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sábado, 21 de septiembre de 2024

Marcos 9,30-37: Segundo anuncio de la Pasión. La verdadera grandeza


Marcos 9,30-37
Martes de la 7 Semana del Tiempo Ordinario, año I y II

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se entera se, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?» Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.» Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»

SOBRE EL MISMO TEMA:


martes, 10 de septiembre de 2024

1 Corintios 6,1-11: El recurso a los tribunales paganos

1 Corintios 6,1-11

Cuando uno de vosotros está en pleito con otro, ¿cómo tiene el descaro de llevarlo a un tribunal pagano y no ante los santos? ¿Habéis olvidado que los santos juzgarán el universo? Pues si vosotros vais a juzgar al mundo, ¿no estaréis a la altura de juzgar minucias? Recordad que juzgaremos a ángeles: cuánto más asuntos de la vida ordinaria. De manera que para juzgar los asuntos ordinarios dais jurisdicción a ésos que en la Iglesia no pintan nada. ¿No os da vergüenza? ¿Es que no hay entre vosotros ningún entendido que sea capaz de arbitrar entre dos hermanos? No señor, un hermano tiene que estar en pleito con otro, y además entre no creyentes. Desde cualquier punto de vista ya es un fallo que haya pleitos entre vosotros. ¿No estaría mejor sufrir la injusticia? ¿No estaría mejor dejarse robar? En cambio, sois vosotros los injustos y los ladrones, y eso con hermanos vuestros. Sabéis muy bien que la gente injusta no heredará el reino de Dios. No os llaméis a engaño: los inmorales, idólatras, adúlteros, afeminados, invertidos, ladrones, codiciosos, borrachos, difamadores o estafadores no heredarán el reino de Dios. Así erais algunos antes. Pero os lavaron, os consagraron, os perdonaron en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y por Espíritu de nuestro Dios.

Comentarios:

Pleitos y corrección fraterna (1 Cor 6,1-11)

No es bueno que haya pleito entre vosotros (1 Cor 6,1-11)
por Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.,

En estos primeros capítulos de la carta, S. Pablo les dice expresamente que les escribe no para avergonzarlos, sino para amonestarlos sobre algunos asuntos que estaban ocurriendo en esa comunidad, motivados por las distintas predicaciones que están recibiendo.

En el capítulo 5 y 6 trata de salir al paso y dar una orientación sobre tres casos de inmoralidad: El incesto, la fornicación y el recurrir a tribunales civiles. Además de lamentar estas situaciones, se nos narra todos los que acudían a escuchar la predicación. 

En concreto, en la lectura de hoy, lamenta el saber que siempre existen pleitos. Existen en una comunidad formada por personas de distintas ideologías y filosofías. Entre comunidades de distinta procedencia, e incluso dentro de la misma comunidad de los seguidores de Jesús.

Para solucionar estos pleitos que se dan entre los creyentes Pablo les aconseja, que no escojan a personas ajenas al seguimiento de Jesús, pues igual no hacen bien la corrección fraterna. Ante los pleitos, es decir, los motivados por estos pecados, no se debe recurrir a gente civil sino a miembros de la comunidad, personas creyentes en Cristo Jesús, que seguro lo harán mejor, pues son los justos, los creyentes en Cristo Resucitado.


sábado, 16 de septiembre de 2023

San Cipriano, obispo en abierta discrepancia con Roma


Estamos ante uno de los grandes personajes de la historia de la Iglesia. Según estimación generalizada hay que esperar hasta S. Agustín para encontrar una personalidad que pudiera superarle. Por cierto, entre estas dos vidas, a mí me parece ver algún paralelismo, salvando las distancias, naturalmente.

El Águila de Hipona posee una más sólida formación humanística y sus  escritos rezuman una teología más profunda y elaborada, pudiéndose decir que es una figura más reconocida y universal que Cipriano, pero las similitudes están ahí; ambos proceden del N. de África como lugar común de origen, tienen unos antecedentes paganos y una juventud borrascosa, uno y otro proceden de familia en buena situación, los dos buscaron la verdad con inteligencia recta y corazón leal, para acabar encontrando en el evangelio la satisfacción cumplida a sus aspiraciones más profundas y así como Cipriano encontró  en  el sacerdote Cecilio un lazarillo que le guiara en medio de las tinieblas, Agustín tuvo a su lado a su madre Mónica y también a San Ambrosio, obispo de Milán, pero sobre todo el paralelismo entre ambos lo encontramos en el ejercicio de su labor ministerial como obispos, cargos a los que llegaron por aclamación popular. Aparte de ser insignes doctores, también fueron santos pastores en sus respectivas diócesis, que supieron conducir con prudencia en tiempos nada fáciles.

Cipriano sería bautizado hacia el año 245 y a partir de aquí su vida cambió por completo. Repartió sus bienes entre los pobres, dedicándose a la oración, la penitencia y al estudio de las ciencias sagradas, tomando como maestro y guía a Tertuliano.  Habría de pasar poco tiempo del bautismo cuando le vemos ordenado diácono y sacerdote, para ser consagrado obispo de Cartago el año 249. Le esperaban tiempos turbulentos a Cipriano en el ejercicio de este sagrado ministerio, tanto por lo que se refiere de puertas adentro como de puestas afuera.

Al principio de su elección había calma, pero no bien pasado un año se decretó una persecución sangrienta contra los cristianos, en tiempo de Decio, lo que le obliga a huir y esconderse para salvar la vida, cosa que no le perdonaron sus adversarios, negándose a aceptar sus justificaciones, pues daban por hecho, que ello fue un acto de cobardía. Cuando cesó la persecución pudo regresar a Cartago, pero aquí se encontró con un panorama desolador: negligencia en el clero, deserciones masivas, siendo muchos los que habían apostatado, no faltando entre ellos sacerdotes, lo que ponía sobre la mesa un problema disciplinar de primer orden. ¿Qué hacer ahora? Cipriano junto con el papa Cornelio era de la opinión de abrir la mano y dejar volver al redil a los lapsis (apóstatas), pero había una fuerte oposición encabezada por Novaciano contra esa medida, acusando a ambos de “Libellatici” (Acatadores de las órdenes del emperador) No fue esto solo, Cipriano tuvo que emplearse a fondo contra la peste y el hambre que asoló a la ciudad, ayudando, consolando y exhortando.

Le quedaba a Cipriano librar una batalla aún más delicada, esta vez contra el papa Esteban I. Éste defendía que los bautizados por apóstatas, bautizados habían quedado; en cambio Cipriano sostenía que esto no era así, sino que había que rebautizarlos nuevamente. Esteban trata de imponerse apelando a la autoridad que le confiere el ser Papa, pero Cipriano responde que la autoridad del obispo romano estaba equiparada, pero que no era superior a la suya propia, en vista de lo cual, Esteban I rompe con Cartago. Cisma a la vista... Quién iba a decir que el autor "De Unitate Ecclesiae", donde se dice; “Nadie puede tener a Dios por padre si no tiene a la Iglesia por madre” o “Fuera de la Iglesia no hay salvación”, se iba a ver en situación tan comprometida. Afortunadamente, por circunstancias que no son del caso, la cosa no pasó a mayores.

Por si fuera poco, en el año 257 el emperador Valerio decreta una persecución más encarnecida que la anterior. El procónsul, Paterno ordena comparecer a Cipriano y después de interrogarlo decide desterrarlo a Curubis. Unos meses más tarde, el sucesor de Paterno, Galerio Máximo, le vuelve a reclamar para acabar dictando sobre él la sentencia fatal: “Cipriano, queda condenado a muerte. Le cortarán la cabeza con una espada". A lo que Cipriano respondió: "¡Gracias sean dadas a Dios!" Llevado al lugar de la ejecución, cayó de rodillas y se preparó para entregar su alma al Altísimo, no sin antes ordenar que se le dieran al verdugo veinticinco monedas de oro.

