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martes, 11 de octubre de 2022

El legado de Juan XXIII es el Concilio Vaticano II



El principal legado de Juan XXIII es el Concilio Vaticano II, una iniciativa revolucionaria que sus predecesores nunca convocaban pues la idea se empantanaba siempre en comisiones consultivas. El «Papa bueno» actuó sin consultar. Convocó el Concilio por sorpresa, poniendo en marcha un proceso renovador que llega hasta nuestros días.

El cambio de actitud de la Iglesia fue radical: la misericordia y el respeto a los demás pasaron a un lugar central. Se reconoció la libertad religiosa, se hizo la paz con judíos y musulmanes, se abrieron las puertas del ecumenismo.

Las visiones severas y a veces implacables del cristianismo se tornaron en «Gaudium et Spes», «Alegría y Esperanza». Las condenas y anatemas de concilios anteriores dieron paso a una invitación amistosa a seguir a Jesucristo.

El uso de las lenguas nacionales en la liturgia permitió que cientos de millones de católicos entendieran por fin las lecturas de la misa, en lugar de estar distraídos durante la Epístola y el Evangelio en latín.

El Concilio puso en primer plano la llamada universal de todos los bautizados a la santidad plena y a la responsabilidad evangelizadora. 

Se descubrió que los laicos, la inmensa mayoría del «pueblo de Dios» eran la razón de ser de los clérigos. 

Juan XXIII falleció en 1963, sin llegar a concluirlo. Serían necesarios otros dos años de trabajo hasta 1965. Llevar a la práctica un Concilio gigantesco es un proceso lento, pero el mensaje renovador del Vaticano II sigue abriéndose paso.

Pidieron su canonización inmediata

De los grandes mandatos de aquella asamblea, la mayor en la historia del cristianismo, quedaba uno sin cumplir. Los padres conciliares habían pedido la canonización inmediata de Juan XXIII por aclamación. Pablo VI prefirió esperar y abrir un proceso, que han llevado a término Juan Pablo II con la beatificación y Francisco con la canonización.

Pero la herencia de Juan XXIII es también la pasión por la paz. A los pocos días del comienzo del Concilio el 11 de octubre de 1962, la crisis de los misiles de Cuba puso al mundo al borde de una guerra nuclear devastadora entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

El Papa intervino en público y en privado para presionar a los jefes de Estado a «hacer lo que esté en su poder para salvar la paz: así evitarán al mundo los horrores de una guerra cuyas consecuencias aterradoras nadie puede prever».

Los buques rusos dieron la vuelta, y en la primavera siguiente Juan XXIII presentaba al mundo la encíclica «Pacem in Terris», una piedra miliar en el protagonismo de los cristianos en la búsqueda de la paz.

Junto con la bondad, Juan XXIII dejó también una herencia de buen humor . En una ocasión le preguntaron cuánta gente trabajaba en el Vaticano. Su respuesta socarrona fue: «Menos de la mitad»

Fuente: por Juan Vicente Boo, El legado de Juan XXIII: El Concilio Vaticano II, una fuerza renovadora que llega hasta hoy abc.es

El 11 de octubre de 1962 san Juan XXIII inauguró el Concilio Vaticano II



El Concilio fue inaugurado el 11 de octubre de 1962 por el papa san Juan XXIII, conocido como ‘Papa Bueno’, y se dividió en cuatro etapas. Participaron en él alrededor de 2 mil Padres Conciliares de todo el mundo.

Desde la apertura del Concilio Vaticano II, el Papa Bueno destacó la naturaleza pastoral de sus objetivos: no se trataba de definir nuevas verdades ni condenar errores, sino que era necesario renovar la Iglesia para hacerla capaz de transmitir el Evangelio en los nuevos tiempos, buscar los caminos de unidad con las otras confesiones cristianas, buscar lo bueno de los nuevos tiempos y establecer un diálogo con el mundo moderno, centrándose primero "en lo que nos une y no en lo que nos separa".

Al Concilio fueron invitados como observadores miembros de diversos credos, desde musulmanes hasta indios americanos, así como miembros de todas las iglesias cristianas: ortodoxos, anglicanos, cuáqueros, y protestantes en general, incluyendo, evangélicos, metodistas y calvinistas no presentes en Roma desde el tiempo de los cismas.

Antes de inaugurar el Concilio, el papa Juan XXIII creó en 1960 el Secretariado para la promoción de la unidad de los cristianos, una comisión preparatoria que más tarde se convertiría en el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos. Fue la primera vez que la Santa Sede creaba una estructura para tratar temas ecuménicos. Para la presidencia de ese organismo el Pontífice designó al Cardenal Augustín Bea, quien luego se convertiría en una importante figura del Concilio.

De esta forma, el Concilio Vaticano II se convirtió en el acontecimiento más decisivo de la historia de la Iglesia en el siglo XX. San Juan XXIII no alcanzó a conocer las conclusiones porque falleció el 3 de junio de 1963.

Quien prosiguió con la marcha del Concilio fue san Pablo VI, elegido Sucesor de san Pedro el 21 de junio de 1963.

El Concilio Vaticano II fue clausurado el 8 de diciembre de 1965 y desde él se originaron importantes documentos que siguen siendo de gran actualidad.

Se redactaron cuatro Constituciones: 

• Dei Verbum sobre la Divina Revelación
• Lumen Gentium sobre la Iglesia
• Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia
• Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el mundo actual.

Nueve decretos: 

Aunque el Concilio Vaticano II realizó una distinción entre «decretos» y «constituciones», no explicitó la diferencia. Según el Cardenal Walter Kasper (1933-    ), no se puede argumentar una diferencia en la «obligatoriedad teológica» de los decretos y las constituciones, ya que el Concilio de Trento solo aprobó «decretos», algunos de los cuales alcanzaron máxima importancia teológica y carácter vinculante. Por ello, los decretos conciliares son documentos de no menor importancia que las constituciones. Tratan sobre principios doctrinales aplicables a ciertas actividades u organizaciones de la Iglesia Católica y tienen un fuerte valor teológico. Los Padres Conciliares aprobaron nueve decretos, que son los siguientes:

• Ad Gentes sobre la actividad misionera de la Iglesia
• Presbyterorum Ordinis sobre el Ministerio y la Vida de los Presbíteros
• Apostolicam Actuositatem sobre el Apostolado de los Laicos
• Optatam Totius sobre la formación Sacerdotal
• Perfectae Caritatis sobre la adecuada renovación de la Vida Religiosa
• Christus Dominus sobre el Ministerio Pastoral de los Obispos
• Unitatis Redintegratio sobre el Ecumenismo
• Orientalium Ecclesiarum sobre las Iglesias Orientales Católicas
• Inter Mirifica sobre los medios de comunicación social.

También surgieron tres declaraciones: 

El Concilio aprobó también tres declaraciones acerca de temas fundamentales para la vida católica. Deben interpretarse como opiniones acerca de la Iglesia en ciertos temas específicos.

• Educationis sobre la Educación Cristiana
• Nostra Aetate sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas
• Dignitatis Humanae sobre la libertad religiosa.

Fuente:
ACI Prensa