estos datos se refieren otros textos ajenos a los evangélicos en la literatura apócrifa.

Fuente: religionenlibertad.com

OTROS ARTÍCULOS SOBRE SAN JOSÉ:
     La Paternidad de San José en el Evangelio de Mateo,
     La Paternidad de San José en el Evangelio de Lucas,
     Reseña histórica de la fiesta de san José obrero
     Santo patrono de la familia
     Patrono de la gente anónima
     ¿Qué nos dicen de san José los evangelios apócrifos?

lunes, 17 de marzo de 2014

Isaías 1,10.16-20: "Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma, escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra: lavaos, purificaos. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda (...) Aunque vuestros pecados sean como púrpura, blanquearán como nieve.

Isaías 1,10.16-20
Segundo Martes de Cuaresma,

Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma, escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra: "Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces, venid y litigaremos -dice el Señor-. Aunque vuestros pecados sean como púrpura, blanquearán como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana. Si sabéis obedecer, lo sabroso de la tierra comeréis; si rehusáis y os rebeláis, la espada os comerá. Lo ha dicho el Señor."

domingo, 16 de marzo de 2014

Mateo 17, 1-9, LA TRANSFIGURACIÓN, por M. Dolors Gaja, M.N.

Mateo 17, 1-9
Segundo Domingo de Cuaresma,

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
— Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres, haré tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía:
— Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
— Levantaos, no temáis.
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:
— No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.

- Comentario por M. Dolors Gaja, M.N.

Este es un evangelio especialmente querido por toda la comunidad cristiana, la de los inicios y la de ahora. No es un evangelio fácil porque te señala unos hechos para que no te quedes en ellos y mires a través de ellos el sentido profundo que revelan. Y no es propiamente el relato de unos hechos – como cuando se nos narra que Jesús cura un leproso- sino un icono cargado de alusiones teológicas.

UNA TEOFANÍA

Así se llaman las manifestaciones de Dios. En el evangelio Dios se manifiesta en el Bautismo de Jesús, en el relato de ahora, la transfiguración, y de forma total en la Resurrección de Jesús, que es obra del Padre. Cada vez que Dios se manifiesta afirma la Filiación de Jesús. Estamos pues ante el misterio Trinitario.

PEDRO, SANTIAGO Y JUAN.

Constituyen el círculo más íntimo de Jesús. De entre los 12 estos son los más cercanos, los que se citan ahora y también en Getsemaní. Pero hay otra intención en Mateo, judío de pies a cabeza: para cualquier hecho en el que se necesitaran testigos que validaran lo que uno decía bastaban, según la Ley, dos testigos (que, por supuesto, no podían ser mujeres). Pero si el hecho en sí mismo era excepcional, extraño o fuera de lo común se precisaban tres testigos. Mateo nos da el nombre de los tres. Pedro recordará toda su vida esta experiencia y la narrará en su segunda carta:

“Porque no les hicimos conocer el poder y la Venida de nuestro Señor Jesucristo basados en fábulas ingeniosamente inventadas, sino como testigos oculares de su grandeza. En efecto, él recibió de Dios Padre el honor y la gloria, cuando la Gloria llena de majestad le dirigió esta palabra: "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección". Nosotros oímos esta voz que venía del cielo, mientras estábamos con él en la montaña santa.” (2 Pe, 1, 16-18)

LA MONTAÑA

La persona tiene sed de altura. Y siempre, en toda cultura y religión, los santuarios se colocaron en la cumbre de una montaña. Ir a Dios es subir, dejando atrás el hombre viejo. Y Dios se abaja hasta la cumbre. El encuentro se realiza a mitad de camino. La montaña alta, el Tabor, tiene unos 600m pero en la llana Galilea es montaña “alta”.

Jesús se los lleva con Él y sabemos por Lucas que comienza a orar y mientras estaba orando “se transfiguró”. No debería extrañarnos, no se trata de que Jesús se transformara o los vestidos cambiaran de color. La oración, cuando es verdadera, es un proceso de endiosamiento y transfigura toda persona. El rostro de Jesús resplandece pese a que sabemos por Lucas que en la oración hablaba de su próxima pasión. Y sus vestidos son blancos…porque el blanco en la Biblia es el color de Dios. Así entendemos que en el bautismo los catecúmenos se vistan de blanco: estar bautizado es estar revestido de Dios.

MOISÉS Y ELIAS

Son las dos grandes figuras del Antiguo Testamento. Pero ¿qué hacen aquí? Sabemos que Moisés sube a la montaña (el Sinaí) para hablar con Dios. Y lo mismo se nos dice de Elías. Los dos van a la montaña para encontrarse con Dios…y ahora también van a la montaña para encontrarse con Jesús, Dios y hombre verdadero. El Antiguo Testamento se postra ante el Nuevo. Es toda una declaración de la divinidad de Jesús.

INEFABLE PEDRO

Pedro el espontáneo, poco entiende…pero intuye. Quiere “apresar” el misterio y se ofrece a hacer tres chozas…olvidándose de las que ellos necesitarían. Hay una alusión a la Tienda que Israel construyó para el Arca de la Alianza, una Tienda que plantaban fuera del campamento. Se alude también a la fiesta de los Tabernáculos que rememoraba el tiempo de peregrinación de Israel por el desierto. Lucas subraya, con ironía, que Pedro no sabía lo que decía.

LA NUBE.

En el Antiguo Testamento la Nube o Shekiná representa la Presencia de Dios que acompaña a su pueblo; mientras peregrinan por el desierto, la Nube los acompaña siempre. Y en la Anunciación a María se dice claramente que “el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra” en referencia a la Nube, pues María es el Nuevo Israel. Ahora, a través de la oración, entran en el ámbito de Dios, entran en la Nube. Y allí oyen hablar a Dios…

CAIDOS DE BRUCES EN TIERRA

Los discípulos experimentan la presencia de Dios. Y no tropiezan, se postran como signo de adoración. Sólo Jesús permanece de pie, pues Él es Dios.

SE ACERCÓ

En el evangelio es la gente, el pueblo, los seguidores, quienes, normalmente, se acercan a Jesús. Ahora – como en Getsemaní- es Jesús quien se acerca. Los toca y acompaña el gesto con la palabra, algo que nos puede recordar cualquier sacramento.  La orden es levantarse y se usa el mismo verbo con el que se relata la resurrección: anastasis, que significa levantarse. Así describieron los cristianos la resurrección: Jesús se levantó…

La otra orden es no tener miedo. ¿Cómo tener miedo si hemos resucitado con Cristo y Él va con nosotros?
Y entonces, al alzar la mirada – ahora postrado ante Jesús-Dios- le ven, le ven a Él solo. Ophte es el verbo griego ver, muy usado en los relatos de apariciones de Jesús con el sentido de “se hizo ver, se dejó ver”.

Estamos pues ante la pregustación de la gran Teofanía de Dios, la Resurrección. Pero se nos indica que nosotros hemos de resucitar – levantarnos- con Él. El cristiano ya está inmerso en la Resurrección de Jesús el cual tendiéndonos la mano “nos ha levantado” del pecado.

VUELTA A LA VIDA COTIDIANA.

Pedro quería quedarse allí, aunque fuera sin choza. Pero Jesús vuelve siempre, y nos hace volver, al hermano. Por eso toda experiencia de Dios debe transfigurarse en servicio al hermano.

Repito la afirmación inicial: es un evangelio para contemplar, para detenerse en cada símbolo, en cada alusión…Se nos pinta un bellísimo icono: contemplemos. 

2 DOMINGO DE CUARESMA, Año A, por Mons. Francisco González, S.F.

Génesis 12,1-4a
Salmo 32: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, 
como lo esperamos de ti
2 Timoteo 1,8b-10
Mateo 17,1-9

Génesis 12,1-4a

En aquellos días, el Señor dijo a Abrán: "Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y será una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo." Abrán marchó, como le había dicho el señor.

Salmo 32: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, 
como lo esperamos de ti

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.
R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, 
como lo esperamos de ti

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.
R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, 
como lo esperamos de ti

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, 
como lo esperamos de ti

2 Timoteo 1,8b-10

Querido hermano: Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios. Él nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos, sino porque, desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo; y ahora, esa gracia se ha manifestado al aparecer nuestro Salvador Jesucristo, que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal, por medio del Evangelio.

Mateo 17,1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro,a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías." Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: "Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo." Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: "Levantaos, no temáis."Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: "No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos."

— Comentario por Mons. Francisco González, SF.

Comenzamos la Liturgia de la Palabra con el llamado que Dios hace a Abrahán. Más que un simple llamado es un mandato, una exigencia: “Deja”. ¿Qué le pide que deje? Nada más y nada menos que el “país, a los de su raza y a la familia de su padre”.

Yavé exige a Abrahán que abandone la seguridad de su entorno; la seguridad de su cultura, de sus valores y la seguridad de su familia y clan. Si le obedece recibirá bendiciones: una tierra prometida, una descendencia numerosísima, protección en contra de sus enemigos, buen nombre, hasta convertirse a sí mismo en bendición para otros.

Abrahán creyó… Abrahán obedeció: ¿Cómo está mi fe en Dios y mi obediencia a sus planes?

En la segunda lectura nos encontramos a Pablo, prisionero por la fe que predica y práctica, pidiendo a Timoteo que se una a él en la, no simple y sí difícil tarea, de predicar el Evangelio. Luchar, implica que hay una resistencia. El Apóstol, al exhortar a su discípulo a evangelizar, lo hace aludiendo al hecho de que Dios quiere la salvación de todos y que dicha salvación es gratuita.

Una segunda razón por la que le pide que se le una en la predicación del Evangelio, es simplemente, porque todo ello corresponde al plan de Dios, plan de Dios “que se llevó a efecto con la venida de Cristo nuestro Salvador, que destruyó la muerte e hizo resplandecer la vida y la inmortalidad”.

¿Dónde buscas tú la vida? ¿Cómo responderemos a la exigencia bautismal de evangelizar? Pablo pide ayuda para continuar evangelizando, y lo hace desde su prisión. Hay quienes se dedican al evangelio sólo cuando no hay peligro de rechazo, burla o violencia. A veces nos olvidamos que, alguien muy bien ha dicho, los defensores más creíbles de la fe han sido y serán siempre los mártires.

En el evangelio de hoy encontramos el relato de la Transfiguración del Señor. Este relato tiene todos los ingredientes de las famosas teofanías (manifestaciones de Dios) del Antiguo Testamento: la montaña (cerro alto en este caso), con fenómenos extraordinarios y reacciones de miedo o temor por parte del vidente.

Jesús se manifiesta en su gloria. Lo hace en un momento muy importante en su catequesis: ha anunciado la pasión; están subiendo a Jerusalén y puede haber desánimo entre los seguidores. Esta manifestación de Jesús, acompañada de Moisés y Elías, dos personajes asociados en el Pueblo Judío con el Mesías y la declaración del Padre sobre la filiación de Jesús, sirve para animar a los apóstoles, que por boca de Pedro, quieren quedarse donde están.

Es cuestión de espera, parece que les dice Jesús. Las ropas blancas y la prohibición de mencionar lo que han visto “hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado” todo parece conectado con la Resurrección, con la victoria final.

Este evangelio nos puede servir mucho a aquellos de nosotros que a veces sentimos miedo en nuestro seguimiento de Jesús. Es bueno recordar lo que Pedro llegó a experimentar al ver a Jesús en su gloria. Fue algo tan extraordinario, que ya no necesitaba nada más. Es verdad que habrá dificultades, incertidumbre, penas, pero si perseveramos veremos la gloria de Dios, y entonces podremos decir como Pedro: “Señor, ¡qué bien estamos aquí!

sábado, 15 de marzo de 2014

2 DOMINGO DE CUARESMA, Año A (Lecturas)

Génesis 12,1-4a
Salmo 32: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, 
como lo esperamos de ti
2 Timoteo 1,8b-10
Mateo 17,1-9

Génesis 12,1-4a

En aquellos días, el Señor dijo a Abrán: "Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y será una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo." Abrán marchó, como le había dicho el señor.

Salmo 32: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, 
como lo esperamos de ti

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.
R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, 
como lo esperamos de ti

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.
R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, 
como lo esperamos de ti

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, 
como lo esperamos de ti

2 Timoteo 1,8b-10

Querido hermano: Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios. Él nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos, sino porque, desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo; y ahora, esa gracia se ha manifestado al aparecer nuestro Salvador Jesucristo, que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal, por medio del Evangelio.

Mateo 17,1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro,a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías." Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: "Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo." Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: "Levantaos, no temáis."Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: "No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos."

Deuteronomio 26,16-19: "Hoy te manda el Señor, tu Dios, que cumplas estos mandatos y decretos. Guárdalos y cúmplelos con todo el corazón y con toda el alma (...) Que él será tu Dios, que tú irás por sus caminos, guardarás sus mandatos, preceptos y decretos, y escucharás su voz (...) Y que serás el pueblo santo del Señor".

Deuteronomio 26,16-19
Primer Sábado de Cuaresma,

Moisés habló al pueblo, diciendo: "Hoy te manda el Señor, tu Dios, que cumplas estos mandatos y decretos. Guárdalos y cúmplelos con todo el corazón y con toda el alma. Hoy te has comprometido a aceptar lo que el Señor te propone: Que él será tu Dios, que tú irás por sus caminos, guardarás sus mandatos, preceptos y decretos, y escucharás su voz. Hoy se compromete el Señor a aceptar lo que tú le propones: Que serás su propio pueblo, como te prometió, que guardarás todos sus preceptos, que él te elevará en gloria, nombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y que serás el pueblo santo del Señor, como ha dicho."

viernes, 14 de marzo de 2014

Ezequiel 18,21-28: "Si el malvado se convierte de los pecados cometidos y guarda mis preceptos, practica el derecho y la justicia, no se le tendrán en cuenta los delitos que cometió, por la justicia que hizo, vivirá.

Ezequiel 18,21-28
Primer Viernes de Cuaresma,

Así dice el Señor Dios: "Si el malvado se convierte de los pecados cometidos y guarda mis preceptos, practica el derecho y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá. No se le tendrán en cuenta los delitos que cometió, por la justicia que hizo, vivirá. ¿Acaso quiero yo la muerte del malvado -oráculo del Señor-, y no que se convierta de su conducta y que viva? Si el justo se aparta de su justicia y comete maldad, imitando las abominaciones del malvado, ¿vivirá acaso?; no se tendrá en cuenta la justicia que hizo: por la iniquidad que perpetró y por el pecado que cometió, morirá. Comentáis: "No es justo el proceder del Señor." Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto? Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá."

martes, 11 de marzo de 2014

Mateo 6,7-15: "Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso... (...) Si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas".

Mateo 6,7-15
Jueves de la Semana 11 del Tiempo Ordinario II,
Primer Martes de Cuaresma,

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así: "Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno." Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas."