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viernes, 15 de septiembre de 2023

¿Qué es el Stabat Mater?


No es posible hablar de la Virgen de los Dolores sin tener en cuenta el Stabat Mater, un himno del siglo XIII asociado a la Virgen Dolorosa. Este himno se ha atribuido al fraile franciscano Jacopone da Todi y que comienza con el conocido Stabat Mater dolorosa. Es una bella oración que se centra en los sufrimientos de la Virgen durante la Pasión de su hijo.

 

Texto del Stabat Mater en el latín:

Stabat Mater dolorosa
Iuxta crucem lacrimosa,
Dum pendebat filius.
Cuius animam gementem
Contristatam et dolentem
Pertransivit gladius.

O quam tristis et afflicta
Fuit illa benedicta
Mater unigeniti
Quae maerebat et dolebat.
Et tremebat, cum videbat
Nati poenas incliti.

Quis est homo qui non fleret,
Matrem Christi si videret
In tanto supplicio?
Quis non posset contristari,
Piam matrem contemplari
Dolentem cum filio?
 
Pro peccatis suae gentis
Vidit Jesum in tormentis
Et flagellis subditum.
Vidit suum dulcem natum
Morientem desolatum
Dum emisit spiritum.
 
Eja mater fons amoris,
Me sentire vim doloris
Fac ut tecum lugeam.
Fac ut ardeat cor meum
In amando Christum Deum,
Ut sibi complaceam.
 
Sancta mater, istud agas,
Crucifixi fige plagas
Cordi meo valide.
Tui nati vulnerati
Tam dignati pro me pati,
Poenas mecum divide!
 
Fac me vere tecum flere,
Crucifixo condolere,
Donec ego vixero.
Juxta crucem tecum stare
Te libenter sociare
In planctu desidero.
 
Virgo virginum praeclara,
Mihi jam non sis amara,
Fac me tecum plangere.
Fac ut portem Christi mortem,
Passionis eius sortem
Et plagas recolere.
 
Fac me plagis vulnerari,
Cruce hac inebriari
Ob amorem filii,
Inflammatus et accensus,
Per te virgo sim defensus
In die judicii.
 
Fac me cruce custodiri,
Morte Christi praemuniri,
Confoveri gratia.
Quando corpus morietur
Fac ut animae donetur
Paradisi gloria.
Amen.


Texto del Stabat Mater en castellano:

 Estaba la Madre dolorosa
llorando junto a la cruz
de la que pendía su Hijo.
Su alma quejumbrosa,
apesadumbrada y gimiente,
atravesada por una espada.
 
¡Qué triste y afligida
estaba la bendita Madre
del Hijo unigénito!
Se lamentaba y afligía
y temblaba viendo sufrir
a su divino Hijo.
 
¿Qué hombre no lloraría
viendo a la Madre de Cristo
en tan gran suplicio?
¿Quién no se entristecería
al contemplar a la querida Madre
sufriendo con su hijo?
 
Por los pecados de su pueblo
vio a Jesús en el tormento
y sometido a azotes.
Ella vio a su dulce Hijo
entregar el espirítu
y morir desamparado.
 
¡Madre, fuente de amor,
hazme sentir todo tu dolor
para que llore contigo!
Haz que arda mi corazón
en el amor a Cristo Señor,
para que así le complazca.
 
¡Santa María, hazlo así!
Graba las heridas del Crucificado
profundamente en mi corazón.
Comparte conmigo las penas
de tu hijo herido, que se ha dignado
a sufrir la pasión por mí.
 
Haz que llore contigo,
que sufra con el Crucificado
mientras viva.
Deseo permanecer contigo,
cerca de la cruz,
y compartir tu dolor.

Virgen excelsa entre las virgenes,
no seas amarga conmigo,
haz que contigo me lamente.
Haz que soporte la muerte de Cristo,
haz que comparta su pasión
y contemple sus heridas.

Haz que sus heridas me hieran,
embriagado por esta cruz
y por el amor de tu hijo.
Inflamado y ardiendo,
que sea por ti defendido, oh Virgen,
el día del Juicio.

Haz que sea protegido por la cruz,
fortificado por la muerte de Cristo,
fortalecido por la gracia.
Cuando muera mi cuerpo
haz que se conceda a mi alma
la gloria del paraíso.

Amén.


jueves, 14 de septiembre de 2023

Los Siete Dolores Maria, de Adriaen Isenbrandt

 


Los siete dolores de María de Adriaen Isenbrandt
obra gótica en la iglesia de Nuestra Señora de Brujas, 
Flandes c. 1518-1535.


¿Qué son los 7 dolores de la Virgen?

 

La Virgen de los Dolores es tradicionalmente representada con uno o con siete puñales 
atravesándole el corazón, en referencia a la profecía de Simeón, 
que dijo a María que una espada le atravesaría el alma.


El 15 de septiembre, justo un día después de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, la Iglesia celebra una de las grandes devociones marianas, la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores. Dos fiestas que están unidas por la pasión de Cristo.

Esta fiesta que recuerda los grandes sufrimientos de la Virgen María es una de las advocaciones más populares. De tradición antiquísima, la Virgen de los Dolores se encuentra en miles de iglesias de todo el mundo y su culto popular es uno de los más importantes.

¿Cuándo comenzó la devoción a la Virgen de los Dolores?

Nuestra Señora de los Dolores es una de las advocaciones marianas más universales. No está vinculada ni a un determinado lugar físico ni a una aparición sino a los sufrimientos que padeció María por los terribles sufrimientos de su hijo Jesús.

Ya en el siglo VIII en la Iglesia se escribía acerca de la “Compasión de la Virgen”, en relación a la participación de María en los dolores de Cristo. Primero surgió la devoción a los cinco dolores de María, que posteriormente se amplió a los 7 dolores que se meditan actualmente. De este modo, pronto comenzaron a componerse himnos para honrar a la Mater Dolorosa. Un ejemplo de ellos es el Stabat Mater.

En Occidente la fiesta comenzó a celebrarse durante la Edad Media bajo el nombre de “Transfixión de María” o la “Recomendación de María en el Calvario” y en un principio se conmemoraba en el tiempo pascual.

Una buena parte de la responsabilidad de la difusión de esta devoción de la Virgen se debe a los religiosos servitas, muy devotos de los dolores de María. Fueron ellos que comenzaron a celebrar esta memoria bajo la Cruz con oficio y misa especial. Más tarde, ya comenzó a celebrarse el tercer domingo de septiembre. Pero, además, el viernes anterior al Domingo de Ramos se conmemoraba también el llamado popularmente como “Viernes de Dolores”.

Benedicto XIII extendió universalmente la celebración del “Viernes de Dolores” en 1472 y en 1814 el Papa Pío VII fijó la Fiesta de Nuestra Señora de los Dolores para el 15 de septiembre, un día después a la Exaltación de la Santa cruz.

¿Cuáles son los siete dolores de la Virgen?

Los Siete Dolores de la Virgen es una antigua devoción que ha llegado hasta nuestros días y en las que se repasan siete dolores que la Virgen padeció durante la vida de Jesús y que es un reflejo del amor y sufrimiento de la Madre de Cristo. Para meditar los siete dolores se utilizan pasajes del Evangelio en los que aparece María.

• Primer Dolor: La profecía de Simeón. (Lucas 2,22-35): «Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción. ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones». (Lc2,34-35)

• Segundo Dolor: La huida a Egipto. (Mateo 2,13-15): «Cuando ellos se retiraron, el ángel de Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle. Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes: para que se cumpliera lo dicho por el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo». (Mt 2,13-15)

•Tercer Dolor: El Niño perdido en el Templo. (Lucas 2,41 -50): «Al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y haciéndoles preguntas…Cuando le vieron quedaron sorprendidos y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando…» (Lc2,46-48)

• Cuarto Dolor – María se encuentra con Jesús camino al Calvario. (Lam 1,12): «Vosotros que pasáis por el camino, mirad, fijaos bien si hay dolor parecido…» (Lam 1,12)

• Quinto Dolor – Jesús muere en la Cruz. (Juan 19,17-39): «Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo :»Ahí tienes a tu madre…» (Lc 19, 25-27)

• Sexto Dolor – María recibe el Cuerpo de Jesús al ser bajado de la Cruz. (Juan 19, 38): «Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió.» (Jn 19,38)

• Séptimo Dolor -Jesús es colocado en el Sepulcro. (Lucas 23, 53-54): «…y, después de descolgarle, le envolvió en una sábana y le puso en un sepulcro excavado en la roca en el que nadie había sido puesto todavía.» (Lc 23, 53-54).

¿Cuáles son las 7 promesas de la Virgen para quien medite sus dolores?

En sus revelaciones a santa Brígida de Suecia en el siglo XIV, la Virgen le dijo que concedería siete gracias a aquellos que cada día la acompañen rezando con verdadera devoción siete Avemarías meditando acerca de sus dolores y sus lágrimas. Estas son las 7 promesas:

1. Les concederá paz a sus familias.

2. Serán iluminadas de los divinos Misterios.

3. Les dará consuelo en sus penas y compañía en sus trabajos.

4. Cuando no se oponga a la voluntad de su Hijo o a la salvación de sus almas, les concederá lo que le pidan.

5. Protección en cada momento de la vida y les defenderá en sus batallas espirituales contra el enemigo.

6. Asistencia en el momento de la muerte y verán su rostro.

7. Aquellos que propaguen esta devoción, sean llevados de esta vida terrena a la felicidad eterna, sus pecados serán perdonados y el Señor será su gozo y consuelo eterno.

¿Por qué se representa a la Virgen con puñales clavados en su corazón?

La Virgen de los Dolores ha sido tradicionalmente representada o bien con una espada clavada en su corazón o bien con siete puñales. Así ha sido durante siglos tanto en el arte como en la rica imaginería religiosa. El origen se remonta a las propias Escrituras, concretamente en la profecía de Simeón que recoge el Evangelio de San Lucas, en la que el anciano le dice a la Virgen que una espada le atravesará el alma, ante el gran sufrimiento que verá en su hijo Jesús. Tras la devoción de los siete dolores también se empezaron a utilizar siete puñales, uno por cada dolor, para representar a la Virgen Dolorosa.

Así lo recogía el Evangelio de San Lucas:

“Había por entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no moriría antes de ver al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu Santo vino al Templo; y al introducir sus padres al niño Jesús para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo: ‘Ahora, Señor, ya puedes dejar que tu siervo se vaya en paz, según tu palabra, porque mis ojos han visto tu salvación, la que has preparado ante la faz de todos los pueblos, luz para revelación de los gentiles y gloria de tu pueblo, Israel’. Su padre y su madre estaban admirados por las cosas que se decían de él. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: ‘Mira, éste ha sido destinado para ser caída y resurrección de muchos en Israel, y como signo de contradicción –y a ti misma una espada te atravesará el alma-, para que se descubran los pensamientos de muchos corazones’”. (Lc 2, 22-35).

+ SOBRE NTRA. SRA. DE LOS DOLORES

jueves, 14 de septiembre de 2017

Oración a Nuestra Señora de los Dolores


Señora y Madre nuestra:
tu estabas serena y fuerte
junto a la cruz de Jesús.
Ofrecías tu Hijo al Padre
para la redención del mundo.

Lo perdías porque El tenía que estar en las cosas del Padre,
pero lo ganabas porque se convertía en Redentor del mundo,
en el Amigo que da la vida por sus amigos.

María, ¡qué hermoso es escuchar desde la cruz
las palabras de Jesús: "Ahí tienes a tu hijo",
"ahí tienes a tu Madre".

¡Qué bueno si te recibimos en nuestra casa como Juan!
Queremos llevarte siempre a nuestra casa.
Nuestra casa es el lugar donde vivimos.
Pero nuestra casa es sobre todo el corazón,
donde mora la Santísima Trinidad.
Amén.

Los siete Dolores de la Virgen María



Primer Dolor:
La profecía de Simeón en la presentación del Niño Jesús

Virgen María: por el dolor que sentiste cuando Simeón te anunció que una espada de dolor atravesaría tu alma, por los sufrimientos de Jesús, y ya en cierto modo te manifestó que tu participación en nuestra redención sería a base de dolor; te acompañamos en este dolor... Y, por los méritos del mismo, haz que seamos dignos hijos tuyos y sepamos imitar tus virtudes.

Dios te salve María, llena eres de gracia, El Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

Segundo Dolor: 
La huida a Egipto con Jesús y José

Virgen María: por el dolor que sentiste cuando tuviste que huir precipitadamente tan lejos, pasando grandes penalidades, sobre todo al ser tu Hijo tan pequeño; al poco de nacer, ya era perseguido de muerte el que precisamente había venido a traernos vida eterna; te acompañamos en este dolor . . . Y, por los méritos del mismo, haz que sepamos huir siempre de las tentaciones del demonio.

Dios te salve María, llena eres de gracia, El Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

Tercer Dolor:
La pérdida de Jesús

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al perder a tu Hijo; tres días buscándolo angustiada; pensarías qué le habría podido ocurrir en una edad en que todavía dependía de tu cuidado y de San José; te acompañamos en este dolor . . . Y, por los méritos del mismo, haz que los jóvenes no se pierdan por malos caminos.

Dios te salve María, llena eres de gracia, El Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

Cuarto Dolor: 
El encuentro de Jesús con la cruz a cuestas camino del calvario

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al ver a tu Hijo cargado con la cruz, como cargado con nuestras culpas, llevando el instrumento de su propio suplicio de muerte; Él, que era creador de la vida, aceptó por nosotros sufrir este desprecio tan grande de ser condenado a muerte y precisamente muerte de cruz, después de haber sido azotado como si fuera un malhechor y, siendo verdadero Rey de reyes, coronado de espinas; ni la mejor corona del mundo hubiera sido suficiente para honrarle y ceñírsela en su frente; en cambio, le dieron lo peor del mundo clavándole las espinas en la frente y, aunque le ocasionarían un gran dolor físico, aún mayor sería el dolor espiritual por ser una burla y una humillación tan grande; sufrió y se humilló hasta lo indecible, para levantarnos a nosotros del pecado; te acompañamos en este dolor . . . Y, por los méritos del mismo, haz que seamos dignos vasallos de tan gran Rey y sepamos ser humildes como Él lo fue.

Dios te salve María, llena eres de gracia, El Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

Quinto Dolor:
La crucifixión y la agonía de Jesús

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al ver la crueldad de clavar los clavos en las manos y pies de tu amadísimo Hijo, y luego al verle agonizando en la cruz; para darnos vida a nosotros, llevó su pasión hasta la muerte, y éste era el momento cumbre de su pasión; Tú misma también te sentirías morir de dolor en aquel momento; te acompañamos en este dolor. Y, por los méritos del mismo, no permitas que jamás muramos por el pecado y haz que podamos recibir los frutos de la redención.

Dios te salve María, llena eres de gracia, El Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

Sexto Dolor:
La lanzada y el recibir en brazos a Jesús ya muerto

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al ver la lanzada que dieron en el corazón de tu Hijo; sentirías como si la hubieran dado en tu propio corazón; el Corazón Divino, símbolo del gran amor que Jesús tuvo ya no solamente a Ti como Madre, sino también a nosotros por quienes dio la vida; y Tú, que habías tenido en tus brazos a tu Hijo sonriente y lleno de bondad, ahora te lo devolvían muerto, víctima de la maldad de algunos hombres y también víctima de nuestros pecados; te acompañamos en este dolor... Y, por los méritos del mismo, haz que sepamos amar a Jesús como El nos amo.

Dios te salve María, llena eres de gracia, El Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

Séptimo Dolor:
El entierro de Jesús y la soledad de María

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al enterrar a tu Hijo; El, que era creador, dueño y señor de todo el universo, era enterrado en tierra; llevó su humillación hasta el último momento; y aunque Tú supieras que al tercer día resucitaría, el trance de la muerte era real; te quitaron a Jesús por la muerte más injusta que se haya podido dar en todo el mundo en todos los siglos; siendo la suprema inocencia y la bondad infinita, fue torturado y muerto con la muerte más ignominiosa; tan caro pagó nuestro rescate por nuestros pecados; y Tú, Madre nuestra adoptiva le acompañaste en todos sus sufrimientos: y ahora te quedaste sola, llena de aflicción; te acompañamos en este dolor . . . Y, por los méritos del mismo, concédenos a cada uno de nosotros la gracia particular que te pedimos…

Dios te salve María, llena eres de gracia, El Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

Historia de la conmemoración de los dolores de María (15 de septiembre)

Dos veces al año, la Iglesia conmemora los dolores de la Santísima Virgen: durante la Semana de la Pasión y el 15 de setiembre.

La devoción a Nuestra señora de los dolores viene desde muy antiguo. Ya en el siglo VIII los escritores eclesiásticos hablaban de la “Compasión de la Virgen” en referencia a la participación de la Madre de Dios en los dolores del Crucificado.

La fiesta empezó a celebrarse en occidente durante la Edad Media y por ese entonces se hablaba de la “Transfixión de María”, de la “Recomendación de María en el Calvario”. Se conmemoraba en el tiempo de Pascua.

En la Edad Media había una devoción popular por los cinco gozos de la Virgen Madre, la cual se complementó con otra fiesta en honor a sus cinco dolores durante la Pasión. Más adelante, las penas de la Virgen María aumentaron a siete, y no sólo se prestó atención a su marcha hacia el Calvario, sino a su vida entera.

A los frailes servitas, que desde su fundación tuvieron particular devoción por los sufrimientos de María, se les autorizó para que celebraran una festividad en memoria de los Siete Dolores, el tercer domingo de septiembre de todos los años.

La primera fiesta oficial de los dolores de María durante la Semana de la Pasión se instituyó en Colonia y en otras partes de Europa en el siglo XV y cuando la festividad se extendió por toda la Iglesia, en 1727, con el nombre de los Siete Dolores, se mantuvo la referencia original de la Misa y del oficio de la Crucifixión del Señor.

El viernes anterior al Domingo de Ramos también se hacía una conmemoración a la Virgen Dolorosa, festividad conocida popularmente como “Viernes de los Dolores”.

Benedicto XIII extendió universalmente la celebración del “Viernes de Dolores” en 1472 y en 1814 el Papa Pío VII fijó la Fiesta de Nuestra Señora de los Dolores para el 15 de septiembre, un día después a la Exaltación de la Santa cruz.

sábado, 11 de febrero de 2017

Génesis 3,9-24: Castigo

Génesis 3,9-24

EL Señor Dios llamó al hombre y le dijo:
— Dónde estás?
Él contestó:
— Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.
El Señor Dios le replicó:
— Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?
Adán respondió:
— La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí.
El Señor Dios dijo a la mujer:
— ¿Qué has hecho?
La mujer respondió:
— La serpiente me sedujo y comí.
El Señor Dios dijo a la serpiente:
— Por haber hecho eso, maldita tú entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón.
A la mujer le dijo:
— Mucho te haré sufrir en tu preñez, parirás hijos con dolor, tendrás ansia de tu marido, y él te dominará.
A Adán le dijo:
— Por haber hecho caso a tu mujer y haber comido del árbol del que te prohibí, maldito el suelo por tu culpa: comerás de él con fatiga mientras vivas; brotará para ti cardos y espinas, y comerás hierba del campo. Comerás el pan con sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste sacado; pues eres polvo y al polvo volverás.
Adán llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven. El Señor Dios hizo túnicas de piel para Adán y su mujer, y los vistió. Y el Señor Dios dijo:
— He aquí que el hombre se ha hecho como uno de nosotros en el conocimiento del bien y el mal; no vaya ahora a alargar su mano y tome también del árbol de la vida, coma de él y viva para siempre.
El Señor Dios lo expulsó del jardín de Edén, para que labrase el suelo de donde había sido tomado. Echó al hombre, y a oriente del jardín de Edén colocó a los querubines y una espada llameante que brillaba, para cerrar el camino del árbol de la vida.

domingo, 15 de enero de 2017

Juan 1,29-34: ¡He ahí el Cordero de Dios! El dolor de los inocentes, por el P. Raniero Cantalamessa

Juan 1,29-34

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: "Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.” Y Juan dio testimonio diciendo: "He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo." Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios."

— Comentario por Raniero Cantalamessa, OFM
“¡He ahí el Cordero de Dios! El dolor de los inocentes”

Jesús no vino a darnos doctas explicaciones del dolor, sino que vino a tomarlo silenciosamente sobre sí. Al actuar así, en cambio, lo transformó desde el interior: de signo de maldición, hizo del dolor un instrumento de redención.

En el Evangelio escuchamos a Juan el Bautista que, presentando a Jesús al mundo, exclama: «¡He ahí el cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo!». El cordero, en la Biblia, y en otras culturas, es el símbolo del ser inocente, que no puede hacer daño a nadie, sino sólo recibirlo. Siguiendo este simbolismo, la primera carta de Pedro llama a Cristo «el cordero sin mancha», que, «ultrajado, no respondía con ultrajes, y sufriendo no amenazaba con venganza». En otras palabras, Jesús es, por excelencia, el Inocente que sufre.

Se ha escrito que el dolor de los inocentes «es la roca del ateísmo». Después de Auschwitz, el problema se ha planteado de manera más aguda todavía. Son incontables los libros escritos en torno a este tema. Parece como si hubiera un proceso en marcha y se escuchara la voz del juez que ordena al imputado a levantarse. El imputado en este caso es Dios, la fe.

¿Qué tiene que responder la fe a todo esto? Ante todo es necesario que todos, creyentes o no, nos pongamos en una actitud de humildad, porque si la fe no es capaz de «explicar» el dolor, menos aún lo es la razón. El dolor de los inocentes es algo demasiado puro y misterioso como para poderlo encerrar en nuestras pobres «explicaciones». Jesús, que ciertamente tenía muchas más explicaciones para dar que nosotros, ante el dolor de la viuda de Naím y de las hermanas de Lázaro no supo hacer nada mejor que conmoverse y llorar.

La respuesta cristiana al problema del dolor inocente se contiene en un nombre: ¡Jesucristo! Jesús no vino a darnos doctas explicaciones del dolor, sino que vino a tomarlo silenciosamente sobre sí. Al actuar así, en cambio, lo transformó desde el interior: de signo de maldición, hizo del dolor un instrumento de redención.

Más aún: hizo de él el valor supremo, el orden de grandeza más elevado de este mundo. Después del pecado, la verdadera grandeza de una criatura humana se mide por el hecho de llevar sobre sí el mínimo posible de culpa y el máximo posible de pena del pecado mismo. No está tanto en una u otra cosa tomadas por separado -esto es, o en la inocencia o en elsufrimiento--, sino en la presencia contemporánea de las dos cosas en la misma persona. Este es un tipo de sufrimiento que acerca a Dios. Sólo Dios, de hecho, si sufre, sufre como inocente en sentido absoluto.

Sin embargo Jesús no dio sólo un sentido al dolor inocente; le confirió también un poder nuevo, una misteriosa fecundidad. Contemplemos qué brotó del sufrimiento de Cristo: la resurrección y la esperanza para todo el género humano. Pero miremos lo que sucede a nuestro alrededor. ¡Cuánta energía y heroísmo suscita con frecuencia, en una pareja, la aceptación de un hijo discapacitado, postrado durante años! ¡Cuánta solidaridad insospechada en torno a ellos! ¡Cuánta capacidad de amor que, si no, sería desconocida!

Lo más importante, en cambio, cuando se habla de dolor inocente, no es explicarlo, sino evitar aumentarlo con nuestras acciones y nuestras omisiones. Pero tampoco basta con no aumentar el dolor inocente; ¡es necesario procurar aliviar el que exista! Ante el espectáculo de una niña aterida de frío que lloraba de hambre, un hombre gritó, un día, en su corazón a Dios: «¡Oh Dios! ¿Dónde estás? ¿Por qué no haces algo por esa pequeña inocente?». Y Dios le respondió: «Claro que he hecho algo por ella: ¡te he hecho a ti!».

lunes, 3 de noviembre de 2014

El duelo no se cura, se transforma y se vive con dignidad y amor, por Carlota Fominaya

Los cuidados y tranquilos jardines de la Fundación Instituto San José invitan al recogimiento. A ellos dan las ventanas de todos y cada uno de los diez edificios de construcción neomudéjar que componen el complejo hospitalario de la orden Hermanos de San Juan de Dios. En este lugar, de 115 años de antigüedad, tiene lugar el programa de Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas y sus familiares puesto en marcha por Obra Social «La Caixa». La iniciativa se dirige a cubrir las necesidades de atención psicosocial en los cuidados paliativos y, desde su puesta en marcha el pasado mes de enero, ha atendido a 62.170 pacientes y 91.985 familiares en los 61 centros hospitalarios de toda España en los que se desarrolla. Sólo en atención al duelo, han sido 3.963 personas las que han recibido ayuda.

Uno de los beneficiarios es Deogracias Del Río Martín, de 73 años, viudo desde principios de año, y que ha encontrado en estos grupos la ayuda necesaria para seguir viviendo tras la muerte de su mujer el pasado mes de enero. «Si no hubiera recibido esta ayuda, tendría una depresión de caballo. Acudir a terapia ha sacado de mi gran dolor», reconoce este hombre.

«El duelo no se cura. De hecho, se vive toda la vida. Pero se aprende a llevarlo, a sostenerlo con dignidad y con amor», explica Roberto Álvarez, psicólogo psicoterapeuta especialista en duelo de la Fundación Instituto San José, y el profesional que lidera en este centro el programa de Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas y sus familiares puesto en marcha por Obra Social «La Caixa».

Lo normal, remarca el psicólogo de la Fundación Instituto San José, es que las personas se enfrenten de manera sana a su duelo pero siempre hay un porcentaje pequeño que desarrolla un duelo patológico. La clave está en recibir el apoyo de este tipo de grupos, que por lo general tienen una duración de 4 a 6 meses. En ellos se enseña a elaborar el duelo. «Porque este no se pasa, ni se cura con el tiempo. Se transforma», matiza Álvarez. En estos programas, prosigue este especialista, «se aprende a convertir la rabia y la tristeza de la pérdida del ser querido en una sensación de paz recordando al ser querido», añade.

Día de los Difuntos

Es verdad que fechas señaladas como el próximo Día de los Difuntos, el aniversario de la boda, del fallecimiento... suponen para estas personas lo que los expertos llaman «picos de duelo», pero a la larga, el gran problema de una persona que acaba de perder a un ser querido es la soledad. Por eso, advierte este psicólogo, «teniendo en cuenta que esa persona va a estar siempre de uno mismo, y teniendo en cuenta que habrá momentos de vacío y de tristeza, hay que aprender a decir hola a nuevas amistades, vínculos e intereses. Hay que aprender a ser autónomo».

Como también hay muchas personas que después de un gran sufrimiento como es la pérdida de un hijo, de la pareja, de un progenitor, se transforman, y eligen vivir por un motivo, una causa o un valor. «Son personas que convierten su sufrimiento en una experiencia de transformación y maduración, de crecimiento personal... y que le vuelven a dar un sentido a la vida», apunta Álvarez. El caso es, concluye este experto de la Fundación Instituto San José, «conseguir que vuelvan a vivir la vida con valor».

Fuente: abc.es