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viernes, 21 de abril de 2023

Lucas 24,13-35: Los discípulos de Emaús

Lucas 24,13-35


Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo:
— ¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replico:
— ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?
Él les pregunto:
— ¿Qué?
Ellos le contestaron:
— Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.
Entonces Jesús les dijo:
— ¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo:
— Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron:
— ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
— Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.


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miércoles, 11 de enero de 2017

Mc 1,31b: ...y se puso a servirles

...Pero mujeres tenían prohibido servir la mesa de los hombres. Servían los esclavos y los hijos más jovenes. Las mujeres se quedaban en la cocina, al margen de lo que hacían los hombres.

Jesús no se limita a curar la enfermedad de la suegra de Simón (Pedro); a continuación, acepta una nueva manera de comportarse como mujer. La suegra de Simón les demuestra su recuperación sirviéndoles, lo cual dejaría a más de uno preguntándose por lo que estaba ocurriendo en aquella casa. Pero Jesús había infringido antes otra ley al curar a la mujer durante el reposo sabático.

Jesús se había acercado a la persona enferma. Busca el contacto y habla con ella aunque para ello deba infringir la ley. La mujer, por su parte, debe fiarse de Jesús (¡está transgrediendo la ley!), y cambiar de actitud. Entonces, ella también infringe la ley: entra en el lugar reservado a los hombres. Con este gesto muestra su liberación de la ley. Su libertad se verifica en el servicio. Por tanto, la acción-curación de Jesús no finaliza al sanar a la mujer. La verdadera libertad no consiste en desentenderse de los demás y esto requiere, por parte de la mujer (y de todos nosotros), una actitud de servicio.

El episodio de la curación de la suegra de Simón narra la experiencia de liberación como el principio del proceso que transforma a un creyente en discípulo: dejarse resucitar ("levantarse") por Jesús y ser, como él, servidor.

"Se puso a servirles"

Algunos oyentes, o lectores, del evangelio de Marcos pueden pensar que la suegra de Pedro preparó la cena a Jesús y a los demás que estaban allí. Pero hay un detalle en el texto que no debe pasar desapercibido: el verbo griego "servir" (del cual proviene la palabra "diácono") solo se encuentra otras dos veces más en este evangelio.

En 10:45, "el hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir"
En 15,40-41, "había también unas mujeres mirando desde lejos, entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de Joset, y Salomé, que le seguían y le servían cuando estaba en Galilea, y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén"

En realidad, aquí lo que menos importanta es quién sirve la cena y quién la recibe; la cuestión para Marcos es quién es el verdadero seguidor (discípulo) de Jesús. Este tema es muy importante en su evangelio. Desde Galilea (principio del evangelio) hasta Jerusalén (final del evangelio) estas mujeres siguen verdaderamente a Jesús, a diferencia de los apóstoles que discuten sobre quién debe ser el más importante (10,32-45). Ellas son los verdaderos discípulos de Jesús porque entienden y practican la autoridad como servicio.