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sábado, 19 de noviembre de 2022

Lucas 20,27-38: Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer?"

Lucas 20,27-40
Sábado de la 33 Semana del Tiempo Ordinario I y II

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: "Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella."Jesús les contestó: "En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob". No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos." Intervinieron unos escribas: "Bien dicho, Maestro." Y no se atrevían a hacerle más preguntas.


SOBRE EL MISMO TEMA:

sábado, 22 de octubre de 2022

DOMINGO DE LA 30 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo C (Lecturas)

Eclesiástico 35:12-14.16-18 
Salmo 34: Si el afligido invoca al Señor, El lo escucha
2 Timoteo 4:6-8,16-18
Lucas 18:9-14


Eclesiástico 35, 12-14.16-18

El Señor es un Dios justo, que no puede ser parcial; no es parcial contra el pobre, escucha las súplicas del oprimido; no desoye los gritos del huérfano o de la viuda cuando repite su queja; sus penas consiguen su favor, y su grito alcanza las nubes; los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansan; no ceja hasta que Dios le atiende, y el juez justo le hace justicia.

Salmo 33: Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.
R. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha

El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias.
R. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha

El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él.
R. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha


2 Timoteo 4,6-8.16-18

Querido hermano: Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, y nadie me asistió. Que Dios los perdone. Pero el Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.


En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: "Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. "El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. "Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido."

sábado, 15 de octubre de 2022

DOMINGO DE LA 29 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Ciclo C (Lecturas)

Exodo 17:8-13
Salmo 121: El Auxilio me viene del Señor 
que hizo el cielo y la tierra
2Timoteo 3:14-4:2
Lucas 18:1-8


Los amalecitas vinieron a Refidín y atacaron a los israelitas. Entonces Moisés le ordenó a Josué:
— Escoge algunos de nuestros hombres y sal a combatir a los amalecitas. Mañana yo estaré en la cima de la colina con la vara de Dios en la mano.
Josué siguió las órdenes de Moisés y les presentó batalla a los amalecitas. Por su parte, Moisés, Aarón y Jur subieron a la cima de la colina. Mientras Moisés mantenía los brazos en alto, la batalla se inclinaba en favor de los israelitas; pero cuando los bajaba, se inclinaba en favor de los amalecitas. Cuando a Moisés se le cansaron los brazos, tomaron una piedra y se la pusieron debajo para que se sentara en ella; luego Aarón y Jur le sostuvieron los brazos, uno el izquierdo y otro el derecho, y así Moisés pudo mantenerlos firmes hasta la puesta del sol. Fue así como Josué derrotó al ejército amalecita a filo de espada.

Salmo 120: El auxilio me viene del Señor, 
que hizo el cielo y la tierra

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
R. El auxilio me viene del Señor, 
que hizo el cielo y la tierra

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa el guardián de Israel.
R. El auxilio me viene del Señor, 
que hizo el cielo y la tierra

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.
R. El auxilio me viene del Señor, 
que hizo el cielo y la tierra

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.
R. El auxilio me viene del Señor, 
que hizo el cielo y la tierra

2 Timoteo 3:4–4:2

Pero tú, permanece firme en lo que has aprendido y de lo cual estás convencido, pues sabes de quiénes lo aprendiste. Desde tu niñez conoces las Sagradas Escrituras, que pueden darte la sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra. En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir en su reino y que juzgará a los vivos y a los muertos, te doy este solemne encargo: Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar.


Jesús les contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse. Les dijo:
— Había en cierto pueblo un juez que no tenía temor de Dios ni consideración de nadie. En el mismo pueblo había una viuda que insistía en pedirle: "Hágame usted justicia contra mi adversario." Durante algún tiempo él se negó, pero por fin concluyó: "Aunque no temo a Dios ni tengo consideración de nadie, como esta viuda no deja de molestarme, voy a tener que hacerle justicia, no sea que con sus visitas me haga la vida imposible."
Continuó el Señor:
— Tengan en cuenta lo que dijo el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles? Les digo que sí les hará justicia, y sin demora. No obstante, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?


