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sábado, 19 de agosto de 2023

Domingo 20 del Tiempo Ordinario, año A: "Aceptemos aprender de los demás", por Mons. Francisco Gonzalez, S.F.



En la primera lectura, las palabras del profeta posiblemente causaron consternación entre la gente del pueblo elegido. Tan elegido se sentía que todo lo que no eran ellos o de ellos, no podía reclamar el beneplácito de Dios. El profeta les recuerda observar el derecho y practicar la justicia, pues la justicia de Dios está para manifestarse. Más adelante les dice que las bendiciones de este Dios van a recaer sobre todos, no solamente sobre el pueblo elegido: ...porque mi casa es casa de oración y así la llamarán todos los pueblos.

Una lección semejante la encontramos en el evangelio de hoy donde nos narra cómo Jesús se retiró al país de Tiro y Sidón, región de paganos que no estaba bajo el dominio del rey de los judíos. Una mujer salió de algún lugar, tal vez cruzó la frontera y comenzó a seguir al grupo que lideraba Jesús, al mismo tiempo que gritaba para llamar su atención. Tenía una necesidad grande, su hija estaba poseída por un demonio muy malo.

Parece ser que era tal el alboroto que producía que los discípulos pidieron a Jesús que la atendiera, en vez de seguir ignorándola. El defendió dicha actitud recordándoles que su misión era dirigirse a las ovejas descarriadas de Israel, a los pobres, a los desahuciados, a los enfermos pero de Israel.

Cuando la mujer lo pudo alcanzar y se hincó delante de él, le suplicaba: “Socórreme, Señor”. Jesús siguió en sus trece y no cedía, tanto que le dijo algo que hasta pudiera ofender nuestros oídos: “No está bien quitarle el pan a los hijos (Israel) para echárselo a los perrillos (paganos y ella era cananea)”.

Ella, que era madre, tal vez madre soltera, viuda o abandonado por su marido o familia, no estaba para razones religiosas, filosóficas o históricas. Lo que estaba en su mente y corazón era su hija poseída por un demonio muy malo y que como consecuencia su vida era un infierno. No se nos dice qué clase de enfermedad o posesión satánica sufría la hija, pero lo que si sabemos es que el sufrimiento reinaba en su casa, en su hogar.

Tal vez la joven actuaba con violencia, creando peligro para ambas; tal vez estaba postrada en cama veinticuatro horas al día sin poder hacer nada; tal vez se pasaba el día y la noche dando gritos. Fuera lo que fuera, era algo grave, pues la madre lo describe como “muy malo”, cruza la frontera para hablar con alguien que no es de los suyos, y que la ignora primero, y la insulta después.

La madre sigue insistiendo a pesar de todo y responde a Jesús: “Cierto, Señor, pero también los perrillos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Creo que deberían dar un aplauso a esa mujer, que no cede porque ella está sufriendo, su hija está sufriendo, y Jesús, a quien ella se dirige tiene el poder de remediarlo, y así al final Jesús, ¡qué grande es en su humildad!, acepta que el Dios en cuyo nombre él ha recibido su misión no hace distinción, y el sufrimiento que tiene el poder de igualar a los seres humanos, es algo que Dios quiere remediar. Jesús, el Todopoderoso y Maestro, aprende de la gran lección que le da una madre impotente ante el sufrimiento de su hija.

Grandes lecciones podemos aprender todos de este pasaje evangélico. En primer lugar la fe y confianza en Dios que quiere, que ama a todos sin distinción de clases, nacionalidad, posición económica o religión.

En segundo lugar la perseverancia aún cuando las cosas no sucedan de inmediato, sabiendo resistir al silencio, el rechazo, incluso las buenas razones cuando la justicia y amor están por encima de ellas.

En tercer lugar, el ejemplo de Jesús, que a pesar de todos los pesares, a pesar de su autoridad, a pesar de lo que el creía ser su fidelidad a la misión por la que él había venido a este mundo, acepta aprender de los demás y reconoce el razonamiento superior de esa mujer pagana: Dios no quiere el sufrimiento, y lo mismo que hace salir el sol para buenos y malos, su sanación tampoco hace distinciones.

miércoles, 10 de mayo de 2023

Juan 15:9-17: Mandamiento del amor

Juan 15:9-17

“Así como el Padre me ha amado a mí, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa. Y éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se lo he dado a conocer a ustedes. No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros."

SOBRE EL MISMO TEMA:

miércoles, 26 de octubre de 2022

Lucas 13,22-30: ¿Quiénes se salvan? por Julio González, SF.


En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: "Señor, ¿serán pocos los que se salven?" Jesús les dijo: "Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo: "Señor ábrenos" y él os replicará: "No sé quiénes sois" Entonces comenzaréis a decir: "Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas". Pero él os replicará: "No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados". Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos".

Comentario de Julio González, SF:
"¿Quiénes se salvan?"

El Concilio Vaticano II tuvo que recordarnos que otras religiones y culturas pueden ser portadoras de "semillas de verdad", como ya habían enseñado los Padres de la Iglesia. Todas las personas, bautizadas o no, reciben junto con el don de la vida unos dones que cuando se ponen al servicio del bien común, sobre todo de los más débiles, producen frutos que no solamente agradan a los hombres sino también a Dios.
 
Algunos creyentes creen que están en posesión de la verdad. Nos ocurre a muchos cristianos pero también a nuestros hermanos judíos y musulmanes. No hay nada peor para algunas personas con poca tolerancia hacia prácticas religiosas que no sean las suyas que verse rechazados por otros grupos o familias religiosas. Algunos están convencidos de que quienes rechazan la salvación de su Dios están condenados. Esta manera de pensar no es nueva.
 
Cuando una persona o un pueblo afirma que ha sido escogido por Dios tiende a creer que está llamado a salvar a los demás; por eso, quienes no abrazan su credo se condenan. Esto es lo que pensaban muchos paisanos de Jesús. Estas personas son incapaces de diferenciar entre el Dios que nos libera y el testimonio que estamos llamados a presentar ante los demás de la nueva vida que hemos recibido de Dios. No saben que "su" testimonio y "su" predicación no salvan a nadie; en realidad, deberían ayudar a los demás a acercarse a Dios pero cuando esto no se produce, entonces, el rechazo se traduce en condena.
 
Los pueblos a los que Jesús hace referencia cuando dice: "Habrá quienes lleguen de oriente y de occidente, del norte y del sur, para sentarse al banquete en el reino de Dios", son pueblos paganos.
 
Jesús dice que "hay últimos que serán primeros": aquí, los "últimos", no son solamente los siervos que aparecen en las enseñanzas de Jesús, sino también los que no han sido escogidos por Dios... según el pensar de Israel; "y primeros que serán últimos", es decir, hay escogidos cuya elección no les habrá servido de nada.
 
Vale, pues, la pena que nos demos cuenta de que si bien es cierto que la llamada forma parte de las enseñanzas de Jesús, decir que unos están salvados y otros están condenados según la elección que Dios ha hecho, es una creencia que el evangelio de hoy pone en entredicho.


sábado, 8 de octubre de 2022

Sanación y conversión, por Julio González, S.F.




Comentario por Julio González, SF

Las lecturas de este domingo aceptan una gran variedad de comentarios, sin embargo, los "signos de los tiempos" nos muestran que la mejor interpretación de la curación de Naamán, el sirio, y de los diez leprosos, es la que Jesús hizo ante un pueblo que le pedía pruebas de su mesianismo (Lc 4,16-30): nuestro Dios sana también al extranjero, al que no es como nosotros, y esto incomoda a muchos.

Un sirio y un samaritano

Jesús no utilizó este episodio del Segundo libro de los Reyes para que su pueblo fuera crítico y orgulloso frente a otros pueblos y culturas. Algunos creyentes utilizan la palabra de Dios para juzgar a los demás, confirmándose ellos en sus creencias y tradiciones; en cambio, Jesús retoma estas historias para que su pueblo se convierta. En este caso, pone como receptores de la gracia de Dios a unas personas, un sirio y un samaritano, que muchos judíos despreciaban.

Los sacerdotes

Jesús envía a los leprosos a los sacerdotes. ¿Por qué? Los sacerdotes tenían autoridad para juzgar si una persona estaba enferma o sana y, por lo tanto, podían poner fin a la exclusión en la que vivían los leprosos.

De camino quedan sanados; entonces, ¿hace falta que se presenten a los sacerdotes? Sí. Los sacerdotes todavía deben decidir su reinserción en la sociedad, pero el acto de servicio (la sanación) ya se ha realizado. Vemos, pues, que la autoridad de los sacerdotes y la autoridad de Jesús es diferente.

"Dar gloria a Dios"

Solamente uno de los diez leprosos vuelve para agradecer a Jesús el bien que le ha hecho. "Alabar a Dios", "dar gloria a Dios" (según las traducciones empleadas) describen un sentimiento mucho más profundo y determinante que "estar agradecido".

Cuando el médico nos prescribe una medicina que nos cura, le estamos agradecidos porque nuestra vida vuelve a ser como antes de que sufriéramos la enfermedad; sin embargo, "dar gloria a Dios" significa que se ha producido un cambio no solamente en el cuerpo de la persona sino también en sus emociones y espiritualidad, es decir, en su vida.

"Levántate, tu fe te ha sanado"

El episodio termina de una manera que sorprende a muchos y despierta nuevos interrogantes: "Levántate, tu fe te ha sanado". Esa fe, según los fariseos y escribas, no es la fe de un israelita sino la fe de un samaritano... ¿Jesús alaba la fe del samaritano?

En realidad, Jesús muestra a su pueblo que un samaritano ha vuelto para "dar gloria a Dios" mientras que los otros nueve sanados están más comprometidos con las estructuras y el sistema de su pueblo: un sistema excluyente y xenófobo.

Salvación universal y agradecimiento, por Mons. Francisco González, S.F.


Comentario por Mons. Francisco González SF

Domingo vigésimo octavo del Tiempo Ordinario. Entramos en la tercera etapa del camino de Jesús a Jerusalén. De hecho el evangelio de hoy comienza con la frase: “En aquel tiempo, de camino a Jerusalén”. Si tuviera que resumir el mensaje de este domingo en pocas palabras serían salvación universal y agradecimiento.

Era común, principalmente entre los líderes del Pueblo Elegido que ellos y sólo ellos se iban a salvar, pues Yavé Dios los había escogido como pueblo suyo. 

Mirando la primera lectura vemos que un extraño, un extranjero recibe la sanación (salvación) en Israel. Naamán, el sirio, siguiendo las instrucciones del profeta Eliseo, se baña en el río Jordán y queda limpio de su enfermedad. Tan agradecido está por esta curación que hasta se lleva tierra de Israel para construir con dicha tierra el altar donde desde ahora en adelante ofrecerá sacrificios al verdadero Dios.

En el evangelio leemos cómo el Señor sana a diez hombres. Forman un grupo heterogéneo, judíos y samaritanos. El hecho de que están en el pueblo, puede muy bien indicar que tienen una mentalidad nacionalista, que no quieren saber de los demás. Debido a su enfermedad están legalmente marginados, están fuera de la comunidad. Las leyes no están para salvarlos, sino para oprimirlos y cuando han conseguido ser sanados, uno sólo se da cuenta y reconoce que la salvación viene de Jesús y no del templo, uno sólo vuelve para dar gracias y lo extraño del caso es, que el mismo Jesús lo menciona, el agradecido no pertenece a los que se sientan cercanos a Dios, sino un samaritano, un extranjero/un inmigrante.

El samaritano y el sirio nos ofrecen prueba palpable de que la salvación es para todos. Que estamos llamados a evangelizar a todos. La Buena Nueva se ha de anunciar, la Buena Nueva de que Dios quiere la salvación de todos, se debe proclamar a todo el mundo y en todo el mundo.

El agradecimiento que el samaritano muestra a Jesús, es la actitud que debe tener todo cristiano, ante la vida en sí y ante la salvación. El cristiano tiene que siempre estar con Jesús, y cuando ha habido una separación, debe volver a Jesús. Nuestra fe nos dice que Él es el único camino por el que llegaremos a la salvación: Si perseveramos con Él, reinaremos con Él.

Sufrir por sufrir no tiene sentido, sin embargo vivimos una vida imperfecta y el sufrimiento es parte de la misma. Cristo Jesús, recuerda Pablo a Timoteo ha sufrido y muerto antes que nosotros, pero también ha resucitado. Si acompañamos al Señor en el sufrimiento y muerte, también le acompañaremos en la resurrección.

Después de una lectura/oración de la Palabra de Dios en este domingo, el camino es claro: reconocer que el llamado a la salvación es para todos, que si Dios no discrimina, tampoco debemos hacerlo nosotros y que el agradecimiento, cuando sale del corazón agrada a Dios.

Bueno será recordar que la eucaristía es acción de gracias, y cuando asistimos a la Santa Misa estamos celebrando una acción de gracias a Dios por todo lo que nos ha dado, especialmente su Hijo Jesucristo.

DOMINGO DE LA 28 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año C (Lecturas)

2 Reyes 5, 14-17
Salmo 97: El Señor revela a las naciones su salvación
2 Timoteo 2, 8-13
Lucas 17, 11-19


2 Reyes 5, 14-17

En aquellos días, Naamán de Siria bajó al Jordán y se bañó siete veces, como había ordenado el profeta Eliseo, y su carne quedó limpia de la lepra, como la de un niño. Volvió con su comitiva y se presentó al profeta, diciendo: "Ahora reconozco que no hay dios en toda la tierra más que el de Israel. Acepta un regalo de tu servidor." Eliseo contestó: "¡Vive Dios, a quien sirvo! No aceptaré nada." Y aunque le insistía, lo rehusó. Naamán dijo: "Entonces, que a tu servidor le dejen llevar tierra, la carga de un par de mulas; porque en adelante tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios a otros dioses fuera del Señor."

Salmo 97: El Señor revela a las naciones su salvación

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.
R. El Señor revela a las naciones su salvación

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia
y su fidelidad en favor de la casa de Israel.
R. El Señor revela a las naciones su salvación

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera,
gritad, vitoread, tocad.
R. El Señor revela a las naciones su salvación

2 Timoteo 2,8-13

Querido hermano: Haz memoria de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David. Éste ha sido mi Evangelio, por el que sufro hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada: Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación, lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna. Es doctrina segura: si morimos con él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.



Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: "Jesús, maestro, ten compasión de nosotros."Al verlos, les dijo: "Id a presentaros a los sacerdotes."Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: "¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?" Y le dijo: "Levántate, vete; tu fe te ha salvado."

jueves, 24 de junio de 2021

Carta de San Pablo a los Gálatas 1,10-17: La elección de Pablo

1,10-17: La elección de Pablo

10 ¿Acaso yo busco la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿Piensan que quiero congraciarme 
     con los hombres? Si quisiera quedar bien con los hombres, no sería servidor de Cristo. 
11 Quiero que sepan, hermanos, que la Buena Noticia que les prediqué no es cosa de los hombres, 
     porque 
12 yo no la recibí ni aprendí de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo. 
13 Seguramente ustedes oyeron hablar de mi conducta anterior en el Judaísmo: 
     cómo perseguía con furor a la Iglesia de Dios y la arrasaba, 
14 y cómo aventajaba en el Judaísmo a muchos compatriotas de mi edad, 
     en mi exceso de celo por las tradiciones paternas. 
15 Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por medio de su gracia, 
     se complació 
16 en revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos, de inmediato, 
     sin consultar a ningún hombre 
17 y sin subir a Jerusalén para ver a los que eran Apóstoles antes que yo, me fui a Arabia y después 
     regresé a Damasco.

viernes, 24 de agosto de 2018

1 Tesalonicenses 1,1-10: Saludo inicial, elogios y felicitaciones

Saludo inicial, elogios y felicitaciones
1:1 Pablo, Silvano y Timoteo saludan a la Iglesia de Tesalónica, que está unida a Dios Padre y al Señor Jesucristo. Llegue a ustedes la gracia y la paz.
1:2 Siempre damos gracias a Dios por todos ustedes, cuando los recordamos en nuestras oraciones,
1:3 y sin cesar tenemos presente delante de Dios, nuestro Padre, cómo ustedes han manifestado su fe con obras, su amor con fatigas y su esperanza en nuestro Señor Jesucristo con una firme constancia.
1:4 Sabemos, hermanos amados por Dios, que ustedes han sido elegidos.
1:5 Porque la Buena Noticia que les hemos anunciado llegó hasta ustedes, no solamente con palabras, sino acompañada de poder, de la acción del Espíritu Santo y de toda clase de dones. Ya saben cómo procedimos cuando estuvimos allí al servicio de ustedes.
1:6 Y ustedes, a su vez, imitaron nuestro ejemplo y el del Señor, recibiendo la Palabra en medio de muchas dificultades, con la alegría que da el Espíritu Santo.
1:7 Así llegaron a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y Acaya.
1:8 En efecto, de allí partió la Palabra del Señor, que no sólo resonó en Macedonia y Acaya: en todas partes se ha difundido la fe que ustedes tienen en Dios, de manera que no es necesario hablar de esto.
1:9 Ellos mismos cuentan cómo ustedes me han recibido y cómo se convirtieron a Dios, abandonando los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero,
1:10 y esperar a su Hijo, que vendrá desde el cielo: Jesús, a quien él resucitó y que nos libra de la ira venidera.

