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sábado, 6 de agosto de 2022

Lucas 12,39-48: "Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?

Lucas 12,32-48


El verdadero tesoro

32 No temas, pequeño rebaño, porque el Padre de ustedes ha querido darles el Reino.
33 Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten 
     y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla.
34 Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón.


Lucas 12,35-38
Exhortación a la vigilancia
Martes de la 29 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os seguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. "

Lucas 12,39-48
Parábola del servidor fiel
Miércoles de la 29 Semana del Tiempo Ordinario I y II

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: "Comprended que, si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre". Pedro preguntó: "Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?" El Señor le respondió: "¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo al llegar encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda al llegar", y empieza a pegarle a los mozos y a las muchachas, a comer y deber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere, y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá".

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lunes, 14 de enero de 2019

Bodas de Caná: un gesto poco religioso


"Había una boda en Galilea". Así comienza este relato en el que se nos dice algo inesperado y sorprendente. La primera intervención pública de Jesús, el Enviado de Dios, no tiene nada de religioso. No acontece en un lugar sagrado. Jesús inaugura su actividad profética "salvando" una fiesta de bodas que podía haber terminado muy mal. En aquellas aldeas pobres de Galilea, la fiesta de las bodas era la más apreciada por todos. Durante varios días, familiares y amigos acompañaban a los novios comiendo y bebiendo con ellos, bailando danzas festivas y cantando canciones de amor.

El evangelio de Juan nos dice que fue en medio de una de estas bodas donde Jesús hizo su "primer signo", el signo que nos ofrece la clave para entender toda su actuación y el sentido profundo de su misión salvadora.

El evangelista Juan no habla de "milagros". A los gestos sorprendentes que realiza Jesús los llama siempre "signos". No quiere que sus lectores se queden en lo que puede haber de prodigioso en su actuación. Nos invita a que descubramos su significado más profundo. Para ello nos ofrece algunas pistas de carácter simbólico. Veamos solo una.

La madre de Jesús, atenta a los detalles de la fiesta, se da cuente de que "no les queda vino" y se lo indica a su hijo. Tal vez los novios, de condición humilde, se han visto desbordados por los invitados. María está preocupada. La fiesta está en peligro. ¿Cómo puede terminar una boda sin vino? Ella confía en Jesús.

Entre los campesinos de Galilea el vino era un símbolo muy conocido de la alegría y del amor. Lo sabían todos. Si en la vida falta la alegría y falta el amor, ¿en qué puede terminar la convivencia? María no se equivoca. Jesús interviene para salvar la fiesta proporcionando vino abundante y de excelente calidad.

Este gesto de Jesús nos ayuda a captar la orientación de su vida entera y el contenido fundamental de su proyecto del reino de Dios. Mientras los dirigentes religiosos y los maestros de la ley se preocupan de la religión, Jesús se dedica a hacer más humana y llevadera la vida de la gente.

Los evangelios presentan a Jesús concentrado, no en la religión sino en la vida. No es solo para personas religiosas y piadosas. Es también para quienes se han quedado decepcionados por la religión, pero sienten necesidad de vivir de manera más digna y dichosa. ¿Por qué? Porque Jesús contagia fe en un Dios en el que se puede confiar y con el que se puede vivir con alegría, y porque atrae hacia una vida más generosa, movida por un amor solidario.

Autor: José Antonio Pagola

+ SOBRE Jn 2,1-11    

Bodas de Caná: Simbolismo matrimonial y eucarístico


"El evangelista, subrayando la iniciativa de María en el primer milagro y recordando su presencia en el Calvario, al pie de la Cruz, ayuda a comprender que la cooperación de María se extiende a toda la obra de Cristo.

La petición de la Virgen se sitúa dentro del designio divino de salvación. "En el primer milagro obrado por Jesús los Padres de la Iglesia han vislumbrado una fuerte dimensión simbólica, descubriendo, en la transformación del agua en vino, el anuncio del paso de la antigua alianza a
la nueva.

En Caná, precisamente el agua de las tinajas, destinada a la purificación de los judíos y al cumplimiento de las prescripciones legales (cfr. Mc 7, 1-15), se transforma en el vino nuevo del banquete nupcial, símbolo de la unión definitiva entre Dios y la humanidad.

"El contexto de un banquete de bodas, que Jesús eligió para su primer milagro, remite al simbolismo matrimonial, frecuente en el Antiguo Testamento para indicar la alianza entre Dios y su pueblo (cfr. Os 2, 21 Jr 2, 1-8, Sal 44, etc.), y en el Nuevo Testamento para significar la unión de Cristo con la Iglesia (cfr. Jn 3, 28-30; Ef 5, 25-32; Ap 21, 1-2; etc.).

"La presencia de Jesús en Caná manifiesta, además, el proyecto salvífico de Dios con respecto al matrimonio. En esa perspectiva la carencia de vino se puede interpretar como una alusión a la falta de amor, que lamentablemente es una amenaza que se cierne a menudo sobre la unión conyugal. María pide a Jesús que intervenga en favor de todos los esposos, a quienes sólo un amor fundado en Dios puede librar de los peligros de la infidelidad, de la incomprensión y de las divisiones. La gracia del sacramento ofrece a los esposos esta fuerza superior de amor, que puede robustecer su compromiso de fidelidad incluso en las circunstancias difíciles.

"Según la interpretación de los autores cristianos el milagro de Caná encierra, además, un profundo significado eucarístico. Al realizarlo en la proximidad de la solemnidad de la Pascua judía (cfr. Jn 2,13), Jesús manifiesta, como en la multiplicación de los panes (cfr. Jn 6,4), la intención de preparar el verdadero banquete pascual, la Eucaristía. Probablemente, ese deseo, en las bodas de Caná, queda subrayado aún más por la presencia del vino, que alude a la sangre de la nueva alianza, y por el contexto de un banquete.

"De este modo María después de estar en el origen de la presencia de Jesús en la fiesta, consigue el milagro del vino nuevo, que prefigura la Eucaristía, signo supremo de la presencia de su Hijo resucitado entre los discípulos".

SOBRE Jn 2,2-11

Fuente:
San Juan Pablo II
Discurso en la audiencia general
5-III-1997.

Bodas de Caná: "Tres días después y anticipación de la hora"


A primera vista, el milagro de Caná parece que se separa un poco de los otros signos empleados por Jesús. ¿Qué sentido puede tener que Jesús proporcione una gran cantidad de vino (unos 520 litros) para una fiesta privada?

Tres días después 

Debemos, pues, analizar el asunto con más detalle, para comprender que en modo alguno se trata de un lujo privado, sino de algo con mucho más alcance. Para empezar, es importante la datación: "Tres días después había una boda en Caná de Galilea" (Jn 2,1).

No está muy claro a qué fecha anterior hace referencia con la indicación del tercer día; pero precisamente por eso parece evidente que el evangelista otorga una gran importancia a esta indicación temporal simbólica que él nos ofrece como clave para entender el episodio.

"En el Antiguo Testamento, el tercer día hace referencia al día de la teofanía como, por ejemplo, en el relato central del encuentro entre Dios e Israel en el Sinaí: "Al amanecer del tercer día, hubo truenos y relámpagos... El Señor había bajado sobre él en medio del fuego" (Ex 19,16-18).

Al mismo tiempo, es posible percibir aquí una referencia anticipada a la teofanía final y decisiva de la historia: la resurrección de Cristo al tercer día, en la cual los anteriores encuentros con Dios dejan paso a la irrupción definitiva de Dios en la tierra; la resurrección en la cual se rasga la tierra de una vez por todas, sumida en la vida misma de Dios. Se encuentra aquí una alusión a que se trata de una primera manifestación de Dios que está en continuidad con los acontecimientos del Antiguo Testamento, los cuales llevan consigo un carácter de promesa y tienden a su cumplimiento (...).

No le ha llegado su hora 

"Hay otro elemento fundamental del relato relacionado con esta datación. Jesús dice a María, su madre, que todavía no le ha llegado su "hora". Eso significa, en primer lugar, que Él no actúa ni
decide simplemente por iniciativa suya, sino en consonancia con la voluntad del Padre, siempre a
partir del designio del Padre.

De modo más preciso, la "hora" hace referencia a su "glorificación", en que cruz y resurrección, así como su presencia universal a través de la palabra y el sacramento, se ven como un todo único. La hora de Jesús, la hora de su "gloria", comienza en el momento de la cruz y tiene su exacta localización histórica: cuando los corderos de la Pascua son sacrificados, Jesús derrama su sangre como el verdadero Cordero.

Su hora procede de Dios, pero está fijada con extrema precisión en el contexto de la historia, unida a una fecha litúrgica y, precisamente por ello, es el comienzo de la nueva liturgia en "espíritu y verdad". Cuando en aquel instante Jesús habla a María de su hora, está relacionando precisamente ese momento con el del misterio de la cruz concebido como su glorificación. Esa hora no había llegado todavía, esto se debía precisar antes de nada. Y, no obstante, Jesús tiene el poder de anticipar esta "hora" misteriosamente con signos. Por tanto, el milagro de Caná se caracteriza como una anticipación de la hora y está interiormente relacionado con ella.

"¿Cómo podríamos olvidar que este conmovedor misterio de la anticipación de la hora se sigue produciendo todavía? Así como Jesús, ante el ruego de su madre, anticipa simbólicamente su hora y, al mismo tiempo, se remite a ella, lo mismo ocurre siempre de nuevo en la Eucaristía: ante la oración de la Iglesia, el Señor anticipa en ella su segunda venida, viene ya, celebra ahora la boda con nosotros, nos hace salir de nuestro tiempo lanzándonos hacia aquella "hora".

"De esta manera comenzamos a entender lo sucedido en Caná. La señal de Dios es la sobreabundancia. Lo vemos en la multiplicación de los panes, lo volvemos a ver siempre, pero sobre todo en el centro de la historia de la salvación: en el hecho de que se derrocha a sí mismo por la mísera criatura que es el hombre. Este exceso es su "gloria". La sobreabundancia de Caná es, por ello, un signo de que ha comenzado la fiesta de Dios con la humanidad, su entregarse a sí mismo por los hombres.

El marco del episodio -la bodase convierte así en la imagen que, más allá de sí misma, señala la hora mesiánica: la hora de las nupcias de Dios con su pueblo ha comenzado con la venida de Jesús. La promesa escatológica irrumpe en el presente".

Autor: Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, vol. I

Bodas de Caná: anuncio de la unión de Dios con la humanidad


Al finalizar el largo período de Nazaret, el Señor comenzó a predicar la llegada del reino de Dios. Todos los evangelistas recogen el primer acto de esta nueva etapa: la recepción del bautismo que el Precursor administraba a orillas del Jordán, sin embargo, sólo Juan señala la presencia de la Virgen en esos comienzos de la vida pública: al tercer día -anota- se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y estaba allí la Madre de Jesús.

También fueron invitados a la boda Jesús y sus discípulos

Una lectura rápida del texto lleva a constatar que Jesús realiza un milagro a ruegos de su Madre. La celebración de las bodas duraba siete días; y en una aldea pequeña, como Caná, es probable que todos los habitantes participaran de un modo u otro en los festejos. Jesús se presentó en compañía de los primeros discípulos. No resulta extraño que, con tantos asistentes, llegase a escasear el vino. María, atenta siempre a las necesidades de los demás, fue la primera en darse cuenta y lo comunicó a su Hijo: no tienen vino (Jn 2,3). Después de una respuesta difícil de
interpretar, Jesús atendió la petición de su Madre y realizó el gran milagro de la conversión del agua en vino.

Sin embargo, lo que Juan desea relatarnos no acaba ahí. Cuando escribe su evangelio, al final de su vida, iluminado por el Espíritu Santo, ha meditado largamente sobre los milagros y las enseñanzas de Jesús. Ha profundizado en el significado de este primer signo y pone de relieve su sentido más profundo. Así lo afirma el Magisterio pontificio reciente, acogiendo las conclusiones a las que han llegado los estudiosos de la Sagrada Escritura en los últimos decenios.

Al tercer día

La precisión cronológica con que el evangelista sitúa el acontecimiento tiene un profundo significado. Según el libro del Éxodo, la manifestación de Dios a Israel para hacer la alianza tuvo lugar tres días después de haber llegado al monte Sinaí. Ahora, al tercer día desde el regreso a Galilea en compañía de los primeros discípulos, Jesús va a manifestar su gloria por primera vez. Por otra parte, la glorificación plena de su Santa Humanidad tuvo lugar al tercer día después de la muerte, mediante la resurrección.

“Mujer”

Más allá del hecho histórico de las bodas, Juan pone de relieve que la presencia de María al principio y al final de la vida pública de Jesús obedece a un designio divino. El apelativo con que el Señor se dirige a Ella en Caná -llamándola mujer en lugar de madre- parece manifestar su intención de formar una familia fundada, no en los lazos de la sangre, sino sobre la fe. Viene espontáneamente a la memoria que del mismo modo se dirigió Dios a Eva en el Paraíso, cuando prometió que de su descendencia saldría el Redentor (cfr. Gn 3, 15).

En Caná, pues, María advierte que su misión materna no se acaba en el plano natural: Dios cuenta con Ella para ser Madre espiritual de los discípulos de su Hijo, en los que desde este momento, gracias a su intervención cerca de Jesús, comienza a nacer la fe en el Mesías prometido. Lo afirma el mismo San Juan al final de la narración: así, en Caná de Galilea, hizo Jesús el primero de los signos con el que manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en Él (Jn 2, 11).

Bodas: unión del Verbo con la humanidad

La mayor parte de los estudiosos afirma que esas bodas son un símbolo de la unión del Verbo con la humanidad. Lo habían anunciado los profetas: sellaré con vosotros una alianza eterna (...). Naciones que no conocías correrán hacia ti (Is 55, 3.5). Y los Padres de la Iglesia habían explicado que el agua de las tinajas de piedra, preparadas para las purificaciones de los judíos (Jn 2, 6), representaban a la antigua Ley, que Jesús va a llevar a su perfección mediante la Ley nueva del Espíritu impresa en los corazones.

La nueva alianza prometida en el Antiguo Testamento para los tiempos mesiánicos se anunciaba con la imagen de un banquete de bodas; abundarían todo tipo de bienes, especialmente el vino. Es significativo que, en el relato de San Juan, precisamente el vino alcance gran protagonismo: se le menciona cinco veces, y se afirma que el que Jesús hizo surgir con su poder era mejor que el que empezó a faltar (cfr. Jn 2,10). También es notable el volumen de agua convertida en vino: más de 500 litros. Esta sobreabundancia es típica de los tiempos mesiánicos.

Mujer, ¿qué a ti y a mí? Aún no ha llegado mi hora

Cualquiera que sea el significado exacto de estas palabras (que además estarían matizadas por el tono de la voz, el gesto de la cara, etc.), resulta claro que la Virgen no pierde la confianza en su Hijo: ha dejado la cuestión en sus manos y dirige a los sirvientes una exhortación -haced lo que Él os diga (Jn 2,5)- que son las últimas palabras suyas recogidas en el evangelio.

En esta breve frase resuena el eco de lo que el pueblo de Israel respondió a Moisés cuando, de parte de Dios, pedía su asentimiento a la alianza del Sinaí: haremos todo lo que el Señor nos ha dicho (Ex 19,8). Aquellos hombres y mujeres fueron muchas veces infieles al pacto con el Señor; los sirvientes de Caná, en cambio, obedecieron con prontitud y plenamente. Jesús les dijo: -Llenad de agua las tinajas. Y las llenaron hasta arriba.

Entonces les dijo: -Sacad ahora y llevad al maestresala. Así lo hicieron (Jn 2,7-8). María ha depositado su confianza en el Señor y adelanta el momento de su manifestación mesiánica. Precede en la fe a los discípulos, que creerán en Jesús después de realizado el prodigio. De este modo, la Virgen colabora con su Hijo en los primeros momentos de la formación de la nueva familia de Jesús. Así parece sugerirlo el evangelista, que concluye su narración con las siguientes palabras: después de esto bajó a Cafarnaún con su madre, sus hermanos y sus discípulos; y se quedaron allí unos días (Jn 2,12). Ya está todo preparado para que el Señor, con el anuncio de la Buena Nueva, con sus palabras y sus obras, dé comienzo al nuevo Pueblo de Dios,
que es la Iglesia.

por J.A. Loarte
opusdei.org

domingo, 13 de enero de 2019

María en las bodas de Caná


1. En el episodio de las bodas de Caná, san Juan presenta la primera intervención de María en la vida pública de Jesús y pone de relieve su cooperación en la misión de su Hijo.

Ya desde el inicio del relato, el evangelista anota que «estaba allí la madre de Jesús» (Jn 2, 1) y, como para sugerir que esa presencia estaba en el origen de la invitación dirigida por los esposos al mismo Jesús y a sus discípulos (cf. Redemptoris Mater, 21), añade: «Fue invitado a la boda también Jesús con sus discípulos» (Jn 2, 2). Con esas palabras, san Juan parece indicar que en Caná, como en el acontecimiento fundamental de la Encarnación, María es quien introduce al Salvador.

El significado y el papel que asume la presencia de la Virgen se manifiesta cuando llega a faltar el vino. Ella, como experta y solícita ama de casa, inmediatamente se da cuenta e interviene para que no decaiga la alegría de todos y, en primer lugar, para ayudar a los esposos en su dificultad. Dirigiéndose a Jesús con las palabras: «No tienen vino» (Jn 2, 3), María le expresa su preocupación por esa situación, esperando una intervención que la resuelva. Más precisamente, según algunos exegetas, la Madre espera un signo extraordinario, dado que Jesús no disponía de vino.

2. La opción de María, que habría podido tal vez conseguir en otra parte el vino necesario, manifiesta la valentía de su fe porque, hasta ese momento, Jesús no había realizado ningún milagro, ni en Nazaret ni en la vida pública.

En Caná, la Virgen muestra una vez más su total disponibilidad a Dios. Ella que, en la Anunciación, creyendo en Jesús antes de verlo, había contribuido al prodigio de la concepción virginal, aquí, confiando en el poder de Jesús aún sin revelar, provoca su «primer signo», la prodigiosa transformación del agua en vino.

De ese modo, María precede en la fe a los discípulos que, como refiere san Juan, creerán después del milagro: Jesús «manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos» (Jn 2, 11). Más aún, al obtener el signo prodigioso, María brinda un apoyo a su fe.

3. La respuesta de Jesús a las palabras de María: «Mujer, ¿qué nos va a mí y a ti? Todavía no ha llegado mi hora » (Jn 2, 4), expresa un rechazo aparente, €como para probar la fe de su madre.

Según una interpretación, Jesús, desde el inicio de su misión, parece poner en tela de juicio su relación natural de hijo, ante la intervención de su madre. En efecto, en la lengua hablada del ambiente, esa frase da a entender una distancia entre las personas, excluyendo la comunión de vida. Esta lejanía no elimina el respeto y la estima; el término «mujer», con el que Jesús se dirige a su madre, se usa en una acepción que reaparecerá en los diálogos con la cananea (cf. Mt 15, 28), la samaritana (cf. Jn 4, 21), la adúltera (cf. Jn 8, 10) y María Magdalena (cf. Jn 20, 13), en contextos que manifiestan una relación positiva de Jesús con sus interlocutoras.

Con la expresión: «Mujer, ¿qué nos va a mí y a ti?», Jesús desea poner la cooperación de María en el plano de la salvación que, comprometiendo su fe y su esperanza, exige la superación de su papel natural de madre.

4. Mucho más fuerte es la motivación formulada por Jesús: «Todavía no ha llegado mi hora» (Jn 2, 4).

Algunos estudiosos del texto sagrado, siguiendo la interpretación de san Agustín, identifican esa «hora» con el acontecimiento de la Pasión. Para otros, en cambio, se refiere al primer milagro en que se revelaría el poder mesiánico del profeta de Nazaret. Hay otros, por último, que consideran que la frase es interrogativa y prolonga la pregunta anterior: «¿Qué nos va a mí y a ti? ¿no ha llegado ya mi hora?» (Jn 2, 4). Jesús da a entender a María que él ya no depende de ella, sino que debe tomar la iniciativa para realizar la obra del Padre. María, entonces, dócilmente deja de insistir ante él y, en cambio, se dirige a los sirvientes para invitarlos a cumplir sus órdenes.

En cualquier caso, su confianza en el Hijo es premiada. Jesús, al que ella ha dejado totalmente la iniciativa, hace el milagro, reconociendo la valentía y la docilidad de su madre: «Jesús les dice: "Llenad las tinajas de agua". Y las llenaron hasta el borde» (Jn 2, 7). Así, también la obediencia de los sirvientes contribuye a proporcionar vino en abundancia.

La exhortación de María: «Haced lo que él os diga», conserva un valor siempre actual para los cristianos de todos los tiempos, y está destinada a renovar su efecto maravilloso en la vida de cada uno. Invita a una confianza sin vacilaciones, sobre todo cuando no se entienden el sentido y la utilidad de lo que Cristo pide.

De la misma manera que en el relato de la cananea (cf. Mt 15, 24-26) el rechazo aparente de Jesús exalta la fe de la mujer, también las palabras del Hijo «Todavía no ha llegado mi hora», junto con la realización del primer milagro, manifiestan la grandeza de la fe de la Madre y la fuerza de su oración.

El episodio de las bodas de Caná nos estimula a ser valientes en la fe y a experimentar en nuestra vida la verdad de las palabras del Evangelio: «Pedid y se os dará» (Mt 7, 7; Lc 11, 9).

Fuente:
María en las bodas de Caná
por Juan Pablo II
Audiencia General
Miércoles 26 de febrero de 1997

+ SOBRE Jn 2,2-11   

sábado, 16 de enero de 2016

Juan 2,2-11: “Mujer, ¿qué tengo yo contigo? Todavía no llega mi hora” por Sr. María Piedad Uchuari Garrochamba, O.P.

Juan 2,2-11

Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: "No tienen vino". Jesús le respondió: "Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía". Pero su madre dijo a los sirvientes: "Hagan todo lo que él les diga". Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: "Llenen de agua estas tinajas". Y las llenaron hasta el borde. "Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete". Así lo hicieron. El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su o rigen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y les dijo: "Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento". Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

— Comentario por Sr. María Piedad Uchuari Garrochamba, O.P.

• Studium

El evangelista nos narra que tres días después del encuentro con Felipe y Natanaél se realiza una boda en Caná de Galilea a la que es invitado Jesus y sus primeros discípulos, este acontecimiento es totalmente distinto a los hechos que nos ha contando hasta ahora. La boda en el tiempo de Jesús era un acontecimiento muy importante: no podía faltar el banquete, la reunión familiar, y los amigos, duraba un tiempo prolongado y en ésta llegó a faltar el vino. Su madre acude a Jesús con su preocupación como cualquier judía y como muchas personas lo harían luego.

El joven Jesus responde a su madre: “Mujer, ¿qué tengo yo contigo? Todavía no llega mi hora”. Según algunos estudiosos del evangelio de Juan se encuentra concordancia y paralelismos entre el capítulo 2 y el capítulo 19. Veamos los elementos semejantes: la “hora”, el agua, y el modo en que Jesús se dirige a su madre llamándola “mujer”.

Destacamos el paralelismo entre (Jn 2,3 y Jn 19,26). El evangelista señala que Jesus comienza a hacer sus signos en el contexto de las bodas en Caná de Galilea, a pesar de no haber llegado su “hora”. En (Jn 19,27) leemos “mujer ahí tienes a tu hijo”…, justamente en el momento supremo de su “hora”, y desde aquella “hora” el discípulo la llevo a su casa.

Juan, al situar la escena de la boda en los comienzos de la vida pública enmarca todo su misterio en el ofrecimiento esponsal que se consuma en la entrega total y por amor de Jesucristo en la cruz. Esto significa que los desposorios de Dios con la humanidad, gracias a la encarnación del Verbo, nacido de mujer lo celebramos figuradamente en Cena y se consuma en el momento de la cruz, cuando de ofrece como oblación por la salvación de la humanidad.

• Meditatio

Los profetas narran en clave esponsal hasta qué extremo Dios ama a su pueblo. “Como se casa un joven con su amada se casará contigo tu hacedor y con gozo de esposo por su novia se gozará contigo tu Dios” (Is 62, 3-5).

María es el prototipo de la mujer esposa, la amada de Dios, es la mujer enamorada, la madre virgen, la consagrada de Dios. Para Jesús, es la mujer que escucha la Palabra y la cumple: al comenzar su misión la llama mujer y al final de su misión, en la última hora se dirige a su madre llamándola mujer.

Es muy significativo lo que dicen los evangelios sobre la relación de Jesus con la mujer. Nada más empezar sus signos en Caná se dirige a su madre con el término “mujer”. En el encuentro con la samaritana encontramos el término mujer cuatro veces, y fue a ella que le pide: mujer dame de beber. En el grupo de los seguían a Jesus había mujeres. Una mujer gritó “dicho el vientre que te llevó…", curó de su enfermedad a la sirofenicia, escucho las suplicas de la cananea, curó a la suegra de Pedro, resucitó a una niña, perdonó a la adultera…

Puso como ejemplo a una mujer que buscaba su moneda perdida, La alegría que tiene un mujer cuando da a luz, otra la mujer vence su miedo y entra en la casa de Simón, Jesús la pone como ejemplo de amor. Jesús defiende a la mujer en Betania, cena con Marta y María. Las mujeres le acompañaron y le sirvieron en su misión, recorrieron el camino del calvario cuando le iban a crucificar, permanecieron junto a la cruz y fueron las que primero anunciaron la resurrección.

• Contemplatio

En Caná de Galilea, María es la mujer que encarna al pueblo judío y pide una señal al joven Jesús, adelantando la “hora” de su manifestación. En la cruz, la madre Jesus es la mujer que por su fe se convierte en madre de la iglesia.

martes, 20 de octubre de 2015

Lucas 12,35-38: "Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas"

Lucas 12,35-38
Martes de la 29 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os seguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. "

MARTES DE LA 29 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

Romanos 5,12.15b.17-19.20b-21
Salmo 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad
Lucas 12,35-38

Romanos 5,12.15b.17-19.20b-21

Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud. Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo. Cuanto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación. En resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida. Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos. Si creció el pecado, más desbordante fue la gracia. Y así como reinó el pecado, causando la muerte, así también, por Jesucristo, nuestro Señor, reinará la gracia, causando una justificación que conduce a la vida eterna.

Salmo 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: "Aquí estoy."
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

-Como está escrito en mi libro-
para hacer tu voluntad."
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
digan siempre: "Grande es el Señor"
los que desean tu salvación.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Lucas 12,35-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os seguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. "