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miércoles, 21 de agosto de 2024

Libro de Josué 24,1-33: El pacto de Siquem

Libro de Josué
Capítulo 24

LA GRAN ASAMBLEA DE SIQUEM
Recuerdo de la vocación de Israel

1 Josué reunió a las tribus de Israel en Siquén. 
   Convocó a los ancianos de Israel, a los jefes de familia, a los jueces y escribas, 
   y se presentaron ante el Señor. 
2 Josué habló al pueblo: 
   –Así dice el Señor, Dios de Israel: Al otro lado del río Éufrates vivieron antiguamente sus padres, 
   Téraj, padre de Abrahán y de Najor, sirviendo a otros dioses. 
3 Pero yo tomé a Abrahán, su padre, del otro lado del río, 
   lo conduje por todo el país de Canaán y multipliqué su descendencia dándole a Isaac. 
4 A Isaac le di Jacob y Esaú. A Esaú le di en propiedad la montaña de Seír, 
   mientras que Jacob y sus hijos bajaron a Egipto. 
5 Envié a Moisés y a Aarón para castigar a Egipto con los portentos que hice, 
   y después los saqué de allí. 
6 Saqué de Egipto a sus padres, y llegaron al mar. 
   Los egipcios persiguieron a sus padres con caballería y carros hasta el Mar Rojo; 
7 pero gritaron al Señor, y él puso una nube oscura entre ustedes y los egipcios; 
   después desplomó sobre ellos el mar, cubriéndolos. 
   Sus ojos vieron lo que hice en Egipto. Después vivieron en el desierto muchos años. 
8 Los llevé al país de los amorreos, que vivían en Transjordania; 
   los atacaron y se los entregué; ustedes se apoderaron de sus territorios; 
    y yo se los quité de delante. 
9 Entonces Balac, hijo de Sipor, rey de Moab, atacó a Israel; 
   mandó llamar a Balaán, hijo de Beor, para que los maldijera; 
10 pero yo no quise oír a Balaán, que no tuvo más remedio que bendecirlos, 
     y los libré de sus manos. 
11 Pasaron el Jordán y llegaron a Jericó. Los jefes de Jericó los atacaron: 
     los amorreos, fereceos, cananeos, hititas, guirgaseos, heveos y jebuseos, pero yo se los entregué; 
12 sembré el pánico ante ustedes, y expulsaron a los dos reyes amorreos 
     no con tu espada ni con tu arco; 
13 y les di una tierra por la que no habían sudado, ciudades que no habían construido 
     y en las que ahora viven; viñedos y olivares que no habían plantado y de los que ahora comen.

Israel elige a Yahvé
 
14 Por lo tanto, teman al Señor y sírvanlo con toda sinceridad; 
     dejen de lado a los dioses que sirvieron sus padres al otro lado del río y en Egipto, 
     y sirvan al Señor. 
15 Y si no están dispuestos a servir al Señor, elijan hoy a quién quieren servir: 
     a los dioses que sirvieron sus padres al otro lado del río 
     o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitan, que yo y mi familia serviremos al Señor. 
16 El pueblo respondió: 
     –¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para ir a servir a otros dioses! 
17 Porque el Señor, nuestro Dios, es quien nos sacó a nosotros 
     y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto, quien hizo ante nuestros ojos 
     aquellos grandes prodigios, nos guardó en todo nuestro peregrinar 
     y entre todos los pueblos que atravesamos. 
18 El Señor expulsó ante nosotros a los pueblos amorreos que habitaban el país. 
     Por eso también nosotros serviremos al Señor: ¡él es nuestro Dios! 
19 Josué dijo al pueblo: 
     –No podrán servir al Señor, porque es un Dios santo, un Dios celoso. 
     No perdonará sus delitos ni sus pecados. 
20 Si abandonan al Señor y sirven a dioses extranjeros, se volverá contra ustedes, 
     y después de haberlos tratado bien, los maltratará y aniquilará. 
21 El pueblo respondió: –¡No! Serviremos al Señor. 
22 Josué insistió: 
     –Son testigos contra ustedes mismos de que han elegido servir al Señor. 
     Respondieron: 
     –¡Somos testigos! 
23 –Entonces dejen de lado los dioses extranjeros que conservan 
     y pónganse de parte del Señor, Dios de Israel. 
24 El pueblo respondió: 
     –Nosotros serviremos al Señor, nuestro Dios, y le obedeceremos. 

El pacto de Siquén

25 Aquel día Josué selló una alianza con el pueblo y les dio leyes y mandatos en Siquén. 
26 Escribió las cláusulas en el libro de la ley de Dios, agarró una gran piedra y la erigió allí, 
     bajo la encina del santuario del Señor, 
27 y dijo a todo el pueblo: 
    –Miren esta piedra, que será testigo contra nosotros, 
    porque ha oído todo lo que el Señor nos ha dicho. 
    Será testigo contra ustedes para que no renieguen de su Dios. 
28 Luego despidió al pueblo, cada cual a su herencia. 

Muerte de Josué
Jc 2,6-10

29 Algún tiempo después murió Josué, hijo de Nun, siervo del Señor, a la edad de ciento diez años. 
30 Lo enterraron en el territorio de su herencia, en Timná Séraj, en la serranía de Efraín, 
     al norte del monte Gaas. 
31 Israel sirvió al Señor mientras vivió Josué y durante toda la vida de los ancianos 
     que le sobrevivieron y que habían visto las hazañas del Señor en favor de Israel. 

Los huesos de José
Muerte de Eleazar

32 Los huesos de José, traídos por los israelitas de Egipto, los enterraron en Siquén, 
     en el campo que había comprado Jacob a los hijos de Jamor, padre de Siquén, por cien pesos, 
     y que pertenecía a los hijos de José. 
33 También murió Eleazar, hijo de Aarón. Lo enterraron en Guibeá, población de su hijo Fineés, 
     que la había recibido en propiedad en la serranía de Efraín.


sábado, 24 de junio de 2023

Hechos 13,13-41: En Antioquía de Pisidia: discurso de Pablo

En Antioquía de Pisidia: discurso de Pablo

13 Navegando desde Pafos, Pablo y sus compañeros llegaron a Perge de Panfilia. 
     Juan se separó de ellos y se volvió a Jerusalén. 
14 Ellos continuaron desde Perge hasta Antioquía de Pisidia, 
     y entrando un sábado en la sinagoga, tomaron asiento. 
15 Terminada la lectura de la ley y los profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a decir: 
     —Hermanos, si tienen alguna palabra de aliento para el pueblo, pueden decirla. 
16 Pablo se levantó y, pidiendo silencio con la mano, dijo: 
     —Israelitas y todos los que temen a Dios, escúchenme: 
17 El Dios de este pueblo, el Dios de Israel eligió a nuestros padres y engrandeció al pueblo 
     mientras residía en Egipto. Más tarde, con brazo poderoso los sacó de allí 
18 y durante cuarenta años los condujo por el desierto. 
19 Aniquiló a siete pueblos paganos de Canaán y entregó su territorio en heredad a Israel, 
20 por cuatrocientos cincuenta años; les dio jueces hasta el profeta Samuel. 
21 Entonces pidieron un rey y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, 
     que reinó cuarenta años. 
22 Lo depuso y nombró rey a David, de quien dio testimonio: Encontré a David, el de Jesé, 
     un hombre a mi gusto, que cumplirá todos mis deseos.
23 De la descendencia de David, según la promesa, sacó Dios a Jesús como salvador de Israel. 
24 Antes de su llegada Juan predicó un bautismo de penitencia a todo el pueblo de Israel.
25 Hacia el fin de su carrera mortal Juan dijo: Yo no soy el que ustedes creen; 
     detrás de mí viene uno al que no tengo derecho a quitarle las sandalias de los pies. 


26 Hermanos, descendientes de Abrahán, y todos los que temen a Dios: 
     A ustedes se les envía este mensaje de salvación. 
27 Los vecinos de Jerusalén y sus jefes no acogieron a Jesús ni entendieron las palabras 
     de los profetas que se leen cada sábado. Pero, al juzgarlo, las cumplieron. 
28 Pidieron a Pilato que lo condenara, aunque no encontraron causa para una sentencia de muerte.
29 Cuando se cumplió todo lo escrito de él lo descolgaron del madero y le dieron sepultura. 
30 Pero Dios lo resucitó de la muerte 
31 y se apareció durante muchos días a los que habían subido con él de Galilea a Jerusalén. 
     Ellos son hoy sus testigos ante el pueblo. 
32 Y nosotros, les anunciamos a ustedes esta Buena Noticia: 
     la promesa que Dios hizo a nuestros padres 
33 fue cumplida por él a sus descendientes, que somos nosotros, resucitando a Jesús, 
     como está escrito en el salmo segundo: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. 

34 Y que lo ha resucitado para que nunca se someta a la corrupción está anunciado así: 
     Cumpliré las santas promesas hechas a David, aquellas que no pueden fallar. 
35 Y en otro lugar dice: No permitirás que tu fiel sufra la corrupción. 
36 Ahora bien, David, después de haber cumplido la voluntad de Dios durante su propia generación, 
     murió, fue sepultado y sufrió la corrupción. 
37 En cambio, el que Dios resucitó no sufrió la corrupción.
38 Sépanlo, hermanos, se les anuncia el perdón de los pecados por medio de él, 
39 y todo el que crea será perdonado de todo lo que no pudo perdonar la ley de Moisés. 
40 ¡Tengan cuidado! Que no les suceda lo anunciado por los profetas: 
41 Ustedes, los que desprecian, llénense de estupor y ocúltense: Porque en estos días voy a realizar 
     algo que si alguien lo contara no lo podrían creer.

sábado, 10 de junio de 2023

SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO, C (Lecturas)

Génesis 14, 18-20
Salmo 109: Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec
I Corintios 11, 23-26
Lucas 9,11b-17


En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino y bendijo a Abrán, diciendo: "Bendito sea Abrán por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos." Y Abrán le dio un décimo de cada cosa.


Salmo 109: Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec

Oráculo del Señor a mi Señor:
"Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos estrado de tus pies."
R.  Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.
R.  Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec

"Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora."
R.  Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
"Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec."
R.  Tú eres sacerdote eterno, 
según el rito de Melquisedec



Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó un pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía." Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: "Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía." Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.



En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle: "Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado." Él les contestó: "Dadles vosotros de comer." Ellos replicaron: "No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío." Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos: "Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta." Lo hicieron así, y todos se echaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.

domingo, 27 de noviembre de 2022

Mateo 8,5-17: "Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades"

Mateo 8,5-17

Mt 8,5-13: Curación del sirviente de un centurión

5 Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión, rogándole:
6 "Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente".
7 Jesús le dijo: "Yo mismo iré a curarlo".
8 Pero el centurión respondió: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra     y mi sirviente se sanará.
9 Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a 
   mis órdenes: "Ve", él va, y a otro: "Ven", él viene; y cuando digo a mi sirviente: "Tienes que hacer 
   esto", él lo hace".
10 Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: "Les aseguro que no he encontrado a nadie 
     en Israel que tenga tanta fe.
11 Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con 
     Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos;
12 en cambio, los herederos del Reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y      
     rechinar de dientes". 
13 Y Jesús dijo al centurión: "Ve, y que suceda como has creído". Y el sirviente se curó en ese mismo 
     momento.

Mt 8,14-15: Curación de la suegra de Pedro
Cf. Marcos 1,29-31; Lucas 4,38-39

14 Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, encontró a la suegra de éste en cama con fiebre.
15 Le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirlo.

Mt 8,16-17: Diversas curaciones
Cf. Marcos 1,32-34; Lucas 4,40-41

16 Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y él, con su palabra, expulsó a los espíritus y curó a 
     todos los que estaban enfermos,
17 para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: Él tomó nuestras 
     debilidades y cargó sobre sí nuestras enfermedades.

sábado, 19 de noviembre de 2022

Lucas 20,27-38: Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer?"

Lucas 20,27-40
Sábado de la 33 Semana del Tiempo Ordinario I y II

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: "Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella."Jesús les contestó: "En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob". No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos." Intervinieron unos escribas: "Bien dicho, Maestro." Y no se atrevían a hacerle más preguntas.


SOBRE EL MISMO TEMA:

sábado, 29 de octubre de 2022

Lucas 19,1-10: La conversión de Zaqueo

Lucas 19,1-10
Martes de la 33 Semana del Tiempo Ordinario, I y II

En aquel tiempo entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió en una higuera para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: "Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa". El bajó en seguida, y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: "Ha entrado ha hospedarse en casa de un pecador". Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: "Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más". Jesús le contestó: "Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido".


SOBRE EL MISMO TEMA:

DOMINGO DE LA 31 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año C (Lecturas)

Sabiduría 11:22-12:2
Salmo 144,1-2.8-9.10-11.13cd-14:
Bendecire tu nombre por siempre jamas, 
Dios mio, mi rey
2 Tesalonicenses 1:11-2:2
Lucas 19:1-10


Sabiduría 11,22–12,2

Tú de todos tienes compasión, porque lo puedes todo y no te fijas en los pecados de los hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado. ¿Cómo podrían existir los seres, si tú no lo hubieras querido? ¿Cómo podrían conservarse, si tú no lo ordenaras? Tú tienes compasión de todos, porque todos, Señor, te pertenecen y amas todo lo que tiene vida, porque en todos los seres está tu espíritu inmortal. Por eso, a los que pecan los corriges y reprendes poco a poco, y les haces reconocer sus faltas, para que apartándose del mal crean en ti, Señor.


Salmo 144,1-2.8-9.10-11.13cd-14: 
Bendeciré tu nombre por siempre, 
Dios mío, mi rey

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.
R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas.
R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.
R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey


Tesalonicenses 1,11–2,2

Con este fin oramos siempre por vosotros, pidiendo a nuestro Dios que os tenga por dignos de haber sido llamados por él, y que cumpla con su poder todos vuestros buenos deseos y los trabajos que realizáis impulsados por la fe. De esta manera el nombre de nuestro señor Jesús será honrado por vuestra causa, y él os honrará conforme a la bondad de nuestro Dios y del señor Jesucristo. Ahora, hermanos, en cuanto al regreso de nuestro señor Jesucristo y a nuestra reunión con él, os rogamos que no cambiéis fácilmente de manera de pensar ni os dejéis asustar por ningún mensaje espiritual, discurso o carta que recibáis, como si fuera nuestra, diciendo que el día del Señor ya ha llegado.


Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. Vivía en ella un hombre rico llamado Zaqueo, jefe de los que cobraban impuestos para Roma. Quería conocer a Jesús, pero no conseguía verle, porque había mucha gente y Zaqueo era de baja estatura. Así que, echando a correr, se adelantó, y para alcanzar a verle se subió a un árbol junto al cual tenía que pasar Jesús.
Al llegar allí, Jesús miró hacia arriba y le dijo:
— Zaqueo, baja en seguida porque hoy he de quedarme en tu casa.
Zaqueo bajó aprisa, y con alegría recibió a Jesús. Al ver esto comenzaron todos a criticar a Jesús, diciendo que había ido a quedarse en casa de un pecador.  Pero Zaqueo, levantándose entonces, dijo al Señor:
— Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes; y si he robado algo a alguien, le devolveré cuatro veces más.
Jesús le dijo:
— Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque este hombre también es descendiente de Abraham. Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido.

SOBRE ESTE DOMINGO:

miércoles, 12 de octubre de 2022

Lucas 16,19-31: Parábola del hombre rico y el pobre Lázaro



Lucas 16,19-31

En aquellos días dijo Jesús esta parábola: «Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. «Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: "Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama." Pero Abraham le dijo: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros." «Replicó: "Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento." Díjole Abraham: "Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan." El dijo: "No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán." Le contestó: "Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite."»


SOBRE EL MISMO TEMA:

sábado, 23 de julio de 2022

DOMINGO DE LA 17 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo C (Lecturas)

Génesis 18,20-32
Salmo 137: Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste
Colosenses 2, 12-14
Lucas 11,1-13



En aquellos días, el Señor dijo:
- La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte, y su pecado es grave; voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré.
Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán. Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios:
- ¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti hacer tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?
El Señor contestó:
- Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos.
Abrahán respondió:
- Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?
Respondió el Señor:
- No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco.
Abrahán insistió:
Quizá no se encuentren más que cuarenta.
Le respondió:
- En atención a los cuarenta, no lo haré.
Abrahán siguió:
- Que no se enfade mi Señor, si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?
Él respondió:
- No lo haré, si encuentro allí treinta.
Insistió Abrahán:
- Me he atrevido a hablar a mi Señor. ¿Y si se encuentran sólo veinte?"
Respondió el Señor:
- En atención a los veinte, no la destruiré.
Abrahán continuo:
- Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?
Contestó el Señor:
- En atención a los diez, no la destruiré.

Salmo 137:
Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario.
R. Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste

Daré gracias a tu nombre,
por tu misericordia y tu lealtad.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.
R. Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.
Cuando camino entre peligros, me conservas la vida;
extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo.
R. Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste

Y tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.
R. Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste



Hermanos: Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo, y habéis resucitado con él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos. Estabais muertos por vuestros pecados, porque no estabais circuncidados; pero Dios os dio vida en él, perdonándoos todos los pecados. Borró el protocolo que nos condenaba con sus cláusulas y era contrario a nosotros; lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz.


Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:
— Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.
Él les dijo:
— Cuando oréis decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación."
Y les dijo:
— Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: "Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle." Y, desde dentro, el otro le responde: "No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos." Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?

SOBRE EL MISMO TEMA:    
La oración de Abraham y de Jesús  
Señor, enséñanos a orar  

Números 32,6-15: La respuesta de Moisés

Números 32,6-15:
La respuesta de Moisés

6 Pero Moisés respondió a los gaditas y a los rubenitas: 
   «¿Así que ustedes se quedarán aquí, mientras sus hermanos van a la guerra?
7 ¿Por qué desalientan a los israelitas para no crucen al país que el Señor les ha dado?
8 Esto es lo hicieron sus padres cuando yo los envié desde Cades Barné a reconocer el país.
9 Después que fueron al valle de Escol y vieron al país, ellos desalentaron a los israelitas, 
   a fin de que no invadieran la tierra que el Señor les había dado.
10 Por eso, aquel día el Señor se indignó y pronunció este juramento:
11 «Ninguno de los hombres mayores de veinte años que salieron de Egipto verá la tierra que prometí 
     con el juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob, porque ellos me han sido infieles.
12 Ninguno, excepto Caleb, hijo de Iefuné, el quenizita, y Josué, hijo de Nun, 
     que permanecieron fieles al Señor».
13 Así se indignó el Señor contra Israel y los hizo andar errantes por el desierto, 
     hasta que desapareció toda aquella generación que había desagradado al Señor.
14 Y ahora ustedes, raza de pecadores, ocupan el lugar de sus padres para añadir 
     todavía más al enojo del Señor contra Israel.
15 Si se apartan del Señor, él los dejará todavía en el desierto, 
     y así ustedes causarán la ruina de todo este pueblo».

Enséñanos a orar, por Julio González, S.F.


Comentario de Julio González SF

“Señor, enséñanos a orar”, qué bonita petición. De hecho, la persona que dice “Señor, enséñame a orar”, ya está orando porque está oración muestra la confianza, la fe, el deseo, de quien lo pide.