lunes, 13 de agosto de 2018

Mc 13,14-23: La gran tribulación de Jerusalén

La gran tribulación de Jerusalén
Cf. Mt 24,15-25; Lc 21,20-24

13:14 Cuando vean la Abominación de la desolación usurpando el lugar que no le corresponde —el que lea esto, entiéndalo bien— los que estén en Judea, que se refugien en las montañas;
13:15 el que esté en la azotea de su casa, no baje a buscar sus cosas;
13:16 y el que esté en el campo, que no vuelva atrás a buscar su manto.
13:17 ¡Ay de las mujeres que estén embarazadas o tengan niños de pecho en aquellos días!
13:18 Rueguen para que no suceda en invierno.
13:19 Porque habrá entonces una gran tribulación, como no la hubo desde el comienzo del mundo hasta ahora, ni la habrá jamás.
13:20 Y si el Señor no abreviara ese tiempo, nadie se salvaría; pero lo abreviará a causa de los elegidos.
13:21 Si alguien les dice entonces: "El Mesías está aquí o está allí", no lo crean.
13:22 Porque aparecerán falsos mesías y falsos profetas que harán milagros y prodigios capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos.
13:23 Pero ustedes tengan cuidado: yo los he prevenido de todo.

sábado, 24 de febrero de 2018

Romanos 8,31-39: Himno del amor de Dios

Romanos 8,31-39
Segundo Domingo de Cuaresma, Ciclo B (Rm 8,31b-34)

8:31 ¿Qué diremos después de todo esto? Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?
8:32 El que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿no nos concederá con él toda clase de favores?
8:33 ¿Quién podrá acusar a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica.
8:34 ¿Quién se atreverá a condenarlos? ¿Será acaso Jesucristo, el que murió, más aún, el que resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros?
8:35 ¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada?
8:36 Como dice la Escritura: Por tu causa somos entregados continuamente a la muerte; se nos considera como a ovejas destinadas al matadero.
8:37 Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó.
8:38 Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales,
8:39 ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.

domingo, 18 de febrero de 2018

Romanos 11,25-32: La salvación final de Israel

Romanos 11,25-32

11:25 Hermanos, no quiero que ignoren este misterio, a fin de que no presuman de ustedes mismos: el endurecimiento de una parte de Israel durará hasta que haya entrado la totalidad de los paganos.
11:26 Y entonces todo Israel será salvado, según lo que dice la Escritura: De Sión vendrá el Libertador. Él apartará la impiedad de Jacob.
11:27 Y esta será mi alianza con ellos, cuando los purifique de sus pecados.
11:28 Ahora bien, en lo que se refiere a la Buena Noticia, ellos son enemigos de Dios, a causa de ustedes; pero desde el punto de vista de la elección divina, son amados en atención a sus padres.
11:29 Porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables.
11:30 En efecto, ustedes antes desobedecieron a Dios, pero ahora, a causa de la desobediencia de ellos, han alcanzado misericordia.
11:31 De la misma manera, ahora que ustedes han alcanzado misericordia, ellos se niegan a obedecer a Dios. Pero esto es para que ellos también alcancen misericordia.
11:32 Porque Dios sometió a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos.



jueves, 21 de septiembre de 2017

Mateo 24,26-31: La manifestación gloriosa del Hijo del hombre

Mateo 24,26-31: La manifestación gloriosa del Hijo del hombre
Mc 13,24-27; Lc 21, 25-28

24:26 Si les dicen: "El Mesías está en el desierto", no vayan; o bien: "Está escondido en tal lugar", no lo crean.
24:27 Como el relámpago que sale del oriente y brilla hasta el occidente, así será la Venida del Hijo del hombre.
24:28 Donde esté el cadáver, se juntarán los buitres.
24:29 Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán.
24:30 Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre. Todas las razas de la tierra se golpearán el pecho y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo, lleno de poder y de gloria.
24:31 Y él enviará a sus ángeles para que, al sonido de la trompeta, congreguen a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del horizonte.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Col 3,12-17: Exhortación al amor

Col 3,12-17  

3:12 Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia.
3:13 Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. El Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo.
3:14 Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección.
3:15 Que la paz de Cristo reine en sus corazones: esa paz a la que han sido llamados, porque formamos un solo Cuerpo. Y vivan en la acción de gracias.
3:16 Que la Palabra de Cristo resida en ustedes con toda su riqueza. Instrúyanse en la verdadera sabiduría, corrigiéndose los unos a los otros. Canten a Dios con gratitud y de todo corazón salmos, himnos y cantos inspirados.
3:17 Todo lo que puedan decir o realizar, háganlo siempre en nombre del Señor Jesús, dando gracias por él a Dios Padre.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Mateo 15,21-28: La fe de la cananea

Mateo 15,21-28  

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: "Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo." Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: "Atiéndela, que viene detrás gritando." Él les contestó: "Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel." Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: "Señor, socórreme." Él le contestó: "No está bien echar a los perros el pan de los hijos." Pero ella repuso: "Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos." Jesús le respondió: "Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas." En aquel momento quedó curada su hija.

— Comentario por Reflexiones Católicas  
“La fe de la cananea”

En el evangelio según San Mateo emerge con una particular insistencia el tema de la salvación universal y en él aparecen varias veces las expresiones de gran estima pronunciadas por Jesús respecto a los paganos llamados a la fe (cf. Mt 8,5-13; 11,21). Sin embargo, la salvación de los “gentiles” pasa históricamente, en el plan de Dios, por la elección de Israel.

Al leer el relato del milagro de la curación de la hija de una mujer cananea —pagana, por consiguiente— es preciso tener en cuenta un doble orden de consideraciones: por un lado, la tradición evangélica; por otro, la comunidad judeocristiana a la que iba dirigido el evangelio de San Mateo. Sus miembros se preguntaban, en efecto, si «el pan de los hijos» —la eucaristía— se podía distribuir también a los paganos convertidos.

La respuesta que ofrece el evangelista es clara: la condición para entrar en el Reino es la fe auténtica, que no retrocede ante ninguna dificultad, según el modelo de la fe de Abrahán (cf. Rom 4,9-25). La mujer cananea, como el centurión (cf. Mt 8,10), arranca una alabanza de admiración de los labios de Cristo, precisamente por su confianza total.

La dureza inicial de las respuestas de Jesús constituye una «prueba» de la fe: la mujer acepta en su humildad y sin discusión el designio divino y reconoce la elección de Israel, pero en su pobreza continúa esperando que no se le niegue la salvación. Y así sucede de hecho; más aún, quedándose en el último sitio, se encuentra, en cierto modo, todavía más cerca del Salvador, “el cual, siendo de condición divina, no consideró como presa codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza y tomó la condición de esclavo” (Flp 2,6s).

Con su actitud humilde y su oración insistente, la mujer cananea da testimonio de tener hacia Jesús una consideración como no han demostrado tener los maestros de la ley, ni los habitantes de Nazaret, ni siquiera los discípulos. En efecto, aunque es pagana, le considera realmente como don del Padre ofrecido a todos, con tal de que lo acojan.

La figura de la mujer cananea nos habla a cada uno de muchos modos, según las distintas estaciones de la vida espiritual. No hay auténtica vida de fe que no deba confrontarse, antes o después, con el misterioso silencio de Dios, que parece no escuchar, sino incluso rechazar la oración más apesadumbrada.

Jesús mismo grita a su Padre desde lo alto de la cruz su dolor por la experiencia de abandono a la que está siendo sometido: «Desde el mediodía toda la región quedó sumida en tinieblas hasta las tres. Hacia las tres gritó Jesús con voz potente: “Elí, Elí. ¿lemá sabaktani?”, que quiere decir: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”» (Mt 27,46s; cf. Sal 21).

Sin embargo, estamos seguros de que Dios no es un padre sádico que se divierte haciendo sufrir a sus criaturas. Jesús mismo afirma que «el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama le abren» (Mt 7,7). ¿Por qué, entonces, la duda en la respuesta? ¿Cuál es su sentido? No es posible establecer por qué ha elegido Dios este camino, pero sabemos que le gusta ser invocado durante tiempo, con insistencia, con perseverancia. Como una madre que goza al oír la voz de su hijo, así Dios, a través de la oración nos tiene junto a él, haciéndonos crecer en la comunión con él y en la caridad con los hermanos. En su momento no dejará de oírnos mucho más allá de lo que esperábamos, y la mejor prueba de que nos escucha será precisamente nuestra propia conversión. 

sábado, 22 de julio de 2017

Romanos 1,1-7: Saludo inicial

Romanos 1,1-7


1 Carta de Pablo, servidor de Jesucristo, llamado para ser Apóstol, 
   y elegido para anunciar la Buena Noticia de Dios,
2 que él había prometido por medio de sus Profetas en las Sagradas Escrituras,
3 acerca de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor,
   nacido de la estirpe de David
   según la carne,
4 y constituido Hijo de Dios con poder
   según el Espíritu santificador,
   por su resurrección de entre los muertos.
5 Por él hemos recibido la gracia y la misión apostólica,
   a fin de conducir a la obediencia de la fe,
   para gloria de su Nombre,
   a todos los pueblos paganos,
6 entre los cuales se encuentran también ustedes,
   que han sido llamados por Jesucristo.
7 A todos los que están en Roma,
   amados de Dios, llamados a ser santos,
   llegue la gracia y la paz,
   que proceden de Dios, nuestro Padre,
  y del Señor Jesucristo.

