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sábado, 4 de diciembre de 2021

Primer y Segundo Libro de Samuel

 
PRIMER LIBRO DE SAMUEL

1 Samuel 1,1-8: Tristeza de Ana: el Señor la había hecho estéril
     Orígenes del profeta Samuel
1 Samuel 1,9-20: Oración de Ana y nacimiento de Samuel
     Que se cumpla lo que has pedido
1 Samuel 3,1-20: Vocación de Samuel
     Habla, Señor, que tu siervo escucha
     No eran capaces de reconocer la voz del Señor
1 Samuel 4,1-11: Derrota de Israel ante los filisteos
     ¿Por qué el Señor nos ha abandonado?
     El Arca de la Alianza no es un talismán
     Fue una derrota tremenda
1 Samuel 8,4-22a: El pueblo pide un rey
     No te rechazan a ti sino a mí
1 Samuel 9,1-4.17-19;10,1a: Encuentro de Saúl con Samuel
     ¿Cómo es un rey elegido por Dios?
1 Samuel 15,16-23: Saúl rechazado por el Señor
     Abrid el corazón a la novedad del Espíritu Santo
     Obedecer vale más que un sacrificio
1 Samuel 16,1-13: La unción de David
     Dios escoge a David por su pequeñez
1 Samuel 17,32-51: David y Goliat
     La fuerza y la debilidad
1 Samuel 18,6-9: Envidia de Saúl contra David
     La verdadera amistad
1 Samuel 24,3-21: Saúl perdonado por David
     Construyamos puentes y no muros


SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL

2 Samuel 1,1-4.11-12.19.23-27: David ante la muerte de Saúl
2 Samuel 7,4-17: La profecía de Natán
     Promesa de Yahvé a David
     Dios peregrina con los suyos
2 Samuel 7,18-19.24-29: Oración de David
     Acción de gracias de David
2 Samuel 11,1-4a.5-10a.13-17: David y Betsabé
     Del pecado a la corrupción
     Capaces de lo mejor y lo peor
2 Samuel 12,1-7a.10-17:  Reproche de Natán
     La familia de Jesús  
2 Samuel 15,13-14.30;16,5-13a: Huida de David
2 Samuel 24,2.9-17: Castigo del Señor y arrepentimiento de David
     Yo soy el culpable, no les castigues a ellos  

lunes, 29 de enero de 2018

2 Samuel 15,13-14.30;16,5-13a: Huida de David

2 Samuel 15,13-14.30;16,5-13a
Lunes de la 4 Semana del Tiempo Ordinario, Año II

En aquellos días, uno llevó esta noticia a David: "Los israelitas se han puesto de parte de Absalón." Entonces David dijo a los cortesanos que estaban con él en Jerusalén: "¡Ea, huyamos! Que, si se presenta Absalón, no nos dejará escapar. Salgamos a toda prisa, no sea que él se adelante, nos alcance y precipite la ruina sobre nosotros, y pase a cuchillo la población." David subió la Cuesta de los Olivos; la subió llorando, la cabeza cubierta y los pies descalzos. Y todos sus compañeros llevaban cubierta la cabeza y subían llorando. Al llegar el rey David a Bajurín, salió de allí uno de la familia de Saúl, llamado Semeí, hijo de Guerá, insultándolo según venía. Y empezó a tirar piedras a David y a sus cortesanos -toda la gente y los militares iban a derecha e izquierda del rey-, y le maldecía: "¡Vete, vete, asesino, canalla! El Señor te paga la matanza de la familia de Saúl, cuyo trono has usurpado. El Señor ha entregado el reino a tu hijo Absalón, mientras tú has caído en desgracia, porque eres un asesino." Abisay, hijo de Seruyá, dijo al rey: "Ese perro muerto, ¿se pone a maldecir a mi señor? ¡Déjame ir allá, y le corto la cabeza!" Pero el rey dijo: "¡No os metáis en mis asuntos, hijos de Seruyá! Déjale que maldiga, que, si el Señor le ha mandado que maldiga a David, ¿quién va a pedirle cuentas?" Luego dijo David a Abisay y a todos sus cortesanos: "Ya veis. Un hijo mío, salido de mis entrañas, intenta matarme, ¡y os extraña ese benjaminita! Dejadlo que me maldiga, porque se lo ha mandado el Señor. Quizás el Señor se fije en mi humillación y me pague con bendiciones estas maldiciones de hoy." David y los suyos siguieron su camino.

SOBRE EL MISMO TEMA:
No hay verdadera humildad sin humillación  

sábado, 19 de marzo de 2016

2 Samuel 7,4-17: Profecía de Natán

2 Samuel 7,4-17
Miércoles de la 3 Semana del Tiempo Ordinario, Año II
18 de marzo: Fiesta de San José (2 Sam7,4-5a.12-14a.16)

En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: "Ve y dile a mi siervo David: "Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella? Desde el día en que saqué a los israelitas de Egipto hasta hoy, no he habitado en una casa, sino que he viajado de acá para allá en una tienda que me servía de santuario. Y, en todo el tiempo que viajé de acá para allá con los israelitas, ¿encargué acaso a algún juez de Israel, a los que mandé pastorear a mi pueblo Israel, que me construyese una casa de cedro?" Pues bien, di esto a mi siervo David: "Así dice el Señor de los ejércitos: Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra. Daré un puesto a Israel, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel. Te pondré en paz con todos tus enemigos, y, además, el Señor te comunica que te dará una dinastía. Y, cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo; si se tuerce, lo corregiré con varas y golpes como suelen los hombres, pero no le retiraré mi lealtad como se la retiré a Saúl, al que aparté de mi presencia. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre."" Natán comunicó a David toda la visión y todas estas palabras.

SOBRE EL MISMO TEMA:
Promesa de Yahvé a David
Dios peregrina con los suyos  

miércoles, 3 de febrero de 2016

2 Samuel 24,2.9-17: "Yo soy el culpable, no les castigues a ellos", por la Hna. Gotzone Mezo Aranzibia O.P.

2 Samuel 24,2.9-17

En aquellos días, el rey David ordenó a Joab y a los jefes del ejército que estaban con él: "Id por todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Berseba, a hacer el censo de la población, para que yo sepa cuánta gente tengo." Joab entregó al rey los resultados del censo: en Israel había ochocientos mil hombres aptos para el servicio militar, y en Judá quinientos mil. Pero, después de haber hecho el censo del pueblo, a David le remordió la conciencia y dijo al Señor: "He cometido un grave error. Ahora, Señor, perdona la culpa de tu siervo, porque ha hecho una locura." Antes que David se levantase por la mañana, el profeta Gad, vidente de David, recibió la palabra del Señor: "Vete a decir a David: "Así dice el Señor: Te propongo tres castigos; elige uno, y yo lo ejecutaré."" Gad se presentó a David y le notificó: "¿Qué castigo escoges? Tres años de hambre en tu territorio, tres meses huyendo perseguido por tu enemigo, o tres días de peste en tu territorio. ¿Qué le respondo al Señor, que me ha enviado?" David contestó: "¡Estoy en un gran apuro! Mejor es caer en manos de Dios, que es compasivo, que caer en manos de hombres." Y David escogió la peste. Eran los días de la recolección del trigo. El Señor mandó entonces la peste a Israel, desde la mañana hasta el tiempo señalado. Y desde Dan hasta Berseba, murieron setenta mil hombres del pueblo. El ángel extendió su mano hacia Jerusalén para asolarla. Entonces David, al ver al ángel que estaba hiriendo a la población, dijo al Señor: "¡Soy yo el que ha pecado! ¡Soy yo el culpable! ¿Qué han hecho estas ovejas? Carga la mano sobre mí y sobre mi familia." El Señor se arrepintió del castigo, y dijo al ángel, que estaba asolando a la población: "¡Basta! ¡Detén tu mano!"

— Comentario por Hna. Gotzone Mezo Aranzibia O.P.

El relato de hoy nos ofrece múltiples posibilidades de mirada. Dejamos a un lado la fantasía engrandecedora de los números en un pequeño pueblo como el hebreo y fijamos nuestra atención en tres aspectos muy concretos que pueden tener aplicación en nuestra vida.

a) David quiere saber con qué fuerzas cuenta. Su confianza ha experimentado un desplazamiento muy propio del ser humano. El pequeño David ha adquirido una cierta importancia y comienza a creer en sus propias fuerzas más que en el Señor que le guía y le sostiene.

b) Constatamos también la concepción que hace alrededor de 2700 años tenía el pueblo hebreo de la vinculación pecado-castigo, y del papel que atribuyen a Dios, que incluso propone castigar a los inocentes, como si ello fuera algo “natural”.

En el largo proceso de transformación que el pueblo experimenta, esta concepción irá cambiando y quedará definitivamente anulada en Jesús. La Iglesia no siempre ha asumido la postura de Jesús. Tengamos un exquisito cuidado para evitar atribuir a Dios el sufrimiento del ser humano.

c) En tiempos sombríos, rodeados de corrupción, opresión, violencia, paro, hambre… creo que estamos aún por escuchar la voz de alguien -entre los muchos que todos conocemos ya- que diga: “yo soy el culpable, no les castigues a ellos”.

David es pecador, como lo somos los seres humanos, pero tiene la bendita capacidad de reconocer que es él quien ha realizado el daño, y de suplicar ser él quien soporte las consecuencias. El reconocimiento de su verdad y la solidaridad con los suyos acaba teniendo el “poder” para revertir la situación: en el lenguaje propio de la época, Dios se arrepiente y decide detener el castigo.

2 Samuel 24,2.9-17: Castigo del Señor y arrepentimiento de David

2 Samuel 24,2.9-17
Miércoles de la 4 Semana del Tiempo Ordinario, Año II

En aquellos días, el rey David ordenó a Joab y a los jefes del ejército que estaban con él: "Id por todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Berseba, a hacer el censo de la población, para que yo sepa cuánta gente tengo." Joab entregó al rey los resultados del censo: en Israel había ochocientos mil hombres aptos para el servicio militar, y en Judá quinientos mil. Pero, después de haber hecho el censo del pueblo, a David le remordió la conciencia y dijo al Señor: "He cometido un grave error. Ahora, Señor, perdona la culpa de tu siervo, porque ha hecho una locura." Antes que David se levantase por la mañana, el profeta Gad, vidente de David, recibió la palabra del Señor: "Vete a decir a David: "Así dice el Señor: Te propongo tres castigos; elige uno, y yo lo ejecutaré."" Gad se presentó a David y le notificó: "¿Qué castigo escoges? Tres años de hambre en tu territorio, tres meses huyendo perseguido por tu enemigo, o tres días de peste en tu territorio. ¿Qué le respondo al Señor, que me ha enviado?" David contestó: "¡Estoy en un gran apuro! Mejor es caer en manos de Dios, que es compasivo, que caer en manos de hombres." Y David escogió la peste. Eran los días de la recolección del trigo. El Señor mandó entonces la peste a Israel, desde la mañana hasta el tiempo señalado. Y desde Dan hasta Berseba, murieron setenta mil hombres del pueblo. El ángel extendió su mano hacia Jerusalén para asolarla. Entonces David, al ver al ángel que estaba hiriendo a la población, dijo al Señor: "¡Soy yo el que ha pecado! ¡Soy yo el culpable! ¿Qué han hecho estas ovejas? Carga la mano sobre mí y sobre mi familia." El Señor se arrepintió del castigo, y dijo al ángel, que estaba asolando a la población: "¡Basta! ¡Detén tu mano!"

