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lunes, 10 de octubre de 2016

Las indulgencias, vueltas a examinar, por Ron Rolheiser

Cuando el papa Francisco anunció el Año Santo de la Misericordia, prometió que los cristianos podrían ganar una indulgencia especial durante este año. Eso dejó a muchos católicos de hoy día y, todavía a más protestantes y anglicanos, rascándose las cabezas y haciéndose algunas preguntas: ¿Aún está el Catolicismo Romano ocupándose de las indulgencias? ¿No aprendimos nada de Lutero y de la Reforma? ¿Creemos de hecho que ciertas prácticas rituales, como pasar a través de unas señaladas puertas de la iglesia, facilitarán nuestra entrada en el cielo?

Estas son preguntas válidas que se deben hacer. ¿Qué es, de veras, una indulgencia?

El papa Francisco, en su decreto El Rostro de la Misericordia (Misericordiae Vultus), dice a propósito de las indulgencias:

“Un jubileo lleva también consigo la referencia a las indulgencias. En el Año Santo de la Misericordia, ella adquiere una relevancia particular. El perdón de Dios por nuestros pecados no conoce límites. En la muerte y resurrección de Jesucristo, Dios hace evidente este amor que es capaz incluso de destruir el pecado de los hombres. Dejarse reconciliar con Dios es posible por medio del misterio pascual y de la mediación de la Iglesia. Así, Dios está siempre disponible al perdón y nunca se cansa de ofrecerlo de manera siempre nueva e inesperada. Todos nosotros, sin embargo, vivimos la experiencia del pecado. Sabemos que estamos llamados a la perfección (Mt 5,48), pero sentimos el peso del pecado. Mientras percibimos la potencia de la gracia que nos transforma, experimentamos también la fuerza del pecado que nos condiciona. No obstante el perdón, llevamos en nuestra vida las contradicciones que son consecuencia de nuestros pecados. En el sacramento de la Reconciliación, Dios perdona los pecados; y, sin embargo, la huella negativa que los pecados dejan en nuestros comportamientos y en nuestros pensamientos permanece. La misericordia de Dios es incluso más fuerte que esto. Ella se transforma en indulgencia del Padre que, a través de la Esposa de Cristo, alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo, consecuencia del pecado, habilitándolo a obrar con caridad, a crecer en el amor más bien que a recaer en el pecado.

La Iglesia vive la comunión de los Santos. En la Eucaristía, esta comunión, que es don de Dios, actúa como unión espiritual que nos une a los creyentes con los Santos y los Beatos cuyo número es incalculable (Ap. 7,4). Su santidad viene en ayuda de nuestra fragilidad, y así, la Madre Iglesia es capaz, con su oración y su vida, de ir al encuentro de la debilidad de unos con la santidad de otros. Vivir entonces la indulgencia en el Año Santo significa acercarse a la misericordia del Padre con la certeza de que su perdón se extiende sobre toda la vida del creyente. Ganar una indulgencia es experimentar la santidad de la Iglesia, que hace participar a todos de los beneficios de la redención de Cristo, para que el perdón sea extendido por doquier. Vivamos intensamente el Jubileo pidiendo al Padre el perdón de los pecados y la dispensación de su ‘indulgencia’ misericordiosa”.

¿Qué está diciendo el Papa aquí? Claramente, no está enseñando lo que ha sido durante tanto tiempo la popular (e incorrecta) noción de que una indulgencia es una manera de acortar el tiempo de uno en el purgatorio. Más bien está enlazando la idea de indulgencia a dos cosas:

Primera, una indulgencia es la aceptación y celebración de la asombrosa gratuidad de la misericordia de Dios. Una indulgencia es la consciente aceptación de un amor, una misericordia y un perdón que es completamente inmerecido. El amor puede ser indulgente. Los padres pueden ser indulgentes para con sus hijos. Así, cuando hacemos una oración o práctica religiosa con el deseo de ganar una indulgencia, la idea es que esa oración o práctica nos haga más conscientes y agradecidos por la indulgente misericordia de Dios. Vivimos en una sorprendente e inefable misericordia de la que somos en su mayor parte  inconscientes. Durante el Año Santo de la Misericordia, el papa Francisco nos invita a hacer algunas oraciones y prácticas especiales que nos hagan más certeramente conscientes de esa indulgente misericordia.

Más allá de esto, el papa Francisco une la noción de indulgencia a otro concepto, a saber, nuestra unión y solidaridad con cualquier otro miembro del Cuerpo de Cristo. Como cristianos, creemos que estamos unidos con cualquier otro en un profundo, invisible, espiritual y orgánico vínculo que es tan real que nos forja en un cuerpo, con la misma corriente de vida y la misma corriente de sangre que fluye a través de todos nosotros. Así, dentro del Cuerpo de Cristo, de igual manera que en todos organismos vivos, hay un sistema inmune de modo que lo que hace una persona, para bien o para mal, afecta al cuerpo entero. De aquí que, como el papa asegura, al haber un solo sistema inmune en el Cuerpo de Cristo, la fortaleza de unos puede vigorizar la debilidad de otros, que así reciben una indulgencia, una gracia inmerecida.

Cruzar una puerta santa es hacernos más certeramente conscientes de la indulgente  misericordia de Dios y de la maravillosa comunidad de vida en la que vivimos.

viernes, 4 de marzo de 2016

Condiciones para la indulgencia plenaria, por Félix Velasco Santandreu

Para ganar una indulgencia plenaria, además de querer evitar cualquier pecado mortal o venial, hace falta rezar o hacer la obra que incorpora la indulgencia cumpliendo tres condiciones:

  • Confesión sacramental 
  • Comunión Eucarística 
  • Oración por las intenciones del Papa

Con una sola confesión sacramental puede ganarse varias indulgencias plenarias; en cambio con una solo comunión eucarística y una sola oración por las intenciones del Papa sólo se gana una indulgencia plenaria. Las tres condiciones pueden cumplirse unos días antes o después de rezar o hacer la obra que incorpora la indulgencia, pero es conveniente que la comunión y la oración por las intenciones del Papa se realicen el mismo día.

La condición de orar por las intenciones del Papa se cumple si se reza a su intención un solo Padrenuestro y un Avemaría; pero se concede a cada fiel la facultad de orar con cualquier fórmula, según su piedad y devoción.

La indulgencia plenaria únicamente puede ganarse una vez al día, pero el fiel cristiano puede alcanzar indulgencia plenaria in artículo mortis, aunque el mismo día haya ganado otra indulgencia plenaria.

La indulgencia parcial puede ganarse varias veces al día, a no ser que expresamente se establezca lo contrario.

La obra indicada para obtener la indulgencia plenaria aneja a una iglesia y oratorio consiste en la visita piadosa de este lugar, rezando el Padrenuestro y el Credo, a no ser que en algún caso especial se establezcan otras condiciones.

Errores más frecuentes sobre las indulgencias, por Félix Velasco Santandreu

Una persona puede comprar su salida del infierno con indulgencias:

Este es un error habitual. Las indulgencias sólo indultan penas temporales. No pueden indultar la pena eterna del infierno. Una vez que alguien está en el infierno ninguna indulgencia cambiará jamás ese hecho. La única manera de evitar el infierno es apelando a la misericordia eterna de Dios mientras todavía estamos en vida. Luego de la muerte, el destino eterno queda fijado: Hebreos 9,27.

Una persona puede "comprar el perdón" con indulgencias: 

Las indulgencias no perdonan pecados, sólo conciernen a las penas que permanecen luego de que los pecados han sido perdonados. La definición de indulgencias presupone que el perdón ya ha tenido lugar: "Una indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa" (Indulgentarium doctrina, n. 1).

Si la Iglesia tiene los recursos y el poder para borrar todas las penas temporales de todas las personas, ¿por qué no lo hace? 

La Biblia nos muestra que Dios mismo instituyó las penas temporales. Estas penas temporales llevan a cabo funciones válidas, una de ellas disciplinaria, al igual que hacen los padres con los hijos. La Iglesia no puede borrar todas las penas temporales porque su remisión depende de las disposiciones de las personas que sufren esas penas temporales. Así como el arrepentimiento y la fe se requieren para la remisión de las penas eternas, también son necesarios para la remisión de las penas temporales

Una persona puede comprar indulgencias

El Concilio de Trento instituyó severas reformas en la práctica de conceder indulgencias y, a causa de anteriores abusos, en 1567 el Papa Pio V canceló todas las concesiones de indulgencias que tuvieran que ver con estipendios u otras transacciones financieras.

Las indulgencias se desarrollaron a partir de una reflexión profunda sobre el sacramento de la reconciliación. Son una manera de acortar la penitencia de la disciplina sacramental y estaban en uso siglos antes de que aparecieran problemas relaciones con el dinero y con Lutero.

Una indulgencia acortará el tiempo en el purgatorio en un número fijo de días 

Se desconoce lo duradero que puede ser el purgatorio para cada persona. Hasta el Concilio Vaticano II se decía que la indulgencia indultaba un cierto número de "días". Pero el uso del término "días" confundía a la gente, dándoles la impresión errónea de que en el purgatorio sigue existiendo el tiempo y de que podemos calcular nuestro "tiempo de descuento".

El número de días asociado con las indulgencias nunca significó que esa cantidad de "tiempo" fuera descontada del tiempo que le correspondía a alguien en el purgatorio. Significaba que se concedería un tiempo de indulto parcial, proporcionado a los días que cristianos piadosos dedicaban a obras caritativas para la salvación de las almas.

Para solucionar esta confusión, Pablo VI emitió una revisión del Enchiridion o manual de indulgencias. Hoy ya no se asocian cantidades de días con las indulgencias. Sólo Dios sabe exactamente lo eficaz que es una indulgencia parcial o si se ha recibido de hecho una indulgencia plenaria.

Una persona puede comprar indulgencias para que se le perdonen pecados futuros

La Iglesia siempre ha enseñado que las indulgencias no se aplican a pecados aún cometidos. Una indulgencia no es un permiso para pecar, ni un perdón del pecado, ni un perdón del pecado futuro. Su beneficio recae únicamente sobre faltas realizadas con anterioridad. 

Breve historia de las indulgencias y los jubileos, por Félix Velasco Santandreu

El jubileo en el Egipto de los faraones

Los reyes del antiguo Egipto los celebraban cada treinta años y consistía en una repetición de los ritos de la coronación para afianzar la soberanía real ya que así quedaba consagrado el poder divino del faraón. La primera mención de estos ritos aparece en el reinado del rey Udimu (quinto soberano de la I dinastía: c. 3100 a C.). El pueblo era favorecido con festejos y perdones.

Jubileo judío

Entre los judíos, año consagrado a Dios y al descanso que, según la ley, debía celebrarse cada cincuenta años. Este nombre ha pasado también a los cristianos.

Año Santo o jubilar 

Entre los católicos, año privilegiado en que los peregrinos que acuden a Roma se benefician de una indulgencia plenaria.

El primer año santo se celebró en 1300, proclamado por Bonifacio VIII (Anagni, c. 1235-Roma, 1303) Papa (1294-1303), el 2 de febrero de ese mismo año.

Tienen lugar a intervalos regulares (cada 100 años con Bonifacio VIII, cada 50 años con Clemente VI y Nicolás V, cada 25 años desde Pablo II).

Su duración es de un año. Comienza en Roma con la apertura de la puerta Santa. Los fieles deben visitar las basílicas de San Pedro y San Pablo desde Bonifacio VIII, también la de Letrán a partir de Clemente VI, y Santa María la Mayor desde Gregorio IX. Deben arrepentirse, confesarse y rezar por las intenciones del Papa. Las visitas debían hacerse durante treinta días continuos o intercalados por los romanos y quince días por los no romanos. León XIII redujo esos días a veinte y diez respectivamente.

Pío XII estableció una sola visita. Pablo VI ordenó que al Jubileo de 1975 fuese precedido por un año de preparación.

Juan Pablo II dispuso para el 2000 una fase antepreparatoria (1994-96) y otra preparatoria (1997-99) y ha establecido que el mismo tenga lugar simultáneamente en Tierra Santa, en Roma y en las demás Iglesias locales.

El Papa también puede promulgar jubileos por motivos especiales y, entonces, se llaman "jubileos extraordinarios".

Bula de la Santa Cruzada

Creada en la Alta Edad Media por la cual se obtenían numerosos privilegios e indulgencias que se adquirían mediante la limosna. La recaudación servía para ayudar a la Reconquista y a las cruzadas. Abolida mediante la constitución apostólica Paenitemini, publicada por Pablo VI el 17 de febrero de 1966.

Disputa sobre las indulgencias

Conflicto religioso, preludio de la ruptura de Lutero con la Iglesia romana. El papa León X promulgó el 31 de mayo de 1515 una indulgencia en favor de quienes diesen limosna para terminar las obras de la basílica de San Pedro en Roma.

El dominico Johannes Tetzel fue delegado por el arzobispo de Maguncia para predicar las indulgencias en esa diócesis. El monje agustino Martín Lutero atacó las bases mismas de las indulgencias. El 31 de octubre de 1517, la víspera del día de Todos los Santos, a la llegada de Tetzel, colocó en la puerta de la Iglesia de Wittenberg 95 tesis redactadas en latín, en las que atacaba el sistema de contribuciones. Este hecho marcó el comienzo de la reforma protestante.

Estas tesis fueron condenadas por el Papa en 1519, invitándole a retractarse mediante la bula Exurge Domine (1520), pero Lutero rehusó y quemó en una plaza pública de Wittenberg la bula pontificia, por lo que condenado de forma definitiva. El cisma se consumó tras la Dieta de Worms (1521), en la que nuevamente se negó a retractarse.

El camino de Santiago 

Durante la Edad Media el camino de Santiago fue utilizado por los peregrinos que se dirigían a venerar el sepulcro del apóstol Santiago, el Mayor. Según la tradición, esta vía surgió tras el hallazgo del sepulcro durante el reinado de Alfonso II. Ello dio lugar a la edificación de un templo renovado por Alfonso III en 874 y a la llegada de peregrinos de toda Europa.

El camino de Santiago mantuvo su esplendor hasta la introducción de las doctrinas de Lutero. En el siglo XVIII decayó su importancia.

Los peregrinos, tras hacer testamento, salían de sus poblaciones provistos de saya, bordón y escarcela, viajaban en grupos y en varias etapas. Gozaban de protección en los reinos por los que pasaban y eran acogidos en los monasterios y hospitales fundado a lo largo del camino. Las órdenes militares, especialmente los templarios, se encargaban de la protección de los viajeros.

Se cree que la actual Francia era atravesada por cinco rutas hacia la península Ibérica: una llegaba a Somport y las demás a Roncesvalles. Todas ellas convergían en Puente la Reina y desde allí hacia Logroño, Nájera, Burgos, Sahagún, León, Astorga y Ponteferrada, como ciudades principales.

Los peregrinos, después de cumplir con las ceremonias rituales en la catedral de Compostela, recibían un documento llamado Compostela, que acreditaban su peregrinación.

Actualmente, se celebra el año Santo de Santiago cuando el 25 de julio fiesta del Apóstol cae en domingo. La indulgencia plenaria que se gana en Santiago, según el derecho común, puede ser: visitando la Catedral en la fiesta del Apóstol el 25 de julio; el día de la dedicación de la Catedral, el 21 de abril, el día 30 de diciembre fiesta de la Traslación del Apóstol. La Indulgencia parcial, se gana siempre por el hecho de visitar la catedral en las debidas condiciones e intención de conseguirla.

Decreto sobre las Indulgencias del Concilio de Trento 

"Habiendo Jesucristo concedido a su Iglesia la potestad de conceder indulgencias y usando la Iglesia de esta facultad que Dios le ha concedido, aun desde los tiempos más remotos; enseña y manda el sacrosanto Concilio que el uso de las indulgencias sumamente provechoso al pueblo cristiano y aprobado por la autoridad de los sagrados concilios debe conservarse en la Iglesia y fulmina anatema contra los que, o afirman ser inútiles, o niegan que la Iglesia tenga potestad de concederlas. No obstante, desea que se proceda con moderación en la concesión de ellas, según la antigua y aprovechada costumbre de la Iglesia; para que por la suma facilidad de concederlas no decaiga la disciplina eclesiástica. Y anhelando a que se enmienden y corrijan los abusos que se han introducido en ellas, por cuyo motivo blasfeman los herejes de este glorioso nombre de indulgencias; establece en general por el presente decreto que absolutamente se exterminen todos los lucros ilícitos que se sacan porque los fieles las consigan; pues se han originado de esto muchísimos abusos en el pueblo cristiano. Y no pudiéndose prohibir fácil ni individualmente los demás abusos que se han originado de la superstición, ignorancia, irreverencia, o de otra cualquiera causa, por las muchas corruptelas de los lugares y provincias en que se cometen; manda a todos los Obispos que cada uno note todos estos abusos en su Iglesia y los haga presentes en el primer concilio provincial, para que conocidos y calificados por los otros obispos se delaten inmediatamente al Sumo Pontífice Romano, por cuya autoridad y prudencia se establecerá lo conveniente a la Iglesia universal: y de este modo se reparta a todos los fieles piadosa, santa e íntegramente el tesoro de las santas indulgencias".

No era ésta la primera vez que un concilio ecuménico discutía el tema de las indulgencias -la primera vez fue en 1415, cuando el Concilio de Constanza afirmó la práctica- pero en Trento la doctrina fue proclamada infaliblemente por primera vez.

Fuente: catholic.net

¿Qué es una indulgencia?, por Félix Velasco Santandreu

La indulgencias en la Iglesia están ligadas a los efectos del sacramento de la penitencia:

"La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la Redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos" (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1471).

La indulgencia puede ser parcial o plenaria, según que libre en parte o en todo de la pena temporal debida por los pecados.

Nadie que gane indulgencias puede aplicarlas a otras personas que aún viven, pero las indulgencias pueden aplicarse a los difuntos a manera de sufragio.

"Puesto que los fieles difuntos en vía de purificación son también miembros de la misma comunión de los santos, podemos ayudarles, entre otras formas, obteniendo para ellos indulgencias, de manera que se vean libres de las penas temporales debidas por sus pecados" (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1479).

No se pueden separar las indulgencias del resto de la vida cristiana. La indulgencia no es un procedimiento para evitar la penitencia, sino una asistencia que presta toda la Iglesia a los fieles para su conversión, invitándoles a que realicen buenas obras y ayudándoles a expiar la pena debida por los pecados.

"Las indulgencias se obtienen por la Iglesia que, en virtud del poder de atar y desatar que le fue concedido por Cristo Jesús, interviene en favor de un cristiano y le abre el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos para obtener del Padre de la misericordia la remisión de las penas temporales debidas por sus pecados. Por eso la Iglesia no quiere solamente acudir en ayuda de este cristiano, sino también impulsarlo a hacer obras de piedad, de penitencia y de caridad" (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1478).

"...Todo pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las creaturas que tienen necesidad de purificación, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en el estado que se llama Purgatorio. Esta purificación libera de la que se llama la "pena temporal" del pecado. Estas dos penas no deben ser concebidas como una especie de venganza, infligida por Dios desde el exterior, sino como algo que brota de la naturaleza misma del pecado. Una conversión que procede de una ferviente caridad puede llegar a la total purificación del pecado, de modo que no subsistirá ninguna pena"(Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1472).

"El perdón del pecado y la restauración de la comunión con Dios entrañan la remisión de las penas eternas del pecado. Pero las penas temporales del pecado permanecen. El cristiano debe esforzarse, soportando pacientemente los sufrimientos y las pruebas de toda clase y, llegando el día, enfrentándose serenamente con la muerte, por aceptar como una gracia estas penas temporales del pecado; debe aplicarse, tanto mediante las obras de misericordia y de caridad, como mediante la oración y las distintas prácticas de penitencia, a despojarse completamente del hombre viejo y a revestirse del hombre nuevo" (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1473).

El cristiano que quiere purificarse de su pecado y santificarse con ayuda de la gracia de Dios no se encuentra solo, tiene la ventaja y la ayuda de ser miembro de la Iglesia. "La vida de cada uno de los hijos de Dios está ligada de una manera admirable, en Cristo y por Cristo, con la vida de todos los otros hermanos cristianos, en la unidad sobrenatural del Cuerpo místico de Cristo, como en una persona mística"(Pablo VI, const ap. Indulgentarium doctrina, nº 5).

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