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martes, 20 de septiembre de 2022

Marcos 3,31-35: Sentido de las palabras "Madre" y "Hermano", por la Hna. Macu Becerra O.P.


Llegan su madre y sus hermanos y, quedándose fuera, le envían a llamar. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan.» Él les responde: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?» Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.» Marcos 3,31-35

Hna. Macu Becerra O.P., Dominicas Misioneras de la Sagrada Familia
Sentido de las palabras "Madre" y "Hermano"

Este pasaje del Evangelio siempre me pareció duro, porque se puede malinterpretar como un desprecio de Jesús a su Madre, pero cuando llegué a entender que realmente lo importante era descubrir que María era la Madre de Jesús porque ella cumplió la voluntad de Dios, fue capaz de escucharle y decir SÍ, entonces entendí que lo que Jesús decía de su Madre era un halago porque ella era el ejemplo más claro.

Las palabras de Jesús dan sentido al término Madre y Hermano, no es cualquiera, no es ni siquiera la madre biológica, ni quien le ha criado, lo importante es que les une un vínculo más profundo, la familia de Jesús no es únicamente una familia de parientes, unidas por un vínculo de sangre o de afinidad, sino es una unión que viene de quien es capaz de dar la vida para cumplir la voluntad de Dios. Quien haga eso en cualquier parte del mundo será llamado hermano de Jesús, entrará a formar parte de su gran familia.

En la vida vamos encontrando personas que se van uniendo a nuestra historia, que van formando parte de nuestra vida, algunos puede que los veamos una sola vez, pero las experiencias compartidas hacen que se formen unos lazos que ni la distancia ni el tiempo se puedan borrar. Los cristianos, estemos donde estemos, tenemos esa unión a través de la Palabra, que nos hace miembros de una misma fe, que nos aporta sentido a la existencia y que a pesar de razas, costumbres, lugares, la Palabra prevalece por encima de todo lo demás.

¿Somos capaces de descubrir el espíritu que Dios nos ha dado? ¿Nos sentimos hermanos, hijos de un mismo Dios? ¿Escuchamos a Dios descubriendo su voluntad y hacemos lo posible para ser coherentes con lo que nos pide?

lunes, 19 de septiembre de 2022

Lucas 8,19-21: Sobre la familia de Jesús

Lucas 8,19-21
Martes de la 25 Semana del Tiempo Ordinario I y II
Cf. Mateo 12,46-50, Marcos 3,31-35


En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. Entonces lo avisaron: "Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte." Él les contestó: "Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra."

martes, 12 de julio de 2022

Isaías 50,1-3: Pleito con el pueblo

Pleito con el pueblo

1 Así dice el Señor: ¿Dónde está el acta de divorcio con que despedí a la madre de ustedes? 
   ¿O a cuál de mis acreedores los he vendido? Miren, por sus culpas fueron vendidos, 
   por sus crímenes fue repudiada su madre. 
2 ¿Por qué cuando vengo no hay nadie, cuando llamo nadie responde? 
   ¿Tan corta es mi mano que no puede redimir? ¿O es que no tengo fuerza para librar? 
   Miren: con un bramido seco el mar, convierto los ríos en desierto; 
   por falta de agua se pudren sus peces, muertos de sed.
3 Yo visto el cielo de luto, lo cubro de sayal.

Isaías 49,14-26: Consuelo de Sión

Consuelo de Sión

14–Decía Sión: Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado.
15–¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? 
      Pero, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré. 
16 Mira, en mis palmas te llevo tatuada, tus muros están siempre ante mí; 
17 los que te construyen van más aprisa que los que te destruían, los que te arrasaban se alejan de ti. 
18 Levanta los ojos  a tu alrededor y mira: todos se reúnen para venir a ti; 
     por mi vida –oráculo del Señor–, a todos los llevarás como vestido precioso, 
     serán tu cinturón de novia.
19 Porque tus ruinas, tus escombros, tu país desolado, resultarán estrechos para tus habitantes, 
     mientras se alejarán los que te devoraban. 
20 Los hijos que dabas por perdidos te dirán otra vez: Mi lugar es estrecho, hazme sitio para habitar. 
21 –Pero tú te preguntarás: ¿Quién me engendró a éstos? Yo, sin hijos y estéril, ¿quién los ha criado? 
     Me habían dejado sola, ¿de dónde vienen éstos?
22 –Esto dice el Señor: Mira, con la mano hago seña a las naciones, alzo mi estandarte para los pueblos: 
     traerán a tus hijos en brazos, a tus hijas las llevarán al hombro. 
23 Sus reyes serán tus tutores; sus princesas, tus niñeras; 
     rostro en tierra te rendirán homenaje, lamerán el polvo de tus pies, y sabrás que yo soy el Señor, 
     que no defraudo a los seres que esperan en mí. 
24 –Pero, ¿se le puede quitar la presa a un soldado, se le escapa su prisionero a un tirano? 
25 –Esto responde el Señor: Si a un soldado le quitan su prisionero y la presa se le escapa a un tirano, 
     yo mismo defenderé tu causa, yo mismo salvaré a tus hijos. 
26 Haré a tus opresores comerse su propia carne, se embriagarán de su sangre como de vino; 
     y sabrá todo el mundo que yo soy el Señor, tu salvador, y que tu redentor es el Fuerte de Jacob.

domingo, 3 de julio de 2022

Isaías 66,7-14: Un pueblo renace

Un pueblo renace
(54,1-10)

7 Antes de las contracciones dio a luz, antes que le llegaran los dolores ha dado vida a un varón: 
8 ¿Quién ha oído tal cosa o quién ha visto algo semejante? ¿Se engendra todo un país en un solo día,
   se da luz a un pueblo de una sola vez? Apenas sintió los dolores, Sión dio a luz a sus hijos. 
9 Abro yo la matriz, ¿y no haré que dé a luz? –dice el Señor–. 
   Yo, que hago dar a luz, ¿la voy a cerrar? –dice tu Dios–. 
10 Festejen a Jerusalén, gocen con ella, todos los que la aman; 
     alégrense de su alegría los que por ella estaban de duelo; 
11 mamarán de sus pechos y se saciarán de sus consuelos, 
     y saborearán las delicias de sus pechos abundantes. 
12 Porque así dice el Señor: Yo haré correr hacia ella, como un río, la paz; 
     como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones. 
     Ella los amamantará  y los llevará en brazos, y sobre las rodillas los acariciará; 
13 como a un niño  a quien su madre consuela, así los consolaré yo. 
14 Al verlo se alegrará su corazón y sus huesos  florecerán como un prado; 
     la mano del Señor se manifestará a sus siervos, y su cólera, a sus enemigos.

sábado, 25 de junio de 2022

1 Reyes 19,19-21: La vocación de Eliseo

1 Reyes 19,19-21


19 Elías partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando. 
     Delante de él había doce yuntas de bueyes, y él iba con la última. 
     Elías pasó cerca de él y le echó encima su manto.
20 Eliseo dejó sus bueyes, corrió detrás de Elías y dijo: 
     "Déjame besar a mi padre y a mi madre; luego te seguiré". 
     Elías le respondió: "Sí, puedes ir. ¿Qué hice yo para impedírtelo?"
21 Eliseo dio media vuelta, tomó la yunta de bueyes y los inmoló. 
     Luego, con los arneses de los bueyes, asó la carne y se la dio a su gente para que comieran. 
     Después partió, fue detrás de Elías y se puso a su servicio.

jueves, 16 de junio de 2022

2 Timoteo 1,1-18: No te avergüences del testimonio que has de dar

Salutación

1 Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios para anunciar la Promesa de vida 
   que está en Cristo Jesús,
2 a Timoteo, hijo querido. Gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre 
   y de Cristo Jesús Señor nuestro.

Testificando de Cristo

3 Doy gracias a Dios, a quien, como mis antepasados, rindo culto con una conciencia pura, 
   cuando continuamente, noche y día, me acuerdo de ti en mis oraciones.
4 Tengo vivos deseos de verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de alegría.
5 Pues evoco el recuerdo de la fe sincera que tú tienes, fe que arraigó primero en tu abuela Loida 
   y en tu madre Eunice, y sé que también ha arraigado en ti.
6 Por esto te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.
7 Porque no nos dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad 
   y de templanza.
8 No te avergüences, pues, ni del testimonio que has de dar de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero; 
   sino, al contrario, soporta conmigo los sufrimientos por el Evangelio, ayudado por la fuerza de Dios,
9 que nos ha salvado y nos ha llamado con una vocación santa, no por nuestras obras, sino por su propia 
   determinación y por su gracia que nos dio desde toda la eternidad en Cristo Jesús,
10 y que se ha manifestado ahora con la Manifestación de nuestro Salvador Cristo Jesús, 
     quien ha destruido la muerte y ha hecho irradiar vida e inmortalidad por medio del Evangelio
11 para cuyo servicio he sido yo constituido heraldo, apóstol y maestro.
12 Por este motivo estoy soportando estos sufrimientos; pero no me avergüenzo, 
     porque yo sé bien en quién tengo puesta mi fe, y estoy convencido de que es poderoso 
     para guardar mi depósito hasta aquel Día.
13 Ten por norma las palabras sanas que oíste de mí en la fe y en la caridad de Cristo Jesús.
14 Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros.
15 Ya sabes tú que todos los de Asia me han abandonado, y entre ellos Figelo y Hermógenes.
16 Que el Señor conceda misericordia a la familia de Onesíforo, pues me alivió muchas veces 
     y no se avergonzó de mis cadenas,
17 sino que, en cuanto llegó a Roma, me buscó solícitamente y me encontró.
18 Concédale el Señor encontrar misericordia ante el Señor aquel Día. 
     Además, cuántos buenos servicios me prestó en Éfeso, tú lo sabes mejor.

miércoles, 1 de enero de 2020

¿Cómo llegó María a ser reconocida en la Iglesia como la Madre de Dios?

por Zurbarán

La Solemnidad de Santa María Madre de Dios es la primera fiesta mariana que apareció en la Iglesia Occidental. Se comenzó a celebrar en Roma hacia el siglo VI, probablemente junto con la dedicación –el 1 de enero– del templo “Santa María Antigua” en el Foro Romano, una de las primeras iglesias marianas de Roma.

La antigüedad de la celebración mariana se constata en las pinturas con el nombre de “María, Madre de Dios” (Theotókos) que han sido encontradas en las Catacumbas o antiquísimos subterráneos que están cavados debajo de la ciudad de Roma, donde se reunían los primeros cristianos para celebrar la Misa en tiempos de las persecuciones.

Más adelante, el rito romano celebraba el 1 de enero la octava de Navidad, conmemorando la circuncisión del Niño Jesús.

Reformas litúrgicas

Tras desaparecer la antigua fiesta mariana, en 1931, el Papa Pío XI, con ocasión del XV centenario del concilio de Éfeso (431), instituyó la fiesta mariana para el 11 de octubre, en recuerdo de este Concilio, en el que se proclamó solemnemente a Santa María como verdadera Madre de Cristo, que es verdadero Hijo de Dios; pero en la última reforma del calendario –luego del Concilio Vaticano II– se trasladó la fiesta al 1 de enero, con la máxima categoría litúrgica, de solemnidad, y con título de Santa María, Madre de Dios. De esta manera, encuentra un marco litúrgico más adecuado en el tiempo de la Navidad del Señor y, al mismo tiempo, los católicos empezamos el año pidiendo la protección de la Santísima Virgen María.

El Concilio de Éfeso (431)

En el año de 431, Nestorio se atrevió a decir que María no era Madre de Dios, afirmando: “¿Entonces Dios tiene una madre? Pues entonces no condenemos la mitología griega que les atribuye una madre a los dioses”.

Ante ello, se reunieron los 200 obispos en Éfeso –la ciudad donde la Santísima Virgen pasó sus últimos años–. Su declaración fue: “La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios”.

Acompañados por el gentío de la ciudad que los rodeaba portando antorchas encendidas hicieron una procesión cantando: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén".

San Cirilo de Alejandría resaltó: “Se dirá: ¿la Virgen es madre de la divinidad? A eso respondemos: el Verbo viviente, subsistente, fue engendrado por la misma substancia de Dios Padre, existe desde toda la eternidad... Pero en el tiempo él se hizo carne, por eso se puede decir que nació de mujer”.

Madre del Niño Dios

“He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Es desde ese fiat, “hágase”, que Santa María respondió firme y amorosamente al Plan de Dios; gracias a su entrega generosa Dios mismo se pudo encarnar para traernos la Reconciliación, que nos libra de las heridas del pecado.

La doncella de Nazaret, la llena de gracia, al asumir en su vientre al Niño Jesús, la Segunda Persona de la Trinidad, se convierte en la Madre de Dios, dando todo de sí para su Hijo; vemos pues que todo en ella apunta a su Hijo Jesús.

Es por ello, que María es modelo para todo cristiano que busca día a día alcanzar su santificación. En nuestra Madre Santa María encontramos la guía segura que nos introduce en la vida del Señor Jesús, ayudándonos a conformarnos con Él y poder decir como el Apóstol “vivo yo más no yo, es Cristo quien vive en mí”.

Madre de Dios Hijo, por Cándido Pozo, SJ

La relación fundamental de María con respecto a su Hijo Jesús es la de su Maternidad. Encontramos la fórmula del Concilio de Éfeso, definida en el año 431: María es Madre de Dios (Theotokos), como no dudaron los Santos Padres en llamarla. Así la invocaban los fieles ya antes de ese Concilio, en el sigo IV y quizás en el III.

En un papiro han llegado hasta nosotros las palabras de la más antigua oración mariana que se rezó en la Iglesia y que contiene el título de Madre de Dios aplicado a María:

Bajo tu misericordia nos refugiamos, 
¡oh Madre de Dios!; 
no desprecies nuestras súplicas en la necesidad, 
sino líbranos del peligro, sola pura, sola bendita. 

La oración es muy significativa. Por la relación de Madre que María tiene con Jesús, se comprende la singular eficacia de su intercesión. A esto se debe que los fieles, ya en los primeros siglos, acudieran a Ella confiadamente en su necesidad e indigencia.

Pero, incluso antes de fijar la atención en la importancia intercesora que se deriva de que María es Madre de Dios, convendría subrayar el relieve teológico de primer plano que el título encierra.

Frente a Nestorio, san Cirilo de Alejandría y el Concilio de Éfeso comprendieron que lo que estaba en juego era el dogma fundamental del cristianismo: que Jesús es Persona divina; que no hay en Él sino un único sujeto último de responsabilidad, que es la Persona del Logos. Ello permite decir con verdad que Dios (y no sólo un hombre) por nosotros ha padecido, ha sido crucificado e incluso ha sufrido la muerte. Es impresionante que para garantizar esta verdad se recurriera a un título mariano: la Santísima Virgen es la Madre de Dios.

Finalmente, conviene no olvidar que la Maternidad de María con respecto al Hijo de Dios asocia su existencia a la de su Hijo. Ella es la Madre santísima de Dios, que tomó parte en los misterios de Cristo. Ella es la Nueva Eva asociada a Cristo, el Nuevo Adán, según una temática que comenzó a desarrollarse en la Iglesia a partir del siglo II. Si la primera Eva dialogó con el demonio, desobedeció a Dios y trajo sobre el mundo muerte y ruina, María, la Nueva Eva, dialoga con el Ángel, obedece a Dios y trae al mundo al Salvador y, con Él, la salvación.

+ SOBRE MARÍA, MADRE DE DIOS

lunes, 27 de agosto de 2018

1 Carta a Timoteo 2,8-15: El modo de orar

El modo de orar
2:8 Por lo tanto, quiero que los hombres oren constantemente, levantando las manos al cielo con recta intención, sin arrebatos ni discusiones.
2:9 Que las mujeres, por su parte, se arreglen decentemente, con recato y modestia, sin usar peinados rebuscados, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos.
2:10 Que se adornen más bien con buenas obras, como conviene a personas que practican la piedad.
2:11 Que las mujeres escuchen la instrucción en silencio, con todo respeto.
2:12 No permito que ellas enseñen, ni que pretendan imponer su autoridad sobre el marido: al contrario, que permanezcan calladas.
2:13 Porque primero fue creado Adán,
2:14 Y no fue Adán el que se dejó seducir, sino que Eva fue engañada y cayó en el pecado.
2:15 Pero la mujer se salvará, cumpliendo sus deberes de madre, a condición de que persevere en la fe, en el amor y en la santidad, con la debida discreción.

viernes, 24 de agosto de 2018

I Tesalonicenses: 2,8-12: La actitud paternal de Pablo

La actitud paternal de Pablo
Al contrario, fuimos tan condescendientes con ustedes, como una madre que alimenta y cuida a sus hijos.
2:8 Sentíamos por ustedes tanto afecto, que deseábamos entregarles, no solamente la Buena Noticia de Dios, sino también nuestra propia vida: tan queridos llegaron a sernos.
2:9 Recuerden, hermanos, nuestro trabajo y nuestra fatiga cuando les predicamos la Buena Noticia de Dios, trabajábamos día y noche para no serles una carga.
2:10 Nuestra conducta con ustedes, los creyentes, fue siempre santa, justa e irreprochable: ustedes son testigos, y Dios también.
2:11 Y como recordarán, los hemos exhortado y animado a cada uno personalmente, como un padre a sus hijos,
2:12 instándoles a que lleven una vida digna del Dios que los llama a su Reino y a su gloria.

domingo, 19 de agosto de 2018

Efesios 5,21-33: Los deberes de los esposos

21 Sean dóciles los unos a los otros por consideración a Cristo:
22 las mujeres a su marido, como si fuera el Señor,
23 porque el varón es la cabeza de la mujer, como Cristo es la Cabeza y el Salvador de la Iglesia, 
     que es su Cuerpo.
24 Así como la Iglesia es dócil a Cristo, así también las mujeres deben ser dóciles en todo a su marido.
25 Maridos, amen a su esposa, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella,
26 para santificarla. Él la purificó con el bautismo del agua y la palabra,
27 porque quiso para sí una Iglesia resplandeciente, sin mancha ni arruga y sin ningún defecto, 
     sino santa e inmaculada.
28 Del mismo modo, los maridos deben amar a su mujer como a su propio cuerpo. 
     El que ama a su esposa se ama a sí mismo.
29 Nadie menosprecia a su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida. Así hace Cristo por la Iglesia,
30 por nosotros, que somos los miembros de su Cuerpo.
31 Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, 
     y los dos serán una sola carne.
32 Este es un gran misterio: y yo digo que se refiere a Cristo y a la Iglesia.
33 En cuanto a ustedes, cada uno debe amar a su mujer como a sí mismo, 
     y la esposa debe respetar a su marido.

