martes, 6 de septiembre de 2022

Literatura Gnóstica Antigua



Los gnósticos desarrollaron una asombrosa actividad literaria. Sus escritos superaron con creces la producción de literatura católica de su época. Tres cuartas partes de los primeros relatos cristianos sobre Cristo y sus discípulos surgieron en círculos gnósticos. Además de estos relatos, producían tratados (revelaciones teosóficas) de tono místico. Traine se refiere a ellos de la siguiente manera: ”Cualquiera que lea las enseñanzas de los gnósticos respira en una atmósfera febril y se imagina a sí mismo en un hospital, entre pacientes delirantes, perdidos en mirar su propio pensamiento torrencial con ojos brillantes, fijos en el vacío” (Essais de crit. et d’histoire, Paris, 1904).

La literatura gnóstica no tiene valor ni como conocimiento ni como escritura, por grande que sea su importancia para la historia y la psicología. Su estudio es necesario para comprender el ambiente cultural en que surgió el cristianismo. 

Con la excepción de las traducciones coptas y versiones sirias catolizadas, solo existen algunos fragmentos de lo que fue una biblioteca enorme. La mayor parte de esta literatura se halla bajo los nombres de autores gnósticos como Basílides, Bardesanes, Cerinto, Marción, Simón, el Mago, Ptolomeo, Valentino. 

A continuación, mostramos algunas obras gnósticas anónimas no atribuidas a ninguno de estos autores.

• Los nicolaítas tenían colecciones de libros con el nombre de Jaldabaoth. Un libro llamado Nôria (la 
   mítica esposa de Noé), la Profecía de Barcabas, que era adivino entre los seguidores de Basílides, 
   un Evangelio de la Consumación, y una especie de apocalipsis llamado Evangelio de Eva (Epifanio, 
   adv. Haer., XXV, XXVI; Filastrio, 33).

• Los ofitas (secta que enseñaba que Cristo se convirtió en la serpiente para tentar a Eva) tenían miles 
   de apócrifos, según Epifanio, entre los cuales menciona: Preguntas de María, grandes y pequeñas
   muchos libros con el nombre de Set, Revelaciones de Adán, Evangelios Apócrifos atribuidos a los 
   apóstoles, un Apocalipsis de Elías y un libro titulado Genna Marias.

• Los cainitas tenían un Evangelio de Judas, una Ascensión de Pablo y otros libros, cuyos títulos 
   no conocemos, pero que, según Epifanio, estaba lleno de maldad.

• Los prodicianos (seguidores de Pródico) tenían apócrifos con el nombre de Zoroastro (en Clemente 
  de Alejandría, Stromata I.15.69).

• Los antinomianos tenían un apócrifo “lleno de audacia y maldad” (Stromata III.4.29; Orígenes, 
   In Matth., XXVIII).

• Los naasenos tenían un libro. del cual san Hipólito cita extensamente. Contenía un comentario sobre 
  los textos, himnos y Salmos de la Biblia. Los peratas tenían un libro similar.

• Los setianos tenían una Paráfrasis de Set, que consistía de siete libros que explicaban su sistema, 
   un libro llamado Allogeneis, o Extranjeros, un Apocalipsis de Adán, un libro atribuido a Moisés, 
   y otros.

• Los arcónticos tenían dos versiones (breve y extensa) de Symphonia.

• Los gnósticos atacados por Plotino tenían apócrifos atribuidos a Zoroastro, Zostriano, Nicoteo, 
   Alógenes y otros.

Además de estos escritos, los siguientes apócrifos son de autoría gnóstica:

(1) Evangelio de los Doce: mencionado por Orígenes (Hom. I, en Luc.), es idéntico al Evangelio de los Ebionitas y también es llamado Evangelio según Mateo. El autor habla de los otros apóstoles y él mismo como nosotros. Este Evangelio fue escrito antes del 200 d.C.

(2) Evangelio según los Egipcios, es decir, de los compatriotas cristianos de Egipto no alejandrinos. Fue escrito alrededor de 150 d.C. y es mencionado por Clemente de Alejandría (Stromata III.9.63 y III.13.93) y Orígenes (Hom. I, in Luc). Solo existen fragmentos en Clemente de Alejandría (Stromata y Excerp.ex Theod.).

(3) Evangelio de Pedro, escrito alrededor de 140 d.C. en Antioquía.

(4) Evangelio de Matías escrito alrededor de 125 d.C., que se usaba en los círculos basilidianos.

(5) Evangelio de Felipe y Evangelio de Tomás. Según la Pistis Sophia, los tres apóstoles, Mateo, Tomás y Felipe, recibieron el mandato de informar de las revelaciones de Cristo después de su Resurrección. El Evangelio de Tomás debió ser de extensión considerable (1,300 líneas). Parte de él aparece en la una vez popular Historias de la Infancia de Nuestro Señor por Tomás, un Filósofo Israelita, de la cual existen dos versiones en griego, una en latín, una en siríaco y una en eslavo.

(6) Hechos de Pedro, escrito alrededor de 165 d.C. Extensos fragmentos de este escrito gnóstico se han conservado en su original griego y en una traducción al latín con el título Martirio del Santo Apóstol Pedro. Textos de este apócrifo se han traducido en el Actus Petri cum Simone, y en versiones en sahídico, eslavo, árabe y etíope. 

(7) Muy relacionados con los Hechos de Pedro, están los Hechos de Andrés y los Hechos de Juan. Quizás los tres fueron escritos por el mismo autor, Leucio Carino, antes del 200 d.C. Nos han llegado en varias recensiones católicas en diferentes versiones.

(8) Los Hechos de Tomás son de suma importancia para entender el gnosticismo. Se ha conservado completo y contienen el ritual, la poesía y la especulación más antiguas. Existe en dos recensiones: una siríaca y otra griega. Parece que el original fue escrito en siríaco cerca del 232 d.C., cuando las reliquias del apóstol Tomás fueron trasladadas a Edesa. Son de gran valor las dos oraciones de consagración, la Oda a la Sabiduría y el Himno del Alma, insertadas en la narración siríaca, y ausentes en la recesión griega. Aunque escritos al servicio del gnosticismo y llenos de las aventuras más extrañas, no carecen de un trasfondo histórico.

Hay otros apócrifos en los que los eruditos han encontrado huellas gnósticas, como las Homilías Pseudo Clementinas. Son catalogadas como literatura judaica más que gnóstica, pero su afinidad a las especulaciones gnósticas y su conexión con el Libro de Elxai es tan reconocida, que no se puede omitir entre los escritos gnósticos.

Códices coptos

Una gran parte de la literatura gnóstica se ha conservado en tres códices coptos, comúnmente llamados los Códices Askew, Bruce y Akhmim

El códice Askew, de los siglos V o VI, contiene el largo tratado Pistis Sophia (fe-sabiduría). Es una obra en cuatro libros, escrita entre el 250 y el 300 d.C. El cuarto libro es una adaptación de una obra anterior. Los primeros dos libros describen la caída del eón Sofia y su salvación por el eón Soter. Los dos últimos libros describen el origen del pecado y del mal y la necesidad del arrepentimiento gnóstico. Es un tratado sobre el arrepentimiento, aunque sólo los dos últimos libros aplican en la práctica la penitencia establecido por Sofía. La obra se compone de preguntas y respuestas entre Cristo y sus discípulos (masculinos y femeninos) en los que se insertan las cinco Odas de Salomón, seguidas de adaptaciones místicas. Puesto que las preguntas las hace sobre todo María, la Pistis Sophia es probablemente idéntica a las Preguntas de María. El códice contiene extractos del Libro del Salvador.

El Códice Bruce es de una fecha aproximada al Códice Askew. Contiene dos tratados:

(a) Los dos libros de Jeû, el primero especulativo y cosmogónico, el segundo: practico, Presentan la derrota de los poderes hostiles del mundo y la obtención de la salvación mediante la práctica ritual.

(b) Un tratado de título desconocido pues las primera y última páginas se perdieron. Esta obra es de un carácter especulativo, escrita entre el 150 y 200 d.C. en círculos setianos o arcónticos. Contiene una referencia a los profetas Marsanes, Nicoteo y Fosilampes.

El Códice Akhmim, del siglo V, hallado en 1896 y expuesto en el Museo Egipcio de Berlín, contiene:

Evangelio de María, llamado también Apócrifo de Juan: este evangelio es de gran antigüedad. San Ireneo (cerca de 170 d.C.) lo usó en su descripción de los gnósticos barbelos.

Sophia Jesu Christi: contiene revelaciones de Cristo después de su Resurrección

•  Praxis Petri (Hechos de Pedro): contiene un relato fantástico del milagro obrado en la hija de Pedro.

Esta lista de textos gnosticos quedaría incompleta sin hablar de un tratado que se publica entre las obras de Clemente de Alejandría, llamado Excerpta ex Theodoto, que consta de varios extractos gnósticos que hizo Clemente para su propio uso y con la idea de una refutación futura.

El gnosticismo oriental no-cristiano nos ha dejado los libros sagrados de los mandeanos:

• el Genzâ rabâ o Gran Tesoro: colección de tratados misceláneos de fechas diferentes, algunos muy tardíos, probablemente del siglo IX y otros muy tempranos quizás del siglo III.

Kolasta: himnos e instrucciones sobre el bautismo y el viaje del alma.

Drâshê d’Jahya: biografía de Juan el Bautista.

El gnosticismo judío no dejó textos que hayan llegado hasta nosotros, pero las especulaciones gnósticas hacen eco en varias obras judías como el Libro de Enoch, el Zohar, el tratado talmúdico Chagiga XV.

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