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lunes, 8 de mayo de 2023

Hechos 14,21-28: De vuelta en Antioquía: fin de la misión de Pablo y Bernabé

14,21-28: De vuelta en Antioquía: fin de la misión de Pablo y Benabé


19 Pero unos judíos, venidos de Antioquía e Iconio, 
     convencieron a la gente para que apedrease a Pablo.
     Luego dándolo por muerto, lo arrastraron fuera de la ciudad.
20 Los discípulos lo rodearon, él se levantó y entró en la ciudad.

21 Al día siguiente salió con Bernabé hacia Derbe. Después de anunciar la Buena Noticia 
     en aquella ciudad y de ganar bastantes discípulos, se volvieron a Listra, Iconio y Antioquía, 
22 donde animaron a los discípulos y los exhortaron a perseverar en la fe, recordándoles que tenían 
     que atravesar muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios. 
23 En cada comunidad nombraban ancianos y con oraciones y ayunos los encomendaban al Señor 
     en quien habían creído. 
24 Después atravesaron Pisidia, llegaron a Panfilia, 
25 predicaron el mensaje en Perge, bajaron a Atalía 
26 y desde allí navegaron a Antioquía, desde donde habían partido encomendados a la gracia de Dios 
     para realizar la obra que ahora habían acabado. 
27 Al llegar, reunieron a la comunidad y les contaron lo que Dios había hecho por su medio 
     y cómo había abierto a los paganos la puerta de la fe. 
28 Y se quedaron una larga temporada con los discípulos.

martes, 28 de febrero de 2023

PRIMER MIÉRCOLES DE CUARESMA (Lecturas)

Jonás 3,1-10
Salmo 50,3-4.12-13.18-19: 
Un corazón quebrantado y humillado, 
tú, Dios mío, no lo desprecias
Lucas 11,29-32


Jonás 3,1-10

Vino la palabra del Señor sobre Jonás: "Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo." Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando: "¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!" Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños. Llegó el mensaje al rey de Nínive; se levantó del trono, dejó el manto, se cubrió de saco, se sentó en el polvo y mandó al heraldo a proclamar en su nombre a Nínive: "Hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, no pasten ni beban; vístanse de saco hombres y animales; invoquen fervientemente a Dios, que se convierta cada cual de su mala vida y de la violencia de sus manos; quizá se arrepienta, se compadezca Dios, quizá cese el incendio de su ira, y no pereceremos." Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.


Un corazón quebrantado y humillado, 
tú, Dios mío, no lo desprecias

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
R. Un corazón quebrantado y humillado, 
tú, Dios mío, no lo desprecias

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
R. Un corazón quebrantado y humillado, 
tú, Dios mío, no lo desprecias

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.
R. Un corazón quebrantado y humillado, 
tú, Dios mío, no lo desprecias



En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: "Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás."

domingo, 30 de octubre de 2022

Lucas 18,9-14: Parábola del fariseo y el publicano

Lucas 18,9-14


9 Y refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, 
   dijo también esta parábola: 
10 "Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. 
11 El fariseo, de pie, oraba en voz baja: 
     "Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, 
     que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. 
12 Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas". 
13 En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, 
     no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, 
     sino que se golpeaba el pecho, diciendo: 
     "¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!"
14 Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. 
     Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado".


SOBRE EL MISMO TEMA:

sábado, 22 de octubre de 2022

DOMINGO DE LA 30 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo C (Lecturas)

Eclesiástico 35:12-14.16-18 
Salmo 34: Si el afligido invoca al Señor, El lo escucha
2 Timoteo 4:6-8,16-18
Lucas 18:9-14


Eclesiástico 35, 12-14.16-18

El Señor es un Dios justo, que no puede ser parcial; no es parcial contra el pobre, escucha las súplicas del oprimido; no desoye los gritos del huérfano o de la viuda cuando repite su queja; sus penas consiguen su favor, y su grito alcanza las nubes; los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansan; no ceja hasta que Dios le atiende, y el juez justo le hace justicia.

Salmo 33: Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.
R. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha

El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias.
R. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha

El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él.
R. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha


2 Timoteo 4,6-8.16-18

Querido hermano: Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, y nadie me asistió. Que Dios los perdone. Pero el Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.


En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: "Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. "El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. "Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido."

miércoles, 12 de octubre de 2022

Lucas 18:9-14: La actitud del que ora, por M. Dolors Gaja, M.N.



Comentario por M. Dolors Gaja, MN

Lucas insiste a lo largo de todo el evangelio en la necesidad de orar. Y en este relato se nos dice, además, cómo debemos orar, qué actitud es precisa para orar de verdad.

Tradicionalmente se llama a este fragmento “parábola del fariseo y el publicano”; no obstante, no se trata de una parábola (una realidad de la tierra que nos habla de una del cielo) sino de un “relato ejemplar”. En los relatos ejemplares se suelen presentar parejas opuestas (bueno-malo) y los rasgos se exageran para poner de relieve el mensaje. Es lo que hace Jesús.

La intención

Jesús es Maestro por excelencia. Tiene un mensaje claro pero sabe adaptarlo al público que tiene delante. Y en este momento habla a un grupo que se tiene por justo, por santo, por recto... Y como consecuencia inmediata de tanta seguridad, ese grupo desprecia a todos los que no piensan como ellos, los que no hacen como ellos, los que no son como ellos. Se han convertidos en poseedores de la verdad. Y a mí me recuerda que esa corriente también existe en la Iglesia, que hay grupos potentes “más papistas que el Papa”, y gente que siempre tiene una receta para todo. Leamos esta “parábola” identificándonos con el fariseo.

El fariseo

Cumplidor de la Ley hasta el extremo sube al Templo a orar. Pero su mirada no se dirige a Dios sino a él mismo: da gracias por no ser como el otro, los otros, da gracias por todo lo que hace.

Repito que Jesús exagera y Lucas incluso subraya maliciosamente que oraba “de pie” cuando en el mundo judío es una postura normal. Pero Lucas lo subraya porque lo que estaba erguido era el corazón. 

Quizá no nos identificamos mucho con el fariseo porque la exageración parece que no va con nosotros. Pero atendamos la mirada y preguntémonos si cuando oramos nuestro corazón se centra en Dios o si es un momento para hablar – y sólo hablar – de mis problemas, mis deseos, mis miedos, mis éxitos, mis buenos propósitos, mi vocación, mi matrimonio…mi…mi…

El fariseo es un nuevo Narciso que no alaba a Dios porque ya se alaba a sí mismo. Y no olvidemos que nuestra sociedad fomenta el narcisismo, así que alerta. Por otra parte, el fariseo parece entender que la bondad o santidad dependen del cumplimiento de una serie de leyes y eso le aleja de Dios.

El publicano

No es, desde luego, “el bueno”. Usurero, injusto, ladrón (encima parece que era adúltero pues lo más seguro es que el fariseo supiera la vida y milagros del publicano), todo lo que dice el fariseo era lo habitual en los publicanos. Además eran colaboracionistas romanos, traidores a la patria etc etc.

Pero la gran diferencia es que el publicano tiene conciencia de su pecado. Y “conoce” lo suficiente a Dios como para pedirle que se compadezca de Él. Su inteligencia emocional, diríamos hoy, es bastante más sana que la del fariseo. Este publicano sabe cómo es él y cómo es Dios; el fariseo ni se conoce a sí mismo ni conoce a Dios. Es por tanto incapaz de orar. En cambio el publicano es apto para orar porque parte de su realidad…y no se preocupa de los otros. Conocerse a sí mismo es el principio de toda sabiduría. Si el publicano es elogiado no lo es, desde luego, por el mal que hace, pero sí por su capacidad de reconocerlo y sentir dolor por ello.

Me temo que estamos formando muchos fariseos. Queriendo privar a los niños de un sentimiento de culpa (que puede ser muy sano) los hemos casi convencido de que todo está bien. A lo sumo, cometen errores. Son muchas las personas – niños y adultos – que no saben de qué confesarse. Si es así, uno mismo se coloca en el lugar del fariseo. La Palabra de Dios es tajante en ese sentido. Ante Dios uno sólo puede sentirse pecador…y pecador amado. Los cristianos no somos otra cosa que pecadores con vocación de santos.

El evangelio termina con una sentencia que recuerda el Magnificat de María: “Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”. María y este publicano coincidían. ¿Coincido yo y tengo esa misma relación con Dios? 

lunes, 19 de septiembre de 2022

Maniqueísmo: La oración y el ayuno. Ritos y ceremonias



La oración era obligatoria cuatro veces al día: al mediodía, tarde en la tarde, después de la puesta del sol y tres horas más tarde. Oraban de cara al sol o, durante la noche, de cara a la luna. Cuando ni el sol ni la luna eran visibles, oraban de cara al norte, al trono de la Luz-Rey. 

La oración era precedida por una ceremonia de purificación con agua o, a falta de agua, con alguna otra substancia al modo mahometano. Las oraciones diarias eran acompañadas por doce postraciones y dirigidas a las diversas personalidades en el reino de la luz: el Padre de Majestad, el Primer-Hombre, el Legatus Tertius, el Paráclito (Manes), los Cinco Elementos, y así sucesivamente. El tiempo y la actitud de la oración estaban relacionados con los fenómenos astronómicos. 

Todos ayunaban en el primer día de la semana en honor al sol y los elegidos también ayunaban en el segundo día en honor a la luna. Todos mantenían el ayuno durante dos días después de cada luna nueva y una vez al año en la luna llena y al comienzo del cuarto creciente de la luna. Además, en el octavo día de cada mes se iniciaba un ayuno que se observaba hasta el atardecer.

Ritos y ceremonias

Se conoce muy poco sobre los ritos y ceremonias de los maniqueos. El aniversario de la muerte de Manes se celebraba con una vigilia de oraciones y lectura espiritual. Se colocaba una silla vacía en la plataforma elevada a la que se subía por cinco escalones. No se conocen más detalles. San Agustín les recrimina que, aunque pretendían ser cristianos, su fiesta de la muerte de Manes excedía en solemnidad a la de la Muerte y Resurrección de Jesucristo.

Los maniqueos deben haber celebrado una especie de bautismo y eucaristía. La epístola sobre el bautismo se perdió y en las fuentes orientales no se menciona el asunto, pero las fuentes cristianas suponen la existencia de estos dos ritos. De mayor importancia que el bautismo era el Consolamentum o "consolación", que consistia en la imposición de manos del elegido sobre el oyente que se incorporaba al grupo. 

De la jerarquía y constitución maniqueas apenas se sabe nada. Manes tenía la intención de proporcionar una cabeza suprema para la multitud de sus seguidores. Incluso decidió que su sucesor residiría en Babilonia. Este sumo sacerdote es conocido en las fuentes arábigas como el Imamate. En Oriente parece haber tenido alguna importancia, en Occidente apenas se conoce. No nos ha llegado ninguna lista de estos sumos pontífices del maniqueísmo; apenas uno o dos nombres se conocen en la historia.

Según fuentes occidentales y orientales la iglesia maniquea se dividía en cinco clases jerárquicas; San Agustín nombra los magistri, episcopi, presbyteri, electi y auditores; esta terminología representa los hijos de la razón, del conocimiento, del misterio y entendimiento. Las predilecciones astrológicas de Manes por el número cinco, evidentes en su cosmogonía, sugirieron esta división para su iglesia o reino de la luz en la tierra. Los maestros y administradores (magistri y episcopi) son probablemente una adaptación de los legontes y drontes, los portavoces y los hacedores en los misterios griegos y babilonios.


sábado, 23 de julio de 2022

Números 29,7-11: Los sacrificios para el Día de la Expiación

Números 29,7-11: Los sacrificios para el Día de la Expiación

7 El décimo día de ese séptimo mes tendrán una asamblea litúrgica, 
   ayunarán y no hará ninguna clase de trabajo.
8 Además, ofrecerán al Señor, como holocausto de aroma agradable, 
   un novillo, un carnero y siete corderos de un año y sin defecto,
9 con la oblación correspondiente: tres décimas partes de una medida de harina de la mejor calidad, amasada con aceite, por el novillo; dos décimas partes por el carnero,
10 y una décima parte por cada uno de los siete corderos.
11 También se ofrecerá un chivo como sacrificio por el pecado. 
     Todo esto, además de la víctima por el pecado ofrecida en la fiesta de la Expiación, 
     del holocausto perpetuo, de su oblación y de sus correspondientes libaciones.

martes, 5 de julio de 2022

Isaías 58,1-12: el ayuno


1 Grita con fuerte voz, no te contengas, alza la voz como una trompeta, 
   denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados. 
2 Consultan mi oráculo a diario, muestran deseo de conocer mi camino 
   como si fueran un pueblo que practicara la justicia y no abandonase el mandato de su Dios. 
   Me piden sentencias justas, desean tener cerca a Dios.
3 ¿Para qué ayunar, si no haces caso? ¿Mortificarnos, si tú no te fijas? 
   Miren: el día de ayuno buscan su propio interés, y maltratan a sus servidores; 
4 miren: ayunan entre peleas y disputas, dando puñetazos sin piedad. 
   No ayunen como ahora, haciendo oír en el cielo sus voces.
5 ¿Es ése el ayuno que el Señor desea, el día en que el hombre se mortifica? 
   Doblar la cabeza como un junco, acostarse sobre estera y ceniza, 
   ¿a eso lo llaman ayuno, día agradable al Señor? 
6 El ayuno que yo quiero es éste: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, 
   dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; 
7 compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, 
   vestir al que ves desnudo y no despreocuparte de tu hermano. 
8 Entonces brillará tu luz como la aurora, tus heridas sanarán rápidamente; 
   tu justicia te abrirá camino, detrás irá la gloria del Señor. 
9 Entonces llamarás al Señor, y te responderá; pedirás auxilio, y te dirá: Aquí estoy. 
   Si destierras de ti toda opresión, y el señalar con el dedo, y la palabra maligna; 
10 si das tu pan al hambriento y sacias el estómago del necesitado, surgirá tu luz en las tinieblas, 
     tu oscuridad se volverá mediodía.
11 El Señor te guiará siempre, en el desierto saciará tu hambre, hará fuertes tus huesos, 
     serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuyas aguas nunca se agotan, 
12 reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre los cimientos antiguos; 
     te llamarán reparador de brechas, restaurador de casas en ruinas.

SOBRE EL MISMO TEMA:

domingo, 12 de junio de 2022

Hechos 27,27-44: Naufragio

27,27-44: Naufragio

27 Era ya la décima cuarta noche que íbamos a la deriva por el Adriático, 
     cuando hacia la media noche presintieron los marineros la proximidad de tierra.
28 Sondearon y hallaron veinte brazas; un poco más lejos sondearon de nuevo y hallaron quince brazas.
29 Temerosos de que fuésemos a chocar contra algunos escollos, echaron cuatro anclas desde la popa 
     y esperaban ansiosamente que se hiciese de día.
30 Los marineros intentaban escapar de la nave, y estaban ya arriando el bote con el pretexto 
     de echar los cables de las anclas de proa.
31 Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: «Si no se quedan éstos en la nave, 
     vosotros no os podréis salvar.»
32 Entonces los soldados cortaron las amarras del bote y lo dejaron caer.
33 Mientras esperaban que se hiciera de día, Pablo aconsejaba a todos que tomasen alimento diciendo: 
     «Hace ya catorce días que, en continua expectación, estáis en ayunas, sin haber comido nada.
34 Por eso os aconsejo que toméis alimento, pues os conviene para vuestra propia salvación; 
     que ninguno de vosotros perderá ni un solo cabello de su cabeza.»
35 Diciendo esto, tomó pan, dio gracias a Dios en presencia de todos, lo partió y se puso a comer.
36 Entonces todos los demás se animaron y tomaron también alimento.
37 Estábamos en total en la nave 276 personas.
38 Una vez satisfechos, aligeraron la nave arrojando el trigo al mar.
39 Cuando vino el día, los marineros no reconocían la tierra; solamente podían divisar una ensenada 
     con su playa; y resolvieron lanzar la nave hacia ella, si fuera posible.
40 Soltaron las anclas que dejaron caer al mar; aflojaron al mismo tiempo las ataduras de los timones; 
     después izaron al viento la vela artimón y pusieron rumbo a la playa.
41 Pero tropezaron contra un lugar con mar por ambos lados, y encallaron allí la nave; la proa clavada, 
     quedó inmóvil; en cambio la popa, sacudida violentamente, se iba deshaciendo.
42 Los soldados entonces resolvieron matar a los presos, no fuera que alguno se escapase a nado;
43 pero el centurión, que quería salvar a Pablo, se opuso a su designio y dio orden de que los que supieran 
     nadar se arrojasen los primeros al agua y ganasen la orilla;
44 y los demás saliesen unos sobre tablones, otros sobre los despojos de la nave. 
     De esta forma todos llegamos a tierra sanos y salvos.

sábado, 11 de junio de 2022

23,12-22: Complot de los judíos contra Pablo

23,12-22: Complot de los judíos contra Pablo

12 Al amanecer, los judíos se confabularon y se comprometieron bajo anatema a no comer ni beber 
     hasta que hubieran matado a Pablo.
13 Eran más de cuarenta los comprometidos en esta conjuración.
14 Estos, pues, se presentaron a los sumos sacerdotes y a los ancianos y le dijeron: 
     «Bajo anatema nos hemos comprometido a no probar cosa alguna hasta que no hayamos dado muerte 
     a Pablo.
15 Vosotros por vuestra parte, de acuerdo con el Sanedrín, indicad al tribuno que os lo baje donde 
     vosotros, como si quisierais examinar más a fondo su caso; nosotros estamos dispuestos a matarle 
     antes de que llegue.»
16 El hijo de la hermana de Pablo se enteró de la celada. Se presentó en el cuartel, entró y se lo contó 
     a Pablo.
17 Pablo llamó a uno de los centuriones y le dijo: «Lleva a este joven donde el tribuno, pues tiene algo 
     que contarle.»
18 El tomó y le presentó al tribuno diciéndole: «Pablo, el preso, me llamó y me rogó que te trajese este 
     joven que tiene algo que decirte.»
19 El tribuno le tomó de la mano, le llevó aparte y le preguntó: «¿Qué es lo que tienes que contarme?»
20 - «Los judíos, contestó, se han concertado para pedirte que mañana bajes a Pablo al Sanedrín con el 
     pretexto de hacer una indagación más a fondo sobre él.
21 Pero tú no les hagas caso, pues le preparan una celada más de cuarenta hombres de entre ellos, 
     que se han comprometido bajo anatema a no comer ni beber hasta haberle dado muerte; 
     y ahora están preparados, esperando tu asentimiento.»
22 El tribuno despidió al muchacho dándole esta recomendación: «No digas a nadie que me has 
     denunciado estas cosas.»

sábado, 4 de junio de 2022

Hchos 13,1-5: Misión de Pablo y Bernabé

13,1-5: Misión de Pablo y Bernabé

1 En la Iglesia de Antioquía había algunos profetas y doctores: Bernabé, Simeón el Negro, 
   Lucio el Cireneo, Manajén, que se había criado con el tetrarca Herodes, y Saulo. 
2 Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo:
    —Sepárenme a Bernabé y a Saulo para la tarea a la que los tengo destinados. 
3 Ayunaron, oraron, e imponiéndoles las manos, los despidieron. 
4 Así, enviados por el Espíritu Santo, bajaron a Seleucia, de allí navegaron a Chipre y, 
5 llegados a Salamina, anunciaban la Palabra de Dios en las sinagogas judías. 
   Llevaban a Juan como colaborador.

sábado, 29 de febrero de 2020

SOBRE EL AYUNO

¿En qué consiste el ayuno? ¿cuál es su sentido?
¿Por qué no comemos carne los viernes de cuaresma?
Ayuno y abstinencia, ¿sumisión o libertad?
Como signo y oración que transforma 
El ayuno y la limosna son la alas de la plegaria  
Contra el estrés, ¿ayuno?

Liturgia de la Palabra:
   Lunes de la Semana del Tiempo Ordinario, Año II 

Citas bíblicas:
Antiguo Testamento:
2 Libro de Samuel:
   David pidió por el niño, prolongó su ayuno 12,1-7a.10-17
Nuevo Testamento:
Evangelio de Lucas:
   Servía a Dios con ayunos 2,36-40
   Los discípulos de Juan ayunan 5,33-39
   Ayuno dos veces por semana 18,9-14
Evangelio de Mateo:
   Cuando ayunéis no andéis cabizbajos 6,1-6.16-18
   Los fariseos ayunamos y tus discípulos 9,14-15
Evangelio de Marcos:
   Los discípulos de Juan y de los fariseos ayunan... 2,18-22

Testimonio:
Ayuno de 3 días  

¿POR QUÉ NO COMEMOS CARNE LOS VIERNES DE CUARESMA?

Los católicos no pueden comer carne ningún viernes del año. Se trata de una realidad que muchas personas ignoran y desconocen. ¿Por qué no se puede comer carne los viernes?

El Código de Derecho Canónico señala que los católicos deben abstenerse de comer carne los viernes durante todo el año, no solamente durante Cuaresma:

Canon 1250: Todos los viernes de todo el año y durante la Cuaresma, son días y tiempos de penitencia en toda la Iglesia Universal.

Canon 1251: Los días viernes durante todo el año ha de haber abstinencia de comer carne u otro alimento de acuerdo a las prescripciones de la conferencia de obispos, a menos que sean solemnidades; han de observarse abstinencia y ayuno el Miércoles de Ceniza y el viernes de la Pasión y Muerte de Nuestra Señor Jesucristo.

Canon 1252: La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años. Cuiden sin embargo los pastores de almas y los padres de que también se formen en un auténtico espíritu de penitencia quienes, por no haber alcanzado la edad, no están obligados al ayuno o a la abstinencia.

Canon 1253: La Conferencia Episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad. Puesto que la Conferencia Episcopal tiene esta facultad, la abstinencia de los viernes que no sean de Cuaresma, en algunos países se puede sustituir por otras acciones penitenciales de acuerdo con lo dictaminado por el Episcopado de dicho país.

Esto último es lo que ocurre en España, donde “la abstinencia puede ser sustituida, según la libre voluntad de los fieles, por cualquiera de las siguientes prácticas recomendadas por la Iglesia:

• lectura de la Sagrada Escritura
• dar limosna
• otras obras de caridad: visitar a los enfermos o atribulados
• obras de piedad: participación en la santa misa, rezo del rosario, etc.
•  mortificaciones corporales”

Pero, ¿realmente somos conscientes los católicos de ello? ¿alguna vez nos recuerdan este carácter penitencial de todos los viernes? Al margen de esto habría que preguntarse el por qué de esta abstinencia. Qué motivo ha llevado a la Iglesia a recomendar la abstinencia de carne y por qué un viernes.

El viernes tiene un tono penitencial 
porque se recuerda la muerte de Cristo

Sobre la cuestión de la abstinencia en sí, la Iglesia nos invita en general a hacerla, a través del Código de Derecho Canónico:

Canon 1249: Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia, a tenor de los cánones que siguen.

Los cánones, expuestos en este artículo, especifican que sea el viernes por ese carácter penitencial que tiene la muerte de Cristo.

En el propio Evangelio, nuestro Señor nos recuerda: “Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y hacen oración, lo mismo que los discípulos de los fariseos; en cambio, los tuyos comen y beben”. Jesús les contestó: “¿Ustedes pretenden hacer ayunar a los amigos del esposo mientras él está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado; entonces tendrán que ayunar”, Lucas 5,33ss.

El esposo nos es quitado el viernes, cuando recordamos su muerte. De ahí que el viernes tenga ese tono penitencial y de sacrificio, y por eso la Iglesia pide esa abstinencia ese día.

¿Por qué carne?

El motivo de que la abstinencia sea en concreto de carne viene de tradición de siglos de historia. Durante mucho tiempo la carne era considerada una comida especial, consumida sobre todo los días de fiesta.

Por tanto, comerla un día de penitencia supondría una falta de coherencia por ese carácter festivo asociado a la carne. Hoy en día continúa la tradición a pesar de que la carne ya no es considerada el producto más especial; por eso, la Iglesia invita a sustituirla por otras cosas fuera de la Cuaresma. Sin embargo, veámoslo como un gesto penitencial para recordar a la muerte de Cristo y unirnos un poco a él en dicha abnegación, y si nos cuesta entenderlo, será una oportunidad para crecer en humildad con tan pequeño gesto, obedeciendo a la Iglesia.

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miércoles, 6 de marzo de 2019

Sobre el AYUNO


¿En qué consiste el ayuno? ¿Cuál es su sentido?


Hay dos días al año en el que la Iglesia obliga a hacer ayuno y abstinencia, el miércoles de ceniza y el viernes santo. Sin embargo el ayuno es un instrumento muy valioso que no tiene porque reducirse a estos dos días. La Iglesia nos invita a realizarlo en ocasiones fuera de estos días, por ejemplo, el papa Francisco invitó a realizarlo en septiembre de 2013 por la paz en Siria. Pero ¿en que consiste el ayuno? ¿Cuál es su sentido?

Para explicar el ayuno habría que empezar hablando de lo que es la Ascesis o Penitencia, ya que el ayuno es solo parte de este trabajo espiritual que todo cristiano debe hacer si quiere llegar a la santidad propuesta por Jesucristo.

Cuando hablamos de Ascesis o Penitencia nos referimos al esfuerzo humano que responde a la gracia de Dios, y es el medio por el cual el hombre se dispone y purifica su vida para que en ella se desarrolle en plenitud la vida divina. Este esfuerzo en nosotros los cristianos adquiere una nota particular y quizás única, ya que, a diferencia de algunas otras “espiritualidades”, la Ascesis en el fiel cristiano, es animada y dirigida por el mismo Espíritu Santo, que no busca destruir sino construir.

El padre Rainiero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, al referirse a la santidad y su relación con la Penitencia, dice que ésta “es el arte de quitar todo lo que estorba en el hombre a fin de hacer visible esa santidad ya contenida en el hombre desde el bautismo”.

Por ello, la Ascesis es la herramienta de la que nos valemos para fortalecer los muros por los cuales transitan nuestros deseos y aspiraciones, los cuales fuera de control son capaces de destruir nuestra vida, o al menos impedir que ésta alcance la plenitud. Es, digamos, el elemento regulador, y, en muchos casos, el propulsor de una vida equilibrada y santa. Por eso dice al respecto el Catecismo de la Iglesia Católica: “Tomar la cruz cada día y seguir a Jesús es el camino más seguro de la penitencia” (Cat. No. 1435).

Por una ancestral tradición, los viernes son considerados como un día de Penitencia. Esto es debido, principalmente a que en un viernes Jesús padeció por nosotros para darnos la vida eterna. Por esta razón, entre otras, se ha identificado la Penitencia con el sufrimiento. Cuando pensamos en la Penitencia, de inmediato viene a nuestra mente los monjes dándose de latigazos, o poniéndose espinas en el pecho, o de alguna manera destruyendo su cuerpo. Sin embargo la Penitencia, como nos lo explicó el Papa Juan Pablo II en Reconciliación y Penitencia, es: todo aquello que ayuda a que el Evangelio pase de la mente al corazón y del corazón a la vida. Es decir la Penitencia es una ayuda para que podamos realmente vivir el Evangelio.

Un santo de la edad media que había entendido bien lo que era la Penitencia decía: la primera y más importante Penitencia es: Orar.

Desafortunadamente, el hombre de hoy tiene un concepto equivocado de lo que es la Ascesis o Penitencia y en muy baja estima el valor de la cruz. La vida cómoda y materialista que vivimos nos hace despreciar con facilidad estos dos valores que son fundamentales (cf. Mt 10,38), por no decir, indispensables, en la vida, no solo para alcanzar la santidad y con ello la plenitud, sino incluso para poder vivir una vida razonablemente alegre y estable. Y es que la Penitencia actúa como una fuerza reguladora sobre nuestras pasiones y deseos los cuales dejados en libertad pueden llegar a destruir nuestra vida. Para contenerlos, en algunos casos debemos agregar a nuestra vida algo, “Ascesis Positiva” , y en otros eliminar o matizar, “Ascesis Negativa”.

En ambas direcciones la Penitencia supone una renuncia, por lo que esto no se podrá hacer sin la ayuda de la cruz y del Espíritu Santo. La Penitencia cristiana, correctamente entendida, no es estoicismo, ni platonismo, por lo que no se trata de destruir nuestro cuerpo, sino de una “herramienta espiritual que ayuda a que los criterios y la vida evangélica, pasen de la mente al corazón y del corazón a la vida diaria”.

Para que la Penitencia sea verdaderamente una ayuda para el crecimiento espiritual, es necesario quitarle toda esa carga negativa que por años ha tenido, para redescubrirla como un momento privilegiado de encuentro con la misericordia de Dios que conoce nuestras miserias y que a pesar de ellas, nos ama y nos ha llamado a la santidad más elevada. Esto nos llevará sin lugar a dudas a experimentar el poder que sana el interior del hombre y que le impulsa a reemprender el camino de la felicidad, la alegría, el gozo y la paz, ya que como bien decía Clímaco: “es mediante la Penitencia como nos libramos de la tiranía de las pasiones”. Así la Ascesis es la cruz benéfica que nos ayuda a renunciar a nosotros mismos, a los excesos y exageraciones, y que prepara el camino para que Dios desarrolle en nosotros la vida divina, la “vida según el Espíritu”.

Sin embargo debemos ser conscientes que la falta de prudencia, puede también desordenar la misma Penitencia, con lo cual se causan graves daños, sobre todo al alma, ya que la práctica de la mortificación debe ser siempre un acto de templanza.

Santo Tomas, citando a San Jerónimo dice: “No hay diferencia entre matarse en largo o en corto tiempo. Se comete una rapiña, en vez de hacerse una ofrenda, cuando se extenúa inmoderadamente [sin templanza] el cuerpo por la demasiada escasez de alimento o el poco de sueño”.

Ahora si, teniendo en cuenta lo que te he dicho sobre la Penitencia, veamos un poco el Ayuno. El Ayuno, desde la vida espiritual, nos ayuda en dos áreas de nuestra vida. Por un lado, es la forma como la voluntad se entrena con la renuncia a cosas buenas, para en su momento poder rechazar las malas. Por otro lado, ejerce una acción misteriosa, que permite al alma abrirse de una manera particular a la gracia y a la presencia de Dios.

Cuando nos privamos de cualquier cosa que está en relación con nuestros apetitos, especialmente con el placer (comer, beber, ver, oír, sentir), estamos acostumbrando a nuestra voluntad a recibir ordenes directamente de nosotros y no de nuestras pasiones. Nos lleva a ser dueños de nosotros mismos. De esta manera, una persona habituada a ayunar será una persona habituada a la renuncia, y tendrá sometidas sus pasiones a la voluntad, de manera que el cuerpo come, duerme, y hace lo que la voluntad le indica. Si la voluntad está orientada a Dios, buscará evitar todo lo que lo separa de Dios y orientará todas sus acciones a Él.

Por otro lado, el Ayuno, especialmente el de la comida, nos abre de una manera misteriosa a la presencia de Dios. Parecería como si el hambre corporal se fuera convirtiendo en hambre de Dios.

Ahora bien, para que esto se realice, el Ayuno debe estar unido a la oración. Sin oración el Ayuno se convierte en dieta o en estoicismo, que poco o nada ayuda a la vida espiritual.

De manera práctica, indicamos algunos elementos que pueden ser de utilidad para iniciarse y crecer en este ejercicio espiritual:

1- Lo primero es que el Ayuno debe ser progresivo. Es decir hay que comenzar por lo poco y, poco a poco, progresar en él. Hay que empezar por tanto con pequeñas renuncias, como negarse un café, un vaso de agua, un dulce, un postre, un programa de televisión, etc. Esto irá poco a poco aumentando tu capacidad de renuncia.

2- Iniciar el Ayuno con un buen rato de oración. Es recomendable prepararlo desde un día antes. Por ejemplo haciendo por la noche un buen rato de oración y ofreciendo a Dios el día de Ayuno. Pidiendo a Dios la gracia que se necesita o el sentido que se quiere ver fortalecido con el Ayuno. Durante todo el día de Ayuno, dedicar el mayor tiempo que se pueda a la oración. Es conveniente que se escoja un salmo el día anterior y alguna frase del salmo para repetirlo durante todo el día de Ayuno, como: “Señor tú eres mi fuerza y mi victoria”, o alguna frase del mismo salmo. Regresar durante el día al salmo y tener el mayor tiempo de oración que se pueda. Hay que sustituir el alimento corporal con alimento espiritual.

3- Es muy conveniente iniciar el Ayuno con la Eucaristía. Buscar una Iglesia en donde se pueda comulgar en la mañana. Si no se puede, hacer al menos una comunión espiritual.

4- Una vez que se haya progresado con las renuncias, iniciar con lo que se llama el Ayuno Eclesiástico, que es lo mínimo que nos invita a vivir la Iglesia en los días prefijados de Ayuno (Miércoles de ceniza y Viernes Santo). Este consiste en desayunar un pan y un café, no tomar nada entre comidas, comer ligero (procurando que te quedes con un poco de hambre) y finalmente por la noche lo mismo un pan y un café.

5- El siguiente paso es hacer medio Ayuno, que consiste en solo un café en la mañana, nada entre comidas y una comida ligera. Solo agua todo el día. Por la tarde se puede tomar una cucharada de miel, sobre todo si se tiene un trabajo que requiera mucho desgaste de energía.

6- Finalmente se puede aspirar al Ayuno de pan y agua, que consiste en comer solo pan y agua. Lo mismo, se podría tomar una cucharada de miel a media mañana y a media tarde para recuperar energía.

Hay que recordar que es una obra del Espíritu, por lo que no hay que esperar resultados como si a cada acción hubiera una reacción. A veces un pequeño esfuerzo de nuestra parte corresponde a una gracia inmensa de Dios y viceversa, un gran esfuerzo humano y pocos resultados espirituales. Dios sabe cómo, y en qué momento darnos las gracias. De lo que si podemos estar seguro es que al iniciarse en el ayuno te abres a la santidad y tu vida cambia radicalmente. El Ayuno contribuye a la perfección cristiana.

Fuente: laverdadcatolica.org

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domingo, 4 de marzo de 2018

Ayuno y abstinencia, ¿sumisión o libertad?, por la Hermana Beatriz Liaño


Tanto en el cristianismo como el islam encontramos la práctica del ayuno. A simple vista podría parecer un lazo que nos une, pero cuando se estudian con un poco de profundidad las motivaciones con las que ayunan cristianos y musulmanes descubrimos asombrados que esta práctica, antes que acercarnos, nos aleja.

Quizás es bueno reflexionar sobre estas diferencias, precisamente para comprender el verdadero sentido de la mortificación cristiana.

El islam es una religión que desconoce el amor y el perdón. La actitud fundamental del musulmán es la sumisión, a la que se llega a través del temor. De ahí que el mismo ayuno es señal de sometimiento, de subordinación.

En cambio, el espíritu de mortificación cristiano está animado por una disposición bien distinta. Los cristianos somos y nos sabemos hijos de Dios. Para nosotros la mortificación es, en primer lugar, una forma de manifestar nuestro amor a Dios, que tanto «nos ha amado hasta dar su vida por nosotros». D

Dice San Agustín que «el amor o se da entre iguales o hace iguales». Cuando se contempla de verdad a Cristo Crucificado, cuando se le ama de verdad, se comprende el sentido y la necesidad de una voluntaria mortificación, de un camino de purificación que nos permita unirnos y asemejarnos a Él, acortar las distancias entre su santidad y nuestra pobreza. No es mi intención cuestionar al buen musulmán que ayuna con ese sentimiento de temor de Dios en su corazón. Pero es cierto lo que digo. Su ayuno es muy distinto del nuestro y no se pueden poner al mismo nivel.

El sentido cristiano de la mortificación va más allá todavía, pero para comprender ese «más allá» es necesario aceptar que nacemos con una herida llamada pecado original que provoca en nosotros un cierto desorden, una inclinación al mal, una debilidad frente a nuestras pasiones que se acrecienta en la medida en que crece nuestro pecado personal. Ante la realidad de esta herida provocada por el pecado, la mortificación es maestra de virtudes y libertadora frente a tantos vicios que nos hacen esclavos del pecado. Renunciamos a lo que es lícito para alcanzar la gracia de rechazar lo que no lo es.

En este sentido, si en el musulmán el ayuno es signo de sumisión, en el cristiano el ayuno es signo de libertad, porque el gran sufrimiento de nuestra alma es lo que San Pablo expresaba diciendo: «Veo el bien que quiero y hago el mal que no quiero». La mortificación nos enseña a escoger el bien, nos enseña el arte de poseernos a nosotros mismos para poder entregarnos a los demás. El genial dominico padre Garrigou- Lagrange decía: «¿Cómo podríamos ser dulces con quien es áspero con nosotros sin saber vencernos a nosotros mismos y poseer la propia alma?».

En concreto, lo que la Iglesia pide en cuanto al ayuno y la abstinencia se recoge en un breve canon, el número 1251 del Código de Derecho Canónico: «Todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo». La práctica tradicional en España es que no se come carne los viernes, pero ese sacrificio puede ser sustituido por una limosna o por otro sacrificio, salvo en Cuaresma, tiempo en el que no es sustituible por nada. Sobre el ayuno, el Código —redactado con el corazón materno de la Iglesia— no da normas precisas. Lo deja a la generosidad y capacidad de cada uno.

Hay que explicar que esta práctica de «no comer carne» los viernes, nació como una renuncia de los «ricos», porque los pobres no podían pagar la carne. Todavía en casa de Juan XXIII, cuando era niño, solo se comía carne en Navidad y en Pascua. La alimentación de los pobres era la polenta, el maíz en todas sus formas, verdura y fruta. Para ellos no comer carne no era un sacrificio, sencillamente porque no había otra opción.

Y, sin embargo, también los pobres deben hacer penitencia y renunciar voluntariamente y por amor de Dios a cosas que, de ordinario, son absolutamente lícitas. De hecho, puede haber una persona a la que le cueste más renunciar al café de media mañana que comer pescado un viernes. Si esa persona es generosa y le quiere ofrecer al Señor el sacrificio de no tomar ese café el viernes, el Señor lo bendecirá. Pero en Cuaresma, aunque haga el sacrificio de no tomar ese café, la Iglesia le recuerda que además debe cumplir la abstinencia de carne.

Pero, ¿por qué no se debe comer carne los viernes? Si es una ley de Iglesia, es decir, que no es un mandamiento de Dios, si se podría sustituir por otra cosa, si hay cosas que pueden costarnos más… La palabra de Dios nos ayuda a iluminar nuestras perplejidades: «¿Quiere el Señor holocaustos y sacrificios o quiere que se obedezca su voz? La obediencia vale más que el sacrificio; la docilidad, más que la grasa de carneros» (I Sam 15, 22). Al final, la decisión de aceptar este mandato de la Iglesia es una cuestión de obediencia y de amor. Es más, el verdadero sacrificio y la verdadera abstinencia es nuestra obediencia.

Hay otra razón: tampoco es despreciable la fuerza que da a nuestra oración y nuestro ofrecimiento la comunidad, el que este sacrificio de no comer carne y de ayunar lo hacemos toda la Iglesia al unísono. El Señor dijo: «Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18, 20). Y si además estos dos o tres se unen para hacer un sacrificio en su nombre, cuántas gracias derramará el Señor, cuántas bendiciones hará llover sobre la faz de la tierra.

Hoy en día tantos ayunan por guardar la línea, por cuidar la salud… Algunos no comen carne nunca, y no pasa nada. Solo si ayunamos por amor a Dios, o dejamos de comer carne un viernes por amor de Dios estamos haciendo una locura o una tontería. Seguramente el problema es una grave falta de fe, de verdadera experiencia de Dios. No amamos bastante para comprender el valor del sacrificio.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Sobre el AYUNO


La palabra “ayuno” (acción de no comer) viene del latín “ieiunum”, que significa vacío.

Los occidentales de nuestros días, incluso cristianos, apenas aprecian el ayuno que consiste en privarse de todo alimento y bebida durante uno o varios días. Sí aprecian la moderación en el beber y el comer, pero el ayuno les parece peligroso para la salud y no ven su utilidad para la vida espiritual. Esta actitud es la opuesta de la que los historiadores de las religiones descubren en todas partes: por motivos de ascesis, de purificación, de luto, de súplica, ocupa el ayuno un puesto importante en los ritos religiosos.

En el Islam, por ejemplo, es el medio por excelencia de experimentar la trascendencia divina. La Biblia, en la que se funda en este punto la actitud de la Iglesia, coincide en este particular con todas las demás corrientes religiosas. Pero la Biblia precisa el sentido del ayuno y regula su práctica; con la oración y la limosna es para ella el ayuno uno de los actos esenciales que traducen delante de Dios la humildad, la esperanza y el amor del hombre.

1. Sentido del ayuno

De nada sirve una religión puramente espiritual: el alma tiene necesidad de los actos y de las actitudes del cuerpo. El ayuno, siempre acompañado de oración suplicante, sirve para traducir la humildad delante de Dios: ayunar Lev 16,31 equivale a «humillar su alma» 16,29.

El ayuno no es, pues, una hazaña ascética; no tiende a procurar algún estado de exaltación psicológica o religiosa. Tales utilizaciones se muestran en la historia de las religiones. Pero en el clima bíblico, cuando uno se abstiene de comer un día entero (Jue 20,23; 2Sa 12,16s; Jon 3,7) siendo así que considera el alimento como don de Dios (Dt 8,3), esta privación es un gesto religioso, cuyos motivos hay que comprender.

El que ayuna se vuelve hacia el Señor (Dan 9,3; Esd 8,21) en una actitud de dependencia y de abandono totales: antes de emprender un quehacer difícil (Jue 20,26; Est 4,16) como también para implorar el perdón de una culpa (1Re 21,27), en señal de luto por una desgracia doméstica (2Sa 12,16.22) o nacional (1Sa 7,6; 2Sa 1,12; Bar 1,5; Zac 8,19) para obtener la cesación de una calamidad (Jl 2,12-17; Jdt 4,9-13) abrirse a la luz divina (Dan 10,12), aguardar la gracia necesaria para el cumplimiento de una misión (Act 13,2s), prepararse al encuentro con Dios (Ex 34,28; Dan 9,3).

Las ocasiones y los motivos son variados. Pero en todos los casos se trata de situarse con fe en una actitud de humildad para acoger la acción de Dios y ponerse en su presencia. Esta intención profunda descubre el sentido de las cuarentenas pasadas sin alimento por Moisés (Ex 34,28) y Elías (1Re 19,8).

En cuanto a la cuarentena de Jesús en el desierto, que se rige conforme a este doble patrón, no tiene por objeto abrirse al Espíritu de Dios, puesto que Jesús está lleno de él (Lc 4,1); si el Espíritu le mueve a este ayuno, es para que inaugure su misión mesiánica con un acto de abandono confiado en su padre Mt 4,1-4.

2. Práctica del ayuno

La liturgia judía conocía un «gran ayuno» el día de la expiación (Act 27,9); su práctica era condición de pertenencia al pueblo de Dios (Lev 23,29). Había también otros ayunos colectivos en los aniversarios de las desgracias nacionales. Además, los judíos piadosos ayunaban por devoción personal (Lc 2,37); así los discípulos de Juan Bautista y los fariseos (Mc 2,18), algunos de los cuales ayunaban dos veces por semana (Lc 18,12). Se trataba de realizar uno de los elementos de la justicia definida por la ley y por los profetas.

Si Jesús no prescribe nada semejante a sus discípulos (Mc 2,18), no es que desprecie tal justicia o que quiera abolirla sino que viene a cumplirla o consumarla, por lo cual prohibe hacer alarde de ella y en algunos puntos invita a superarla (Mt 5,17.20 6,1).

