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sábado, 14 de septiembre de 2024

Mc 8,27-35: Sobre la identidad y misión de Jesús

Marcos 8,27-33 (Cf. Mt 16,13-20; Lc 9,18-21; Jn 6,64-71)


En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos:
— ¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos le contestaron:
— Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas.
Él les preguntó:
— Y vosotros, ¿quién decís que soy?
Tomando la palabra Pedro le dijo:
— Tú eres el Mesías.
Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto. Y empezó a instruirlos:
— El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.
Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro:
— Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!
Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: 
— El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.»

sábado, 15 de octubre de 2022

Mateo 16,13-23: Profesión de fe de Pedro



Mateo 16,13-27


Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos:
— ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?
Ellos dijeron:
— Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.
Díceles él:
— Y vosotros ¿quién decís que soy yo?
Simón Pedro contestó:
— Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.
Replicando Jesús le dijo:
— Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo. Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo:
— ¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!
Pero él, volviéndose, dijo a Pedro:
— ¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!

SOBRE EL MISMO TEMA:

Imágenes del Evangelio:

sábado, 11 de junio de 2022

Hechos 25,13-22: Encuentro de Festo y Agripa

25,13-22: Encuentro de Festo y Agripa
Viernes de la 7 Semana de Pascua

13 Pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice vinieron a Cesarea y fueron a saludar a Festo.
14 Como pasaran allí bastantes días, Festo expuso al rey el caso de Pablo: «Hay aquí un hombre, 
     le dijo, que Félix dejó prisionero.
15 Estando yo en Jerusalén presentaron contra él acusación los sumos sacerdotes y los ancianos 
     de los judíos, pidiendo contra él sentencia condenatoria.
16 Yo les respondí que no es costumbre de los romanos entregar a un hombre antes de que el acusado 
     tenga ante sí a los acusadores y se le dé la posibilidad de defenderse de la acusación.
17 Ellos vinieron aquí juntamente conmigo, y sin dilación me senté al día siguiente en el tribunal 
     y mandé traer al hombre.
18 Los acusadores comparecieron ante él, pero no presentaron ninguna acusación de los crímenes 
     que yo sospechaba;
19 solamente tenían contra él unas discusiones sobre su propia religión y sobre un tal Jesús, ya muerto, 
     de quien Pablo afirma que vive.
20 Yo estaba perplejo sobre estas cuestiones y le propuse si quería ir a Jerusalén 
     y ser allí juzgado de estas cosas.
21 Pero como Pablo interpuso apelación de que su caso se reservase a la decisión del Augusto, 
     mandé que se le custodiara hasta remitirle al César.»
22 Agripa dijo a Festo: «Querría yo también oír a ese hombre.» - «Mañana, dijo, le oirás.»

Hechos 25,1-12: Apelación de Pablo al César

25,1-12: Apelación de Pablo al César

1 Tres días después de haber llegado a la provincia, subió Festo de Cesarea a Jerusalén.
2 Los sumos sacerdotes y los principales de los judíos le presentaron acusación 
   contra Pablo e insistentemente
3 le pedían una gracia contra él, que le hiciera trasladar a Jerusalén, mientras preparaban una celada 
   para matarle en el camino.
4 Pero Festo les contestó que Pablo debía estar custodiado en Cesarea, y que él mismo estaba 
   para marchar allá inmediatamente.
5 «Que bajen conmigo, les dijo, los que entre vosotros tienen autoridad y si este hombre es culpable 
   en algo, formulen acusación contra él.»
6 Después de pasar entre ellos no más de ocho o diez días, bajó a Cesarea y al día siguiente se sentó 
   en el tribunal y mandó traer a Pablo.
7 Así que éste se presentó le rodearon los judíos que habían bajado de Jerusalén, 
   presentando contra él muchas y graves acusaciones, que no podían probar.
8 Pablo se defendía diciendo: «Yo no he cometido falta alguna ni contra la Ley de los judíos 
    ni contra el Templo ni contra el César.»
9 Pero Festo, queriendo congraciarse con los judíos, preguntó a Pablo: 
   «¿Quieres subir a Jerusalén y ser allí juzgado de estas cosas en mi presencia?»
10 Pablo contestó: «Estoy ante el tribunal del César, que es donde debo ser juzgado. 
     A los judíos no les he hecho ningún mal, como tú muy bien sabes.
11 Si, pues, soy reo de algún delito o he cometido algún crimen que merezca la muerte, no rehúso morir; 
     pero si en eso de que éstos me acusan no hay ningún fundamento, nadie puede entregarme a ellos; 
     apelo al César.»
12 Entonces Festo deliberó con el Consejo y respondió: «Has apelado al César, al César irás.»

Hechos 23,23-35: Traslado de Pablo a Cesarea

23,23-35: Traslado de Pablo a Cesarea

23 Después llamó a dos centuriones y les dijo: «Tened preparados para la tercera hora de la noche 
     doscientos soldados, para ir a Cesarea, setenta de caballería y doscientos lanceros.
24 Preparad también cabalgaduras para que monte Pablo; y llevadlo a salvo al procurador Félix.»
25 Y escribió una carta en estos términos:
26 «Claudio Lisias saluda al excelentísimo procurador Félix.»
27 Este hombre había sido apresado por los judíos y estaban a punto de matarlo cuando, 
     al saber que era romano, acudí yo con la tropa y le libré de sus manos.
28 Queriendo averiguar el crimen de que le acusaban, le bajé a su Sanedrín.
29 Y hallé que le acusaban sobre cuestiones de su Ley, pero que no tenía ningún cargo digno de muerte 
     o de prisión.
30 Pero habiéndome llegado el aviso de que se preparaba una celada contra este hombre, 
     al punto te lo he mandado y he informado además a sus acusadores que formulen sus quejas 
     contra él ante ti.»
31 Los soldados, conforme a lo que se les había ordenado, tomaron a Pablo y lo condujeron de noche 
     a Antipátrida;
32 a la mañana siguiente dejaron que los de caballería se fueran con él y ellos se volvieron al cuartel.
33 Al llegar aquéllos a Cesarea, entregaron la carta al procurador y le presentaron también a Pablo.
34 Habiéndola leído, preguntó de qué provincia era y, al saber que era de Cilicia, le dijo:
35 «Te oiré cuando estén también presentes tus acusadores.» Y mandó custodiarle en el pretorio 
     de Herodes.

jueves, 9 de junio de 2022

Hechos 21,1-16: Viaje de Pablo a Jerusalén

Hechos 21,1-16: Viaje de Pablo a Jerusalén

1 Nos separamos de ellos, zarpamos y navegamos directamente a Cos, al día siguiente hasta Rodas 
   y desde allí hasta Pátara. 
2 Encontrando un barco que cruzaba hacia Fenicia, nos embarcamos y zarpamos. 
3 Avistando Chipre y dejándola a nuestra izquierda, navegamos hacia Siria y llegamos a Tiro, 
   donde la nave tenía que descargar. 
4 Encontramos a los discípulos y nos detuvimos allí siete días. Algunos, movidos por el Espíritu, 
   aconsejaban a Pablo que no subiera a Jerusalén. 
5 Cuando se cumplió nuestro plazo, salimos para continuar el viaje. Todos, con sus mujeres e hijos, 
   nos acompañaron hasta fuera de la ciudad. Nos arrodillamos en la playa y oramos. 
6 Después nos despedimos mutuamente, embarcamos y ellos se volvieron a casa. 
7 Desde Tiro atravesamos hasta llegar a Tolemaida. Saludamos a los hermanos y nos quedamos 
   con ellos un día.
8 Al día siguiente salimos y llegamos a Cesarea; entramos en casa de Felipe, uno de los siete 
   evangelistas, y nos hospedamos con él. 
9 Tenía éste cuatro hijas solteras profetisas. 
10 Tras varios días de estadía, bajó de Judea un profeta llamado Ágabo. 
11 Se acercó a nosotros, tomó el cinturón de Pablo y se ató con él de manos y pies, y dijo:
     —Esto dice el Espíritu Santo: Al dueño de este cinturón los judíos lo atarán en Jerusalén 
     y lo entregarán a los paganos. 
12 Al oírlo, nosotros y los vecinos del lugar le suplicábamos a Pablo que no subiera a Jerusalén. 
13 Pero Pablo respondió: —¿Qué hacen llorando y ablandándome el corazón? 
     Por el nombre del Señor Jesús yo estoy dispuesto a ser encadenado y a morir en Jerusalén. 
14 Como no podíamos convencerlo, nos tranquilizamos diciendo: Que se cumpla la voluntad del Señor. 
15 Pasados aquellos días hicimos los preparativos y emprendimos la subida hacia Jerusalén. 
16 Algunos discípulos de Cesarea nos acompañaron hasta la casa de un viejo discípulo, 
     Nasón de Chipre, que nos dio alojamiento.

miércoles, 8 de junio de 2022

Hechos 18,18-23: Regreso de Pablo a Antioquía

18,18-23: Regreso de Pablo a Antioquía

19 Llegaron a Éfeso, donde Pablo se separó de sus compañeros y se dirigió a la sinagoga 
     para discutir con los judíos. 
20 Aunque le rogaban que se quedara más tiempo, no accedió, 
21sino que se despidió diciendo: —Si Dios quiere, volveré a visitarlos. Zarpó de Éfeso 
22 y bajó a Cesarea; allí desembarcó para saludar a la comunidad, y prosiguió el viaje hasta Antioquía. 
23 Pasada una temporada partió y fue atravesando Galacia y Frigia, confirmando a todos los discípulos.

jueves, 16 de agosto de 2018

Hechos 10,24-33: Pedro en Cesarea

Pedro en Cesarea
10:24 Al otro día, llegaron a Cesarea. Cornelio los esperaba, y había reunido a su familia y a sus amigos íntimos.
10:25 Cuando Pedro entró, Cornelio fue a su encuentro y se postró a sus pies.
10:26 Pero Pedro lo hizo levantar, diciéndole: "Levántate, porque yo no soy más que un hombre".
10:27 Y mientras seguía conversando con él, entró y se encontró con un grupo numeroso de personas, que estaban reunidas allí.
10:28 Dirigiéndose a ellas, les dijo: "Ustedes saben que está prohibido a un judío tratar con un extranjero o visitarlo. Pero Dios acaba de mostrarme que no hay que considerar manchado o impuro a ningún hombre.
10:29 Por eso, cuando ustedes me llamaron, vine sin dudar. Y ahora quisiera saber para qué me llamaron".
10:30 Cornelio le respondió: "Hace tres días me encontraba orando en mi casa, alrededor de las tres de la tarde, cuando se me apareció un hombre con vestiduras resplandecientes,
10:31 y me dijo: "Cornelio, tu oración ha sido escuchada y Dios se ha acordado de tus limosnas.
10:32 Manda a buscar a Simón, llamado Pedro, que está en Jope, a la orilla del mar, en la casa de Simón el curtidor".
10:33 En seguida te mandé a buscar y has hecho bien en venir. Ahora estamos reunidos delante de Dios, para escuchar lo que el Señor te ha mandado decirnos".

Hechos 10,1-8: El centurión Cornelio

El centurión Cornelio
10:1 Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la cohorte itálica.
10:2 Era un hombre piadoso y temeroso de Dios, lo mismo que toda su familia; hacía abundantes limosnas al pueblo y oraba a Dios sin cesar.
10:3 Este hombre tuvo una visión: un día, cerca de las tres de la tarde, vio claramente al Ángel de Dios que entraba en su casa y le decía: "Cornelio".
10:4 Este lo miró lleno de temor, y le preguntó: "¿Qué quieres de mí, Señor?" El Ángel le dijo: "Tus oraciones y tus limosnas han llegado hasta Dios y él se ha acordado de ti.
10:5 Envía ahora algunos hombres a Jope en busca de Simón, llamado Pedro,
10:6 que se hospeda en la casa de un tal Simón, un curtidor que vive a la orilla del mar".
10:7 En cuanto el Ángel se alejó, Cornelio llamó a dos de sus servidores y a un soldado piadoso de los que estaban a sus órdenes.
10:8 Después de haberles contado lo sucedido, los envió a Jope.

Hechos de los Apóstoles 9,23-31: Pablo en Jerusalén

9:23 Al cabo de un tiempo, los judíos se pusieron de acuerdo para quitarle la vida,
9:24 pero Saulo se enteró de lo que tramaban contra él. Y como los judíos vigilaban noche y día las puertas de la ciudad, para matarlo,
9:25 sus discípulos lo tomaron durante la noche, y lo descolgaron por el muro, metido en un canasto.
9:26 Cuando llegó a Jerusalén, trató de unirse a los discípulos, pero todos le tenían desconfianza porque no creían que también él fuera un verdadero discípulo.
9:27 Entonces Bernabé, haciéndose cargo de él, lo llevó hasta donde se encontraban los Apóstoles, y les contó en qué forma Saulo había visto al Señor en el camino, cómo le había hablado, y con cuánta valentía había predicado en Damasco en el nombre de Jesús.
9:28 Desde ese momento, empezó a convivir con los discípulos en Jerusalén y predicaba decididamente en el nombre del Señor.
9:29 Hablaba también con los judíos de lengua griega y discutía con ellos, pero estos tramaban su muerte.
9:30 Sus hermanos, al enterarse, lo condujeron a Cesarea y de allí lo enviaron a Tarso.
9:31 La Iglesia, entre tanto, gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se iba consolidando, vivía en el temor del Señor y crecía en número, asistida por el Espíritu Santo.

lunes, 14 de agosto de 2017

Las veintidós ciudades mencionadas en el Evangelio, por Luis Antequera

Exactamente veintidós, ni una más ni una menos, las cuáles vamos a intentar enumerar y describir aquí, sucintamente, para Vds..

Para comenzar no está de más especificar que cuando Jesús nace, toda Palestina es una única realidad política bajo el gobierno de Herodes el Grande. Pero cuando éste muere en el año 4 a.C., su reino se divide en tres grandes unidades:

Judea, en la que va a reinar su hijo Arquelao hasta que en el año 6 es depuesto por los propios romanos y la región pasa al gobierno directo de un gobernador romano, puesto que cuando Jesús es crucificado ocupa precisamente Poncio Pilatos;

Galilea, donde va a reinar Herodes Antipas hasta el año 36,es decir, la práctica totalidad de la vida de Jesús;

Herodes Filipo, que gobierna un pequeño reino al norte formado por las regiones de Iturea y Traconítida, con escasa importancia en el relato evangélico.

Dicho esto, las ciudades evangélicas son las siguientes.

BELÉN:

En la que nace Jesús. Sita en Judea, a una decena de kilómetros de Jerusalén. Sólo es citada en dos evangelios, los dos de la infancia, es decir, el de Mateo y el de Lucas. En el de Mateo, Belén parece ser la ciudad originaria de José y María. En el de Lucas, en cambio, sólo es la ciudad a la que la Sagrada Familia tiene que acudir a censarse de acuerdo con las instrucciones emanadas del Emperador, por ser la originaria no de ellos mismos, sino de los ancestros de José.

NAZARET:

Ciudad en la que se desarrolla la infancia de Jesús, sita en Galilea, unos kilómetros al este de Séforis, la capital galilea. En Lucas se presenta como la ciudad originaria de José y María. En Mateo es la ciudad en la que José decide establecerse cuando vuelve de Egipto, para no tener que vivir en las tierras de Judea sobre las que reina el déspota Arquelao, que luego será depuesto por el poder romano. La ciudad de Nazaret es citada en los cuatro evangelios.

BETHABARA:

La ciudad en la que Juan el Bautista hace aquello que le da nombre, esto es, bautizar, y en la que, en consecuencia, Jesús recibe el bautismo de manos de Juan. Cercana a la desembocadura del río Jordán, al norte del Mar Muerto, en el actual territorio, por lo tanto, de Jordania, sólo la cita Juan. Al referirse al bautismo de Jesús los Sinópticos simplemente lo sitúan “en el Jordán”.

CANÁ DE GALILEA:

Ciudad galilea en la que, según el Evangelio de Juan, Jesús se manifiesta por primera vez, incluso antes de lo que tenía previsto, realizando el milagro de la multiplicación del vino. Sólo la cita Juan. Los Sinópticos no citan ni la ciudad ni el episodio. Siempre según Juan, Jesús volverá a Caná en una segunda ocasión, en la que cura al hijo de un funcionario del rey Herodes.

CAFARNAÚM:

Ciudad galilea a orillas del llamado indistintamente “Mar de Galilea" y “Lago Genesaret” en la que se establece Jesús cuando vuelve de ser bautizado y de su retiro de 40 días en el desierto, y una vez que, como describe Lucas, es expulsado de Nazaret por sus convecinos. Se convierte por lo tanto en el cuartel general de Jesús. En ella cura al criado del centurión o a la suegra de Pedro, enrola a sus principales discípulos, etc.. Cafarnaúm es citada en los cuatro evangelios.

AINÓN:

Ciudad en la que Jesús bautiza él mismo. El evangelista Juan, único que la cita, la sitúa cerca de Salim y en la orilla opuesta del Jordán en la que el Bautista extendía su campo de acción.

SICAR:

Ciudad en Samaria en la que Jesús permanece dos días y en la que tiene lugar el episodio conocido como de “la Samaritana”. Tanto la ciudad como el episodio sólo son recogidos por Juan.

CORAZÍN:

No se cita ningún episodio ocurrido en él, pero el propio Jesús menciona su paso por ella cuando la maldice por no apreciar los milagros y prodigios que allí realiza. Como Belén, aparece en los evangelios de Mateo y de Lucas, no así en los de Marcos o Juan.

BETSAIDA:

Es maldita por Jesús en el mismo episodio en el que maldice a Corazín, según recogen tanto Mateo como Lucas. Pero contrariamente a lo sucedido con ésta, Betsaida sí es mencionada en muchos otros sucesos. Así, Marcos sitúa en Betsaida el episodio en el que Jesús camina sobre las aguas y la curación de un ciego. Lucas una de las multiplicaciones de los panes, la profesión de fe de Pedro y el primer anuncio de la Pasión. Juan la ignora por completo.

NAÍN:

Ciudad que sólo cita Lucas, en la que Jesús resucita al hijo de una viuda y recibe a los emisarios del Bautista, que le preguntan si es él “el que ha de venir o deben esperar a otro”. En ella parece situar también el episodio en el que Jesús es ungido por una pecadora en casa de un fariseo.

MAGDALA:

Ciudad a orillas del lago Tiberíades que en realidad no es mencionada en el Evangelio salvo por su toponímico, “magdalena”, habitante de Magdala, el cual, a su vez, da nombre a María, la primera persona que según Mateo, Marcos y Juan (no así Lucas) ve a Cristo una vez que ha resucitado.

TIRO y SIDÓN:

Dos ciudades en el actual territorio del Líbano. Citadas las dos juntas por Mateo, Marcos nos cuenta que en Tiro cura Jesús a la sirofenicia y que luego vuelve a Galilea por Sidón. Ni Lucas ni Juan las mencionan.

DALMANUTÁ:

Sólo la cita Marcos. Es el lugar en el que unos fariseos piden a Jesús que realice un signo, y donde éste previene de la levadura de fariseos y herodianos.

MAGADÁN:

Sólo la cita Mateo, pero los episodios que emplaza en ella son los mismos que Marcos sitúa en Dalmanutá.