Reflexión desde el contexto actual:

Sin que ello suponga empañar para nada la grandeza de este mártir y confesor, puede decirse que algunos aspectos de su recia y fuerte personalidad podrían ser susceptibles de enjuiciamiento desde la óptica especial de nuestro tiempo, después de haber pasado tantos siglos. Su enfrentamiento con el Papa Esteban I, en los términos que lo planteaba Cipriano, no deja de ser un tema sensible que merecía la pena estudiar en profundidad. En la actualidad no deja de haber casos así.  Estamos viendo cómo, con relativa frecuencia, se producen enfrentamientos al más alto nivel eclesial. Oímos hablar incluso de que el frente anti-Bergoglio no está constituido por un solo obispo disidente, sino que en palabras del cualificado vaticanista Marco Politi "No son una minoría. El 30% del clero, los obispos y los laicos más comprometidos en el mundo están en contra de Francisco”.

Autor: Ángel Gutiérrez Sanz

+ SOBRE SAN CIPRIANO

domingo, 21 de mayo de 2023

LUNES DE LA SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA (Lecturas)

Hechos 19,1-8
Salmo 67,2-3.4-5ac.6-7ab: Reyes de la tierra, cantad a Dios
Juan 16,29-33


Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó la meseta y llegó a Éfeso. Allí encontró unos discípulos y les preguntó: "¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?" Contestaron: "Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo." Pablo les volvió a preguntar: "Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido?" Respondieron: "El bautismo de Juan." Pablo les dijo: "El bautismo de Juan era signo de conversión, y él decía al pueblo que creyesen en el que iba a venir después, es decir, en Jesús." Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús; cuando Pablo les impuso las manos, bajó sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres. Pablo fue a la sinagoga y durante tres meses habló en público del reino de Dios, tratando de persuadirlos.



Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos,
huyen de su presencia los que lo odian;
como el humo se disipa, se disipan ellos;
como se derrite la cera ante el fuego,
así perecen los impíos ante Dios.
R. Reyes de la tierra, cantad a Dios

En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad en su honor,
su nombre es el Señor.
R. Reyes de la tierra, cantad a Dios

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece.
R. Reyes de la tierra, cantad a Dios



En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús: "Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios." Les contestó Jesús: "¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo."

domingo, 14 de mayo de 2023

LUNES DE LA SEXTA SEMANA DE PASCUA (Lecturas)

Hechos 16,11-15
Salmo 149: El Señor ama a su pueblo
Juan 15,26-16,4a


En aquellos días, zarpamos de Troas rumbo a Samotracia; al día siguiente salimos para Neápolis y de allí para Filipos, colonia romana, capital del distrito de Macedonia. Allí nos detuvimos unos días. El sábado salimos de la ciudad y fuimos por la orilla del río a un sitio donde pensábamos que se reunían para orar; nos sentamos y trabamos conversación con las mujeres que habían acudido. Una de ellas, que se llamaba Lidia, natural de Tiatira, vendedora de púrpura, que adoraba al verdadero Dios, estaba escuchando; y el Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo. Se bautizó con toda su familia y nos invitó: "Si estáis convencidos de que creo en el Señor, venid a hospedaros en mi casa." Y nos obligó a aceptar.


El Señor ama a su pueblo

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.
R. El Señor ama a su pueblo

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.
R. El Señor ama a su pueblo

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas,
con vítores a Dios en la boca;
es un honor para todos sus fieles.
R. El Señor ama a su pueblo



En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he hablado de esto, para que no tambaleéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho."


SOBRE LAS LECTURAS DE HOY:

viernes, 11 de noviembre de 2022

12 de noviembre: SAN JOSAFAT (1580-1623), Obispo y mártir



Juan Kuncewycz (Vladimir de Volhinia 1580 - Vítebsk, 12 de noviembre de 1623).

La nación de Lituania es ahora de mayoría católica pero hubo un tiempo en que la religión en ese país estaba bajo el control de cismáticos ortodoxos. La conversión de Lituania al catolicismo se debe en buena parte a san Josafat. El santo derramó su sangre para que sus paisanos aceptaran el catolicismo.

Familia y juventud

Josafat nació en Vladimir de Volhinia en 1580. Su nombre de bautismo fue Juan Kuncewycz. Juan se formó en Vilna (actual capital de Lituania) en un periodo caracterizado por el intenso combate entre la Iglesia ortodoxa tradicional y la Iglesia Greco-Católica Bielorrusa de rito griego, la cual, en el Concilio de Florencia (1451-1452), había entrado en comunión con la Iglesia católica romana reconociendo al Papa con una jerarquía superior sobre los otros obispos.

Unión de Brest (1595)

En Octubre de 1595, el metropolitano de los ortodoxos disidentes de Kiev y otros cinco obispos, que representaban a millones de rutenos (hoy llamados ucranios), reunidos en Brest-Litovsk (Lituania), decidieron someterse al Papa y entrar en comunión con la Iglesia católica. Se trata de la histórica Unión de Brest.

La unificación dio lugar a controversias, a veces, con episodios de violencia. Josafat por aquel tiempo era muy joven. Aquellos eventos tendrían un profundo impacto en su vida ya que el mismo daría su vida por la unidad de la Iglesia.

Juan entró a trabajar como aprendiz para un comerciante de tela de Vilna, pero empleaba su tiempo libre a aprender el eslavo eclesiástico para comprender mejor los divinos oficios y poder recitar diariamente el oficio bizantino.

En aquella época conoció a Pedro Arcudius, rector del colegio oriental de Vilna, y a los jesuitas Valentín Fabricio y Gregorio Gruzevsky, quienes le alentaron a seguir adelante en su vocación. Al principio, el patrón de Juan no veía con muy buenos ojos sus inquietudes religiosas. El joven cumplía bien con sus obligaciones y el comerciante le ofreció que se asociase con él y tomase por esposa a una de sus hijas. Juan rehusó ambas proposiciones, pues estaba decidido a hacerse monje.

Monje y sacerdote

En 1601 ingresó en el monasterio de la Santísima Trinidad de la Orden de San Basilio, en Vilna. Indujo también a seguir su ejemplo a José Benjamín Rutsky, un hombre muy culto, convertido del calvinismo. Los dos jóvenes monjes empezaron a trazar planes para promover la unión y reformar la observancia en los monasterios rutenos.

Desde entonces se llamó Josafat, nombre hebreo que significa "Dios es mi juez". Recibió el diaconado, después el sacerdocio (1609) y pronto adquirió fama por sus sermones sobre la unión con Roma.

En 1614, José Benjamín Rutsky fue elegido metropolitano de Kiev y Josafat Ie sucedió en el cargo de abad de Vilna. Cuando el nuevo metropolitano fue a tomar posesión de su catedral, Juan le acompañó y aprovechó la ocasión para visitar el famoso monasterio de las Cuevas de Kiev. La comunidad, que se componía de más de 200 monjes, vivía de una manera relajada su compromiso religioso y el reformador católico estuvo a punto de ser arrojado al río Dnieper.

Obispo ejemplar

En 1617, Josafat fue consagrado obispo de Vitebsk con derecho de sucesión a la sede de Polotsk. Pocos meses después murió el anciano arzobispo y Josafat se halló al frente de una eparquía extensa pero poco fervorosa. Muchos se inclinaban al cisma porque temían que Roma interfiriese en sus ritos y costumbres. Muchas iglesias se hallaban manos de los laicos.

La vida monástica estaba en decadencia. Josafat pidió ayuda a algunos de sus hermanos de Vilna y emprendió la tarea: reunió sínodos en las ciudades principales, publicó e impuso un texto de catecismo, redactó ordenaciones sobre la conducta del clero y combatió la interferencia de los "señores" en los asuntos de las iglesias locales. A todo ello añadió el ejemplo de su vida, su celo en la instrucción, la predicación, la administración de sacramentos y la visita a los pobres, a los enfermos, a los prisioneros y a las aldeas más remotas.

Hacia 1620, prácticamente toda la eparquía era ya católica pero, ese mismo año, los disidentes establecieron obispos paralelos contrarios a Roma. Así, un tal Melecio Smotritsky fue nombrado arzobispo de Polotsk, sede de Josafat, y se dedicó enérgicamente a destruir la obra del arzobispo católico, diciendo que Josafat se había "convertido al latinismo" y que el catolicismo no era la forma tradicional del cristianismo ruteno.

La nobleza y la mayoría del pueblo estaban por la unión, pero habían zonas disidentes. Cuando el rey de Polonia proclamó un decreto afirmando que Josafat era el arzobispo legítimo de Polotsk, se produjeron desórdenes no sólo en Vitebsk, sino en la misma Vilna.

El canciller de Lituania, León Sapieha, prestó oídos a los rumores esparcidos por los disidentes que acusaban a Josafat de haber sido el causante de los desórdenes con su política. En 1622, Sapieha escribió a Josafat acusándole de emplear la violencia para mantener la unión, de exponer el reino al peligro de una invasión de los cosacos, de sembrar la discordia entre el pueblo y de haber clausurado por la fuerza iglesias no católicas. Tan solo era cierto que Josafat había pedido el auxilio del gobierno para recobrar la iglesia de Mogilev, de la que se habían apoderado los disidentes. Una de las razones por la que que una parte del pueblo fácilmente se dejó llevar por las falsas acusaciones fue para evitar la disciplina y las exigencias morales del renacimiento católico.

En octubre de 1623, sabedor de que Vitebsk era el centro de la oposición, Josafat decidió ir a la ciudad. Sus amigos no lograron disuadirle ni convencerle de que llevase una escolta militar. Durante dos semanas predicó en las iglesias de Vitebsk y visitó a los fieles. El día de la fiesta de San Demetrio, una turba enfurecida rodeó al mártir, el cual les dijo: "Sé que queréis matarme y que me acecháis en todas partes: en las calles, en los puentes, en los caminos, en la plaza central. Pero yo estoy entre vosotros como vuestro pastor y quiero que sepáis que me consideraría muy feliz de dar la vida por vosotros. Estoy pronto a morir por la sagrada unión, por la supremacía de San Pedro y del Romano Pontífice."

Martirio

Smotritsky, fomentador de la agitación, probablemente solo pretendía obligar al santo a salir de la ciudad. Pero sus partidarios empezaron a conspirar para asesinar a Josafat el 12 de noviembre.

Un sacerdote llamado Elías fue el encargado de entrar en el patio de la casa del arzobispo e insultar a sus criados por su religión y al amo a quien servían. La escena se repitió varias veces y Josafat dio permiso a sus criados de arrestar al sacerdote, si volvía a presentarse.

En la mañana del 12 de noviembre de 1623, cuando el arzobispo se dirigía a la iglesia para el rezo del oficio de la aurora, Elías le salió al encuentro y comenzó a insultarle. Josafat dio permiso a su diácono para que mandase encerrar al agresor en un aposento de la casa. Eso era precisamente lo que deseaban sus enemigos. La multitud empezó a clamar que se pusiese en libertad a Elías y se castigase al arzobispo. Después del oficio, Josafat volvió a su casa y liberó a Elías, no sin antes haberle amonestado. A pesar de ello, el pueblo penetró en la casa, exigiendo la muerte de Josafat y golpeando a sus criados. Josafat salió al encuentro de la turba y preguntó: "¿Por qué golpeáis a mis criados? Si tenéis algo contra mí, aquí estoy; dejadlos a ellos en paz." (Palabras muy parecidas a las de Santo Tomás Becket en ocasión semejante). La turba comenzó entonces a gritar: "¡Muera el papista!" Josafat cayó atravesado por una alabarda y herido por una bala. Su cuerpo fue arrastrado por las calles y arrojado al río Divna.

Desgraciadamente, la controversia se prolongó con violencia y los disidentes tuvieron también un mártir, el abad Anastasio de Brest, quien fue ejecutado en 1648. El arzobispo Melecio Smotritsky se reconcilió más tarde con la Santa Sede.

La unión rutena existió, con altos y bajos, hasta que con la repartición de Polonia, los soberanos rusos obligaron por la fuerza a los rutenos católicos a unirse a la Iglesia Ortodoxa de Rusia. El  comunismo favoreció la opresión de la fe católica. Hoy como ayer sigue siendo necesaria la intercesión y el ejemplo de san Josafat a favor de la unión.

Beatificación y canonización

San Josafat Kunsevich fue beatificado en 1643 por Urbano VIII y canonizado en 1867 por el Pío IX. Fue el primer santo de la Iglesia de oriente canonizado con proceso formal de la Sagrada Congregación de Ritos. Quince años más tarde, León XIII fijó el 14 de noviembre como fecha de la celebración de su fiesta en toda la Iglesia de occidente. La reforma litúrgica movió la fiesta al 12 de noviembre.

Pío XI declaró a san Josafat Patrón de la Reunión entre Ortodoxos y Católicos el 12 de noviembre de 1923, III centenario de su martirio.

El 25 de Noviembre de 1963, durante el Concilio Vaticano II y por petición del papa Juan XXIII, quién estaba muy interesado en la unidad, el cuerpo de san Josafat finalmente encontró su descanso en el altar de san Basilio en la Basílica de San Pedro.


miércoles, 26 de octubre de 2022

Lucas 13:22-30, La salvación, por M. Dolors Gaja, M.N.



En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: "Señor, ¿serán pocos los que se salven?" Jesús les dijo: "Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos"; y él os replicará: "No sé quiénes sois. "Entonces comenzaréis a decir. "Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas." Pero él os replicará: "No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados. "Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos."

Comentario de M. Dolors Gaja, MN

EN EL CAMINO:

Seguimos en el camino que lleva a Jerusalén. Y en el camino surge una pregunta muy propia de la persona humana, la salvación. Pero el mundo judío excluía de ésta a todos los paganos y por tanto da por sentado que son pocos los que se salvan, aunque no queda claro cuántos.

La pregunta queda sin respuesta pero, a partir de ella, Jesús nos da una enseñanza que no se esperaba. Con mucha frecuencia esos nos ocurre a nosotros mismos si sabemos estar atentos. Nos dirigimos a Dios con preguntas absurdas (que para nosotros tienen gran importancia) que, obviamente, no va a contestarnos: ¿Por qué permitiste esto? ¿Qué te he hecho yo? ¿Cómo puede ser?

Si supiéramos escuchar aprenderíamos que Dios aprovecha esos momentos para “encaminarnos”, para enseñarnos lo que realmente es importante: luchad. Jesús va siempre a la actitud.

LA PUERTA:

Estrecha y cerrada. Jesús afirma que muchos pretenden entrar en la sala pero sin “pagar” el esfuerzo. Y aunque la Salvación es pura Gracia requiere un corazón predispuesto. No vamos a ganarnos el cielo, como decían nuestros mayores, pero sí se nos pide un corazón esforzado.

La puerta cerrada indica fiesta interior. Banquete, festín mesiánico, mesa y comida abundante. Pero hay un momento propicio, un kairós. Las gracias perdidas por distracción no se recuperan. Y para entrar no basta “conocer” a Dios, es preciso la coherencia de vida.

BANQUETE UNIVERSAL:

Jesús deja claro que nadie está excluido del Reino. La universalidad es nuestra característica. Sólo quién se ha hecho poseedor del Reino y ha querido excluir, será excluido.

NO SÉ QUIENES SOIS:

Lo más duro que puede pasar a nuestra humanidad es que Dios no llegue a reconocer en nosotros su imagen. Y no puede reconocerla si predomina nuestro ego, nuestra intolerancia, nuestra seguridad de ser “de los buenos”, nuestra certeza de merecer la salvación…

Quizá si vamos a “los últimos” del mundo aprenderemos las actitudes necesarias para que Dios nos diga algún día: eres mi hijo/hija amada, en ti me he complacido.

sábado, 22 de octubre de 2022

DOMINGO DE LA 30 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo C (Lecturas)

Eclesiástico 35:12-14.16-18 
Salmo 34: Si el afligido invoca al Señor, El lo escucha
2 Timoteo 4:6-8,16-18
Lucas 18:9-14


Eclesiástico 35, 12-14.16-18

El Señor es un Dios justo, que no puede ser parcial; no es parcial contra el pobre, escucha las súplicas del oprimido; no desoye los gritos del huérfano o de la viuda cuando repite su queja; sus penas consiguen su favor, y su grito alcanza las nubes; los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansan; no ceja hasta que Dios le atiende, y el juez justo le hace justicia.

Salmo 33: Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.
R. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha

El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias.
R. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha

El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él.
R. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha


2 Timoteo 4,6-8.16-18

Querido hermano: Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, y nadie me asistió. Que Dios los perdone. Pero el Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.


En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: "Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. "El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. "Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido."

viernes, 14 de octubre de 2022

Vida de San Calixto I, Papa y Mártir



Calixto I (Roma 155- 222) fue el 16° papa de la Iglesia católica, cuyo período abarcó de 217 a 222. Gobernó la iglesia durante los reinados de los emperadores romanos Heliogábalo y Alejandro Severo. Estuvo enfrentado con san Hipólito de Roma, quien además fue su biógrafo y responsable de algunos detalles dudosos en su vida. Desautorizó las primeras herejías contra el dogma cristiano, como el sabelianismo y el montanismo. Murió mártir y es considerado fue declarado santo por las iglesias católica y ortodoxa. Su memoria litúrgica se celebra el 14 de octubre.

Orígenes

Calixto nació esclavo en el seno de una familia pagana de origen griego en Roma, en el barrio Trasteveres, aproximadamente en el 155. Abrazó el cristianismo en edad adulta.

Encarcelamientos

Nuestro principal conocimiento del papa Calisto I nos viene de sus enemigos: Tertuliano y el antipapa san Hipólito. 

De acuerdo con el Philosophumena (c. IX) de Hipólito, Calixto era un esclavo de Carpóforo, un alto funcionario del emperador Cómodo. Su amo le confió grandes cantidades de dinero con el que Calixto fundó un banco donde viudas y huérfanos cristianos depositaban su dinero. Pero Calixto lo perdió todo y huyó. Carpóforo lo siguió hasta Porto, donde Calixto se había embarcado. Viendo que su amo se acercaba en una barca, el esclavo se lanzó al mar pero impidieron que se ahogara y recibió el castigo reservado para los esclavos: el pistrinum, o molino que se mueve con la mano. 



Pistrinum o molino de mano


Siempre según la versión de sus enemigos, Calixto fue puesto en libertad porque algunos pensaban que devolvería el dinero, pero Calixto no se había guardado nada para sí mismo. 

Calixto también es atacado diciéndose que buscó la muerte atacando una sinagoga... pero está claro que pidió a los prestamistas judíos que le pagaran lo que le debían, con riesgo para sí mismo. La declaración de Carpóforo de que Calixto no era cristiano fue escandalosa y falsa. 

Calixto fue enviado a las minas de Cerdeña donde permaneció tres años por ser cristiano (confesor de la fe), hasta que alrededor del 190 pudo ser liberado gracias a la intercesión de Marcia, una de las mujeres del emperador Cómodo. Ella mandó llamar al papa Víctor y le preguntó si había “confesores” en Cerdeña. Él le dio la lista y Marcia envió a un eunuco, Jacinto, el cual era sacerdote (o «anciano»), para que liberara a los prisioneros.

Si el papa Víctor I le concedió a una pensión mensual no hay por qué suponer que lamentara su liberación, como afirman sus enemigos. Ni es probable que Ceferino fuera tan ignorante como para confiar a Calixto responsabilidades en la iglesia de Roma. La actitud beligerante de Hipólito explica por qué el papa Ceferino puso su confianza en Calixto, en lugar de en san Ireneo, el sabio discípulo de Hipólito.




Carrera eclesiástica

Tras su liberación, el papa Víctor I lo destinó a Antium otorgándole una pensión, puesto que su salud se debilitó estando en Cerdeña. Allí vivió hasta su traslado a Roma cuando Ceferino ascendió al Pontificado. 

En el año 199, el papa Ceferino nombró a Calixto superintendente del cementerio cristiano de la Vía Apia, que se llama actualmente cementerio de San Calixto. El santo ensanchó el cementerio y suprimió los terrenos privados; probablemente fue esa la primera propiedad que poseyó la Iglesia. San Calixto fue ordenado diácono por san Ceferino y llegó a ser su amigo y consejero.

Papado

San Calixto fue elegido por la mayoría del pueblo y el clero de Roma para suceder a Ceferino en el 217, a pesar de ser liberto, cuando contaba con 62 años. No fue hasta el siglo V que el papa León Magno dispuso que un liberto no podría acceder al papado.

Controversias con Hipólito y Tertuliano

Tanto Hipólito como Tertuliano se enfrentaron a la manera como el papa Calixto gobernó la Iglesia: por ejemplo, denunciando un edicto papal por el cual se permitía dar la comunión eucarística a quienes habían cometido el pecado de adulterio y fornicación si habían cumplido la penitencia impuesta. Calixto fundamentó su decreto en el poder de atar y desatar concedido a san Pedro, a sus sucesores y a todos los que se hallan en comunión con ellos. 

«En cuanto a vuestra decisión” —exclamaba el Tertuliano—, “os pregunto: ¿de dónde usurpáis este derecho de la Iglesia? Si es porque el Señor le dijo a Pedro: “Sobre esta roca construiré mi Iglesia, te daré las llaves del reino de los cielos”, o “lo que atares o desatares sobre la tierra será atado o desatado en el cielo”; que ustedes presumen que esta potestad de atar y desatar ha sido dado a ustedes también, esto es, a toda Iglesia en comunión con la de Pedro, ¿quién sois que destruís y alteráis la manifiesta intención del Señor, quien le confirió esto sólo y personalmente a Pedro?” (On Pudicity 21).

El edicto fue una orden para toda la Iglesia: «Escucho que se ha publicado un edicto; el obispo de obispos, es decir, el Sumo Pontífice, proclama: Perdono los crímenes de adulterio y fornicación a los que han hecho penitencia». 

Hipólito y Tertuliano defendían una costumbre de tiempos primitivos y creían que al decretar una relajación, el Papa promulgaba una nueva ley.

Los rigoristas encabezados por Hipólito, se quejaban de que Calixto hubiese determinado que: 

• el hecho de cometer un pecado mortal no era razón suficiente para deponer a un obispo
• que hubiese admitido a las órdenes a quienes se habían casado dos o tres veces
• que hubiese reconocido las legitimidad de los matrimonios entres los esclavos y mujeres libres 
   (prohibido por la ley civil).

Prácticamente todo lo que se sabe de su pontificado procede de los escritos de Hipólito de Roma quien, en su obra Philosophumena, lo acusa de herético, ambicioso y corrupto. Estos calificativos deben considerarse como totalmente sesgados. Oponiéndose desde el primer momento a la elección del papa Calixto y apoyado por sus seguidores llegó a hacerse nombrar Pontífice, lo que le convierte en el primer antipapa de la historia de la Iglesia.

Hipólito acusó a Calixto de monarquiano y de admitir que fueran ordenados hombres con hasta tres matrimonios simultáneos. También fue motivo de enfrentamiento la negación de Hipólito a la validez de matrimonios entre personas libres y esclavas, y que Calixto permitiera el retorno a la Iglesia de los fornicarios si expresaban su arrepentimiento y cumplían la penitencia que se les había umpuesta, mediante un decreto que expidió en el 217.

Hipólito afirmó que el papa era propagador de la herejía del modalismo. En definitiva el enfrentamiento supuso la lucha entre el rigorismo de Hipólito y la visión pastoral del papa Calixto.

Calixto también tuvo que enfrentarse a Tertuliano, el teólogo que abrazó y difundió por el norte de África las doctrinas de Montano.

Murió asesinado en Roma, en el 222, con 67 años, probablemente en un levantamiento popular.

Legado

Calixto es el primer papa, después de san Pedro, que figura como mártir en el Martirologio romano más antiguo que se conoce. Su tumba en la Vía Aurelia, descubierta en 1960 y aparentemente construida bajo el pontificado de Julio I, contiene referencias a su martirio, el cual consistió en ser bastoneado hasta la muerte, para luego ser arrojado su cadáver a un pozo donde hoy se alza la basílica de Santa María en Trastévere, iglesia fundada por el mismo Calixto. Al parecer un sacerdote de nombre Asterio, recuperó su cadáver de las aguas del Tíber y le dio cristiana sepultura. Tiempo después el cementerio que Calixto administró en vida se convirtió en la última morada de los pontífices siguientes y se conoció como Catacumbas de San Calixto, a pesar de que Calixto no fue enterrado allí.


martes, 4 de octubre de 2022

Melecio de Antioquía (+381)



Infancia y juventud

Nació en Melitine, ciudad de Armenia, hacia principios del siglo IV. Su familia pertenecía a la nobleza armenia y, según el “Flos Sanctorum” era “amigo de dar gusto a todos, y de una inclinacion tan naturalmente propensa a todo lo bueno, que parecía en él innata la virtud”.




Eran los duros tiempos de la expansión de los herejes arrianos, que apoyados por el emperador Constancio, lograban atraer a su causa a obispos, habiendo sedes oficialmente arrianas. Católicos y arrianos se enzarzaban en peleas que aprovechaban los príncipes para deponer o poner obispos, hacerse con bienes eclesiásticos, con el prejuicio de la sana fe católica. 

Melecio solía poner paz entre ambas facciones, poniendo siempre la caridad de Cristo en primer lugar. Discutía y defendía la fe católica con caridad, por lo que hasta los arrianos le querían y los que no se dejaban convencer para abandonar su error, al menos consentían en escucharle y no hacer guerra contra los católicos. Su reputación de rectitud y prudencia era más fuerte que la aprensión que sentían hacia él algunos católicos que no veían con buenos ojos fuera amigos de algunos herejes.

Obispo disputado

En el año 358, fue elegido obispo de Sebaste tanto por católicos como por arrianos, en base a su prudencia y justicia. Aunque en principio se negó, una vez que constató era voluntad de Dios, Melecio aceptó y luego de su consagración episcopal se lanzó a un ferviente apostolado para convertir a unos y reducir los ánimos violentos de unos y otros. Pero los conflictos se enrarecieron y ambos bandos intentaban atraerse al obispo. 




Fue tal la presión que Melecio huyó a Boreia de Siria, para vivir allí desconocido de todos y retirado en soledad, dedicándose a la contemplación. En este sitio, que es la actual Alepo, muy pronto fue venerado por su santidad y justicia, por lo cual, según Sócrates en su Historia Eclesiástica, habría sido aclamado obispo. 

En 360, murió Eustacio (19 de julio), Patriarca de Antioquía, que había sido injustamente depuesto en 330, y había marchado al exilio. Luego habían ocupado la sede obispos mediocres y la tensión no había aminorado en 30 años. En este tiempo, los eustacianos, es decir, los partidarios de Eustacio, hacían la sede ingobernable, incluso a los obispos no arrianos. 

Patriarca de Antioquía

En 362, los obispos se reunieron en Antioquía para elegir patriarca y tanto los católicos como los arrianos comenzaron a maquinar para entronizar a un obispo que les fuera adepto. Unos y otros se fijaron en Melecio. Los católicos, porque sabían de su ortodoxia en la fe, y los arrianos, porque sabían que los arrianos de Sebaste le habían apoyado para llegar a la sede, y por ello no desconfiaban de él. 

Así dice el “Flos Sanctorum”: “conociéndole todos por un hombre muy elocuente; de un natural dulce, amigo de hacer bien, muy propio para conciliar los ánimos, y unir los corazones, irreprensible en sus costumbres, y generalmente estimado de todo el mundo, esperaron hallar en él un digno prelado”. 

Su indefinición teológica no pesó más que su modestia, vida sencilla y afabilidad, y por ello le apreciaban los más eminentes prelados del momento como san Basilio Magno. El emperador Constancio dio su visto bueno a la elección y Melecio tomó posesión de la sede de Antioquía. En un principio fue ambiguo, según parece, y su afán conciliador hizo recelar a los católicos, como ya había pasado antes. 

Constancio II, emperador arriano, le hizo comparecer para que aclarase su fe y proclamase su preferencia teológica. Melecio evidenció que a pesar de su paciencia y caridad con los arrianos, no se había apartado de la fe católica. San Basilio escribe: 

“Melecio fue el primero en hablar con libertad a favor de la verdad y pelear la batalla en el reinado de Constante. Cuando Melecio finalizó su discurso los asistentes le pidieron que resumiera su enseñanza. Él extendió tres dedos hacia la gente, luego cerró dos y dijo ‘Tres Personas se conciben en la mente pero es como si nos dirigiéramos a una sola’”. Gesto que aún vemos en la iconografía oriental como signo de proclamación de fe trinitaria.

Los herejes se enfadaron y le calumniaron, acusándole de sabelianismo, una herejía que erraba en la fe trinitaria. En 361, el emperador le depuso y desterró a Melitine. Esto supuso el enconamiento de los problemas entre católicos y arrianos. Los primeros, además divididos entre eustacianos y melecianos. 

Los arrianos poseían las iglesias y los católicos de un bando no querían ni oír hablar de los otros. Ese mismo año 361 murió Constancio II y Melecio regresó a Antioquía, pero nada cambiaba, el cisma entre los católicos continuaba, y los arrianos contentos de ello. Melecio y san Eusebio de Vercelli intentaron arreglarlo, pero nada podían. 

El cisma antioqueno se agravó todavía más cuando Lucifer de Cagliari ordenó obispo a Paulino, el jefe de los eustacianos, que se autodenominó Patriarca de Antioquía como sucesor de Eustacio. Para colmo, el emperador Juliano consumó su apostasía y comenzó su persecución a la Iglesia. De los cristianos que padecieron estaban los mártires santos Bonoso y Maximiano, a quien Melecio acompañó hasta el lugar del martirio. 

Enemistad con san Atanasio

En 363, llegada la paz con el emperador Joviano, que reconoció a Melecio como legítimo Patriarca, y lo mismo hizo san Atanasio. Pero Melecio no respondió a su mano tendida y Atanasio lo tomó como una rebeldía, considerándole sospechoso de herejía y desobediencia, pasando este juicio a los católicos. 

Curiosamente, esta aversión de los católicos alejandrinos le hizo merecedor a Melecio de la admiración de Occidente y de no pocos obispos y fieles orientales, que veían a la sede de Alejandría como rival en autoridad a la de Antioquía, fundada por san Pedro. 

Mientras que en su sede los eustacianos le disputaban, el imperio y las prominentes sedes de Calcedonia, Constantinopla o Cesarea, aceptaban su autoridad y admiraban su ejemplo. Así fue que logró reponer la unidad teológica, solo teológica, en Siria pero con el rechazo de los arrianos, que le expulsaron en 365, y el enojo de los católicos eustacianos que echaban de sus iglesias a los católicos fieles a Melecio.

Repuesto en su sede

En 367 recuperó su sede, y este mismo año ordenó diácono al que llegaría a ser el gran san Juan Crisóstomo. En 371, la persecución contra los católicos por parte de los arrianos fue muy visible en Antioquia. 

Basilio, que era obispo de Cesarea, comenzó a poner paz entre Atanasio y Melecio como primer paso para imponer la paz entre los católicos y, entonces, enfrentar a los arrianos: No podían estar divididos frente a un enemigo común. El papa san Dámaso bendijo aquellas negociaciones. Atanasio, olvidando el desplante de 363, accedió a hacer la paz y mostrarse como una sola Iglesia. Pero murió repentinamente, y su sucesor, Pedro II de Alejandría no estaba tan dispuesto a ello, incluso toleró y acogió una nueva división en la iglesia de Antioquía, aceptando la obediencia de una facción de católicos que se sentían fieles de Alejandría y no de Antioquía, al no considerar legítimos ni a Melecio ni a Paulino. 

La división entre los católicos iba a más. El papa san Dámaso optó por Paulino, el obispo eustacianista. Reconoció como válida su elección y lo nombró legado papal para Oriente. San Jerónimo, que en un principio había optado por mantenerse al margen, finalemente apoyó a Paulino y escribió defendiendo a este frente a Melecio y sus fieles, quedando Basilio y Melecio decepcionados.

Concilio de Constantinopla (381)

En 378, Roma condenó los errores teológicos y el cisma antioqueno. A mediados de ese año murió Valente y subió al trono Graciano, católico, que se propuso la restauración de la paz y la unidad en la Iglesia. 

A finales de 378, Melecio volvió a su sede. En 379, convocó un Concilio para proclamar la fe de la Iglesia, sin ambages ni concesiones teológicas. Se depuso a los arrianos de sus sedes y los católicos recuperaron sus iglesias. Se ordenaron obispos que habían sido probados en su ortodoxia mediante la persecución. 

Restaurada la unidad teológica, quedaba el problema de los dos obispos, Melecio y Paulino, pues ambos se consideraban legítimos. Melecio planteó que cuando uno de ellos muriera, el cisma terminara, aceptando todos la autoridad del sobreviviente pero los eustacianos (ahora “paulinistas”) no aceptaron.
 
Se convocó un concilio en Constantinopla para elegir al Patriarca de esta sede. La costumbre era que el obispo de Alejandría debía presidirlo, pero al haber sede vacante, le correspondía al obispo de Antioquía. El emperador Teodosio I, viendo que Melecio era el único que hacía algo para terminar el cisma de Antioquía, le designó para el concilio, en detrimento de Paulino, al que todos ignoraron. El concilio eligió como obispo de Constantinopla a san Gregorio Nacianceno, que fue promovido por Melecio, que igualmente quiso que el concilio terminase con una solemne proclamación de la fe católica. 

Muerte y culto

En la última sesión del concilio, 12 de febrero de 381, Melecio sufrió un ataque y murió casi instantáneamente. Sus funerales se celebraron en la iglesia de los Santos Apóstoles y sirvieron de muestra de la unidad de la Iglesia, dejando de lado partidos y bandos. 

El emperador Teodosio asistió conmovido. Un segundo funeral se celebró en la catedral, predicado por san Gregorio de Nisa. El cuerpo fue trasladado a Antioquía y depositado junto al del santo obispo Babilás (24 de enero y 4 de septiembre, Iglesias Orientales). 

A los cinco años de su muerte, y siendo ya venerado como santo, san Juan Crisóstomo predicó en su honor un bello sermón que se conserva.

domingo, 2 de octubre de 2022

Controversias que se trataron en el Primer Concilio de Nicea (325): legislación canónica




Además de la herejía de Arrio, otros asuntos que se trataron en el Concilio de Nicea fueron la controversia sobre la época de la celebración de la Pascua y el cisma de Melecio de Licópolis. El primero de ambos se encuentra tratado como Controversia Pascual.

De todas las actas del Concilio sólo han llegado hasta nosotros tres fragmentos: el credo, o símbolo; los cánones; y el decreto sinodal. 

En realidad nunca hubo actas oficiales aparte de éstas. Pero las declaraciones de Eusebio de Cesarea, Sócrates, Sozomen, Teodoreto y Rufino, pueden ser consideradas como importantes fuentes de información histórica, junto con alguna información conservada por san Atanasio, y una historia del Concilio de Nicea escrita en griego en el siglo V por Gelasio de Cyzicus. 

Legislación canónica del Primer Concilio de Nicea

El concilio se ocupó también de otras cuestiones de índole disciplinar. Sobre la fijación de la fecha de la Pascua estableció que debía celebrarse el domingo siguiente al primer plenilunio de primavera (domingo siguiente al 14 de Nisán, según el calendario hebreo). Con esta disposición se conseguía unificar la praxis celebrativa de Oriente y Occidente. Unos años antes, en el concilio de Arlés (314) ya se había indicado que todos los cristianos debían celebrar la Pascua el mismo día.

El concilio promulgó también unos decretos breves, en total veinte cánones (ver más abajo), que tratan de diversos aspectos de la vida intraeclesial. Esta legislación canónica casi siempre se propone fijar definitivamente normas jurídicas que ya estaban en uso.

Algunos cánones estaban destinados a proteger el estado clerical con unos criterios de selección que evitasen el acceso de los eunucos (c. 1) y de los neófitos al presbiterado y al episcopado (c. 2). También señala que deberán ser depuestos los lapsi, que hubieren sido promovidos a las órdenes sagradas (c. 10).

En esta misma línea de protección del clero, el c. 3 reitera la prohibición a los miembros del clero de vivir con mulieres subintroductae. salvo que sean la madre o hermanas (cf. concilio de Elvira [306], c. 27; Ancira [314], c. 19). 

Una importancia significativa tiene el c. 4 relativo a las elecciones episcopales. La elección de un obispo compete a los demás obispos, o en caso de urgencia, al menos a tres obispos de la provincia, que procederán a la “imposición de las manos”. Se indica igualmente que el nuevo obispo sea confimado por el metropolitano de la provincia. Este requisito es relevante, porque si no se da esa confirmación el nuevo obispo deberá renunciar (c. 6).

El c. 6 muestra un marcado interés para la historia de los patriarcados. Según este canon, el obispo de Alejandría tiene “la autoridad” sobre Egipto, Libia y Pentápolis, de acuerdo con una antigua costumbre, ya que es el mismo caso de Roma. Más indefinida es la referencia que se hace a la sede de Antioquía y a sus provincias. El c. 7 establece que el obispo de Aelia o Jerusalén tenga la acostumbrada precedencia de honor, salva la dignidad del obispo metropolitano (Cesarea).

El concilio de Nicea legisla también sobre la ejemplaridad de los préstamos otorgados por los clérigos, prescribiendo que no perciban usuras por esos contratos, so pena de perder su condición clerical (c. 17) (cf. Elvira, cc. 19 y 20; Arlés [314], c. 12).

Los Padres de Nicea también se ocuparon de la readmisión de cismáticos y herejes (cc. 8 y 19) y de la penitencia pública (cc. 11, 12, 13 y 14). Llama la atención la benevolencia de los legisladores de Nicea con los pecadores, frente al rigorismo de sínodos anteriores de Elvira y Arlés. El c. 11 se ocupa de los lapsi de la última persecución de Licinio, y les impone tres años de penitencia.

Los cc. 18 y 20 son de índole litúrgica. El c. 18 determina que los diáconos reciban la comunión de manos de un obispo o de un sacerdote (cf. Arlés [314], c. 18). Por su parte, el c. 20 recuerda que la postura del orante es de pie, no de rodillas.

Por último, el concilio niceno trató también de un cisma que había dividido la Iglesia de Egipto en los comienzos del siglo IV, por obra de Melecio, obispo de Licópolis, que se había arrogado el derecho de consagrar obispos y presbíteros sin conocimiento del obispo de Alejandría, en contra de la disciplina vigente. Los Padres conciliares trataron con benignidad a los consagrados de forma irregular, autorizándoles a continuar en su actividad eclesiástica, pero ocupando un lugar a continuación de los miembros de la jerarquía regular (Epistula nicaeni concilii ad Aegyptios).

Cánones del Primer Concilio de Nicea

Canon 1: Sobre la admisión, ayuda o expulsión de los clérigos mutilados voluntaria o violentamente.
Canon 2: Reglas a observarse para la ordenación, la evasión de prisa indebida y la deposición 
                de aquéllos culpables de faltas graves.
Canon 3: Se prohíbe a todos los miembros del clero residir con cualquier mujer, excepto con su madre, 
                una hermana o una tía.
Canon 4: Relativo a las elecciones episcopales.
Canon 5: Relativo a la excomunión.
Canon 6: Relativo a los patriarcas y su jurisdicción.
Canon 7: Confirma el derecho de los obispos de Jerusalén a disfrutar de determinados honores.
Canon 8: Respecto de los novacianos.
Canon 9: Ciertos pecados conocidos después de la ordenación implican su invalidez.
Canon 10: Los lapsi que hayan sido ordenados con conocimiento o subrepticiamente deben ser 
                  excluidos tan pronto como se conozca su irregularidad.
Canon 11: Penitencia que debe ser impuesta a los apóstatas en la persecución de Licinio.
Canon 12: Penitencia que debe ser impuesta a quienes apoyaron a Licinio en su guerra contra 
                  los cristianos.
Canon 13: Indulgencia a ser concedida a las personas excomulgadas que se encuentran en peligro 
                  de muerte.
Canon 14: Penitencia que debe ser impuesta a los catecúmenos que flaquearon durante la persecución.
Canon 15: Obispos, sacerdotes y diáconos no pueden pasar de una iglesia a otra.
Canon 16: Se prohíbe a todos los clérigos abandonar su iglesia. 
                  Se prohíbe formalmente a los obispos que ordenen para su diócesis a un clérigo 
                  perteneciente a otra diócesis.
Canon 17: Se prohíbe a los clérigos que presten con interés.
Canon 18: Se recuerda a los diáconos su posición subordinada respecto a los sacerdotes.
Canon 19: Reglas a observarse respecto de los partidarios de Pablo de Samosata 
                  que deseaban retornar a la Iglesia.
Canon 20: Los domingos y durante la temporada Pascua las oraciones deben rezarse de pie.

Una vez concluidos los trabajos del Concilio, Constantino celebró el vigésimo aniversario de su ascensión al imperio e invitó a los obispos a un espléndido banquete, al final del cual cada uno recibió ricos presentes. 

Varios días después el emperador ordenó que se celebrara una sesión final, a la cual asistió para exhortar a los obispos a que trabajaran para el mantenimiento de la paz; se encomendó a sus oraciones y autorizó a los padres a regresar a sus diócesis. La gran mayoría se apresuró a tomar ventaja de esto y a llevar las resoluciones del Concilio al conocimiento de sus provincias.

sábado, 17 de septiembre de 2022

San Roberto Belarmino: La controversia De Auxiliis

Es designado, junto con el Cardenal Dominico d'Ascoli, asesor del Cardenal Madruzzi, Presidente de la Congregación De Auxiliis, para solucionar la controversia entre Tomistas (dominicos) y los Molinistas (jesuitas) concerniente a la naturaleza de la armonía entre la gracia eficaz y la libertad humana. 

Los ánimos de las dos Ordenes religiosas están caldeados. Belarmino aconseja que la controversia no se decida de una manera autoritaria sino dejada para posteriores discusiones en las escuelas, prohibiendo a los contendientes censurarse o condenarse mutuamente. Al principio, Clemente VIII se inclinó por este punto de vista pero ante la gravedad de la controversia comenzó a manifestar deseos de zanjar la controversia con una definición dogmática. Belarmino le aconseja paciencia “porque su Santidad no es un teólogo y la cuestión es muy obscura”. Clemente VIII replica molesto que va a dar una solución dogmática. Belarmino le replica: "Vuestra Santidad no va a definirla". 

Días más tarde Belarmino dice lo mismo al cardenal del Monte y este le replica: “Si el Papa puede y quiere, ¿por qué dice Ud., cardenal Belarmino, que no va definirla?” “Pues aunque pueda y quiera definirla”, le dice Belarmino, “no lo hará porque va a morir”. Del Monte se queda atónito, sobre todo porque la profecía se cumplirá. Clemente VIII nombra al cardenal Belarmino Arzobispo de Capua, vacante en ese momento. Algunos historiadores ven en este nombramiento el deseo del Papa de deshacerse del cardenal Belarmino.

Fin de la controversia De Auxiliis

De los trabajos con los que se le asocia después de la elección del papa Pablo V, los siguientes son las más importantes: La investigación De Auxiliis a la que, después de todo, Clemente VIII no había encontrado forma de decidir, fue finiquitada con una resolución en línea con la sugerencia original de Belarmino. 

+ SOBRE SAN ROBERTO BELARMINO

sábado, 3 de septiembre de 2022

San Ireneo y el papa Victor I: el conflicto sobre la fecha de celebración de la Pascua de Resurrección

Hacia el final de su vida san Policarpo de Esmirna había dio a Roma para apelar al papa Aniceto e intentar calmar la tensión surgida entre la sede romana y las iglesias de Asia Menor con respecto a la fecha de la celebración de la Pascua de Resurrección. 

Algunos historiadores creen inverosimil que el Obispo de Esmirna fuera solo y que muy probablemente le acompañó un joven llamado Ireneo. De este manera se entiende mejor el profundo conocimiento y sabiduría que san Ireneo desplegó más tarde con el papa Victor cuando le escribió para tratar la misma cuestión.

Las comunidades de Asia Menor (actual Turquía) celebraban la Pascua de Resurrección cada año en el aniversario del día de la Pascua. En las comunidades fundadas al oeste de Asia Menor, bajo la influencia del calendario y la liturgia romanas, la Pascua de Resurrección se celebra siempre en Domingo. Esta diferencia causó una gran disputa entre la Sede de Roma y las iglesias de Asia Menor.

San Policarpo intentó resolver la disputa durante su visita a la Sede de Roma pero, finalmente, volvió a Esmirna sin haber podido llegar a un acuerdo. Su visita calmó los ánimos por ambas partes. Aniceto y Policarpo celebraron el sacrificio de Misa, mostrando la unidad entre las iglesias aunque no se hubiera podido imponer un fecha de celebración para todos. Policarpo había sido recibido en Roma como una celebridad por haber conocido al apóstol san Juan. Varias fuentes informan de su visita y de que algunos herejes habían retornado a la “catolicidad” después de haber escuchado el testimonio del obispo san Policarpo.

Años después, la Sede de Roma no mostró la tolerancia o flexibilidad con las iglesias de Asia Menor que había mostrado el papa Aniceto en su reunión con el obispo san Policarpo. Elegido Papa, Victor declaró inexistente la comunión con las iglesias de Asia Menor y las excomunicaba por persistir en el error de celebrar la Pascua del Señor en un día que no era el domingo (=día del Señor). 

Varios obispos del occidente cristiano exhortaron al papa Victor a no romper la unidad con la iglesias de Asia Menor; entre ellos, el obispo Ireneo de Lyon defendía que la Pascua de Resurrección se tenía que celebrar en Domingo, pero también recordaba al papa Victor su responsabilidad de defender la unidad con las iglesias cristianas que seguían la antigua tradición. 

San Ireneo escribió al papa Victor exponiéndole que sus antecesores, Aniceto, Pío, Higinio, Telesforo, Sixto, no enseñaban observancias que nunca se habían llegado a instaurar en las iglesias cristianas de occidente (sobre las celebraciones, el ayuno, etc.), pero habían defendido la unidad católica sin excomunicar a aquellas iglesias que seguían otras observancias enraizadas en su fundación y tradición apostólicas.

La participación activa de Ireneo, obispo de Lyon, en esta controversia es lo último que conocemos con detalle de su vida.

La herejía gnóstica según san Ireneo: "Adversus Haereses" ("Contra los Herejes")


San Ireneo de Lyon (140-202) fue testigo de las crisis del imperio romano en la segunda mitad del siglo II y de las persecuciones contra la Iglesia. Pero el problema que más le preocupó fueron las doctrinas falsas (herejías) que algunos miembros de la Iglesia enseñaban, utilizando el engaño de que fueron reveladas en privado por Jesús a un grupo de escogidos. El herejes más influyentes durante la vida de Ireneo fueron los gnósticos. a los que intento rebartir con su principal obra Adversus Hareses (Contra los Herejes).

Según una antigua tradición, el gnosticismo tiene su origen en un mago y una prostituta. En los Hechos de los Apótoles (8,9-13) leemos sobre un mago que algunos ven como una “fuerza de Dios”:

“Desde hacía un tiempo, vivía en esa ciudad un hombre llamado Simón, 
el cual con sus artes mágicas tenía deslumbrados a los samaritanos y pretendía ser un gran personaje. Todos, desde el más pequeño al más grande, lo seguían y decían: 
"Este hombre es la Fuerza de Dios, esa que es llamada Grande". 
Y lo seguían, porque desde hacía tiempo los tenía seducidos con su magia. 
Pero cuando creyeron a Felipe, que les anunciaba la Buena Noticia del Reino de Dios 
y el nombre de Jesucristo, todos, hombres y mujeres, se hicieron bautizar. 
Simón también creyó y, una vez bautizado, no se separaba de Felipe. 
Al ver los signos y los grandes prodigios que se realizaban, él no salía de su asombro”.

Simón, el Mago, primer gnóstico en la tradición cristiana 
según san Ireneo

Esta historia parece tener un final feliz pero Simón, el Mago, como se le conoce durante el tiempo de Ireneo, siempre entendió la religión como una herramienta para ejercer el poder que tanto le gustaba. Simón no comprendía que los apóstoles Pedro y Juan no estuvieran interesados en la riqueza (8,14-24):

“Cuando los Apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que los samaritanos 
habían recibido la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. 
Estos, al llegar, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo. 
Porque todavía no había descendido sobre ninguno de ellos, 
sino que solamente estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús. 
Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo. 
Al ver que por la imposición de las manos de los Apóstoles se confería el Espíritu Santo, 
Simón les ofreció dinero, diciéndoles: 
"Les ruego que me den ese poder a mí también, 
para que aquel a quien yo imponga las manos reciba el Espíritu Santo". 
Pedro le contestó: "Maldito sea tu dinero y tú mismo, 
porque has creído que el don de Dios se compra con dinero. 
Tú no tendrás ninguna participación en ese poder, porque tu corazón no es recto a los ojos de Dios. Arrepiéntete de tu maldad y ora al Señor: quizá él te perdone este mal deseo de tu corazón, 
porque veo que estás sumido en la amargura de la hiel y envuelto en los lazos de la iniquidad". 
Simón respondió: "Rueguen más bien ustedes al Señor, 
para que no me suceda nada de lo que acabas de decir".

Este episodio de los Hechos de los Apóstoles finaliza con una respuesta afortunada de Simón. Sin embargo, la tradición cristiana continúa diciendo que Simón, el Mago, nunca dejó sus malos hábitos y de servir a sus propios intereses: a quienes se sentían atraidos por el Evangelio y por su carisma personal, les decía que tenía una conocimiento secreto que podía compartir con ellos. 

Simón, el Mago, tenía una atractiva compañera que lo asistía en sus enseñanzas. Ireneo nos lo cuenta en Adversus Haereses 1,23. 

La doctrina de Simón, el Mago
según san Ireneo

Simón, el Mago, convertido en falso profeta y hereje, enseñaba a sus seguidores que el espíritu de Cristo (Ungido) estaba en él y que solamente había sido crucificado en apariencia porque, en realidad, no había sufrido durante su tortura y crucifixión. 

Simón reinterpreta y manipula las enseñanzas de los apóstoles, a los que ha conocido, para hacer su religión más atractiva y misteriosa. San Ireneo dice que predicaba la liberación de la ley, de los mandamientos y preceptos, y que, en lugar de predicar la libertad para hacer la voluntad de Dios (como explica san Pablo), Simón predicaba la libertad que "nos hace sentir bien”.

Los ángeles hicieron el mundo, dice Simón, el Mago, e impusieron leyes a los humanos para esclavizarlos. Simon había venido al mundo para liberarlos de la ley; por eso, no tenían que preocuparse más de no pecar, ni de la lista de pecados mortales que les había dado el apóstol Pablo: (Gálatas 5,19-21). 

Ireneo explica de este modo el origen del gnosticismo dentro de la Iglesia, siendo el peor enemigo al que la Iglesia tuvo que enfrentarse. El gnosticismo no se atribuía solamente a Simón, el Mago; había muchas ideas similares y falsos maestros presentándose en las comunidades cristianas.

Las sectas gnosticas con un barniz cristiano se multiplicaron rápidamente. Las doctrinas gnósticas habían tenido su origen en Simón, el Mago, pero sus simpatizantes desarrollaron más doctrinas utilizando a menudo un vocabulario prestado del esoterismo. Por esta razón, es difícil identificar el gnosticismo con un sistema de creencias y con una estructura organizativa determinada. 

El gnosticismo no es “una secta”, ni tampoco se extendió solamente entre las comunidades cristianas sino que estuvo presente en las culturas y sociedades de los primeros siglos como una “moda o modas” que atraían a muchos cristianos. Aunque los gnósticos empleaban todo tipo de creencias según el grupo en el que se introducían (judíos, cristianos, griegos, romanos, etc.), Ireneo expone las ideas presentes en todos estos grupos; así pues, los gnosticos:

• dan más importancia al conocimiento (según su excéntrica manera de enterlo) que a la fe
• enseñan doctrinas secretas y escondidas a los demás mortales
• garantizan la sabiduría y el exito, la vida feliz y eterna

Los gnósticos cristianos enseñaban que:

• las enseñanzas más importantes de Jesucristo no se encuentran en los Evangelios ni en la Iglesia
• las enseñanzas más importantes son secretas y se revelan sólo a una élite de escogidos
• el mundo es malo, una creación de un dios menor
• rechazan el Antiguo Testamento por sus relatos de la creación
• un espíritu rebelde ha creado la materia para atrapar a otros espíritus en ella
• el cuerpo es una cárcel para el alma
• Jesucristo es un espíritu superior que se exilió en un cuerpo humano para salvarnos de la prisión 
  de la carne

La conocimiento gnóstico (de gnosis = conocimiento) de que el alma o el espíritu (superior) vive en un cuerpo humano (inferior), favoreció dos estilos de vida opuestos:

• algunos gnósticos mortifican su cuerpo practicando un ascetismo extremo
• otros creen que si el cuerpo no tiene importancia, pueden hacer con él todo lo que desean

La gran preocupación de san Ireneo es que los gnósticos hacían proselitismo con los cristianos y  muchos no se daban cuenta del peligro de las herejías gnósticas con un barniz cristiano.