En efecto, la práctica del ayuno lleva consigo ciertos riesgos: riesgo de formalismo, que denuncian ya los profetas (Am 5,21; Jer 14,12); riesgo de soberbia y de ostentación, si se ayuna «para ser visto por los hombres» (Mt 6,16). Para que el ayuno agrade a Dios debe ir unido con el amor del prójimo y comportar una búsqueda de la verdadera justicia (Is 58,2-11); es tan inseparable de la limosna como la oración.

Finalmente, hay que ayunar por amor de Dios (Zac 7,5). Así invita Jesús a hacerlo con perfecta discreción: este ayuno, conocido de Dios solo, será la pura expresión de la esperanza en él, un ayuno humilde que abrirá el corazón a la justicia interior, obra del Padre que ve y actúa en lo secreto (Mt 6,17s).

La Iglesia apostólica conserva en materia de ayuno las costumbres de los judíos, practicadas en el espíritu definido por Jesús. Los Hechos de los Apóstoles mencionan celebraciones cultuales acompañadas de ayuno y oración (Act 13,2ss; 14,22).

Pablo no se contenta con sufrir hambre y sed cuando las circunstancias lo exigen, sino que añade repetidos ayunos (2Cor 6,5 11,27). La Iglesia ha permanecido fiel a esta tradición procurando mediante la práctica del ayuno poner a los fieles en una actitud de abertura total a la gracia del Señor en espera de su retorno. Porque si la primera venida de Jesús colmó la expectativa de Israel, el tiempo que sigue a su resurrección no es el de la alegría total, en el que no sientan bien los actos de penitencia.

Jesús mismo, defendiendo contra los fariseos a sus discípulos que no ayunaban, dijo: «¿Pueden ayunar los amigos del esposo mientras el esposo está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el esposo: en esos dias ayunarán» (Mc 2,19s).

El verdadero ayuno es, pues, el de la fe, la privación de la visión del Amado y su búsqueda permanente. En espera del retorno del esposo, el ayuno penitencial entra dentro de las prácticas de la Iglesia.

sábado, 12 de agosto de 2017

1 Reyes 21,1-16: La viña de Nabot

1 Reyes 21,1-16  

21:1 Después de esto, sucedió lo siguiente: Nabot, el izreelita, tenía una viña en Izreel, al lado del palacio de Ajab, rey de Samaría.
21:2 Ajab dijo a Nabot: "Dame tu viña para hacerme una huerta, ya que está justo al lado de mi casa. Yo te daré a cambio una viña mejor o, si prefieres, te pagaré su valor en dinero".
21:3 Pero Nabot respondió a Ajab: "¡El Señor me libre de cederte la herencia de mis padres!".
21:4 Ajab se fue a su casa malhumorado y muy irritado por lo que le había dicho Nabot, el izreelita: "No te daré la herencia de mis padres". Se tiró en su lecho, dio vuelta la cara y no quiso probar bocado.
21:5 Entonces fue a verlo su esposa Jezabel y le preguntó: "¿Por qué estás tan malhumorado y no comes nada?"
21:6 Él le dijo: "Porque le hablé a Nabot, el izreelita, y le propuse: 'Véndeme tu viña o, si quieres, te daré otra a cambio'. Pero él respondió: 'No te daré mi viña'".
21:7 Su esposa Jezabel le dijo: "¿Así ejerces tú la realeza sobre Israel? ¡Levántate, come y alégrate! ¡Yo te daré la viña de Nabot, el izreelita!".
21:8 En seguida escribió una carta en nombre de Ajab, la selló con el sello del rey y la envió a los ancianos y a los notables de la ciudad, conciudadanos de Nabot.
21:9 En esa carta escribió: "Proclamen un ayuno y en la asamblea del pueblo hagan sentar a Nabot en primera fila.
21:10 Hagan sentar enfrente a dos malvados, que atestigüen contra él, diciendo: 'Tú has maldecido a Dios y al rey'. Luego sáquenlo afuera y mátenlo a pedradas".
21:11 Los hombres de la ciudad, los ancianos y notables, conciudadanos de Nabot, obraron de acuerdo con lo que les había mandado Jezabel, según lo que estaba escrito en la carta que les había enviado.
21:12 Proclamaron un ayuno e hicieron sentar a Nabot en primera fila.
21:13 En seguida llegaron dos malvados que se le sentaron enfrente y atestiguaron contra él diciendo: "Nabot ha maldecido a Dios y al rey". Entonces lo sacaron fuera de la ciudad y lo mataron a pedradas.
21:14 Y mandaron decir a Jezabel: "Nabot fue apedreado y murió".
21:15 Cuando Jezabel se enteró de que Nabot había sido matado a pedradas, dijo a Ajab: "Ya puedes tomar posesión de la viña de Nabot, esa que él se negaba a venderte, porque Nabot ya no vive: está muerto".
21:16 Apenas oyó Ajab que Nabot estaba muerto, bajó a la viña de Nabot, el izreelita, para tomar posesión de ella.

sábado, 8 de julio de 2017

Mateo 9,14-17: Discusión sobre el ayuno


Mateo 9,14-17
Sábado de la 13 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II
Viernes después del Miércoles de Cuaresma, (Mt 9,14-15)

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: "¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?" Jesús les dijo: "¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque revientan los odres; se derrama el vino, y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así las dos cosas se conservan."

SOBRE EL MISMO TEMA:
¿Cómo debe ser el ayuno y la limosna en Cuaresma?
El ayuno que yo quiero
Amor y penitencia
No vale ayunar el viernes y tratar mal al empleado

miércoles, 21 de junio de 2017

MIÉRCOLES DE LA 11 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

II Corintios 9,6-11
Salmo 111: Dichoso quien teme al Señor
Mateo 6,1-6.16-18

II Corintios 9,6-11

Hermanos: El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; y el que siembra generosamente, generosamente cosechará. Cada uno dé como haya decidido su conciencia: no a disgusto ni por compromiso; porque al que da de buena gana lo ama Dios. Tiene Dios poder para colmaros de toda clase de favores, de modo que, teniendo siempre lo suficiente, os sobre para obras buenas. Como dice la Escritura: "Reparte limosna a los pobres, su justicia es constante, sin falta." El que proporciona semilla para sembrar y pan para comer os proporcionará y aumentará la semilla, y multiplicará la cosecha de vuestra justicia. Siempre seréis ricos para ser generosos, y así, por medio nuestro, se dará gracias a Dios.

Salmo 111: Dichoso quien teme al Señor

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.
R. Dichoso quien teme al Señor

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.
R. Dichoso quien teme al Señor

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.
R. Dichoso quien teme al Señor

Mateo 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.

Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará."