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sábado, 8 de abril de 2023

Juan 20,1-9: ¡Ha resucitado!, por Raniero Cantalamessa


Hay hombres -lo vemos en el fenómeno de los terroristas suicidas- que mueren por una causa equivocada o incluso inicua, considerando sin razón que es buena. Por sí misma, la muerte de Cristo no testimonia la verdad de su causa, sino sólo el hecho de que Él creía en la verdad de ella.

La muerte de Cristo es testimonio supremo de su caridad , pero no de su verdad. Ésta es testimoniada adecuadamente sólo por la resurrección. «La fe de los cristianos -dice san Agustín- es la resurrección de Cristo. No es gran cosa creer que Jesús ha muerto; esto lo creen también los paganos; todos lo creen. Lo verdaderamente grande es creer que ha resucitado».

Ateniéndonos al objetivo que nos ha guiado hasta aquí, estamos obligados a dejar de lado, de momento, la fe, para atenernos a la historia. Desearíamos buscar respuesta al interrogante: ¿podemos o no definir la resurrección de Cristo como un evento histórico, en el sentido común del término, esto es, «realmente ocurrido»?

Lo que se ofrece a la consideración del historiador y le permite hablar de la resurrección son dos hechos: primero, la imprevista e inexplicable fe de los discípulos, una fe tan tenaz como para resistir hasta la prueba del martirio; segundo, la explicación que, de tal fe, nos han dejado los interesados, esto es, los discípulos. En el momento decisivo, cuando Jesús fue prendido y ajusticiado, los discípulos no alimentaban esperanza alguna de una resurrección. Huyeron y dieron por acabado el caso de Jesús.

Entonces tuvo que intervenir algo que en poco tiempo no sólo provocó el cambio radical de su estado de ánimo, sino que les llevó también a una actividad del todo nueva y a la fundación de la Iglesia. Este «algo» es el núcleo histórico de la fe de Pascua.

— El testimonio más antiguo de la resurrección es de Pablo: 

El testimonio más antiguo de la resurrección es el de Pablo, y dice así: «Os he transmitido, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; que fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras; que se apareció a Pedro y luego a los Doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los que la mayor parte viven todavía, si bien algunos han muerto. Luego se apareció a Santiago, y más tarde a todos los apóstoles. Y después de todos se me apareció a mí, como si de un hijo nacido a destiempo se tratara» (1 Corintios 15,3-8).

La fecha en la que se escribieron estas palabras es el 56 o 57 d.C. El núcleo central del texto, sin embargo, está constituido por un credo anterior que san Pablo dice haber recibido él mismo de otros. Teniendo en cuenta que Pablo conoció tales fórmulas inmediatamente después de su conversión, podemos situarlas en torno al año 35 d.C., eso es, unos cinco o seis años después de la muerte de Cristo. Testimonio, por lo tanto, de raro valor histórico.

— El sepulcro vacío y las apariciones del Resucitado

Los relatos de los evangelistas se escribieron algunas décadas más tarde y reflejan una fase ulterior de la reflexión de la Iglesia. El núcleo central del testimonio, sin embargo, permanece intacto: el Señor ha resucitado y se ha aparecido vivo. A ello se añade un elemento nuevo, tal vez determinado por preocupación apologética y por ello de menor valor histórico: la insistencia sobre el hecho del sepulcro vacío. Para los Evangelios el hecho decisivo siguen siendo las apariciones del Resucitado.

Las apariciones, además, testimonian también la nueva dimensión del Resucitado, su modo de ser «según el Espíritu», que es nuevo y diferente respecto al modo de existir anterior, «según la carne». Él, por ejemplo, puede ser reconocido no por cualquiera que le vea, sino sólo por aquél a quien Él mismo se dé a conocer. Su corporeidad es diferente de la de antes. Está libre de las leyes físicas: entra y sale con las puertas cerradas; aparece y desaparece.

— Ni las “visiones” les convencen al principio

Una explicación diferente de la resurrección, aquella que presentó Rudolf Bultmann, todavía la proponen algunos, y es que se trató de visiones psicógenas, esto es, de fenómenos subjetivos del tipo de las alucinaciones. Pero esto, si fuera verdad, constituiría al final un milagro no inferior que el que se quiere evitar admitir. Supone de hecho que personas distintas, en situaciones y lugares diferentes, tuvieron todas la misma impresión o alucinación.

Los discípulos no pudieron engañarse: eran gente concreta, pescadores, lo contrario de personas dadas a las visiones. En un primer momento no creen; Jesús debe casi vencer su resistencia: «¡Tardos de corazón en creer!». Tampoco pudieron querer engañar a los demás. Todos sus intereses se oponían a ello; habrían sido los primeros en sentirse engañados por Jesús. Si Él no hubiera resucitado, ¿para qué afrontar las persecuciones y la muerte por Él? ¿Qué provecho material podían sacar?

Negado el carácter histórico, esto es, el carácter objetivo y no sólo el subjetivo, de la resurrección, el nacimiento de la Iglesia y de la fe se convierte en un misterio más inexplicable que la resurrección misma. Se ha observado justamente: «La idea de que el imponente edificio de la historia del cristianismo sea como una enorme pirámide puesta en vilo sobre un hecho insignificante es ciertamente menos creíble que la afirmación de que todo el evento –o sea, el dato de hecho más el significado inherente a él- realmente haya ocupado un lugar en la historia comparable al que le atribuye el Nuevo Testamento».

— ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?

¿Cuál es entonces el punto de llegada de la investigación histórica a propósito de la resurrección? Podemos percibirlo en las palabras de los discípulos de Emaús: algunos discípulos, la mañana de Pascua, fueron al sepulcro de Jesús y encontraron que las cosas estaban como habían referido las mujeres, quienes habían acudido antes que ellos, «pero a Él no le vieron». También la historia se acerca al sepulcro de Jesús y debe constatar que las cosas están como los testigos dijeron. Pero a Él, al resucitado, no lo ve. No basta constatar históricamente, es necesario ver al Resucitado, y esto no lo puede dar la historia, sino sólo la fe.

El ángel que se apareció a las mujeres, la mañana de Pascua, les dijo: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?» (Lucas 24,5). Os confieso que al término de estas reflexiones siento este reproche como si se dirigiera también a mí. Como si el ángel me dijera: «¿Por qué te empeñas a buscar entre los muertos argumentos humanos de la historia, al que está vivo y actúa en la Iglesia y en el mundo? Ve mejor y di a tus hermanos que Él ha resucitado».

Si de mí dependiera, querría hacer sólo eso. Hace treinta años que dejé la enseñanza de la Historia de los Orígenes Cristianos para dedicarme al anuncio del Reino de Dios, pero en estos últimos tiempos, ante las negaciones radicales e infundadas de la verdad de los Evangelios, me he sentido obligado a volver a tomar las herramientas de trabajo. De aquí la decisión de emplear estos comentarios a los evangelios dominicales para contrarrestar una tendencia frecuentemente sugerida por intereses comerciales, y para dar a quien tal vez los lea la posibilidad de formarse una opinión sobre Jesús menos influenciada por el clamor publicitario.

viernes, 29 de julio de 2022

Romanos 3,9-20: La universalidad del pecado

Romanos 3,9-20:
La universalidad del pecado

9 En definitiva, entonces, ¿somos o no superiores a los paganos? De ninguna manera.
10 Porque acabamos de probar que todos están sometidos al pecado, tanto los judíos 
     como los que no lo son. Así lo afirma la Escritura: No hay ningún justo, ni siquiera uno;
11 no hay nadie que comprenda, nadie que busque a Dios.
12 Todos están extraviados, igualmente corrompidos; nadie practica el bien, ni siquiera uno solo.
13 Su garganta es un sepulcro abierto; engañan con su lengua, 
     sus labios destilan veneno de víboras, 
14 su boca está llena de maldición y amargura. 
15 Sus pies son rápidos para derramar sangre, 
16 en sus caminos hay ruina y miseria,
17 no conocen la senda de la paz. 
18 El temor de Dios no está ante sus ojos. 
19 Ahora bien, nosotros sabemos que todo lo que dice la Ley es válido solamente 
     para los que están bajo la Ley, a fin de que nadie pueda alegar inocencia 
     y todo el mundo sea reconocido culpable delante de Dios.
20 Porque a los ojos de Dios, nadie será justificado por las obras de la Ley, 
     ya que la Ley se limita a hacernos conocer el pecado.

martes, 7 de diciembre de 2021

Isaías 22,15-25: Contra el mayordomo de palacio

Isaías 22,15-25:
Contra el mayordomo de palacio

15 Así dice el Señor Todopoderoso: Anda, ve a ese mayordomo de palacio, a Sobná, 
16b que se labra en lo alto un sepulcro y se excava en la piedra un mausoleo: 
16a ¿Qué tienes aquí, a quién tienes aquí, que te labras aquí un sepulcro? 
17 Mira, el Señor te arrojará con violencia: te aferrará con fuerza 
18 y te hará dar vueltas y vueltas como un aro sobre la llanura dilatada. 
     Allí morirás, allí pararán tus carrozas de gala, vergüenza de la corte de tu señor.

Nuevo mayordomo

19 Te echaré de tu pueblo, te destituiré de tu cargo. 
20 Aquel día llamaré a mi siervo Eliacín, hijo de Jelcías: 
21 le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes; 
     será un gobernante para los habitantes de Jerusalén y para el pueblo de Judá.
22 Le pondré en el hombro la llave del palacio de David: 
     lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá. 
23 Lo hincaré como un clavo en sitio firme, dará un trono glorioso a su familia; 
24 colgarán de él los nobles de su familia, vástagos y descendientes, toda la vajilla menor, 
     de bandejas a cántaros.
25 Aquel día –oráculo del Señor Todopoderoso– cederá el clavo hincado en sitio firme, 
     y la carga que colgaba de él se soltará, caerá y se romperá –lo ha dicho el Señor–.

viernes, 3 de diciembre de 2021

Isaías 14,5-23: Sátira contra el rey de Babilonia

Isaías 14,5-23:
Sátira contra el rey de Babilonia


   ¡Cómo ha acabado el tirano, ha cesado su agitación! 
5 Ha quebrado el Señor el cetro de los malvados, la vara de los dominadores, 
6 al que golpeaba furioso a los pueblos con golpes incesantes y oprimía con furia 
   a las naciones con opresión implacable. 
7 La tierra entera descansa tranquila, gritando de júbilo. 
8 Hasta los cipreses se alegran de tu suerte y los cedros del Líbano: 
   Desde que yaces tendido, ya no sube el talador contra nosotros. 
9 El abismo en lo hondo se estremece por ti, al salir a tu encuentro: en tu honor despierta a las sombras, 
   a todos los potentados de la tierra y levanta de su trono a todos los reyes de las naciones, 
10 y te cantan a coro diciendo: ¡También tú consumido como nosotros, igual que nosotros, 
11 tu majestad ha sido precipitada al abismo junto con el sonido de tus arpas! 
     La cama en que yaces son gusanos; tu manta, lombrices. 
12 ¿Cómo has caído del cielo, lucero de la aurora, y estás derrumbado por tierra, agresor de naciones? 
13 Tú, que te decías: Escalaré los cielos, encima de los astros divinos levantaré mi trono y me sentaré 
     en el Monte de la Asamblea, en el vértice de la montaña celeste; 
14 escalaré la cumbre de las nubes, me igualaré al Altísimo. 
15 ¡Ay, abatido al abismo, a las profundidades de la fosa!
16 Los que te ven se te quedan mirando, meditan tu suerte: ¿Es éste el que hacía temblar la tierra 
     y estremecerse los reinos, 
17 el que dejaba el mundo desierto, arrasaba sus ciudades y no soltaba a sus prisioneros? 
18 Todos los reyes de las naciones descienden a sepulcros de piedra, todos reposan con gloria, 
     cada cual en su mausoleo; 
19 a ti, en cambio, te han arrojado sin darte sepultura, como carroña asquerosa; 
     te han cubierto de muertos traspasados a espada, como a cadáver pisoteado. 
20 No te juntarás a ellos en el sepulcro porque arruinaste tu país, asesinaste a tu pueblo; 
     se extinguirá para siempre el apellido del malvado. 
21 Preparen la matanza de sus hijos, por la culpa de sus padres, no sea que se levanten 
     y se adueñen de la tierra y cubran el mundo de ruinas. 
22 Yo me levantaré contra ellos –oráculo del Señor Todopoderoso– y extirparé de Babilonia posteridad 
     y apellido, retoño y vástago –oráculo del Señor–; 
23 la convertiré en posesión de erizos, en agua estancada, la barreré bien barrida, 
     hasta que desaparezca –oráculo del Señor Todopoderoso–.

