Mostrando entradas con la etiqueta 70. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 70. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de julio de 2022

Números 33,5-15: De Ramsés al desierto del Sinaí

Números 33,5-15:
De Ramsés al desierto del Sinaí

5 Después que partieron de Ramsés, los israelitas acamparon en Sucot.
6 Luego partieron de Sucot y acamparon en Etam, al borde del desierto.
7 De allí, se volvieron hacia Piajirot, que está frente a Baal Safón, y acamparon delante de Migdol.
8 Partiendo de Piajirot, llegaron al desierto, pasando a través del mar, 
   y después de tres días de marcha por el desierto de Etam, acamparon en Mará.
9 Partieron de Mará y llegaron a Elím, donde hay doce fuentes y setenta palmeras, y allí acamparon.
10 Partieron de Elím y acamparon a orillas del Mar Rojo.
11 Partieron del Mar Rojo y acamparon en el desierto de Sin.
12 Partieron del desierto de Sin y acamparon en Dofcá.
13 Partieron de Dofcá y acamparon en Alús.
14 Partieron de Alús y acamparon en Refidím, donde el pueblo no tuvo agua para beber.
15 Partieron de Refidím y acamparon en el desierto del Sinaí.

martes, 19 de julio de 2022

Números 11,24-30: La comunicación del espíritu a los ancianos

Números 11,24-30:
La comunicación del espíritu a los ancianos

24 Moisés salió a comunicar al pueblo las palabras del Señor. 
     Luego reunió a setenta hombres entre los ancianos del pueblo, 
     y los hizo poner de pie alrededor de la Carpa.
25 Entonces el Señor descendió en la nube y le habló a Moisés. 
     Después tomó algo del espíritu que estaba sobre él y lo infundió a los setenta ancianos. 
     Y apenas el espíritu se posó sobre ellos, comenzaron a hablar en éxtasis; 
     pero después no volvieron a hacerlo.
26 Dos hombres –uno llamado Eldad y el otro Medad– se habían quedado en el campamento; 
     y como figuraban entre los inscritos, el espíritu se posó sobre ellos, 
     a pesar de que no habían ido a la Carpa. Y también ellos se pusieron a hablar en éxtasis.
27 Un muchacho vino corriendo y comunicó la noticia a Moisés, con estas palabras: 
     «Eldad y Medad están profetizando en el campamento».
28 Josué, hijo de Nun, que desde su juventud era ayudante de Moisés, intervino diciendo: 
     «Moisés, señor mío, no se lo permitas».
29 Pero Moisés le respondió: «¿Acaso estás celoso a causa de mí? 
     ¡Ojalá todos fueran profetas en el pueblo del Señor, porque él les infunde su espíritu!».
30 Luego Moisés volvió a entrar en el campamento con todos los ancianos de Israel.

Números 11,16-23: La respuesta del Señor

Números 11,16-23:
La respuesta del Señor

16 El Señor respondió a Moisés: «Reúneme a setenta de los ancianos de Israel 
     –deberás estar seguro de que son realmente ancianos y escribas del pueblo– 
     llévalos a la Carpa del Encuentro, y que permanezcan allí junto contigo.
17 Yo bajaré hasta allí, te hablaré, y tomaré algo del espíritu que tú posees, para comunicárselo a ellos. 
     Así podrán compartir contigo el peso de este pueblo, y no tendrás que soportarlo tú solo.
18 También dirás al pueblo: Purifíquense para mañana y comerán carne. 
     Ya que ustedes han llorado delante del Señor, diciendo: 
     «¡Si al menos tuviéramos carne para comer! 
     ¡Qué bien estábamos en Egipto!», el Señor les dará de comer carne.
19 Y no la comerán un día, ni dos, ni diez, ni veinte,
20 sino un mes entero, hasta que se les salga por las narices y les provoque repugnancia. 
     Porque han despreciado al Señor que está en medio de ustedes, y han llorado en su presencia, 
     diciendo: «¿Para qué habremos salido de Egipto?».
21 Moisés dijo entonces: «El pueblo que me rodea está formado por seiscientos mil hombres de a pie, 
     ¿y tú dices que le darás carne para comer un mes entero?
22 Si se degollaran ovejas y vacas, ¿alcanzarían para todos? 
     Y si se reunieran todos los peces del mar, ¿tendrían bastante?».
23 Pero el Señor respondió a Moisés: «¿Acaso hay límite para el poder del Señor? 
     En seguida verás si lo que acabo de decirte se cumple o no».

martes, 7 de diciembre de 2021

Isaías 23,15-18: Tiro, olvidada y restaurada

Isaías 23,15-18:
Tiro, olvidada y restaurada


15 Aquel día, Tiro quedará olvidada setenta años que es la duración de la vida de un rey, 
     y al cabo de setenta años aplicarán a Tiro la copla de la prostituta:
16 Toma la cítara, recorre la ciudad, prostituta olvidada, toca buena música, canta muchas coplas, 
     a ver si se acuerdan de ti.
17 Al cabo de los setenta años, el Señor se ocupará de Tiro, y ella volverá a su antiguo comercio, 
     fornicando con todos los reinos de la superficie del mundo.
18 Pero las ganancias de su comercio serán consagradas al Señor, no serán almacenadas ni atesoradas. 
     Sus ganancias serán para los que habitan ante el Señor, para que coman y se sacien y se vistan con 
     esplendor.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Mateo 18,21-35: Parábola del servidor despiadado

Mateo 18,21-35
Jueves de la 19 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II
Martes de la 3 Semana de Cuaresma
Domingo de la 24 Semana del Tiempo Ordinario, Ciclo A

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús, le preguntó: "Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?". Jesús le contestó: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete". Y les propuso esta parábola: "Se parece el Reino de los cielos a un rey que quiso ajustar cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía tres mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo". El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y, agarrándolo, lo extrangulaba diciendo: "Págame lo que me debes". El compañero, arrodillándose a sus pies, le rogaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré". Pero él se negó, y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?". Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo si cada cual no perdona de corazón a su hermano". Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

SOBRE EL MISMO TEMA:
La necesidad del perdón    

domingo, 13 de agosto de 2017

Génesis 50,1-21: Temor de los hermanos de José

Génesis 50,1-21

50:1 José cayó sobre el rostro de su padre, lloró sobre él y lo besó.
50:2 Luego encargó José a sus servidores médicos que embalsamaran a su padre, y los médicos embalsamaron a Israel.
50:3 Emplearon en ellos cuarenta días, porque este es el tiempo que se emplea con los embalsamados. Y los egipcios le lloraron durante setenta días.
50:4 Transcurridos los días de luto por él, habló José a la casa de Faraón en estos términos: "Si he hallado gracia a vuestros ojos, por favor, haced llegar a oídos de Faraón esta palabra:
50:5 Mi padre me tomó juramento diciendo: "Yo me muero. En el sepulcro que yo me labré en el país de Canaán, allí me has de sepultar." Ahora, pues, permíteme que suba a sepultar a mi padre, y luego volveré."
50:6 Dijo Faraón: "Sube y sepulta a tu padre como él te hizo jurar."
50:7 Subió José a enterrar a su padre, y con él subieron todos los servidores de Faraón, los más viejos de palacio, y todos los ancianos de Egipto,
50:8 así como toda la familia de José, sus hermanos y la familia de su padre. Tan sólo a sus pequeñuelos, sus rebaños y vacadas, dejaron en el país de Gosen.
50:9 Subieron con él además carros y aurigas: un cortejo muy considerable.
50:10 Llegados a Goren Haatad, que está allende el Jordán, hicieron allí un duelo muy grande y solemne, y José lloró a su padre durante siete días.
50:11 Los cananeos, habitantes del país, vieron el duelo en Goren Haatad y dijeron: "Duelo de importancia es ése de los egipcios." Por eso se llamó el lugar Abel Misráyim, que está allende el Jordán.
50:12 Sus hijos, pues, hicieron por él como él se lo había mandado;
50:13 le llevaron sus hijos al país de Canaán, y le sepultaron en la cueva del campo de la Makpelá, el campo que había comprado Abraham en propiedad sepulcral a Efrón el hitita, enfrente de Mambré.
50:14 Regresó José a Egipto con sus hermanos, y todos cuantos habían subido con él a sepultar a su padre.
50:15 Vieron los hermanos de José que había muerto su padre y dijeron: "A ver si José nos guarda rencor y nos devuelve todo el daño que le hicimos."
50:16 Por eso mandaron a José este recado: "Tu padre encargó antes de su muerte:
50:17 "Así diréis a José: Por favor, perdona el crimen de tus hermanos y su pecado." Cierto que te hicieron daño, pero ahora tú perdona el crimen de los siervos del Dios de tu padre." Y José lloró mientras le hablaban.
50:18 Fueron entonces sus hermanos personalmente y cayendo delante de él dijeron: "Henos aquí, esclavos tuyos somos."
50:19 Replicóles José: "No temáis, ¿estoy yo acaso en vez de Dios?
50:20 Aunque vosotros pensasteis hacerme daño, Dios lo pensó para bien, para hacer sobrevivir, como hoy ocurre, a un pueblo numeroso.
50:21 Así que no temáis; yo os mantendré a vosotros y a vuestros pequeñuelos." Y les consoló y les habló con afecto. 

Génesis 46,1-27: Israel va a Egipto

Génesis 46,1-27

46:1 Partió Israel con todas sus pertenencias y llegó a Berseba, donde hizo sacrificios al Dios de su padre Isaac.
46:2 Y dijo Dios a Israel en visión nocturna: "¡Jacob, Jacob!" —"Heme aquí", respondió.—
46:3 "Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas bajar a Egipto, porque allí te haré una gran nación.
46:4 Y bajaré contigo a Egipto y yo mismo te subiré también. José te cerrará los ojos."
46:5 Jacob partió de Berseba y los hijos de Israel montaron a su padre Jacob, así como a sus pequeños y mujeres, en las carretas que había mandado Faraón para trasportarle.
46:6 También tomaron sus ganados y la hacienda lograda en Canaán, y fueron a Egipto, Jacob y toda su descendencia con él.
46:7 Sus hijos y nietos, sus hijas y nietas: a toda su descendencia se la llevó consigo a Egipto.
46:8 Estos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto: Jacob y sus hijos. El primogénito de Jacob: Rubén,
46:9 y los hijos de Rubén: Enoc, Pallú, Jesrón y Karmí;
46:10 los hijos de Simeón: Yemuel, Yamín, Ohad, Yakín, Sójar y Saúl, hijo de la cananea;
46:11 los hijos de Leví: Guersón, Quehat y Merarí;
46:12 los hijos de Judá: Er, Onán, Selá, Peres y Zéraj, (¡pero Er y Onán ya habían muerto en Canaán!) y los hijos de Peres: Jesrón y Jamul;
46:13 los hijos de Isacar: Tolá, Puvá, Yasub y Simrón;
46:14 los hijos de Zabulón: Séred, Elón, Yajleel.
46:15 Estos fueron los hijos que Lía había dado a Jacob en Paddán Aram, y también su hija Dina. Sus hijos y sus hijas eran en total 33 personas.
46:16 Los hijos de Gad: Sefón, Jagguí, Suní, Esbón, Erí, Arodí y Arelí.
46:17 Los hijos de Aser: Yimná, Yisvá, Yisví, Beriá y Séraj, hermana de ellos. Hijos de Beriá: Jéber y Malkiel.
46:18 Estos son los hijos de Zilpá, la que Labán diera a su hija Lía; ella engendró para Jacob estas dieciséis personas.
46:19 Los hijos de Raquel, mujer de Jacob: José y Benjamín.
46:20 A José le nacieron en Egipto Manasés y Efraím, de Asnat, hija de Poti Fera, sacerdote de On.
46:21 Los hijos de Benjamín: Belá, Béker, Asbel, Guerá, Naamán, Ejí, Ros, Muppim, Juppim y Ard.
46:22 Estos son los hijos que Raquel dio a Jacob. En total catorce personas.
46:23 Los hijos de Dan: Jusim.
46:24 Los hijos de Neftalí: Yajseel, Guní, Yéser y Sillem.
46:25 Estos son los hijos de Bilhá, la que Labán diera a su hija Raquel, y que aquélla engendró para Jacob: en total siete personas.
46:26 Todas las personas que entraron con Jacob en Egipto, nacidas de sus entrañas, —salvo las mujeres de los hijos de Jacob— hacían un total de 66 personas.
46:27 Los hijos de José, que le habían nacido en Egipto, eran dos. Todas las personas de la casa de Jacob que entraron en Egipto eran setenta.

sábado, 29 de julio de 2017

Exodo 24,1-11: Ratificación de la alianza

Exodo 24,1-11
Sábado de la 16 Semana del Tiempo Ordinario, Año I

24:1 Dijo a Moisés: "Sube donde Yahveh, tú, Aarón, Nadab y Abihú, con setenta de los ancianos de Israel; os postraréis desde lejos.
24:2 Sólo Moisés se acercará a Yahveh; ellos no se acercarán. Tampoco el pueblo subirá con ellos."
24:3 Vino, pues, Moisés y refirió al pueblo todas las palabras de Yahveh y todas sus normas. Y todo el pueblo respondió a una voz: "Cumpliremos todas las palabras que ha dicho Yahveh."
24:4 Entonces escribió Moisés todas las palabras de Yahveh; y, levantándose de mañana, alzó al pie del monte un altar y doce estelas por las doce tribus de Israel.
24:5 Luego mandó a algunos jóvenes, de los israelitas, que ofreciesen holocaustos e inmolaran novillos como sacrificios de comunión para Yahveh.
24:6 Tomó Moisés la mitad de la sangre y la echó en vasijas; la otra mitad la derramó sobre el altar.
24:7 Tomó después el libro de la Alianza y lo leyó ante el pueblo, que respondió: "Obedeceremos y haremos todo cuanto ha dicho Yahveh."
24:8 Entonces tomó Moisés la sangre, roció con ella al pueblo y dijo: "Esta es la sangre de la Alianza que Yahveh ha hecho con vosotros, según todas estas palabras."
24:9 Moisés subió con Aarón, Nadab y Abihú y setenta de los ancianos de Israel,
24:10 y vieron al Dios de Israel. Bajo sus pies había como un pavimento de zafiro tan puro como el mismo cielo.
24:11 No extendió él su mano contra los notables de Israel, que vieron a Dios, comieron y bebieron.

viernes, 21 de julio de 2017

Exodo 15,22-27: Aguas amargas: Mará

Exodo 15,22-27

15:22 Moisés hizo partir a los israelitas del mar de Suf y se dirigieron hacia el desierto de Sur: caminaron tres días por el desierto sin encontrar agua.
15:23 Luego llegaron a Mará, porque era amarga. Por eso se llama aquel lugar Mará.
15:24 El pueblo murmuró contra Moisés, diciendo: "¿Qué vamos a beber?"
15:25 Entonces Moisés invocó a Yahveh, y Yahveh le mostró un madero que Moisés echó al agua, y el agua se volvió dulce. Allí dio a Israel decretos y normas, y allí le puso a prueba.
15:26 Y dijo: "Si de veras escuchas la voz de Yahveh, tu Dios, y haces lo que es recto a sus ojos, dando oídos a sus mandatos y guardando todos sus preceptos, no traeré sobre ti ninguna de las plagas que envié sobre los egipcios; porque yo soy Yahveh, el que te sana."
15:27 Después llegaron a Elim, donde hay doce fuentes de agua y setenta palmeras, y acamparon allí junto a las aguas.

martes, 1 de marzo de 2016

Mateo 18,21-35: La necesidad del perdón

Mateo 18,21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús, le preguntó: "Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?". Jesús le contestó: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete". Y les propuso esta parábola: "Se parece el Reino de los cielos a un rey que quiso ajustar cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía tres mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo". El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y, agarrándolo, lo extrangulaba diciendo: "Págame lo que me debes". El compañero, arrodillándose a sus pies, le rogaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré". Pero él se negó, y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?". Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo si cada cual no perdona de corazón a su hermano". Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

— Comentario por la Orden Carmelita

El Evangelio de hoy habla de la necesidad del perdón. No es fácil perdonar. Pues ciertas heridas siguen machucando el corazón. Hay personas que dicen: “Yo perdono pero no olvido” Rencor, tensiones, discusiones, opiniones diferentes, ofensas, provocaciones dificultan el perdón y la reconciliación. Vamos a meditar las palabras de Jesús que hablan de reconciliación (Mt 18,21-22) y que nos traen la parábola del perdón sin límites (Mt 18,23-35).

Mateo 18,21-22: ¡Perdonar setenta veces siete! 

Jesús había hablado de la importancia del perdón y sobre la necesidad de saber acoger a los hermanos y a las hermanas para ayudarlos a reconciliarse con la comunidad (Mt 18,15-20).

Ante estas palabras de Jesús, Pedro pregunta: “¿Cuántas veces tengo que perdonar a los hermanos que pecan contra mí? ¿Hasta setenta veces siete? ” El número siete indica una perfección. En este caso, era sinónimo de siempre. Jesús va más lejos de la propuesta de Pedro. Elimina todo y cualquier límite posible para el perdón: "No te digo siete, sino setenta veces siete.” O sea, ¡setenta veces siempre! Pues no hay proporción entre el perdón que recibimos de Dios y el perdón que debemos ofrecer a los hermanos, como nos enseña la parábola del perdón sin límites.

La expresión setenta veces siete era una alusión a las palabras de Lamec que decía: “Y dijo Lamec a sus mujeres: Que un varón mataré por mi herida y un joven por mi golpe. Si siete veces será vengado Caín, Lamec en verdad setenta veces siete lo será”. (Gen 4,23-24).

Jesús quiere invertir el espiral de violencia que entró en el mundo por la desobediencia de Adán y Eva, por el asesinato de Abel y Caín y por la venganza de Lamec. Cuando la violencia desenfrenada se apodera de la vida, todo se deshace y la vida se desintegra. Surge el Diluvio y aparece la Torre de Babel de la dominación universal (Gen 2,1 a 11,32).

Mateo18,23-35: La parábola del perdón sin límite

La deuda de diez mil talentos valía alrededor de 164 toneladas de oro. La deuda de cien denarios valía 30 gramos de oro. No existe medio de comparación entre los dos. Aunque el deudor con mujer e hijos fuesen a trabajar la vida entera, jamás serían capaces de juntar 164 toneladas de oro.

Ante el amor de Dios que perdona gratuitamente nuestra deuda de 164 toneladas de oro, es nada más que justo el que nosotros perdonemos al hermano una deuda insignificante de 30 gramos de oro, ¡setenta veces siempre! ¡El único límite a la gratuidad del perdón de Dios es nuestra incapacidad de perdonar al hermano! (Mt 18,34; 6,15).

— La comunidad como espacio alternativo de solidaridad y de fraternidad:

La sociedad del Imperio Romano era dura y sin corazón, sin espacio para los pequeños. Estos buscaban un abrigo para el corazón y no lo encontraban. Las sinagogas también eran exigentes y no ofrecían un lugar para ellos. Y en las comunidades cristianas el rigor de algunos en la observancia de la Ley llevaba dentro de la convivencia los mismos criterios de la sinagoga.

Además de esto, hacia finales del siglo primero, en las comunidades cristianas comenzaban a aparecer las mismas divisiones que existían en la sociedad entre rico y pobre (Sant 2,1-9). En vez de ser la comunidad un espacio de acogida, corría el riesgo de volverse un lugar de condena y de conflictos. Mateo quiere iluminar las comunidades, para que sean un espacio alternativo de solidariedad y de fraternidad. Deben ser una Buena Nueva para los pobres.