CEAREA DE FILIPO:

Ciudad en el actual territorio de Siria en la que se produce el episodio conocido como “profesión de fe de Pedro”, una escena que según Lucas, se produce, sin embargo, en Betsaida, y que en Mateo, y sólo en Mateo, se amplía hasta convertir a Pedro en cabeza de la Iglesia “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”.

EFRAÍN:

Ciudad en el Desierto de Judea, a la que Jesús, según Juan y sólo según él, se retira a descansar pocos días antes de ser crucificado. Cabe preguntarse por la relación entre este Naín y el “desierto” que citan los tres sinópticos en el que Jesús se retira durante cuarenta días, sólo que no al final de su ministerio, como en Juan, sino a su inicio.

JERICÓ:

En Judea. Citada por Marcos, que sitúa en ella la curación del ciego Bartimeo -en la versión de Mateo los ciegos son dos y no tienen nombre-, y por Lucas, que sitúa allí a Zaqueo, el recaudador que invita a Jesús a comer en su casa.

BETFAGÉ:

En Judea también, junto al Monte de los Olivos. La citan los tres Sinópticos, no Juan, aunque de pasada.

BETANIA:

Ciudad en Judea, “a unos quince estadios de Jerusalén” como explica el evangelista Juan. Según Mateo y Marcos, en Betania es donde un fariseo invita a Jesús a comer y una pecadora le unge con perfumes. Según Marcos, en ella Jesús maldice a la higuera. En Betania vive, según Juan, el gran amigo de Jesús, Lázaro, al que resucita tres días después de muerto. Y según Lucas, desde Betania es que Jesús asciende a los cielos.

JERUSALÉN:

La ciudad santa de los judíos, la sede del Templo, la capital de Judea y del Gran Israel, la ciudad de los profetas, la que constituye el verdadero destino de la misión de Jesús y en la que éste es crucificado. Aparece citada en el Evangelio 68 veces. Los cuatro evangelistas mencionan Jerusalén como lugar en el que tienen lugar los últimos días de Jesús antes de ser crucificado, y donde tienen lugar episodios como la Purificación del Templo, la Ultima Cena, la traición de Judas, el prendimiento juicio y condena de Jesús. Mateo la menciona en su Evangelio de la Infancia con motivo del nacimiento de Jesús y de la visita de los reyes en su Evangelio de la Infancia. Lucas también en su Evangelio de la Infancia, situando en ella episodios como la circuncisión de Jesús, su presentación en el Templo con el cántico de Simeón, la profecía de Ana y también la Pascua que celebra rodeado de los sabios del Templo a los doce años de edad. Juan que, como se sabe, realiza un enfoque muy original del ministerio de Jesús, presentándolo a lo largo de tres años y no de uno como los Sinópticos, nos presenta a Jerusalén en cuatro ocasiones inéditas: la primera Pascua, una visita en la que cura al paralítico de la piscina de Betzatá, una fiesta de las Tiendas y una fiesta de la Dedicación.

EMAÚS:

Ciudad a “sesenta estadios de Jerusalén”, donde tiene lugar la que Lucas presenta como primera aparición de Jesús una vez resucitado.

Amén de todas estas ciudades, son citados en los evangelios algunas regiones y países como, por ejemplo, Egipto, mencionado en el Evangelio de Mateo y sólo en el de Mateo como lugar en el que se oculta la Sagrada Familia huyendo de la matanza de infantes ordenada por Herodes.

“La región de los gerasenos”, “frente a Galilea”, que mencionan Marcos y Lucas, no así Mateo ni Juan.

La Decápolis e Idumea, que sólo menciona Marcos.

Siria, que se menciona como tal en dos ocasiones, una por Lucas y otra por Mateo.

Galilea, que se nombra en más de sesenta ocasiones en los cuatro evangelios.

Judea, mencionada en más de treinta ocasiones también en los cuatro evangelios.

Y bien amigos, este es el repaso de las localizaciones geográficas presentes en el Evangelio. Que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.

jueves, 16 de febrero de 2017

Marcos 8,27-33: Profesión de fe de Pedro

Marcos 8,27-33 (Cf. Mt 16,13-23; Lc 9,18-22; Jn 6,64-71)
Jueves de la 6 Semana del Tiempo Ordinario, Año I

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos:
— ¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos le contestaron:
— Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas.
Él les preguntó:
— Y vosotros, ¿quién decís que soy?
Tomando la palabra Pedro le dijo:
— Tú eres el Mesías.
Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto. Y empezó a instruirlos:
— El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.
Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro:
— Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!

SOBRE EL MISMO TEMA:
Comienza el camino hacia Jerusalén
Primer anuncio de la Pasión 
Buscar en Cristo nuestra conveniencia  

Imágenes del Evangelio: 


miércoles, 15 de febrero de 2017

Marcos 8,27-33: Comienza el camino hacia Jerusalén

Marcos 8,27-33

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos:
— ¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos le contestaron:
— Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas.
Él les preguntó:
— Y vosotros, ¿quién decís que soy?
Tomando la palabra Pedro le dijo:
— Tú eres el Mesías.
Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto. Y empezó a instruirlos:
— El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.
Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro:
— Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!

— Comentario por Reflexiones Católicas  
"Comienza el camino hacia Jerusalén"

La vida de Jesús ha llegado a un recodo decisivo y crítico. Termina su presencia en el norte, en Galilea tan rica en encuentros y signos extraordinarios, y comienza el camino hacia Jerusalén No se puede ir a ella como turistas, ni como simples peregrinos; hay que ir como discípulos. Por eso es necesario confirmar la opción en favor de Jesús y estar preparados para ese camino.

El fragmento se abre con una nota geográfica: Cesarea de Filipo (v. 27). Se trata de una localidad situada en un territorio marginal, no frecuentado habitualmente por el grupo. Jesús quiso elegir un sitio aislado, alejado de las muchedumbres. Todo esto hace presagiar algo interesante. Por otra parte, el comienzo está dominado por el verbo «preguntó».

Para empezar, una pregunta general. « ¿Quién dice la gente que soy yo?»: (v. 27), que no compromete aún a los discípulos en primera persona. Sólo deben referir las opiniones de los otros. Empieza la rueda de las respuestas: Juan el Bautista, Elías, uno de los profetas.

El denominador común revela una altísima estima por Jesús. La gente le enumera entre los «grandes» que tienen una relación especial con Dios. A continuación, tras haber creado el clima favorable, y con los ánimos tranquilos Porque no están implicados directamente, llega la pregunta decisiva (v. 29).

Ha llegado el momento de pasar de la periferia de las opiniones de los otros al pensamiento personal: ahora les toca a los discípulos tomar posición.

Es Pedro quien responde en nombre de todo el grupo «Tú eres el Mesías» (v. 29). Con esta afirmación los discípulos toman posición sobre el papel y la verdadera identidad de Jesús. Esa será la respuesta que el propio Jesús dará a la autoridad judía suprema en el momento culminante de su proceso.

Aunque falta todavía la luz pascual y la respuesta sigue estando envuelta de incomprensión la opción es clara e inequívoca, porque identifica a Jesús como el enviado definitivo de Dios, como el cumplimiento de las esperanzas de liberación que han marcado la historia de Israel. Los últimos tiempos se habían caracterizado por una fuerte expectativa del Mesías, degenerando en la espera de un liberador político.

Jesús no pretende engendrar equívocos ni alimentar esa esperanza. Por eso ordena guardar silencio (v. 30), a fin de impedir un entusiasmo fácil entre la muchedumbre, que se habría imaginado al Mesías según la expectativa popular. No estaban maduros los tiempos para una comunicación. 

jueves, 9 de febrero de 2017

Marcos 7:24-30: La fe de la mujer sirofenicia

Marcos 7,24-30

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa, procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era griega, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo:
— Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos.
Pero ella replicó:
— Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños.
Él le contestó:
— Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija.
Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

— Comentario de Marcos 7:24-30
"La fe de la mujer sirofenicia"

• "Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón"

Después de una fuerte controversia con los fariseos y los escribas, Jesús salió de Galilea y se fue a tierras gentiles en la región de Tiro y de Sidón, en Fenicia, un país que ocupaba el litoral mediterráneo entre los montes del Líbano y el mar.

En la semanas siguientes, el Señor pasó bastante tiempo fuera del territorio de Israel. Primero en Fenicia (Mc 7:24), luego en Decápolis (Mc 7:31), y finalmente en Cesarea de Filipo (Mc 8:27). Este periodo resultó en un ministerio muy fructífero entre sus discípulos, que llegaron a reconocerle como "el Cristo" (Mc 8:29). A partir de ese momento, el Señor tomó el camino que le llevaría hasta Jerusalén y allí a la Cruz.

No debemos olvidar el clima de oposición que se respiraba en Galilea contra Jesús. Hacía tiempo que los líderes religiosos lo habían marcado como pecador y habían decidido destruirlo porque quebrantaba sus tradiciones y no se sujetaba a su autoridad. Salir de Galilea era una decisión acertada que evitaría un desenlace precipitado, antes de que sus discípulos hubieran logrado entender quién era realmente Jesús y el significado de su obra en la Cruz.

Viendo el contexto anterior, debemos notar también que Jesús se fue a Tiro y Sidón inmediatamente después de haber enseñado acerca de la limpieza de los alimentos (Mc 7:18-19). Esta distinción entre alimentos limpios e inmundos, era una de las razones fundamentales que impedían el trato entre judíos y gentiles.

Cuando Dios hizo estas prohibiciones en la ley tenía como propósito separar a Israel de las naciones paganas a su alrededor y, sin duda, la prohibición de comer de ciertos alimentos, dificultaría el trato social entre ambos pueblos. Cuando en el pasaje anterior Jesús enseñó que todos los alimentos eran limpios, estaba eliminando también las barreras entre judíos y gentiles.

Sin embargo, esto no era algo que iba a ocurrir inmediatamente. Tenemos que esperar a que Cristo realice la obra de la Cruz y sea anunciado el evangelio a los judíos. Más tarde, ante el reiterado rechazo de los judíos a su Mesías, entonces sí que el evangelio sería llevado a los gentiles. Esto tuvo lugar por primera vez en casa de Cornelio (Hch 10); entonces, Dios tiene que repetir a Pedro ciertas verdades que ya se desprendían de estos pasajes: que Dios había limpiado todos los alimentos (Hch 10:15), y que por lo tanto, también podía entrar en la casa de un extranjero (Hch 10:28).

Podemos decir que otro de los propósitos de Jesús al ir a la región de Tiro y Sidón era el de ilustrar de forma práctica las implicaciones de lo que acababa de decir, preparando así a sus discípulos para su ministerio futuro en relación con los gentiles. Aunque esto sólo podría comenzar una vez que los judíos se hubieran "saciado", lo que parecía que ya estaba empezando a ocurrir tal como manifestaba el creciente rechazo hacia Jesús.

• "Una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo... le rogaba"

El evangelista nos dice que el Señor intentaba pasar desapercibido en la región. La razón para que el Señor no quisiera que se supiera de su estancia allí, tendría que ver seguramente con su propósito de descansar e instruir a sus discípulos lejos del agobio constante de las multitudes.

Pero también, por que como más adelante va a señalar, no había llegado todavía el tiempo de abrir plenamente la puerta a los gentiles en tanto que los judíos no se hubieran saciado. Sin embargo, todos sus esfuerzos por esconderse resultaron inútiles, porque su fama se había extendido en este territorio pagano, y una mujer escuchó de su presencia y fue hasta donde estaba.

Sobre esta mujer no sabemos casi nada, porque como ya nos tiene acostumbrados Marcos, él omite cualquier detalle que no tenga relevancia para el fin que persigue. Sin embargo, sí nos dice que era una mujer griega y sirofenicia de nación, es decir, que era fenicia y que hablaba griego. Por lo tanto, desde el punto de vista judío, era una pagana, o tal como Mateo la describe, "una mujer cananea" (Mt 15:22).

• "Y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio"

Otro detalle que Marcos nos proporciona es que tenía una hija endemoniada. Ella vino a Jesús pidiéndole ayuda porque lo que más amaba en el mundo estaba bajo el control del diablo.
Observemos también que la mujer no estaba rogando por sí misma, sino para conseguir una bendición a favor de su hija, dándonos un buen ejemplo de lo que debe ser la obra de intercesión que los padres debemos llevar a cabo por nuestros hijos.

Percibimos su insistencia y constancia en sus ruegos. Según Mateo, ella seguía a Jesús y sus discípulos dando voces, lo que llegó a ser del desagrado de los discípulos (Mt 15:23). Pero esta insistencia no surgía únicamente por el dolor y la ansiedad que sentía por el estado de su hija, sino que también manifestaba una fe sólida en el Señor Jesús, y por supuesto, una intercesión tan ferviente no había de quedar sin contestación.

• "Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos"

Cualquier judío conocía la historia de Israel y los problemas que los cananeos les habían causado desde los días de Josué. Además, la ley judía separaba a los judíos de los gentiles. En el mismo templo se levantaba un gran muro para evitar que los gentiles entraran en los atrios de los judíos, avisando de la pena de muerte en el caso de que lo hicieran.

¿Derribaría Jesús esta pared de separación intermedia y eliminaría la distancia espiritual que había entre judíos y gentiles? Pablo dijo años después que por medio de su obra en la cruz, Cristo había conseguido precisamente eso (Ef 2:11-22). Ahora veremos que en su trato con esta mujer cananea ya anticipó el deseo del corazón del Señor de bendecir a los gentiles por el Evangelio y recogerlos en un solo redil junto a los judíos (Jn 10:16). Nunca fue el deseo de Dios que sus bendiciones quedaran limitadas sólo a los judíos, y notemos cómo Jesús dejó entreabierta esta puerta cuando le dijo a la mujer "deja primero que se sacien los hijos".

Pero aunque Jesús era el salvador universal, esta salvación debía producirse sobre la base de un orden riguroso: los judíos primero y después los gentiles. Pablo trató en Romanos la prioridad que concernía a Israel en el plan universal de salvación: "Al judío primeramente, y también al griego" (Ro 1:16). Y Cristo, en su ministerio terrenal se limitó principalmente a ser "siervo de la circuncisión, para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres" (Ro 15:8).

Y lo mismo mandó a sus discípulos cuando los envió a predicar: (Mt 10:5-6) "A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel".

Cuando consideramos estos principios establecidos por las Escrituras, podemos entender la contestación del Señor a la mujer, que si bien parecía un tanto dura, definía correctamente la posición de los gentiles frente al Reino de Dios antes de la Cruz.

Como explica el apóstol Pablo a los efesios, "los gentiles estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo" (Ef 2:12-13).

• "No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos"

En un principio, la respuesta del Señor podía parecer de los más descorazonadora. Jesús usa una ilustración para explicar la situación a la mujer: Los "hijos", en referencia a los israelitas, eran los que estaban sentados a la mesa y tenían el privilegio de disfrutar del ministerio terrenal del Señor. Los "perrillos" eran por lo tanto los gentiles, quienes aún no habían sido admitidos al regio festín.

Por lo tanto, Jesús se estaba refiriendo a la "hijita" de esta mujer como un "perrillo". ¿No podía ser interpretado esto como algo ofensivo? Es cierto que los judíos se referían despectivamente a los gentiles como "perros". Pero Jesús usó un diminutivo, "perrillos", seguramente en sentido cariñoso. Y así lo debió entender la mujer, porque no sólo no se sintió ofendida ni desechada por ello, sino que en la forma en que se lo dijo Jesús, encontró fuerzas para seguir haciendo su petición.

• "Pero aun los perrillos debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos"

La mujer entendió y aceptó sin quejas ni disputas la posición de precedencia que el pueblo judío tenía frente a los pactos y promesas de Dios. Así que, en lugar de enojarse por las palabras de Cristo, vio en ellas una puerta abierta para volver a presentar su súplica a favor de su hija.

En cualquier caso, no deja de asombrarnos que esta mujer suplicaba por unas migajas de pan, mientras que los judíos rechazaban el verdadero pan que había descendido del cielo (Jn 6:35-36).

En este punto podemos preguntarnos por qué el Señor mostró una aparente falta de disposición para atender a esta mujer inmediatamente. Porque es evidente que en esta ocasión Jesús se hizo de rogar mucho más que en el resto de los casos en que las personas necesitadas venían a él en busca de ayuda.

Lo que podemos apreciar, es que éste fue el medio por el que el Señor sacó a relucir la fe de esta mujer gentil, que contrastaba fuertemente con la maldad de los judíos, que a pesar de la luz que tenían, seguían siendo duros y rebeldes. Pero no sólo de los judíos rebeldes, sino también de los propios discípulos. Notemos que el Señor sigue usando el pan en sus ilustraciones, y en esta ocasión, una mujer pagana logra entender que unas migajas de ese pan pueden satisfacer plenamente todas sus necesidades espirituales. Por contraste, los discípulos, después de haber presenciado cómo el Señor multiplicaba unos pocos panes para dar de comer a una multitud de judíos, todavía no lograban entender el significado de este milagro porque sus corazones estaban endurecidos (Mc 6:52).

Por lo tanto, podemos apreciar la fe de esta mujer como una auténtica joya, de hecho, una joya casi única. Sin apenas evidencias, el concepto tan elevado que esta mujer tenía de la provisión de la gracia del Señor, nos deja admirados.

Por la narración de Mateo sabemos que el Señor quedó maravillado ante semejante fe en una mujer gentil: (Mt 15:28) "¡Oh mujer!, ¡grande es tu fe!". Ella había captado correctamente el corazón de Dios.

• "Entonces le dijo: Por esta palabra, vé; el demonio ha salido de tu hija"

El pasaje nos ha mostrado que los gentiles desde lo profundo de sus corazones clamaban a Dios. Por lo tanto, aunque Cristo se dirigía a los judíos, de ninguna forma les estaba ofreciendo exclusividad.

Fue la fe de la mujer la que logró eliminar todas las barreras para llegar al corazón mismo de Dios. Este es un claro ejemplo del hecho de que ningún alma hambrienta y humilde, que se acerca a la mesa abundante del Señor quedará sin saciar. Pero es necesaria la fe.

El Señor sanó a la niña a distancia, por medio de su palabra. Esto sirvió para que la mujer mostrara nuevamente la calidad de su fe: con una plena confianza en la palabra del Señor, regresó a su casa. Y por supuesto, su fe no fue defraudada, sino que cuando llegó, comprobó que efectivamente una migaja de la mesa del Señor había sido suficiente provisión para su gran necesidad.

Así que, si una mujer pagana usó el poco conocimiento que tenía del Señor con tantos resultados, ¿cuánto más se requiere de nosotros que hemos recibido privilegios mucho mayores?

— Conclusiones

Al terminar este estudio podemos reflexionar sobre cuáles son los requisitos para conseguir estas "migajas" del Señor.

- Una comprensión adecuada tanto del poder como del amor del Señor.
- Insistencia en la oración.
- Y sobre todo, una fe capaz de vencer todas las pruebas.

Este incidente nos trae a la memoria también a otra mujer necesitada que vivió en "Sarepta de Sidón" en los tiempos del profeta Elías. El relato lo podemos encontrar en (1 R 17:8-16) y nos recuerda cómo Elías fue enviado a aquella región después de anunciar una gran sequía sobre Israel como juicio de Dios por haber rechazado su palabra. En cambio, aquella mujer gentil confió en la palabra del profeta y no le faltó el pan durante todo el tiempo en que Israel pasaba hambre.