sábado, 20 de mayo de 2017

Hechos 8,4-25: Felipe en Samaria

Domingo de la 6 Semana de Pascua, Año A (Hechos 8,5-8.14-17)

8:4 Los que se habían dispersado iban por todas partes anunciando la Palabra.
8:5 Felipe descendió a la ciudad de Samaría y allí predicaba a Cristo.
8:6 Al oírlo y al ver los milagros que hacía, todos recibían unánimemente las palabras de Felipe.
8:7 Porque los espíritus impuros, dando grandes gritos, salían de muchos que estaban poseídos, y buen número de paralíticos y lisiados quedaron curados.
8:8 Y fue grande la alegría de aquella ciudad.
Simón el mago
8:9 Desde hacía un tiempo, vivía en esa ciudad un hombre llamado Simón, el cual con sus artes mágicas tenía deslumbrados a los samaritanos y pretendía ser un gran personaje.
8:10 Todos, desde el más pequeño al más grande, lo seguían y decían: "Este hombre es la Fuerza de Dios, esa que es llamada Grande".
8:11 Y lo seguían, porque desde hacía tiempo los tenía seducidos con su magia.
8:12 Pero cuando creyeron a Felipe, que les anunciaba la Buena Noticia del Reino de Dios y el nombre de Jesucristo, todos, hombres y mujeres, se hicieron bautizar.
8:13 Simón también creyó y, una vez bautizado, no se separaba de Felipe. Al ver los signos y los grandes prodigios que se realizaban, él no salía de su asombro.
8:14 Cuando los Apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que los samaritanos habían recibido la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan.
8:15 Estos, al llegar, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo.
8:16 Porque todavía no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús.
8:17 Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo.
8:18 Al ver que por la imposición de las manos de los Apóstoles se confería el Espíritu Santo, Simón les ofreció dinero,
8:19 diciéndoles: "Les ruego que me den ese poder a mí también, para que aquel a quien yo imponga las manos reciba el Espíritu Santo".
8:20 Pedro le contestó: "Maldito sea tu dinero y tú mismo, porque has creído que el don de Dios se compra con dinero.
8:21 Tú no tendrás ninguna participación en ese poder, porque tu corazón no es recto a los ojos de Dios.
8:22 Arrepiéntete de tu maldad y ora al Señor: quizá él te perdone este mal deseo de tu corazón,
8:23 porque veo que estás sumido en la amargura de la hiel y envuelto en los lazos de la iniquidad".
8:24 Simón respondió: "Rueguen más bien ustedes al Señor, para que no me suceda nada de lo que acabas de decir".
8:25 Y los Apóstoles, después de haber dado testimonio y predicado la Palabra del Señor, mientras regresaban a Jerusalén, anunciaron la Buena Noticia a numerosas aldeas samaritanas.

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