Mostrando entradas con la etiqueta Llamada. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Llamada. Mostrar todas las entradas

jueves, 25 de mayo de 2023

Juan 21:15-19: Diálogo de Jesús con Pedro

Juan 21:15-19

Cuando terminaron de desayunar, Jesús le preguntó a Simón Pedro:
—Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?
—Sí, Señor, tú sabes que te quiero —contestó Pedro.
—Apacienta mis corderos —le dijo Jesús.
Y volvió a preguntarle:
—Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
—Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
—Cuida de mis ovejas.
Por tercera vez Jesús le preguntó:
—Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?
A Pedro le dolió que por tercera vez Jesús le hubiera preguntado: «¿Me quieres?» Así que le dijo:
—Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.
—Apacienta mis ovejas —le dijo Jesús—. De veras te aseguro que cuando eras más joven te vestías tú mismo e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos y otro te vestirá y te llevará adonde no quieras ir.
Esto dijo Jesús para dar a entender la clase de muerte con que Pedro glorificaría a Dios. Después de eso añadió:
—¡Sígueme!"

SOBRE EL MISMO TEMA:

miércoles, 30 de noviembre de 2022

Mateo 4,12-23: Dios ha aceptado nuestros límites, por M. Dolors Gaja, MN


Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que habla dicho el profeta Isaías: "País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló." Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: "Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos." [Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: "Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres." Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.]

- Comentario por M. Dolors Gaja, MN

A modo de introducción:

Los primeros versículos parecen no decirnos mucho: nos sitúan temporalmente (después de que Juan fuera apresado) y geográficamente, aludiendo a la “pagana” Galilea como lugar de cumplimiento de las profecías, como lugar de Luz.

Y sin embargo ¡cuánto dicen! Porque nos sitúan al Hijo de Dios encarnado en un tiempo y unos acontecimientos históricos, nos lo sitúan en un espacio, una población concreta. Aluden, en definitiva, a la encarnación: Dios ha aceptado nuestros límites.

Y esos límites, la Galilea de los gentiles, son tierras de penumbra donde amanece la Luz. También nuestros límites pueden alumbrarse, iluminarse. Somos barro, pero somos gloria de Dios. Tenemos, a menudo, el corazón paganizado y, por eso mismo, somos sujetos de evangelización.

El imperativo de Jesús

La primera palabra de Jesús que el evangelista recoge es un programa de vida: Convertíos. Y Jesús nos da la razón de esa urgencia: el Reino de los Cielos ha llegado. Todo lo que anhelamos, todo aquello, y sobre todo, Aquel, que nuestro corazón espera está ya entre nosotros. No hace falta buscar más, no hace falta esperar más. Sólo girarse para ver.

Hoy el evangelio hace que nos preguntemos: ¿de qué tengo que convertirme? Y ¿a qué tengo que convertirme? Me parece importante el doble uso  de la preposición de/a. Porque quizá tengo que dejar atrás ciertas actitudes, darle la espalda…y seguramente tengo que ir hacia otras, abrazar nuevos criterios.

Pregúntate: ¿de qué debería despedirme? ¿qué debería abrazar en mi vida?

Los primeros discípulos

Preciosa la escena de la vocación de los cuatro primeros discípulos, dos parejas de hermanos. De entrada, eso ya dice mucho de las familias respectivas pues fueron capaces de moldear el corazón de sus hijos con anhelos de trascendencia, con altos ideales y corazón generoso. El relato sigue el mismo esquema en las dos llamadas:

Jesús pasa. Y pasa por mi vida también y me mira. “El mirar de Dios es amor” decía San Juan de la Cruz. ¿Siento sobre mi la mirada  amorosa de Jesús? ¿He experimentado que, aún cuando yo no mira a Jesús, que soy mirado amorosamente por Él?

Pasa en mi vida cotidiana. Nazaret es el paso de Dios en el día a día, en la oficina, los hospitales, las ollas y pucheros, las calles que barro…La llamada de Jesús viene en medio de la tarea diaria. Los cuatro hermanos eran pescadores y estaban pescando cuando oyeron la llamada de Jesús. ¿el trabajo me abruma y supone fuente de “ruido” que me impide el silencio interior o sé leer en el día a día los mensajes de Dios?

Venid conmigo. Jesús me llama para estar con Él, para vivir a su lado, para tener una profunda comunión con quien es fuente de vida: Dios. Quiere comunicarme su plenitud, sólo necesita que vaya con Él. Y una vez en Él, me envía a la misión. Porque me llama siempre en bien de la comunidad. Sea cual sea mi vocación, si la vivo desde la fe, es una vida en bien de los otros.

Al instante. La evangelización necesita ante todo corazones generosos. Nada más alejado de Dios que el “cálculo”. En el momento en que uno siente que es llamado a un servicio, una entrega, una consagración…todo va a depender de la generosidad del corazón. Los apóstoles dejaron las redes, dejaron cuanto les ataba. Quizá yo tenga también que romper alguna red.

La coletilla final

Una vez iniciado el grupo Jesús sigue su tarea. El evangelista la resume con tres verbos: enseñar, proclamar y curar. Seguir a Jesús es ir por la vida enseñando la felicidad de ser cristiano, proclamando nuestra fe con nuestra vida y curando los corazones doloridos que a veces me encuentro en el camino. Todo un programa de vida.

domingo, 30 de octubre de 2022

Marcos 2,13-17: Jesús llama a Leví, el cobrador de impuestos

Marcos 2,13-17
Sábado de la 1 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él y les enseñaba. Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: "Sígueme". Se levantó y lo siguió. Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían, un grupo de recaudadores y otra gente de mala fama se sentaron con Jesús y sus discípulos. Algunos letrados fariseos, al ver que comía con recaudadores y otra gente de mala fama, les dijeron a los discípulos: "¡De modo que come con recaudadores y pecadores!"Jesús lo oyó y les dijo: "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar justos, sino pecadores".

SOBRE EL MISMO TEMA:

domingo, 10 de julio de 2022

Isaías 6,1-13: Vocación de Isaías

Isaías 6,1-13:
Vocación de Isaías


1 El año de la muerte del rey Ozías vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: 
   el borde de su manto llenaba el templo. 
2 Por encima de él había serafines erguidos, con seis alas cada uno: con dos alas se cubrían el rostro, 
   con dos alas se cubrían el cuerpo, con dos alas volaban. 
3 Y se gritaban el uno al otro: ¡Santo, santo, santo, el Señor Todopoderoso, 
   la tierra está llena de su gloria! 
4 Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. 
5 Yo dije: ¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros que habito en medio de un pueblo 
    de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor Todopoderoso. 
6 Y voló hacia mí uno de los serafines con un carbón encendido en la mano, 
   que había retirado del altar con unas tenazas; 
7 lo aplicó a mi boca y me dijo: Mira: esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, 
   está perdonado tu pecado.
8 Entonces escuché la voz del Señor, que decía: –¿A quién mandaré?, ¿quién irá de nuestra parte? 
   Contesté: –Aquí estoy, mándame. 
9 Él replicó: –Anda y dile a ese pueblo: Escuchen con sus oídos, pero sin entender; 
   miren con sus ojos, pero sin comprender. 
10 Entorpece el corazón de ese pueblo, endurece su oído, ciega sus ojos: que sus ojos no vean, 
     que sus oídos no oigan, que su corazón no entienda, que no se convierta y sane. 
11 Pregunté: –¿Hasta cuándo, Señor? Y me contestó: –Hasta que se desmoronen las ciudades 
     despobladas y las casas deshabitadas, y queden los campos desolados. 
12 Porque el Señor alejará a los hombres, y crecerá el abandono en el país. 
13 Y aunque queden en él uno de cada diez, de nuevo será barrido; como la encina o el roble que, 
     al cortarlos, sólo dejan un tronco. Este tronco será semilla santa.

sábado, 25 de junio de 2022

1 Reyes 19,19-21: La vocación de Eliseo

1 Reyes 19,19-21


19 Elías partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando. 
     Delante de él había doce yuntas de bueyes, y él iba con la última. 
     Elías pasó cerca de él y le echó encima su manto.
20 Eliseo dejó sus bueyes, corrió detrás de Elías y dijo: 
     "Déjame besar a mi padre y a mi madre; luego te seguiré". 
     Elías le respondió: "Sí, puedes ir. ¿Qué hice yo para impedírtelo?"
21 Eliseo dio media vuelta, tomó la yunta de bueyes y los inmoló. 
     Luego, con los arneses de los bueyes, asó la carne y se la dio a su gente para que comieran. 
     Después partió, fue detrás de Elías y se puso a su servicio.

Isaías 61,1-11: Misión del proteta

Misión del profeta

1 El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. 
   Me ha enviado para dar una buena noticia a los que sufren, 
   para vendar  los corazones desgarrados, para proclamar la liberación a los cautivos 
   y a los prisioneros la libertad, 
2 para proclamar  el año de gracia del Señor, el día del desquite de nuestro Dios; 
   para consolar a los afligidos; 
3 para cambiar su ceniza en corona, su luto en perfume de fiesta, su abatimiento en traje de gala.
   Los llamarán Robles del Justo, plantados por el Señor, para su gloria.

Restauración

4 Reconstruirán las viejas ruinas, levantarán los antiguos escombros; 
   renovarán las ciudades en ruinas, los escombros  de muchas generaciones. 
5 Se presentarán extranjeros a pastorear sus rebaños, y forasteros serán sus labradores y viñadores. 
6 Ustedes se llamarán Sacerdotes del Señor, dirán de ustedes: Ministros de nuestro Dios. 
   Comerán la opulencia de los pueblos, y tomarán posesión de sus riquezas. 
7 A cambio de su vergüenza e insultos, ellos obtendrán una porción doble;
   poseerán el doble en su país, y gozarán de alegría perpetua. 
8 Porque yo, el Señor, amo la justicia, detesto la rapiña y el crimen. 
   Les daré su salario fielmente y haré con ellos una alianza perpetua. 


9 Su descendencia  será célebre entre las naciones, y sus vástagos entre los pueblos. 
   Quienes los vean reconocerán que son la descendencia que bendijo el Señor. 
10 Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: 
     porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, 
     como novio que se pone la corona o novia que se adorna con sus joyas.
11Como el suelo echa sus brotes, como un jardín  hace germinar sus semillas, 
    así el Señor hará brotar la justicia y su fama frente a todos los pueblos.


jueves, 24 de junio de 2021

Carta de San Pablo a los Gálatas 1,10-17: La elección de Pablo

1,10-17: La elección de Pablo

10 ¿Acaso yo busco la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿Piensan que quiero congraciarme 
     con los hombres? Si quisiera quedar bien con los hombres, no sería servidor de Cristo. 
11 Quiero que sepan, hermanos, que la Buena Noticia que les prediqué no es cosa de los hombres, 
     porque 
12 yo no la recibí ni aprendí de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo. 
13 Seguramente ustedes oyeron hablar de mi conducta anterior en el Judaísmo: 
     cómo perseguía con furor a la Iglesia de Dios y la arrasaba, 
14 y cómo aventajaba en el Judaísmo a muchos compatriotas de mi edad, 
     en mi exceso de celo por las tradiciones paternas. 
15 Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por medio de su gracia, 
     se complació 
16 en revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos, de inmediato, 
     sin consultar a ningún hombre 
17 y sin subir a Jerusalén para ver a los que eran Apóstoles antes que yo, me fui a Arabia y después 
     regresé a Damasco.

lunes, 13 de enero de 2020

Marcos 1,14-20: Los primeros discípulos

Marcos 1,14-20
Lunes de la 1 Semana del Tiempo Ordinario, Año 1 y 2
Domingo de la 3 Semana del Tiempo Ordinario, Ciclo B

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: "Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios; convertíos y creed la Buena Noticia". Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: "Venid conmigo y os haré pescadores de hombres". Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo del Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

Alternativa al sinsentido e inhumanidad
La voz no será silenciada 

martes, 14 de agosto de 2018

Lucas 18,18-23: El hombre rico

Lucas 18,18-23: El hombre rico
Cf. Mt 19,16-22; Mc 10,17-22   

18:18 Un hombre importante le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?"
18:19 Jesús le dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno.
18:20 Tú conoces los mandamientos: No cometerás adulterio, no darás falso testimonio,
18:21 El hombre le respondió: "Todo esto lo he cumplido desde mi juventud".
18:22 Al oírlo, Jesús le dijo: "Una cosa te falta todavía: vende todo lo que tienes y distribúyelo entre los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Después ven y sígueme".
18:23 Al oír estas palabras, el hombre se entristeció, porque era muy rico.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Mateo: 4,18-23: Los primeros discípulos

Los primeros discípulos
Cf. Marcos 1,16-20; Lucas 5,1-11

4:18 Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores.
4:19 Entonces les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres".
4:20 Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.
4:21 Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó.
4:22 Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.

La actividad de Jesús en Galilea
Marcos 1,35-39; Lucas 4,42-44

4:23 Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente.
4:24 Su fama se extendió por toda la Siria, y le llevaban a todos los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, y él los curaba.
4:25 Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania.

SOBRE EL MISMO TEMA:
Dios ha aceptado nuestros límites  

martes, 11 de julio de 2017

Mt 10,1-7: También nosotros hemos sido ovejas sin pastor

Mt 10,1-7  

10 1 Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia.
2 Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan;
3 Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo;
4 Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el que le entregó.
5 A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos;
6 dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
7 Yendo proclamad que el Reino de los Cielos está cerca.

— Comentario por Reflexiones Católicas
"También nosotros hemos sido ovejas sin pastor"

El evangelio no nos comunica, en primer lugar, las enseñanzas de Jesús, sino a él mismo, a su persona: al escuchar la Palabra, escuchamos su corazón. En este fragmento le hemos seguido en su camino a lo largo de las calzadas de los hombres y hemos captado su mirada posándose sobre las multitudes, con una compasión infinita.

Jesús conoce las penas, las fatigas, las esperanzas de cada uno de ellos... Su mirada se vuelve después hacia sus discípulos, a nosotros, para invitarnos a compartir su mismo amor por el hombre.

Jesús nos confía el anhelo de su corazón y nos confía el doble mandato de la oración y de la misión; condición necesaria para ambas es la pobreza del corazón, compuesta de gratitud y de gratuidad.

También nosotros hemos sido «ovejas sin pastor»: el Señor ha podido alcanzarnos, cuidarnos, señalarnos el camino de la vida que desemboca en la alegría eterna. Pero quedan muchos hermanos nuestros que vagan todavía sin meta, buscando en vano el consuelo y la felicidad..., y a ellos quiere llegar Jesús a través de los «suyos», es decir, a través de nosotros.

Cada uno de nosotros puede convertirse, con la gracia de Dios, en obrero de su mies; Jesús nos llama junto a sí a cada uno de nosotros, como a los apóstoles, para enviarnos lejos, a distancias que no se miden en kilómetros. ¡Qué lejos puede estar nuestro ambiente de trabajo del Señor!

Sin embargo, él quiere hacernos conscientes de que hemos sido enviados a proponer, no a conquistar. Puede suceder que lo demos todo —por lo demás, todo nos había venido de él— y que veamos frustrada nuestra obra. El fracaso no debe detener al discípulo, sino volver a ponerle en camino: la paz de Cristo que lleva a los hermanos le acompañará enseñándole en su intimidad la sabiduría (cf. 50,8) para hacerle cada vez más sagaz y, al mismo tiempo, sencillo.

Jesús, nuestra Misericordia, has venido, como buen pastor, a buscar en cada uno de nosotros a la humanidad perdida, para llevarla de nuevo al redil del Padre. Tú, que siempre intercedes en nuestro favor, sostén nuestra oración y nuestra misión. Haznos obreros incansables del bien, portadores de paz, capaces de recorrer los caminos del hombre y de dejar en todos ellos una huella de luz: el testimonio del amor del Padre.

Escuchemos lo que manda el Señor a aquellos a quienes envía a predicar: «Id anunciando que está llegando el Reino de los Cielos» (Mt 10,7).

Antes del envío, dio a los santos predicadores el poder de hacer milagros, a fin de que aquellos que predicaban cosas nuevas realizaran también cosas extraordinarias, como se añade de inmediato: «Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, expulsad a los demonios» (Mt 10,8). Los milagros visibles resplandecen para atraer los corazones de aquellos que los admiran a la fe en las cosas invisibles, mucho más admirables.

Tras haber concedido la autoridad de la predicación y la facultad de avalarla con los milagros, dice: «Gratis lo recibisteis, dadlo gratis» (Mt 10,8). Preveía, en efecto, que algunos habrían de intentar usar los carismas recibidos del Espíritu Santo con fines de lucro y habrían de reducir la virtud de hacer milagros a instrumento de avaricia.

Hay algunos que, aunque no reciben premios en dinero, buscan, no obstante, la retribución de la alabanza humana. Estos no dan gratis lo que han recibido de manera gratuita, puesto que intentan recabar de un ministerio sagrado el precio de la alabanza. Por eso, el profeta, pretendiendo describir al hombre justo, dice muy bien de él que «sacude de sus manos todo regalo» (Is 33,15).

Nótese que no dice sólo que sacude de sus manos «el regalo», sino «todo regalo», porque hay varios regalos: está el regalo del obsequio, el regalo de mano, el regalo de lengua. El regalo del obsequio consiste en la búsqueda del poder; el regalo de mano es el dinero; el regalo de lengua es la alabanza.
Ahora bien, vosotros, el bien que os hacéis recíprocamente, hacedlo de manera gratuita. Haced siempre el bien pero no lo hagáis nunca para obtener una retribución temporal.

El tiempo pasa veloz. Preparémonos enseguida a presentarnos ante Dios ricos de buenas obras, con la ayuda de nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos.

Mt 10,1-7: los obreros de la mies no son los ángeles, sino los discípulos

Mt 10,1-7  

10 1 Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia.
2 Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan;
3 Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo;
4 Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el que le entregó.
5 A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos;
6 dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
7 Yendo proclamad que el Reino de los Cielos está cerca.

— Comentario por Reflexiones Católicas
"Los obreros de la mies no son los ángeles, sino los discípulos"

En nuestros días, es importante que el corazón entre en esta dinámica de llamada. Jesús nos llama por nuestro nombre. Para él, yo también soy único e irrepetible. Me conoce y me ama desde siempre.

Su proyecto de salvación no consiste sólo en sacarme fuera de la falsedad de una vida centrada en intereses de corto alcance, sino que quiere hacer de mí nada menos que un instrumento de su salvación.

Lo que importa es creer que él me da su poder y, en su nombre, puedo llegar a ser luz para los hermanos con tal de que permanezca en contacto con él mediante una fuerte oración y mi corazón esté orientado a él y a los intereses del Reino.

La sección del evangelio dedicada a los prodigios de poder se cierra con un breve resumen que introduce el discurso apostólico. Los vv. 35-38, sin embargo, no sirven simplemente de transición: se recoge casi al pie de la letra el fragmento que precedía al sermón de la montaña, para indicar que la enseñanza y la actividad terapéutica de Jesús van estrechamente unidas.

Ambas brotan, en efecto, de su compasión por las muchedumbres necesitadas de guía y de cuidados como un rebaño desbandado. Jesús conoce el corazón del Padre, invocado como Pastor de Israel en el Primer Testamento, y él mismo es el Mesías-Pastor enviado a cuidar de las ovejas dispersas (Ez 34,23).

Jesús asocia a esta imagen la de la mies, que en los textos apocalípticos se refiere a los últimos tiempos (Mt 13,39b; Ap 14,14-16). Sin embargo, introduce un elemento nuevo en la simbología de costumbre: los obreros de la mies no son los ángeles, sino los discípulos. Su colaboración resulta, por tanto, esencial en el plan divino de salvación, y la comunidad cristiana debe elevar al Padre una oración suplicante, a fin de que suscite esos obreros en todos los tiempos.

Los apóstoles tienen un papel particular; por eso presenta Mateo la lista de los mismos después de haber hablado del poder que Jesús les ha conferido, a fin de que puedan compartir su misión. El evangelista recoge después, en un discurso que ocupa todo el capítulo 10, las instrucciones de Jesús a los discípulos relacionadas con su mandato.

Podemos identificar los ejes principales: el primer anuncio va dirigido al pueblo elegido (v. 6; cf. Hch 13,46); la grandeza del don recibido debe impulsar a los enviados a una entrega incondicionada (v. 8b) y a una confianza plena en la Providencia, con un estilo de pobreza y sencillez (vv. 9-1 1); el misionero lleva la paz, pero este bien puede ser desconocido o rechazado (vv. 13-16); la conciencia de la hostilidad no debe ser un freno para el enviado, sino que tiene que inducirle a moverse de manera prudente en las situaciones difíciles y a superarlas siempre con el corazón limpio.

lunes, 26 de junio de 2017

Génesis 12,1-9: Ni horóscopos ni adivinos, el cristiano no sabe dónde va pues “es guiado”

Génesis 12,1-9

En aquellos días, el Señor dijo a Abrán: «Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y será una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo.» Abrán marchó, como le había dicho el Señor, y con él marchó Lot. Abran tenía setenta y cinco años cuando salió de Harán. Abrán llevó consigo a Saray, su mujer, a Lot, su sobrino, todo lo que había adquirido y todos los esclavos que había ganado en Harán. Salieron en dirección de Canaán y llegaron a la tierra de Canaán. Abrán atravesó el país hasta la región de Siquén, hasta la encina de Moré. En aquel tiempo habitaban allí los cananeos. El Señor se apareció a Abrán y le dijo: «A tu descendencia le daré esta tierra.» Él construyó allí un altar en honor del Señor, que se le había aparecido. Desde allí continuó hacia las montañas al este de Betel, y plantó allí su tienda, con Betel a poniente y Ay a levante; construyó allí un altar al Señor e invocó el nombre del Señor. Abrán se trasladó por etapas al Negueb.

— Comentario por el papa Francisco
Ni horóscopos ni adivinos, el cristiano no sabe dónde va pues “es guiado”

Este lunes el papa Francisco advirtió durante su homilía en la Casa Santa Marta que un cristiano “que está parado” no es un “verdadero cristiano” y avisó del peligro de “instalarse demasiado” en vez de “fiarse de Dios”.

El Santo Padre habló del “estilo de vida cristiana” explicando la figura de Abraham y que consideró que se estructura en tres puntos: “despojarse”, “promesa” y “bendición”.

Francisco indicó que “ser cristiano lleva siempre esta dimensión de despojarse que encuentra su plenitud en el despojarse de Jesús en la Cruz. Siempre hay un ‘ir’, ‘deja’, para dar el primer paso: ‘deja y vete de tu tierra, de tu parentela, de la casa de tu padre’. Si hacemos un poco de memoria veremos que en los evangelios la vocación de los discípulos es un ‘ve’, ‘deja’, ‘ven’”.
De este modo, agregó el Papa, los cristianos deben tener “la capacidad” de ser despojados porque si no se dejan “despojar y crucificar con Jesús”, no son cristianos auténticos.

— Caminamos hacia una promesa

“El cristiano no tiene el horóscopo para ver el futuro; no va al adivino que tiene la bola de cristal, o a que le lean la mano. No, no. No sabe dónde va. Es guiado. Y esto es como una primera dimensión de nuestra vida cristiana: el despojarse”, añadió.

“¿Pero despojarse para qué? Para ir hacia una promesa. Y esta es la segunda. Somos hombres y mujeres que caminamos hacia una promesa, hacia un encuentro, hacia algo que debemos recibir en herencia”.

Por todo ello, Francisco recordó que Abraham se “fía de Dios”, y “siempre está en camino”. “El camino comienza todos los días desde la mañana; el camino de fiarse del Señor, el camino abierto a las sorpresas del Señor, muchas veces no son buenas, son feas. Pensemos en una enfermedad, en una muerte. Pero es un camino abierto porque yo sé que Tú me llevarás a un lugar seguro, a una tierra que has preparado para mí: el hombre en camino, el hombre que vive en una tienda, una tienda espiritual”.

— El cristiano "bendice"

Del mismo modo, Francisco también aviso de que cuando el alma “se sistema demasiado, se instala demasiado, pierde esa dimensión de ir hacia la promesa y en lugar de caminar hacia la promesa, lleva la promesa y posee la promesa, y esto no funciona, no es cristiano”.

El tercer punto es la “bendición”. El cristiano “bendice”, es decir, “dice bien de Dios y dice bien de los otros” y “se hace bendecir por Dios y por los demás”. Y este es el esquema “de nuestra vida cristiana”, porque todos “debemos bendecir a los otros, ‘decir bien de los demás’ y ‘decir bien a Dios de los demás’.

Francisco también advirtió de que estamos acostumbrados “a no decir bien” del prójimo cuando “la lengua se mueve un poco como quiere”, en lugar de seguir a “nuestro Padre”.

Génesis 12,1-9: La llamada del Señor

Génesis 12,1-9
Lunes de la 12 Semana del Tiempo Ordinario, Año I

En aquellos días, el Señor dijo a Abrán: «Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y será una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo.» Abrán marchó, como le había dicho el Señor, y con él marchó Lot. Abran tenía setenta y cinco años cuando salió de Harán. Abrán llevó consigo a Saray, su mujer, a Lot, su sobrino, todo lo que había adquirido y todos los esclavos que había ganado en Harán. Salieron en dirección de Canaán y llegaron a la tierra de Canaán. Abrán atravesó el país hasta la región de Siquén, hasta la encina de Moré. En aquel tiempo habitaban allí los cananeos. El Señor se apareció a Abrán y le dijo: «A tu descendencia le daré esta tierra.» Él construyó allí un altar en honor del Señor, que se le había aparecido. Desde allí continuó hacia las montañas al este de Betel, y plantó allí su tienda, con Betel a poniente y Ay a levante; construyó allí un altar al Señor e invocó el nombre del Señor. Abrán se trasladó por etapas al Negueb.

SOBRE EL MISMO TEMA:  
El cristiano no sabe dónde va pues “es guiado”

jueves, 16 de febrero de 2017

Marcos 8,27-33: Primer anuncio de la Pasión

Marcos 8,27-33  

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos:
— ¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos le contestaron:
— Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas.
Él les preguntó:
— Y vosotros, ¿quién decís que soy?
Tomando la palabra Pedro le dijo:
— Tú eres el Mesías.
Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto. Y empezó a instruirlos:
— El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.
Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro:
— Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!

— Comentario por Reflexiones Católicas
"Primer anuncio de la Pasión"

Jesús comienza una catequesis particular dirigida a sus discípulos para iniciarlos en la comprensión correcta de su persona y de su misión de Mesías. Encontramos aquí el primero de los tres anuncios de la Pasión (y de la resurrección) que acompasan el camino hacia Jerusalén.

El Nazareno indica «con toda claridad» cómo entiende la función de Mesías: ofrecer la vida, aceptando partir y morir. Sin embargo, el final será la gloria de la resurrección.

El anuncio provoca una reacción inmediata y crea enseguida un foso entre la alegre confesión recién hecha y la nueva actitud de cierre (v.32b). No resulta fácil comprender al Maestro y todavía va a resultar menos fácil seguirle por el camino que piensa abrir.

La protesta de Pedro nace de la primera parte del anuncio, en la que Jesús hace referencia a su pasión y su muerte. Su reacción, un claro rechazo, está motivada por el deseo de ahorrar a Jesús el sufrimiento y la muerte. Sin darse cuenta le está haciendo el juego a Satanás y se está alineando con todos los que querían un Mesías triunfal, cargado de gloria y de éxito.

Jesús regaña de una manera áspera a Pedro y le ordena «ponerse detrás» (v. 33). La expresión suena dura; sin embargo, tiene la suavidad de una invitación, como si Jesús le dijera a Pedro: «¡Sígueme!». 

viernes, 12 de agosto de 2016

Mateo 19,3-12: Indisolubilidad matrimonial

Mateo 19,3-12

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba:
— ¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo?
Él les respondió:
— ¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer?
Y dijo:
— Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.
Ellos insistieron:
— ¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse?
Él les contestó:
— Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero, al principio, no era así. Ahora os digo yo que, si uno se divorcia de su mujer –no hablo de impureza– y se casa con otra, comete adulterio.
Los discípulos le replicaron:
— Si ésa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse.
Pero él les dijo:
— No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el reino de los cielos. El que pueda con esto, que lo haga.

— Comentario por la Orden Carmelitana

• Contexto:

Hasta el cap. 18, Mateo ha mostrado cómo los discursos de Jesús han marcado las varias fases de la constitución y formación progresivas de la comunidad de los discípulos en torno a su Maestro. Ahora, en 19,1, este pequeño grupo se aleja de las tierras de Galilea y llega al territorio de Judea.

La llamada de Jesús, que ha atraído a sus discípulos, sigue avanzando hasta la elección definitiva: la acogida o el rechazo de la persona de Jesús. Esta fase tiene lugar a lo largo del camino que lleva a Jerusalén (cap.19-20) y al templo, después de llegar finalmente a la ciudad (cap.21-23).

Todos los encuentros que Jesús efectúa en estos capítulos tienen lugar a lo largo del recorrido de Galilea a Jerusalén.

• El encuentro con los fariseos: 

Al pasar por la Transjordania (19,1) tiene Jesús el primer encuentro con los fariseos, y el tema de la discusión de Jesús con ellos es motivo de reflexión para el grupo de los discípulos. La pregunta de los fariseos se refiere al divorcio y de manera particular pone a Jesús en apuros acerca del amor dentro del matrimonio, que es la realidad más sólida y estable para la comunidad judía. La intervención de los fariseos pretende acusar la enseñanza de Jesús. Se trata de un verdadero proceso: Mateo lo considera como “un poner a prueba”, como “un tentar”.

La pregunta es ciertamente crucial: “¿Es lícito a un hombre repudiar a la propia mujer por cualquier motivo?” (19,3).

Al lector no se le escapa la torcida intención de los fariseos al interpretar el texto de Dt 24,1 para poner en aprietos a Jesús: “Si un hombre toma una mujer y se casa con ella, y resulta que esta mujer no halla gracia a sus ojos, porque descubre en ella algo que le desagrada, le redactará un libelo de repudio, se lo pondrá en su mano y la despedirá de su casa”. A lo largo de los siglos, este texto había dado lugar a numerosas discusiones: admitir el divorcio por cualquier motivo; requerir un mínimo de mala conducta, o un verdadero adulterio.

• Es Dios el que une:

Jesús responde a los fariseos citando Gn 1,17: 2,24 y remitiendo la cuestión a la voluntad primigenia de Dios creador. El amor que une al hombre y a la mujer viene de Dios, y por este origen, une y no puede separar. Si Jesús cita Gn 2,24 “El hombre abandonará a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola carne”, (19,5) es porque quiere subrayar un principio singular y absoluto: la voluntad creadora de Dios es unir al hombre y a la mujer.

Cuando un hombre y una mujer se unen en matrimonio, es Dios el que los une; el término “cónyuges” viene del verbo "congiungere", "coniugare", es decir, la unión de los dos esposos que conlleva trato sexual es efecto de la palabra creadora de Dios.

La respuesta de Jesús a los fariseos alcanza su culmen: el matrimonio es indisoluble en su constitución originaria. Ahora prosigue Jesús citando a Ml 2,13-16: repudiar a la propia mujer es romper la alianza con Dios, alianza que, según los profetas, los esposos la viven sobre todo en su unión conyugal (Os 1-3; Is 1,21-26; Jr 2,2;3,1.6-12; Ez 16; 23; Is 54,6-10;60-62).

La respuesta de Jesús aparece en contradicción con la ley de Moisés que concede la posibilidad de dar un certificado de divorcio. Dando razón de su respuesta, Jesús recuerda a los fariseos: si Moisés decidió esta posibilidad, es por la dureza de vuestro corazón (v.8), más concretamente, por vuestra indocilidad a la Palabra de Dios. La ley de Gn 1,26; 2,24 no se ha modificado jamás, pero Moisés se vio obligado a adaptarla a una actitud de indocilidad. El primer matrimonio no es anulado por el adulterio.

La reacción de los discípulos no se hace esperar: “Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse” (v.10).

La respuesta de Jesús sigue manteniendo la indisolubilidad del matrimonio, imposible para la mentalidad humana pero posible para Dios. El eunuco del que habla Jesús no es el que no puede engendrar, sino el que, una vez separado de la propia mujer, continúa viviendo en la continencia y permaneciendo fiel al primer vínculo matrimonial: es eunuco con relación a todas las demás mujeres.

sábado, 9 de abril de 2016

Juan 21,1-14: Nueva llamada al seguimiento

Juan 21,1-19  

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice:
— Me voy a pescar.
Ellos contestan:
— Vamos también nosotros contigo.
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice:
— Muchachos, ¿tenéis pescado?
Ellos contestaron:
— No.
Él les dice:
— Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro:
— Es el Señor.
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice:
— Traed de los peces que acabáis de coger.
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice:
— Vamos, almorzad.
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

— Comentario de Reflexiones Católicas

El capítulo 21 del Evangelio de San Juan, colocado detrás de una primera conclusión del cuarto evangelio, añade algunos elementos importantes al capítulo precedente:

  • abre de nuevo la perspectiva sobre la Iglesia futura (v 1-14), 
  • pone el fundamento del primado de Pedro (vv. 15-19), 
  • enfoca la relación entre Pedro y el discípulo amado (vv. 20-23). 

vv, 1-14: Hemos de leerlos recordando la vocación de los primeros discípulos (cf. Lc 5,1-11) 

Los discípulos, cuando Jesús resucitado desaparece de sus ojos, atraviesan un momento de incertidumbre sobre la orientación que deben dar a su futuro. La perspectiva más inmediata es la de volver a la vida de antes, iluminada por la enseñanza de Jesús, al que reconocen vivo.

Esta primera escena es sugestiva, porque nos muestra que el Jesús resucitado manifiesta su presencia de una manera discreta y, al mismo tiempo, impresionante. El Señor se manifiesta así en nuestra vida. Si no tenemos abiertos el corazón y los ojos, no le reconoceremos.

