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sábado, 18 de febrero de 2023

Levítico 19,1-2.11-18: Deberes religiosos y sociales

Levítico 19,1-2.11-18

Deberes religiosos y sociales
1 Habló Yahveh a Moisés, diciendo:
2 Habla a toda la comunidad de los israelitas y diles: Sed santos, porque yo, Yahveh, 
   vuestro Dios, soy santo

Deberes religiosos y sociales
11 No hurtaréis; ni os defraudaréis unos a otros.
12 No juraréis en falso por mi nombre: profanarías el nombre de tu Dios. Yo, Yahveh.
13 No oprimirás a tu prójimo, ni lo despojarás. 
     No retendrás el salario del jornalero hasta el día siguiente.
14 No maldecirás a un mudo, ni pondrás tropiezo ante un ciego, sino que temerás a tu Dios,
     Yo, Yahveh.
15 Siendo juez no hagas injusticia, ni por favor del pobre, ni por respeto al grande: 
     con justicia juzgarás a tu prójimo.
16 No andes difamando entre los tuyos; no demandes contra la vida de tu prójimo. Yo, Yahveh.
17 No odies en tu corazón a tu hermano, pero corrige a tu prójimo, 
     para que no te cargues con pecado por su causa.
18 No te vengarás ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo. 
     Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo, Yahveh.

SOBRE EL MISMO TEMA:

miércoles, 24 de febrero de 2021

LUNES DE LA PRIMERA SEMANA DE CUARESMA (Lecturas)

Levítico 19,1-2.11-18
Salmo 18: Tus palabras, Señor, 
son espíritu y vida
Mateo 25,31-46

Levítico 19,1-2.11-18

El Señor habló a Moisés: "Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles: "Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. No robaréis ni defraudaréis ni engañaréis a ninguno de vuestro pueblo. No juraréis en falso por mi nombre, profanando el nombre de Dios. Yo soy el Señor. No explotarás a tu prójimo ni lo expropiarás. No dormirá contigo hasta el día siguiente el jornal del obrero. No maldecirás al sordo ni pondrás tropiezos al ciego. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor. No daréis sentencias injustas. No serás parcial ni por favorecer al pobre ni por honrar al rico. Juzga con justicia a tu conciudadano. No andarás con cuentos de aquí para allá, ni declararás en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor. No odiarás de corazón a tu hermano. Reprenderás a tu pariente, para que no cargues tú con su pecado. No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.""

Salmo 18,8.9.10.15:
Tus palabras, Señor, 
son espíritu y vida

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante.
R. Tus palabras, Señor, 
son espíritu y vida

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos.
R. Tus palabras, Señor, 
son espíritu y vida

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.
R. Tus palabras, Señor, 
son espíritu y vida

Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Señor, roca mía, redentor mío.
R. Tus palabras, Señor, 
son espíritu y vida

Mateo 25,31-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme." Entonces los justos le contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?" Y el rey les dirá: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis." Y entonces dirá a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis." Entonces también éstos contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?" Y él replicará: "Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo." Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna."

sábado, 12 de agosto de 2017

Mateo 17,14-20: La poca fe de los discípulos

Mateo 17,14-20  

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: "Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques; muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo." Jesús contestó: "¡Generación perversa e infiel! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo." Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño. Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: "¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?" Les contestó: "Por vuestra poca fe. Os aseguro que si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible."

— Comentario de Reflexiones Católicas
"La poca fe de los discípulos"

Tras haber pedido ayuda en vano a los Doce, un hombre – que por su humilde actitud recuerda al centurión (cf. Mt 8,6) y a la cananea (Mt 15,22) — suplica a Jesús que cure a su hijo epiléptico. Con su palabra autorizada y eficaz, Jesús, realizando un exorcismo, lleva a cabo de inmediato la curación.

Partiendo del relato de este milagro —narrado con la máxima concentración y sin detalle alguno—, el fragmento evangélico refiere la enseñanza de Jesús sobre la fe. Los términos que dan unidad a la composición aparecen expresados en sus afirmaciones —o, mejor, en su desconsolado lamento— sobre la «generación incrédula y perversa» (17,17) y sobre la «poca fe» de los discípulos (17,20).

¿A quién se refiere? La primera sentencia, de claro sabor bíblico, no parece referirse directa o exclusivamente a los discípulos, sino más bien —por sus fuertes resonancias veterotestamentarias (cf. Dt 32,5; Nm 14,27) — parecen ser una severa advertencia dirigida al pueblo elegido y, por consiguiente, al nuevo Israel, a todos los que sienten la tentación de ceder a la tentación de la incredulidad y, en consecuencia, de alejarse cada vez más de Dios y de su plan de salvación. Se llegará, de hecho, hasta el rechazo claro de Jesús, el enviado definitivo del Padre.