SOBRE EL MISMO TEMA:
Yo soy el culpable, no les castigues a ellos    

sábado, 30 de enero de 2016

2 Samuel 12,1-7a.10-17: La familia de Jesús, por Fray Manuel Santos Sánchez

2 Samuel 12,1-7a.10-17

En aquellos días, el Señor envió a Natán a David. Entró Natán ante el rey y le dijo: "Había dos hombres en un pueblo, uno rico y otro pobre. El rico tenía muchos rebaños de ovejas y bueyes; el pobre sólo tenía una corderilla que había comprado; la iba criando, y ella crecía con él y con sus hijos, comiendo de su pan, bebiendo de su vaso, durmiendo en su regazo: era como una hija. Llegó una visita a casa del rico, y no queriendo perder una oveja o un buey, para invitar a su huésped, cogió la cordera del pobre y convidó a su huésped." David se puso furioso contra aquel hombre y dijo a Natán: "Vive Dios, que el que ha hecho eso es reo de muerte. No quiso respetar lo del otro; pues pagará cuatro veces el valor de la cordera." Natán dijo a David: "¡Eres tú! Pues bien, la espada no se apartará nunca de tu casa; por haberme despreciado, quedándote con la mujer de Urías, el hitita, y matándolo con la espada amonita. Así dice el Señor: "Yo haré que de tu propia casa nazca tu desgracia; te arrebataré tus mujeres y ante tus ojos se las daré a otro, que se acostará con ellas a la luz del sol que nos alumbra. Tú lo hiciste a escondidas, yo lo haré ante todo Israel, en pleno día."" David respondió a Natán: "¡He pecado contra el Señor!" Natán le dijo: "El Señor ha perdonado tu pecado, no morirás. Pero, por haber despreciado al Señor con lo que has hecho, el hijo que te ha nacido morirá." Natán marchó a su casa. El Señor hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y cayó gravemente enfermo. David pidió a Dios por el niño, prolongó su ayuno y de noche se acostaba en el suelo. Los ancianos de su casa intentaron levantarlo, pero él se negó, ni quiso comer nada con ellos.

— Comentario por Fray Manuel Santos Sánchez, Real Convento de Predicadores, Valencia, España.

Una expresión popular, al referirse a tal persona, dice que es de “buena familia”. Se refiere a que las personas de esa familla son buenas, su proceder es honrado.

A la vista de lo que las lecturas de ayer y de hoy nos han relatado del comportamiento indigno de David, del que se arrepintió y pidió perdón al Señor, no se puede afirmar que Jesús sea de buena familia, pues su familia es la de David.

Hay que reconocer que María, José eran buenas personas, pero en la amplia familia que Jesús creó después ha habido de todo y sigue habiendo de todo. A ella pertenece Judas, el que le traicionó, Pedro, el que le negó y luego se arrepintió, Pablo, el gran predicador, pero que tuvo que separarse de Bernabé porque no se entendía con él y, dando un salto muy grande, también nosotros pertenecemos a la familia de Jesús y somos buenos y pecadores.

Siempre se ha dicho que la familia de Jesús es santa y pecadora a la vez. No es que unos sean santos y otros pecadores. No, todos, a la vez, somos santos y pecadores, aunque con distinta intensidad. A pesar de todo, fundamentalmente somos de buena familia, porque tenemos a al ser más bueno del mundo que es Dios, que es nuestro Padre, que nos acoge, que nos perdona nuestras faltas, que nos regala a su Hijo con su luz y su amor.

2 Samuel 12,1-7a.10-17: Reproche de Natán y arrepentimiento de David

2 Samuel 12,1-7a.10-17
Sábado de la 3 Semana del Tiempo Ordinario, Año II

En aquellos días, el Señor envió a Natán a David. Entró Natán ante el rey y le dijo: "Había dos hombres en un pueblo, uno rico y otro pobre. El rico tenía muchos rebaños de ovejas y bueyes; el pobre sólo tenía una corderilla que había comprado; la iba criando, y ella crecía con él y con sus hijos, comiendo de su pan, bebiendo de su vaso, durmiendo en su regazo: era como una hija. Llegó una visita a casa del rico, y no queriendo perder una oveja o un buey, para invitar a su huésped, cogió la cordera del pobre y convidó a su huésped." David se puso furioso contra aquel hombre y dijo a Natán: "Vive Dios, que el que ha hecho eso es reo de muerte. No quiso respetar lo del otro; pues pagará cuatro veces el valor de la cordera." Natán dijo a David: "¡Eres tú! Pues bien, la espada no se apartará nunca de tu casa; por haberme despreciado, quedándote con la mujer de Urías, el hitita, y matándolo con la espada amonita. Así dice el Señor: "Yo haré que de tu propia casa nazca tu desgracia; te arrebataré tus mujeres y ante tus ojos se las daré a otro, que se acostará con ellas a la luz del sol que nos alumbra. Tú lo hiciste a escondidas, yo lo haré ante todo Israel, en pleno día."" David respondió a Natán: "¡He pecado contra el Señor!" Natán le dijo: "El Señor ha perdonado tu pecado, no morirás. Pero, por haber despreciado al Señor con lo que has hecho, el hijo que te ha nacido morirá." Natán marchó a su casa. El Señor hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y cayó gravemente enfermo. David pidió a Dios por el niño, prolongó su ayuno y de noche se acostaba en el suelo. Los ancianos de su casa intentaron levantarlo, pero él se negó, ni quiso comer nada con ellos.

SOBRE EL MISMO TEMA:
La familia de Jesús   

viernes, 29 de enero de 2016

2 Samuel 11,1-4a.5-10a.13-17: Capaces de lo mejor y lo peor, por Fray Manuel Santos Sánchez, O.P.

2 Samuel 11,1-4a.5-10a.13-17

Al año siguiente, en la época en que los reyes van a la guerra, David envió a Joab con sus oficiales y todo Israel, a devastar la región de los amonitas y sitiar a Rabá. David, mientras tanto, se quedó en Jerusalén; y un día, a eso del atardecer, se levantó de la cama y se puso a pasear por la azotea del palacio, y desde la azotea vio a una mujer bañándose, una mujer muy bella. David mandó a preguntar por la mujer, y le dijeron: "Es Betsabé, hija de Alián, esposa de Urías, el hitita." David mandó a unos para que se la trajesen. Después Betsabé volvió a su casa, quedó encinta y mandó este aviso a David: "Estoy encinta." Entonces David mandó esta orden a Joab: "Mándame a Urías, el hitita." Joab se lo mandó. Cuando llegó Urías, David le preguntó por Joab, el ejército y la guerra. Luego le dijo: "Anda a casa a lavarte los pies." Urías salió del palacio, y detrás de él le llevaron un regalo del rey. Pero Urías durmió a la puerta del palacio, con los guardias de su señor; no fue a su casa. Avisaron a David que Urías no había ido a su casa. Al día siguiente, David lo convidó a un banquete y lo emborrachó. Al atardecer, Urías salió para acostarse con los guardias de su señor, y no fue a su casa. A la mañana siguiente, David escribió una carta a Joab y se la mandó por medio de Urías. El texto de la carta era: "Pon a Urías en primera línea, donde sea más recia la lucha, y retiraos dejándolo solo, para que lo hieran y muera." Joab, que tenía cercada la ciudad, puso a Urías donde sabía que estaban los defensores más aguerridos. Los de la ciudad hicieron una salida, trabaron combate con Joab y hubo bajas en el ejército entre los oficiales de David; murió también Urías, el hitita.

— Comentario de Fray Manuel Santos Sánchez, O.P., Real Convento de Predicadores, Valencia, España. 
“Capaces de lo mejor y lo peor”

¡Qué gran verdad la de que no hay más que un solo Dios! Y que todos los demás somos seres humanos, es decir, capaces de lo mejor y de lo peor, a poco que nos descuidemos, con un corazón donde hay sembrado trigo y también cizaña.

La prueba clara de ello la tenemos en el rey David. Como veíamos el viernes pasado, fue capaz de hacer el bien, al no matar a Saúl “el ungido del Señor”, cuando lo tenía a mano. Hoy, por el contrario, vemos que comete una mala acción. Se atreve a matar a Urías, uno de los capitanes de su ejército, por quedarse con su esposa, a la que había dejado embarazada.

No vale solo que nos indignemos con la deplorable e injusta actuación de David. Repasemos nuestra vida. Repasemos nuestras fuerzas. No nos creamos todopoderosos a la hora de hacer el bien y evitar el mal. “El que esté en pie mire no caiga”. Tengamos claro que lo nuestro, lo que nos llena de sentido y de alegría es seguir nuestra conciencia cristiana, es seguir el camino trazado por Jesús de Nazaret.

Recemos con intensidad el padrenuestro, pidiendo a nuestro Padre Dios que “no nos deje caer en la tentación y que nos libre del mal”. Si nuestras fuerzas flaquean y nos dejamos vencer por el mal, imitemos a David después de su pecado, dirijámonos a Dios con el corazón arrepentido, sabiendo bien que siempre nos acogerá y perdonará: “Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado”.

Sabiendo que Dios nos va a escuchar y perdonar porque “un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias”.

2 Samuel 11,1-4a.5-10a.13-17: Del pecado a la corrupción, por el papa Francisco

2 Samuel 11,1-4a.5-10a.13-17

Al año siguiente, en la época en que los reyes van a la guerra, David envió a Joab con sus oficiales y todo Israel, a devastar la región de los amonitas y sitiar a Rabá. David, mientras tanto, se quedó en Jerusalén; y un día, a eso del atardecer, se levantó de la cama y se puso a pasear por la azotea del palacio, y desde la azotea vio a una mujer bañándose, una mujer muy bella. David mandó a preguntar por la mujer, y le dijeron: "Es Betsabé, hija de Alián, esposa de Urías, el hitita." David mandó a unos para que se la trajesen. Después Betsabé volvió a su casa, quedó encinta y mandó este aviso a David: "Estoy encinta." Entonces David mandó esta orden a Joab: "Mándame a Urías, el hitita." Joab se lo mandó. Cuando llegó Urías, David le preguntó por Joab, el ejército y la guerra. Luego le dijo: "Anda a casa a lavarte los pies." Urías salió del palacio, y detrás de él le llevaron un regalo del rey. Pero Urías durmió a la puerta del palacio, con los guardias de su señor; no fue a su casa. Avisaron a David que Urías no había ido a su casa. Al día siguiente, David lo convidó a un banquete y lo emborrachó. Al atardecer, Urías salió para acostarse con los guardias de su señor, y no fue a su casa. A la mañana siguiente, David escribió una carta a Joab y se la mandó por medio de Urías. El texto de la carta era: "Pon a Urías en primera línea, donde sea más recia la lucha, y retiraos dejándolo solo, para que lo hieran y muera." Joab, que tenía cercada la ciudad, puso a Urías donde sabía que estaban los defensores más aguerridos. Los de la ciudad hicieron una salida, trabaron combate con Joab y hubo bajas en el ejército entre los oficiales de David; murió también Urías, el hitita.

— Comentario del papa Francisco: 
"Del pecado a la corrupción"

El Papa Francisco ha invitado a rezar a Dios para que la debilidad que nos lleva a pecar no se transforme nunca en corrupción.

De este modo, reflexionando sobre la lectura del día que cuenta la historia de David y Betsabé, ha subrayado cómo el demonio induce a los corruptos a no sentir, a diferencia de otros pecadores, la necesidad del perdón de Dios.

En esta línea, el Pontífice ha explicado que se puede pecar de muchas maneras y por todo se puede pedir sinceramente perdón a Dios y sin ninguna duda saber que ese perdón será obtenido.

El problema nace con los corruptos. Lo peor de un corrupto es que no necesita pedir perdón porque le basta el poder sobre el que apoya su corrupción, ha advertido.

Y este es el comportamiento que el rey David asume cuando se enamora de Betsabé, mujer de un oficial suyo, Urías, que está combatiendo lejos. Así, el Papa ha relatado que después de seducir a la mujer y saber que estaba embarazada, David crea un plan para cubrir el adulterio.

Llama al frente a Urías y le ofrece volver a casa a descansar. Urías, hombre leal, no se siente capaz de volver con su mujer mientras sus hombres mueren en batalla.

Entonces David intenta emborracharle, pero ni siquiera esta “idea” le funciona. Y tal como ha explicado Francisco, finalmente David escribe una carta para que pongan a Urías como capitán en el frente de la batalla más dura y que después se retiren para que así sea golpeado y muera. “La condena a muerte. Este hombre, fiel, fiel a la ley, fiel a su pueblo, fiel a su rey, lleva consigo la condena a muerte”, ha advertido.

De esta manera, el Pontífice ha precisado que David es un santo pero también un pecador. Cae en la lujuria y aun así Dios le quería mucho.

Incluso “el grande, el noble David” se siente tan “seguro porque el reino era fuerte” que después de haber cometido el adulterio mueve todas las herramientas a su disposición para arreglarlo, aunque sea mintiendo, hasta ordenar el asesinato de un hombre leal, haciéndolo pasar una desgracia de guerra.

“Este es un momento en la vida de David que nos hace ver una situación por la cual todos nosotros podemos pasar en nuestra vida: es el paso del pecado a la corrupción. Aquí David comienza, da el primer paso hacia la corrupción. Tiene el poder, tiene la fuerza, sea poder eclesiástico, como religioso, económico, político… Porque el diablo nos hace sentirnos seguros: ‘Yo puedo’”, ha subrayado el Papa.

A propósito, el Santo Padre ha explicado que la corrupción –de la que después por gracia de Dios David saldrá– ha tocado el corazón de ese ‘chico valiente’ que había enfrentado al filisteo con la honda y cinco piedras.

Así, ha precisado que hay “un momento donde la costumbre del pecado o un momento donde nuestra situación es tan segura y estamos bien vistos y tenemos tanto poder” que el pecado deja de “ser pecado” y se convierte en “corrupción”.

Finalmente, ha recordado que el Señor siempre perdona “pero una de las cosas más feas que tiene la corrupción es que el corrupto no necesita pedir perdón, no siente la necesidad”.

Por ello, el Santo Padre ha invitado a hacer una oración por la Iglesia, comenzando por nosotros, por el Papa, por los obispos, por los sacerdotes, por los consagrados, por los fieles, por los laicos: ‘Señor, sálvanos, sálvanos de la corrupción. ¡Pecadores sí. Señor, todos lo somos, pero corruptos nunca!’

jueves, 28 de enero de 2016

2 Samuel 11,1-4a.5-10a.13-17: David y Betsabé

2 Samuel 11,1-4a.5-10a.13-17

Al año siguiente, en la época en que los reyes van a la guerra, David envió a Joab con sus oficiales y todo Israel, a devastar la región de los amonitas y sitiar a Rabá. David, mientras tanto, se quedó en Jerusalén; y un día, a eso del atardecer, se levantó de la cama y se puso a pasear por la azotea del palacio, y desde la azotea vio a una mujer bañándose, una mujer muy bella. David mandó a preguntar por la mujer, y le dijeron: "Es Betsabé, hija de Alián, esposa de Urías, el hitita." David mandó a unos para que se la trajesen. Después Betsabé volvió a su casa, quedó encinta y mandó este aviso a David: "Estoy encinta." Entonces David mandó esta orden a Joab: "Mándame a Urías, el hitita." Joab se lo mandó. Cuando llegó Urías, David le preguntó por Joab, el ejército y la guerra. Luego le dijo: "Anda a casa a lavarte los pies." Urías salió del palacio, y detrás de él le llevaron un regalo del rey. Pero Urías durmió a la puerta del palacio, con los guardias de su señor; no fue a su casa. Avisaron a David que Urías no había ido a su casa. Al día siguiente, David lo convidó a un banquete y lo emborrachó. Al atardecer, Urías salió para acostarse con los guardias de su señor, y no fue a su casa. A la mañana siguiente, David escribió una carta a Joab y se la mandó por medio de Urías. El texto de la carta era: "Pon a Urías en primera línea, donde sea más recia la lucha, y retiraos dejándolo solo, para que lo hieran y muera." Joab, que tenía cercada la ciudad, puso a Urías donde sabía que estaban los defensores más aguerridos. Los de la ciudad hicieron una salida, trabaron combate con Joab y hubo bajas en el ejército entre los oficiales de David; murió también Urías, el hitita.

