Desideria es el nombre de uno de los personajes creados por San Jose Manyanet (1833-1901) para ilustrar su espiritualidad y su pensamiento. Desideria puede ser un hombre o una mujer, una persona joven o adulta. Pero Desideria es, ante todo, un espiritu ingenuo, inquieto e infantil, cuyo deseo de aprender y ser feliz parece no tener limites.
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jueves, 3 de diciembre de 2020
domingo, 5 de enero de 2014
Iglesia y fraternidad, Francisco, Papa
Los cristianos creemos que en la Iglesia somos miembros los unos de los otros, que todos nos necesitamos unos a otros, porque a cada uno de nosotros se nos ha dado una gracia según la medida del don de Cristo, para la utilidad común (cf. Ef 4,7.25; 1 Co 12,7). Cristo ha venido al mundo para traernos la gracia divina, es decir, la posibilidad de participar en su vida. Esto lleva consigo tejer un entramado de relaciones fraternas, basadas en la reciprocidad, en el perdón, en el don total de sí, según la amplitud y la profundidad del amor de Dios, ofrecido a la humanidad por Aquel que, crucificado y resucitado, atrae a todos a sí: «Les doy un mandamiento nuevo: que se amen unos a otros; como yo les he amado, ámense también entre ustedes. La señal por la que conocerán todos que son discípulos míos será que se aman unos a otros» (Jn 13,34-35). Ésta es la buena noticia que reclama de cada uno de nosotros un paso adelante, un ejercicio perenne de empatía, de escucha del sufrimiento y de la esperanza del otro, también del más alejado de mí, poniéndonos en marcha por el camino exigente de aquel amor que se entrega y se gasta gratuitamente por el bien de cada hermano y hermana.
Fuente: La fraternidad, fundamento y camino para la paz, n.5, Mensaje del papa Francisco para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, 2014.
Fuente: La fraternidad, fundamento y camino para la paz, n.5, Mensaje del papa Francisco para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, 2014.
La familia es la fuente de toda fraternidad, Francisco, Papa.
La fraternidad es una dimensión esencial del hombre, que es un ser relacional. La viva conciencia de este carácter relacional nos lleva a ver y a tratar a cada persona como una verdadera hermana y un verdadero hermano; sin ella, es imposible la construcción de una sociedad justa, de una paz estable y duradera. Y es necesario recordar que normalmente la fraternidad se empieza a aprender en el seno de la familia, sobre todo gracias a las responsabilidades complementarias de cada uno de sus miembros, en particular del padre y de la madre. La familia es la fuente de toda fraternidad, y por eso es también el fundamento y el camino primordial para la paz, pues, por vocación, debería contagiar al mundo con su amor.
Fuente: La fraternidad, fundamento y camino para la paz, n.1, Mensaje del papa Francisco para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, 2014.
Fuente: La fraternidad, fundamento y camino para la paz, n.1, Mensaje del papa Francisco para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, 2014.
Sobre la paternidad de Dios, por Francisco, Papa
Podríamos sintetizar así la respuesta que nos da el Señor Jesús: Ya que hay un solo Padre, que es Dios, todos ustedes son hermanos (cf. Mt 23,8-9). La fraternidad está enraizada en la paternidad de Dios. No se trata de una paternidad genérica, indiferenciada e históricamente ineficaz, sino de un amor personal, puntual y extraordinariamente concreto de Dios por cada ser humano (cf. Mt 6,25-30). Una paternidad, por tanto, que genera eficazmente fraternidad, porque el amor de Dios, cuando es acogido, se convierte en el agente más asombroso de transformación de la existencia y de las relaciones con los otros, abriendo a los hombres a la solidaridad y a la reciprocidad.
Fuente: La fraternidad, fundamento y camino para la paz, n.3. Mensaje del papa Francisco para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, 2014.
Fuente: La fraternidad, fundamento y camino para la paz, n.3. Mensaje del papa Francisco para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, 2014.
miércoles, 1 de enero de 2014
Jornada Mundial por la Paz: "La paz comienza en casa, entre nosotros, después se extiende a toda la humanidad", papa Francisco
En su primer encuentro con los fieles en la plaza de San Pedro, abarrotada de gente a pesar del frío, el Papa dejó de lado los papeles de su discurso y lanzó preguntas fortísimas sobre las tragedias provocadas por la violencia entre seres humanos.
Desde el balcón de su apartamento comentó que «ayer recibí la carta de un señor, quizá uno de vosotros, que me contaba una tragedia familiar y mencionaba las numerosas tragedias que suceden hoy en el mundo. Me decía, ¿Qué sucede en el corazón del hombre? ¡Es hora de parar!».
El Papa aseguró que «también yo creo que nos hará bien parar este camino de violencia», y añadió en tono extraordinariamente fuerte: «¿Qué sucede en el corazón del hombre? ¿Qué sucede en el corazón de la humanidad? ¡Es hora de parar!».
Volviendo al texto preparado para el Ángelus, el Papa recordó que «el fundamento y el camino de la paz» es «la convicción de que todos somos hijos del único Padre celestial, que formamos parte de la misma familia humana, y que compartimos un destino común».
— Violencia e injusticias
Al margen de lo que hagan los líderes políticos, cada cristiano es responsable de «trabajar para que el mundo se convierta en una comunidad de hermanos que se respetan, que aceptan su diversidad y que cuidan unos de otros». El Santo Padre invitó a «ser conscientes de la violencia y de las injusticias en tantos lugares del mundo, que no pueden dejarnos inmóviles e indiferentes».
Además de pedir oraciones por «el don de la paz y la capacidad de llevarla a todos los ambientes», el Papa recordó que hay que saber hacerlo del modo adecuado pues «la paz requiere la fuerza de la mansedumbre, la fuerza no violenta de la verdad y del amor».
En su línea práctica, el Papa añadió al margen del texto que «la paz comienza en casa. ¡Entre nosotros! Después se extiende a toda la humanidad… ¡pero debe comenzar en casa!». Todos tenemos que ser «constructores de paz”, y “allí donde hay un hombre o una mujer constructores de paz, allí está el Espíritu Santo que les ayuda”.
— Fiesta de María
En la fiesta de María, Madre de Dios, y «madre de todos los hombres», el Papa animó a trasladarle «el grito de paz de las poblaciones oprimidas por la guerra y la violencia, para que el coraje del diálogo y la reconciliación prevalgan sobre la tentación de venganza, de prepotencia y de corrupción».
Después de pedir ayuda a la Virgen para extender el «Evangelio de la Fraternidad», Francisco invitó a los fieles a participar en una breve oración vocal centrada en la fiesta del día: «Repitamos juntos tres veces: Santa Madre de Dios».
Poco antes, durante la misa celebrada en la basílica de San Pedro, el Papa había comenzado su homilía leyendo la bendición que Dios mismo enseñó a Moisés y que tanto le gusta repetir: «Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz».
El Santo Padre afirmó que «el título de Madre de Dios es el primero y esencial de la Virgen María, como lo ha percibido siempre la fe del pueblo cristiano en su tierna y auténtica devoción por la mamá celestial».
Yendo hacia atrás en la historia, recordó que durante el concilio de Éfeso, que declararía la maternidad divina de María, “los fieles se agolpaban a los lados de la puerta de la basílica donde se reunían los obispos y gritaban «¡Madre de Dios!», pidiendo que definiesen oficialmente este título de la Virgen.
María acumuló, a lo largo de su vida, muchas alegrías pero también sufrimientos, por eso, según el Papa, “su corazón herido se agranda para acoger a todos los hombres, buenos y malos, y los ama como los amaba Jesús”.
— Sensibilidad ante los abusos
Era una homilía entrañable, pero no era dulzona ni bonachona. El Papa, que se caracteriza por una gran sensibilidad ante los abusos, la concluyó invitando a confiar a la Virgen «nuestros deseos y las necesidades del mundo entero, especialmente el hambre y la sed de justicia y de paz».
El primer día de enero es siempre una gran fiesta, y al asomarse al balcón para rezar el Ángelus, el saludo sonriente del Papa fue: «Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días y Feliz Año!». Al final, en el mismo tono familiar se despidió con un: «! Feliz domingo! ¡Feliz comienzo de Año! Buen almuerzo… ¡y hasta pronto!».
Fuente: Juan Vicente Boo, abc.es
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