¿Y cómo va la salud espiritual de los discípulos? Ellos, que lo han dejado todo para seguir a Jesús, no han conseguido curar al muchacho por su «poca fe». «Poca fe» no es sinónimo de «incredulidad»; se trata más bien de una fe enferma, resquebrajada por las dudas, miedos, desconfianza. Es una fe que no convierte su relación vital con Cristo en el perno y en el fulcro de toda acción.

Jesús dice que bastaría un grano de fe auténtica para trasladar las montañas. La afirmación hiperbólica es una invitación a creer en el poder de la fe, que crece precisamente en las situaciones de mayor sufrimiento y prueba, y se hace madura cuando ya no se escandaliza ante el signo de la cruz.

A continuación, Jesús anuncia, por segunda vez, su próxima «entrega» en manos de los hombres, y los discípulos vuelven a experimentar tristeza (Mt 17,22-27). Sólo al precio de su muerte, sólo con su resurrección y el don del Espíritu, Jesús estará siempre en medio de los suyos para hacer de la «generación incrédula y perversa» su pueblo santo, que anuncia con coraje el Evangelio de la salvación. 

lunes, 15 de febrero de 2016

Levítico 19,1-2.11-18: Santidad de Dios y respeto por el prójimo

Levítico 19,1-2.11-18

El Señor habló a Moisés: "Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles: "Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. No robaréis ni defraudaréis ni engañaréis a ninguno de vuestro pueblo. No juraréis en falso por mi nombre, profanando el nombre de Dios. Yo soy el Señor. No explotarás a tu prójimo ni lo expropiarás. No dormirá contigo hasta el día siguiente el jornal del obrero. No maldecirás al sordo ni pondrás tropiezos al ciego. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor. No daréis sentencias injustas. No serás parcial ni por favorecer al pobre ni por honrar al rico. Juzga con justicia a tu conciudadano. No andarás con cuentos de aquí para allá, ni declararás en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor. No odiarás de corazón a tu hermano. Reprenderás a tu pariente, para que no cargues tú con su pecado. No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.""

— Comentario por Reflexiones Católicas

La perícopa de hoy pertenece al llamado “Código de santidad” (Lv 17-26). Comienza con el mandato de la santidad dirigido a toda la comunidad de Israel y su motivación no es otra que la santidad misma de Dios (vv. 1s).

Él es el totalmente otro, radicalmente diverso de lo que el hombre puede imaginar, “separado” (según la etimología del término “santo”). Y, sin embargo, desea que el pueblo elegido participe de su santidad en cualquier circunstancia, que la transparente en los detalles de la vida.

Las normas que siguen regulan la ética personal y social. La inserción rítmica de la fórmula “Yo soy el Señor” revela la interdependencia entre el respeto por la santidad de Dios y el respeto por el prójimo.

El temor de Dios debe inspirar de modo especial el comportamiento con los más débiles, los minusválidos (v. 14). A los preceptos en forma negativa (“No harás esto”) se añaden exhortaciones dirigidas a construir en la sociedad humana relaciones de fraternidad (vv. 16b. 17b), y culminan en el mandamiento del amor al prójimo (v. 18b).

Quien conoce la severa ley del talión se queda sorprendido por estos mandatos que limitan no sólo los actos referentes a la muerte del prójimo (vv. 16b.18a), sino también esos sentimientos que matan al prójimo (vv. 17a.18b). El amor al otro basado en el nombre de Dios edifica la comunidad humana en la santidad según la voluntad divina.   

sábado, 15 de marzo de 2014

Deuteronomio 26,16-19: "Hoy te manda el Señor, tu Dios, que cumplas estos mandatos y decretos. Guárdalos y cúmplelos con todo el corazón y con toda el alma (...) Que él será tu Dios, que tú irás por sus caminos, guardarás sus mandatos, preceptos y decretos, y escucharás su voz (...) Y que serás el pueblo santo del Señor".

Deuteronomio 26,16-19
Primer Sábado de Cuaresma,

Moisés habló al pueblo, diciendo: "Hoy te manda el Señor, tu Dios, que cumplas estos mandatos y decretos. Guárdalos y cúmplelos con todo el corazón y con toda el alma. Hoy te has comprometido a aceptar lo que el Señor te propone: Que él será tu Dios, que tú irás por sus caminos, guardarás sus mandatos, preceptos y decretos, y escucharás su voz. Hoy se compromete el Señor a aceptar lo que tú le propones: Que serás su propio pueblo, como te prometió, que guardarás todos sus preceptos, que él te elevará en gloria, nombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y que serás el pueblo santo del Señor, como ha dicho."