SOBRE EL MISMO TEMA:

2 Samuel 7,18-19.24-29: Acción de gracias de David, por las Monjas Dominicas Contemplativas

2 Samuel 7,18-19.24-29

Después que Natán habló a David, el rey fue a presentarse ante el Señor y dijo: "¿Quién soy yo, mi Señor, y qué es mi familia, para que me hayas hecho llegar hasta aquí? ¡Y, por si fuera poco para ti, mi Señor, has hecho a la casa de tu siervo una promesa para el futuro, mientras existan hombres, mi Señor! Has establecido a tu pueblo Israel como pueblo tuyo para siempre, y tú, Señor, eres su Dios. Ahora, pues, Señor Dios, mantén siempre la promesa que has hecho a tu siervo y su familia, cumple tu palabra. Que tu nombre sea siempre famoso. Que digan: "¡El Señor de los ejércitos es Dios de Israel!" Y que la casa de tu siervo David permanezca en tu presencia. Tú, Señor de los ejércitos, Dios de Israel, has hecho a tu siervo esta revelación: "Te edificaré una casa"; por eso tu siervo se ha atrevido a dirigirte esta plegaria. Ahora, mi Señor, tú eres el Dios verdadero, tus palabras son de fiar, y has hecho esta promesa a tu siervo. Dígnate, pues, bendecir a la casa de tu siervo, para que esté siempre en tu presencia; ya que tú, mi Señor, lo has dicho, sea siempre bendita la casa de tu siervo."

— Comentario por las Monjas Dominicas Contemplativas, Monasterio Stma. Trinidad y Sta. Lucia, Orihuela, España.

El profeta Natán es hebreo, posiblemente de la tribu de Leví y según el texto bíblico, vivió durante el reinado de David. Las profecías son comunes en el Antiguo Testamento y en concreto, la profecía de Natán (versículos anteriores al texto que nos ocupa) está proyectada a base de una contraposición, pues no será David quien edifique un templo a Dios (como se le había anunciado en esta profecía) sino que es Dios quien levanta una dinastía en la casa de David. La promesa está relacionada con la continuidad del linaje davídico sobre el trono de Israel.

Estos versículos del segundo libro de Samuel presentan una oración de alabanza y de acción de gracias por parte de David, en respuesta a la promesa de Yahvé. Nos encontramos con David que “se presenta ante el Señor”, un hombre que ora, alaba y da gracias. El texto sagrado nos expone la ley de Dios como destino de la persona, pero nosotros ante estas palabras, ¿qué hacemos? ¿qué decimos? ¿nos presentamos “ante el Señor” cada día?

¿Te has parado “ante el Señor” para orar? La oración nos sirve de reflexión para adecuar nuestra voluntad a la de Dios. Orar es hablar con Dios. Para nuestra oración puede ayudarnos el Salmo 131 (es un salmo mesiánico) en el cual las promesas hechas por Dios se presentan como la respuesta divina a un juramento hecho a David.

2 Samuel 7,18-19.24-29: Oración de David

2 Samuel 7,18-19.24-29
Jueves de la 3 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

Después que Natán habló a David, el rey fue a presentarse ante el Señor y dijo: "¿Quién soy yo, mi Señor, y qué es mi familia, para que me hayas hecho llegar hasta aquí? ¡Y, por si fuera poco para ti, mi Señor, has hecho a la casa de tu siervo una promesa para el futuro, mientras existan hombres, mi Señor! Has establecido a tu pueblo Israel como pueblo tuyo para siempre, y tú, Señor, eres su Dios. Ahora, pues, Señor Dios, mantén siempre la promesa que has hecho a tu siervo y su familia, cumple tu palabra. Que tu nombre sea siempre famoso. Que digan: "¡El Señor de los ejércitos es Dios de Israel!" Y que la casa de tu siervo David permanezca en tu presencia. Tú, Señor de los ejércitos, Dios de Israel, has hecho a tu siervo esta revelación: "Te edificaré una casa"; por eso tu siervo se ha atrevido a dirigirte esta plegaria. Ahora, mi Señor, tú eres el Dios verdadero, tus palabras son de fiar, y has hecho esta promesa a tu siervo. Dígnate, pues, bendecir a la casa de tu siervo, para que esté siempre en tu presencia; ya que tú, mi Señor, lo has dicho, sea siempre bendita la casa de tu siervo."

SOBRE EL MISMO TEMA:
Acción de gracias de David    

miércoles, 27 de enero de 2016

2 Samuel 7,4-17: Dios peregrina con los suyos, por la Hna. Nélida Armas Tejera O.P.

2 Samuel 7,4-17

En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: "Ve y dile a mi siervo David: "Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella? Desde el día en que saqué a los israelitas de Egipto hasta hoy, no he habitado en una casa, sino que he viajado de acá para allá en una tienda que me servía de santuario. Y, en todo el tiempo que viajé de acá para allá con los israelitas, ¿encargué acaso a algún juez de Israel, a los que mandé pastorear a mi pueblo Israel, que me construyese una casa de cedro?" Pues bien, di esto a mi siervo David: "Así dice el Señor de los ejércitos: Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra. Daré un puesto a Israel, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel. Te pondré en paz con todos tus enemigos, y, además, el Señor te comunica que te dará una dinastía. Y, cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo; si se tuerce, lo corregiré con varas y golpes como suelen los hombres, pero no le retiraré mi lealtad como se la retiré a Saúl, al que aparté de mi presencia. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre."" Natán comunicó a David toda la visión y todas estas palabras.

— Comentario por la Hna. Nélida Armas Tejera O.P. 

David, coronado Rey de Israel y agradecido por todo lo que ha recibido de parte de Dios, quiere construir al Señor una casa, un templo, puesto que él mismo vive en un palacio mientras que el Señor está en una tienda. Sin embargo, Dios habla a David a través del profeta Natán, para recodarle que Él es un Dios que peregrina junto a los suyos, no permanece en un lugar cerrado. Él es quien ha elegido a David para ser el Rey de Israel y le ha sostenido y acompañado en todas sus campañas.

David no construirá una casa para el Señor; será Dios mismo quien la construya para David. Pero, esta casa tendrá un nuevo significado: no será un templo, sino una dinastía, una descendencia. A través de esa descendencia, Dios continuará realizando su Historia de Salvación con la humanidad.

Dios es siempre quien toma la iniciativa. Aunque a veces nos empeñemos en tomarle la delantera, en hacer proyectos “para él”, el Señor casi siempre los descoloca y nos invita a acoger un nuevo proyecto que tiene mucho más de don que de conquista y que está sostenido por la fidelidad de Dios que es gratuita y para siempre.

2 Samuel 7,4-17: Promesa de Yahvé a David, por la Hna. Sr. Verónica Rosier, O.P.

2 Samuel 7,4-17

En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: "Ve y dile a mi siervo David: "Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella? Desde el día en que saqué a los israelitas de Egipto hasta hoy, no he habitado en una casa, sino que he viajado de acá para allá en una tienda que me servía de santuario. Y, en todo el tiempo que viajé de acá para allá con los israelitas, ¿encargué acaso a algún juez de Israel, a los que mandé pastorear a mi pueblo Israel, que me construyese una casa de cedro?" Pues bien, di esto a mi siervo David: "Así dice el Señor de los ejércitos: Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra. Daré un puesto a Israel, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel. Te pondré en paz con todos tus enemigos, y, además, el Señor te comunica que te dará una dinastía. Y, cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo; si se tuerce, lo corregiré con varas y golpes como suelen los hombres, pero no le retiraré mi lealtad como se la retiré a Saúl, al que aparté de mi presencia. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre."" Natán comunicó a David toda la visión y todas estas palabras.

— Comentario por la Hna. Sr. Verónica Rosier, O.P.

Studium

Los dos libros de Samuel cuentan la historia de Samuel, el último de los jueces de Israel, enviado por Dios para ungir a Saúl como rey y, más tarde, a David, un pastor, el candidato más joven y menos probable.

El segundo libro de Samuel narra los 40 años del reinado de David como rey, 7 años en Judá (mitad sur de Israel) y 33 años en el Reino Unido de Judá e Israel; un reinado de intriga, energía, pasión y promesa.

El capítulo 7 del Segundo libro de Samuel es uno de los pasajes clave de toda la Biblia hebrea y del Nuevo Testamento: el pacto davídico, es decir, la promesa solemne de Yahvé a David: "Tu casa y tu reino serán confirmados" para siempre, un legado que nosotros heredamos como seguidores de Jesucristo, hijo de David.

Un elemento central en la historia es el Arca de la Alianza. Acompañado de alegría, solemnidad y sacrificios, David trae a Jerusalén el Arca, un tabernáculo que contenía las tablas de piedra del Sinaí. El Arca, una tienda móvil, era el signo visible de la presencia providencial de Dios en el pueblo elegido a partir del Éxodo. Jerusalén se convertiría en el centro del poder y de la adoración.


Los dos oráculos pronunciados por Natán, profeta de la corte, están unidos entre sí. En el primero, David, preocupado porque su "casa de cedro" es mayor que la tienda del santuario (2 Sam. 7: 2), propone la construcción de una casa para el Señor, pero explica también que Dios rechaza la idea (vv. 1- 4).

El segundo oráculo de Natán asume el antiguo reto para todas las familias de riqueza e influencia: quién sucedería a David como rey (vv. 4-17), el tema de la lectura de hoy.

Los dos oráculos están unidos por el doble sentido de la palabra "casa" (bayit). David no puede construir a Dios una "casa", es decir, un "templo" (bayit, vv. 5, 6, 13), pero Dios construirá a David una "casa" (bayit, vv. 11, 16), una "dinastía "que va a durar para siempre.

El amor fuerte de Dios levantaría al hijo de David (Salomón) a seguirlo, una relación entre Dios y el rey como de padre e hijo. Incluso después de la destrucción del Templo de Salomón 400 años después, la casa de David continuará de alguna manera. El cuidado, el amor y las bendiciones de Dios se extienden a todas las generaciones.

En la liturgia de hoy la promesa del Señor a David está ya en nuestros labios, recordando a Dios su pacto: "Para siempre voy a mantener mi amor por mi siervo" (Salmo 89).

Meditatio

¿Quién no salta de gozo "para siempre" cuando el anhelo y la esperanza llegan a su cumplimiento? Saber que somos amados es todo lo que importa, la fuente del verdadero poder, verdadera pasión y promesa.

El pacto de Dios con David se convirtió en la base de una esperanza mesiánica en un tiempo futuro. El Israel del AT (la mujer de Apocalipsis 12:5) dio a luz a Jesús, el rey mesiánico tan esperado. Al llevar al salvador de la humanidad en su interior, María se convirtió en la morada, el tabernáculo, el "Arca de la Nueva Alianza", pues "la Palabra se hizo carne" (Juan 1:14). En el bautismo, el Amor divino nos llama a cada uno de nosotros a ser un tabernáculo, una "casa", un templo del Espíritu Santo.

El David de Miguel Ángel, listo para la batalla con Goliat, no puede revelarlo plenamente: amante de Dios, rey dotado y poderoso, amigo íntimo, vulnerable, falible y pecador; aplastado a veces por circunstancias de la vida. Pero David conoció el amor inquebrantable de Dios. La verdad básica es que todos son elegidos y amados por Dios. También nuestra iglesia herida está siendo llamada al arrepentimiento y la renovación, porque somos amados, y así entramos en el misterio de la comunión entre Dios y la humanidad.

Dios no está interesado en lo que tenemos o lo que podemos hacer, o si somos alguien o un don nadie. Nos anima el hecho de que Dios "no mira lo que los mortales ven ... sino que el Señor mira el corazón" (1 Sam. 16: 7). La gracia de Dios construye una "casa" con una belleza creada a partir de la santidad de nuestras vidas. No tenemos que hacerlo nosotros solos. Este amor "para siempre" es para ser entregado a nuestro prójimo. En última instancia, conduce a la felicidad de "la nueva Jerusalén" cuando "no habrá más sufrimiento, ni clamor, ni muerte, y el mismo Dios" enjugará las lágrimas de los ojos de su pueblo "(Apocalipsis 21: 4).

Oratio

Tu promesa eterna, oh Dios, se acerca a nosotros en la persona de Jesús, tu Hijo. Nos convoca a la fe en su amor y así, transforma nuestras vidas. Únenos en un solo pueblo y haznos valientes para proclamar la Buena Noticia de salvación para todos. Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Mesías, que reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios por los siglos de los siglos. Amen.

Contemplatio

El Amor del pacto de Dios abre la plenitud del poder verdadero, la pasión y la promesa, y nos fortalece para abrazar un amor que exige todo y ofrece todo.

sábado, 23 de enero de 2016

2 Samuel 1,1-4.11-12.19.23-27: Reacción de David ante la muerte de Saúl

2 Samuel 1,1-4.11-12.19.23-27
Sábado de la 2 Semana del Tiempo Ordinario, Año II

En aquellos días, al volver de su victoria sobre los amalecitas, David se detuvo dos días en Sicelag. Al tercer día de la muerte de Saúl, llegó uno del ejército con la ropa hecha jirones y polvo en la cabeza; cuando llegó, cayó en tierra, postrándose ante David. David le preguntó:
— ¿De dónde vienes?
Respondió:
— Me he escapado del campamento i sraelita.
David dijo:
— ¿Qué ha ocurrido? Cuéntame.
Él respondió:
— Pues que la tropa ha huido de la batalla, y ha habido muchas bajas entre la tropa y muchos muertos, y hasta han muerto Saúl y su hijo Jonatán.
Entonces David agarró sus vestiduras y las rasgó, y sus acompañantes hicieron lo mismo. Hicieron duelo, lloraron y ayunaron hasta el atardecer por Saúl y por su hijo Jonatán, por el pueblo del Señor, por la casa de Israel, porque habían muerto a espada. Y dijo David:
— ¡Ay, la flor de Israel, herida en tus alturas! ¡Cómo cayeron los valientes! Saúl y Jonatán, mis amigos queridos, ni vida ni muerte los pudo separar; más ágiles que águilas, más bravos que leones. Muchachas de Israel, llorad por Saúl, que os vestía de púrpura y de joyas, que enjoyaba con oro vuestros vestidos. ¡Cómo cayeron los valientes en medio del combate! ¡Jonatán, herido en tus alturas! ¡Cómo sufro por ti, Jonatán, hermano mío! ¡Ay, cómo te quería! Tu amor era para mí más maravilloso que el amor de mujeres. ¡Cómo cayeron los valientes, los rayos de la guerra perecieron!»

SOBRE EL MISMO TEMA:
En preparación  

sábado, 12 de junio de 2010

2 Sam 12:7-10,13:: "El Senor ha perdonado tu pecado"

2 Sam 12:7-10,13:

Entonces Natán le dijo a David:
—¡Tú eres ese hombre! Así dice el Señor, Dios de Israel: "Yo te ungí como rey sobre Israel, y te libré del poder de Saúl. Te di el palacio de tu amo, y puse sus mujeres en tus brazos. También te permití gobernar a Israel y a Judá. Y por si esto hubiera sido poco, te habría dado mucho más. ¿Por qué, entonces, despreciaste la palabra del Señor haciendo lo que me desagrada? ¡Asesinaste a Urías el hitita para apoderarte de su esposa! ¡Lo mataste con la espada de los amonitas! Por eso la espada jamás se apartará de tu familia, pues me despreciaste al tomar la esposa de Urías el hitita para hacerla tu mujer."
—¡He pecado contra el Señor! —reconoció David ante Natán.
—El Señor ha perdonado ya tu pecado, y no morirás —contestó Natán—.

Comentario:

Si hay un libro que muestra el pecado, ese libro es la Biblia. El Libro de Samuel nos cuenta que David no solamente habia cometido adulterio sino que tambien habia participado en la muerte de Urias, su fiel soldado. Segun la ley, David debia ser castigado con la pena de muerte.

El pecado de David es un escandalo infinitamente mayor porque habia sido escogido por Dios para ser rey de Israel. Asi lo entienden los creyentes. El creyente ingenuo tiene el derecho de quejarse y rebelarse contra David y contra Dios: "Tus escogidos son unos malvados y unos pecadores, y Tu eres un Dios malvado e injusto si no castigas a David!"
 
Sin embargo, lo que la Biblia nos muestra es que todos, sin excepcion, somos pecadores. Algunos leen la Biblia como si se tratara de la historia de los "buenos contra malos"; sin embargo, la Biblia no nos muestra la vida de los buenos y la vida de los malos o pecadores para que observemos el contraste, sino la lucha interior y los conflictos de las personas por llegar a ser el ser humano que estan llamados a ser desde el primer instante de la creacion.

Leyendo la Biblia nos damos cuenta de que el pecado es parte de nuestra vida casi desde el comienzo de la creacion. La tension no esta en no pecar sino en como nos enfrentamos a nuestro pecado. Nuestro pecado nos hace desconfiados? Engreidos? Malvados?; o, mas bien, nuestro pecado nos hace ver que nos somos tan buenos como pensabamos, nos hace humildes, nos averguenza, nos mueve a pedir perdon y a perdonar a quien nos ha ofendido?

La unica opcion que le queda al Amor (Dios) si no quiere dejar a su creatura morir, es llorar con ella, perdonarla y sacrificarse por ella. El pecador arrepentido siente este Amor como una realidad que da un nuevo significado a su vida.