Mostrando entradas con la etiqueta Vocaciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vocaciones. Mostrar todas las entradas

miércoles, 30 de noviembre de 2022

Mateo 4,12-23: Dios ha aceptado nuestros límites, por M. Dolors Gaja, MN


Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que habla dicho el profeta Isaías: "País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló." Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: "Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos." [Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: "Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres." Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.]

- Comentario por M. Dolors Gaja, MN

A modo de introducción:

Los primeros versículos parecen no decirnos mucho: nos sitúan temporalmente (después de que Juan fuera apresado) y geográficamente, aludiendo a la “pagana” Galilea como lugar de cumplimiento de las profecías, como lugar de Luz.

Y sin embargo ¡cuánto dicen! Porque nos sitúan al Hijo de Dios encarnado en un tiempo y unos acontecimientos históricos, nos lo sitúan en un espacio, una población concreta. Aluden, en definitiva, a la encarnación: Dios ha aceptado nuestros límites.

Y esos límites, la Galilea de los gentiles, son tierras de penumbra donde amanece la Luz. También nuestros límites pueden alumbrarse, iluminarse. Somos barro, pero somos gloria de Dios. Tenemos, a menudo, el corazón paganizado y, por eso mismo, somos sujetos de evangelización.

El imperativo de Jesús

La primera palabra de Jesús que el evangelista recoge es un programa de vida: Convertíos. Y Jesús nos da la razón de esa urgencia: el Reino de los Cielos ha llegado. Todo lo que anhelamos, todo aquello, y sobre todo, Aquel, que nuestro corazón espera está ya entre nosotros. No hace falta buscar más, no hace falta esperar más. Sólo girarse para ver.

Hoy el evangelio hace que nos preguntemos: ¿de qué tengo que convertirme? Y ¿a qué tengo que convertirme? Me parece importante el doble uso  de la preposición de/a. Porque quizá tengo que dejar atrás ciertas actitudes, darle la espalda…y seguramente tengo que ir hacia otras, abrazar nuevos criterios.

Pregúntate: ¿de qué debería despedirme? ¿qué debería abrazar en mi vida?

Los primeros discípulos

Preciosa la escena de la vocación de los cuatro primeros discípulos, dos parejas de hermanos. De entrada, eso ya dice mucho de las familias respectivas pues fueron capaces de moldear el corazón de sus hijos con anhelos de trascendencia, con altos ideales y corazón generoso. El relato sigue el mismo esquema en las dos llamadas:

Jesús pasa. Y pasa por mi vida también y me mira. “El mirar de Dios es amor” decía San Juan de la Cruz. ¿Siento sobre mi la mirada  amorosa de Jesús? ¿He experimentado que, aún cuando yo no mira a Jesús, que soy mirado amorosamente por Él?

Pasa en mi vida cotidiana. Nazaret es el paso de Dios en el día a día, en la oficina, los hospitales, las ollas y pucheros, las calles que barro…La llamada de Jesús viene en medio de la tarea diaria. Los cuatro hermanos eran pescadores y estaban pescando cuando oyeron la llamada de Jesús. ¿el trabajo me abruma y supone fuente de “ruido” que me impide el silencio interior o sé leer en el día a día los mensajes de Dios?

Venid conmigo. Jesús me llama para estar con Él, para vivir a su lado, para tener una profunda comunión con quien es fuente de vida: Dios. Quiere comunicarme su plenitud, sólo necesita que vaya con Él. Y una vez en Él, me envía a la misión. Porque me llama siempre en bien de la comunidad. Sea cual sea mi vocación, si la vivo desde la fe, es una vida en bien de los otros.

Al instante. La evangelización necesita ante todo corazones generosos. Nada más alejado de Dios que el “cálculo”. En el momento en que uno siente que es llamado a un servicio, una entrega, una consagración…todo va a depender de la generosidad del corazón. Los apóstoles dejaron las redes, dejaron cuanto les ataba. Quizá yo tenga también que romper alguna red.

La coletilla final

Una vez iniciado el grupo Jesús sigue su tarea. El evangelista la resume con tres verbos: enseñar, proclamar y curar. Seguir a Jesús es ir por la vida enseñando la felicidad de ser cristiano, proclamando nuestra fe con nuestra vida y curando los corazones doloridos que a veces me encuentro en el camino. Todo un programa de vida.

domingo, 10 de julio de 2022

Isaías 6,1-13: Vocación de Isaías

Isaías 6,1-13:
Vocación de Isaías


1 El año de la muerte del rey Ozías vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: 
   el borde de su manto llenaba el templo. 
2 Por encima de él había serafines erguidos, con seis alas cada uno: con dos alas se cubrían el rostro, 
   con dos alas se cubrían el cuerpo, con dos alas volaban. 
3 Y se gritaban el uno al otro: ¡Santo, santo, santo, el Señor Todopoderoso, 
   la tierra está llena de su gloria! 
4 Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. 
5 Yo dije: ¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros que habito en medio de un pueblo 
    de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor Todopoderoso. 
6 Y voló hacia mí uno de los serafines con un carbón encendido en la mano, 
   que había retirado del altar con unas tenazas; 
7 lo aplicó a mi boca y me dijo: Mira: esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, 
   está perdonado tu pecado.
8 Entonces escuché la voz del Señor, que decía: –¿A quién mandaré?, ¿quién irá de nuestra parte? 
   Contesté: –Aquí estoy, mándame. 
9 Él replicó: –Anda y dile a ese pueblo: Escuchen con sus oídos, pero sin entender; 
   miren con sus ojos, pero sin comprender. 
10 Entorpece el corazón de ese pueblo, endurece su oído, ciega sus ojos: que sus ojos no vean, 
     que sus oídos no oigan, que su corazón no entienda, que no se convierta y sane. 
11 Pregunté: –¿Hasta cuándo, Señor? Y me contestó: –Hasta que se desmoronen las ciudades 
     despobladas y las casas deshabitadas, y queden los campos desolados. 
12 Porque el Señor alejará a los hombres, y crecerá el abandono en el país. 
13 Y aunque queden en él uno de cada diez, de nuevo será barrido; como la encina o el roble que, 
     al cortarlos, sólo dejan un tronco. Este tronco será semilla santa.

lunes, 13 de enero de 2020

Marcos 1,14-20: Los primeros discípulos

Marcos 1,14-20
Lunes de la 1 Semana del Tiempo Ordinario, Año 1 y 2
Domingo de la 3 Semana del Tiempo Ordinario, Ciclo B

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: "Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios; convertíos y creed la Buena Noticia". Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: "Venid conmigo y os haré pescadores de hombres". Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo del Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

Alternativa al sinsentido e inhumanidad
La voz no será silenciada 

domingo, 11 de febrero de 2018

Testimonios



Mujeres y hombres que se han consagrado a Dios, contestan con sinceridad a preguntas comprometidas y muy personales, discrepando en ocasiones entre ellos. Sacerdotes y religiosas nos desvelan si estuvieron enamorados en su juventud y si ha sido duro renunciar al amor de pareja, nos hablan de sus crisis existenciales y dudas, si se han arrepentido en su decisión, de la renuncia a la paternidad y maternidad, en definitiva lo que ha supuesto para ellos acoger una vida de austeridad y obediencia.

 Agradecimientos: Delegación de Pastoral Vocacional de la Archidiócesis de Madrid y Arzobispado de Madrid.

lunes, 9 de octubre de 2017

LUNES DE LA 27 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

Jonás 1,1-2,1-11
Interleccional:
Jonás 2,3-8: Sacaste mi vida de la fosa, Señor
Lucas 10,25-37


Jonás 1,1-2,1-11

Jonás, hijo de Amitai, recibió la palabra del Señor: "Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y proclama en ella: "Su maldad ha llegado hasta mí."" Se levantó Jonás para huir a Tarsis, lejos del Señor; bajó a Jafa y encontró un barco que zarpaba para Tarsis; pagó el precio y embarcó para navegar con ellos a Tarsis, lejos del Señor. Pero el Señor envió un viento impetuoso sobre el mar, y se alzó una gran tormenta en el mar, y la nave estaba a punto de naufragar. Temieron los marineros, e invocaba cada cual a su dios. Arrojaron los pertrechos al mar, para aligerar la nave, mientras Jonás, que había bajado a lo hondo de la nave, dormía profundamente. El capitán se le acercó y le dijo: "¿Por qué duermes? Levántate e invoca a tu Dios; quizá se compadezca ese Dios de nosotros, para que no perezcamos." Y decían unos a otros: "Echemos suertes para ver por culpa de quién nos viene esta calamidad." Echaron suertes, y la suerte cayó sobre Jonás. Le interrogaron: "Dinos, ¿por qué nos sobreviene esta calamidad? ¿Cuál es tu oficio? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu país? ¿De qué pueblo eres?" Él les contestó: "Soy un hebreo; adoro al Señor, Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra firme." Temieron grandemente aquellos hombres y le dijeron: "¿Qué has hecho?" Pues comprendieron que huía del Señor, por lo que él había declarado. Entonces le preguntaron: "¿Qué haremos contigo para que se nos aplaque el mar?" Porque el mar seguía embraveciéndose. Él contestó: "Levantadme y arrojadme al mar, y el mar se os aplacará; pues sé que por mi culpa os sobrevino esta terrible tormenta." Pero ellos remaban para alcanzar tierra firme, y no podían, porque el mar seguía embraveciéndose. Entonces invocaron al Señor, diciendo: "¡Ah, Señor, que no perezcamos por culpa de este hombre, no nos hagas responsables de una sangre inocente! Tú eres el Señor que obras como quieres." Levantaron, pues, a Jonás y lo arrojaron al mar; y el mar calmó su cólera. Y temieron mucho al Señor aquellos hombres. Ofrecieron un sacrificio al Señor y le hicieron votos. El Señor envió un gran pez a que se comiera a Jonás, y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches seguidas. El Señor dio orden al pez, y vomitó a Jonás en tierra firme.

Interleccional:
Jonás 2,3-8: Sacaste mi vida de la fosa, Señor


En mi aflicción clamé al Señor,
y me atendió;
desde el vientre del infierno pedí auxilio,
y escuchó mi clamor.
R. Sacaste mi vida de la fosa, Señor

Me arrojaste a lo profundo en alta mar,
me rodeaban las olas,
tus corrientes y tu oleaje pasaban sobre mí.
R. Sacaste mi vida de la fosa, Señor

Yo dije: "Me has arrojado de tu presencia;
quién pudiera ver de nuevo tu santo templo."
R. Sacaste mi vida de la fosa, Señor

Cuando se me acababan las fuerzas
me acordé del Señor;
llegó hasta ti mi oración,
hasta tu santo templo.
R. Sacaste mi vida de la fosa, Señor

Lucas 10,25-37

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" Él le dijo: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?" Él contestó: "Amarás al Señor, tu, Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo." Él le dijo: "Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida." Pero el maestro de la Ley queriendo justificarse, preguntó a Jesús: "¿Y quién es mi prójimo?" Jesús le dijo: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó en una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?" Él contestó: "El que practicó la misericordia con él." Díjole Jesús: "Anda, haz tu lo mismo."

jueves, 7 de septiembre de 2017

JUEVES DE LA 22 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

Colosenses 1,9-14
Salmo 97: El Señor da a conocer su victoria
Lucas 5,1-11

Colosenses 1,9-14

Hermanos: Desde que nos enteramos de vuestra conducta, no dejamos de rezar a Dios por vosotros y de pedir que consigáis un conocimiento perfecto de su voluntad, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. De esta manera, vuestra conducta será digna del Señor, agradándole en todo; fructificaréis en toda clase de obras buenas y aumentará vuestro conocimiento de Dios. El poder de su gloria os dará fuerza para soportar todo con paciencia y magnanimidad, con alegría, dando gracias al Padre, que os ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Salmo 97: El Señor da a conocer su victoria

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y de su fidelidad
en favor de la casa de Israel.
R. El Señor da a conocer su victoria

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad.
R. El Señor da a conocer su victoria

Tocad la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor.
R. El Señor da a conocer su victoria

Lucas 5,1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Rema mar adentro, y echad las redes para pescar." Simón contestó: "Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes." Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: "Apártate de mí, Señor, que soy un pecador." Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: "No temas; desde ahora serás pescador de hombres." Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron".

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Mateo 9,9-13: Vocación de Mateo y nuestra vocación


En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
— Sígueme.
Él se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
— ¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?
Jesús lo oyó y dijo:
— No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "misericordia quiero y no sacrificios": que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

Comentario por Reflexiones Católicas
"Vocación de Mateo y nuestra vocación"

La vocación de Mateo está contada en un solo versículo. Jesús vio a un hombre, le llamó y él «se levantó y lo siguió». Esta puede ser la historia de cada uno de nosotros, si reconocemos a Jesús cuando sale a nuestro encuentro en medio de nuestros compromisos, de nuestro pecado.

La vocación no es únicamente un acontecimiento extraordinario que sucede una vez en la vida para transformarla de manera radical. El Señor renueva cada día su llamada y nos lleva siempre más adelante por el camino del seguimiento; Jesús posa su mirada sobre nosotros en cada momento cargada con el mismo amor con el que desde siempre pensó y quiso nuestra existencia. No desdeña sentarse a la mesa con nosotros, pecadores, entra en comunión con nosotros y acepta comer nuestro pan, mientras que él mismo es para nosotros Pan de vida.

Cada hombre está invitado a la mesa del Señor: por muy pecador que sea, por muy indigno que se reconozca, puede aceptar la invitación con alegría, porque Jesús viene a buscar precisamente al que está enfermo y perdido, sin escandalizarse de nuestra miseria ni detenerse ante la dureza de nuestro corazón.

No es que esté ciego para no ver el mal, pero es un Esposo enamorado: sólo el amor cura las heridas más graves. No tengamos miedo, por tanto, a presentarnos ante él. Es seguro que nuestros odres viejos no pueden contener la fragancia espumante de la vida nueva que Jesús viene a ofrecernos, pero es él mismo quien nos llama: es preciso que seamos capaces de captar el momento, de decir sí simplemente y seguirle sin dudas.

El camino nos llevará a revivir también el momento en que el Esposo será perseguido, condenado y ejecutado. Es la hora de la cruz, la hora de la fidelidad a toda prueba, la hora de la gracia suprema, porque es precisamente en el momento de la mayor debilidad cuando Jesús, Jesús se hace reconocer como fuerza de vida, capaz de hacer resucitar incluso a los muertos.

A nosotros se nos pide una fe sencilla y perseverante; una fe —como la de la hemorroisa y la del jefe de la sinagoga— simultáneamente audaz e indiferente a ser objeto de mofa, una fe que encuentra su fuerza en mantenerse adherida de una manera tenaz al «manto de Jesús», es decir, a la lectura y a la relectura del evangelio, segura de que sólo en Cristo hay salvación y de que sólo él tiene derecho a ser el «Señor» de nuestra vida. 


lunes, 27 de junio de 2016

Mateo 8,18-22: Exigencias de la vocación apostólica

Mateo 8,18-22 (Cf. Lucas 9,57-62)
Lunes de la 13 Semana del Tiempo Ordinario, año I y II

En aquel tiempo, viendo Jesús que lo rodeaba mucha gente, dio orden de atravesar a la otra orilla. Se le acercó un letrado y le dijo: "Maestro, te seguiré a donde vayas". Jesús le respondió: "Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza". Otro, que era discípulo, le dijo: "Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre". Jesús le replicó: "Tú, sígueme. Deja que los muertos entierren a sus muertos".

sábado, 6 de febrero de 2016

Lucas 5,1-11: La pesca milagrosa, por la Orden Carmelita

Lucas 5,1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Rema mar adentro, y echad las redes para pescar." Simón contestó: "Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes." Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: "Apártate de mí, Señor, que soy un pecador." Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: "No temas; desde ahora serás pescador de hombres." Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

— Comentario de la Orden Carmelita

Situando el episodio en su contexto:

Este relato, de una gran intensidad teológica, se pone como el centro de un recorrido de fe y de encuentro con el Señor Jesús, que nos conduce desde la sordera a la capacidad plena de escucha, de la enfermedad paralizante a la curación salvífica, que nos vuelve capaces de ayudar a los hermanos a renacer con nosotros.

Jesús ha inaugurado su predicación en la sinagoga de Nazaret, haciendo legibles y luminosas las letras del volumen de la Torah (4,16ss), ha vencido el pecado (4,31-37) y la enfermedad (4,38-41), alejándolo del corazón del hombre y ha anunciado la fuerza misteriosa que lo ha enviado a nosotros.

Es aquí, en este momento, donde emerge la respuesta y comienza el seguimiento, la obediencia de la fe; es aquí donde nace ya la Iglesia y el nuevo pueblo, capaz de oír y de decir sí.

Lectura del episodio:

vv. 1-3: Jesús se encuentra en la orilla del mar de Genesaret y delante de Él está una gran muchedumbre, deseosa de escuchar la Palabra de Dios. Él sube sobre una barca y se aleja de tierra; como un maestro se sienta sobre las aguas, las domina, y desde allí ofrece su salvación, que nace de la Palabra, escuchada y acogida.

vv. 4-6: Jesús invita a pescar y Pedro se fía, cree en la Palabra del Maestro. Por fe, se adentra en el mar y echa sus redes; por esta misma fe la pesca es abundante, es milagrosa.

v.7: El encuentro con Jesús no está nunca cerrado, sino que empuja a la participación: el don, de hecho, es demasiado grande para uno solo. Pedro llama a los compañeros de la otra barca y el don se duplica, continuamente crece.

vv. 8-11: Ante de Jesús, Pedro se arrodilla, adora y reconoce su pecado, su incapacidad, pero Él lo llama, con el mismo tono con el que ha removido las aguas de tantos mares, a lo largo de toda la Escritura: “¡No temáis!”. Dios se hace compañero del hombre. Pedro acepta la misión de sacar fuera del mar del mundo y del pecado a los hombres, sus hermanos, así como ha sido sacado fuera él; deja la barca, las redes, los peces y sigue a Jesús, junto a sus compañeros.

Algunas preguntas

a) “Sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre”

Jesús baja, se sienta, se abaja hasta tocar nuestra tierra y desde esta pequeñez nos ofrece su enseñanza, su Palabra de salvación. Jesús me ofrece tiempo, espacio, disponibilidad plena para encontrarlo y conocerlo, pero ¿sé quedarme, permanecer, radicarme en Él?

b) “Le rogó se alejara un poco de tierra”

La petición del Señor es progresiva. Después de separarse de tierra, Él pide que se adentre en el mar. “¡Aléjate de tierra! ¡Boga mar adentro!” Invitaciones dirigidas a todas las barcas de todos los hombres y mujeres. ¿Tengo fe, tengo confianza, confío en Él y por eso me dejo llevar, abandono la pesca? ¿Dónde están plantados los anclajes de mi vida?

c) “Echaré las redes”

En este pasaje, el verbo “echar” aparece en dos ocasiones: la primera está referido a las redes y la segunda a la misma persona de Pedro. El significado es fuerte y claro: delante del Señor podemos echar todo nuestro ser. Nosotros echamos, pero Él recoge. ¿Me siento dispuesto a tomar mi vida tal como es hoy y arrojarla a los pies de Jesús, para que Él, una vez más, me recoja, me sane, me salve, haciendo de mí un hombre nuevo?

d) “Hicieron señas a los compañeros de la otra barca”

Pedro me sirve de guía para mi camino y me indica la vía de apertura a los otros, de la participación, porque en la Iglesia no es posible estar aislados y cerrados. Todos somos enviados: “Ve a mis hermanos y diles” (Jn 20,17) ¿Pero sé yo acercar mi barca a la de los demás? ¿Sé verter en la existencia de los otros hermanos y hermanas los dones y las riquezas, que el Señor ha querido confiarme en depósito?

Una clave de lectura: 
El mar y el tema del éxodo

Jesús está junto a la orilla del mar. Está de pie, no importa las oscuridades amenazadoras de las olas del mar y de la vida. Se pone de frente a este pueblo reunido, listo para la escucha y para el éxodo, Él quiere conducirlo a través de los mares y de los océanos de este mundo, en un viaje de salvación que nos lleva cerca del Padre. El Señor habla y las aguas se separan delante de Él, como ya aconteció en el Mar Rojo (Ex 14,21-23) y junto al río Jordán (Jos 3,14-17).

También el mar de arena del desierto queda vencido por la fuerza de su Palabra y se abre, convirtiéndose en un jardín, una senda llana y enderezada (Is 43,16-21) para cuantos deciden el viaje de retorno a Dios y por Él se dejan guiar.

En estos pocos versículos del Evangelio, el Señor Jesús prepara, una vez más, para nosotros el gran milagro del éxodo, de la salida de las tinieblas de muerte por la travesía salvadora hacia pastos frescos de la amistad con Él. Todo está preparado: nuestro nombre ha sido pronunciado con infinito amor por el buen pastor, que nos conoce de siempre y nos guía sin dejarnos abandonados nunca de su mano.

La fe que nos conduce a la obediencia:

La muchedumbre se apiña en torno a Jesús llevada del deseo de “escuchar la Palabra de Dios”; es la respuesta a la invitación del Padre que invade toda la Escritura: “¡Escucha Israel!” (Dt. 6,4) y “¡Si mi pueblo me escuchase!” (Sal 80,14). Es como si la muchedumbre dijese: “¡Sí, escucharé qué cosa dice Dios, el Señor!” (Sal 85,9). Pero la escucha que se nos pide es la escucha que dice: "Sí, Señor, sobre tu palabra echaré mi red”.

La llamada que el Señor nos está dirigiendo es ante todo la llamada a fiarse de Él. Como Dios dijo a Abrahán: “¿Hay alguna cosa imposible para el Señor?” (Gen 18,14) o en Jeremías: “¿Existe algo imposible para mí?” (Jer 32,27); cfr. también Zac 8,6. O como le dijo a María: “ Nada hay imposible para Dios” (Lc 1,37) y María dijo: “Hágase en mí como has dicho”. Aquí es a donde debíamos llegar; como María, como Pedro. No podemos ser solamente oyentes. Nos engañaríamos a nosotros mismos, como dice Santiago (1,19-25). La palabra debe realizarse, cumplirse.

La pesca como misión de la Iglesia:

La adhesión a la fe lleva a la misión, esto es, a entrar en la comunidad instituida por Jesús para la difusión del Reino. Parece que Lucas quiere ya, en este pasaje, presentar la Iglesia que vive la experiencia post-pascual del encuentro con Jesús resucitado; conocido es, de hecho, las muchas llamadas al pasaje de Juan 21,1-8.

Jesús escoge una barca y escoge a Pedro. Desde la barca, llama a hombres y mujeres, hijos e hijas, a continuar su misión.

Conocido es también que el verbo “boga mar adentro” está en singular, referido a Pedro que recibe el encargo de guía; pero la acción de la pesca es en plural: “¡Hechad las redes!”, referida a todos aquéllos que quieran participar en la misión.

Es la misión apostólica, que empieza ahora, en obediencia a la Palabra del Señor y que llegará bogando por el mar a todos los rincones de la tierra (cfr. Mt 28,19; Act 1,8; Mc 16,15; 13,10; Lc 24,45-48).

El vocablo usado por Lucas para indicar la misión que Jesús confía Pedro y con él a todos nosotros , cuando le dice: “ No temas... tu serás pescador de hombres”. Aquí no se usa el mismo término que encontramos en Mt 4,18 ss., en Mc 1,16 o también en este pasaje al vers. 2, simplemente pescador. Aquí hay una palabra nueva que aparece sólo dos veces en todo el Nuevo Testamento y que deriva del verbo “capturar”, en el sentido de “prender vivo y mantener con vida”.

Los pescadores del Señor, en efecto, echan las redes en el mar del mundo para ofrecer a los hombres la Vida, para sacarlos de los abismos y hacerlos volver a la verdadera vida. Pedro y nosotros y nuestros compañeros de navegación en este mundo, podemos continuar, si queremos, en cualquier estado en que nos encontremos, aquella misma hermosa misión suya de enviados del Padre “a salvar lo que estaba perdido” (Lc 19,10).

DOMINGO DE LA 5 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo C, por Francisco González, S.F.

Isaías 6, 1-2.3-8
Salmo 137,1-8: Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor
1 Corintios 15, 1-11
Lucas 5, 1-11

Isaías 6,1-2.3-8

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto a él. Y se gritaban uno a otro, diciendo: "¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!" Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. Yo dije: "¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos." Y voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: "Mira; esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado." Entonces, escuché la voz del Señor, que decía: "¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?" Contesté: "Aquí estoy, mándame."

Salmo 137: Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario.
R. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor

Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.
R. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande.
R. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor

Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.
R. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor

1 Corintios 15, 1-11

Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe. Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los me apareció también a mí. Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

Lucas 5,1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Rema mar adentro, y echad las redes para pescar." Simón contestó: "Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes." Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: "Apártate de mí, Señor, que soy un pecador." Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: "No temas; desde ahora serás pescador de hombres." Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Comentario de Mons. Francisco González, S.F.

El tema común que corre a través de Liturgia de la Palabra para este fin de semana es, sin duda alguna, el tema de la "vocación".

En la primera lectura, el llamado de Isaías. En la segunda lectura, San Pablo explica que él es también apóstol porque fue llamado por el Señor. Por último, en este comienzo del capítulo 5 de San Lucas encontramos la narración del momento en que Cristo anuncia a las dos parejas de hermanos, que desde ahora en adelante serán "pescadores de hombres".

En tiempos pasados más que ahora, aunque sin embargo todavía se dá, al hablar de vocación se pensaba siempre en los llamados a la vida consagrada. Todo cristiano tiene una vocación, pues todo cristiano ha sido llamado por Dios a la fe por el bautismo que hemos recibido y de ahí se sigue que hemos sido todos llamados a la conversión, al discipulado, a la santidad y al apostolado. Cada uno según los carismas que haya recibido, pero todos participamos de ese llamado.

Por el bautismo recibimos la vida de la gracia, la vida divina, el Espíritu que nos fortalece y guía para hacer profesión de nuestra fe en Dios. Cristo desde el comienzo de su ministerio público llama a la conversión. Nosotros, si respondemos con generosidad, podemos llegar a la santidad, no por nuestros méritos propios, sino por la gracia del mismo Dios que nos ha llamado y nunca nos abandona.

Todo llamado de Dios incluye una misión, el apostolado que todo bautizado debe hacer y que en estos tiempos el Papa y nuestro arzobispo nos lo recuerda constantemente con la invitación urgente que nos han hecho a toda la Iglesia para una nueva evangelización, que es el mismo mensaje de siempre: CRISTO RESUCITADO, pero anunciado con una nueva energía y entusiasmo, en una forma que llegue al corazón del ser humano y de las instituciones políticas, sociales, económicas, artísticas y demás que están a su servicio.

En los relatos de estos tres llamados que estamos contemplando en la liturgia de este fin de semana, encontramos en los tres casos el itinerario del desarrollo de la vocación que se dá en la Sagrada Escritura. Comienza todo con la iniciativa de Dios que llama y el asombro, rayando en un miedo reverencial por parte de la persona que ha entrado en contacto con la divinidad. Un segundo paso ocurre cuando el Dios que llama explica la misión que le quiere confiar y por último la respuesta del que ha sido llamado.

En la primera lectura vemos al profeta Isaías, una vez purificado, respondiendo al Señor: "Aquí estoy, mándame". San Pablo cuenta cómo también a él se le apareció el Señor y cómo desde entonces, cambiando su vida totalmente, se ha dedicado a responder y ser fiel al llamado recibido, y que como muy bien apunta todo se lo debe a la gracia de Dios. Por último los pescadores que abandonan la seguridad de su propio trabajo, para dedicarse a algo que todavía es más incierto que su propio oficio.

Jesús claramente nos dá a entender que busca colaboradores para su misión y trabajo. Él ha decidido no hacerlo todo, por eso, llama y sigue llamando a la gente para convertirla en “pescadores de hombres”. El establecimiento del Reino de Dios pide que colaboremos con Jesús en esa misión.

En las confirmaciones y donde quiere que vaya trato de hablar de las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. ¿No te gustaría responder a la pregunta del Señor sobre tu disponibilidad? Como lo hizo Isaías y más tarde Pedro y sus compañeros: “Aquí me tienes, mándame a mí.”

Se necesitan voluntarios para la misión de proclamar la Buena Nueva, que es (2º lectura): Jesús murió por nuestros pecados y resucitó al tercer día, y nosotros estamos llamados a participar de la misma. Todo un mensaje de Buena Nueva.

Nuestra fe se fortalece, nuestra conversión se profundiza, nuestra santidad se realiza, nuestra misión se cumple cuando permitimos que Dios opere en nosotros sin que le pongamos obstáculos ni cortapisas. El ejemplo más sublime de vocación lo tenemos en la Santísima Virgen. El llamado fue divino, la respuesta perfecta: ‘Soy la esclava del Señor, hágase en mí según tu voluntad’ (Lc. 1,38).

sábado, 30 de enero de 2016

DOMINGO DE LA 4 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo C, por Francisco González, S.F.

Jeremías 1,4-5.17-19
Salmo 70, Mi boca contará tu salvación, Señor
1 Corintios 12,31-13,13
Lucas 4,21-30

Jeremías 1,4-5.17-19

En los días de Josías, recibí esta palabra del Señor: "Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te nombré profeta de los gentiles. Tú cíñete los lomos, ponte en pie y diles lo que yo te mando. No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos. Mira; yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del campo. Lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte." Oráculo del Señor.

Salmo 70: Mi boca contará tu salvación, Señor

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y sálvame.
R. Mi boca contará tu salvación, Señor

Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú,
Dios mío, líbrame de la mano perversa.
R. Mi boca contará tu salvación, Señor

Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías.
R. Mi boca contará tu salvación, Señor

Mi boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas.
R. Mi boca contará tu salvación, Señor

1 Corintios 12,31-13,13

Hermanos: Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional. Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada. Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve. El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca. ¿El don de profecía?, se acabará. ¿El don de lenguas?, enmudecerá. ¿El saber?, se acabará. Porque limitado es nuestro saber y limitada es nuestra profecía; pero, cuando venga lo perfecto, lo limitado se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre acabé con las cosas de niño. Ahora vemos confusamente en un espejo; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora limitado; entonces podré conocer como Dios me conoce. En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.

Lucas 4,21-30

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: "Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír." Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: "¿No es éste el hijo de José?" Y Jesús les dijo: "Sin duda me recitaréis aquel refrán: "Médico, cúrate a ti mismo"; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún." Y añadió: "Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, mas que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, mas que Naamán, el sirio." Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Comentario de Mons. Francisco González, S.F.

La primera lectura nos presenta el llamado del profeta Jeremías. Un extraordinario profeta, pues como todos es elegido por Dios con una misión: “Diles lo que yo te mando”. La lectura de hoy no nos presenta su resistencia al llamado, algo que manifestó inmediatamente después de recibir el mensaje. Dios le exige obediencia, al mismo tiempo que le promete su ayuda pues lo va a convertir “en plaza fuerte, columna de hierro, en muralla de bronce”. El Señor no lo quiere engañar y le anuncia las dificultades, pero también le señala su victoria, porque el Dios que le llama, será el Dios que lo librará de los enemigos.

Un pasaje de antes pero que nos viene como anillo al dedo en nuestros tiempos de evangelización, para cuando nos sintamos sitiados por el enemigo, y dudando de nuestras capacidades, que si nos creemos que esto es solo nuestro, ciertamente que fracasaremos, pero no será así si verdaderamente aceptamos la ayuda “del que nos llamó y prometió estar con nosotros en la misión”.

La segunda lectura de nos viene de Pablo, el apóstol nos recuerda la ética de nuestro comportamiento y el espíritu con que hemos de responder al llamado de Dios: el amor, o como lo denomina el autor de la carta a los Corintios: el camino mejor, ese amor desdoblado en amor a Dios y al prójimo, algo que no se puede separar.

Ya en la tercera lectura, o sea el santo evangelio, continuamos con el pasaje de la semana pasada. Todavía está Jesús en la sinagoga, todavía está hablando, pero lo que dice no es del agrado de todos, la verdad parece que no agradó a nadie, pues aunque quedaron maravillados en un principio de su palabras, resultaron demasiado para los asistentes.

Jesús era uno del pueblo, pueblo de poca monta, donde todos se conocen por nombre, y lo que es más, se creen conocer la vida de cada uno, y por eso parece que en situaciones semejantes hay tantos jueces como habitantes.

Todos conocen a Jesús, conocen su oficio, conocen a su familia, es simplemente uno de ellos, y ahora escuchan de su boca que es “el enviado” de Dios. ¡Hasta ahí, podíamos llegar, dirían algunos! Y en esa línea, como Él mismo indica, quisiera verle hacer esas cosas maravillosas que han oído decir ha hecho en Cafarnaún, y otros lugares.

El Maestro les recuerda que su corazón no está donde debe estar, que no están en la onda de Dios, que solo quieren ver lo extraordinario, en vez de cambiar de vida. Y así cuando les recuerda el hecho de que “ningún profeta es bien recibido en su tierra natal”, y les recuerda el hecho de la viuda de Sarepta y de Naamán el leproso. Ninguno de ellos miembro del pueblo elegido, y sin embargo recibieron el favor de Dios, la primera comida para su sustento y el segundo la sanación de su enfermedad.

Algunos pensaron que ya no se podía escuchar o tolerar tanta desfachatez, y alborotando a toda la congregación, todos a una agarraron a Jesús, lo empujaron fuera del pueblo, con la intención de despeñarlo.

¡Pobres profetas! Nos vienen con la misión que se les ha encomendado de lo Alto, vienen para corregirnos como médico que nos aconseja para conseguir o recuperar la salud, nos anuncian que esa salud/salvación es posible si aceptamos el mensaje, lo cual exige cambio radical, claro está, pero preferimos deshacernos del profeta/médico, despeñarlo por el terraplén, sofocar su palabra y seguir en las nuestras, en nuestro lodo.

A pesar del griterío en Nazaret, de los empujones de unos y otros, de los gritos, insultos y amenazas de los jefecillos, “Jesús se abrió paso entre ellos y se alejó de ellos”, y es que lo mismo que Dios prometió al profeta Jeremías que “estaría con él para librarle”, así lo mismo hizo que Jesús, pues todavía no había llegado la hora, hora que señala Dios y no los hombres.

En muchas de nuestras reuniones solemos reservar un momento para rezar por las vocaciones, y creo que está dando resultados. Se nota un aumento en las vocaciones sacerdotales, diaconado permanente y vida consagrada. Tal vez deberíamos añadir alguna petición por los profetas, que libres de toda atadura proclaman la misión que Dios les ha confiado, aunque en el proceso sean criticados, juzgados, sentenciados y a veces ajusticiados, siendo ellos los que nos anuncian, en imitación de Cristo, quien nos lleva hacia la vida eterna.

sábado, 16 de enero de 2016

Marcos 2,13-17: No he venido a llamar a justos sino a pecadores, por Movimiento Adsis


En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él y les enseñaba. Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: "Sígueme". Se levantó y lo siguió. Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían, un grupo de recaudadores y otra gente de mala fama se sentaron con Jesús y sus discípulos. Algunos letrados fariseos, al ver que comía con recaudadores y otra gente de mala fama, les dijeron a los discípulos: "¡De modo que come con recaudadores y pecadores!"Jesús lo oyó y les dijo: "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar justos, sino pecadores".

Comentario por Movimiento Adsis:
"No he venido a llamar a justos sino a pecadores"

Comenzamos la semana con el llamado a Simón, Andrés, Santiago y Juan, pescadores. Después del primer recorrido, no es suficiente. Por eso el llamado a Leví, el de Alfeo, un hombre de mala fama, un recaudador de impuestos, un pecador público. Y no sólo le invita a seguirle, sino que él mismo se deja invitar por Él y comparte la mesa. Y ante el conflicto que eso provoca Jesús es tajante: no he venido ha llamar justos sino pecadores. Si en Simón, Andrés, Santiago y Juan Jesús llama a gente sencilla, trabajadores manuales, gente sin especial relevancia, en Leví, nos dice que además nos llama por ser pecadores.

¡Qué importante es que en la comunidad recordemos siempre que hemos sido convocados por ser pecadores! Porque si es así, ante la experiencia del pecado propio o del hermano, no nos escandalizaremos, sino que nos abriremos a la misericordia y al encuentro con el Señor.

En nuestra comunidad, cuantas veces olvidamos, con lo que ello implica, que el Señor llama a los sencillos, a la gente común y corriente, a los pecadores como nosotros y que lo que nos cambia es el sentido y la plenitud que provoca en nosotros el llamado. ¡Y cómo volvemos a nuestras andadas y a pedirnos cuentas unos a otros y a buscar perfecciones cuando olvidamos que somos llamados por ser pecadores! ¿Porqué extrañarnos de la debilidad y el pecado propio y ajeno si en Jesús, la debilidad y el pecado ya no es impedimento de encuentro con Dios sino la posibilidad de ese encuentro?

Sólo necesitamos en esas circunstancias dejar que se siente a nuestra mesa y alegrarnos juntos de su manera de ser y actuar en medio de nosotros.

Fuente: Adsis.org

martes, 21 de julio de 2015

Se necesitan sacerdotes: la Iglesia crece en todo el mundo y las parroquias no dan abasto, por Matt Hadro

Un nuevo estudio sobre tendencias en la Iglesia en el mundo arrojó que la población católica mundial está creciendo tan rápidamente que el número de sacerdotes y parroquias simplemente ya no se dan abasto. Esta realidad plantea un desafío: Con un crecimiento global en el número de católicos, especialmente en África y Asia, pero con un crecimiento no lo suficiente en el número de parroquias y sacerdotes, los católicos tienen menos oportunidades de recibir los sacramentos y participar en la vida parroquial.

«La Iglesia aún enfrenta un problema global del siglo XXI respecto al compromiso permanente de los católicos con la parroquia y la vida sacramental», señala el estudio realizado por el Centro de Investigación Aplicada en el Apostolado (CARA en sus siglas en inglés) de la Universidad de Georgetown, Estados Unidos.

El estudio titulado Global Catholicism (Catolicismo global) recogió estadísticas del Vaticano y otras encuestas a partir del año 1980 para indagar sobre los lugares en los que la Iglesia Católica ha crecido y disminuido a nivel parroquial y para predecir los datos demográficos para la Iglesia en las próximas décadas.

La investigación señala que «este crecimiento se analizó a nivel de parroquia, ya que en última instancia esta es el «ladrillo y el cemento» de la Iglesia, donde los católicos reciben los sacramentos, se relacionan con otros fieles y llevan una vida de fe activa.

El estudio destacó el crecimiento en el número de católicos, sacerdotes, religiosos, parroquias, recepción de los sacramentos, seminaristas e instituciones católicas como hospitales y escuelas en todo el mundo.

La conclusión general del informe apunta a que la Iglesia se encuentra en medio de un «dramático realineamiento». Experimenta una disminución del número de católicos en el centro histórico de Europa, va en desaceleración en América y Oceanía y su auge se concentra en Asia y África.
También se proyecta un desplazamiento católico lejos de los centros tradicionales de Europa y América hacia el «Sur Global», mayoritariamente los países en vía de desarrollo, en los que se incluyen Centro y Sudamérica, África subsahariana, Oriente Medio, Asia del Sur, Oceanía y gran parte del Extremo Oriente.

En entrevista con ACI Prensa, el Dr. Mark Gray, destacado investigador asociado a CARA, explicó las implicancias de este cambio.

Un problema destacado por el estudio es que la mayoría de las parroquias del mundo aún se concentran en Europa y América, donde la Iglesia experimenta un declive o estancamiento en población. El mundo en vías de desarrollo está sumando más católicos, pero no existen suficientes parroquias para servirlos.

«Tienen todas estas hermosas parroquias» en Europa, afirmó Gray. «No puedes tomarlas y moverlas de una parte del mundo a otra tan fácilmente. En consecuencia, en un lugar la Iglesia va a tener que cerrar parroquias y en otro va a tener que construir muchísimas, además de encontrar la manera de organizar su clero».

Otro descubrimiento apunta a que los católicos están participando menos en la Iglesia a medida que crecen en edad, lo cual se ve plasmado en las tasas de participación sacramental.

En todas las regiones, el número de bautismos infantiles por cada mil católicos es mayor al número de primeras comuniones, el cual supera el número de confirmaciones, el que está por sobre el número de matrimonios celebrados dentro de la Iglesia.

Si bien esto era esperable en regiones como Europa en donde se experimenta una baja general de sacerdotes y religiosos, esto también ocurre en todas las demás regiones donde el número de miembros de la Iglesia va en crecimiento.

América tiene una tasa de asistencia a Misa y un número de matrimonios por cada mil católicos inferiores a Europa, pese a que la población católica del continente de la Esperanza es cada vez mayor. Gray subrayó que estos resultados aún deben ser analizados.

Por otra parte, el número de sacerdotes, religiosos y religiosas disminuyó en América desde 1980, a pesar de que el número de católicos y sacerdotes diocesanos ha aumentado en la región.

Incluso en África, continente que experimenta el más alto crecimiento de la Iglesia, hay una fuerte caída en la participación sacramental desde el bautismo al matrimonio. La tasa de matrimonio es en realidad tan baja en África como en América.

Esto puede explicarse debido a la rapidez del crecimiento demográfico que supera rápidamente el crecimiento de sus parroquias. Este continente es el líder mundial con más de 13 mil católicos por parroquia.

«En África, más que en cualquier otro lugar, la Iglesia necesita estudiar la posibilidad de que algunos renuncien o retrasen la actividad sacramental debido a la falta de acceso a una parroquia cercana», sostiene el informe de CARA.

Asia, sin embargo, lidera en la participación sacramental y supera a todas las demás regiones en las tasas de primeras comuniones, confirmaciones y matrimonios.

«Algo sucede en Asia que es notable. Va en contra de la tendencia de todas las demás regiones», señaló Gray, quien agregó que los líderes católicos deberían prestar atención a lo que está pasando allí.

A excepción de China continental, de la que el Vaticano no proporcionó datos, la población católica en Asia aumentó en un 63 por ciento desde 1980. En general, la asistencia a la Misa tampoco se redujo de manera significativa, aunque algunos países asiáticos reportaron una asistencia a la Celebración Eucarística más alta que otros.

El número de sacerdotes diocesanos aumentó en más del doble en Asia desde 1980 y el número tanto de sacerdotes, religiosos y religiosas, aumentó casi al doble, durante ese periodo.

¿Cuáles son las consecuencias de tener muy pocos sacerdotes, religiosos y parroquias para responder al el crecimiento global de los católicos en todo el mundo?

En algunos lugares, el fenómeno de cierres y consolidaciones de comunidades parroquiales tendrán como consecuencia la existencia de «mega parroquias». Sobre todo en Europa y América del Norte, donde esto ya sucede. Gray explicó que el resultado podría ser una crisis de la comunidad en la que muchos católicos experimentan el «anonimato» en medio de tantos feligreses.

Estos católicos «anónimos» estarían menos entusiasmados de participar en la vida de su parroquia: donarían menos, participarían menos en los sacramentos y traerían cada vez menos a sus hijos a la Iglesia.

Esto es particularmente difícil para Europa y América del Norte, señaló Gray, porque históricamente estas regiones eran bien atendidas con parroquias y sacerdotes, y se acostumbraron a tener comunidades locales más pequeñas en lugar de grandes parroquias misioneras.

Ahora, no sólo las parroquias serían más grandes, también los sacerdotes servirían a múltiples parroquias, dejando a los católicos con menos oportunidades para relacionarse con su párroco.
«Por mucho tiempo las personas esperaban ir a su parroquia local cuando quisieran, llamaban a la puerta y les abría un sacerdote. Especialmente cuando alguien estaba muy enfermo», recordó Gray. Ahora esto pareciera no ser el caso.

Europa va a tener una disminución del cinco por ciento en su población católica para el 2050, predice el informe, pero lo más alarmante es que el número de sacerdotes diocesanos y religiosos con votos ya ha caído en un 40 por ciento desde 1980, así como también ha disminuido el número total de parroquias.

En consecuencia, sacerdotes de otros continentes, como África, ya han tenido que trasladarse para servir a los católicos de Europa y América. Esto pone una presión adicional sobre la Iglesia en África, donde el crecimiento significativo en las parroquias, sacerdotes y religiosos todavía no logra responder al mayor auge de su población católica.

«Mientras que algunos sacerdotes africanos sirven internacionalmente en parroquias de todo el mundo, esto puede llegar a ser más difícil en las próximas décadas con las necesidades más apremiantes en el continente», señala el informe.

De las regiones incluidas en el informe, África experimentó el mayor aumento de católicos por parroquia desde 1980, pasando de 8.193 católicos por parroquia en 1980 a 13.050 en 2012.

Pese a que el número de sacerdotes y parroquias en África han subido por más del cien por ciento en ese periodo de tiempo, el número de católicos se ha disparado en un 238 por ciento, lo que aumenta la brecha entre el número de católicos y el número de sacerdotes y religiosos.

Según el estudio, el esplendor católico que vive el continente es una consecuencia del auge de su población, ya que las tasas de fertilidad en cualquier región se relaciona directamente con la vitalidad de la Iglesia en esa zona.

Cuando la tasa de fecundidad está por debajo del nivel de reemplazo de 2,1 hijos por pareja - como en la mayoría de los países de Europa - la Iglesia está en una situación compleja.

Cuando la tasa de fecundidad es más alta y está por encima de la tasa de reemplazo - como en el África subsahariana con un 5,15 - la Iglesia está creciendo rápidamente.

Y cuando la tasa de fecundidad se acerca al nivel de la tasa de reemplazo - como en América Latina y el Caribe, donde cayó de 4,2 en 1980 a 2,18 en 2012 - el crecimiento de la Iglesia está en desaceleración.

La explicación de Gray para esto es simple: Menos nacimientos «significa eventualmente un menor número de bautizos, primeras comuniones, menos matrimonios, poblaciones más pequeñas».

Traducido por Bárbara Bustamante
Fuente: infocatolica.com

sábado, 17 de enero de 2015

Marcos 2,13-17: "Jesús vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: Sígueme. Se levantó y lo siguió (...) Algunos fariseos, al ver que comía con gente de mala fama, dijeron: "¡De modo que come con pecadores!" Jesús les dijo: "No he venido a llamar justos, sino pecadores".

Marcos 2,13-17
Sábado de la 1 Semana del Tiempo Ordinario, Año I
Sábado de la 1 Semana del Tiempo Ordinario, Año II,

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él y les enseñaba. Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: "Sígueme". Se levantó y lo siguió. Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían, un grupo de recaudadores y otra gente de mala fama se sentaron con Jesús y sus discípulos. Algunos letrados fariseos, al ver que comía con recaudadores y otra gente de mala fama, les dijeron a los discípulos: "¡De modo que come con recaudadores y pecadores!" Jesús lo oyó y les dijo: "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar justos, sino pecadores".

viernes, 24 de octubre de 2014

Efesios 4,1-6: "Os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocado. Sed humildes y amables, comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados".

Efesios 4,1-6
Viernes de la 29 Semana del Tiempo Ordinario II,

Hermanos: Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.