jueves, 15 de agosto de 2019

15 de agosto: ASUNCIÓN DE MARÍA

¿Creían los padres de la Iglesia en la Asunción de la Virgen?

Estamos en la  fiesta de la Asunción en cuerpo  y alma a los cielos de la Santísima Virgen María. Este dogma católico, del cuál ya hemos hablado en otras ocasiones y hemos proporcionado las evidencias bíblicas al respecto, también tiene apoyo en la Tradición de la Iglesia.

Veamos entonces algunos textos que nos hablan sobre la asunción:

¿Cuales son los textos más antiguos?                     

El primer testimonio de la fe en la Asunción de la Virgen aparece en los relatos apócrifos, titulados «Transitus Mariae», cuyo núcleo originario se remonta a los siglos II-III. Se trata de representaciones populares, a veces noveladas, pero que en este caso reflejan una intuición de fe del pueblo de Dios. Después de este testimonio podemos citar otros en orden claro está a su antigüedad:

A finales del siglo III y principios del siglo IV tenemos un carta que escribió Dionisio el Egipcio, al Obispo de Creta, llamado Tito, su fecha de composición puede ser el año 363 d. C. Es un documento histórico importantísimo para conocer que pensaba la Iglesia de Jerusalén y de Creta sobre la Asunción de la Santa Madre de Dios:

“Debes saber, ¡oh noble Tito!, según tus sentimientos fraternales, que al tiempo en que María debía pasar de este mundo al otro, es a saber a la Jerusalén Celestial, para no volver jamás, conforme a los deseos y vivas aspiraciones del hombre interior, y entrar en las tiendas de la Jerusalén superior, entonces, según el aviso recibido de las alturas de la gran luz, en conformidad con la santa voluntad del orden divino, las turbas de los santos Apóstoles se juntaron en un abrir y cerrar de ojos, de todos los puntos en que tenían la misión de predicar el Evangelio. Súbitamente se encontraron reunidos alrededor del cuerpo todo glorioso y virginal. Allí figuraron como doce rayos luminosos del Colegio Apostólico. Y mientras los fieles permanecían alrededor, Ella se despidió de todos, la augusta (Virgen) que, arrastrada por el ardor de sus deseos, elevó a la vez que sus plegarias, sus manos todas santas y puras hacia Dios, dirigiendo sus miradas, acompañadas de vehementes suspiros y aspiraciones a la luz, hacia Aquél que nació de su seno, Nuestro Señor, su Hijo. Ella entregó su alma toda santa, semejante a las esencias de buen olor y la encomendó en las manos del Señor. Así es como, adornada de gracias, fue elevada a la región de los Ángeles, y enviada a la vida inmutable del mundo sobrenatural.

“Al punto, en medio de gemidos mezclados de llantos y lágrimas, en medio de la alegría inefable y llena de esperanza que se apoderó de los Apóstoles y de todos los fieles presentes, se dispuso piadosamente, tal y como convenía hacerlo con la difunta, el cuerpo que en vida fue elevado sobre toda ley de la naturaleza, el cuerpo que recibió a Dios, el cuerpo espiritualizado, y se le adornó con flores en medio de cantos instructivos y de discursos brillantes y piadosos, como las circunstancias lo exigían. Los Apóstoles inflamados enteramente en amor de Dios, y en cierto modo, arrebatados en éxtasis, lo cargaron cuidadosamente sobre sus brazos, como a la Madre de la Luz, según la orden de las alturas del Salvador de todos. Lo depositaron en el lugar destinado para la sepultura, en el lugar llamado Getsemaní.

“Durante tres días seguidos, ellos oyeron sobre aquel lugar los aires armoniosos de la salmodia, ejecutada por voces angélicas, que extasiaban a los que las escuchaban; después nada más.

“Eso supuesto para confirmación de lo que había sucedido, ocurrió que faltaba uno de los santos Apóstoles al tiempo de su reunión. Este llegó más tarde y obligó a los Apóstoles que le enseñasen de una manera palpable y al descubierto el precioso tesoro, es decir, el mismo cuerpo que encerró al Señor. Ellos se vieron, por consiguiente, obligados a satisfacer el ardiente deseo de su hermano. Pero cuando abrieron el sepulcro que había contenido el cuerpo sagrado, lo encontraron vacío y sin los restos mortales. Aunque tristes y desconsolados, pudieron comprender que, después de terminados los cantos celestiales, había sido arrebatado el santo cuerpo por las potestades etéreas, después de estar preparado sobrenaturalmente para la mansión celestial de la luz y de la gloria oculto a este mundo visible y carnal, en Jesucristo Nuestro Señor, a quien sea gloria y honor por los siglos de los siglos. Amén”.

¿Qué enseñaron los padres de la Iglesia sobre la asunción?

SAN EFREN EL SIRIO:

Se tratan de testimonios indirectos, en sentido asuncionista, pero no explicitos:

“ Entre todos los descendientes de David, escogistes una humilde doncella, hija de la Tierra, y la introdujiste en cielo, tú que del cielo vienes” ( Ed. Assem syr 2,415)

“El haberle engendrado me hermoseó, sobre cuantos sobresalieron en la santidad. Entro ahora en las verdes arboledas del paraíso, y alabo a Dios allí donde Eva cayo miserablemente “ (Ed assem sir 3,600).

TIMOTEO DE JERUSALEN:

Quizás aquí tengamos el primer testimonio explícito de la asunción de la Virgen:

Y tu misma alma traspasada con una espada de aquí algunos opinaron que la Madre del Señor, muerta a espada acabó con fin martirial por decir Simeón: tú misma alma traspasara una espada , mas no es así, porque la espada de bronce traspasa el cuerpo, no separa el alma, por donde también la Virgen es hasta el presente inmortal habiéndola el Señor que moro en ella trasladado a los parajes celestiales (MG 86,245)

HESIQUIO DE JERUSALEN:

“Levántate Señor a tu reposo, tú y el arca de tu santidad, la Virgen, Madre de Dios evidentemente. Pues si tú eres perla, lógicamente ella es arca o concha, si tú eres sol, cielo necesariamente será llamada la virgen, pues si tú eres flor inmarchitable, luego la Virgen será árbol de incorrupción, huerto de inmortalidad “ (MG 93,1464-1465)

SAN GREGORIO DE TOURS:

"Los apóstoles se repartieron por diferentes países  para predicar la palabra de Dios. Más tarde, la bienaventurada  María llegó al fin de su vida y fue llamada a salir  de este mundo. Entonces, todos los apóstoles vinieron a  reunirse en la casa de María y, al saber que debía salir de  este mundo, permanecieron todos juntos velando. De repente,  el Señor apareció con sus ángeles, cogió su alma, se  la entregó a Miguel, el arcángel, y desapareció. Al amanecer,  los apóstoles tomaron el cuerpo, lo pusieron sobre una  camilla y lo colocaron en una tumba, velándolo mientras  esperaban la venida del Señor. Y, de nuevo, se presentó el  Señor, de repente, y mandó que el santo cuerpo fuera levantado y llevado al paraíso sobre una nube. Allí, reunido con su alma, se llena de gozo con los elegidos de Dios y disfruta de las bendiciones de la eternidad, que nunca terminarán." (Gregorio de Tours, ocho libros de los Milagros, 1:4 (entre 575-593 dC), en JUR, III: 306 )

SAN MODESTO DE JERUSALEM:

 "Como la Madre más gloriosa de Cristo, nuestro Salvador y Dios y el dador de la vida y la inmortalidad, se ha dotado a la vida por él, que ha recibido una incorruptibilidad eterna del cuerpo, junto con él que ha levantaron de la tumba y la ha llevado hasta a sí mismo de un modo conocido sólo por él ".

(Modesto de Jerusalem, Encomium in dormitionnem Sanctissimae Dominae nostrae Deiparae semperque Virginis Mariae PG 86-II,3306)

THEOTEKNOS DE LIVIAS:

" Era conveniente que su cuerpo santísimo, que había llevado y contenido dentro de sí a Dios, cuerpo divinizado, incorruptible, iluminado por la luz divina y lleno de gloria, fuese transportado por los apóstoles en compañía de los ángeles, y puesto por poco tiempo en la tierra, fuese alzado gloriosamente al cielo, junto con su alma agradable a Dios".

Theoteknos de Livias, Homilía en la Asunción (ante AD 650),

SAN GERMAN DE CONSTANTINOPLA:

“Tú eres bella y tu cuerpo virginal es totalmente santo, casto, morada de Dios. Por este motivo está exento de la disolución en el polvo. Como cuerpo humano fue transformado hasta la vida excelsa de la incorruptibilidad. Está vivo; es superglorioso, lleno de vida e inmortal”  (German de Constantinopla, Moma. In dormí. I: PG 98; 345.)

San Germán utilizaba un argumento teológico muy poderoso, basado en el principio de conveniencia. Bajo este principio habría sido imposible que la morada de Dios, el templo vivo de la santísima divinidad del Unigénito fuera presa de la muerte en la tumba.

Autores: Yasmín Oré y Jesús Urones

Sobre el mismo tema

viernes, 2 de agosto de 2019

San Eusebio de Vercelli (2 de agosto), por Benedicto XVI















SAN EUSEBIO DE VERCELLI (+371)

Esta mañana os invito a reflexionar sobre san Eusebio de Vercelli, el primer obispo del norte de Italia del que tenemos noticias seguras.

Nació en Cerdeña, a principios del siglo IV. Siendo muy niño aún, se trasladó a Roma con su familia. Más tarde fue instituido lector: así entró a formar parte del clero de la Urbe, en un tiempo en que la Iglesia se encontraba gravemente probada por la herejía arriana.

La gran estima que se tenía de san Eusebio explica su elección, en el año 345, a la cátedra episcopal de Vercelli. El nuevo obispo emprendió, inmediatamente, una intensa labor de evangelización en un territorio aún en gran parte pagano, especialmente en las zonas rurales.

— Comunidad sacerdotal

Inspirándose en san Atanasio, que había escrito la Vida de san Antonio, iniciador del monacato en Oriente, fundó en Vercelli una comunidad sacerdotal, semejante a una comunidad monástica. Este cenobio dio al clero del norte de Italia un sello significativo de santidad apostólica, y suscitó figuras de obispos importantes como Limenio y Honorato, sucesores de Eusebio en Vercelli, Gaudencio en Novara, Exuperancio en Tortona, Eustasio en Aosta, Eulogio en Ivrea, Máximo en Turín, todos venerados por la Iglesia como santos.

— Defensor de la fe de Nicea contra la dominación política

Sólidamente formado en la fe nicena, san Eusebio defendió con todas sus fuerzas la plena divinidad de Jesucristo, definido por el Credo de Nicea "de la misma naturaleza del Padre". Con este fin se alió con los grandes Padres del siglo IV —sobre todo con san Atanasio, el baluarte de la ortodoxia nicena— contra la política filoarriana del emperador.

Al emperador la fe arriana, por ser más sencilla, le parecía políticamente más útil como ideología del imperio. Para él no contaba la verdad, sino la conveniencia política: quería utilizar la religión como vínculo de unidad del imperio. Pero estos grandes Padres se opusieron, defendiendo la verdad contra la dominación de la política.

— Destierro

Por este motivo, san Eusebio fue condenado al destierro, como tantos otros obispos de Oriente y de Occidente: como el mismo san Atanasio, como san Hilario de Poitiers —del que hablamos en la última catequesis—, y como Osio de Córdoba.

En Escitópolis, Palestina, a donde fue confinado entre los años 355 y 360, san Eusebio escribió una página estupenda de su vida. También allí fundó un cenobio con un pequeño grupo de discípulos, y desde allí mantuvo correspondencia con sus fieles de Piamonte, como lo demuestra sobre todo la segunda de sus tres Cartas, cuya autenticidad se reconoce.

Sucesivamente, después del año 360, fue desterrado a Capadocia y a la Tebaida, donde sufrió malos tratos. En el año 361, muerto Constancio II, le sucedió el emperador Juliano, llamado el apóstata, al que no le interesaba el cristianismo como religión del imperio, sino que quería restaurar el paganismo. Puso fin al destierro de estos obispos y así también san Eusebio pudo volver a tomar posesión de su sede.

— Inspiró a otros obispos como san Ambrosio

En el año 362 san Atanasio lo envió a participar en el concilio de Alejandría, que decidió perdonar a los obispos arrianos con tal de que volvieran al estado laical. San Eusebio pudo ejercer aún durante cerca de diez años, hasta su muerte, el ministerio episcopal, manteniendo con su ciudad una relación ejemplar, que inspiró el servicio pastoral de otros obispos del norte de Italia, de los que hablaremos en las próximas catequesis, como san Ambrosio de Milán y san Máximo de Turín.

— Obispo de Vercelli

La relación entre el Obispo de Vercelli y su ciudad se atestigua sobre todo en dos testimonios epistolares.

El primero se encuentra en la Carta ya citada, que san Eusebio escribió desde el destierro de Escitópolis "a los amadísimos hermanos y a los presbíteros tan añorados, así como a los santos pueblos de Vercelli, Novara, Ivrea y Tortona, firmes en la fe" (Ep. secunda, CCL 9, p. 104). Estas palabras iniciales, que indican los sentimientos del buen pastor con respecto a su grey, encuentran amplia confirmación, al final de la Carta, en los saludos afectuosísimos del padre a todos y cada uno de sus hijos de Vercelli, con frases llenas de cariño y amor.

Conviene notar, ante todo, la relación explícita que une al Obispo con las sanctae plebes no sólo de Vercelli (Vercellae) —la primera y, durante algunos años aún, la única diócesis de Piamonte—, sino también de Novara (Novaria), Ivrea (Eporedia) y Tortona (Dertona), es decir, de las comunidades cristianas que, dentro de su misma diócesis, habían alcanzado cierta consistencia y autonomía.

Otro elemento interesante nos lo ofrece la despedida con que se concluye la Carta: san Eusebio pide a sus hijos e hijas que saluden "también a quienes están fuera de la Iglesia y se dignan albergar hacia nosotros sentimientos de amor (etiam hos qui foris sunt et nos dignantur diligere). Se trata de un signo evidente de que la relación del Obispo con su ciudad no se limitaba a la población cristiana, sino que se extendía también a quienes, fuera de la Iglesia, reconocían de algún modo su autoridad espiritual y amaban a este hombre ejemplar.

El segundo testimonio de la relación singular del Obispo con su ciudad proviene de la Carta que san Ambrosio de Milán escribió a los vercelenses hacia el año 394, más de veinte años después de la muerte de san Eusebio (Ep. Extra collectionem 14: Maur. 63). La Iglesia de Vercelli atravesaba un momento difícil: estaba dividida y sin pastor. Con franqueza, san Ambrosio afirma que le cuesta reconocer en los vercelenses "la descendencia de los santos padres, que aprobaron a Eusebio en cuanto lo vieron, sin haberlo conocido antes, olvidando incluso a sus propios conciudadanos".

En la misma Carta, el Obispo de Milán atestigua con gran claridad su estima con respecto a san Eusebio: "Un hombre tan grande —escribe de modo perentorio— mereció realmente ser elegido por toda la Iglesia". La admiración de san Ambrosio por san Eusebio se basaba sobre todo en el hecho de que el Obispo de Vercelli gobernaba la diócesis con el testimonio de su vida: "Con la austeridad del ayuno gobernaba su Iglesia". De hecho, también san Ambrosio, como él mismo declara, se sentía fascinado por el ideal monástico de la contemplación de Dios, que san Eusebio había perseguido tras las huellas del profeta Elías.

"El primero en hacer que su clero
llevara vida común",
san Ambrosio.

El Obispo de Vercelli —anota san Ambrosio— fue el primero en hacer que su clero llevara vida común y lo educó en la "observancia de las reglas monásticas, aun viviendo en medio de la ciudad". El Obispo y su clero debían compartir los problemas de los ciudadanos, y lo hacían de un modo creíble precisamente cultivando al mismo tiempo una ciudadanía diversa, la del cielo (cf. Hb 13, 14). Así construyeron realmente una verdadera ciudadanía, una verdadera solidaridad común entre todos los ciudadanos de Vercelli.

"Vivía en medio de la ciudad
como un monje",
Benedicto XVI.

De este modo, san Eusebio, mientras hacía suya la causa de la sancta plebs de Vercelli, vivía en medio de la ciudad como un monje, abriendo la ciudad a Dios. Pero ese rasgo no obstaculizaba para nada su ejemplar dinamismo pastoral. Por lo demás, parece que instituyó en Vercelli las parroquias para un servicio eclesial ordenado y estable, y promovió los santuarios marianos para la conversión de las poblaciones rurales paganas.

Ese "rasgo" monástico, más bien, confería una dimensión peculiar a la relación del Obispo con su ciudad. Como los Apóstoles, por los que Jesús oró en su última Cena, los pastores y los fieles de la Iglesia "están en el mundo" (Jn 17, 11), pero no son "del mundo". Por eso, como recordaba san Eusebio, los pastores deben exhortar a los fieles a no considerar las ciudades del mundo como su morada estable, sino a buscar la Ciudad futura, la definitiva Jerusalén celestial.

Esta "reserva escatológica" permite a los pastores y a los fieles respetar la escala correcta de valores, sin doblegarse jamás a las modas del momento y a las pretensiones injustas del poder político que gobierna. La auténtica escala de valores —parece decir la vida entera de san Eusebio— no viene de los emperadores de ayer y de hoy, sino de Jesucristo, el Hombre perfecto, igual al Padre en la divinidad, pero hombre como nosotros.

Refiriéndose a esta escala de valores, san Eusebio no se cansa de "recomendar encarecidamente" a sus fieles que "conserven con gran esmero la fe, mantengan la concordia y sean asiduos en la oración" (Ep. Secunda, cit.).

Queridos amigos, también yo os recomiendo de todo corazón estos valores perennes, a la vez que os saludo y os bendigo con las mismas palabras con que el santo obispo Eusebio concluía su segunda Carta: "Me dirijo a todos vosotros, queridos hermanos y hermanas, hijos e hijas, fieles de uno y otro sexo y de todas las edades, para que (...) transmitáis nuestro saludo también a quienes están fuera de la Iglesia y se dignan albergar hacia nosotros sentimientos de amor" (ib.).

Fuente: vatican.va

lunes, 15 de julio de 2019

15 de Julio: San Buenaventura, por el P. Celestino Hueso, SF


Se llamaba Juan pero, enamorado del camino de santidad de San Francisco de Asís, entró en los frailes menores, cambiando su nombre por el de Buenaventura.

Estamos ante uno de los más brillantes doctores en teología no solo de su tiempo sino de todas las épocas, pero lo que verdaderamente destacó siempre en él fue su espíritu de pobreza y humildad al servicio de su Orden y de la Iglesia.

Elegido superior general muy joven, cargo que desempeñó durante 17 años, supo atajar con amor y energía al mismo tiempo los intentos de algunos religiosos por suavizar la regla de San Francisco.

El Papa Clemente IV trató de hacerlo arzobispo de York, pero Buenaventura se las ingenió para escurrir el bulto. Él no deseaba cargos ni honores, sólo buscaba la santidad. Por esta vez la jugada le salió bien pero, poco después, el Papa Gregorio X lo nombró obispo de Albano y le hizo cardenal, obligándole a aceptar en virtud de santa obediencia.

San Buenaventura se encargó de preparar el Concilio ecuménico de Lyon, y durante la celebración del mismo, el año 1274, mereció ser llamado a la casa del Padre.

Se le conoce como el Doctor Seráfico por las virtudes angelicales que atesoró y nada tiene que ver con el "te echo la buenaventura resalao" de las gitanas de antaño.

sábado, 29 de junio de 2019

29 de junio: Solemnidad de San Pedro y San Pablo

"La santidad no está en enaltecerse, sino en abajarse", dice el papa Francisco (29 de junio: San Pedro y San Pablo)


En la solemnidad de la fiesta de San Pedro y san Pablo, el papa Francisco ha celebrado una solemne Eucaristía en la basílica vaticana. De estos dos grandes santos de la cristiandad, Francisco recalcó que “no se cansaron nunca de anunciar, de vivir en mision, en camino, desde la tierra de Jesús hasta Roma. Aquí dieron testimonio de Él, hasta el final, entregando su vida como mártires. Si vamos a las raíces de su testimonio, los descubrimos como testigos de vida, testigos de perdón y testigos de Jesuús”.

Francisco recalcó que fueron “testigos de vida” y que fueron elegidos “aún cuando sus vidas no fueron cristalinas y lineales”. “Hay una gran enseñanza en todo esto: el punto de partida de la vida cristiana no está en el ser dignos; con aquellos que se creían buenos, el Señor no pudo hacer mucho. Cuando nos consideramos mejores que los demás, es el principio del fin. Porque el Señor no hace milagros con quien se cree justo, sino con quien se reconoce necesitado”, explicó en su homilía.

"La santidad no consiste en enaltecerse"

Tanto Pedro como Pablo –agregó el Papa- “comprendieron que la santidad no consiste en enaltecerse, sino en abajarse, no se trata de un ascenso en la clasificación, sino de confiar cada día la propia pobreza al Señor, que hace grandes cosas con los humildes. ¿Cuál fue el secreto que los sostuvo en sus debilidades? El perdón del Señor”.

Para el Papa, “fue precisamente en sus caídas donde  descubrieron el poder de la misericordia del Señor, que los regeneró. En su perdón encontraron una paz y una alegría irreprimibles. Con todo el desastre que habían realizado, habrían podido vivir con sentimientos de culpa: ¡Cuántas veces habrá pensado Pedro en su negación! ¡Cuántos escrúpulos tendría Pablo, por el daño que había hecho a tantas personas inocentes! Humanamente habían fallado; pero sin embargo se encontraron con un amor más grande que sus fracasos, con un perdón tan fuerte como para curar sus sentimientos de culpa”.

"Jesús no es el pasado"

De este modo, el Papa explicó que para los testigos como Pedro y Pablo “Jesús no es el pasado, sino el presente y el futuro. No es un personaje lejano para recordar, sino Aquél a quien Pedro tutea: 'Tú eres el Cristo'. Para el testigo, Jesús es más que un personaje histórico, es la persona de la vida: es lo nuevo, no lo ya visto; es la novedad del futuro, no un recuerdo del pasado. Por consiguiente, un testigo no es quien conoce la historia de Jesús, sino el que vive una historia de amor con Jesús. Porque el testigo, después de todo, lo único que anuncia es que Jesús está vivo y es el secreto de la vida”.

“Ante estos testigos, preguntémonos: ‘¿Renuevo mi encuentro con Jesús todos los días?’. Es posible que seamos personas que tienen curiosidad por Jesés, que nos interesemos por las cosas de la Iglesia o por las noticias religiosas; que abramos péginas de internet y periódicos, y hablemos de cuestiones sagradas. Pero de esta forma, nos quedamos sólo al nivel de lo que la gente dice, de las encuestas, del pasado. A Jesús esto le interesa poco. Él no quiere “reporteros” del espíritu, mucho menos cristianos de fachada. Él busca testigos, que le digan cada día: ‘Señor, tú eres mi vida’”.

+ SOBRE EL MISMO TEMA  

sábado, 22 de junio de 2019

22 de junio (1901): Aprobación Pontificia de los Hijos de la Sagrada Familia, por Juan D. Tobón y JM Blanquet SF





1. Con motivo de la Aprobación Pontificia de los Hijos de la Sagrada Familia, la Revista de La Sagrada Familia dedicó en agosto de 1901 un número especial, caracterizado por un espíritu profundo de gratitud a Dios por el carisma inspirado por el Espíritu Divino, a su Iglesia por acoger el nuevo don fundacional en su regazo maternal y al Santo Padre León XIII, por que su autoridad apostólica reconoce que la lectura que nuestro Fundador y Padre San José Manyanet realizó del Evangelio en Clave Nazareno-familiar, constituye un camino seguro hacia el Cielo.

Hoy, al celebrar el 117 aniversario de nuestra Aprobación Pontificia, pidamos a Dios por nuestra constante conversión, nuestra fidelidad y perseverancia. Una efeméride para renovar nuestro "Sentire cum Ecclesia".

2. Hoy, 22 de junio, se cumplen 117 años de la aprobación pontificia de nuestro Instituto por el papa León XIII con el decreto "Attenta salutarium".

Fue la segunda de las tres alegrías que San José Manyanet tuvo el último año de su vida. Alegría que fue compartida no sólo por sus hijos e hijas sino también por los amigos y benefactores del Instituto.

Sobresale entre ellos el Siervo de Dios Antonio Gaudí, quien, para la ocasión, le regaló este cuadro de la Huida a Egipto, de autor desconocido, que a su vez él había recibido de Mons. Juan Bta. Grau y Vallespinós, obispo de Astorga. Gaudí felicitó al Padre Fundador con estas significativas palabras:

"La alegría y gozo de este trabajador de la Sagrada Familia por el reconocimiento de estos trabajadores por la gloria de la Sagrada Familia, que en verdad son hijos suyos por la consagración y la devoción que le tienen en toda hora y momento. Gratitud y Providencia de las Tres Sagradas Personas de Nazaret. ¡Gloria, Gloria, Gloria!. Siempre afmo. vuestro, Antonio Gaudí" (24 junio 1901).

22 de junio: Santo Tomás Moro

lunes, 3 de junio de 2019

3 Junio: Mártires de Uganda, por Celestino Hueso, S.F.


Cuando el rey Mwanga subió al trono de Uganda la situación de los cristianos mejoró y parecía que comenzaba una época de paz para la Iglesia en ese país pero no tardaron en torcerse las cosas cuando el monarca se hizo homosexual y ahí ardió Troya porque comenzó una persecución contra los cristianos de su propio palacio que no quisieron seguirle el juego.

El primero en caer fue José Mkasa, su mayordomo que, incluso le había salvado la vida, pero le afeó la conducta por haber matado a un misionero protestante.

Para sustituirlo colocó en su lugar a Carlos Lwanga, que hizo todo lo que pudo por mantener a los pajes alejados del rey, pero no le sirvió de mucho porque el rey llamó a un muchacho que se negó a sus propuestas y Mwanga se descontroló totalmente hasta el punto de dar muerte él mismo al catequista Daniel.

Después de esto reunió a toda su corte y pidió a los cristianos separarse del resto diciendo “quienes no rezan colóquense a mi lado, quienes rezan vayan allá”, después les preguntó si querían seguir siendo cristianos y los condenó a muerte.

Murieron 13 católicos, entre ellos el hijo del verdugo que rechazó todas las oportunidades que le dieron para renegar de su fe, y 11 anglicanos; a la cabeza de todos, dándoles ánimos hasta el final estaba San Carlos Lwanga que dejó de ser ministro para convertirse en santo.

No quiero olvidar tampoco hoy a San Cecilio, importante porque convirtió a la fe católica nada menos que a San Cipriano, una de las columnas de la Iglesia de los primeros tiempos; ni a Santa Clotilde, reina, que consiguió la conversión del rey franco Clodoveo.

miércoles, 22 de mayo de 2019

22 de mayo: Santa Rita de Cascia

22 de Mayo: Santa Rita de Casia, por Celestino Hueso SF


Bueno, hoy es Santa Rita de Casia, una mujer que quiso ser monja desde chiquinina, pero sus padres no estaban por la labor y ella, hija obediente, renunció a sus deseos para casarse con Pablo, el demonio encarnado, que le dio una vida de perros, cargándose él de enemigos al mismo tiempo.
Rita con su ejemplo, su dulzura y, sobre todo, sus rezos, consiguió cambiar el corazón de su esposo, pero no el de los enemigos que se había agenciado que terminaron matándolo.

Nuestra santa quedó con dos hijos que prometieron vengar la muerte del padre; por más que insistió la madre en que los rencores no traen nada bueno, no pudo sacarles de la cabeza ese deseo de venganza y, finalmente, no viendo otra alternativa, pidió a Dios que se los llevara antes de permitir que se convirtieran en asesinos.

No sabemos si Dios la escuchó pero los hijos estiraron la pata uno detrás del otro.

Según cuentan, una vez sola, Rita ingresó como monja en las agustinas de forma milagrosa pues habiendo sido rechazada en un principio, tuvo una visión y la llevaron al convento San Juan Bautista, San Agustín y San Nicolás, de quienes era muy devota. Con semejantes padrinos las superioras terminaron por agachar la cabeza.

El Señor le colocó el estigma de una espina en la frente que la acompañó toda la vida, haciéndole sufrir muchísimo. Alcanzó fama por sus milagros en favor del prójimo, mientras para sí misma sólo buscó cargar los dolores de los demás.

Del monasterio de Casia pasó a la eternidad en 1457.

Se la tiene como patrona de las causas desesperadas y de las cosas imposibles porque, como hemos visto, en su vida consiguió superar dificultades que parecían insalvables. Eso sí, imposibles no consiguió ninguno.

+ SOBRE SANTA RITA DE CASCIA

lunes, 15 de abril de 2019

LUNES SANTO (Lecturas)

Isaías 42,1-7
Salmo 27,1-3.13-14: El Señor es mi luz y mi salvación
Juan 12,1-11

Isaías 42,1-7

Este es mi Servidor, a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma. Yo he puesto mi espíritu sobre él para que lleve el derecho a las naciones. El no gritará, no levantará la voz ni la hará resonar por las calles. No romperá la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente. Expondrá el derecho con fidelidad; no desfallecerá ni se desalentará hasta implantar el derecho en la tierra, y las costas lejanas esperarán su Ley. Así habla Dios, el Señor, el que creó el cielo y lo desplegó, el que extendió la tierra y lo que ella produce, el que da el aliento al pueblo que la habita y el espíritu a los que caminan por ella. Yo, el Señor, te llamé en la justicia, te sostuve de la mano, te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, la luz de las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos y de la cárcel a los que habitan en las tinieblas.

Salmo 27,1-3.13-14: 
El Señor es mi luz y mi salvación

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién voy a tenerle miedo?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién podrá hacerme temblar?
R. El Señor es mi luz y mi salvación

Cuando me asaltan los malvados
para devorarme,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.
R. El Señor es mi luz y mi salvación

Aunque se lance contra mí un ejército,
no temerá mi corazón;
aun cuando hagan la guerra contra mí,
tendré plena confianza en el Señor.
R. El Señor es mi luz y mi salvación

La bondad del Señor
espero ver en esta misma vida.
Armate de valor y fortaleza
y en el Señor confía.
R. El Señor es mi luz y mi salvación

Juan 12,1-11

Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado. Allí le prepararon una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales. María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: "¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?". Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella. Jesús le respondió: "Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre". Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado. Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él.

jueves, 11 de abril de 2019

¿Qué es el “Kerigma”?

La palabra “Kerigma” tiene sus raíces vinculadas a los emisarios o mensajeros reales. El “kerix” es el grupo de hombres que cruzaban los reinos para proclamar noticias relacionadas con el rey y la corte.

En la tradición cristiana, la palabra kerygma se convirtió en sinónimo del primer anuncio de las verdades de la fe. Los discípulos, después de la muerte de Jesús, fueron de ciudad en ciudad predicando “el kerigma del Reino de Dios” que, en las Escrituras, se resume así: “Jesús de Nazaret murió, resucitó y exaltó a la derecha de la mano de Dios”.

Esta afirmación es el centro de la fe cristiana. Entre los apóstoles, por ejemplo, a menudo se llamaba a san Pablo el gran misionero kerigmático porque sabía más que nadie proponer las bases del Evangelio y el nombre de Jesús a muchos pueblos diferentes y muchas culturas diferentes.

El kerigma cristiano consiste en la presentación de Jesús con sus tres grandes títulos: Salvador, Señor y Mesías. Todos aquellos que desean seguir a Jesucristo pasan, necesariamente, a través del primer anuncio de la fe, a través del despertar del amor por Jesucristo.

Este es, por lo tanto, el primer anuncio del Evangelio para aquellos que aún no conocen a Jesucristo . La palabra anunciada no es una teoría. Son las buenas nuevas las que revelan el amor de Dios por la humanidad en la entrega de su Hijo Jesús.

Autor: P. Evaldo César de Souza, C.SS.R

martes, 2 de abril de 2019

2 de abril: San Juan Pablo II, Papa

Biografía de Juan Pablo II


Karol Józef Wojtyła, conocido como Juan Pablo II desde su elección al papado en octubre de 1978, nació en Wadowice, una pequeña ciudad a 50 kms. de Cracovia, el 18 de mayo de 1920.

Primeros años

Era el más pequeño de los tres hijos de Karol Wojtyła y Emilia Kaczorowska. Su madre falleció en 1929. Su hermano mayor Edmund (médico) murió en 1932 y su padre (suboficial del ejército) en 1941. Su hermana Olga murió antes de que naciera él.

Fue bautizado por el sacerdote Franciszek Zak el 20 de junio de 1920 en la Iglesia parroquial de Wadowice; a los 9 años hizo la Primera Comunión, y a los 18 recibió la Confirmación. Terminados los estudios de enseñanza media en la escuela Marcin Wadowita de Wadowice, se matriculó en 1938 en la Universidad Jagellónica de Cracovia y en una escuela de teatro.

Cuando las fuerzas de ocupación nazi cerraron la Universidad, en 1939, el joven Karol tuvo que trabajar en una cantera y luego en una fábrica química (Solvay), para ganarse la vida y evitar la deportación a Alemania.

Seminarista

A partir de 1942, al sentir la vocación al sacerdocio, siguió las clases de formación del seminario clandestino de Cracovia, dirigido por el Arzobispo de Cracovia, Cardenal Adam Stefan Sapieha. Al mismo tiempo, fue uno de los promotores del "Teatro Rapsódico", también clandestino.

Tras la segunda guerra mundial, continuó sus estudios en el seminario mayor de Cracovia, nuevamente abierto, y en la Facultad de Teología de la Universidad Jagellónica, hasta su ordenación sacerdotal en Cracovia el 1 de noviembre de 1946 de manos del Arzobispo Sapieha.

Doctorado en Roma

Seguidamente fue enviado a Roma, donde, bajo la dirección del dominico francés Garrigou-Lagrange, se doctoró en 1948 en teología, con una tesis sobre el tema de la fe en las obras de San Juan de la Cruz (Doctrina de fide apud Sanctum Ioannem a Cruce). En aquel período aprovechó sus vacaciones para ejercer el ministerio pastoral entre los emigrantes polacos de Francia, Bélgica y Holanda.

En 1948 volvió a Polonia, y fue vicario en diversas parroquias de Cracovia y capellán de los universitarios hasta 1951, cuando reanudó sus estudios filosóficos y teológicos. En 1953 presentó en la Universidad Católica de Lublin una tesis titulada "Valoración de la posibilidad de fundar una ética católica sobre la base del sistema ético de Max Scheler". Después pasó a ser profesor de Teología Moral y Etica Social en el seminario mayor de Cracovia y en la facultad de Teología de Lublin.

Obispo

El 4 de julio de 1958 fue nombrado por Pío XII Obispo titular de Olmi y Auxiliar de Cracovia. Recibió la ordenación episcopal el 28 de septiembre de 1958 en la catedral del Wawel (Cracovia), de manos del Arzobispo Eugeniusz Baziak.

El 13 de enero de 1964 fue nombrado Arzobispo de Cracovia por Pablo VI, quien le hizo cardenal el 26 de junio de 1967.

Concilio Vaticano II

Además de participar en el Concilio Vaticano II (1962-1965), con una contribución importante en la elaboración de la constitución Gaudium et spes, el Cardenal Wojtyła tomó parte en las cinco asambleas del Sínodo de los Obispos anteriores a su pontificado.

Elegido Papa

Los cardenales reunidos en Cónclave le eligieron Papa el 16 de octubre de 1978. Tomó el nombre de Juan Pablo II y el 22 de octubre comenzó solemnemente su ministerio petrino como 263 sucesor del Apóstol Pedro. Su pontificado ha sido uno de los más largos de la historia de la Iglesia y ha durado casi 27 años.

Juan Pablo II ejerció su ministerio petrino con incansable espíritu misionero, dedicando todas sus energías, movido por la "sollicitudo omnium Ecclesiarum" y por la caridad abierta a toda la humanidad. Realizó 104 viajes apostólicos fuera de Italia, y 146 por el interior de este país. Además, como Obispo de Roma, visitó 317 de las 333 parroquias romanas.

Más que todos sus predecesores se encontró con el pueblo de Dios y con los responsables de las naciones con los que se entrevistó durante las 38 visitas oficiales y las 738 audiencias o encuentros con jefes de Estado y 246 audiencias y encuentros con Primeros Ministros.

Jornadas Mundiales de la Juventud

Su amor a los jóvenes le impulsó a iniciar en 1985 las Jornadas Mundiales de la Juventud. En las 19 ediciones de la JMJ celebradas a lo largo de su pontificado se reunieron millones de jóvenes de todo el mundo. Además, su atención hacia la familia se puso de manifiesto con los encuentros mundiales de las familias, inaugurados por él en 1994.


Promotor del diálogo intereligioso y la oración

Juan Pablo II promovió el diálogo con los judíos y con los representantes de las demás religiones, convocándolos en varias ocasiones a encuentros de oración por la paz, especialmente en Asís.

Bajo su guía, la Iglesia se acercó al tercer milenio y celebró el Gran Jubileo del año 2000, según las líneas indicadas por él en la carta apostólica Tertio millennio adveniente; y se asomó después a la nueva época, recibiendo sus indicaciones en la carta apostólica Novo millennio ineunte, en la que mostraba a los fieles el camino del tiempo futuro.

Con el Año de la Redención, el Año Mariano y el Año de la Eucaristía, promovió la renovación espiritual de la Iglesia.

El Papa de los Santos y Beatos

Realizó numerosas canonizaciones y beatificaciones para mostrar innumerables ejemplos de santidad de hoy, que sirvieran de estímulo a los hombres de nuestro tiempo: celebró 147 ceremonias de beatificación -en las que proclamó 1338 beatos- y 51 canonizaciones, con un total de 482 santos. Proclamó a santa Teresa del Niño Jesús Doctora de la Iglesia.

Amplió notablemente el Colegio cardenalicio, creando 231 cardenales (más uno "in pectore", cuyo nombre no se hizo público antes de su muerte) en 9 consistorios. Además, convocó 6 reuniones plenarias del colegio cardenalicio.

Presidió 15 Asambleas del Sínodo de los obispos: 6 generales ordinarias (1980, 1983, 1987, 1990, 1994 y 2001), 1 general extraordinaria (1985) y 8 especiales (1980, 1991, 1994, 1995, 1997, 1998 (2) y 1999).

Escritor

Entre sus documentos principales se incluyen: 14 Encíclicas, 15 Exhortaciones apostólicas, 11 Constituciones apostólicas y 45 Cartas apostólicas.

Promulgó el Catecismo de la Iglesia Católica, a la luz de la Revelación, autorizadamente interpretada por el Concilio Vaticano II. Reformó el Código de Derecho Canónico y el Código de Cánones de las Iglesias Orientales; y reorganizó la Curia Romana.

Publicó también cinco libros como doctor privado: "Cruzando el umbral de la esperanza" (octubre de 1994);"Don y misterio: en el quincuagésimo aniversario de mi ordenación sacerdotal" (noviembre de 1996); "Tríptico romano - Meditaciones", libro de poesías (marzo de 2003); “¡Levantaos! ¡Vamos!” (mayo de 2004) y “Memoria e identidad” (febrero de 2005).


Muerte

Juan Pablo II falleció el 2 de abril de 2005, a las 21.37, mientras concluía el sábado, y ya habíamos entrado en la octava de Pascua y domingo de la Misericordia Divina.

Desde aquella noche hasta el 8 de abril, día en que se celebraron las exequias del difunto pontífice, más de tres millones de peregrinos rindieron homenaje a Juan Pablo II, haciendo incluso 24 horas de cola para poder acceder a la basílica de San Pedro.

Beatificación y canonización

El 28 de abril, el Santo Padre Benedicto XVI dispensó del tiempo de cinco años de espera tras la muerte para iniciar la causa de beatificación y canonización de Juan Pablo II. La causa la abrió oficialmente el cardenal Camillo Ruini, vicario general para la diócesis de Roma, el 28 de junio de 2005.

El Papa Benedicto XVI lo beatificó el 1 de mayo de 2011.

El Santo Padre Francisco lo canonizó, junto a Juan XXIII, el 27 de abril del 2014.

+ SOBRE JUAN PABLO II  

Sobre la muerte del papa Juan Pablo II


Este 2 de abril (2019) se conmemoran 14 años del fallecimiento de san Juan Pablo II, el Papa polaco que estuvo al frente de la Iglesia Católica por 26 años y 5 meses. Es recordado como el “Papa peregrino”, fue un gran defensor de las familias y amado por los jóvenes.

San Juan Pablo II falleció el 2 de abril de 2005 a las 21:37 horas, la noche previa al Domingo de la Divina Misericordia que él mismo instituyó y de la que fue muy devoto. Pocos minutos después, Mons. Leonardo Sandri, que entonces era el Sustituto de la Secretaría de Estado de la Santa Sede, anunció la noticia a las miles de personas congregadas en la Plaza de San Pedro y al resto del mundo, que seguía las últimas horas del Pontífice a través de los medios de comunicación.

Desde aquella noche hasta el 8 de abril, día en que se celebraron las exequias del difunto pontífice, más de tres millones de peregrinos rindieron homenaje al papa polaco, haciendo incluso 24 horas de cola para poder acceder a la Basílica de San Pedro.

El 28 de abril, Benedicto XVI dispensó del tiempo de cinco años de espera tras la muerte para iniciar la causa de beatificación y canonización de Juan Pablo II. La causa la abrió oficialmente el Cardenal Camillo Ruini, vicario general para la diócesis de Roma, el 28 de junio de 2005.

Benedicto XVI lo beatificó el 1 de mayo de 2011 y fue canonizado por el Papa Francisco el 27 de abril del 2014 junto a San Juan XIII.

San Juan Pablo II lideró el tercer pontificado más largo en los más de 2.000 años de historia de la Iglesia, realizando 104 viajes apostólicos fuera de Italia y 146 en ese país.

Impulsó las Jornadas Mundiales de la Juventud en las que se reunió con millones de jóvenes de todo el mundo e inauguró los Encuentros Mundiales de las Familias.

Sobre la muerte del papa Juan Pablo
1. Murió de un colapso cardiocirculatorio

Juan Pablo II falleció el 2 de abril de 2005 a las 09:37 p.m. (hora de Roma) en la víspera del Domingo de la Misericordia, una fiesta establecida durante su pontificado. Sufrió un “choque séptico con colapso cardiocirculatorio debido a una infección, ya detectada, de vías urinarias”. Así lo detalló un exhaustivo informe sobre su agonía y muerte realizado en el Vaticano.

Durante la última semana de vida recibió comida procesada a través de un tubo nasal. Los doctores decían que los problemas en la ingesta de alimentos y en la respiración del Papa de 84 años, eran consecuencia de la enfermedad de Parkinson.

2. Su funeral duplicó la población de Roma

A su funeral asistieron 75 jefes de estado, incluyendo presidentes, príncipes, entre otras autoridades. La población de Roma se duplicó durante ese evento y los asistentes esperaron más de 24 horas para verlo en cuerpo presente.

3. Sus últimas palabras fueron en polaco

El informe del Vaticano precisa que seis horas antes de su muerte, Juan Pablo dijo en polaco, “con una voz muy débil y con palabras murmuradas, 'Déjame ir a la casa del Padre'”.

El diario La Repubblica de Roma citó a un sacerdote polaco, Jarek Cielecki, diciendo que el Papa murió “un instante” después de pronunciar con gran esfuerzo la palabra “amén”.

4. Escuchaba la oración de los fieles días antes de su muerte

Miles de fieles se reunieron para orar en voz alta y hacer vigilia en la Plaza de San Pedro en los días previos a su muerte.

El entonces Arzobispo de Cracovia y Secretario Personal de Juan Pablo II durante más de 40 años, Cardenal Stanislaw Dziwisz, aseguró que el Papa escuchaba las oraciones de la multitud.

5. Sumamente enfermo dio una última bendición desde su ventana

Tras su fallido y conmovedor intento de dar la bendición “Urbi et Orbi” el último Domingo de Pascua de 2005, el cual arrancó los aplausos y el llanto de los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, el Papa Juan Pablo II –que después de su segunda hospitalización sufría “déficit nutricional y marcada debilidad”– volvió a asomarse a la ventana de su habitación el miércoles 30 de marzo para dar la bendición.

Este nuevo intento tampoco tuvo éxito. Aquella comparecencia “fue la última estación pública de su doloroso Vía Crucis”, dice el documento vaticano.

6. “Concelebró” una Misa en su agonía

El informe del Vaticano detalló que los ojos de Juan Pablo II estaban prácticamente cerrados durante una Misa celebrada al pie de su cama en la tarde del 31 de marzo de 2005.

“Pero en el momento de la consagración, débilmente levantó su mano derecha dos veces, es decir, cuando se eleva el pan y el vino. Hizo un gesto indicando que estaba tratando de golpear su pecho durante la recitación de la oración del Cordero de Dios”.

Ese día el Cardenal Marian Jaworski, amigo íntimo desde que ambos eran jóvenes sacerdotes en Polonia, le administró el sacramento de la unción de los enfermos.

Fuente: aciprensa.com

+ SOBRE SAN JUAN PABLO II

2 de Abril: San Juan Pablo II, por Celestino Hueso SF


Hacer la reseña de un santo conocido y estimado por todos es meterse en camisa de once varas, pero ¡en fin! Ustedes perdonen el atrevimiento.

Hoy celebramos nada más y nada menos que a Juan Pablo II, el Papa que vino de un país lejano trayendo a la Iglesia la frescura de su vida cercana y su sonrisa abierta y acogedora para con todos.

Sus comienzos fueron difíciles. Su madre murió cuando él tenía 9 años y recibió una gran formación en el sentido del deber y la disciplina por parte de su padre que era militar.

Ocupada Polonia por las tropas de Hitler en 1939, tuvo que abandonar sus estudios y ponerse a trabajar para evitar ser deportado a Alemania, al mismo tiempo se inició en el teatro. Durante la guerra, y poniendo en riesgo su propia vida, consiguió salvar a muchos judíos.

La muerte de su padre en 1941 cambia totalmente su vida pues, después de mucha reflexión, decide ser cura y será ordenado el 1 de Noviembre del 46.

A partir de ahí su ascenso será meteórico debido a su dedicación y entrega pastoral. Pio XII lo nombre obispo en 1958 y pasa a ser auxiliar de la diócesis de Cracovia. Sus grandes preocupaciones serán las vocaciones sacerdotales y la integración de los laicos en el trabajo pastoral.

Hecho cardenal por Pablo VI en 1967 se convierte en el gran impulsor del diálogo entre la Iglesia y el estado comunista polaco.

Fue elegido Papa el 16 de Octubre de 1978 y quiso seguir la labor comenzada por su antecesor Juan Pablo I, consiguiendo ser un papa cercano y bueno como Juan XXIII, al mismo tiempo que abierto al mundo, misionero y renovador como Pablo VI.

Finalmente partió para el Reino de Dios el 2 de Abril de 2005, fue beatificado el 1 de Mayo de 2011 y ya lo tenemos en los altares.

+ SOBRE JUAN PABLO II

lunes, 25 de marzo de 2019

25 de marzo: Anunciación del Nacimiento del Señor

La auténtica historia del 25 de diciembre, por William J. Tighe

William J. Tighe, profesor de Historia de la Universidad de Muhlenberg, publicó en diciembre de 2003 un análisis sobre el origen de la fecha de la Navidad –25 de diciembre–, negando que fuera una fecha que suplantara una fiesta pagana previa.

La opción del 25 de diciembre es el resultado de los intentos realizados por los primeros cristianos para averiguar la fecha de nacimiento de Jesús, basándose en cálculos de calendario que nada tenían que ver con los festivales paganos.

¿Cómo se determinó la fecha 
del nacimiento de Jesucristo?

La primera prueba hallada en Roma de la celebración cristiana del 25 de diciembre es del año 336 d.C., es decir, algunos años después de Aureliano, pero hay pruebas procedentes del cristianismo griego y del cristianismo latino que muestran que los cristianos intentaban averiguar la fecha del nacimiento de Cristo ya en los siglos II y III, mucho antes de que lo empezaran a celebrar de una forma litúrgica.

Las pruebas indican que la atribución a la fecha de 25 de diciembre fue una consecuencia de los intentos por determinar cuándo se debía celebrar la muerte y resurrección de Cristo.

[Tighe no lo detalla, pero un ejemplo claro es el de Sexto Julio Africano, escritor cristiano que en el año 221, en sus Chronographiai, dice que Jesús se encarnó el 25 de marzo (por lo que nació 9 meses después, en 25 de diciembre). Esto lo escribe medio siglo antes de que en el 274 Aureliano cree una fiesta para el 25 de diciembre en Roma].

¿Y cómo ocurrió todo esto? Parece haber una contradicción en la fecha de la muerte del Señor entre los evangelios sinópticos y el evangelio de Juan.

Los sinópticos la sitúan en la Pascua de los judíos (después de la Última Cena la noche anterior), mientras que Juan la sitúa en la Víspera de la Pascua: momento en que los corderos eran sacrificados en el Templo de Jerusalén para el ágape que tendría lugar después de la salida del sol ese mismo día. La primitiva Iglesia siguió a Juan y no a los sinópticos y creyó que la muerte de Cristo había acontecido el 14 Nisán, de acuerdo con el calendario lunar judío.

Los estudiosos modernos están de acuerdo con que la muerte de Cristo podría haber tenido lugar en el año 30 o en el 33 d.C., porque éstos son los años en los que la Vigilia de Pascua podía haber caído en viernes. Las posibilidades son, por tanto, el 7 de abril del 30 o el 3 de abril del 33. Sin embargo, la Iglesia primitiva, una vez expulsada del judaísmo, tuvo que datar sus propios momentos para celebrar la Pasión del Señor.

Durante el siglo II se produjeron fuertes disputas sobre si la Pascua tenía que caer siempre en domingo o en cualquier día de la semana dos días después del 14 Nisán. Estas disputas fueron especialmente virulentas entre los cristianos griegos y los cristianos latinos. Los cristianos griegos quisieron encontrar una fecha equivalente al 14 Nisán en su calendario solar y dado que Nisán era el mes en el que tenía lugar el equinoccio de primavera, eligieron el día 14 de Artemision cuando el equinoccio de primavera caía invariablemente en su calendario. Alrededor del 300 d.C., el calendario griego fue reemplazado por el romano y como las fechas de principio y final de los meses en estos dos sistemas no coincidían, el 14 Artemision se convirtió en el 6 de abril.

Por su parte, los cristianos latinos del siglo II en Roma y en África del norte querían establecer la fecha de la muerte de Jesús. En la época de Tertuliano [c.155 -220 d.C.] ya habían establecido que Jesús murió el viernes 25 de marzo del año 29. Debo hacer constar que ello es imposible: el 25 de marzo del año 29 no fue viernes, y la Víspera de Pascua judía en el 29 d.C. no caía en viernes ni en 25 de marzo, ni siquiera en el mes de marzo.

Cuando los antiguos 
creían en la "edad integral"

Así pues, los cristianos griegos comenzaron a celebrar la muerte del Señor el 6 de abril y los cristianos latinos el 25 de marzo. Ahora debo explicar una creencia del judaísmo del tiempo de Cristo que, al no aparecer en la Biblia, no la han tenido presente los cristianos. Se trata de la "edad integral" de los grandes profetas judíos: los profetas de Israel murieron en la misma fecha de su nacimiento o de su concepción.

Esto es un factor clave a la hora de entender por qué los primeros cristianos llegaron a la conclusión de que Jesús nació el 25 de diciembre. El 25 de marzo (para los cristianos latinos) y el 6 de abril (para los cristianos griegos) no sólo eran las supuestas fechas de la muerte de Jesús, sino también las de su concepción o nacimiento.

Hay alguna prueba de que algunos cristianos en los siglos I y II consideraron el 25 de marzo y el 6 de abril como la fecha del nacimiento de Cristo, pero finalmente prevaleció el 25 de marzo como la fecha de la concepción de Cristo en lugar de su nacimiento. Ese día el Arcángel Gabriel anunció la Buena Nueva a la Virgen María. ¿Cuánto dura un embarazo? Nueve meses. Si contamos nueve meses a partir del 25 de marzo, es 25 de diciembre; si es a partir del 6 de abril, tenemos el 6 de enero. El 25 de diciembre es Navidad y, el 6 de enero, es la Epifanía.

Una fiesta cristiana

El 25 de diciembre es improbable que fuera la fecha del nacimiento de Cristo. Surgió al tratar de averiguar la fecha de la muerte de Cristo. La decisión de escoger esta fecha se debió más a la influencia del judaísmo de la época de Jesús que a los ritos paganos romanos (culto al sol). La fecha del nacimiento de Jesús se estableció en relación al día que expiró en la cruz, que a su vez señaló el día de su concepción (encarnación).

+ SOBRE LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR