Mostrando entradas con la etiqueta Atenas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Atenas. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de junio de 2022

Hechos 17,10-15: Nuevas dificultades de Pablo Berea

17,10-15: Nuevas dificultades de Pablo Berea

10 Enseguida, de noche, los hermanos enviaron a Pablo y Silas a Berea. Cuando llegaron, 
     se dirigieron a la sinagoga de los judíos. 
11 Éstos eran más tolerantes que los de Tesalónica; recibieron con interés el mensaje 
     y todos los días analizaban la Escritura para ver si era cierto. 
12 Muchos de ellos abrazaron la fe, lo mismo que algunas mujeres nobles y no pocos hombres griegos. 
13 Cuando los judíos de Tesalónica se enteraron de que Pablo había anunciado el mensaje de Dios en 
     Berea, fueron allá para incitar y amotinar a la multitud. 
14 Sin tardanza, los hermanos hicieron bajar a Pablo hasta la costa, mientras Silas y Timoteo 
     se quedaban atrás. 
15 Los que escoltaban a Pablo lo condujeron hasta Atenas; después volvieron con instrucciones 
     para que Silas y Timoteo se reunieran con él cuanto antes.

viernes, 24 de agosto de 2018

I Tesalonicenses 3,1-5: El viaje de Timoteo a Tesalónica

El viaje de Timoteo a Tesalónica
3:1 Por eso, no pudiendo soportar más, resolvimos quedarnos en Atenas
3:2 y enviarles a Timoteo, hermano nuestro y colaborador de Dios en el anuncio de la Buena Noticia de Cristo. Lo hicimos para afianzarlos y confortarlos en la fe,
3:3 de manera que nadie se deje perturbar por estas tribulaciones. Ustedes saben que estamos para eso.
3:4 Cuando todavía estábamos con ustedes les advertimos que íbamos a tener dificultades, y así sucedió, como ustedes pudieron comprobarlo.
3:5 Por eso, no pudiendo soportar más, les envié a Timoteo para que me informara acerca de la fe de ustedes, temiendo que el Tentador los hubiera puesto a prueba y todo nuestro trabajo hubiera resultado estéril.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Hechos 17,16-34: Discurso de Pablo en el Areópago

17,16-34 En el aerópago de Atenas
Miércoles de la 6 Semana de Pascua

16 Mientras los esperaba en Atenas, Pablo se indignaba al observar la idolatría de la ciudad. 
17 En la sinagoga discutía con judíos y con los que temen a Dios; en la plaza pública hablaba 
     a los que pasaban por allí.
18 Algunos de las escuelas filosóficas de epicúreos y estoicos entablaban conversación con él; 
     otros comentaban: —¿Qué querrá decir este charlatán? Otros decían: —Parece un propagandista 
     de divinidades extranjeras. Porque anunciaba a Jesús y la resurrección. 
19 Lo llevaron al Areópago y le preguntaron: —¿Podemos saber en qué consiste esa nueva doctrina 
     que expones? 
20 Dices cosas que nos suenan extrañas y queremos saber lo que significan. 
21 Porque todos los atenienses y los extranjeros que residen allí no tienen mejor pasatiempo 
     que contar y escuchar novedades. 
22 Pablo se puso en pie en medio del Areópago y habló así: —Atenienses, veo que son hombres 
     sumamente religiosos. 
23 Cuando estaba paseando y observando sus lugares de culto, encontré un altar con esta inscripción: 
     al Dios desconocido. Ahora bien, yo vengo a anunciarles al que adoran sin conocer. 
24 Es el Dios que hizo cielo y tierra y todo lo que hay en él. El que es Señor de cielo y tierra 
     no habita en templos construidos por hombres 
25 ni pide que le sirvan manos humanas, como si necesitase algo. Porque él da vida y aliento 
     y todo a todos. 
26 De uno solo formó toda la raza humana, para que poblase la superficie entera de la tierra. 
     Él definió las etapas de la historia y las fronteras de los países. 
27 Hizo que buscaran a Dios y que lo encontraran aun a tientas. Porque no está lejos de ninguno 
     de nosotros, ya que 
28 en él vivimos, y nos movemos y existimos, como dijeron algunos de los poetas de ustedes: 
     porque somos también de su raza.
29 Por tanto, si somos de raza divina, no debemos pensar que Dios es semejante a la plata o el oro 
     o la piedra modelados por la creatividad y la artesanía del hombre. 
30 Ahora bien, Dios, pasando por alto la época de la ignorancia, manda ahora a todos los hombres 
     en todas partes a que se arrepientan; 
31 porque ha señalado una fecha para juzgar con  justicia al mundo por medio de un hombre que 
     él designó para esto. Y a este hombre lo ha acreditado ante todos resucitándolo de la muerte.
32 Al oír lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, otros decían: —En otra ocasión 
     te escucharemos sobre este asunto.
33 Y así Pablo abandonó la asamblea.
34 Algunos se juntaron a él y abrazaron la fe; entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada 
     Dámaris y algunos más.

SOBRE EL MISMO TEMA: 
Examen del discurso de Pablo 

Hechos 17,15.22-18,1: Examen del discurso de Pablo

Hechos 17,15.22-18,1

En aquellos días, los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas, y se volvieron con encargo de que Silas y Timoteo se reuniesen con Pablo cuanto antes. Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo: "Atenienses, veo que sois casi nimios en lo que toca a religión. Porque, paseándome por ahí y fijándome en vuestros monumentos sagrados, me encontré un altar con esta inscripción: "Al Dios desconocido." Pues eso que veneráis sin conocerlo, os lo anuncio yo. El Dios que hizo el mundo y lo que contiene, él es Señor de cielo y tierra y no habita en templos construidos por hombres, ni lo sirven manos humanas; como si necesitara de alguien, él que a todos da la vida y el aliento, y todo. De un solo hombre sacó todo el género humano para que habitara la tierra entera, determinando las épocas de su historia y las fronteras de sus territorios. Quería que lo buscasen a él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban; aunque no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos; así lo dicen incluso algunos de vuestros poetas: "Somos estirpe suya." Por tanto, si somos estirpe de Dios, no podemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o de plata o de piedra, esculpidas por la destreza y la fantasía de un hombre. Dios pasa por alto aquellos tiempos de ignorancia, pero ahora manda a todos los hombres en todas partes que se conviertan. Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia, por medio del hombre designado por él; y ha dado a todos la prueba de esto, resucitándolo de entre los muertos." Al oír "resurrección de muertos", unos lo tomaban a broma, otros dijeron: "De esto te oiremos hablar en otra ocasión." Pablo se marchó del grupo. Algunos se le juntaron y creyeron, entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos más. Después de esto, dejó Atenas y se fue a Corinto.

— Comentario por Reflexiones Católicas 

De todos los discursos misioneros dirigidos a los paganos, el más largo es el de Pablo a los atenienses. Pablo demuestra cómo el apóstol adapta su mensaje al auditorio ante el que se encuentra. Por ello escoge un tema bíblico susceptible de ser comprendido por los paganos. Sin duda no era el primero en confrontar las ideas de dos mundos diferentes. Pablo se aprovecha de las búsquedas y de la experiencia de autores sapienciales y helenistas.

a) El conocimiento de Dios es el tema fundamental del discurso

¿Cómo puede un pagano conocer a Dios? Para el judío, el desconocimiento (ignorancia) del Dios verdadero era el fruto de las pasiones desatadas (Rom 1,18-32; Sab 13,14; Ef 4,17-19). Pero Pablo abandona el tono severo de la Escritura para descubrir en la piedad, incluso de los paganos, una suerte de confesión de su ignorancia de Dios: la dedicación de un altar al "Dios desconocido".

El apóstol manipula el epitafio que estaba en plural y que expresaba un sentimiento de temor ante los maleficios de los dioses que los atenienses habrían podido olvidar. Pablo manifiesta, pues, una cierta simpatía por las ideas paganas, pero entendiéndolas con su mentalidad bíblica, y cree poder presentarse a los paganos como quien viene a colmar una ignorancia de la que ellos no tienen conciencia.

b) Dios no habita en templos construidos por hombres (v. 24)

Pablo recoge una corriente del pensamiento griego, pero que era igualmente una idea bíblica que Esteban había ya defendido ante un auditorio judío (Act 7, 48) y que se remonta a las antiguas polémicas de Israel contra la idolatría (v. 29; cf. Sal 113/115; Is 44,9-20; Jer 10,1-16). Pablo presenta hábilmente argumentos típicamente bíblicos pero conocidos por el paganismo griego y subraya que el cristianismo, tanto para los paganos como para los judíos, es una llamada a la espiritualización de su concepción de Dios y del culto que le es debido.

c) Pertenencia a la raza de Dios

Pablo presenta la pertenencia a la raza de Dios a partir de la cita de un filósofo griego (v. 28), pero comprendida a la manera bíblica (v. 26), como un anuncio del reagrupamiento de la humanidad tras el nuevo Adán (Rom 5, 12-21; 1 Cor 15, 21-22) y en la filiación divina.

d) Los últimos versículos del discurso provocan la ruptura

En ellos Pablo acumula unas expresiones incomprensibles para los griegos: la idea de un "ahora" (v. 30), es decir, de un momento privilegiado en la historia vinculado a un sentido escatológico poco en armonía con las concepciones paganas; la idea de resurrección sobre la que, además, se pedirá a Pablo que se detenga, concepción que incluso numerosos judíos se negaban a admitir (cf. vv. 31-32).

Examen del discurso de Pablo

Puede ser instructivo examinar el discurso de Pablo a la luz de las dificultades encontradas por los cristianos modernos para explicitar su fe ante los ateos. Ciertamente, el contexto ha cambiado porque Pablo y los griegos se encuentran todavía en un ambiente sacralizado; cristianos y ateos se encuentran hoy en un mundo secularizado, pero los puntos de fricción siguen siendo los mismos, tanto desde el punto de vista doctrinal como psicológico.

En primer lugar hemos de reconocer en Pablo una preocupación real por estar atento a la mentalidad de sus interlocutores. Pablo abandona la argumentación clásica del kerygma apostólico, basado sobre una cultura demasiado bíblica para los paganos. Además se tomó el trabajo de conocer las principales corrientes espirituales del paganismo griego y especialmente la concepción de una paternidad universal (v, 28), así como la de una religión liberada del materialismo y del formalismo (v. 29).

He aquí dos actitudes particularmente importantes en el diálogo contemporáneo entre cristianos y ateos: la conciencia común de la dignidad humana y de una superación del fenómeno religioso y mítico constituyen excelentes plataformas de comunión y de diálogo.

Por el contrario, dos puntos del discurso de Pablo son bastante chocantes para sus oyentes. El primero es la larga exposición sobre el Dios desconocido. Dejemos el mismo procedimiento por el que Pablo utiliza a favor de su Dios el culto pagano al Dios desconocido. Es un argumento táctico bueno. Pero lo que parece más grave es el hecho de que Pablo, convencido de que los otros son ignorantes, se presenta como "el que sabe" frente a los que "no saben".

El otro punto donde el discurso de Pablo revela alguna debilidad es la concepción de una historia que tiene un sentido más allá de sí misma en la voluntad de Dios que la lleva a su realización.

Ciertamente, esta concepción de la historia pertenece a la fe y no puede ser minimizada, pero qué puede significar para los atenienses convencidos del desarrollo cíclico y fatal de la historia y para los ateos de hoy convencidos de que la historia, lo mismo que la naturaleza, se explica por sí misma sin recurso a lo divino.

¿Es mediante discursos cómo el cristiano debe abordar el mundo pagano o ateo?

¿No es importante comenzar por insertarse en el mismo corazón de las actividades humanas y vivirlas de tal manera que se descubra en ellos progresivamente su significación para Dios? Es claro que el ateo será siempre para el creyente alguien que no sabe, pero ¿no habrá de situarse en el mismo terreno en que el hombre cree poder afirmar la inutilidad de Dios y el absurdo de la historia para purificar su fe y ser capaz de dar cuenta de ella?