viernes, 23 de junio de 2017

En la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús el Papa explica dos palabras: «elección» y «pequeñez»

Este viernes el Papa Francisco ha presidido la Misa en la Casa Santa Marta y en su homilía ha hablado de la elección hecha por Dios con su pueblo. “Se ha comprometido con nosotros para acompañarnos en el camino de la vida”, dijo el Santo Padre, que añadió que llegó a entregar a su propio Hijo “por nuestro amor”.

Por ello, explicó que “en el corazón de Jesús nos da la gracia de celebrar con alegría los grandes misterios de nuestra salvación, de su amor por nosotros”.

"Elección y pequeñez"

En su homilía, Francisco insistió en dos palabras “elección” y “pequeñez”. Sobre el primero, dijo que “no somos nosotros los que le hemos elegido a Él” sino que ha sido Dios quien se hizo “prisionero por nosotros”.

De este modo, Dios –agregó el Papa- “se ha vinculado a nuestra vida con un vínculo que no puede romperse. ¡Ha jugado fuerte! Y permanece fiel a ese compromiso. Hemos sido elegidos por amor y esa es nuestra identidad”.

El Pontífice advirtió contra la tentación de decir: “He elegido esta religión, yo la he elegido…”. “No, tú no has elegido. Es Él quien te ha elegido a ti, quien te ha llamado y se ha entregado. Y esa es nuestra fe. Si no creemos en eso, no entendemos nada del mensaje de Cristo, no entendemos el Evangelio”.

Dios "se ha enamorado de nuestra pequeñez"

En cuanto a la “pequeñez”, el Papa afirmó que Dios “se ha enamorado de nuestra pequeñez, y por eso nos ha elegido. Él elige a los pequeños, no a los grandes, sino a los pequeños. Él se revela a los pequeños: ‘Has escondido estas cosas a los sabios y a los doctores y se las has revelado a los pequeños’. Si quieres conocer algo del misterio de Jesús, abájate. Hazte pequeño. Reconoce que no eres nada”.

Francisco insistió en que Dios “no sólo escoge y se revela a los pequeños, sino que llama a los pequeños: ‘Venid a mí, vosotros que estás cansados y agobiados, yo os daré el descanso’. Vosotros que sois los pequeños, por el sufrimiento, por el agotamiento…, Él os escoge, escoge a los pequeños, se revela a los pequeños y llama a los pequeños”.

Entonces, se preguntó, “¿A los grandes no los llama?”. El Papa explicó que “su corazón está abierto, pero los grandes no se arriesgan a escuchar su voz porque están llenos de sí mismos. Para escuchar la voz del Señor es necesario hacerse pequeños”.

El corazón de Cristo, un "corazón que ama, que elige"

Es de ese modo como se descubre el corazón de Cristo, “el corazón de la revelación, el corazón de nuestra fe porque Él se ha hecho pequeño, ha elegido ese camino”. El camino de humillarse y empequeñecerse “hasta la muerte” en la Cruz. El corazón de Cristo “es un corazón que ama, que elige, que es fiel, que se vincula a nosotros, que se revela a los pequeños, que llama a los pequeños y que se hace pequeño”.

“El problema de la fe es el núcleo de nuestra vida: podemos ser muy virtuosos, más virtuosos que cualquier otro, pero con poca fe. Debemos comenzar de ahí, del misterio de Jesucristo que nos ha salvado con su fidelidad”, concluyó.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Lucas 18,1-8: Parábola del juez y la viuda

Lucas 18,1-8
Sábado de la 32 Semana del Tiempo Ordinario I y II


En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: "Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario"; por algún tiempo se negó, pero después se dijo: "Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara"". El Señor añadió: "Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?, ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?

SOBRE EL MISMO TEMA:

sábado, 16 de enero de 2016

1 Samuel 9,1-4.17-19;10,1a: ¿Cómo es un rey elegido por Dios?

1 Samuel 9,1-4.17-19;10,1a

Había un hombre de Loma de Benjamín, llamado Quis, hijo de Abiel, de Seror, de Becorá, de Afiaj, benjaminita, de buena posición. Tenía un hijo que se llamaba Saúl, un mozo bien plantado; era el israelita más alto: sobresalía por encima de todos, de los hombros arriba. A su padre, Quis, se le habían extraviado unas burras, y dijo a su hijo Saúl: "Llévate a uno de los criados y vete a buscar las burras". Cruzaron la serranía de Efraím y atravesaron la comarca de Salisá, pero no las encontraron. Atravesaron la comarca de Saalín, y nada. Atravesaron la comarca de Benjamín, y tampoco. Cuando Samuel vio a Saúl, el Señor le avisó: "Ese es el hombre de quien te hablé; ése regirá a mi pueblo. Saúl se acercó a Samuel en medio de la entrada y le dijo: "Haga el favor de decirme dónde está la casa del vidente". Samuel respondió: "Yo soy el vidente. Sube delante de mí al altozano; hoy coméis conmigo, y mañana te dejaré marchar y te diré todo lo que piensas". Tomó la aceitera, derramó aceite sobre la cabeza de Saúl y lo besó, diciendo: "¡El Señor te unge como jefe de su heredad! Tú regirás al pueblo del Señor y le librarás de la mano de los enemigos que lo rodean".

— Comentario por Fr. Jesús Duque O.P., Convento de San Jacinto, Sevilla, España.

Nuestro texto es un relato no exento de ingenuidad que nos narra un evento de primera importancia en la historia del pueblo escogido; las tribus israelitas acuerdan en su forma de gobierno una monarquía aún bastante rudimentaria y no es de extrañar que tal innovación no siempre fuera bien interpretada por sus líderes religiosos.

Saúl deja su casa para buscar unas asnas que se escaparon de su ámbito doméstico, en la búsqueda se da el encuentro entre el profeta Samuel y Saúl y éste regresa a su casa nominado rey de Israel.

La escasa entidad del primer rey israelita responde al esquema habitual de los episodios de vocaciones donde se pone de manifiesto no tanto la debilidad de la persona designada cuanto la fuerza de Dios que, de esta manera, subvierte el orden que los humanos establecemos cuando de reconocer la misión o poder se trata.

El Señor no suele gestionar su heredad de otra manera; la generosidad de Dios con su pueblo queda fuera de toda duda al ser él el que se encarga de buscar los hombres más apropiados para formar el pueblo que sepa alabarle.

1 Samuel 9,1-4.17.19: Encuentro de Saúl con Samuel

1 Samuel 9,1-4.17-19;10,1a
Sábado de la 1 Semana del Tiempo Ordinario, Año II

Había un hombre de Loma de Benjamín, llamado Quis, hijo de Abiel, de Seror, de Becorá, de Afiaj, benjaminita, de buena posición. Tenía un hijo que se llamaba Saúl, un mozo bien plantado; era el israelita más alto: sobresalía por encima de todos, de los hombros arriba. A su padre, Quis, se le habían extraviado unas burras, y dijo a su hijo Saúl: "Llévate a uno de los criados y vete a buscar las burras". Cruzaron la serranía de Efraím y atravesaron la comarca de Salisá, pero no las encontraron. Atravesaron la comarca de Saalín, y nada. Atravesaron la comarca de Benjamín, y tampoco. Cuando Samuel vio a Saúl, el Señor le avisó: "Ese es el hombre de quien te hablé; ése regirá a mi pueblo. Saúl se acercó a Samuel en medio de la entrada y le dijo: "Haga el favor de decirme dónde está la casa del vidente". Samuel respondió: "Yo soy el vidente. Sube delante de mí al altozano; hoy coméis conmigo, y mañana te dejaré marchar y te diré todo lo que piensas". Tomó la aceitera, derramó aceite sobre la cabeza de Saúl y lo besó, diciendo: "¡El Señor te unge como jefe de su heredad! Tú regirás al pueblo del Señor y le librarás de la mano de los enemigos que lo rodean".

SOBRE EL MISMO TEMA:
¿Cómo es un rey elegido por Dios?    

jueves, 10 de septiembre de 2015

JUEVES DE LA 23 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

Colosenses 3,12-17
Salmo 150: Todo ser que alienta alabe al Señor
Lucas 6,27-38

Colosenses 3,12-17

Hermanos: Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite en vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Salmo 150: Todo ser que alienta alabe al Señor

Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.
R. Todo ser que alienta alabe al Señor

Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,
alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas.
R. Todo ser que alienta alabe al Señor

Alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.
Todo ser que alienta alabe al Señor.
R. Todo ser que alienta alabe al Señor

Lucas 6,27-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos.Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros."