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sábado, 23 de julio de 2022

Números 27,12-23: Josué constituido jefe de la comunidad

Números 27,12-23:
Josué constituido jefe de la comunidad

12 Luego el Señor dijo a Moisés: 
     «Sube a esta montaña de los Abarím y contempla la tierra que he dado a los israelitas.
13 Una vez que la hayas contemplado, irás a reunirte con los tuyos, lo mismo que tu hermano Aarón.
14 Porque en el desierto de Sin, cuando la comunidad promovía una querella, 
     ustedes se rebelaron contra la orden de manifestar mi santidad 
     a los ojos de ellos por medio del agua». 
     Se trata del agua de Meribá de Cades, en el desierto de Sin.
15 Entonces Moisés dijo al Señor:
16 «Que el Señor, el Dios que anima a todo viviente, ponga al frente de esta comunidad a un hombre
17 que la guíe en todos sus pasos y al que ellos obedezcan en todo. 
     Así la comunidad del Señor no estará como una oveja sin pastor.
18 El Señor respondió a Moisés: «Toma a Josué, hijo de Nun, que es un hombre animado por el espíritu, 
     e impone tu mano sobre él.
19 Luego lo presentarás al sacerdote Eleazar y a toda la comunidad, 
     para transmitirle tus órdenes en presencia de ellos,
20 y le comunicarás una parte de tu autoridad, a fin de que toda la comunidad de los israelitas 
    le preste obediencia.
21 Josué deberá presentarse al sacerdote Eleazar, que consultará para él las decisiones del Urim, 
     delante del Señor. El y toda la comunidad de los israelitas harán todo conforme a estas decisiones».
22 Moisés hizo lo que el Señor le había ordenado: 
     tomó a Josué y lo presentó ante el sacerdote Eleazar y ante toda la comunidad.
23 Luego impuso su mano sobre él y le transmitió sus órdenes, 
     como el Señor lo había ordenado por medio de Moisés.

jueves, 21 de julio de 2022

Números 20,22-29: La muerte de Aarón

Números 20,22-29:
La muerte de Aarón

22 Toda la comunidad partió de Cades y los israelitas llegaron al monte Hor.
23 En el monte Hor, que está en la frontera de Edom el Señor dijo a Moisés y a Aarón:
24 «Que Aarón vaya a reunirse con los suyos, porque él no entrará en la tierra que yo di a los israelitas, 
     ya que ustedes se rebelaron contra mis órdenes junto a las aguas de Meribá.
25 Toma a Aarón y a su hijo Eleazar, y llévalos al monte Hor.
26 Allí despojarás a Aarón de sus vestiduras y se las pondrás a su hijo Eleazar. 
     Entonces Aarón se reunirá con los suyos, porque allí morirá».
27 Moisés hizo lo que el Señor le había mandado: 
     él, Aarón y su hijos Eleazar subieron al monte Hor a la vista de toda la comunidad.
28 Luego Moisés quitó las vestiduras a Aarón y se las puso a su hijo Eleazar. 
     Aarón murió en la cima de la montaña. Cuando Moisés y Eleazar bajaron de la montaña,
29 toda la comunidad supo que Aarón había muerto. Y todo Israel lloró a Aarón durante treinta días.

Números 20,1-13: La muerte de Miriam. El agua brotada de la roca

Números 20,1-13:
La muerte de Miriam. El agua brotada de la roca

1 En el primer mes, toda la comunidad de los israelitas llegó al desierto de Sin, 
   y el pueblo se estableció en Cades. Allí murió y fue enterrada Miriam.
2 Como la comunidad no tenía agua, se produjo un amotinamiento contra Moisés y Aarón.
3 El pueblo promovió una querella contra Moisés diciendo: 
   «¡Ojalá hubiéramos muerto cuando murieron nuestros hermanos delante del Señor!
4 ¿Por qué trajeron a este desierto a la asamblea del Señor, para que muriéramos aquí, 
   nosotros y nuestro ganado?
5 ¿Por qué nos hicieron salir de Egipto, para traernos a este lugar miserable, donde no hay sembrados, 
   ni higueras, ni viñas, ni granados, y donde ni siquiera hay agua para beber?
6 Moisés y Aarón, apartándose de la asamblea, fueron a la entrada de la Carpa del Encuentro 
   y cayeron con el rostro en tierra. Entonces se les apareció la gloria del Señor,
7 y el Señor dijo a Moisés:
8 «Toma el bastón y convoca a la comunidad, junto con tu hermano Aarón. 
   Después, a la vista de todos, manden a la roca que dé sus aguas. 
   Así harás para ellos agua de la roca y darás de beber a la comunidad y a su ganado».
9 Moisés tomó el bastón que estaba delante del Señor, como él se lo había mandado.
10 Luego Moisés y Aarón reunieron a la asamblea frente a la roca, y Moisés lees dijo: 
     «¡Escuchen, rebeldes! ¿Podemos hacer que brote agua de esta roca para ustedes?».
11 Y alzando su mano, golpeó la roca dos veces con el bastón. 
     El agua brotó abundantemente, y bebieron la comunidad y el ganado.
12 Pero el Señor dijo a Moisés y a Aarón: 
     «Por no haber confiado lo bastante en mí para que yo manifestara mi santidad ante los israelitas, 
     les aseguro que no llevarán a este pueblo hasta la tierra que les he dado».
13 Estas son las aguas de Meribá –que significa «Querella»– donde los israelitas promovieron una 
     querella contra el Señor y con las que él manifestó contra el Señor y con las que él manifestó su 
     santidad.

jueves, 3 de marzo de 2016

Salmo 94: Himno de alabanza y denuncia profética

Salmo 94: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras."
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

— Comentario por Reflexiones Católicas  

Esta composición es una mezcla de dos tipos de salmo, Desde el principio hasta la mitad es un himno de alabanza; la segunda parte es una denuncia profética. El versículo 7 divide el salmo en dos partes: 1-7a; 7b-11.

En la primera (1-7a) tenemos los elementos típicos de un himno de alabanza: una invitación “venid”, «cantemos jubilosos», «aclamemos», «entremos», «vamos a aclamarlo», (1-2) y la exposición del motivo, introducida por la conjunción «porque» (3), que se desarrolla a continuación (4-5). Tenemos una nueva invitación (entrad, «postraos, «inclinaos») y un nuevo «porque... (7a).

El ambiente es festivo, tal vez estemos en medio de una procesión. Se habla de instrumentos musicales (2). En total, tenemos ocho verbos que expresan con fuerza la invitación a la alabanza y a la fiesta. El Señor es comparado con una roca (1b), símbolo de salvación, y con un pastor que guía al pueblo, su rebaño (7a).

El primero de los «porque...» presenta a Dios como Señor sobre todos los dioses (3) y como creador de todas las cosas (4-5) y, por tanto, dueño y Señor de todas ellas. Aquí el salmo salta de extremo a extremo: de las profundidades de la tierra a las cumbres de los montes (dimensión vertical), del mar a la tierra firme (dimensión horizontal).

El segundo de los «porque...», además de recordar la relación pastor-rebaño, nos recuerda la Alianza. De hecho, la afirmación «Él es nuestro Dios y nosotros somos su pueblo» refuerza la idea de que Dios y el pueblo se pertenecen mutuamente de forma exclusiva, como miembros de una misma alianza.

De repente, como si de un aguafiestas se tratara, alguien levanta la voz.

Comienza la segunda parte (7b-11), que tiene sabor a denuncia.

Es una advertencia que pretende impedir que se repitan los errores de los padres, de los antepasados. El salmista-profeta recuerda la rebeldía de la época del desierto, los episodios de Masá y Meribá (8), que nos describe Ex 17,1-7. A pesar de que habían visto las obras del Señor, los israelitas lo pusieron a prueba y lo tentaron (9).

En la concepción del salmista, una generación entera disgustó al Señor durante todo el tiempo que duró la travesía del desierto, una generación de corazón inconstante e infiel, incapaz de reconocer los caminos de Dios (10). Como resultado de lo cual (11), la totalidad de esta generación murió en el desierto, sin llegar a entrar en la Tierra Prometida.

Tanto los himnos de alabanza, como las denuncias proféticas suponen un contexto público: la presencia de un grupo de personas reunido para alabar y dar a gracias al Señor. Un individuo anima a los presentes a celebrar y festejar a Dios, pero, al mismo tiempo, expone su denuncia, lo que viene a mostrar que detrás de la fiesta existe una tensión.

La roca que nos salva

En primer lugar; se habla del Señor como de «la roca que nos salva». Podemos percibir aquí una tensión, sin mayores explicaciones. A continuación encontramos un conflicto religioso. Se admite que existen otros dioses (3), pero el Señor es soberano sobre todos ellos. Ciertamente, estos dioses son los dioses de los pueblos vecinos. No obstante, Dios es también su Señor.

La insistencia en el hecho de que la tierra pertenece al Señor es un síntoma de algo que puede estar sucediendo en el momento de composición de este salmo. De hecho, si la generación pasada no pudo entrar en la tierra a causa de su rebeldía con respecto a Dios, la generación presente corre el riesgo de perder la tierra por no escuchar en el momento presente la voz del Señor.

¿Perder la tierra en favor de quién, de los pueblos vecinos o de los terratenientes del país? 

El salmo no nos ofrece más información al respecto, pero sabemos que los profetas eran, casi siempre, gente relacionada con la causa de la tierra. Eran los portavoces de la gente que vivía en la tierra y de la tierra. El aviso que se hace, por tanto, incluye una amenaza: la de la pérdida de la tierra. No se sabe con exactitud cuándo surgió este salmo, pero la lucha por la adquisición y conservación de la tierra recorre todo el Antiguo Testamento.

Entrar en la Tierra Prometida o conservarla son cuestiones vinculadas a la Alianza entre el Señor y su pueblo. Entrar en la tierra era consecuencia de la fidelidad a la Alianza (algo que la generación del desierto no fue capaz de mantener); conservar la tierra era resultado de una Alianza mantenida a lo largo de las generaciones. Además de todo ello, como ya hemos visto, entre Dios y su pueblo hay un compromiso de pertenencia mutua: él es el Dios de los israelitas, y el pueblo es el pueblo de Dios (7a).

Pastor de su pueblo

La imagen del pastor (7a) es también importante a la hora de descubrir el rostro de Dios que nos presenta este salmo. La principal acción del «Dios pastor» consistió en guiar a su pueblo sacándolo de la esclavitud de Egipto y conduciéndolo a través del desierto, rumbo a la libertad y a la vida en la Tierra Prometida. La gran respuesta del pueblo será dejarse guiar por este «Dios pastor», obedeciendo a su voz (7b).

Jesús

Jesús se presentó como pastor (Jn 10), conocedor de la intimidad de cada persona (Jn 2,25). Por eso su voz profética denunció las injusticias y a quienes las ocasionaban (Mt 23). Denunció la existencia de una religión formalista, de apariencias (Mt 7,21) y, con un gesto profético, anunció el fin del templo y de su corrupción, a pesar de su aspecto de lugar sagrado.

Jesús denunció las mismas cosas que nuestro salmista-profeta. Al igual que los antepasados de tiempos del desierto, algunos grupos de la época de Jesús vieron sin que, por ello, llegaran a creer. Vieron las acciones de Juan Bautista y de Jesús, escucharon sus palabras, pero los rechazaron; los cobradores de impuestos y las prostitutas, en cambio, sí que creyeron. Esto es lo que podemos percibir al final de la parábola de los dos hijos (Mt 21,28-32), destinada a los líderes judíos de tiempos de Jesús (los jefes de los sacerdotes y los ancianos).

Para orar

Podemos rezar este salmo cuando queremos alabar y dar gracias al Señor, teniendo presentes sus acciones a nuestro favor; en tiempos de ídolos y de idolatría; cuando queremos aprender de los aciertos y los errores del pasado, para ser más felices; podemos rezarlo, también, para denunciar el formalismo y el ritualismo de la religión; cuando tenemos que denunciar las infidelidades para con los designios de Dios; en medio de las luchas por la posesión de la tierra o de aquello que nos permita vivir con dignidad...