Aquí interviene la tercera aparición (v. 14), una aparición que suena para los discípulos como una nueva llamada al seguimiento (v. 19), centrada en la continua presencia del Señor, reconocido, no obstante, por la fe (vv. 7.12), y al que encuentran concretamente en el pan partido y compartido de la eucaristía (v. 13).

Jesús nos ayuda a alcanzar resultados que no nos es posible obtener sólo con nuestras fuerzas humanas, especialmente en el ámbito de la caridad. El Resucitado infunde en nuestros corazones su dinamismo de caridad, que nos hace capaces de transformar poco a poco las situaciones de nuestro alrededor.

En verdad, los apóstoles no pueden hacer nada sin él (cf. 15,5), no tienen alimento (v. 5, al pie de la letra), mientras que gracias a la obediencia de la fe (v. 4b) a su Palabra realizan una pesca superabundante, como el día en que los llamó por primera vez (Lc 5,9). Sin embargo, la red no se rompe: la Iglesia católica debe permanecer indivisa aun cuando recoja multitudes inmensas (v. 11).

— Comida con el Resucitado

La segunda escena es la de la comida con el Resucitado. El primer detalle significativo aquí es que los discípulos ven un fuego de brasas con pescado encima, y pan. Jesús resucitado ha preparado una comida para ellos, y esto evoca la Eucaristía.

El Resucitado nos ofrece una comida preparada sobre un fuego de brasas, sobre el fuego de su sufrimiento. El nos ha preparado el pan de la Eucaristía sobre el fuego de su pasión, y nos ofrece continuamente esta comida.

Jesús pide después, de modo inesperado, a los apóstoles un poco del pescado que acaban de coger. Este detalle también es significativo: el Señor quiere que la relación entre él y los apóstoles sea recíproca; no quiere ser sólo él el que dé, quiere que también los apóstoles tengan la alegría y la dignidad de contribuir a esta comida.

Lo que aportan los apóstoles es también un don del Señor, pero un don en el que ellos han cooperado. En efecto, con su docilidad han contribuido a coger los peces. De ahí que lo que aportan ahora sea, en parte, también obra suya.

Tenemos aquí, de nuevo, una enseñanza para nuestra celebración eucarística y para nuestra vida. El Señor resucitado, lleno de generosidad, ha preparado para nosotros el pan del cielo, que es su mismo cuerpo. Ahora bien, desea que la relación sea recíproca, que nosotros aportemos a la Eucaristía algo de nuestra vida, una vida que ha sido fecunda gracias a su intervención, por el poder de su gracia. Y, sin embargo, también nosotros, recibiendo dócil y generosamente su gracia, hemos contribuido a esta fecundidad.

La celebración de la Eucaristía no es completa sin esta contribución por nuestra parte. El amor debe ser recíproco y circular en los dos sentidos: no sólo de Jesús a nosotros, sino también de nosotros a Jesús. Y debe circular en estos dos sentidos no sólo con sentimientos, sino también con ofrendas reales, que son fruto de la gracia del Señor y de nuestra cooperación dócil y generosa a esa gracia. 

domingo, 28 de febrero de 2016

Exodo 3,1-8a.13-15: por Reflexiones Católicas

Exodo 3,1-8a.13-15

En aquellos días, Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios. El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse.
Moisés se dijo:
— Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza.
Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza:
— Moisés, Moisés.
Respondió él:
— Aquí estoy.
Dijo Dios:
— No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.
Y añadió:
— Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob.
Moisés se tapó la cara, temeroso de ver a Dios. El Señor le dijo:
— He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel.
Moisés replicó a Dios:
— Mira, yo iré a los israelitas y les diré: el Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros.
Si ellos me preguntan cómo se llama, ¿qué les respondo?
Dios dijo a Moisés:
— Soy el que soy; esto dirás a los israelitas: Yo-soy me envía a vosotros.
Dios añadió:
— Esto dirás a los israelitas: Yahvé (Él-es), Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros. Éste es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación.

— Comentario por Reflexiones Católicas

La narración de la vocación de Moisés es una de las cumbres de la Biblia, juntamente con la revelación del nombre de Dios.

Moisés, huido de Egipto, renunció a proseguir con sus proyectos de liberación y vive su vida (v. 1). Pero el Señor le sorprende en su vida ordinaria: la curiosidad ante el hecho extraordinario de la zarza que arde sin consumirse hace acercarse a Moisés; allí, Dios, que le esperaba, le llama dos veces por su nombre, suscitando el “Aquí estoy” de la plena disponibilidad a la escucha y la obediencia.

El Señor enseña a Moisés la actitud del santo temor ante su presencia (vv. 4-5.6b), se da a conocer como el Dios de los padres y manifiesta estar presente en la historia del pueblo y dispuesto a intervenir (v. 7s). Pero quiere servirse precisamente de Moisés para llevar a cabo la salvación, que es una liberación de la esclavitud opresora para pasar al servicio del culto a Dios con la propia vida (cf. v. 12).

Moisés rechaza la misión, consciente de su incapacidad y de la falta de credenciales ante el pueblo: ¿cómo presentarse en nombre de un Dios del que no se conoce su nombre? El nombre para los semitas indica la totalidad de la persona: conocerlo equivale a poder disponer de él cada vez que se le invoque.

La respuesta enigmática del Señor (v. 14) es sólo un rechazo aparente: el tetragrama sagrado Yavé es interpretado por el mismo Dios como una forma causativa del verbo “ser”, con diversos matices posibles incluidos: “Yo soy el que soy”: no me puedes comprender; yo soy el que hace existir; yo soy el que te está presente; yo soy el que seré: tal como me manifestaré.

Con la fuerza de esta revelación, que es a la vez certeza de que el Dios de los padres estará con su pueblo (v. 15), Moisés acoge la misión. 

sábado, 6 de febrero de 2016

Lucas 5,1-11: La pesca milagrosa, por la Orden Carmelita

Lucas 5,1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Rema mar adentro, y echad las redes para pescar." Simón contestó: "Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes." Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: "Apártate de mí, Señor, que soy un pecador." Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: "No temas; desde ahora serás pescador de hombres." Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

— Comentario de la Orden Carmelita

Situando el episodio en su contexto:

Este relato, de una gran intensidad teológica, se pone como el centro de un recorrido de fe y de encuentro con el Señor Jesús, que nos conduce desde la sordera a la capacidad plena de escucha, de la enfermedad paralizante a la curación salvífica, que nos vuelve capaces de ayudar a los hermanos a renacer con nosotros.

Jesús ha inaugurado su predicación en la sinagoga de Nazaret, haciendo legibles y luminosas las letras del volumen de la Torah (4,16ss), ha vencido el pecado (4,31-37) y la enfermedad (4,38-41), alejándolo del corazón del hombre y ha anunciado la fuerza misteriosa que lo ha enviado a nosotros.

Es aquí, en este momento, donde emerge la respuesta y comienza el seguimiento, la obediencia de la fe; es aquí donde nace ya la Iglesia y el nuevo pueblo, capaz de oír y de decir sí.

Lectura del episodio:

vv. 1-3: Jesús se encuentra en la orilla del mar de Genesaret y delante de Él está una gran muchedumbre, deseosa de escuchar la Palabra de Dios. Él sube sobre una barca y se aleja de tierra; como un maestro se sienta sobre las aguas, las domina, y desde allí ofrece su salvación, que nace de la Palabra, escuchada y acogida.

vv. 4-6: Jesús invita a pescar y Pedro se fía, cree en la Palabra del Maestro. Por fe, se adentra en el mar y echa sus redes; por esta misma fe la pesca es abundante, es milagrosa.

v.7: El encuentro con Jesús no está nunca cerrado, sino que empuja a la participación: el don, de hecho, es demasiado grande para uno solo. Pedro llama a los compañeros de la otra barca y el don se duplica, continuamente crece.

vv. 8-11: Ante de Jesús, Pedro se arrodilla, adora y reconoce su pecado, su incapacidad, pero Él lo llama, con el mismo tono con el que ha removido las aguas de tantos mares, a lo largo de toda la Escritura: “¡No temáis!”. Dios se hace compañero del hombre. Pedro acepta la misión de sacar fuera del mar del mundo y del pecado a los hombres, sus hermanos, así como ha sido sacado fuera él; deja la barca, las redes, los peces y sigue a Jesús, junto a sus compañeros.

Algunas preguntas

a) “Sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre”

Jesús baja, se sienta, se abaja hasta tocar nuestra tierra y desde esta pequeñez nos ofrece su enseñanza, su Palabra de salvación. Jesús me ofrece tiempo, espacio, disponibilidad plena para encontrarlo y conocerlo, pero ¿sé quedarme, permanecer, radicarme en Él?

b) “Le rogó se alejara un poco de tierra”

La petición del Señor es progresiva. Después de separarse de tierra, Él pide que se adentre en el mar. “¡Aléjate de tierra! ¡Boga mar adentro!” Invitaciones dirigidas a todas las barcas de todos los hombres y mujeres. ¿Tengo fe, tengo confianza, confío en Él y por eso me dejo llevar, abandono la pesca? ¿Dónde están plantados los anclajes de mi vida?

c) “Echaré las redes”

En este pasaje, el verbo “echar” aparece en dos ocasiones: la primera está referido a las redes y la segunda a la misma persona de Pedro. El significado es fuerte y claro: delante del Señor podemos echar todo nuestro ser. Nosotros echamos, pero Él recoge. ¿Me siento dispuesto a tomar mi vida tal como es hoy y arrojarla a los pies de Jesús, para que Él, una vez más, me recoja, me sane, me salve, haciendo de mí un hombre nuevo?

d) “Hicieron señas a los compañeros de la otra barca”

Pedro me sirve de guía para mi camino y me indica la vía de apertura a los otros, de la participación, porque en la Iglesia no es posible estar aislados y cerrados. Todos somos enviados: “Ve a mis hermanos y diles” (Jn 20,17) ¿Pero sé yo acercar mi barca a la de los demás? ¿Sé verter en la existencia de los otros hermanos y hermanas los dones y las riquezas, que el Señor ha querido confiarme en depósito?

Una clave de lectura: 
El mar y el tema del éxodo

Jesús está junto a la orilla del mar. Está de pie, no importa las oscuridades amenazadoras de las olas del mar y de la vida. Se pone de frente a este pueblo reunido, listo para la escucha y para el éxodo, Él quiere conducirlo a través de los mares y de los océanos de este mundo, en un viaje de salvación que nos lleva cerca del Padre. El Señor habla y las aguas se separan delante de Él, como ya aconteció en el Mar Rojo (Ex 14,21-23) y junto al río Jordán (Jos 3,14-17).

También el mar de arena del desierto queda vencido por la fuerza de su Palabra y se abre, convirtiéndose en un jardín, una senda llana y enderezada (Is 43,16-21) para cuantos deciden el viaje de retorno a Dios y por Él se dejan guiar.

En estos pocos versículos del Evangelio, el Señor Jesús prepara, una vez más, para nosotros el gran milagro del éxodo, de la salida de las tinieblas de muerte por la travesía salvadora hacia pastos frescos de la amistad con Él. Todo está preparado: nuestro nombre ha sido pronunciado con infinito amor por el buen pastor, que nos conoce de siempre y nos guía sin dejarnos abandonados nunca de su mano.

La fe que nos conduce a la obediencia:

La muchedumbre se apiña en torno a Jesús llevada del deseo de “escuchar la Palabra de Dios”; es la respuesta a la invitación del Padre que invade toda la Escritura: “¡Escucha Israel!” (Dt. 6,4) y “¡Si mi pueblo me escuchase!” (Sal 80,14). Es como si la muchedumbre dijese: “¡Sí, escucharé qué cosa dice Dios, el Señor!” (Sal 85,9). Pero la escucha que se nos pide es la escucha que dice: "Sí, Señor, sobre tu palabra echaré mi red”.

La llamada que el Señor nos está dirigiendo es ante todo la llamada a fiarse de Él. Como Dios dijo a Abrahán: “¿Hay alguna cosa imposible para el Señor?” (Gen 18,14) o en Jeremías: “¿Existe algo imposible para mí?” (Jer 32,27); cfr. también Zac 8,6. O como le dijo a María: “ Nada hay imposible para Dios” (Lc 1,37) y María dijo: “Hágase en mí como has dicho”. Aquí es a donde debíamos llegar; como María, como Pedro. No podemos ser solamente oyentes. Nos engañaríamos a nosotros mismos, como dice Santiago (1,19-25). La palabra debe realizarse, cumplirse.

La pesca como misión de la Iglesia:

La adhesión a la fe lleva a la misión, esto es, a entrar en la comunidad instituida por Jesús para la difusión del Reino. Parece que Lucas quiere ya, en este pasaje, presentar la Iglesia que vive la experiencia post-pascual del encuentro con Jesús resucitado; conocido es, de hecho, las muchas llamadas al pasaje de Juan 21,1-8.

Jesús escoge una barca y escoge a Pedro. Desde la barca, llama a hombres y mujeres, hijos e hijas, a continuar su misión.

Conocido es también que el verbo “boga mar adentro” está en singular, referido a Pedro que recibe el encargo de guía; pero la acción de la pesca es en plural: “¡Hechad las redes!”, referida a todos aquéllos que quieran participar en la misión.

Es la misión apostólica, que empieza ahora, en obediencia a la Palabra del Señor y que llegará bogando por el mar a todos los rincones de la tierra (cfr. Mt 28,19; Act 1,8; Mc 16,15; 13,10; Lc 24,45-48).

El vocablo usado por Lucas para indicar la misión que Jesús confía Pedro y con él a todos nosotros , cuando le dice: “ No temas... tu serás pescador de hombres”. Aquí no se usa el mismo término que encontramos en Mt 4,18 ss., en Mc 1,16 o también en este pasaje al vers. 2, simplemente pescador. Aquí hay una palabra nueva que aparece sólo dos veces en todo el Nuevo Testamento y que deriva del verbo “capturar”, en el sentido de “prender vivo y mantener con vida”.

Los pescadores del Señor, en efecto, echan las redes en el mar del mundo para ofrecer a los hombres la Vida, para sacarlos de los abismos y hacerlos volver a la verdadera vida. Pedro y nosotros y nuestros compañeros de navegación en este mundo, podemos continuar, si queremos, en cualquier estado en que nos encontremos, aquella misma hermosa misión suya de enviados del Padre “a salvar lo que estaba perdido” (Lc 19,10).

sábado, 30 de enero de 2016

DOMINGO DE LA 4 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo C, por Francisco González, S.F.

Jeremías 1,4-5.17-19
Salmo 70, Mi boca contará tu salvación, Señor
1 Corintios 12,31-13,13
Lucas 4,21-30

Jeremías 1,4-5.17-19

En los días de Josías, recibí esta palabra del Señor: "Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te nombré profeta de los gentiles. Tú cíñete los lomos, ponte en pie y diles lo que yo te mando. No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos. Mira; yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del campo. Lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte." Oráculo del Señor.

Salmo 70: Mi boca contará tu salvación, Señor

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y sálvame.
R. Mi boca contará tu salvación, Señor

Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú,
Dios mío, líbrame de la mano perversa.
R. Mi boca contará tu salvación, Señor

Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías.
R. Mi boca contará tu salvación, Señor

Mi boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas.
R. Mi boca contará tu salvación, Señor

1 Corintios 12,31-13,13

Hermanos: Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional. Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada. Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve. El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca. ¿El don de profecía?, se acabará. ¿El don de lenguas?, enmudecerá. ¿El saber?, se acabará. Porque limitado es nuestro saber y limitada es nuestra profecía; pero, cuando venga lo perfecto, lo limitado se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre acabé con las cosas de niño. Ahora vemos confusamente en un espejo; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora limitado; entonces podré conocer como Dios me conoce. En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.

Lucas 4,21-30

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: "Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír." Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: "¿No es éste el hijo de José?" Y Jesús les dijo: "Sin duda me recitaréis aquel refrán: "Médico, cúrate a ti mismo"; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún." Y añadió: "Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, mas que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, mas que Naamán, el sirio." Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Comentario de Mons. Francisco González, S.F.

La primera lectura nos presenta el llamado del profeta Jeremías. Un extraordinario profeta, pues como todos es elegido por Dios con una misión: “Diles lo que yo te mando”. La lectura de hoy no nos presenta su resistencia al llamado, algo que manifestó inmediatamente después de recibir el mensaje. Dios le exige obediencia, al mismo tiempo que le promete su ayuda pues lo va a convertir “en plaza fuerte, columna de hierro, en muralla de bronce”. El Señor no lo quiere engañar y le anuncia las dificultades, pero también le señala su victoria, porque el Dios que le llama, será el Dios que lo librará de los enemigos.

Un pasaje de antes pero que nos viene como anillo al dedo en nuestros tiempos de evangelización, para cuando nos sintamos sitiados por el enemigo, y dudando de nuestras capacidades, que si nos creemos que esto es solo nuestro, ciertamente que fracasaremos, pero no será así si verdaderamente aceptamos la ayuda “del que nos llamó y prometió estar con nosotros en la misión”.

La segunda lectura de nos viene de Pablo, el apóstol nos recuerda la ética de nuestro comportamiento y el espíritu con que hemos de responder al llamado de Dios: el amor, o como lo denomina el autor de la carta a los Corintios: el camino mejor, ese amor desdoblado en amor a Dios y al prójimo, algo que no se puede separar.

Ya en la tercera lectura, o sea el santo evangelio, continuamos con el pasaje de la semana pasada. Todavía está Jesús en la sinagoga, todavía está hablando, pero lo que dice no es del agrado de todos, la verdad parece que no agradó a nadie, pues aunque quedaron maravillados en un principio de su palabras, resultaron demasiado para los asistentes.

Jesús era uno del pueblo, pueblo de poca monta, donde todos se conocen por nombre, y lo que es más, se creen conocer la vida de cada uno, y por eso parece que en situaciones semejantes hay tantos jueces como habitantes.

Todos conocen a Jesús, conocen su oficio, conocen a su familia, es simplemente uno de ellos, y ahora escuchan de su boca que es “el enviado” de Dios. ¡Hasta ahí, podíamos llegar, dirían algunos! Y en esa línea, como Él mismo indica, quisiera verle hacer esas cosas maravillosas que han oído decir ha hecho en Cafarnaún, y otros lugares.

El Maestro les recuerda que su corazón no está donde debe estar, que no están en la onda de Dios, que solo quieren ver lo extraordinario, en vez de cambiar de vida. Y así cuando les recuerda el hecho de que “ningún profeta es bien recibido en su tierra natal”, y les recuerda el hecho de la viuda de Sarepta y de Naamán el leproso. Ninguno de ellos miembro del pueblo elegido, y sin embargo recibieron el favor de Dios, la primera comida para su sustento y el segundo la sanación de su enfermedad.

Algunos pensaron que ya no se podía escuchar o tolerar tanta desfachatez, y alborotando a toda la congregación, todos a una agarraron a Jesús, lo empujaron fuera del pueblo, con la intención de despeñarlo.

¡Pobres profetas! Nos vienen con la misión que se les ha encomendado de lo Alto, vienen para corregirnos como médico que nos aconseja para conseguir o recuperar la salud, nos anuncian que esa salud/salvación es posible si aceptamos el mensaje, lo cual exige cambio radical, claro está, pero preferimos deshacernos del profeta/médico, despeñarlo por el terraplén, sofocar su palabra y seguir en las nuestras, en nuestro lodo.

A pesar del griterío en Nazaret, de los empujones de unos y otros, de los gritos, insultos y amenazas de los jefecillos, “Jesús se abrió paso entre ellos y se alejó de ellos”, y es que lo mismo que Dios prometió al profeta Jeremías que “estaría con él para librarle”, así lo mismo hizo que Jesús, pues todavía no había llegado la hora, hora que señala Dios y no los hombres.

En muchas de nuestras reuniones solemos reservar un momento para rezar por las vocaciones, y creo que está dando resultados. Se nota un aumento en las vocaciones sacerdotales, diaconado permanente y vida consagrada. Tal vez deberíamos añadir alguna petición por los profetas, que libres de toda atadura proclaman la misión que Dios les ha confiado, aunque en el proceso sean criticados, juzgados, sentenciados y a veces ajusticiados, siendo ellos los que nos anuncian, en imitación de Cristo, quien nos lleva hacia la vida eterna.