Y Jesús, les enseñó -nos enseñó- el Padrenuestro. Mucho se ha dicho sobre esta oración, pero yo voy a resaltar sus dos primeras palabras: Padre nuestro. Porque esto es lo que hace Jesús en el evangelio de hoy: explicar el significado de las palabras Padre nuestro.

"¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?"

¿Cuántos de nosotros le pedimos a Jesús que nos enseñe a orar? Tantas cosas le pedimos a Dios y a veces nos olvidamos de lo más importante, de lo que Dios quiere para nosotros.

También la primera lectura nos habla de Dios a través del Patriarca Abraham. He de reconocer que me entristece escuchar a algunos cristianos predicar sobre un Dios enojado a punto de castigarnos. Porque Abraham hace todo lo contrario. Recordando la bondad de algunas personas intercede por nosotros.

“Pero si hay cincuenta buenos, no puedes castigarlos”
“Pero si hay treinta buenos, no puedes castigarlos”
“Pero si hay diez buenos, no puedes castigarlos”

Jesús todavía será mejor abogado: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”.

Abraham es un hombre de Dios y sabe cómo llegar al corazón de Dios porque Dios tiene un corazón de Padre. Y nosotros estamos llamados a poner cara, manos, piernas, corazón a este Dios que conocemos por la fe a través del testimonio de la Iglesia.

Pidamos para que la palabra de Dios nos ayude a interceder los unos por los otros como lo han hecho Abraham y Jesús.

DOMINGO DE LA 17 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo C: La oración de Abraham y de Jesús, por Mons. Francisco González, S.F.



Comentario por Mons. Francisco González SF

Me encanta la primera de las lecturas de este domingo. Abrahán recibe varios títulos, en parte dependiendo de las diferentes misiones que Dios le ha confiado. Hoy le vemos –por decirlo de alguna manera- luchando con Dios, mejor dicho intercediendo ante Dios por las ciudades de Sodoma y Gomorra. Ha habido acusaciones contra ellas y Dios ha decidido visitarlas, y si las acusaciones son verdaderas, Él las destruirá.

Abrahán comienza un regateo con el Señor para salvar a los inocentes, y por extensión a las ciudades. Cuanto más uno lo piensa, da la impresión que la misericordia de Dios hace más caso a la oración del inocente que a la maldad de la multitud. Por eso el Papa gusta decir que el nombre de Dios es misericordia.

En el santo evangelio Lucas nos presenta a Jesús en algo en lo que pasaba bastante tiempo: orando. Al terminar sus discípulos quedaron maravillados de cómo lo hacía y le pidieron: “Señor, enséñanos a orar”.

En mis años de sacerdote bastante gente me han preguntado por alguna clase de libro que les enseñara a orar, una petición digna de alabanza. La gente quiere relacionarse con Dios. Y la verdad es que hay muchos libros que hablan de la importancia de la oración, que explican técnicas, y muchas otras cosas. Cuando buscamos mucha técnica se puede caer en una oración muy impersonal, en recitar lo que otros han dicho, pero no exactamente lo que te sale del corazón. Claro que cuando estamos en oración comunitaria debemos aprender a personalizar y hacer nuestro lo que decimos, pero que queda fortalecido por la voz unida y el corazón ardiente de los hermanos/as.

Jesús les enseña una oración simple, pero profunda, se reconoce a Dios como Padre, origen de la vida, un padre con un profundo sentimiento de madre. Al decir esta oración pedimos que esa familia que lo llama Padre lo glorifique, y que su plan se haga realidad, al expresar nuestro deseo de que “su reino venga”, para que la humanidad sea más humana, más justa, más fraternal, más familia, más hijas e hijos del mismo Padre.

Al Padre, que sabemos nos ama, le pedimos por lo que necesitamos para el futuro, para nuestro continuo viaje hacia Él, y como en la primera lectura queremos que no haya egoísmo que nos separe y por eso la petición del perdón vertical, que nos viene de Él así ayudarnos en ese otro sentido horizontal, el de perdonarnos unos a otros. Y finalmente la última petición. Jesús ha experimentado la tentación, y por eso añade “que el Padre nos ayude a no caer en la tentación que nos separaría tanto del mismo Padre como de los hermanos.

Hoy estamos acostumbrados a la “instantaneidad”, “al ya”, “al ahora mismo”. Esta cultura de rapidez puede afectar nuestra oración, especialmente de intercesión o petición: “Señor esto lo necesito ya”, y nos disgustamos, a veces hasta perdemos la fe en el Señor que no contesta inmediatamente. En la segunda parte de este pasaje evangélico nos pone un ejemplo para enseñarnos la perseverancia, la necesidad del insistir, cuando verdaderamente necesitamos algo.

Jesús, como buen Maestro, nos alienta indicando que debemos confiar en el Padre, como confiamos en el nuestro natural, que hace hasta lo imposible para cuidarnos, que no evita el propio sacrificio para que no carezcamos de lo necesario y por eso nos señala tres acciones que tienen sus consecuencias: pedir, llamad y buscar. Pues al que pide se le da, al que llama se le abrirá y el que busca encontrará.

Estos días hemos visto al Papa de visita en Brasil con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, quien ha tenido palabras de esperanza para todos, para que nadie pierda la confianza en el Señor Jesús. El papa Francisco decía que “no traía plata ni oro, sino lo más precioso que él había recibido: Jesucristo”. “He venido, continuaba, en su nombre, para mantener viva la llama del amor fraterno que arde en todo corazón”. Es ese amor fraterno el que nos hace llamar a Dios Padre, y el reconocerlo como tal, nos recuerda que esa relación con Él crea la gran hermandad que es la humanidad entera.

Génesis 18,16-33: Sodoma. El Señor es un Dios justo

Génesis 18,16-33
Lunes de la 13 Semana del Tiempo Ordinario, Año I

16 Se levantaron de allí aquellos hombres y partieron hacia Sodoma, 
     y Abraham les acompañaba de despedida.
17 Dijo entonces el Señor: "¿Por ventura voy a ocultarle a Abraham lo que hago,
18 siendo así que Abraham ha de ser un pueblo grande y poderoso, 
     y se bendecirán por él los pueblos todos de la tierra?
19 Porque yo le conozco y sé que mandará a sus hijos y a su descendencia 
     que guarden el camino del Señor, practicando la justicia y el derecho, 
     de modo que pueda concederle el Señor a Abraham lo que le tiene apalabrado."

20 Dijo, pues, el Señor: "El clamor de Sodoma y de Gomorra es grande; y su pecado gravísimo.
21 Ea, voy a bajar personalmente, a ver si lo que han hecho responde en todo al clamor 
     que ha llegado hasta mí, y si no, he de saberlo."
22 Y marcharon desde allí aquellos individuos camino de Sodoma, 
     en tanto que Abraham permanecía parado delante del Señor.
23 Se acercó Abraham al Señor y le dijo: "¿Así que vas a borrar al justo con el malvado?
24 Tal vez haya cincuenta justos en la ciudad. 
     ¿Es que vas a borrarlos, y no perdonarás a aquel lugar por los cincuenta justos que hay dentro?
25 Tú no puedes hacer tal cosa: dejar morir al justo con el malvado, 
     y que corran parejos el uno con el otro. Tú no puedes. 
     El juez de toda la tierra, ¿va a fallar una injusticia?"
26 Dijo el Señor: "Si encuentro en Sodoma a cincuenta justos en la ciudad 
     perdonaré a todo el lugar por amor de aquéllos.
27 Replicó Abraham: "¡Mira que soy atrevido de interpelar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza!
28 Supón que los cincuenta justos fallen por cinco. ¿Destruirías por los cinco a toda la ciudad?" 
     Dijo: "No la destruiré, si encuentro allí a 45."
29 Insistió todavía: "Supón que se encuentran allí cuarenta." 
     Respondió: "Tampoco lo haría, en atención de esos cuarenta."
30 Insistió: "No se enfade mi Señor si le digo: "Tal vez se encuentren allí treinta". 
     Respondió: "No lo haré si encuentro allí a esos treinta."
31 Le dijo. "¡Cuidado que soy atrevido de interpelar a mi Señor! ¿Y si se hallaran allí veinte?"
32 Respondió: Tampoco haría destrucción en gracia de los veinte." 
     Insistió: "Vaya, no se enfade mi Señor, que ya sólo hablaré esta vez: 
     "¿Y si se encuentran allí diez?"" Dijo: "Tampoco haría destrucción, en gracia de los diez."

33 Partió el Señor así que hubo acabado de conversar con Abraham, y éste se volvió a su lugar.

sábado, 16 de julio de 2022

Domingo de la 16 Semana del Tiempo Ordinario, Año C (Lecturas)

Génesis 18, 1-10a
Salmo 14: Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
Colosenses 1, 24-28
Lucas 10, 38-42


En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo: "Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo." Contestaron: "Bien, haz lo que dices." Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo: "Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza." Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron. Después le dijeron: "¿Dónde está Sara, tu mujer?" Contestó: "Aquí, en la tienda." Añadió uno: "Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo."


Salmo 14: Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua.
R. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor.
R. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
el que así obra nunca fallará.
R. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?



Hermanos: Ahora me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado ministro, asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo: el misterio que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a sus santos. A éstos ha querido Dios dar a conocer la gloria y riqueza que este misterio encierra para los gentiles: es decir, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria. Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo.



En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano." Pero el Señor le contestó: "Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán."


COMENTARIOS:
Julio González SF  

Génesis 18,1-15: Aparición de Dios en Mambré

Génesis 18,1-15
Sábado de la 12 Semana del Tiempo Ordinario, Año I

En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo:
— Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo.
Contestaron:
— Bien, haz lo que dices.
Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo:
— Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza.
Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron. Después le dijeron:
— ¿Dónde está Sara, tu mujer?
Contestó:
— Aquí, en la tienda.
Añadió uno:
— Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.
Sara lo oyó, detrás de la entrada de la tienda. Abrahán y Sara eran ancianos, de edad muy avanzada, y Sara ya no tenía sus periodos. Sara se rió por lo bajo, pensando “cuando ya estoy seca, ¿voy a tener placer con un marido tan viejo?” Pero el Señor dijo a Abrahán:
— ¿Por qué se ha reído Sara, diciendo: De verdad que voy a tener un hijo a mis años. ¿Hay algo difícil para Dios? Cuando vuelva a visitarte por esta época, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.
Pero Sara, que estaba asustada, lo negó:
— No me he reído.
Él replicó:
— No lo niegues, te has reído.

IMÁGENES DE LA BIBLIA:

martes, 12 de julio de 2022

Isaías 51,1-23: Palabras de consuelo a Jerusalén

Palabras de consuelo a Jerusalén

1 Escúchenme, los que van tras la justicia, los que buscan al Señor: 
   Miren la roca de la que fueron tallados, la cantera de donde los extrajeron; 
2 miren a Abrahán, su padre; a Sara, que los dio a luz: cuando lo llamé, 
   era uno, pero lo bendije y lo multipliqué. 
3 El Señor consuela a Sión, consuela a sus ruinas: convertirá su desierto en un edén, 
   su arenal en paraíso del Señor; allí habrá gozo y alegría,
   con acción de gracias al son de instrumentos.
4 Hazme caso, pueblo mío; nación mía, dame oído; porque de mí sale la ley, 
   mi mandato es la luz de los pueblos. 
5 En un momento haré llegar mi victoria, amanecerá como el día mi salvación, 
   mi brazo gobernará los pueblos: me están aguardando las islas, ponen su esperanza en mi brazo. 
6 Levanten los ojos al cielo, Miren abajo, a la tierra: el cielo se disipa como humo, 
   la tierra se gasta como ropa, sus habitantes mueren como mosquitos; 
   pero mi salvación dura por siempre, mi victoria no tendrá fin.
7 Escúchenme los entendidos en derecho, el pueblo que lleva mi ley en el corazón: 
   no teman la afrenta de los hombres, no desmayen por sus ultrajes: 
8 Porque la polilla los roerá como a la ropa, como los gusanos roen la lana; 
   pero mi victoria dura por siempre, mi salvación de edad en edad.
9 ¡Despierta, despierta; revístete de fuerza, brazo del Señor; despierta como en los días antiguos, 
   como en las generaciones pasadas! ¿No eres tú quien destrozó al monstruo y traspasó al dragón? 
10 ¿No eres tú quien secó el mar y las aguas del Gran Océano; 
     el que hizo un camino por el fondo del mar para que pasaran los redimidos? 
11 Los rescatados del Señor volverán: vendrán a Sión con cánticos, en cabeza alegría perpetua, 
     siguiéndolos gozo y alegría, pena y aflicción se alejarán. 
12 Yo, yo soy tu consolador. ¿Quién eres tú para temer a un mortal, 
     a un hombre que será como hierba? 
13 Olvidaste al Señor que te hizo, que desplegó el cielo y cimentó la tierra. 
     Y temías sin cesar, todo el día, la furia del opresor, cuando se disponía a destruir. 
     ¿Dónde ha quedado la furia del opresor? 
14 Se suelta a toda prisa el preso encorvado, no morirá en el calabozo ni le faltará el pan.
15 Yo, el Señor, tu Dios, agito el mar, y rugen sus olas: mi Nombre es Señor Todopoderoso. 
16 Puse en tu boca mi Palabra, te cubrí con la sombra de mi mano; extiendo el cielo, cimento la tierra, 
     y digo a Sión: Mi pueblo eres tú. 
17 ¡Despiértate, despiértate, levántate, Jerusalén!, que bebiste de la mano del Señor la copa de su ira, 
     y bebiste hasta el fondo una copa, un cáliz embriagador. 
18 Entre los hijos que engendró, no hay quien la guíe; entre los hijos que crió, 
     no hay quien la lleve de la mano:
19 esos dos males te han sucedido, ¿quién te compadece?; ruina y destrucción, hambre y espada, 
     ¿quién te consuela? 
20 Tus hijos yacen desfallecidos en las encrucijadas, como antílope en la red, 
     repletos de la ira del Señor, del reproche de tu Dios.
21 Por tanto, escúchalo, desgraciada; borracha y no de vino. 
22 Así dice el Señor, tu Dios, defensor de su pueblo: Mira, yo quito de tu mano la copa del vértigo, 
     no volverás a beber del cuenco de mi ira; 
23 lo pondré en la mano de tus verdugos, que te decían: Dobla el cuello, que pasemos encima; 
     y presentaste la espalda como suelo, como calle para los transeúntes.

lunes, 11 de julio de 2022

Isaías 41,8-16: Israel, siervo del Señor

Israel, siervo del Señor

8 Tú, Israel, siervo mío; Jacob, mi elegido; estirpe de Abrahán, mi amigo. 
9 Tú, a quien tomé en los confines del mundo, y llamé de las regiones más remotas, a quien dije: 
   Tú eres mi siervo, te he elegido y no te he rechazado.
10 No temas, que yo estoy contigo; no te angusties, que yo soy tu Dios: 
     te fortalezco y te auxilio y te sostengo con mi diestra victoriosa.
11 Mira: se avergonzarán derrotados los que se enardecen contra ti; 
     serán aniquilados y perecerán los que pleitean contra ti; 
12 buscarás sin encontrarlos a los que pelean contra ti; 
     serán aniquilados, dejarán de existir los que guerrean contra ti. 
13 Porque yo, el Señor, tu Dios te agarro de la diestra, y te digo: No temas, yo mismo te auxilio. 
14 No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio –oráculo del Señor–, 
     tu redentor es el Santo de Israel.
15 Mira, te convierto en un instrumento de trillar, afilado, nuevo, dentado: 
     trillarás los montes y los triturarás, convertirás en paja las colinas; 
16 los echarás al viento, y el viento los arrebatará, el vendaval los dispersará; 
     y tú te alegrarás con el Señor, te gloriarás del Santo de Israel.

sábado, 9 de julio de 2022

Abraham

por Bartolomé Esteban Murillo
por Stephen Taylor

Domingo de la 16 Semana del Tiempo Ordinario, Año C, por Julio González, S.F.


Comentario por el P. Julio González, S.F.

¡Qué maravilla las lecturas que hemos escuchado! Nos hablan de la hospitalidad y del sufrimiento.

Empezamos por la primera y tercera lecturas que tienen en común el gesto de la hospitalidad. Para quienes vivimos en la cultura de la propiedad privada y el no cruce, no pase... estos episodios de bienvenida son buena noticia, son evangelio. Nos hablan de nuestra fe y nos hablan de cómo es Dios.

Se ha dicho que los peregrinos, los que están de paso, los que alguna vez se han perdido, son más solidarios que los que nunca se han puesto en camino. Recordemos que Abraham y Sara han dejado su tierra obedeciendo la llamada de Dios. Son peregrinos. Sienten la dureza del camino. Y estas personas tienden a ser hospitalarias porque comprenden el cansancio de otros peregrinos. Sin embargo, el mensaje de esta primera lectura va mucho más allá. Abraham reconoce en las tres personas a quienes ofrece hospitalidad la presencia de Dios.

Hay que tener mucho amor al prójimo para ver en él a Dios mismo. Más si se trata de unos extraños que en lugar de darnos, ponen a prueba nuestra generosidad. Pues bien, todos los cristianos estamos llamados a seguir el ejemplo de Abraham y Sara.

El evangelio también nos muestra la importancia de ser hospitalarios a través de un episodio que fácilmente hubiera podido convertirse en una discusión. Marta le dice a Jesús: “¡Dile a mi hermana que se levante y haga algo!”

A veces Marta me recuerda a esta sociedad en la que vivimos. Somos capaces de producir más rápido y mucho mejor de lo que lo hicieron nuestros antepasados. Y sin embargo, nos falta lo más importante: escucharnos los unos a los otros. Estar juntos y escuchar a nuestro Dios. Por eso, Jesús le dice a Marta: "Marta, andas nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria."

No quisiera finalizar estos pensamientos sin referirme a la segunda lectura porque nos habla de algo que muchos de nosotros hemos sentido a menudo: el sufrimiento. Ojalá algún día todos nosotros podamos decir lo mismo que dice Pablo: “Hermanos: ahora me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo”.

El sufrimiento no es un castigo o una maldición. Pablo ha descubierto en la pasión —en el sufrimiento de Jesús— el amor incondicional de Dios. Por eso, también nosotros debemos aprender a ofrecer nuestro sufrimiento por los demás, cada domingo, depositándolo sobre el altar, junto al cuerpo y la sangre de Cristo.

lunes, 4 de julio de 2022

Isaías 63,15-19: Invocación a Dios Padre

Invocación a Dios Padre

15 Observa desde el cielo, mira desde tu morada santa y gloriosa
     ¿dónde está tu celo y tu valor, tu entrañable ternura y compasión? No la reprimas, 
16 que tú eres nuestro padre: Abrahán no sabe de nosotros, Israel no nos conoce; 
     tú, Señor, eres nuestro padre, tu Nombre de siempre es Nuestro Redentor.
17 Señor, ¿por qué nos extravías lejos de tus caminos 
     y endureces nuestro corazón para que no te respete? 
     Vuélvete, por amor a tus siervos, a las tribus que te pertenecen. 
18 Por un momento nuestros enemigos se apoderaron de tu pueblo santo, y pisotearon tu santuario. 
19 Estamos como antiguamente, cuando no nos gobernabas y no llevábamos tu Nombre.

El pueblo pide una teofanía

¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes