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domingo, 4 de marzo de 2018

Ayuno y abstinencia, ¿sumisión o libertad?, por la Hermana Beatriz Liaño


Tanto en el cristianismo como el islam encontramos la práctica del ayuno. A simple vista podría parecer un lazo que nos une, pero cuando se estudian con un poco de profundidad las motivaciones con las que ayunan cristianos y musulmanes descubrimos asombrados que esta práctica, antes que acercarnos, nos aleja.

Quizás es bueno reflexionar sobre estas diferencias, precisamente para comprender el verdadero sentido de la mortificación cristiana.

El islam es una religión que desconoce el amor y el perdón. La actitud fundamental del musulmán es la sumisión, a la que se llega a través del temor. De ahí que el mismo ayuno es señal de sometimiento, de subordinación.

En cambio, el espíritu de mortificación cristiano está animado por una disposición bien distinta. Los cristianos somos y nos sabemos hijos de Dios. Para nosotros la mortificación es, en primer lugar, una forma de manifestar nuestro amor a Dios, que tanto «nos ha amado hasta dar su vida por nosotros». D

Dice San Agustín que «el amor o se da entre iguales o hace iguales». Cuando se contempla de verdad a Cristo Crucificado, cuando se le ama de verdad, se comprende el sentido y la necesidad de una voluntaria mortificación, de un camino de purificación que nos permita unirnos y asemejarnos a Él, acortar las distancias entre su santidad y nuestra pobreza. No es mi intención cuestionar al buen musulmán que ayuna con ese sentimiento de temor de Dios en su corazón. Pero es cierto lo que digo. Su ayuno es muy distinto del nuestro y no se pueden poner al mismo nivel.

El sentido cristiano de la mortificación va más allá todavía, pero para comprender ese «más allá» es necesario aceptar que nacemos con una herida llamada pecado original que provoca en nosotros un cierto desorden, una inclinación al mal, una debilidad frente a nuestras pasiones que se acrecienta en la medida en que crece nuestro pecado personal. Ante la realidad de esta herida provocada por el pecado, la mortificación es maestra de virtudes y libertadora frente a tantos vicios que nos hacen esclavos del pecado. Renunciamos a lo que es lícito para alcanzar la gracia de rechazar lo que no lo es.

En este sentido, si en el musulmán el ayuno es signo de sumisión, en el cristiano el ayuno es signo de libertad, porque el gran sufrimiento de nuestra alma es lo que San Pablo expresaba diciendo: «Veo el bien que quiero y hago el mal que no quiero». La mortificación nos enseña a escoger el bien, nos enseña el arte de poseernos a nosotros mismos para poder entregarnos a los demás. El genial dominico padre Garrigou- Lagrange decía: «¿Cómo podríamos ser dulces con quien es áspero con nosotros sin saber vencernos a nosotros mismos y poseer la propia alma?».

En concreto, lo que la Iglesia pide en cuanto al ayuno y la abstinencia se recoge en un breve canon, el número 1251 del Código de Derecho Canónico: «Todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo». La práctica tradicional en España es que no se come carne los viernes, pero ese sacrificio puede ser sustituido por una limosna o por otro sacrificio, salvo en Cuaresma, tiempo en el que no es sustituible por nada. Sobre el ayuno, el Código —redactado con el corazón materno de la Iglesia— no da normas precisas. Lo deja a la generosidad y capacidad de cada uno.

Hay que explicar que esta práctica de «no comer carne» los viernes, nació como una renuncia de los «ricos», porque los pobres no podían pagar la carne. Todavía en casa de Juan XXIII, cuando era niño, solo se comía carne en Navidad y en Pascua. La alimentación de los pobres era la polenta, el maíz en todas sus formas, verdura y fruta. Para ellos no comer carne no era un sacrificio, sencillamente porque no había otra opción.

Y, sin embargo, también los pobres deben hacer penitencia y renunciar voluntariamente y por amor de Dios a cosas que, de ordinario, son absolutamente lícitas. De hecho, puede haber una persona a la que le cueste más renunciar al café de media mañana que comer pescado un viernes. Si esa persona es generosa y le quiere ofrecer al Señor el sacrificio de no tomar ese café el viernes, el Señor lo bendecirá. Pero en Cuaresma, aunque haga el sacrificio de no tomar ese café, la Iglesia le recuerda que además debe cumplir la abstinencia de carne.

Pero, ¿por qué no se debe comer carne los viernes? Si es una ley de Iglesia, es decir, que no es un mandamiento de Dios, si se podría sustituir por otra cosa, si hay cosas que pueden costarnos más… La palabra de Dios nos ayuda a iluminar nuestras perplejidades: «¿Quiere el Señor holocaustos y sacrificios o quiere que se obedezca su voz? La obediencia vale más que el sacrificio; la docilidad, más que la grasa de carneros» (I Sam 15, 22). Al final, la decisión de aceptar este mandato de la Iglesia es una cuestión de obediencia y de amor. Es más, el verdadero sacrificio y la verdadera abstinencia es nuestra obediencia.

Hay otra razón: tampoco es despreciable la fuerza que da a nuestra oración y nuestro ofrecimiento la comunidad, el que este sacrificio de no comer carne y de ayunar lo hacemos toda la Iglesia al unísono. El Señor dijo: «Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18, 20). Y si además estos dos o tres se unen para hacer un sacrificio en su nombre, cuántas gracias derramará el Señor, cuántas bendiciones hará llover sobre la faz de la tierra.

Hoy en día tantos ayunan por guardar la línea, por cuidar la salud… Algunos no comen carne nunca, y no pasa nada. Solo si ayunamos por amor a Dios, o dejamos de comer carne un viernes por amor de Dios estamos haciendo una locura o una tontería. Seguramente el problema es una grave falta de fe, de verdadera experiencia de Dios. No amamos bastante para comprender el valor del sacrificio.

lunes, 18 de agosto de 2014

¿Qué significa realmente la letra ن-N para el Islam y los musulmanes?, por Raad Salam Naaman




ن-N es la letra con el que los seguidores del califato del Estado Islámico en Irak están marcando las fachadas de las casas y lugares de culto de los cristianos, además de una advertencia en negro dice “Propiedad del Estado Islámico”.

Es la vigésima quinta letra del alfabeto árabe, quiere decir Nasrani-Nazareno, el término despreciativo con la que se designa a los cristianos en el Corán desde el comienzo del Islam en el siglo VII. Es el símbolo del nuevo genocidio cristiano en Irak del siglo XXI.

En mi país natal Irak, desde siempre, los cristianos hemos vivido, la persecución y la desigualdad religiosa entre musulmanes y cristianos, a favor de los musulmanes, no solo en estos últimos años. Desde muy joven, tanto en el colegio como en la calle, tanto mis profesores como mis colegas y vecinos, nos reprochaban o nos llamaban, cristianos, nazareos, sucios e infieles. Nos decían vuestro fin será el infierno si no os convertís al Islam. Todavía recuerdo, yo era un niño, cuando mi padre, que en paz descansa, construía nuestra casa y nuestros vecinos musulmanes le decían: “Hazla bien, porque tarde o temprano, tu casa será nuestra cuando os echamos del país”.

En el plano formal y popular, tanto el Islam como los musulmanes tradicionales siguen utilizado a menudo la categoría de “creyentes” o “fiel” para los musulmanes y utilizan la palabra kafir o “infiel” para los no musulmanes, los seguidores de otras religiones, especialmente cristianos y judíos, donde se llaman kufar, infieles.

Siempre han existido quienes han hablado de la necesidad de la unidad de los musulmanes, y en cierto sentido esa unidad ha existido siempre, a pesar de la diversidad que se da en muchos niveles. Dentro del Islam los chiíes y los suníes, están enfrentados entre si y no están de acuerdo en muchas cosas, pero los dos tienen en común el odio y la persecución a los cristianos.

En el Islam, la palabra “Kafir”, es un término árabe utilizado por el Islam en sentido doctrinal y traducido como infiel o no creyente. El Corán utiliza el término kafir con varios significados de cualidades negativas de una persona, todas las cuales ayudan a precisar su definición y se refiere a una persona que niega a Allah y al Profeta islámico Muhammad, ya que, para el musulmán, el Islam es una forma de vida y quien vive en contra de la ley coránica, es considerado Kafir o infiel.

La raíz KFR tiene 482 derivados en el Corán, lo que muestra la importancia del concepto del significado, se utiliza directamente 134 veces en el Corán, y sus conjugaciones y derivados verbales se utilizan alrededor de 250 veces. En la estructura del pensamiento islámico y coránico más fundamental, kufr significa “ingratitud”.

El Islam, ordena implícitamente que en condiciones de ser débiles, por la superioridad de los infieles se adopte una táctica, de parecer amistad, de simularla, para fines de sobrevivencia. En la Shari’a (la Ley religiosa musulmana) leemos en el tratado de Abu Darda’, uno de los compañeros y el primer biógrafo del Profeta del Islam Muhammad: “Muhammad dijo: Sonreímos nuestras caras a algunos no-musulmanes, aunque nuestros corazones los maldicen, es la orden de Allah mandada a través del Profeta”. Se refiere que, los musulmanes se les permite mostrar simpatía amistosa externamente (a los no creyentes; judíos y cristianos), pero nunca internamente. El erudito musulmán Ibn Kathir afirma que “A los creyentes se les permite mostrar el resultado de la amistad hacia el exterior, pero por dentro no”.

Según el Islam y los musulmanes, la salvación para los Infieles es la conversión. El Corán prohíbe que los fieles del Islam sean amigos, aunque pueden simular que son amigos, como muestra el Corán en (Sura 3:28) “¡Que no tomen los creyentes como amigos a los infieles en lugar de tomar a los creyentes -quien obre así no tendrá ninguna participación en Alá-, a menos que tengáis algo que temer de ellos. Alá os advierte que tengáis cuidado con Él. Alá es el fin de todo!”.

Kafir no cambia su significado a lo largo del Corán, sino que se acumula su significado a través del tiempo, debido a que el término representa una amplia gama de comportamientos utilizados para describir a los opositores de Muhammad. En los últimos aleyas del Corán, el término kafir comienza a utilizarse para referirse a las personas que tienen que ser atacadas por los Mu’minin, creyentes musulmanes.

El Corán y otros textos islámicos son muy claros al enseñar que no hay igualdad entre los musulmanes y los no musulmanes (judíos y cristianos- kafir), y por lo tanto no hay base para una relación de iguales. Allah a través de su profeta Muhammad describe a los incrédulos como “transgresores pervertidos”, la “peor de las criaturas”, “no amado por Allah”, y destinados a la tortura eterna en el infierno. Por lo tanto, en la interpretación más literal del Corán no tiene sentido en hacerse amigo de “criaturas” de tal inferioridad.

Para hacer frente a los no musulmanes, la regla general se menciona en el Corán en (Sura 3:110) “Sois la mejor comunidad humana que jamás se haya suscitado: ordenáis lo que está bien, prohibís lo que está mal y creéis en Dios. Si la gente de la Escritura creyera, les iría mejor. Hay entre ellos Creyentes, pero la mayoría son perversos”. (Sura 4:144) “¡Creyentes! No toméis a los infieles como amigos, en lugar de tomar a los creyentes. ¿Queréis dar a Dios un argumento manifiesto en contra vuestra?”. (Sura 5:51) “¡Creyentes! ¡No toméis como amigos a los judíos y a los cristianos! Son amigos unos de otros. Quien de vosotros trabe amistad con ellos, se hace uno de ellos. Dios no guía al pueblo impío”.

El Corán llega al extremo de llamar a la guerra a muerte a los infieles (judíos y cristianos) por el simple hecho de nuestras creencias en (Sura 9:29) “Hacedle la guerra a matar (qatilu) a los que no creen en Alá ni en el día del juicio, a los que no consideran prohibido lo que Alá y su profeta han prohibido y a aquellos hombres de las Escrituras (judíos y cristianos) que no profesan la creencia de la verdad (Islam). Hacedles la guerra hasta que paguen el impuesto religioso (Yizia), a todos sin excepción, hasta que estén humillados”.

En Sahih Al Bujari, Bab Al- Iman, Hadiz N. 25, habla del Yihad: “Muhammad dijo: Allah me ordenó a luchar contra todos aquellos, que no manifiestan la declaración de la Fe musulmana “No hay más dioses que Allah, y Muhammad su mensajero”, deben de rezar, dan la limosna y ayunan el mes de Ramadán. Si hacen todo eso están salvos, si no lo hacen tienen la muerte segura, nuestras espadas están afiladas para cortar sus cuellos”. Este Hadiz o dicho de Muhammad, tiene mucha importancia en el Islam y para los musulmanes, a pesar de su contenido violento. Por eso, esta repetido siete veces en Sahih Al Bujari, seis veces en Sahih Muslim, cuatro veces en en Sunan Abu Dawd, cinco veces en Sunan Al Talme y y veinte dos veces en Sunan Al Nisa`y.

Este Hadiz o dicho de Muhammad confirme lo que dice el Corán en (Sura 9:5) “Cuando hayan transcurrido los meses sagrados, matad a los asociadores dondequiera que les encontréis. ¡Capturadles! ¡Sitiadles! ¡Tendedles emboscadas por todas partes! Pero si se arrepienten, hacen la azalá y dan el azaque, entonces ¡dejadles en paz! Alá es indulgente, misericordioso”.

La Yihad es una orden que emana de Allah, y que la transmitió Muhammad a sus seguidores para siempre. Es un imperativo universal y para todos los tiempos según el Islam. (Sura 9:123) “¡Creyentes! ¡Combatid contra los infieles que tengáis cerca! Que os encuentren duros! ¡Sabed que Alá está con los que Le temen!”.

El combate, la Yihad, tiene que durar hasta que la humanidad se someta al Islam. En Sahih Al Bujari leemos “Muhammad dijo, Allah me ha ordenado combatir a la gente hasta que digan: Nadie tiene el derecho a ser adorado sino Allah”.

Según el Islam y los musulmanes, en la guerra contra los infieles –“kufar”– es legítimo matar sacerdotes, monjes, mercenarios que los infieles hayan tomado a su servicio, las esposas de los infieles y los niños deben ser sometidos a la esclavitud y las posesiones de los infieles deben ser confiscadas. Está permitido sitiar los infieles en su propio lugar, pueblo y en sus fortalezas y emplear fuego en contra de ellos y atacarlos desarmados. Eso lo que están haciendo los musulmanes en Siria, Egipto, Irak y otros países “árabes musulmanes”

Son instrucciones de Muhammad a sus hombres antes de una incursión militar. Esta diferencia ente el kafir (cristiano) y el musulmán, y el derecho de este último de asediarles, matarles y esclavizarles se ha saldado con millones de víctimas. Esto proporciona la justificación de los atentados terroristas islámicos, a lo largo de la historia del Islam desde su comienzo en el siglo VII hasta hoy día, han sido enormes.

La historia registra la masacre de los judíos en la Península árabe (Al Medina), entre los años 624 y 627. Cuando Muhammad todavía en vida, ordenó y participó en la decapitación de más de 2500 hombres de las tribus judías Banu Quraida, Mustaliq y Jaybar, además de las mujeres judías que fueron capturadas como esclavas sexuales.

En el año 1011, cerca de 2000 judíos fueron asesinados en Córdoba, España a manos de los yihadistas musulmanes en aquel tiempo.

En el año 1033, más de 6000 judíos fueron matados en Fez, Marruecos a manos de los musulmanes.

En diciembre del año 1066, 4000 judíos fueron masacrados en un día, en Córdoba, España a manos de los musulmanes.

En Abril del año 1182; 60000 cristianos fueron liquidados en Constantinopla y sus mujeres vendidas como esclavas, a manos de los musulmanes.

En septiembre del año 1597, la masacre de Chipre; entre 30000 y 50000 cristianos habitantes de Nicosia fueron asesinados y sus mujeres esclavizadas, a manos de los musulmanes.

Entre los años 1784 y 1799, más de 80000 personas cristianas fueron asesinadas por órdenes del sultán musulmán Tippu en Bangalore, en India.

En marzo de 1822, 120000 personas fueron asesinadas por musulmanes en la isla de Quíos en Grecia.

En 1876, 3000 cristianos fueron masacrados en Batak, Bulgaria, a manos de los otomanos musulmanes.

En 1847; 30000 cristianos fueron matados y sus mujeres e hijos esclavizados en la ciudad de Badr Khan a manos de los otomanos musulmanes.

Entre los años 1894 y 1896, 300000 cristianos fueron exterminados en el imperio Otomano musulmán.

En 1909 30000 cristianos armenios y 1500 asirios fueron ejecutados en Adana, Turquía a manos de los musulmanes otomanos.

Entre los años 1915 y 1923, alrededor de 2 millones de cristianos armenios fueron liquidados en Turquía, en el conocido genocidio armenio a manos de los musulmanes turcos.

Entre los años 1914 y 1920, 500000 cristianos asirios caldeos fueron exterminados en Turquía y en el norte de Irak y Siria a manos de los jóvenes musulmanes.

Entre los años 1914 y 1924, casi un millón de cristianos ortodoxos griegos fueron asesinados en Turquía.

En el año 1933, 3000 cristianos asirios caldeos fueron matados en el Norte de Irak, a manos de los musulmanes turcos. Si sigo contando, no termino… Si comparamos estas cifras con la inquisición española, los islamistas asesinan en un año la misma cantidad de personas que la inquisición en 350 años, en un día equiparan los asesinatos que el Ku Klux Klan cometió en 50 años, y en dos horas, las personas asesinadas en el conflicto de Irlanda del Norte.

Lo que esta pasando en mi país natal Irak y en mi ciudad de origen Mosul, contra mi comunidad cristiana, en estos últimos años es un genocidio de todo regla, es un cremen y una pagina negra más en la historia del Islam y los musulmanes. Miles de hombres asesinados, familias desbaratadas, mujeres violadas, niños esclavizados, casas asaltadas, negocios prendidas, iglesias de los primeros siglos atacadas e incendiadas.

La verdad, que los cristianos en Irak, están pasando muy mal, no quedan muchos cristianos en Irak, los pocos que quedan están pidiendo auxilio porque no saben que futuro les espera.

Egoístamente no quiero que mis hermanos cristianos de Irak, salgan del país, porque no quiero perder mis raíces, nuestra historia que tiene más de 2000 años. Tampoco puedo decirlos eso directamente, porque yo vivo aquí en España más o menos seguro, pero quien está sufriendo realmente son ellos.

Señor mío, la situación en mi país es grave y el sufrimiento de mi pueblo cristiano, es intenso. Por ello, Señor mío, concédenos paciencia y valor en nuestras vidas para continuar con nuestros valores cristianos. Señor mío, danos la paz y la estabilidad, para vivir sin miedo, ni ansiedad, con dignidad y alegría.

Raad Salam Naaman
Cristiano católico caldeo de origen iraquí
Fuente: religiondigital.com