domingo, 18 de febrero de 2018

Romanos 16,1-16: Saludos finales

Romanos 16,1-16   

16:1 Les recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la Iglesia de Cencreas,
16:2 para que la reciban en el Señor, como corresponde a los santos, ayudándola en todo lo que necesite de ustedes: ella ha protegido a muchos hermanos y también a mí.
16:3 Saluden a Prisca y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús.
16:4 Ellos arriesgaron su vida para salvarme, y no sólo yo, sino también todas las Iglesias de origen pagano, tienen con ellos una deuda de gratitud.
16:5 Saluden, igualmente, a la Iglesia que se reúne en su casa. No se olviden de saludar a mi amigo Epéneto, el primero que se convirtió a Cristo en Asia Menor.
16:6 Saluden a María, que tanto ha trabajado por ustedes;
16:7 a Andrónico y a Junia, mis parientes y compañeros de cárcel, que son apóstoles insignes y creyeron en Cristo antes que yo.
16:8 Saluden a Ampliato, mi amigo querido en el Señor;
16:9 a Urbano, nuestro colaborador en Cristo, y también a Estaquis, mi querido amigo.
16:10 Saluden a Apeles, que ha dado pruebas de fidelidad a Cristo, y también a los de la familia de Aristóbulo.
16:11 Saluden a mi pariente Herodión, y a los de la familia de Narciso que creen en Cristo.
16:12 Saluden a Trifena y a Trifosa, que tanto se esfuerzan por el Señor; a la querida Persis, que también ha trabajado mucho por el Señor.
16:13 Saluden a Rufo, el elegido del Señor, y a su madre, que lo es también mía;
16:14 a Asíncrito, a Flegonte, a Hermes, a Patrobas, a Hermas y a los hermanos que están con ellos.
16:15 Saluden a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, así como también a Olimpia, y a todos los santos que viven con ellos.
16:16 Salúdense mutuamente con el beso de paz. Todas las Iglesias de Cristo les envían saludos. 

martes, 23 de enero de 2018

Marcos 3,31-35: Sobre la familia de Jesús



Marcos 3,31-35
Cf. Mateo 12,46-50, Lucas 8,19-21
Martes de la 3 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

En aquel tiempo, llegaron la madre y los hermanos de Jesús y desde fuera lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dijo: "Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan." Les contestó: "¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?" Y, paseando la mirada por el corro, dijo: "Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre."

SOBRE EL MISMO TEMA: 


lunes, 1 de enero de 2018

El dogma de la maternidad divina de María (Éfeso 431)


El dogma de la Maternidad Divina se refiere a que la Virgen María es verdadera Madre de Dios. Fue solemnemente definido por el Concilio de Efeso (año 431).

Tiempo después, fue proclamado por otros Concilios universales, el de Calcedonia y los de Constantinopla.

El Concilio de Efeso, del año 431, siendo Papa San Clementino I (422-432) definió: "Si alguno no confesare que el Emmanuel (Cristo) es verdaderamente Dios, y que por tanto, la Santísima Virgen es Madre de Dios, porque parió según la carne al Verbo de Dios hecho carne, sea anatema."

El Concilio Vaticano II hace referencia del dogma así: "Desde los tiempos más antiguos, la Bienaventurada Virgen es honrada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles acuden con sus súplicas en todos sus peligros y necesidades" (Constitución Dogmática Lumen Gentium, 66).

+ MARÍA, MADRE DE DIOS   

SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS, homilía de San Cirilo de Alejandría, Concilio de Éfeso (431)


En la homilía que San Cirilo de Alejandría pronunció en el Concilio de Éfeso (431), dirigió a la Madre de Dios alabanzas como éstas:

"Salve, María, Madre de Dios, veneradísimo tesoro de todo el orbe, antorcha inextinguible, corona de la virginidad, trono de la recta doctrina, templo indestructible, habitáculo de aquel que no puede ser contenido en lugar alguno, Virgen y Madre por quien se nos ha dado el llamado en los Evangelios bendito el que viene en nombre del Señor.

Salve, tú que encerraste en tu seno virginal al que es inmenso e inabarcable. Tú, por quien la Santísima Trinidad es adorada y glorificada. Tú, por quien la cruz preciosa es celebrada y adorada en todo el mundo. Tú, por quien exulta el cielo, se alegran los ángeles y arcángeles, huyen los demonios, por quien el diablo tentador fue arrojado del cielo, y la criatura, caída por el pecado, es elevada al cielo...

¿Quién de entre los hombres será capaz de alabar como se merece a María, digna de toda alabanza? Es Virgen y Madre: ¡qué maravilla! Este milagro me llena de estupor. ¿Quién oyó jamás decir que al constructor de un templo se le prohíba entrar en él? ¿Quién podrá tachar de ignominia a quien toma a su propia esclava por Madre?

Nosotros hemos de adorar y respetar la unión del Verbo con la carne, hemos de tener temor de Dios y dar culto a la Santa Trinidad, hemos de celebrar con nuestros himnos a María, la siempre Virgen, templo santo de Dios, y a su Hijo, el Esposo de la Iglesia, nuestro Señor Jesucristo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén."

 "Hipóstasis" o "Unión hipostática":

Ya en aquellos tiempos se hablaba de la "hipóstasis" o "Unión hipostática": el verbo, al encarnarse, asumió la naturaleza humana en su persona divina, de modo que no había duplicidad de personas en Jesús (sólo hay una persona, que es divina), aunque sí duplicidad de naturalezas, divina y humana.

La teología católica desarrolló ampliamente esta tesis derivada de la filosofía griega. Santo Tomás dice:

"La bienaventurada Virgen es llamada Madre de Dios no porque sea madre de la divinidad, sino porque es madre, según la humanidad, de la persona que tiene la divinidad y la humanidad. El ser concebido y el nacer se atribuyen a la hipóstasis por razón de la naturaleza en la que la hipóstasis por razón de la naturaleza es concebida y nace. Ahora bien, como en el mismo principio de la concepción (de Cristo) la naturaleza humana se unió a la persona divina, podemos afirmar con toda verdad que Dios es concebido y nacido de la Virgen. Se dice que una mujer es madre de una persona porque ésta ha sido concebida y ha nacido de ella. Luego la bienaventurada Virgen puede llamarse verdadera Madre de Dios. (...) El nombre de "Dios", común a las tres personas divinas, unas veces designa sólo a la persona del Padre, otras a la persona del Hijo, y otras a la del Espíritu Santo. Así, cuando se dice que la bienaventurada Virgen es Madre de Dios, la palabra "Dios" designa sólo a la sola persona del Hijo".

+ SOBRE MARÍA, MADRE DE DIOS

MARÍA, MADRE DE DIOS: Definición de fe del Concilio de Calcedonia (451)

Concilio de Calcedonia (451)

Este magno y universal Sínodo, reunido por la gracia de Dios y por la voluntad de los piadosísimos y cristianísimos emperadores nuestros, los augustos Valentiniano y Marciano, en la Metrópoli de Calcedonia de Bitinia, en templo de la santa y victoriosa mártir Eufemia, define cuanto sigue:

Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, confirmando a sus discípulos en el conocimiento de la fe, dijo; Les doy mi paz, mi paz les dejo, para que ninguno disintiera de su prójimo de los dogmas de la piedad, y se demostrase verdadero el anuncio de la verdad. Y por cuanto el maligno no cesa de obstaculizar, con su cizaña, la siembra de la piedad y de buscar siempre algo nuevo contra la verdad, Dios, como siempre, provee al género humano e inspiró un gran celo a este nuestro piadoso y fidelísimo emperador, y llamó a sí, desde todas partes, a los jefes del sacerdocio, para que, con la gracia del señor de todos nosotros, Cristo, alejásemos toda peste de error de las ovejas de Cristo, y los restaurásemos con el alimento de la verdad. Lo que hemos hechos, proscribiendo con voto común las falsas doctrinas y renovando nuestra adhesión a la fe ortodoxa de los padres, predicando a todos el símbolo de los 318 (padres de Nicea), y reconociendo como padres propios a aquellos que han acogido esta síntesis de la piedad, y aquella de los 150 que se reunieron en la gran Constantinopla y confirmaron también ellos la misma fe.

Confirmando también nosotros, las decisiones e las fórmulas de fe del concilio reunido otrora en Efeso (431) que presidieron Celestino (obispo) de los romanos y Cirilo (obispo) de los alejandrinos, de santísima memoria, definimos que ha de resplandecer la exposición de la recta e incontaminada fe, hecha por los 315 santos y bienaventurados padres reunidos en Nicea (325), bajo el Emperador Constantino, de feliz memoria, y que se debe mantener en vigor cuantos fue decretado por los 150 santos padres de Constantinopla (381) para extirpar las herejías que entonces germinaban, y reafirmar nuestra misma fe católica y apostólica.

(En este punto se repiten los símbolos de la fe de Nicea y Constantinopla)

Habría sido, entonces, suficiente para el pleno conocimiento y confirmación de la piedad este sabio y saludable símbolo de la divina gracia. En verdad, enseña lo que más perfectamente se puede pensar con relación al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y presenta, a quien lo acoge con fe, la encarnación del Señor.

Pero dado que aquellos que tratan de frenar el anuncio de la verdad, con sus herejías han acuñado nuevas expresiones: algunos tratan de alterar el misterio de la economía de la encarnación del Señor para nosotros, rechazando la expresión Teotokos [Madre de Dios] para la Virgen; otros introducen confusión y mescolanza e imaginan tontamente que es una única la naturaleza aquella de la carne y aquella otra de la divinidad; y sostienen absurdamente que la naturaleza divina del unigénito por la confusión pueda sufrir; por todo esto, el actual, santo, magno y universal sínodo, queriéndoles impedir toda reacción contra la verdad, enseña que el contenido de esta predicación ha sido siempre idéntico, y establece, primero que todo, que la fe de los 318 santos padres debe ser intangible; confirma la doctrina en torno a la naturaleza del Espíritu, trasmitida en tiempos posteriores por los padres reunidos en la ciudad real, contra aquellos que combatieron al Espíritu Santo, doctrina que ellos declararon a todos, no ciertamente para agregar nada a lo que antes se sostenía, sino para demostrar con el testimonio de la escritura, su pensamiento sobre el Espíritu santo, contra aquellos que trataban de negarle el señorío- Contra aquellos, luego, que tratan de alterar el misterio de la economía y alegan que sea sólo hombre aquel que nació de la santa virgen María, (este concilio) hace suyas las cartas sinodales del bienaventurado Cirilo, que fue pastor de la Iglesia de Alejandría, a Nestorio y a los orientales, como adecuadas tanto para contradecir la locura nestoriana, como para dar una clara explicación a aquellos que deseasen conocer con piadoso celo el verdadero sentido del símbolo de salvación. A esto ha apuntado, y con justicia, contra las falsas concepciones y para la confirmación de la verdadera doctrina la carta del Pontífice León, santísimo arzobispo de la enorme y antiquísima ciudad de Roma, escrita al arzobispo Flaviano, de santa memoria, para refutar la malvada concepción de Eutiques; ella, de hecho, está en armonía con la confesión del gran Pedro; y es para nosotros una columna común. (Este concilio), de hecho, se opone a aquellos que tratan de separar en dos hilos el misterio de la divina economía; se apartan del sagrado consenso aquellos que se atreven a declarar pasible la divinidad del Unigénito; resiste a aquellos que piensan en una mescolanza o confusión de las dos naturalezas de Cristo y expulsa a aquellos que afirman, insanamente, que haya sido celestial, o de cualquier otra sustancia la forma humana de siervo que Él asumió de nosotros, y excomulga, en fin, a aquellos que fabulan de dos naturalezas del señor antes de la unión y una sola después de esta unión.

Siguiendo entonces, a los santos Padres, unánimemente enseñamos a confesar un solo y mismo Hijo: nuestro señor Jesucristo, perfecto en su divinidad y perfecto en su humanidad, verdadero Dios y verdadero hombre (compuesto) de alma racional y de cuerpo, consustancial al Padre por la divinidad, y consubstancial a nosotros por la humanidad, similar en todo a nosotros, excepto en el pecado, generado por el Padre antes de los siglos según la divinidad, y, en estos últimos tiempos, por nosotros y por nuestra salvación, engendrado en María virgen y madre de Dios, según la humanidad: uno y el mismo Cristo señor unigénito; en el que han de reconocerse dos naturalezas, sin confusión, inmutables, indivisas, inseparables, no habiendo disminuido la diferencia de las naturalezas por causa de la unión, sino más bien habiendo sido asegurada la propiedad de cada una de las naturalezas, que concurren a formar una sola persona e hipóstasis. Él no está dividido o separado en dos personas, sino que es un único y mismo Hijo unigénito, Dios, Verbo, y señor Jesucristo como primero los profetas y más tarde el mismo Jesucristo lo ha enseñado de sí y como nos lo ha trasmitido el símbolo de los padres.

Establecido esto por nosotros con toda la diligencia posible, define el santo y universal sínodo que no sea lícito a nadie presentar o incluso escribir o componer una fórmula de fe diversa, como tampoco creer o enseñar de un modo distinto. Aquellos que luego osaren o bien componer una fórmula diversa de fe o presentarla, o enseñarla, o trasmitir un símbolo diverso a aquellos que tratan de convertirse desde el helenismo al conocimiento de la verdad, o del judaísmo, o de cualquier herejía, todos ellos, si son clérigos u obispos, sean suspendidos, el obispo, de su sede, el clérigo del ministerio, o si fueran laicos o monjes, deberán ser excomulgados.

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La maternidad divina de María en el Catecismo de la Iglesia Católica


494. Al anuncio de que ella dará a luz al “Hijo del Altísimo” sin conocer varón, por la virtud del Espíritu Santo, María respondió por “la obediencia de la fe” (Rm 1,5), segura de que “nada hay imposible para Dios”: “He aquí la esclava del Señor: hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 37-38). Dando su consentimiento a la palabra de Dios, María llegó a ser Madre de Jesús y, aceptando de todo corazón la voluntad divina de salvación, sin que ningún pecado se lo impidiera, se entregó a sí misma por entero a la persona y a la obra de su Hijo, para servir, en su dependencia y con él, por la gracia de Dios, al Misterio de la Redención.

Como dice san Ireneo, “por su obediencia fue causa de la salvación propia y de la de todo el género humano”. Por eso, no pocos Padres antiguos, en su predicación, coincidieron con él en afirmar: “El nudo de la desobediencia de Eva lo desató la obediencia de María. Lo que ató la virgen Eva por su falta de fe lo desató la Virgen María por su fe”. Comparándola con Eva, llaman a María ’Madre de los vivientes’ y afirman con mayor frecuencia: “la muerte vino por Eva, la vida por María”.

La maternidad divina de María

495. Llamada en los evangelios “la Madre de Jesús” (Jn 2,1; 19,25), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como “la madre de mi Señor” desde antes del nacimiento de su hijo (Lc 1,43). Aquél que ella concibió como hombre por obra del Espíritu Santo y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [“Theotokos”].

509. María es verdaderamente ``Madre de Dios'' porque es la Madre del Hijo Eterno de Dios hecho Hombre, que es Dios mismo.

2677. “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros...” Con Isabel, nos maravillamos y decimos: “¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?” (Lc 1,43). Porque nos da a Jesús su hijo, María es madre de Dios y madre nuestra; podemos confiarle todos nuestros cuidados y nuestras peticiones: ora por nosotros como ella oró por sí misma: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38). Confiándonos a su oración, nos abandonamos con ella en la voluntad de Dios: “Hágase tu voluntad”.


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martes, 26 de septiembre de 2017

MARTES DE LA 25 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año Impar (Lecturas)

Esdras 6,7-8.12b.14-20
Salmo 121: Vamos alegres a la casa del Señor
Lucas 8,19-21


Esdras 6,7-8.12b.14-20

En aquellos días, el rey Darío escribió a los gobernantes de Transeufratina: "Permitid al gobernador y al senado de Judá que trabajen reconstruyendo el templo de Dios en su antiguo sitio. En cuanto al senado de Judá y a la construcción del templo de Dios, os ordeno que se paguen a esos hombres todos los gastos puntualmente y sin interrupción, utilizando los fondos reales de los impuestos de Transeufratina. La orden es mía, y quiero que se cumpla a la letra. Darío." De este modo, el senado de Judá adelantó mucho la construcción, cumpliendo las instrucciones de los profetas Ageo y Zacarías, hijo de Idó, hasta que por fin la terminaron, conforme a lo mandado por el Dios de Israel y por Ciro, Darío y Artajerjes, reyes de Persia. El templo se terminó el dia tres del mes de Adar, el año sexto del reinado de Darío. Los israelitas, sacerdotes, levitas y resto de los deportados, celebraron con júbilo la dedicación del templo, ofreciendo con este motivo cien toros, doscientos carneros, cuatrocientos corderos y doce machos cabríos, uno por tribu, como sacrificio expiatorio por todo Israel. El culto del templo de Jerusalén se lo encomendaron a los sacerdotes, por grupos, y a los levitas, por clases, como manda la ley de Moisés. Los deportados celebraron la Pascua el día catorce del mes primero; como los levitas se habían purificado, junto con los sacerdotes, estaban puros e inmolaron la víctima pascual para todos los deportados, para los sacerdotes, sus hermanos, y para ellos mismos.

Salmo 121: Vamos alegres a la casa del Señor

¡Qué alegría cuando me dijeron:
"Vamos a la casa del Señor"!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
R. Vamos alegres a la casa del Señor

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,
R. Vamos alegres a la casa del Señor

Según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.
R. Vamos alegres a la casa del Señor

Lucas 8,19-21

En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. Entonces lo avisaron: "Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte." Él les contestó: "Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra."

viernes, 4 de agosto de 2017

Mateo 13,54-58: Visita de Jesús a Nazaret

Mateo 13,54-58
Cf. Mc 6,1-6; Lc 4,16-30 
Viernes de la 17 Semana del Tiempo Ordinario, Año I

En aquel tiempo, fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decía admirada: "¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?" Y aquello les resultaba escandaloso. Jesús les dijo: "Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta." Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe.

SOBRE EL MISMO TEMA:
Los hermanos de Jesús  

domingo, 5 de febrero de 2017

Citas y aforismos, por el P. Ángel Muñoz, SF


Una madre con su hijo iban a cruzar un río y dice la madre:
– Hijo, toma mi mano.
El hijo responde:
– Mejor, tú toma la mía
Entonces, la madre pregunta:
– Pero, hijo, ¿cuál es la diferencia?
– Si algo pasa, puede ser que yo me suelte de tu mano pero tú nunca soltarías la mía.