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jueves, 21 de julio de 2022

Números 20,1-13: La muerte de Miriam. El agua brotada de la roca

Números 20,1-13:
La muerte de Miriam. El agua brotada de la roca

1 En el primer mes, toda la comunidad de los israelitas llegó al desierto de Sin, 
   y el pueblo se estableció en Cades. Allí murió y fue enterrada Miriam.
2 Como la comunidad no tenía agua, se produjo un amotinamiento contra Moisés y Aarón.
3 El pueblo promovió una querella contra Moisés diciendo: 
   «¡Ojalá hubiéramos muerto cuando murieron nuestros hermanos delante del Señor!
4 ¿Por qué trajeron a este desierto a la asamblea del Señor, para que muriéramos aquí, 
   nosotros y nuestro ganado?
5 ¿Por qué nos hicieron salir de Egipto, para traernos a este lugar miserable, donde no hay sembrados, 
   ni higueras, ni viñas, ni granados, y donde ni siquiera hay agua para beber?
6 Moisés y Aarón, apartándose de la asamblea, fueron a la entrada de la Carpa del Encuentro 
   y cayeron con el rostro en tierra. Entonces se les apareció la gloria del Señor,
7 y el Señor dijo a Moisés:
8 «Toma el bastón y convoca a la comunidad, junto con tu hermano Aarón. 
   Después, a la vista de todos, manden a la roca que dé sus aguas. 
   Así harás para ellos agua de la roca y darás de beber a la comunidad y a su ganado».
9 Moisés tomó el bastón que estaba delante del Señor, como él se lo había mandado.
10 Luego Moisés y Aarón reunieron a la asamblea frente a la roca, y Moisés lees dijo: 
     «¡Escuchen, rebeldes! ¿Podemos hacer que brote agua de esta roca para ustedes?».
11 Y alzando su mano, golpeó la roca dos veces con el bastón. 
     El agua brotó abundantemente, y bebieron la comunidad y el ganado.
12 Pero el Señor dijo a Moisés y a Aarón: 
     «Por no haber confiado lo bastante en mí para que yo manifestara mi santidad ante los israelitas, 
     les aseguro que no llevarán a este pueblo hasta la tierra que les he dado».
13 Estas son las aguas de Meribá –que significa «Querella»– donde los israelitas promovieron una 
     querella contra el Señor y con las que él manifestó contra el Señor y con las que él manifestó su 
     santidad.

martes, 12 de julio de 2022

Isaías 51,1-23: Palabras de consuelo a Jerusalén

Palabras de consuelo a Jerusalén

1 Escúchenme, los que van tras la justicia, los que buscan al Señor: 
   Miren la roca de la que fueron tallados, la cantera de donde los extrajeron; 
2 miren a Abrahán, su padre; a Sara, que los dio a luz: cuando lo llamé, 
   era uno, pero lo bendije y lo multipliqué. 
3 El Señor consuela a Sión, consuela a sus ruinas: convertirá su desierto en un edén, 
   su arenal en paraíso del Señor; allí habrá gozo y alegría,
   con acción de gracias al son de instrumentos.
4 Hazme caso, pueblo mío; nación mía, dame oído; porque de mí sale la ley, 
   mi mandato es la luz de los pueblos. 
5 En un momento haré llegar mi victoria, amanecerá como el día mi salvación, 
   mi brazo gobernará los pueblos: me están aguardando las islas, ponen su esperanza en mi brazo. 
6 Levanten los ojos al cielo, Miren abajo, a la tierra: el cielo se disipa como humo, 
   la tierra se gasta como ropa, sus habitantes mueren como mosquitos; 
   pero mi salvación dura por siempre, mi victoria no tendrá fin.
7 Escúchenme los entendidos en derecho, el pueblo que lleva mi ley en el corazón: 
   no teman la afrenta de los hombres, no desmayen por sus ultrajes: 
8 Porque la polilla los roerá como a la ropa, como los gusanos roen la lana; 
   pero mi victoria dura por siempre, mi salvación de edad en edad.
9 ¡Despierta, despierta; revístete de fuerza, brazo del Señor; despierta como en los días antiguos, 
   como en las generaciones pasadas! ¿No eres tú quien destrozó al monstruo y traspasó al dragón? 
10 ¿No eres tú quien secó el mar y las aguas del Gran Océano; 
     el que hizo un camino por el fondo del mar para que pasaran los redimidos? 
11 Los rescatados del Señor volverán: vendrán a Sión con cánticos, en cabeza alegría perpetua, 
     siguiéndolos gozo y alegría, pena y aflicción se alejarán. 
12 Yo, yo soy tu consolador. ¿Quién eres tú para temer a un mortal, 
     a un hombre que será como hierba? 
13 Olvidaste al Señor que te hizo, que desplegó el cielo y cimentó la tierra. 
     Y temías sin cesar, todo el día, la furia del opresor, cuando se disponía a destruir. 
     ¿Dónde ha quedado la furia del opresor? 
14 Se suelta a toda prisa el preso encorvado, no morirá en el calabozo ni le faltará el pan.
15 Yo, el Señor, tu Dios, agito el mar, y rugen sus olas: mi Nombre es Señor Todopoderoso. 
16 Puse en tu boca mi Palabra, te cubrí con la sombra de mi mano; extiendo el cielo, cimento la tierra, 
     y digo a Sión: Mi pueblo eres tú. 
17 ¡Despiértate, despiértate, levántate, Jerusalén!, que bebiste de la mano del Señor la copa de su ira, 
     y bebiste hasta el fondo una copa, un cáliz embriagador. 
18 Entre los hijos que engendró, no hay quien la guíe; entre los hijos que crió, 
     no hay quien la lleve de la mano:
19 esos dos males te han sucedido, ¿quién te compadece?; ruina y destrucción, hambre y espada, 
     ¿quién te consuela? 
20 Tus hijos yacen desfallecidos en las encrucijadas, como antílope en la red, 
     repletos de la ira del Señor, del reproche de tu Dios.
21 Por tanto, escúchalo, desgraciada; borracha y no de vino. 
22 Así dice el Señor, tu Dios, defensor de su pueblo: Mira, yo quito de tu mano la copa del vértigo, 
     no volverás a beber del cuenco de mi ira; 
23 lo pondré en la mano de tus verdugos, que te decían: Dobla el cuello, que pasemos encima; 
     y presentaste la espalda como suelo, como calle para los transeúntes.

lunes, 11 de julio de 2022

Isaías 44,1-8: Dios consuela a su pueblo

 Dios consuela a su pueblo

1 Y ahora escucha, Jacob, siervo mío; Israel, mi elegido: 
2 Así dice el Señor que te hizo, que te formó en el vientre y te auxilia: 
   No temas, siervo mío, Jacob, mi cariño, mi elegido; 
3 voy a derramar agua sobre el suelo sediento y torrentes en la tierra seca; 
   voy a derramar mi aliento sobre tu descendencia y mi bendición sobre tus retoños. 
4 Crecerán como hierba junto a la fuente, como sauces junto a las acequias. 
5 Uno dirá: Soy del Señor; otro se pondrá el nombre de Jacob; uno se tatuará en el brazo: 
   Del Señor, y se apellidará Israel.
6 Así dice el Señor, Rey de Israel, su redentor, el Señor Todopoderoso: 
   Yo soy el primero y yo soy el último; fuera de mí no hay dios. 
7 ¿Quién se parece a mí?, que hable, que lo explique y me lo exponga. 
   ¿Quién anunció de antemano el porvenir, quién nos predice lo que ha de suceder? 
8 No teman, no tiemblen: ¿no lo anuncié y lo predije por adelantado? Ustedes son testigos: 
   ¿Hay un dios fuera de mí? No existe roca que yo no conozca.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Mt 7,21-29: No podemos construir sobre apariencias, fingir que todo va bien, papa Francisco

Mateo 7,21-29

Sólo Jesús el fundamento seguro, las apariencias no ayudan, y esto se ve también en el confesionario, donde quien se reconoce pecador, débil y deseoso de salvación, demuestra que tienen una vida basada en la roca, porque cree que Jesús será su salvación.

El Papa puso un ejemplo muy conocido por los jesuitas y por los conocedores de la historia de España: la conversión en el siglo XVI de san Francisco de Borja ante el cadáver, ya maloliente, de la emperatriz Isabel a la que tanto había querido y a la que había prometido servir.

"Este ex caballero de la corte, ante el cuerpo ya deshecho de la emperatriz Isabel, tomó conciencia de la caducidad y de la vanidad de las cosas terrenales y eligió al Señor y llegó a ser santo", explicó el Papa. "Nunca más servir a señor que pueda morir", dice Francisco de Borja ante el cadáver de Isabel, como recoge la teleserie Carlos Rey Emperador

Jesús propone la roca firme

El texto bíblico del día era “el elogio de la solidez” (Mt 7, 21.24-27) en el que Jesús compara al hombre sabio con el necio. Uno pone al Señor como fundamento de su vida, construyendo su propia casa sobre la roca, mientras el otro no escucha la Palabra de Dios y vive de las apariencias, construyendo así su propia casa sobre un fundamento débil, como puede ser la arena.

¿Dónde está la roca y dónde está la arena? "La roca. Así es el Señor. Quien se encomienda al Señor siempre estará seguro, porque sus cimientos están en la roca. Es lo que Jesús dice en el Evangelio. Habla de un hombre sabio que construyó su casa sobre una roca, es decir, sobre la confianza en el Señor, sobre cosas serias. Y también esta confianza es un material noble, porque el fundamento de esta construcción de nuestra vida es seguro, es fuerte", exhortó.

Sabio es, por lo tanto, quien construye sobre la roca, a diferencia del necio –prosiguió explicando Francisco – que es aquel que elige la “arena que se mueve” y que es arrastrada por el viento y la lluvia. También es así en la vida cotidiana, en los edificios que se construyen sin buenos cimientos y luego se derrumban.

No basta con un retoque cosmético,
de maquillaje y apariencia


Nuestra vida también puede ser así, cuando mis cimientos no son fuertes. Llega la tempestad – y todos nosotros tenemos tempestades en nuestras vidas, todos, desde el Papa hasta el último, todos – y no somos capaces de resistir.

"Y muchos dicen: “No, yo cambiaré mi vida” y piensan que cambiar de vida es usar maquillaje. Cambiar de vida es ir a cambiar los fundamentos de la vida, es decir, poner la roca que es Jesús.

“Yo querría restaurar esta construcción, este edificio, porque es muy feo, muy feo y yo querría embellecerlo un poco y también asegurar los cimientos”. Pero si voy a maquillarme nuevamente, la cosa no va hacia adelante: caerá. Con las apariencias, la vida cristiana cae".

La oración a la que el Papa nos invita a cada uno de nosotros en este día de Adviento es pensar en el fundamento que damos a nuestra vida, ya sea la roca sólida o la arena vana, pidiendo al Señor la gracia de saber discernir.

jueves, 3 de marzo de 2016

Salmo 94: Himno de alabanza y denuncia profética

Salmo 94: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras."
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

— Comentario por Reflexiones Católicas  

Esta composición es una mezcla de dos tipos de salmo, Desde el principio hasta la mitad es un himno de alabanza; la segunda parte es una denuncia profética. El versículo 7 divide el salmo en dos partes: 1-7a; 7b-11.

En la primera (1-7a) tenemos los elementos típicos de un himno de alabanza: una invitación “venid”, «cantemos jubilosos», «aclamemos», «entremos», «vamos a aclamarlo», (1-2) y la exposición del motivo, introducida por la conjunción «porque» (3), que se desarrolla a continuación (4-5). Tenemos una nueva invitación (entrad, «postraos, «inclinaos») y un nuevo «porque... (7a).

El ambiente es festivo, tal vez estemos en medio de una procesión. Se habla de instrumentos musicales (2). En total, tenemos ocho verbos que expresan con fuerza la invitación a la alabanza y a la fiesta. El Señor es comparado con una roca (1b), símbolo de salvación, y con un pastor que guía al pueblo, su rebaño (7a).

El primero de los «porque...» presenta a Dios como Señor sobre todos los dioses (3) y como creador de todas las cosas (4-5) y, por tanto, dueño y Señor de todas ellas. Aquí el salmo salta de extremo a extremo: de las profundidades de la tierra a las cumbres de los montes (dimensión vertical), del mar a la tierra firme (dimensión horizontal).

El segundo de los «porque...», además de recordar la relación pastor-rebaño, nos recuerda la Alianza. De hecho, la afirmación «Él es nuestro Dios y nosotros somos su pueblo» refuerza la idea de que Dios y el pueblo se pertenecen mutuamente de forma exclusiva, como miembros de una misma alianza.

De repente, como si de un aguafiestas se tratara, alguien levanta la voz.

Comienza la segunda parte (7b-11), que tiene sabor a denuncia.

Es una advertencia que pretende impedir que se repitan los errores de los padres, de los antepasados. El salmista-profeta recuerda la rebeldía de la época del desierto, los episodios de Masá y Meribá (8), que nos describe Ex 17,1-7. A pesar de que habían visto las obras del Señor, los israelitas lo pusieron a prueba y lo tentaron (9).

En la concepción del salmista, una generación entera disgustó al Señor durante todo el tiempo que duró la travesía del desierto, una generación de corazón inconstante e infiel, incapaz de reconocer los caminos de Dios (10). Como resultado de lo cual (11), la totalidad de esta generación murió en el desierto, sin llegar a entrar en la Tierra Prometida.

Tanto los himnos de alabanza, como las denuncias proféticas suponen un contexto público: la presencia de un grupo de personas reunido para alabar y dar a gracias al Señor. Un individuo anima a los presentes a celebrar y festejar a Dios, pero, al mismo tiempo, expone su denuncia, lo que viene a mostrar que detrás de la fiesta existe una tensión.

La roca que nos salva

En primer lugar; se habla del Señor como de «la roca que nos salva». Podemos percibir aquí una tensión, sin mayores explicaciones. A continuación encontramos un conflicto religioso. Se admite que existen otros dioses (3), pero el Señor es soberano sobre todos ellos. Ciertamente, estos dioses son los dioses de los pueblos vecinos. No obstante, Dios es también su Señor.

La insistencia en el hecho de que la tierra pertenece al Señor es un síntoma de algo que puede estar sucediendo en el momento de composición de este salmo. De hecho, si la generación pasada no pudo entrar en la tierra a causa de su rebeldía con respecto a Dios, la generación presente corre el riesgo de perder la tierra por no escuchar en el momento presente la voz del Señor.

¿Perder la tierra en favor de quién, de los pueblos vecinos o de los terratenientes del país? 

El salmo no nos ofrece más información al respecto, pero sabemos que los profetas eran, casi siempre, gente relacionada con la causa de la tierra. Eran los portavoces de la gente que vivía en la tierra y de la tierra. El aviso que se hace, por tanto, incluye una amenaza: la de la pérdida de la tierra. No se sabe con exactitud cuándo surgió este salmo, pero la lucha por la adquisición y conservación de la tierra recorre todo el Antiguo Testamento.

Entrar en la Tierra Prometida o conservarla son cuestiones vinculadas a la Alianza entre el Señor y su pueblo. Entrar en la tierra era consecuencia de la fidelidad a la Alianza (algo que la generación del desierto no fue capaz de mantener); conservar la tierra era resultado de una Alianza mantenida a lo largo de las generaciones. Además de todo ello, como ya hemos visto, entre Dios y su pueblo hay un compromiso de pertenencia mutua: él es el Dios de los israelitas, y el pueblo es el pueblo de Dios (7a).

Pastor de su pueblo

La imagen del pastor (7a) es también importante a la hora de descubrir el rostro de Dios que nos presenta este salmo. La principal acción del «Dios pastor» consistió en guiar a su pueblo sacándolo de la esclavitud de Egipto y conduciéndolo a través del desierto, rumbo a la libertad y a la vida en la Tierra Prometida. La gran respuesta del pueblo será dejarse guiar por este «Dios pastor», obedeciendo a su voz (7b).

Jesús

Jesús se presentó como pastor (Jn 10), conocedor de la intimidad de cada persona (Jn 2,25). Por eso su voz profética denunció las injusticias y a quienes las ocasionaban (Mt 23). Denunció la existencia de una religión formalista, de apariencias (Mt 7,21) y, con un gesto profético, anunció el fin del templo y de su corrupción, a pesar de su aspecto de lugar sagrado.

Jesús denunció las mismas cosas que nuestro salmista-profeta. Al igual que los antepasados de tiempos del desierto, algunos grupos de la época de Jesús vieron sin que, por ello, llegaran a creer. Vieron las acciones de Juan Bautista y de Jesús, escucharon sus palabras, pero los rechazaron; los cobradores de impuestos y las prostitutas, en cambio, sí que creyeron. Esto es lo que podemos percibir al final de la parábola de los dos hijos (Mt 21,28-32), destinada a los líderes judíos de tiempos de Jesús (los jefes de los sacerdotes y los ancianos).

Para orar

Podemos rezar este salmo cuando queremos alabar y dar gracias al Señor, teniendo presentes sus acciones a nuestro favor; en tiempos de ídolos y de idolatría; cuando queremos aprender de los aciertos y los errores del pasado, para ser más felices; podemos rezarlo, también, para denunciar el formalismo y el ritualismo de la religión; cuando tenemos que denunciar las infidelidades para con los designios de Dios; en medio de las luchas por la posesión de la tierra o de aquello que nos permita vivir con dignidad...