sábado, 28 de septiembre de 2013

26 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C por Mons. Francisco González, S.F.


Amos 6:1,4-7
Salmo 146 “Alaba, alma mía, al Señor”
1Timoteo 6:11-16
Lucas 16:19-31

Amós 6,1a.4-7

Así dice el Señor todopoderoso: "¡Ay de los que se fían de Sión y confían en el monte de Samaria! Os acostáis en lechos de marfil; arrellanados en divanes,coméis carneros del rebaño y terneras del establo; canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales; bebéis vino en copas, os ungís con perfumes exquisitos y no os doléis del desastre de José. Pues encabezarán la cuerda de cautivos y se acabará la orgía de los disolutos."

Salmo 145: Alaba, alma mía, al Señor

Él mantiene su fidelidad perpetuamente,
él hace justicia a los oprimidos,
él da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos.
R. Alaba, alma mía, al Señor

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos.
R. Alaba, alma mía, al Señor

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.
R. Alaba, alma mía, al Señor

I Timoteo 6,11-16

Hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado, y de la que hiciste noble profesión ante muchos testigos. En presencia de Dios, que da la vida al universo, y de Cristo Jesús, que dio testimonio ante Poncio Pilato con tan noble profesión: te insisto en que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche, hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que en tiempo oportuno mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único poseedor de la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A él honor e imperio eterno. Amén.

Lucas 16, 19-31

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: "Había un hombre rico que se vestía de purpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: "Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas. "Pero Abrahán le contestó: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros." El rico insistió: "Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento." Abrahán le dice: "Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen. "El rico contestó: "No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán. Abrahán le dijo: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.""

— Comentario de Mons. Francisco González, S.F.

Entramos en la vigésima sexta semana del Tiempo Ordinario. Como en el domingo anterior, la primera lectura está tomada del profeta Amós, quien era pastor y cultivador de higos (Am. 7, 14), que no es miembro del clan oficial de profetas, pero que siente la urgencia de Dios en hablar del pecado de Israel, principalmente el de la injusticia y que lo ve tan grave y serio, que piensa que ya no hay otra solución y que el castigo viene sin demora. El profeta habla sus oráculos contra varias naciones y de repente irrumpe contra Israel (Am. 2, 6s), porque israelitas fuertes y poderosos oprimen y explotan a israelitas pobres e indefensos.

La liturgia de hoy nos presenta parte del capítulo VI donde les echa en cara, primero y en detalle, el lujo en que viven y como consecuencia, en segundo lugar su falsa seguridad y despreocupación por los pobres. Concluye la lectura con el anuncio del castigo que les espera.

El evangelio (Lc. 16, 19-31) sigue la misma trayectoria: una parábola donde nos presenta a un rico, “que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día”. A su puerta venía cada un día un mendigo a la hora del banquete y simplemente esperaba “alimentarse de los desperdicios, de lo que tiraban de la mesa”, pero ni eso le daban.

Jesús presenta esta parábola hace más 2000 años y los oráculos de Amós son de casi ocho siglos antes de Cristo. Si hoy vinieran de nuevo entre nosotros, ¿tendrían que prepararse una homilía o discurso diferente, o por el contrario, podrían repetir el mismo?

En la segunda lectura (1 Tm. 6, 11-16) Pablo aconseja a Timoteo a llevar una vida de acuerdo con la promesa que hizo y entre las virtudes que le recuerda, la primera de todas está la justicia. Sin la práctica de dicha virtud es muy difícil que el hombre pueda vivir como el ser humano tiene derecho a vivir. Muchos líderes mundiales que luchan por la paz han afirmado repetidamente que no se puede alcanzar una paz segura si no hay justicia.

Cuando leemos, releemos y volvemos a leer el evangelio podemos encontrar en Jesús como ciertas contradicciones. Habla de los peligros de la riqueza, pero come con los ricos, se hospeda en sus casas. ¿Qué nos quiere decir? Tal vez al Señor no le importa tanto la riqueza o pobreza en sí mismas, sino si los ricos y pobres, pobres y ricos se hablan, si dialogan, si se entienden, si se recuerdan y preocupan unos de otros, si han construido puentes o han ahondado el abismo que los puede separar, si han promovido la solidaridad o proclamado el odio.

Es imposible no ver la desigualdad entre países ricos y pobres. Ciertamente, la abundancia de consumo no es un delito, pero es vergonzoso que los pobres no puedan consumir para satisfacer ni siquiera sus necesidades básicas.

En Estados Unidos una artista de Hollywood se gasta en cosméticos lo que se pagaría por mes más de ocho mil dólares y un promedio de 141 mil por año. Los equipos europeos gastan 2.100 millones de euros en fichajes.

Un informe de la UNESCO, del 2010, hablaba de una generación perdida por falta de educación, recordando que a pesar de los avances de los años anteriores, aún en el mundo hay unos 72 millones de niños sin escolarizar y sí se mantenía esa tendencia, en el año 2015 todavía existirían 56 millones de niños que no podrían acceder a la educación. No estamos invirtiendo lo suficiente en la educación, algo tan importante que nos haría crecer.

Hermano, le dice Pablo a Timoteo, (2a lectura) “practica la justicia, la religión, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado…”

Si Amós y/o Jesús fueran los predicadores de nuestra misa del domingo ¿podrían cambiar algo de lo que dijeron hace ya 20 y 28 siglos o se verían forzados a repetir lo mismo?

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