martes, 14 de agosto de 2018

Juan 19,38-42: La sepultura de Jesús

La sepultura de Jesús
Cf. Mt 27,57-66; Mc 15,42-47; Lc 23,50-56  

19:38 Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús —pero secretamente, por temor a los judíos— pidió autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se la concedió, y él fue a retirarlo.
19:39 Fue también Nicodemo, el mismo que anteriormente había ido a verlo de noche, y trajo una mezcla de mirra y áloe, que pesaba unos treinta kilos.
19:40 Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas, agregándole la mezcla de perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos.
19:41 En el lugar donde lo crucificaron había una huerta y en ella, una tumba nueva, en la que todavía nadie había sido sepultado.
19:42 Como era para los judíos el día de la Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Lucas 23,50: La sepultura de Jesús

La sepultura de Jesús
Cf. Mt 27,57-66; Mc 15,42-47; Jn 19,38-42 

23:50 Llegó entonces un miembro del Consejo, llamado José, hombre recto y justo,
23:51 que había disentido con las decisiones y actitudes de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios.
23:52 Fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús.
23:53 Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro cavado en la roca, donde nadie había sido sepultado.
23:54 Era el día de la Preparación, y ya comenzaba el sábado.
23:55 Las mujeres que habían venido de Galilea con Jesús siguieron a José, observaron el sepulcro y vieron cómo había sido sepultado.
23:56 Después regresaron y prepararon los bálsamos y perfumes, pero el sábado observaron el descanso que prescribía la Ley.

lunes, 13 de agosto de 2018

Mc 15,42-47: La sepultura de Jesús

La sepultura de Jesús
Mt 27,57-66; Lc 23,50-56; Jn 19,38-42

15:42 Era día de Preparación, es decir, víspera de sábado. Por eso, al atardecer,
15:43 José de Arimatea —miembro notable del Sanedrín, que también esperaba el Reino de Dios— tuvo la audacia de presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús.
15:44 Pilato se asombró de que ya hubiera muerto; hizo llamar al centurión y le preguntó si hacía mucho que había muerto.
15:45 Informado por el centurión, entregó el cadáver a José.
15:46 Este compró una sábana, bajó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en ella y lo depositó en un sepulcro cavado en la roca. Después, hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.
15:47 María Magdalena y María, la madre de José, miraban dónde lo habían puesto.

Mateo 27,57-66: La sepultura de Jesús

La sepultura de Jesús
Cf. Mc 15,42-47; Lucas 23,50-56; Jn 19,38-42

27:57 Al atardecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús,
27:58 y fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato ordenó que se lo entregaran.
27:59 Entonces José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia
27:60 y lo depositó en un sepulcro nuevo que se había hecho cavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, y se fue.
27:61 María Magdalena y la otra María estaban sentadas frente al sepulcro.
27:62 A la mañana siguiente, es decir, después del día de la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron y se presentaron ante Pilato,
27:63 diciéndole: "Señor, nosotros nos hemos acordado de que ese impostor, cuando aún vivía, dijo: "A los tres días resucitaré".
27:64 Ordena que el sepulcro sea custodiado hasta el tercer día, no sea que sus discípulos roben el cuerpo y luego digan al pueblo: "¡Ha resucitado!" Este último engaño sería peor que el primero".
27:65 Pilato les respondió: "Ahí tienen la guardia, vayan y aseguren la vigilancia como lo crean conveniente".
27:66 Ellos fueron y aseguraron la vigilancia del sepulcro, sellando la piedra y dejando allí la guardia.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Mateo 28,1-9: El anuncio de la resurrección

Mateo 28,1-9
(Cf. Mc 16,1-8; Lc 24,1-12; Jn 20,1-18)

28:1 Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro.
28:2 De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella.
28:3 Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve.
28:4 Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos.
28:5 El Ángel dijo a las mujeres: "No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado.
28:6 No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba,
28:7 y vayan en seguida a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán". Esto es lo que tenía que decirles".
28:8 Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y corrieron a dar la noticia a los discípulos.

domingo, 13 de agosto de 2017

Génesis 50,1-21: Temor de los hermanos de José

Génesis 50,1-21

50:1 José cayó sobre el rostro de su padre, lloró sobre él y lo besó.
50:2 Luego encargó José a sus servidores médicos que embalsamaran a su padre, y los médicos embalsamaron a Israel.
50:3 Emplearon en ellos cuarenta días, porque este es el tiempo que se emplea con los embalsamados. Y los egipcios le lloraron durante setenta días.
50:4 Transcurridos los días de luto por él, habló José a la casa de Faraón en estos términos: "Si he hallado gracia a vuestros ojos, por favor, haced llegar a oídos de Faraón esta palabra:
50:5 Mi padre me tomó juramento diciendo: "Yo me muero. En el sepulcro que yo me labré en el país de Canaán, allí me has de sepultar." Ahora, pues, permíteme que suba a sepultar a mi padre, y luego volveré."
50:6 Dijo Faraón: "Sube y sepulta a tu padre como él te hizo jurar."
50:7 Subió José a enterrar a su padre, y con él subieron todos los servidores de Faraón, los más viejos de palacio, y todos los ancianos de Egipto,
50:8 así como toda la familia de José, sus hermanos y la familia de su padre. Tan sólo a sus pequeñuelos, sus rebaños y vacadas, dejaron en el país de Gosen.
50:9 Subieron con él además carros y aurigas: un cortejo muy considerable.
50:10 Llegados a Goren Haatad, que está allende el Jordán, hicieron allí un duelo muy grande y solemne, y José lloró a su padre durante siete días.
50:11 Los cananeos, habitantes del país, vieron el duelo en Goren Haatad y dijeron: "Duelo de importancia es ése de los egipcios." Por eso se llamó el lugar Abel Misráyim, que está allende el Jordán.
50:12 Sus hijos, pues, hicieron por él como él se lo había mandado;
50:13 le llevaron sus hijos al país de Canaán, y le sepultaron en la cueva del campo de la Makpelá, el campo que había comprado Abraham en propiedad sepulcral a Efrón el hitita, enfrente de Mambré.
50:14 Regresó José a Egipto con sus hermanos, y todos cuantos habían subido con él a sepultar a su padre.
50:15 Vieron los hermanos de José que había muerto su padre y dijeron: "A ver si José nos guarda rencor y nos devuelve todo el daño que le hicimos."
50:16 Por eso mandaron a José este recado: "Tu padre encargó antes de su muerte:
50:17 "Así diréis a José: Por favor, perdona el crimen de tus hermanos y su pecado." Cierto que te hicieron daño, pero ahora tú perdona el crimen de los siervos del Dios de tu padre." Y José lloró mientras le hablaban.
50:18 Fueron entonces sus hermanos personalmente y cayendo delante de él dijeron: "Henos aquí, esclavos tuyos somos."
50:19 Replicóles José: "No temáis, ¿estoy yo acaso en vez de Dios?
50:20 Aunque vosotros pensasteis hacerme daño, Dios lo pensó para bien, para hacer sobrevivir, como hoy ocurre, a un pueblo numeroso.
50:21 Así que no temáis; yo os mantendré a vosotros y a vuestros pequeñuelos." Y les consoló y les habló con afecto. 

Génesis 49,29-33: Muerte y funerales de Jacob

Génesis 49,29-33  

49:29 Luego les dio este encargo: "Yo voy a reunirme con los míos. Sepultadme junto a mis padres en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita,
49:30 en la cueva que está en el campo de la Makpelá, enfrente de Mambré, en el país de Canaán, el campo que compró Abraham a Efrón el hitita, como propiedad sepulcral:
49:31 allí sepultaron a Abraham y a su mujer Sara; allí sepultaron a Isaac y a su mujer Rebeca, y allí sepulté yo a Lía.
49:32 Dicho campo y la cueva que en él hay fueron adquiridos de los hititas."
49:33 Y en habiendo acabado Jacob de hacer encargos a sus hijos, recogió sus piernas en el lecho, expiró y se reunió con los suyos.

jueves, 15 de septiembre de 2016

1 Corintios 15,1-11: El Evangelio de Pablo

1 Corintios 15,1-11
Domingo de la 5 Semana del Tiempo Ordinario, ciclo C
3 de mayo: Fiesta de San Felipe y Santiago (1 Cor 15,1-8)
15 de septiembre: Ntra. Sra. de los Dolores

Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe. Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los me apareció también a mí. Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

SOBRE EL MISMO TEMA:
En preparación  

lunes, 28 de marzo de 2016

Juan 20,1-10: El sepulcro vacío

Juan 20,1-9
Domingo de Pascua de Resurrección

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos. Los discípulos regresaron entonces a su casa.

SOBRE EL MISMO TEMA:
¡Ha resucitado!  

sábado, 26 de marzo de 2016

Lucas 24,1-12: Anuncio de la resurrección

Lucas 24,1-12
Vigilia Pascual, ciclo C

El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes. Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: «¿Porqué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba en Galilea: "Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día"» Y las mujeres recordaron sus palabras. Cuando regresaron del sepulcro, refirieron esto a los Once y a todos los demás. Eran María Magdalena, Juana y María, la madre de Santiago, y las demás mujeres que las acompañaban. Ellas contaron todo a los Apóstoles, pero a ellos les pareció que deliraban y no les creyeron. Pedro, sin embargo, se levantó y corrió hacia el sepulcro, y al asomarse, no vio mas que las sábanas. Entonces regresó lleno de admiración por lo que había sucedido.

domingo, 5 de abril de 2015

Juan 20,1-9: "El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro"

Juan 20,1-9 
Primer Domingo de Resurrección,

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

sábado, 4 de abril de 2015

Marcos 16,1-7: Anuncio de la Resurrección de Jesús

Marcos 16,1-8
(Cf. Mt 28,1-8
; Lc 24,1-12; Jn 20,1-10.11-18)

1 Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, 
   y Salomé compraron perfumes para ungir el cuerpo de Jesús.
2 A la madrugada del primer día de la semana, cuando salía el sol, fueron al sepulcro.
3 Y decían entre ellas: "¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?"
4 Pero al mirar, vieron que la piedra había sido corrida; era una piedra muy grande.
5 Al entrar al sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca. 
   Ellas quedaron sorprendidas,
6 pero él les dijo: "No teman. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado. 
   Ha resucitado, no está aquí. Miren el lugar donde lo habían puesto.
7 Vayan ahora a decir a sus discípulos y a Pedro que él irá antes que ustedes a Galilea; 
    allí lo verán, como él se lo había dicho".
8 Ellas salieron corriendo del sepulcro, porque estaban temblando y fuera de sí. 
   Y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo.

SOBRE EL MISMO TEMA:

miércoles, 18 de marzo de 2015

Juan 5,17-30: Discurso sobre la obra del Hijo

Juan 5,17-30
Miércoles de la 4 Semana de Cuaresma,

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: "Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo." Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo: "Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que ésta, para vuestro asombro. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió. Os lo aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya de la muerte a la vida. Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre. No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.