SOBRE LAS LECTURAS DE ESTE DOMINGO:

martes, 12 de julio de 2022

Isaías 47,1-15: Humillación de Babilonia y de sus magos

Humillación de Babilonia y de sus magos

1 Baja, siéntate en el polvo, joven Babilonia; siéntate en tierra, sin trono, capital de los caldeos, 
   que ya no te volverán a llamar blanda y refinada. 
2 Agarra un molino, muele harina, quítate el velo, alza las faldas, descubre el muslo, cruza los canales, 
3 aparezca tu desnudez, véanse tus vergüenzas. Tomaré venganza inexorable. 
4 Nuestro redentor, que se llama el Señor Todopoderoso, el Santo de Israel, dice: 
5 Siéntate y calla, entra en las tinieblas, capital de los caldeos, que ya no te llamarán Emperatriz. 
6 Airado contra mi pueblo, profané mi herencia, la entregué en tus manos: 
   no tuviste compasión de ellos, abrumaste con tu yugo a los ancianos, 
7 diciéndote: Seré señora por siempre jamás, sin considerar esto, sin pensar en el desenlace.
8 Pero ahora escúchalo, sedienta de placeres, que reinabas confiada, que te decías: 
   Yo y nadie más. No me quedaré viuda, no perderé a mis hijos. 
9 Las dos cosas te sucederán, de repente en un solo día: 
   viuda y sin hijos te verás a la vez, a pesar de tus muchas brujerías y del gran poder de tus sortilegios. 
10 Tú te sentías segura en tu maldad, diciéndote: 
     Nadie me ve; tu sabiduría y tu ciencia te han trastornado, mientras pensabas: Yo y nadie más. 
11 Porque vendrá sobre ti una desgracia que no sabrás conjurar, 
     caerá sobre ti un desastre del que no te podrás librar; 
     vendrá sobre ti de repente una catástrofe que no te imaginabas. 
12 Insiste en tus sortilegios, en tus muchas brujerías, que han sido tu tarea desde joven; 
     quizá te aprovechen, quizá los espantes. 
13 Estás harta de consejos: que se levanten y te salven los que conjuran el cielo, 
     los que observan las estrellas, los que pronostican cada mes lo que te va a suceder. 
14 Míralos convertidos en paja: el fuego los consume y no pueden librarse del poder de las llamas; 
     ni siquiera son brasas para calentarse ni hogar para sentarse enfrente. 
15 En eso han terminado aquellos con quienes traficabas, con quien te atareabas desde joven:
     cada uno se pierde por su lado, y no hay quien te salve.

domingo, 10 de julio de 2022

Isaías 1,10-20: Segunda requisitoria

Isaías 1,10-20 
Segunda requisitoria

10 Escuchen la Palabra del Señor, príncipes de Sodoma; escucha la enseñanza de nuestro Dios, 
     pueblo de Gomorra.
11 ¿De qué me sirve la multitud de sus sacrificios? –dice el Señor–. Estoy harto de holocaustos 
     de carneros, de grasa de animales cebados; la sangre de novillos, corderos y chivos no me agrada. 
12 Cuando entran a visitarme y pisan mis atrios, ¿quién exige algo de sus manos? 
13 No me traigan más ofrendas sin valor, el humo del incienso es detestable. 
     Lunas nuevas, sábados, asambleas... no aguanto reuniones y crímenes. 
14 Sus solemnidades y fiestas las detesto; se me han vuelto una carga que no soporto más. 
15 Cuando extienden las manos, cierro los ojos; aunque multipliquen las plegarias, no los escucharé. 
     Sus manos están llenas de sangre.
16 Lávense, purifíquense, aparten de mi vista sus malas acciones. Cesen de obrar mal, 
17 aprendan a obrar bien; busquen el derecho, socorran al oprimido; defiendan al huérfano, 
     protejan a la viuda. 
18 Entonces, vengan, y discutamos –dice el Señor–. Aunque sus pecados sean como el rojo más vivo, 
     se volverán blancos como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana. 
19 Si saben obedecer, comerán lo sabroso de la tierra; 
20 si rehúsan y se rebelan, la espada los comerá. Lo ha dicho el Señor.

SOBRE EL MISMO TEMA:

jueves, 2 de diciembre de 2021

Isaías 10,1-4: Malaventura

Isaías 10,1-4:
Malaventura


1 ¡Ay de los que decretan leyes injustas, de los notarios que registran vejaciones, 
2 que dejan sin defensa al desamparado y niegan sus derechos a los pobres de mi pueblo, 
   que hacen su presa de las viudas y saquean a los huérfanos! 
3 ¿Qué harán el día de la cuenta, cuando la tormenta lejana se eche encima? 
   ¿A quién acudirán buscando auxilio y dónde depositarán su fortuna, 
4 para no ir encorvados con los prisioneros y no caer con los asesinados? 
   Y, con todo, no se aplaca su ira, sigue extendida su mano.

Isaías 9,7-21: La ira del Señor

Isaías 9,7-21:
La ira del Señor


7 El Señor ha lanzado una amenaza contra Jacob, ha alcanzado a Israel; 
8 la entenderá el pueblo entero, Efraín y los jefes de Samaría, que van diciendo con soberbia 
   y presunción: 
9 ¿Se cayeron los ladrillos?, reconstruiremos con piedras talladas; ¿se derrumbó el maderamen 
    de sicómoro?, lo reemplazaremos con cedro. 
10 El Señor incitará contra ellos al enemigo y provocará a sus adversarios: 
11 por delante Damasco, por la espalda los filisteos devorarán a Israel a boca llena. 
     Y, con todo, no se aplaca su ira, sigue extendida su mano. 
12 Pero el pueblo no se ha vuelto al que lo hería, no ha buscado al Señor Todopoderoso. 
13 El Señor cortará a Israel cabeza y cola, palma y junco en un solo día. 
14 El anciano honorable es la cabeza, el profeta embaucador es la cola. 
15 Los que guían a ese pueblo lo extravían, los que se dejan guiar son aniquilados. 
16 Por eso el Señor no perdona a los jóvenes, no se compadece de huérfanos y viudas; 
     porque todos son impíos y malvados y toda boca profiere infamias. 
     Y, con todo, no se aplaca su ira, sigue extendida su mano. 
17 Sí, la maldad está ardiendo como fuego que consume zarzas y cardos, prende en la espesura 
     del bosque, y el humo se alza en torbellinos. 
18a Con la ira del Señor arde el país, y el pueblo es pasto del fuego: 
19b uno devora la carne de su prójimo 
18b y ninguno perdona a su hermano; 
19a destroza a la derecha, y sigue con hambre, devora a izquierda, y no se sacia. 
20 Manasés contra Efraín, Efraín contra Manasés, juntos los dos contra Judá. 
21 Y, con todo, no se aplaca su ira, sigue extendida su mano.

Isaías 1,21-28: La ciudad infiel

Isaías 1,21-28
La ciudad infiel


21 ¡Cómo se ha prostituido la Ciudad Fiel! Antes llena de derecho, morada de justicia; ahora no hay 
     más que criminales. 
22 Tu plata se ha vuelto basura, tu vino está aguado, 
23 tus jefes son bandidos, socios de ladrones: todos amigos de sobornos, en busca de regalos. 
     No defienden al huérfano, no se encargan de la causa de la viuda.
24 Por eso –oráculo del Señor Todopoderoso, el Fuerte de Israel–: me vengaré de mis enemigos, 
     me desquitaré de mis adversarios. 
25 Volveré mi mano contra ti: para limpiarte de tus impurezas en el crisol y eliminar todos tus desechos; 
26 te daré jueces como los antiguos, consejeros como los de antes: entonces te llamarás Ciudad Justa, 
     Ciudad Fiel. 
27 Sión será redimida con el derecho, los repatriados con la justicia. 
28 Vendrá la ruina para rebeldes y pecadores juntos, los que abandonan al Señor perecerán.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Lucas 4,16-30: Enseñanza de Jesús en Nazaret

Lucas 4,16-30 
(Cf. Mt 13,54-58; Mc 6,1-6)

Lunes de la 22 Semana del Tiempo Ordinario I y II,

En aquel tiempo fue Jesús a Nazaret, donde se había criado; entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desarrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor". Y, enrollando el libro, lo devolvió al que lo ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: "Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír". Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: "¿No es éste el hijo de José?" Y les dijo: "Sin duda me recitaréis aquel refrán: "Médico, cúrate a ti mismo"; haz también aquí, en tu tierra, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm". Y añadió: "Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio". Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.


SOBRE EL MISMO TEMA:

lunes, 27 de agosto de 2018

1 Carta a Timoteo 5,1-16: Sobre los ancianos, jóvenes y viudas

1 No reprendas a un anciano, sino exhórtalo como a un padre. 
   Trata a los jóvenes como a hermanos,
2 a las ancianas como a madres, y a las jóvenes como a hermanas, con toda pureza.
3 Honra y atiende a las viudas que realmente están necesitadas.
4 Pero si alguna viuda tiene hijos o nietos, éstos deben aprender primero a cumplir 
   con sus deberes familiares y a ser agradecidos con sus padres, 
   porque eso es lo que agrada a Dios.
5 Hay viudas que lo son realmente, 
   porque se han quedado solas y tienen puesta su confianza en Dios, 
   consagrando sus días y sus noches a la súplica y a la oración.
6 Pero la que lleva una vida disipada, aunque viva, está muerta.
7 Incúlcales esto para que sean irreprochables:
8 el que no se ocupa de los suyos, sobre todo si conviven con él, 
   ha renegado de su fe y es peor que un infiel.
9 Para estar inscrita en el grupo de las viudas, 
   una mujer debe tener por lo menos sesenta años y haberse casado una sola vez.
10 Que sus buenas obras den testimonio de ella; 
     tiene que haber educado a sus hijos, 
     ejercitado la hospitalidad, 
     haber lavado los pies a los hermanos, 
     socorrido a los necesitados y practicado el bien en todas sus formas.
11 No inscribas, en cambio, a las viudas más jóvenes, 
     porque cuando los deseos puramente humanos prevalecen sobre su entrega a Cristo, 
     quieren casarse otra vez,
12 y se hacen culpables por faltar a su compromiso.
13 Además, si no tienen nada que hacer, 
     acaban yendo de casa en casa 
     y se dedican a charlar y a curiosear, 
     ocupándose en lo que no les importa.
14 Por eso quiero que las viudas jóvenes se casen, 
     que tengan hijos y atiendan a sus obligaciones domésticas, 
     para no dar lugar a la maledicencia de los enemigos.
15 Algunas de ellas ya han abandonado el buen camino y siguen a Satanás.
16 Si una mujer creyente tiene viudas en la familia, que se ocupe de ellas. 
     De esta manera, la Iglesia no las tendrá a su cargo 
     y quedará libre para atender a las que están realmente necesitadas.

martes, 14 de agosto de 2018

Lucas 20,45-47: Advertencia de Jesús contra los escribas

Advertencia de Jesús contra los escribas
Cf. Mt 23,6-7; Mc 12,38-40  

20:45 Y dijo a los discípulos, de manera que lo oyera todo el pueblo:
20:46 "Tengan cuidado de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y en los banquetes;
20:47 que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Esos serán juzgados con más severidad".

sábado, 12 de agosto de 2017

Génesis 38,1-30: Judá y Tamar

Génesis 38,1-30  

38:1 Por aquel tiempo bajó Judá de donde sus hermanos para dirigirse a cierto individuo de Adullam llamado Jirá.
38:2 Allí conoció Judá a la hija de un cananeo llamado Súa y tomándola por esposa se llegó a ella;
38:3 ella concibió y dio a luz un hijo, al que llamó Er.
38:4 Volvió a concebir y dio a luz otro hijo, al que llamó Onán.
38:5 Nuevamente dio a luz otro hijo, al que llamó Selá. Ella se encontraba en Akzib al darle a luz.
38:6 Judá tomó para su primogénito Er a una mujer llamada Tamar.
38:7 Er, el primogénito de Judá, fue malo a los ojos de el Señor, el Señor le hizo morir.
38:8 Entonces Judá dijo a Onán: "Cásate con la mujer de tu hermano y cumple como cuñado con ella, procurando descendencia a tu hermano."
38:9 Onán sabía que aquella descendencia no sería suya, y así, si bien tuvo relaciones con su cuñada, derramaba a tierra, evitando el dar descendencia a su hermano.
38:10 Pareció mal al Señor lo que hacía y le hizo morir también a él.
38:11 Entonces dijo Judá a su nuera Tamar: "Quédate como viuda en casa de tu padre hasta que crezca mi hijo Selá." Pues se decía: "Por si acaso muere también él, lo mismo que sus hermanos." Tamar se fue y quedó en casa de su padre.
38:12 Pasaron muchos días, y murió la hija de Súa, la mujer de Judá. Cuando Judá se hubo consolado, subió a Timná para el trasquileo de su rebaño, junto con Jirá su compañero adulamita.
38:13 Se lo notificaron a Tamar: "Oye, tu suegro sube a Timná para el trasquileo de su rebaño."
38:14 Entonces ella se quitó de encima sus ropas de viuda y se cubrió con el velo, y bien disfrazada se sentó en Petaj Enáyim, que está a la vera del camino de Timná. Veía, en efecto, que Selá había crecido, pero que ella no le era dada por mujer.
38:15 Judá la vio y la tomó por una ramera, porque se había tapado el rostro,
38:16 y desviándose hacia ella dijo: "Déjame ir contigo" —pues no la reconoció como su nuera. Dijo ella: "¿Y qué me das por venir conmigo?"—
38:17 "Te mandaré un cabrito de mi rebaño." —"Si me das prenda hasta que me lo mandes..."—
38:18 "¿Qué prenda he de darte?" — "Tu sello, tu cordón y el bastón que tienes en la mano." El se lo dio y se unió a ella, la cual quedó encinta de él.
38:19 Entonces se marchó ella y, quitándose el velo, se vistió sus ropas de viuda.
38:20 Judá, por su parte, envió el cabrito por mediación de su compañero el adulamita, para rescatar la prenda de manos de la mujer, pero éste no la encontró.
38:21 Preguntó a los del lugar: "¿Dónde está la ramera aquella que había en Enáyim, a la vera del camino?" — "Ahí no ha habido ninguna ramera"— dijeron.
38:22 Entonces él se volvió donde Judá y dijo: "No la he encontrado; y los mismos lugareños me han dicho que allí no ha habido ninguna ramera."
38:23 "Pues que se quede con ello —dijo Judá—; que nadie se burle de nosotros. Ya ves cómo he enviado ese cabrito, y tú no la has encontrado."
38:24 Ahora bien, como a los tres meses aproximadamente, Judá recibió este aviso: "Tu nuera Tamar ha fornicado, y lo que es más, ha quedado encinta a consecuencia de ello." Dijo Judá: "Sacadla y que sea quemada."
38:25 Pero cuando ya la sacaban, envió ella un recado a su suegro: "Del hombre a quien esto pertenece estoy encinta", y añadía: "Examina, por favor, de quién es este sello, este cordón y este bastón."
38:26 Judá lo reconoció y dijo: "Ella tiene más razón que yo, porque la verdad es que no la he dado por mujer a mi hijo Selá." Y nunca más volvió a tener trato con ella.
38:27 Al tiempo del parto resultó que tenía dos mellizos en el vientre.
38:28 Y ocurrió que, durante el parto, uno de ellos sacó la mano, y la partera le agarró y le ató una cinta escarlata a la mano, diciendo: "Este ha salido primero."
38:29 Pero entonces retiró él la mano, y fue su hermano el que salió. Ella dijo: "¡Cómo te has abierto brecha!" Y le llamó Peres.
38:30 Detrás salió su hermano, que llevaba en la mano la cinta escarlata, y le llamó Zéraj.

sábado, 5 de agosto de 2017

1 Reyes 17,17-24: La resurrección del hijo de la viuda

1 Reyes 17,17-24  

17:17 Después que sucedió esto, el hijo de la dueña de casa cayó enfermo, y su enfermedad se agravó tanto que no quedó en él aliento de vida.
17:18 Entonces la mujer dijo a Elías: "¿Qué tengo que ver yo contigo, hombre de Dios? ¡Has venido a mi casa para recordar mi culpa y hacer morir a mi hijo!"
17:19 "Dame a tu hijo", respondió Elías. Luego lo tomó del regazo de su madre, lo subió a la habitación alta donde se alojaba y lo acostó sobre su lecho.
17:20 E invocó al Señor, diciendo: "Señor, Dios mío, ¿también a esta viuda que me ha dado albergue la vas a afligir, haciendo morir a su hijo?"
17:21 Después se tendió tres veces sobre el niño, invocó al Señor y dijo: "¡Señor, Dios mío, que vuelva la vida a este niño!"
17:22 El Señor escuchó el clamor de Elías: el aliento vital volvió al niño, y éste revivió.
17:23 Elías tomó al niño, lo bajó de la habitación alta de la casa y se lo entregó a su madre. Luego dijo: "Mira, tu hijo vive".
17:24 La mujer dijo entonces a Elías: "Ahora sí reconozco que tú eres un hombre de Dios y que la palabra del Señor está verdaderamente en tu boca".

1 Reyes 17,7-16: Elías y la viuda de Sarepta

1 Reyes 17,7-16
Martes de la 10 Semana del Tiempo Ordinario, Año II

7 Pero, al cabo de un tiempo, el torrente se secó porque no había llovido en la región.
8 Entonces la palabra del Señor llegó a Elías en estos términos:
9 "Ve a Sarepta, que pertenece a Sidón, y establécete allí; ahí yo he ordenado a una viuda 
   que te provea de alimento".
10 Él partió y se fue a Sarepta. Al llegar a la entrada de la ciudad, vio a una viuda 
     que estaba juntando leña. La llamó y le dijo: "Por favor, tráeme en un jarro un poco de agua 
     para beber".
11 Mientras ella lo iba a buscar, la llamó y le dijo: "Tráeme también en la mano un pedazo de pan".
12 Pero ella respondió: "¡Por la vida del Señor, tu Dios! No tengo pan cocido, sino sólo un puñado 
     de harina en el tarro y un poco de aceite en el frasco. Apenas recoja un manojo de leña, 
     entraré a preparar un pan para mí y para mi hijo; lo comeremos, y luego moriremos".
13 Elías le dijo: "No temas. Ve a hacer lo que has dicho, pero antes prepárame con eso 
     una pequeña galleta y tráemela; para ti y para tu hijo lo harás después.
14 Porque así habla el Señor, el Dios de Israel: El tarro de harina no se agotará ni el frasco de aceite 
     se vaciará, hasta el día en que el Señor haga llover sobre la superficie del suelo".
15 Ella se fue e hizo lo que le había dicho Elías, y comieron ella, él y su hijo, durante un tiempo.
16 El tarro de harina no se agotó ni se vació el frasco de aceite, conforme a la palabra que había 
     pronunciado el Señor por medio de Elías.

viernes, 28 de julio de 2017

Exodo 22,17-30: Leyes sociales y religiosas

Exodo 22,17-30: Leyes sociales y religiosas
   Ex 22,20-26
   Domingo de la 30 Semana del Tiempo Ordinario A,

22:17 A la hechicera no la dejarás con vida.
22:18 Todo el que peque con bestia, morirá.
22:19 El que ofrece sacrificios a otros dioses, será entregado al anatema.
22:20 No maltratarás al forastero, ni le oprimirás, pues forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto.
22:21 No vejarás a viuda ni a huérfano.
22:22 Si le vejas y clama a mí, no dejaré de oír su clamor,
22:23 se encenderá mi ira y os mataré a espada; vuestras mujeres quedarán viudas y vuestros hijos huérfanos.
22:24 Si prestas dinero a uno de mi pueblo, al pobre que habita contigo, no serás con él un usurero; no le exigiréis interés.
22:25 Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás al ponerse el sol,
22:26 porque con él se abriga; es el vestido de su cuerpo. ¿Sobre qué va a dormir, si no? Clamará a mí, y yo le oiré, porque soy compasivo.
22:27 No blasfemarás contra Dios, ni maldecirás al principal de tu pueblo.
22:28 No tardarás en ofrecerme de tu abundancia y de tus jugos. Me darás el primogénito de tus hijos.
22:29 Lo mismo has de hacer con el de tus vacas y ovejas. Siete días estará con su madre, y al octavo me lo darás.
22:30 Hombres santos seréis para mí. No comáis la carne despedazada por una fiera en el campo; echádsela a los perros.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Lucas 21,1-4: "Esa pobre viuda ha echado más que nadie"

Lucas 21,1-4
Lunes de la 34 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II  

En aquel tiempo, alzando Jesús los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el arca de las ofrendas; vio también una viuda pobre que echaba dos reales, y dijo: "Sabed que esa pobre viuda ha echado más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir."

SOBRE EL MISMO TEMA:
Claves de lectura
por fr. Domenico Sprecacenere, O.P.  

sábado, 12 de noviembre de 2016

Lucas 18,1-8: Parábola del juez y la viuda

Lucas 18,1-8
Sábado de la 32 Semana del Tiempo Ordinario I y II


En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: "Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario"; por algún tiempo se negó, pero después se dijo: "Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara"". El Señor añadió: "Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?, ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?

SOBRE EL MISMO TEMA:

domingo, 16 de octubre de 2016

Perseverancia en la oración, por Reflexiones Católicas



Jesús les contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse. Les dijo:
— Había en cierto pueblo un juez que no tenía temor de Dios ni consideración de nadie. En el mismo pueblo había una viuda que insistía en pedirle: "Hágame usted justicia contra mi adversario." Durante algún tiempo él se negó, pero por fin concluyó: "Aunque no temo a Dios ni tengo consideración de nadie, como esta viuda no deja de molestarme, voy a tener que hacerle justicia, no sea que con sus visitas me haga la vida imposible."
Continuó el Señor:
— Tengan en cuenta lo que dijo el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles? Les digo que sí les hará justicia, y sin demora. No obstante, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?

Comentario por Reflexiones Católicas
"El Juez prevaricador y granuja"

La liturgia de este domingo nos ofrece una enseñanza significativa: la necesidad de orar siempre, de manera incansable. A veces nos cansamos de orar, tenemos la impresión de que orar no es tan importante para la vida; la oración nos parece poco eficaz. Por consiguiente, sentimos la tentación de dedicarnos más a la actividad, de emplear todos los medios para alcanzar nuestros objetivos y no recurrimos a Dios en la oración.

Jesús, en cambio, nos enseña la necesidad de orar siempre. Y para inculcarnos esta enseñanza, inventa una parábola.

Esta parábola nos habla de un juez que no teme a Dios ni respeta a nadie; es sólo un egoísta, sólo busca su propio interés. No teme el juicio de Dios y, en consecuencia, no tiene consideración por ninguna persona.

En su ciudad vive una viuda, es decir, una persona que se encuentra en una situación de debilidad, de impotencia. La viuda y el huérfano constituyen en la Biblia las categorías más débiles, porque carecen del apoyo del padre de familia y, por tanto, se encuentran indefensos.

Así pues, los protagonistas de la parábola son estas dos personas. La viuda acude al juez y le dice: «Hazme justicia frente a mi adversario». Sus posibilidades de ser escuchada son casi nulas, porque el juez la desprecia y ella no puede ejercer ninguna presión sobre él. Tampoco puede apelar a principios religiosos, porque el juez no teme a Dios.

Sin embargo, ella insiste, pide sin cansarse, se muestra importuna. Y, al final, el juez se dice para sí: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara».

Éste es el resultado del ruego insistente, perseverante, de la viuda. En este punto, Jesús realiza una reflexión, usando el argumento a fortiori: si un juez deshonesto se deja convencer al final por la demanda de una viuda, cuánto más Dios, que/es bueno, oirá a quien le pide.

Dios es misericordioso y, por consiguiente, escucha siempre las oraciones. Dice Jesús: « ¿No hará (Dios) justicia a sus elegidos?». No debemos desesperar nunca, sino insistir constantemente en la oración. ¿Por qué no nos escucha el Señor inmediatamente cuando le rezamos? Podemos intentar dar una respuesta: si la oración fuera atendida inmediatamente, Dios se transformaría en una máquina que distribuye cosas.

Ahora bien, Dios no es una máquina distribuidora sino una persona que comunica su amor. Una máquina distribuidora no comunica ningún amor, es sólo un automatismo. Dios, en cambio, es una persona; más aún, Dios es tres personas, llenas de amor, que quieren transformar el mundo por medio del amor. Así las cosas, la oración es precisamente para ellas el medio de establecer relaciones personales con cada uno de nosotros. Por eso Dios nos hace esperar: porque la oración perseverante refuerza nuestra relación personal con él. Si estuviéramos seguros de ser escuchados inmediatamente, nos desinteresaríamos de nuestra relación con él. En cambio, cuando nos encontramos en la necesidad de insistir en la oración, nos damos cuenta de que nuestra relación con Dios es algo muy importante; más aún, lo más importante de todo. Escuchemos, pues, la enseñanza que nos da Jesús para ponernos en relación filial con el Padre del cielo.

Primera lectura

La primera lectura manifiesta la eficacia de la oración de una manera muy concreta. Vemos en este episodio que la victoria depende de la oración de Moisés. Dice el texto: «Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel; mientras la tenía bajada, vencía Amalec».

Así se manifiesta la eficacia de la oración, la necesidad de una oración insistente, perseverante. Y los israelitas encuentran un medio para hacer posible una oración perseverante por parte de Moisés: le hacen sentarse y le piden a Aarón y a Jur que le sostengan las manos, a fin de mantenerle en la actitud de súplica. «Así sostuvo en alto las manos hasta la puesta del sol. Josué derrotó a Amalec y a su tropa».

“Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?”

El final del texto evangélico habla de la fe: «Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».

Se trata de una pregunta que pretende suscitar un aumento de fe por nuestra parte. La oración debe ser expresión de la fe; de lo contrario, no es verdadera oración. Si alguien no cree en Dios, no puede rezarle. La fe es esencial como base de la actitud de oración. Pablo insiste también, en la segunda lectura, en la fe. Afirma que las Sagradas Escrituras pueden instruir para la salvación, pero ésta se obtiene por medio de la fe en Jesucristo.

Las Sagradas Escrituras

Las Sagradas Escrituras son un don magnífico hecho por Dios a su pueblo, a todos nosotros. Ahora bien, este don tenemos que acogerlo mediante la fe. Si alguien lee las Sagradas Escrituras sin fe, entonces son un texto muerto, no un texto vivificante. En cambio, si alguien lee las Sagradas Escrituras con una actitud de fe, entonces se vuelven vivificantes, útiles «para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud: así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena».

Las dos enseñanzas que nos propone la liturgia de hoy se completan mutuamente: orar con insistencia y orar con una actitud de fe, que constituye la base de nuestra relación personal con Dios. La fe es la base sobre la que se edifican la esperanza y la caridad. Por medio de la fe podemos crecer en la esperanza y en la caridad, a condición de orar, para poder recibir cada vez mejor estos dones excelentes de Dios. 

sábado, 15 de octubre de 2016

Insistencia en la oración, por M. Dolors Gaja, M.N.



Jesús les contó una parábola para enseñarles que debían orar siempre y no desanimarse. Les dijo: “Había en un pueblo un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres.  Y en el mismo pueblo vivía también una viuda, que tenía planteado un pleito y que fue al juez a pedirle justicia contra su adversario.  Durante mucho tiempo el juez no quiso atenderla, pero finalmente pensó: ‘Yo no temo a Dios ni respeto a los hombres.  Sin embargo, como esta viuda no deja de molestarme, le haré justicia, para que no siga viniendo y acabe con mi paciencia.’ El Señor añadió: “Pues bien, si esto es lo que dijo aquel mal juez,  ¿cómo Dios no va a hacer justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Los hará esperar? Os digo que les hará justicia sin demora. Pero cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará todavía fe en la tierra?”

TEMA

El tema indudable de este fragmento es la insistencia en la oración. El seguidor de Jesús no es aquel que ora “de pascuas a ramos” sino el que mantiene una conversación interna constante con su Señor. Este es un evangelio esperanzador y optimista porque viene a dejarnos muy claro que, aunque el mal existe, acaba triunfando la bondad insistente.

EL JUEZ INJUSTO…Y CLARIVIDENTE

Pero tengo que confesar que a mí este juez injusto me cae bien. Casi diría yo que es un modelo – si es que alguien injusto puede ser modelo – de lo que hoy se llama inteligencia intrapersonal o emocional. El narrador de esta parábola conoce al juez como nosotros conocemos con frecuencia a los otros mejor que a nosotros mismos.

Porque somos muy ciegos ante nuestros defectos y maldades y…el juez es un modelo de autoconocimiento!  ‘Yo no temo a Dios ni respeto a los hombres” dice. Asume lo que es, aunque no lo corrija por lo que debiera corregirlo, por amor a la viuda y su situación. Pero que Dios nos dé la clarividencia de este juez a la hora de hacer nuestro examen de conciencia… Porque ¿qué decimos muchas veces cuando no atendemos necesidades ajenas? “Esto es cosa del gobierno… si pudiera lo haría pero me pilla en un mal momento… ¿por qué tengo que sacar yo siempre las castañas del fuego? Yo…si alguien se anima primero, colaboro….” ¡tantas excusas! Por lo menos el juez es claro: sabe cómo es y sabe que no la ayuda por ella misma, por lo que merece sino para sacársela de encima.

Porque la viuda “sigue viniendo” Y eso es lo que me pide el Señor. Que le siga buscando, que le siga preguntando, que le siga chillando cuando me enfado con Él, que le siga llorando, que le siga contando…que siga.

LA VIUDA

Si ya la mujer era un personaje absolutamente secundario y sin derechos la mujer que quedaba viuda solía vivir en el desamparo. Si no tenía hijos adultos que pudieran mantenerla dependía de la caridad.

“Huérfanos y viudas” son en el Antiguo Testamento sinónimo de pobreza y necesidad. Esta viuda, no obstante, es un monumento a la dignidad de la mujer que en situación de desventaja saca fuerzas de su interior y no se deja pisar, no cede ante los prepotentes del mundo.

Es insólita la actitud de esta viuda que “molesta” reiteradamente al juez. De una manera u otra Dios nos quiere “dignos”, clamando a Él día y noche. Desde la dignidad inmensa de sabernos hijos de Dios.

LAS VIUDAS DE HOY

También ellas siguen viniendo, golpeando nuestra puerta. ¡Son tantas las viudas de nuestro mundo! Una de ellas es esa mujer que parió en la barcaza de Lampedusa para ver morir ahogado a su bebé y morir ella también en un naufragio que apenas oímos…o esas mujeres silenciadas, maltratadas, vendidas…esas niñas casadas a la fuerza, esas niñas violadas por grupos que se protegen entre ellos…esas niñas a las que se les prohíbe el acceso a la escuela, esas niñas cambiadas por una cabra, mutiladas en su intimidad, esas niñas ahogadas al nacer, esas ancianas que mueren solas en su piso y que nadie encuentra a faltar…o esas que lloran solas en residencias añorando visitas que no tienen…

Desgraciadamente existe el mal y la injusticia. Pero sigue teniendo un rostro muy femenino… ¿Qué hago yo? ¿Oigo su llamada, su clamor? ¿Ayudo para tranquilizar mi conciencia…con un donativo a una oenegé, a la parroquia? O ¿cierro mis oídos y subo el volumen de la televisión para ver un interesantísimo reality show?

Ojalá aprendamos a orar. Porque si tememos a Dios, si lo amamos, respetaremos su imagen: la persona.


martes, 13 de septiembre de 2016

Lucas 7,11-17: Resurrección del hijo de la viuda de Naín

Lucas 7,11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando estaba cerca de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo:
– No llores.
Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:
– ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!
El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo:
– Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera”